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Lo estás haciendo mal. Tres formas de deshacerse de los pensamientos negativos a largo plazo

Cuando tenemos pensamientos negativos sobre el mundo, sobre nosotros mismos o sobre los que nos rodean lo primero que querríamos es que este tipo de pensamiento desaparezca. Es por eso que tratamos de borrar los pensamientos negativos tan pronto como aparecen. Selección y suprimir, o incluso ctrl+z. Cogemos la “gran goma de borrar mental” para hacer que no quede ni rastro de ellos.

El gran problema de los pensamientos negativos no deseados es que por mucho que queramos eliminarlos, no podemos hacer que desaparezcan sin más. De hecho, en varias investigaciones en psicología se ha podido constatar que cuando nos embarcamos en la ardua tarea de suprimir los pensamientos negativos a menudo sucede justo todo lo contrario.

Reaparecen con una inesperada frecuencia o intensidad cuando dejamos de tratar de suprimirlos activamente. Una vez comprobado que el hecho de que suprimir los pensamientos negativos no es una gran estrategia, ¿qué podemos hacer? ¿Simplemente sufrir por unos pensamientos que nos hacen sentir mal? ¿Seguir sintiéndonos mal por ellos?

Aquí os enumeramos algunas estrategias que sí han funcionado en un contexto de laboratorio para deshacerse de los pensamientos negativos sin necesidad de suprimirlos.

Foto extraída de addicted2success.com
Foto extraída de addicted2success.com

Distracción enfocada.

La estrategia de distraernos de los pensamientos que nos son dañinos es la que más frecuentemente elaboramos por nosotros mismos. De hecho, habremos podido comprobar alguna vez en nuestra vida que si nos ponemos a hacer alguna actividad que requiere de nuestra atención logramos que ante unos pensamientos que nos angustian, estos se debiliten e incluso en ocasiones desaparecen.

Naturalmente puede funcionar que nos distraigamos haciendo cualquier cosa que antes nos haya servido para “desconectar”. Sin embargo, lo que los estudios en psicología dicen respecto a este mecanismo es que funciona bastante bien, pero aún funciona mejor si lo que está planteado como distractor es algo concreto. Para aclarar este punto, podemos tomar como ejemplo lo que llevaban a cabo en los estudios sobre supresión de pensamientos.

En éstos, los investigadores planteaban a los participantes que trataran por todos los medios de no pensar en un oso blanco. El grupo control puso de manifiesto las dificultades para evitar activamente un pensamiento, puesto que el tratar de evitarlo ya era en sí mismo pensarlo. El grupo de distracción simple, redujo significativamente su nivel de pensamientos sobre un oso blanco. Los investigadores crearon un tercer grupo al que le pidieron que para evitar pensar en un oso blanco pensaran en un volkswagen rojo. Este último grupo fue el que más éxito tuvo en pensar menos sobre los osos blancos.

Si tratamos de distraernos sabiendo en qué podemos centrar nuestra atención cuando queremos librarnos de algún pensamiento no deseado, parece que terminará siendo más efectivo.

Reducción del estrés

Aunque pueda parecer que tener una gran carga de estrés sirva en ocasiones de distractor de los pensamientos negativos no deseados, funciona completamente al revés. Al aumentar nuestro nivel de estrés, nuestro cuerpo se prepara para asumir un ataque o un daño de algún tipo; puesto que estamos poniendo en marcha el sistema de ataque o huída de nuestro organismo, es de esperar que los pensamientos que resalten más sean los amenazantes o negativos.

No sólo esto, además, cuando estamos estresados tendemos a fomentar esta invasión de pensamientos negativos con un intento de supresión de los mismos. “¡No es momento de estar ahora pensando estas cosas, tengo mucho que hacer!”

Parece que combinar estrés con tratar de suprimir pensamientos negativos intrusivos es una mezcla explosiva, pues no está muy claro cuál de ellos alimenta a cual y finalmente acabamos en un bucle en el que cada vez nos sentimos peor. Por el contrario, reducir el estrés y la multitarea nos servirá de protección contra la aparición de pensamientos negativos y que no deseamos.

Posponer y ratos de preocupación

Ya que no ha sido exitoso el intento de suprimir los pensamientos negativos a largo plazo, ¿por qué no probar lo contrario? en lugar de continuar la lucha contra los pensamientos no deseados, la idea sería permitir que estén presentes y al menos liberarnos del esfuerzo y el estrés que nos produce luchar contra ellos.

Tanto en niños como en adultos, se ha comprobado en algunos estudios que esta estrategia es efectiva para aliviar el pensamiento rumiativo y no sólo nos liberamos a corto plazo del estrés de tratar de suprimirlo, a largo plazo parece funcionar más satisfactoriamente que luchar contra estos pensamientos.

Aún hay un pero. ¿Entonces me voy a convertir en una persona despreocupada que no pueda pensar sobre los miedos que le atenazan nunca? No es exactamente así. Posponer no significa no pensar nunca sobre esto, sino simplemente aplazarlo a una hora concreta del día. En este momento, al que llamaremos de forma muy original “el rato de preocupación”, dedicaremos media hora del día a dar todas las vueltas que queramos a esto que tanto nos angustia, nos presentaremos de frente a nuestras preocupaciones y les diremos; “vamos, es el momento”.

Estas son tres estrategias que podemos usar para librarnos de ese pensamiento al que no paramos de darle vueltas y que tan mal nos hace sentir. Se han descrito bastantes más estrategias que podemos llevar a cabo para ahuyentarlos sin intentar suprimirlos que comentaremos en otra ocasión. Busquemos un medio para dejar de hacer esto que tan agotador se vuelve; luchar contra ellos, tratar de borrarlos.

Fuente: psycnet.apa.org/journals/amp/

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.orgWegner, D. (2011). Setting free the bears: Escape from thought suppression. American Psychologist, 66 (8), 671-680 DOI: 10.1037/a0024985

La construcción de las motivaciones en los niños y niñas

¿Qué motiva a un niño o una niña a hacer los deberes de matemáticas? ¿Su pasión por los números? Probablemente no. En general, no hay un amor a las matemáticas y por tanto las estudiamos, sino al contrario; llegamos a amar algo cuando nos sentimos bien con ello.

Por tanto, ¿qué motivará a estos niños a hacer los deberes? ¿La promesa de un premio? Podría ser. Pero entonces sólo los hará mientras haya premios y durante el tiempo en el que estén interesados en premios. Por tanto, la motivación será hacia el premio, pero no hacia aprender matemáticas.

Nuestras motivaciones más profundas vienen de nuestra identificación con algún sistema de valores y se desarrollan a fuego lento, a través de miles de interacciones con otras personas relevantes. Aquello que nos motiva consiste en un intento de vivir de acuerdo a las expectativas que tenemos sobre lo que somos y lo que queremos llegar a ser, a los ideales que valoramos. 

Foto extraída de: lanuevafrontera.aprenderapensar.net
Foto extraída de: lanuevafrontera.aprenderapensar.net

Contrariamente a la creencia popular, este tipo de valores no surgen espontáneamente desde nuestro interior. Tampoco consiste en una transmisión de padres a hijos, sino que se desarrollan lentamente en innumerables interacciones con los padres, maestros, mentores, amigos, compañeros,…

Nuestra identidad, la teoría que nos hacemos sobre quién soy yo, es un motivador poderoso. Cuando nos identificamos con un conjunto de valores, imágenes e ideales, también nos motivamos para defender esos valores, imágenes e ideales. Después de todo, los valores y los ideales se convierten en lo que somos; se convierten en nosotros mismos.

La importancia de interiorizar los valores:

Los padres tratan de influir sobre la construcción de los valores de sus hijos de muchas formas. Aquí indicamos tres de ellas, no todas recomendables.

Manifestación de poder. Los padres tienen más poder que sus hijos. Como resultado, los padres pueden hacer que los niños hagan muchas cosas simplemente por la existencia de la jerarquía. Los padres pueden castigar a los niños, amenazar con castigos, retirarles privilegios…

Retirada del afecto. Los niños quieren que sus padres los quieran por encima de todo. A veces algunos padres usan la estrategia de “retirarles el amor”, haciendo patente que el afecto es contingente al comportamiento del niño.

Inducción de valores. La inducción de valores consiste en intentar explicar las razones por las que un comportamiento es deseable o no es deseable. Cuando un padre explica las verdaderas razones por las que considera que algunos comportamientos son buenos, los niños serán más propensos a apreciar esos valores e interiorizarlos.

¿Cuál de estas tres técnicas es la más poderosa? La manifestación de poder y  la retirada de afecto son maneras que pueden incitar a los niños a cumplir con los deseos de los padres, sin embargo, tienen un efecto a corto plazo. En especial, la retirada del afecto es contraproducente, pues genera en el niño inseguridad. Sentir que tus figuras de referencia te quieren incondicionalmente, es un elemento esencial en el desarrollo sano. Décadas de investigación muestran que la inducción de valores es el único modo de influir en los niños de forma duradera. Aquellos niños que entienden y aprecian los valores de los padres son más propensos a interiorizar y actuar en consonancia con ellos.

Actúo en base a la idea de quién quiero ser:

Somos, en parte, lo que pensamos que somos. Lo que pensamos que somos, nuestra identidad, se basa en una especie de teoría del mí mismo. Actuamos en función de nuestras teorías de lo que queremos ser. Si un niño o una niña quiere ser una estrella deportiva, entendemos que se identificará con aquello que significa para él o ella ser un/una deportista. En este sentido, ser una estrella deportiva es una especie de identificación, “me identifico con ser una estrella deportiva”. Valoramos una manera de ser y de trabajar y nos identificamos a nosotros mismos con esa forma de hacer.

Por tanto, parece ser que la clave para el cultivo de la motivación en los niños es preguntarse: ¿Cómo puedo ayudar a mi hijo a construir una “teoría de sí mismo”? ¿Qué estoy haciendo para ayudar a mi hijo a identificarse con un conjunto de valores?

Fuente: psychologytoday.com

Escrito por María Rueda

Satisfacción sexual en pareja: la importancia de la comunicación en las relaciones sentimentales

Extraído de www.entretantomagazine.com
Extraído de www.entretantomagazine.com

En toda relación sentimental puede experimentarse una etapa en la que los encuentros sexuales disminuyen, incluso drásticamente. En ese momento, ambos miembros de la pareja pueden empezar a albergar razones de esta poca frecuencia: ¿Será que ya no me desea? ¿Siempre ha de encontrar un momento para mostrarse cariños@ con otras personas pero no conmigo? ¿Es que realmente tenemos una crisis tan grande?. Es decir, las parejas tienden a centrarse mucho en la frecuencia, y convertirla en arma arrojadiza en sus propios conflictos, sin percatarse de que comunicar esa insatisfacción podría ser la solución  indicada para su problema “de alcoba”.

Paradójicamente, cuando peor estamos con la pareja y más necesitamos conectar con ella y saber lo que piensa respecto a los temas afectivos e íntimos, menos hablamos sobre sexo y más tendemos al silencio e incomprensión, agravando el problema de base y colocando a cada una de las partes en perfecta alineación con su propia postura, sin escuchar al otro. Aquí es cuando se instala en la relación la confusión y el resentimiento, malinterpretando las intenciones del otro y castigando cualquier acercamiento sexual o íntimo, incluido cualquier tipo de comunicación adicional. Así, en la pareja no hay ningún entendimiento.

Sin embargo, esta situación no es irreparable. Poner en marcha  a una pareja implica realizar toda una serie de pasos muy importantes, que provocará un reajuste de expectativas y una recuperación de aspectos (caricias, muestras de afecto…) que creían olvidados. Lo primero en este caso es hacer conscientes al otro de que hay un problema: cuando se lleva mucho tiempo sin comunicar, el silencio parece la mejor solución para evitar conflictos y tensiones mayores, pero a larga provoca que ambos actúen como verdaderos desconocidos entre sí. En segundo lugar, comunicar las razones de esta falta de relaciones sexuales puede aliviar enormemente la tensión ya que, aparte de clarificar (y desmantelar) muchos miedos, se considera un esfuerzo muy importante para solucionar el problema desde la perspectiva del “nosotros”; ya que implica un acercamiento de posturas y un intento por hacer que el otro te  comprenda. En tercer lugar y no menos relevante, es negociar una serie de decisiones que garantizan reactivar la pasión y la intimidad, con acciones claras para acercarse al otro. Entre ellas estarían:

  1. Baúl de los recuerdos: reactivar la pasión no pasa por realizar prácticas novedosas y ultraexcitantes que garantizan de manera determinante las relaciones sexuales. En efecto, la pareja ya dispone de un bagaje previo de prácticas, gestos y juegos que ya en su pasado funcionó. Hay que hacer un esfuerzo de memoria por volver a situaciones que antes nos daban una satisfacción enorme.
  2. El camino empieza por el primer paso. En efecto, cosas tan sencillas como los abrazos (para reestablecer la intimidad) y los besos (para reestablecer la pasión) permiten un cambio de actitud y un descargue hormonal que favorece el terreno para una relación afectivo-sexual. Ya saben, ante la duda, besen.
  3. Utilizar la agenda. Si en la pareja se ha establecido el hábito de no tener relaciones sexuales, no se tendrán. La pareja ya ha encontrado toda una serie de actividades que lo compensan. Por ello, hay que planificar unas horas a la semana escogidas para ello, en donde también podemos escoger otros aspectos (lencería, cuidar los olores y temperatura de la habitación, preparar una cena romántica previa) que erotizan el ambiente y nos hace estar más predispuestos al otro.
  4. Erotiza las situaciones. Hacer un poco de investigación sexual y prever lo que al otro le puede gustar (y a nosotros) puede crear situaciones novedosas, creativas y divertidas que hacen de la rutina algo pasado. También implica cambiar las formas de cómo iniciar la relación entre ambos; estableciendo juegos y situaciones picantes y seductoras que a ambos le resulten atractivas (juegos de roles, actuar “como si” les estuvieran seduciendo por primera vez en una discoteca….).
  5. El afecto y la reafirmación como la mejor medicina: ante cualquier cambio positivo y que nos resulte un esfuerzo para la mejora de la pareja, hay que reforzarlo. No sólo decir que lo que ha hecho nos gusta, sino hacer manifestaciones de cariño diarias y constantes de que nos alegramos de verle y de cualquier momento es propicio para arrancarle un beso.
  6. Reducir el estrés y el exceso de responsabilidades. La ansiedad y el sexo no casan muy bien en la misma ecuación; realizar toda una serie de acciones cotidianas que busquen reducir las “prisas” y el estrés diario permite el surgimiento de situaciones de descanso y mayor beneplácito para el otro. Recuerde: el relax sólo se consigue con acciones que nos provoca tranquilidad, no haciendo miles de acciones que nos eviten la ansiedad.

Fuente: psychcentral

Escrito por David Blanco Castañeda

La escritura expresiva aumenta el bienestar

En la práctica de la psicología se pueden utilizar técnicas muy diversas para mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas que acuden a terapia. Una de estas opciones para la mejora emocional es la escritura expresiva. Algunas personas acostumbradas a escribir un diario la desarrollan por sí mismos, lo que les produce beneficios similares. Pero ¿cómo funciona la escritura expresiva?

Aunque los resultados de los estudios sobre escritura expresiva no terminan de ser concluyentes, en muchas ocasiones sí se encuentra una mejora significativa en el bienestar al realizar esta tarea de una forma concreta. De entre los diferentes estudios realizados, resulta llamativo que las mayores mejoras aparezcan en la salud física, más que en el campo emocional. Esto se puede traducir en menos visitas al médico, mejora del sistema inmune, de la función respiratoria o mejora de la presión sanguínea.

Extraído de www.4ccomunicacion.com
Extraído de www.4ccomunicacion.com

En primer lugar se planteó que esta técnica constituye una forma de expresión válida sobre temas que pudieran ser difíciles de tratar cara a cara con el terapeuta. Aunque se ha encontrado validez en diversos tipos de problemas psicológicos, en general se ha estudiado más frecuentemente en casos de estrés muy intenso o post traumático, especialmente cuando se muestran niveles bastante altos de somatización. Esto, en sí mismo, es importante. De hecho, cuando una persona tiene dificultades para expresarse respecto a algún evento emocional, el dar un nombre a la emoción sentida permite que se reduzca considerablemente la intensidad percibida de dicha emoción.

Podría parecer que lo importante en esta técnica es sólo la expresión de la emoción, lo que ya de por sí está jugando un papel; sin embargo, cuando se compara el beneficio obtenido durante la escritura expresiva con una escritura centrada específicamente en el componente emocional o únicamente en el componente situacional no se obtienen unos resultados tan prometedores como cuando combinamos ambos factores. La actividad de la que hablamos aquí debe incluir tanto contenido sobre la situación como sobre la emoción sentida. De esta forma, la escritura ayuda a dar un sentido a esos momentos de estrés, permite un procesamiento cognitivo más adecuado de éstos y por tanto un manejo más apropiado de estos recuerdos.

Cuando se analizó la evolución en el uso de esta técnica, se pudo encontrar que a medida que los pacientes mejoraban en su estado de salud y aumentaban las sesiones de escritura expresiva, se producía un aumento de palabras relacionadas con emociones positivas, un uso más moderado de palabras relacionadas con emociones negativas y, a un nivel más cognitivo que emocional, vieron que cada vez se usaban más palabras relacionadas con la comprensión de algunos eventos (como por ejemplo: “me di cuenta o comprendí”, así como palabras explicativas como “porque o la razón de que…”). Esto no sólo lleva a pensar que al desarrollar este ejercicio terapéutico se pueda lograr dar un sentido a los hechos vividos, sino que además, al contarse a uno mismo una historia en la que expliquemos lo que nos ha ocurrido le damos una narrativa coherente.

Esta técnica tiene también algunos contras, puesto que a pesar de los beneficios a lo largo del tiempo, también se ha observado que en los primeros momentos de la aplicación las personas que la llevan a cabo sufren un aumento del estado de ánimo negativo. Por tanto, es importante tener este detalle en cuenta a la hora de ponerla en práctica.

Aunque no se comprende del todo bien el mecanismo por el cual funciona escribir sobre eventos que han sido complicados, hay algunas herramientas que podemos desarrollar a través del aprendizaje cultural que aumentan nuestro bienestar, ya no sólo el psicológico, sino también el físico.

Ya nos recordaba Henry David Thoreau en su libro “Walden”, la importante diferencia entre expresar de forma hablada o escrita:

“Existe una diferencia memorable entre la lengua hablada y la lengua escrita, entre el idioma hablado y el idioma escrito. La primera es normalmente transitoria, un sonido, un habla, meramente un dialecto, casi salvaje, y lo aprendemos inconscientemente, como bestias, de nuestras madres. La segunda es la experiencia y la madurez de la primera […] una expresión reservada y selecta, demasiado cargada de sentido para ser escuchada por el oído.”

Fuentes: Clinical Psychology ReviewBJPsych Advances

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

 

ResearchBlogging.orgBaikie, K. (2005). Emotional and physical health benefits of expressive writing Advances in Psychiatric Treatment, 11 (5), 338-346 DOI: 10.1192/apt.11.5.338

Esterling BA, L’Abate L, Murray EJ, & Pennebaker JW (1999). Empirical foundations for writing in prevention and psychotherapy: mental and physical health outcomes. Clinical psychology review, 19 (1), 79-96 PMID: 9987585

Algunas situaciones de estrés familiar, detección y manejo

Durante las épocas de estrés, nuestros recursos de afrontamiento y en consecuencia nuestras habilidades para la crianza, pueden requerir de un refuerzo, impulso o incluso un descanso. Una separación o divorcio, una enfermedad o la muerte de un ser querido, una mudanza, o los problemas económicos, pueden generar un aluvión emocional para la familia, tanto para los niños y como para los padres.

Foto extraída de vivianasosman.cl
Foto extraída de vivianasosman.cl

La forma en que percibimos y reaccionamos a un evento, así como los recursos de afrontamiento personales, provocan una respuesta de estrés. Dos personas que se encuentran ante una misma situación pueden hacerle frente de manera muy diferente. Uno puede sentir una intensa tensión psicológica y emocional, mientras que otra persona podría experimentarlo como un pequeño bache en el camino. Ten en cuenta que el estrés puede afectar a tu hijo de formas muy diferentes a cómo te afecta a ti. Reconocer los síntomas e identificar la fuente de estrés es extremadamente importante. Un cambio en el comportamiento a menudo es un indicador clave de la tensión.

Aquí os enumeramos algunos de estos cambios:

  • Recurrentes molestias físicas, como dolor de estómago antes de ir al colegio sin una causa orgánica.
  • Comportamientos de evitación. Rechazar participar en algo que solían hacer con frecuencia.
  • Cambios emocionales. Pasar de ser normalmente extrovertido a dejar de mostrarse así, pasar de ser normalmente feliz a parecer triste todo el tiempo, pasar de ser afable a mostrarse frecuentemente irritable o explosivo.
  • Cambios en el rendimiento académico, si se produce una bajada significativa en las notas o deja de participar en clase.
  • Aumento de los temores o la ansiedad.
  • Cambios en el sueño, ya sea problemas para dormir o dormir mucho más de lo habitual.

Es muy importante no bajar la guardia cuando aparecen los eventos estresantes. Los efectos de estas situaciones pueden mantenerse durante semanas, meses o incluso años. Muéstrate abierto a las preguntas de tus hijos y escúchales activamente. No basta con una única conversación para procesar correctamente las experiencias estresantes, sino que requiere de tiempo y un diálogo fluido.

A continuación señalamos cinco tipos de situaciones típicamente estresantes a las que muchas familias se tienen que enfrentar alguna vez, así como algunas pautas para manejarse en ellas:

1. Divorcio o separación de los padres/ madres: Trata de ser directo y honesto con ellos acerca de lo que está pasando. Es importante ser cuidadoso al respecto de cómo hablamos de nuestra expareja, trata de no hablar mal de él o ella. Intenta mantener límites y normas similares en ambas casas. No tienen porqué ser las mismas, ya que los niños pueden acostumbrarse a reglas diferentes en lugares diferentes, siempre que éstas sean coherentes.

2. Enfermedad: El mantenimiento de algunas rutinas es importante, para ello, encuentra pequeñas cosas que puedan permanecer igual para los niños, ya sea la hora de cenar, el horario escolar y deberes o la tradición de ver una película el viernes por la noche. Evita el impulso de excederte o sobreproteger a tus hijos, pues esto envía mensajes de fragilidad, incompetencia o duda acerca de su capacidad para superar esta difícil situación.

3. Problemas económicos: La incertidumbre financiera puede hacer que una familia se tambalee. Los niños perciben las señales de sus padres, lo que implica que se darán cuenta de la tensión y la ansiedad de los padres. Sin embargo, no tienen por qué comprender qué está pasando. Explícales aquellos cambios que afectan a sus vidas, y responde a las preguntas lo más honestamente que puedas. Esto reduce considerablemente las malas interpretaciones que se puedan producir. (Si los niños no tienen respuestas, será su imaginación la que rellene esos espacios en blanco). Por encima de todo, asegúrales que vas a cuidar de ellos. Permite que los niños aporten ideas de cómo recortar el gasto familiar. Ir juntos al parque, dar un paseo en bicicleta, o jugar a juegos de mesa puede ser una gran manera de pasar tiempo gratis de calidad juntos; mantenerse activo ayuda a mantener la preocupación y los sentimientos de depresión a un lado.

4. Mudarse y cambiar de colegio: Aunque las razones por las que nos mudamos son muy diversas, la mudanza a menudo implica cambio de colegio, barrio e, incluso, amigos. Esta serie de cambios pueden ser realmente difíciles. Prepáralos con la mayor antelación posible. Fortalece su autoestima haciéndoles tomar algunas decisiones sobre estos cambios: qué objetos van a trasladar, el color en el que pintar su nueva habitación…, y dejar siempre los canales de comunicación abiertos. Haz preguntas que no se pueden contestar con sólo un sí o un no, como por ejemplo, «¿Qué piensas de esto?» y «¿Cómo te hace sentir?» Deja que los niños sepan que tú también estás un poco nervioso con la mudanza. Después de todo, para ti también es un gran cambio.

5. Un nuevo miembro en la familia: A menudo se entiende que los niños pequeños pueden experimentar que un nuevo bebé es un rival que viene a invadir su territorio. Un nuevo bebé cambia mucho el panorama y circunstancias familiares. Es importante velar por el equilibrio entre el tiempo familiar y tiempo individual con los padres. Salvaguardar las actividades extraescolares del niño mayor. Un cambio de este tipo puede conllevar grandes frustraciones, intenta reconocer y validar los sentimientos de tu hijo mayor y estar listo para hablar de ello. Permite que tu hijo se exprese y escucha con atención. Implica a tu hijo en el cuidado del bebé y felicítale por ello.

Las situaciones estresantes ponen a prueba nuestros recursos. El autocuidado es esencial para la buena crianza de los hijos. Siempre es importante, pero aún más en los momentos de gran estrés. Si te sientes desbordado, no olvides apoyarte en las personas que te rodean. Pedir ayuda no es síntoma de debilidad, sino muestra de un adecuado autoconocimiento.

Fuente: psychcentral.com

Escrito por María Rueda

La auto-revelación: El arte de revelar nuestro propio mundo interior

Extraída en www.imgbuddy.com
Extraída en www.imgbuddy.com

Revelar nuestros sentimientos no es una tarea fácil : a veces ocurre que en una reunión de amigos encuentras al típico amigo que “no tiene filtro”, cuenta sus intimidades sin el más minino reparo, dejando un mal sabor de boca generalizado en la audiencia que le escucha. En ocasiones, pasa todo lo contrario, conoces al amigo extremadamente reservado que le cuesta horrores contarte lo que realmente le pasa, la impresión que sacas de él es    que es muy frio, cuando tal vez ni siquiera era su intención principal.

La auto-revelación, es decir,  la acción por la cual tú comunicas información íntima y altamente personal, está estrechamente relacionado con la capacidad para saber elegir el momento adecuado para comunicar tus estados emocionales, y surge y se entrena tras tener acceso a una multitud de situaciones sociales propicias para ello. Sin embargo, no todos pueden sentirse duchos en esta capacidad, provocando en ocasiones revelaciones de estados emocionales que pueden perjudicar el entendimiento y el buen rendimiento en multitud de contextos sociales.

Por ello, los investigadores se han puesto manos a la obra para entender qué factores pueden ayudarnos a hacer una expresión adecuada y correcta de nuestras emociones, y se han centrado en las redes sociales, emuladoras y muchas más parecidas de las comunicaciones cara a cara de lo que la gente realmente se piensa. Así, en investigaciones que estudiaban el comportamiento de revelaciones en esta red social, se encontró que la gente tiende a revelar más información privada y personal a otra no cuando el amigo en cuestión llena su muro de estados con alto contenido íntimo, sino con contenido alegre y desenfadado.

En efecto, y aunque pueda parecer en un primer momento contradictorio, en las distintas investigaciones se encontraron que las personas tendemos a preferir y pasar más tiempo conectados con personas que en sus estados son divertidos e interesantes; aquellas personas que revelan estados con alto contenido intimo dejan claro que tienen un mal día, y por tanto, la gente no se comunica con ellos de manera inmediata. Estas investigaciones añadían que, además, la gente tendía a utilizar los mensajes privados (que no se ven en tu muro) una vez la comunicación con esas personas con estados desenfadados se establecía. Y era en ese punto cuando la interacción emulaba las comunicaciones cara a cara; si se establecía una conversación  primero desenfada y después uno de los dos empezaba a comunicar información íntima, por esa buena atmósfera inicial la gente tendía a comunicar más información íntima, por la sencilla razón de que sientes que hablas con un interlocutor que te da confianza y no te va a rechazar cuando revelas esa información; además, en ese momento las revelaciones crean conexión con tu interlocutor, favoreciendo que ese clima de intimidad se mantenga.

A pesar de eso, la gente tendía a estar más íntimamente conectado a sus estados (es decir, más satisfechos con lo que publican) cuando estos revelaban información íntima, a pesar de que en su navegación cotidiana por las otras páginas de amigos buscásemos exactamente lo contrario, estados ligeros y desenfadados.

Con todo, no queremos terminar el artículo sin sugerir una serie de sencillas pautas que pueden facilitaros la auto-revelación y expresión emocional, tanto en contextos reales y virtuales. Siempre con la idea de conseguir una mayor conexión si tu opción es compartir tus sentimientos reales con la persona que hablas en ese momento:

  1. Empieza a comunicar con algo entretenido y que pueda dar juego. Ya que lo que vas a comunicar es algo importante para ti, comienza con una conversación entretenida y agradable y una vez que veas que tu interlocutor se contagia de ese estado de buen ambiente, es cuando puedes hacer un intento para decir lo que sientes.
  2. Conoce a tu público. Observar las reacciones que pueden tener tu audiencia según lo que vayas diciendo puede ser mucho más útil que si te lanzas a la piscina y vomitas toda la información personal sin ver si quien te escucha está preparado y le interesa realmente.
  3. Reflexiona antes de comunicar. Planificar y hacer un ensayo previo (escribiendo el mensaje de lo que se quiere, y pensando bien el contenido del mismo) evita decir cosas inadecuadas y que realmente no querías decir o dices por no incomodar: decir algo intimo ya es algo que nos hace sentirnos lo suficientemente vulnerables como para centrarnos en cosas que nada tienen que ver con lo que queremos comunicar.
  4. La auto-revelación llama a otra auto-revelación. Ocurre que cuando revelamos información intima, muchas veces tu interlocutor se contagia y ambos reveláis cosas íntimas. No tengas miedo a esas situaciones: el contexto y la relación de confianza ya se está dando porque has elegido a esa persona para contarle algo tan importante
  5. Siempre escucha a tu compañero de conversación, centrándote tanto en lo que tú quieres decir como en lo que te dice. Es aquí cuando ambos conseguís lo que queréis: la verdadera comunión con el otro.

Recuerda: la intimidad es una cualidad que se trabaja poco a poco e implica un esfuerzo por nuestra parte pero también estar en un contexto propicio; estar al tanto de ambos pueden ayudarte para desarrollar tu potencial y decir lo que realmente quieres a los que quieres.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today

Grandes mitos de la psicoterapia

Alrededor del trabajo del psicólogo hay un gran número de mitos y aún más sobre lo que se hace en un proceso de psicoterapia. Probablemente la presencia de estos mitos en la mente de una persona en ocasiones consiguen que desista de acudir a terapia pese a creer que ir al psicólogo puede hacerles bien. Aquí repasamos algunos de estos mitos:

extraída de www.amiralodhi.com
extraída de www.amiralodhi.com
  1. Sólo pagas por que te escuchen.

Por supuesto que el psicólogo necesita escuchar lo que tienes que decir, pero sólo con eso no es suficiente para que aparezca una mejora. En primer lugar, el psicólogo es un experto en escuchar. Aunque en el mito número 3 veremos que en el proceso terapéutico no sólo se habla, es bueno considerar lo que el psicólogo hace cuando te escucha. Parte del trabajo de un psicólogo es saber cómo escuchar y llevar a la persona que allí acude a sentirse escuchada de una forma correcta para así poder realizar lo mejor posible el proceso de terapia. El psicólogo en gran parte escucha, pero ha aprendido a escuchar de una forma que poca gente hace, ni siquiera él mismo cuando no está trabajando.

Es un factor muy importante que sepa escuchar y además que lo que tengas que contar se relacione específicamente con lo que puede causar tus problemas. Aún así, hace muchas más cosas, te propone actividades o te hace reflexionar sobre la forma en que te concibes.

  1. La terapia es sólo para gente en crisis.

Es cierto que la mayoría de personas que acuden al psicólogo pueden identificar un detonante claro que la ha llevado hasta allí. Sin embargo, la psicoterapia no sólo trata de gestionar ese momento de crisis sino que también incluye aprendizajes nuevos para gestionar de otro modo las respuestas que se dan a situaciones que puedan resultar complicadas, un mejor conocimiento de nuestro mundo emocional y de la forma en la que pensamos. Lo que se trata finalmente yendo al psicólogo es mucho más amplio que la gestión del momento de crisis.

  1. En el psicólogo sólo hay que hablar.

Esta creencia suele estar muy extendida, y es cierto que la principal herramienta de trabajo de los psicólogos es el habla, lo que se hace a través de ello son muchas más cosas. Una gran parte del trabajo realizado en psicoterapia tiene que ver con aprender otras formas de actuar y de pensar sobre uno mismo. El cambio más potente llega a través de la acción que la persona que acude al psicólogo acaba haciendo tras las variaciones producidas en un principio por, ciertamente, el hablar.

  1. Si vas a terapia es porque hay algo malo en ti.

Las personas que comienzan un proceso de psicoterapia muchas veces piensan esto de sí mismos debido al gran malestar por el que están pasando. Sin embargo, nada más lejos de la realidad, las personas que piden ayuda a un psicólogo simplemente tienen ciertos retos que surgen en sus vidas y aspiran a afrontarlos con un propósito de mejora en lugar de a través de repetir los hábitos que les han resultado dañinos en otras ocasiones.

  1. El psicólogo te va a arreglar.

Este mito está casi tan extendido como los demás, aunque afortunadamente suele ser más fácil de desmentir, porque generalmente se plantea esto directamente al psicólogo con el que estamos tratando. El origen de esto probablemente se encuentra en el modelo de salud y enfermedad en el que el profesional le dice a la persona afectada lo que tiene que hacer para dejar de estar enfermo. Sin embargo, en la psicoterapia el proceso es algo diferente. El psicólogo proporcionará su perspectiva, sugerencias y herramientas, pero posteriormente será la persona que acude a terapia la que realiza las acciones que le llevan a los cambios hacia su bienestar.

Al final, un proceso terapéutico es un trabajo conjunto entre el psicólogo y el paciente y de los dos, el que siempre tendrá más conocimientos sobre las peculiaridades del problema a tratar será la persona que lo sufre.

Hemos querido desmentir algunos de los mitos respecto a ir al psicólogo puesto que los que hemos mencionado aquí pueden ser especialmente dañinos, tanto para las personas que están en este tipo de proceso como a aquellas que necesitan y quieren comenzarlo.

 

Fuente: Psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

A solas con tus pensamientos. Ventajas de la meditación.

Extraída de psicologiauhu.blogspot.com
Extraída de psicologiauhu.blogspot.com

Una investigación de la Universidad de Virginia, publicado en la revista Science sugiere que la gran mayoría de las personas están incomodas al estar a solas con sus pensamientos y que elegirían autoaplicarse leves descargas eléctricas en lugar de simplemente sentarse y pensar. El estudio confirma que la mayoría de la gente prefiere hacer casi cualquier otra cosa que pensar solo y en silencio.

¿Cómo puede ser esto posible? ¿Se nos proporciona una oportunidad para la soledad y la reflexión y la mayoría de la gente preferiría recibir una descarga eléctrica en vez de pensar durante ese tiempo?

Podemos pensar que esta tendencia se debe a que hoy día tenemos demasiados distractores tecnológicos, pero hicieron el mismo experimento con personas de 80 años y el resultado fue el mismo.

Entonces ¿a qué se debe que las personas hagamos cualquier cosa por evitar dicha experiencia?

La razón estaría en que cuando estamos realizando una actividad y un pensamiento acude a nuestra mente, ese pensamiento es espontáneo y no nos supone ningún esfuerzo, mientras que si nos obligan a estar a solas y dejar nuestra mente vagar, es casi como si nos obligaran a llorar o reír bajo demanda, sencillamente no nos sale. En esos momentos la mente viaja sin un objetivo definido, recopilando todos los aspectos de nuestra vida sin saber muy bien lo que hacer, ya sean aspectos positivos o negativos y lo desagradable para las personas sería es el caos mental que se produce al no tener un curso de pensamientos en los que centrarse, con lo que muchos de los participantes preferían auto administrarse una descarga eléctrica que hastiarse de “obligarse a pensar” y estar en soledad.

Entonces, dado que no es tan fácil estar a solas con nuestros pensamientos ¿Qué podemos hacer? Es en este punto donde las técnicas de meditación han demostrado su eficacia, en concreto la psicología se ha centrado en estudiar y desarrollar la técnica de Mindfulness o Atención plena.

¿Qué es el Mindfulness? Mindfulness o Atención plena es un estado de atención consciente centrada en el presente. Cuando te encuentras en un estado de atención plena, observas tus pensamientos y sentimientos desde la distancia, sin juzgarlos sean buenos o malos. En lugar de dejar que tu vida pase de largo, la atención plena significa vivir en el momento y abrazar a la experiencia.

Algunas actividades que podemos llevar a cabo parar lograr este estado son las siguientes:

  • Atención plena al comer. Solemos comer con prisas y realizando otras actividades. Lo que proponemos es degustar los alimentos, prestar atención al mordisco, a los sabores, las texturas, disfruta con los colores y aromas y observa como tu cuerpo reacciona a ello. Reencontrarás el placer de comer y te sentirás saciado mucho antes.
  • Atención plena al caminar. Cuando estés caminando concentrare en las sensaciones de cuerpo que solemos olvidar, como el aire rozando tu piel, o tus pies tocando el suelo. debemos concentrarnos en la respiración y desarrollamos una atención relajada sobre nuestro propio cuerpo no sobre el entorno.
  • Respiración. Solemos respirar de manera automática e incompleta sin llenar totalmente nuestros pulmones. por lo que es adecuado dedicar unos minutos al día a respirar adecuadamente, tomando el aire por la nariz, observando cómo nuestro estomago se hincha y expulsándolo lentamente por la boca. Durante este proceso solamente debemos concentrarnos en la respiración. Tras este proceso tendrás nuevas energías y te sentirás más tranquilo.
  • Escucha plenamente. Durante 5 minutos cada día tomate una pausa y escucha todos los sonidos provenientes de tu entorno. Escúchalos sin juzgar, sin pensar que se trata de sonidos que te molestan, escucha como si se tratase de una sinfonía. O si lo prefieres escucha una canción que quieras pero también sin juzgar, simplemente disfrutando las notas y las letras. Descubrirás que el mundo se percibe de otra manera.
  • Vela. Se trata de un ejercicio muy sencillo de unos 10 o 15 minutos. Solo debes encender una vela en una habitación oscura. Siéntate simplemente a observar la llama. No se trata de que comprendas la reacción química que está ocurriendo sino tan solo de que aprendas a enfocar tu atención, liberando la mente de cualquier otro pensamiento. Es una técnica muy sencilla pero al mismo tiempo, muy poderosa, ya que te ayudará a mantener bajo control las ideas indeseadas, permitiendo que aprendas a centrarte cada vez más en el aquí y ahora.

Un vídeo muy interesante sobre el poder de la meditación es el siguiente:

Fuente: Psychology today, rincón de la psicología

Escrito por Mercedes Fernández Cortés

¿Somos adictos a Internet?

Extraída de gestion.pe
Extraída de gestion.pe

La mayoría de nosotros ha escuchado alguna vez hablar de la adicción a Internet, ya sea en los medios de comunicación o bien porque conocemos a alguien que creemos podría entrar en esta categoría de ‘adictos a las nuevas tecnologías’, si no nosotros mismos. Pero, ¿en qué se basa este concepto? La denominada adicción a Internet es una más de las numerosas adicciones comportamentales que han irrumpido en nuestra cultura moderna: la adicción a las compras, al sexo, a la comida, al amor…

Lo cierto es que el conocido como ‘Trastorno de adicción a Internet’ (Internet addiction disorder) es difícil de definir, ya que la mayoría de estudios en los que se basa carecen de fundamentación científica que los avalen. Es más, la adicción a Internet como trastorno ni siquiera se encuentra recogida en el manual de referencia para la clasificación de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5), por lo que su validez en la actualidad es bastante cuestionable.

 Debido a la creciente medicalización de nuestra vida diaria tendemos a etiquetar cualquier problema de exceso como un auténtico trastorno mental. De hecho, sabemos que describir un problema desde una perspectiva exclusivamente médica o biológica cambia nuestra forma de verlo, como indican desde la Universidad McMaster de Canadá. Este equipo de investigación concluyó que sustituir el nombre común de una enfermedad por un término médico hace que percibamos dicha enfermedad como más grave. De este modo, el considerar la posibilidad de ser ‘adictos’ a Internet nos puede hacer pensar en nuestra actividad diaria como trastornada o insana.

Sin embargo, lo que la mayoría de las personas que se consideran adictas a Internet probablemente estén sufriendo sea el deseo de no enfrentarse a otros problemas que tengan en su vida, ya sea un trastorno mental (depresión, ansiedad, etc.), un problema de salud o dificultades de pareja. En estos casos, Internet constituye un simple medio de distracción o de evitación, como lo pueden ser también ver la televisión o ir al bar con los amigos

 Llegados a este punto podríamos plantear una pregunta: ¿por qué Internet es tan ‘adictivo’ entonces? Pues bien, ya que donde se emplea la mayor parte de nuestro tiempo online es en las redes sociales, podríamos pensar que la socialización en sí es lo que nos atrae tanto a Internet: el simple hecho de pasar tiempo con amigos y familia y relacionarnos con ellos. Sea por email, un foro de discusión, un chat o un videojuego online, la gente pasa el tiempo intercambiando información, apoyo o un mero rato de charla con otras personas iguales a ellos, es decir, relacionándose con otros como lo haríamos en un restaurante o en el parque. Plantearnos por tanto que somos adictos a las relaciones sociales o a hablar con la gente parece poco realista.

 A pesar de la necesidad de ampliar la investigación al respecto y obtener resultados fiables, existen casos en los que conectarse a Internet puede implicar consecuencias indeseadas y consideremos como opción buscar ayuda de un profesional: que nos

genere un importante malestar, problemas de salud o deteriore nuestras relaciones sociales en lugar de potenciarlas son algunos ejemplos. Esta ayuda existe sin necesidad de que contemos o no con un diagnóstico concreto. Lo que está claro es que determinar si pasamos demasiado tiempo de ocio conectados depende de numerosos factores, no únicamente del tiempo en sí.

Como afirma el Doctor en sociología Francesc Núñez “es posible que generemos una dependencia de las Tecnologías de la Información y Comunicación […], pero al igual que la tenemos de la electricidad, del agua corriente, de la gasolina o del transporte”. Por tanto, pensar que somos cada vez más ‘adictos’ a Internet no puede estar, a día de hoy, más lejos de la realidad.

Escrito por Alejandra Ranz Case.

Fuentes: psychcentral.com, eldiario.es, slate.com.

Burnout: cuando el estrés se apodera de tu puesto de trabajo

Extraído de aplicapsicologiaya.blogspot.com
Extraído de aplicapsicologiaya.blogspot.com

Mucho se ha hablado esta semana de las palabras “depresión” y “burnout” para referirse al terrible accidente del avión del Germanwings, en la que el copiloto Andreas Lubitz decidió acabar con su vida y la de los otros 149 pasajeros en el vuelo que estrelló en Los Alpes franceses el pasado martes. Si bien es cierto que las causas aún han de esclarecerse para saber qué variables influyeron realmente en la génesis de esta tremenda tragedia, sí que creemos necesario definir el concepto de burnout, termino generalmente acuñado en contextos laborales y que puede confundirse con algunos aspectos importantes de los estados depresivos.

El síndrome de Burnout (o “Síndrome de Estar Quemado”) hace referencia a la incapacidad por parte del afectado para hacer frente a las demandas de su puesto de trabajo, fruto de una situación  de estrés recurrente y crónico que provoca una perdida en la ilusión y  en la motivación. La persona muestra un comportamiento ansioso y muchas veces  deprimido, con acciones directas que muestran una ineficacia a la hora de afrontar los problemas y sumido en una situación  vital de agotamiento físico y mental, donde la persona comienza a experimentar actitudes negativas con respecto a los demás y hacia su propio rol en la empresa. Su atención  se focaliza en los errores y en las actividades que confirmar su sentimiento de ineficacia; disminuyendo su rendimiento y aumentando su nivel de estrés fuera del contexto de trabajo, siendo el burnout altamente incapacitante. Ante la magnitud de sus consecuencias, resaltamos siete señales fundamentales para detectar este estado y poder poner soluciones de manera preventiva. Es posible que tengamos burnout cuando:

  1. Cada salida en lo previsto es una crisis: las reacciones emocionales a acontecimientos vitales habituales se vuelven más exageradas e intensas y la persona tiende a mostrarse irritable y más querulante que de costumbre.
  2. Consumimos poca  energía y tenemos cansancio crónico: se produce cuando la sensación de agotamiento y cansancio persiste a lo largo de las situaciones, sintiéndose la mayor parte del tiempo al límite de sus energías y abrumado con las necesidades del ambiente.
  3. Mayor probabilidad de enfermar: ante la mayor presencia de acontecimientos estresantes y una respuesta fisiológica acorde, el sistema inmune tiende a una disminución de su actividad, fomentando la aparición de enfermedades y periodos de enfermedades mayores.
  4. No tenemos tiempo para descansar ni recargar pilas: la persona no encuentra un momento para descansar, ni en el trabajo ni fuera de él, no “recargando” fuerzas suficientes y acusando de una bajada paulatina de rendimiento, que a su vez aumentara su sentimiento de ineficacia.
  5. Falta de compromiso en el trabajo y desconexión de las obligaciones: la persona es incapaz de implicarse más de lo debido ante la alta ansiedad que le provoca el trabajo, y presenta poco entusiasmo y compromiso con la mayoría de objetivos organizacionales.
  6. Aumento de la ineficacia: el agotamiento produce una falta de concentración que afecta directamente al rendimiento: la persona cada vez hace menos y peor, tarda largos tiempos para lo que antes hacía en poco tiempo y se produce una disminución de autoestima y autovalía personal.
  7. Sentimiento de tener un número inabarcable de tareas y disminución de recursos para hacerlas frente: la persona se centra en todas las demandas y es incapaz de priorizar entre lo importante, lo urgente y lo que ha de esperar, tomando malas decisiones y prestando atención a todo por igual, con lo que su trabajo se ve mermado y su capacidad limitada: asumiendo los errores como intrínsecos a ellos y haciendo lo mínimo imprescindible para terminar cuanto antes con la tarea.

El burnout se considera uno de los grandes males de la sociedad moderna y está muy presente en la mayoría de contextos de la vida cotidiana. Darle la consideración que se merece permite reducir su impacto y nos ayuda a instaurar  una mejora de los tratamientos para su correcto abordaje terapéutico.

Escrito por David Blanco Castañeda

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Fuente: BBC, psychology today.