¿Qué nos hace más susceptibles a sufrir estrés laboral?

Extraída de http://www.infogenericos.com.ar
Extraída de http://www.infogenericos.com.ar

Qué el estrés no es tan malo como lo pintan parece algo que va interiorizándose en la sociedad actual. Unos niveles moderados de ansiedad permiten una mayor concentración en lo que estamos haciendo, un mayor uso de nuestra capacidad creativa (pudiendo vislumbrar más alternativas a la hora de enfocar un problema) y aumenta nuestra efectividad y productividad. Es decir, el estrés es un mecanismo activador y de alerta en momentos donde necesitamos echar mano de nuestros recursos. Y muy útil en nuestro entorno laboral, porque nos permite ponernos las pilas cuando la situación lo requiereEl problema está cuando, a pesar de poner todo nuestro empeño, sentimos que no podemos hacer frente a las demandas de la tarea, ya sea porque las tareas que nos han encomendado son demasiadas o muy difíciles, o bien no nos sentimos lo suficientemente capaces para realizarlas. Si esto se mantiene a niveles excesivos durante bastante tiempo, nos empezamos a sentir quemados, y nuestro rendimiento decaerá drásticamente, con efectos importantes en nuestra salud y nuestro equilibrio emocional.

Mucho se ha escrito sobre ambientes altamente tóxicos y exigentes que provocan un rápido desgaste en los trabajadores. También, que hay determinadas variables psicológicas que predisponen para sentir estrés laboral, y que hacen que sus efectos nos afectan de manera considerable. Tal vez sea hora de hacer un breve repaso. Teniéndolas en cuenta, además de los efectos, puede ayudarnos a poner límites a nuestro trabajo en su justo momento y no cuando ya es demasiado tarde

1. Perdida de sentido a lo que hacemos. Las razones que nos llevan a un trabajo son muchas; desde una necesidad económica hasta la implicación máxima con un proyecto. Sin embargo, cuando estamos quemados o sentimos el burnout, perdemos el interés general de nuestro trabajo porque lo vemos poco acorde a nuestros valores y nuestras metas personales. Ya no nos fijamos en aquellas cosas que lo hacían atractivo y nos despertaban el ánimo; nos fijamos en los problemas y estamos focalizados en ellos. Reconectar con nuestras metas y nuestro trabajo hace que nos sintamos comprometidos y amortigua y mucho los efectos del estrés.

2. Ser rumiativos, auto-obsesivos y terriblemente exigentes con nosotros mismos. Sí, tenemos un jefe tirano y que se muestra implacable con nuestros errores pero no ayuda que nosotros interioricemos su discurso y seamos incluso más destructivos que sus peores palabras, no permitiéndonos ningún error y reduciendo nuestro propio trabajo a la nada cuando nos hagan un feedback negativo de él. A veces, nosotros somos nuestro peor enemigo. Aprender a perdonarnos, a tratarnos con amor y calor en esos días tan malos y practicar la auto-indulgencia permite comprendernos y valorar lo importante en un entorno estresante: nuestro propio reconocimiento del esfuerzo y el valor por sacarlo adelante.

3.Practicar la impaciencia: vivir a contrarreloj. Ser impaciente nos hace vivir en un permanente estado de abrume y agotamiento psicológico. Nos hace tendentes a asumir varias tareas simultáneamente, y elegir hacerlas todas (y perfectas) en momentos donde no podemos hacerlo todo, sino decidir y priorizar unas pocas. Por el contrario, la paciencia no se ha descrito como la ausencia de acción sino ser capaz de elegir el momento adecuado para cada cosa. Esperar y saber dejar algunas cosas para otro momento más adecuado y focalizarnos en una sola, la necesaria en ese momento, permite asumir que todo no se puede hacer pero sí saber que lo necesario puede hacerse y admitir que lo demás siga su curso.

4.Aislarnos. Uno de las mayores variables de auto-cuidado es reservar todas las semanas un tiempo para nuestro círculo íntimo y de disfrute. Permitirnos desconectar en una fiesta o desahogarnos con un buen/a amig@ nos ayuda a liberar carga negativa. Por otro, recordad que también es importante no rodearnos de gente altamente estresada (la conversación giraría en torno al estrés, justo lo que queremos evitar) sino plantearnos qué eventos y personas nos regalan una verdadera desconexión y elegirlos.

5. Hacer predicciones pesimistas. Estar convencidos de que la situación no va a cambiar y sólo puede empeorar está relacionada con el agotamiento físico y mental, con la falta percibida de recursos y un aumento significativo de la ansiedad, depresión, enfermedades gastrointestinales, trastornos del sueño y dolores musculares. En efecto, lo que creemos acerca de nuestro entorno afecta directamente a nuestra salud y a nuestro bienestar, independientemente de lo que ocurre en realidad. Por tanto, aparte de plantearnos salir del contexto estresante un tiempo para recuperar la energía, se trabajaría para la creación de un pensamiento optimista y constructivo; más centrado en las opciones, soluciones y en el fortalecimiento de la capacidad propia. Es decir, en el tratamiento se intentaría empoderarnos y reafirmarnos por encima de los síntomas y el contexto contraproducente.

La mejor manera de poder salir indemnes de una situación de burnout ocurre cuando afrontamos nuestro entorno y cambiamos comportamientos propios. Así, estaremos seguros que nuestra recuperación dependerá de nosotros mismos, valorando nuestro esfuerzo, permitiendo situaciones y estableciendo límites en otras, con una actitud flexible hacia nuestros errores y enriqueciendo nuestra vida fuera del trabajo, con especial atención en nuestro ocio y las personas que nos rodean.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes: Psychology Today, Diario El País, LinkedIN.

Burnout: cuando el estrés se apodera de tu puesto de trabajo

Extraído de aplicapsicologiaya.blogspot.com
Extraído de aplicapsicologiaya.blogspot.com

Mucho se ha hablado esta semana de las palabras “depresión” y “burnout” para referirse al terrible accidente del avión del Germanwings, en la que el copiloto Andreas Lubitz decidió acabar con su vida y la de los otros 149 pasajeros en el vuelo que estrelló en Los Alpes franceses el pasado martes. Si bien es cierto que las causas aún han de esclarecerse para saber qué variables influyeron realmente en la génesis de esta tremenda tragedia, sí que creemos necesario definir el concepto de burnout, termino generalmente acuñado en contextos laborales y que puede confundirse con algunos aspectos importantes de los estados depresivos.

El síndrome de Burnout (o “Síndrome de Estar Quemado”) hace referencia a la incapacidad por parte del afectado para hacer frente a las demandas de su puesto de trabajo, fruto de una situación  de estrés recurrente y crónico que provoca una perdida en la ilusión y  en la motivación. La persona muestra un comportamiento ansioso y muchas veces  deprimido, con acciones directas que muestran una ineficacia a la hora de afrontar los problemas y sumido en una situación  vital de agotamiento físico y mental, donde la persona comienza a experimentar actitudes negativas con respecto a los demás y hacia su propio rol en la empresa. Su atención  se focaliza en los errores y en las actividades que confirmar su sentimiento de ineficacia; disminuyendo su rendimiento y aumentando su nivel de estrés fuera del contexto de trabajo, siendo el burnout altamente incapacitante. Ante la magnitud de sus consecuencias, resaltamos siete señales fundamentales para detectar este estado y poder poner soluciones de manera preventiva. Es posible que tengamos burnout cuando:

  1. Cada salida en lo previsto es una crisis: las reacciones emocionales a acontecimientos vitales habituales se vuelven más exageradas e intensas y la persona tiende a mostrarse irritable y más querulante que de costumbre.
  2. Consumimos poca  energía y tenemos cansancio crónico: se produce cuando la sensación de agotamiento y cansancio persiste a lo largo de las situaciones, sintiéndose la mayor parte del tiempo al límite de sus energías y abrumado con las necesidades del ambiente.
  3. Mayor probabilidad de enfermar: ante la mayor presencia de acontecimientos estresantes y una respuesta fisiológica acorde, el sistema inmune tiende a una disminución de su actividad, fomentando la aparición de enfermedades y periodos de enfermedades mayores.
  4. No tenemos tiempo para descansar ni recargar pilas: la persona no encuentra un momento para descansar, ni en el trabajo ni fuera de él, no “recargando” fuerzas suficientes y acusando de una bajada paulatina de rendimiento, que a su vez aumentara su sentimiento de ineficacia.
  5. Falta de compromiso en el trabajo y desconexión de las obligaciones: la persona es incapaz de implicarse más de lo debido ante la alta ansiedad que le provoca el trabajo, y presenta poco entusiasmo y compromiso con la mayoría de objetivos organizacionales.
  6. Aumento de la ineficacia: el agotamiento produce una falta de concentración que afecta directamente al rendimiento: la persona cada vez hace menos y peor, tarda largos tiempos para lo que antes hacía en poco tiempo y se produce una disminución de autoestima y autovalía personal.
  7. Sentimiento de tener un número inabarcable de tareas y disminución de recursos para hacerlas frente: la persona se centra en todas las demandas y es incapaz de priorizar entre lo importante, lo urgente y lo que ha de esperar, tomando malas decisiones y prestando atención a todo por igual, con lo que su trabajo se ve mermado y su capacidad limitada: asumiendo los errores como intrínsecos a ellos y haciendo lo mínimo imprescindible para terminar cuanto antes con la tarea.

El burnout se considera uno de los grandes males de la sociedad moderna y está muy presente en la mayoría de contextos de la vida cotidiana. Darle la consideración que se merece permite reducir su impacto y nos ayuda a instaurar  una mejora de los tratamientos para su correcto abordaje terapéutico.

Escrito por David Blanco Castañeda

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Fuente: BBC, psychology today.