Cuando criar desgasta: ¿Qué es el “burnout” parental?

Cuando escuchamos hablar de burnout, o síndrome de estar quemado, generalmente lo asociamos al ámbito laboral, y lo cierto que es en este contexto donde se comenzó a usar el término al observar una serie de reacciones similares en trabajadores bajo condiciones adversas en el trabajo.

Sin embargo, recientemente se han realizado investigaciones que sugieren que en el contexto de la crianza de un hijo se pueden dar estas mismas condiciones y por lo tanto en ocasiones se puede dar un acusado burnout en madres y padres durante el proceso de crianza, con el estrés diario que ésta puede producir.

El burnout parental tiene tres características principales.

1. Agotamiento físico y emocional.
2. Distanciamiento emocional del hijo.
3. Sentimiento de incompetencia en el rol de padre o madre.

En ocasiones es difícil distinguir entre el burnout parental y la depresión postparto, ya que ambos tienen esas sensaciones de fatiga y falta de energía en común, pero es importante destacar el factor temporal. En el burnout parental, estas sensaciones aparecen más tarde, sobre el año o más del hijo. Además, cuando se trata de burnout, el desánimo se relaciona más directamente con el niño o con el rol de padre o madre y las tareas relacionadas y no aparece en otros contextos de la vida de la madre o el padre.

Hay situaciones en las que puedes reconocer que lo estás experimentando, como por ejemplo:

– Te sientes más irritable de lo habitual y tu tolerancia a la frustración es menor.
– Estás agotada.
– No eres capaz de recordar la última vez que hiciste algo no relacionado con tus hijos.
– Piensas que tu hijo está haciendo algo con el propósito de molestarte (cuando no es capaz).
– Desearías tener más tiempo para ti.
– No recuerdas bien quién eres como persona individual.
– Si tienes un momento para ti, no sabes muy bien qué hacer con ese tiempo.
– Te sientes obligada a decir que estás feliz el 100% de las veces.
– Te sientes culpable por tener estos sentimientos.

foto extraída de news.yahoo.com
foto extraída de news.yahoo.com

Esto es preocupante ya que se ha observado que este tipo de burnout puede producir consecuencias graves tanto en los padres y madres como en el hijo, aumentando la negligencia parental, el daño y los pensamientos de escape.

La investigadora principal, Moira Mikolajczak, explica cómo se produce este estrés parental. “En el contexto cultural actual, hay mucha presión sobre los padres, pero ser un padre o madre perfecto es imposible, y tratar de alcanzar este objetivo puede llevarnos al agotamiento. Nuestras investigaciones sugieren que lo que sea que cada padre haga para recargar las pilas y evitar este agotamiento es bueno para los hijos también.”

En el contexto clínico es habitual encontrarse con buenos padres y madres que terminan por agotarse y en un momento dado dejan de hacer lo mejor para sus hijos debido a esto. Esta autora y su equipo investigaron a 2068 padres y madres que realizaron una encuesta sobre burnout y comportamientos durante la crianza. Además, ya que se trata de un tema suficientemente sensible, se incluyeron ítems en la encuesta que medían cuanta deseabilidad social tenía el participante. Encontraron que efectivamente, cuanto más agotamiento aparecía por la necesidad de hacerlo excesivamente bien, más ideación de escape, más violencia y negligencia parental aparecían.

Teniendo en cuenta que se estima que un 14% de los padres y madres (muy especialmente ellas) desarrollarán este tipo de síndrome de burnout parental, observando las consecuencias que acarrea, así como las características que lo definen, es importante que vigilemos si nosotras o alguien de nuestro alrededor está cerca de desarrollarlo, ya que es importante, tanto para la madre o padre como para el niño, que se aprenda a recargar esas pilas y combatir este burnout.

Fuentes:

Psychcentral.com, the mindfulmom.com.

Hubert, S., & Aujoulat, I. (2018). Parental Burnout: When Exhausted Mothers Open Up. Frontiers in psychology, 9, 1021. doi:10.3389/fpsyg.2018.01021

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

¿Qué nos hace más susceptibles a sufrir estrés laboral?

Extraída de http://www.infogenericos.com.ar
Extraída de http://www.infogenericos.com.ar

Qué el estrés no es tan malo como lo pintan parece algo que va interiorizándose en la sociedad actual. Unos niveles moderados de ansiedad permiten una mayor concentración en lo que estamos haciendo, un mayor uso de nuestra capacidad creativa (pudiendo vislumbrar más alternativas a la hora de enfocar un problema) y aumenta nuestra efectividad y productividad. Es decir, el estrés es un mecanismo activador y de alerta en momentos donde necesitamos echar mano de nuestros recursos. Y muy útil en nuestro entorno laboral, porque nos permite ponernos las pilas cuando la situación lo requiereEl problema está cuando, a pesar de poner todo nuestro empeño, sentimos que no podemos hacer frente a las demandas de la tarea, ya sea porque las tareas que nos han encomendado son demasiadas o muy difíciles, o bien no nos sentimos lo suficientemente capaces para realizarlas. Si esto se mantiene a niveles excesivos durante bastante tiempo, nos empezamos a sentir quemados, y nuestro rendimiento decaerá drásticamente, con efectos importantes en nuestra salud y nuestro equilibrio emocional.

Mucho se ha escrito sobre ambientes altamente tóxicos y exigentes que provocan un rápido desgaste en los trabajadores. También, que hay determinadas variables psicológicas que predisponen para sentir estrés laboral, y que hacen que sus efectos nos afectan de manera considerable. Tal vez sea hora de hacer un breve repaso. Teniéndolas en cuenta, además de los efectos, puede ayudarnos a poner límites a nuestro trabajo en su justo momento y no cuando ya es demasiado tarde

1. Perdida de sentido a lo que hacemos. Las razones que nos llevan a un trabajo son muchas; desde una necesidad económica hasta la implicación máxima con un proyecto. Sin embargo, cuando estamos quemados o sentimos el burnout, perdemos el interés general de nuestro trabajo porque lo vemos poco acorde a nuestros valores y nuestras metas personales. Ya no nos fijamos en aquellas cosas que lo hacían atractivo y nos despertaban el ánimo; nos fijamos en los problemas y estamos focalizados en ellos. Reconectar con nuestras metas y nuestro trabajo hace que nos sintamos comprometidos y amortigua y mucho los efectos del estrés.

2. Ser rumiativos, auto-obsesivos y terriblemente exigentes con nosotros mismos. Sí, tenemos un jefe tirano y que se muestra implacable con nuestros errores pero no ayuda que nosotros interioricemos su discurso y seamos incluso más destructivos que sus peores palabras, no permitiéndonos ningún error y reduciendo nuestro propio trabajo a la nada cuando nos hagan un feedback negativo de él. A veces, nosotros somos nuestro peor enemigo. Aprender a perdonarnos, a tratarnos con amor y calor en esos días tan malos y practicar la auto-indulgencia permite comprendernos y valorar lo importante en un entorno estresante: nuestro propio reconocimiento del esfuerzo y el valor por sacarlo adelante.

3.Practicar la impaciencia: vivir a contrarreloj. Ser impaciente nos hace vivir en un permanente estado de abrume y agotamiento psicológico. Nos hace tendentes a asumir varias tareas simultáneamente, y elegir hacerlas todas (y perfectas) en momentos donde no podemos hacerlo todo, sino decidir y priorizar unas pocas. Por el contrario, la paciencia no se ha descrito como la ausencia de acción sino ser capaz de elegir el momento adecuado para cada cosa. Esperar y saber dejar algunas cosas para otro momento más adecuado y focalizarnos en una sola, la necesaria en ese momento, permite asumir que todo no se puede hacer pero sí saber que lo necesario puede hacerse y admitir que lo demás siga su curso.

4.Aislarnos. Uno de las mayores variables de auto-cuidado es reservar todas las semanas un tiempo para nuestro círculo íntimo y de disfrute. Permitirnos desconectar en una fiesta o desahogarnos con un buen/a amig@ nos ayuda a liberar carga negativa. Por otro, recordad que también es importante no rodearnos de gente altamente estresada (la conversación giraría en torno al estrés, justo lo que queremos evitar) sino plantearnos qué eventos y personas nos regalan una verdadera desconexión y elegirlos.

5. Hacer predicciones pesimistas. Estar convencidos de que la situación no va a cambiar y sólo puede empeorar está relacionada con el agotamiento físico y mental, con la falta percibida de recursos y un aumento significativo de la ansiedad, depresión, enfermedades gastrointestinales, trastornos del sueño y dolores musculares. En efecto, lo que creemos acerca de nuestro entorno afecta directamente a nuestra salud y a nuestro bienestar, independientemente de lo que ocurre en realidad. Por tanto, aparte de plantearnos salir del contexto estresante un tiempo para recuperar la energía, se trabajaría para la creación de un pensamiento optimista y constructivo; más centrado en las opciones, soluciones y en el fortalecimiento de la capacidad propia. Es decir, en el tratamiento se intentaría empoderarnos y reafirmarnos por encima de los síntomas y el contexto contraproducente.

La mejor manera de poder salir indemnes de una situación de burnout ocurre cuando afrontamos nuestro entorno y cambiamos comportamientos propios. Así, estaremos seguros que nuestra recuperación dependerá de nosotros mismos, valorando nuestro esfuerzo, permitiendo situaciones y estableciendo límites en otras, con una actitud flexible hacia nuestros errores y enriqueciendo nuestra vida fuera del trabajo, con especial atención en nuestro ocio y las personas que nos rodean.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes: Psychology Today, Diario El País, LinkedIN.

Burnout: cuando el estrés se apodera de tu puesto de trabajo

Extraído de aplicapsicologiaya.blogspot.com
Extraído de aplicapsicologiaya.blogspot.com

Mucho se ha hablado esta semana de las palabras “depresión” y “burnout” para referirse al terrible accidente del avión del Germanwings, en la que el copiloto Andreas Lubitz decidió acabar con su vida y la de los otros 149 pasajeros en el vuelo que estrelló en Los Alpes franceses el pasado martes. Si bien es cierto que las causas aún han de esclarecerse para saber qué variables influyeron realmente en la génesis de esta tremenda tragedia, sí que creemos necesario definir el concepto de burnout, termino generalmente acuñado en contextos laborales y que puede confundirse con algunos aspectos importantes de los estados depresivos.

El síndrome de Burnout (o “Síndrome de Estar Quemado”) hace referencia a la incapacidad por parte del afectado para hacer frente a las demandas de su puesto de trabajo, fruto de una situación  de estrés recurrente y crónico que provoca una perdida en la ilusión y  en la motivación. La persona muestra un comportamiento ansioso y muchas veces  deprimido, con acciones directas que muestran una ineficacia a la hora de afrontar los problemas y sumido en una situación  vital de agotamiento físico y mental, donde la persona comienza a experimentar actitudes negativas con respecto a los demás y hacia su propio rol en la empresa. Su atención  se focaliza en los errores y en las actividades que confirmar su sentimiento de ineficacia; disminuyendo su rendimiento y aumentando su nivel de estrés fuera del contexto de trabajo, siendo el burnout altamente incapacitante. Ante la magnitud de sus consecuencias, resaltamos siete señales fundamentales para detectar este estado y poder poner soluciones de manera preventiva. Es posible que tengamos burnout cuando:

  1. Cada salida en lo previsto es una crisis: las reacciones emocionales a acontecimientos vitales habituales se vuelven más exageradas e intensas y la persona tiende a mostrarse irritable y más querulante que de costumbre.
  2. Consumimos poca  energía y tenemos cansancio crónico: se produce cuando la sensación de agotamiento y cansancio persiste a lo largo de las situaciones, sintiéndose la mayor parte del tiempo al límite de sus energías y abrumado con las necesidades del ambiente.
  3. Mayor probabilidad de enfermar: ante la mayor presencia de acontecimientos estresantes y una respuesta fisiológica acorde, el sistema inmune tiende a una disminución de su actividad, fomentando la aparición de enfermedades y periodos de enfermedades mayores.
  4. No tenemos tiempo para descansar ni recargar pilas: la persona no encuentra un momento para descansar, ni en el trabajo ni fuera de él, no “recargando” fuerzas suficientes y acusando de una bajada paulatina de rendimiento, que a su vez aumentara su sentimiento de ineficacia.
  5. Falta de compromiso en el trabajo y desconexión de las obligaciones: la persona es incapaz de implicarse más de lo debido ante la alta ansiedad que le provoca el trabajo, y presenta poco entusiasmo y compromiso con la mayoría de objetivos organizacionales.
  6. Aumento de la ineficacia: el agotamiento produce una falta de concentración que afecta directamente al rendimiento: la persona cada vez hace menos y peor, tarda largos tiempos para lo que antes hacía en poco tiempo y se produce una disminución de autoestima y autovalía personal.
  7. Sentimiento de tener un número inabarcable de tareas y disminución de recursos para hacerlas frente: la persona se centra en todas las demandas y es incapaz de priorizar entre lo importante, lo urgente y lo que ha de esperar, tomando malas decisiones y prestando atención a todo por igual, con lo que su trabajo se ve mermado y su capacidad limitada: asumiendo los errores como intrínsecos a ellos y haciendo lo mínimo imprescindible para terminar cuanto antes con la tarea.

El burnout se considera uno de los grandes males de la sociedad moderna y está muy presente en la mayoría de contextos de la vida cotidiana. Darle la consideración que se merece permite reducir su impacto y nos ayuda a instaurar  una mejora de los tratamientos para su correcto abordaje terapéutico.

Escrito por David Blanco Castañeda

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Fuente: BBC, psychology today.