Así podrás crear y mantener nuevos hábitos

En estas fechas parece que todo lo que nos rodea está de acuerdo en que con el comienzo del nuevo año comencemos con una nueva vida. Los propósitos de año nuevo se agolpan en nuestra mente y buscamos lo que queremos para ese “yo de las navidades futuras”. Para que dentro de un año al mirar de nuevo atrás veamos que esos cambios que queríamos hacer se hagan realidad, en muchas ocasiones pasa por crear nuevos hábitos. Mucho hay escrito sobre este tema pero, ¿qué dice la psicología científica sobre la creación y mantenimiento de hábitos?

habitos

En primer lugar lo que nos dice es que en sí mismo es complicado definir el hábito. En teoría, es un comportamiento que llevamos a cabo de una forma automática, sin apenas pensarlo. Lo que ocurre es que casi todo lo que hacemos en nuestro día a día son comportamientos algo más complejos que para concebirlos como puramente automáticos. Cuanto más complejo sea el hábito que queramos desarrollar, más pensamiento habrá antes de éste y más posibilidad para terminar por dejar de hacerlo. Pero supongamos que, ya sea más o menos complejo, seguimos queriendo crear un hábito. ¿Por dónde empezamos?

Puede ser interesante para que después mantengamos el hábito creado comenzar por la creación de una línea base del comportamiento. ¿Cuánto ejercicio físico estoy haciendo? ¿Cuantas veces me muerdo las uñas al día? ¿Cuantas piezas de fruta como?. Esto puede ser una ayuda para conocer cuánto cambiamos desde antes de proponernos este nuevo hábito.

Después de esto, lo que es más útil para el desarrollo de hábitos nuevos es la implementación de un plan. Este plan inicial tiene dos puntos fundamentales:

1. Tener una clave disparadora de la acción. Está comprobado que para crear un hábito lo más eficaz es plantear alguna clave del contexto que nos ayude a realizar la acción deseada. Además, al contrario de lo que muchas veces podemos pensar, no suele ser suficiente con proponernos un momento temporal en el día, sino que es más efectivo si nos proponemos realizar la acción después de algún evento. Esta es la estrategia que se utiliza  muchas veces para los tratamientos farmacológicos a largo plazo. Tomar una pastilla después de cenar, es un ejemplo de cómo podemos llevar a cabo una acción que antes no hacíamos (tomar una pastilla) con la clave previa (cenar).

2. El segundo punto, muy importante para crear el hábito es el de tener alguna estrategia de afrontamiento de los obstáculos posibles. Podemos pensar en las cosas que podrían pasar para que dejemos de realizar el hábito y buscar un comportamiento alternativo y equivalente en tiempo e intensidad emocional. Por ejemplo, si nos hemos propuesto dejar de comer dulces y nos invitan a una merienda con amigos, sería útil pensar qué podemos hacer durante esa merienda para que no queramos probar esos dulces.

Cuando ya estemos haciendo eso que tanto hemos pensado cómo hacer, lo siguiente necesario para que se cree el hábito es la continuidad. Para que logremos que se instaure un hábito, hay muchas diferencias entre personas y algunas de ellas necesitan más tiempo que otras en lograr que una acción se convierta en un hábito. Aunque también depende de lo complicada que sea esta acción, se estima que el tiempo mínimo necesario para crear este hábito será de 20 días, aunque puede ser necesario repetirlo durante 3 meses para habituarnos. Para mantenerlo hay varias cosas que se consideran importantes:

– En primer lugar, el tipo de motivación. Si lo que nos mueve a realizar este hábito es un premio externo, muchas veces hasta puede funcionar al revés de lo deseado y justo cuando se retire este premio, el hábito desaparecerá. Por eso se trata de crear una motivación “intrínseca” o desde dentro para mantener este hábito. Puede ser el propio orgullo personal, una meta que queremos lograr o incluso pensar que este hábito forma parte de nuestra identidad y hace que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

– Esto se relaciona con una de las claves para mantener un hábito, que es la satisfacción de la acción que realizamos. Cuanto más satisfacción encontramos en la acción que queremos mantener como hábito, más sencillo es darle continuidad. Es por esto que cuando estamos haciendo algo que queremos que se convierta en un hábito, siempre será útil recrearnos en lo que nos da placer de esta acción.

– Si mantener un hábito, a pesar de todo lo anterior, se está convirtiendo en algo extremadamente difícil, siempre puede funcionar dividir la acción en pasos más pequeños. Cuanto más sencillo es el primer paso, más probable es que lo llevemos a cabo y al mismo tiempo, cada paso pequeño que logramos hace más probable que llevemos a cabo el siguiente. Por ejemplo, si el hábito que tratamos de desarrollar es el de salir a correr, será más fácil si primero nos proponemos sólo ponernos las zapatillas de deporte. Después de esto, salir a la calle. Y una vez lleguemos a este punto, en muchas ocasiones es más probable que llevemos a cabo la rutina propuesta.

Por último, más allá de lo que queramos lograr, es importante considerar que los hábitos que normalmente queremos desarrollar precisamente son para aumentar nuestro bienestar, así que siempre será recomendable que trabajemos la autocompasión si en algún momento fallamos o el desarrollo del hábito no es todo lo constante que nos gustaría. A fin de cuentas, si lo que tratamos es de cuidarnos más a nosotros mismos, lo último que querríamos hacer es “maltratarnos” por no lograrlo. El autocuidado no es sólo comer mejor, o hacer deporte, sino también ser más tolerantes con nuestros errores y tratarnos mejor a nosotros mismos, también en el plano emocional. ¡Ese hábito puede ser de los mejores a desarrollar!

Fuente: Health Psychology Review

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.orgLally, P., & Gardner, B. (2013). Promoting habit formation Health Psychology Review, 7 (sup1) DOI: 10.1080/17437199.2011.603640

La relación entre la depresión y la autocompasión

En la consulta del psicólogo es frecuente encontrar a personas tremendamente duras consigo mismas. Aunque es palpable que el sufrimiento emocional que muestran es muy grande, tienden a juzgarlo, no permitirlo o minimizarlo. De hecho, si les planteamos que traten de este modo a otra persona que no sean ellos mismos, suelen verlo como algo escandaloso. Jamás pensarían de otro en el modo en que piensan de sí mismos.

Cuando vemos comportarse a las personas así consigo mismas es fácil determinar que son mucho más compasivos con las personas que les rodean de lo que pudieran imaginar ser hacia sí mismos. Posiblemente  hayan aprendido que esta forma de tratarse les ayuda a sobreponerse a los momentos difíciles, o a ser más exigentes, no relajarse, a no flaquear… Sin embargo, es posible que esta falta de compasión hacia uno mismo les esté poniendo en riesgo de ciertos problemas psicológicos.

extraída de www.spring.org.uk
extraída de www.spring.org.uk

En un reciente estudio realizado por investigadores de Alemania y Canadá, han valorado la relación entre la autocompasión y el verse inmerso en una depresión. En varias investigaciones realizadas a este respecto se encuentra una relación negativa entre la autocompasión y los síntomas depresivos, es decir, cuanto más compasivos somos con nosotros mismos, es probable que tengamos menos síntomas depresivos.

El concepto de autocompasión

¿Pero a qué nos referimos con “autocompasión”? En nuestra sociedad, el ser compasivo no siempre tiene exclusivamente un significado positivo, sino que también puede tener algún tinte negativo, haciendo que la persona que estuviera necesitada de compasión fuera débil, o dependiente o poco capaz. Probablemente el hecho de que al pensar sobre ello nos despierte esta sensación tiene también mucho que ver con las dificultades que podemos tener para aplicarlo a nosotros mismos.

La autocompasión, sin embargo, se define de forma muy clara y no conlleva estas valoraciones. La autocompasión sería la posibilidad de tener una actitud sana hacia uno mismo en los momentos de lucha. Esta actitud, además, se compondría de varios sub-componentes.

En primer lugar, la amabilidad hacia uno mismo en contraposición a una actitud de juicio sobre nosotros mismos. En este sentido, la amabilidad se refiere a cuidarse, comprenderse y aceptarse. Ser “juzgador” de uno mismo, por el contrario, consistiría en una autocrítica excesiva así como ser demasiado duro con uno mismo.

El segundo componente de la autocompasión sería el de la sensación de pertenencia a un grupo humano contrapuesto a la sensación de aislamiento. Este componente se manifestaría de modo positivo en el sentido de poder conectar con otros en los momentos de sufrimiento.

Por último, el tercer componente de la autocompasión se encontraría en el posicionamiento hacia los sentimientos negativos. En un polo positivo encontraríamos la autoconciencia y atención a éstos (mindfullness). La postura que tomamos en este polo hacia nuestro propio sufrimiento sería de permitir, sin regodearnos en ello, el sentir emociones negativas con el fin de poder balancearlas. Por su parte, en el polo negativo aparecerá una sobreidentificación con los sentimientos y emociones negativas.

La relación entre depresión y autocompasión

Teniendo estos componentes en cuenta, así como la definición global de la autocompasión, parece claro que el hecho de ser más autocompasivo puede funcionar como un protector contra la depresión. El estudio anteriormente mencionado así como varios anteriores corroboran este hecho, tanto en población general como en pacientes con cuadros depresivos. Como curiosidad, digna de tener en cuenta, de los factores anteriormente comentados que estarían componiendo la autocompasión, el que se mostró más peligroso para desarrollar una sintomatología depresiva era el de sentirse aislado, desconectado del mundo y sin posibilidad de compartir nuestro sufrimiento con otros.

La idea de que la autocompasión nos hace débiles desde luego va muy en contra de la que nos dice que la compasión habría de ponerse en marcha en tiempos de dificultades. Cuando necesitamos de ella, es porque ya estamos luchando. En ocasiones, aprender a apoyarnos en otros o a ser menos duros con nosotros mismos es precisamente la clave para que salgamos indemnes de estas situaciones complicadas. Ser demasiado duros con nosotros, al final, es lo que nos hace frágiles.

ResearchBlogging.org

Körner A, Coroiu A, Copeland L, Gomez-Garibello C, Albani C, Zenger M, & Brähler E (2015). The Role of Self-Compassion in Buffering Symptoms of Depression in the General Population. PloS one, 10 (10) PMID: 26430893

 

Escrito por Lara Pacheco Cuevas