Mitos del amor romántico: causas, consecuencias y alternativas

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com
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A la hora de entender el amor y cómo es (o debe ser) una relación de pareja es fácil que aparezca en nosotros una imagen mental determinada, normalmente establecida a través del prisma de nuestras creencias.

Dichas creencias que nos marcan lo que es correcto y/o deseable respecto a las relaciones de pareja (así como lo que no lo es) a veces toman tintes irracionales, dando lugar a mitos sobre un amor que verdaderamente se hace difícil en la práctica y que puede imponer ideales que ocasionen malestar.

Un mito, ya sea sobre el amor romántico o sobre cualquier otro ámbito, es una historia imaginaria que altera las cualidades verdaderas de una persona o cosa, haciendo que actuemos en parte de manera inconsciente, es decir, guiados por lo dictaminado por dicho mito sin hacer una exploración personalizada del tema en cuestión. En resumen, los mitos ejercen una fuerte influencia sobre las ideas que las personas tienen sobre cualquier tipo de cosa.

Algunos de estos mitos acerca del amor romántico son:

  1. “El amor todo lo puede”: depende… los imperativos suelen ejercer presión en la pareja y muchas veces, aunque queriendo a la otra persona, se produce la ruptura de la relación.
  2. “El amor a primera vista”: no nos engañemos, a primera vista sólo vemos lo tangible, el físico, lo cual nos hace saber si la otra persona nos atrae o no; sin embargo, el amor se construye, y para ello no hace falta ni más ni menos que ir conociendo, poco a poco, a la otra persona.
  3. “La plena compenetración sexual es prueba irrefutable de amor”: este mito va bastante en la línea del anteriormente mencionado amor a primera vista. De primeras todo de esa persona nos enamora y nos gusta, incluyendo las relaciones sexuales (que serán asombrosamente buenas desde el primer día).
  4. “La búsqueda de la media naranja”: existe una persona en el mundo, LA persona, que es la ideal para cada uno de nosotros y nos completa, porque es la otra mitad de nosotros, la media naranja.
  5. “La persona correcta llena todos los aspectos de nuestra vida”: frases del tipo “es igualito a mi, tiene los mismos gustos y aficiones”, “es el/la responsable de mi felicidad” o “cuando estamos juntos somos uno” reflejan este mito, que posiblemente sea uno de los más extendidos en cuanto a la concepción imperante de amor romántico.
  6. “Cuando se está enamorado no es posible sentir atracción por otra persona”: partiendo de la idea de que el amor no paraliza la disposición a sentirse atraído por otros y que la fidelidad es un constructo social que se puede elegir (en pareja) mantener o no en la relación, probablemente sean otra serie de cuestiones las que puedan plantearse en lugar del imperativo latente en este mito.
  7. “Los celos son una prueba de amor” o la versión más sutil de “si quieres a la otra persona ser algo celoso es lo normal” es aquel mito que defiende los celos como muestra irrefutable de amor verdadero y comprometido.
  8. “El príncipe azul”: mito reflejado en el ideal de hombre que corteja, enamora, y lo da todo por “su princesa”, una mujer que siempre está disponible para él. Una historia idílica de amor en la que él aparece como perfecto.

CAUSAS

En general, cada persona posee su propia mitología del amor, basada en sus propias experiencias personales, familiares o dependiente de la cultura donde haya sido criado. Sin embargo, existen una serie de causas que han introducido la idea de amor romántico que actualmente impera, al menos, en las sociedades occidentales y/o del Primer Mundo.

La exposición de este tipo de amor en los medios de comunicación, el cine (con el ideal de las princesas de los dibujos animados), la literatura, etc junto a una historia social donde la mujer no ha tenido un rol equitativo al del hombre (no sólo en el amor, sino en general en todos las áreas vitales) ha sido el medio de difusión para que estas creencias o mitos hayan invadido con tal intensidad el marco mental de la sociedad.

“El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa”, Kate Millet.

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CONSECUENCIAS

Algunas de las consecuencias del ideal de amor romántico, y fruto de los mitos anteriormente citados, serían…

  • Obsesión por la búsqueda de esa otra persona que colme nuestra felicidad o sea la proveedora de ella. No saber vivir solos, es decir, sin pareja.
  • Búsqueda desesperada de la felicidad dependiente de otra persona, frustración, no priorización de los propios deseos y necesidades.
  • Internalización de patrones rígidos de cómo tienen que ser nuestras relaciones amorosas.
  • Aprendizaje diferencial de género de lo que es el amor y a la hora de buscar y o empezar una pareja. El patriarcado describe y enseña que el amor no es lo mismo para las mujeres que para los hombres. Para la mujer sólo hay una forma lícita y decente de amar: incondicionalmente. Hemos de ser amante abnegadas, fieles, acríticas, pacientes, …
  • Esperanza de encontrar a la media naranja, a esa persona ideal o idealizada. Ninguna pareja es ideal, cada uno de los miembros que conforman el equipo llamado pareja tiene sus fortalezas y debilidades con las que habrá que ir sorteando los obstáculos del camino llamado vida sin que posiblemente haya una pareja ideal, sino simplemente la más adecuada para ser elegida como compañera de camino.
  • Desistir inmediatamente ante la aparición de dificultades superables en la pareja, ya que no sería nuestro amor verdadero; es decir, no se ajusta al ideal de amor preponderante en el panorama romántico.
  • Relacionado con la consecuencia anterior estaría el mantenimiento del concepto de perfección como requisito en la búsqueda del amor, con el consiguiente desaliento que provoca (por ser inalcanzable).
  • Perpetuación de una sociedad no equitativa ni igualitaria, donde (bajo la concepción del amor romántico y de la mano del príncipe azul) la mujer adopte el rol de tener que ser conquistada, en lugar de, por ejemplo, equidad a la hora de elegir quién da el primer paso o lleva las riendas del gustar a otro.

ALTERNATIVAS

  • Si dudas de si moverte por patrones establecidos es lo que quieres en tu vida permítete explorar aquello que aún no conoces: conoce gente, implanta términos acorde a los valores que guían tu día a día y pon límites allí donde lo creas oportuno, no donde por regla general suelen ser puestos.
  • Al igual que una relación de pareja se va construyendo poco a poco, conociendo y compartiendo las cosas buenas (y otras que no lo son tanto) de la otra persona, con el sexo ocurre lo mismo: puede que las relaciones sexuales sean muy buenas con alguien con el que no queremos estar en pareja y puede darse el caso de que queramos a otra persona pero la parte sexual de la relación sea un ámbito donde no se esté encontrando la satisfacción que se consideraría idónea. Llegados a este punto hemos de saber que se puede trabajar la sexualidad como se trabaja cualquier otro aspecto de la pareja.

El abordaje conjunto, teniendo como base primordial la comunicación y la confianza, servirá como herramienta para el derribo de tabúes e ideas preconcebidas, para autoexplorarse y explorar al prójimo y para ir averiguando aquella actividad sexual que quiere implantarse en la pareja o tal otra que podría ser placentera pero que de momento no es una prioridad (también aquellas otras que no son agradables, si cabe tan importantes como las que se desean). Sólo así, creciendo juntos, se creará una sexualidad asombrosamente buena y que tenga los cimientos para seguir evolucionando a lo largo del tiempo.

  • El amor no siempre lo puede todo. A pesar de la tentación que provoca la idea del “superamor” como forma de controlar la incertidumbre de una posible ruptura o como escudo para creer que todo se puede superar, la idea de que si hay amor en la relación es garantía suficiente y vitalicia para superar cualquier problema es del todo distorsionada.

Reestructurar esas ideas, aceptando la aparición de posibles conflictos en la pareja (los cuales necesitarán de una solución de problemas conjunta) y conocer que el respeto, la confianza y la comunicación no vienen de serie junto con el amor hará adoptar una visión más ajustada de la realidad. Asimismo se evitarán consecuencias dañinas para las personas como podría ser el soportar cualquier tipo de situación perjudicial o vejación en aras del amor.

  • Frente al mito de la media naranja encontramos que cuando venimos al mundo estamos solos, o en todo caso, si lo queremos considerar también, con nuestra familia, amigos, vamos adquiriendo estudios/trabajo… en un momento determinado de nuestra vida llega esa persona de la que nos enamoramos pero, ¿nos completa cual mitad?  ¿o nos aporta a esa vida que ya veníamos vivenciando “en solitario”?. Una de las alternativas a este mito sería visualizar el encontrar pareja como algo que enriquece nuestra vida sabiendo que ya de por sí era satisfactoria previamente como única parte de una naranja que ya estaba completa: nosotros mismos.

Tal vez nuestra pareja no tenga que ser necesariamente igual a nosotros o con los mismos gustos para que la ecuación llamada pareja funcione. Un mínimo de cosas en común, en cuanto a valores desde los que entendemos que queremos vivir nuestra vida, serán necesarios; sin embargo, aficiones, gustos musicales, etc no habrían de ser un handicap si no son compartidos. Puede ser un buen momento para explorar nuevos campos que nos gusten de la mano de nuestra pareja (¡o incluso darnos cuenta de que para nada van a convertirse también en nuestras aficiones!), podemos tener tiempo libre y de ocio nosotros solos si no son los mismos intereses y se puede disfrutar de dicho ámbito de nuestra vida con otros apoyos (amigos, vecinos o incluso asociaciones que se dediquen a ello).

  • Barajar la posibilidad de que puede darse la atracción por otras personas sin que ello necesariamente desemboque en una ruptura de pareja: después de elegir si el constructo social de la fidelidad se instaura en la propia pareja quedará en manos de cada uno de los miembros de ella el establecer los límites de la atracción por unos posibles terceros. Es muy común experimentar algún tipo de afinidad con otras personas, pero sin que necesariamente esto signifique que ya no se quiera a la pareja.
  • “Quien bien te quiere NO te hará llorar” de lo contrario sería un amor tóxico elevado a la enésima potencia. Derribar ese mito y cambiar esas gafas con las que de antemano vemos la realidad ayudará que a la hora de iniciar una relación ciertos comportamientos no se vean como deseables y por tanto tolerables.
  • Cuando en la pareja hacen aparición los celos o se mantiene una relación amorosa con alguien celoso es fácil que comience la problemática en la pareja. En realidad los celos son el indicador del nivel de angustia que siente una persona ante la idea o la posibilidad de que otro “se lleve” aquello considerado como propio (la pareja) así como el miedo a que la persona querida “nos reemplace” (y por tanto haya una pérdida del ser querido, se rompa la pareja). Como alternativa encontramos que estar en pareja no supone ser propiedad de nadie, sino seres libres, que libremente quieren estar con su pareja (así como sería posible que libremente decidieran romperla). A su vez saber que es muy probable que esos celos se estén alimentando y/o siendo fundamentados por problemáticas e inseguridades individuales.

Como conclusión, saber que estos mitos imperan en nuestra sociedad (y tal vez estén desfigurando cómo vivenciamos nuestras relaciones amorosas) puede ayudarnos a ponernos unas gafas diferentes a la hora de entender el concepto de amor, y como consecuencia podremos empezar a establecer los límites necesarios a esos patrones relacionales preestablecidos, a ser posible acorde a nuestros valores.

Fuentes: https://psicologiaymente.com, www.eldiario.es

Escrito por Maite Nieto Parejo

 

La Teoría del Tiempo de Pantalla, o cómo las pantallas están matando el bienestar de los niños y adolescentes.

Extraída de https://www.redbubble.com
Extraída de https://www.redbubble.com

Estamos en una época de grandes contradicciones. Tenemos a nuestro alcance multitud de distracciones, recursos y actividades de ocio, pero esto no necesariamente se está traduciendo en mayores niveles de bienestar y calidad de vida de las personas. La satisfacción y la sensación de bienestar se relaciona con el tiempo de calidad que invertimos en actividades que nos lo provocan, como el deporte, la socialización con nuestros vínculos más cercanos, actividades fuera de casa o actividades individuales como leer un libro o ver una buena película/serie. Esto se está viendo en los hábitos de la población, y más concretamente, en los hábitos de los adolescentes y niños, cuyos niveles han bajado en los últimos años y los niveles de ansiedad y depresión han aumentado, coincidiendo con un aumento exponencial de las horas que concurren enfrente de una pantalla (de ordenador, de los móviles (smartphones), televisión, tablets y similiares).  Así, se calcula que el 69% de los adultos y el 78 % de los adolescentes miran al menos una vez cada hora su teléfono móvil, resultando verdaderas máquinas tragaperras en miniaturas para la mayoría de las personas, cuyo desbloqueo de pantalla  supone por apostar por una recompensa en forma de notificación y/o  contacto en red social, y con la consecuencia de volvernos cada vez más tolerantes a su uso, con necesidad de uso cada vez mayor. Consecuencias que han hecho a muchos investigadores preguntarse el impacto real que tiene para la salud psicológica de los menores, y si esto puede correlacionarse directamente con estas disminuciones en autoestima, satisfacción y calidad en sus hábitos y relaciones. A este tipo de investigaciones se les ha apodado “Screen time”, por el que tiempo que pasamos enfrente de una pantalla

Una serie de investigaciones lideradas por Jean Twenge y sus colaboradores han explorado los hábitos de bienestar y estilos de vida en jóvenes  desde la década de los 60 hasta la actualidad (concretamente, en niños en cursos entre octavo y décimo grado – equivalente a los cursos de segundo y cuarto de la ESO) y descubrieron que los mayores niveles de bienestar se daba en la década de los 2000, resultados que se extendían hasta los últimos años. Curiosamente, los niveles de bienestar empezaban a disminuir a partir del año 2012, año en el que comienzan a descender progresivamente cada año (y que coincide con la introducción de los smartphones en la población de manera masiva) y con tendencia a la baja hasta 2016, año en el que finaliza el estudio.

Los resultados se observan en todas las variables evaluadas: autoestima, satisfacción en la vida, niveles de felicidad y satisfacción en otros niveles individuales como estudios, rendimiento en las tareas o calidad en las relaciones. No sólo eso. A partir de ese año, los niveles de ansiedad y depresión en esta población aumentan progresivamente. Interesados por las causas o variables que pudieran estar detrás de los resultados, se fijaron en el uso de las nuevas tecnologías y las horas que dedicaban a ellas, a la vez que evaluaban el nivel de satisfacción con otro tipo de actividades fuera de las actividades online. Se encontraba como efectivamente, a más horas de utilización, mayor eran los niveles de insatisfacción, con respecto a los jóvenes que restringían su uso a dos horas al día como máximo. Esto a su vez iba junto a una disminución de las horas dedicadas a hacer deporte, actividades al aire libre, actividades de socialización con los demás, utilización de otros medios de comunicación impresos (libros, periódicos…) e incluso con una disminución notable en la realización de las tareas estudiantiles y de la vida cotidiana.

Siguiendo esta misma línea de investigación, los mismos autores encontraron que la utilización de más de una hora de este tipo de dispositivos tenían efectos en el bienestar de los jóvenes (con edades comprendidas entre los 2 y los 17 años), con efectos significativos en niveles de ansiedad y depresión, menores niveles de curiosidad, menor calidad en las amistades, mayor  capacidad para la distracción, la estabilidad emocional y las horas que dedicaban a realizar las tareas. Los investigadores ponían como punto de corte una hora frente a la pantalla; a partir de ahí, las probabilidades eran mayores en las variables estudiadas, siendo el doble de probabilidades de tener algún problema psicológico cuando pasaban seis o siete horas.

Aunque los resultados de estas investigaciones deben interpretarse con precaución, puesto que no están diciendo que el tiempo enfrente de la pantalla crea insatisfacción, más bien que hay una asociación correlativa a tener en cuenta entre el tiempo que pasan los jóvenes y sus niveles de satisfacción generales. Un punto del que reflexionar padres, educadores y la sociedad en general, con suficientes iniciativas educativas para promover un uso responsable de las nuevas tecnologías, no sólo basado en instrucciones sino en la capacidad de incentivar la toma de decisiones en los adolescentes y niños para hacer más actividades fuera del contexto online y favorecer unos modelos adultos que hagan también un uso responsable de las mismas y que incentiven valores individuales como el autocontrol, la curiosidad y la creatividad.

Una reflexión para diversificar la vida y las actividades de todos y poder dedicar el tiempo adecuado a cada actividad, siendo la clave la conexión con nuestro entorno y no al revés.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Psychology Today, BPS Research Digest, Reader`s Digest Canada.

Cómo la sobrecarga cognitiva afecta a nuestro cerebro

Extraída de elportaldelhombre.com
Extraída de elportaldelhombre.com

En la sociedad actual en la que vivimos, el consumo de cantidades ingentes de información está a la orden del día. Ya sea por las nuevas tecnologías, por los medios de comunicación, por nuestro rápido ritmo diario o por el constante martilleo de nuestras redes sociales, es fácil sentir un cansancio mental al final de la jornada por la desconexión tan tardía que hacemos de las pantallas (móviles u ordenadores) y que nos hacen sentir un estrés tecnológico desconocido hace sólo dos décadas. Y aunque muchas teorías hablan de los beneficios de un cerebro multitarea, la verdad es que los inconvenientes también se hacen patentes, tanto en la atención, la toma de decisiones o la sensación de estrés.

La Teoría de la Carga Cognitiva nos habla de la capacidad real que tiene nuestro cerebro a la hora de procesar información. La teoría defiende que nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para procesar información, y a la vez, que no se ha establecido límite sobre cuánta información podemos procesar simultáneamente. Es decir, el cerebro humano puede procesar muchísima información pero hay que tener en cuenta su propia estructura para facilitar su procesamiento, sino la sobrecarga aparece y la entrada de información se imposibilita. Esta capacidad está íntimamente relacionada con la memoria de trabajo, donde las investigaciones han situado su amplitud en 7 ítems. Este límite está marcado sobre todo para información nueva, cuando la persona no posee aprendizajes previos, siendo exponencialmente mayor si la persona ya posee esquemas previos. Pero no nos engañemos, tanto por la cantidad de información que tenemos acceso como por la inmensa cantidad de canales que tenemos, la sobrecarga es fácil de conseguir y no basta solamente con limitar nuestro uso de redes sociales, correos o de pantallas encendidas.

De este modo, en los casos extremos nuestro cerebro se comporta como un cerebro con estrés crónico con graves consecuencias para el funcionamiento cerebral. En investigaciones recientes, se ha demostrado que experimentar estrés continuado afecta directamente a la efectividad y conectividad de nuestra función cognitiva, ya que se produce un menor número de neuronas (encargadas directamente de la memoria y aprendizaje) y un mayor número de oligodendrocitos (productoras de mielina, sustancia que recubre y aísla la neurona) que aumenta la cantidad de mielina afectando al intercambio de información y al tiempo de transmisión de información. Por otro, también afecta a la forma en la que se conecta diversas estructuras cerebrales. Así, aumenta la conexión entre la amígdala (encargada de la respuesta emocional ante estímulos que constituyen una amenaza) y el hipocampo, aumentando las respuestas de huida, y disminuyendo la conectividad entre hipocampo y corteza prefrontal, que modula la respuesta ante las amenazas. De este modo, cuando se produce una situación desagradable en un cerebro sobrecargado, su cerebro reacciona de una manera defensiva aumentando sus reacciones y costándole más tiempo volver a un estado de calma y tranquilidad por la menor respuesta de su corteza prefrontal.

Por otro, la sociedad nos está malacostumbrando a sobrecargarnos de información para cualquier tipo de decisiones cotidianas y sencillas, haciéndonos menos capaces para ella.  En la Teoría del Choque Futuro, Alvin Toffler habla del estrés y la desorientación que inducimos en los individuos cuando les sometemos a demasiada información en poco tiempo, ya sea por exceso de ésta o por que recibe información de demasiados canales. Estas dificultades se traducen directamente en un mayor tiempo en la toma de decisiones, al verse incapaces de procesar toda la información y entender verdaderamente los problemas a los que se enfrentan realmente. Por tanto, tomar grandes cantidades de información o asumir un perfil multitarea (donde acostumbras al cerebro a no enfocar la atención, sino a dividir la atención en diversas fuentes) sobreestimula el cerebro y lo aboca a una situación de sobre-exigencia donde se siente confundido. Investigaciones acordes a estos hallazgos han hallado que este tipo de perfiles (donde se recibe información de diversas fuentes a la vez) provoca un aumento de cortisol en sangre (la hormona relacionada con el estrés) y de adrenalina (relacionada con respuestas de ataque). De otro modo, la corteza prefrontal es secuestrada por múltiples distractores (Facebook, twitter, Instagram) que impiden el mantenimiento en la tarea y provocan una adicción a la nueva información sin que haya un verdadero procesamiento de ésta. El resultado es una toma de decisiones con una mayor tasa de errores, al tomarlas más por cuestiones inmediatas y por que la información importante se infiltra con lo trivial.

Así, se hace imprescindible adquirir una serie de hábitos que permiten hacer un uso responsable de todos esto canales y organizar la información para no experimentar dicha sobrecarga. Entre ellos:

  1. Desconecta regularmente. Sí, cada vez que hagas una tarea en el ordena descansa cada hora y apaga los datos cuando salgas del trabajo y las redes sociales (como el Whattsapp) a una hora del día (a las diez, por ejemplo) para facilitar una desconexión y reconectarte con tu vida.
  2. Establece límites y filtros. Toda la información no es importante por lo que es mejor bajar aplicaciones que administren tus redes para que tengas acceso a lo relevante, interesante e importante de cada día.
  3. Crea espacios libres de elementos virtuales y en los que haya, que sean claros, organizados y destaquen lo que quieres utilizar.
  4. Evita la parálisis del análisis, donde hay tantos elementos a procesar que sencillamente no se procesan. Cuando te sientas abrumado, deja la tarea un tiempo y ponte con ella horas más tarde. El cerebro conserva las estructuras de la información y se queda con lo más relevante, quitando esa sobrecarga innecesaria.
  5. Averigua lo que necesitas cuando quieres encontrar una solución y sé implacable con tus propios parámetros, sin que recurras a tantos canales y la información innecesaria o no relacionada con el problema déjala para otro momento.
  6. Asume el control. Zambúllete en tus redes sabiendo qué buscas, cuanto tiempo vas a estar o lo que quieres conseguir, estableciéndote limites y cerrando cuando el tiempo que decides pasar toca a su fin.

Los avances tecnológicos son una poderosa herramienta y es importante que los aprovechemos al máximo, sin que ellos nos expriman por el camino.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Psych Central.

Cómo caer de pie en un mal día

Extraída de www.infinite-beyond.com
Extraída de www.infinite-beyond.com

Te levantas, vas a coger el bus y se te escapa, dejándote con la puerta cerrada en las narices. Y llegas tarde. Discutes con tu pareja por un conflicto que llevas días renqueando, y lo sueltas en un momento no del todo oportuno. Y se lía. O recibes una llamada cualquiera, que no es cualquiera, porque está cargada de malas noticias. La vida está llena de esos días, días grises en los que preferirías no haberte levantado y con los que las personas sufrimos “el estrés gota a gota”, un estrés diario y que puede impactar de una manera más profunda que acontecimientos traumáticos y por los que es importante tomarse un descanso, tomar distancia y relativizar. Un esfuerzo diario que pone a prueba tu capacidad de afrontamiento y resiliencia. Y que no es tan fácil como parece.

En esos días abunda el comportamiento de profecía autocumplida. Tenemos una idea de lo que va ocurrir y ponemos todos nuestros esfuerzos en que así sea. En nuestra cabeza sobrevuelan frases ciertamente destructivas en las que dudas de ti mismo, de lo que puede ocurrir y está plagada de “isismos”, preguntas catastróficas circulares que a pesar de ser improbables nos las creemos por el malestar interno que sentimos. Ponemos en boca de los demás nuestras críticas y todo nos lo tomamos a lo personal. Buscamos de manera insistente mil y un hechos que confirmen lo que tememos (y restringimos y no hacemos caso a cualquier ejemplo que lo falsee). Nos desconectamos de los demás y de todo y sólo estamos a tu revoltijo interno, y lo peor: nos creemos que ese día es el preludio de la pesadilla y anticipamos un infierno similar por siempre jamás. Ante dicha perspectiva, no nos queda otra que deprimirnos, con efectos claros para nuestro desempeño diario.

La alternativa no es otra que una buena caja de primeros auxilios en forma de hábitos y buenos consejos. Los días malos son inevitables y es en ellos donde podemos entrenarnos para sobrellevar los sinsabores de la vida. Abrimos nuestra cajita particular y os proponemos lo siguiente:

  1. En malos días no se toman decisiones importantes. En un mal día nuestra capacidad de razonamiento puede verse influenciada por ese estado de ánimo y puede llevarnos a tomar decisiones más por el estado en sí que por que realmente la decisión sea una buena idea. En ese sentido, darnos unos días para recuperar la calma puede ayudarnos a tomar distancia de estos estados y entender lo pasajeros y engañosos que resultan.
  2. Practica la indulgencia y valida lo que sientes. Trátate con respeto, cariño y dignidad y no cometas el error de quitarte importante y decir que eres un blandengue. ¡Eres un blandengue (a veces), acéptate y sigue hacia delante! ¡No hay nada de malo en ello!. Ajusta tu ritmo y tu capacidad a tus necesidades. Paradójicamente, aumentarás tu autoestima y autoconcepto.
  3. Enfoca tu atención a lo que realmente se puede solucionar. Focalizarse en todas las cosas que no salen aparte de retroalimentar nuestro estado como la pólvora no nos centra en la solución constructiva ni en la oportunidad que supone esa situación para aprender.
  4. Cuidado con tapar. Muchas veces, un mal día puede ser una excusa para volver a viejos hábitos nocivos (fumar, beber, comer compulsivamente, hacer acciones impulsivas) que además de no conseguir calmarnos, puede colocarnos en situaciones de riesgo contraproducentes para nuestra salud. Buscar ratos para estar sol@ y entender que nos está pasando no ayuda a comprendernos y relativizar nuestros males.
  5. Ábrete a los demás. Tan bueno es tener ratos de reflexión y recogimiento como saber escoger personas y momentos con tus allegados para desahogarte y desconectar. Sobre todo, a personas que no les da miedo sus propias vulnerabilidades y saben acoger las de las demás. Evita las enjuiciadoras y las que pretenden solucionar tu vida, ¡sólo quieres que te escuchen!
  6. Automedícate con ejercicio y descanso. Una buena cura de sueño (dormir unas ocho horas), permitirse descansar y hacer una tanda de ejercicio suave a la semana puede ayudarnos a oxigenarnos y adquirir hábitos saludables básicos para nuestro equilibrio mental. ¡No hay mejor medicina que cuidarnos un poquito!
  7. Practica las habilidades metacognitivas. Dichas habilidades tienen que ver con la capacidad de reflexionar sobre nuestros propios estados mentales y emocionales. Comprender que todos tenemos malos días donde nuestra manera de percibir la realidad está distorsionada y saber que esa sensación sólo es algo puntual y que no refleja lo que puedes hacer ni lo que sentirás el resto de tu vida.

Ya sabes, en estos días no vale querer hacer mil cosas para compensar lo que nos está pasando. ¡Ya es suficiente con eso! Saber reconocerlos y practicar la calma es una gran alternativa válida….¡Ten un buen día regular!

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology today.

Psicología y tatuajes: algunos datos curiosos

En la actualidad, es cada vez más frecuente encontrar personas con tatuajes en tamaño y cantidad variable. Múltiples estudios señalan la generalización del uso de los mismos en el último siglo, de forma que a día de hoy ya no nos invita a pensar sobre la talla moral del que los lleva, sino que nos despierta curiosidad por el significado, o la historia de ese tatuaje. ¿Qué dice la psicología de los tatuajes?

psicologia del tatuaje

1. Mejorarse a uno mismo

Los tatuajes son una forma de vernos más atractivos y que las personas que nos rodean se den cuenta de los mismos en el mismo sentido. De algún modo, las personas que se tatúan pueden verlo como una manera de decorar el lienzo en blanco que es su cuerpo. Llevando una pequeña obra de arte en el cuerpo, hará que éste sea por sí mismo más bello.

2. Sentido de pertenencia

Está en nuestra naturaleza que nos sintamos cómodos clasificándonos en algún grupo social. Los tatuajes en este sentido han servido tradicionalmente, y posiblemente sigan haciéndolo ahora. Las bandas, los militares y especialmente los de marina, son grupos que han utilizado los tatuajes para enmarcarse con más intensidad en un grupo social correspondiente. Actualmente, no tiene por que ser sólo en grupos tan claros, sino simplemente a un grupo social más difuso. Si tienes un tatuaje y coincides con una persona que luce otro con el mismo estilo, seguramente sientas cierta conexión con esa persona.

3. Menor ansiedad ante la muerte

A menudo, cuando alguien se hace un tatuaje, se le pregunta qué va a pasar cuando sea una persona mayor y la piel esté menos tersa. Seguramente, quien se tatúa ha pensado sobre ello y lo tiene en cuenta, pero ha decidido que en este momento de su vida, lo que ocurra con su piel dentro de muchos años no le importa hoy.

En las personas con tatuajes, es más importante el momento presente, tienen menos posibilidades de preocuparse demasiado sobre el futuro. No es que hacerte un tatuaje vaya a reducir el miedo a morir, simplemente estas ideas estarán menos presentes en las personas que lo hacen.

4. Búsqueda de sensaciones y riesgos

Relacionado con lo anterior, se ha identificado que las personas que se realizan un tatuaje tienen una tendencia mayor a asumir riesgos. Por ejemplo, como media, las personas con tatuajes tienen más tendencia a fumar, por lo que este vivir más en el presente también implica una posibilidad mayor de asunción de riesgos a largo plazo. La búsqueda de nuevas sensaciones es un rasgo de personalidad que también está más presente en las personas que se tatúan. En parte, el sentir una aguja perforando la piel es también una situación muy novedosa y que causa sensaciones desconocidas.

5. Singularidad

En un estudio prospectivo sobre personas que se iban a hacer un tatuaje, se midieron los niveles de autoestima, de ansiedad social corporal y de singularidad que percibían de sí mismos. Inmediatamente después de hacerse el tatuaje, se observó que estas autovaloraciones mejoraban, de modo que puede ser interesante plantearse que muchas personas busquen esa sensación de ser únicos al hacerse un tatuaje, o incluso que sirva como un impulsor positivo para personas que no se sienten demasiado a gusto con su propio cuerpo.

Sin embargo, en este estudio se señala que esta mejora sobre la ansiedad social corporal en las mujeres que se hicieron un tatuaje dejó de ser positiva al cabo de tres semanas, mientras que se mantuvo en los hombres.

6. Adicción

Seguramente, al ver a una persona con muchos tatuajes, has podido escuchar que al final se convierte en un comportamiento adictivo. Tomado como algo que puede ser repetido y satisfactorio, quizá, pero en otra serie de componentes es totalmente opuesto a los comportamientos relacionados con la adicción. Para lograr hacerse un tatuaje es necesario invertir mucho tiempo y dinero, y el proceso puede ser largo y muy minucioso.

Incluso, en personas que se están recuperando de alguna adicción, los tatuajes pueden ser una herramienta. En algunas ocasiones, en servicios de recuperación de adicciones se propone realizar un tatuaje en recuerdo y representación del proceso de dejarlo. Sirve como un recordatorio y un orgullo de haber logrado escapar de la adicción.

7. Actividad sexual

Según un estudio de la Universidad de Silesia, las personas con tatuajes, son más activas sexualmente que las personas sin tatuajes, en un grupo de edad de entre 20 y 35 años. En este estudio encontraron que las personas con tatuajes habían iniciado antes su actividad sexual. Además, se observó que mantenían más frecuentemente relaciones sexuales con sus parejas.

Sin embargo, no es relevante el tener tatuajes para la orientación sexual, ni para las conductas sexuales de riesgo.

Ya que en los últimos años el realizarse un tatuaje ha cambiado tanto su significado, desde la psicología se puede aportar mucho conocimiento de si existen unas características específicas de aquellas personas que deciden hacerse o no hacerse un tatuaje.

Fuente toptenz.net

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Si te haces autosabotaje, puede tener origen en tu infancia

Los comportamientos que realizamos cada día han sido aprendidos en la infancia, por tanto, la manera en la que hemos sido tratados en esta etapa puede influir sobre muchas de las actitudes que contribuyen al autosabotaje provienen de una infancia tóxica. Lo que suele ocurrir, sin embargo, es que cuando no hemos tenido una infancia precisamente feliz, es habitual que se tienda a dejarla atrás y tratar de asumir un enfoque de “lo pasado pasado está”, ya que hemos sobrevivido, nos decimos, no nos centremos más en ello.

Pero estos comportamientos son frecuentemente inconscientes, y no es hasta que comenzamos un proceso de recuperación que no comenzamos a tomar conciencia de que es en esa etapa donde tienen su origen y por tanto para aprender a enfocar de otra manera las situaciones en las que actualmente nos comportamos de forma tóxica hacia nosotros mismos, al menos debemos atender a esa infancia dolorosa. El primer paso, es conocer los patrones que estamos teniendo.

Conociendo los patrones de autosabotaje:

1. Estás motivado por el miedo al fracaso

Los psicólogos Andrew Elliott y Todd Thrash propusieron una teoría psicológica sobre si para orientar nuestros objetivos nos motivamos por el enfoque o por la evitación. Cuando nos enfocamos a los objetivos, pensamos como podremos hacerlo, las formas en las que solucionar los posibles contratiempos, qué habilidades necesitaremos y una cierta ilusión a nivel emocional por el hecho de lograrlo. Por otro lado, cuando nos enfocamos desde la evitación, sólo pensar en el objetivo te llena de terror, y tienes la certeza de que vas a fracasar y terminarás haciendo el ridículo.

Foto extraída de medium.com
Foto extraída de medium.com

Es frecuente que las hijas que han tenido una madre muy crítica o muy exigente eludan los desafíos, ya que el precio a pagar por no conseguirlo es demasiado alto, de modo que es fácil transmitir el miedo al fracaso a los hijos. Además, los hijos de padres o madres narcisistas podrían temer la vergüenza asociada a no conseguirlo, aún conociendo que lograr el orgullo de sus padres tiene unas gratificaciones.

2. Constantemente te cuestionas a ti mismo

Si durante la infancia te dijeron que no eres lo suficientemente bueno, es habitual llegar a la edad adulta preguntándote si tu madre tenía razón, a pesar de haber conseguido algunos logros evidentes. Estos cuestionamientos constantes pueden llevar a patrones de rumia cognitiva; pensamientos repetitivos que pueden bloquearte, impedirte tomar decisiones y sentir mucho malestar. Se podría también relacionar con lo que se ha llamado “el síndrome del impostor”, una sensación persistente de que eres un fraude a punto de ser descubierto y de que los logros objetivos son sólo pura suerte y no un reflejo del esfuerzo que has invertido en ellos.

3. Siempre te autocriticas

Cuando las cosas van mal en tu vida, o te equivocas, ¿culpas siempre a tus defectos y debilidades? ¿Das importancia a hechos externos a ti que pueden influir sobre tus propios errores y situaciones negativas de tu vida? Un exceso de autocrítica hace que atribuyamos los fracasos exclusivamente a las propias imperfecciones, dejando claro que no eres lo suficientemente bueno para una relación, un trabajo, o cualquier otro logro positivo.

4. No confías en tus propias percepciones

A muchas hijas criadas por madres excesivamente críticas o narcisistas se les ha dicho muchas veces a lo largo de su vida que han entendido mal lo que se les dijo, que son demasiado sensibles o dramáticas. Cuando este ha sido un mensaje frecuente en la infancia, es probable que te creas en la vida adulta que es totalmente verdad. Es fácil que termines por cuestionar la propia percepción de la realidad, de los eventos ocurridos, de las explicaciones de los mismos y de cómo te sientes al respecto. Esto, desgraciadamente, alimenta comportamientos autodestructivos y de autosabotaje, además de contaminar el propio sentido de quién es uno mismo.

5. No usas tus sentimientos para informar de tus pensamientos

Muchos niños criados en hogares tóxicos, entierran sus sentimientos para sobrellevar las situaciones de abuso verbal. Se arman para no responder (ni sentir) a estos ataques, que hacen que parezca un entorno más seguro. En ocasiones, pueden llegar a la conclusión de que sentir es algo doloroso. Otros, por otra parte, se inundan de la emoción y no son capaces de enfrentarla. Con estos patrones en la infancia, en la edad adulta se mantendrán estas creencias, o dará lugar a la confusión de emociones, no saber distinguir entre enfado y miedo, vergüenza y dolor, u otra variedad de confusión emocional.

Con aprendizajes más sanos en la infancia, los sentimientos son muy valiosos para refinar estrategias de acción, comunicar deseos y necesidades, así como comprender las emociones expresadas por los otros.

6. No logras manejar las emociones

Cuando hemos tenido una madre emocionalmente distante o no disponible, o que simplemente no está interesada en responder emocionalmente a los hijos, da lugar a una falta de manejo emocional. Tener una madre sintonizada emocionalmente nos enseña a calmarnos a nosotros mismos, así como conectar con los demás en esos momentos. No ser capaz de manejar las emociones negativas también conduce a métodos de afrontamiento contraproducentes y que alimentan una mayor ansiedad.

Estrategias para abordar el autosabotaje

El primer paso necesario, como hemos estado describiendo hasta ahora es el reconocer los patrones de autosabotaje que nos están ocurriendo, frecuentemente de forma inconsciente. Para el conocimiento de ellos, además, es útil rastrear qué fuentes de origen en la infancia alimentan un comportamiento de este tipo. Después de esto, hay varios abordajes que se pueden realizar.

1. Hacer frente al miedo al fracaso

Concentrarse en reforzar la propia capacidad en lugar de mantener el enfoque hacia el posible fracaso puede ayudar a cambiar el habla interna sobre la manera en la que nos enfrentamos a los retos. Pensar en estos retos, y valorar de donde proviene el miedo a afrontarlos, seguido de un acto sistemático de poner en duda los argumentos sobre el peligro del fracaso, identificando cuánto de esto forma parte de un discurso tóxico y sobreaprendido. Esto es una manera de afrontar este miedo, aunque desgraciadamente, que desaparezca es poco probable, en un primer momento.

2. Detener la rumiación

Si te involucras profundamente en alguna tarea, es más fácil parar los pensamientos de duda y con formato rumiativo. Incluso el planificar lo que puedes hacer para buscar un objetivo puede lograr detener este patrón que tanto paraliza y daña. También es posible disminuir las preocupaciones sumergiéndonos más en ellas, pensando en lo peor que podría pasar e imaginando la catástrofe, en lugar de quedarnos sólo en los “y sis”. Incluso, dedicar un tiempo en la semana a concentrarse únicamente en estas preocupaciones puede ayudar.

3. Analiza la autocrítica

Cuando algo nos sale mal y emocionalmente nos sentimos sobrepasados y sólo podemos contarnos todo lo terribles que somos para explicar este error, podemos intentar parar este patrón y centrarnos en el análisis de qué salió mal para que finalmente no lográramos lo que nos habíamos propuesto. En un análisis más frío, quizá consigamos repartir responsabilidades entre nosotros, otras  personas, el contexto, el momento e incluso el azar. De esta forma, sólo somos un factor más en el error, lo cual es normalmente lo más acertado, además de menos doloroso.

4. Cuestiona la desconfianza de tus propias percepciones

Cuando comienzas a dudar de la manera en la que interpretas la realidad, enumera tres razones por las que dudar y tres por las que no dudar de lo que estás interpretando. En estas razones, busca cuánto de lo que te han dicho en tu familia está influyendo sobre las mismas. Una vez hecho esto, puede que descubras que las respuestas automáticas de auto-duda no son tan convincentes, además, nos impiden ver nuestras propias necesidades y capacidades correctamente.

5. Comienza a tratar tu reactividad

El esfuerzo para lograr esto, después de años de aprendizaje en el sentido inverso, ha de ser mucho y es complicado. De nuevo se trata de reconocer qué situaciones producen reacciones emocionales demasiado fuertes y aplicar técnicas que te sirvan para calmarte a ti mismo. Lucha con la sensación de inadecuación que te pueden producir situaciones incluso cotidianas. Planifica de qué forma puedes manejar tus respuestas sobreaprendidas antes de encontrarte en las situaciones.

Con estos abordajes, en resumen, puedes aprender a cuidarte y protegerte a ti mismo, sustituyendo lo que desgraciadamente tu madre no supo o no pudo hacer, y lograr aprender de un pasado doloroso en lugar de sólo sobrevivir y huir hacia adelante.

Adaptado y traducido de Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

El estrés agudo infantil aumenta la vulnerabilidad a la enfermedad

Los traumas o el estrés temprano en la vida pueden alterar el desarrollo normal. Estas deficiencias debilitan todos los aspectos del crecimiento físico, psicológico y social. De manera alarmante, el estrés temprano en la vida puede aumentar la vulnerabilidad del niño a la enfermedad a lo largo de toda su vida. La historia está repleta de eventos horribles cuyos protagonistas son niños. Estos eventos desafortunados han permitido a los investigadores cuantificar el aumento en la prevalencia de la enfermedad en esta población.

Recientemente, hemos visto en las noticias como la administración Trump puso en marcha una «política de tolerancia cero». Como resultado de estas políticas, niños indocumentados se  enfrentan a condiciones terribles, como la separación de sus padres y el abuso en todos los niveles. Las consecuencias son que muchos de estos niños experimentan ataques de pánico, se hacen pis en la cama, ansiedad y otros problemas esperables. Lamentablemente, muchos de estos niños no se reunirán con sus padres.

Foto extraída de t13.cl
Foto extraída de t13.cl

La separación de un padre es una daño serio al desarrollo normal. El feto permanece físicamente unido a su madre a través del cordón umbilical. Si se corta el cordón umbilical, el embrión no puede obtener su nutrición y muere. A medida que el niño-a gana habilidades y sale al mundo, el apego físico se transforma en uno psicológico. De la misma manera, si se compromete el cordón psicológico, el alma del niño puede verse privada de una nutrición psicológica esencial. Por ejemplo, si un niño pierde a un padre, su riesgo de padecer depresión mayor a lo largo de su vida aumenta en un 50 por ciento.

La separación del entorno seguro a una edad temprana le enseña al niño una lección emocional inolvidable: «este mundo no puede ser confiable», «las cosas malas seguirán sucediéndote y tú estás abocado sin remedio a la soledad y desesperanza».

La privación materna es el peor castigo que cualquier niño puede tener. En estudios donde los monos rhesus pequeños fueron separados de sus madres, crecieron con un nivel elevado de las hormonas del estrés (de acuerdo con la ética de investigación practicada en los Estados Unidos, no se pueden hacer tales experimentos en seres humanos y el investigador debe pasar por un proceso extenso para justificar experimentos de separación materna en animales).

Se han informado resultados similares en niños que han sufrido abuso o separados de sus familias: tienen hormonas de estrés elevadas. Eso no es todo. La corteza frontal que permite la toma de decisiones, la regulación de las emociones y desactiva la impulsividad, se reduce.

Esta elevación en las hormonas del estrés está lejos de ser benigna. El término «enanismo de estrés»/ «enanismo psicológico» señala cómo puede ser el estrés letal durante estos años impresionables. Los niños que sufren de enanismo psicológico no alcanzan la altura media para su grupo de edad y la edad mental va a la zaga de su edad cronológica. En otras palabras, estos niños traumatizados o privados de la madre dejan de crecer mental y físicamente.

¿Por qué el estrés severo en la niñez estanca el crecimiento?

El hipotálamo controla la liberación de la hormona del crecimiento. Lo hace al equilibrar cuidadosamente la liberación de dos hormonas: una excitatoria y una inhibitoria. Bajo estrés, el hipotálamo se inclina hacia la inhibitoria, por lo que el niño no crece. En niños con enanismo de estrés, las hormonas de estrés circulantes excesivas (cortisol) disminuyen la liberación de la hormona del crecimiento y la respuesta del cuerpo a ella.

Estos niños también tienen problemas gastrointestinales. Su sistema digestivo no absorbe los nutrientes de sus intestinos. Esto también conduce a numerosos problemas de crecimiento. También tienen un riesgo mayor de por vida de Síndrome del Intestino Irritable (SII).

Las consecuencias del estrés infantil para las vulnerabilidades durante la edad adulta son numerosas: desde anormalidades cerebrales hasta el desarrollo de una enfermedad. El ACE (Experiencias infantiles adversas) recoge el número de experiencias adversas de la infancia y correlaciona el puntaje con varios riesgos. Una puntuación ACE más alto aumenta el riesgo de diabetes, condiciones cardiovasculares, asma, depresión, ansiedad y suicidio. ¡Esta puntuación está relacionado con siete de las diez principales causas de muerte! Socialmente, la puntuación se relaciona con el aumento de antecedentes penales, el embarazo adolescente y más días de enfermedad en el trabajo.

Las separaciones familiares forzadas están mutilando el cordón que une a estos niños con una posibilidad razonable de llegar a la adultez. El mundo impreso en sus mentes es un mundo vacío y sin emociones, un mundo donde nadie puede confiar y donde no tienen control sobre lo que les sucede. Las políticas tienen sus consecuencias a medio y largo plazo en las vidas de las personas.

Fuente: Psychology Today

Traducido y adaptado por María Rueda

Orgullo LGTBQ+: ¿Qué entendemos por Psicología Afirmativa?

 

Extraída de http://www.danielfryer.com
Extraída de http://www.danielfryer.co

Gracias al cambio y la renovación que ha vivido la sociedad en las últimas décadas, la celebración del Orgullo LGTBQ+ en el mundo y en España ha ido evolucionando a unas fechas de integración y aceptación de la diversidad de la sexualidad, la identidad y el género que nos hace a todos formar parte de una sociedad más equitativa, plural y tolerante. Que se haya posibilitado y validado cada una de estas realidades no quiere decir, sin embargo, que el impacto de un pasado y presente plagado de rechazo, discriminación y represión se haya evaporado. La verdadera aceptación surge cuando los efectos de pertenecer a una minoría no vaya asociados a la posibilidad de malestar psicológico, derivados de la no aceptación de tu orientación, la reacción discriminatoria de la sociedad en el reconocimiento de derechos y realidades y la disforia que surge por aceptar y vivir de acuerdo a tu sexo sentido. Por todo ello surge la Psicología Afirmativa con Diversidades Sexuales y de Género (TDSG)

La propia psicología actualizó y publicó hace unos años el trabajo que ha de hacer cualquier psicólogo con sus clientes LGTBQ+, entendiendo que era necesario adoptar un enfoque flexible y fluido en el trabajo de la orientación, la identidad y del género con terapias tradicionales y con los nuevos enfoques psicoterapéuticos. Impulsado por la propia Asociación de Psicología Americana (APA), se establecieron 21 directrices de trabajo psicoterapéutico, donde se reconoce los efectos de la opresión, el estrés y la discriminación y la necesidad de la psicología por sensibilizarse con las necesidades y dificultades que experimentan todas las personas del espectro LGTBQ+. Todas ellas reformuladas y derivadas de años de investigación LGTBQ+.

De esta forma, se aboga por derribar las teorías que privilegian la identidad de género con el sexo biológico y la heterosexualidad como modelo social que garantiza la aceptación social y el equilibrio psicológico y emocional. Las diferentes directrices defienden la importancia de desarrollar e interiorizar una actitud abierta e integrativa acerca de las cuestiones que rodean a la orientación sexual o la identidad de género, reconociéndolas como válidas, normativas y únicas. En efecto, la homosexualidad se considera una variante normal de la sexualidad, la transexualidad como el reconocimiento de la identidad con su sexo sentido y no con el sexo asignado al nacer,  esforzándose los profesionales de la salud por entender los efectos derivados de la no aceptación contextual o personal, sin confundir la identidad de género con atracción sexo afectiva y difundiendo la ineficacia y los efectos contraproducentes de las terapias que intentan un cambio en la orientación o la invalidación del sexo psicológico sentido.

Sus coordenadas de trabajo se basan en:

  1. Aceptación de la propia orientación sexoafectiva (homo y bisexual). Dicha aceptación tiene que ver el reconocimiento de la atracción, sentimientos y comportamientos que se tienen hacia personas de tu mismo sexo (hacia ambos, en el caso de reconocerte como bisexual), independiente de tus practicas sexuales. Como reconoce Gabriel J. Martín, uno de los máximos estudiosos y defensores de estos enfoques, “ser homosexual tiene que ver de quien te enamoras, no con quien te acuestas”. Todo ello relacionado también con la identidad, en la medida que te defines como tal al tener toda una serie de comportamientos y actitudes afines y se convierten en una expresión de tu personalidad y de tu idiosincrasia como persona.
  2. Construcción de la propia identidad. Es decir, reconocer y ayudar en el proceso identitario que supone ser homosexual, bisexual o transexual, aceptando su propia realidad y mundo emocional, derribando todo sentimiento de culpa o vergüenza, construyendo nuevas redes sociales incluyendo a personas dentro de la comunidad LGTBQ+ y facilitando la comunicación a las personas cercanas, como una expresión del fortalecimiento de los vínculos y la expresión de su autenticidad. Quererse es poder.
  3. Trabajo con la homofobia y la transfobia (expresa e interiorizada). Darse cuenta de los sentimientos de conflictos, hostilidad y ambivalencia que despierta la homosexualidad, la bisexualidad o la transexualidad, tanto en el rechazo de los propios sentimientos homosexuales (homofobia interiorizada) como en la hostilidad y el rechazo de comportamientos homosexuales de los demás (homofobia expresa), denigrando el estilo de vida homosexual como no saludable, reproduciendo los estereotipos sociales respecto a la homosexualidad y experimentado miedo en la revelación de la propia homosexualidad. Esto mismo se haría con las personas transexuales, ayudando además en la paliación de los efectos derivados de la disforía que se produce por el no reconocimiento de su sexo sentido.
  4. Abordaje del bullying y la discriminación homofóbica y transfóbica. Así, se reconoce el estrés y los efectos perjudiciales sufrido por años de estigmatización y discriminación por pertenecer a una minoría, con síntomas psicológicos que van desde la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático o el control de impulsos, y que la terapia ha de abordar y superar, con atención tanto a la persona como al entorno más cercano (familia, pareja, red social o el entorno laboral)
  5. Mejora de su inteligencia emocional y resiliencia personal, en un trabajo que repercute positivamente en su identidad, reconocimiento emocional, autoestima y desarrollo personal, con especial trabajo en la reivindicación de los derechos asertivos de cada uno, y la posibilidad de afrontar y defender situaciones de desvalorización sociale También en la profundización de la propia intimidad, con el reconocimiento de situaciones que tienen que ver desde el propio enamoramiento, hasta la proximidad física y emocional, la intimidad, la complicidad y el compromiso de construir un proyecto compartido con otra persona.

Todo esto en un esfuerzo para dotar a los psicólogos de herramientas para trabajar de una manera constructiva la realidad LGTBQ+ y mejorar la calidad de vida y el bienestar psicológico de sus clientes, en un esfuerzo integrativo y constructivo del trabajo psicoterapéutico.

Escrito por David Blanco Castañeda

 Fuentes:

 www.cop.es

Quiérete mucho maricón (2016). Gabriel, J. Martin.

Herramientas para combatir el mobbing homofóbico (2007). Lucas Platero y Emilio Gómez Ceto.

Pinceladas sobre el suicidio

Las recientes muertes por suicidio de varias personalidades como la diseñadora Kate Spade, el chef Anthony Bourdain o la hermana de Máxima de Holanda, Inés Zorreguieta han despertado en los medios la búsqueda de una adecuada explicación a estos sucesos.

Lo cierto es que la misma idea del suicidio nos da miedo y nos intriga a partes iguales, y aunque siempre ha sido un tema complejo para el ser humano, para psiquiatras, psicólogos, sociólogos e incluso filósofos.

Y es que el suicidio no es un tema menor, con el ascenso de esta causa de muerte en los últimos años, se trata de explicar y prevenir, se ha comenzado a hablar de este tema en diversos ámbitos y se han puesto en marcha planes de prevención.

El doctor en psicología Joseph Franklin, trata de explicar en un artículo publicado en The Conversation cómo la investigación científica puede buscar factores de riesgo para detectar quién morirá por suicidio. La respuesta que propone en este artículo es del tipo de respuestas que no nos agradan. A día de hoy, no podemos saber quién morirá por suicidio. Lo cierto es que nos gusta pensar que existen relaciones lógicas para que alguien de suicide, por ejemplo, que las personas se suicidan porque están deprimidas. Pero sabemos que algunas personas se encuentran terriblemente deprimidas y no terminan por suicidarse.

De hecho, la mayoría de respuestas que podemos dar sobre temas de la naturaleza se deben a factores múltiples, y el suicidio es uno de ellos. De hecho, es tanto así que la capacidad predictiva de un análisis computacional es mayor que el que pueden hacer las personas dedicadas a estudiarlo.

En este algoritmo de podrían incluir factores relacionados con la salud mental, la salud física, medicación, factores sociodemográficos, o visitas al hospital, podrían influir factores como pérdidas, aflicciones, o también estresores relacionados con el empleo o la vivienda.

extraída de  eastonialeopards.com
extraída de eastonialeopards.com

Todos estos factores pueden ser relevantes para conocer el riesgo de que alguna persona fallezca por suicidio. De hecho, puede ser también importante que se replantee el modelo que tenemos sobre el suicidio. Actualmente, en muchas ocasiones sólo se tiene en cuenta el modelo de enfermedad para explicar una muerte por suicidio. Considerado así, el comportamiento suicida es únicamente parte de una enfermedad que es del individuo, y es responsabilidad suya curarse de esta enfermedad.

Planteado únicamente desde el modelo de enfermedad, se pasan por alto una serie de factores que son importantes también para el comportamiento suicida. No se puede obviar que existen factores personales relevantes para este tipo de conducta, pero también tienen su peso otros de tipo más sociocultural, como puede ser la pérdida de empleo, un desahucio, otras enfermedades físicas o consumo de sustancias. Es por esto, que puede ser necesario plantear un modelo de explicación sobre el suicidio de corte más sociocultural.

No obstante, el modo en que hablamos sobre el suicidio puede afectar a los que estén lidiando con problemas de cualquier tipo que les lleven a pensar sobre el suicidio, o familiares que han perdido a alguien por suicidio, afecte mucho sobre cómo se permiten tratar este tema, que a menudo acarrea además un gran estigma. Sin duda, alguien que finalmente muere por suicidio ha estado cargando con un gran sufrimiento durante largos periodos de tiempo. En ocasiones el dolor emocional es tan sobrecogedor que el suicidio puede parecer una opción.

Además, el propio estigma de pensar sobre el suicidio, e incluso del sufrimiento de un trastorno mental que contribuya a la muerte por suicidio, hace que sea difícil pedir ayuda, y además, ante la vergüenza de estos pensamientos, puede llevar al aislamiento social, que por sí mismo, también contribuirá a los pensamientos suicidas.

Hablar sobre el suicidio de forma respetuosa, sin culpabilizar a nadie,tratar de evitar expresiones como “cometer” suicidio (los asesinatos, y otros delitos, se cometen, el suicidio no) y usar la persona muere por suicidio en su lugar, puede hacer que los que están padeciendo problemas psicológicos relacionados se sientan menos estigmatizados.

Por último, si una persona cercana ha cometido suicidio, trata de considerar algunas de estas cosas para ti mismo:

  • Esta pérdida puede generar emociones intensas.
  • Puedes sufrir shock e incredulidad.
  • Los sentimientos de culpa son normales, pensando qué hubieras podido hacer, pero de ninguna manera el suicidio de alguien es tu culpa.
  • Date tiempo para el duelo, cada persona necesita su propio ritmo para ello.
  • Trata de encontrarte más habitualmente con tus amigos y familiares y busca apoyo en ellos.
  • Plantea escribir un diario sobre las emociones que estás pasando.
  • Busca grupos de apoyo.
  • Busca ayuda profesional, si lo crees necesario, un psicólogo puede ayudar a lidiar con las emociones intensas ante el suicidio de un ser querido.

Si estás lidiando con ideas suicidas, busca ayuda, lo que estás pasando puede mejorar:

  • Teléfono de la Esperanza: 717003717
  • Acude a tu médico o al servicio de Urgencias más cercano.

Fuentes: psychologytoday.com, theconversation.com
Escrito por Lara Pacheco Cuevas

¿Diferencia o normalidad? Depende del ojo con el que se mire

Poseemos el lenguaje, esa herramienta tan útil de la que dispone el ser humano. A través de él podemos comunicarnos, describir todo lo que nos rodea… para eso muchas veces utilizamos números. ¡Todo lo medimos, todo es cuantificable!

La temperatura que hace en la calle en grados centígrados, cuánto medimos en metros incluso la cantidad de colesterol en sangre en milimoles (mmol) por litro, y al igual con otros muchos niveles físico-médicos: la fiebre, la presión arterial, etc…

En el ámbito biomédico, en ocasiones sobrepasar un determinado nivel conlleva consecuencias irreversibles como la muerte. Si nos quedamos con el ejemplo del colesterol, existe un nivel tope a partir del cual se considera que puede tener efectos perjudiciales para nuestra salud. Si lo sobrepasamos aumentan las probabilidades de infartos de miocardio, por ejemplo pero… ¿siempre? o ¿depende de la persona? ¿”Depende del ojo con que se mire”? En este caso, aunque se trata de un aspecto crítico de la función fisiológica humana el superar en 1 o 5 el límite aconsejable entendemos que no tiene una repercusión directa, inminente y letal (como sí ocurre con otros niveles como el nivel de glucosa en sangre).

MEDICIONES CUANTITATIVAS EN EL ÁMBITO DE LA SALUD MENTAL

Poner un número a una cualidad o constructo psicológico ya se hace más complicado. No existe una inteligencia de 100, funciona bien la atención entre 35 y 65 o se padece una depresión de 29: no existe la objetividad.

Sin embargo, y para podernos comunicar interprofesionalmente (¡nuevamente el lenguaje!) se han creado una serie de medidas arbitrarias que hacen que constructos tan abstractos puedan ser manejados más fácilmente. Esas mediciones (obtenidas a través de cuestionarios y autoinformes creados para tal efecto) construyen a su vez un continuo, constituyendo lo conocido como la diferencia entre “normalidad” y lo que no es normal. La mayoría de constructos en psicología se distribuyen según la curva de distribución normal o de Gauss, puntuaciones obtenidas de estudios de poblaciones representativas de lo que queremos medir (¡ni siquiera de todos y cada uno de los seres humanos que poseen ese constructo! por lo que lleva inherente una cantidad de error).

Entre unos límites determinados, normalmente la media de ese constructo obtenida en una determinada población más-menos una desviación típica es lo considerado normal, mientras a partir de esos límites se considera que esa persona “es anormal” en dicho ámbito.

¿SE PUEDE DEFINIR OBJETIVAMENTE LA ENFERMEDAD MENTAL?

Foto extraída de lamenteesmaravillosa.com
Foto extraída de lamenteesmaravillosa.com

Los psiquiatras y psicólogos, para determinar la “normalidad”, primero redactan una serie de criterios diagnósticos, a partir de los cuales se define prototípicamente un trastorno X.

El prototipo de ese trastorno representa el ejemplo “ideal”, el número de requisitos mínimos que han de cumplirse para que ese sujeto cruce la fina línea existente entre la normalidad y poseer un trastorno psicológico.

¿Pero es dicho prototipo realmente representativo de lo que en la práctica clínica se considera disfuncional o que ocasiona malestar significativo para la persona?

Encontramos casos en los que el sujeto no se encuentra disconforme con esa desviación de la norma (y a su vez no genera malestar a nadie) por lo que se repite el “depende el ojo con el que se mire”.

Por ejemplo, existen personas a las que especialmente les gusta la soledad, se muestran emocionalmente fríos, prefieren trabajos en los que no es necesario cooperar en equipo y tienen aficiones bastante individuales; su día a día discurre con normalidad. Con sistemas diagnósticos en mano como el DSM-5, ¿esta persona tendría un trastorno de personalidad esquizoide? Pues tal vez… pero teniendo en cuenta que no siempre genera malestar subjetivo, NO (no tenga este trastorno, ni ningún otro).

Además, en la mayoría de los trastornos en el ámbito de la salud mental podemos trabajar con la severidad de la manifestación sintomatológica, pero aún se desconocen sus bases biológicas.

Es aquí donde se embrolla el definir quién es normal y quién se desvía de la norma. Para ello los profesionales de la salud mental cuentan con “la Biblia de la Salud Mental”: el DSM o Manual diagnóstico estadístico de los trastornos mentales. Aquí se recogen una serie de criterios definitorios necesarios; los cumples: tienes un trastorno, ya no eres normal. No los cumples (aunque, generen algo de malestar en el sujeto) eres normal.

De todo esto se deriva, y volviendo al uso del lenguaje, que un trastorno conlleva una etiqueta, y en último término que esta propicia una estigmatización del paciente identificado.

Esta postura se ha radicalizado con la publicación del manual de diagnóstico más reciente de la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM-5. Con su lista de nuevos trastornos psiquiátricos y al haber disminuido el número de criterios necesarios para el cumplimiento de otros, algunos críticos consideran que el DSM-5 representa la necesidad de justificar el exceso de tratamiento de las personas que no están realmente enfermas, especialmente con medicamentos (si existen intereses económicos de las farmacéuticas de por medio o no es algo que nos podríamos plantear, pero que preferimos dejar para futuros debates).

Asimismo se está produciendo una proliferación de trastornos mediante “el regalo de etiquetas” (que ni siquiera aparecen en los sistemas diagnósticos, por lo que carecen de fundamentación empírica) por parte de una minoría de profesionales, como síndrome de Blancanieves, depresión postvacacional, trastorno de dolor amor y un largo etcétera.

El otro punto de vista por antonomasia es que dentro de ese continuum algunos defienden que se está patologizando la normalidad; o como argumenta el filósofo Jonathan Sholl: «tanto la salud como la enfermedad son normales, reflejando distintas regularidades y modos de vida. La enfermedad no es antinatural ni indica la ausencia de normas: se trata de tener normas diferentes». O incluso lo que otros definen como anormal no es más que la manifestación extrema de ciertos rasgos de personalidad que forman parte del abanico de la variabilidad interpersonal o formas de adaptabilidad a un entorno no favorecedor de la salud mental.

Como conclusión, de todo esto se puede extraer que, el constante aumento de la patologización en el ámbito de la salud no se está haciendo constructivamente, sino desde el prisma del “etiquetaje” y el estigma. No se está viendo reflejado en la creación o puesta en marcha de medidas interventivas ni del acercamiento a la población de los recursos terapéuticos necesarios.

Escrito por Maite Nieto
Fuentes: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-5. Editorial médica panamericana, 2014.

Pértegas Díaz, S., & Pita Fernández, S. (2001). La distribución normal. Cad Aten Primaria, 8, 268-274.

https://lamenteesmaravillosa.com/esquizofrenia-paranoide-definicion-causas-tratamiento/

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/denying-the-grave/201805/is-different-the-new-normal-0