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La codependencia en las relaciones: cuando tus propias necesidades dejan de ser tu prioridad

Foto extraída de www.20min.es

Inicialmente, en pareja todos tendemos a buscar un equilibrio entre las necesidades propias y las del otro, en un acuerdo tácito cuyo objetivo busca la convivencia y continuidad de nuestra relación. Sentimos que deseamos la compañía del otro, establecemos tiempos y actividades cotidianas conjuntas, compartimos nuestra intimidad y le colocamos en una de nuestras máximas prioridades, mejorando nuestro vínculo afectivo. Aprendemos la habilidad de ser nosotros mismos en el contexto de una relación de pareja, donde se atiende a las debilidades y se enfatiza las virtudes. No obstante, este ideal no es sencillo para todas las personas.

En ocasiones, hay personas que pueden experimentar una dificultad para mostrarse tal y como son en pareja. Sus características personales no les gustan y esto les hace centrarse en las del otro. Sus necesidades, por considerarlas menos importantes, pasan a ser un plano, y las del otro centran toda su atención. Sus decisiones comienzan a no ser propias, a estar condicionadas por las relaciones que establecen con los otros, restando su individualidad y su capacidad de autonomía. Estas personas son las que llamamos “codependientes”

La codependencia es un comportamiento que se define por la incapacidad de prestar atención a tus necesidades psicológicas, físicas y/o emocionales, generalmente en favor de las ajenas. Término en un principio acuñado para las conductas que pudiesen surgir entre una persona adicta y su pareja, se ha ido generalizando a todo tipo de relaciones y situaciones en las que los dos integrantes de una relación desigual están inmersos dentro de un vínculo de poder y control; en donde una parte suele ejercer el poder y garantizarse un sustento esencial mediante la otra, la co-dependiente, somete su bienestar al cuidado y satisfacción de los requerimientos del otro. Esto tiene grandes implicaciones para ambas partes, pero, sobre todo, denota un problema en la capacidad de solución de problemas de ambos, en la que las dos partes se necesitan por inhabilidad en una espiral de hostilidad y desequilibrio manifiesto.

Sin embargo, no quiere decir que la “codependencia” sea irreversible y pueda sufrir cambios positivos si ambas partes lo desean y son conscientes de su dinámica disfuncional, ante su carácter aprendido. Enfatizar la autonomía dentro de la relación  (hacer actividades fuera de ella o de manera individual sin la mediación del otro), trabajar en el desarrollo de las capacidades propias para satisfacer sus propias necesidades (tanto instrumentales como las emocionales), trabajar en la autoconfianza, valorización y en la capacidad  para responsabilizarse de nuestras acciones, entrenar a la pareja en habilidades de resolución de conflictos, aparte prestar atención a la expresión asertiva de nuestros sentimientos y emociones y/o la valoración de los esfuerzos mutuos, pueden suponer un cambio en la forma que tienen una pareja que presenta comportamientos semejantes.

Recuerda: el cuidado del otro en la pareja pasa por saber cuidarte a uno mismo. Como dijo Perls, “Tu eres tú y yo soy yo. Falta de amor a mi mismo, cuando en el intento de complacerte me traiciono. Falta de amor a ti, cuando intento que seas como yo quiero. En vez de aceptarte como realmente eres. Tú eres tú y yo soy yo”. De eso consiste una pareja equilibrada.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: www.psychcentral.com

Bibliografía consultada: Dependencia Emocional: Características y tratamiento. (2005) Castelló Blasco, Jorge. Editorial: Alianza Editorial.

¿Te pica la curiosidad? ¿Por qué es más fácil aprender algo si te interesa?

Foto extraída de univdep.edu.mx

Es sabido que nos resulta más fácil aprender algo cuando estamos interesados en ello que cuando poco nos importa. Sin embargo, aún no se conoce mucho sobre cómo los mecanismos motivacionales afectan al aprendizaje. Un nuevo estudio llevado a cabo por un grupo de la Universidad de California, Davis, sugiere que cuando nos pica la curiosidad, el cerebro se prepara para aprender no sólo sobre el tema en cuestión, sino también cualquier información incidental. Los neurocientíficos Gruber, Gelman y Ranganath entrevistaron a 19 participantes y les solicitaron que ordenaran una serie de preguntas en base al interés o curiosidad que tenían por conocer la respuesta. Posteriormente los investigadores escanearon su actividad cerebral mientras veían algunas de las preguntas más “interesantes” y otras tantas que por el contrario les despertaba muy poca o ninguna curiosidad. Mientras le hacían el escáner, los participantes veían la pregunta, y antes de poder leer la respuesta, los investigadores insertaron una fotografía de un rostro al azar, es decir, sin relación alguna con la pregunta ni con la respuesta. Tiempo después, incluso un día, se midió si los participantes podían recordar las respuestas a las preguntas, así como las caras que habían visto.

Gruber y sus colegas descubrieron que un mayor interés en una pregunta podía predecir un mejor recuerdo no sólo de la respuesta, sino también para la cara azarosa que precedía a la respuesta. De alguna manera parece que la curiosidad puede preparar al cerebro para el aprendizaje y la memoria a largo plazo.

Para entender qué es exactamente lo que había ocurrido en el cerebro de estos participantes, los investigadores recurrieron a los datos recogidos en el escáner y observaron un incremento en la actividad cerebral de dos regiones en el cerebro medio, el área tegmental ventral y el núcleo accumbens. Estas regiones transmiten dopamina, una sustancia relacionada con la sensación de placer y recompensa. Esto sugiere que antes de que aparezca la respuesta, nuestro cerebro activa el sistema de recompensa. Además, los investigadores encontraron que las mentes curiosas mostraron una mayor actividad en el hipocampo, estructura involucrada en la creación de recuerdos; observando que el grado de interacción entre el hipocampo y los circuitos de recompensa podía predecir la capacidad de un individuo para recordar la cara azarosa. En este sentido, el sistema de recompensa del cerebro parecía preparar al hipocampo para el aprendizaje.

Estos resultados no sólo nos aportan nueva información para la comprensión del cerebro y conducta humana, sino que nos recuerdan y ponen de manifiesto algunos conocimientos intuitivos como con el que hemos comenzado este post. Cuando un niño siente interés por algo, tendrá más facilidad (e incluso perseverancia) para y por aprenderlo. Este estudio demuestra empíricamente que esto es así. En palabras de los propios autores, “estos hallazgos sugieren un vínculo entre los mecanismos de recompensa y la curiosidad intrínseca, poniendo de manifiesto la importancia de estimular la curiosidad para crear experiencias más efectivas de aprendizaje

Teniendo en cuenta esta investigación, si hacemos atractivas las enseñanzas, promoviendo la curiosidad del niño o la niña por descubrir y aprender, éstos y éstas aprenderán más y mejor, pues como decía una querida profesora, sólo se entiende un aprendizaje, si éste tiene sentido y significado. Porque, si te pica la curiosidad, ¿cómo no vas a rascarla?

Escrito por María Rueda Extremera

Fuente: scientificamerican.com, sciencedaily.com

 

 

ResearchBlogging.org

Gruber, M.J., Gelman, B.D., & Ranganath, C. (2014). States of Curiosity Modulate Hippocampus-Dependent Learning via the Dopaminergic Circuit Neuron DOI: dx.doi.org/10.1016/j.neuron.2014.08.060

Depresión y serotonina: una relación no tan clara

Foto extraída de: elmundotlp.blogspot.com

Los fármacos Inhibidores Selectivos de la Recaptación de la Serotonina (ISRS), como el Prozac, son conocidos popularmente como antidepresivos. Desde la comercialización masiva de este tipo de fármacos se considera que la depresión se debe a un desajuste de neurotransmisores en el cerebro en el cual hay un déficit de serotonina. El planteamiento es sencillo, elegante, es todo lo que nos gustaría que fuera un trastorno tan complejo como la depresión; ya que sería mucho más sencillo que las personas que lo sufren lograran superarlo. Sólo tiene un problema: que no está comprobado.

Por una parte, no podemos medir los niveles de serotonina en el cerebro, así que no podemos saber qué niveles son los “normales” y menos cuando hay un déficit. De hecho, ya en el año 1976 Asbert trató de comprobar esta hipótesis midiendo los niveles de 5-HIAA (un derivado de la serotonina en la médula espinal). Las personas con depresión deberían tener poca cantidad de esta sustancia, al haber poca serotonina. Lo que encontró fue algo sorprendente: tanto en el grupo con depresión como en el de control había un 50% con niveles medios, un 25% bajos y un 25% altos.

En otro famoso artículo a este respecto, publicado en 1994, Delgado sometió a un grupo de pacientes con depresión a una falta total de triptófano, necesario para sintetizar serotonina, con el fin de comprobar si los síntomas depresivos empeoraban. Sin embargo, no encontró una dirección clara de éstos; algunos pacientes mejoraban y otros empeoraban, descartando que la depresión se basara simplemente en una falta de serotonina.

Recientemente se ha publicado un último artículo (Angoa-Pérez et al 2014) que hace dudar de la hipótesis de que la depresión es únicamente causa de una falta de serotonina. Los investigadores modificaron genéticamente a algunos ratones para que no pudieran sintetizar esta sustancia, observaron sus comportamientos y lo que vieron no fueron conductas depresivas sino compulsivas y agresivas. Aún más, al someter a los roedores a situaciones continuadas de estrés, lo que suele derivar en depresión, encontraron que la proporción de ratones que la desarrollaban era la misma que en aquellos no modificados genéticamente.

Estos planteamientos no significan necesariamente que la serotonina no tenga nada que ver, sino simplemente que la explicación de cómo se produce la depresión no es tan sencilla. Además, cuando las explicaciones sobre las causas de la depresión son exclusivamente genéticas y bioquímicas es frecuente que las personas que la sufren tengan la sensación de que el pronóstico es peor, al menos cuando la biología parece que no pueda modificarse fácilmente.

La realidad es que no comprendemos con claridad los mecanismos por los que se produce la depresión, aunque parece que se podría definir como una causa multifactorial, tanto de la biología como de factores ambientales. Un planteamiento reduccionista puede llevarnos a entender este trastorno de forma excesivamente simple, limitando las oportunidades de tratamiento que pueden llevar a una recuperación de los pacientes que la sufren. Es posible recuperarse de la depresión, pero por proporcionar explicaciones simples (e inexactas) no necesariamente facilitaremos este proceso, tratemos los problemas con la complejidad que merecen para así ser mejor tratados.

Fuentes: psychcentral.com, medicalnewstoday.com, npr.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.orgAsberg M, Thorén P, Träskman L, Bertilsson L, & Ringberger V (1976). «Serotonin depression»–a biochemical subgroup within the affective disorders? Science (New York, N.Y.), 191 (4226), 478-80 PMID: 1246632

 
Angoa-Pérez M, Kane MJ, Briggs DI, Herrera-Mundo N, Sykes CE, Francescutti DM, & Kuhn DM (2014). Mice Genetically Depleted of Brain Serotonin Do Not Display a Depression-like Behavioral Phenotype. ACS chemical neuroscience PMID: 25089765

 
Delgado PL, Price LH, Miller HL, Salomon RM, Aghajanian GK, Heninger GR, & Charney DS (1994). Serotonin and the neurobiology of depression. Effects of tryptophan depletion in drug-free depressed patients. Archives of general psychiatry, 51 (11), 865-74 PMID: 7944875

Hábitos cognitivos para una mayor Flexibilidad Mental

Por más que lo intento, no puedo quitarme este pensamiento de la cabeza y puedo pasarme horas dándole vueltas”, “Al final vuelvo a hacer lo mismo una y otra vez. El resultado siempre es el mismo y no me encuentro mejor”…estas frases, servidas a modo de ejemplos, nos muestran como en ocasiones las personas tendemos a fijarnos en  un punto de vista rígido y único, repitiendo patrones de comportamiento que no siempre van seguidos de consecuencias positivas y cuyos efectos nos provocan más ansiedad y sufrimiento incluso que las situaciones de las que son originarias. En éstas, nos comportamos de manera inflexible, sin tener en cuenta  que la flexibilidad mental, relacionada con nuestra habilidad para la solución de problemas y generación de alternativas, es una garantía de equilibrio mental y afrontamiento de todo tipo de situaciones cotidianas.

Hablar de flexibilidad mental es hablar de cambio y evolución. Implica ajustarnos a un plan determinado, el nuestro propio; saber adoptar los comportamientos más adecuados a cada situación, en un constante toma y daca entre los condicionantes contextuales y nuestras propias preferencias personales. Por ello, os facilitamos toda una serie de recomendaciones para entrenar nuestra flexibilidad día a día

a)      Encuentra el equilibrio entre el pesimismo y el optimismo. El “efecto de la visión de túnel” (centrarnos en un único aspecto de la situación) o “el efecto de la tinta en el pañuelo” (un único pensamiento negativo tiñe la valencia cognitiva del resto) nos muestran como centrarnos en un único aspecto, acorde a un estado emocional determinado, no siempre es el adecuado. Acostumbrarnos a hacer una recogida de perspectivas (buenas y malas, negativas y optimistas) puede ayudarnos a tomar decisiones más realistas y ajustadas a la verdadera multiplicidad del momento.

b)     Desarrolla tu capacidad para adoptar perspectivas distintas: en terapia de pareja enfatizamos la importancia de tener en cuenta tres perspectivas distintas a la hora de abordar un conflicto; la nuestra propia, la de nuestro cónyuge y la de un observador neutral. En efecto, asumir que nuestra perspectiva no es la única posible y que siempre hay que ver la situación desde otros ojos, puede ayudarnos a inhibir conductas verdaderamente contraproducentes. Hablar con alguien cercano a nosotros, o bien escribirnos a nosotros mismos como si fuésemos un amigo externo, ayuda a salirnos de nuestra perspectiva y comprender que a veces hablamos influidos por pensamientos y emociones pero no por una consideración real del asunto.

c)      Comprende que no siempre las reglas empíricas tienen por qué cumplirse: a veces, por mucho que nosotros intentemos controlar o predecir lo que ocurrirá en el futuro, las cosas no siempre salen como nos imaginamos y hay que estar preparado para todo. Comprender que el futuro no existe y que la idea de que “sabemos lo que nos va a pasar” está más sujeto a una creencia que a la realidad en sí, permite descentrarnos de nuestros pensamientos y centrarnos en las consecuencias presentes de cada situación.

d)     Progresa en tu capacidad para la atribución interna o situacional: en el análisis de las situaciones, la teoría nos dice que las personas tendemos a sobreestimar la importancia de los rasgos personales a la hora de explicar el comportamiento de los demás, obviando lo situacional y cometiendo multitud de errores. Ser consciente de este hecho nos hace ser más cautos y no presuponer intención “de más” a los actos del otro.

e)      Limita el verdadero peso de los pensamientos y las emociones: después de una discusión acalorada con nuestra pareja o nuestros hijos, solemos darnos cuenta de que a veces hemos hablado más por la emoción o los pensamientos sobre la otra persona que por la propia situación que ha causado el conflicto. Pararnos a reflexionar, escuchar nuestras emociones y reconocer y sustituir pensamientos automáticos por otros más acordes con nuestros seres queridos puede ayudarnos a ser más flexible y no caer en el “otra vez con lo mismo”

f)       Equilibra los deseos inmediatos con tus metas a largo plazo: los pensadores flexibles saben que como se sienten ahora no se van a sentir en una semana, ni siquiera en un mes; saber que en el alivio momentáneo no está la respuesta y que lo más importante es seguir nuestras metas a largo plazo, hacen centrarnos en lo importante y asumir que un capricho diario no viene mal si es lo que queremos, pero siempre teniendo en cuenta nuestros valores en el horizonte.

g)      No dependas de la sensación de (in)certidumbre: a todos nos gusta sentirnos seguros, pero lo contrario no predice necesariamente un mal resultado. En ocasiones, en el riesgo y en lo desconocido puede estar la clave a lo que nos ocurre y dotarnos de la capacidad suficiente para tirarnos  a la piscina.

Recordad, la misma flexibilidad predice un esfuerzo diario y continuo y en la que se permiten errores y salidas del camino. Pero de eso se trata, mantenernos firmes en un ambiente que sabemos en constante cambio y evolución. ¡En la práctica reside el desarrollo de toda capacidad!

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: www.psychologytoday.com

Foto extraída de: www.cocodocpsicologia.es

Jugar no es sólo cosa de niños

A menudo encontramos padres y madres que expresan no saber jugar con sus hijos o que incluso confiesan, no exentos de culpabilidad, sentir desinterés y aburrimiento al respecto. No cumplir, incluso en nuestro fuero interno, con aquello que “deberíamos sentir” al respecto de nuestra paternidad o maternidad genera sufrimiento y vergüenza. Pero esto no es algo descabellado. A la par que se nos pide ser “superpadres” también nos han dicho que debemos ser adultos serios y responsables. Y sí, combinar ambas ideas puede resultar bastante complejo, y es que para que jugar con tus hijos pueda convertirse en una actividad agradable necesitamos despojarnos de los tacones, corbatas y cuellos almidonados y viajar atrás en el tiempo, cuando éramos nosotros esos niños sedientos de tiempo de juego compartido con nuestros padres. Aprender a derribar esos muros puede dotarnos de herramientas que hagan que jugar con nuestros hijos deje de ser una actividad para mantenerlos “entretenidos”, para transformarse en una fuente de satisfacción por sí misma. Hacer un ejercicio de memoria, intentar recordar y recuperar nuestras pasiones infantiles nos hará empatizar con las necesidades de nuestros hijos y facilitará sentir como agradable el tiempo dedicado a jugar. ¿Quién fue el aguafiestas que dijo que jugar era sólo cosa de niños?

parentdish.co.uk

Además, podemos reforzar nuestra dedicación al juego si recordamos los beneficios que tiene tanto para los niños como para los padres y madres utilizar unas horas a la semana en divertirse juntos. Diversos estudios han demostrado el efecto positivo del tándem padre-hij@ o madre-hij@. Los adultos pueden ayudar a los niños a desarrollar habilidades en el manejo de la vida social, regulación de emociones y desarrollo cognitivo, entre otras muchas competencias. Además, dedicar un rato al día para jugar con tu hijo fomenta la creación de un ambiente enriquecido, menos estresante para los miembros de la familia. Pero, ¿no es el juego por sí mismo suficiente para generar todas estas cosas? Stevenson y colaboradores (1988) observaron que el juego entre padres e hijos contribuye más al aprendizaje y comprensión de las interacciones sociales que el juego entre hermanos.

Evidentemente los niños también tiene que tener relaciones con sus iguales, pero el juego con sus padres/madres añade el matiz de la satisfacción de que las personas que nos quieren empleen con nosotros su tesoro más preciado, el tiempo. Sin embargo, la realidad de nuestros tiempos hace patente que el tiempo es de lo que menos disponemos. Entonces, ¿de qué me sirve saber todo esto si no puedo llevarlo a cabo? No siempre se trata de cantidad, sino de calidad. Si sólo puedes dedicar un corto periodo de tiempo a la semana a jugar, hazlo, pero sólo haz eso. Durante esos minutos sólo juega, apaga el móvil y céntrate en divertirte con tu hijo. Esto no es sólo bueno para ellos, también lo es para ti. Jugar con un niño implica observar activamente, escuchar, apoyar, hablar, respetar y comprender. El juego proporciona un escenario idóneo para la interacción, a través de la cual generar vínculos positivos duraderos. Esto abre la puerta a compartir problemas y preocupaciones cuando surja la necesidad. Además, jugar con tu hijo te ayudará a conocerlo como persona, ya que el juego es el lenguaje de los niños.

Fuente: livescience.com/ psychologytoday.com/ cyh.com/ childdevelopmentinfo.com

ResearchBlogging.org
Lindsey, E. W., & Mize, J. (2000). Parent–child physical and pretense play: Links to children’s social competence. Merrill-Palmer Quarterly, 46 (4), 565-591
Stevenson, M. B., Leavitt, L. A., Thompson, R. H., & Roach, M. A. (1988). A social relations model analysis of parent and child play Developmental Psychology, 24 (1), 101-108

Sunderland, M. (2006). Science of parenting: practical guidance on sleep, crying, play, and building emotional well-being for life. New York: Dorling Kindersley.

Escrito por María Rueda Extremera

Cosas que los extrovertidos deben saber de los introvertidos (y viceversa)

El continuo de extroversión-introversión es un rasgo de personalidad no sólo estudiado de forma extensa sino también con un alto consenso a través de diferentes enfoques psicológicos. Aunque no siempre somos plenamente extrovertidos o introvertidos, sino que depende de la situación, sí parece que cada persona se situaría en un punto dentro del continuo. Si bien las definiciones son múltiples, en general, se pueden definir ciertas características de la personalidad más introvertida o más extrovertida.

Foto: http://joannagoddard.blogspot.com.es/

Las personas introvertidas tienden más a observar que a actuar, prefieren situaciones sociales íntimas o actividades solitarias y pueden verse sobrecogidos por los grandes grupos de gente. También en general se orientan más a procesos mentales internos que a los eventos externos.

Las personas extrovertidas, por el contrario buscarán la interacción social, disfrutarán de los grandes grupos de gente, siendo más habladores y con tendencia a orientarse a la estimulación externa, obteniendo menos satisfacción en las actividades solitarias. En general, sintiéndose energizados cuando están rodeados de gente.A veces, al ser un rasgo que nos hace tan diferentes a unos de otros, es complicado para un extrovertido entender al introvertido, y viceversa. Hay ciertas cosas que puede ser útil comprender por unos y por otros:

Lo que un introvertido explicaría a un extrovertido:

–          Porque quiera estar solo no quiere decir que no me gustes, simplemente quiero estar solo.

–          Si me siento a observar sin hablar, no estoy juzgando a nadie, sólo estoy observando. Probablemente a algún extrovertido en acción.

–          Si te digo que lo estoy pasando bien, lo estoy pasando bien, aunque no lo manifieste externamente.

–          Si me voy pronto de una gran fiesta, no quiero fastidiarla, socializar me supone algún esfuerzo y necesito menos tiempo que tú en ello.

–          Si quieres saber lo que tengo que decir, permíteme más tiempo para hablar. No suelo alzar la voz por encima de otros, así que necesito mi espacio.

–          No soy solitario, soy selectivo. Soy leal a los amigos que me respetan como introvertido.

Lo que un extrovertido explicaría a un introvertido:

–          No tengo por qué entender la introversión si nadie me ha explicado en qué consiste.

–          Si trato de que te sueltes en una situación social, no es para molestarte, creo que puede ser bueno para ti y lo hago con buena intención.

–          Aunque hable mucho, puedo tener cosas importantes que decir, si tienes paciencia para escucharme podrás darte cuenta de ello.

–          Puedo enseñarte mucho sobre habilidades sociales. Puedes querer usarlas o no, pero podrán ser habilidades útiles.

–          No puedo leerte la mente. Aquello que quieras, necesito que me lo digas.

–          En las fiestas, puedo ser un buen compañero para ayudarte a socializar, pero puede que en un momento dado tengas que continuar tú solo.

Ser más o menos extrovertido o introvertido no es mejor ni peor, son formas de ser diferentes, con un componente biológico bastante alto y tratar de cambiarlo no suele funcionar muy bien. Comprender al otro y valorar lo positivo de cada una de las formas de ser puede dar lugar a una convivencia muy enriquecedora.

Fuente: psychologytoday.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Expresar tus emociones: ¿cuándo es una buena opción?

Tradicionalmente,las emociones no han gozado de una absoluta aceptación de la sociedad y durante mucho tiempo han sido consideradas un residuo no deseable de nuestra evolución, ya que nuestra conducta puede verse influenciadas por ellas y, por tanto, impedirnos demostrar una conducta “racional”, “consciente plenamente de las consecuencias de sus actos” en situaciones donde deba prevalecer la razón sobre la emoción. Esta idea, ampliamente extendida, nos muestra a las personas en constante batalla entre estos dos polos (razón versus emoción), siendo la emoción la gran perjudicada y suprimiendo, siempre que es posible, su manifestación a ojos de los demás. Como consecuencia, se tiende a intentar regular y controlar la verdadera manifestación de la emoción, relegando ésta última a una esfera íntima, dado su carácter irracional. Y aunque en muchos contextos esta medida puede resultar muy adaptativa, no significa necesariamente que siempre debamos actuar así, con consecuencias claras para nuestra salud.

Olvidar las múltiples funciones que tienen las emociones (entre otras; informarnos acerca del valor que le da la persona a la situación, de nuestras verdaderas intenciones o la preparación para una mayor rapidez en las situaciones sociales) hacen que obviemos el papel fundamental, adaptativo y universal de las mismas. Así, por ejemplo, y como recoge Susan Strauss según los resultados de Matta y colaboradores (2014), en entornos laborales invalidantes, donde los mandos superiores tendrían un comportamiento considerado como injusto y enojoso con respecto a sus trabajadores, éstos tenían mayores probabilidades de experimentar reacciones emocionales negativas, que si no se expresan, tendrían graves consecuencias en su productividad y satisfacción laboral, acordes con estudios previos en entornos laborales.

Sin embargo, y siguiendo las palabras de Susan Strauss, saber equilibrar cuando es el mejor momento para expresar las emociones y cuando postergar su expresión a otro momento más adecuado, es un gran esfuerzo para las personas e implica un alto grado de inteligencia emocional y habilidades emocionales. Si bien esto es una capacidad que mejora en nuestro desarrollo, Strauss propone tres condicionantes en la que las personas podemos optar por la libre expresión de nuestros sentimientos, y que pasarían por:

1. En situaciones en las que la persona es capaz de garantizar una regulación emocional. ¿Cuál es la emoción que sientes en una situación en concreto? ¿Qué reacciones físicas provoca en tu cuerpo? ¿Qué crees que dice sobre ti? ¿Qué es lo que dispara esa reacción? La capacidad de autocontrol individual, que enfatiza la atención en la reacción de la persona en una situación y no en la situación en sí, permite ayudarnos en nuestra comprensión de nosotros mismos en cada situación, y por tanto, decidir si ventilar (o no) nuestras emociones a los que nos rodean.

2. El sentimiento de confort y seguridad que siente la persona en una situación. Si sabes que puedes confiar en los interlocutores y ellos han reaccionado bien en situaciones anteriores y similares, aumenta la probabilidad directamente a hacer esos momentos de confesión.

3. El grado de responsabilidad que haya en esa situación. Este último punto queda resumido con la afirmación, “cuánto más seguro está la persona de perder algo, con mayor probabilidad optará por guardarse las emociones para sí mismo”. Ventilar las emociones implica un alto grado de confianza en la audiencia que te está escuchando, y saber que quien te escucha no te juzga, que tiene capacidad suficiente para afrontar lo que le dices y los efectos que implica esa revelación son positivos, la persona se sentirá con mayor confianza para no optar por la supresión y expresar sus sentimientos.

En definitiva, reconocer, prestar atención y optar por expresar tus emociones no sólo te hace una persona con mayor autocontrol; te hace una persona que sabe cuáles son sus necesidades emocionales y las hace respetar cuando es necesario. Puede ser complicado, pero es un aprendizaje que nos acompaña toda la vida y del que sus consecuencias pueden traernos multitud de cosas buenas.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today.

Foto extraída de: www.depsicologia.com

¿Para qué escuchamos música triste?

Elegir escuchar música triste cuando estás pasando un momento difícil parece paradójico desde el punto de vista de que las personas estamos motivadas a buscar un estado emocional positivo cuando nos sentimos angustiados. Nos pasamos la mayor parte de nuestras vidas tratando de ser felices. Y sin embargo, muchos de nosotros, cuando nos sentimos tristes nos ponemos una canción lacrimógena y nos recreamos en nuestra propia miseria. ¿Por qué?

Este es un aspecto de la psicología de la música que ha pasado por alto durante mucho tiempo. Ahora, una investigación de la Universidad de Limerick ha tratado de estudiar qué motiva a las personas a elegir este tipo de música cuando se sienten tristes y qué efectos tiene. Para ello le preguntaron a 65 adultos (de entre 18 y 66 años de edad, de cinco países diferentes) sobre una mala experiencia y que eligieran qué música escuchar. Debido a que este problema apenas se ha investigado antes, los investigadores optaron por un enfoque cualitativo. Analizaron las descripciones de los participantes y buscaron temas recurrentes sobre porqué elegían escuchar música triste.

Las respuestas se dividieron en dos temas principales: las estrategias personales adoptadas en la selección de la música triste, y las funciones que cumple la música.

Entre las estrategias resaltaba el deseo de conexión. La gente quería escuchar la música que resonara con su estado de ánimo actual. «No quería que la música me animara, yo quería quedarme con esas emociones durante un tiempo hasta que estuviera lista para dejarlas ir «, dijo una participante de 25 años de edad. Esta idea encaja con estudios anteriores que señalan que el estado de ánimo actual de la gente es a menudo una mejor predictor de su elección de la música de su estado de ánimo deseado.

Otra estrategia encontrada fue la de utilizar música triste como un activador de la memoria – para experimentar la nostalgia  o sentirse más cerca de la persona que se ha perdido. «He escogido la música porque sé que [la persona que había muerto] le había gustado la música también», dijo una señora de 48 años de edad.

Otros participantes describieron la selección de la música triste por su valor estético. En este caso, las personas no estaban eligiendo la música para mejorar su propia tristeza o para recordar el pasado, simplemente pensaron que la música era hermosa y de alta calidad.

Las funciones de autorregulación al escuchar música triste estaban estrechamente relacionados con las estrategias anteriores. Así, por ejemplo, los participantes hablaron de la re-experimentación de su afecto. «Yo estaba en casa, sintiendo lástima por mí mismo, pero no podía llorar», dijo una chica de 24 años de edad. «Así que decidí escuchar música triste para llorar un poco y luego sentirme aliviada y seguir adelante.» Otra chica de 21 años de edad lo expresó así: «la música me anima a sentir el dolor tal cual es. Es probable que no me haga sentir mejor en el momento, pero creo que puede haberme ayudado a lidiar con el dolor en general».

El estudio señala que escuchar música triste en situaciones adversas podría generar la sensación de «ser parte de la humanidad», es decir, ver tus propios sentimientos como parte de una experiencia humana más grande en lugar de soledad y aislamiento. También hubo participantes que veían la música triste como un amigo, como si la música fuera empática con su sufrimiento. «Sentí que se hizo amigo de la música», dijo una mujer de 33 años de edad. «siento como si la música y la letra fuera una persona real, en la que encuentro comprensión, consuelo y confianza, como si la canción fuera mi mejor amigo.» La música triste activa regiones cerebrales similares a aquellas que se ponen en funcionamiento cuando observamos una cara de tristeza (Fusar-Poli et al., 2009; Brattico et al., 2011). Este sustrato común podría darnos pistas del valor social de la música.

Habitualmente encontramos personas que tratan de escapar de sus emociones para así librarse de ellas. Sin embargo, conectar con aquello que estás sintiendo, experimentarlo y vivirlo es lo que facilita y permite seguir adelante. Este estudio nos muestra cómo la música puede ser una herramienta poderosa a través de la cual sintonizar contigo mismo. ¡Así que dale al play y disponte a sentir!

 

Fuente: BPS Research Digest

ResearchBlogging.org
Van den Tol, A., & Edwards, J. (2011). Exploring a rationale for choosing to listen to sad music when feeling sad Psychology of Music, 41 (4), 440-465 DOI: 10.1177/0305735611430433

Brattico E, Alluri V, Bogert B, Jacobsen T, Vartiainen N, Nieminen S, & Tervaniemi M (2011). A Functional MRI Study of Happy and Sad Emotions in Music with and without Lyrics. Frontiers in psychology, 2 PMID: 22144968

Fusar-Poli P, Placentino A, Carletti F, Landi P, Allen P, Surguladze S, Benedetti F, Abbamonte M, Gasparotti R, Barale F, Perez J, McGuire P, & Politi P (2009). Functional atlas of emotional faces processing: a voxel-based meta-analysis of 105 functional magnetic resonance imaging studies. Journal of psychiatry & neuroscience : JPN, 34 (6), 418-32 PMID: 19949718

Foto extraída de: tokiariri.wordpress.com

Escrito por María Rueda Extremera

Pequeñas costumbres que fomentan tu bienestar emocional (Comportamientos emocionalmente saludables II)

De la misma manera que cuidamos nuestra parte física adquiriendo hábitos saludables establecidos culturalmente, la parte mental o emocional no está tan presente en la cultura popular. Por eso quisimos resaltar en el anterior post algunos hábitos que podemos incorporar en nuestra vida cotidiana para cuidarnos de forma más global. Hoy queremos seguir en esta línea, sugiriendo de nuevo algunas formas de comportarnos que nos proporcionen una salud emocional más fuerte.

Aprende a pedir ayuda. Cuando nos preocupa nuestra salud mental, es primordial aprender a pedir ayuda. Esto no siempre ha de implicar la búsqueda de ayuda profesional, simplemente puede ser bueno que seas capaz de hablar de los temas que te angustian con alguien cercano, ser capaz de abrirte y poder explicar que lo estás pasando mal sin sentir vergüenza por ello. Muchas veces se tienen reticencias a hablar sobre problemas emocionales por miedo a que los demás nos consideren débiles o a que no les importen nuestros problemas, sin embargo, lograr reconocer nuestras debilidades es también lo que puede hacernos más resistentes y da a los demás también la posibilidad de abrirse ellos mismos. Puede haber un punto en el que realmente sintamos que nuestros problemas nos abruman y no podemos resolverlos por nosotros mismos y hay momentos en los que es necesario buscar ayuda profesional  para que te ayude a salir de ese mal momento.

Haz más las cosas que te hacen feliz. Es importante mantener en tu vida las cosas que te gusta hacer, siempre y cuando no sean perjudiciales para tu salud. Potenciar tus gustos hará que sientas inmediatamente una sensación de placer al programar momentos del día para realizarlos. Mientras haces cosas que te gustan, además, fomentas tu propia autonomía, te reafirmas en quién eres y, sobretodo, te das valor a ti mismo.

Establece objetivos vitales. Si no logras tener claras algunas metas u objetivos hacia los que quieres dirigirte, es posible que te sientas sobrepasado por una infinidad de opciones de forma que termines no siendo capaz de elegir ninguna de ellas. Esto causará estrés e inseguridad sobre tu propio rendimiento, ya sea en el plano profesional o en el personal. Marcar unos objetivos a largo plazo, permitiéndote disfrutar del camino que te puede llevar a ellos es una de las situaciones más difíciles de llevar a cabo, sin embargo, una vez has logrado clarificarlo, saber hacia dónde te diriges es una garantía para la protección de tu salud mental.

Escribe un diario. Si bien puede parecer que es una actividad propia de la infancia y adolescencia, se conoce que poner los sentimientos y pensamientos sobre el papel es un acto de expresión que puede ayudarnos a lidiar con los problemas que puedan surgirnos. Ha sido comprobado en repetidas ocasiones que el hecho de escribir los sucesos emocionales negativos hace que sean menos dañinos para las personas que los sufren. No es necesario que relates en él todo lo que te ocurre, puedes empezar simplemente apuntando algunos sucesos que te han sucedido y cómo te has sentido con ellos. De esta forma, no sólo es beneficioso por expresarnos emocionalmente, sino también porque nos ayudará a organizar nuestra vida mental, proporcionándonos cierta capacidad de control, así como de autoconocimiento.

Comunícate más. En la línea de la expresión emocional que se transmite cuando escribimos, es también importante aumentar nuestra comunicación con los demás si esta es escasa. Cuando nos convertimos en personas capaces de comunicar nuestros sentimientos, es menos probable que deriven en una situación patológica. Por sí mismo, el hecho de tener una red social positiva es considerado como un factor protector para problemas tanto mentales como físicos, así que alimentarla comunicándote será también una manera de crear una mejor calidad de vida y fomentar tu bienestar.

Todo lo que hemos mencionado anteriormente son simples sugerencias para fomentar un estado emocional que pueda protegerte ante las exigencias del ambiente y hacer que los problemas de la vida no se conviertan en barreras que no somos capaces de superar. Como se podrá observar, se podrían resumir en tres puntos; expresar emociones de forma sana con la gente que te importa, mantener el mayor equilibrio posible entre obligaciones y placeres y por último, caminar hacia tus valores vitales. De estos tres, se pueden elaborar muchas más actividades concretas para fomentar el bienestar emocional, ¿qué cosas hacéis para proteger vuestra salud mental? ¡No dejéis de hacerlas!

Fuente: psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Foto: enbuenasmanos.com

Hábitos cotidianos que protegen tu salud mental (Comportamientos emocionalmente saludables I)

Frecuentemente nos encontramos con consejos sobre lo que debemos hacer para mantener nuestro cuerpo sano; cuántas calorías hemos de consumir, cuál debe ser nuestro peso, cuánto ejercicio hacer… Sin embargo, parece más difícil crear costumbres que nos lleven a mejorar el estado de salud mental. Por ello, hoy queremos enumerar algunas prácticas que puedes llevar a cabo para proteger tu salud mental y encontrarte más fuerte emocionalmente.

Cuida tu cuerpo. El ya tópico mens sana in corpore sano ha de ser tenido siempre en cuenta si queremos proteger nuestra salud mental. Una mala alimentación hace que las sustancias que pueblan nuestro cuerpo, incluido nuestro cerebro, se encuentren poco equilibradas y crea ciertas respuestas cuasi “adictivas”. Esto provocará en nosotros una mayor vulnerabilidad ante la ansiedad o estados emocionales negativos. El ejercicio físico, por otra parte, libera en nosotros sustancias relacionadas con el placer que nos protegen frente al estrés diario. Además, comprometernos con unos hábitos físicos saludables y sentir nuestro cuerpo en mejor estado físico nos hace sentirnos más eficaces y produce efectos positivos sobre la autoestima.

Foto: aidsmap.com

Relájate más a menudo. Las jornadas laborales prolongadas, el cuidado de los hijos, el manejo de las tareas cotidianas… A lo largo del día puede parecer que no hay tiempo para más. Sin embargo, lograr establecer aunque sean 30 minutos al día para realizar alguna actividad que te relaje (puede ser tanto ejercicios de relajación como leer un libro, escuchar música, hacer calceta o puzles, lo que sea mejor para ti) tendrá efectos muy positivos sobre tu salud mental. En este breve tiempo lograrás que tus niveles generales de ansiedad y/o estrés disminuyan, de forma que podrás rendir con más eficacia en el resto de actividades que inundan tu día y además con menor sufrimiento.

Haz un voluntariado. Implicarte en alguna actividad voluntaria que sintonice con tus gustos tendrá también efectos positivos sobre tu salud mental. Diversos estudios científicos han observado que el hecho de participar en acciones altruistas potencia la autoestima y una mayor satisfacción con la vida. Además, realizar alguna actividad diferente, fuera de las obligaciones, puede distraer tu mente de las preocupaciones que te atenazan a diario y proporcionar un soplo de aire fresco ante los pensamientos negativos y persistentes que en ocasiones pueden presentarse.

Rodéate de personas positivas. Si tu familia y amigos tienden a señalar y prestar más atención a las cosas negativas, es normal que tu tendencia sea a mirar también el mundo de esta forma. No sólo esto, si has tomado conciencia de esta tendencia y preferirías cambiarla, puede ser especialmente complicado cuando en tu red social se resalta esta forma de ver lo que nos ocurre. No olvides que entre las personas que forman parte de nuestra vida se tiende a producir un efecto de contagio emocional y permanecer rodeado de personas que puedan afrontar la vida de una forma más optimista tendrá sobre ti efectos beneficiosos, lograrás centrar tu atención en el lado más positivo de los acontecimientos vitales. Esto no quiere decir que dejes de relacionarte con la gente que quieres cuando estén en un momento vital más negativo, en el que por un tiempo se encuentren más abatidos, simplemente, trata de que la suma de actitudes que te rodean tiendan a proporcionarte más puntos de vista positivos.

Estas son sólo algunas opciones de hábitos que te puedan aumentar tu bienestar emocional, las formas de hacerlo pueden ser muchas. La semana que viene os mostraremos otras costumbres para incluir en vuestro día a día que fomenten un mejor estado de salud mental y aumenten la capacidad de afrontamiento ante acontecimientos vitales dolorosos.

Fuente: psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas