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Padres de un adolescente; lo que no te mata, te hace más fuerte

Un adolescente sale corriendo de su habitación gritando y dando un portazo, toda esta escena se origina porque su madre le pidió que ordenara y limpiara su cuarto. Su madre resignada mueve la cabeza con incredulidad y se pregunta qué fuerza alienígena ha secuestrado a su dulce hijo, ese mismo que no hace tanto se sentaba en su regazo… Ah, esos eran días de inocente serenidad y sosiego… Y la madre se mira de soslayo en el espejo y ve el reflejo de su propia madre. En una segunda mirada se da cuenta de que es ella misma. ¡Ay! Con un sentimiento entre la sorpresa y el horror, le viene a la mente una escena de su propia adolescencia, cuando le dijo a su madre: «Cuando tenga un hijo… ¡nunca voy a hacerle lo que tú me haces!» Atrapados en medio de una batalla de voluntades, se pregunta, “¿en qué me he convertido?»

Batalla de voluntades… Por un lado están los padres, cuya edad les ha proporcionado una vasta experiencia y una cantidad considerable de conocimientos, Por otro lado está el adolescente con poco más de una década de sabiduría. No debemos subestimar el poder del adolescente, ya que cuenta con un surtido de estrategias para derrocar rápidamente a su oponente, también conocido como progenitor. ¿Qué hacer cuando tu hijo/a monta una escena como la descrita anteriormente? ¿Asumes que se encuentra en la búsqueda de la autonomía e independencia y claudicas o te mantienes inflexible en tu posición? 

En el camino hacia la vida adulta, los adolescentes pueden expresar menos afecto hacia los familiares y emplear cantidades enormes de tiempo con los amigos o enganchados al whatsapp y actualizando sus redes sociales. Cosas tales como la apariencia y la aceptación social con temas muy relevantes; no son tonterías, para muchos, estas cosas se convierten en una necesidad de vital importancia. Emocionalmente, los adolescentes pueden verse atrapados entre ser un niño y un adulto joven, lo que a veces les aboca a un 100% de pura torpeza.

Pero ante todo mantengamos la calma. Ten la seguridad de que esta búsqueda de la autonomía e independencia es una parte perfectamente normal en el desarrollo del adolescente. Aunque es posible que durante este proceso te salgan algunas canas, el rechazo y el cuestionamiento de autoridad que muestra tu hijo le están ayudando crecer y convertirse en un adulto. Así que, te recomendamos que, en lugar de arrancarte esas canas y entrar en absoluta y desbordada desesperación, estés seguro de que tu hijo sólo está tratando de formarse una idea de quién es él o ella y cómo encaja en este gran y complicado mundo.

Pero, ¿y cómo diablos puedes sobrevivir a la inevitable adolescencia de su hijo cuando difícilmente sobreviviste a la tuya? Los expertos dicen que ser coherente, establecer límites y darles la seguridad que les permita explorar su medio son habilidades fundamentales para los padres. Además de esas cosas, no te olvides de mantener las líneas de comunicación abiertas para que tu hijo se sienta cómodo hablando contigo.

Así que si eres padre o madre de un adolescente, sabes perfectamente lo difícil que es mantener el equilibrio. Cuando recibiste ese pequeño regalo hace más de una década, es probable que no supieras que tendrías que convertirte en un malabarista profesional, multitarea, figura de autoridad y mediador, ¡todo en uno! Por tanto, si estás criando un adolescente, en primer lugar date una palmadita en la espalda. Ser padres no es una tarea fácil, sin embargo, es un privilegio poder ayudar y preparar a nuestros hijos para que un día dejen el nido, dotarlos de todo lo que sabemos para que puedan comenzar su propio viaje.

Fuente: Psychologytoday.com

Escrito por María Rueda Extremera

 

Cuando leer no solo es un entretenimiento…

Lunes. 9:05 de la mañana. Levantas tu vista del libro que lees esta semana (podría ser Las Horas de Liam Cunningham, por poner un ejemplo) y te fijas en la persona que hay sentado justo enfrente de ti. Ves que mira con vista perdida el mapa del metro. Notas cierto nerviosismo en su mirada, tal vez te fijes en sus ojos acuosos y en qué revisa ansiosamente la hora. Piensas, “Llegará tarde a alguna cita importante”. Te quedas inquiet@ cuando sale rápidamente al abrirse las puertas del vagón. Te muerdes el labio, “¿Qué le habrá pasado?”. Y continúas leyendo. Tal vez Liam Cunningham pueda darte una respuesta.

El pasado mes de octubre apareció en las páginas de Science, un artículo capitaneado por varios investigadores del New School of Social Research  (NSSR) en donde se defendía cómo leer ficción literaria podría ayudarnos a comprender las emociones y pensamientos de quienes nos rodean. Con ello, venían a comprobar si aumentaban nuestra Teoría de la Mente (que alude a la capacidad cognitiva de discernir estados mentales subjetivos en los demás y en nosotros mismos, entendiéndolos como fenómenos diferentes a aquellos que ocurren en el mundo exterior)

Para ello, realizaron diferentes experimentos en los que sometían a los participantes a leer breves fragmentos de textos literarios. Dichos textos se dividían en dos categorías, textos de ficción literaria (con fragmentos de autores como Delillo o la actual ganadora del Premio Nobel Alice Munro; en general, libros de reconocido prestigio y que presentase un argumento ficcionado) junto con textos de no ficción y/o considerados de “consumo popular”. Una vez leídos, los participantes pasaban distintas pruebas. Con medidas en diversos test como el RMET y el DANVA2-AF (tests de reconocimiento emocional a través de expresiones faciales), o el Yoni Test (reconocimiento de los pensamientos y emociones de distintos personajes a partir de diversas pistas verbales o visuales); los resultados mostraron como la mayoría de los participantes que habían leído obras de ficción se mostraban más capaces y obtenían mejores puntuaciones a la hora de inferir estados emocionales en los demás. Dicha empatía no sólo se producía a nivel cognitivo; también los participantes experimentaban  una identificación emocional.

Así, la literatura pasaría a ser una especie de simulador de las experiencias sociales; donde gracias a las vivencias y sentimientos de los personajes en la novela podríamos entender el complejo y heterogéneo mundo emocional que nos rodea. Aun con diversas limitaciones (no se decían expresamente la identidad de todos los autores utilizados en ambas condiciones experimentales; las conclusiones podrían cambiar de manera considerable si los participantes se leyeran novelas enteras en vez de fragmentos), el experimento constituye una lanza a favor de la literatura como instrumento favorecedor de diferentes cualidades de nuestro sistema cognitivo y que nos permite una flexibilidad y enriquecimiento de las distintas situaciones sociales sin necesidad de vivenciarla concretamente. Cómo digo, en la próxima página de tu libro de la semana puede estar la comprensión y entendimiento de una situación difícil en nuestras vidas. Por ello, simplemente lee.

 

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Research Digest

Bibliografía consultada: Kidd, D.C;  Castano, E. (2013). Reading literary fiction improves theory of mindScience express.

 

 

 

Cortar para calmar: explicando las autolesiones

Cuando escuchamos que una persona se produce daño a sí misma, es inevitable preguntarse cómo y porqué ocurre.

Desde un punto de vista explicativo, hay cuatro formas en las que entendemos que puede producirse este tipo de comportamiento. La principal es la de una regulación emocional inmediata, puesto que lo que más frecuentemente se observa es que cuando alguien se autolesiona encuentra una disminución de los pensamientos y sentimientos negativos, así como de la activación fisiológica. Otra función de este comportamiento es la obtención de autocastigo, puesto que las personas que realizan estos actos en muchas ocasiones también muestran muy altos niveles de autocrítica. Con respecto al entorno, también se ha referido que pudiera tener una función de comunicación de sufrimiento y necesidad de apoyo de los otros, especialmente cuando no se siente la capacidad de comunicarlo por vías lingüísticas. En ocasiones podría servir para que dejen de ocurrir eventos sociales negativos, como evitar que los padres cesen sus peleas, o que los compañeros del colegio abandonen comportamientos agresivos hacia la persona que lo sufre.

Las formas en las que ocurre, según la literatura científica, sugieren que lo más habitual es realizarse cortes, quemaduras, golpes o mordiscos en la piel. En muchas ocasiones, se relaciona con el consumo de drogas o alcohol de forma excesiva, y se entiende que ambos comportamientos servirían para lo mismo.

Según un estudio publicado en la “British Journal of Clinical Psychology”, se encuentra que hasta un 27% de adolescentes informa de haber realizado este comportamiento en alguna ocasión.

Puede que parezca un comportamiento extremo y en ocasiones inexplicable. Sin embargo, el acontecimiento de autolesionarse parece suavizar su significado en el momento en el que pensamos sobre él desde una perspectiva evolutiva.

En diferentes culturas se ha observado la presencia del uso del daño físico con una clara función de tipo social, siendo en muchas ocasiones similar en forma a las autolesiones más frecuentes ya citadas, como cortes en la piel o quemaduras. En las culturas que lo llevan a cabo este tipo de rituales se observa que aumenta la cohesión social y la empatía con la persona que lo lleva a cabo.

Otro apoyo desde una perspectiva evolutiva lo encontramos en la edad de inicio de las conductas autolesivas. En este sentido la adolescencia sería un momento crítico debido a que es una etapa en la que aún no se han desarrollado estrategias adaptativas de afrontamiento a los eventos vitales estresantes.

Además, resulta curioso el encontrar que también los primates no humanos realizan comportamientos autolesivos. Ante una desregulación del eje hipotálamo-pituitario-adrenal aparecen respuestas fisiológicas de ansiedad muy bruscas ante eventos estresantes leves. Cuando los primates realizan estos comportamientos autolesivos, al igual que los humanos, obtienen una gratificación inmediata al reducir la respuesta de ansiedad.

Las personas que se autolesionan experimentan problemas psicológicos que conllevan un sufrimiento elevado y después de hacerlo sienten rabia, culpa y vergüenza por este hecho. Por el momento no se conoce un tratamiento específico para la autolesión que haya sido suficientemente eficaz, pero si conocemos un poco mejor porque ocurre, y dónde puede estar el origen de este comportamiento, podremos dar una mejor atención a las personas que lo sufren de forma que aprendan a gestionar mejor los eventos estresantes de su vida.

Fuente: Nock, M.K. (2010) Self-Injury. Annual Review Clinical Psychology 6 (15), 1-25.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Buenos hábitos para la vida en pareja

¿Qué es lo que hace que una pareja sea feliz? Si estás trabajando para mejorar tu relación de pareja, aquí tienes 10 hábitos comunes de las parejas felices.

1. Irse a la cama a la misma vez. ¿Recuerdas los comienzos de vuestra relación cuando no había nada que os sacara de la cama? Las parejas felices se resisten a la tentación de irse a la cama en momentos diferentes. Se acuestan a la vez, aunque uno de ellos se levante poco después para hacer cosas mientras su pareja duerme. Acostarse a la vez facilita que cuando vuestras pieles se toquen sintáis un cosquilleo que, a no ser que uno o ambos estéis exhaustos, os hará sentir excitación sexual.

2. Cultivar  los intereses comunes. Cuando la etapa de explosión pasional se estabiliza, es habitual darse cuenta de que se tienen pocos intereses en común. Pero no minimices la importancia de las actividades que podéis hacer juntos y que ambos disfrutáis. Si los intereses comunes no están presentes, las parejas felices los desarrollan. Al mismo tiempo, asegúrate de cultivar intereses propios, esto te hará más interesante a tu compañero/a e impide parecer demasiado dependiente.

3. Caminar de la mano o caminar al lado el uno del otro. En lugar de ir uno cinco pasos por delante del otro, las parejas felices andan cómodamente de la mano o juntos. Saben que es más importante estar con su pareja que disfrutar de las vistas a lo largo del camino.

4. Hacer de la confianza y el perdón tu actitud por defecto. Cuando tienen un desacuerdo o una discusión y no pueden resolverlo, las parejas felices muestran una actitud de confianza, aceptación y perdón en lugar de mostrarse desconfiado y hostil.

5. Centrarse más en lo que tu pareja hace bien que en lo que él o ella hace mal. Si buscas las cosas que tu pareja hace mal, siempre podrás encontrar algo. Si buscas lo que él o ella lo hace bien, también podrás encontrar algo siempre. Todo depende de lo que quieres buscar. Las parejas felices acentúan lo positivo.

6. Abrazarse tan pronto como os encontráis después del trabajo. Nuestra piel tiene algo así como una memoria del “buen contacto”. Las parejas que se saludan con una abrazo mantienen su piel impregnada de este “buen contacto”, lo que les hace sentir únicos, cuidados y queridos.

7. Decir «te quiero» y «Que tengas un buen día» cada mañana. Estas palabras nos dotan de paciencia y fuerza contra las molestias del día a día. Pararse un segundo para mirar a tu pareja a los ojos y decirle que le quieres os recordará lo que es importante, más allá de atascos, prisas, contratiempos y demás molestias diarias.

8. Decir «buenas noches» cada noche, independientemente de cómo os sintáis. Esto le dice a tu pareja que, independientemente de lo mal que estás con él o ella, tú todavía quieres que las cosas vayan adelante. Dice que lo que tú y tu pareja tenéis es más grande que cualquier bache o crisis.

9. Hacer una verificación de “cómo estás” durante el día. Llama a tu pareja a casa o al trabajo para ver cómo le va el día. Esta es una gran manera de ajustar las expectativas, por lo que estarás más en sintonía cuando os encontréis después del trabajo. Por ejemplo, si tu pareja está teniendo un día horrible, sería poco razonable esperar que él o ella se muestre entusiasta acerca de algo bueno que te ha pasado.

10. No te avergüences de mostrarte con tu pareja. Las parejas felices sienten placer al estar juntos y mostrarse afecto, por lo que a menudo tienen algún tipo de contacto cariñoso – agarrarse de la mano, poner la mano sobre el hombro o la rodilla… No se trata de una muestra hacia los demás, sino sólo una forma de sentirse conectados.

 

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda Extremera

Yo, yo y yo mismo: la generación del Siglo XXI.

En mayo del año pasado, la revista “Time” dedicó su portada y un extenso artículo en su interior a la llamada “Generación Yo-Yo”, generación correspondiente a las personas nacidas a partir de enero de 1982 hasta diciembre de 1999. Con clara intención divulgativa, se explicaba, por ejemplo, cómo la población de nuevos jóvenes y adultos  no somos tan felices como esperamos; o como presentamos altas dosis de insatisfacción y un aumento en la tasa de los trastornos mentales, siendo la ansiedad, la depresión o los trastornos narcisistas grandes exponentes. La tecnología está presente en casi cada aspecto de nuestra vida, y sin embargo,  cada vez nos comunicamos peor cara a cara. ..¿qué nos está ocurriendo?

Jean Twenge, profesora de psicología en la Universidad Estatal de San Diego,  ha dedicado gran parte de su carrera profesional a definir las principales características de los adultos jóvenes de hoy en día. Sus conclusiones son poco alentadoras y van en consonancia con el artículo. Nos define como una generación insatisfecha; hemos crecido con mensajes de auto-realización y auto-motivación constantes pero no se nos ha enseñado a tolerar las frustraciones y decepciones del día. Hemos creído y seguido la necesidad de seguir nuestros sueños sin importar lo que nos digan los demás; pero no se nos ha inculcado una verdadera cultura de esfuerzo, ni a ajustar nuestras expectativas cuando las cosas no salen del todo bien. Nos hemos volcado en nosotros mismos; hemos ganado libertad y ahora podemos acceder a información y datos que hace treinta años era impensable para un adulto de 35 años; pero dicha información no cumple una función de aprendizaje, sino de diversión y entretenimiento instantáneo. Los modelos de comportamiento son ahora personas sin un talento específico, cuyo mayor logro es aparecer en las redes.Incluso dice que hemos ganado en comportamientos tolerantes e igualitarios pero no se ha traducido en un aumento comportamientos altruistas; ahora los jóvenes se apuntan a labores de voluntariado movidos por una necesidad de complementar el currículum más que por una necesidad esencialmente pro-activa. Y todo ello nos hace adultos más deprimidos y  con mayores niveles de ansiedad, aislamiento  y sufrimiento que antaño; estando más pendiente de que los resultados de nuestras acciones se vean reflejados en nuestro trabajo (en motivaciones extrínsecas, como por ejemplo, un ascenso o una mejora de nuestro státus social), en los demás  o en la suerte y no valorando el esfuerzo ni el proceso que hemos seguido con cada cosa que hacemos

Ambos artículos ponen como origen el propio cambio cultural que ha sufrido la sociedad estos últimos treinta años. Mientras que las generaciones anteriores se basaban más en la búsqueda del cambio, la espiritualidad y la individualidad como un derecho; nosotros hemos dado todo esto por sentado. El resultado es mucha decepción y frustración; cosa que la crisis ha acrecentado. Sin asumir todo lo que nos propone los autores como cierto, sí que podemos plantearnos qué cosas cotidianas podemos hacer cada uno para mejorar y cambiar.

Joel Stein, el autor del artículo de la revista Time,  finalizaba su artículo con la siguiente afirmación: “la grandeza de una generación no está en los datos, sino en la manera de reaccionar ante los acontecimientos que les pasa”. Diversas investigaciones dicen que en momentos de crisis los comportamientos narcisistas disminuyen en favor de comportamientos comunitarios. Otras, que nuestra satisfacción personal aumenta cuando somos más conscientes del proceso de aprendizaje que hemos hecho para realizar la tarea. La propia Jean Twenge opina lo beneficioso que sería promover la importancia de perseguir objetivos comunes por encima de los propios y la necesidad de toda la comunidad educativa por enseñar a sus estudiantes a reflexionar sobre los recursos que se les ofrecen para ajustar sus expectativas sobre sí mismo, su futuro y la sociedad…en ser mucho más honestos, y no poner tanto énfasis en el éxito, o ajustarlo cuando sea necesario. ¿Qué otras reflexiones se os ocurren a partir de lo expuesto en los artículos? ¿Qué cambios propondríais? ¿Estáis de acuerdo?

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: psychologytoday, apa.org.

Bibliografía consultada:

Stein, J. (2013). Millenials: The Me Me Me Generation. Time Magazine. 

La suerte, los rituales y la sensación de control

¿Nos hemos comido las doce uvas de la suerte al empezar el año? ¿Vestimos ropa interior roja? ¿Algo nuevo y algo viejo? ¿Metimos oro en nuestra copa de champán?

En estas fechas el número de rituales que cumplir parece dispararse por encima de lo normal. Sin embargo, a diario efectuamos pequeños rituales que nos ayudan a enfrentar diferentes situaciones vitales. Hace tiempo que desde la psicología y antropología se conoce que a lo largo de diferentes culturas se practican rituales para afrontar situaciones difíciles. Es lógico, por tanto, que al afrontar un nuevo periodo, como el año nuevo, afloren diferentes tradiciones supersticiosas.

Generalmente nos involucramos en rituales en dos tipos de situaciones. Por un lado, ante algo que nos produce un alto nivel de ansiedad sobre nuestra actuación, como jugar una final o dar un discurso. Por otra parte, ante una situación extremadamente negativa, como la muerte de un ser querido o la pérdida de una relación significativa.

Como seres simbólicos, tratamos de realizar acciones que controlen el mundo que nos rodea. De hecho, generalmente los rituales no son elaborados de forma azarosa. Cuando tratamos de alejar cosas negativas hacemos gestos hacia el exterior de nuestro cuerpo o bien destruimos objetos representativos del hecho. Cuando lo que queremos es protegernos, llevamos objetos que nos dan suerte, comemos cosas que son apropiadas para el beneficio de la suerte o juntamos objetos como forma de unión de sus propiedades simbólicas.

Todas estas acciones no son más que formas en las que las personas tratamos de sentir que tenemos el mundo que nos rodea controlado. Para el correcto desarrollo de nuestras formas de relacionarnos con el mundo, es imprescindible que nos sintamos mínimamente con el control sobre nuestras vidas. Cuando esto falta, aumenta la ansiedad y es probable que el bienestar psicológico se vea gravemente afectado.

El realizar los rituales correctos ante situaciones difíciles de hecho sí aumenta nuestra confianza en nosotros mismos, alivia la aflicción y en muchas ocasiones incluso mejora el rendimiento, claro, a través de una autoeficacia mayor.

Aunque en ocasiones los rituales pueden convertirse en un problema, como cuando se convierten en un alivio de la obsesión en un trastorno obsesivo compulsivo, generalmente realizar pequeños gestos que nos ayuden a afrontar el futuro es muy humano y, además, útil para nuestra confianza.

Fuentes: scientificamerican.com, psychologytoday.com,

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Propósitos para el Año Nuevo

Se acaba el año y con la última uva nacen uno, dos o incluso decenas de buenos propósitos para el año que comienza. El año que termina ha sido especialmente complicado a nivel colectivo debido a la crisis que sufrimos. Comenzar una nueva etapa nos esperanza a todos y todas, y la Nochevieja simboliza eso, un cierre de lo ya pasado y la apertura de un nuevo tiempo en el que iniciar y afrontar nuevos proyectos.

Los propósitos para el nuevo año no sólo suelen ser similares dentro de nuestra cultura, sino que una misma persona puede repetirlos año tras año (dejar de fumar, aprender inglés, adelgazar…). Es decir, al finalizar enero recordamos aquello que nos prometimos a nosotros mismos mientras sonaban las campanas y nos damos cuenta de que para nada se han materializado. En ese momento es cuando puedes volver a pensar porqué no lo has conseguido. ¿Realmente era importante para ti hacer realidad ese propósito? ¿Era realista? ¿Tenías un plan? ¿Estabas preparado para hacer ese cambio o iniciar ese nuevo proyecto?

Este tipo de preguntas y algunas de las claves que te damos a continuación pueden ayudarte a gestar y alcanzar esos nuevos proyectos y a no ser demasiado duro contigo mismo.

Piensa qué quieres conseguir. ¿Es factible? Fíjate en qué sientes al pensar en ese propósito, ¿te gusta?

¿Por qué quieres conseguirlo? Enumera y recuerda TUS motivos para alcanzarlo. Traza un plan. Divide en partes tu proyecto de modo que tengas pequeños objetivos y márcate plazos para cada uno de ellos. Recuerda que es importante que éstos sean asequibles y realistas.

Y sobre todo, si en alguna ocasión tienes un tropezón no abandones y lo dejes otra vez para el próximo Año Nuevo; recuerda que cualquier cambio cuesta y requiere esfuerzo y que todos alguna vez fallamos, así que te animamos a que vuelvas a intentarlo. Lo que hayas avanzado es una gran conquista. ¡Cualquier mes del año es bueno para empezar algo nuevo!

 

Escrito por María Rueda Extremera

El romanticismo en los encuentros sexuales fugaces.

Pere Estupinya, en su blog para la versión digital del diario El País (http://blogs.elpais.com/apuntes-cientificos-mit/), recogía las reflexiones lanzadas por un grupo de investigación liderado por el Instituto Kinsey de la Universidad de Indiana (con J. García como principal autor) en relación a las llamadas “hook-ups”, o relaciones de una sola noche.  En su artículo, con el sugerente título de “¿Por qué lo llaman sexo cuando realmente quieren decir amor?”, cuestionaba, a colación de los resultados de la revisión Sexual Hookup Culture: A review, la ausencia intrínseca de intereses románticos en ellas. Sí, la sociedad actual promueve nuevos modelos de relación en donde los encuentros sexuales sin compromiso conviven con los modelos más tradicionales, siendo los primeros una alternativa normativa. Pero, ¿realmente es el encuentro meramente físico lo único que se busca en este tipo de “hook-ups”?

Ya lo apuntaban en un estudio anterior los propios autores de la revisión (“Hook-ups behaviour: a biopsychological study”): más de la mitad de los participantes de la muestra (hombres y mujeres) reportaban gratificaciones emocionales y motivacionales aparte de la actividad sexual per se después del hook-up.  Es más, el deseo de intimidad y el entendimiento mutuo surgían también como variables a tener en cuenta. Así, cuando se les preguntaba cuál sería el resultado de este tipo de encuentros, un promedio de 36, 57% confesaban la expectativa ideal de comenzar una relación sentimental tradicional, si bien sólo un 6,9% pensaban que eso podría llevarse a cabo realmente. Que son lo que son, está claro (y los implicados lo saben), pero que se desea otro tipo de desenlace para este tipo de encuentros, más de un tercio lo querría.

Con ello, los autores siguen ahondado en estas cuestiones y en la actual revisión se confirma cómo el 65% de las mujeres y el 42% de los hombres buscan algo romántico en su noche de sexo casual. Asimismo, facilitan otro tipo de datos relevantes para entender este tipo de relaciones: no siempre se toman medidas anticonceptivas, suelen coincidir con el consumo de drogas (fundamentalmente alcohol), se definen como espontáneas y no programadas, generadoras de buenas sensaciones mientras se realizan pero con consecuencias no siempre positivas, al mostrar estudios en los que se reporta algún tipo de culpabilidad o reacción negativa posterior, sobre todo en el caso de las mujeres (resultados que marcarían una vivencia diferente por género de este tipo de relaciones). Los autores también citan otro estudio en el que estos encuentros provocarían una disminución de síntomas anímicos depresivos y ansiosos, siempre y cuando la persona no tuviese una red social amplia y diversa, que en este caso, los aumentarían (Owen et al, 2011). Por tanto, la revisión nos muestra una realidad mucho más compleja, rica y diversa y que hace replantearnos la idea convencional que tenemos de un encuentro esporádico.

No quiere decir todo esto que la próxima vez que se presente una oportunidad así en tu vida tu compañer@ de encuentro quiera algo serio. El estudio habla de que tal vez solo se quiera promover estos encuentros, una amistad con derecho a roce, un encuentro sin más continuidad que lo que dure la relación sexual o una relación romántica. Sólo hay que tener en cuenta que depende mucho de las expectativas y deseos de la persona en cada momento. Y que, si tú o tu compañer@ buscáis una relación estable, podría ser que no consideréis ese encuentro casual como algo tan fugaz como los medios de comunicación, las películas o  nosotros mismos pensamos.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes y bibliografía consultada:

elpais.com/elpais/blogs.html

Garcia, J. R., Reiber, C., Massey, S. G., & Merriwether, A. M. (2012). Sexual hookup culture: A review. Review of General Psychology, 16(2), 161

Garcia, J. R., & Reiber, C. (2008). Hook-up behavior: A biopsychosocial perspective. Journal of Social, Evolutionary, and Cultural Psychology, 2(4), 192-208.

Owen, J, Finchman F.D (2011) Yound adult emotional reactions  after hooking up encounters. Archives of Sexual Behavior, 40, 321–330.

¿Te deprime o estresa la Navidad? – Algunos consejos para afrontar las fiestas

La Navidad es una época en la que se nos bombardea con mensajes sobre lo felices, ilusionados y esperanzados que debemos estar. La creación de este tipo de expectativas y su incumplimiento pueden dar lugar a sentimientos de inadecuación si no nos sentimos todo lo felices que “debemos”.

Además de esto, las navidades nos exigen mucho respecto a lo que debemos hacer en muy poco tiempo: acudir a fiestas, cocinar, limpiar, comprar, comer y beber… Por esto, además de un sentimiento de no estar lo suficientemente feliz, se le añade el estrés de todas estas exigencias; podemos sentir que no llegamos en tiempo o en economía para complacer a nuestros seres queridos.

Otro de los puntos clave por los que la navidad puede ser especialmente triste e incluso llevar a procesos depresivos es la falta de los seres queridos que un día sí celebraron estas fiestas con nosotros. Aunque los procesos de duelo puedan estar bastante resueltos, en estas fechas se puede acentuar la sensación de pérdida.

Si la navidad hace que nos sintamos deprimidos, estresados o solitarios, hay algunos consejos que podemos seguir para minimizar sus efectos.

Reconoce lo que sientes. Si echas de menos a alguna persona, o estás pasando por una situación difícil, permítete sentirte triste aunque los mensajes del exterior te propongan lo contrario.

Busca gente con quién estar. Si tu mayor problema es que te sientes solo en estas fechas, es posible que encuentres un grupo de personas que no pensabas que fuera la compañía esperada en estas fiestas, pero podría sorprenderte si estás abierto a nuevas oportunidades.

Sé realista. No todas las fiestas de todos los años han de ser perfectas. Las tradiciones y las familias varían con los años. Quizá las navidades pasadas parecen ser las mejores, pero si mantienes la mente abierta a nuevas formas de celebrar puedes descubrir grandes nuevos momentos.

Deja a un lado las diferencias. Trata de aceptar a los familiares y amigos que te rodean como son, aunque no cumplan tu ideal. Ponerte en su lugar o dejar las discusiones para otro momento puede ahorrarte mucho estrés, y además, ¿has pensado que puede que también ellos estén pasando por esa ansiedad y/o depresión navideñas?

Planifica. Crear una pequeña agenda para estos días hará que gestiones mejor el tiempo que se hace escaso. Añade en este plan momentos de descanso, para leer un buen libro, dar un paseo o escuchar música. Incluir estos momentos de relax te ayudará a aprovechar mejor los momentos de mayor actividad. Además, anticipar un presupuesto de los gastos de estos días te ahorrará sorpresas económicas que añadan presión.

Aprende a decir no. Tus compañeros y amigos entenderán que a veces no puedas comprometerte con todos los planes y actividades propuestos. En aquellos planes en los que tengas oportunidad de decir que no y te supongan un estrés añadido, cambia el plan por otras actividades de descanso en este periodo.

Entender la Navidad como una época de felicidad obligada es una tarea muy dura de cumplir. Quizá, además de las connotaciones religiosas, podamos darle el significado original del solsticio de invierno, en el que se da a entender que es la época en la que aprendemos que el sol volverá a aumentar su presencia. Que la primavera volverá. En la naturaleza, así como en nuestra vida, la tendencia es que haya cambios que puedan traer el bienestar de nuevo, aunque no sea obligatoriamente en navidad.

Fuentes: psychologytoday.com, webmd.com, mayoclinic.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Cuando el orgasmo desencadena un espectáculo de luces – El primer estudio de la sinestesia en el sexo

Para las personas con sinestesia, la estimulación de un sentido – o en algunos casos simplemente pensando en un concepto particular – desencadena otro tipo de experiencia sensorial. La forma más común de este fenómeno es de la percepción de colores a partir de letras, pero hay algunas variantes realmente extrañas, como personas para las que escuchan colores y otras que experimentan percepciones gustativas e incluso sensaciones emocionales con el roce de algunos tejidos.

Aunque en la literatura científica sobre el estudio de la sexualidad hay documentados casos que suenan muy parecido a la sinestesia (por ejemplo, una mujer entrevistada para un trabajo en 1970, dijo que el orgasmo se acompaña de «negritud difusa con ráfagas de color rojo y blanco»), hasta ahora la psicología no había investigado la posibilidad de que, para algunas personas, las experiencias sexuales pudieran ser el detonante de sensaciones sinestésicas, y qué implicaciones tiene esto para su vida sexual.

En un nuevo estudio, dirigido por la Dra. Nielsen (Hannover Medical School), se entrevistó a 19 personas con sinestesia y sus respuestas fueron comparadas con las dadas por otras 36 personas sin sinestesia de edades similares. Las personas con sinestesia sexual describieron diferentes sensaciones perceptivas para diferentes etapas de la actividad sexual desde la excitación al orgasmo. Una participante informó de que la fantasía inicial y el deseo activaban el color naranja; para otro de los encuestados, la excitación representaba colores de intensidad creciente.  La fase de meseta fue descrita por una persona como niebla que se transformaba en una pared, la cual estallaba formando círculos en tonos azul-violeta en el momento del orgasmo. Para la fase de resolución otro participante indicó que percibía tonos rosas y amarillos.

No hay forma objetiva de confirmar la veracidad de estas descripciones, quizás los participantes sinestésicos no hablaban de sus experiencias de forma literal. Sin embargo, muchos de ellos también experimentan formas más comunes de sinestesia -por ejemplo, letras con colores-, mostrando consistencia en el tiempo (por lo general tomado como marca de autenticidad).

Además, cuando compararon al grupo de personas con sinestesia sexual y al grupo control, los sinestésicos presentaban puntuaciones más altas en “deseo sexual” y “estados alterados de conciencia durante las relaciones sexuales”, incluyendo sentimientos de desrealización, éxtasis y alucinaciones. Sorprendentemente, las personas con sinestesia también reportaron menos satisfacción sexual que los controles. Sus respuestas sugirieron que esto se debe a que sus experiencias sinestésicas enriquecen sus propias sensaciones sexuales, pero facilitan que se sientan desconectados de su pareja. Está muy bien si el sexo desencadena un espectáculo de luz, pero si no se puede compartir parece ser que no tanto.

Fuente: Research Digest

Escrito por María Rueda Extremera