Terriblemente emocionados o por qué disfrutamos con el miedo (Especial Halloween)

Ahora que se acerca la fiesta de Halloween, que todos los supermercados y centros comerciales se llenan de calaveras, fantasmas y demás ornamentación “terrorífica”, me pregunto ¿por qué nos gusta pasar miedo?

El miedo es una emoción que conlleva una reacción en cadena que comienza con un estímulo estresante y termina con la liberación de sustancias químicas que provocan el aumento, entre otras cosas de la tasa cardiaca, respiración acelerada y tensión muscular. Esto prepara a nuestro cuerpo para dar una respuesta de lucha o huida. El miedo, como cualquier otra emoción, es necesario para la supervivencia. El estímulo bien podría ser una araña, una pistola que nos apunta, un auditorio lleno de gente que nos mira esperando a que empecemos a hablar o el golpe de la puerta al cerrarse repentinamente. ¡Vale! Pero si hay muchas personas a las que algunas de estas cosas les generan auténtico sufrimiento ¿por qué muchas otras encuentran divertido pasar miedo, hasta tal punto que incluso pagan por una entrada de cine o una visita a la casa del terror?

Existen diferentes teorías, pero parece ser que la clave está en la percepción de riesgo. Esto quiere decir que, si entendemos que no existe un peligro real y que por tanto nuestra supervivencia está garantizada, esta experiencia repleta de adrenalina resultará agradable. Disfrutamos porque la experiencia es finita, es decir, nuestro organismo se expone al estímulo terrorífico con sus características estresantes que hace disparar todas las alarmas automáticas, pero sabemos que va a tener fin y no va a haber ninguna consecuencia fatal. Por el contrario, en los trastornos de ansiedad creemos y sentimos que estamos en peligro. Aquellas personas que sufren estos trastornos tienden a evitar acercarse a aquello que les da miedo, privándose a sí mismas de esta “sensación de fin”, lo que perpetúa su miedo y sentimientos de incertidumbre.

Racionalmente sabemos que nuestra vida no corre peligro al aparecer un zombie en la pantalla, pero el procesamiento cortical racional es “lento”, y como nuestra supervivencia depende de lo rápidos que seamos, nuestro organismo está preparado para reaccionar a gran velocidad sin ni siquiera darnos tiempo a pensar (vías subcorticales: tálamo – amígdala – hipotálamo), haciéndonos soltar un sonoro grito en mitad del cine. Esa descarga de adrenalina seguida del alivio garantiza la diversión. ¿Y por qué gritamos o nos agarramos al brazo de nuestro acompañante? Pues principalmente porque la expresión de la emoción a través del rostro y el cuerpo sirve para comunicar a nuestro grupo que estamos en peligro, y esto es lo que podemos ver claramente en #esta galería de fotos# (http://www.bbc.co.uk/mundo/video_fotos/2013/10/131009_galeria_fear_factory_terror_halloween_jg.shtml)  tomadas en el interior de un pasaje del terror. Ante un estímulo amenazante tendemos a buscar la protección mutua. Y todos sabemos que siempre es mejor pasar el mal trago juntos. Feliz Halloween… mejor, ¡acompañado!

 

Escrito por: María Rueda Extremera

Crecer manejando la ansiedad (I)

La ansiedad es un síntoma muy frecuente que seguramente todos nosotros hemos experimentado o lo haremos en algún momento de nuestra vida. Los niños y adolescentes tampoco están exentos de enfrentarse a esas sensaciones tan desagradables en momentos puntuales, lo cual no significa la presencia de un trastorno. ¿Cómo puedes ayudar a tus hijos a reducir la ansiedad y el estrés? Aquí te damos algunos consejos que iremos ampliando en un siguiente post:

Anímalos a enfrentar sus miedos. Cuando una situación nos produce miedo tendemos a evitarla. Evitar este tipo de situaciones hace que la ansiedad se mantenga. En cambio, si ayudamos a que el niño se enfrente a sus temores, aprenderá que la ansiedad se reduce naturalmente por sí sola con el tiempo.

Transmíteles que está bien ser imperfecto. En ocasiones creemos que es necesario que nuestros hijos tengan un gran éxito en los deporte, el colegio y demás actividades que realizan. Pero algunas veces olvidamos que los niños necesitan ser niños, y transmitimos que deben ser los mejores, olvidando que lo importante es disfrutar de aprender. Esto no quiere decir que no les inculquemos el valor del esfuerzo, sino que debemos animar a nuestros hijos a que trabajen duro y a la vez acepten, y aceptar nosotros sus propios errores y dificultades.

Céntrate en lo positivo. Frecuentemente los niños que sufren ansiedad y estrés pueden perderse en pensamientos negativos y ser muy autocríticos, viendo el vaso medio vacío en lugar de medio lleno y preocupándose en exceso por el futuro. Cuanto más te centres en los atributos buenos de tu hijo y los aspectos positivos de una situación, más le ayudaremos a ser positivo.

Planifica actividades relajantes. Los niños necesitan tiempo para relajarse y ser niños. Por desgracia, a veces incluso actividades divertidas, como los deportes, pueden llegar a estar más enfocadas en el éxito que en la diversión. En cambio, es importante asegurarse de que tu hijo juega para pasarlo bien. Puedes introducir momentos de ocio, en los que jugar con el único objetivo de pasar un rato agradable y divertido.

A lo largo de la vida todos nos vamos a encontrar con dificultades que nos generarán ansiedad, facilitarle a tu hijo o hija herramientas útiles para manejarla es una pieza más de ese puzle tan complejo y bonito que es educar.

Fuente: Psychology Today

Escrito por: María Rueda Extremera