Mitos sobre la soledad

A través de una encuesta realizada por la BBC, con 55.000 personas respondiendo sobre la soledad a lo largo del mundo, se han encontrado algunos resultados sorprendentes, nada parecidos a lo que nos representamos que es la soledad típica. ¿Qué mitos nos representamos sobre la soledad?

mitos sobre la soledad

1. Las personas mayores se sienten más solas

Cuando tratamos de pensar en una imagen de la soledad, en términos abstractos, es fácil pensar en una persona mayor, en su casa, aislado y sin salir. En la encuesta realizada, sin embargo, se encontró que un 27% de las personas mayores de 75 años se sienten solas muy a menudo, mientras que entre las personas de 16 a 24 hay un 40% de ellos que se sienten solos muy a menudo. Es cierto que los resultados en esta encuesta son extraídos de personas que se autoseleccionan para realizarla, lo que sabemos que puede distorsionar los resultados, pero aún así, es llamativo que no sólo el porcentaje de personas que se sienten solas siento adolescentes o adultos jóvenes es el mayor, sino que si preguntamos por el momento de la vida en que alguien se sintió más sólo, es habitual que hagan referencia a esta edad.

Esto nos señala que no necesariamente es que actualmente nos encontremos más aislados, sino que es en esa edad cuando más probabilidades hay de sentirnos solos. En estas edades, se adquiere una nueva libertad, más control sobre nuestra propia vida, así como en muchas ocasiones nos enfrentamos a entornos menos seguros donde ya no están los amigos de toda la vida y buscamos encajar adecuadamente. Es posible que no lleguemos siempre a conseguirlo y esto dispare estos sentimientos de soledad.

2. La soledad es algo malo

En esta encuesta, se encuentra que un 41% de las personas preguntadas creen que la soledad puede ser algo positivo. Esto puede ser coherente con la idea de que los sentimientos de soledad, aunque muy desagradables, pueden ser útiles. Los seres humanos hemos sobrevivido en nuestro medio en grupos cooperativos. Si nos sentimos excluidos, estos sentimientos de soledad pueden derivar en la búsqueda de conexión con los otros de nuevo, encontrar nuevos amigos o reactivar antiguas relaciones.

Lo que la soledad tiene de negativo es que se convierta en un sentimiento crónico. Cuando esto ocurre, tiene un impacto serio sobre el bienestar e incluso sobre la salud. Los sentimientos de soledad crónica se asocian con riesgos de depresión en un periodo de un año, además, las personas con relaciones sociales débiles disminuyen en un 50% las probabilidades de supervivencia en comparación con las que tienen fuertes vínculos sociales. La soledad puede ser muy estresante, y cuando es duradera en el tiempo, puede ser complicado ver el lado positivo.

3. Las personas que se sienten solas tienen menos habilidades sociales

Presuponemos que las personas que se sienten solas tienen una menor capacidad de relacionarse, pero lo que se encontró en esta encuesta es que este factor concreto no es lo fundamental para este sentimiento. Es mucho más importante ser capaz de expresar los propios sentimientos lo que influye en la sensación de sentirse solo.

En los resultados, se observa que no lo es tanto respecto a la posiblidad de entender lo que los otros están sintiendo, sino en el manejo de la ansiedad provocada por las situaciones sociales, que puede dar lugar a manejar peor la sensación de soledad, no tanto las habilidades sociales en sí mismas.

4. El invierno es la estación más solitaria

Cuando se acercan las navidades, tendemos a acordarnos más de las personas que están solas, pareciendo que esta sensación de soledad es más intensa en estas fechas. Sin embargo, lo que revela esta encuesta es que el invierno no es una época del año en la que se sientan más solos que en otras épocas. Sí hay alguna minoría de personas que responden por esta estación como la más solitaria, pero también otros que dicen que las vacaciones de verano lo son.

Posiblemente, lo que esto indica es que las personas se sienten solas por otros factores, no sólo por la época del año, incluso, cuando lo relacionamos con la medida estacional, podría ser que lo importante fuera el sentimiento de aislamiento en los momentos en los que observamos que los demás tienden a pasar más tiempo juntos.

5. Las personas que se sienten solas no conectan con los demás

Una de las habilidades que más nos hacen conectar con los otros es la capacidad de empatía que tengamos, la posibilidad de ponernos en la piel de los demás, especialmente cuando éstos están sufriendo. En este sentido, lo que se encontró es que las personas que se sienten solas muy a menudo no tienen una capacidad diferente de las que no se sienten así para empatizar a nivel físico con los demás (por ejemplo, cuando alguien se quema con el aceite), pero sin embargo, sí que tienen una mayor capacidad de empatizar en términos sociales (por ejemplo, cuando alguien es excluido de ser invitado a una fiesta).

Quizá esta empatía provenga de la propia experiencia de sentirse aislado, o de percibir un trato desagradable o injusto por parte de los otros, por lo que en las situaciones de conectar con los demás en términos de empatía, las personas que se sienten solas a menudo pueden tener una capacidad mayor que otros.

Sabemos que la sensación de soledad influye mucho en la salud mental y en nuestro bienestar, pero en muchas ocasiones nos quedamos en la parte superficial y estereotipada de la soledad. Este tipo de encuestas, aunque tengan sus limitaciones a nivel estadístico, pueden abrir nuestras miras sobre lo que representa sentirse solo en la sociedad actual.

Si te haces autosabotaje, puede tener origen en tu infancia

Los comportamientos que realizamos cada día han sido aprendidos en la infancia, por tanto, la manera en la que hemos sido tratados en esta etapa puede influir sobre muchas de las actitudes que contribuyen al autosabotaje provienen de una infancia tóxica. Lo que suele ocurrir, sin embargo, es que cuando no hemos tenido una infancia precisamente feliz, es habitual que se tienda a dejarla atrás y tratar de asumir un enfoque de “lo pasado pasado está”, ya que hemos sobrevivido, nos decimos, no nos centremos más en ello.

Pero estos comportamientos son frecuentemente inconscientes, y no es hasta que comenzamos un proceso de recuperación que no comenzamos a tomar conciencia de que es en esa etapa donde tienen su origen y por tanto para aprender a enfocar de otra manera las situaciones en las que actualmente nos comportamos de forma tóxica hacia nosotros mismos, al menos debemos atender a esa infancia dolorosa. El primer paso, es conocer los patrones que estamos teniendo.

Conociendo los patrones de autosabotaje:

1. Estás motivado por el miedo al fracaso

Los psicólogos Andrew Elliott y Todd Thrash propusieron una teoría psicológica sobre si para orientar nuestros objetivos nos motivamos por el enfoque o por la evitación. Cuando nos enfocamos a los objetivos, pensamos como podremos hacerlo, las formas en las que solucionar los posibles contratiempos, qué habilidades necesitaremos y una cierta ilusión a nivel emocional por el hecho de lograrlo. Por otro lado, cuando nos enfocamos desde la evitación, sólo pensar en el objetivo te llena de terror, y tienes la certeza de que vas a fracasar y terminarás haciendo el ridículo.

Foto extraída de medium.com
Foto extraída de medium.com

Es frecuente que las hijas que han tenido una madre muy crítica o muy exigente eludan los desafíos, ya que el precio a pagar por no conseguirlo es demasiado alto, de modo que es fácil transmitir el miedo al fracaso a los hijos. Además, los hijos de padres o madres narcisistas podrían temer la vergüenza asociada a no conseguirlo, aún conociendo que lograr el orgullo de sus padres tiene unas gratificaciones.

2. Constantemente te cuestionas a ti mismo

Si durante la infancia te dijeron que no eres lo suficientemente bueno, es habitual llegar a la edad adulta preguntándote si tu madre tenía razón, a pesar de haber conseguido algunos logros evidentes. Estos cuestionamientos constantes pueden llevar a patrones de rumia cognitiva; pensamientos repetitivos que pueden bloquearte, impedirte tomar decisiones y sentir mucho malestar. Se podría también relacionar con lo que se ha llamado “el síndrome del impostor”, una sensación persistente de que eres un fraude a punto de ser descubierto y de que los logros objetivos son sólo pura suerte y no un reflejo del esfuerzo que has invertido en ellos.

3. Siempre te autocriticas

Cuando las cosas van mal en tu vida, o te equivocas, ¿culpas siempre a tus defectos y debilidades? ¿Das importancia a hechos externos a ti que pueden influir sobre tus propios errores y situaciones negativas de tu vida? Un exceso de autocrítica hace que atribuyamos los fracasos exclusivamente a las propias imperfecciones, dejando claro que no eres lo suficientemente bueno para una relación, un trabajo, o cualquier otro logro positivo.

4. No confías en tus propias percepciones

A muchas hijas criadas por madres excesivamente críticas o narcisistas se les ha dicho muchas veces a lo largo de su vida que han entendido mal lo que se les dijo, que son demasiado sensibles o dramáticas. Cuando este ha sido un mensaje frecuente en la infancia, es probable que te creas en la vida adulta que es totalmente verdad. Es fácil que termines por cuestionar la propia percepción de la realidad, de los eventos ocurridos, de las explicaciones de los mismos y de cómo te sientes al respecto. Esto, desgraciadamente, alimenta comportamientos autodestructivos y de autosabotaje, además de contaminar el propio sentido de quién es uno mismo.

5. No usas tus sentimientos para informar de tus pensamientos

Muchos niños criados en hogares tóxicos, entierran sus sentimientos para sobrellevar las situaciones de abuso verbal. Se arman para no responder (ni sentir) a estos ataques, que hacen que parezca un entorno más seguro. En ocasiones, pueden llegar a la conclusión de que sentir es algo doloroso. Otros, por otra parte, se inundan de la emoción y no son capaces de enfrentarla. Con estos patrones en la infancia, en la edad adulta se mantendrán estas creencias, o dará lugar a la confusión de emociones, no saber distinguir entre enfado y miedo, vergüenza y dolor, u otra variedad de confusión emocional.

Con aprendizajes más sanos en la infancia, los sentimientos son muy valiosos para refinar estrategias de acción, comunicar deseos y necesidades, así como comprender las emociones expresadas por los otros.

6. No logras manejar las emociones

Cuando hemos tenido una madre emocionalmente distante o no disponible, o que simplemente no está interesada en responder emocionalmente a los hijos, da lugar a una falta de manejo emocional. Tener una madre sintonizada emocionalmente nos enseña a calmarnos a nosotros mismos, así como conectar con los demás en esos momentos. No ser capaz de manejar las emociones negativas también conduce a métodos de afrontamiento contraproducentes y que alimentan una mayor ansiedad.

Estrategias para abordar el autosabotaje

El primer paso necesario, como hemos estado describiendo hasta ahora es el reconocer los patrones de autosabotaje que nos están ocurriendo, frecuentemente de forma inconsciente. Para el conocimiento de ellos, además, es útil rastrear qué fuentes de origen en la infancia alimentan un comportamiento de este tipo. Después de esto, hay varios abordajes que se pueden realizar.

1. Hacer frente al miedo al fracaso

Concentrarse en reforzar la propia capacidad en lugar de mantener el enfoque hacia el posible fracaso puede ayudar a cambiar el habla interna sobre la manera en la que nos enfrentamos a los retos. Pensar en estos retos, y valorar de donde proviene el miedo a afrontarlos, seguido de un acto sistemático de poner en duda los argumentos sobre el peligro del fracaso, identificando cuánto de esto forma parte de un discurso tóxico y sobreaprendido. Esto es una manera de afrontar este miedo, aunque desgraciadamente, que desaparezca es poco probable, en un primer momento.

2. Detener la rumiación

Si te involucras profundamente en alguna tarea, es más fácil parar los pensamientos de duda y con formato rumiativo. Incluso el planificar lo que puedes hacer para buscar un objetivo puede lograr detener este patrón que tanto paraliza y daña. También es posible disminuir las preocupaciones sumergiéndonos más en ellas, pensando en lo peor que podría pasar e imaginando la catástrofe, en lugar de quedarnos sólo en los “y sis”. Incluso, dedicar un tiempo en la semana a concentrarse únicamente en estas preocupaciones puede ayudar.

3. Analiza la autocrítica

Cuando algo nos sale mal y emocionalmente nos sentimos sobrepasados y sólo podemos contarnos todo lo terribles que somos para explicar este error, podemos intentar parar este patrón y centrarnos en el análisis de qué salió mal para que finalmente no lográramos lo que nos habíamos propuesto. En un análisis más frío, quizá consigamos repartir responsabilidades entre nosotros, otras  personas, el contexto, el momento e incluso el azar. De esta forma, sólo somos un factor más en el error, lo cual es normalmente lo más acertado, además de menos doloroso.

4. Cuestiona la desconfianza de tus propias percepciones

Cuando comienzas a dudar de la manera en la que interpretas la realidad, enumera tres razones por las que dudar y tres por las que no dudar de lo que estás interpretando. En estas razones, busca cuánto de lo que te han dicho en tu familia está influyendo sobre las mismas. Una vez hecho esto, puede que descubras que las respuestas automáticas de auto-duda no son tan convincentes, además, nos impiden ver nuestras propias necesidades y capacidades correctamente.

5. Comienza a tratar tu reactividad

El esfuerzo para lograr esto, después de años de aprendizaje en el sentido inverso, ha de ser mucho y es complicado. De nuevo se trata de reconocer qué situaciones producen reacciones emocionales demasiado fuertes y aplicar técnicas que te sirvan para calmarte a ti mismo. Lucha con la sensación de inadecuación que te pueden producir situaciones incluso cotidianas. Planifica de qué forma puedes manejar tus respuestas sobreaprendidas antes de encontrarte en las situaciones.

Con estos abordajes, en resumen, puedes aprender a cuidarte y protegerte a ti mismo, sustituyendo lo que desgraciadamente tu madre no supo o no pudo hacer, y lograr aprender de un pasado doloroso en lugar de sólo sobrevivir y huir hacia adelante.

Adaptado y traducido de Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Savoring: Una Forma De Aumentar El Disfrute De Nuestras Experiencias

En la actualidad, podemos llegar a la conclusión de que no necesitamos grandes desembolsos de dinero para aumentar nuestras experiencias positivas y por consiguiente nuestra felicidad. En primer lugar definiremos a qué nos referimos con savoring; fruto del trabajo del psicólogo Fred Bryant junto con Joseph Veroff surgió el concepto de enfocar nuestra atención en lo bueno de nuestro día a día, lo cual incluye aumentar el disfrute de las experiencias positivas presentes así como prever las posibles del futuro y recordar las ya pasadas.

Cada vez son más las técnicas que desde la Psicología Positiva se están desarrollando para el aumento del disfrute o de la felicidad, de forma más general. Podrían ser las cartas, diario y visita de gratitud de Seligman y Lyubomirsky, el portafolio de emociones positivas o de positividad que recomienda Barbara Fredrickson, la práctica de la atención plena en actividades cotidianas o Mindfulness de Jon Kabat Zinn; además de otras como el altruismo o voluntariado (tal y como defiende Michael I. Norton en esta charla TED a favor del gasto prosocial del dinero que podrían aportar esa sensación subjetiva de bienestar y felicidad.

Todas estas técnicas conllevan procedimientos por lo general sencillos. En este post nos centraremos en el “savoring” o “saboreo” del momento presente (también intentaremos presentar la diferencia tan sutil como importante que existe con el mindfulness; muy en boga en los últimos tiempos como técnica de tercera generación).

Sus investigaciones han demostrado que “saborear” puede mejorar nuestra salud disminuyendo la ansiedad, las rumiaciones, la culpa y la vergüenza a la vez que aumenta la felicidad y el optimismo (Bryant, 1989; 2003).

Hasta aquí parece fácil. Sin embargo, en la práctica el ser humano tiende a experimentar todo lo contrario: nos centramos o solemos recordar con más facilidad aquellos eventos negativos (pensamientos, emociones e interacciones sociales desagradables) que los neutros o positivos; esto es conocido como “sesgo de negatividad”, bautizado así por Paul Rozin y Edward Royzman.

Analizamos nuestras vivencias inconscientemente en busca de amenazas (como coletazo heredado de nuestros ancestros, a los cuales les servía como estrategia de lucha o huida en pos de su supervivencia). Sin embargo, en el mundo actual  de cambio continuo el sesgo de negatividad puede mantenernos en alerta constante y por tanto no ser tan efectivo como antaño. Llena nuestras mentes con miedo y ansiedad, mermando nuestra salud con preocupaciones crónicas y una visión oscura y premonitoria del mundo.

Incluso ante la presencia de problemas, la práctica del savoring nos permite ensalzar los aspectos gratificantes de nuestras circunstancias aumentando así el refuerzo positivo recibido (y sus correspondientes repercusiones deseables en el estado de ánimo). También alivia el estrés y rompe la negatividad a favor de “ampliar y construir” emociones positivas.

Mindfulness y savoring: Parecidos razonables

Gozarlo saboreando una onza de chocolate o quedarse absortos en la tranquilidad que produce contemplar una puesta de sol pueden confundirse con ejercicios de atención plena o Mindfulness; sin embargo queremos profundizar en por qué serían ejemplos de savoring.

Se debe a que “saborear” consiste en el acto deliberado de tratar de mejorar lo positivo y así prolongar en el tiempo una buena experiencia. Se necesitaría del Mindfulness como antesala, para estar totalmente atentos a nuestros sentidos (vista, olfato, oído, etc), pero la atención no está abierta a todo tipo de estímulos internos y externos, sino más restringida al afecto positivo; ese es el parecido básico que en muchas ocasiones puede conllevar a error y a la no diferenciación entre una y otra técnica.

Por otro lado, la atención plena consiste en fijarse con plenitud en las cosas que estamos vivenciando, sea bueno, malo o neutral, sin juzgar. Centrados en el aquí y ahora. No se trata, por tanto, de mantener lo agradable o de crearlo. El mantenimiento de lo positivo es donde el savoring entra en juego; luego, un concepto más específico.

Y ahora, ¡a ponerlo en práctica!

Para evidenciar de una forma más clara la diferenciación teórica que hicimos entre ambas anteriormente proponemos un ejercicio práctico. El escenario desde el que partimos es el mismo: estás sentado en la naturaleza, mirando una puesta de sol.

Imagen extraída de Brasileira Curiosa (en Pinterest)
Imagen extraída de Brasileira Curiosa (en Pinterest)

Atención plena o Mindfulness: observa la naturaleza. Debes estar atento a tus sentidos, a los sentimientos y pensamientos que van apareciendo en ti mientras estás ahí sentado, así como a todos los detalles de la escena en ese mismo momento. Puedes sentir tranquilidad o tal vez comienzas a encontrarte algo tenso y muy pendiente de tus sensaciones endógenas. Permite que todo lo que está sucediendo siga ahí, obsérvalo, sin juzgar o hacer atribuciones. Procura no quedarte “atrapado” en ningún detalle en concreto, contempla la totalidad, tanto interior como exterior. Cualquier otra sensación que puedas ir añadiendo al conjunto hará que consigas la plenitud de tu atención.

Savoring: fíjate en la misma escena (puesta de sol).

Sumérgete en su belleza: los sonidos, los detalles que capta tu vista, algún olor agradable que percibas. Ahora fíjate en algún detalle en particular que te resulta positivo, algo que te haga sentir bien. Puede ser la amplia gama cromática de las hojas de los árboles si estás en otoño, el sonido de un río de fondo si lo hubiere o de cómo esos últimos rayos de sol del ocaso calientan tu piel. Abstráete en los detalles. Ahora procura observar cualquier sentimiento positivo que se genere en tu interior y disfrútalo en su totalidad mientras que saboreas los detalles del entorno. No pierdas de vista esa emoción positiva, “guárdala a fuego” en tu memoria y disfruta con lo que bien que te sienta. Si ese sentimiento se desvanece la experiencia de “saboreo” no ha terminado ahí, puedes centrarte en otra particularidad de la escena y seguir analizando los correspondientes sentimientos positivos que produce en ti.

Además y para finalizar, Seligman menciona cinco técnicas que aconsejaban Bryant y Veroff para favorecer el disfrute o savoring:

  • Comparte la experiencia con otras personas significativas y cuéntales lo mucho que se disfruta con el momento.
  • Guarda recuerdos de la experiencia, ya sea con imágenes mentales, fotografías o detalles físicos.
  • Autoelógiate por lo bien que lo estás haciendo, sin miedo a caer en el orgullo.
  • Agudiza tus sentidos para centrarte en unos detalles en lugar de en otros, no es posible abarcarlo todo porque la atención se difumina y disminuye el nivel de conciencia.
  • Ensimísmate para no pensar y solo sentir, dejando que la actividad te envuelva y te haga fluir.

Escrito por Maite Nieto Parejo

Bibliografía

Bryant, F. B. (1989). A four‐factor model of perceived control: Avoiding, coping, obtaining, and savoring. Journal of personality, 57(4), 773-797.

Bryant, F. B. (2003). Savoring Beliefs Inventory (SBI): A scale for measuring beliefs about savouring. Journal of mental health, 12(2), 175-196.

Bryant, F. B., & Veroff, J. (2007). Savoring: A new model of positive experiences

https://gerryvelasco.wordpress.com/2016/05/27/saboreo-disfrutando-la-felicidad/

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/what-matters-most/201602/being-positive-it-s-not-mindfulness-it-s-savoring

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/your-personal-renaissance/201805/simple-way-overcome-negativity

Cómo cultivar la confianza en uno mismo

 

Fotografía extraída de https://www.iebschool.com
Fotografía extraída de https://www.iebschool.com

Qué difícil es a veces creer en uno mismo. Uno de los valores fundamentales para garantizar una buena autoestima y relacionado con una mayor probabilidad de éxito en los proyectos que nos proponemos, confiar en uno mismo puede ser un camino arduo en una sociedad hiperexigente que demanda siempre de sus ciudadanos el máximo de su potencial, donde la vulnerabilidad, el error y tomarse un tiempo para recapacitar parece incompatible con el éxito en las metas personales.

Confiar en ti mismo significa tener la seguridad de que tus proyectos, tus retos e intereses tendrán un desempeño adecuado en muy diversas situaciones. Creer en tus propias capacidades. Es una cualidad que opera en los tres sistemas de respuesta (en nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras acciones), íntimamente con la inteligencia emocional y tiene que ver tanto con la capacidad de movernos seguros en un entorno conocido junto con la capacidad de arriesgarse y asumir retos nuevos y hacerlos nuestros.  Dicha confianza puede verse reforzada y reafirmada en función de las acciones y del éxito que emane de ellas. Es decir, que permite mayor seguridad a la hora de hacer las cosas pero que ese mismo éxito repercute en nuestra confianza. Por eso es tan importante en entrenarnos en confianza, no cejar en el intento e intentarlo una y muchas veces, para desarrollar tan deseada virtud.

Diversos estudios han demostrado variables que pueden influir en todo ello. Entre ellos, adoptar una pose de superhéroe (que ya nos hicimos eco en un post anterior), donde asumir e imitar una postura de atrevimiento y seguridad antes de hacer una tarea puede influenciarnos muy positivamente en su realización. De otro, una menor confianza en uno mismo se ha relacionado con unos padres rígidos y perfeccionistas, dispuestos a recordar lo que no se ha hecho y hacer énfasis más en el error que en éxito, pues las cosas sólo se hacen de una única forma (y no promueven la flexibilidad). La confianza en uno mismo está relacionada con la libertad y la independencia al hacer las cosas, el dejar probar a una persona y experimentar a través de sus intentos y de sus fallos. El demostrarle pese a todo, que él o ella puede, que no lee quitas el afecto después de un error, demuestras lo orgullos@ que estás hacia él/ella, que le recuerdas que ya lo ha hecho antes y que le incentivas la curiosidad y las ganas de hacerlo muchas veces. Estas ideas sí que promueven la confianza en uno mismo.

 Por la importancia que supone para todos nosotros, volver a reconectar con tus pequeños éxitos diarios puede estar la clave para desarrollar y entrenar nuestra auto-confianza. El sintonizar con todas las cosas buenas que hacemos cada día y que nos hacen sentir muy bien. Y con todo, otros sencillos consejos para ayudarnos en la confianza:

  1. No te sientas seguro todo el tiempo. Aunque parezca contraintuitivo, el no estar pendiente a cada momento de nuestra propia seguridad permite relajarnos y cometer errores. Siempre habrá una nueva oportunidad para cambiar lo que hemos hecho mal y los errores se ven dentro de un camino hecho para progresar. Nos permite también adoptar y cultivar una perspectiva humilde ante la vida; la duda como garantía para progresar y aprender.
  2. Muestra compasión por tu self futuro. Las personas seguras de sí mismas intentan planificarse su tiempo y saben que el momento perfecto para hacer las cosas es el presente, no el futuro. No procastinan sus quehaceres. De esta manera no sólo están cuidándose en este momento, también en el futuro, donde no se reservan miles de tareas sin hacer que se han ido posponiendo a lo largo del tiempo.
  3. Sé capaz de autoevaluarse de manera realista y comprensiva. Las personas seguras de sí mismas no se encargan de multitud de proyectos por esa misma seguridad. Tienen muy claro sus límites y paran si saben que eso compromete su rendimiento y calidad. Esto les permite activar mecanismos de auto – cuidado cuando detectan sobrecarga o sufrimiento excesivo. El reconocer estas dos variables fomenta y entrena nuestra motivación y autocontrol, y permite asumir proyectos realizables y realistas.
  4. Reetiqueta tus fallos. Cambiar una palabra (“fracaso” por “oportunidad”, por “alternativa”, por “expectativa”) es harto difícil pero permite no centrarnos tanto en lo que salió mal y más en las alternativas para solucionar un problema concreto. En efecto, no se detienen tanto en la amenaza y no paran hasta moverse de una situación fallida a otra mucho mejor, donde lo anterior no se repite.
  5. Conoce tus puntos fuertes. Todos sabemos lo complicado que resulta no pensar en los fallos y centrarnos en las cosas que sí que salieron bien. Ahí están, y nos dan una perspectiva de nuestras habilidades, de todas esas ideas, intuiciones y reflexiones que contribuyeron a llevar una situación al éxito. Recoge todos esos comentarios de la gente positivos que te ayudaron a crecer. Fíate de tus propios gustos, recuerda cada tarea que comenzaste y que pareció como si no te despegaras de ella hasta que no la viste terminada. Las personas seguras de sí mismas la introducen en su propia ecuación para afrontar las cosas, y en efecto, las sacan su máximo partido.
  6. No asumas que los demás lo saben hacer mejor que tú. Una persona segura de sí misma no ve el éxito de los demás como una amenaza, sino más bien como modelos para saber la forma y el momento de hacer bien las cosas. Se centran en el éxito de los demás para aprender de ello y poder aplicarlo por sí mismo. Asumen que todo lo que han visto en las acciones de los demás pueden conseguirlo por sí mismos, y encuentran la forma de comenzar a hacerlo.
  7. Recuerda tus metas y valores. Las personas de sí mismas tienen claro sus objetivos y metas, sabiendo que todos los obstáculos y los socavones en el camino son parte de un bien mayor. Su perseverancia, motivación y entusiasmo vienen justificados en la medida en que ven posibles sus metas realizables, no perdiéndolas de vista y manteniendo su trayectoria en todo momento.

Como todo, se basa sencillamente en intentarlo, en darte aliento, en recordarte un poquito cada día que puedes hacerlo y que tendrás muchas ocasiones para perfeccionar tus talentos y mejorar en tus puntos flacos. Seguro que todxs podemos intentarlo y sentirnos un poquito mejor con lo que hacemos y reflejamos en nuestro espejo.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes: Huffington Post, Psych Central, Diario El País.

¿Estar triste es el primer paso para volver a ser feliz?

 

Extraída de www.areahumana.es
Extraída de www.areahumana.es

En la sociedad en la que vivimos siempre ha existido un esfuerzo consciente y creciente por ser felices. Se idealiza los estados de ánimo positivo como cúspides en la vida de cada uno y atribuyéndolas como elementos imprescindibles para nuestro éxito, salud y equilibrio mental. Pero, ¿podemos establecer claramente qué es lo positivo y lo negativo? ¿Realmente el enfado, la tristeza y el miedo son esas emociones negativas las que constantemente hemos luchar por evitar? En esto de las emociones, se vuelve más importante entender que no es tan importante lo que sentimos en un momento dado sino la cantidad y la función de las emociones; es decir, algo se vuelve desagradable si la intensidad es tan elevada que impide hacer la vida normal de cada uno. De este modo, llorar cuando estamos triste, tener una discusión con nuestra pareja o tener un sobresalto no se definen como algo negativo per se, en la medida que nos preparan para las situaciones y nos ayudan a entenderlas. La otra variable que nos ayuda a entender qué es agradable y desagradable en esto de las emociones es su función; así, algo es desagradable cuando nos quita disfrute de la vida, no nos enseña nada y nos trae a la misma situación en bucle una y otra vez. Llorar, por sí solo, no es malo ni bueno, depende de la razón y de lo que hagamos con ella para entenderla como algo bueno o malo.

Aun y a pesar de lo dicho, en nuestra sociedad se ha extendido erróneamente la idea de que hay toda una serie de emociones contrarias a una imagen de éxito y equilibrio, que debemos controlar y reprimir para conseguir nuestros objetivos y ser felices.

Entre todas ellas se considera la tristeza como una emoción no deseable y ambivalente; a pesar del alivio que supone su expresión, la presión social intenta ocultarla para no perturbar nuestro estado eutímico ideal, como si sentirla nos llevara necesariamente por un camino espinoso, tedioso y muy largo. Esto provoca muchas veces una vivencia de la tristeza en silencio y soledad, aumentando paradójicamente los síntomas y añadiendo una pizca de otros muchos a su vivencia. Es ahí cuando su intensidad y su calidad puede aumentar, volviéndose capaz vez más difícil de manejar.

Así, se crea uno de los mitos de la tristeza. Para superarla, debemos de ser fuertes y endurecernos, hacer muchas actividades, emprender nuevos proyectos y decir poco a los demás… un círculo vicioso que favorece la acumulación de la tristeza y favoreciendo que cobren forma otras emociones menos adaptativas para las situaciones dolorosas, como la ira. Lo que en algunas situaciones nos sirve para un fortalecimiento o reivindicación de nuestros derechos puede derivar en respuestas defensivas e irritables en contextos donde necesitamos más el cariño y la comprensión de los otros. Por pequeños momentos, estos arranques los creemos necesarios para darnos un control en ambientes percibidos como amenazantes. Pero no nos engañemos, donde no se expresa la tristeza, allí se queda. Como una alfombra que tapa un suelo lleno de juguetes desordenados; que todo parezca cuidado en apariencia no quiere decir que lo esté ni mucho menos que ya no esté lo que tanto nos hacía daño.

¿Qué debemos saber de la tristeza para no temerla tanto?

En primer lugar, que como toda emoción es una reacción finita ante situaciones de dolor y en las que estamos percibiendo la existencia de una perdida. Comúnmente pensamos que se experimenta en rupturas de amistades, pareja o por la perdida de un trabajo. Pero también puede producirse cuando no se cumple lo que esperamos, cuando llevamos demasiado tiempo en situaciones ansiosas o como respuesta a un acontecimiento imprevisto y traumático. La tristeza ayuda a digerir lo que nos ha ocurrido mediante el afrontamiento de la perdida y la aceptación de que, antes o después, es bueno que hagamos algo nuevo para restaurar nuestro equilibrio perdido.

Nos ayuda a apartarnos de las situaciones que nos piden un exceso de competencia. En efecto, la superación de la tristeza pasa por reconocer que el cuerpo y nuestra mente no puede estar en todas nuestras responsabilidades y nos ayuda a priorizar aquellas básicas para nuestra supervivencia. La tristeza es tremendamente selectiva: nos ayuda a discernir prioridades de lo que realmente no son y a atender sólo a lo básico.

Es un mecanismo de protección. Aunque socialmente tendamos a esconderlo, los seres humanos sabemos reaccionar a ella y una buena forma de contrarrestar sus efectos es con el cariño y la compañía de los demás. El contacto corporal con los demás reduce enormemente la ansiedad y permite convivir y aceptar la vulnerabilidad inherente a estos estados. No sólo eso, los demás pueden sernos útil en una etapa donde nos cueste tomar decisiones y necesitemos a los demás para guiar planes futuros y nuestra motivación.

Aumenta nuestra creatividad y nuestra atención. La tristeza también quiere decirnos cambio; lo que estamos haciendo ya no nos sirve y canalizar y evocar nuestra tristeza puede ayudar a encontrar nuevos caminos para encontrar la calma (y conectar con otros que en el pasado nos sirvieron). Nos ayuda también a ser más empáticos, más centrados y atentos a los que nos pasa. No todo nos sirve, y por ello la tristeza nos hace estar atentos a los detalles.

Nos motiva. Diversas investigaciones avalan el poder de la tristeza para hacernos perseverantes. No sólo en el seguimiento de las tareas, los sujetos tristes encontraban más y mejores preguntas a los problemas y se mantenían constantes hasta encontrar la solución a los problemas.

Puede ayudarnos a una mejor comunicación. La tristeza puede ayudarnos a mejorar nuestra comunicación, utilizando un lenguaje mucho más preciso, claro y persuasivo a la hora de expresarse y dejando las sentencias ambiguas para otro momento.

Nos ayuda a comprendernos y cuidarnos. Ser consciente del estado y la situación en la que estamos permite entender lo importante que es bajar de ritmo, no pedirnos lo mismo que cuando estamos bien, permitir bajar nuestras expectativas a una perspectiva más realista y hacer cosas con el único objetivo de pasar un rato agradable. Nos conecta con los pequeños detalles que nos hacen felices.

Nos devuelve el color que una vez no pudimos ver. Reconectarnos con el mundo, nosotros mismos y lo demás permite empezar a sentir otras emociones unidas a esas situaciones destinadas al auto cuidado y la comprensión. Se convierten en el paso previo a experimentar una verdadera felicidad. No sólo eso, nos vuelve resilientes: aprendemos el verdadero valor de los momentos dolorosos, tan necesarios y constructivos para volver a sonreír.

Como en la película de Disney, Inside Out, la tristeza es una parte fundamental de nuestra psique y su integración en nuestra vida permite entender y superar situaciones necesarias en nuestro crecimiento personal.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today, Psych Central, Huffington Post, Diario Publico.

 

4 formas de usar el neuroticismo en tu favor

Una de las teorías más relevantes para el estudio de la personalidad, el modelo de los 5 grandes consta de 5 factores principales de la personalidad, apertura a nuevas experiencias, responsabilidad, extraversión, amabilidad y neuroticismo.

Este último factor de personalidad se refiere a la inestabilidad emocional de una persona. Alguien con un alto neuroticismo, tendrá una respuesta emocional a los eventos externos más alta que la media de la población. Este rasgo hace más probable experimentar una mayor preocupación, miedo, ira, frustración, ánimo deprimido, soledad o una alta sensibilidad y autoconciencia.

Aunque descrito así puede parece que es un factor de la personalidad que será mejor tener en unos niveles bajos, en el caso de que el neuroticismo sea alto, se puede valorar qué características del mismo se pueden usar en tu favor, ya que estos rasgos son muy poco modificables.

extraída de linkedin.com
extraída de linkedin.com

En defensa de la autodefensa

Una persona con un neuroticismo alto tiene una tendencia mayor a preocuparse aún sin tener un problema concreto de salud. Esto en algunas ocasiones deriva en conductas que pueden ser de riesgo como la automedicación o pueden sufrir un estrés mayor y todas las consecuencias asociadas de ello. Sin embargo, esta preocupación mayor se puede transformar en otras conductas que dan lugar a una mayor salud general. Si logramos dirigir las preocupaciones por la salud a acciones concretas, puede surgir un cuidado mejor de la propia salud, por ejemplo, haciendo más ejercicio o teniendo una mejor alimentación.

De hecho, el investigador Nicholas A. Turiano, descubrió que las personas que tienen un rasgo de neuroticismo alto, cuando se combina con una alta responsabilidad, efectivamente tienen una mejor salud, con menos enfermedades crónicas, un mejor peso corporal y menores niveles de inflamación, lo cual se relaciona con alteraciones en la salud.

Dirigiéndose a un trabajo más provechoso

Una persona neurótica, con la fluctuación emocional característica puede relacionarse con una menor constancia o peor rendimiento en el trabajo, pero existe una manera en la que se puede utilizar esta fluctuación a favor también en este contexto. Cuando el neuroticismo se utiliza de forma sana, los niveles de estrés que incluyen todos los entornos laborales pueden dar lugar a una ansiedad en el trabajo para la persona neurótica. Si bien puede parecer que normalmente se bloquearán en las situaciones de estrés, un uso sano de esta ansiedad puede dar lugar a una mayor motivación, e incentivar una concentración y una gran intensidad que hace que se realice un muy buen trabajo.

¿Es el neuroticismo la sal de la vida?

Este rasgo de personalidad se ha encontrado como algo diferente de los demás, ya que es el único que se modifica a lo largo de la vida, de forma que con el paso de los años se suaviza esta característica. Sin embargo, el hecho de tener este rasgo algo acentuado da lugar a varias características personales que pueden ser muy positivas y que además sí se mantienen con el paso del tiempo. Éstas son una mayor autoconciencia, una inteligencia especial y un agudo sentido del humor, en ocasiones algo oscuro. Además, las personas neuróticas tienen una gran necesidad de satisfacer a los demás, con una sensibilidad importante también a las emociones de los demás, no sólo las propias. En cierto sentido, el neuroticismo bien usado puede concebirse como un superpoder emocional, sólo que es necesario aprender a manejarlo adecuadamente, especialmente en el sentido relacional.

El comportamiento prosocial de la persona con alto neuroticismo

Tal y como se ha comentado anteriormente, las personas con alto neuroticismo buscan satisfacer a los otros y son sensibles a las emociones. Aunque en muchas ocasiones lo que se observa en las personas neuróticas es que no desarrollan muchos comportamientos prosociales, los investigadores Guo, Sun y Li (2018) encontraron que este rasgo no es el determinante para detener este tipo de comportamientos. Lo que determinaron en su investigación es que las personas neuróticas tienen más ansiedad social y pueden sentirse avergonzados con facilidad en contextos sociales, además de estresados en los ambientes sociales. Estas dificultades vienen derivadas de la característica de una excesiva autocrítica y ansiedad.

La característica que más se puede relacionar es la autoeficacia social. Es decir, que si logramos que la persona con este rasgo elevado se sienta especialmente capaz de llevar a cabo estos comportamientos puede dar lugar a una capacidad especialmente positiva. Salir de la autocomprobación en contextos sociales, dejar a un lado el pensamiento y situarnos en la acción es posible aumentar las sensaciones de autoeficacia social. Una mayor autoeficacia social conduce a una mayor autoestima, lo que lleva a un cambio positivo, éxito social, una mayor sensación de autoeficacia, y así sucesivamente.

Si bien esta característica de un neuroticismo alto da lugar a varias situaciones vitales complicadas, es un rasgo que también puede ser aprovechado de diversas formas. Específicamente, la gran autoconciencia de las personas con neuroticismo alto permite además que desarrollen con cierta facilidad estos cambios y redireccionen los comportamientos asociados al rasgo que les causan malestar y así transformarlo en el neuroticismo sano.

Fuentes: psychologytoday.com, huffintongpost.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

La soledad o la aliada secreta para el manejo emocional

Foto extraída de http://www.ewallpapers.eu
Foto extraída de http://www.ewallpapers.eu

La soledad ha sido comúnmente asociada a algo negativo, relacionado con situaciones de dolor, estrés y tristeza. Cuando una persona que se siente sola crónicamente puede presentar un aumento de cortisol en sangre, un sistema inmunitario deprimido y un cerebro en constante alerta. En esta situación, el entorno se percibe como algo amenazante y provoca en la persona que lo sufre una vigilancia permanente y tremendamente agotadora. Y a pesar de todo ello, también se ha encontrado beneficios de los estados de soledad, desde el buen rendimiento en multitud de tareas, el aumento de la creatividad o también como ayuda para lidiar con nuestras emociones. La soledad nos enseña que todos necesitamos un tiempo y un determinado ritmo para procesar las emociones provocados por eventos o situaciones dolorosas y de las que no tenemos una solución clara al momento.

En este sentido, diversas investigaciones han pretendido arrojar datos acerca de cómo la soledad puede ayudarnos a procesar situaciones problemáticas y/o dolorosas. Así, en un estudio reciente, liderado por el grupo de investigación del grupo de Nguyen Thuv-vy y  colaboradores, recogen toda una serie de alentadores resultados acerca del impacto positivo de la soledad a la hora de manejar estados emocionales altamente displacentros. En el estudio se dejaba periodos cortos de tiempo en soledad a los participantes, registrando el aumento o disminución de sus estados emocionales tras dichos periodos de tiempo.

En la primera modalidad estudiada, se observó que los participantes respondían positivamente a los estados de soledad. Se comparó dos grupos con un estado emocional positivo y negativo de alta activación, y en el grupo en soledad sentados se colocaba a los participantes sentados en una silla sin la presencia de ninguna persona o de un dispositivo móvil, frente a otro grupo en el que se le invitaba a charlar con los investigadores. Los resultados reflejaron una disminución de la alta activación (negativa y/o positiva) para aquellos participantes que habían pasado quince minutos solos, en un efecto que los investigadores denominaron como “efecto de desactivación”, donde se veía una disminución de la activación de las emociones de alta intensidad.

Por otro lado, se añadió una nueva medida a tener en cuenta en un experimento adicional. Así, se pasó a incluir las emociones de baja intensidad (como calma, tristeza, enfado o fastidio) añadidas a la alta activación, con un efecto desigual para las emociones de baja intensidad. Mientras que las de alta seguían disminuyendo en los quince minutos de soledad, las emociones discretas y de baja intensidad sufrían un aumento, dejando claro el efecto complejo de la soledad en nuestro estado emocional. Esto se comprobó también para un grupo de participantes que leían un artículo en el momento de estar solos, sugiriendo un efecto desactivación incluso si se hacía una tarea externa en los periodos de soledad.

Los investigadores también comprobaron si el contenido del pensamiento en los momentos de soledad podría afectar en la modulación emocional. De este modo, se encontró que los estados emocionales altos disminuían cuando se intentaba controlar el contenido de los mismos (intentando no centrarse en ellos), y aumentaba incluso las emociones positivas de baja intensidad. Esto se repetía igualmente cuando se introducían pensamientos positivos, por encima de la introducción de pensamientos neutrales.

Para comprobar la permanencia de los resultados a lo largo del tiempo, se instó a un grupo de participantes a mantener estos quince minutos de soledad y a registrar sus estados emocionales durante dos semanas. Y, como se pudo ver, hubo una disminución de la ansiedad y el estrés cuando las personas decidían activamente estar solos y hacer uso de esos quince minutos de soledad.

Aun así, los propios investigadores matizaron los resultados aduciendo que todos estos resultados son aplicables a pequeños estados de soledad y habría que excluir de esto a las personas con un estado de soledad permanente, con una comorbilidad grande con síntomas físicos y psicológicos.

Atendiendo a su aplicabilidad en la vida cotidiana y como defienden los autores, los distintos resultados muestran “la influencia de la soledad para regular estados emocionales intensos, situaciones de confrontación y oposición hostil o discusión con la pareja y/o amigos”. Es decir, podemos recomendar pequeños periodos de tiempo para lidiar con eventos cotidianos y emocionalmente intensos, donde podemos proponer pautas o perspectivas más realistas y conseguir una reducción del estrés y la intensidad emocional. Así, tras una desavenencia o una discusión con alguien cercano, dar un paseo por el barrio, centrarnos en una tarea sencilla (como una tarea manual, limpiar un poco la casa…) puede ayudarnos a paliar el impacto emocional y reintroducirnos un rato después en la situación para dar otro tipo de soluciones u opciones de solución. La soledad, de este modo, se convierte en una herramienta muy útil en la gestión y solución de conflictos emocionales, enfriando la intensidad emocional y permitiendo un procesamiento más calmado y racional de la situación. Algo que podemos tener en cuenta en nuestra cotidianidad diaria.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: BPS Digest, Psychology Today, Diario El País, Journals.sagepub.

Todo lo que quisiste saber sobre la intimidad

Extraído de www.heathline.com
Extraído de www.heathline.com

La intimidad es la gasolina de las relaciones sociales y de los vínculos afectivos más significativos de nuestra vida. Surge por nuestra necesidad de compartir con el otro nuestro mundo interior. Está presente tanto en nuestras  relaciones de amistad y en las relaciones de pareja; si bien en cada una cobra una forma diferente aunque con un mismo objetivo: el aumento de cercanía, el afecto y la identificación con el otro. Toda relación que aspire a ser autentica ha de tener como uno de los componentes principales la intimidad, apoyada por la capacidad humana de ponernos en el lugar del otro y sentir lo mismo que él (empatía).

Y sin embargo, todo acto de intimidad implica correr riesgos. La intimidad implica mostrarnos al otro tal y como somos, despojados de nuestras inhibiciones y pudores para revelar lo oculto, lo doloroso, lo que quieres que nadie sepa. Está relacionado con nuestra necesidad de trascender, e implica la creación de canales de información profundos entre los interlocutores, donde la cercanía entre los implicados es máxima y permite momentos de desahogo y expansión importantes. Los momentos de intimidad no se pueden forzar, requiere un esfuerzo consciente para que eso surja; el tiempo y la capacidad de recoger los sentimientos del otro, sin que aparezcan los juicios y escuchando el significado de lo que ocurre, determinará las ganas y las veces que se repetirá en el futuro. También, el hecho de que los implicados hayan hecho un trabajo emocional intenso, que sean capaces de entender lo importante que es para sí mismos la expresión de sus propias emociones.

Como todo acto de compartir implica nerviosismo y una inhibición del pudor, lo más recomendable es que evitemos los juicios y nuestras opiniones para otro momento. Es un proceso hacia delante, donde se confía en la buena voluntad del interlocutor. La persona se muestra vulnerable y la reacción que decidamos mostrar hará que el otro prosiga en sus revelaciones. De este modo, la reacción del otro determina el pago, provocándose un alivio tremendo si el otro te responde con su atención y su comprensión. Los investigadores han apodado este proceso como el de “pelado de una cebolla”: se empieza compartiendo pequeñas cosas impersonales y según la reacción que hagamos a las confesiones del otro, más autorrevelaciones de contenido emocional haremos. Cuántas más capas quitemos, más apoyo y atención recibiremos del otro. Esto es un proceso recíproco y que explica lo especialmente vinculativo de la intimidad. Si no funciona la intimidad, es por lo punitivo que resulta los juicios. Basta un paso en falso para que la persona cierre el grifo y no suelte prenda de lo que lo atormenta.  También afecta negativamente si alguna de las personas implicadas tiene una historia de apego evitativo, donde las relaciones de los demás están mezcladas con ideas de rechazo, de castigo y un exceso de control, por lo que la persona tenderá a defenderse y al exceso de reserva, y tenderá a no compartir intimidades.

En las relaciones sentimentales, la intimidad cobra una naturaleza propia. Por lo que podría parecer, las relaciones afectivo-sexuales ayudan en la construcción de la intimidad y de una identidad, tanto por el componente sexual por el intercambio de afecto entre los implicados;  es así como el afecto en el sexo invita a una cercanía emocional, por el placer que supone conseguir la atención y el interés de quién deseas. Progresivamente, se crea una fusión emocional donde el compartir se convierte en un denominador común. Por el contrario, el deterioro de la intimidad en la vida en pareja se produce cuando se empieza a prestar mucha mayor atención a otros componentes (como la rutina o las obligaciones laborales) y se va dejando a un lado la intimidad en favor de estos otros componentes a veces más urgentes. En ese sentido, la pareja cree erróneamente que primero ha de solucionar los problemas, cuando lo más importante es prestarse atención y dedicarse tiempo.

En las relaciones de amistad, a pesar del tiempo y la distancia que puede haber entre los encuentros entre amigos, se observa una intensa e inesperada conexión entre ellos: con los amigos volvemos a las bases, a compartir información personal, a pasar tiempo de calidad y de diversión, nos ofrecen cariño y apoyo a nuestras inseguridades. El deterioro en las amistades tiene que ver más con la deslealtad o la pérdida de confianza; es difícil volver a un estado inicial si se producen alguno de estos elementos.

La vivencia de la intimidad  también es distinta si hablamos del sexo y el género entre integrantes. En las parejas heterosexuales, se produce un problema de comunicación ante la forma diferente que hay de expresar la intimidad entre hombres y mujeres. Los hombres encuentran muchas dificultades a la hora de expresar sus sentimientos, y aunque se comunican mejor con mujeres, entre ellos se produce una comunicación superficial, debido a la dificultad que supone mostrar a otro hombre su vulnerabilidad. En el caso de las mujeres, la intimidad está plenamente establecida y refieren mayor satisfacción que en el caso de los hombres.

Podemos decir por todo ello que la intimidad nos cambia. Mejora nuestra autoestima, permite un mayor conocimiento de nuestras capacidades y mejora nuestra resolución de problemas. La mejor manera de favorecer la intimidad está en practicarla, pero nada de preparar un “momento perfecto”, más bien se trata de aprovechar los momentos de escucha del otro y dejarse llevar. Si quieres quitarte muchas espinitas clavadas, prueba a hablar con alguien que aprecias. Tu salud te lo agradecerá.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today, Diario El Pais, Blog “El Rincón de la Psicología”.

¿Y si creamos círculos virtuosos?

Extraída de: www.crecimientopositivo.es
Extraída de: www.crecimientopositivo.es

Hace dos semanas murió quien para mí ha sido más que una abuela, con 102 años, la persona más pequeña que conozco y la más grande, la más débil por sus años y la más fuerte y viva, siempre volcada con los demás, pendiente de las necesidades más vitales de las personas que le han rodeado, dispuesta a mover la tierra entera para hacer un favor a alguien necesitado, a alguien querido, a cualquiera que se lo pidiera, una persona llena de amor, de esperanza. Qué fuerza y tenacidad y a la vez, qué ternura y suavidad cuando te daba la mano y te la sujetaba para darte aliento en cada situación de la vida. Con ella, el mundo se ha quedado un poco huérfano, se ha quedado un poco más vacío. Para mí, ella es un ejemplo de que existe el altruismo. Una conducta altruista es aquella que beneficia a otra, y que  ha sido realizada con el objetivo de reducir el malestar o problema de otra persona, sin tener en cuenta las propias necesidades. O que incluso la realización de tal acción proporciona más beneficios al receptor que a quien la realiza, llegando a incurrir en el donante de ayuda algún tipo de coste.

¿Creéis realmente que el hombre es altruista por naturaleza o que las personas llevamos a cabo actos altruistas porque conllevan finalmente un beneficio personal, es decir, que responden a un fin egoísta último?

En psicología hay dos modelos predominantes sobre las conductas altruistas, los cuales comparten una visión egoísta de la conducta de ayuda, el modelo del alivio del afecto negativo, de Cialdini y sus colegas, según el cual cuando la gente experimenta emociones negativas de culpa por haber perjudicado a alguien o de tristeza por haber sido testigo del daño a otra personas, se siente motivada a reducir ese estado emocional desagradable, siendo la conducta de ayuda una de las formas para conseguirlo. Sin embargo, si puede realizar otras conductas que si consigan liberarla del estado negativo, la conducta de ayuda será poco probable.

El segundo modelo es el de activación y coste-recompensa de Piliavin y sus colegas, modelo que sostiene que al presenciar el sufrimiento de otra persona se desencadena en la persona una activación empática que cuando es atribuida al problema del otro, se experimenta como  una emoción desagradable que mueve al individuo a reducirla. Ayudar a otro sería una forma de reducir el estado emocional desagradable. Pero la activación por sí sola no lleva al individuo a ayudar, sino que éste evalúa los costes-beneficios de diferentes acciones para reducir el malestar y se decide por la que tenga menos costes y más recompensas.

Sin embargo, Batson defendió que realmente existe una motivación altruista y propuso un modelo llamado modelo de empatía-altruismo que defiende el hecho de que ver a una persona que necesita ayuda puede provocar no sólo un estado de activación desagradable, sino también una respuesta emocional de preocupación empática por lo que le ocurre al otro que mueve al individuo a actuar, no para reducir su propio malestar sino para aliviar la necesidad del  otro, considerando la conducta humana como verdaderamente altruista. Para ello, llevaron a cabo numerosos experimentos y descartaron una por una las posibles explicaciones egoístas de la conducta de ayuda, y consiguieron apoyar su hipótesis de que existe una motivación altruista. Diseñaron experimentos en los que a la mitad de los participantes se les inducía preocupación empática por una persona que tenía un problema (pidiendo, por ejemplo, que se imaginaran cómo se sentía esa persona) y a la otra mitad no, ofreciéndoles luego a todos la posibilidad de ayudar o no. Además, se permitía a la mitad de los participantes reducir la emoción desagradable mediante otras conductas más fáciles (evitando o abandonando la situación), mientras que a la otra mitad se les impedía esa vía. Los resultados mostraron que los sujetos no motivados empáticamente elegían la alternativa que menos costes suponía para liberarse del malestar, mientras que los empáticamente motivados ayudaban tanto cuando la ayuda era la vía más fácil como cuando era la más difícil, prueba de que lo que les movía era reducir el malestar del otro, no el propio (Toi y Batson, 1982). También demostraron que las conductas altruistas se daban aun cuando se eliminaba la mala imagen ante la falta de ayuda,  en estos estudios los participantes empáticamente motivados ayudaban incluso cuando se descartaba la posibilidad de que otros conocieran o evaluaran su conducta.

Existe dentro de la teoría matemática la hipótesis de los 6 escalones, que consiste en que cualquier persona puede tener acceso por medio de su círculo de conocidos (y a través de éstos, de las amistades de sus conocidos y así hasta seis niveles distintos) a cualquier persona en el mundo. Tendemos a pensar que el bien o el mal son una cuestión de dios, de la suerte o del Karma, sin embargo, son reacciones que vienen dadas por cómo nos comportamos con las personas con las que coincidimos, de forma que si nos comportamos altruistamente con nuestro círculo de conocidos el efecto de esta actitud, podría proyectarse y ser exponencial.

Dicho de otra manera, no podemos cambiar el mundo, pero sí nuestra manera de actuar en él y esto, tal vez, pueda cambiar el mundo. Personas como mi abuela, me lo han demostrado.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias:

Texto:

Cialdini, R. B, Kenrick, D.T y Baumann, D.J. (1982). Effects of mood on prosocial behaviour in children and adults. En N. Eisenberg (Ed), The development of prosocial behaviour (pp.339-359). Nueba York: Academic Press.

Piliavin, J.A, Dovidio, J., Gaertner, S. y Clark, R.D. (1981). Emergency intervention. Nueva York: Academic Press.

Toi, M. y Batson, C. D (1982). More evidence that empathy is a source of altruistic motivation. Journal of personality and social psychology, 43, 281-292

Dos cualidades para lograr tus objetivos: resistencia y determinación

Al buscar la forma de lograr objetivos, o ayudar a otros a lograrlos, es bastante frecuente que se busquen las causas en el propio objetivo o en el contexto para explicar qué hace que se logre realizar un propósito, sin embargo, también puede ser útil buscar estas causas en factores internos de la persona que trata de alcanzarlo.

Además, si conocemos bien estas características personales, es posible trabajar en su aumento y de esta forma aumentar las posibilidades de que se alcance el éxito en este objetivo propuesto. En un artículo recientemente publicado en la página Psychology Today, nos explican que unas características bastante importantes para esto serán la resistencia y la determinación (Hardiness y Grit, respectivamente, en inglés). En este planteamiento, se basa en una investigación en la que analizaba a personas que deseaban cambiar la dirección de su carrera. Aquellos que lo lograban, destacaban especialmente en estas dos cualidades.

extraída de linkedin.com
extraída de linkedin.com

Por una parte, la resistencia, según se propone aquí, consiste en un rasgo de personalidad que tendrá varios componentes influyentes en la consecución de objetivos:

  • En primer lugar, el compromiso. La capacidad de creer en la importancia y el valor de uno mismo, resultando esto en la implicación completa en las diferentes áreas de la vida, ya sea el trabajo, las relaciones personales o la familia.
  • Otro componente es el control, que hace referencia a la posibilidad de pensar sobre nosotros mismos como agentes que influyen sobre el desarrollo de nuestra vida. Cuando esto es así, la persona tiene además, un amplio repertorio de estrategias de afrontamiento de las diferentes situaciones vitales y además incorporarlas como sucesos beneficiosos de alguna forma en sus vidas.
  • También está el componente del reto de modo que las personas con una alta resistencia tendrán una idea de que el cambio es la norma y no la excepción. De esta forma, ante el cambio de circunstancias vitales puede explicarse a uno mismo como un reto a superar y una nueva oportunidad, más que un problema.

Como resumen de estos tres componentes, podremos ver a las personas que tienen esta “resistencia” alta como aquellas que convierten las experiencias vitales estresantes en oportunidades para el crecimiento, tanto personal como profesional.

Tras este análisis de la característica personal de resistencia, la siguiente variable importante a la hora de lograr la consecución de un objetivo es la determinación. Como tal, parece bastante claro, pero ¿de qué se compone la determinación en una persona? En este artículo lo explican dividido en cuatro componentes importantes, interés, práctica, propósito y esperanza.

  • El interés no necesita demasiada explicación; simplemente, la determinación tiene una parte que se alimenta simplemente de que prestemos más interés a nuestro objetivo que a otras cosas de nuestra vida, que realmente tengamos pasión por eso que queremos.
  • La práctica implica no sólo repetir la actividad hasta lograr la excelencia, además, necesita de que la persona implicada esté dispuesta a aumentar la capacidad de realizar la actividad, querer mejorar siempre, sin importar cuánto se haya logrado ya. Tanto si se realiza muy mal como muy bien, el componente de práctica conlleva querer seguir haciendo y mejorando.
  • El propósito es otro de los componentes fundamentales para lograr la determinación, ya que es lo que nos aporta la posibilidad de lograr los objetivos cuando éstos son a largo plazo, es lo que podemos ver en la distancia para lograr caminar hacia ese objetivo. Además, el propósito es esencial para conectar este trabajo hacia los objetivos establecidos con nuestro propio bienestar.
  • Por último, la esperanza es uno de los factores importantes para que la determinación se mantenga. Mientras quede en nosotros la idea de que realmente podemos lograr el objetivo, es probable que lo mantengamos, y de igual modo, si no pensamos que podamos lograrlo, es especialmente difícil de conseguir mantenerse.

Estas dos cualidades, la resistencia y la determinación, se relacionan con esta capacidad de lograr objetivos, además no son beneficiosas sólo para lograr los objetivos, sino que además se centran, como hemos visto, en lograrlos aumentando nuestro bienestar, en que la consecución de los mismos pase por un manejo positivo de los cambios, tratándonos a nosotros mismos de forma positiva y no desde la obligación y el autocastigo.

Incluso, el conocimiento de que estas cualidades permiten que logremos los objetivos de la mejor manera y con un aumento no sólo del éxito sino también del bienestar, será una buena idea centrarnos en aumentar estas capacidades en nosotros mismos o en aquellas personas que estemos ayudando a centrarse en esta consecución.

Fuente Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas