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Imagina dos neuronas; reflexiones sobre la neuroimagen

Un pequeño ejercicio de imaginación: Imagina dos neuronas. Fruto de una serie de cambios electroquímicos, una de ellas comienza a modificar la diferencia de potencial respecto al ambiente en el que se encuentra. Hay muchos cambios en su membrana celular; proteínas que activan otras y algunas sustancias que entran en la célula que es la neurona y otras salen. Para hacer todos estos cambios la neurona A necesita otras células que no son neuronas, que la nutren, la sustentan y limpian lo que sobra.

En un punto de ella, se conecta con la segunda neurona. La neurona B. La neurona B recibe algunas de estas sustancias que la neurona A ha expulsado a través de complejos mecanismos con vesículas y otras estructuras. Ese espacio entre las dos neuronas es como una discusión. La A va a liberar algunas sustancias que además hacen que regule si debe o no liberar más. Estas sustancias pueden ser muy diversas, y tienen diferentes efectos sobre la neurona B. También, la neurona B puede incorporar o no lo que la neurona A le está mandando, en diferentes grados y el hecho de que lo incorpore puede tener efectos diferentes sobre lo que hará después.

Vamos a ampliar un poco el marco de la imaginación. Piensa en la neurona A regulando el comportamiento de su membrana por influencia de diferentes partes de otras miles de neuronas y del ambiente en el que está. Y piensa en la neurona B influida no sólo por la A, sino por cientos de otras neuronas llegando a ella y modificando su capacidad de respuesta.

Ahora imagina la imagen de un cerebro en una resonancia. En esta imagen, la neurona A y la neurona B, no existen; son parte de una zona del cerebro pintada de color rojo. ¿Cómo se construye esta imagen? Primero se hace la foto del cerebro de una persona, después sobre esta foto se pinta lo que en el momento de una tarea se ha activado respecto a cuando no estaba realizándose esta tarea. Un momento, ¿el cerebro se desactiva cuando no está haciendo una “tarea experimental”? Bueno, no. Y ¿esta forma de “estar inactivo” será la misma en dos personas distintas? Bueno, tampoco es exactamente así. De acuerdo, ¿qué es ese color rojo que nos dice que algo se activa en un experimento con neuroimagen? Esencialmente, que hay más actividad de la que antes había en esa zona del cerebro. ¿Recuerdas la complejidad de la “actividad” cuando estábamos mirando sólo esas dos neuronas? Imagina lo que significa “actividad” de miles de neuronas que componen esa zona roja. Imagina trasladar esa idea de actividad a conceptos más complejos que aún tampoco entendemos bien, como el comportamiento, o el pensamiento.

La revista científica “The Hastings Center Report” ha dedicado este mes de marzo y abril un volumen especial sobre “interpretación de las neuroimágenes: una introducción a la tecnología y sus límites”. En este volumen se trata de buscar un lugar intermedio entre el optimismo extravagante y el pesimismo extravagante sobre los próximos avances en el diagnóstico y tratamiento de enfermedades mentales a través de la neuroimagen.

Si bien cada artículo publicado en este volumen se refiere a diferentes temas, los autores coinciden en que no tiene sentido hablar de “la parte del cerebro que hace X”. Hacen especial énfasis en que, aunque estas tecnologías nos ayuden a comprender en gran medida los mecanismos que intervienen en el cerebro de una persona que sufre una enfermedad neurológica o incluso mental, a día de hoy, no se puede decir que sean buenas guías por sí solas para el diagnóstico o tratamiento de las mismas.

Los avances en las técnicas de neuroimagen en los últimos años son impresionantes, y cada vez la investigación se hace más refinada a este respecto, dándonos la posibilidad de comprender mejor el cerebro y su influencia sobre nuestro comportamiento. Es natural que con el avance de una nueva tecnología, la ciencia que se beneficia de ésta piense que va a poder resolver al fin todos sus misterios. Pero generalmente se requiere una tranquilidad y parsimonia importante a la hora de dar valor a esta tecnología para que sus resultados se ajusten a la realidad. En esto, como en cualquier otro campo, los científicos comprenden que cuanto más parecemos saber, mayor sensación de no saber tenemos.

Cómo dijo Sócrates: “Sólo sé que no sé nada”.

Fuentes: onlinelibrary.wiley.com, The Hastings Center Report, http://mindhacks.com/2014/03/23/a-balanced-look-at-brain-scanning/
ResearchBlogging.orgParens, E. and Johnston, J. (2014). Neuroimaging: Beginning to Appreciate Its Complexities
Hastings Center Report, 2-7

 

 

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

¡Atención! Autoestima en construcción

Desde hace ya algunas décadas nuestro concepto de la paternidad y maternidad ha cambiado sustancialmente, ya no sólo nos movemos en términos nurturistas, es decir, nos importa algo más que si el “niño no me come”. En los últimos 30 años han llovido millones de consejos sobre la educación, especialmente sobre la construcción de la autoestima de los niños y niñas. La autoestima es la valoración que hacemos sobre nosotros mismos, reflejando el concepto que tenemos sobre nuestra capacidad y efectividad para hacer las cosas, la confianza en nosotros mismos y la percepción sobre nuestra valía como persona.

La manera más intuitiva para padres, madre y maestros/as para construir la autoestima de los niños es a través del elogio. Parece natural que si un niño hace bien una tarea,  al alabarle aumentará su autoestima. Pero las investigaciones de estos últimos años sobre la relación entre los elogios y la autoestima no muestran conclusiones tan intuitivas como esta creencia. De este modo el estudio de Claudia Mueller y Carol Dweck ha demostrado que el tipo de elogio que los adultos dan a los niños influye en las creencias de los niños en aspectos relevantes para su aprendizaje.

Según esta autora, algunas alabanzas refuerzan la creencia de que un niño tiene ciertos rasgos o talentos («Eres tan bueno en matemáticas…” o «Eres muy inteligente»). Este tipo de elogio puede llevar a los niños a creer que las habilidades fundamentales están arraigadas en un talento innato. Cuando los niños creen que tienen un talento especial, y se encuentran con dificultades en ese terreno en el que eran buenos, ellos reaccionan como si hubieran tocado el techo de su talento, lo que les hace propensos a darse por vencido. En cambio, Mueller y Dweck argumentan que los elogios deben centrarse en el esfuerzo (» Has trabajado mucho en eso»), lo que les enseña que están desarrollando sus habilidades. Los niños que creen que están adquiriendo las habilidades reaccionan a la dificultad esforzándose más en lugar de tirar la toalla.

En un estudio publicado el mes pasado, Brummelman y su equipo exploraron la influencia del  elogio exagerado en los niños con diferentes niveles de autoestima («Es un dibujo increíblemente bonito», en contraposición a uno menos extremo «Es un dibujo bonito «) y extrajeron conclusiones muy interesantes. Observaron que los adultos tratan de compensar la baja autoestima de los niños dirigiéndoles elogios exagerados. Esto no sería un problema si no fuera porque, según los autores del estudio, este tipo de alabanza excesiva puede llevar a los niños con baja autoestima a evitar asumir nuevos retos, debido a su preocupación de que no van a ser capaces de cumplir con las altas expectativas de los adultos. Sin embargo, en el caso de los niños con alta autoestima el tipo de elogio no pareció tener efecto en la actuación de los niños.

Entonces, ¿qué podemos hacer? En última instancia, la autoestima es un concepto demasiado amplio para proporcionar una buena guía para ayudar a los niños a desarrollarse como estudiantes y aprendices. No obstante, es importante centrarse en enseñar a los niños el valor de su esfuerzo en el proceso aprendizaje y hacerles protagonistas activos de sus propios logros. No olvidemos que aprender es una necesidad muy humana y que los pequeños éxitos cotidianos son los que nos hacen sentir capaces. El refuerzo es muy importante en el desarrollo, elogia y subraya esas pequeñas cosas que hacen a diario y que les hace grandes, a lo mejor así no encontraremos dos grupos de niños, los de la alta y baja autoestima.

ResearchBlogging.org Mueller CM, & Dweck CS (1998). Praise for intelligence can undermine children’s motivation and performance. Journal of personality and social psychology, 75 (1), 33-52 PMID: 9686450

Brummelman E, Thomaes S, Orobio de Castro B, Overbeek G, & Bushman BJ (2014). «That’s Not Just Beautiful–That’s Incredibly Beautiful!»: The Adverse Impact of Inflated Praise on Children With Low Self-Esteem. Psychological science, 25 (3), 728-35 PMID: 24434235

Fuentes: Psychology Today, BPS Research Digest

Escrito por María Rueda Extremera

Consejos para promover la acción cuando uno se siente deprimido

 Tener depresión es uno de los problemas psicológicos que mayor malestar  produce en la persona que lo manifiesta. No sólo tiene efectos en nuestra  autoestima y en el humor; afecta directamente a nuestra capacidad    para tomar decisiones. En el día a día, podemos sentir una sensación  constante de abatimiento, sin ganas de hacer nada; dejamos las cosas  a medias por falta de interés y porque encontramos muy dificultoso  concentrarnos en lo que estamos haciendo. Un panorama desalentador,  y que, por supuesto, entorpece enormemente los intentos de la persona para sentirse bien.

Esta casuística no se ve mejorada por una creencia extendida popularmente y que se convierte en otro escollo más para ayudar a las personas a mejorar su estado de ánimo: la creencia de que sólo si estamos bien, podemos hacer las cosas bien; y que si estamos mal o pasando una mala época, no podemos esperar a sentirnos satisfechos, porque los sentimientos negativos sólo pueden causarnos sufrimiento y malestar. Por ello, esperar a levantarnos un día y sentirnos mejor para comenzar a hacer lo que no hemos hecho en mucho tiempo puede ser peligroso; porque seguramente ese sentimiento no aparecerá rápidamente. Aceptar que debemos empezar a hacer las cosas a pesar de encontrarnos francamente desanimados, puede ser un comienzo para sentirnos bien.

Por ello, os dejamos unos sencillos consejos que pueden ser de utilidad cuando la persona deprimida sienta que no puede hacer nada de lo que se la pida; y que se han comprobado su eficacia para incrementar nuestro estado de ánimo.

1.Establecer pequeñas metas cada día. De nada sirve que pretendamos hacer toda una serie de actividades si ya levantarnos de la cama puede suponernos  un esfuerzo hercúleo. Establecer pequeñas metas (tareas de la casa sencillas y que la persona hiciese antes de sentirse deprimida) y adherirnos a ellas puede ser un primer paso para sentirnos mejor

2.Tomar nuestras propias decisiones.  Sentirnos mal puede boicotear nuestra capacidad de decisión a la vez que puede hacernos sentirnos culpables si la decisión no ha tenido el efecto esperado. Hacer una lista de decisiones de orden cotidiano que la persona  ha de decidir; y tomarlas (y realizarlas) cada día a pesar de que la depresión “te diga” que lo harás de manera errónea, puede ayudar a la persona a participar en ellas a pesar de cómo se siente. Establecer toda una serie de mensajes positivos (“Bien hecho”, “ahora lo hemos conseguido”) y postergar el juicio de las consecuencias puede ayudar a reafirmar la toma de decisiones. Y darnos un respiro: en aquellas que la decisión implique a otros o sea una decisión de vital importancia, saber posponer su elaboración hasta que hayamos conseguido ir cumpliendo las pequeñas decisiones que nos hemos ido marcando.

3.Seguir un orden y estructura: la depresión puede hacernos sentir que los temas importantes de nuestra vida escapan a nuestro control. Marcarnos unos tiempos para realizar las tareas que nos propongamos y marcarnos pequeños planes para cada día de la semana puede darnos un orden y ayudarnos a encontrar un equilibrio externo en aquellos momentos en donde el equilibrio interno aún no se ha conseguido.

4. Pedir ayuda externa (con límites).  Siendo conscientes de la dificultad que suponen los puntos que menciono más arriba, pedir a personas de confianza que nos ayuden en los primeros momentos y establecer con ellos que nos dejen hacer las cosas pero con cierta supervisión nos permite sentirnos dentro de una red de apoyo  y más seguros ante nuestras propias dificultades. Por ejemplo, al sentir que no eres capaz de hacer las cosas, llamar a un amigo que venga para ayudarte a concentrarte mientras tú realizas las tareas puede ayudarte a completar lo que tú mismo te has propuesto; y sin olvidar tomarnos algo con él una vez hayamos terminado.

Hacer las cosas cuando uno está muy deprimido es algo muy difícil. Pero darnos un orden, contar con un apoyo en el lugar  y darnos plazos en la realización de las tareas puede ser una forma positiva de comenzar a hacer lo que queremos hacer. Hoy puede ser el día.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: www.psychcentral.com

Estrategias para reducir la ansiedad en niños

Posiblemente la peor parte de la ansiedad es tener ansiedad ante la ansiedad. La conocida metáfora de la bola de nieve, que engorda a medida que rueda colina abajo, puede ayudarnos a ilustrar cómo la ansiedad desenfrenada crece rápidamente. Los niños pueden aprender a lidiar con la ansiedad a través de la adquisición de dos habilidades cruciales: capacidad para calmarse y resolver problemas. La escalada de la ansiedad en los niños puede ser expresada y percibida como un comportamiento desafiante. Enseñar a tu hijo a escuchar y controlar su ansiedad puede ayudarle mucho ahora y en el futuro, e incluso mejorar su comportamiento. A continuación se presentan cinco técnicas muy extendidas en la práctica clínica para ayudar a los niños a manejar la ansiedad:

Respirar con ellos. La respiración lenta y profunda facilita la reducción de la ansiedad. Puedes ayudar a tu hijo a practicar esto, guiándole para que se imagine cómo el aire viaja entrando por la nariz, pasando por la tráquea, y llegando al vientre, el cual se hincha como un globo. Puedes ayudarte de vídeos de Youtube en los que se explica cómo realizar esta respiración diafragmática. Otra manera de relajarse es alternativamente tensar y relajar los músculos alternativamente. En este caso puedes enseñarle a través de escenas divertidas, como por ejemplo, apretar las manos fuerte como si estuvieras exprimiendo limones, tensar los músculos de la cara para intentar espantar una mosca que se ha posado sobre su nariz, o apretar los músculos de los hombros y cuello al imaginar ser una tortuga que esconde su cabeza dentro del caparazón.

Ayudarles a identificar los pensamientos negativos. Puedes orientarle para que encuentre y asimile a un personaje o dibujo este tipo de pensamientos. En este sentido, por ejemplo, los pensamientos negativos puede ser hormigas que aparecen de repente y dicen cosas como “me va a salir mal”, “te vas a caer”, “todo me sale mal”… que nos ponen muy nerviosos. Anímales a que te expresen estos miedos y háblalo con ellos. Podéis dibujar a esas hormigas con pensamientos negativos. Ayúdale a producir el pensamiento alternativo como, por ejemplo, “si sigo practicando, me saldrá cada vez mejor”, “todos nos equivocamos y cometemos errores, puedo aprender de ellos y hacerlo mejor la próxima vez”. Esto dará más confianza a tu hijo y reducirá su ansiedad. Además, saber que puede contar contigo para expresarse libremente le enseñará algo muy valioso, todos somos vulnerables y eso no significa ser débil.

Usar estrategias de exposición. La ansiedad tiene un importante componente fisiológico, esto es, sensaciones corporales generalmente muy desagradables para quien las padece. La exposición a estas sensaciones, aunque suene paradójico, facilita la interrupción de la escalada de la ansiedad. Por ejemplo, para un niño que informa de la falta de aire debido a la ansiedad, podemos pedirle que se siente con su padre y juntos contengan la respiración. El objetivo es que el niño identifique los síntomas físicos de la ansiedad, pero en ausencia de la percepción cognitiva de miedo y pánico. Aunque a los adultos también nos genere angustia ver a un niño sufriendo ansiedad, y lo que nos sale espontáneamente es protegerle y facilitar el escape de esa situación, debemos tener presente que la exposición siempre va a ser mucho mejor para ayudarle que la evitación. Por ello os recomendamos que os mostréis cercanos, cariñosos y firmes a la hora de alentar a tus hijos a enfrentar y trabajar con sus miedos.

Guiar al niño en la imaginación de escenas agradables. Puedes ayudar a tu hijo a imaginar un lugar relajante y a tomar conciencia de las sensaciones y sentimientos de calma en su cuerpo. O bien, puedes pedirle que se imagine una caja donde poner las preocupaciones que le molestan, para que la use cuando lo necesite o quiera estar haciendo otras cosas. Esto es un juego para dotarle de herramientas, pero no olvides que esas preocupaciones deben ser escuchadas.

Animar al niño a hacer una lista de «cosas que salieron bien hoy» al final del día. Esto ayuda a aquellos niños propensos a la ansiedad a que desarrollen un estilo cognitivo optimista, fomentando que sean capaces de fijar su atención en lo positivo, así como valorar sus éxitos diarios.

 

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

 

El papel de la demora en la toma de decisiones eficaces.

En nuestra vida cotidiana, hay multitud de situaciones (por ejemplo, mientras conducimos) en las que se requiere una solución rápida y precisa, apoyándonos en nuestra rapidez y capacidad de reflejos para tomarlas. Sin embargo, nos asombramos la cantidad de veces que cometemos errores, sin comprender siquiera que nos ha movido a realizar dichas acciones.

Un equipo de investigadores liderados por Tobias Teichert (profesor asistente de la Universidad de Pittsburg) y Jack Grindband (colaborador del Instituto Taub para el Estudio de la Enfermedad de Alzheimer) han realizado un estudio que pretende arrojar luces a este respecto, y si cabe; proponer nuevas vías en el estudio del procesamiento de la información y toma de decisiones en seres humanos.

Según ellos, la clave para emitir la  mejor respuesta ante situaciones de solución rápida es, sencillamente, aplazar el inicio de la decisión a unos instantes posteriores a lo que solemos realizarlo habitualmente (de 50 a 100 milisegundos más). La razón es bien sencilla; ante cualquier situación, el cerebro ha de procesar e integrar una gran cantidad de información contradictoria, que muchas veces no ayuda para tomar la elección correcta. En un primer momento, el cerebro no puede distinguir entre información irrelevante e información relevante; moviéndose por la información más saliente en ese momento, aumentando la probabilidad de aumentar los errores y disminuyendo la precisión en la respuesta. Posponer unos milisegundos la toma de decisiones ayudaría al cerebro a procesar y filtrar lo importante de la situación, disminuyendo la comisión de fallos en su realización. Asimismo, propondrían que este mecanismo favorecería un control cognitivo en la toma de decisiones, a pesar de la rapidez con la que fuese necesaria la solución.

Para demostrar y secundar estos hallazgos, propusieron una tarea experimental a una muestra de 13 sujetos que realizaban dos tareas distintas. En la primera, mediante la realización de una tarea de ordenador, se les pedía a los participantes que observaban un enjambre de puntos móviles que se movían de manera muy rápida en la pantalla, y que contestaran lo más rápido posible en qué dirección (izquierda o derecha) se habían movido. En una segunda parte del experimento, los participantes tenían que hacer una tarea similar a la anterior, si bien se les marcaba con un sonido cuando debían emitir la respuesta. Los resultados fueron abrumadoramente consistentes; siendo las respuestas más precisas y eficaces cuando se les pedía aplazar la toma de decisión, esto es, en la segunda modalidad del estudio.

Si la mayoría de investigaciones anteriores defendían que la probabilidad de tomar buenas decisiones estaba predominantemente en la prolongación de la fase de toma de decisiones; la investigación de Teichert y Grindband supone un cambio en la consideración de los descubrimientos, y argumentan posibles implicaciones en el estudio de trastornos como el TDAH y la esquizofrenia, donde la probabilidad de comisión de errores es muy elevada ante la impulsividad y falta de planificación en las respuestas.  Un interesante estudio que nos habla, una vez más, de la intrincada relación entre el cerebro y la conducta humana.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: www.psychcentral.com

El género también afecta a la salud mental

Los hombres y mujeres no somos iguales del todo. Siempre buscamos una igualdad social y cultural, así como igualdad de oportunidades. Pero quizá porque aún queda un largo camino hasta llegar a una plena igualdad, o quizá por otros motivos, cuando hablamos de salud mental, aún hay muchas diferencias entre hombres y mujeres.

En general, se conoce que las mujeres tienen más frecuentemente trastornos del ánimo y trastornos relacionados con la ansiedad y el estrés. Estas diferencias entre géneros han sido ampliamente estudiadas y los estudios en psicología sobre el género son amplios y complejos. Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora ayer 8 de marzo, queremos hacer una pequeña búsqueda sobre los motivos por los que existen estas diferencias en salud mental entre mujeres y hombres.

Hay varios factores que se enuncian como hipótesis para explicar estas diferencias. Por una parte, las diferencias biológicas a nivel genético u hormonal. Podría ser que en las mujeres existiera un componente genético que las hiciera más vulnerables al sufrimiento psicológico. O bien que las fluctuaciones hormonales propias de la mujer a lo largo del ciclo vital influyeran también sobre la vulnerabilidad a dichos trastornos.

Sin embargo, no se ha podido demostrar que estos factores biológicos expliquen claramente estas diferencias entre hombres y mujeres. Por esto, también se investigan otros factores que pudieran hacer que en las mujeres haya una mayor prevalencia de trastornos psicológicos de este tipo. Por un lado, se plantea que las mujeres, tengan en términos generales menos recursos; las ya conocidas diferencias salariales entre una mujer y un hombre o el acceso a puestos de menor poder, llevaría a las mujeres a tener menos recursos, lo que puede derivar en un afrontamiento puramente material menos eficaz en términos de salud.

Teniendo en cuenta que en nuestra sociedad actual las diferencias de género son bastante amplias, es importante considerar los factores sociales y su influencia sobre la salud mental. El rol de las mujeres está sometido a unas mayores exigencias y obligaciones, así como las mujeres sufren a lo largo de la vida mayor número de eventos estresantes. Aunque estas diferencias han sido usadas en investigación para explicar las diferencias de salud mental, sólo han logrado explicarlas parcialmente a través de estos factores.

Así, se plantea que las mujeres tengan una mayor vulnerabilidad al estrés que quizá conduzca posteriormente al desarrollo de problemas de salud mental. Esto se podría explicar por las diferencias entre las concepciones del rol de género femenino y masculino. El rol femenino sería más internalizante, llevando a estrategias que hacen que sean más vulnerables a los trastornos de ansiedad y depresivos, mientras que un rol masculino sería más externalizante, llevando a un afrontamiento que les hace más vulnerables a trastornos adictivos o conducta antisocial.

El hecho de que las formas de afrontar los problemas se relacione con los roles de género, se ve reflejado en el estudio de 2010 llevado a cabo por Seedat y su grupo, en el que encontraron que el rol femenino tradicional es un factor de riesgo para el desarrollo de la depresión. Se propone que si se disminuyera la influencia de un rol femenino tradicional, la incidencia de trastornos depresivos se igualaría entre hombres y mujeres.

En general, unos roles de género muy estrictos son perjudiciales tanto para mujeres como para hombres. Aunque aquí nos hemos centrado en los factores que pueden afectar a ese mayor desarrollo de trastornos en la salud mental en mujeres, el tener que ceñirse a un rol de género concreto puede ser perjudicial para todos, así que una flexibilidad en este sentido será siempre beneficiosa para ambos géneros. La prevención en salud mental pasa por la educación en aspectos emocionales, sociales y de afrontamiento al estrés, pero también es importante tener en cuenta que una educación menos rígida en la necesidad de adecuarse al rol de género puede proporcionar muchos beneficios sociales en temas de salud mental. Permitamos a cada persona desarrollarse en una sociedad más sana, incluyendo la libertad de moverse fuera de los estereotipos de género.

ResearchBlogging.orgDenton M, Prus S, & Walters V (2004). Gender differences in health: a Canadian study of the psychosocial, structural and behavioural determinants of health. Social science & medicine (1982), 58 (12), 2585-600 PMID: 15081207

Piccinelli, M. (2000). Gender differences in depression: Critical review The British Journal of Psychiatry, 177 (6), 486-492 DOI: 10.1192/bjp.177.6.486

Rosenfield, S. & Mouzon, D. (2013) Gender and mental health. En C. Aneshensel, J.C. Phelan & A. Bierman (Eds.) Handbook of the Sociology of Mental Health (pp 277-296). Netherlands: Springer.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Formas de dar valor a las emociones de tus hijos

Comprender a tu hijo es tan importante como quererle y amarle. Al igual que hay muchas parejas, que pese a quererse, se separan porque nunca se han sentido comprendidos el uno por el otro, hay muchos niños y adolescentes que se sienten amados, pero no entendidos

Validar los sentimientos de tus hijos les ayudará a sentirse comprendidos. Esto significa aparcar por un momento tu ego y gran deseo de echarles el sermón. Validar los sentimientos de tu hijo también significa no juzgarle, sino simplemente reconocer sus sentimientos. Esto requiere gran concentración y disciplina como padres. El mejor ejemplo de disciplina que puedes darle a tu hijo tiene que ver con tu propia auto-disciplina para ser paciente, comprensivo y cariñoso, y más especialmente cuando tu hijo no está actuando precisamente de forma adorable. Contrariamente a lo que muchos padres frustrados pueden pensar, sobre todo durante los estresantes momentos de conflicto, la validación de los sentimientos no implica tolerar malas decisiones o ceder a la conducta desafiante.

Validar significa transmitirle a tu hijo un mensaje muy importante, que «sus sentimientos tienen sentido”. No sólo le das permiso para sentir lo que siente, sino que recoges y aceptas sus emociones de una manera no crítica. Validar a tu hijo expresa una gran empatía. Esto ayudará a construir su autoestima y reducir su comportamiento desafiante, que es a menudo la forma que tienen los niños de expresar que no se sienten entendidos. A continuación te sugerimos algunas formas de validar los sentimientos de tu hijo:

  • Comunícale tu intención de escuchar sin juzgar o culpar, e insístete a ti mismo si ves que te desvías de la deseada actitud empática.
  • Sé sensible a, y reconoce, lo difícil e incluso vergonzoso que es ser «diferente» cuando él o ella quiere ser como todos los demás.
  • Reconoce sus problemas y entiende que son importantes. Muchos niños y adolescentes expresan que en repetidas ocasiones sus padres minimizan, ridiculizan y obvian sus luchas y problemas.
  • Reflexiona sobre cómo se siente de mal cuando experimenta como si las paredes le comprimieran y lo abrumador que es cuando sus emociones parecen escaparse a su control.
  • Comprende cómo la vergüenza (a menudo imperceptible para los padres frustrados) puede influir en cómo se comporta el niño, aun lamentándolo más adelante.

Es importante recordar que si los niños se sienten validados, estarán en mejores condiciones para escucharte y cambiar sus propios comportamientos. Sé consciente de lo importante que es, no sólo para tu hijo, sino también para vuestra relación. La validación es crucial para la construcción de su autoestima a lo largo de su infancia y adolescencia, lo que promoverá una sólida salud emocional.

 

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

Mi Querido Amigo Invisible

El juego en la infancia ha ido perdiendo su consideración exclusivamente lúdica para establecerse como una actividad indispensable y preparatoria de multitud de las funciones cognitivas que utilizaremos posteriormente. Tanto es así que las propias variaciones que observamos en el juego constituyen un buen indicador del desarrollo cognitivo del niño; pasando de juegos basados en la imitación de los otros o de roles sociales a juegos mucho más elaborados, sin implicar a los otros y generando mundos propios e idiosincrásicos, definiéndose como prolongaciones de los juegos simbólicos en los que han estado implicados.

Uno de los que más atención ha obtenido por parte  de los investigadores por su curiosa presentación y que hace no mucho era considerado una posible falla en el desarrollo (por falta de destrezas sociales, signos de retraso o presencia de sintomatología psicológica) es el juego con un compañero imaginario, comúnmente definido como amigo invisible. Por ello, han sido varios los estudios que han resaltado los beneficios manifiestos de dicho juego; entre ellos; una mejor aplicación de las destrezas sociales o un desarrollo cognitivo más completo. Destaca entre ellos la investigación realizada por Gabriel Trionfi y Elaine Reese; que propusieron hace unos años como la presencia de amigos invisibles en la infancia estaba relacionado con unas mejores capacidades narrativas, tendiendo grandes implicaciones para el éxito en el contexto escolar y la adquisición de la capacidad lectora.

Con una muestra compuesta por 48 niños de 5 años y medio (la mitad niños, la otra mitad niñas), comprobaron si la presencia de amigos invisibles tenían estos beneficios manifiestos. La prueba consistía en la lectura a los niños de una historia relacionada con “El día del Padre”, una prueba de test para evaluar la capacidad de comprensión de textos de los niños; y una tercera prueba en la que el niño contaba a una marioneta la historia que había oído anteriormente (“El día del Padre”) y otra prueba en la que contaban a sus madres un evento significativo ocurrido en el último año; evaluando en estas narraciones la capacidad narrativa y de estructuración de historias, los detalles o el nivel de vocabulario. Con un total de 23 niños de los 48 incluidos con amigos imaginarios, los resultados mostraron como  los niños con amigos invisibles relataban historias cualitativamente más ricas y complejas que sus compañeros sin amigos no reales; facilitando más datos,  generando ficción dialogada y extrayendo más relaciones de tiempo y espacio en el relato de las historias con respecto a sus compañeros no imaginativos.

Para los autores, las conclusiones que podían sacarse de estos resultados conectaban fuertemente con la capacidad cognitiva de los niños. Así, estos resultados podrían suponer un sistema cognitivo mucho más complejo y rico para los niños con amigos invisibles, al descontextualizar el objeto del juego a un contexto imaginado y sin referencia real, y que implica, consecuentemente, una mayor capacidad de abstracción y conceptualización. Es más, compartir estos personajes y mundos imaginados con su entorno y adultos más cercanos (como padres y profesores) podría suponer una oportunidad para el desarrollo y enriquecimiento de las habilidades cognitivas (como la Teoría de la mente), con lo que los autores concluyen el estudio incentivando al entorno del niño a hacer florecer y preguntar sobre ello.

Con algunas limitaciones dadas por la propia metodología de recogida de información de los niños, así como el reporte de algunas curiosidades (la mayoría de niños en el estudio con amigos invisibles eran hijos primogénitos, el sexo de estos amigos invisibles era mayoritariamente masculino, incluso en el caso de las niñas), lo que si nos queda claro es lo rico y variado que supone el juego del niño, y lo importante que es no censurar sus manifestaciones, sino fomentarlo, compartirlo y adentrarse de lleno en él.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente consultada: Research Digest.

ResearchBlogging.org
Trionfi G, & Reese E (2009). A good story: children with imaginary companions create richer narratives Child development, 80 (4), 1301-13 DOI: 10.1111/j.1467-8624.2009.01333.x

¿Funciona realmente el “brain-training”?

Hace bastantes años que se han popularizado diferentes juegos o ejercicios que nos prometen mejoras en nuestra inteligencia, y aún más, un cerebro más potente y joven. La comunidad científica trata de comprender cómo funcionan estos programas y si las mejoras que prometen son tales. No sólo eso, los estudios científicos sobre los programas de entrenamiento cognitivo hacen hincapié en la “juventud” del cerebro, considerando más importante el cómo realizar ejercicio cognitivo detendría el declive que puede producirse en el envejecimiento.

Dar respuesta a la pregunta del título sobre si el entrenamiento cognitivo realmente funciona no es simple. Tendríamos que preguntarnos además qué es funcionar. Para responder a esto, disponemos de conocimientos sobre lo que sí hace el entrenamiento cognitivo y qué no.

Por una parte, parece ser que no existe una clara evidencia científica sobre la mejora en la inteligencia general; si ésta es la promesa, parece ser que a día de hoy no podemos confiar en ella. Uno de los principales problemas del entrenamiento cognitivo es que no ha llegado a dar lugar a lo que en inglés se define como “far transfer”, es decir, una transferencia de mejora entre diferentes funciones cognitivas (por ejemplo; entrenarnos en ejercicios de visión espacial no nos proporcionará una mejor memoria en sí mismo) (Park, 2013).

Además, la investigación en adultos jóvenes, así como en niños, tampoco está suficientemente avanzada como para poder decir con seguridad que estos entrenamientos cognitivos sean efectivos en estos grupos de edad.

Cuando hablamos de población mayor, sin embargo, sí encontramos ciertos resultados esperanzadores respecto al entrenamiento cognitivo. Hay funciones cognitivas que son más susceptibles de ser mejoradas con entrenamiento y además tener repercusión sobre la vida cotidiana de las personas mayores. Los diferentes estudios describen mejoras mucho más sobre el razonamiento lógico que sobre la memoria, cuyo entrenamiento aislado no parece dar lugar a una mejora. Un estudio publicado recientemente (Rebok, 2014) ha avalado que, con una intervención correctamente planificada y sobre funciones específicas, podemos observar que no sólo se producen mejoras en las funciones entrenadas sino también en la capacidad de llevar a cabo sin problemas las actividades de la vida diaria, mientras que el grupo que no realizó este entrenamiento decayó en esta capacidad. Además, el resultado más impresionante de este estudio es que estos efectos se mantienen ¡hasta diez años después!

Pero no cualquier actividad cognitiva funciona necesariamente para todo el mundo. Ciertos resultados señalan que es especialmente importante que el entrenamiento sea una tarea estimulante y quien la realiza ha de sentirse comprometida con la tarea; si esto no es así no se observa mejora.

Por el momento, aún estamos lejos de conocer específicamente cómo el entrenamiento cognitivo hace sus efectos sobre el cerebro.

Sí que podemos ver ciertos beneficios a los ejercicios de entrenamiento cognitivo, pero no podemos atribuirles unos “resultados milagro”. Las recomendaciones que Steven Novella nos da en su post respecto a este tema pueden servirnos como una guía para entender racionalmente los efectos de estos ejercicios:

-Realizar tareas mentales que sean un reto intelectual para nosotros es bueno para el mantenimiento cognitivo.

-Sería bueno que las tareas sean diferentes y variadas. No es necesario que sean informatizadas, las tareas de lápiz y papel pueden funcionar igual de bien.

-Es importante encontrar diversión genuina en realizar este tipo de tareas.

-Cuando el bombo publicitario parezca excesivo, seguramente lo sea.

¡Feliz entrenamiento cognitivo! ¡Y mucha diversión!

 

Fuentes y bibliografía: Scientific American, sciencebasedmedicine.org, Dialogues in Clinic Neuroscience, Journal of the American Geriatrics Society.

  • Park, D.C. y Bischof, G.N. (2013) The aging mind: neuroplasticity in response to cognitive training. Dialogues in Clinical Neuroscience; 15(1): 109–119.
  • Rebok, G.W., et al (2014) Ten-Year Effects of the Advanced Cognitive Training for Independent and Vital Elderly Cognitive Training Trial on Cognition and Everyday Functioning in Older Adults. Journal of the American Geriatrics Society, 62 (1): 16–24.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas