¿Sientes que te miran? Conocimientos desde la neurociencia

Gran parte del conocimiento que tenemos sobre el cerebro proviene de los estudios con pacientes con daño cerebral. Entre ellos, uno de los efectos más llamativos que pueden producirse es lo que llamamos ceguera cortical.

extraída de http://www.rosalindreilly.com
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De las diferentes áreas del cerebro, la parte de la nuca, la occipital, es la zona encargada de que podamos percibir estímulos visuales. Aunque tradicionalmente se planteaba como el único área responsable de la visión, el estudio de pacientes con daños en estas áreas nos ha llevado a pensar que no es estrictamente eso. En realidad, la corteza visual es la que nos permite ver conscientemente. Sin embargo, muchas otras áreas del cerebro hacen que veamos cosas de forma inconsciente. ¿Cómo sabemos esto?

Cuando una persona tiene ceguera cortical, expresa que no ve, que no puede percibir ningún estímulo a través de los ojos, pero sin embargo, se ha ido conociendo a través de los estudios de caso que no es estrictamente así. En estos pacientes, se produce lo que se denomina “blindsight” o vista ciega. Si le preguntamos a un paciente con este daño la forma o la localización de algo, nos dirá que no lo sabe, pero si le hacemos adivinar, se encuentra que es más probable que acierte respecto a estas características que lo esperado por azar.

Esta visión ciega, además, nos puede ayudar a aprender más cosas sobre la percepción inconsciente, lo que abre una gran cantidad de posibilidades en el campo de la investigación. Una de las áreas más interesantes es la visión ciega afectiva. Esto implica que incluso sin la conciencia de estar viendo algo que puede asustarnos, en nuestro cerebro puede producirse una respuesta de miedo.

De hecho, incluso podemos tener una respuesta de miedo condicionado a un estímulo visual de forma inconsciente. En un estudio del 2003 (Hamm et al.), con un paciente con ceguera cortical, se creó una respuesta de miedo en él, ya que ante una clave visual, se le administraba un calambre. Esto dió lugar a que cuando se producía esta clave visual, ya mostrara unas respuestas de miedo anticipatorio, aunque no tuviera conciencia visual de que estaba ahí.

Esto nos hace pensar que las sensaciones de miedo no necesitan pasar por la corteza cerebral para ser procesadas, en muchas ocasiones pueden seguir una vía subcortical, implicando a la amígdala, la estructura cerebral responsable de las respuestas de miedo, de forma que existirá de forma inconsciente.

Esto es posiblemente lo que podía estar ocurriendo en el caso del paciente TN (Burra, 2013). En este caso, se trató de comprender cómo procesamos estímulos visuales como las caras. El paciente, con ceguera cortical, trató de “adivinar” cuándo las imágenes de caras que se le presentaron le estaban mirando o no. En principio, la respuesta de este paciente era que no podía saberlo, ya que no es capaz de ver. Sin embargo, cuando se le insistió en que intentara adivinarlo aún sabiendo que no lo ve, sí logró acertar por encima de lo esperado por azar.

Además, un resultado especialmente interesante, es que cuando las imágenes mostraban una mirada directa hacia él, al medirlo con una resonancia, se observó que se activaba la amígdala. Además, esta activación también aparece en el grupo control, sin ningún tipo de lesión.

Cuando las personas tienen esa sensación de que alguien les está mirando, incluso aunque puedan reconocer que no es así, y les hace sentir cierta inquietud, ¿podría explicarse porque han percibido alguna mirada hacia ellos de forma inconsciente y es necesario para la supervivencia saber de dónde proviene? ¿Quizá su amígdala esté demasiado activada y eso provoque la sensación de que les miran?

Sea como sea, parece que la parte inconsciente de la percepción aún tiene muchas cosas que explicar de nuestro día a día.

Fuentes: mindhacks.com, jneurosci.org, academic.oup.com

Burra, N., Hervais-Adelman, A., Kerzel, D., Tamietto, M., De Gelder, B., & Pegna, A. J. (2013). Amygdala activation for eye contact despite complete cortical blindness. Journal of Neuroscience, 33(25), 10483-10489.

Hamm, A. O., Weike, A. I., Schupp, H. T., Treig, T., Dressel, A., & Kessler, C. (2003). Affective blindsight: intact fear conditioning to a visual cue in a cortically blind patient. Brain, 126(2), 267-275.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Educar en tolerancia, cuando la diferencia enriquece y no asusta.

Imagina que estás en la cola del supermercado y de repente tu hijo de tres años señala con el dedo a otro niño y te pregunta en voz alta, “mamá, ¿por qué ese niño tiene la piel marrón?”. A medida que las cabezas se giran y te observan, la vergüenza nos invade. Es comprensible que puedas preocuparte por aquello que imaginas que estarán pensando esos adultos cuya atención ha sido captada por la pregunta de tu hijo: “¿qué van a pensar de mí como padre/madre?”, “¿qué respondo a mi hijo/a?”… O incluso, puede que te preocupe el origen de este cuestionamiento, “¿por qué me pregunta esto? ¿mi hijo tiene prejuicios?”

Cuando los padres se encuentran ante estas situaciones deben saber que al hacer este tipo de preguntas, los niños en edad preescolar no están juzgando. Pueden notar diferencias en la apariencia, pero generalmente todavía son inocentes en cuanto a los estereotipos que sí podemos tener los adultos. En este sentido se debe más a su curiosidad natural acerca de cómo es el mundo y su deseo por definirse e identificarse como individuos, siendo este habitualmente el motivo por el que hacen preguntas al respecto del color de piel, orientación sexual, sexo-género, etc. Por este motivo, nuestra respuesta debe ser también natural.

Foto extraída de momentsaday.com
Foto extraída de momentsaday.com

 

El que sean pequeños no debe ser un impedimento para aprovechar estas situaciones y enseñarles valores positivos respecto a la tolerancia. De hecho, ésta podría ser una oportunidad para enseñarle cómo las personas debemos tratarnos entre sí y comportarnos, pudiendo transmitirle una visión del mundo como un lugar mucho más interesante y rico gracias a la diversidad. Explicarles que las personas somos diferentes entre sí, que todos tenemos particularidades y diferencias que nos hacen únicos y especiales, pero que a la vez también nos asemejamos.

Sin una participación activa de los padres en este tema desde el principio, corremos el riesgo de no ser nosotros los que le transmitamos estos valores, dejando como modelo a otras fuentes, repletas de prejuicios y estereotipos acerca de las personas y sus diferencias. Esta transmisión puede ser espontánea y natural, a partir de los comentarios que nosotros mismos hacemos de las diferencias que encontramos en otras personas, ya sea en la calle, en el centro escolar o bien en la televisión o el cine. Asimismo, las actitudes no explícitas que desplegamos van guiando al niño/a sobre qué opinión deben tener sobre las diferencias observables en los otros. Por ejemplo, si cuando al caminar por la calle nos cruzamos con una persona de diferente procedencia étnica y sujetamos al niño para acercarlo a nosotros, le estaremos transmitiendo un mensaje claro basado en la desconfianza y en un estereotipo negativo sobre ese grupo étnico. Estas comunicaciones implícitas son tan o más potentes que cualquier mensaje intencionado por parte de los padres.

Más adelante, cuando sea un poco más mayor puede que en alguna ocasión haga algún comentario insensible sobre otra persona; en este momento debemos, con calma, intentar que se ponga en el lugar del otro, que comprenda cómo podría sentirse él o ella si es despreciado por otros. Cuando sea un poco mayor podemos abordar la intolerancia de una forma un poco más elaborada, explicando que “a veces la gente tiene miedo de que otra persona sea diferente y esto les hace actuar de forma incorrecta hacia el otro, lo que les aparta de conocer mejor a esa persona. Ni el color de piel, ni la procedencia, ni la orientación sexual, ni la religión o ausencia de religión, o cualquier otra característica define a las personas”.

Trata a tu hijo/a con respeto. Si tu hijo/a se siente bien consigo mismo y está seguro de su lugar en el mundo, será menos propenso a tener miedo de la gente que es diferente de él o ella. Un niño que se siente seguro y tiene una imagen positiva de sí mismo no tendrá necesidad de poner a la otra persona por debajo para sentirse valioso. Vivir con la idea de que el mundo es un escenario hostil, donde las personas diferentes son una amenaza, nos hace sentir inseguros, ansiosos y limitará nuestras relaciones con los demás. Vivir sin odio a lo desconocido nos hace más felices y facilita la creación de un mundo mejor para las generaciones venideras.

Fuente: Psychology Today, tolerance.org

Escrito por María Rueda

 

 

 

Vuelta al cole: cómo ayudar a tu hijo a enfrentar ese primer día

Las vacaciones han llegado a su fin. Tras los calurosos meses de verano se aproxima el comienzo de las clases. Esta semana toca volver al cole. Las situaciones nuevas pueden ser difíciles para muchos niños. Volver al colegio puede estar repleto de cambios: una clase nueva, un profesor o profesora distinto, asignaturas, responsabilidades… Piensa cómo estarías de ansioso si empezaras un nuevo trabajo cada año de tu vida y entonces sabrás qué experimentan los niños al empezar el año escolar. A continuación os explicamos algunas formas de reducir la ansiedad que experimenta tu hijo con la vuelta al cole.

foto extraída de estudiantesdedoxa.com
foto extraída de estudiantesdedoxa.com

1) Retoma la rutina antes de que vuelvan al colegio. Empezar a irse a la cama y levantarse a las hora a la que se acuestan y levantan durante el curso, puede ayudar a tu hijo a volver a adaptarse paulatinamente ante la vuelta.

2) Habla con tu hijo/a sobre cómo se siente al volver a la escuela y valida sus emociones. A menudo tratamos de calmar nuestros hijos diciendo cosas como “No tengas miedo, no va a pasar nada» o «es una tontería que te preocupes». Sin embargo, esto no ayuda, imagínate que estuvieras preocupado por algo y alguien te dijera que no te preocupes, sin más. ¿podrías dejar de preocuparte? Por lo general, esto sólo hace que el niño sienta que no está bien sentir lo que siente y que por lo tanto no es correcto expresar emociones como el miedo. En cambio, es recomendable validar aquello que siente diciéndole que es normal que sienta miedo y que todos tenemos miedo en alguna ocasión. Puedes transmitirle que cuando sentimos miedo podemos aprender a manejar la ansiedad y enfrentar aquello que nos da miedo. Anímale a que explique con sus palabras qué cosas son las que le inquietan de volver y estimúlale para que pueda darle otra interpretación.

3) Anima a tu hijo a identificar las cosas positivas y excitantes de volver al colegio; ver de nuevo a los amigos, retomar actividades que le gusten dentro y fuera de la escuela. Si puedes ayudarle a equilibrar las cosas positivas y las que le asustan, él o ella también puede convertir el volver al colegio como algo atractivo.

4) Preparad algo especial para acabar el día. Algo como una cena especial para acabar el primer día de colegio, hacer una actividad agradable juntos… Explícale que el primer día de clases es un día emocionante y debido a eso, hacemos algo especial para celebrarlo. Esto le dará al niño una razón para esperar de forma positiva el primer día de clases.

5) Deja que sea tu hijo tome algunas decisiones, elegir qué mochila o estuche llevar al colegio, qué tomar en el recreo… Cuando un niño tiene que ir a la escuela y no quiere, puede sentir que las cosas están fuera de su control. Ir al colegio no es una opción, pero cosas como lo que desayunar o la mochila que usar son pequeñas acciones dentro de su control. Tener control sobre algunos aspectos puede ayudar al niño a sentirse bien, lo que puede facilitar el hecho de ir al colegio.

6) Mantén la calma. Si los niños nos ven muy nerviosos por el comienzo de las clases, ellos se sentirán más estresados. Los niños miran a sus padres para determinar cómo reaccionar a las situaciones. Si permanecemos en calma y con una actitud positiva sobre el hecho de volver al colegio, es más probable que los niños resuenen con eso. No se trata de fingir, sólo trata de mantener la calma y recordar las cosas interesantes y positivas de que tu hijo vuelva a la escuela.

Recuerda que la ansiedad disminuye de forma natural y la ansiedad de tu hijo/a también lo hará. Así que permite que tu hijo descubra cómo la ansiedad puede desaparecer si nos enfrentamos a aquello que la produce. Dejar de llevar al niño al colegio porque se siente nervioso hace que la ansiedad se mantenga. Hablar con él o ella, ayudarle a darle significados positivos a esos pensamientos que le asustan y animarle a enfrentarse a ese primer día de colegio, le da recursos para afrontar y manejar la ansiedad. De estas pequeñas experiencias del día a día es de donde se extraen las herramientas para luchar en las grandes encrucijadas de la vida. ¡Os deseamos un especial primer día de colegio!

Fuente: psychologytoday.com

Escrito por María Rueda

Lo que convierte a Clark Kent en Superman

Para ayudar, no se necesitan súper-poderes…o casi. El altruismo y las conductas de ayuda son uno de los estándares mejor valorados en nuestra sociedad, pero no todos lo practican y mucho menos se exponen a situaciones que pueden suponer un perjuicio a su seguridad.Estudiar qué factores pueden explicar estos actos orientados a los demás puede ayudarnos no sólo a caracterizar el hipotético perfil psicológico de nuestros héroes favoritos, sino también a promover determinadas actitudes y conductas para que las conductas de ayuda no estén al alcance de “algunos elegidos”. Aquí van algunos factores que nos ayudan a esclarecer lo que hacen de Superman todo un Superhombre:

Foto Extraída de:  www.imagenesparaperfilesdewhatsapp.com
Foto Extraída de:
www.imagenesparaperfilesdewhatsapp.com

Para ser Superhéroe, lo primero hay que creérselo. Aunque todos tenemos la capacidad de ayudar, no todos calzamos leotardos y saltamos al fuego cuando notamos una situación de alerta. Para ser un Superhéroe, hay que identificarse como tal, saber que una de tus prioridades es la ayuda a los demás, estés donde estés y sea la ayuda la que sea. Hasta se han creado curiosas iniciativas (HIC, cuyas siglas en español significarían algo así como “Proyecto de Imaginación Heroica”) en el que se promueven este tipo de actitudes y enseñan a sus usuarios las conductas de ayuda y la forma más efectiva de hacerlas

Ser capaz de prestar atención a tu alrededor y actuar. Íntimamente relacionado con la atención plena, hablamos de prestar atención a lo que está ocurriendo en la situación de ayuda y ejecutar las acciones que se piden en la situación de emergencia. Si estás en consonancia con tu contexto, serás más capaz de escuchar a tu vecino de mesa sufrir un atragamiento y utilizar la Maniobra de Heimlich. Las situaciones de ayuda implican rapidez en el análisis y en la toma de decisiones, y una actitud abierta a la experiencia podría ayudarte en ser el primero en actuar exitosamente en una situación de peligro.

Tener perspectivas de auto-eficacia. La auto-eficacia está relacionada con la capacidad de predecir un éxito en las diferentes acciones que nos propongamos y ser capaces de atribuirnos el éxito cosechado a nuestras propias cualidades por encima de otro tipo de consideraciones. Por ello, una persona con altas expectativas de auto-eficacia se mostrará más predispuesto a iniciar antes la acción que una persona con poca auto-eficacia, mostrar menos reservas con respecto a su capacidad en la situación de ayuda, perseverar en lo que esté haciendo a pesar de las dificultades y mostrar una mayor tolerancia a la frustración, lo que provocará una disposición natural a este tipo de acciones (heroicas) por muy peligrosos que sean los obstáculos que encuentre.

Presentar grandes dosis de empatía. Reaccionar positivamente a las reacciones de los demás y ser capaz de detectar el sufrimiento y el dolor ajeno nos hace más capaces de ayudar en los momentos que realmente las personas necesitan ayuda. No sólo en prepararnos psicológicamente para esa ayuda, también en qué tipo de apoyo necesita la persona en ese preciso instante.

.Y no temer al miedo y al riesgo. En diferentes investigaciones que estudian el altruismo se ha relacionado cierto grado elevado de psicoticismo con las conductas de ayuda. En este caso, más conectado con no temer las consecuencias de sus acciones y en ese sentido, con no temer al riesgo y el hecho de saltarse las normas. Como os imagináis, muchas situaciones extremas ayudar a una persona suponen un peligro tanto para la persona necesitada como para la persona que auxilia. Este punto no actúa de manera imprescindible como los otros cuatro; en efecto, esta ausencia de temor a las consecuencias sólo aparece en las llamadas “situaciones de altruismo extremo”, y explicaría situaciones de cómo una persona es capaz de ponerse en medio de la carretera con tal de que una viejecita no fuera arrollada por un coche a toda velocidad, sin tener en cuenta su riesgo personal y arriesgando su integridad en el proceso, quedando perfectamente explicado con la expresión: “niños, estoy no lo intentéis en casa”.

Ser un superhéroe es un bien muy preciado, y atendiendo a la forma en la que podemos desarrollar y manifestar estas características podría servir para crear una sociedad más basada en la empatía, el altruismo y la conducta prosocial. No todos podemos salvar a alguien de un edificio en llamas, pero sí podemos aportar nuestro pequeño granito de arena.

Fuente: Psychology Today, Psychcentral.

Escrito por David Blanco Castañeda

Cosas que es mejor no decir: frases a evitar en la comunicación con tus hijos

Todos aquellos que son padres o madres se han visto alguna vez en la situación en la que aun habiendo dicho que “no” se encuentran sumidos en una discusión con su hijo o hija. Si a esto le añadimos un contexto en el que estamos cansados después de estar todo el día fuera de casa trabajando, es de entender que por nuestra boca se escapen frases que en frío sabemos que no deberíamos decir.

Extraído de elconfidencial.com
Extraído de elconfidencial.com

A pesar de que puede ser increíblemente difícil elegir nuestras palabras con cuidado en estos momentos, lo que decimos tiene un impacto significativo en nuestros hijos, sobre todo cuando se repite con regularidad. Si esas palabras habitualmente son duras o culpabilizadoras, se aumentan dramáticamente las probabilidades de que la relación con nuestros hijos sea complicada.

Aquí os mostramos tres cosas que debemos evitar decir a nuestros hijos:

 

  1. “Me estás volviendo loco/a!” Esta frase, y otras por el estilo, utilizan la culpa para motivar a nuestro hijo a cambiar su comportamiento. Sí, podemos sentir que nuestros hijos nos están impulsando a la pérdida de la cordura en ese momento, pero no es necesario que le informemos a ellos de esto. De hecho, expresar nuestros sentimientos de esta manera dramática y sin filtro puede empeorar la situación actual, y con el tiempo, generar un impacto negativo en la comunicación y relación. Además, estamos transmitiendo a nuestros hijos la idea de que son responsables de los sentimientos de las otras personas, algo que fomenta la baja autoestima y la ansiedad.
  1. “¿Por qué eres así?”  Al igual que con la primera frase que culpabilizaba, esta frase promueve la vergüenza para el cambio de comportamiento. Busca atribuir a un estado interno del niño la explicación a un acontecimiento, en lugar de reconocer que todas las situaciones son un producto complejo de muchos elementos, incluyendo nuestras propias percepciones, estados de ánimo, experiencias previas y expectativas. Por ejemplo, si sorprendes a tu hijo de cinco años de edad cortando en trozos su camisa favorita, podrías decir ¿por qué eres así? Pero está bien parar un momento y recordar que, sea cual sea la situación, las acciones de tu hijo son casi siempre un intento de satisfacer una necesidad percibida, como tu atención, o aprender información del medio y conocer dónde están los límites (qué pasa si hago X?), o simplemente necesitaba un poco de tela para su collage. Esto no quiere decir que no haya que censurar las acciones, consiste en no transmitir a los niños la idea de que son defectuosos y no centrar la atención en lo que está mal en ellos como personas, sino en lo que pueden hacer de manera diferente en el futuro para conseguir un resultado más positivo. Una vez más, debemos focalizarnos en los hechos concretos.
  1. “¡Si no haces X…, te vas a enterar!” Esta frase, y otras del estilo, utilizan el miedo para motivar al cambio. Debemos tener en cuenta de que estamos educando futuros adultos a los que dotamos de estrategias para su vida independiente. A través de nosotros, con nuestro ejemplo, les enseñamos que para conseguir lo que quieren es legítimo hacerlo a través de la intimidación. Por otra parte, este tipo de frases, es probable que con el tiempo erosionen la confianza y el respeto en la relación con nuestros hijos.

Lo que tienen en común estos tres ejemplos de frases “evitables” es que centran la atención en el niño como un todo, en lugar de en su comportamiento. En casi todas las situaciones, el problema en cuestión es lo que dijo el niño y/o hizo, y esto es lo que debe ser abordado. El uso de la vergüenza, la culpa o el miedo finalmente será contraproducente porque estas estrategias no se centran en el problema real (comportamiento), sino que expresan que el problema es tu hijo.

Podemos enseñar a los niños y adolescentes que su comportamiento es una opción, y debemos enfatizar que pueden aprender a tomar mejores decisiones. Hacer una mala elección no significa que sea una mala persona, significa que se ha equivocado y necesita más práctica y entrenamiento para hacerlo mejor la próxima vez.

Así que, ¿qué podemos decir en esos momentos difíciles con el fin de ayudar a nuestros niños a aprender a elegir mejor su comportamiento? Aquí os dejamos algunas alternativas de frases que podéis emplear en lugar de las “evitables”: “No me gusta este comportamiento, …”, “No me gusta cuando…”. Y lo más importante, después de eso, asegúrate de decirles por qué su comportamiento no es aceptable, y no olvides mostrarles qué podrían hacer diferente la próxima vez. Ayúdales a generar alternativas.


Fuente: psychologytoday.com

Escrito por María Rueda Extremera

El miedo…¿tan aterrador como lo pintan?

Foto extraída de www.exito-motivacion-y-superacionpersonal.com

Estos días pasados hemos celebrado Halloween, una fiesta que goza de gran popularidad y en donde jugamos con una de nuestras emociones  más potentes: el miedo. De este modo, miles de hogares y personas en el mundo se permiten, mediante disfraces elaborados y situaciones más o menos escalofriantes, disfrutar de ciertas dosis de miedo controlado y aceptado. Sin embargo, el miedo es una sensación que muchas veces hemos asociado a situaciones que implican cierto peligro, y que, en intensidades elevadas, pueden provocar respuestas cuyo objetivo busca asegurar nuestra supervivencia y frenar el impacto de lo que tanto estamos temiendo. Así, y a excepción de Halloween (u otras situaciones socialmente aceptadas, como los parques de atracciones), el miedo es considerado como algo desagradable y negativo, y cuyo máximo ejemplo de su poder incapacitante se encuentra en las situaciones donde la persona tiene miedo al miedo, tendiendo a huir o escapar del estímulo temido de manera generalizada, y limitando sus acciones al extremo para no encontrarse o experimentar temor.

Pero, ¿el miedo es algo intrínsecamente negativo? ¿Siempre está ligado a situaciones oscuras, monstruos sanguinarios o desgracias inminentes? No podemos olvidar que, como toda emoción, el miedo busca adaptarnos al miedo, y como ya hemos mencionado también, garantizarnos una supervivencia en una situación en la que se requieren decisiones inmediatas. Asimismo, nos marca el índice de peligrosidad, es nuestro termómetro del riesgo. Imaginemos un hombre que nunca tuviese miedo a nada, ¿Qué podría ocurrirle? ¿Estaría corriendo riesgos que podrían poner en peligro a él y su propio proyecto de vida?. El miedo puede ayudarnos a plantear soluciones de cómo estar a salvo, permitirnos reconocer las acciones necesarias para enfrentarnos a lo temido, y aprender a manejar una situación que antes veíamos como aterradora e inconcebible.

No obstante, esto es algo muy difícil y a veces implica grandes esfuerzos de la persona que tiene miedo. La persona huye de lo que teme (pongamos un jefe agresivo, el perro del vecino o incluso los pensamientos sobre una desgracia inminente) porque le supone un alivio, ya que creemos que nuestro miedo desaparece cuando desaparece lo que nos da tanto miedo. La persona cree que con eso desaparece su problema, pero, y si, efectivamente, al jefe le vieses todos los días, ¿sería efectivo correr al baño cada vez que entra por el pasillo? ¿Habría alguna forma de conseguir enfrentarse a él?

Lo primero es tener claro tus objetivos. No vas a dejar de presentarte a las reuniones  por tu jefe o salir al rellano porque el perro de tu vecino pueda enseñarte los dientes. Exponerte a su presencia y comprobar que puedes “aguantar” esa situación, comprobando que tras un periodo esa intensa sensación de miedo va disminuyendo, puede ser un comienzo.

Cambia tu lenguaje y tus pensamientos internos por otros más positivos, relacionados con tu capacidad. Visualízate llegando a cada objetivo, recreando en cómo te sentirías si lo consiguieras. Cuestiona los pensamientos negativos…¿por qué son más probables que los pensamientos negativos? ¿Es que nunca te comportaste de manera diferente?

Maneja tus propios recursos. Tu meta final se divide a su vez en multitud de metas más pequeñas, mucho más manejables y alcanzables. Céntrate en conseguir cada vez una, y no te plantees la siguiente hasta que no hayas conseguido la meta previa. Tu sentimiento de satisfacción irá en aumento.

Por último, aprende de la experiencia. Cada día puede ser una buena oportunidad para ir derribando miedos, para cambiar tu consideración hacia ellos. No anticipes, disfruta de cada paso porque cada uno te llevará al siguiente. Explora los resultados de tus acciones, comprueba si la realidad es distinta a como te la imaginaste. ¿Tiene algo que ver con lo que estás haciendo?

Recuerda: el miedo depende mucho de sí lo ves grande o pequeño respecto a ti, de si tú te ves grande o pequeño respecto a él. Todo es cuestión de tamaño, pero …. ¿quién dijo que eso era inmutable?. Y, sobre todo, ¿no dijimos que también el miedo te ayudaba a sobrevivir?

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: huffington Post, El País, Psychology Today, PsycCentral.

Terriblemente emocionados o por qué disfrutamos con el miedo (Especial Halloween)

Ahora que se acerca la fiesta de Halloween, que todos los supermercados y centros comerciales se llenan de calaveras, fantasmas y demás ornamentación “terrorífica”, me pregunto ¿por qué nos gusta pasar miedo?

El miedo es una emoción que conlleva una reacción en cadena que comienza con un estímulo estresante y termina con la liberación de sustancias químicas que provocan el aumento, entre otras cosas de la tasa cardiaca, respiración acelerada y tensión muscular. Esto prepara a nuestro cuerpo para dar una respuesta de lucha o huida. El miedo, como cualquier otra emoción, es necesario para la supervivencia. El estímulo bien podría ser una araña, una pistola que nos apunta, un auditorio lleno de gente que nos mira esperando a que empecemos a hablar o el golpe de la puerta al cerrarse repentinamente. ¡Vale! Pero si hay muchas personas a las que algunas de estas cosas les generan auténtico sufrimiento ¿por qué muchas otras encuentran divertido pasar miedo, hasta tal punto que incluso pagan por una entrada de cine o una visita a la casa del terror?

Existen diferentes teorías, pero parece ser que la clave está en la percepción de riesgo. Esto quiere decir que, si entendemos que no existe un peligro real y que por tanto nuestra supervivencia está garantizada, esta experiencia repleta de adrenalina resultará agradable. Disfrutamos porque la experiencia es finita, es decir, nuestro organismo se expone al estímulo terrorífico con sus características estresantes que hace disparar todas las alarmas automáticas, pero sabemos que va a tener fin y no va a haber ninguna consecuencia fatal. Por el contrario, en los trastornos de ansiedad creemos y sentimos que estamos en peligro. Aquellas personas que sufren estos trastornos tienden a evitar acercarse a aquello que les da miedo, privándose a sí mismas de esta “sensación de fin”, lo que perpetúa su miedo y sentimientos de incertidumbre.

Racionalmente sabemos que nuestra vida no corre peligro al aparecer un zombie en la pantalla, pero el procesamiento cortical racional es “lento”, y como nuestra supervivencia depende de lo rápidos que seamos, nuestro organismo está preparado para reaccionar a gran velocidad sin ni siquiera darnos tiempo a pensar (vías subcorticales: tálamo – amígdala – hipotálamo), haciéndonos soltar un sonoro grito en mitad del cine. Esa descarga de adrenalina seguida del alivio garantiza la diversión. ¿Y por qué gritamos o nos agarramos al brazo de nuestro acompañante? Pues principalmente porque la expresión de la emoción a través del rostro y el cuerpo sirve para comunicar a nuestro grupo que estamos en peligro, y esto es lo que podemos ver claramente en #esta galería de fotos# (http://www.bbc.co.uk/mundo/video_fotos/2013/10/131009_galeria_fear_factory_terror_halloween_jg.shtml)  tomadas en el interior de un pasaje del terror. Ante un estímulo amenazante tendemos a buscar la protección mutua. Y todos sabemos que siempre es mejor pasar el mal trago juntos. Feliz Halloween… mejor, ¡acompañado!

 

Escrito por: María Rueda Extremera

Crecer manejando la ansiedad (I)

La ansiedad es un síntoma muy frecuente que seguramente todos nosotros hemos experimentado o lo haremos en algún momento de nuestra vida. Los niños y adolescentes tampoco están exentos de enfrentarse a esas sensaciones tan desagradables en momentos puntuales, lo cual no significa la presencia de un trastorno. ¿Cómo puedes ayudar a tus hijos a reducir la ansiedad y el estrés? Aquí te damos algunos consejos que iremos ampliando en un siguiente post:

Anímalos a enfrentar sus miedos. Cuando una situación nos produce miedo tendemos a evitarla. Evitar este tipo de situaciones hace que la ansiedad se mantenga. En cambio, si ayudamos a que el niño se enfrente a sus temores, aprenderá que la ansiedad se reduce naturalmente por sí sola con el tiempo.

Transmíteles que está bien ser imperfecto. En ocasiones creemos que es necesario que nuestros hijos tengan un gran éxito en los deporte, el colegio y demás actividades que realizan. Pero algunas veces olvidamos que los niños necesitan ser niños, y transmitimos que deben ser los mejores, olvidando que lo importante es disfrutar de aprender. Esto no quiere decir que no les inculquemos el valor del esfuerzo, sino que debemos animar a nuestros hijos a que trabajen duro y a la vez acepten, y aceptar nosotros sus propios errores y dificultades.

Céntrate en lo positivo. Frecuentemente los niños que sufren ansiedad y estrés pueden perderse en pensamientos negativos y ser muy autocríticos, viendo el vaso medio vacío en lugar de medio lleno y preocupándose en exceso por el futuro. Cuanto más te centres en los atributos buenos de tu hijo y los aspectos positivos de una situación, más le ayudaremos a ser positivo.

Planifica actividades relajantes. Los niños necesitan tiempo para relajarse y ser niños. Por desgracia, a veces incluso actividades divertidas, como los deportes, pueden llegar a estar más enfocadas en el éxito que en la diversión. En cambio, es importante asegurarse de que tu hijo juega para pasarlo bien. Puedes introducir momentos de ocio, en los que jugar con el único objetivo de pasar un rato agradable y divertido.

A lo largo de la vida todos nos vamos a encontrar con dificultades que nos generarán ansiedad, facilitarle a tu hijo o hija herramientas útiles para manejarla es una pieza más de ese puzle tan complejo y bonito que es educar.

Fuente: Psychology Today

Escrito por: María Rueda Extremera