Todo lo que quisiste saber sobre la intimidad

Extraído de www.heathline.com
Extraído de www.heathline.com

La intimidad es la gasolina de las relaciones sociales y de los vínculos afectivos más significativos de nuestra vida. Surge por nuestra necesidad de compartir con el otro nuestro mundo interior. Está presente tanto en nuestras  relaciones de amistad y en las relaciones de pareja; si bien en cada una cobra una forma diferente aunque con un mismo objetivo: el aumento de cercanía, el afecto y la identificación con el otro. Toda relación que aspire a ser autentica ha de tener como uno de los componentes principales la intimidad, apoyada por la capacidad humana de ponernos en el lugar del otro y sentir lo mismo que él (empatía).

Y sin embargo, todo acto de intimidad implica correr riesgos. La intimidad implica mostrarnos al otro tal y como somos, despojados de nuestras inhibiciones y pudores para revelar lo oculto, lo doloroso, lo que quieres que nadie sepa. Está relacionado con nuestra necesidad de trascender, e implica la creación de canales de información profundos entre los interlocutores, donde la cercanía entre los implicados es máxima y permite momentos de desahogo y expansión importantes. Los momentos de intimidad no se pueden forzar, requiere un esfuerzo consciente para que eso surja; el tiempo y la capacidad de recoger los sentimientos del otro, sin que aparezcan los juicios y escuchando el significado de lo que ocurre, determinará las ganas y las veces que se repetirá en el futuro. También, el hecho de que los implicados hayan hecho un trabajo emocional intenso, que sean capaces de entender lo importante que es para sí mismos la expresión de sus propias emociones.

Como todo acto de compartir implica nerviosismo y una inhibición del pudor, lo más recomendable es que evitemos los juicios y nuestras opiniones para otro momento. Es un proceso hacia delante, donde se confía en la buena voluntad del interlocutor. La persona se muestra vulnerable y la reacción que decidamos mostrar hará que el otro prosiga en sus revelaciones. De este modo, la reacción del otro determina el pago, provocándose un alivio tremendo si el otro te responde con su atención y su comprensión. Los investigadores han apodado este proceso como el de “pelado de una cebolla”: se empieza compartiendo pequeñas cosas impersonales y según la reacción que hagamos a las confesiones del otro, más autorrevelaciones de contenido emocional haremos. Cuántas más capas quitemos, más apoyo y atención recibiremos del otro. Esto es un proceso recíproco y que explica lo especialmente vinculativo de la intimidad. Si no funciona la intimidad, es por lo punitivo que resulta los juicios. Basta un paso en falso para que la persona cierre el grifo y no suelte prenda de lo que lo atormenta.  También afecta negativamente si alguna de las personas implicadas tiene una historia de apego evitativo, donde las relaciones de los demás están mezcladas con ideas de rechazo, de castigo y un exceso de control, por lo que la persona tenderá a defenderse y al exceso de reserva, y tenderá a no compartir intimidades.

En las relaciones sentimentales, la intimidad cobra una naturaleza propia. Por lo que podría parecer, las relaciones afectivo-sexuales ayudan en la construcción de la intimidad y de una identidad, tanto por el componente sexual por el intercambio de afecto entre los implicados;  es así como el afecto en el sexo invita a una cercanía emocional, por el placer que supone conseguir la atención y el interés de quién deseas. Progresivamente, se crea una fusión emocional donde el compartir se convierte en un denominador común. Por el contrario, el deterioro de la intimidad en la vida en pareja se produce cuando se empieza a prestar mucha mayor atención a otros componentes (como la rutina o las obligaciones laborales) y se va dejando a un lado la intimidad en favor de estos otros componentes a veces más urgentes. En ese sentido, la pareja cree erróneamente que primero ha de solucionar los problemas, cuando lo más importante es prestarse atención y dedicarse tiempo.

En las relaciones de amistad, a pesar del tiempo y la distancia que puede haber entre los encuentros entre amigos, se observa una intensa e inesperada conexión entre ellos: con los amigos volvemos a las bases, a compartir información personal, a pasar tiempo de calidad y de diversión, nos ofrecen cariño y apoyo a nuestras inseguridades. El deterioro en las amistades tiene que ver más con la deslealtad o la pérdida de confianza; es difícil volver a un estado inicial si se producen alguno de estos elementos.

La vivencia de la intimidad  también es distinta si hablamos del sexo y el género entre integrantes. En las parejas heterosexuales, se produce un problema de comunicación ante la forma diferente que hay de expresar la intimidad entre hombres y mujeres. Los hombres encuentran muchas dificultades a la hora de expresar sus sentimientos, y aunque se comunican mejor con mujeres, entre ellos se produce una comunicación superficial, debido a la dificultad que supone mostrar a otro hombre su vulnerabilidad. En el caso de las mujeres, la intimidad está plenamente establecida y refieren mayor satisfacción que en el caso de los hombres.

Podemos decir por todo ello que la intimidad nos cambia. Mejora nuestra autoestima, permite un mayor conocimiento de nuestras capacidades y mejora nuestra resolución de problemas. La mejor manera de favorecer la intimidad está en practicarla, pero nada de preparar un “momento perfecto”, más bien se trata de aprovechar los momentos de escucha del otro y dejarse llevar. Si quieres quitarte muchas espinitas clavadas, prueba a hablar con alguien que aprecias. Tu salud te lo agradecerá.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today, Diario El Pais, Blog “El Rincón de la Psicología”.

Esto te puede pasar si no aprendes a expresar tu enfado

Los psicólogos decimos frecuentemente que es importante identificar y expresar las emociones que sentimos. Desde luego que es extremadamente importante sentirnos orgullosos de nosotros mismos, felices, y aprender a buscar las situaciones que nos pueden hacer reír. Pero también es necesario e importante conocer y manejar las emociones negativas. Conocer nuestros miedos, lo que nos avergüenza, qué cosas o situaciones nos producen tristeza y por supuesto, entender y gestionar aquello que nos enfada.

foto extraída de pixabay.com
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En nuestra cultura está sólo moderadamente permitido expresar la ira. Sí es cierto que está algo más normalizado entre los hombres que entre las mujeres, pero en muchas ocasiones, dependiendo del contexto en el que nos hayamos criado, tendremos más o menos la tendencia a suprimir esta emoción.

Si lo pensamos fríamente, no parece que sea la mejor solución para aliviarnos el esconder que nos sentimos así, pero muchas veces simplemente por no dañar a los otros, o porque pensamos que pasará más fácilmente si no lo atendemos, nos forzamos a suprimir esta emoción sin prestar atención a las necesidades que nos estaba señalando.

Si no parece suficientemente doloroso apretar los dientes y callar ante las cosas que nos hacen estar enfadados, hacer esto tiene otras consecuencias que pueden terminar por convencerte de que sería mejor aprender a gestionar tu enfado de otra forma. Si tenemos que elegir, parece que ni resignarnos a esta emoción ni tratar de suprimirla es algo que funcione, sino más bien hacer una reevaluación de la situación. Pensarla de otro modo, si no podemos cambiarla, o bien escuchar nuestras emociones y modificar la situación que nos está enfureciendo.

En sí misma, la emoción de ira causa en nosotros una activación en el cuerpo que nos prepara para la lucha, en muchos aspectos es similar al miedo o a la ansiedad. Tendremos una mayor tasa cardiaca, respiración y tensión muscular, así como un aumento de cortisol. ¿Dónde va toda esa activación si no nos permitimos sentirnos así? ¿Qué ocurre en nuestro cuerpo cuando suprimimos el enfado?

Cáncer

En algunas investigaciones se ha postulado que una muy baja expresión de ira podría dar lugar a la aparición de procesos de cáncer así como la disminución de células que pueden actuar contra éstos. La metodología de estos estudios no permite en sí mismo relacionar los procesos cancerosos como una consecuencia de la supresión de la ira, si parece que la relación indica que la adecuada expresión podría actuar de algún modo aún no conocido en el desarrollo de esta enfermedad.

Aumentar el dolor

En lo que se ha llamado la teoría del proceso irónico, se ha comprobado repetidamente que el intento de suprimir la ira, al igual que otras emociones negativas, paradójicamente da lugar a un mejor acceso atencional a la emoción de enfado. Este proceso, además, aumenta la atención a las sensaciones de dolor, haciéndolas más disponibles y además más dolorosas. Se ha encontrado que ante los problemas de dolor crónico, como es lógico, el hecho de suprimir la emoción de enfado da lugar a un mayor dolor.

Trastornos del Comportamiento Alimentario

Aunque tampoco ha sido estudiado con detenimiento, parece que una adecuada expresión de sentimientos de ira en pacientes con trastornos de la conducta alimentaria se vio unida a un proceso de recuperación en la que se incluían diversos tratamientos así como un aumento del índice de masa corporal. Parece que podría ser un factor relevante, y merece la pena tenerlo en cuenta.

Camino hacia la depresión

Aunque tampoco tenemos unas conclusiones muy claras, por una parte, tendría sentido que al ser una respuesta de activación del sistema simpático, tal y como lo es el estrés o la ansiedad, acabe derivando en un proceso depresivo. Además, se ha encontrado en diversos artículos científicos que la supresión de la expresión de la ira podría ser un factor mediador para el aumento de síntomas depresivos.

Desde luego, conociendo lo que puede causarnos el no gestionar adecuadamente un sentimiento de ira, parece bastante claro que tratar de esconderla no es una buena opción, aunque culturalmente no termine de estar aceptado, si existe es necesaria, si escuchas tus necesidades, dejarás de sentirla.

 

Fuentes www.ncbi.nlm.nih.gov, http://www.tandfonline.com, http://www.sciencedirect.com/.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

 

ResearchBlogging.org

Abbate-Daga, G., Marzola, E., Gramaglia, C., Brustolin, A., Campisi, S., De-Bacco, C., Amianto, F., & Fassino, S. (2012). Emotions in Eating Disorders: Changes of Anger Control After an Emotion-focused Day Hospital Treatment European Eating Disorders Review, 20 (6), 496-501 DOI: 10.1002/erv.2199

Langner, C., Epel, E., Matthews, K., Moskowitz, J., & Adler, N. (2012). Social Hierarchy and Depression: The Role of Emotion Suppression The Journal of Psychology, 146 (4), 417-436 DOI: 10.1080/00223980.2011.652234

Penedo FJ, Dahn JR, Kinsinger D, Antoni MH, Molton I, Gonzalez JS, Fletcher MA, Roos B, Carver CS, & Schneiderman N (2006). Anger suppression mediates the relationship between optimism and natural killer cell cytotoxicity in men treated for localized prostate cancer. Journal of psychosomatic research, 60 (4), 423-7 PMID: 16581368

Quartana PJ, & Burns JW (2007). Painful consequences of anger suppression. Emotion (Washington, D.C.), 7 (2), 400-14 PMID: 17516817

Quartana PJ, Yoon KL, & Burns JW (2007). Anger suppression, ironic processes and pain. Journal of behavioral medicine, 30 (6), 455-69 PMID: 17712618

Szasz, P., Szentagotai, A., & Hofmann, S. (2011). The effect of emotion regulation strategies on anger Behaviour Research and Therapy, 49 (2), 114-119 DOI: 10.1016/j.brat.2010.11.011

Thomas SP, Groer M, Davis M, Droppleman P, Mozingo J, & Pierce M (2000). Anger and cancer: an analysis of the linkages. Cancer nursing, 23 (5), 344-9 PMID: 11037954

Al conflicto de pareja, sonrisa clara.

Extraída de www.aquiestapuertorico.com
Extraída de www.aquiestapuertorico.com

En tiempos de crisis sentimental, las sonrisas escasean enormemente. De repente, ambas partes de la pareja entran dentro de una espiral de reproches mutuos y continuas discusiones, donde las oportunidades de solución de los problemas disminuyen no tanto porque no se tengan dichas habilidades, sino porque la tensión emocional entre ambos no se alivia, y predomina un estado de alerta y de autodefensa. En estas etapas no priman las soluciones mutuas y consensuadas. Nuestr@ compañer@ se comienza a considerar como un enemig@, y como tal, hacemos notar nuestras necesidades por encima de las suyas por miedo a que la otra parte nos las quite. Nos alejamos de una de las fuentes fundamentales de satisfacción y bienestar emocional, casi sin querer.

Y si recobramos un poco la calma y decidimos tomar cartas en el asunto para solucionar nuestros problemas de pareja, nos empeñamos en intentar no discutir o no repetir el mismo conflicto de ayer por la noche (“a partir de hoy no le quitaré el mando para poner mi serie favorita…”) cuando hay un método más efectivo (y mucho más sencillo) para recuperar la convivencia sentimental: aumentar las emociones positivas.

En efecto, se nos olvida el papel tan poderoso de una sonrisa. No nos engañemos, las emociones positivas como la sonrisa no sólo manifiestan que nos estamos divirtiendo ante una situación o un dato llamativo de una conversación. En una relación de una pareja o amistad nos ayudan a expresar afecto. Y algo más: alivian la tensión (fisiológica y emocional), aumentan los umbrales de manifestación de agresividad (en cualquiera de sus formas) y promueven el uso de la creatividad y la flexibilidad a la hora de solucionar problemas. ¡Vaya!

Para respaldar estas afirmaciones diversos estudios a lo largo de los años han intentado demostrar esta hipótesis. Entre ellos, dos estudios longitudinales realizados en 2010 y 2013 (ver enlaces) con la misma muestra de partida (relaciones de pareja heterosexuales cuyos integrantes tenían entre 40 y 50 años y con un historial de larga duración, seguidos durante un periodo de 13 años para observar qué variables estaban relacionadas con su satisfacción) llegaron a una conclusión similar: en aquellas parejas en las que se demostraba una capacidad de mostrar emociones positivas incluso cuando se encontraban francamente mal (lo que ellos llamaban “downregulating negatives emotions”/regular a la baja emociones negativas) eran las más satisfechas. Esta capacidad se utilizó incluso de factor de predicción de satisfacción en el estudio del 2013, donde expresar este tipo de emociones se consideraba un ejemplo claro de regulación emocional, donde las personas podían modificar sus tensiones emocionales y dar salida a conversaciones y soluciones más constructivas en donde lo más importante era mostrar emociones positivas, por encima de eliminar o erradicar lo negativo. En este estudio, además, se daba especial importancia al papel de la mujer (siendo ellas el agente básico de regulación emocional), pero asumiendo que era más un factor generacional (ya que los integrantes de la pareja, al ser personas de mediana edad, aun habían sido criadas en la idea de que las mujeres eran las que debían de mostrar esa cualidad) y afirmando que la mayor satisfacción se daba cuando ambos participantes mostraban dicha capacidad.

Por todo lo dicho, cuidar y promover un clima emocional positivo en la pareja, lleno de gestos e intercambios de emociones positivas, puede ser una de las llaves fundamentales para solucionar nuestros conflictos. Pero no como respuesta a lo que nos digan, sino siendo tu propia forma de comunicación, enriqueciendo nuestra interacción con nuestra pareja con gestos que la refuerzan constantemente a seguir hablando y acercándose a nosotros. Porque estos aspectos (una broma, una caricia, una sonrisa a tiempo) es lo que, a pesar del esfuerzo que supone cuando estamos enfadados, motiva a la persona a parar y creer en la unión que habéis informado…Como dice el dicho, ¡al mal tiempo, buena cara!

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: www.psychologytoday.com

 

Satisfacción sexual en pareja: la importancia de la comunicación en las relaciones sentimentales

Extraído de www.entretantomagazine.com
Extraído de www.entretantomagazine.com

En toda relación sentimental puede experimentarse una etapa en la que los encuentros sexuales disminuyen, incluso drásticamente. En ese momento, ambos miembros de la pareja pueden empezar a albergar razones de esta poca frecuencia: ¿Será que ya no me desea? ¿Siempre ha de encontrar un momento para mostrarse cariños@ con otras personas pero no conmigo? ¿Es que realmente tenemos una crisis tan grande?. Es decir, las parejas tienden a centrarse mucho en la frecuencia, y convertirla en arma arrojadiza en sus propios conflictos, sin percatarse de que comunicar esa insatisfacción podría ser la solución  indicada para su problema “de alcoba”.

Paradójicamente, cuando peor estamos con la pareja y más necesitamos conectar con ella y saber lo que piensa respecto a los temas afectivos e íntimos, menos hablamos sobre sexo y más tendemos al silencio e incomprensión, agravando el problema de base y colocando a cada una de las partes en perfecta alineación con su propia postura, sin escuchar al otro. Aquí es cuando se instala en la relación la confusión y el resentimiento, malinterpretando las intenciones del otro y castigando cualquier acercamiento sexual o íntimo, incluido cualquier tipo de comunicación adicional. Así, en la pareja no hay ningún entendimiento.

Sin embargo, esta situación no es irreparable. Poner en marcha  a una pareja implica realizar toda una serie de pasos muy importantes, que provocará un reajuste de expectativas y una recuperación de aspectos (caricias, muestras de afecto…) que creían olvidados. Lo primero en este caso es hacer conscientes al otro de que hay un problema: cuando se lleva mucho tiempo sin comunicar, el silencio parece la mejor solución para evitar conflictos y tensiones mayores, pero a larga provoca que ambos actúen como verdaderos desconocidos entre sí. En segundo lugar, comunicar las razones de esta falta de relaciones sexuales puede aliviar enormemente la tensión ya que, aparte de clarificar (y desmantelar) muchos miedos, se considera un esfuerzo muy importante para solucionar el problema desde la perspectiva del “nosotros”; ya que implica un acercamiento de posturas y un intento por hacer que el otro te  comprenda. En tercer lugar y no menos relevante, es negociar una serie de decisiones que garantizan reactivar la pasión y la intimidad, con acciones claras para acercarse al otro. Entre ellas estarían:

  1. Baúl de los recuerdos: reactivar la pasión no pasa por realizar prácticas novedosas y ultraexcitantes que garantizan de manera determinante las relaciones sexuales. En efecto, la pareja ya dispone de un bagaje previo de prácticas, gestos y juegos que ya en su pasado funcionó. Hay que hacer un esfuerzo de memoria por volver a situaciones que antes nos daban una satisfacción enorme.
  2. El camino empieza por el primer paso. En efecto, cosas tan sencillas como los abrazos (para reestablecer la intimidad) y los besos (para reestablecer la pasión) permiten un cambio de actitud y un descargue hormonal que favorece el terreno para una relación afectivo-sexual. Ya saben, ante la duda, besen.
  3. Utilizar la agenda. Si en la pareja se ha establecido el hábito de no tener relaciones sexuales, no se tendrán. La pareja ya ha encontrado toda una serie de actividades que lo compensan. Por ello, hay que planificar unas horas a la semana escogidas para ello, en donde también podemos escoger otros aspectos (lencería, cuidar los olores y temperatura de la habitación, preparar una cena romántica previa) que erotizan el ambiente y nos hace estar más predispuestos al otro.
  4. Erotiza las situaciones. Hacer un poco de investigación sexual y prever lo que al otro le puede gustar (y a nosotros) puede crear situaciones novedosas, creativas y divertidas que hacen de la rutina algo pasado. También implica cambiar las formas de cómo iniciar la relación entre ambos; estableciendo juegos y situaciones picantes y seductoras que a ambos le resulten atractivas (juegos de roles, actuar “como si” les estuvieran seduciendo por primera vez en una discoteca….).
  5. El afecto y la reafirmación como la mejor medicina: ante cualquier cambio positivo y que nos resulte un esfuerzo para la mejora de la pareja, hay que reforzarlo. No sólo decir que lo que ha hecho nos gusta, sino hacer manifestaciones de cariño diarias y constantes de que nos alegramos de verle y de cualquier momento es propicio para arrancarle un beso.
  6. Reducir el estrés y el exceso de responsabilidades. La ansiedad y el sexo no casan muy bien en la misma ecuación; realizar toda una serie de acciones cotidianas que busquen reducir las “prisas” y el estrés diario permite el surgimiento de situaciones de descanso y mayor beneplácito para el otro. Recuerde: el relax sólo se consigue con acciones que nos provoca tranquilidad, no haciendo miles de acciones que nos eviten la ansiedad.

Fuente: psychcentral

Escrito por David Blanco Castañeda

La escritura expresiva aumenta el bienestar

En la práctica de la psicología se pueden utilizar técnicas muy diversas para mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas que acuden a terapia. Una de estas opciones para la mejora emocional es la escritura expresiva. Algunas personas acostumbradas a escribir un diario la desarrollan por sí mismos, lo que les produce beneficios similares. Pero ¿cómo funciona la escritura expresiva?

Aunque los resultados de los estudios sobre escritura expresiva no terminan de ser concluyentes, en muchas ocasiones sí se encuentra una mejora significativa en el bienestar al realizar esta tarea de una forma concreta. De entre los diferentes estudios realizados, resulta llamativo que las mayores mejoras aparezcan en la salud física, más que en el campo emocional. Esto se puede traducir en menos visitas al médico, mejora del sistema inmune, de la función respiratoria o mejora de la presión sanguínea.

Extraído de www.4ccomunicacion.com
Extraído de www.4ccomunicacion.com

En primer lugar se planteó que esta técnica constituye una forma de expresión válida sobre temas que pudieran ser difíciles de tratar cara a cara con el terapeuta. Aunque se ha encontrado validez en diversos tipos de problemas psicológicos, en general se ha estudiado más frecuentemente en casos de estrés muy intenso o post traumático, especialmente cuando se muestran niveles bastante altos de somatización. Esto, en sí mismo, es importante. De hecho, cuando una persona tiene dificultades para expresarse respecto a algún evento emocional, el dar un nombre a la emoción sentida permite que se reduzca considerablemente la intensidad percibida de dicha emoción.

Podría parecer que lo importante en esta técnica es sólo la expresión de la emoción, lo que ya de por sí está jugando un papel; sin embargo, cuando se compara el beneficio obtenido durante la escritura expresiva con una escritura centrada específicamente en el componente emocional o únicamente en el componente situacional no se obtienen unos resultados tan prometedores como cuando combinamos ambos factores. La actividad de la que hablamos aquí debe incluir tanto contenido sobre la situación como sobre la emoción sentida. De esta forma, la escritura ayuda a dar un sentido a esos momentos de estrés, permite un procesamiento cognitivo más adecuado de éstos y por tanto un manejo más apropiado de estos recuerdos.

Cuando se analizó la evolución en el uso de esta técnica, se pudo encontrar que a medida que los pacientes mejoraban en su estado de salud y aumentaban las sesiones de escritura expresiva, se producía un aumento de palabras relacionadas con emociones positivas, un uso más moderado de palabras relacionadas con emociones negativas y, a un nivel más cognitivo que emocional, vieron que cada vez se usaban más palabras relacionadas con la comprensión de algunos eventos (como por ejemplo: “me di cuenta o comprendí”, así como palabras explicativas como “porque o la razón de que…”). Esto no sólo lleva a pensar que al desarrollar este ejercicio terapéutico se pueda lograr dar un sentido a los hechos vividos, sino que además, al contarse a uno mismo una historia en la que expliquemos lo que nos ha ocurrido le damos una narrativa coherente.

Esta técnica tiene también algunos contras, puesto que a pesar de los beneficios a lo largo del tiempo, también se ha observado que en los primeros momentos de la aplicación las personas que la llevan a cabo sufren un aumento del estado de ánimo negativo. Por tanto, es importante tener este detalle en cuenta a la hora de ponerla en práctica.

Aunque no se comprende del todo bien el mecanismo por el cual funciona escribir sobre eventos que han sido complicados, hay algunas herramientas que podemos desarrollar a través del aprendizaje cultural que aumentan nuestro bienestar, ya no sólo el psicológico, sino también el físico.

Ya nos recordaba Henry David Thoreau en su libro “Walden”, la importante diferencia entre expresar de forma hablada o escrita:

“Existe una diferencia memorable entre la lengua hablada y la lengua escrita, entre el idioma hablado y el idioma escrito. La primera es normalmente transitoria, un sonido, un habla, meramente un dialecto, casi salvaje, y lo aprendemos inconscientemente, como bestias, de nuestras madres. La segunda es la experiencia y la madurez de la primera […] una expresión reservada y selecta, demasiado cargada de sentido para ser escuchada por el oído.”

Fuentes: Clinical Psychology ReviewBJPsych Advances

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

 

ResearchBlogging.orgBaikie, K. (2005). Emotional and physical health benefits of expressive writing Advances in Psychiatric Treatment, 11 (5), 338-346 DOI: 10.1192/apt.11.5.338

Esterling BA, L’Abate L, Murray EJ, & Pennebaker JW (1999). Empirical foundations for writing in prevention and psychotherapy: mental and physical health outcomes. Clinical psychology review, 19 (1), 79-96 PMID: 9987585

Expresar tus emociones: ¿cuándo es una buena opción?

Tradicionalmente,las emociones no han gozado de una absoluta aceptación de la sociedad y durante mucho tiempo han sido consideradas un residuo no deseable de nuestra evolución, ya que nuestra conducta puede verse influenciadas por ellas y, por tanto, impedirnos demostrar una conducta “racional”, “consciente plenamente de las consecuencias de sus actos” en situaciones donde deba prevalecer la razón sobre la emoción. Esta idea, ampliamente extendida, nos muestra a las personas en constante batalla entre estos dos polos (razón versus emoción), siendo la emoción la gran perjudicada y suprimiendo, siempre que es posible, su manifestación a ojos de los demás. Como consecuencia, se tiende a intentar regular y controlar la verdadera manifestación de la emoción, relegando ésta última a una esfera íntima, dado su carácter irracional. Y aunque en muchos contextos esta medida puede resultar muy adaptativa, no significa necesariamente que siempre debamos actuar así, con consecuencias claras para nuestra salud.

Olvidar las múltiples funciones que tienen las emociones (entre otras; informarnos acerca del valor que le da la persona a la situación, de nuestras verdaderas intenciones o la preparación para una mayor rapidez en las situaciones sociales) hacen que obviemos el papel fundamental, adaptativo y universal de las mismas. Así, por ejemplo, y como recoge Susan Strauss según los resultados de Matta y colaboradores (2014), en entornos laborales invalidantes, donde los mandos superiores tendrían un comportamiento considerado como injusto y enojoso con respecto a sus trabajadores, éstos tenían mayores probabilidades de experimentar reacciones emocionales negativas, que si no se expresan, tendrían graves consecuencias en su productividad y satisfacción laboral, acordes con estudios previos en entornos laborales.

Sin embargo, y siguiendo las palabras de Susan Strauss, saber equilibrar cuando es el mejor momento para expresar las emociones y cuando postergar su expresión a otro momento más adecuado, es un gran esfuerzo para las personas e implica un alto grado de inteligencia emocional y habilidades emocionales. Si bien esto es una capacidad que mejora en nuestro desarrollo, Strauss propone tres condicionantes en la que las personas podemos optar por la libre expresión de nuestros sentimientos, y que pasarían por:

1. En situaciones en las que la persona es capaz de garantizar una regulación emocional. ¿Cuál es la emoción que sientes en una situación en concreto? ¿Qué reacciones físicas provoca en tu cuerpo? ¿Qué crees que dice sobre ti? ¿Qué es lo que dispara esa reacción? La capacidad de autocontrol individual, que enfatiza la atención en la reacción de la persona en una situación y no en la situación en sí, permite ayudarnos en nuestra comprensión de nosotros mismos en cada situación, y por tanto, decidir si ventilar (o no) nuestras emociones a los que nos rodean.

2. El sentimiento de confort y seguridad que siente la persona en una situación. Si sabes que puedes confiar en los interlocutores y ellos han reaccionado bien en situaciones anteriores y similares, aumenta la probabilidad directamente a hacer esos momentos de confesión.

3. El grado de responsabilidad que haya en esa situación. Este último punto queda resumido con la afirmación, “cuánto más seguro está la persona de perder algo, con mayor probabilidad optará por guardarse las emociones para sí mismo”. Ventilar las emociones implica un alto grado de confianza en la audiencia que te está escuchando, y saber que quien te escucha no te juzga, que tiene capacidad suficiente para afrontar lo que le dices y los efectos que implica esa revelación son positivos, la persona se sentirá con mayor confianza para no optar por la supresión y expresar sus sentimientos.

En definitiva, reconocer, prestar atención y optar por expresar tus emociones no sólo te hace una persona con mayor autocontrol; te hace una persona que sabe cuáles son sus necesidades emocionales y las hace respetar cuando es necesario. Puede ser complicado, pero es un aprendizaje que nos acompaña toda la vida y del que sus consecuencias pueden traernos multitud de cosas buenas.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today.

Foto extraída de: www.depsicologia.com

Pequeñas costumbres que fomentan tu bienestar emocional (Comportamientos emocionalmente saludables II)

De la misma manera que cuidamos nuestra parte física adquiriendo hábitos saludables establecidos culturalmente, la parte mental o emocional no está tan presente en la cultura popular. Por eso quisimos resaltar en el anterior post algunos hábitos que podemos incorporar en nuestra vida cotidiana para cuidarnos de forma más global. Hoy queremos seguir en esta línea, sugiriendo de nuevo algunas formas de comportarnos que nos proporcionen una salud emocional más fuerte.

Aprende a pedir ayuda. Cuando nos preocupa nuestra salud mental, es primordial aprender a pedir ayuda. Esto no siempre ha de implicar la búsqueda de ayuda profesional, simplemente puede ser bueno que seas capaz de hablar de los temas que te angustian con alguien cercano, ser capaz de abrirte y poder explicar que lo estás pasando mal sin sentir vergüenza por ello. Muchas veces se tienen reticencias a hablar sobre problemas emocionales por miedo a que los demás nos consideren débiles o a que no les importen nuestros problemas, sin embargo, lograr reconocer nuestras debilidades es también lo que puede hacernos más resistentes y da a los demás también la posibilidad de abrirse ellos mismos. Puede haber un punto en el que realmente sintamos que nuestros problemas nos abruman y no podemos resolverlos por nosotros mismos y hay momentos en los que es necesario buscar ayuda profesional  para que te ayude a salir de ese mal momento.

Haz más las cosas que te hacen feliz. Es importante mantener en tu vida las cosas que te gusta hacer, siempre y cuando no sean perjudiciales para tu salud. Potenciar tus gustos hará que sientas inmediatamente una sensación de placer al programar momentos del día para realizarlos. Mientras haces cosas que te gustan, además, fomentas tu propia autonomía, te reafirmas en quién eres y, sobretodo, te das valor a ti mismo.

Establece objetivos vitales. Si no logras tener claras algunas metas u objetivos hacia los que quieres dirigirte, es posible que te sientas sobrepasado por una infinidad de opciones de forma que termines no siendo capaz de elegir ninguna de ellas. Esto causará estrés e inseguridad sobre tu propio rendimiento, ya sea en el plano profesional o en el personal. Marcar unos objetivos a largo plazo, permitiéndote disfrutar del camino que te puede llevar a ellos es una de las situaciones más difíciles de llevar a cabo, sin embargo, una vez has logrado clarificarlo, saber hacia dónde te diriges es una garantía para la protección de tu salud mental.

Escribe un diario. Si bien puede parecer que es una actividad propia de la infancia y adolescencia, se conoce que poner los sentimientos y pensamientos sobre el papel es un acto de expresión que puede ayudarnos a lidiar con los problemas que puedan surgirnos. Ha sido comprobado en repetidas ocasiones que el hecho de escribir los sucesos emocionales negativos hace que sean menos dañinos para las personas que los sufren. No es necesario que relates en él todo lo que te ocurre, puedes empezar simplemente apuntando algunos sucesos que te han sucedido y cómo te has sentido con ellos. De esta forma, no sólo es beneficioso por expresarnos emocionalmente, sino también porque nos ayudará a organizar nuestra vida mental, proporcionándonos cierta capacidad de control, así como de autoconocimiento.

Comunícate más. En la línea de la expresión emocional que se transmite cuando escribimos, es también importante aumentar nuestra comunicación con los demás si esta es escasa. Cuando nos convertimos en personas capaces de comunicar nuestros sentimientos, es menos probable que deriven en una situación patológica. Por sí mismo, el hecho de tener una red social positiva es considerado como un factor protector para problemas tanto mentales como físicos, así que alimentarla comunicándote será también una manera de crear una mejor calidad de vida y fomentar tu bienestar.

Todo lo que hemos mencionado anteriormente son simples sugerencias para fomentar un estado emocional que pueda protegerte ante las exigencias del ambiente y hacer que los problemas de la vida no se conviertan en barreras que no somos capaces de superar. Como se podrá observar, se podrían resumir en tres puntos; expresar emociones de forma sana con la gente que te importa, mantener el mayor equilibrio posible entre obligaciones y placeres y por último, caminar hacia tus valores vitales. De estos tres, se pueden elaborar muchas más actividades concretas para fomentar el bienestar emocional, ¿qué cosas hacéis para proteger vuestra salud mental? ¡No dejéis de hacerlas!

Fuente: psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Foto: enbuenasmanos.com