El estado de nuestras relaciones de pareja en tiempos de confinamiento

El confinamiento es, ha sido y será una de las experiencias más devastadoras, significativas e importantes que hemos vivido en mucho tiempo, algunos en su vida entera. Estar confinados en nuestras casas, con la obligación de conciliar en un espacio en muchos casos muchos aspectos de nuestra vida (laboral, personal  y relacional) y tan abruptamente, ha supuesto un cambio radical de nuestras costumbres y nuestra manera de vivir. La pareja, sin duda, está siendo una de las grandes afectadas en todo esto, pues es la estructura (cuando vivimos en una) que sujeta nuestra rutina y la que nos posibilita, con su organización, reglas y funcionamiento, el equilibrio en la mayoría de aspectos de nuestra vida.

Extraída de www.nacion.com

Todo ello por lo urgente, abrupto y precipitado de la situación de confinamiento, donde apenas se nos ha dejado un tiempo de reacción y planificación en los cambios que eran necesarios en nuestras vidas, y por la incertidumbre y escasa preparación para afrontar a una situación de tamaña magnitud. Muchas veces, las decisiones de nuestra rutina se han hecho sobre la marcha, y si ya había problemas previos, la situación de pandemia y consecuente confinamiento solamente acentúa y en muchos casos cronifica los problemas ya existentes.

Sin embargo, está crisis y convivencia forzada no ha afectado a todas las parejas por igual. Efectivamente, las más vulnerables a sufrir un periodo de tensión añadido son básicamente tres: a) las que ya arrastraban problemas previos al confinamiento (ansiedad, depresión, problemas de pareja, maltrato,  infidelidad o desigual reparto de las tareas y funciones de la casa), b) las parejas que pasaban menos tiempo de convivencia juntos (y con menos costumbre a convivir, por horarios laborales, responsabilidades o que la dinámica de la relación se había caracterizado por multitud de actividades separadas) c) o en las que se este periodo se hayan registrado muchas situaciones dolorosas (muertes de personas cercanas, perdida de trabajo y de ingresos económicos, o enfermedad misma de uno de los dos miembros). En estas situaciones, el confinamiento se ha convertido en un caldo de cultivo por la alta probabilidad de aparición de malentendidos, roces y discusiones por las horas que pasamos juntos. Invertir tiempo en la pareja, tanto para pasar tiempo con ella como para re-aprender a solucionar conflictos, puede ser muy buena idea, pero no todos estamos predispuestos a dejar un hueco a hábitos y acciones que implican un posible coste a priori, y más cuando estamos pasando algo tan difícil como la cuarentena en sí. Aquí, la fiesta está servida.

Por otro, se ha registrado un aumento importante en el uso de las redes sociales y aplicaciones que facilitan la posibilidad de realizar una infidelidad (virtual, en este caso). En estos momentos, las infidelidades emocionales son más probables (en las que nos apoyamos y realizamos comportamientos de implicación emocional con otra persona). Los expertos a este respecto son claros, ante la disminución de acceso a nuestros amigos y familiares y la reducción drástica de actividades fuera de casa, para muchas personas fijarse en alguien externo supone un alivio y un escape a la situación de tensión que estamos viviendo, y ante la imposibilidad de conseguirlo de nuestra pareja, relaciones cercanas o actividades alternativas, se centran en estos contextos, con el previsible reforzamiento que se experimenta en las primeras fases de flirteo y seducción.

A pesar del escenario dibujado en estos tiempos de desescalada, donde la convivencia (tensa) obligada también será parte de nuestra rutina diaria, podemos tener en cuenta algunos aspectos que pueden ayudar a afrontar los conflictos, si la opción de la separación todavía no se considera la opción definitiva.

  1. Tiempo de largas conversaciones. En toda crisis y confrontación, no nos queda otra que acercarnos al otro y hablar. Después de esa primera confrontación. Con la idea de que serán necesarias varias conversaciones. Intentando mantener una atmósfera de cordialidad, en un espacio de tranquilidad y que nos fuerce a ver y escuchar al otro, sin distracciones y con tiempo suficiente para tratar los temas calientes y de conflicto. Por supuesto, evitando los móviles y redes sociales a mano, para asegurarnos la recepción adecuada del mensaje y en la interpretación correcta de las intenciones del otro.
  2. Respeto de espacios. Es importante la creación de espacios donde cada uno pueda hacer sus actividades, como relajarse o hacer actividades solo. El confinamiento nos ha obligado a “reconquistar” nuestra propia casa, y establecer los sitios y los periodos de cuando vamos a hacer uso de ellos es uno de los grandes retos del confinamiento.
  3. Equilibrio de espacio para uno mismo versus con el otro. No sólo de solucionar los problemas vive una pareja, y en efecto, cultivar e invertir en tiempo de distracción, esparcimiento y calma puede ser un buen inicio para acostumbrarse, también, a firmar tiempos de tregua y disfrutar de la tranquilidad. Como el otro es en realidad nuestro compañero de cuarentena, incluirle en las actividades que hacemos, aunque sea una sola, puede ayudarnos a tolerarnos y no ver ese tiempo compartido como un castigo, sino como un acompañamiento gratificante e inesperado.
  4. Aceptar la situación de confinamiento y ajustar las expectativas que podemos pedir a la pareja. Ambos miembros han estado sujetos a una situación inusual, extraordinaria y con grandes limitaciones (aún) a la vida que teníamos antes, como para que sólo consideremos al otro como un enemigo. Apelar a la empatía y al hecho de que vivís la misma situación y estáis en el mismo barco, puede ayudarnos a notar al otro como un apoyo.
  5. Haciendo énfasis más en la forma de discutir que en la la frecuencia de las discusiones. En toda pareja de larga duración, las discusiones son algo inevitables, por lo que cuidar ese “cómo” ayuda a aliviar la tensión. Haciendo referencia siempre a la conducta y a nuestros sentimientos, utilizando un lenguaje conciliador y poco violento, con cesiones de turno y siendo conscientes de que en una discusión es tan importante hablar como escuchar. Es la única manera de entender y no malinterpretar. Y parar siempre cuando empecemos a notar en la pareja un comportamiento de “escalada” y de reproche. Siempre se puede retomar en otro momento.
  6. Apelando a que el confinamiento puede ser una oportunidad para reencontrarnos, haciendo énfasis no sólo al compromiso, sino a lo que echamos de menos del otro o lo que querríamos experimentar. Y que nos toca compartir porque todavía nos queda tiempo de convivencia.
  7. Valorar esta situación como una oportunidad para el reencuentro. Toda crisis es en realidad la repetición de una dinámica relacional e interpersonal que ha dejado de funcionar, y que esto puede ser una oportunidad para mejorar nuestra comunicación, nuestro tiempo conjunto, donde ser fiel es una elección diaria hacia la pareja, y que nos va a permitir conocernos y unirnos más, puede ayudar a ver los conflictos como pasos necesarios a una mejora en la relación.
  8. Acordar decisiones, reglas y tiempos conjuntamente. Si al final se opta por la separación / divorcio, lo mejor es acordar juntos los tiempos concretos para las acciones y las decisiones que han de seguirse. Tanto las relacionadas de la pareja (si dejamos de dormir juntos, cuando empezamos a hablar con representantes legales, cuando se lo decimos a nuestros contactos), aplazando las que no se pueden hacer ahora mismo por cuestiones operativas, y acordando un tiempo de “tregua”, donde se decidan qué discusiones merecen la pena y cuáles son irresolubles y es mejor no tocar, porque la discusión no añadiría nada bueno (ni nuevo) a la situación. Con el objetivo de garantizar una convivencia civilizada y sin agresión si no hay opción de vivir por separado.

De cualquier forma, lo que se demuestra, como casi todos los eventos que hemos tenido que vivir en estos tres meses de confinamiento, es el enorme reto y la adaptación de todos nosotros a intentar sobrevivir, sobrellevar y gestionar nuestra vida en el confinamiento, y es una oportunidad importante tanto para mejorar y afrontar nuestros problemas como pareja, como aceptar la ruptura cuando ésta es el siguiente paso.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Hufftington Post, Heraldo.es, El Confidencial, Psychology Today, Psych Central, El País, El Mundo.

Pautas parentales para facilitar las salidas infantiles durante el Coronavirus

Desde el principio del levantamiento de este estado de alarma que estamos viviendo ha estado servido el debate «¿niños a la calle sí, niños a la calle no?».

Imagen extraída de www.pexels.com

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Lo que nos decían los datos epidemiológicos con respecto a cómo la enfermedad del Covid-19 se manifiesta en la población infantil, con poca sintomatología o incluso asintomáticos (lo que la convertía en potencial portadora del virus), alentaba a seguir en dicho debate una postura más conservadora a pesar de la preocupación constante de cómo este escenario de encerramiento podría afectar a los más pequeños de la casa.

Los expertos en infancia señalan que España es el país europeo más estricto respecto a las medidas adoptadas de cara a la población infantil, a diferencia de otros países con niveles altos de contagio como Italia y Francia.

La verdad, y pese a las expectativas negativas que se conformaban en cada adulto que estaba al cuidado de un menor, los niños han sido tal vez de los grupos poblacionales que mejor han llevado este confinamiento. Si bien es cierto que tras una cuarentena, ¡y nunca mejor dicho, porque ya pasan los cuarenta días!, sin poder salir a espacios abiertos y observando cómo algunos sectores volvían a la «normalidad» (véase aquellos trabajadores no de primera necesidad que recientemente han visto cómo las restricciones se levantaban pudiendo volver a sus puestos de trabajos, lo cual puede serle de difícil entendimiento a los pequeños), a medida que han ido avanzando los días el confinamiento se ha ido haciendo cuesta arriba en la mayor parte de hogares españoles con niños. 

Esta medida que entra en vigor el 26 de abril va a llegar «como agua de mayo», aunque cierto es que ha aterrizado no sin debate, generando confusión e incertidumbre. 

Ojipláticos quedaban los progenitores cuando en un primer momento se anunció que la desescalada para los menores no tendría lugar en espacios abiertos, en la naturaleza, dando pequeños paseos, sino que se permitiría que los menores acompañasen a adultos a aquellos lugares a los que bajo el estado de alarma sí está permitido ir (supermercados y farmacias, básicamente), focos principales de riesgo de contagio por la frecuencia de paso de la población.

Solventado este contratiempo, y una vez producida esta rectificación pocas horas después del primer comunicado de acompañar a los adultos a recados por paseos y salir a jugar a la calle, siempre y cuando se respete el distanciamiento social, desde Cenit Psicólogos nos hemos propuesto abordar este tema aportando información ajustada y una serie de pautas para que las salidas del hogar con niños se conviertan en fuente de bienestar en lugar de una causa más de estrés a la que los padres tienen que enfrentarse.

Más de 40 días en casa, ¿cómo esto ha podido afectar a la infancia?

Desde el principio de la cuarentena el comienzo del desconfinamiento o desescalada ha sido sin duda una de las noticias más esperadas, sobre todo de cara a los niños.

Existe una enorme divergencia de opiniones parentales sobre esto, desde que la condición de encerramiento total de los menores mantenida hasta ahora rozaba el maltrato institucional a aquellos que evalúan esta situación como crítica y consideran que “es el precio a pagar” para mantener a los niños a salvo del virus y evitar su propagación masiva.  No obstante, ¿qué dice la psicología al respecto?

La ciencia y los estudios neurobiológicos indican que la etapa comprendida entre los 0 y 6 años es en la que fundamentalmente se produce el desarrollo a nivel psicomotor de los niños, por lo que es necesario un ejercicio físico mínimo. Y claro está que los más peques  “no han parado quietos” en lo que llevamos de cuarentena, unido con total seguridad a que padres y madres habrán promovido rutinas saludables de ejercicio adaptadas a estar en casa en la medida de lo posible; sin embargo, por habitabilidad, familias con viviendas de espacio reducido habrán tenido muchas más dificultades para mantener la actividad física de sus pequeños, lo cual limita el habitual desarrollo locomotor de estos.

Además, a lo largo de la evolución del cerebro infantil y adolescente entran en juego otra serie de factores de crecimiento no menos importantes, a los cuales es muy difícil acceder desde casa, como son los espacios (a ser posible abiertos) para que los niños puedan explorar por sí mismos y la necesidad de fuentes de neuroestimulación variadas, novedosas e interpersonales.

También tiene una vital relevancia en el desarrollo neurocognitivo de los menores el estado de ánimo. Cuando aún no existe una completa madurez de las herramientas para modular el estado de ánimo la actividad física se convierte en modo de expresión y canalización de emociones y sentimientos, y es por eso por lo que algunos niños durante este confinamiento han experimentado procesos de irritabilidad, tristeza, o altibajos emocionales/anímicos, debido a esa otra vía de escape que es el movimiento unido a la barrera psicológica que supone el encerramiento.

Existen también datos sobre lo perjudicial que es el estrés agudo mantenido en la infancia, y las correspondientes secuelas que eso podría tener en el neurodesarrollo cerebral, así como ser un factor de riesgo en futuros diagnósticos de trastornos de ansiedad, principalmente del trastorno por estrés postraumático (TEPT)

A pesar de esto, se necesitará ser cautos a la hora aplicar estas conclusiones a la situación de pandemia y estado de alarma actual, ya que existen multitud de variables idiosincráticas no controladas de manera experimental que sin embargo influyen en el devenir de dichas afectaciones o diagnósticos, como son: los diferentes niveles de estrés parental experimentados, existencia o no de conflictos en el sistema familiar, herramientas cognitivas del menor, situación socioeconómica o acceso a recursos, etc.

Pautas parentales para facilitar la salida de los niños a la calle durante el Covid-19

Todo lo que exponemos a continuación serán pautas para facilitar la vuelta a las calles de los niños una vez existe el permiso por parte del Ejecutivo. Sin embargo, que se hayan ofertado estas medidas de desescalada del confinamiento infantil no significa que exista obligatoriedad de salir para los menores; siempre será una decisión que tendrán que tomar las familias con toda la libertad y respeto, basándose en sus valores y teniendo en cuenta las casuísticas interindividuales de todos y cada uno de esos núcleos familiares donde conviven niños.

  • Primero de todo, vamos a tener que “ponernos en sus zapatos”. Que sean pequeños no significa que no perciban la realidad en la que nos encontramos. ¡Todo lo contrario!, podría sorprendernos con cuán detallada (y acertada) es la interpretación que los más peques han hecho de la pandemia y el correspondiente estado de alarma. No obstante no está demás que pueda aprovecharse este momento para explicar a los niños y niñas qué es el Covid-19; para ello, se puede recurrir a historias infantiles o cuentos que les hagan la información más asequible, como puede ser “Rosa contra el virus” (enlazado al final del post).
  • Explica también las nuevas medidas mediante las cuáles van a empezar a poder salir a la calle (y los cambios asociados a ellas), con un lenguaje ajustado para hacerles la situación más controlable. Utiliza ejemplos en primera persona sobre cómo todo esto les afecta a ellos o podrán verse beneficiados y/o  sírvete de personajes simbólicos que puedan identificar ellos como modelos. Los superhéroes que cumplen las normas de higiene y seguridad suelen ser alicientes para que los niños quieran parecerse a ellos y adaptarse a lo estipulado.
  • Va a ser asimismo una oportunidad para trabajar transversalmente el aumento de la responsabilidad y madurez de los más pequeños de la casa. La tendencia será la desescalada conviviendo con el virus hasta que se encuentre una vacuna, por lo que interiorizar medidas de higiene propia, empatía hacia los demás y civismo van a ser mecanismos necesarios a nivel general, y una oportunidad de aprendizaje para los niños.
  • Recalca que no es una vuelta a lo de antes, sino una medida excepcional, por lo cual serán paseos limitados espaciotemporalmente. Gestiona sus expectativas antes de salir a la calle para conseguir que puedan disfrutarse como “momentos de respiro” en lugar de como fuente generadora de frustraciones.
  • Si la edad del menor lo permite, pauta un tiempo con ellos (dentro de la hora permitida), y recurre a algún sistema de referencia para que puedan ser conscientes y manejar el transcurso del tiempo de paseo y agotamiento de éste.

Estas medidas ayudan a controlar sus expectativas a la par que reduce la probabilidad de rabietas una vez que se comunica que ha llegado el momento de volver a casa.

De producirse dichas rabietas acude a esas herramientas parentales saludables que normalmente funcionan para gestionarlas, como la extinción, sin caer en reforzar indirectamente la conducta problema, ya que permitirá que los próximos paseos (o más bien la finalización de ellos) no estén supeditados a que se produzca este tipo de berrinches.

  • Intenta que todo eso lo aprendan sin castigos y sin premios; es decir, el entendimiento de la situación facilitará que los paseos consigan la finalidad con la que se plantean, sin conductas disruptivas, e interiorizando nuevos comportamientos responsables y de autonomía, sin la necesidad de refuerzos externos ni expectativas de ser castigados. En todo caso, si no se cumplen los límites, refuerza las explicaciones que justifican que tengan que ser de ese modo las salidas del hogar y que puedan restituir sus comportamientos.
  • Y por supuesto, no se aconseja recurrir a figuras de miedo (principalmente relacionadas con cuerpos de seguridad nacional, por ejemplo, “va a venir la policía si no dejas de tocar las cosas”) como modo de control externo de las salidas de casa, sino apelando al civismo, solidaridad con el resto de personas/vecinos y hacerles partícipes de que la situación de bienestar de los demás y control de propagación de la enfermedad está un poquito en sus manos si nos acogemos a esas normas. A la par que les hacemos importantes en que el control de esta pandemia está en la mano de todos, impedimos el aprendizaje del miedo a estos profesionales.
  • Muestra esos límites, pero con amor.
  • Diferencia entre deseo parental y necesidad real de los niños por salir a la calle. Para ello aconsejamos tener en cuenta la opinión de los niños, lo que manifiestan que necesitan (si su edad se lo permite) o incluso ponderar la tolerancia al confinamiento que han tenido a lo largo de estos más de cuarenta días para ver si lo han llevado bien o existe una necesidad imperiosa por salir y esparcirse.
  • Dentro de tener en cuenta su opinión estará el nivel de tranquilidad/miedo con el que estén experienciando esta situación. No son pocos los casos de niños que cuando sus progenitores les han planteado esta modificación de medidas han verbalizado “¡yo no voy a salir!”. En la medida de lo posible, intentar respetar sus opiniones será la opción más beneficiosa; no obstante, si la negativa a salir se basa en miedo al virus, o a las implicaciones (de posible contagio) que tendría salir, será adecuado brindar un espacio a la psicoeducación sobre la enfermedad (cómo funciona esta y medidas de seguridad para prevenir contagios), resolver dudas y tranquilizar o desarmar esos miedos, que a todas todas seguramente estén enraizados en la interpretación algo distorsionada que han podido hacer ellos, como niños, de la alarmante situación con sus limitadas herramientas cognitivas.
  • Prepárales para saber «encajar» que la realidad que percibirán al salir de casa es muy diferente a la que ellos están acostumbrados: ofrecer explicaciones sencillas de a qué se debe, conocer e interiorizar las normas de seguridad y distanciamiento social, aprender y ver cómo necesarias las medidas de higiene (lavado de manos y método adecuado de cómo hacerlo, no tocarse la cara en la medida de lo posible, toser/estornudar en el hueco del codo y uso de mascarillas) y ofrecer la posibilidad de ronda de preguntas posterior para resolverles las dudas que puedan estar asaltándoles.
  • Queda el debate sobre la adolescencia, de por qué a partir de 14 años no está permitido dar estos pequeños «paseos terapéuticos». Los que este confinamiento lo estén viviendo bajo el mismo techo que un adolescente puede que hayan descubierto que todo sigue con normalidad, o bien los perciben como una montaña rusa o de repente «su hijo-a ha desaparecido», no se le ve el pelo, no comparte espacios comunes familiares. Y es que, centrados en la infancia, se pasa por alto la adolescencia: se impone el confinamiento en una etapa vital donde el grupo de referencia prioritario pasa a ser el grupo de iguales (los amigos). No pueden verlos (en persona) ni en clase ni en tiempo de ocio, y aunque afortunadamente en la mayor parte de las casas existe acceso a internet y pueden seguirse relacionando telemáticamente por videollamadas, se plantea el dilema de la idoneidad de las pantallas a esas edades y durante cuánto tiempo.

Dialogar con ellos sobre el impedimento de salir para su grupo de edad, ya que a diferencia de los pequeños, su desarrollo cognitivo y capacidad de entendimiento y elaboración de la situación se presupone mayor, así como alentar que el grueso del confinamiento (en principio) ha pasado, reforzar su actitud durante todos estas semanas y poder hablar sobre pequeñas metas u objetivos que quieren fijarse o les gustaría llevar a cabo una vez ellos también puedan volver a salir de casa.

Quedan aspectos en el aire, como el hecho de que los adolescentes menores de 14 años no estén incluidos en las medidas adoptadas, ¿qué pasa con ellos, acaso no lo necesitan a nivel de desarrollo neuropsicológico? o la vuelta al trabajo de los padres ¿con quién se quedarán los niños?. Intentar no hiperfocalizarse en cuestiones sin resolver, centrarse en el presente o a pocos días vista, tolerar cierto grado de incertidumbre, no anticipar así como esperar la llegada de nuevos datos, tangibles, y provenientes de las autoridades oportunas a tales efectos hará que las próximas semanas sean más llevaderas y el afrontamiento emocional de ellas más óptimo.

Por el momento, con normas y límites claros, consistentes, con sentido, informados y formados, así como ir reevaluando cómo os sentís como padres-madres y cómo se desenvuelven los niños, por si fuese necesario implementar mejoras, conseguiremos que la vuelta de los niños a la calle pueda vivenciarse como un recurso de bienestar físico y psicológico infantil y familiar.

Fuentes:  Vasta, R.; Haith, M.M.; Miller, S.A. (2001). Psicología Infantil. Ed. Ariel. Barcelona, 2001.

https://www.copmadrid.org/web/publicaciones/rosa-contra-el-virus-cuento-para-explicar-a-los-ninos-y-ninas-el-coronavirus-y-otros-posibles-virus



Escrito por: Maite Nieto Parejo

Miedo al Cambio

Paradójicamente, aunque somos una especie que tenemos las habilidades necesarias para cambiar y evolucionar debido a un muy desarrollado cerebro y sus correspondientes funciones cognitivas, así como una mente flexible que intenta adaptarse a situaciones cambiantes mediante un amplio repertorio de conductas no tan acotado por patrones biológicamente “impuestos” o establecidos (como el del resto de animales), tememos a menudo el cambio: todos los seres humanos, en mayor o menor medida, en alguna ocasión a lo largo de nuestra vida lo terminamos vivenciando. En esas situaciones el miedo es una emoción que se interpone en nuestro camino y nos hace perder claridad sobre nuestro potencial, pero ¿de dónde viene y qué significa esa sensación?.


Imagen extraída de www.laportadacanada.com

Principalmente se debe a que tememos lo cambiante ya que no se conoce ni se puede anticipar el resultado fruto de ello. Aunque quedarse quieto puede conllevar un mayor riesgo que cambiar, en muchas ocasiones las personas preferimos, ya sea profesionalmente o en una relación, por ejemplo, correr el riesgo de quedarnos atrás si no se continúa creciendo en lugar de afrontar una situación novedosa de desarrollo. Es decir, en distintos estudios se ha demostrado que rechazamos la incertidumbre (a pesar de que estamos programados para poder resistirla y abordarla), nuestro cerebro prefiere un resultado negativo predecible sobre uno incierto, aún pudiendo ser positivo o favorable.

1. La incertidumbre alimenta nuestros temores.

A nuestro cerebro le gusta tener el control. La incertidumbre genera una fuerte respuesta de alerta en nuestro sistema límbico y amígdala, la cual suscita una serie de sensaciones subjetivas desagradables o aversivas, por eso nos preocupamos.

Ante la falta de información controlable nuestro cerebro experimenta miedo, por eso tendemos a especular. Creamos historias, tanto reales como imaginarias, que nos contamos a nosotros mismos como modo de rellenar esa parcela sobre la que no tenemos datos certeros. En ese momento narramos nuestras vidas como si estuvieran fuera de nuestro control; sentimos que estamos jugando un papel desde el exterior sin tener en cuenta que se puede tener un rol potencialmente activo a pesar de que haya factores fuera de nuestro control que puedan influir en los resultados.

2. Aceptar la impermanencia de la vida en ocasiones nos hace sufrir.

Cuando termina un trabajo o una relación, incluso el verano o las vacaciones, nos quedamos estancados, nos cuesta mucho seguir adelante. Seguimos repitiendo viejos patrones o historias en lugar de abrir nuestra mente a lo que está por venir.

Un estudio sobre lo positivo que sería construir puentes entre el budismo y la psicología occidental muestra que abrazar la impermanencia como ley universal de vida contrarresta los ciclos de pensamientos negativos y rumiaciones. Cuando aceptamos que cada historia en la vida tiene un final podemos relajarnos, y sintiéndonos más tranquilos podremos afrontar nuevos retos.

“Nadie se baña en el río dos veces porque todo cambia en el río y en el que se baña”. Heráclito de Éfeso.

3. Nuestro miedo al fracaso también alimenta nuestra aversión al cambio.

El afán perfeccionista y sobreexigente puede tener el efecto contrario al esperado ya que cuando estamos bajo presión tendemos a cometer más errores. Bajo el estándar de que “si se hace algo es para conseguir la perfección” lo previsible en la mayoría de las personas es que aparezca la procrastinación.

Procrastinar puede significar dos cosas: por un lado, falta de seguridad en nuestros propios recursos para abordar una determinada situación debido a que posiblemente no sean los adecuados, para lo cual se podrían aprender nuevas herramientas más acertadas para según qué tarea; y por otro, miedo a comenzar a hacer algo y que no salga según nuestras expectativas o incluso pueda derivar en fracaso.

Saber navegar en la incertidumbre es muy importante, así como seguir haciendo las cosas a pesar del miedo, es lo que finalmente nos lleva a superarlo y comenzar a sentir un aumento de nuestra autocompetencia.

En resumen, convertirnos en los autores de nuestras vidas supone empezar por reformular la relación que establecemos con respecto a la incertidumbre, la impermanencia de las cosas y el perfeccionismo.

Algunas etapas vitales serán más proclives a la aparición de dicho miedo. A medida que vamos madurando tendremos que tomar decisiones y aprender a autogestionar nuestro propio camino en la vida. El salto a independizarse, cambiar de trabajo (o elegir uno; incluso vivenciar un continuo estado de precariedad laboral), romper una pareja de larga duración porque ya no funciona, moverse de ciudad o tomar la decisión de ampliar la familia, cambios todos ellos que prototípicamente se llevan a cabo en el ecuador de la vida harán que la etapa vital por excelencia donde es más proclive la aparición del miedo al cambio sea la comprendida entre los 20 y 60 años. Eso no quiere decir que no pueda aparecer en otros momentos vitales, ni debido a otros detonantes a los anteriormente mencionados, sino que la tendencia es que las personas asuman esos cambios con más frecuencia en el final de la juventud y durante su vida adulta.

Puede manifestarse en diferentes áreas vitales: la relevancia de cada una de ellas a nivel personal será lo que propicia un mayor grado de malestar, es decir, existe un amplio abanico de diferencias interindividuales en este aspecto. Para alguien cambiar de amigos será lo más costoso, mientras que para otros el ser versátil en el entorno laboral o fluir en las relaciones sentimentales será lo que les paralice.

Estilos de crianza parentales más evitativos o tendentes a la sobreprotección asimismo fomentarán que se eluda el hecho de que algo en la vida de una persona no funciona pero se prefiere en lugar de poner en marcha mecanismos para modificarlo. Además de que la sobreprotección en la infancia deriva en futuros adultos que pueden no tener las habilidades necesarias para ser autosuficientes, probar diferentes alternativas e incluso baja autoestima e inseguridades con respecto a su capacidad de solución de problemas.

“AÚN CON MIEDO, ¡HAZLO!” COMO PREMISA PARA SUPERAR EL MIEDO AL CAMBIO

Al partir de la base de que la situación problemática del cambio se etiqueta como «miedo» podremos concluir que el método o técnica empíricamente validado y que ha sido denominado como de primera elección a tal efecto es la exposición.

Es decir, de manera progresiva (muy importante este dato, si no una intensidad elevada sería tan aversiva que la persona no podría aprender de manera adecuada lo no nocivo del cambio) habrá que ir escogiendo situaciones generadoras de cambios vitales-personales de cara a poder acumular la suficiente evidencia empírica para reevaluar si tan “peligroso” es tomar decisiones que impliquen situaciones cambiantes. Aprender las herramientas necesarias para abordar dichas situaciones o modificar aquellas otras estrategias de afrontamiento que hasta el momento más que una solución del problema estaban siendo el detonante del miedo a cambiar (por ejemplo, la procrastinación) hará que finalmente la persona que decida realizar un determinado cambio en su vida pueda marcarse esa meta y trabajar por ella en lugar de paralizarse y quedarse en el inmovilismo.

Una educación emocional potente también reduce el estigma al cambio y alivia el temor que algunas personas tienen a comprometerse con nuevos proyectos en su vida.

Si resumiéramos en qué 7 pasos se puede basar la superación del miedo al cambio diríamos:

  • La vida es cambio y el cambio significa vida: todo está en continuo movimiento, nada es estático.
  • Acepta la situación, ¡pero no te resignes a ello! El cambio puede entenderse como una oportunidad para aprender de su abanico de posibilidades. Después de eso será más fácil ponerse en modo acción, tomar decisiones y empezar a modificar cositas.
  • El fracaso también puede verse como algo positivo. En el camino de conseguir aquello que se quiere o necesita habrá ocasiones en las que se comentan errores, eso significa que se están intentando cosas nuevas, pero sobre todo: se están haciendo cosas. Comete nuevos errores, errores asombrosos y que posiblemente nadie haya cometido antes, no te preocupes si no es perfecto, lo que sea que te dé miedo a hacer, ¡hazlo! así se consiguieron los retos e inventos más importantes de este mundo. Intentando, fracasando, reevaluando, tomando decisiones, solucionando problemas, etc… se evitará la paralización, se aprende.
  • Celebra cada pequeño éxito: por muy pequeño que sea será necesario que vayas reforzando cada logro conseguido. Lo más importante no es sólo el resultado final, sino cada paso del proceso de cambio.
  • Sé responsable. Se puede conseguir dejar de lado las expectativas para concentrarse exclusivamente en aquello que puedes controlar.
  • Sé paciente: los cambios son un proceso, que no se consiguen de la noche a la mañana, no por más ansiar que se produzca rápido finalizará antes, todo lo contrario, la falta de paciencia y tesón generarán frustración y angustia.
  • Sal de tu zona de confort: piensa sobre si tu situación actual te reconforta. Cuando queremos protegernos de la incertidumbre, perdemos la conciencia del momento presente y dejamos de disfrutar lo que la vida nos da.

Evita vivir en piloto automático y no cierres la puerta a nuevos capítulos; para ello será necesario autoevaluar y escanear la situación de vida actual, es decir, ser consciente de cuáles son tus valores en las diferentes áreas vitales (emociones, salud y bienestar, familia, pareja o relaciones íntimas, amigos y relaciones sociales, ocio,  tiempo libre y descanso, espiritualidad, economía, trabajo y carrera profesional, educación, crecimiento y desarrollo personal, política e inquietudes sociales, …) y cuál es la dirección valiosa que quieres seguir para vivir tal y como te gustaría.

En una sociedad que avanza a un ritmo apabullante, con multitud de nuevos retos (principalmente referentes a los avances tecnológicos) y donde la máxima de vida tiende, no sólo a sobrevivir, sino a conseguir la felicidad, las personas a veces sentimos que no somos capaces de soportar tal magnitud de avances y desafíos.

Sin embargo, nuestra historia de vida está llena de alternativas, y el miedo al cambio anula la posibilidad que tenemos de cerrar ciertos capítulos para comenzar otros nuevos. Porque no, no siempre es cierto el refrán de «más vale lo malo conocido que lo bueno por conocer». Un autoescaneo en función de los valores que consideramos importantes en nuestra vida nos ayudará a detectar si estamos estancados, algo o alguna relación nos genera malestar o no estamos viviendo conforme a nos gustaría… Una vez identificada la necesidad de cambio desde Cenit Psicólogos siempre te animaremos a “aún con miedo, ¡hazlo!”, intentando resolver poco a poco los pasos para alcanzar la meta propuesta, siempre con el aliciente de experimentar y disfrutar del cambio de rutina.

Escrito por Maite Nieto Parejo

Fuente: www.psychologytoday.com

¿Cómo escuchar nuestra propia voz?

Extraída de www.lecturafacil.com
Extraída de www.lecturafacil.com

Nuestra propia voz no es otra cosa que la metacognición. Una serie de mecanismos cerebrales que optimizan nuestros propios procesos cognitivos y llegan a la resolución de situaciones complejas, y con ello la producción de nueva información, que no es otra que aprendizaje nuevo. Metacognición es evaluar y reflexionar sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones, desarrollar conciencia de nuestros comportamientos adaptados (y no tan adaptados), reflexionar sobre pensamientos automáticos que pueden llevarnos a círculos viciosos autodestructivos, generar nuevos pensamientos constructivos, formular nuevos planes, ejecutar acciones mejoradas…La metacognición es algo muy bueno y necesario y permite desarrollar el autocontrol, la independencia y la autogestión, una brújula interna que nos sirve de coordenada y de criterio interno. Aprender a escucharla puede ser a veces una tarea ardua y complicada, cuando tenemos suficientes distracciones externas (redes sociales, la opinión de los demás, los medios de comunicación, situaciones atractivas a corto plazo) e internas (nuestros propios pensamientos, que a veces son nuestros peores enemigos) que nos impiden escucharla, desarrollarla y entrenarla.

En este mundo de sobreestimulación y búsqueda de acciones siempre útiles y con resultados claros y medibles, puede no siempre ir a nuestro favor y facilitar acciones y situaciones “por inercia” que no solo perjudica nuestra capacidad de resolución de problemas, sino también la capacidad de orientarnos hacia nuestras metas y motivaciones más profundas. Poner en altavoz a nuestra propia voz es una inversión a nuestro favor. Y las formulas sencillas para ello son estas:

  1. Busca la calma. Busca un sitio tranquilo, sin demasiada estimulación y siéntate un rato escuchando lo que hay a tu alrededor. O elige un paraje cercano natural y verde de tu barrio, y camina por él focalizándote en lo que hay a tu alrededor. Buscar la tranquilidad puede ayudarte a calmar el malestar interior y ayudarte a priorizar una serie de diálogos respecto a otros.
  2. Siente la pena y tus emociones. Los intentos iniciales de escuchar nuestra propia voz pueden despertarnos emociones, pensamientos y acciones inesperadas y desagradables. Bucear por nuestro arco emocional sin tener un buffer mental o actividades que nos distraigan pueden ayudarnos a exponernos al dolor, y paradójicamente, ayudarnos a avanzar hacia las acciones que realmente pueden mejorarnos.
  3. Deja distracciones impulsivas y resiste unos cuantos minutos (y luego resiste unos poquitos minutos más). Darnos cuenta de nuestros propios círculos de escape y dejar de hacerlos en favor de una experimentación de nuestro malestar que puede hacerse manejable, llevable hasta que pueda relativizarse y normalizarse, puede ayudarnos a afrontar mejor nuestros problemas y focalizarnos en soluciones reales a nuestras dificultades.
  4. Limita tu exposición a consejos no solicitados. Todos necesitamos el apoyo y la ayuda de los demás, pero dejar que los demás solucionen problemas que al fin y al cabo son nuestros, no nos ayuda a afrontar las situaciones por nosotros mismos y aprender a base de hacerlo, fallar y levantarse, hacerlo, fallar y volver a levantarse hasta mejorar.
  5. Registra, escribe, expresa. Escribir sobre las cosas que nos afectan, narrarlas, ponerlas nombre y darles el peso que merecen ayuda paradójicamente a que no estén siempre en nuestra cabeza, darles un sentido y planificar nuevas acciones. Escribir puede ser un arma muy poderosa para nuestra autocompasión y desarrollar nuestras estrategias resolutivas, sin que tengamos que rumiar durante horas pensamientos circulares que son solo callejones sin salida.
  6. Auto -instruccionate. Darte una serie de instrucciones en situaciones dificultosas pueden significar un apoyo autónomo y propio para conseguir conductas concretas y dirigidas, controlar nuestra conducta y motivar hacia conductas futuras y los resultados positivos de nuestros comportamientos

Desarrollar nuestro dialogo interno es una tarea fructífera y constructiva, que nos ayuda a tener una visión más amplia de lo que nos pasa, y a la vez, nos orienta y alienta a lo realmente importante. Merece la pena.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente. Psychology today.

CÓMO SOBREVIVIR (PSICOLÓGICAMENTE) A UNAS NAVIDADES EN FAMILIA

Imagen extraída de www.siquia.com
Imagen extraída de www.siquia.com

Se acercan fechas señaladas que normalmente son motivo de reuniones familiares. Podemos pensar que qué divertido, qué bien reencontrarse y que el período navideño es análogo de disfrute; sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que no siempre ocurre así. Las Navidades también son sinónimo de días críticos para los conflictos: soledad, problemas familiares, envidias, celos y otros sentimientos negativos provocan finalmente que la venta de antidepresivos aumente exponencialmente (hasta un 40% en estas fechas señalan algunos datos).

TIPOS DE CONFLICTOS QUE SUELEN APARECER EN ESTAS FECHAS

  • Conflictos permanentes: son aquellos presentes durante el resto del año pero que entran en conflicto con lo esperado de estas fechas festejadas en familia. Por lo general, los enfrentamientos cotidianos se ven exacerbados en estos días. Por ejemplo, discutimos a menudo con nuestro hijo por estar todo el tiempo con el móvil mientras que se está (comiendo) en la mesa, pero si esto se hace en Navidad los progenitores sentirán aún con más fuerza lo distanciados que se encuentran y la falta de comunicación existente, y será más fácil que se discuta (intentando revertir ese comportamiento).
  • Conflictos propios de estas fechas: los festejos navideños conllevan una serie de decisiones que hay que tomar en familia, lo cual puede resultar una tarea compleja. Algunas de ellas podrían estar relacionadas con el lugar donde juntarse, quiénes serán los invitados o quién/quiénes se encargarán de preparar todo.
  • Conflictos familiares profundos: existen en la mayor parte de las familias y brotan con más facilidad en estos días por el mayor tiempo que se pasa juntos. Estos problemas, siempre vigentes, no se hacen patentes el resto del año porque no estamos día a día con aquellos miembros de la familia con los que tenemos problemas o por llevar una vida más pautada/ordenada en la que la rutina prevalece sobre el afrontamiento de nuevas situaciones. Por ejemplo, puede haber parejas que en su dinámica cotidiana funcionen; sin embargo, se dan cuenta de que no saben comunicarse cuando tienen que pasar más tiempo juntos para preparar los eventos navideños con la familia. Por otro lado, probablemente toque coincidir con algún miembro de la familia al que no le tenemos especial simpatía.

CÓMO TENER UNAS NAVIDADES EN PAZ

A continuación detallamos una serie de consejos para que los “dramas navideños” no sean un comensal más a nuestra mesa.

1.- Gestiona las expectativas navideñas: primero de todo, el tener metas realistas en lo que respecta a las vacaciones hará que no nos sintamos decepcionados cuando los días no resulten tan perfectos como se deseaba. Esto también predispondrá un estado de ánimo positivo que ayudará a sortear las posibles dificultades que tengan lugar durante las reuniones familiares.

Por otro lado, facilita que los niños también tengan expectativas realistas sobre la Navidad y los regalos propios de estas fechas; entrena su capacidad de frustración de cara a que no reciban todos los juguetes que pidieron o que alguno no coincida exactamente con sus preferencias.

2.- Evita los temas de actualidad controvertidos como política, economía, etc..: nos encontramos en un momento político-social especialmente trascendente en el que el debate está servido. ¡Importante! ¿sabes de antemano que siempre has chocado en ideología política con tu padre, que tu cuñado no es una persona demasiado flexible en sus ideales o que el equipo de fútbol al que sigues no es el mismo que el del resto de la familia?. Si es así… intenta evitar en la medida de lo posible dichos temas, habrá otras ocasiones más adecuadas para sacarlos a la palestra, donde tal vez no haya tanta diversidad de puntos de vista o donde el ambiente sea más relajado (y con menos bebidas alcohólicas que desinhiben de por medio, todo sea dicho). Hay que saber que no todos pensarán igual que tú o estarán de acuerdo con lo que expones; no hay que tomárselo como una ofensa personal, sino simplemente como lo que son, opiniones. Si son otros los que quieren hablar sobre tal cosa intenta pasar inadvertido, emite opiniones neutras o intenta distraerte de la conversación si detectas que lo expuesto por otra persona entra en contradicción con tus valores o ideales y estás empezando a “enfadarte”.

3.- Y en lo referente a temas monetarios/deudas: si hubiere algún problema económico o una situación de saldo de deudas aún pendiente es fácil que salga a relucir en estas fechas. Las viejas rencillas aflorarán a medida que pasemos más tiempo con el familiar con el que mantenemos dicha situación (y también conforme más copas llevemos encima). Como en el caso anterior, se aconseja asumir de antemano que se coincidirá con ese miembro de la familia para controlar nuestras emociones al respecto y así decidir abordar estos temas en otra ocasión, dejando la celebración como momento de disfrute y para charlas sobre aspectos más “banales” o que no nos remuevan tanto, es decir, habla de temas intrascendentes, alegres o pasajeros como podría ser tu último viaje.

4.- ¿Te toca encargarte de los preparativos?: en muchas ocasiones, si eres la persona encargada de todos los preparativos, las Navidades en lugar de ser sinónimo de descanso se convierten en un extra de trabajo; eso puede ocasionar que nos sintamos desbordados y conlleve situaciones de verdadero estrés (también influenciado por la presión de hacerlo lo mejor posible para que nuestros seres queridos disfruten lo más posible). En tal situación podemos caer en la trampa de pensar que quienes nos rodean saben lo que necesitamos (en ese momento) sin necesidad de pedirlo, lo cual es una equivocación ya que cada persona tiene diferentes necesidades. Si crees que alguien puede y/o quiere ayudarte pídelo, intentando abordarlo desde un estilo de comunicación asertivo, de lo contrario que no te sorprenda si finalmente nadie te echa una mano.

Además, ¡sé consciente de que no puedes hacer todo! Prioriza tu tiempo y cuida lo que debe hacerse primero. Si algo es innecesario, o si es una actividad que realmente no deseas hacer, ¡déjalo!.

5.- Época de excesos, en especial exceso de bebidas alcohólicas: el alcohol es una sustancia desinhibidora del Sistema Nervioso Central, eso significa que aparte de risas y bailes también conllevará que se relajen las restricciones sobre lo que se dice y cómo se dice (llegando a ser a veces de manera demasiado directa). Intenta no excederte ya que puedes tomar decisiones o actuar de un modo que tal vez lamentes una vez terminadas las vacaciones. Si es otra persona la que ya va pasada procura su bienestar físico, por un lado (si consigues retirarle la copa de la mano será lo mejor), y por el otro, procura no tener demasiado en cuenta las opiniones/actuaciones que lleva a cabo, seguramente no lo haga a malas y “el alcohol esté hablando por él/ella”.

6.- Ausencia de seres amados o reencuentro con parientes poco apreciados: es frecuente echar en falta en estas fechas tan significativas de reunión familiar a algún ser querido que ya no está entre nosotros. Normaliza la situación e intenta mantenerte distraído cognitivamente mediante estímulos agradables para que la emoción negativa no te sobrepase y te arruine la fiesta; de lo contrario, permítete sentir esa pena, pide a algún familiar que te acompañe a un sitio algo más tranquilo donde puedas expresarle lo que sientes, llorar un poco si lo necesitas y pedir un fuerte abrazo que te contenga/reconforte.

En el polo opuesto, interaccionar con parientes poco apreciados es otra de las situaciones estrella de las Navidades. Haz que prime tu predisposición a celebrar; para ello, evitar tener demasiada interacción directa con dicha persona facilitará las cosas: no entablar demasiada conversación con él/ella (o si fuere necesario que sea lo más políticamente correcto posible), evitar el contacto ocular o sentarse alejados en la mesa pueden ser algunas claves para evitar que se desencadene la disputa.

7.- Aleja el móvil e intenta disfrutar de un momento agradable en familia: recuerda que la alegría y felicidad navideñas no provienen (o no sólo) de regalos, comilonas y bebidas o decoraciones. Vienen de las relaciones sociales. Es cierto que si no estamos ese día con alguien querido tendamos a acordarnos de él y tirar de móvil para escribirle, pero intenta que esa no sea la norma: dedica un tiempo acotado a mandar las pertinentes felicitaciones y el resto deja el móvil aparcado, aprovecha para centrarte en el presente y disfrutar de aquellos que ese día sí que tienes alrededor.

En resumen, aconsejamos que para evitar las desavenencias en estas fechas pienses de antemano lo que para ti es inaceptable (por ejemplo: insultos, agresiones, amenazas,…) y si lo sucedido durante las celebraciones no es tal entonces recuerda que tal vez no importe tanto. Si por el contrario te sientes ofendido por algún comentario procura no alimentar la discusión. Es complicado conseguirlo (no vamos a restarle importancia), pero prueba a repetirle el mismo comentario a la persona que lo emitió y añade cómo eso te hizo sentir: tal vez cuando esa persona lo verbalizó no estaba siendo demasiado consciente del daño que te podría ocasionar.

El tiempo fuera es otra de las mejores estrategias para no llegar a trifulcas. Cuando te sientas nervioso o enfadado pasa un tiempo alejado de la situación que lo está ocasionando, al volver seguramente te encuentres más relajado y podrás continuar conversando, de lo contrario solemos expresarnos de manera incorrecta, lo que nos hace perder la razón.

Y por último, y no por ello menos importante, recuerda dedicarte un poco a ti mismo (no sólo a estar en familia y/o con amigos) y a realizar aquellas aficiones para las que no tienes tanto tiempo durante el día a día, eso ayudará que la vuelta de vacaciones se afronte con mucho mejor buen humor y estando más descansados.

Escrito por: MAITE NIETO PAREJO

Un modelo para solucionar eficazmente los problemas en el trabajo

Extraído de https://es.pinterest.com/
Extraído de https://es.pinterest.com/

¿En qué organización no surgen problemas derivados, por ejemplo, de la existencia de duplicidades en el trabajo de las personas o al revés, que una tarea en particular esté siendo pasada por alto, causando saturación de trabajo en un empleado o departamento? Situaciones que, además, pueden desembocar en el deterioro de las relaciones entre iguales o entre un empleado y su superior.

La mediación como método alternativo de resolución de conflictos en el ámbito familiar, como medida de solución en separaciones y divorcios, o en problemas intergeneracionales es un sistema cuyo uso está aumentando en frecuencia por las ventajas que presenta frente a otros modos de resolución de conflictos, como son la mayor eficiencia en la elaboración de acuerdos, la mejor calidad de los mismos.

Sin embargo, parece que la mediación se usa menos en el ámbito cotidiano de la empresa en el que, sin embargo, es lógico que surjan conflictos, ya que éstos son inherentes a las interacciones humanas y más en la actualidad, en la que “las organizaciones recurren cada vez más al trabajo en equipo, a estructuras organizacionales más planas, mayores interacciones y diversidad internacional” (Arunachalam, Lytle y Wall, 2001).

La mediación consiste en una negociación asistida en la que las partes cuentan con la intervención de una tercera neutral que sirve de ayuda para que los disputantes alcancen un acuerdo.

Hay tres modalidades, la primera es la mediación estilo Harvard, cuyos autores Roger Fisher y William Ury, en el libro “Obtenga el sí. El arte de negociar sin ceder”, sentaron las bases de este tipo de negociación asistida, cuyo objetivo es llegar al acuerdo mediante una estrategia colaborativa ganar-ganar. Para ello, el mediador trata de que las partes pasen de las posiciones a los intereses y empleen criterios objetivos usando la mejor alternativa al acuerdo negociado, MAAN, y la peor alternativa al acuerdo negociado, PAAN. Se usan, además, métodos como la lluvia de ideas, la suma de soluciones, la cesión en lo que es fácil y poco costoso para una de las partes, y que, sin embargo, aporta muchos beneficios para la otra parte y al revés.

La segunda modalidad, la mediación transformativa, tiene como objetivo convertir el conflicto en ocasión de crecimiento personal y de cambio en la forma en la que cada uno se comunicar y relaciona, mediante la promoción de la revalorización de uno mismo, entendiendo la capacidad propia para tomar decisiones y el reconocimiento del otro, como portador de aspectos positivos, para que lo que utiliza técnicas psicológicas como el reflejo, el resumen, la revisión y las preguntas circulares que crean una visión sistémica y potencian la generación de empatía entre las partes.

La tercera modalidad es la mediación circular-narrativa, que combina los modelos anteriores, ya que tiene como objetivos el que las partes lleguen a un acuerdo positivo para ambas, pero se ocupa, también, de lo relacional y modificando la comunicación y la narrativa de las personas intervinientes. Se basa en una visión sistémica de los conflictos, por la que se conciben éstos como algo circular y multicausal y por ello se trata de implementar una solución no intentada. Las técnicas que se utilizan son parecidas a las del modelo transformativo, con especial atención a la reformulación, la legitimación de los sentimientos, las preguntas circulares y la construcción de la historia alternativa.

La mediación laboral se suele emplear tanto en conflictos colectivos (en la negociación de convenios colectivos, antes y después de la convocación de una huelga), como en conflictos individuales (suspensiones de contrato, modificaciones sustanciales de condiciones de trabajo, despidos…) siendo, sin embargo, la mediación más común y efectiva la que se da en los casos de convenios colectivos y huelgas. En estos casos, el modelo estratégico que utiliza el mediador es el estilo Harvard.

Sin embargo, en los casos de conflictos que surgen en el devenir diario de las empresas, sería muy conveniente llevar a cabo una mediación y más concretamente, aplicar la modalidad circular-narrativa, que trate de conseguir una resolución del conflicto, pero en la que, también, se haga énfasis en lo relacional, para promover la empatía entre los empleados en conflicto, el diálogo y conseguir de esta forma, una nueva relación de cordialidad y armonía.

En conclusión, sería muy conveniente la incorporación al ámbito laboral de mediadores expertos que puedan llevar a cabo este tipo de mediaciones.  

Escrito por Sara Reyero Serret

Madrid Liras, Santiago. Modelos de Mediación. Técnicas y habilidades del mediador. Trabajo presentado en el Curso de Especialización de Mediación Familiar por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Gómez Hernández, Ana. Los conflictos laborales colectivos. Trabajo presentado en el Curso de Aranzadi de Mediación Laboral.

Vercher Rosat, Vicente. Los conflictos laborales individuales. Trabajo presentado en el Curso de Aranzadi de Mediación Laboral.

Cómo el miedo al fracaso bloquea la toma de decisiones y la creatividad

Extraída de www.e-deaprendizaje.com (modificada)
Extraída de www.e-deaprendizaje.com (modificada)

En mundo actual, marcado por el cambio y la incertidumbre, el desarrollo de competencias como la creatividad y la toma de decisiones se ha convertido en un aspecto clave para las personas.

Potenciar estas cualidades es fundamental, tanto a nivel individual como en el mundo empresarial, educativo y/o social. Sin embargo, uno de los mayores impedimentos para conseguirlo, es el miedo al fracaso. Fracasar o no conseguir los resultados esperados, puede desencadenar sentimientos de frustración, decepción y vergüenza. A su vez, puede generar pensamientos de auto-desprecio, y hacer que las personas experimenten mucho malestar y acaben retirándose sin conseguir la meta. Si para no experimentar todo ello, dejamos de hacer, decidir, intentar nuevas formas, nos estamos olvidando de que fallar es una de las formas más naturales de aprender. Si enfocamos el error como forma de poner en marcha una nueva conducta más aproximada al objetivo que pretendemos, nos estaremos encaminando hacia la consecución del éxito.

Catherine Tinsley, Jason Schloetzer and Matthew A. Cronin (2017) han querido demostrar que cuando las personas están en una organización cuya cultura empresarial asume la equivocación como parte del riesgo y anima a sus trabajadores a aprender del error y arriesgar, la confianza, productividad, autonomía y creatividad de los empleados aumenta. Para ello, han llevado a cabo numerosos experimentos. En uno de ellos, puesto en marcha en una gran compañía cuya fuerza de ventas operaba en varios países, seleccionaron aleatoriamente a un grupo de personas de cada país y les mostraron un vídeo corporativo de la empresa en el que se verbalizaba este contenido: “todos los que hemos triunfado también hemos sentido el escozor del fracaso. Las únicas personas que nunca fallan son las que no intentan nada lo suficientemente difícil. Los contratiempos, golpes, errores son parte normal del día a día en la jornada de cada uno de nosotros, tanto en los negocios como en la vida. Recuerda que lo importante es impulsarse a través del error”. Los resultados del experimento mostraron que tras la visualización las ventas de esas personas aumentaron un 22% sobre las que no recibieron el mensaje. Estos investigadores han hallado, en sus experimentos, que los trabajadores inmersos en culturas empresariales que admiten y aceptan el fracaso tienden a ser 17% más innovadores, 21% más arriesgados a la hora de afrontar retos y un 10% más autónomos en la resolución de problemas. La conclusión que ellos plantean es clara, “es necesario asumir la paradoja de que para triunfar hay que fracasar”.

Por ello, como empresarios, como trabajadores, como padres, como educadores o como personas de a pie, podríamos tener en cuenta los resultados de este experimento y aplicarlos. Extrapolarlos a todas las áreas de la vida y en todos los ciclos de la misma, con todo lo que ello conlleva. Y, concretamente en el ámbito de la educación, como profesores y padres, deberíamos alentar a nuestros hijos y alumnos a arriesgarse, a reformular el error como parte del riesgo y como oportunidad para aprender nuevas conductas más precisas y enfocadas al éxito. Y para ello, revertir la tendencia a la sobreprotección, dejar de ser toda la tipología de padres sobreprotectores que bien enumeró Carlos Manuel Sánchez (2016), tanto los buldozer (que allanan tanto el camino de sus hijos para que éstos no encuentren obstáculos) como los padres tigre (padres estrictos y con altas expectativas para los hijos sobre los que ejercen excesivo control). Hoy en día, más que nunca, necesitamos jóvenes que afronten retos y sean creativos.

Para conseguir todos estos objetivos, lo esencial es asumirlo a nivel personal, y cambiar nuestra visión de los errores, propios y ajenos, conformar un nuevo discurso más positivo y alejado del miedo y animarnos, cada día, a hacer algo de manera distinta y a ampliar nuestros horizontes y miras.

Escrito por Sara Reyero Serret

Fuentes:

  • Catherine Tinsley, Jason Schloetzer and Matthew A. Cronin (2016). In celebration of the F Word. The Georgetown University McDonough School of Business. Psychology Today.
  • Carlos Manuel Sánchez (2016). La sobreprotección de los padres, a examen: ¿quién dijo miedo? XL Semanal

Relaciones a distancia, ¿posibilidad o muerte anunciada?

Extraída de www.lovequotesfor.com
Extraída de www.lovequotesfor.com

En los tiempos que corren, la distancia en las relaciones de pareja es una realidad que tienen que sobrellevar miles de parejas cada año. Desde un viaje con beca Erasmus, un destino de tu compañía o la situación de emigrar a otro país para la búsqueda de trabajo sin tu pareja, son muchas las situaciones que pueden alejarte de tu pareja durante un periodo de tiempo determinado. Por otro lado, la convivencia y aplicación de las nuevas tecnologías está dando lugar a una nueva realidad afectiva, en la que muchas personas deciden iniciar una relación sentimental con otras personas a miles de kilómetros de distancia. Si bien son conscientes de sus dificultades, la inmediatez de las nuevas sociales permite un contacto que sería impensable hace unas décadas, planteándose alternativas posibles donde antes eran todo costosas dificultades.

Por ello, no siempre la situación de una separación geográfica viene traducida en una ruptura asegurada, sino que mucha gente se plantea este escenario sabiendo que su unión y vínculo afectivo no tiene por qué verse afectado.

Obviamente, la preparación de este evento es necesaria que se haga conjuntamente, planteándose ventajas y desventajas que deben salvarse. Los problemas hay que tenerlos muy cuenta (celos, capacidad para afrontar las separaciones, número de discusiones), poniéndolos sobre la mesa para saber si pueden manejarse. En la distancia, mejor que prevalezca la practicidad y lo ya hablado. Generalmente, en este tipo de situaciones se suele apelar a un proyecto común (que suele incluir una futura convivencia en mayor o menor medida) y del que es necesario la satisfacción de los proyectos individuales antes de llegar a ese objetivo final. De esta manera, la distancia puede verse como un paso previo (o intermedio) y no como un impedimento real.

Entoncés, ¿cuáles se consideran las principales variables que predicen un éxito y mayor satisfacción a la hora de afrontar una relación a distancia?

  1. Baja tensión psicológica. Efectivamente, las parejas cuyos miembros tienen menor nivel de ansiedad y depresión en el momento de separarse, y menos conflictos tenga la pareja en ese momento, mayor capacidad tendrán de salir airosos de esa situación. Trabajarse los puntos débiles antes de la separación supondría la mejor solución. Y cuidarse bien con momentos agradables y variados cuando se estén separados, la mejor manera de que no aparezca tensión cuando se está a distancia.
  2. Mejor capacidad de comunicación. En la distancia, es muy importante cuidar los momentos de contacto con el otro, atendiendo tanto a la calidad como a la cantidad. No se trata de estar hablándose constantemente; más bien, de regular horarios para contarse y verse, preferiblemente en videoconferencias, donde no se pierda detalle al lenguaje no verbal, que permitirá hacerse una mejor idea de lo que se relata y no dar a lugar a malentendidos. Por otro lado, contarse tanto lo que te sucede cómo lo que te hace sentir permite no perder la intimidad en la pareja.
  3. Distancia.En contra de lo que podría suponerse, las parejas que viven en distintas partes del mundo con respecto a las parejas que se encuentran en zonas próximas, tienden a llevarlo mejor. La razón es sencilla; cuanto más distancia, más conscientes somos de la separación. Se ha visto que en estas situaciones se hacen mayores esfuerzos para preservar la relación estable; desde el contacto frecuente y planificado, hasta la programación de visitas, escapadas o viajes regulares donde las personas proyectamos vernos y recuperar el tiempo separados. Planificar el contacto de calidad y frecuente es la máxima en este caso.
  4. La capacidad de solucionar los problemas. En efecto, la confianza y las estrategias a la hora de manejar los conflictos se antoja básica en una relación a distancia. A miles de kilómetros, perder el tiempo de comunicación en continuas discusiones favorece la distancia psicológica, ante el poco acceso a contacto físico que alivia las tensiones emocionales. Un buen reparto de funciones, una comunicación sincera y honesta de las dificultades y saber bien cómo va a hacer el otro para solucionar el problema, permite rebajar las tensiones y aumentar las comunicaciones eficaces. Se trata de ser un equipo, se esté cerca o no.
  5. Actitud ante la separación. Aunque digamos que la relación a distancia puede ser exitosa, realmente la actitud ante ellas depende de las experiencias que tenga cada uno. Hablar claramente de las dificultades y los miedos que se te plantean en esa situación e intentar resolver los problemas juntos permite derribar creencias y aclarar situaciones para que no sean problemáticas cuando ocurran.
  6. La capacidad de sorprender. Aunque es muy importante programar y planificar los detalles y constantes sorpresas (cartas, regalos, preparar detalles en momentos de conversación, o compartir lo que se vive) permite tener presente al otro y no caer en una rutina que hace más perezoso el contacto. Esto incluye el terreno sexual, donde la creatividad se erige como la mejor alternativa para paliar la falta de contacto físico.

Con todo esto queremos decir que la distancia es un obstáculo salvable si sabemos cómo hacerlo y sabiendo que implica cierta adaptación para que mantengamos la llama intacta. Así hasta que llega la hora del próximo vuelo.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today, Psych Central, Diario ABC.

Cuando perseverar y cuando saber dejar ir

Extraída de www.consejosdelconejo.com
Extraída de www.consejosdelconejo.com

¿El cambio es posible siempre? ¿Y deseable SIEMPRE?. En diferentes etapas de nuestra vida nos encontramos con encrucijadas lo suficientemente difíciles (un cambio de residencia al extranjero, un trabajo que no nos gusta, una pareja que no funciona o una amistad que nos hace daño) como para dudar de que realmente debemos perseverar en nuestro objetivo o bien aceptar que el cambio no es posible y optemos por centrar nuestras energías y objetivos en otros nuevos, sabiendo  que dejar ir es otra opción posible para avanzar. En realidad, ambas opciones (perseverar y dejar ir) son dos caras de la misma moneda y no hay una correcta sobre la otra. El punto, quizás, está en saber distinguir cuando hay posibilidad  de un cambio para un progreso  y avance real, y cuando insistimos en situaciones para volver a estados pasados (YA PASADOS) y lo que tenemos no lo queremos ya (ni lo querremos más). ¿Cómo podemos saberlo?.Os proponemos una serie de señales para saber cuándo ha llegado el momento de dejar ir, y perseverar por un nuevo objetivo que nos permitirá ser más felices.

  1. Cuando el objetivo deja de tener sentido para nosotros. Cuando ponemos todos nuestros esfuerzos en un éxito o felicidad que nunca llega y no nos permitimos disfrutar diariamente de los frutos de ese esfuerzo, entonces es que algo falla. Permitirnos ser felices en el proceso y aceptar que tal vez lo que queremos no tiene porqué materializarse, puede ayudarnos a disfrutar de las pequeñas cosas y dejar de exigirnos cosas que no nos hacen felices, porque no las hemos alcanzado nunca (ya que no podemos ser perfectos siempre, pero sí hacemos cosas bien diariamente).
  2. Ante un problema, tendemos a quejarnos pero no a cambiarlo. Quejarse implica mirar mayoritariamente al pasado por cosas que quisimos y no fueron. Pero no tenemos máquinas del tiempo y cambiar lo que pasó. Pasó. La única forma de cambiar las cosas es en el presente, en la próxima vez. Hacer una negociación de acciones para que no vuelva a ocurrir y planificar acciones para una solución es la mejor forma de cambiar.
  3. Cuando en el proceso de tomar una decisión se toma tanto tiempo que cuando decidimos, la decisión ha dejado de ser relevante. Tomar una decisión es aceptar los pros y los contras, saber que ambos pueden ocurrir, y comprometerse con las acciones que haremos para enfrentar las consecuencias. Tomar una decisión es probar a ejecutarla, y seguir adelante con ella.
  4. Cuando nos hacen una crítica tendemos a defendernos en vez de aprender de ella. Una crítica puede ser dolorosa y puede removernos emocionalmente. Sin embargo, aferrarnos sólo en nuestros argumentos para derrumbarla   puede hacernos no atender al contenido y elegir si se prefiere ignorarla o aprender algo de ella.
  5. Cuando hablamos y sólo defendemos nuestro punto de vista, sin atender a ninguna evidencia en contra. Una conversación con alguien es algo dinámico y sujeto a cambios según la información nueva y las pruebas a favor y en contra. No atender a esa información  y reconocerla puede provocar conflictos con nuestro interlocutor en vez de conseguir el objetivo de toda conversación que torna en discusión: un entendimiento mutuo de los puntos discordantes.
  6. Ante un imprevisto, actuamos como si el mundo se cayera con nosotros en vez de verlo como una oportunidad. “Para que una cosa la podamos denominar como éxito hemos tenido que saborear un fracaso, de otra forma todavía estamos en el camino”. En efecto, el éxito nace de las fallas de un plan inicial, y de los consiguientes reajustes para que los errores cada vez sean menores, más cortos y menos intensos. Quedarnos en el error es no avanzar, no aprender de él para no cometerlo después.
  7. Ver los árboles pero no el bosque. Los detalles son importantes pero no es el proyecto con el que finalmente soñamos. Avanzar (en un proyecto laboral, una relación de amistad o en una pareja) es sentirse cómodos con que hay detalles que todavía no están en el presente y que pueden ser fijados en el futuro, sin ser por ello menos valioso lo que tenemos y disfrutar de ello.
  8. Juzgar una cosa por lo que fue y no aceptar que han pasado 2, 5 o 10 años. Las cosas que tenemos tardan mucho en construirse pero cambian constantemente. Y algunos cambios no tienen porque ser similares ni positivos. Por ello, cuando pensamos en las cosas qué tenemos, es bueno pensar qué hábitos, personas y logros mantenemos y cuales es mejor soltar y dejar marchar. En aceptar que algunas cosas han cambiado y que para perseverar en nuestros objetivos hemos adaptarnos a lo que ocurre en el momento. Que decir adiós a esas cosas no significa olvidarlas, sino aprender  a dejar ir el pedazo de ti que se quedó con ellas (en el pasado).

Recordad: avanzar es dejar de luchar por cosas que no tienen solución y dirigirnos a otros caminos que sí nos proporcionan bienestar. De esto también se trata vivir.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today.

Tener un plan B: ¿buena o mala idea?

Extraída de https://charlotte.quepasanoticias.com/
Extraída de https://charlotte.quepasanoticias.com/

Con el inicio de año todos nos hacemos los consabidos  propósitos de Año Nuevo. Nos parece primordial seguir un plan para conseguir los objetivos que nos hemos marcado. Pero, ¿qué pasa si no todos nuestros planes salen como esperamos?… ¿Y si pudiéramos plantearnos alternativas…un plan B? ¿Pero, es tener un plan B siempre es una buena idea? ¿O pueden estas «redes de seguridad» en realidad hacer que sea menos probable alcanzar nuestras metas?

En un nuevo estudio publicado recientemente los psicólogos de la Universidad de Zurich han desarrollado un modelo teórico para estudiar el uso y la utilidad de tener un plan B. «Nuestro modelo se basa en una idea sencilla: los planes alternativos cambian la forma en que perseguimos nuestro objetivo, aunque no los estemos utilizando, e incluso si nunca los utilizamos» afirma el Dr. Christopher Napolitano, autor principal del artículo.

Así, según este modelo cuanto más esfuerzo pongan las personas en la elaboración de planes secundarios, más molestos y perjudiciales pueden estos llegar a ser. Muchos objetivos, como por ejemplo encontrar un trabajo ideal o la búsqueda de pareja, pueden experimentarse completamente fuera de nuestro control. Un consejo común para gestionar esta incertidumbre es: «Ten siempre un plan B». Pero, ¿es realmente conveniente invertir tiempo y energía en desarrollar planes alternativos, o es mejor centrar todos nuestros recursos en probar una única manera a la hora de alcanzar una meta?

«A veces, tener un plan B puede aumentar nuestra confianza,» dice la Dra. Alexandra Freund, co-autora y presidenta de Psicología del Desarrollo «pero otras veces, tener un plan B podría suponer una distracción, o limitar lo duro que trabajamos al aplicar el Plan A». Estos efectos de tener un plan B pueden variar de persona a persona y de una situación a otra. Si un plan B nos da confianza, puede que seamos más eficaces en la consecución de nuestro objetivo principal. Pero los investigadores de este estudio también advierten del hecho de que tener planes secundarios bien formados puede minar con la misma facilidad nuestra motivación para conseguir  el objetivo principal, o favorecer que encontremos justificación para trabajar menos duro para alcanzarlo. Así, el tiempo y esfuerzo que se decida invertir en el desarrollo de un plan B podría determinar su efecto.

«Por supuesto, es una buena idea emplear algo de tiempo y esfuerzo en desarrollar planes alternativos, con el fin de afrontar situaciones complejas e importantes con una red de apoyo o seguridad establecida» dice Napolitano.

Sin embargo, según el modelo de Napolitano y de Freund, invertir demasiado tiempo y esfuerzo en la elaboración de planes secundarios podría crear una especie de profecía autocumplida, de modo que seamos especialmente propensos a utilizar planes alternativos muy bien desarrollados, y por tanto debilitar con ello la suficiente inversión empleada en tener éxito con el plan principal.

Un ejemplo claro en el que podemos ver los efectos negativos de los planes secundarios es en el matrimonio y el divorcio. Según una investigación llevada a cabo por W.B. Wilcox, director del National Marriage Project en la University of Virginia, las parejas que no comparten una cuenta bancaria son mucho más propensas al divorcio, lo que sugiere que no implicarse en la relación tanto a nivel emocional, práctico y/o económico en previsión de una posible ruptura en realidad podría contribuir a ella.

Por lo tanto, el consejo que tal vez nos puede resultar útil es que tener un plan B es práctico, pero no debemos pasar demasiado tiempo planteando situaciones hipotéticas alternativas ya que podría complicar la consecución de nuestro objetivo principal.

Fuente: psychcentral.com, bustle.com, nytimes.com

Escrito por Alejandra Ranz Case

Bibliografía:

Napolitano, C. M. y Freund, A.M. (in press). On the use and usefulness of backup plans. Perspectives on Psychological Science.

Wilcox, W.B. (2011) The state of our unions. Marriage in America 2011. The National Marriage Project and the Institute for American Values.