Cuando criar desgasta: ¿Qué es el «burnout» parental?

Cuando escuchamos hablar de burnout, o síndrome de estar quemado, generalmente lo asociamos al ámbito laboral, y lo cierto que es en este contexto donde se comenzó a usar el término al observar una serie de reacciones similares en trabajadores bajo condiciones adversas en el trabajo.

Sin embargo, recientemente se han realizado investigaciones que sugieren que en el contexto de la crianza de un hijo se pueden dar estas mismas condiciones y por lo tanto en ocasiones se puede dar un acusado burnout en madres y padres durante el proceso de crianza, con el estrés diario que ésta puede producir.

El burnout parental tiene tres características principales.

1. Agotamiento físico y emocional.
2. Distanciamiento emocional del hijo.
3. Sentimiento de incompetencia en el rol de padre o madre.

En ocasiones es difícil distinguir entre el burnout parental y la depresión postparto, ya que ambos tienen esas sensaciones de fatiga y falta de energía en común, pero es importante destacar el factor temporal. En el burnout parental, estas sensaciones aparecen más tarde, sobre el año o más del hijo. Además, cuando se trata de burnout, el desánimo se relaciona más directamente con el niño o con el rol de padre o madre y las tareas relacionadas y no aparece en otros contextos de la vida de la madre o el padre.

Hay situaciones en las que puedes reconocer que lo estás experimentando, como por ejemplo:

– Te sientes más irritable de lo habitual y tu tolerancia a la frustración es menor.
– Estás agotada.
– No eres capaz de recordar la última vez que hiciste algo no relacionado con tus hijos.
– Piensas que tu hijo está haciendo algo con el propósito de molestarte (cuando no es capaz).
– Desearías tener más tiempo para ti.
– No recuerdas bien quién eres como persona individual.
– Si tienes un momento para ti, no sabes muy bien qué hacer con ese tiempo.
– Te sientes obligada a decir que estás feliz el 100% de las veces.
– Te sientes culpable por tener estos sentimientos.

foto extraída de news.yahoo.com
foto extraída de news.yahoo.com

Esto es preocupante ya que se ha observado que este tipo de burnout puede producir consecuencias graves tanto en los padres y madres como en el hijo, aumentando la negligencia parental, el daño y los pensamientos de escape.

La investigadora principal, Moira Mikolajczak, explica cómo se produce este estrés parental. “En el contexto cultural actual, hay mucha presión sobre los padres, pero ser un padre o madre perfecto es imposible, y tratar de alcanzar este objetivo puede llevarnos al agotamiento. Nuestras investigaciones sugieren que lo que sea que cada padre haga para recargar las pilas y evitar este agotamiento es bueno para los hijos también.”

En el contexto clínico es habitual encontrarse con buenos padres y madres que terminan por agotarse y en un momento dado dejan de hacer lo mejor para sus hijos debido a esto. Esta autora y su equipo investigaron a 2068 padres y madres que realizaron una encuesta sobre burnout y comportamientos durante la crianza. Además, ya que se trata de un tema suficientemente sensible, se incluyeron ítems en la encuesta que medían cuanta deseabilidad social tenía el participante. Encontraron que efectivamente, cuanto más agotamiento aparecía por la necesidad de hacerlo excesivamente bien, más ideación de escape, más violencia y negligencia parental aparecían.

Teniendo en cuenta que se estima que un 14% de los padres y madres (muy especialmente ellas) desarrollarán este tipo de síndrome de burnout parental, observando las consecuencias que acarrea, así como las características que lo definen, es importante que vigilemos si nosotras o alguien de nuestro alrededor está cerca de desarrollarlo, ya que es importante, tanto para la madre o padre como para el niño, que se aprenda a recargar esas pilas y combatir este burnout.

Fuentes:

Psychcentral.com, the mindfulmom.com.

Hubert, S., & Aujoulat, I. (2018). Parental Burnout: When Exhausted Mothers Open Up. Frontiers in psychology, 9, 1021. doi:10.3389/fpsyg.2018.01021

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Maternidad y Salud Mental

Imagen extraída de www.elpais.com
Imagen extraída de www.elpais.com

En la mayoría de los casos la maternidad se conceptualiza como una de las cosas más bonitas e importantes de la vida de una mujer (y que en general, puede pasarle al ser humano). Sin embargo, hay otras situaciones que se ocultan, invalidan y convierten en tabú, otras situaciones que generan malestar (sobre todo al género femenino) relacionadas no sólo con los grandes cambios (hormonales, entre ellos) acontecidos en dicha etapa de su vida, sino también por la sobrecarga que la llegada de un hijo a sus vidas puede conllevar.

En los últimos años no han sido pocos los movimientos que han defendido la proclamación por parte del calendario oficial de la ONU del Día Mundial de la Salud Mental Materna (que se localizaría en el primer miércoles de mayo). Y es que la crianza se lleva a cabo todos los días, sí, pero dicho acto simbólico colocaría el foco de atención en la necesidad de hacer visible esta realidad así como poner en valor no sólo el cuidado físico y revisiones médicas periódicas de madre y neonato, sino por supuesto también hacer prioridad la salud mental materna.

Con salud mental no sólo nos referimos a la posibilidad de aparición de según qué trastornos mentales (que más adelante especificaremos) prototípicos de este momento vital, sino al conjunto de ausencia de malestar y promoción de bienestar a la hora de adaptarse a los cambios que tienen lugar en la adquisición de dicho rol. En resumidas cuentas, el objetivo sería evitar la posibilidad de que se vivencie la maternidad con malestar o tengan lugar dolencias que asimismo conlleven, en último término, consecuencias negativas sobre el desarrollo físico y emocional de los recién nacidos. Afecta a las madres pero también puede tener implicaciones para el resto de la familia.

Momentos que podrían convertir en dolorosa/agridulce la experiencia de tener un hijo

  • En ocasiones se busca reiteradamente el bebé, pero no llega, incluso (al final) la pareja tiene que embarcarse en un proceso de reproducción asistida. La espera, la presión social añadida a todo ello, la frustración, la incertidumbre y la expectación de la ansiada noticia de estar embarazados conllevan una importante carga emocional que en muchas ocasiones se hace cuesta arriba para los futuros padres.
  • Abortos espontáneos o muertes prematuras de bebés recién nacidos: duro evento que necesitará de la elaboración del duelo, pero no de un duelo cualquiera, sino el de un hijo, tal vez de los más difíciles de llevar a cabo a nivel psicológico.
  • No menos importante es el impacto que tiene en el bienestar mental de los padres el que nazca el bebé, pero debido a alguna enfermedad, síndrome o prematuridad tenga que depender durante algún tiempo de una UCI Neonatal. La espera de poder llegar la familia al completo a casa (con el nuevo miembro) y nuevamente la incertidumbre de cuándo será o bajo qué condiciones es un factor crucial en la salud mental parental.
  • Si el bebé ha nacido con alguna enfermedad (o ha tenido que ser intervenido quirúrgicamente) será el momento de recibir información dura, que seguramente cueste asumir y por tanto necesitará de un proceso para ello.
  • Si el hijo llega mediante un proceso de adopción la ilusión irá reñida con la espera y el dificultoso proceso burocrático.
  • Puede que el bebé llegue en un momento vital difícil para los progenitores, por ejemplo, ante la pérdida reciente de un ser querido, tristeza que no permitiría alegrarse de la llegada de los hijos.
  • Aun llegando hijos sanos, en momentos vitales idóneos, la carga de un nuevo miembro a la familia aunado a la cantidad de cambios que ello implica puede hacer que la experiencia se haga cuesta arriba, todo eso sumado al resto de responsabilidades que se tienen que seguir asumiendo en el día a día. Reestructurar los ambientes de los que forma parte esa madre así como contar con una red de apoyo fortalecida hará que se vivencie con disfrute en lugar de como una carga (más).

¿Y cuando la llegada del hijo se ve envuelta en una depresión postparto?

Se conoce como depresión postparto o puerperal (actualmente también reconocida como posible antes o después de dar a luz) a aquel estado de ánimo depresivo y/o notable disminución de intereses o de la capacidad de experimentar placer en todas o casi todas las actividades llevadas a cabo (entre ellas la faceta de madre). También conocida como “depresión sonriente”, ya son madres que procuran esconder su sufrimiento, que afecta principalmente a la relación con el bebé, por miedo a estar siendo malas madres.

Es muy importante diferenciar entre sentimientos de tristeza comunes en muchas mujeres después de haber dado a luz, poco duraderos (no más de una semana) y poco intensos (sin necesidad de tratamiento) de la versión extrema del continuum, donde esos síntomas generan un notable malestar. Cuando los síntomas de estado de ánimo deprimido reúnen las características necesarias para considerarse trastorno su prevalencia es menos común; sin embargo, no tanto como se cree: quizás creas que a las mujeres que conoces no les ha ocurrido, ya que estamos ante un tema tabú, no obstante se estima que entre un 15 y un 20% de las madres recientes llegan a experimentar el cuadro anímico al completo.

La depresión postparto es la enfermedad mental materna más frecuente. Puede comenzar en cualquier momento dentro del primer año de haber dado a luz. La causa (única) se desconoce, y es que tal vez el cómputo de los cambios hormonales y físicos después del parto unido al estrés de cuidar al bebé sean los que jueguen un papel crucial en su desencadenamiento. Las mujeres que ya sufrían de depresión presentan un riesgo mayor.

La depresión postparto, a parte de estar influida por un ya mencionado más que importante factor hormonal (fruto de los grandes cambios desencadenados por la gestación, el dar a luz o el comienzo de la lactancia) se realimenta también de otros factores como podrían ser el mantener una serie de ideales sobre la familia o la pareja que hace que la mujer se pierda a sí misma a cambio de ser incondicional para los demás, la presencia de esquemas distorsionados acerca de cómo ha de actuar una buena madre así como un repertorio invalidante hacia el propio malestar o pensamientos negativos/ambivalentes a la hora de tener a su bebé en brazos sin llegar a ser feliz o sentirse plena.

En muchas ocasiones se descarta el pedir ayuda (a tiempo) ya que se interpreta como algo de nula importancia, se considera un tema tabú o como un signo de debilidad, incluso incapacidad, para ser madre. Sin embargo, nada más lejos de la realidad; la salud mental materna es una prioridad: hay muchos motivos ya mencionados… pero el principal son Ellas.

Los trastornos que aparecen en las madres perinatalmente son tratables, por lo que buscar ayuda especializada en su momento evita que duren años, se cronifiquen y afecten profundamente al desarrollo del bebé y al ciclo vital de la madre.

A colación de la temática abordada en el post, señalar que hace dos años nace el colectivo Malasmadres, con el objetivo de desmitificar la maternidad y romper el mito de “la madre perfecta”. Como otro rol o etapa más de la vida, la maternidad está llena de todo un abanico de sentimientos, emociones y pensamientos; por lo general maravillosos, pero complicados asimismo en otras ocasiones, y sobre todo, todos igualmente válidos y con la necesidad de ser comprendidos.

En resumidas cuentas, como dijo recientemente la psicóloga experta en embarazo, Ana Kovacs, “cuidarnos supondría mejorar la salud de nuestros hijos, de nuestra sociedad y de la del futuro”. Madres, sí, pero primero personas individuales con la necesidad de una salud óptima física y psicológicamente hablando.

“La salud mental materna de las mujeres importa” (#maternalmhmatters).

Fuentes:

www.clubdemalasmadres.com, www.elpais.com.

DSM-IV-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. (2008) American Psychiatric Pub.

Escrito por: Maite Nieto 

El papel del psicólogo en los tratamientos de infertilidad

Extraída de https://es.fotolia.com
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Las tasas de infertilidad en las parejas españolas ha experimentado un importante aumento en las últimas décadas, debido sobre todo a la edad cada vez más avanzada en la que se toma la decisión de tener hijos. Esto unido a la necesidad de someterse a tratamientos específicos para lograrlo y a sus largos procesos e intervenciones, puede en muchos casos provocar diferentes alteraciones psicológicas. Por este motivo se hace necesaria la presencia del psicólogo en las  Unidades  de Reproducción Humana (URH).

De todo ello se encarga la Psicología de la Reproducción, que aparece como una nueva disciplina de la Psicología de la Salud. Su objetivo no es tratar los posibles problemas asociados a la infertilidad como una psicopatología, pero lo cierto es que  los tratamientos con Técnicas de Reproducción Asistida (TRA) son procesos largos y estresantes que pueden concurrir en alteraciones emocionales, principalmente  ansiedad y  depresión.

Se han realizado múltiples estudios sobre este impacto psicológico tanto en nuestro país como fuera de él, encontrándose en todos los casos evidencias de la importancia del apoyo psicológico a los pacientes que se someten a TRA. Un estudio avalado por el Ministerio de Trabajo y Asuntos Sociales, Instituto de la mujer (Moreno-Rosset, 2003), con una importante muestra de pacientes que se sometían a tratamientos de infertilidad, ha obtenido interesantes resultados, encontrando cuatro variables que pueden influir de forma importante en el estado psicológico de los miembros de la pareja. Estas variables son:

Tiempo: su influencia es variada, por un lado el aumento de la edad para tener hijos que influye sobre todo en mujeres, al estar expuestas al estrés que supone el momento biológico para poder tener hijos. Por otro lado el tiempo que las parejas llevan intentando tener hijos (1 o 2 años), unido a los tiempos de espera para las citas en las URH y la duración de los diferentes tratamientos a los que se someten, que en la mayoría de los casos fracasan y deben repetirse 4 o 6 veces. Una variable vital que el psicólogo ha de valorar

Información: es importante que las parejas  conozcan los tipos de tratamientos de infertilidad y cuando aplicar uno u otro, las tasas de fracaso, que suelen ser mayor que las de éxitos, y que esta información sea la adecuada en cada caso. El profesional debe centrarse por un lado en que los médicos ofrezcan información clara a los pacientes, y en que las parejas sepan procesar la información recibida preguntando dudas, y decidiendo cuanta información desean recibir en cada momento. Se trata de que el paciente participe en la toma de decisiones del proceso para incrementar su sensación de control.

Apoyo Social: son importantes las figuras que suponen un apoyo emocional para el paciente, personas a las que se les trasmiten los problemas por los que están pasando para poder conseguir un embarazo. En ello, el psicólogo debe trabajar estrategias de afrontamiento activas: ver distintos tipos de apoyo social, procurando que estos no se limiten solo a la pareja, y finalmente mediante técnicas asertivas que permitan responder adecuadamente al entorno socia al que se van a enfrentar durante todo el proceso.

Ajuste emocional: se ha detectado que alrededor del 60% de  las pacientes sometidas a tratamientos de infertilidad muestran problemas del estado de ánimo, y de ellas solo el 3,2% buscan ayuda profesional. En este sentido, se ha comprobado que las parejas que acuden a programas de apoyo psicológico presentan un mayor nivel de satisfacción y mejor ajuste emocional.

Todo lo anterior justifica la idoneidad de realizar en las parejas que se van a someter a tratamientos de infertilidad una evaluación psicológica complementaria a la evaluación y pruebas médicas. De esta forma las que puedan presentar una vulnerabilidad mayor, podrán ser atendidas desde el principio del tratamiento, para prevenir problemas de ansiedad, depresión o trastorno obsesivo compulsivo, ya que son los que suelen presentarse en los pacientes que se encuentran en procesos de infertilidad.

Para todo ello, sería interesante contar con pruebas específicas que permitan evaluar psicológicamente a estos pacientes antes de someterse a los TRH. En este sentido se ha desarrollado en España el Cuestionario de Desajuste Emocional y Recursos Adaptativos en Infertilidad (DERA); (Moreno-Rosset, Antequera y Jenaro, 2008). En un solo instrumento se obtiene información del desajuste emocional de las parejas

Vemos por lo tanto que en las parejas sometidas a TRA influirán en gran medida tanto posibles problemas psicológicos previos que pueda presentar cada miembro de la pareja, como los apoyos sociales, el ajuste entre la propia pareja, y las características de la personalidad de cada uno de sus miembros. Por este motivo se hace necesaria la evaluación previa a un proceso de diagnóstico y tratamiento de infertilidad, que en la mayoría de los casos se alargará durante años, y en el que se presentarán muchas dudas, incertidumbres, ilusiones y expectativas que no se cumplen, sentimientos de agobio ante preguntas de familiares y amigos, que hacen que no todos los pacientes lo vivan de la misma forma ni con las mismas estrategias de afrontamiento.

Por ello, en los diferentes estudios realizados sobre este tema, se puede concluir que resulta muy necesario contar en los equipos sanitarios de los centros y clínicas de reproducción, con la presencia del psicólogo especializado en Psicología de la Reproducción, lo que sin duda mejoraría el bienestar y el equilibrio emocional de las parejas sometidas a TRA, realizando desde el primer momento una evaluación psicológica adecuada y aplicando las intervenciones necesarias en cada caso individual. El  objetivo es complementar  la intervención médica específica aplicada para la infertilidad, con un proceso de evaluación y atención psicológica que mejore el bienestar de la pareja a lo largo de todo el tratamiento.

Escrito por David Ramallo Beltrán.

Fuente: La Psicología de la Reproducción: la necesidad del Psicólogo en las Unidades de Reproducción Humana. (Moreno, C., Antequera, R., Jenaro, C., Gómez, Y.). Clínica y Salud vol. 20 nº 1, 2009.

Jugar no es sólo cosa de niños

A menudo encontramos padres y madres que expresan no saber jugar con sus hijos o que incluso confiesan, no exentos de culpabilidad, sentir desinterés y aburrimiento al respecto. No cumplir, incluso en nuestro fuero interno, con aquello que “deberíamos sentir” al respecto de nuestra paternidad o maternidad genera sufrimiento y vergüenza. Pero esto no es algo descabellado. A la par que se nos pide ser “superpadres” también nos han dicho que debemos ser adultos serios y responsables. Y sí, combinar ambas ideas puede resultar bastante complejo, y es que para que jugar con tus hijos pueda convertirse en una actividad agradable necesitamos despojarnos de los tacones, corbatas y cuellos almidonados y viajar atrás en el tiempo, cuando éramos nosotros esos niños sedientos de tiempo de juego compartido con nuestros padres. Aprender a derribar esos muros puede dotarnos de herramientas que hagan que jugar con nuestros hijos deje de ser una actividad para mantenerlos “entretenidos”, para transformarse en una fuente de satisfacción por sí misma. Hacer un ejercicio de memoria, intentar recordar y recuperar nuestras pasiones infantiles nos hará empatizar con las necesidades de nuestros hijos y facilitará sentir como agradable el tiempo dedicado a jugar. ¿Quién fue el aguafiestas que dijo que jugar era sólo cosa de niños?

parentdish.co.uk

Además, podemos reforzar nuestra dedicación al juego si recordamos los beneficios que tiene tanto para los niños como para los padres y madres utilizar unas horas a la semana en divertirse juntos. Diversos estudios han demostrado el efecto positivo del tándem padre-hij@ o madre-hij@. Los adultos pueden ayudar a los niños a desarrollar habilidades en el manejo de la vida social, regulación de emociones y desarrollo cognitivo, entre otras muchas competencias. Además, dedicar un rato al día para jugar con tu hijo fomenta la creación de un ambiente enriquecido, menos estresante para los miembros de la familia. Pero, ¿no es el juego por sí mismo suficiente para generar todas estas cosas? Stevenson y colaboradores (1988) observaron que el juego entre padres e hijos contribuye más al aprendizaje y comprensión de las interacciones sociales que el juego entre hermanos.

Evidentemente los niños también tiene que tener relaciones con sus iguales, pero el juego con sus padres/madres añade el matiz de la satisfacción de que las personas que nos quieren empleen con nosotros su tesoro más preciado, el tiempo. Sin embargo, la realidad de nuestros tiempos hace patente que el tiempo es de lo que menos disponemos. Entonces, ¿de qué me sirve saber todo esto si no puedo llevarlo a cabo? No siempre se trata de cantidad, sino de calidad. Si sólo puedes dedicar un corto periodo de tiempo a la semana a jugar, hazlo, pero sólo haz eso. Durante esos minutos sólo juega, apaga el móvil y céntrate en divertirte con tu hijo. Esto no es sólo bueno para ellos, también lo es para ti. Jugar con un niño implica observar activamente, escuchar, apoyar, hablar, respetar y comprender. El juego proporciona un escenario idóneo para la interacción, a través de la cual generar vínculos positivos duraderos. Esto abre la puerta a compartir problemas y preocupaciones cuando surja la necesidad. Además, jugar con tu hijo te ayudará a conocerlo como persona, ya que el juego es el lenguaje de los niños.

Fuente: livescience.com/ psychologytoday.com/ cyh.com/ childdevelopmentinfo.com

ResearchBlogging.org
Lindsey, E. W., & Mize, J. (2000). Parent–child physical and pretense play: Links to children’s social competence. Merrill-Palmer Quarterly, 46 (4), 565-591
Stevenson, M. B., Leavitt, L. A., Thompson, R. H., & Roach, M. A. (1988). A social relations model analysis of parent and child play Developmental Psychology, 24 (1), 101-108

Sunderland, M. (2006). Science of parenting: practical guidance on sleep, crying, play, and building emotional well-being for life. New York: Dorling Kindersley.

Escrito por María Rueda Extremera

Cuidarte como persona para educar a tus hijos

Si eres padre o madre, es probable que tu mundo gire en torno a sus hijos. Tener un hijo deseado sin duda trae una alegría increíble y es uno de los trabajos más gratificantes del mundo, pero también es agotador. Los padres están de guardia 24 horas, sin fines de semana o bajas por enfermedad. A menudo los padres y madres expresan que sus hijos son la cosa más importante en sus vidas, pero a veces pueden quedar tan atrapados y centrados en los hijos que se olvidan de cuidar de sí mismos.

El auto-descuido y hacer caso omiso de tus necesidades personales, puede hacerte sentir cansado, estresado, agotado, y poco saludable. De hecho, cuanto menos escuches tus necesidades, menos vibrante y saludable te sentirás y más difícil se te hará para cumplir con las necesidades de tus hijos. Por el contrario, cuando dedicas un tiempo para centrarte en ti mismo y tus necesidades, no sólo tendrás más energía, sino también estará más saludable y más feliz, y se promoverá una mejor interacción con tus hijos; por lo tanto, esto facilitará una mejor paternidad o maternidad.

Entonces, ¿cómo poder mantenerse saludable y feliz mientras haces malabares para manejar un millón de tareas y a la vez tratar de ser el mejor padre o madre posible? Aquí te damos algunas formas sencillas y realistas que puedes poner en práctica:

  • Come bien e hidrátate frecuentemente. Habitualmente te preocupas por lo que comen tus hijos y vigilas que tengan una buena dieta. Hazlo extensible a ti, unos buenos hábitos alimenticios son importantes para el bienestar, además, recuerda que también se educa con el ejemplo.
  • Haz ejercicio. Programa un rato para tu propio ejercicio físico, es tan importante como una reunión de trabajo o una tutoría con los maestros de tus hijos.
  • Duerme lo suficiente. Dormir lo suficiente es importante no sólo para tu salud, sino que también ayuda a aumentar tu estado de ánimo y reduce el estrés.
  • Relájate. Tómate el tiempo para relajarse y desestresarte. Detente dos minutos, cierra los ojos y haz varias respiraciones lentas y profundas. Esto sólo te lleva unos minutos y te ayudará a bajar el nivel de ansiedad.
  • Encuentra un tiempo para ti. Te mereces un descanso de vez en cuando. Intenta dedicar al menos 3 horas a la semana para ti. Caminar, acurrucarse en un lugar tranquilo y leer un libro, escucha un disco que te encante…
  • Busca momentos para la pareja. A menudo, cuando los niños llegan a la familia, la relación de pareja queda relegada a un segundo plano. Fortalecer los lazos entre los miembros de la pareja promueve el bienestar. Es muy importante que exista un equilibrio en el reparto de tareas del hogar y cuidado de los hijos. Esto no sólo permitirá que ambos que los padres y madres dispongan de tiempo para sí mismos, sino que promoverá la satisfacción marital.  Sentir que tu pareja te entiende, que también se está sacrificando y que el peso no sólo recae sobre tus hombros, sino que está repartido, no eliminará la dificultad de ser padre o madre, pero sí la hará más llevadera.
  • Reparte la responsabilidad. Los aciertos y errores de tus hijos no son tuyos, enséñales que ellos son responsables de la forma en que hacen las cosas. Ayúdales a crecer y mejorar, pero no te olvides de que no eres tú el que suspende los exámenes. Delegar la responsabilidad no sólo te liberará de la presión, sino que enseñará a tu hijo a afrontar las demandas de la vida; se sentirá mejor con sus éxitos y aprenderá más de sus errores.

Ser un padre o una madre que no sólo se centra en sus hijos, sino que también se cuida y cultiva a sí mismo como persona, también es un buen ejemplo que transmitir a tus hijos, una buena enseñanza que poner en práctica cuando se conviertan en adultos, o incluso padres y madres.

 

Fuente: psychologytoday

Escrito por María Rueda Extremera

Hijos perfectos, niños tristes. Seis pautas para suavizar el perfeccionismo en tus hijos.

Cuando hablamos de perfeccionismo nos viene a la mente un mundo adulto repleto de exigencias laborales y se nos hace complejo imaginar un niño o una niña “perfeccionista”. Si hablamos de un niño que tras hacer un dibujo arruga el folio porque no es todo lo bonito que le gustaría, nos suena más ¿no? A menudo, más de lo que me gustaría, me encuentro con niños que arrugan sus dibujos, se enfadan y finalmente acaban dándose por vencidos.

A veces los padres observan cómo sus pequeños se muestran inflexibles y se marcan altos estándares, se quejan de que sus hijos posponen las cosas, no quieren sentarse a hacer los deberes, o todo lo contrario. El perfeccionismo es una característica muy valorada en nuestra sociedad, pero los extremos no son buenos y en el punto medio está la virtud. Crear un ambiente familiar que genere la oportunidad de experimentar un equilibrio es esencial para los niños, siendo el ejemplo de los padres imprescindible. Aquí os damos algunos consejos para moderar el perfeccionismo dañino:

  • Lenguaje y actitud. Los adultos son siempre un modelo de comportamiento y “pensamiento” para los hijos. La forma en que los padres reaccionan ante la adversidad y verbalizan sus sentimientos es un ejemplo de afrontamiento para ellos. A menudo los adultos verbalizan de forma absoluta y negativa las dificultades con las que se encuentran como “he cometido un error en el trabajo, todo es horrible, me quiero morir”. Cuando algo no resulta como deseas, decir algo como: «He trabajado mucho y he disfrutado haciéndolo. Estoy satisfecho con mi esfuerzo”; no tiene que ser perfecto. Del mismo modo, cuando tu hijo hace algo bien, en lugar de decir “está perfecto”, puedes decir, “¡qué bien! Veo que estás orgulloso de tu trabajo”. Intenta darte cuenta de cuándo estás siendo negativo y así encontrarás la alternativa y la manera positiva de expresar tus frustraciones, y ayudar a tu hijo a hacer lo mismo.
  • Expectativas: Cuando Laura les entrega a sus padres el boletín de notas repleta de sobresalientes y un notable, los padres dicen “bien Laura, esperemos que la próxima vez todo sean sobresalientes”. Puede que Laura piense “tengo que conseguir tener todo sobresalientes para que mis padres estén contentos”. Los niños necesitan saber que el amor de sus padres es incondicional y que ellos valoran sus esfuerzos. Si bien es cierto que debemos animarles a continuar y seguir esforzándose, los niños deben entender que los sobresalientes no son fundamentales y que lo importante es que amen aquello que hacen.
  • Talentos. Es maravilloso cuando los niños tienen un talento y desean desarrollarlo. Celebra sus éxitos, pero no los exageres. Como te comentamos hace unas semanas, esto puede conducir a que dependan de tu alabanza para sentirse bien consigo mismos. Además, ellos mismos pueden centrarse en el paso equivocado que dieron en la actuación de ballet o la mancha de pintura que hicieron al salirse de la rayita. No infravaloremos sus preocupaciones, minimizando la situación no se va a resolver la angustia de tu hijo. Cuando están molestos, reconoce sus sentimientos y valídalos. Más tarde, se puede hablar de los aspectos positivos de la situación y enseñarles cómo hacer frente a los negativos.
  • Oportunidades para triunfar y fallar. Cuando los niños son perfeccionistas, se resisten a cometer errores por miedo a ser juzgados o rechazados por los demás. A través del juego, ellos pueden aprender a divertirse incluso cuando pierden. Facilita que ganen y pierdan alternativamente. A medida que tus hijos van creciendo, busca oportunidades para que tengan éxito y prepararles para fallar. Háblales acerca de las personas que admiran y como también cometen errores. Léeles sus historias sobre cómo aprendieron a sobrellevar la situación. Así aprenderán a ver sus propios errores y aceptarlos. Se trata de generar un modelo de auto-compasión y tolerancia.
  • Enséñales a centrarse en el proceso, más que en el resultado final.
  • Conecta con tus hijos. Platón dijo una vez: «Usted puede descubrir más sobre una persona en una hora de juego que en un año de conversación.» Jugar y hacer algo que tus niños disfruten y pasar el rato con ellos es una oportunidad para que puedas entrar en su mundo, y para ellos saber que te importan y les comprendes. Escuchando a tus hijos adolescentes hablar de sus tensiones y temores no tiene precio. Al mantener una buena conexión emocional con tu hijo perfeccionista puede hacer que las cosas vayan más fluidas en los momentos difíciles. Tu amor incondicional y verdadero interés ayudarán a tus hijos en los momentos de tempestad, pues sabrán que tienen cerca un ancla.

En el momento en que tus hijos están preparados para aceptar el fracaso, darán valor sus éxitos. Paso a paso, van a aprender que no se puede ganar todo el tiempo. Cuanto antes aprendan esto, más felices estarán. Cuando son capaces de reírse y se levantan después de una caída, sabrás que están en el camino para disfrutar de la vida a pesar de la humana imperfección.

Fuente: PsychCentral.com

Escrito por María Rueda

 

¡Atención! Autoestima en construcción

Desde hace ya algunas décadas nuestro concepto de la paternidad y maternidad ha cambiado sustancialmente, ya no sólo nos movemos en términos nurturistas, es decir, nos importa algo más que si el “niño no me come”. En los últimos 30 años han llovido millones de consejos sobre la educación, especialmente sobre la construcción de la autoestima de los niños y niñas. La autoestima es la valoración que hacemos sobre nosotros mismos, reflejando el concepto que tenemos sobre nuestra capacidad y efectividad para hacer las cosas, la confianza en nosotros mismos y la percepción sobre nuestra valía como persona.

La manera más intuitiva para padres, madre y maestros/as para construir la autoestima de los niños es a través del elogio. Parece natural que si un niño hace bien una tarea,  al alabarle aumentará su autoestima. Pero las investigaciones de estos últimos años sobre la relación entre los elogios y la autoestima no muestran conclusiones tan intuitivas como esta creencia. De este modo el estudio de Claudia Mueller y Carol Dweck ha demostrado que el tipo de elogio que los adultos dan a los niños influye en las creencias de los niños en aspectos relevantes para su aprendizaje.

Según esta autora, algunas alabanzas refuerzan la creencia de que un niño tiene ciertos rasgos o talentos («Eres tan bueno en matemáticas…” o «Eres muy inteligente»). Este tipo de elogio puede llevar a los niños a creer que las habilidades fundamentales están arraigadas en un talento innato. Cuando los niños creen que tienen un talento especial, y se encuentran con dificultades en ese terreno en el que eran buenos, ellos reaccionan como si hubieran tocado el techo de su talento, lo que les hace propensos a darse por vencido. En cambio, Mueller y Dweck argumentan que los elogios deben centrarse en el esfuerzo (» Has trabajado mucho en eso»), lo que les enseña que están desarrollando sus habilidades. Los niños que creen que están adquiriendo las habilidades reaccionan a la dificultad esforzándose más en lugar de tirar la toalla.

En un estudio publicado el mes pasado, Brummelman y su equipo exploraron la influencia del  elogio exagerado en los niños con diferentes niveles de autoestima («Es un dibujo increíblemente bonito», en contraposición a uno menos extremo «Es un dibujo bonito «) y extrajeron conclusiones muy interesantes. Observaron que los adultos tratan de compensar la baja autoestima de los niños dirigiéndoles elogios exagerados. Esto no sería un problema si no fuera porque, según los autores del estudio, este tipo de alabanza excesiva puede llevar a los niños con baja autoestima a evitar asumir nuevos retos, debido a su preocupación de que no van a ser capaces de cumplir con las altas expectativas de los adultos. Sin embargo, en el caso de los niños con alta autoestima el tipo de elogio no pareció tener efecto en la actuación de los niños.

Entonces, ¿qué podemos hacer? En última instancia, la autoestima es un concepto demasiado amplio para proporcionar una buena guía para ayudar a los niños a desarrollarse como estudiantes y aprendices. No obstante, es importante centrarse en enseñar a los niños el valor de su esfuerzo en el proceso aprendizaje y hacerles protagonistas activos de sus propios logros. No olvidemos que aprender es una necesidad muy humana y que los pequeños éxitos cotidianos son los que nos hacen sentir capaces. El refuerzo es muy importante en el desarrollo, elogia y subraya esas pequeñas cosas que hacen a diario y que les hace grandes, a lo mejor así no encontraremos dos grupos de niños, los de la alta y baja autoestima.

ResearchBlogging.org Mueller CM, & Dweck CS (1998). Praise for intelligence can undermine children’s motivation and performance. Journal of personality and social psychology, 75 (1), 33-52 PMID: 9686450

Brummelman E, Thomaes S, Orobio de Castro B, Overbeek G, & Bushman BJ (2014). «That’s Not Just Beautiful–That’s Incredibly Beautiful!»: The Adverse Impact of Inflated Praise on Children With Low Self-Esteem. Psychological science, 25 (3), 728-35 PMID: 24434235

Fuentes: Psychology Today, BPS Research Digest

Escrito por María Rueda Extremera