Nueve experimentos de la Psicología que son replicados con éxito

Extraída de http://sostenibilidad.semana.com
Extraída de http://sostenibilidad.semana.com

La replicabilidad en las investigaciones es uno de los máximos objetivos en todo proyecto científico, y actualmente es uno de los temas que más preocupan, conscientes de la necesidad de robustez y validez en la ciencia psicológica.  De esta forma, en el año 2015 se lanzaba el proyecto Reproducity Proyect: Psychology, el mayor esfuerzo conjunto para replicar los resultados en psicología. Los resultados fueron poco alentadores; a pesar de contar con muchos de los propios autores de los distintos estudios para conseguir dicha meta, sólo se consiguió repetir las conclusiones en un 39% de los casos. En algunos casos incluso encontrando resultados contrarios a los experimentos originales. Aunque podría parecer desesperanzador, la mayoría de investigadores fueron optimistas a la hora de hacer autocrítica, considerando estos resultados como una llamada de atención y como el principio para mejorar los mecanismos de financiación y los incentivos a los investigadores, que a veces se van abocados a realizar investigaciones novedosas por encima de su probabilidad de replicabilidad para seguir con carrera investigadora.

Por ello, han surgido toda una serie de investigaciones que buscan mejorar y replicar los resultados para salir de esta crisis en el campo. De este modo, se han replicado positivamente resultados relacionados con la psicología cognitiva y procesos como la memoria, la atención o la capacidad de aprendizaje. En este caso, los resultados se obtuvieron a partir de la plataforma para encuestas de Amazon Mechanical Turk, donde los participantes tuvieron que realizar dos veces cada experimento para comprobar la validez de los mismos. Los nueve efectos cognitivos que demostraron robustez fueron:

  • El efecto Simon: Hace referencia a la tendencia de la persona a responder hacia la dirección de aparición del estímulo, de manera que le ejecución de las tareas es menor si el estímulo que se presenta exige una respuesta contraria. Los participantes fueron más rápidos si el estímulo presentado aparecí en el mismo lado de presentación del estímulo. Este efecto tiene grandes implicaciones a la hora de diseñar interfaces para ordenadores.
  • La Tarea de Flankers: Es una tarea de inhibición de la respuesta. Como predice el efecto, los participantes dan respuestas más rápidas y eficaces cuando el estímulo diana a elegir coincide con la forma de los estímulos irrelevantes. En el experimento, contestan más rápido si el estímulo diana (una vocal) está rodeado de otras vocales que si lo que rodea a esa vocal son consonantes. Con ello, se demuestra que no podemos dejar de procesar lo irrelevante del todo.
  • Priming Motor: El efecto priming habla sobre la memoria implícita, en la medida de que estímulos presentados previamente (llamados “primos”) a una tarea pueden influir en el rendimiento de la misma. En la prueba, los participantes tienen que repetir y reproducir una respuesta acorde con el estímulo que se presentan (ejemplo: estímulo flecha a la izquierda, los participantes dan a la tecla flecha izquierda). Si se les presenta un primo precedente igual a la respuesta que tienen que dar, la respuesta es mucho más rápida. Si por el contrario, el primo señala el camino incorrecto, la respuesta de los participantes es más lenta.
  • Priming asociativo: los participantes tienen que decir lo más rápido posible si las palabras que se presentan eran reales o no. Esto mejora considerablemente si a los participantes se les presenta un estímulo primo previo relacionado con las palabras reales a señalar. Este efecto demuestra que la activación se propaga en redes relacionadas de información en nuestra mente.
  • Priming de repetición: se pasan listas de palabras frecuentes e infrecuentes varias veces, y la persona tiene que determinar si las palabras son reales o no. Como en las pruebas de priming anteriores, el rendimiento mejora si las palabras a discriminar se han pasado previamente, y es más pronunciado para las palabras infrecuentes, demostrando una curiosa relación entre memoria a corto plazo (por lo cercano de la presentación) y la memoria a largo plazo (si las palabras han sido almacenadas o no).
  • Falsas memorias: En la prueba, se pasan secuencias de palabras relacionadas unas con otras. En las pruebas de reconocimiento posterior, los participantes son más propensos a decir que cualquier palabra nueva está en las listas previas si tienen un significado similar a la secuencia de palabras relacionadas que si no tenían nada que ver. Este efecto muestra la notable falibilidad de nuestra memoria.
  • Efecto de la Posición Serial de la Información: A los participantes se les da una lista de 20 palabras, y en efecto, se muestra como se tiende a recordar aquellos estímulos que estan situados al principio y al final de la lista.
  • Simulación de forma: Para estudiar este efecto, se facilita pares de imágenes y oraciones. Cuando se presentan los dibujos, los participantes deciden si lo que representa tiene que ver con la oración presentada previamente. El efecto se demuestra cuando el dibujo concuerda con lo representado en la frase, siendo la respuesta de los participantes más rápida. El efecto muestra la capacidad automática de representarnos visualmente lo que leemos.
  • Efecto del Espaciamiento: En el test, se presentó docenas de palabras, con palabras repetidas más de una vez (conocidas como “palabras presentadas de manera masiva”) con palabras presentadas de manera más espaciada. En las pruebas de recuerdo posterior, los participantes recuerdan más palabras presentadas de manera espaciada que “palabras presentadas de manera masiva”, un efecto básico en la adquisición del conocimiento, donde se aprende mejor cuando se divide el material a estudiar que si se estudia en una única sesión de memoria.

Así, se muestra como sí que hay muchos de los efectos estudiados que pueden reproducirse y confirmarse, aunque esto es más probable que se produzca cuando los procesos y efectos a estudiar son más fácil de encapsular y controlar para la investigación. Es importante seguir avanzando para mejorar la replicabilidad de los experimentos y los métodos para mejorar su verificación.

Escrito por David Blanco Castañeda.

4 acciones que influyen en tu estado mental

En la sociedad actual, continuamente estamos resolviendo problemas mentales. Gran parte de nuestros trabajos tienen un componente de mayor carga mental que física. Esto, sumado a que no necesitamos realizar apenas esfuerzos físicos para asegurar nuestra supervivencia hace que casi toda nuestra energía se oriente a el ejercicio mental.

extraída de wealthygorilla.com
extraída de wealthygorilla.com

Ya que esto es así, lo normal es que cuando tenemos problemas psicológicos tratemos también de resolverlos con el pensamiento. Lo que los psicólogos nos encontramos muchas veces es con personas que a través del uso del pensamiento tratan de resolver problemas que más bien suelen ser trampas mentales. El pensamiento positivo a veces se convierte en una manera de contrarrestar un pensamiento negativo y nos vemos envueltos en una especie de lucha con nosotros mismos de la que parece imposible salir. Muchas veces lo que más nos ayuda puede tener que ver con las acciones que llevamos a cabo, no sólo con los pensamientos que tenemos.

En psicología no existen las fórmulas mágicas, y estas cinco posibilidades no necesariamente harán que reduzcas esa forma de resolver los problemas con la mente en lugar de con la acción, pero al menos sí pueden ayudar en casos puntuales y han sido estudiados científicamente.

1. Camina para aumentar el ánimo. La actividad física es una manera demostrada de mejorar el estado de ánimo. No es necesario que sea una actividad física intensa, simplemente caminar alrededor de 30 minutos al día es suficiente para mejorar el ánimo en personas con depresión. El ejercicio físico aeróbico también influye positivamente sobre la calidad de vida y la salud mental en general, en personas sin problemas psicológicos.

2. Sonríe para aliviar el estrés. Aunque está claro que sonreir más no te vas a hacer una persona feliz, sí parece que la sonrisa tiene algunos efectos positivos. Cuando experimentalmente se obligó a sonreír a personas sometidas a una tarea estresante, aunque emocionalmente no se sentían mejor, sí se redujo su tasa cardiaca. Puede que no sientas los cambios, pero parece que fisiológicamente sí los hay, incluso cuando tenemos dolor, parece que es menos incómodo si estamos sonriendo.

3. Respira hondo para aumentar la atención. En la sociedad actual, es fácil que estemos haciendo más de una cosa a la vez. Cuando estamos en modo multitarea, nuestra atención disminuye y es complicado realizar tareas que requieren de mucha atención. Sin embargo, en ocasiones es necesario cambiar rápidamente de este modo multitarea a la concentración necesaria para una tarea continuada y sin interrupciones. Sentarse durante unos minutos y simplemente atender a contar las respiraciones aumentará tu capacidad de atención para una sola tarea.

4. Haz ejercicios de resistencia para combatir la ansiedad. Tener ansiedad es una de las sensaciones más desagradables que se pueden sentir. Cuando comienzas a sentirla, seguramente ya conozcas varias maneras en las que la ansiedad te ayuda a solucionar algo o las formas de regularla. Sin embargo, puede pasar que en un momento determinado necesites algún nuevo sistema. Está comprobado que los ejercicios físicos de resistencia como por ejemplo, levantar pesas, mejoran los problemas de ansiedad. Además, la intensidad de los ejercicios no tiene porque ser muy elevada, realizar este tipo de ejercicio a una intensidad moderada puede ser suficiente para que tenga efecto sobre la ansiedad.

Diferentes estudios han demostrado que las anteriores acciones tienen sus efectos sobre diferentes afectaciones psicológicas. Lo que hacemos con el cuerpo, las acciones que llevamos a cabo en el mundo y sobre nosotros mismos pueden ser muy poderosas sobre la forma en la que pensamos y sentimos. Sólo con esto, quizá no logremos afrontar todos los problemas, pero al menos, sí tendremos pequeñas estrategias que poner en marcha cuando no estemos pasando por el mejor de los momentos y podrán sernos de ayuda.

Fuente: Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Contestar (o no) a nuestras alertas de aplicaciones sociales: el nuevo gran dilema universal

Extraído de www.brebainfit.com
Extraído de www.brebainfit.com

Estoy escribiendo este artículo y de repente se me cuela una notificación misteriosa de Facebook. ¿Tengo que contestarla?. Es más, si me detengo unos breves segundos más, es posible que alce mi brazo para coger el móvil, donde las alertas del Facebook pueden sumarse a las de WhattsApp y me sorprenda a mi mismo contestando un par de mensajes…sólo un par. Es posible que después de varios minutos vuelva a mi trabajo principal, este artículo, y … ¿por dónde iba? ¡Maldita interrupción!

Efectivamente, este ejemplo que relato en primera persona es en realidad algo que nos pasa a todos casi en cualquier momento del día. La introducción de las nuevas tecnologías y dispositivos móviles en nuestra vida están modificando sensiblemente nuestra forma de atender y procesar la información.  Entre otras muchas cosas, nuestra propia capacidad de lectura y concentración ha cambiado. Si antes se fomentaba una lectura profunda de los textos (que aumenta la aparición de pensamiento relacional, la formación de conceptos y la creatividad), parece que ahora se tiende más a una lectura a modo de “ráfagas”, donde prima una lectura superficial y nos hace dependientes de información nueva o que nos entretenga, si bien ya no necesitemos la lectura del texto completo para encontrar un verdadero significado a lo que leemos.

Estos cambios tienen grandes implicaciones para nuestros hábitos, sobre todo entre los más jóvenes, aunque se ha visto que este efecto se produce por igual en todas las edades y profesiones. Ahora una lectura profunda ha de competir directamente con estos “vistazos”, de manera que muchas veces se hace realmente difícil resistir a tan diversas (e interesantes) distracciones.

No obstante, es muy frecuente pensar que esto es producto de la sociedad moderna, que tiende a exigirnos ser personas multitarea (multitasking, la capacidad de atender a diferentes estímulos de manera simultánea), y a veces estamos en lo cierto. También es verdad que no siempre es así, y que muchas veces nos sentimos multitarea cuando realmente estamos haciendo swicht tasking, esto es, un cambio de tarea de manera rápido y repentino en tareas que se realizan a la vez y que se traduce en un coste atencional adicional. Así, nuestra capacidad de concentración se ve mermada a favor de una búsqueda incesante de novedad informativa.

Y es que tal vez las nuevas tecnologías den de lleno en la diana adecuada. El cerebro es un buscador de información novedosa, y las notificaciones lo son (aunque no siempre nos sea útil). Con cada cambio de tarea, se activa el neurotransmisor dopamina, íntimamente relacionado con los sistemas de recompensa en el cerebro, que favorece la frecuencia de conductas relacionadas con la exploración de información entretenida en decrimento de la lectura profunda (y el pensamiento profundo), de manera que es el mismo cerebro quién recompensa la perdida de concentración en una tarea, estableciéndose un círculo vicioso del que nos resulta difícil escapar. Y sí, recuerda a cómo funcionan los mecanismos de acción de las adicciones, aunque a una menor escala.

Además, se ha demostrado que estas interrupciones son mucho más disruptivas si somos nosotros mismos quienes las provocamos, incluso más que si nuestro móvil u ordenador tiene todas las alertas de notificaciones activadas. Así, se observó que el tiempo global en hacer la tarea y la dilatación de la pupila (un medidor esencial del esfuerzo cognitivo) era mayor cuando nosotros tomábamos la decisión consciente de interrumpir nuestra tarea para prestar atención a las notificaciones que no hace mucho no miramos. Estamos más tiempo con ellas que si salta una notificación instantánea (externa) en nuestra pantalla; ya que en ese caso somos capaces de atender a esa demanda y en cuanto esté cubierta seguimos con nuestro trabajo. Esto ha hecho plantear a los expertos la posibilidad de crear aplicaciones que salten instantáneamente de acuerdo a la dificultad o al momento en el que estemos haciendo una tarea, consiguiendo en un futuro que la interferencia no sea tan notable y la productividad de las personas en el trabajo no sea tan perjudicada.

De cualquier modo, es posible que hayan sido miles las interrupciones externas (o auto-interrupciones) que se han producido en la escritura de este artículo. Tal vez sea una manera de boicoteo o más bien que yo mismo represento esta nueva realidad en el procesamiento de la información. Una adaptación rapidísima de nuestra especie y que dice, una vez más, el impresionante potencial de las nuevas tecnologías en nuestra vida cotidiana.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes: BBC, Europa Press, Diario El País, Babelia, BPS Research Digest.

No quiero pensar en negativo

Ya hablamos en otra ocasión de algunas técnicas que eran eficaces experimentalmente en la supresión de pensamientos negativos y dañinos para la persona. Aunque típicamente lo que queremos hacer es luchar contra estos pensamientos, parece que en muchas ocasiones el efecto que produce esta lucha, además de desgastar emocionalmente, es de un incremento de estos pensamientos negativos.

Generalmente, cuando percibimos este incremento ante nuestra oposición no solemos ser conscientes de que es por este motivo, sino simplemente sentimos que cada vez son más perturbadores, intensos y frecuentes. Por esto, os queremos proponer algunas técnicas más  para lograr que se reduzcan a largo plazo. Y no tratan de luchar contra ellos.

Extraída de pixabay.com
Extraída de pixabay.com

Exposición y aproximaciones paradójicas

Con la estrategia de exponernos a los pensamientos negativos, lo que tratamos de hacer es dar al pensamiento el valor que se merece, es simplemente algo que aparece en nuestra mente y no tiene porqué hacer daño en el mundo real (aunque parezca que así va a ser). Ha sido demostrado en múltiples ocasiones que el invocar pensamientos negativos y así permitir que nos expongamos a ellos resulta muy debilitador para este estilo de pensamiento, especialmente cuando hemos tratado de luchar contra ellos en muchas ocasiones.

Esta estrategia puede realizarse de múltiples formas. Puede ser simplemente a nivel de pensamiento, invocando mentalmente los pensamientos dolorosos. También se realiza escribiendo todo lo negativo que pensamos para de algún modo lograr plasmarlo fuera de nosotros. En ocasiones se dice en voz alta e incluso muchas veces se “canta” el pensamiento negativo, de forma repetitiva, de manera que finalmente pierde el sentido y sobretodo se convierte en menos dañino, casi como cuando repetimos muchas veces la misma palabra y al final ni sabemos qué estamos diciendo.

Aceptación y compromiso

En cierto sentido es similar a la estrategia anterior, sin embargo, tiene la diferencia de que en lugar de “llamar” al pensamiento y obligarnos a pensarlo, simplemente consiste en dejar que aparezca y mantenernos sin tratar de evitarlo o de luchar contra él. Las técnicas que han sido estudiadas en este sentido suelen consistir en poner nuestro pensamiento en una imagen simbólica, lo cual requiere de cierta práctica.

Podemos hablar de que nuestros pensamientos negativos son vagones de un tren que miramos desde la estación, de hojas que pasan flotando en el agua en un río o similares. Estas imágenes nos permiten poner distancia entre el pensamiento y nosotros, de forma que la carga emocional negativa se reduce. Además, no sólo esto, sino que dejar de luchar y permitir que sean menos frecuentes a largo plazo. Esta aceptación de un cambio en la forma que nos relacionamos con los pensamientos que nos hacen daño, sobretodo cuando lo que llevamos haciendo toda nuestra vida es exactamente lo contrario, requiere de un importante compromiso con esta nueva forma de aceptación de pensamientos negativos.

Entrenamiento de la atención

Aunque pocos estudios han tratado de intervenir mediante esta estrategia, sí se ha observado en alguna ocasión que el entrenamiento de la capacidad atencional en sí misma, aunque no tenga relación con la supresión de pensamientos negativos, puede tener un efecto significativo sobre la reducción de los mismos. Un estudio muy significativo en este aspecto, consistía en entrenar a un grupo de pacientes con fobia social en la atención a caras con expresión emocional neutra. Durante el entrenamiento, los miembros de este grupo debían seleccionar específicamente las caras de personas con expresión neutra por encima de las que mostraban expresiones de miedo o asco.

Tras el entrenamiento de este tipo, la mitad de las personas que lo realizaron mostraron que los síntomas de ansiedad disminuyeron. Además, ellas mismas informaban de que no sentían estos niveles de ansiedad ante la exposición a otros. Esta mejoría además se prolongó en el tiempo. Aunque esta estrategia pueda ser complicada de llevar a cabo, sí nos da pie a pensar que podemos entrenarnos sistemáticamente en atender a estímulos menos amenazantes del ambiente como posibilidad para suprimir el pensamiento negativo.

Autoafirmación

Otra medida que se ha estudiado en menor medida para lograr una supresión de pensamientos negativos, aunque sí ha dado resultados positivos, es la autoafirmación. Aunque sea de forma indirecta, parece que trabajar en reafirmarnos en nuestros valores personales así como en nuestra valía funciona en este sentido. Expresar la afirmación de lo que nos hace adaptativos y moralmente adecuados. Cuando se ha tratado de fomentar la autoafirmación en un contexto experimental se pide que una persona se describa en un sentido positivo y ponga ejemplos de los valores que son importantes para la persona.

Cuando se induce este estado de pensamiento sobre uno mismo, se ha comprobado que se reduce la aparición de pensamientos sobre metas personales incompletas. Además, cuando se incentiva un pensamiento que incluye cualidades positivas sobre nuestra persona se reduce el estilo de pensamiento prejuicioso y negativo sobre uno mismo, de forma que es comprensible que a su vez los pensamientos negativos se suprimirían también. Sin embargo, esta estrategia es limitada respecto a la capacidad de suprimir otro tipo de pensamientos negativos que no sólo incluyeran el autoprejuicio o el castigo por el incumplimiento de metas propias.

Estas estrategias comprobadas en el laboratorio para la consecución de una supresión a largo plazo de pensamientos negativos pueden servirnos, como dijimos anteriormente, para terminar esta batalla contra nuestro propio pensamiento. Es cierto que probablemente no logremos que los pensamientos negativos desaparezcan de nuestra mente, y si tenemos este objetivo es seguro que fracasaremos. Simplemente con estas estrategias lo que deberíamos buscar es que la frecuencia de este estilo de pensamiento sea menor y sobretodo, y más importante, que el sufrimiento por éste se reduzca.

Fuente: American Psychologist

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org

Wegner, D. (2011). Setting free the bears: Escape from thought suppression. American Psychologist, 66 (8), 671-680 DOI: 10.1037/a0024985

Amir, N., Beard, C., Burns, M., & Bomyea, J. (2009). Attention modification program in individuals with generalized anxiety disorder. Journal of Abnormal Psychology, 118 (1), 28-33 DOI: 10.1037/a0012589

Las claves ocultas del coqueteo

Extraído de comotdaslollipop.blogspot.com
Extraído de comotdaslollipop.blogspot.com

El amor (siempre) está en el aire. Ya sea porque ayer disfrutamos de una de esas fiestas que lo celebran a bombo y platillo (San Valentín), las relaciones sentimentales, su inicio, mantenimiento o finalización nos despierta en todo momento muchísimo interés. Por supuesto, también a los investigadores del comportamiento interpersonal, que han publicado estos días un estudio que se centran en el lenguaje secreto que hay en el flirteo, considerado casi siempre el cultivo previo que permite el establecimiento de una relación sentimental (o al menos una relación afectivo-sexual) posterior.

En el mencionado estudio, defendido por investigadores de la Universidad de Arkansas, trataban de definir qué signos o evidencias de nuestro comportamiento dejaban claro que la otra persona estaría ligando con nosotros. Para ello, definieron  una serie de correlatos verbales y no verbales que se presuponen presentes en toda situación de flirteo; aduciendo que son éstos los que nos ayudan a interpretar de manera más fielmente las intenciones de las personas, siendo más frecuentes cuanto más interés tengamos por la persona con la cual estamos hablando. Además, propusieron cinco estilos fundamentales de interacción en el flirteo (tradicional, juguetón, sincero, físico y educado; cada uno en su vertiente masculina y femenina) que representaban las distintas formas de proceder de cada persona en esa situación.

Así, invitaron a 51 pares de parejas desconocidas entre sí (hombre y mujer siempre, la muestra era enteramente heterosexual) a tener una conversación desenfada de unos 10-12 minutos sobre lo que quisieran, en un escenario que incluía una mesa, unos utensilios para servirse café y sistemas de grabación para recoger el comportamiento de los participantes. Previamente se les había pasado un test para que describieran su estilo fundamental de interacción, para ver si esos mismos estilos se traducían en comportamientos definidos en la situación de flirteo.

Los resultados no dejaron lugar a dudas; en efecto, dependiendo del estilo interaccional que adoptase la persona en la situación de flirteo, las personas tendían a mostrar una serie de comportamientos bien definidos si la persona les interesaba románticamente.

Siguiendo las propias categorías propuestas por los investigadores, las personas que se definían así mismas como tradicionales (es decir, por una preferencia a adscribirse a los roles de género), los hombres tendían a llevar el peso de la interacción y adoptaban una actitud de proximidad y cercanía hacía la mujer, mientras que ellas optaban por dirigir suaves bromas a su interlocutor y mostrar sobre todo sus manos y hombros, en una actitud ligeramente displicente. En el estilo educado, sin embargo, se veía como aumentaba la distancia (orientándose su cuerpo hacía atrás) y el espacio entre interlocutores cuanto más interés tenían por el otro, dando lugar a un mayor número de equívocos y sin entender el otro que esa misma distancia iba a predecir la llamada por teléfono al día siguiente. El estilo sincero se consideró el estilo más efectivo y satisfactorio en estas interacciones, con un mayor número de revelaciones personales y mayor atención a la conversación  en el caso de los hombres, y un mayor número de presencia y cantidad de sonrisas por parte de las mujeres cuanto más interés tenían entre ellos, aumentando la sintonía emocional entre ambos. En el estilo físico, por el contrario, no se observaron los comportamientos que se esperaban en dicha situación (gran número de cumplidos y un gran uso de su lenguaje corporal para explicitar el interés sexual por el otro), mostrándose ineficaces, con menos verbalizaciones  y comentarios de interés al estar acostumbrados a otro tipo de contextos que no fuese necesario un contacto cercano con su flirteo de ese momento. Así, se reafirma la inexistencia de un único patrón posible en el flirteo; y la posibilidad de recurrir a cada estilo dependiendo del contexto y las dosis de intimidad que quiera uno volcar uno en ello.

Lo que queda claro con los resultados de este estudio es la dificultad de saber si le gustamos o no a la otra persona, al ver la gran variedad de comportamientos en los que se presenta el interés romántico. Sin embargo, no desesperemos; nuestros comportamientos son un  fiel reflejo de los sentimientos que sentimos hacia la otra persona, estar atento a esas pequeñas señales cuando interactuemos con ella puede ayudarnos a captar cuando la flecha de Cupido ha dado en la diana.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psyccentral.

El papel de la demora en la toma de decisiones eficaces.

En nuestra vida cotidiana, hay multitud de situaciones (por ejemplo, mientras conducimos) en las que se requiere una solución rápida y precisa, apoyándonos en nuestra rapidez y capacidad de reflejos para tomarlas. Sin embargo, nos asombramos la cantidad de veces que cometemos errores, sin comprender siquiera que nos ha movido a realizar dichas acciones.

Un equipo de investigadores liderados por Tobias Teichert (profesor asistente de la Universidad de Pittsburg) y Jack Grindband (colaborador del Instituto Taub para el Estudio de la Enfermedad de Alzheimer) han realizado un estudio que pretende arrojar luces a este respecto, y si cabe; proponer nuevas vías en el estudio del procesamiento de la información y toma de decisiones en seres humanos.

Según ellos, la clave para emitir la  mejor respuesta ante situaciones de solución rápida es, sencillamente, aplazar el inicio de la decisión a unos instantes posteriores a lo que solemos realizarlo habitualmente (de 50 a 100 milisegundos más). La razón es bien sencilla; ante cualquier situación, el cerebro ha de procesar e integrar una gran cantidad de información contradictoria, que muchas veces no ayuda para tomar la elección correcta. En un primer momento, el cerebro no puede distinguir entre información irrelevante e información relevante; moviéndose por la información más saliente en ese momento, aumentando la probabilidad de aumentar los errores y disminuyendo la precisión en la respuesta. Posponer unos milisegundos la toma de decisiones ayudaría al cerebro a procesar y filtrar lo importante de la situación, disminuyendo la comisión de fallos en su realización. Asimismo, propondrían que este mecanismo favorecería un control cognitivo en la toma de decisiones, a pesar de la rapidez con la que fuese necesaria la solución.

Para demostrar y secundar estos hallazgos, propusieron una tarea experimental a una muestra de 13 sujetos que realizaban dos tareas distintas. En la primera, mediante la realización de una tarea de ordenador, se les pedía a los participantes que observaban un enjambre de puntos móviles que se movían de manera muy rápida en la pantalla, y que contestaran lo más rápido posible en qué dirección (izquierda o derecha) se habían movido. En una segunda parte del experimento, los participantes tenían que hacer una tarea similar a la anterior, si bien se les marcaba con un sonido cuando debían emitir la respuesta. Los resultados fueron abrumadoramente consistentes; siendo las respuestas más precisas y eficaces cuando se les pedía aplazar la toma de decisión, esto es, en la segunda modalidad del estudio.

Si la mayoría de investigaciones anteriores defendían que la probabilidad de tomar buenas decisiones estaba predominantemente en la prolongación de la fase de toma de decisiones; la investigación de Teichert y Grindband supone un cambio en la consideración de los descubrimientos, y argumentan posibles implicaciones en el estudio de trastornos como el TDAH y la esquizofrenia, donde la probabilidad de comisión de errores es muy elevada ante la impulsividad y falta de planificación en las respuestas.  Un interesante estudio que nos habla, una vez más, de la intrincada relación entre el cerebro y la conducta humana.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: www.psychcentral.com

Amar apasionadamente perjudica seriamente nuestra cognición.

Cuando pensamos en “qué es eso de estar enamorados”, no podemos evitar esconder una sonrisa burlona al recordar la de acciones que hacemos al inicio de una relación romántica; cuando todo son mensajes, palabras bonitas y encuentros furtivos a medianoche. Que nos sentimos como enajenados en esos meses no supone ninguna novedad, y sin embargo, no encontramos numerosa literatura que ahonde en los efectos que nos produce el enamoramiento en nuestro propio sistema cognitivo.

Un equipo de investigación formado por psicólogos de la Universidad de Maryland y El Instituto Leider para el estudio del Cerebro y la Cognición han realizado una investigación publicada el pasado mes de noviembre en donde se pone a prueba la capacidad cognitiva de los participantes cuando éstos están en esta primera fase de “amor apasionado”.  En ella, y de acuerdo con las hipótesis planteadas en el estudio, se les presupone  a las personas una menor capacidad de control cognitivo;  es decir, una menor habilidad para seleccionar la conducta adecuada según las necesidades reales de la situación en cada momento; con efectos claros en su atención e impulsividad.

Para comprobar sus planteamientos, fueron aplicando las pruebas a 43 participantes heterosexuales con una relación que hubiese comenzado hace menos de 6 meses, y con edades comprendidas entre los 16 y 27 años.

Se utilizaron varias pruebas, cada una para recoger cada una de las variables a estudiar. Por un lado, la Escala de Amor Apasionado (PSL, Hartfield y Sprecher, 1986) que extraía las medidas de amor apasionado; con ítems que viraban desde el pensamiento intrusivo, el deseo permanente de unión o la necesidad de mantener contacto físico constante. Por otro, para las medidas de atención y capacidad cognitiva; el Test Stroop y la Tarea de Francos de Eriksen; con especificidad para detectar aquellos casos con capacidad para filtrar los estímulos distractores, ya fuesen presentados semánticamente o espacialmente.

Lo encontrado no dejó lugar a dudas; obteniendo los participantes puntuaciones consistentemente menores en las pruebas cognitivas, y confirmando las sospechas de sus autores de una menor capacidad de control cognitivo en etapas iniciales de una relación sentimental. Conclusiones que contrastaban con las investigaciones previas que pronosticaban una mayor estabilidad en aquellas relaciones donde los dos miembros tuviesen altos niveles de control cognitivo; con un tipo de amor más basado en la intimidad y el deseo por seguir la relación, y que garantizaría el mantenimiento de la relación a largo plazo.

Así, con los resultados obtenidos podemos concluir dos tipos de amor; un amor intenso e impulsivo, existente en los primeros meses de relación, con altos niveles de energía, dependencia emocional y pensamientos centrados en el otro, y un segundo amor; definido por anteriores investigaciones, mucho más consolidado y con mayores dosis de capacidad de control por parte de los implicados para focalizarse en la relación y resistir a posibles “tentaciones”.

Aunque todavía quedan preguntas por esclarecerse, esta investigación supone uno de los primeros intentos por comprender cómo evoluciona el amor a lo largo de los años. Con tanto público interesado, ¿cuál será el siguiente paso?

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: www.Huffingtonpost.es

Bibliografía consultada: Van Steenbergen, H., Langeslag, S. J., Band, G. P., & Hommel, B. (2013). Reduced cognitive control in passionate lovers. Motivation and Emotion.