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Sentirse capaz, una cuestión de educación

La línea de investigación ya iniciada por la psicóloga Carol Dweck ha demostrado los beneficios a corto plazo de alabar a los niños por sus esfuerzos (elogiar el proceso) en lugar de hacerlo en términos de sus características personales internas (elogiar a la persona). Lo que los investigadores han observado es que al elogiar a los hijos por sus intentos facilita que éstos adopten un modo de pensar “hacia la mejora” (la capacidad de ver el cambio y los desafíos como una oportunidad para aprender –incremental attitude-). Ahora, un nuevo estudio de este mismo grupo ha tratado sobre cómo los padres elogian a sus niños pequeños en situaciones de la vida real, y cómo esta dinámica tiene que ver con la mentalidad que desarrollan sus hijos cinco años más tarde.

Se observó a 53 padres interactuando en casa con sus hijos durante 90 minutos, ya fuera jugando, comiendo o en cualquier actividad cotidiana. Lo hicieron cuando los niños tenían entre 14, 26 y 38 meses. Cinco años más tarde, los investigadores volvieron a ver a estos niños y les hicieron preguntas sobre sus actitudes y la mentalidad hacia su propia capacidad, retos y moral.

El hallazgo clave fue que cuando los padres tienden a elogiar a sus hijos en edad preescolar por el esfuerzo realizado (elogiar el proceso), lo más probable es que a los siete u ocho años tengan una actitud “hacia la mejora” sobre conceptos tales como la inteligencia y la moral. Esta mentalidad se reflejó en su capacidad para ver la inteligencia y atributos morales como cambiables. Por ejemplo, estos niños tienden a estar de acuerdo con la idea de que las personas pueden ser más inteligentes si se esfuerzan más y estar en desacuerdo con la idea de que un niño travieso sea siempre malo.

Aunque el grupo de investigación reconoció las limitaciones de su estudio, afirmaron que el elogio que hace hincapié en el esfuerzo, las acciones y las estrategias no sólo puede predecir, sino también influir y dar forma al desarrollo del estilo motivacional de los niños a nivel cognitivo y social.

Por último, el estudio reveló que los padres tienden a usar más elogios personales con las niñas y más elogios de proceso con los niños, haciendo eco de resultados similares en estudios anteriores. A su vez, más tarde, los niños tienden a expresar una actitud “hacia la mejora” con más frecuencia que las niñas. Esto coincide con la imagen retratada en la literatura del desarrollo de que las niñas atribuyen el fracaso a la falta de capacidad más que los niños, especialmente en matemáticas y ciencias. Este estudio plantea la posibilidad de que esto pudiera deberse en parte a la forma en que han sido elogiados en la edad temprana.

Fuente: Research Digest

Escrito por María Rueda Extremera

Magia y Neurociencia

La magia nos fascina. Desde largo tiempo, los ilusionistas dedican su vida a contradecir nuestras expectativas de la realidad. Los trucos que los magos llevan a cabo se basan en el conocimiento de lo que los científicos llaman “eficiencia cognitiva”.

Este concepto se basa en la capacidad de nuestro cerebro para seleccionar los estímulos que son importantes para nosotros , como medida de “ahorro” en nuestro procesamiento del mundo. Así, al ser nuestra capacidad atencional limitada, los magos saben dirigirla hacia donde no está ocurriendo el truco para, de esta forma, sorprendernos al final. Esto, junto con varias ilusiones perceptivas, hace que la magia sea tan especial.

En este vídeo podrás comprobar cómo dirigimos nuestra atención y eso cambia nuestra percepción del mundo:

http://youtu.be/F0paA3gsA1s

Las ilusiones perceptivas, en resumen, se producen porque nuestro cerebro está muy adaptado a percibir el mundo de la forma más útil posible. Tendemos a unir puntos en el espacio para ver una forma cerrada, como sugiere que veamos un triángulo cuando percibimos tres esquinas en el espacio. Tendemos a ver movimiento cuando se hacen visibles varios puntos separados en el espacio siguiendo un patrón temporal.

 

Actualmente, estas características de los trucos de magia han despertado no sólo la sorpresa de los espectadores sino la curiosidad de la neurociencia cognitiva. En esencia, lo que esta disciplina nos dice de cómo funcionan los trucos de magia es claro. Los movimientos, la dirección de los ojos del mago, la ocupación de nuestra mente con otros contenidos complejos, el uso de ilusiones cómo las anteriormente comentadas…

Incluso a nivel cerebral, se han hecho algunos estudios de imagen sobre cómo percibimos un truco de magia. El mecanismo que funciona en esencia ante esto es una activación de la corteza dorsolateral prefrontal, más acentuada el hemisferio izquierdo. Básicamente, estas activaciones se atribuyen a la violación de la causalidad. Desde que nacemos observamos los hecho del mundo para poder predecir lo que va a ocurrir después. Básicamente la magia nos dice que lo que estamos viendo es imposible; de hecho, las activaciones cerebrales que se documentan en diversos estudios se relacionan con lo que pasa en nuestro cerebro cuando escuchamos afirmaciones falsas,  que contradicen nuestras creencias.

La magia puede contarnos mucho sobre cómo percibimos el mundo y puede suponer una herramienta útil sobre los mecanismos que hacen que los trucos provoquen tanta sorpresa en nosotros. La psicología cognitiva puede desvelar y explicar los trucos, sin embargo, lo que verdaderamente nos gusta de la magia es mantener la expectación y no revelar el secreto, así que “shhh… ¡disfruten del espectáculo!”

Fuentes: “Imaging the impossible: An fMRI study of impossible causal relationships in magic tricks” (Parris, B, et al. 2009), Discovery News, lainformacion.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas 

 

 

 

 

Cuando el trabajo se convierte en una obsesión: “el workaholismo”

Hace tan sólo unas semanas salía a la palestra informativa un dramático caso de esfuerzo y dedicación en el trabajo; Moritz Erhardt, becario de 21 años, fallecía tras una intensa jornada de trabajo de 72 horas de duración en el Bank of America de Londres. Los medios, conscientes del impacto y la excepcionalidad del caso, no tardaron en difundir y recordar cómo jornadas de 50 horas de trabajo semanal provocaban grandes consecuencias en la salud física, psicológica y social de los trabajadores, y como éste caso no era el primero; produciéndose en contextos en donde la persona coloca las metas de la empresa por encima de su propio bienestar, ya sea por iniciativa propia como impuesta por la empresa en donde se trabaja.

Así, no es de extrañar que muchos investigadores hayan hablado de términos como adicción al trabajo y adicto al trabajo (workaholism y workaholics, términos originales y acuñados por Wayne Oates) para caracterizar esta noticia, haciendo referencia a la necesidad compulsiva de la persona por trabajar, de modo que el trabajo se convierte en lo más importante de su vida, y relegando otras esferas (como la familia, los amigos o el ocio) a planos totalmente secundarios o casi inexistentes, con todo el deterioro que eso conlleva y asemejándolo en muchos puntos al alcoholismo.

La persona “workaholica” pasaría excesivas horas en su puesto de trabajo, siendo incapaz de desconectar una vez llega a casa; poniéndose inmediatamente a trabajar y descuidando incluso horarios de comida y sueño. Otros síntomas,  como el excesivo control en las tareas, la incapacidad para delegar en compañeros o un elevado estrés, se contarían entre sus características. Pero no todo es negativo; diversos autores destacan que no siempre una intensa dedicación al trabajo se traduciría en síntomas negativos para la salud, en tanto en cuanto no se produjera una pérdida de control  en la conducta de trabajar y permitiera la consecución de las metas organizacionales.

En este escenario, se ha difundido los resultados de una investigación, promovida por la Universidad de Kent, en la que se propondría que altos niveles de perfeccionismo unidos a altos niveles de motivación por la tarea, son los que podrían  llevarnos a una conducta workaholica. De esta manera, su autor, Joachim Stoeber, opina que aquellas personas con elevados estándares de perfección y desempeño (self-oriented perfectionism) y con altos niveles de motivación por su trabajo, estarían predispuestas a altos niveles de adicción al trabajo. Por el contrario, no cumplirían dichos requisitos aquellas personas que creen que los demás se mueven por estándares de perfección sólo cuando estos cumplen plenamente dichos estándares (socially prescribed  perfectionism).

Además, añade como agravante para desarrollar conductas workaholicas el hecho de que tus estándares se identifiquen plenamente con los objetivos a cumplir por la empresa, y la cualidad de que sea la persona capaz de auto-regularse a sí misma con su propio sistema de castigos y recompensas. Todas estas cualidades, positivas en un principio, se tornarían en negativas cuando la persona perdiera el control sobre su conducta laboral, con graves consecuencias en su vida cotidiana y realizando la conducta finalmente como forma de evitar su malestar.

Por ello, y ya que septiembre es una época de reinicio y de planteamiento de nuestros objetivos, no estaría de más plantearse la importancia de saber delegar y desconectar una vez cerramos la puerta de nuestro puesto de trabajo: nuestra vida y trabajo nos lo agradecerían

Fuente: Psych Central, 20 minutos, Huffington Post

Bibliografía: Stoeber, J., Davis, C. R., & Townley, J. (2013). Perfectionism and workaholism in employees: The role of work motivation. Personality and Individual Differences, 55(7), 733-738.

 

Escrito por David Blanco Castañeda.

Crecer con medio cerebro

Que el cerebro es plástico y moldeable lo sabíamos. Pero algunos casos de lesiones cerebrales nos hacen replantearnos hasta qué punto somos conscientes de la capacidad que tiene el cerebro para adaptarse al cambio y reorganizarse para asumir las funciones de áreas dañadas. A la edad de dos años y medio, EB fue sometido a una intervención quirúrgica para extirpar un gran tumor cerebral. Como resultado fue la eliminación del hemisferio izquierdo. A partir de ese momento, EB dispuso tan sólo de medio cerebro y perdió la habilidad para comunicarse verbalmente.

Con la ayuda de rehabilitación intensiva, cuando EB superó su quinto cumpleaños, el número de palabras que podía articular aumentó notablemente. Durante los siguiente dos o tres años EB fue mejorando paulatinamente, hasta tal punto que ni en su familia ni en la escuela informaron de ningún problema en el lenguaje.

Actualmente, EB es un adolescente de 17 años y gracias al grupo de la Dra. Danelli sabemos que su lenguaje parece casi normal en la vida cotidiana en términos de vocabulario y gramática. Sin embargo, el estudio sistemático reveló algunos problemas gramaticales sutiles, así como cierta dificultad para denominar dibujos.

Los resultados son consistentes con estudios anteriores que sugieren que la función del lenguaje se puede conservar en gran medida, pero no totalmente, después de la eliminación del hemisferio izquierdo en la infancia.

Los resultados muestran que la organización funcional de las áreas del lenguaje en el hemisferio derecho de EB son el reflejo de lo que se ve en el hemisferio izquierdo de las personas sanas. No obstante, se observó una menor actividad neuronal en las regiones temporales y occipito-temporal inferior en la lectura de palabras. Estos últimos resultados encajan con déficits específicos de lectura de EB y se asemejan a la dislexia (una dificultad para leer las palabras como unidad, a diferencia de la lectura letra a letra). Estas partes del cerebro de EB parecían funcionar normalmente durante las tareas no verbales, lo que sugiere que su hemisferio derecho tenía un problema específico para la lectura en dichas áreas.

«Nuestros resultados muestran que el hemisferio derecho de EB puede llevar a cabo una serie de habilidades lingüísticas básicas mediante la emulación en gran medida del modelo neural del hemisferio izquierdo«, concluyen los investigadores. Debemos ser cautos a la hora de extraer conclusiones de los estudios de caso único, pero este trabajo es un ejemplo extraordinario de la enorme capacidad del cerebro para adaptarse a una lesión profunda en la infancia temprana.

Fuente: Research Digest

Escrito por María Rueda Extremera

Todos nos aburrimos

Todos nos aburrimos a veces. El aburrimiento aflora en nosotros cuando debemos hacer algo que no queremos hacer, así como cuando no podemos hacer algo que queremos.

Buscamos estímulos que nos den placer o satisfacción. Los nuevos aprendizajes activan en nosotros los circuitos del placer, sin embargo, al llegar a una “saciación” de la actividad, ésta deja de ser satisfactoria y comenzamos a aburrirnos.

Cuando nos sentimos aburridos, nuestro nivel de activación es mayor de lo que el entorno requiere y de esta forma emerge en nosotros esta sensación; el aburrimiento conlleva una lucha por mantener la atención en algo que no queremos.

Cuando estamos aburridos, no logramos concentrarnos más que en el propio paso del tiempo y no nos vemos capaces de entretenernos. Los psicólogos han desarrollado la llamada “Escala de Tendencia al Aburrimiento”, según la cual, podemos encontrar personas con más facilidad para encontrarse en esta situación que otras.

Las personas con mayor tendencia al aburrimiento suelen observarse más a sí mismas y ser más impulsivas. Se ha encontrado que aquellos que puntúan más alto en esta escala, también puntúan alto en síntomas de somatización, ansiedad, depresión y trastorno obsesivo compulsivo (aunque esta relación seguramente sea bidireccional, no por estar aburrido te deprimes, sino que también al sentirte deprimido te aburres).

¿Qué podemos hacer contra el aburrimiento?

Hay un tipo de personas que se aburren menos, ¿por qué? Son aquellas que tienen una mayor “necesidad cognitiva”, estas personas buscan respuestas sobre lo que ocurre a su alrededor y tienden a dirigir su atención a resolver problemas mentales. Cuanto más nos comprometemos en actividades cognitivas, menor será nuestra tendencia a aburrirnos. Cosas tan simples como fantasear puede reducir nuestra sensación de aburrimiento, pero también podemos hacer actividades que nos gusten y que nos hagan pensar o resolver cualquier tipo de problemas, más o menos sencillos (ya sean los clásicos pasatiempos, jugar a videojuegos, leer un libro o redecorar nuestra casa…).

Aún así, es probable que se den situaciones en las que el aburrimiento sea inevitable. Para combatirlo también podemos sintonizar nuestra activación interna con nuestro entorno. Con simples ejercicios de relajación, la sensación de aburrimiento será menos invasiva y lograremos un mayor bienestar.

Fuentes: psycnet.apa.org, dors.it, amsciepub.com, sciencedirect.com.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Mi vida en Rosa: un cuento sobre la identidad

A finales de los 90, se estrenó en nuestro país Mi Vida en Rosa; película francesa que mostró una realidad viva que todavía hoy recibe las más diversas opiniones. Mi vida en Rosa es la historia de un conflicto. La historia de un niño, Ludovic, que se queda parado mientras los demás niños juegan a su alrededor. Él siente que está en el sitio inadecuado. Cuando su familia, la familia Fabre, se instala en su vecindario  y hace su  presentación en sociedad, Ludovic opta por ponerse un vestido, un vestido de princesa; que a la edad de 6 años su familia lo toma como una forma más de expresión de su personalidad (incluso como una broma) pero que para Ludovic, a pesar de su corta edad, es ya toda una declaración de intenciones.  Él quiere ser una niña. Él quiere vestirse así, llevar un corte de pelo acorde, sentir hacía sus compañeros lo mismo que una niña sentiría hacía ellos. Para él, estos comportamientos no son ninguna broma, reflejan todo un acto de reafirmación.

Ludovic es transexual. Un niño que nació varón (su sexo genético es 46XY, correspondiente a un varón), con un desarrollo genital como tal, y que, sin embargo, su manera de identificarse, sentirse y expresarse coinciden con el sexo contrario, en su caso, con los de una niña. Así, su identidad de género o sexo psicológico es femenina; y por tanto, los esfuerzos que realiza en la película tienen como objetivo el demostrar su pertenencia a dicho sexo. Y es ahí cuando el drama estalla (y la película muestra su cara amarga);  porque ni el cuerpo cambia de la noche a la mañana (es todavía muy pequeño para comprender que si persiste en su convicción en el futuro tendrá que realizar un  proceso de reasignación de sexo, con terapia hormonal y quirúrgica si lo desea) ni el entorno comprende las cosas como él mismo quisiera (de ahí las situación de conflictos de Ludo con su familia y el estigma social que sufre la familia Fabre). Es así, a través de los ojos de Ludo, con sus fantasías, anhelos, miedos y buenas intenciones, con los que vamos entendiendo su proceso de hombre a mujer; y es también, gracias a su historia, por la que comprendemos todas las dificultades que debe de afrontar, tanto para sí mismo, su familia y el entorno más cercano, que rechaza y estigmatiza su necesidad de ser feliz.

Desde aquí os invitamos a todos al visionado de Mi vida en Rosa; todo un ejercicio de reflexión en forma de cuento; con sus partes amargas y sus escapadas llenas de color para comprender un hecho incuestionable; lo importante, necesario y totalmente humano que es definir nuestra propia identidad.  Porque, al fin y al cabo, ¿no es algo que hacemos y necesitamos todos?

Escrito por David Blanco Castañeda

Bibliografía: Gómez Gil, Esther; Esteva de Antonio, Isabel (2006) Ser Transexual

La teoría de la emoción que no funcionó

En 1884, James y Lange  formularon una teoría sobre la emoción completamente revolucionaria. Hasta ese momento, en términos generales, se suponía que la emoción se elicita a través de la percepción. Una vez sentida esta emoción, las personas tenemos una reacción fisiológica. Así, al percibir algo temido, sentimos miedo y posteriormente aunque de forma inmediata nuestros músculos se tensan, se nos seca la boca y aumenta el latido cardiaco.

En su nueva teoría de la emoción, James y Lange proponían un nuevo modelo. Al procesar conscientemente que algo nos da miedo, lo primero que se activa en nosotros es la reacción fisiológica y después nos decimos “debo estar asustado”.

Esta nueva propuesta fue en efecto revolucionaria y esto despertó que la comunidad científica se enfrentara entre diferentes posturas sobre la generación de las emociones. Sin embargo, la conclusión de este debate llegó de la mano de Cannon y su discípulo Bard. Los estudios que llevaron a desterrar la teoría de James-Lange se basaron en estimulación eléctrica cerebral (esa misma que Penfield usaba para describir el funcionamiento de la corteza motora). Durante las operaciones, además de llevar a cabo lo necesario para que el paciente en concreto mejorara, se les estimulaba la zona del tálamo, la cual se suponía que guardaba alguna relación con la emoción. Descubrieron de este modo que así era. Los pacientes lloraban desconsoladamente o reían. Sin embargo, ante estas respuestas no manifestaban sentir esa emoción, simplemente; no sabían explicar por qué estaban llorando o riendo.

Esto, claramente, hacía que la teoría de James no terminara de cuajar. Cannon le hizo duras críticas y la revolucionaria teoría de la emoción de James-Lange pasó a las páginas de la historia. Hoy por hoy, está bastante definido que existen dos vías de procesamiento de la emoción, una encargada la emoción percibida y otra que elicita las respuestas fisiológicas. Serían vías paralelas que también se comunican entre sí, luego podríamos decir que la emoción y la activación fisiológica se producen a la vez.

Aunque puede parecer sólo cuestión de historia, aún hay muchas preguntas sobre cómo las personas percibimos, controlamos y manifestamos la emoción que no tienen una respuesta clara, así que aún a día de hoy podríamos encontrar una nueva teoría de la emoción que revolucione nuestra comprensión en este aspecto.

Fuentes: Psychological Review, American Journal of Psychology.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Las vacaciones perfectas para reducir el estrés

Si nos planteamos la vorágine de cosas que hacemos en el día a día; y miramos el calendario por estas fechas, no podemos no anticipar nuestras vacaciones. Llevamos meses esperando este momento, por todo lo que significa de ruptura con respecto a la rutina diaria. Y nos asalta una duda, ¿serán suficientes para oxigenarnos del estrés?. ¿Volveremos a casa y al trabajo realmente descansados?

Así, hemos recogido una serie de sencillas claves para sacar el máximo partido a nuestras vacaciones, de acuerdo a los estudios que han propuesto diversos autores sobre este tema  y tras observar  la efectividad del periodo vacacional  para disminuir el estrés en nuestra salud física y psicológica. Las más importantes son:

–          Coger cortos periodos de vacaciones (de entre 7 a 10 días de duración) y repartidos a lo largo del año que un único periodo largo en todo el año (de 10 días en delante de duración). Según los estudios, se encuentran los mismos efectos positivos en unas vacaciones de 8 días que en una de 15, si bien  la probabilidad de sufrir el llamado “Síndrome Post-Vacional” (con síntomas de irritabilidad, fatiga y desmotivación) es mayor con un período largo de vacaciones.

–          Realizar pequeñas y espontáneas escapadas de fin de semana, que signifiquen algo distinto a lo que habitualmente hacer y que impliquen cumplir metas, deseos  e intenciones (sendas en la montaña, torneos de paintball o visita a parques temáticos)

–          Retrasar una mañana la vuelta a la rutina una vez hayamos hecho el viaje de regreso al hogar. ¿Con qué?. Realizando actividades que se hicieron en las vacaciones y que puedas introducir en tu cotidianidad (leer el mismo libro que comenzaste en la playa; prepararte un delicioso desayuno como aquel que probaste en el hotel donde te hospedaste, hacer una rutina diaria de ejercicio como los paseos que hacías a orillas del mar…)

–          Hacer algo intenso y  diferente en los últimos días de tus vacaciones, sea cual sea la duración total de ellas. Esto responde a la idea de “the peak end rule”; propuesta por Kahneman y Redelmeier; efecto en donde se observa cómo  nuestra memoria tiende a recordar y juzgar los acontecimientos según la novedad y la finalización de los mismos.

–          Dejar fuera de las vacaciones aquellas cosas no imprescindibles y que te recuerden de algún modo a tu vida laboral cotidiana (la agenda, prendas que utilizas en tu lugar de trabajo, no mirar la bandeja de entrada de tu correo durante unos días…)

–          Anticipar las escapadas a largo plazo y evitar una planificación excesiva de las  mismas, teniendo en cuenta, por supuesto, el tipo de viaje que queramos confeccionar.

Así, en definitiva, los expertos coinciden en definir el rélax perfecto como algo regular, distinto y no demasiado largo…¿cómo definirías tus vacaciones ideales? ¿Se te ocurre alguna sugerencia para añadir a las propuestas en este artículo?.

Fuente: psycentral; la nación.com; about.com.

Escrito por David Blanco Castañeda

Crecer manejando la ansiedad (II)

Como te contamos el post anterior, la ansiedad es un síntoma frecuente en la infancia y la adolescencia. Del 10 al 20 % de los niños en edad escolar experimentan este tipo de síntomas. Para ayudar a tu hijo o hija a manejarla, a continuación te damos nuevos consejos para añadirlos a tu mochila de recursos junto con los de la semana anterior.

Cuídate para que ellos se cuiden. Nuestros hijos nos imitan. Así que si enfrentamos nuestros miedos, nuestros hijos también lo harán. Si reservamos momentos para cuidarnos a nosotros mismos y nuestras necesidades, nuestros hijos lo aprenderán. Si somos capaces de extraer lo positivo, nuestros hijos también lo harán. Los niños aprenden observando el comportamiento de sus padres. Así que cuando se trata de pensar sobre el bienestar psicológico de tu hijo, piensa en el tuyo también.

Premia los comportamientos valientes. Si tu hijo se enfrenta a sus miedos, anímalo y recompénsale con un premio. Éste no tiene porqué ser material, recuerda que un abrazo y unas palabras agradables son el mejor regalo.

Ayúdales con una buena higiene del sueño. Establece unos horarios para ir a la cama y unas rutinas antes de dormir, tales como leer un cuento. Esto le ayudará a hacer una transición entre las actividades del día y la posición de reposo necesaria para conciliar el sueño.

Fomenta que exprese sus miedos. Si tu hijo te dice que está preocupado o asustado, no le digas “no lo estás” o “no seas cobarde”. Por el contrario, es recomendable que le des valor a la experiencia de tu hijo diciéndole “sí, parece que está asustado, ¿qué te preocupa?” y dialoga con él o ella acerca de sus emociones y miedos.

Ayúdale con la resolución de problemas. Una vez hayas validado las emociones y demostrado que entiendes lo que está sintiendo y hayas escuchado lo que tiene que decir, puedes ayudarle a solucionar los problemas. Esto no quiere decir que seas tú el que lo solucione. Significa ayudar a tu hijo a identificar posibles soluciones. Si tu hijo puede generarlas él sólo, estupendo. Si no es así, no pasa nada, puedes darle algunas ideas y que él o ella escoja la que piense que puede ser mejor.

Practica ejercicios de relajación con tus hijos. A veces algunos ejercicios muy básicos de relajación son útiles para ayudar a tu hijo a que reduzca su ansiedad. Coge sus manos y mirándoos a los ojos, respirad despacio profundamente a la vez. También puedes ayudarle a imaginar un sitio que sea agradable para él o ella, así con los ojos cerrados podéis pasear juntos por la playa o el bosque.

Fuente: Psychology Today

Escrito por: María Rueda Extremera

Crecer manejando la ansiedad (I)

La ansiedad es un síntoma muy frecuente que seguramente todos nosotros hemos experimentado o lo haremos en algún momento de nuestra vida. Los niños y adolescentes tampoco están exentos de enfrentarse a esas sensaciones tan desagradables en momentos puntuales, lo cual no significa la presencia de un trastorno. ¿Cómo puedes ayudar a tus hijos a reducir la ansiedad y el estrés? Aquí te damos algunos consejos que iremos ampliando en un siguiente post:

Anímalos a enfrentar sus miedos. Cuando una situación nos produce miedo tendemos a evitarla. Evitar este tipo de situaciones hace que la ansiedad se mantenga. En cambio, si ayudamos a que el niño se enfrente a sus temores, aprenderá que la ansiedad se reduce naturalmente por sí sola con el tiempo.

Transmíteles que está bien ser imperfecto. En ocasiones creemos que es necesario que nuestros hijos tengan un gran éxito en los deporte, el colegio y demás actividades que realizan. Pero algunas veces olvidamos que los niños necesitan ser niños, y transmitimos que deben ser los mejores, olvidando que lo importante es disfrutar de aprender. Esto no quiere decir que no les inculquemos el valor del esfuerzo, sino que debemos animar a nuestros hijos a que trabajen duro y a la vez acepten, y aceptar nosotros sus propios errores y dificultades.

Céntrate en lo positivo. Frecuentemente los niños que sufren ansiedad y estrés pueden perderse en pensamientos negativos y ser muy autocríticos, viendo el vaso medio vacío en lugar de medio lleno y preocupándose en exceso por el futuro. Cuanto más te centres en los atributos buenos de tu hijo y los aspectos positivos de una situación, más le ayudaremos a ser positivo.

Planifica actividades relajantes. Los niños necesitan tiempo para relajarse y ser niños. Por desgracia, a veces incluso actividades divertidas, como los deportes, pueden llegar a estar más enfocadas en el éxito que en la diversión. En cambio, es importante asegurarse de que tu hijo juega para pasarlo bien. Puedes introducir momentos de ocio, en los que jugar con el único objetivo de pasar un rato agradable y divertido.

A lo largo de la vida todos nos vamos a encontrar con dificultades que nos generarán ansiedad, facilitarle a tu hijo o hija herramientas útiles para manejarla es una pieza más de ese puzle tan complejo y bonito que es educar.

Fuente: Psychology Today

Escrito por: María Rueda Extremera