Tecnointerferencia: padres distraídos por el móvil y problemas de conducta en la infancia

Si prestas un poco de atención al pasar por un parque o cualquier cafetería, podrás ver padres y madres hipnotizados por sus teléfonos móviles y aparentemente no muy pendientes de sus hijos. ¿Qué sucede entonces con esos niños? Por el momento no disponemos de mucha información al respecto de cuáles son las consecuencias de las distracciones de estos padres. Dada la proliferación del uso de la tecnología, cobra importancia el estudio al respecto del impacto en la interacción entre padres e hijos.

Foto extraída de www.washingtonpost.com
Foto extraída de www.washingtonpost.com

Recientemente se ha publicado un estudio sobre la relación entre el uso de la tecnología por parte de los padres y los problemas de conducta en sus hijos. Los investigadores entrevistaron a los padres y madres de 170 familias estadounidenses sobre sus hábitos de consumo de tecnología. Primero, les preguntaron a las madres y a los padres sobre qué dispositivos usaban y cómo. Los padres y madres señalaron que empleaban diversos aparatos (móvil, ordenador, tablet, televisión y videojuegos) y que el uso de los mismos interrumpían las interacciones con sus hijos a diario. Además se les pidió que valoraran qué tipo de empleo hacían de la tecnología: ¿sienten la necesidad de comprobar y responder inmediatamente a un nuevo whatsapp o mensaje, piensan a menudo acerca de sus mensajes y llamadas, y creen que utilizan sus teléfonos móviles demasiado? La mayoría de los padres reconoció que estos dispositivos frecuentemente los distraían al interactuar con sus hijos.
Los autores de este estudio, los psicólogos McDaniel y Radesky (Universidad de Illinois y Michigan, respectivamente), lo han denominado como “tecnointerferencia” (Technoference). La tecnointerferencia ocurre cuando varios dispositivos tecnológicos interfieren con la interacción social. Es un término muy descriptivo. En esta investigación, los autores estaban interesados ​​en la tecnointerferencia que tenía lugar en el transcurso de las interacciones entre padres e hijos, algo demasiado común. Seguramente lo hayas visto alguna vez e incluso tal vez has dejado que suceda. Mientras juegas con tu hijo y escuchas o notas vibrar tu móvil, ¿detienes el juego? ¿respondes? ¿interrumpes el tiempo con tu hijo para atender la llamada, responder al mail o al whatsapp? De este estudio se desprende que el 89% de los padres entrevistados indicaron haber dejado que la tecnología interfiriera en la interacción con sus hijos.

Pero, ¿cuál es el impacto de la tecnointerferencia? ¿Estas interrupciones tienen un impacto significativo sobre los niños?
Para evaluar el impacto, McDaniel y Radesky pidieron a los padres que valoraran y clasificaran a sus hijos a partir de una lista relativa al control en el comportamiento. Algunos de los temas concernían a la internalización de problemas, así como problemas de conducta: los niños que son hiperactivos, se frustran fácilmente y exhiben frecuentes berrinches.
Los resultados fueron bastante claros e inquietantes; aquellos padres que experimentaban con más frecuencia la tecnointerferencia, reportaban más problemas conductuales en sus hijos. El predictor más fuerte fue la tecnointerferncia en las madres; probablemente esto sea muestra de que hoy aún en día es sobre la figura materna donde recae el papel de cuidadora principal, y por tanto es la figura de cuidado y atención primaria.
Aun así, estos datos provienen de un único estudio correlacional. A este respecto no disponemos de información sobre cómo influyen las variables. Es decir, sólo sabemos que las interrupciones tecnológicas entre padres e hijos se relacionan con problemas de conducta en los niños. La relación podría darse al revés, es decir, tal vez cuando un niño muestra más problemas de comportamiento, los padres comienzan a buscar sus propias maneras de escapar y encontrar algunas actividades gratificantes. Un móvil proporciona un escape inmediato de cualquier interacción social desagradable. O todo lo contrario, por supuesto la explicación podría ser al revés. Cuando los padres están más distraídos, los niños aprenden a portarse mal. Los niños realmente quieren que sus padres les presten atención. Cuando sus padres se distraen, los niños pueden recurrir a comportamientos más extremos para obtener la atención de sus padres. De esta manera, los niños aprenden a mostrar problemas de comportamiento. Cuando los niños actúan, sus padres dejan el teléfono y responden. Los resultados sugieren, en palabras de los propios autores, que las interrupciones debidas a la tecnología están asociadas a los problemas de conducta de estos niños, sin embargo la direccionalidad y relación de variables de este proceso deberá ser estudiada en el futuro a partir de estudios longitudinales.
Los móviles y los demás avances tecnológicos no son malos en sí mismos. Las ventajas de disponer de estos aparatos son múltiples. Sin embargo, estos beneficios deben equilibrarse en relación a los riesgos que conllevan. Intentemos no usar la tecnología mientras conducimos, caminamos, jugamos con nuestros hijos y socializamos. Y sobretodo tratemos de no ser padres distraídos. Posiblemente contestar a un Whatsapp o actualizar el estado del Facebook no compensa las implicaciones que pueda tener para tus hijos.

Fuente: Psychology Today

McDaniel, B. T., & Radesky, J. S. (2017). Technoference: Parent Distraction With Technology and Associations With Child Behavior Problems. Child Development.

Escrito por María Rueda

 

Cómo evitar conflictos de lealtades

Extraída de www.norgara.com
Extraída de www.norgara.com

Quién no se ha visto alguna vez influido en contra de un amigo, por tomar partido por su otro amigo, en un conflicto que habían tenido ellos dos?  Y al revés ¿quién no ha hablado mal sobre alguien con un amigo, para poner a este en contra del que se criticaba?

Esto, que sucede a menudo en el ámbito social, es también frecuente en el entorno familiar, sobre todo en casos de divorcio y de familias reestructuradas y tiene unas consecuencias muy graves cuando la coalición sucede entre dos miembros que poseen diferente jerarquía (padre-hijo) contra otro miembro de la misma jerarquía (madre o hermano), porque acaba causando un conflicto de lealtades en el hijo que siente que tiene que elegir entre sus padres o entre un padre y un hermano.

En terapia es muy frecuente encontrarnos con este tipo de situaciones, pero quizá más difícil describirlas con la viveza y claridad con la que lo hace la autora francesa Francoise Sagan en su novela, Buenos días tristeza, premio de la crítica francesa en 1954, en la que describe un verano de la vida de un padre viudo y una hija adolescente, en el momento en que se incluye un nuevo miembro nuevo a la unidad familiar, la futura nueva mujer del padre.

La novela está descrita por la hija, la cual, va narrando escenas en las que se detectan estas situaciones a las que hacemos referencia quedando magistralmente reflejadas. Como ejemplo de ello, la hija, Cecilia empieza a darse cuenta del conflicto velado que existe entre su padre y la nueva pareja, Ana y decide participar en el juego tomando partido por el progenitor. Cecilia se va preocupando por ello y se lo hace saber a su padre, el cual le contesta así: Mi viejo cómplice- ¿Qué haría yo sin ti?, También, en otro momento la hija escribe: Ya no me quieres como antes, me has hecho traición”.

Hay muchísimas publicaciones y estudios sobre estas pautas relacionales denominadas triangulaciones y los efectos que conllevan. Algunos estudios han señalado el efecto que tiene la triangulación y la coalición en el bienestar de los jóvenes, poniendo de relieve que genera baja autoestima, problemas de conducta, depresión y ansiedad (Buchanan & Heiges, 2001; Franck & Buehler, 2007; Gerard, Buehler, Franck & Anderson, 2005). Sin embargo, habría que investigar y desarrollar más estudios para detectar cómo influyen estos estilos relacionales en el desarrollo emocional de los hijos.

Para saber si uno está metido en este tipo de interacciones puede responderse a estas preguntas: Cuando me hablan mal de una persona afectivamente cercana a mí, ¿cómo reacciono? ¿Tomo partido? Y por otra parte ¿Qué hace mi hijo/a si discuto con mi pareja? ¿Hablo con él/ella de mis discusiones de pareja o le pido opinión? ¿Busco apoyo en mi hijo después de haber discutido?

Las claves para tratar de manejarse adecuadamente en este tipo de escenarios, serían, por una parte, saber que no debemos solucionar  los problemas de los demás y que, si alguien tiene un problema con otro, debe solucionarlo él/ella mismo/a y así indicárselo y por otra, hacernos cargo de los problemas que tenemos con los demás, y tratar de resolverlos directamente. De esta manera, podremos evitar estos escenarios y aprender a manejar estos conflictos.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias:

Haley, J. (1985). Trastornos de la emancipación juvenil y terapia familiar. Buenos Aires: Amorrortu.

Selvini-Palazzoli, M. (1990). Los juegos psicóticos en la familia. Barcelona: Paidós.

Sagan, F. Buenos días tristeza, Tusquets Editores.

Buchanan, C. M., & Heiges, K. L. (2001). When conflict continues after marriage ends: Effects of postdivorce conflict on children. In J. H. Grych and F. D. Fincham (Eds.), Interparental conflicto and child development: Theory, research, and application (pp.337–362). New York: Cambridge University Press.

Franck KL, Buehler C. A family process model of marital hostility, parental depressive affect, and early adolescent problem behavior: The roles of triangulation and parental warmth. Journal of Family Psychology. 2007;21:614–625

Gerard JM, Buehler C, Franck K, Anderson O. In the eyes of the beholder: Cognitive appraisals as mediators of the association between interparental conflict and youth maladjustment. Journal of Family Psychology. 2005;19:376–384

El papel del psicólogo en los tratamientos de infertilidad

Extraída de https://es.fotolia.com
Extraída de https://es.fotolia.com

Las tasas de infertilidad en las parejas españolas ha experimentado un importante aumento en las últimas décadas, debido sobre todo a la edad cada vez más avanzada en la que se toma la decisión de tener hijos. Esto unido a la necesidad de someterse a tratamientos específicos para lograrlo y a sus largos procesos e intervenciones, puede en muchos casos provocar diferentes alteraciones psicológicas. Por este motivo se hace necesaria la presencia del psicólogo en las  Unidades  de Reproducción Humana (URH).

De todo ello se encarga la Psicología de la Reproducción, que aparece como una nueva disciplina de la Psicología de la Salud. Su objetivo no es tratar los posibles problemas asociados a la infertilidad como una psicopatología, pero lo cierto es que  los tratamientos con Técnicas de Reproducción Asistida (TRA) son procesos largos y estresantes que pueden concurrir en alteraciones emocionales, principalmente  ansiedad y  depresión.

Se han realizado múltiples estudios sobre este impacto psicológico tanto en nuestro país como fuera de él, encontrándose en todos los casos evidencias de la importancia del apoyo psicológico a los pacientes que se someten a TRA. Un estudio avalado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Instituto de la mujer (Moreno-Rosset, 2003), con una importante muestra de pacientes que se sometían a tratamientos de infertilidad, ha obtenido interesantes resultados, encontrando cuatro variables que pueden influir de forma importante en el estado psicológico de los miembros de la pareja. Estas variables son:

Tiempo: su influencia es variada, por un lado el aumento de la edad para tener hijos que influye sobre todo en mujeres, al estar expuestas al estrés que supone el momento biológico para poder tener hijos. Por otro lado el tiempo que las parejas llevan intentando tener hijos (1 o 2 años), unido a los tiempos de espera para las citas en las URH y la duración de los diferentes tratamientos a los que se someten, que en la mayoría de los casos fracasan y deben repetirse 4 o 6 veces. Una variable vital que el psicólogo ha de valorar

Información: es importante que las parejas  conozcan los tipos de tratamientos de infertilidad y cuando aplicar uno u otro, las tasas de fracaso, que suelen ser mayor que las de éxitos, y que esta información sea la adecuada en cada caso. El profesional debe centrarse por un lado en que los médicos ofrezcan información clara a los pacientes, y en que las parejas sepan procesar la información recibida preguntando dudas, y decidiendo cuanta información desean recibir en cada momento. Se trata de que el paciente participe en la toma de decisiones del proceso para incrementar su sensación de control.

Apoyo Social: son importantes las figuras que suponen un apoyo emocional para el paciente, personas a las que se les trasmiten los problemas por los que están pasando para poder conseguir un embarazo. En ello, el psicólogo debe trabajar estrategias de afrontamiento activas: ver distintos tipos de apoyo social, procurando que estos no se limiten solo a la pareja, y finalmente mediante técnicas asertivas que permitan responder adecuadamente al entorno socia al que se van a enfrentar durante todo el proceso.

Ajuste emocional: se ha detectado que alrededor del 60% de  las pacientes sometidas a tratamientos de infertilidad muestran problemas del estado de ánimo, y de ellas solo el 3,2% buscan ayuda profesional. En este sentido, se ha comprobado que las parejas que acuden a programas de apoyo psicológico presentan un mayor nivel de satisfacción y mejor ajuste emocional.

Todo lo anterior justifica la idoneidad de realizar en las parejas que se van a someter a tratamientos de infertilidad una evaluación psicológica complementaria a la evaluación y pruebas médicas. De esta forma las que puedan presentar una vulnerabilidad mayor, podrán ser atendidas desde el principio del tratamiento, para prevenir problemas de ansiedad, depresión o trastorno obsesivo compulsivo, ya que son los que suelen presentarse en los pacientes que se encuentran en procesos de infertilidad.

Para todo ello, sería interesante contar con pruebas específicas que permitan evaluar psicológicamente a estos pacientes antes de someterse a los TRH. En este sentido se ha desarrollado en España el Cuestionario de Desajuste Emocional y Recursos Adaptativos en Infertilidad (DERA); (Moreno-Rosset, Antequera y Jenaro, 2008). En un solo instrumento se obtiene información del desajuste emocional de las parejas

Vemos por lo tanto que en las parejas sometidas a TRA influirán en gran medida tanto posibles problemas psicológicos previos que pueda presentar cada miembro de la pareja, como los apoyos sociales, el ajuste entre la propia pareja, y las características de la personalidad de cada uno de sus miembros. Por este motivo se hace necesaria la evaluación previa a un proceso de diagnóstico y tratamiento de infertilidad, que en la mayoría de los casos se alargará durante años, y en el que se presentarán muchas dudas, incertidumbres, ilusiones y expectativas que no se cumplen, sentimientos de agobio ante preguntas de familiares y amigos, que hacen que no todos los pacientes lo vivan de la misma forma ni con las mismas estrategias de afrontamiento.

Por ello, en los diferentes estudios realizados sobre este tema, se puede concluir que resulta muy necesario contar en los equipos sanitarios de los centros y clínicas de reproducción, con la presencia del psicólogo especializado en Psicología de la Reproducción, lo que sin duda mejoraría el bienestar y el equilibrio emocional de las parejas sometidas a TRA, realizando desde el primer momento una evaluación psicológica adecuada y aplicando las intervenciones necesarias en cada caso individual. El  objetivo es complementar  la intervención médica específica aplicada para la infertilidad, con un proceso de evaluación y atención psicológica que mejore el bienestar de la pareja a lo largo de todo el tratamiento.

Escrito por David Ramallo Beltrán.

Fuente: La Psicología de la Reproducción: la necesidad del Psicólogo en las Unidades de Reproducción Humana. (Moreno, C., Antequera, R., Jenaro, C., Gómez, Y.). Clínica y Salud vol. 20 nº 1, 2009.