El juego libre como herramienta para el desarrollo cognitivo-social

Extraída de www.mimamadedia.com
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“El juego es el instrumento que tienen los niños para interpretar la realidad, para entender cómo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qué han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten”, explica José Ramón Ubieto, profesor de Psicología de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya).

El juego ha sido reconocido por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos como un derecho de todos los niños debido a la importancia que se le atribuye en el desarrollo infantil. Más específicamente se habla del tiempo de juego libre y no estructurado, esencial para el bienestar cognitivo, físico, social y emocional de los niños y jóvenes.

¿CUÁLES SON LOS BENEFICIOS DEL JUEGO LIBRE?

Se necesita jugar para un desarrollo cerebral saludable. El 75% del cerebro se desarrolla después de que nace un bebé, en los años entre el nacimiento y los primeros 20 años. El juego infantil estimula el establecimiento de nuevas conexiones entre células nerviosas cerebrales; esto es lo que ayuda al niño a desarrollar habilidades motoras gruesas (caminar, correr, saltar, coordinación) y habilidades motoras finas (escritura, manipulación de herramientas pequeñas, trabajo detallado de las manos). Jugar durante la adolescencia y en la edad adulta ayuda al cerebro a desarrollar aún más dicha conectividad, especialmente en el lóbulo frontal, que es el centro para planificar y tomar buenas decisiones.

El juego de simulación estimula la imaginación y creatividad. Los estudios han demostrado que los niños que son animados a usar su imaginación son más creativos en su vida adulta. Y es que la creatividad no se limita a la expresión artística, también ayuda a las personas a encontrar formas innovadoras en la solución de problemas cotidianos.

Es la capacidad de “hacer creer” lo que puede llevar la mente de las personas a lugares donde nadie ha ido antes.

El juego desarrolla la función ejecutiva del cerebro. Con función ejecutiva nos referimos a las habilidades mentales que nos permiten administrar el tiempo y la atención, planificar y organizar, recordar detalles y decidir qué es y qué no es apropiado decir y hacer en una situación determinada . También participa en el aprendizaje del dominio de nuestras emociones y a usar experiencias pasadas para entender qué hacer en el presente y/o futuro. La función ejecutiva es fundamental para el desarrollo del autocontrol y la autodisciplina. Los niños que tienen una función ejecutiva bien desarrollada se desempeñan bien en la escuela, mantienen relaciones sociales sanas y toman buenas decisiones. En resumen, el juego le aporta al lóbulo frontal del cerebro, el centro de la función ejecutiva, el entrenamiento necesario para su desarrollo.

El juego desarrolla la “teoría de la mente” de un niño. La “Teoría de la mente” es la capacidad de “caminar en los zapatos de otro”, es decir, poder ponerse en la situación del prójimo. Mediante el juego libre los niños aprenden a descubrir qué pensarán y harán los diferentes personajes, es decir, requiere comprender los pensamientos y sentimientos de los compañeros de juego. Una teoría de la mente bien desarrollada aumenta la tolerancia y la empatía por los demás así como su capacidad para trabajar bien en equipo.

MENOS JUEGO LIBRE, MÁS DEPRESIÓN Y ANSIEDAD INFANTIL

Cuando los adultos no dejan explorar el entorno, brindan todas las ideas para el tiempo libre y establecen las reglas del juego, los niños  se ven privados de aprender importantes habilidades sociales con los iguales y de experimentar la satisfacción por el propio logro. Después de todo, si un niño quiere que otras personas jueguen con ellos tiene que aprender a aceptar las ideas de otros y cooperar con un objetivo grupal, lo que servirá de entrenamiento para alcanzar un pensamiento más flexible y una autorregulación emocional adecuada.

Cada vez son más los psicólogos, pediatras y pedagogos que manifiestan que el exceso de sobrecontrol en el juego por parte de los adultos tiene relación causal con el aumento de patologías psicológicas como la depresión y la ansiedad en la población infantojuvenil de las últimas décadas. Y es que cuando gestionamos cuándo, dónde y con quién han de compartir su ocio se les resta confianza; el niño se siente más inseguro, con menor capacidad de autogestión, resultando finalmente en una merma de autoestima. En resumen, todos ellos factores de riesgo para sufrir depresión.

Frente a una sobreprotección paterna es recomendable que los progenitores opten por proporcionar una guía suave sobre el comportamiento positivo y la resolución de problemas, si es necesario, a medida que se desarrolla el juego de simulación.

¿QUÉ PODEMOS HACER LOS ADULTOS PARA PROPICIAR EL DESARROLLO DE DICHAS HABILIDADES COGNITIVO-SOCIALES?

Fomenta el juego libre: sí, definitivamente es importante proporcionar a los niños experiencias que les enseñan nuevas habilidades y cómo trabajar en equipo. También para paliar el declive de las horas de juego que está teniendo lugar en los últimos tiempos. Todo ello sin que la experiencia de juego sea tan reglada externamente, es decir, sin la omnipresencia de los adultos.

Juega con tus hijos: dedicarle tiempo en el día a día a jugar con ellos mejora las relaciones familiares, promueve la comunicación y la cooperación. Así mismo dejar que ellos dirijan ese tiempo lúdico te ayudará a conocer mucho acerca de “su mundo”.

Promueve, en la medida de lo posible, salir del ámbito urbano: elige parques infantiles y zonas donde se pueda disfrutar de la naturaleza para que el niño explore, sea creativo a la hora de incorporar en el juego los recursos que tiene a mano y sea independiente para valorar de lo que es capaz. También así se le brinda la posibilidad de aburrirse o frustrarse, factores igualmente necesarios para el desarrollo saludable del niño.

Piensa antes de comprar: el juego libre “sale gratis”. El exceso de juguetes aniquila la capacidad de improvisación de los niños a la hora de transformar los objetos cotidianos en materiales de juego, y con ello su potencial creativo.

Escrito por: Maite Nieto

FUENTES: lavanguardia.com , PsychCentral.

Sigue usando la imaginación aunque ya seas un adulto

Aunque una parte tremendamente importante en la cultura humana es la de imaginar cosas inexistentes, crear mundos imposibles e imaginar lo que podríamos desear. Sin embargo no todas las personas tienen la misma capacidad de imaginar y desde luego, esta capacidad cambia a lo largo de la nuestra vida. Si tu capacidad de imaginación se atasca, pregunta a un niño y verás cómo la suya es mucho más fluida.

¿Qué hace que la imaginación sea mayor en la infancia?

Los niños son más creativos, ya que su visión del mundo es incompleta y además requiere una actitud de descubrimiento. Se comprometen con su ignorancia en lugar de omitirla y en la necesidad de explorar, investigar y cuestionar sus ideas, buscan en muchas ocasiones cometer errores para descubrir algo nuevo. Al contrario que los adultos, a los niños no les importa cómo percibirán y evaluarán los otros sus ideas y mucho menos si éstas funcionan o no en el mundo real.

extraído de signature-reads.com
extraído de signature-reads.com

Hay un par de motivos más por los que se piensa que los niños pueden tener una capacidad imaginativa mayor. Por una parte, el adecuarse al sistema educativo que tiende a unificar la forma de pensar e incluso de resolver problemas. Según vamos creciendo y adquiriendo nuevos conocimientos de la cultura en la que vivimos, nuestro imaginario se forma en función de ellos, por lo que el contenido imaginativo más original se termina diluyendo en cierta forma.

Más allá de esto, hay motivos biológicos por los que la imaginación se merma con la edad. En la infancia el desarrollo cerebral aún no ha finalizado, y lo que tarda más en terminar de conformarse es la zona frontal. Aunque para una gran cantidad de funciones cognitivas superiores es necesario que esta parte del cerebro esté en sus mejores condiciones, justo la imaginación posiblemente pueda prescindir de su funcionamiento adulto. La zona frontal, entre otras funciones, es la que se encarga de la inhibición. Para la adecuada convivencia y adaptación a la cultura, la capacidad de inhibición es necesaria, pero no se lleva tan bien con la creatividad y la imaginación. Así pues, podríamos decir que el cerebro adulto es más propenso a reducir su capacidad imaginativa.

Sin embargo, esto no nos determina a la hora de ser imaginativos. De hecho, en una investigación se observó como al preguntar a personas adultas por respuestas imaginativas ante una situación, si se les planteaba que eran niños de 8 años, la creatividad e imaginación en las respuestas era mayor.

Así pues, aún con las variables biológicas en juego, podemos potenciar la capacidad imaginativa en la edad adulta. De hecho, no es sólo que podamos aún ser imaginativos, sino que es hasta recomendable serlo.

¿Cómo usar la imaginación en la edad adulta?

En las personas que han sufrido eventos traumáticos a lo largo de su vida, el imaginar situaciones diferentes respecto al trauma en muchas ocasiones puede ser tremendamente curativo. Pero no es sólo en casos extremos, sólo hay que probar a cerrar los ojos e imaginar una situación que nos resulte relajante (una playa tranquila, un bosque u otro paisaje que nos provoque esta sensación de relax) y observar que la capacidad de imaginar esto nos proporciona más tranquilidad.

Hay algunas situaciones en las que la imaginación puede ser una herramienta maravillosa tengamos la edad que tengamos.

1. La situación de relax. Si cierras los ojos, respiras despacio e imaginas un lugar donde te sientas cómodo, podrás automáticamente reducir en alguna medida el estrés. Si añades detalles de sonido, de tacto o le incluyes los máximos detalles posibles a la situación, será más fácil ponerse en el lugar y por tanto que te siente mejor.

2. La situación de ira. Aunque en las relaciones sociales la expresión del enfado ha de ser medida, es una emoción que de algún modo nos lleva a romper todos los cánones establecidos. Por la naturaleza de esta emoción, ésta nos empuja a atacar al otro físicamente, para salvaguardarnos. Ante la intensidad de esta emoción, en muchas ocasiones es más sano poder imaginar lo que querrías hacer con esa ira, literalmente, ya que al estar sólo en la imaginación, se logra descargar esa energía mientras que no se causan los daños que se producirían al trasladarlo a la realidad.

3. La figura de apoyo. Cuando te sientes decepcionado o triste, o desesperanzado, puedes crear un personaje que te acompañe en estas situaciones y que sea capaz de dar las respuestas ideales que te daría otra persona para darte consuelo, apoyo o fuerza para continuar. Estas respuestas perfectas dadas por un “otro” real en muchas ocasiones no son fáciles de obtener, pero si dispones de este personaje de apoyo, es más fácil que te proporciones a ti mismo ese consuelo y protección y en muchas ocasiones incluso te ayudará a pedir ayuda cuando lo necesites.

4. La situación erótica. Cuando estamos en una relación de pareja de larga duración, en ocasiones se convierte en algo rutinario y eso hace que la excitación sexual se reduzca. Si en el día a día inviertes algunos momentos en imaginar fantasías sexuales, esto puede ayudar a incrementar el estado mental en disposición de las relaciones sexuales. Las fantasías en absoluto han de ser sólo relacionadas con la pareja, precisamente, al no estar ocurriendo en la realidad, sólo incrementan las sensaciones que después podremos poner en práctica con nuestra pareja de años.

La imaginación es una herramienta de la que disponemos y que es algo que en el ser humano tiene muchas funciones y nos hace capaces de enfrentarnos de formas diferentes a la realidad. Atrevete a poner en marcha tu imaginación aunque ya no tengas 8 años, ¡como si todavía los tuvieras!

Fuentes: bigthink.com, psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas