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¿Qué hacemos para alejar la mala suerte?

El ser humano es simbólico desde el momento en que interactúa con el mundo mediante el lenguaje. Si bien esto nos ha permitido como especie tener grandes avances y facilidades para la supervivencia, a cambio tenemos la manía de creer que las cosas que ocurren en nuestra mente tienen un reflejo necesario en la realidad.
Esto se puede ver en experimentos sobre las supersticiones, el gafe y la mala suerte, como el realizado por investigadores de las Universidades de Singapur y Chicago. En este, lo primero que hicieron fue crear la sensación de gafe en los participantes. Para ello, durante el transcurso de una conversación trivial, se introducía una pregunta como «¿crees que tú o alguien de tu familia va a tener un horrible accidente de tráfico este invierno?» e incluyendo después una serie de respuestas presuntuosas tales como «es imposible que a alguien cercano o a mí mismo nos ocurra un accidente de tráfico». Después de inducir el gafe, los participantes se encontraban más preocupados por los accidentes de tráfico que el grupo que sólo hablaba del tiempo. Si bien esto en sí mismo es un buen ejemplo de la fusión de lo simbólico con nuestras expectativas, aún es más complejo. Al tener este tipo de conversación, se tiene la sensación de haber «tentado al destino».

 

Extraída de affairemortal.com
Extraída de affairemortal.com

Cuando se “tienta al destino”, en diferentes culturas, las personas llevan a cabo rituales que contrarresten este comportamiento. Estos rituales en el ser humano consisten en formas de sentir que se ejerce control sobre situaciones en las que no se tiene de forma objetiva.
Sin embargo, existe poca literatura científica sobre por qué se llevan a cabo un tipo de rituales y no otros. En este estudio se propone que hay cierto tipo de rituales que serán más efectivos a la hora de reducir la sensación de haber tentado a la mala suerte que otros, de forma que finalmente lo que observamos es que en diferentes culturas los rituales están teñidos de las influencias de la sociedad en la que se dan, pero sí tienen rasgos en común. En concreto, los rituales que implican romper algún acto que ha tentado al destino parece que son más efectivos cuando consisten en empujar o tirar algo lejos de nuestro cuerpo o nuestro “yo”.
Para comprobar esta hipótesis, los experimentadores plantearon un gesto culturalmente condicionado, como es golpear en la mesa (tocar madera) o sin condicionar (sostener o tirar una pelota).
Independientemente de si estaba o no condicionado, los gestos dirigidos hacia fuera del cuerpo hacían que los participantes se encontraran igual de preocupados por los accidentes de tráfico que si no hubieran «tentado al destino». Los gestos hacia dentro del cuerpo o no hacer nada, sin embargo, hacían que se mantuviera más elevada la preocupación por los accidentes de tráfico.
Si bien sabemos que las supersticiones tienen poco efecto sobre el mundo, por otra parte, no podemos decir que sea de la misma forma sobre nosotros mismos. Parece que muchas veces las personas hacemos cosas ilógicas, sin embargo, esas cosas tienen efectos muy potentes sobre nuestros pensamientos. Además, aunque parezca que son conductas al azar, tienen también un patrón concreto que hasta ahora no hemos tenido en cuenta, pero que quizá pueda ser útil conocer para comprender más sobre nuestra cultura y las motivaciones de comportamientos poco comprendidos.

Fuente: psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org
Zhang Y, Risen JL, & Hosey C (2014). Reversing one’s fortune by pushing away bad luck. Journal of experimental psychology. General, 143 (3), 1171-84 PMID: 23937176

¡Alarma!: la toxicidad de nuestra relación ha llegado a su punto álgido

www.psicologiayneurociencia.com
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Relacionarnos con los demás no siempre es un plato fácil. En ocasiones, podemos toparnos con personas o relaciones con las que nos sentimos “escaldados”, a pesar de años de esfuerzo y de nuestra buena voluntad. De repente, relacionarnos con cierta persona nos resulta complicado: siempre que hablamos con ella quiere más, nada de lo que decimos parece servirle e incluso nos sorprendemos siendo parte de sus reproches y enfados. A veces puede soltarte alguna perla (“esta chaqueta te queda estupendamente. Pero cámbiate mejor el peinado, que pareces un pasmarote”), que si bien te parece bienintencionado en un primer momento, luego te sorprendes enfadándote por su contenido. La persona no parece notar tu disgusto; su perorata hostil (y sutil)  va dirigida a ti y a todos. Y el hecho de que tú lo pases mal no parece ponerle freno.

Llamamos relación tóxica a una relación cuando entre los implicados (que pueden ser una relación dual o formada por una mayor cantidad de  personas; una relación de pareja o también una relación de amistad o de trabajo) no hay una dinámica recíproca o igualitaria; una de las partes siempre suele estar en una posición privilegiada, necesitada de atenciones y deferencias de los demás; esa persona busca el control y una constante reafirmación de su posición, llegando a  minar la autoestima y la confianza de las personas que tiene a su alrededor. La dinámica con los demás es siempre ambivalente; puede llegar a herir a los demás pero les necesitan para que sus necesidades estén cubiertas. La otra parte siempre es la subyugada; es objeto de burla y/o de exigencias constantes, y suele estar disponible a los requerimientos de la otra persona. En ocasiones pueden darse características de las relaciones codependientes, pero no son necesarias. La principal diferencia con respecto a aquellas es que entre los implicados puede no haber una relación de dependencia entre las partes; es más bien la parte privilegiada la que necesita de la atención del subyugado, pudiendo prescindir de ella si no consigue lo que quiere de ella, y puede recurrir a sus componentes nocivos con cualquiera que pueda atender a sus necesidades (y se preste a ellas) en ese  momento, siendo un comportamiento generalizado y un estilo de comunicación. La parte subyugada, en este caso, es reemplazable; si bien se da en un contexto de relación interpersonal por el vínculo que tenemos con la persona “tóxica”.

Los comportamientos tóxicos pueden adoptar diversas formas. No hay uno solo. Uno de los más peligrosos es el llamado sutil o invisible; donde apenas somos conscientes de su existencia. En él, la comunicación está plagada de mensajes dobles del estilo del ejemplo del primer párrafo. Un mensaje inocente junto a uno hiriente, como si fuese un dulce envenenado. Otro sería en forma de vulnerabilidad; la persona necesita de los demás porque por si solos no se sienten capaces de hacer nada. Si no aceptas, utilizan la agresión pasiva; se comprometen a ayudarte en otro asunto esa semana pero no vuelves a saber de ellos en todo el mes. Luego están los querulantes, cuyas requerimientos, exigencias y descalificaciones se dirigen a todo el mundo (hasta que al final llegan hasta ti); nadie cumple con lo que ellos piden y se sienten desdichados e incomprendidos, sus comportamientos pueden pasar de una fina ironía y/o un  juicio enmascarado al ataque verbal manifiesto. Y por último están los maquiavélicos, con muchas de las características de la llamada tríada cognitiva, en la que los demás se convierten en un instrumento y no dudan en   utilizar la manipulación o la instigación para conseguir sus objetivos. En todas ellas hay un componente pasivo agresivo muy importante; en donde se elude la confrontación directa y su mensaje de resistencia, rechazo u hostilidad suele permanecer oculto.

¿Y qué podemos hacer si a nuestro alrededor vemos a alguien mostrando dichos comportamientos?. Lo principal es saber detectarlos y no sentirnos culpables si no podemos estar a todo lo que nos piden o no somos lo que ellos necesitan; en realidad sí lo somos, pero para que una relación sea sana, someter o someterse no puede ser una solución. Cada uno ha de encontrar un espacio para hacer peticiones y cumplir los requerimientos de la otra persona. Un entrenamiento en solución de problemas también ayudaría a la persona a conseguir sus objetivos de manera autónoma e individual. Y enfatizar una comunicación eficaz, sin mensajes dobles (siguiendo la máxima “di lo que sientes y siente lo que dices”) y con predominancia de mensajes yo (“yo me siento mal si tú me dices estas cosas. Me gustaría que no lo repitieras y así poder seguir comunicando con normalidad»), podrían ayudarnos a lidiar con estas personas y prestarles la ayuda adecuada que sí necesitan. Aunque puede que ninguna de estas opciones funcione, y por tanto, lo recomendable en ese caso será poner distancia y límites a la relación.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Huffington post, Diario El Mundo, psychology today, psychcentral. www.shurya.com.

Cómo te toca la música. Efectos sobre el cuerpo y la mente.

Todos los amantes de la música saben el tremendo poder que puede tener la música sobre sus pensamientos y emociones. Escuchar música puede ayudar a transformar un día ordinario en algo mágico; puede proporcionar consuelo, liberación, fuertes sensaciones y más. Diferentes investigaciones han documentado muchos de los efectos que la música tiene sobre nuestro cuerpo y mente, de los cuales recogemos aquí algunos de ellos:

Sentir escalofríos: ¿Has sentido alguna vez un escalofrío que te recorre la espalda     mientras escuchas música? De acuerdo con un estudio realizado por Nusbaum y Silvia (2010), más del 90% de nosotros los tenemos. Además, se observó que la intensidad depende de tu personalidad. Las personas que puntúan alto en apertura a la experiencia, una de las cinco dimensiones de personalidad, es muy probable que sientan más estos escalofríos musicales.

Music and the Mind
articles.latimes.com/ Jacob Thomas

La escucha activa amplifica los sentimientos de felicidad: En un estudio llevado a cabo por Ferguson y Sheldon (2013), los participantes que escucharon activamente música alegre experimentaron una mejora de su estado de ánimo significativamente superior que el de aquellos que escuchaban pasivamente la misma música. Esto sugiere que participar del proceso de escucha facilita adicionalmente el proceso de control emocional.

Cantar juntos nos une: Puesto que la música, tradicionalmente, ha constituido una actividad social, parece ser que ésta tendría un papel cohesionador y facilitaría el aprendizaje de interacción social. En un estudio con casi un millar de alumnos finlandeses que asistían a clases de música extraescolares, se encontró que estos estudiantes tenían una mayor satisfacción en el aula en las demás asignaturas (Eerola y Eerola, 2013). A las personas les resulta muy satisfactorio sincronizarse con otros al, por ejemplo, cantar en un coro. Eso aumenta la afiliación dentro del grupo e incluso puede hacer que las personas se gusten más.

Mejora las capacidades: Practicar un instrumento no sólo mejora las habilidades musicales, sino que también puede mejorar otras habilidades. Un estudio con niños y niñas de 8 a 11 años de edad se encontró que, los que tenían clases de música extra-curriculares, desarrollaron una mayor capacidad verbal y visual, en comparación con aquellos que no tenían formación musical (Forgeard et al., 2008). Esto demuestra que los beneficios de aprender un instrumento no son puramente musical, sino que se extienden en la cognición y la percepción visual.

Cuida tu corazón: … o por lo menos que puede ayudarte con el estrés y la ansiedad asociados a estar sometido a un tratamiento de las enfermedades coronarias. Una revisión de 23 estudios que abarcan casi 1.500 pacientes encontró que escuchar música reduce la frecuencia cardíaca, la presión arterial y la ansiedad en los pacientes con enfermedad del corazón (Bradt y Dileo, 2009).

Los bebés han nacido para bailar: Los bebés de tan sólo cinco meses de edad responden rítmicamente a la música y parece que les resulta incluso más interesante que el habla. En este estudio, realizado por Zentner y Eerola (2010), 120 bebés de entre 5 y 24 meses espontáneamente bailaron diferentes tipos de música, observándose también que aquellos que fueron expuestos más tiempo, también sonrieron más.

Históricamente hemos despreciado el estudio científico de la música por haberla considerado algo poco relevante para el ser humano. Estos y otros muchos estudios muestran que la música es un estímulo realmente importante para el ser humano desde la más tierna infancia. ¡Al final acabaremos diciendo que es una de nuestras necesidades básicas!

Fuente: PsyBlog

Escrito por María Rueda 

La psicoterapia restablece el cerebro afectado por la depresión.

cerebro deprimidoComo es conocido, la depresión es un fenómeno complejo y devastador. La investigación científica invierte muchos medios en comprenderla así como en tratarla. Este mes, la revista Nature trata este tema en profundidad. Los abordajes terapéuticos para la depresión suele ser en primer lugar un tratamiento farmacológico, posteriormente uno psicológico, o bien ambos en combinación.

Los ensayos clínicos muestran que sólo con la intervención farmacológica se alcanza un 22-40% de restablecimiento de las personas que sufren depresión. Con psicoterapia, sin embargo, aunque nos queda un camino largo hasta alcanzar un alivio en la mayoría de los pacientes, en el meta-análisis publicado este año se encuentra que entre un 42 y un 66% de los pacientes dejan de mostrar síntomas depresivos tras la terapia.

¿Cómo actúa la psicoterapia en los casos de depresión?

La psicoterapia cognitiva toma la premisa de que una persona que padece depresión tendrá una forma de ver el mundo y a sí mismo poco ajustada, así como excesivamente negativa. En caso de que estos patrones de pensamiento lleguen a ser algo menos negativos, será probable que la depresión desaparezca. Basándose en esto, se ha tratado de comprender cómo los pensamientos negativos varían durante el proceso terapéutico.

Los terapeutas conocen bien que durante un proceso de este tipo, en ocasiones se producen saltos repentinos de mejora. La persona que está en terapia mejora de repente mucho más entre dos sesiones. Cuando se graban en vídeo las sesiones de terapia, se observa que en esos saltos la persona comienza a mostrar un pensamiento menos tajante y no tan negativo. En este mismo momento, los síntomas depresivos parecen aliviarse. Este patrón estaría indicando que, efectivamente, el cambio en la forma de pensar será un factor clave para la recuperación.

¿Qué cambios se dan en el cerebro de las personas que están en tratamiento para la depresión?

La investigación no sólo se basa en los factores que hacen que una persona se recupere, sino que también trata de analizar los cambios que se producen biológicamente en este proceso de cambio. De esta forma se ha podido observar que el cerebro de las personas que sufren depresión tiene dos características clave que lo diferencian de otra persona que no la padece. En concreto, se sabe que aparece un patrón de activación excesivo en la amígdala y en el sistema límbico, junto con un patrón de baja actividad en la corteza prefrontal.

La psicoterapia estaría haciendo énfasis en la reactivación de la corteza prefrontal, mejorándola con la intervención sobre el patrón de pensamiento. Esto será además útil para disminuir la hiperactivación en la amígdala. De hecho, se ha podido constatar mediante herramientas de neuroimagen que tras un proceso terapéutico de 14 semanas el patrón de activación se asemeja al de una persona que no padece depresión.

¿Se puede predecir quién se beneficiará del tratamiento?

Este tipo de investigación se encuentra en un punto bastante prematuro, puesto que, como ya hemos comentado, la depresión es un fenómeno altamente complejo y aunque cada vez sabemos más, aún no podemos comprender plenamente sus causas, o los factores que hacen que una persona se recupere. Actualmente, se trata de predecir si una persona obtendrá beneficios de diferentes tratamientos, incluyendo en estos la psicoterapia, de forma que no se lleven a cabo intervenciones ineficaces.

A este respecto, se ha encontrado una forma sorprendente de medir la activación cerebral, sin el uso de las modernas técnicas de neuroimagen, sino con un procedimiento mucho más sencillo: mediante la reacción de las pupilas oculares. Se encontró que entre las personas que padecen depresión hay un grupo en el que al presentar palabras de contenido emocional negativo, la reacción pupilar era escasa. Este grupo de personas tendrá una menor activación del córtex prefrontal y a su vez más probabilidades de que la terapia cognitivo conductual les beneficie.

La depresión, como cualquier otra circunstancia vital, cambia nuestro cerebro. Es un trastorno devastador, muy dañino tanto para la persona que lo padece como para su familia e incluso para el conjunto de la sociedad. Lo que demuestran sin embargo estos estudios es que las variaciones cerebrales pueden volver a su estado natural, así como el patrón de pensamiento convertirse en menos dañino. La intervención de la psicoterapia puede hacernos personas más adaptadas, más felices y puede, sobretodo, luchar contra algunos trastornos que paralizan nuestra vida.

Fuente: nature.com

ResearchBlogging.orgAdler, A., Strunk, D., & Fazio, R. (2014). What Changes in Cognitive Therapy for Depression? An Examination of Cognitive Therapy Skills and Maladaptive Beliefs Behavior Therapy DOI: 10.1016/j.beth.2014.09.001

Anthes, E. (2014). Depression: A change of mind Nature, 515 (7526), 185-187 DOI: 10.1038/515185a

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

6 beneficios cognitivos del dormir bien que no te habían contado aún

Foto extraída de www.canalmascotas.com

Dormir es una actividad fundamental en nuestras vidas. Pero se nos olvida. Recientemente se publicaba un artículo en el que se nos mostraba como los españoles, al igual que en otros países, se duerme poco. Se suele decir que debemos dormir unas siete u ocho horas para descansar de manera adecuada y rendir de acuerdo a las necesidades del día, y si bien es una cifra que puede variar según las diferencias individuales (hay personas que con seis horas les basta), con el fuerte ritmo de nuestras vidas diarias muchos nos acostamos más tarde delegando en el café de la mañana lo que nos gustaría estar bajo nuestras sábanas. Lo cierto es, sin embargo, que dormir tiene una serie de beneficios muy importantes que no sólo repercute  en nuestro descanso, sino directamente en nuestra capacidad cognitiva. Detengámonos brevemente en ellos para darle al sueño la consideración que se merece:

a)      Podemos tomar decisiones. Una serie de investigaciones realizadas en el Current Biology muestran cómo podemos procesar información incluso cuando dormimos, y que incluso esta información puede utilizarse para tomar decisiones. En dicha investigación, mediante la utilización de electrodos para recoger la actividad cerebral de sujetos dormidos, se comprobó efectivamente que en el cerebro se activaban zonas similares al estado de vigilia en una tarea de elección y categorización de palabras que se realizaba cuando los sujetos estaban dormidos. Los participantes no recordaban  las palabras utilizadas cuando en el estado de sueño, pero la observación  de la actividad en el cerebro no daba lugar a dudas: el cerebro había podido realizar la tarea.

b)      Crea y consolida recuerdos. Está demostrado que una etapa de deprivación de horas de sueño tiene un efecto directo en la actividad del hipocampo, estructura íntimamente relacionada con la creación y consolidación de la memoria. De la misma manera, también es sabido que dormir adecuadamente tras una etapa intensa de aprendizaje ayuda a la consolidación de los recuerdos, de manera que dormir bien ayuda a que nuestro cerebro mantenga “frescas” las memorias adquiridas. Dejar el estudio de ese examen maldito o preparar una reunión la noche anterior a su defensa tal vez no sea la mejor forma para garantizarnos un buen rendimiento a la mañana siguiente.

c)      Nos ayuda a hacer conexiones inusuales. O lo que es lo mismo, mejora nuestra creatividad. En efecto, en una investigación reciente se comprobó la habilidad del sueño para mejorar conexiones nuevas y remotas de un material previamente conocido, dando una reinterpretación distinta a lo ya conocido y relacionando ideas aparentemente poco relacionadas. De ahí a  que muchas profesiones artísticas prefieran aprovechar las horas posteriores al sueño para aprovechar lo que Morfeo ha dejado bajo su almohada.

d)      Elimina lo que no nos sirve. Efectivamente, dormir limpia al cerebro de los desechos y toxinas que produce nuestro cerebro en estado de vigilia, pudiendo estar relacionado con la prevención de enfermedades como la del Alzheimer u otros trastornos neurológicos, al ser proteínas como la beta-amilode (proteína relacionada en la génesis y mantenimiento de los déficits cognitivos en la Enfermedad del Alzheimer) tendente a desecharse mientras uno duerme.

e)      Nos ayuda a planificar y recordar cómo hacer actividades físicas. Los husos del sueño, picos muy fuertes y muy intensos de actividad neuronal en determinados momentos del sueño REM, estarían detrás de la capacidad para almacenar, transferir y consolidar información de los sistemas a corto cerebro  del lóbulo frontal a los sistemas a largo plazo del lóbulo temporal, de manera que se facilitaría la adquisición y consolidación de aprendizajes motores. Aunque todavía queda por confirmaciones seguras de este hecho, todo parece indicar que dormir bien contribuiría a los buenos rendimientos de los deportistas en etapas de alta competición.

f)       Por último, dormir nos facilitaría estar despiertos durante el día. Algo que parece redundante, pero que según palabras del especialista en trastornos del sueño Eduardo Estivill, “el sueño genera la capacidad para estar despiertos. El estado ideal del hombre no es estar despiertos, sino estar despiertos y estar dormidos, porque  dormidos se genera funciones cerebrales y cardio-respiratorias necesarias en nuestra alerta del día siguiente”.

En definitiva, dormir es una necesidad con multitud de beneficios y funciones claras para nuestra salud. Conocerlas y hacer un buen uso de ellas (regular un buen patrón de sueño) nos ayuda a entender que la expresión “felices sueños” no se refiere sólo a la ausencia de pesadillas durante la noche.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: www.psychcentral.com, www.huffingtonpost.com,  www.apa.org, www.muyinteresante.es.

Pautas para educar mejor a los niñ@s con TDAH (y a todos los demás)

Tratar con un niño con TDA-H puede ser muy difícil. Estos niños muestran conductas a veces difíciles de manejar que requieren límites y normas concretas. A veces, es muy frustrante y requiere grandes dosis de paciencia. Los niños con TDA-H necesitan disciplina muy firme y coherente con el fin de permitirles aprender nuevos comportamientos. Aquí os facilitamos breves consejos que como podréis ver son extrapolables al cuidado y educación de cualquier niño, algo que hace pensar sobre la naturaleza de algunos trastornos mentales.

psicoglobalia.com

Asegúrese de que tiene un conjunto de reglas y expectativas claras y consistentes. Los niños con TDA-H no se darán cuenta de las sutilezas de las cosas que necesitan saber. Comunica exactamente lo que esperas, sé conciso y claro. Escribe una lista de reglas en términos sencillos y cuélgala en la nevera.

Los niños con TDA-H buscan la atención del adulto, ya sea ésta buena o mala. Así que asegúrate de prestarles atención a los  buenos comportamientos. Elogia y refuerza lo que hacen bien. Por ejemplo, puedes poner en marcha un sistema de fichas con el que pueden obtener puntos por llevar a cabo determinados comportamientos correctamente y así finalmente obtener un premio. Intenta ser razonable y coherente con la concesión y la eliminación de puntos.

Mantén la calma. Usa un tono firme de voz suave, no grites y trata de no perder el control. Utiliza el menor número de palabras posible al dar instrucciones. Cuanta más información innecesaria demos, menos van a recordar.

Deporte y actividades extraescolares. Tener actividades donde poder descargar la energía y divertirse mejora algunas de las dificultades a las que se enfrentan los niños con problemas de hiperactividad. Una buena combinación puede ser un deporte 3-4 días a la semana y los días restantes anímale a mantenerse activos yendo a jugar al parque, montando en el columpio o en la bicicleta…

No pases por alto ni obvies el mal comportamiento porque el niño tiene TDA-H. Los niños con TDA-H necesitan más disciplina que los niños promedio, no menos. Si pasamos por alto el comportamiento, éste puede intensificarse. Los niños con TDA-H son impulsivos y no tienen en consideración las consecuencias de sus acciones. Es muy importante que les enseñemos estas consecuencias y que interioricen una serie de autoinstrucciones que les ayuden a anticipar.

Recuerda que los niños con TDA-H no son conscientes de que han hecho algo malo; necesitan de los adultos para ayudarles a ver esto. Es difícil para ellos ver más allá de las consecuencias inmediatas de su acción, pueden golpear a otro niño sin pensar en el daño producido. Necesitan que los adultos les recuerden las consecuencias. Adviérteles qué posibles consecuencias tendrán sus actos. Al carecer de fronteras interiores, dependen de los adultos para proporcionar límites externos más consistentes. A menudo pondrán a prueba los límites para asegurarse de que éstos son firmes.

Dale alternativas. No te limites en señalar el mal comportamiento, ayúdales a ver la alternativa, lo que deberían estar haciendo.

El tiempo de fuera puede ser el castigo más eficaz para un niño con TDA-H. Se puede aplicar de inmediato para ayudarles a ver la conexión con sus acciones. Privarles momentáneamente de la situación en la que se están desbordando puede ser muy eficaz. Esto no significa que los enviemos a su habitación, ya que la mayoría se distraerá con sus juguetes y olvidarán que han sido castigados y porqué.

Y lo que es más importante, asegúrate de que el niño sepa que le quieres y aceptas tal y como es, que le quieres incondicionalmente, pues el amor nunca es moneda de cambio.

Fuente: wikihow.com

Escrito por María Rueda Extremera

 

Experiencias paranormales que nos ofrece nuestro cerebro

Hay ciertos fenómenos, reconocidos como paranormales, que han ocurrido a lo largo de la historia del hombre en diversas culturas, aunque interpretados de formas diversas. Esto ocurre porque nuestro cuerpo es capaz de vivir experiencias de lo más extraño, a las que intentamos dar una explicación plausible desde una perspectiva cultural cuando no parece que tengamos un control sobre nuestras acciones y percepciones.

vivirsinansiedad.org

Sentir que hay alguien detrás (Presencias)

Sentir una presencia a nuestra espalda es un suceso también bastante inquietante, pero ocasionalmente sucede en personas completamente sanas. Bien es cierto que puede ocurrir en personas con algún daño cerebral muy concreto, y con más frecuencia e intensidad en personas con alucinaciones. Sin embargo, en la población general pasa de forma puntual y un grupo de científicos del Instituto Karolinska ha logrado reproducir en un experimento las circunstancias precisas para generar esta sensación. De la cual han identificado como responsable la corteza frontoparietal. En el experimento realizado, los participantes, sin posibilidad de ver ni oir nada, movían su mano frente a ellos y un robot, de forma automática, reproducía este movimiento sobre su espalda. Cuando este mismo suceso se hacía con un pequeño retardo, la vivencia de una presencia se hacía patente. Este tipo de “ilusión sensorial” hizo que en un 30% de los que participaron experimentara una fuerte sensación de que hubiera una o más presencias tras de ellos.

Estar fuera de tu cuerpo (Desrealización o despersonalización)

Es un síntoma bastante conocido, provocando una sensación de no ser uno mismo,de estar fuera de tu cuerpo, de irrealidad. Una sensación de estar en un sueño o de cierto embotamiento emocional. Todas estas sensaciones se producen como una forma de respuesta de nuestro sistema nervioso ante un nivel de estrés alto. Aunque es bastante frecuente, conocemos poco de cómo ocurre a nivel cerebral esta respuesta. Parece que sí hay relación con la capacidad de integrar la información táctil que recibimos de nuestro propio cuerpo (interoceptiva) junto con el procesamiento de las emociones que sentimos. En un artículo publicado este año en la revista PLOS ONE los investigadores concluyeron que en una persona con trastorno de desrealización la capacidad de percibir las sensaciones corporales era menor que en la población normal. Cuando es sólo un episodio aislado, provocado por un estrés elevado, la reacción de sufrir una despersonalización posiblemente tenga que ver con la imposibilidad de procesar ese nivel de respuesta emocional en ese instante, dando lugar a la sensación de no estar en tu propio cuerpo.

Sentir que ya has vivido la situación (dejà vú)

El “dejá vu” o sensación de haber vivido una experiencia o haber estado ya en una situación es un fenómeno bastante común. Aunque tradicionalmente ha podido entenderse como una forma de  conocer lo que va a pasar en el futuro o precognición, sabemos que no es más que un funcionamiento no del todo ajustado de nuestro cerebro. Lo que ocurre cuando se produce esta sensación tiene que ver con dos sistemas que normalmente son diferentes en el procesamiento de la memoria. Por una parte, nuestro cerebro codifica la información para poder acceder a ella. Por otra, accede a la información que ya tiene sobre lo familiar que le es la situación, el lugar o los objetos que están presentes en la situación. A nivel biológico, hay varias estructuras del lóbulo temporal que estarían implicadas, como el giro dentado, o las estructuras parahipocámpicas. Cuando dos situaciones son extremadamente similares pero no iguales, en ocasiones, no podemos llegar a discernir claramente que hay algo en la situación que es realmente un recuerdo y sentimos que estamos codificando la información desde cero.

Aunque en ocasiones vivimos experiencias que no sabemos interpretar correctamente, nuestro cerebro y su conexión con nuestro cuerpo es tan complejo que puede dar lugar a unas experiencias muy pragmáticas y muy cotidianas a otras infrecuentes pero muy extrañas también.

Fuentes: plosone,com, livescience.com, nature.com.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

 

El miedo…¿tan aterrador como lo pintan?

Foto extraída de www.exito-motivacion-y-superacionpersonal.com

Estos días pasados hemos celebrado Halloween, una fiesta que goza de gran popularidad y en donde jugamos con una de nuestras emociones  más potentes: el miedo. De este modo, miles de hogares y personas en el mundo se permiten, mediante disfraces elaborados y situaciones más o menos escalofriantes, disfrutar de ciertas dosis de miedo controlado y aceptado. Sin embargo, el miedo es una sensación que muchas veces hemos asociado a situaciones que implican cierto peligro, y que, en intensidades elevadas, pueden provocar respuestas cuyo objetivo busca asegurar nuestra supervivencia y frenar el impacto de lo que tanto estamos temiendo. Así, y a excepción de Halloween (u otras situaciones socialmente aceptadas, como los parques de atracciones), el miedo es considerado como algo desagradable y negativo, y cuyo máximo ejemplo de su poder incapacitante se encuentra en las situaciones donde la persona tiene miedo al miedo, tendiendo a huir o escapar del estímulo temido de manera generalizada, y limitando sus acciones al extremo para no encontrarse o experimentar temor.

Pero, ¿el miedo es algo intrínsecamente negativo? ¿Siempre está ligado a situaciones oscuras, monstruos sanguinarios o desgracias inminentes? No podemos olvidar que, como toda emoción, el miedo busca adaptarnos al miedo, y como ya hemos mencionado también, garantizarnos una supervivencia en una situación en la que se requieren decisiones inmediatas. Asimismo, nos marca el índice de peligrosidad, es nuestro termómetro del riesgo. Imaginemos un hombre que nunca tuviese miedo a nada, ¿Qué podría ocurrirle? ¿Estaría corriendo riesgos que podrían poner en peligro a él y su propio proyecto de vida?. El miedo puede ayudarnos a plantear soluciones de cómo estar a salvo, permitirnos reconocer las acciones necesarias para enfrentarnos a lo temido, y aprender a manejar una situación que antes veíamos como aterradora e inconcebible.

No obstante, esto es algo muy difícil y a veces implica grandes esfuerzos de la persona que tiene miedo. La persona huye de lo que teme (pongamos un jefe agresivo, el perro del vecino o incluso los pensamientos sobre una desgracia inminente) porque le supone un alivio, ya que creemos que nuestro miedo desaparece cuando desaparece lo que nos da tanto miedo. La persona cree que con eso desaparece su problema, pero, y si, efectivamente, al jefe le vieses todos los días, ¿sería efectivo correr al baño cada vez que entra por el pasillo? ¿Habría alguna forma de conseguir enfrentarse a él?

Lo primero es tener claro tus objetivos. No vas a dejar de presentarte a las reuniones  por tu jefe o salir al rellano porque el perro de tu vecino pueda enseñarte los dientes. Exponerte a su presencia y comprobar que puedes “aguantar” esa situación, comprobando que tras un periodo esa intensa sensación de miedo va disminuyendo, puede ser un comienzo.

Cambia tu lenguaje y tus pensamientos internos por otros más positivos, relacionados con tu capacidad. Visualízate llegando a cada objetivo, recreando en cómo te sentirías si lo consiguieras. Cuestiona los pensamientos negativos…¿por qué son más probables que los pensamientos negativos? ¿Es que nunca te comportaste de manera diferente?

Maneja tus propios recursos. Tu meta final se divide a su vez en multitud de metas más pequeñas, mucho más manejables y alcanzables. Céntrate en conseguir cada vez una, y no te plantees la siguiente hasta que no hayas conseguido la meta previa. Tu sentimiento de satisfacción irá en aumento.

Por último, aprende de la experiencia. Cada día puede ser una buena oportunidad para ir derribando miedos, para cambiar tu consideración hacia ellos. No anticipes, disfruta de cada paso porque cada uno te llevará al siguiente. Explora los resultados de tus acciones, comprueba si la realidad es distinta a como te la imaginaste. ¿Tiene algo que ver con lo que estás haciendo?

Recuerda: el miedo depende mucho de sí lo ves grande o pequeño respecto a ti, de si tú te ves grande o pequeño respecto a él. Todo es cuestión de tamaño, pero …. ¿quién dijo que eso era inmutable?. Y, sobre todo, ¿no dijimos que también el miedo te ayudaba a sobrevivir?

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: huffington Post, El País, Psychology Today, PsycCentral.

El efecto de las experiencias de maltrato y bullying en el cerebro

La violencia tiene un gran impacto en el desarrollo y genera heridas cuya curación se hace compleja; sufrimientos presentes que son eco de aquellos episodios de gran intensidad en la infancia. Vivencias tales como ser acosado e instigado física y/o verbalmente por los iguales tiene a menudo consecuencias para la salud mental del niño y futuro adulto. Pero ¿qué ocurre a nivel biológico en estas personas? Diferentes investigaciones tratan de conocer cuáles son las consecuencias de la exposición a la violencia en la infancia para la salud física y psicológica. Entre los efectos relacionados con la experiencia de haber sufrido bullying (intimidación, acoso y maltrato entre iguales) o maltrato (generalmente en el entorno familiar) están las modificaciones en estructuras cerebrales. Pues las experiencias y vivencias moldean nuestra biología, y esto no es más que la otra cara de la misma moneda de aquello que dijo Ramón y Cajal: Todo hombre puede ser, si se lo propone, escultor de su propio cerebro.

spiritofadventuring.wordpress.com

Un equipo de la Universidad de Ottawa, dirigido por la psicóloga Tracy Vaillancourt, ha llevado a cabo una serie de estudios que han revelado niveles de cortisol, la hormona del estrés, significativamente diferentes entre aquellos niños y niñas que han sufrido bullying en comparación con los que no han tenido episodios de intimidación y acoso. También observaron que los adolescentes que han sufrido acoso obtuvieron puntuaciones menores en las pruebas de memoria verbal que sus compañeros, lo que sugiere que los niveles de cortisol anormales podrían estar afectando a las neuronas del hipocampo, lo que conllevaría problemas de memoria. Como parte de un estudio en curso a largo plazo, la doctora Vaillancourt ha seguido la evolución de cerca de algunos adolescentes intimidados evaluando su funcionamiento cognitivo y escaneando sus cerebros cada 6 meses, con el objetivo de evidenciar los citados daños en el hipocampo.

En un estudio previo, el neurocientífico Martin Teicher escaneó los cerebros de 63 adultos jóvenes, como parte de un estudio sobre la victimización verbal. Teicher encontró que en aquellos habían sido víctimas de intimidación verbal, había ciertas anomalías en el cuerpo calloso. Esta región del cerebro consiste en un haz de fibras que conectan los hemisferios izquierdo y derecho del cerebro y es conocido por ser importante en el procesamiento visual y la memoria. Se encontró que las fibras del cuerpo calloso de los sujetos acosados poseían un menor revestimiento de mielina, la cual mejora la comunicación entre las células cerebrales. Los autores sugieren que estas anomalías cerebrales pueden hacer que sea difícil para las víctimas procesar lo que está sucediendo en el entorno y responder apropiadamente. También podría explicar algunas de las deficiencias cognitivas asociadas con el padecimiento del acoso y maltrato entre iguales – la mala memoria, atención y concentración – e incluso podría correlacionar con la ansiedad, la depresión y los pensamientos suicidas experimentados por muchas víctimas.

Otra expresión de la violencia en la niñez y adolescencia es el maltrato infantil, cuyo impacto en la neurobiología se ha explorado en diversos estudios. En un reciente estudio, el equipo de la doctora Katya Rubia encontró que los participantes que habían estado expuestos a maltrato en su infancia mostraron un menor volumen de materia gris en varias zonas del cerebro, señalando que el maltrato infantil actúa como un estresor grave que produce una cascada de cambios fisiológicos y neurobiológicos que conducen a la generación de alteraciones en la estructura del cerebro. Las anomalías más consistentes fueron encontrados en la corteza prefrontal ventrolateral y regiones límbico-temporales, que muestran signos de desarrollo tardío.

Un estudio de 2011 de investigadores de la Universidad College de Londres demostró que los niños expuestos a la violencia familiar tienen los mismos patrones de actividad cerebral que los soldados expuestos al combate, registrando una sobreactivación de la ínsula anterior y la amígdala, regiones cerebrales asociadas con la detección de amenazas, resultados similares a los obtenidos en estudios con los veteranos de guerra. Estas áreas también están asociados con los trastornos de ansiedad, así que esto podría explicar por qué los niños maltratados tienen un mayor riesgo de problemas de ansiedad en la edad adulta.

La exposición a la violencia en la familia o en la escuela no son las únicas experiencias perniciosas que pueden influir en el desarrollo del cerebro, pero son un buen ejemplo de cómo nuestra biografía tiene una clara influencia en nuestra biología. Por ese mismo motivo no debemos caer en la desesperanza y el determinismo. Al igual que las malas experiencias esculpen nuestro cerebro, las buenas hacen lo propio. El pasado no se puede borrar, pero siempre podremos cambiar el cómo nos relacionamos con él, y especialmente cómo vivimos el presente y construimos el futuro.

Fuente: medicalnewstoday.com

ResearchBlogging.org
Vaillancourt T, Duku E, Becker S, Schmidt LA, Nicol J, Muir C, & Macmillan H (2011). Peer victimization, depressive symptoms, and high salivary cortisol predict poorer memory in children. Brain and cognition, 77 (2), 191-9 PMID: 21855200

Lim L, Radua J, & Rubia K (2014). Gray matter abnormalities in childhood maltreatment: a voxel-wise meta-analysis. The American journal of psychiatry, 171 (8), 854-63 PMID: 24781447

Teicher MH, Samson JA, Sheu YS, Polcari A, & McGreenery CE (2010). Hurtful words: association of exposure to peer verbal abuse with elevated psychiatric symptom scores and corpus callosum abnormalities. The American journal of psychiatry, 167 (12), 1464-71 PMID: 20634370

Escrito por María Rueda Extremera

Beneficios de soñar despierto

¿Alguna vez te has encontrado a ti mismo paseando por tu mundo interior y evadiéndote del mundo real? Seguro que sí. Según lo que la ciencia sabe sobre la costumbre de soñar despierto, aproximadamente un 95% de la población dice soñar despierto al menos una vez al día. Hay muchas situaciones que nos demandan atención y por tanto vagar por nuestra mente no es muy adecuado, sin embargo, parece que como actividad en sí misma tiene ciertos beneficios.

En los estudios de neuroimagen se afianzó el conocimiento sobre lo que hace el cerebro cuando no hace nada. La llamada red cerebral por defecto (“default-mode network” en inglés) implica áreas cerebrales muy variadas, como la corteza prefrontal, el sistema límbico, y algunas áreas corticales relacionadas con la información sensorial. Durante esta actividad cerebral, generalmente recordamos eventos del pasado, imaginamos situaciones posibles en el futuro, intentamos saber lo que otras personas piensan o tratamos de resolver dilemas morales. Cuando el mundo exterior requiere nuestra atención, esta red se apaga, y cuando no, vuelve a activarse.

Foto: inspire-others.com

Se reconocen tres estilos generales en los que podemos soñar despiertos y sólo uno de ellos proporciona beneficios para nuestra vida. En primer lugar, existiría un estilo intrusivo, que no nos permite prestar la atención que deseamos al mundo exterior y suele ser de un contenido poco elaborado. El tener este estilo, sólo proporciona una fácil distracción y es molesto para nosotros. En segundo lugar, existe un estilo que se centra en las pérdidas, en relaciones sociales que no tenemos y da lugar a emociones negativas, como ansiedad, culpa, miedo,… Este estilo de pensamiento sólo nos produce una inestabilidad emocional y una escasa satisfacción con nuestra vida. El tercer estilo de soñar despierto sí nos proporciona ciertos beneficios, es positivo y constructivoy consiste en imaginar situaciones posibles, relaciones que ya tenemos o que podemos tener, explora ideas y sentimientos.Permitirte soñar despierto de esta forma puede dar lugar a múltiples beneficios:

Tu memoria es mejor: Se probó en un estudio que las personas que tienen mayor tendencia a soñar despiertos tienen además una memoria de trabajo más potente. Cuando estás realizando una tarea poco exigente mentalmente, que tu cerebro divague implica que tienes una buena capacidad para manejar múltiples informaciones, y al hacerlo, además, fortaleces esta capacidad. No sólo esto, también parece que los mecanismos implicados en soñar despiertos son muy parecidos a recordar información del pasado, luego también estarás poniendo a trabajar la red de la memoria a largo plazo.

Tu empatía es más fuerte: Se ha comprobado que la memoria y la imaginación se relacionan también con la empatía. El hábito de poder experimentar situaciones y sentimientos que no has vivido mejora la capacidad de ponerte en el lugar del otro.

Alimenta tu creatividad: Se comprobó en un experimento sobre esta actividad, que al realizar una tarea aburrida, la cual fomentaba este paseo mental, proporcionaba posteriormente un aumento de la creatividad de los que habían pasado por esta tarea. Asimismo, la capacidad de “dejar volar la imaginación” promueve la posibilidad de lo que se conoce como pensamiento divergente, de tal forma que se nos hará más sencillo también tener un tipo de pensamiento innovador, diferente a lo habitual.

Ayuda a tu autoeficacia: Imaginar que estás en una situación que no se ha producido pero que desearías que ocurriera hace que te veas a tí mismo en un escenario de éxito. Soñar con que consigues tus metas no hará que éstas se logren, sin embargo, te prepara para caminar hacia ellas.

Aunque socialmente se suele decir, sobretodo al convertirnos en adultos, que soñar despierto no es bueno, que hace que despegues los pies de la tierra y no es propio de una persona responsable, es un mecanismo natural en el ser humano, y no sólo eso, sino que en las ocasiones en que se hace de forma constructiva, es positivo y necesario. Con esta información ya sabes, ¡no dejes de soñar despierto!

 
ResearchBlogging.orgBaird, B., Smallwood, J., Mrazek, M., Kam, J., Franklin, M., & Schooler, J. (2012). Inspired by Distraction: Mind Wandering Facilitates Creative Incubation Psychological Science, 23 (10), 1117-1122 DOI: 10.1177/0956797612446024

Levinson, D., Smallwood, J., & Davidson, R. (2012). The Persistence of Thought: Evidence for a Role of Working Memory in the Maintenance of Task-Unrelated Thinking Psychological Science, 23 (4), 375-380 DOI: 10.1177/0956797611431465

 

Fuentes: dailyhealthpost.com, smithsonianmag.com, newyorker.com.
Escrito por Lara Pacheco Cuevas