Impacto psicológico de la cuarentena: una revisión rápida

¿Por qué se necesita esta revisión?

La cuarentena es una experiencia muy negativa para aquellos que pasan por una. Puede existir separación de la gente que queremos, pérdida de libertades, incertidumbre sobre el estado de la enfermedad,… esto, en ocasiones, genera efectos dramáticos sobre la salud mental.

Dados los posibles efectos psicológicos negativos, a la hora de aplicar una cuarentena masiva se ha de tener en cuenta los mismos, y una vez esta se aplica, es importante conocer los factores de riesgo de desarrollo de problemas psicológicos así como lo que puede contribuir a mitigarlo.

El impacto psicológico que se ha observado durante y después de los periodos de cuarentena engloba síntomas de estrés, ansiedad, ira, confusión, aturdimiento, e insomnio derivado de la ansiedad. Además, muchas de las personas que estuvieron en cuarentena señalaban pasar por periodos largos después de ésta, en la que se establecían hábitos que ya no eran necesarios, como el lavado de manos hipervigilante o la evitación de multitudes.

Predictores previos a la cuarentena de efectos psicológicos adversos

Tener una historia previa de problemas psicológicos era un predictor de mayores síntomas de ansiedad, ira, y también de señales de estrés post-trumático en comparación con las personas que no tenían esta historia previa pero estaban en cuarentena. Además, los trabajadores sanitarios tenían más probabilidades de sentirse estigmatizados en la cuarentena, realizar más comportamientos de evitación y ser más vulnerables a la aparición de síntomas psicológicos posteriores a la cuarentena. En estos síntomas, mostraban más enfado, miedo, frustración, aislamiento, tristeza, preocupación, y en general, eran menos felices.

Estresores durante la cuarentena

Extraída de Infobae.com

Duración de la cuarentena: Los síntomas de estrés post-traumático, ira, y comportamientos de evitación eran mayores aumentando la duración de la cuarentena. Aunque los resultados no terminan de ser concluyentes, un estudio señala que cuarentenas de más de 10 días pueden dar lugar a este aumento.

Miedo a la infección: Ya que esta revisión se realizó con cuarentenas relacionadas con múltiples enfermedades, el miedo a la infección era importante y daba lugar a mayor preocupación. Éste, aparecía más frecuentemente en mujeres embarazadas o personas con niños muy pequeños.

Aburrimiento y frustración: El estrés experimentado aumenta en todos los estudios que lo reflejan en la medida en la que tienen que dejar de hacer más actividades rutinarias. Además, la pérdida de contacto social y físico con otros tenía un efecto aislamiento que causa un gran estrés en las personas sometidas a la cuarentena, aunque este efecto se puede reducir con el contacto social a través del teléfono o internet.

Suministros inadecuados: No disponer de los suministros básicos durante la cuarentena es una de las variables que afectan sobre la ansiedad experimentada hasta 4-6 semanas después de la cuarentena.

Poca claridad en la información: El aumento del estrés percibido durante la cuarentena se suele ver afectado por la información poco clara o insuficiente. Es importante mantener una información clara sobre las acciones que se han de llevar a cabo, los motivos por los que es necesaria la cuarentena, así como los diferentes niveles de riesgo, ya que una menor claridad en esto genera una sensación de incertidumbre que lleva a ponerse en lo peor.

¿Qué se puede hacer para mitigar los efectos de la cuarentena?

En la revisión realizada, no se observó que hubiera alguna variable sociodemográfica clara para un mayor riesgo de desarrollo de problemática psicológica. Las personas con una historia psiquiátrica previa, sí son especialmente vulnerables durante este periodo, para desarrollar síntomas de estrés post-traumático, de forma coherente con lo que se refleja en la literatura previa sobre la posibilidad de desarrollar traumas durante situaciones de catástrofe en las personas con patologías psicológicas previas.

También parece observarse un riesgo mayor de impacto psicológico de la cuarentena en los trabajadores sanitarios. Los superiores de estos trabajadores han de estar especialmente atentos a la reincorporación de aquellos trabajadores que han estado en cuarentena así como tratar de ofrecer una intervención temprana sobre los posibles problemas psicológicos.

Mantenerla lo más corta posible

Es importante que la duración de la cuarentena sea lo más ajustada posible a lo razonable según la enfermedad con la que estemos combatiendo. Ha sido observado que cuando mayor es la cuarentena, los factores estresantes se aumentan, no da lugar a tolerarlos más. Por otra parte, el hecho de que se aumente la duración de la cuarentena una vez establecida esta, puede dar lugar a la exacerbación de los síntomas, así como un aumento mayor de la frustración y desmoralización

Dar a la gente la mayor información posible.

Las personas confinadas en cuarentena pueden sufrir miedo e incertidumbre sobre la posibilidad de contagiar a alguien o ser contagiados. Una adecuada comprensión de la enfermedad durante la cuarentena puede ser fundamental para las personas que sufren del aislamiento de la misma, mientras que mantener una información poco clara, puede dar lugar a mayor estrés.

Reducir el aburrimiento y aumentar la comunicación
Dar a las personas en cuarentena una información adecuada sobre cómo afrontar el aburrimiento y gestionar el estrés puede ser un mecanismo fundamental para paliar los síntomas posteriores relacionados con el impacto psicológico de la cuarentena. En esta situación, disponer de un móvil operativo es una necesidad, no un lujo. Poder conectar con la red social propia, aunque sea a distancia, puede ayudar a aquellas personas que están en cuarentena a reducir los sentimientos de aislamiento, estrés y pánico.

Asimismo, es importante dar a las personas en cuarentena instrucciones claras sobre lo que han de hacer si experimentan síntomas, así como habilitar líneas de comunicación efectivas desde las autoridades competentes. Hay evidencias de que los grupos de apoyo pueden ser efectivos para las personas que sufren alguna enfermedad en cuarentena, ya que la sensación de estar pasando por lo mismo que otros puede proporcionar sensaciones de empoderamiento y validación que les ayuden a reemplazar su apoyo social habitual.

Los trabajadores sanitarios merecen especial atención

En esta revisión se observa que los sanitarios son especialmente afectados por el estigma, y es comprensible que esto pase en caso de que pasen de ser un miembro de un equipo sobrecargado a aumentar el trabajo de estos equipos. Es importante que sus colegas más cercanos les apoyen, por una parte, así como se les preste apoyo emocional en previsión a los posibles problemas de salud mental que pueden desarrollar posteriormente.

El altruismo es mejor que la compulsión

Aunque no conocemos el efecto concreto de las acciones de ayuda a otros durante la cuarentena, probablemente por dificultad en la posibilidad de diseñar un experimento así, sí sabemos que sentir que somos útiles en situaciones de estrés puede dar lugar a una reducción de estrés propio. Por esto, una de las mejores cosas que podemos hacer en una cuarentena es seguir las instrucciones que nos pidan desde las autoridades sanitarias, ya que de este modo protegemos a los demás, especialmente a los más vulnerables. Pero además, hacer cosas, dentro de nuestras posibilidades reales, para ayudar a otros que lo estén pasando mal en esta situación, puede llegar a lograr un mejor manejo del propio estrés.

Estaremos bien.
En la distancia,
estaremos bien juntos.

Fuente: The Lancet (https://www.thelancet.com/journals/lancet/article/PIIS0140-6736(20)30460-8/fulltext)

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Saber cuándo finaliza una tarea nos ayuda a realizarla mejor

Muchas son las investigaciones que intentan esclarecer qué variables nos ayudan a exprimir el mejor rendimiento a nuestro funcionamiento cognitivo. No sólo para evitar y combatir la procastinación en los trabajadores y/o estudiantes (“aplazar una tarea para después en vez de hacerla en el momento en el que es necesaria”), sino también para ayudar a poblaciones de riesgo (por ejemplo, personas con TDAH -trastorno de déficit de atención e hiperactividad- o personas con altos niveles de ansiedad y depresión), que normalmente dejan sin terminar la tarea por considerarla “demasiada difícil”, porque atribuyen la duración de la tarea más a supuesta falta de capacidad que al hecho de que la tarea requiera y necesite un tiempo mínimo para su realización, y eso no significa que la tarea se esté haciendo mal.

Imagen extraída de
http://www.presenciapr.com

Por ello, muchos investigadores han apoyado la idea de que los plazos y el feedback temporal (cuánto tiempo nos queda para acabar la tarea) ayuda a que insistamos en la realización de la misma hasta terminarla, a la vez que nos ayuda a organizarla mejor, según el tiempo que nos falte. Aunque suene estresante, los plazos pueden ayudarnos a seguir hacia adelante, sabiendo que ya nos queda poco para acabar la tarea, y a la vez, como una forma de marcar nuestro propio progreso.

Investigadores de la Universidad de Tel Aviv se propusieron poner a prueba esta hipótesis. De esta forma, seleccionaron 64 estudiantes para realizar una tarea relativamente larga y tediosa, consistente en realizar dos tareas Stroop (decir el color o la palabra según correspondiera) y otras dos tareas espaciales (determinar la dirección de unas flechas según aparecían unos estímulos visuales). Se les decía también que debían de no hacer caso a los estímulos distractores. Las tareas estaban divididas en 10 bloques de 240 pantallas, siendo un total de 2400 estímulos a contestar. Se les decía, además, que se les daría una recompensa monetaria en función de los resultados. La clave estaba en los grupos de investigación: a un grupo (grupo de feedback) se le decía cuánto tiempo les faltaba para completar la tarea y cuántos bloques habían completado, al grupo control (sin información) no se les decía nada. A ninguno de los grupos se les informaba sobre el desempeño de la tarea.

Los resultados en esta primera condición fueron reveladores. De una forma, a los participantes en el grupo de feedback, se observó cómo su rendimiento fue mejor, con mayor velocidad y mayor precisión en las respuestas (respuestas sin errores), refiriendo sentir menos fatiga y cansancio en su realización; efecto que se vió especialmente pronunciado hacia el final de la tarea, cuando se mantuvieron en la tarea y con incluso menos tomas de descanso que sus propios compañeros sin información ni feedback. Sugiriendo efectivamente, que saber cuando va a acabar  una tarea hace más fácil terminarla.

Un segundo experimento buscó replicar el diseño (y resultados) del primero, utilizando incluso más bloques (12) con 240 pantallas, necesitando más tiempo para su realización. Los resultados fueron bastante similares, sobre todo hacia el final, y observando como el grupo sin feedback percibían mucho más cansancio y hacia más descansos que el grupo con retroalimentación temporal.

¿Qué puede estar detrás de estos resultados? Efectivamente, ver un progreso en la actividad y determinar un final hace más fácil organizaros, establecernos tiempos de actividad más realistas y mantenernos en la tarea porque sabemos que va a terminar en poco. No saber el final implica dispersarse y distraerse, y en realidad es más fácil dejarse llevar por distractores (fatiga, otras tareas, otras personas). Por otro, saber cuando es el final nos hace ser más consciente, paradójicamente, de que otras tareas más interesantes, están próximas a realizarse, esmerándose al máximo en su consecución para llevarlas a cabo.

También tiene que ver con el nivel de esfuerzo que utilizamos. Si sabemos cuando termina una tarea, se nos hace más fácil calcular la energía que necesitamos y no nos importa perseverar en la tarea porque sabemos que el final está cerca. También los investigadores lo relacionaron con la fuerza de voluntad y si lo consideramos como algo limitado o no. Las personas que consideran la fuerza de voluntad como algo limitado, tendían a hacer mayores descansos, reservar las fuerzas (no hacer grandes esfuerzos) y acostarse más temprano porque al no saber cuanto durará, se tiende a pensar que hay que “reservar” las energías. El tener un tope fomenta un esfuerzo mayor y no necesariamente tantos descansos, cuando se sabe que está llegando el final no paramos hasta que terminamos.

En cuanto a las limitaciones, efectivamente, se vio como la precisión y el rendimiento aumentaban sobre todo al final. De este modo, se plantea la posibilidad de no dar el feedback no necesariamente en todo el proceso, sino en determinadas fases y sobre todo, al final, para favorecer la insistencia en la tarea y su consecución hasta el final.

Lo que nos queda claro, es, de todas formas, el impacto significativo de este feedback temporal en nuestro rendimiento y consecución de la tarea. Por ello, el ponerte plazos para terminar tus tareas (ya sean laborales, ya sean personales) puede ayudarte considerablemente. Pero también, puede ayudar a personas con problemas de motivación para tener una medida de su rendimiento, y proseguir sabiendo que se va a terminar. O a personas con falta de atención, tener un criterio sobre la duración de sus esfuerzos fomenta el intento de mantenerlos y acabarlos, funcionando el tiempo como una medida de su propia ejecución. O en el caso de con ansiedad y depresión, les facilitamos una medida cuantificable de sus esfuerzos para que poco a poco sus progresos vayan siendo percibidos.

Así que ya sabéis, si se os está enquistando  una tarea, lo más fácil es un plazo realista para hacerlo. Como se suele decir: ¡A ello!

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Research Digest.

¡ATENCIÓN, SE ACERCA SELECTIVIDAD! CLAVES PSICOLÓGICAS PARA SUPERARLO CON ÉXITO

Selectividad, PAU (Prueba de Acceso a la Universidad) o EBAU (Evaluación del Bachillerato para el Acceso a la Universidad) son algunos de los nombres que toma el examen basado en una prueba escrita que se realiza a los estudiantes que desean acceder a estudios universitarios en universidades públicas y privadas de España. Para conseguir la nota final a tener en cuenta para dicho acceso además de la selectividad, computan los dos cursos de Bachillerato.



Imagen extraída de es.123rf.com (Marca estudio)

No son pocas las familias con hijos estudiantes de 2º de bachillerato que en la recta final de esta tan temida prueba empiezan a acuciar sus efectos: interminables jornadas de estudio, problemas de sueño, estrés y ansiedad, falta de tiempo libre, monotemática conversacional e incluso, en los peores casos, disputas y/o problemas familiares.

No sólo se queda ahí, sino que en una investigación de la Universidad de Valencia en colaboración con la Universidad Miguel Hernández se ha demostrado que el estrés mantenido en el tiempo, como puede ser el generado por la preparación para un examen tan trascendental como Selectividad, puede llegar a producir depresión en el sistema inmunológico de los estudiantes desencadenando un mayor índice de infecciones ya sea a nivel respiratorio, dermatológico, alergias, etc…

Con todo lo anterior no venimos a demonizar este tipo de preparaciones académicas, sino ayudar a ser conscientes del impacto que puede tener dicho entrenamiento así como dotar de las herramientas estudiantiles y psicológicas necesarias para afrontar con calidad de vida y bienestar este hito escolar.

Cómo sobrevivir a la Selectividad (o a cualquier otro examen importante) sin desfallecer en el intento

A falta de unos 3 meses para la señalada fecha los siguientes consejos harán que esta carrera de fondo se haga en «buena forma» en lugar de desfondados:

  • Intenta respetar la máxima de “8-8-8”, o lo que es lo mismo, 8 horas de sueño- 8 horas de trabajo- 8 horas de desconexión. Y digo intenta porque conocida la particularidad de que los estudiantes destinan gran parte de sus 8 horas de «trabajo» al horario escolar, sin contar el tiempo de estudio en casa, seguramente esta propuesta sea difícil de llevar a cabo a pies juntillas (sobre todo en el sprint final de curso previo a Selectividad).

Eso sí, si algo de lo anterior se considera totalmente necesario es el tiempo de sueño. Teniendo en cuenta que la principal herramienta de trabajo del estudiante es el cerebro, y que éste ha de estar descansado para funcionar correctamente, las 8 horas de sueño serán el elemento clave para un estudio efectivo (y posiblemente la variable por donde siempre se empieza a recortar cuando se necesita más y más tiempo con/en los libros).

  • La otra parte de la «gasolina» para que el cerebro funcione correctamente proviene de una adecuada alimentación. Es fácil, en épocas de estrés, o bien sentir una completa falta de apetito o un hambre voraz; ambos son buenos indicadores de que los niveles de ansiedad están siendo altos. Todo eso siempre y cuando no se descuide la alimentación en general por falta de tiempo.

No abandones (o si nunca se consiguió, intenta implementar) una alimentación equilibrada, rica en proteínas, hidratos de carbono y vitaminas, que posibilitará que el cerebro tenga la suficiente energía para afrontar las maratonianas jornadas de estudio. Tómate tu tiempo para (disfrutar de) las comidas, prestando atención a lo que comes y sin grandes distractores que ayuden a engullir los alimentos sin una buena masticación, lo que luego provocará digestiones más pesadas.

  • Organiza el estudio: por peso de las asignaturas en la evaluación final (o itinerario/especialidad, en el caso de Selectividad), por orden de exámenes, por el volumen de materia… y reparte el tiempo de estudio «con cabeza», es decir, no darse atracones de una sola asignatura, sino en función del criterio que se haya elegido para plantear el trabajo repartir la jornada estudiantil en varias (un par al menos) asignaturas al día, dejando para el final del día aquello que requiera de menor esfuerzo cognitivo o sea más práctico e instrumental en lugar de memorizar, (como por ejemplo, ejercicios de Química o proyectos de Artes Plásticas).

Con sólo unos minutos de organización previos a sacar los libros conseguiremos cambiar un estudio ineficaz por un trabajo eficiente.

  • Elige un método de estudio fijo, hazlo tuyo, incluso el hecho de personalizarlo puede conllevar adaptar varios métodos a tus particularidades como estudiante, y una vez pulido exprímelo al máximo. A estas alturas de curso cambiar un método personalizado por otro que teóricamente es más eficaz no tiene mucho sentido, no sólo por el tiempo que lleva adecuarse al nuevo, sino también por la presión que ejerce el saber que todo lo anterior no se ha hecho tal vez correctamente o que podría haber sido mejor.

Seguro que pueden realizarse siempre mejoras: descubrir la ventaja de subrayar con distintos colores para facilitar la memoria visual, elaborar un pequeño esquema que haga rememorar el tema entero estudiado, repasar (pero como luego explicaremos, sin que llegue a ser de manera compulsiva) lo anterior, dar más peso en tiempo y esfuerzo a aquellos temas prioritarios o sobre los que el profesor hace especial hincapié, utilizar reglas mnemotécnicas para facilitar el recuerdo de alguna parte que tengamos que aprender más de memoria, etc.

En resumen, detecta qué no funciona del todo bien y mejóralo, pero necesariamente no has de cambiarlo: hay tantas formas de estudiar como estudiantes.

  • Repasar ayuda a consolidar la huella de memoria de la información o materia estudiada. Pero todo en su justa medida: cuando se repasa de manera compulsiva como forma de calmar la ansiedad que genera el no sabérselo del todo bien quedamos atascados en un punto concreto del temario, disponiendo de menos tiempo para estudiar el resto; todo lo anterior perpetúa el círculo vicioso de la inseguridad sobre el nivel de adecuación del conocimiento. La mejor herramienta en ese caso será tolerar algo de incertidumbre al respecto.

Además de que es importante saber que posiblemente nunca aparecerá una certidumbre total sobre el conocimiento que tenemos de algo. ¡Siempre se puede saber más, pero sabérselo de 8, por ejemplo, está muy bien!

  • No todo depende del estudiante, sino que otro elemento influyente es el ambiente de estudio. Conseguir un contexto tranquilo, sin distracciones (¡incluidos teléfonos móviles!), lo menos ruidoso posible así como estable, favorece el aprendizaje. Estudios científicos sobre cómo el contexto de estudio influye en el nivel de aprendizaje señalaron que era más fácil reconocer/recordar una determinada información en aquel contexto donde había sido aprendido dicho material.

También influye el estado anímico con el que se estudia: valencias extremadamente positivas o negativas en lo que respecta al humor dificultan la concentración, y con ello el aprendizaje, mientras que el estado de ánimo eutímico hará que rindamos mejor.

  • Atiende al funcionamiento habitual de la atención: la atención no es una capacidad mantenida y duradera en el tiempo, sino que responde a un rendimiento cíclico, con un período inicial para  conseguir un estado de concentración, una meseta de atención sostenida y un decaimiento o agotamiento de ésta aproximadamente a los 90 mins (asimismo, en este ámbito también encontraremos diferencias interindividuales). Aprende a escuchar a tu cerebro y destina 5-10 minutos entonces a pausas donde estirar las piernas, merendar, mirar el móvil, cambiar de asignatura… en definitiva, donde brindemos a nuestra atención la posibilidad de descansar y recuperarse para afrontar un nuevo ciclo de estudio.
  • Implanta una tarea de desconexión (al menos) al final del día: el estudio requiere de concentración y eso conlleva un nivel de activación o arousal considerable. Si probamos a ir directamente de los libros a la cama es posible que cueste conciliar el sueño, y eso se debe a que nuestro cerebro aún no ha desconectado lo suficiente para abandonar la vigilia. Prueba a establecer una rutina diaria de desconexión, a ser posible relajante y no vinculada al uso de pantallas (al menos el móvil, muy cerca de la cara): leer, dibujar o colorear, ver una serie o película, escuchar música, … Además, el dedicar tiempo diario a hobbies servirá también como merecido refuerzo por la tarde de estudio.

Los dos puntos anteriores parecen poco importantes en momentos de mucha carga estudiantil, pero se consideran estudio pasivo. Es decir, tan necesario es el estudio como los momentos de desconexión, ya que si no fundimos nuestra capacidad de aprender, nuestro cerebro «se quema».

  • El perfeccionismo unido a la sobreexigencia y el lenguaje interno negativo o autosaboteador no son buenos compañeros de viaje en esta carrera de fondo. Podemos intentar hacerlo lo mejor posible, incluso en algunos casos donde la vocación conlleve un listón académico muy elevado (véanse notas de acceso a carreras tales como Medicina o dobles grados que incluyen el título de Matemáticas) parece casi de obligada consecuencia hacerlo muy bien, pero siempre y cuando todo lo anterior no boicotee nuestra salud en cuerpo y mente. Sin esta nota, la nota en “bienestar individual”, que no aparece en boletines académicos pero es imprescindible para poder afrontar el resto de asignaturas que sí puntúan, no se podrá hacer frente a las demandas estudiantiles.

Que el propio estudiante (y su entorno) se tenga como prioridad frente a los resultados académicos propiciará además una menor «ansiedad de ejecución»: no se está hipervigilante sólo por la nota final, sino que cuenta el proceso con el objetivo de hacerlo lo mejor posible, de poder llegar a la meta en unas condiciones favorables/deseables.

  • A vosotros, padres/madres, si estáis leyendo esto, también os concierne: está claro que el estudio no depende directamente de vosotros, pero indirectamente podéis ser el elemento que aporte estabilidad en el ambiente familiar. El adulto que tenga experiencia en el tema (y si por carrera profesional no habéis pasado esta etapa sí que tenéis más experiencia en general que vuestros hijos en el afrontamiento de experiencias cruciales) sabrá que «a toro pasado» el hito de superar Selectividad no es para tanto… que desde casa pueda relativizarse la envergadura de este examen, poniendo el foco en el curso (de momento), tranquilizando y ofreciendo apoyo y cariño incondicional servirá para transmitir al menor que sí, es un examen importante, pero no vital para su existencia.
  • ¡Ojo! Y a ti, estudiante, si estás leyendo esto: que el contexto familiar haga todo lo posible por vuestro bienestar no significa que puedan hacerlo todo por ti. Será importante expresar (desde el respeto, intentando dejar a un lado la irritabilidad) abiertamente las necesidades, estar abiertos a recibir posibles negativas o que dichas ayudas puedan demorarse. La Selectividad no paraliza el día a día, por tanto afrontarlo como la preparación de un examen más será la clave para conservar la paz y estabilidad familiar.
  • Y sobre todo, y más importante, hiperfocalizarse en Selectividad no siempre será fructífero, ya que aún se está en 2º de Bachillerato. El número de veces que los profesores en este curso mencionan la palabra Selectividad (son muchas no, ¡muchísimas!) no aumenta exponencialmente la cercanía del examen. Por tanto, centrarse en el curso actual hará el estudio más controlable e ir subdividiendo la meta final en trimestres permite que se vea como más abarcable toda la materia a estudiar. A efectos prácticos existen dos oportunidades para superar las PAU, primera convocatoria y la extraordinaria; sin embargo, olvidamos que si algo no va como nos gustaría (el curso se hace cuesta arriba, la ansiedad dificulta la consecución de objetivos o la nota alcanzada no es la deseada/suficiente) se tiene la oportunidad de repetirla, lo cual no implica fracasar o haberlo hecho peor, sino que los objetivos importantes de nuestras vidas conllevan esfuerzo.

Así que recuerda que no todo está perdido si estos exámenes final de segundo trimestre no han ido del todo bien o la situación está sobrepasando las herramientas que se tienen hasta el momento. Evalúa si es un problema de estudio o por el contrario se están alcanzando niveles significativos de ansiedad, y según la respuesta acude en busca de la ayuda oportuna (padres, amigos, profes, psicólogos…).

Lo importante no es el curso, si no el alumno. Sobre todo porque cuando echen (y echéis, como padres) la vista atrás no se recordarán las notas, si no lo mal que se pasó o la satisfacción del trabajo bien hecho (independientemente de una nota numérica mayor o menor).

Cursos habrá muchos, oportunidades de obtener la nota ansiada en Selectividad otras tantas, pero alumnos/hijos sólo el del momento presente.

Escrito por Maite Nieto Parejo.

Cómo construir resiliencia en tus hijos

La crianza es complicada. Incluso con recursos de sobra, en la actual sociedad en la que todo ha de ir deprisa, adecuarse a las necesidades de todos los miembros de la familia se hace un camino difícil. El estrés diario termina por hacer mella en todos los miembros de la familia, incluidos los niños

Extraído de eresmama.com

Es por esto que la Asociación Americana de Psicología ha desarrollado una guía de consejos para padres que quieren aumentar la resiliencia de sus hijos, y de este modo reducir la vulnerabilidad de los más pequeños.
Aunque en la sociedad en la que vivimos es imposible modificar ciertas cosas como la forma en que vivimos, el tipo de empleo que tenemos o el transporte que necesitamos, hay algunas cosas que sí se pueden llevar a cabo para aumentar la resiliencia en los niños. La resiliencia es la capacidad para adaptarse fácilmente a la adversidad o al cambio. Es una habilidad que nos permite sobreponernos ante situaciones negativas.

Como están en riesgo los niños

Existe ya mucha literatura científica apoyando la importancia de construir adecuadamente una buena resiliencia en los niños, ya que sí carecen de ella, pueden verse afectadas diversas áreas de muchas formas, tal y como se muestra en la tabla.

Cómo desarrollar la resiliencia

Tener relaciones saludables, de protección y cariño con los adultos presentes en la vida de un niño, es uno de los factores fundamentales para desarrollar una buena resiliencia y poder sobreponerse adecuadamente al estrés al que están sometidos diariamente. Por este motivo, las madres y padres tienen un gran potencial para promover en sus hijos esta capacidad. 
Gracias a un extenso volumen de investigación sobre cómo cuándo y dónde pueden las figuras de referencia proteger a sus hijos, ayudándoles a desarrollar herramientas para el manejo del estrés diario.
En referencia a dónde se interviene para crear mayor resiliencia, en este post nos centraremos en lo que se puede hacer en casa con este fin.

Estructura

Los niños necesitan saber qué esperar del mundo y qué se espera de ellos. El hecho de que exista una estructura les da confort y seguridad. Además, un ambiente estructurado puede dar lugar a un punto de apoyo ante el caos, desorganización e incertidumbre que tienden a generar las situaciones de estrés. Para crear esta estructura en el ambiente, hay varias cosas que podemos hacer:

Elaborar y seguir unas rutinas

  • Las horas de comida
  • Las horas de sueño
  • Las horas de trabajo-deberes-estudio
  • Las rutinas de higiene
  • Rituales familiares. Por ejemplo, los viernes de juego de mesa, el paseo de fin de semana, o una cena especial los domingos.

Crear reglas y expectativas y seguirlas firmemente
Una de las claves de una maternidad o paternidad eficaces y una buena disciplina es hacer saber a los niños lo que se espera de ellos. Qué esperar si no hacen lo que deben hacer, y luego, seguir estas normas, siempre.Las normas y expectativas ayudan a crear estructura y consistencia en la vida del niño.

Lograr la consistencia siempre que se pueda
Puede que no podamos mantenernos toda la vida, por ejemplo, viviendo en el mismo barrio, pero en el caso de tener que mudarnos, podemos mantener las rutinas, o cierto contacto con algunos amigos… y siempre en cualquier cambio o situación nueva, podemos reducir el caos de la incertidumbre creando expectativas sobre lo que ocurrirá en el momento del cambio.

Crear una relación cercana y cálida
Este tipo de relaciones ayudan a los niños a sentirse especialmente seguros, y aún más cuando las situaciones que han de vivir se tornan estresantes. Es posible y recomendable, que nuestra relación sea firme respecto a las normas al tiempo que cálida y cariñosa.

Habla sobre las emociones
Los niños necesitan regular sus emociones a través de lo que ven en sus modelos, del mismo modo que hacen con muchos otros comportamientos.

Por eso es importante:
-Hablar sobre tus emociones; incluyendo la tristeza o el enfado. “Cuando ocurren accidentes me siento enfadado/a”.
-Habla de las emociones sentidas en el mundo que os rodea. Habla sobre cómo se podrían sentir los personajes de libros y películas, así como otras personas se sentirán en determinados eventos, o cómo podría hacernos sentir determinado suceso novedoso.
-Habla con tu hijo sobre todas las emociones, tanto las positivas como las negativas. Hablar con ellos sobre cómo se sienten les ayuda a aprender a regularlas de forma efectiva.

Sé modelo y discute sobre el autocontrol
Cuando hablas sobre las emociones, incluye también ejemplos de cómo se podrían expresar o aliviar adecuadamente estas emociones.
-Compórtate cuando sientes cosas como te gustaría que se comportara tu hijo.
-Juega a juegos que impliquen autocontrol, como el juego de las estatuas o a semáforo verde y rojo.
-Sé modelo de solución de problemas
-Comparte con tu hijo tus problemas, grandes o pequeños. Desde qué hacer de cena a algún trámite administrativo.
-Juega a juegos en los que tu hijo o hija tengan que resolver algo.
-Cuando tu hijo o hija te plantee alguna cuestión o problema, en lugar de inmediatamente explicarle la solución que tú tienes, empieza por preguntar “¿Tú qué crees que podrías hacer para solucionarlo?” Ayudale a través de sugerencias antes de resolver tú directamente el problema, y luego discute con él si la posible resolución adoptada será la más útil.

Construye habilidades de comunicación
Entender y usar el lenguaje es muy importante para las interacciones exitosas. Un buen uso del lenguaje así como un amplio vocabulario, además, están fuertemente relacionados con el éxito académico.
-Crea historias en familia en las que cada miembro va añadiendo una parte.
Habla con tu hijo o hija sobre su día y cuéntale el tuyo.
-Leed juntos, todos los días si es posible, desde el nacimiento. Si tu hijo ya sabe leer, haced lecturas conjuntas por turnos.
-Cantad y bailad juntos.

Fuente: apa.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

“Fake news”: por qué las difundimos si no nos fiamos de ellas

Vivimos en una época de sobreinformación y sobreexposición en redes y medios de comunicación, donde abunda todo tipo de información y donde los medios  tradicionales han de convivir con otros medios que no están diseñados necesariamente para informar: algunos comercian con ella para que los consumidores dispongan de la información casi como si fuera “fast-food” (basada más en su apariencia y en la rapidez con la que satisface la necesidad que realmente en su contenido real), proliferando un procesamiento diferente de la información y  del que no siempre se hace una revisión críticos. De otro, han aparecido sitios y webs que imitan y visten como un medio serio/periodístico serio pero no lo son, y que están construidos para instalar una opinión sobre un partido político, un personaje publico o generar determinada actitud sobre un tema de actualidad. Ahí surge el contexto para la expansión de las “fake- news”


Imagen extraída de clapps.com

Así, las fake news (bulos informativos creados por medios pseudoperiodísticos para inducir una  idea y cuyo objetivo es la desinformación y la confusión), crecen habitualmente por las redes como la pólvora, donde importa más compartir y consumir que en seleccionar y reflexionar, y donde las meras opiniones (ficción, al fin y al cabo) se confunden con la realidad, deformándola o sustituyéndola de tal manera que se instaura como verdad. El cambio de algoritmos en la red, donde nos coloca información en función de nuestros gustos, afinidades y movimientos, permite la exposición continuada a ésta, con lo que el efecto y la influencia es mucho mayor.

Son muchos los expertos, de muy diversas disciplinas, que han manifestado su preocupación ante un contexto social muy proclive a este fenómeno tan polémico y perjudicial. Desde nuestra disciplina, se ha abordado desde lo que sabemos sobre el funcionamiento cerebral. Por un lado, atendiendo al producto memorístico, se afirma que el cerebro reacciona muy mal al error, sabiendo que el error permanece largo tiempo activado (de ahí la necesidad de hacer un aprendizaje sin errores y con información contrastada y veraz), haciendo que se confunda la disposición y saliencia por que ésta sea correcta e idónea. De otro, el cerebro, adaptativo y estratégico por su funcionamiento en red, utiliza toda una serie de heurísticos cognitivos y automáticos por los que si no prestamos suficiente atención, es más fácil que saquemos precipitadas y sin que hagamos una lectura crítica de lo que leemos.

De este modo, son muchas las investigaciones que buscan replicar el comportamiento de las personas en redes, para entender cuáles son las motivaciones que les lleva a compartir esta información  defectuosa. Así, varias investigaciones han encontrado resultados muy poco alentadores, encontrando como el hecho de saber que la información era falsa no les persuadía a la hora de compartirla.

Así, el grupo de Investigación de la Universidad de Canadá, buscó comprobar si realmente compartimos sin importarnos realmente la calidad y credibilidad de nuestras fuentes, y descubrieron un escenario bastante más optimista. En primer lugar, se demostró como la gran mayoría de los usuarios mostraban una genuina preocupación por la información que compartían, si bien admitían priorizar otro tipo de variables (como asegurarse el número de seguidores) para que en algunas ocasiones sí optaran por las noticias falsas.

Para ello, el estudio contó con una población de 1000 participantes en el que se facilitaba una serie de 36 noticias incompletas (atendiendo a cómo leen las personas las noticias,  pues cada vez se leen menos noticias completas), con varias pruebas insertas para que pudieran comprobar si eran ciertas o no. La mitad de las noticias eran “fake news” y la otra mitad eran verdaderas, de las cuales la mitad eran favorables al partido demócrata y la otra, al partido republicano. Al final se les preguntaba si las consideraban compartir o no. Los resultados mostraron como los participantes mostraban una mayor tendencia a compartir los artículos veraces por encima de las “fakes news”, sin embargo, dentro de los artículos que consideraban falsos, preferían compartir aquellas que eran afines a su ideología, aunque supieran de su poca verosimilitud.

En un segundo estudio, con 2.700 participantes de Twitter, cuando se les incitaba a reflexionar sobre la veracidad de los títulos de las noticias, se observaba una tendencia positiva a compartir artículos veraces , y sobre todo, aquellos coherentes con sus filiaciones políticas. En la versión final, se volvió a contar con más de 5000 usuarios de twitter, y tras enviarles artículos confiables, se les pidió que analizaran su credibilidad. Efectivamente, se observó un efecto moderado en la tendencia a compartir artículos más confiables, con tendencia a utilizar prensa altamente (The New York Times) incluso 24 horas después de haberles pedido que revisaran la información.

Todos estos resultados confirman la importancia que da la gente en redes a compartir información veraz. Y sí, también se comparte información que se considera una “fake new”, pero el hecho de que se comparta no quiere decir que las personas se la crean fehacientemente. Es más, cuando se les induce a prestar atención al contenido a compartir, las personas tienden a corregir y ser más crítico con la información, afirmando que otras variables (como el número de seguidores o el impacto de la noticia) son las que distraen y afectan para la proliferación de fake news en redes.

Aún en desarrollo y con la vista puesta en el futuro, los investigadores se mostraron optimistas con el control informativo, aduciendo que puede ser de gran utilidad mandar boletines periódicos a los usuarios de las redes informando y alertando de la importancia de compartir noticias veraces, y como con solo ese mecanismo podían tener una influencia en el comportamiento, sin recurrir a la utilización de un organismo central que sirva de filtro y censor de las noticias no veraces.

Todo ello nos hace pensar que, independientemente de la existencia de este tipo de bulos, las personas mostramos una preocupación  importante por compartir información veraz. Y lo importante que es estar concienciados de esta necesidad para no caer en la inercia de compartir información sin prestar atención sobre lo que compartimos.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Research Digest, Clapps, Huffington Post

¿Es la Sexualidad Infantil un Tema Tabú en Nuestra Sociedad?


Imagen extraída de www.crianzaautorregulada.com

Se ha evidenciado que la etapa por excelencia donde prototípicamente la población espera la eclosión de la sexualidad es la adolescencia. Fuera de ésta (y de la vida adulta) conlleva un mayor esfuerzo imaginarse cómo se desarrolla la vida sexual de los seres humanos, surge el tabú: no se habla de ello, no se sabe cómo educar o reaccionar al respecto, alarma en los casos más extremos… ¿eso significaría que no existe/no hay sexualidad antes ni después? La respuesta es un rotundo NO: la sexualidad es una capacidad humana innata, biológicamente preprogramada que se va desarrollando y sufriendo cambios (ni ganancias ni pérdidas) a lo largo del ciclo vital completo, es decir, desde que nacemos hasta que morimos. O lo que es lo mismo: existe sexualidad en la infancia, juventud, adultez y tercera y cuarta edad.

En el post de hoy nos encargaremos de dar a conocer datos verídicos y pautas sobre cómo abordar la sexualidad en la que posiblemente sea la etapa vital donde más tabú es en gran parte de los hogares: la infancia.

Los progenitores esperan “la revolución sexual” aunada al cóctel hormonal de la adolescencia y no es descabellado que aparezca la sorpresa cuando mezclamos en la misma frase infancia, sexualidad y genitales, sobre todo si son conductas que desconciertan y se anticipa que no se sabrá reaccionar adecuadamente ante ellas.

Unas píldoras psicoeducativas sobre la sexualidad en la infancia

Primero de todo, el objetivo prioritario de este blog será desmitificar la sexualidad infantil teniendo información asequible y veraz al respecto.

Para ello una máxima a tener en cuenta será la diferenciación entre el disfrute de sensaciones placenteras que aparece en la infancia versus el sentido erótico que tiene la sexualidad tal y como la viven los adultos. Será importante salir de esa posición subjetiva y adultocéntrica para conocer la sexualidad de la manera en que la experimentan los peques.

Ya cuando nacen toda su anatomía fisiológica está definida. Los genitales y pecho principalmente se consideran zonas erógenas por la infinidad de terminaciones nerviosas que existen en ellas; son zonas donde se hace evidente la importancia del tacto, ya que erógeno no significa otra cosa que que causa excitación, que aporta sensaciones agradables, que da “gustirrinín”.

Es entre los 0 y 3 años cuando se descubre la capacidad de aportar placer de esas zonas corporales y, por tanto, la consecuencia previsible será que aparezcan conductas de autoestimulación: tocarse, balancearse en una silla, frotarse con una almohada/cojín o incluso cuando llevan pañal tirarse de culo repetidamente por el golpecito amortiguado que sienten. La experiencia infantil fruto de ello será sentir (de sensaciones, no de sentimientos) algo parecido a relajación, agradabilidad, o incluso algunos niños lo definen como “cosquillas”. Es decir, empiezan a poder discernir entre situaciones agradables y desagradables (y ese fenómeno no sólo provendrá del ámbito de la sexualidad, sino que hay muchas más fuentes generadoras de dichas sensaciones al mismo nivel: jugar, la compañía de personas que les quieren, estar con el chupete si usan, etc).

Junto a lo anterior, otro dato que explica las conductas de autoestimulación es la aparición del final de la etapa sensoriomotora (a los 2 años aproximadamente), caracterizada por la realización de experimentos conductuales. La curiosidad, la exploración, el observarlo todo y descrubirlo son los ingredientes clave de la infancia; mediante ellos los niños aprenden a repetir aquellas situaciones que les reportan un resultado favorable, como serían en este caso los tocamientos y las sensaciones agradables que éstos provocan.

Asimismo, en esta franja de edad también aparece el descubrimiento del propio cuerpo. Coincidiendo con la retirada del pañal (frente al camuflaje de los genitales con éste) los peques de repente encuentran que hay algo “ahí abajo”, además, algo que no conocían y que si tocan les resulta agradable. Suelen verse normalizados con mayor frecuencia los tocamientos de los niños, justificándose en parte porque se entiende también que el pene está “más a mano” y la vulva más escondida; sin embargo, no olvidemos que esa visión está tácitamente basada en roles y prejuicios socialmente aprendidos (las silenciadas sexualidad y masturbación femenina), mientras que los datos demuestran que el objetivo o finalidad, la naturaleza y las sensaciones experimentadas son las mismas sean genitales masculinos o femeninos, es decir, lo haga un niño o una niña.

Por contra, como en la variabilidad está la clave, otros niños puede que hagan el mismo caso a los genitales que a cualquier otra parte del cuerpo, sin diferenciación alguna por suponer mayor placer.

Cuando alcanzan los 3 años, y hasta los 6 años aproximadamente, aparece el interés por el cuerpo de otros. Los pequeños empezarán a identificar que existen diferencias entre la fisionomía de los distintos sexos. Unido a la curiosidad y deseo de saber (también popularizada como “etapa del por qué”) es común que realicen muchas preguntas que a veces pueden suponer un “¡tierra trágame!” para los padres. Tal y como sugiere la experta en sexología Arancha Gómez en su sección para el blog de Malasmadres, la herramienta fundamental en esas situaciones será primero de todo esclarecer los objetivos que se tienen a la hora de educar sexualmente, de más generales a más específicos; desde Cenit Psicólogos le añadimos el ir resolviendo esas dudas adaptando la información y el lenguaje a la edad evolutiva del niño, además de el principio fundamental de nunca mentirles.

Se establece el cuerpo como fuente de placer por lo que la masturbación es una conducta natural (también la presencia de pequeñas erecciones), siendo incluso previsibles otras conductas fruto de la imitación de lo que observan a su alrededor (adultos, animales, medios de comunicación,…).

¿Cómo deberían reaccionar los padres ante hijos que se tocan o masturban?

Más allá de tener la información adecuada, las siguientes pautas también serán de gran ayuda a esos progenitores que no saben cómo actuar ante la sorprendente realidad de que sus pequeños también tienen capacidad de disfrute sexual (adaptada a su edad evolutiva):

  • No demonizar los tocamientos con teorías conservadoras propias de ciertas religiones (“si te tocas irás al infierno”).
  • No dar falsas explicaciones fatalistas (¡y nada reales!) sobre cuáles podrían ser las consecuencias de seguir llevando a cabo dichas conductas. Por ejemplo, “si te tocas se te va a caer la cola”.
  • Reconducir dichas conductas a contextos adecuados o socialmente adaptados: dado que las “normas sociales” (por la capacidad de comprensión que exigen) son difíciles de interiorizar a tan corta edad habrá que expresarles de manera sencilla, sin alarmismos y para que ellos puedan entenderlo bien, que son comportamientos íntimos y que para ello lo ideal es que puedan hacerlo en su cuarto, en el baño, en casa, etc no en el cole, en el parque o cuando hay visitas en casa.

Como interiorizar conceptos del tipo pudor o intimidad podría hacerse cuesta arriba (sobre todo mientras más pequeño sea el menor) un modo de ir introduciendo dicha norma social podría ser intentar enseñarles la diferenciación entre contextos “públicos” y “privados”.

  • No castigar, de lo contrario los peques aprenderán que esas zonas del cuerpo y/o comportamientos son prohibidos o  disgustan a sus padres, por lo que puede que le cojan miedo y no lo vuelvan a repetir (resultado que iría en contra de que el menor se conozca y acepte como es para que en futuras etapas pueda disfrutar de manera satisfactoria del erotismo, es decir, iría en detrimento de un adecuado desarrollo psicosexual) o… que directamente lo repitan pero cuando no estén los progenitores delante, es decir, se escondan.
  • Perseguir tasas bajas si nos preocupa que la frecuencia (elevada) pueda provocar daños en sus genitales, ya sea a nivel cutáneo o por infecciones (si tienen las manitas sucias y así, para lo que además se necesitará el desarrollo de unas medidas de higiene determinadas).
  • Identificar si un repunte de su frecuencia se puede estar debiendo a otras causas: estresores de la vida diaria, problemas emocionales, hipersexualización aprendida mediante observación del entorno, etc.
  • Conocer el desarrollo evolutivo de su sexualidad y poder detectar comportamientos no propios del estadío en el que se encuentran; posiblemente puedan deberse a lo mencionado en el punto anterior, o en el peor de los casos a estar vivenciando situaciones directas o indirectas de tocamientos y/o abuso sexual por parte de adultos u otros menores.
  • Dotar por ello de una educación sexual adaptada a la edad evolutiva (y lenguaje) del niño o niña como modo de prevención primaria de abusos sexuales: será muy importante que durante la infancia aprendan a reconocer las conductas de abuso y violencia (y las emociones derivadas de ello, como serían la vergüenza, la culpa, el dolor…) para que si alguien a lo largo de su vida quebranta su integridad física o emocional o invade su intimidad sepan y puedan identificarlo a tiempo, poner límites y evitar la situación de peligro acudiendo a cuidadores/progenitores o alguna otra persona de confianza.

Asimismo, dicha psicoeducación será la base afectivo-sexual sobre la que se irán asentando las fases futuras de su desarrollo y relaciones interpersonales, por lo que como las demás capacidades humanas necesitará del desarrollo paso a paso y a lo largo del tiempo teniendo como base del aprendizaje madurativo el afecto y respeto por parte de las figuras de apego/educativas.

  • Y por último, para que la mencionada educación sexual sea de calidad como progenitores habrá que intentar no proyectar miedos, inseguridades o ideas preconcebidas propios sobre el sexo al menor. La base más-menos segura sobre la que se asiente su sexualidad influirá en cómo éste viva o experimente su vida sexual en un futuro.

En definitiva, ¡encontrar a los pequeños “con las manos en la masa” es tan natural como la vida misma!. Está claro  que no deben ser conductas juzgadas como negativas entonces, a los pequeños también les apetece recibir estimulación placentera. Y es aquí donde me gustaría destacar una frase anecdótica del que fue uno de mis mejores profesores en la Universidad de Salamanca, Félix López, experto en sexualidad e infancia: “Cuando lo repiten tres veces ya no es casualidad, lo hacen porque les gusta”.

Lo diferenciador será la reacción que como adultos tengamos ante tal sorpresa, abogando siempre por la normalización con permisibilidad y la educación de calidad desde el contexto del hogar. No obstante, puede haber casos en los que se crea que no se tienen los recursos suficientes para afrontarlo como padres/madres o que la frecuencia, modo o circunstancialidad de las conductas de autoestimulación de los pequeños preocupen… en ese caso lo aconsejable será acudir a los profesionales oportunos al caso para que puedan dotar de las herramientas adecuadas para afrontar lo novedoso e “impactante” de la situación.

Fuentes: López, F. (2005). La educación sexual de los hijos. Madrid: Pirámide., Ortiz, M. J., Sánchez, F. L., Rebollo, M. J. F., & Etxebarria, I. (2014). Desarrollo afectivo y social. Ediciones Pirámide., www.clubdemalasmadres.com , www.caib.es

Escrito por: Maite Nieto Parejo

6 formas de mitigar el Síndrome del Impostor

Cuando se hace psicoterapia, es sorprendente lo habitual que es escuchar que la gente no cree en sus propios logros. El síndrome del impostor está muy presente. Además, cuando se confronta este pensamiento con hechos probados y reconocidos, normalmente las personas que sienten y piensan así de sí mismas no hacen más que sentirse aún más inseguras y negar lo evidente. Incluso, en ocasiones, reconocen lo evidente pero como si en ellos fuera mentira. «Sí, tengo un máster y me acaban de ascender en mi trabajo, pero ya se darán cuenta todos de que no me lo merezco». Además, esto se hace más potente cuanto más reconocimientos se les otorgan.

Foto extraída de ucsc.cl

Estas sensaciones aparecen en personas muy diferentes, desde médicos a oficinistas o personas sin un trabajo remunerado dedicadas al cuidado. Sí es cierto que ha sido más estudiado en mujeres que en hombres, y aparece más cuando tenemos un autoprejuicio activo sobre quién somos. Si, por ejemplo, los prejuicios, de forma poco consciente, te hacen ver que las mujeres no son profesionales de éxito y tú eres una mujer, es más probable que sientas esta sensación de fraude, de inadecuación. Esto ocurre así con el síndrome del impostor en minorías sometidas a prejuicio como las personas racializadas.

Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿cómo pueden personas competentes, formadas e inteligentes, estar tan distorsionadas en su autoconcepto? 

Una de las variables que pueden estar influyendo en esta forma de vernos a nosotros mismos, es debido a la absoluta verdad que tenemos sobre nuestra interioridad. Es imposible no estar al día de nuestras propias vulnerabilidades. Sobre nosotros mismos, conocemos las dudas, los miedos, las cosas que hacemos de forma insegura. Sin embargo, sobre los otros, esto se observa de otro modo. En una sociedad como la actual, en la que las redes sociales muestran todas las partes positivas de los demás, sus logros, sus actividades son siempre divertidas, su imagen está habitualmente impecable o con el filtro correcto… 

De esta forma, es fácil ver que por mucho que consigamos, nuestro yo interior es mucho más débil, más vulnerable y de algún modo, menos magnífico que lo que se termina por proyectar hacia los otros. En esa brecha, esa distancia desde nuestro yo interior, que solemos ocultar y lo que los demás ven de nosotros, es fácil pensar que estamos mintiendo a todo el mundo al ocultar nuestras debilidades. De alguna forma, la sensación de ser un fraude se instaura cuando tenemos también que ocultar nuestras inseguridades.

Si bien es complicado dejar de tener en ocasiones una sensación así, sí es posible mitigar el llamado “síndrome del impostor”, con estas formas de abordarlo:

1. Habla con un superior, con alguien a quien respetes en el área donde te sientes como un impostor sobre que tienes estos sentimientos.

Un mentor puede hacerte ver las áreas en las que te sientes más inseguro o insegura, puede guiarte en los puntos más complicados de la tarea que te hace sentirte un impostor y puede darte un feedback adecuado sobre tu competencia, más fiable de lo que percibes internamente.

2. Presta atención a tu habla interna, para considerar si la forma de hablarte a ti mismo es empoderadora o inhabilitante.

Si habitualmente te dices a ti mismo “estoy en esta posición por casualidad-porque trabajo mucho-por que le he caído bien a…” en lugar de “estoy en esta posición por mi competencia”, estás delante del habla interna de una persona con síndrome del impostor. Estas autoverbalizaciones sólo llevan a autosabotearte en lugar de llevarte a un mejor desarrollo en este área. Lo ideal sería que te pudieras decir a ti mismo “¿qué puedo ofrecer yo en este puesto?”

3. Haz una lista de tus fortalezas

Puedes buscar cosas en las que efectivamente sientas que aportas, así como las cualidades que tienes, lo que sí consigues todos los días. Si esta lista te es complicada, puedes preguntar a otros sobre estas habilidades o cualidades. Ten en cuenta que las personas tienden a sobreestimar sus habilidades y competencias, mientras que que alguien con el síndrome del impostor tiende a infravalorarlas.

4. Acepta que la perfección no existe a ningún nivel

El perfeccionismo es una característica de las personas que sufren el síndrome del impostor. Es importante conseguir reconocer en uno mismo que las cosas perfectas no existen, del mismo modo que es imposible vivir sin cometer errores, más grandes o más pequeños.

5. Reconoce los momentos de tu desarrollo, en cualquier área de la vida (trabajo, familia, ocio…) en los que es necesario llevar aprendizajes nuevos y por tanto no es posible ser experto en ese momento.

A lo largo de la vida es normal que existan momentos en los que es necesario completar de nuevo alguna curva de aprendizaje en alguna habilidad. Es bueno que puedas ser honesto contigo mismo, reconocer qué sabes hacer y qué no, de modo que te veas a ti mismo en ocasiones como un aprendiz en lugar de como un experto en todo. 

6. Aprende a manejarte en la incertidumbre, así como a moverte a pesar del miedo.

Cualquiera de las anteriores proposiciones, es fácil que lleven o bien a una sensación de aumento de la incertidumbre, lo que llevará a un mayor miedo para afrontar algunas de las nuevas situaciones, incluido el dejar de necesitar ser perfecto, o sentirse un aprendiz. Ya sea si estás intentando afrontar el síndrome del impostor, o en otras circunstancias de la vida, saber navegar en la incertidumbre es muy importante, así como seguir haciendo las cosas a pesar del miedo, es lo que finalmente nos lleva a superarlo y comenzar a sentir un aumento de nuestra competencia.

Aunque no se disponen de cifras, ya que el síndrome del impostor no es en sí mismo una categoría diagnóstica, sí podemos hablar de un conjunto de características que suelen aparecer unidas y que pueden paliarse con los anteriores abordajes. ¡Busca la forma de cambiarlo para encontrarte mejor y más adecuado a tus propios logros!

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fuentes: psychologytoday.com
Sherman, R. O. (2013). Imposter syndrome: When you feel like you’re faking it. Am Nurse Today, 8(5), 57-8.

Cómo poner en palabras nuestras emociones nos calma y alienta: un estudio con Twitter

En la práctica clínica, muchas veces nos encontramos un miedo frecuente entre los pacientes que acuden por primera vez a consulta. No sólo creen que vamos a revelarles secretos que van a descompensarles por completo y desestructurar su vida, también piensan que verbalizar y poner palabras a lo que sienten les va a resultar fatal. Nada más alejado de la realidad. Convertir nuestros sentimientos o emociones en palabras, ya sea escribiendo o verbalizándolos en voz alta, el llamado “etiquetado afectivo”, permite comprender y darnos cuenta de lo que nos pasa, a la vez que alivia nuestra ansiedad y estado de ánimo y reduce la intensidad de nuestras emociones.

Diversos estudios han confirmado la importancia de esta técnica en la autorregulación emocional, comparándola con la reestructuración cognitiva (reformular nuestros pensamientos automáticos hacia otros más funcionales y adaptativos) para el trabajo cognitivo. Efectivamente, el impacto de poner una (o varias palabras) frena en buena medida el efecto de nuestras emociones (no expresadas) en nuestro cuerpo, disminuyendo nuestra propia reactividad ante ellas. Nace de la idea popularmente arraigada que es mejor evitar e ignorar nuestras emociones, creyendo que nos van a nublar nuestro sentido común o que todo nuestro pensamiento mutará a algo irracional, cuando muchos de nuestros pensamientos pueden tener esa cualidad por sí misma. Para ponerlo en práctica se recomienda no utilizar palabras técnicas o esperar grandes parlamentos si no más bien utilizar nuestras propias palabras para describir y detallar nuestra experiencia.  Con el calor de momento, es mejor solo rotular y definir con pocas palabras lo que sentimos (“estoy muy enfadado”, “me molesta enormemente esto”…), pero para profundizar y entender mejor, esto ha de extenderse a varios días después del acontecimiento emocional intenso para que sea la propia persona quién genere y se explique la realidad, y haya una verdadera expresión y desahogo.

Para ver los efectos de esta capacidad fuera del ámbito experimental, un grupo de investigación liderado por Rui Fan y colaboradores estudiaron un millar de estados en twitter para saber cuándo se expresaban y encontraron que al expresar sus sentimientos y emociones, la intensidad emocional disminuyó rápidamente, concluyendo que el etiquetado emocional afecta a la experiencia emocional.

Fan, con la utilización de un algoritmo para verificar el estado emocional, aplicó a Twitter para ver las seis horas precedentes a ese estado y las series horas siguientes al estado emocional, analizando tanto los estados positivos como los estados emocionales displacenteros. Los twitters que investigaron  empezaban todos con un “Yo siento que…”. Los resultados ofrecen que tras un tweet emocional, tanto los estados emocionales positivos y negativos aumentaron. En promedio, los estados positivos perduraron más tiempo (94 minutos versus 85) y se vio que ambos estados emocionales experimentaron el pico más alto en la verbalización emocional, seguido de una calma progresiva. En los estados emocionales displacenteros (dolorosos), antes de llegar a la verbalización real del estado se vió un amento del malestar, largo y gradual, que se calmaba una vez la persona tuiteaba su estado emocional real.

En el estudio, también se diferenció por género, encontrando una mejora considerable y significativa en el caso de las mujeres, especialmente para las emociones dolorosas. Y no porque no fuera eficaz para los hombres, sino por una mayor utilización de las mujeres de la expresión emocional. Por otro, no dejemos de olvidar algunas limitaciones del estudio, como que no podemos obviar que no necesariamente lo que ponemos en redes refleja realmente nuestro sentir real. También que no se ha estudiado dentro de un ámbito experimental, con lo que las conclusiones han de verse con precaución. Y también, que no se ha contado con una modalidad de comparación.

En cualquier caso, se reconocen los hallazgos de este estudio, por ser uno de los primeros en trabajar el etiquetado emocional en contextos reales, no sólo estudiando el efecto de las emociones dolorosas sino también como ejemplo para mostrar que verbalizar nuestra alegría puede potenciar dicha vivencia en nuestro organismo (versus el alivio que supone verbalizar nuestro dolor) y supone una pica para estudiar otros efectos experimentales como “la conversión simbólica”, o la distancia emocional que surge al traducir lo que sentimos en palabras. Reforzando, por tanto, la importancia de decir cómo nos sentimos, tanto en momentos de felicidad como en situaciones de tristeza, dando presencia y validez a nuestro rico y cambiante mundo emocional. Así que ya sabéis, ¡a expresar!

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Psych Central, Research Digest

Todo Lo Que Hay En Un Abrazo

Los abrazos, ese gran gesto (habitualmente social) cada vez menos generalizado por el miedo al contacto inapropiado y relegados por tanto al ámbito de la intimidad, objeto de numerosos estudios científicos los cuales han aportado interesantes datos acerca de sus beneficios en nuestra salud física y mental, son los protagonistas de nuestro blog de hoy.

Imagen extraída de https://www.triskelate.com/

TIPOS DE ABRAZOS

Cuando hablamos de “abrazo” se genera rápidamente una imagen mental en nosotros, ¿verdad? El abrazo clásico, sí, el de toda la vida: personas que se rodean con ambos brazos, poco contacto visual, cuerpos pegados, cabezas una al lado de la otra, …

¿Pero os habéis parado a pensar que también hay distintos tipos, con lenguaje corporal diferente, según la función que cumplen o el modo en el que se dan? 

Principalmente diferenciamos unos abrazos de otros según la fuente o persona que nos los aportan. Sin embargo, tal vez existen tantos tipos de abrazos como culturas y subculturas haya, con distintos significados no verbales cada uno de ellos: habitualmente son muestra de intimidad y confianza, otras veces se utilizan a modo de saludo pero el lenguaje corporal transmite que no se está cómodo con la situación, están los que van acompañados de palmaditas en la espalda como signo de aprobación, otros nos permiten realizar a la par tareas mientras nos abrazamos (caminar por la calle junto a alguien, por ejemplo), los que se dan “desde la distancia” con los dos miembros manteniendo sus cuerpos alejados un par de pasos porque no hay aún la suficiente confianza, los abrazos efusivos de despedidas o reencuentros de un ser querido e incluso los hay que pueden ser el preludio de un momento sensual en pareja (los abrazos asimétricos, en los que uno está sentado y otro de pie y se llegan al nivel de la cintura); así como un largo etcétera más.

Sin duda nuestro preferido es el “abrazo cruzado”. En esencia sería igual que el clásico que comentamos antes, pero habría una pequeña particularidad que marcaría la diferencia: en lugar de rodearnos con ambos brazos justo de frente giramos ligeramente el cuerpo o pecho, intentando cuadrar corazón con corazón, si se respira hondo y dicho abrazo se alarga durante más de un par de segundos se disfruta mucho más y se ha comprobado que es un buen liberador de tensiones y mantenido en el tiempo consigue acompasar nuestro ritmo cardíaco ligeramente al del otro a parte de generar profundos sentimientos de intimidad y sintonía.

No obstante, con esta breve reseña nos parece incluso más relevante el destacar la infinidad de beneficios físicos y psicológicos que en sí contienen los abrazos, por eso nuestro objetivo será desgranar algunos de ellos con el fin de derribar todas aquellas barreras corporales y mentales que impiden que abraces más en tu día a día.

MIL Y UN BENEFICIOS FÍSICOS Y MENTALES DE DAR Y RECIBIR ABRAZOS

  • Fomenta el sentido del tacto, ese gran olvidado en pos del resto de nuestros 5 sentidos, como la vista o el oído por ejemplo. El tacto es mucho más relevante de lo que se imagina, ya que a parte de que nos ayuda a centrarnos en el momento presente tiene un gran y positivo impacto en la salud mental y en el desarrollo.

En cuanto a su relevancia en el desarrollo evolutivo, el tacto forma parte de la génesis del vínculo del apego (un conjunto de conductas y emociones interpersonales especialmente importantes en nuestros primeros meses de vida): en los primeros experimentos que Harry Harlow hizo con monos en sus investigaciones sobre la Teoría del Apego se comprobó que una mayor cercanía táctil de la mamá mono o de un mono construido artificialmente, con un material más jugosito y que aportaba más calor (felpa), por contra del metal (frío al tacto), generaba un vínculo más cercano, lo que en último término influía en el desarrollo evolutivo general del mono infante. Posteriormente, los datos que aportó el psicólogo estadounidense se han corroborado con otros recogidos en multitud de orfanatos: los niños que recibieron alimentos pero no fueron abrazados tuvieron un retraso significativo en el desarrollo tanto físico como socioemocional acompañado de cerebros más pequeños (menos desarrollados). Esto significa que el contacto físico no solo es crítico para el comportamiento de estos niños a medida que crecen, sino también para el desarrollo sus cerebros, algo que también se ha observado en animales sometidos a aislamiento social.

Que el apego construido con los progenitores sea el más importante, por los patrones aprendidos que tenderán a repetirse a lo largo de la vida adulta en cuanto a la forma de vincularnos y las expectativas de lo que podemos esperar de los demás, no significa que no creemos más vínculos de apego a lo largo de nuestra existencia: pareja y amigos serán los otros contextos por excelencia donde nos apegamos, y por tanto, los abrazos serán un reforzador fantástico para que dichas vinculaciones sean de calidad (también en la vida adulta).

Como ejemplo específico de la importancia de los abrazos y el contacto físico en la vida cotidiana, y en particular en la crianza de recién nacidos estaría la Teoría del Bonding, derivada de la Teoría del Apego desarrollada por el psicólogo John Bowlby,  consistente en portear al bebé pegado al cuerpo desde que nace y favorecer lo máximo posible ese “piel con piel” para conseguir un desarrollo psicosocial y emocional saludable y positivo.

  • Derivado de todo lo anterior se extrae que los abrazos a su vez son reforzadores de vínculos afectivos que ya forman parte de nuestra vida: son muestra de cercanía, de que somos importantes para el otro, de afecto, apoyo, cariño, de que se preocupan por nosotros, etc…

Por el contrario, una escasez de este contacto táctil reforzante podría derivar en un patrón de comportamiento más arisco en general, incluso algunos datos obtenidos en 1999 entre dos grupos de estudio (París-Miami) muestran que dicho comportamiento podría ser más agresivo en particular.

  • Los abrazos ayudan a romper barreras de soledad ya que reciben, acogen, apoyan y sustentan. También son una forma de disfrutar de tiempo agradable con nosotros mismos cuando somos el aportador y recibidor del abrazo, es decir, cuando nos autoabrazamos.
  • Sirven de sustento o soporte en momentos vitales difíciles: si bien el problema no se termina en el momento justo del abrazo, sí que con él se disiparará la tensión que dicha situación está desencadenando. Después, será mucho más fácil poder poner en marcha algún plan de acción que esté dentro de nuestro repertorio como solución a la problemática que se nos presenta.
  • Asimismo, los abrazos pueden ser un modo efectivo de control de emociones que podríamos pensar son totalmente lo contrario a ellos, dicho con otras palabras,un modo eficaz de “parar paradójico”: por ejemplo, cuando un niño pequeño está muy enfadado, fuera de sí y con escasas herramientas para digerir o controlar la emoción, si probamos a darle un abrazo fuerte lo que seguramente comprobemos es que por una parte la emoción se contiene y, por otra, consigue un efecto ansiolítico en el pequeño, es decir, consigue carmarle/tranquilizarle y reorientarle en la situación.
  • Cuando nos abrazan y abrazamos (¡también podemos abrazarnos a nosotros mismos!) se segregan multitud de sustancias bioquímicas en nuestro cuerpo: oxitocina, opioides endógenos (como las endorfinas), serotonina, dopamina,… en general todas ellas responsables de sensaciones de bienestar, relajación, placer, atenuación del dolor y elevación del estado de ánimo. 

De las anteriores podríamos destacar la oxitocina u “hormona del amor”, protagonista en otras situaciones de contacto físico placenteras como serían la experimentación de los orgasmos. 

Se ha demostrado científicamente que dicho neuroquímico también hace su aparición estelar tras el parto para conseguir revertir los dolores derivados de él a cambio de desencadenar toda una gama de reacciones y sentimientos afectivos hacia el bebé: ganas de acariciarlo, achucharlo, besarlo y protegerlo. En un momento en el que la madre no lo está pasando del todo bien la oxitocina impide una reacción de lo más esperable que impediría la supervivencia del recién nacido: ignorarlo y/o no protegerlo, frente a los sentimientos de confianza, cuidado y calma que tienen lugar finalmente.

Asimismo esta “hormona de los abrazos” afecta a la bioquímica interviniente en el estado anímico, ya que contribuye a una mayor producción de serotonina y dopamina.

¡Y eso no es todo! Por si fuera poco, y en relación con el por qué está justificado abrazar en situaciones aversivas, además se encontró que cuando aumenta la oxitocina se atenúan los niveles de cortisol, conocido también como “hormona del estrés” y que incrementa su presencia sobre todo en situaciones de “peligro” o que nos dan miedo (casos de fobias en el extremo del continuum). La disminución de cortisol se traduciría en un descenso de la presión arterial, con la consiguiente sensación de relajación. El reequilibrio anteriormente explicado impediría en último término que un estrés mantenido en el tiempo dé al traste con nuestro sistema inmune, lo que indirectamente a su vez nos permitirá disfrutar de un mejor estado de salud físico y mental.

  • Cuando nos abrazan nos aportan confianza y autoseguridad: la liberación de oxitocina es un excelente antídoto contra los miedos y fobias sociales. En otras palabras, si estás en una situación social que te provoca temor probablemente un abrazo de alguien que en ese momento tengas cerca te reconfortará y te hará pasar el mal trago más holgadamente.
  • Abrazos como elíxir de la juventud: al disminuir la presión arterial se consigue una mejor circulación sanguínea. Que nuestro cuerpo esté más oxigenado en general hará que los tejidos y la piel luzcan más jóvenes.

Después de este post esperamos que tus ganas de abrazar, ser abrazado y abrazarte a ti mismo hayan subido como la espuma. Implántalo a modo de saludo habitual con seres queridos y disfruta de un “autoabrazo” cuando estés pasando por una situación delicada, para quererte más o simplemente como manera de disfrute del tiempo de desconexión.

También, si ves a alguien con un letrero de “abrazos gratis” no dudes en dárselo, ya que posiblemente sea una de las mejores medicinas naturales que tenemos a nuestra disposición: nos hace sentirnos más positivos en nuestro estilo de afrontamiento de las situaciones del día a día y hace que las reacciones negativas ante conflictos interpersonales sean menos graves. 

Y para terminar, como no…. ¡Un fuerte abrazo!

Fuentes: Rosenzweig, M. R., Aliaga, E., Leiman, A. L., & Pérez Pamies, M. (1992). Psicología fisiológica. McGraw-Hill Interamericana,.

 www.psychologytoday.com , www.psicologiaymente.com 

Escrito por: Maite Nieto Parejo

La Importancia de un Buen Hobby

 

Extraído de www.tusbuenosmomentos.com
Extraído de www.tusbuenosmomentos.com

En esta época de jornadas laborales maratonianas y equilibrios en nuestra agenda (para nuestra pareja, amigos, familia, actividades agradables y algo de descanso) invertir tiempo en nuestro ocio puede suponer una ventaja considerable y un factor protector que incide positivamente incluso en la forma en la que realizamos nuestro trabajo diario. Descansar mentalmente tiene la misma importancia que descansar físicamente, y encontrar actividades que lo favorezcan no siempre es tarea fácil. Operativizarlo ayuda a concretar a que nos referimos: el ocio es una actividad que no busca una finalidad económica ni productiva. El tiempo que le dedicamos es personal y tiene que estar fuera de tu horario profesional. Puede buscar tanto un enriquecimiento personal como descansar, divertirse y sentirse relajado. Puede ser una actividad solitaria o social; la cuestión es no sentir presión por hacerlo y que genere bienestar.

Pero, ¿vale cualquier tipo de actividad agradable o ha de ser una actividad específica? Un grupo de investigación se puso manos a la obra y decidió examinar qué tipo de actividades de ocio pueden repercutir positivamente en todas estas variables. El grupo contó con un grupo de 129 sujetos con varios pases de prueba de 7 meses, donde se comprobó si realmente los sujetos realizaban el ocio cómo ellos decían y si esto afecto positivamente a su desempeño laboral. En primer lugar, definió un constructo denominado “seriedad”, que hace referencia a la cantidad y cualidad de implicación con la que realizamos la tarea de ocio. Es decir, según esto, se puntuaría más alto en seriedad cuanto mayor implicación, frecuencia y rutina se tenga con la actividad de ocio, pudiéndose ser tanto ir al gimnasio, como pintar óleo, tocar guitarra o hacer cursos de escritura. De otro, se midió cuán diferente es la actividad de ocio con respecto a las tareas que habitualmente desempeñas en tu trabajo. De este modo, las personas podemos realizar tareas que no distan mucho de lo que hacemos en el trabajo, o bien ser completamente diferentes.

Así, el grupo tenía una puntuación que medía su nivel de implicación con las actividades de ocio y si éste era parecido a lo que hacían en el trabajo. A lo largo de los siete meses, volvían a evaluar al mismo grupo, y se les pidió que dijeran cuántas veces realizaban dichas actividades a la semana, cuanta sensación de eficacia en el trabajo habían experimentado y una escala de resistencia al trabajo. Los resultados fueron prometedores: los investigadores descubrieron que los participantes que pasaban más tiempo realizando actividades de ocio, experimentaban además una mayor sensación de autoeficacia en su desempeño laboral. Pero este efecto solo se producía si mostraban mucha seriedad y si el ocio era muy diferente a lo que hacían en el trabajo. Si era muy similar, el efecto era el contrario y los niveles de eficacia en el trabajo disminuían. La hipótesis de los investigadores era sencilla: las tareas diferentes a la tarea laboral ejercían una verdadera desconexión y permitían reponer recursos y hacer después frente a las distintas demandas del ambiente. Las muy similares hacían un efecto de sobrecarga: interfiriendo en la actividad laboral y haciendo incapaz el desempeño habitual. Aún así, los resultados no ofrecen datos acerca de la dirección del efecto, pues no se dice realmente si es el tipo de trabajo quien influye en el tipo de ocio que practicas. De cualquier modo, para cualquier empresa es importante que sus trabajadores inviertan tiempo en su ocio, permite unos trabajadores motivados, descansados y con garantía de que puedan realizar el trabajo adecuadamente.

Además de los descritos por el estudio, no podemos olvidar los efectos de practicar un hobby son variados y permiten el desarrollo de diferentes esferas personales. Entre ellas, aumenta la confianza en uno mismo (al desarrollar la tarea en entornos controlados, viendo un progreso en la destreza o actividad elegida), el alivio de estrés (al hacer una actividad que produce reacciones diferentes contrarias al estrés), evita que pasemos nuestro tiempo preocupándonos (la inactividad provoca un gran numero de rumiaciones, que el estar “sin hacer nada” se hacen más visibles con el riesgo de “engancharnos” a ellos) y ayuda a que emerjan cualidades inesperadas o que hace mucho las habíamos olvidado. Todas ellos beneficios imprescindibles para nuestro bienestar y desempeño diario.

Así, buscar una actividad (o actividades) con las que enriquecer tu tiempo libre es siempre tiempo bien invertido. Es parte del autocuidado e implica el desarrollo de capacidades en un ambiente donde la actividad en sí es la meta y el disfrute el mayor de los regalos. ¿No es eso realmente algo muy productivo?

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Rsearch Digest.