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Si tu hijo o hija va a terapia, evita decirle esto

Habitualmente, los padres acuden a un psicólogo para sus hijos como último recurso, tras haber hecho grandes esfuerzos e intentos por mejorar la situación. Cuando se inicia el trabajo terapéutico, los padres pueden sentirse indefensos, asustados, enfadados e incluso avergonzados. En este estado de cierto agotamiento y desesperanza, pueden transmitirle cosas a sus hijos acerca de la terapia un tanto contraproducentes. A continuación, citamos algunos comentarios que los padres y madres hacen a sus hijos comúnmente, los cuales no suelen ser útiles en el proceso terapéutico. Ser padre puede llegar a ser muy estresante, por lo que no se trata de juzgar o culpar por decir algo poco recomendable. A diferencia de esto, la clave está en aprender de los errores y apoyar a los hijos de la mejor manera que se pueda.

  •   «El psicólogo (o la psicóloga) va a ayudarte con tus problemas, tú necesitas ayuda».
    Foto: phillypsychology.com
    Foto: phillypsychology.com

    Debemos tener cuidado con este tipo de afirmaciones, pues podemos tender a patologizar al niño y hacerle sentir vergüenza. Se da a entender que el niño tiene la culpa y que la terapia es el castigo por actuar o comportarse de forma indeseada.

  • «Nosotros no podemos ayudarte más porque tu problema es demasiado grande». Del mismo modo, esta frase envía un mensaje no deseado de que la problemática es demasiado grave y los padres no son capaces de controlarme a mí y a mis problemas. Mejor decir: «Vamos a trabajar y ocuparnos juntos de estos problemas».
  • «Tenemos que ir a la terapia porque tu padre o tu madre nos ha abandonado». En este caso, este tipo de comentarios genera bandos, una mentalidad del «nosotros contra él o ella». Una alternativa más útil para tu hij@ será: «Vamos a hablar con una persona que pueda ayudarte a hablar y entender los cambios en nuestra familia.» «Vamos a acudir a un psicólogo que pueda ayudarte a hablar de tus preocupaciones y tus sentimientos, porque estamos pasando por un momento difícil».
  • «Tienes que ir a terapia porque desde el divorcio has estado realmente emotivo y eres difícil de tratar». Esta declaración genera culpa en el niño y no le da alternativas de expresión emocional. Un comentario más acertado sería: «Mamá y yo hemos notado que nuestro divorcio ha sido muy duro para ti y pensamos que sería de gran ayuda para todos tener una ayuda extra»
  • «Si no me haces caso ahora, voy a llamar a tu terapeuta!» ó «tu psicólog@ va a estar tan decepcionado contigo por esto…». Este tipo de declaraciones son potencialmente perjudiciales para el niño porque le dificulta sentir confianza y seguridad con el profesional, especialmente si sienten que es «ellos contra mí”. La terapia es un lugar seguro y neutral para que los niños exploren sus preocupaciones, sentimientos, comportamientos y su mundo.

A veces los padres también hacen algunas declaraciones al psicólogo que, si bien su intención es compartir información valiosa o alentar a sus hijos a hablar, estos comentarios suelen causar vergüenza en los niños. Sienten que sus padres hablan de ellos y no tienen ningún control sobre la información personal que se comparte sobre ellos. Ejemplos de esto podría ser: “cuéntale al psicólogo que ha pasado hoy en el colegio», o directamente lo explican ellos.

Esto, de nuevo, hace que la terapia parezca un castigo. En cambio, la terapia no es una sanción y el psicólogo tampoco está molesto con los niños por su comportamiento. Es mejor dejar que los niños expresen en sus propias palabras lo que pasó y cómo fue la experiencia para ellos. En general, es importante ser conscientes de los comentarios que se hacen directamente a los hijos y los que se hacen al terapeuta cuando están los niños presentes. A veces olvidamos que los niños tienen una gran capacidad para escuchar. Algunos padres muestran sus frustraciones por tener que gastar dinero en terapia y emplear tiempo en traer y llevar a su hijo a la misma. Los niños recogen estas frustraciones y sentimientos negativos.

Ser padres es estresante. Es especialmente estresante y difícil cuando tu hijo necesita terapia. Pero las palabras son poderosas. Y pueden afectar el modo en que tu hijo se siente acerca de la terapia y de sí mismo.

Los padres pueden ayudar a su hijo en el proceso mediante el refuerzo de que la terapia no es un castigo, ni tampoco es porque los hijos (ni los padres) han fallado de alguna manera. La terapia es un lugar seguro para encontrar apoyo y a un adulto imparcial dispuesto a escuchar, no es un lugar para juzgar.

Fuente: Psychcentral.com

Escrito por María Rueda

La depresión modula el efecto del rechazo social

En el tratamiento de la depresión, desde el enfoque del psicólogo, se incluyen diferentes aspectos de la persona, como es el estilo de pensamiento, las expectativas, la gestión emocional o el nivel de actividad. Además de esto, la red social y la calidad de las interacciones del día a día es un factor también importante en el tratamiento.

Por este motivo, ha de ser considerada la forma y tamaño de la red social de la persona, ya que puede tener un peso importante para quien sufre depresión. Muchas veces, cuando se presenta este problema, aparecen sentimientos de aislamiento, culpa e incomprensión. Por ello, los hallazgos respecto a cómo se perciben las relaciones sociales en una persona que padece depresión en comparación con las personas que no, siempre es interesante y nos permite cada vez una mayor comprensión de este trastorno.

Foto extraída de: archaeologynewsnetwork.blogspot.com
Foto extraída de: archaeologynewsnetwork.blogspot.com

Investigadores de la Universidad de Michigan han realizado recientemente un estudio sobre las reacciones del cerebro de personas con y sin depresión ante el rechazo o la aceptación social. Para ello, mientras observaban el funcionamiento de su cerebro en una tomografía de emisión de positrones (PET) plantearon a los participantes una serie de fotos de personas a las que posteriormente podrían conocer, siempre y cuando la otra persona aceptara ese encuentro. Al elegir entre éstas, los participantes podían encontrarse con que eran «aceptados» por la persona de la foto que habían elegido y podrían conocerse, o bien no interesaban a esa persona elegida y eran «rechazados».

De esta forma, pudieron simular una situación de rechazo social. Lo que observaron es que cuando esto ocurre, las personas con depresión tienen reacciones diferentes a nivel cerebral. Cuando una persona sin depresión sufre un rechazo, su cerebro libera analgésicos naturales (opioides) con la finalidad de minimizar el impacto del daño. Sin embargo, cuando tiene depresión, la liberación de estas sustancias es mucho menor, así pues, las personas deprimidas sufrirán el daño de un rechazo social de un modo más intenso.

No sólo el rechazo tiene un efecto más intenso, debido a que el cerebro con depresión tiene menor capacidad de contener las emociones negativas asociadas a este; sino que también encontraron que cuando lo que se produce es la aceptación en lugar del rechazo, la sensación de felicidad es igual en las personas con depresión y las que no, pero lamentablemente, en aquellas con depresión, este sentimiento es mucho menos duradero.

Si bien es cierto que cada persona, independientemente de que padezca o no depresión u otros trastornos, interpreta de formas muy diferentes las interacciones sociales, es importante conocer esta tendencia. Es posible que ante esto, sea necesario que la persona con depresión pase por un mayor número de interacciones positivas para lograr una sensación agradable. O quizá pueda comenzar a enfrentar situaciones sociales novedosas una vez sus síntomas de depresión hayan disminuido.

Si sufres de depresión, este pequeño hallazgo puede ayudar a conocer mejor las dificultades que se han de atravesar luchando por superar esta situación y los esfuerzos que puede suponer el afrontamiento de muchas situaciones de la vida cotidiana. Además, cuando le pasa a una persona cercana a nosotros, podemos lograr un mayor entendimiento y empatía.

 

Fuente: uofmhealth.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org Hsu, D., Sanford, B., Meyers, K., Love, T., Hazlett, K., Walker, S., Mickey, B., Koeppe, R., Langenecker, S., & Zubieta, J. (2015). It still hurts: altered endogenous opioid activity in the brain during social rejection and acceptance in major depressive disorder Molecular Psychiatry, 20 (2), 193-200 DOI: 10.1038/mp.2014.185

¿Estás teniendo una buena actitud para contig@ mism@?

Extraída de www.taringa.net
Extraída de www.taringa.net

Todos tenemos pensamientos negativos de vez en cuando. Uno está en una fiesta y comienza a sentirse incómodo porque ve a dos amigos riéndose. “Ya se están riendo de mí”, piensa. Y comienza a titubear cuando éstos se le acercan, incapaz de seguir su conversación y permaneciendo callado y en alerta. Vemos como un simple pensamiento ha teñido una situación que en un principio parecía gratificante, impidiéndonos el  disfrute y dejándonos un mal sabor de boca durante toda la fiesta. De ahí a que la terapia busque la promoción de pensamientos alternativos; en los que la persona pueda plantearse si había otra posible explicación a esa risa tan desconcertante. ¿Tal vez el recuerdo del finde anterior?. Por ello, creemos conveniente repasar qué pensamientos  o actitudes negativas pueden provocarnos estados de intenso malestar; es el primer paso para reconocer y cuestionar la influencia sobre nosotros.

1.Pensamientos de “Yo no Puedo”, ”Me falta lo que se necesita para…”, “No soy lo suficientemente bueno para..”: con frecuencia, albergar pensamientos que nos confirman nuestra propia incapacidad ayudan a disuadirnos para no hacer lo que nos planteamos. ¿Cómo vamos a hacer eso tan difícil si de partida ya anticipamos nuestro fracaso?.

2.Suponer negativamente. Que haya tráfico o que hoy te toque discusión con tu jefe no es necesariamente algo malo. No es tan importante lo que nos pase como lo que hacemos realmente con ello. Es la forma de relacionarse con las circunstancias en el momento lo que puede determinar si el impacto es malo o bueno. Ser capaces de qué podemos elegir y de que podemos sacar otra relectura puede enseñarnos a actuar en nuestras circunstancias.

3.Compararse(e infravalorarse) con respecto a los demás. Hacer comparación social con respecto a los demás no trae nada bueno. Un estudio demostraba que compararse habitualmente con los demás relacionaba positivamente con más niveles de estrés, ansiedad, estado de ánimo y  disminución de toma de decisiones. Tacharse de incompetente afecta negativamente a nuestra autoestima. Pero, ¿qué pasos han seguido para hacer eso que nos resulta impensable? ¿Y si probamos a realizarnos nosotros?

4.Rumiar constantemente con lo que no se hizo en el pasado. Volver al pasado sin oportunidad para cambiarlo nos sume en un estado de angustia, culpabilidad y desesperanza. Orientarnos en la manera en qué podemos solucionar ese problema en el presente puede ayudarnos a cerrar ese tema que tanto nos preocupa.

5.Echar balones fuera de nuestras propias responsabilidades. Hacer al otro responsable de nuestras desgracias nos instala en una actitud de victimismo y resentimiento, fomentando la inactividad y la amargura por algo que creemos injusto. Asumir el compromiso y la responsabilidad de nuestras acciones nos ayudan a tomar decisiones que sí tienen que ver con nuestros objetivos y nos capacita para sentirnos satisfechos cuando conseguimos nuestras metas.

6.El exceso de perfeccionismo y la intolerancia al error. Tener unos objetivos claros y bien definidos nos ayudan a orientarnos y a definir donde queremos ir. Pero, ¿qué ocurre cuando creemos que si no conseguimos esos estandartes fielmente estamos fracasando estrepitosamente? ¿Todo error en su consecución es una falla inconcebible? Permitirnos fallar y reconocer nuestras propias limitaciones podría ser la verdadera opción para una mayor felicidad.

Tener en cuenta cada uno de los pensamientos aquí descritos permiten no desviarnos de lo verdaderamente importante: nuestra propia valoración personal. Centrarnos en lo que sí podemos hacer y en conseguir nuestros objetivos a pesar de nuestros propios pensamientos negativos puede ser la manera óptima de lograr lo que nos proponemos. Hoy puede ser un buen momento para comenzar.

Fuente: Psychology Today.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Beneficios de cenar en familia

Vivimos en una sociedad exigente, en la que nuestro trabajo ocupa gran parte del día, a eso debemos añadirle el tiempo que empleamos para transportarnos de un sitio a otro. Con todas las tareas que tenemos que realizar diariamente, poco tiempo nos queda para sentarnos a charlar con la familia, jugar con los niños o simplemente pasar tiempo juntos. Muchos padres y madres se lamentan de esto. Sin embargo, no debemos olvidar que no siempre se trata de cantidad, sino de calidad. A este respecto, la cena puede constituir el mejor momento del día para reencontrarnos y conectar si seguimos una serie de pautas. La cena es un ritual diario que nos aleja del bullicio de la jornada y puede ser un calmante para el estrés de niños y padres. Diferentes estudios han puesto en evidencia los beneficios de aprovechar la cena como un paréntesis para mirarnos a la cara unos a otros y una oportunidad para transmitir algunas cosas importantes para la salud de tus hijos. A continuación os dejamos algunas de ellas.

Foto: livinginsplitsville.com
Foto: livinginsplitsville.com

En la cotidianidad se asienta la educación. Aprovecha la cena para transmitir hábitos de alimentación saludables. Los niños que regularmente cenan comida casera y en familia se convierten en adultos jóvenes que han interiorizado los hábitos alimenticios sanos y continúan comiendo más frutas y verduras una vez se independizan. Estos jóvenes son menos propensos a ser obesos. Estos beneficios para la salud no vienen sólo de la comida. El ambiente en la mesa es un ingrediente clave. Los investigadores han encontrado que el calor y la comunicación positiva son necesarios para disminuir el riesgo de la obesidad en los niños.

Cosas a evitar:

Ver la televisión mientras cenáis dificulta que pueda haber una conversación fluida. Además, un estudio reveló que los niños que cenaban frente a la televisión eran más propensos a tener sobrepeso.

– Ser un fanático del control: Un estilo de crianza excesivamente controlador y restrictivo hacia la comida se asocia con mayores tasas de obesidad en los niños. Intenta evitar los comentarios negativos y hostiles.

– «Cómete el brócoli y entonces te doy un helado»: En un estudio encontraron que cuando los padres utilizan recompensas para alentar el consumo de un alimento en particular, esta estrategia fracasa. Los niños rechazan esos alimentos y fomentan la preferencia por aquellos que son recompensa.

– Hablar del peso: Es mejor centrarse en una alimentación saludable que en el peso del hijo. Aún más importante que la charla es el comportamiento de los padres: aquellos que realizan dietas tienen más probabilidades de tener hijos con trastornos de la alimentación.

– La restricción de ciertos alimentos. Investigadores de la Universidad de Penn State mostraron que los niños anhelan más los alimentos que están prohibidos. Aquellos a los que se les permite el acceso a patatas fritas, golosinas y galletas tienen al final un menor consumo de dichos alimentos que aquellos niños a los que se les tiene prohibido.

Los investigadores han encontrado que cuando las familias cenan juntas, experimentan un impulso en el estado de ánimo positivo y una disminución en los niveles de estrés. Los adolescentes que cenan en familia señalan que la cena es cuando hablan con sus padres. Y estos mismos adolescentes que cenan regularmente (y hablan con regularidad) con sus padres dicen sentirse más conectados con ellos y tienen una visión más positiva del futuro.

Además de estos elementos positivos, hay diversos estudios que muestran que la cenar regularmente en familia está vinculado a la reducción de muchos de los comportamientos de alto riesgo, tales como consumo de sustancias,  problemas escolares y trastornos de la alimentación. En un estudio a gran escala con adolescentes, cenar regularmente en familia se asoció con menores tasas de depresión. Recientemente, un estudio encontró que los niños que habían sido víctimas de acoso cibernético, sufrieron menos consecuencias perjudiciales que aquellos que también lo sufrieron pero no cenaban en familia.

Ninguno de estos beneficios requiere pasar horas y horas en la cocina o servir alimentos especiales. Los ingredientes más esenciales para una gran cena familiar son la calidez y la conexión. Si los miembros de la familia se sientan en un frío silencio o los niños no se sienten cómodos hablando, la cena familiar no conlleva ningún beneficio positivo. Compartir alimentos saludables no suaviza una relación padre-hijo tensa, pero es el mejor momento del día comprobar cómo se sienten los hijos.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda Extremera

La utilidad de la vergüenza

El ser humano está preparado para sentir emociones que tienen una función concreta para su supervivencia; en su estar en el mundo. Durante mucho tiempo, la cultura en la que estamos inmersos ha minusvalorado la conducta emocional. Ha separado la emoción y la razón llevando a unas costumbres que negaban la parte más emocional de las personas.

Algunos paradigmas científicos más modernos, sin embargo, alzan la voz en contra de esta drástica separación y proponen una mayor conciencia y educación emocional. A pesar de esto, el avance en este sentido es lento y es frecuente ver personas con dificultades para entender su propio mundo emocional. Cuando se trata de emociones negativas, habitualmente negamos su existencia o evitamos sentirlas.

En ocasiones nos gustaría comenzar a realizar alguna actividad nueva, crear algún hábito o mejorarnos a nosotros mismos en algún aspecto. No obstante, muchas veces es difícil encontrar la motivación o nos cuesta organizar las tareas a lo largo del día para encajar esta nueva afición. Sin embargo, en otros momentos, es algo algo diferente lo que nos paraliza. Muchas veces hemos escuchado a personas que querrían comenzar algunas actividades o aprender ciertas cosas, pero dicen que les produce vergüenza comenzar a hacerlas; “siempre he querido hacer teatro, pero a mí edad empezar con esas cosas…”.

sentimiento de vergüenza
Extraída de www.espiralsantacruz.com

Cuando nos enfrentamos a emociones complejas como la vergüenza, puede ser útil conocer el funcionamiento de las mismas. Casi siempre que hemos sentido emociones negativas se nos pregunta (y nos preguntamos a nosotros mismos) por qué estamos sintiendo eso. Sin embargo, aunque esto puede ser importante en algunas ocasiones, la verdadera pregunta que sería bueno hacer cuando tenemos sentimientos negativos es «¿para qué estoy sintiendo esto?».

En este «para qué» es precisamente en lo que ha incidido el estudio realizado por Brian Lickel y sus colaboradores, de la universidad de Massachusetts, publicado el año pasado en la revista Emotion, respecto a los sentimientos de vergüenza y culpa.

Estos autores se basan en que los sentimientos negativos motivan al ser humano a realizar cambios hacia un sí mismo mejor. Antes de realizar un cambio importante, ajustar nuestros valores personales e incluso comenzar un proceso terapéutico, generalmente se presentan sentimientos muy negativos que hacen que se quiera ser de otra manera; adquirir un «yo» mejorado.

El arrepentimiento, la culpa o la vergüenza se consideran sentimientos negativos autorreferenciales, lo que implica que están dirigidos hacia uno mismo. Sin embargo, estos investigadores hallaron que existen diferencias entre las funciones de este tipo de sentimientos, dependiendo de cual estemos experimentando. En concreto, el sentimiento que nos lleva a querer cambiarnos es la vergüenza. La culpa, por su parte, llama más a una necesidad de reparación del daño hecho. El primer sentimiento llevaría a una necesidad de alejarnos de la situación mientras que el segundo no nos invitaría a huir sino a tratar de quedarnos, o volver, para solucionar la situación que nos produce culpa.

En este mismo estudio se plantea que la vergüenza puede tener, por otra parte, un doble filo. Sería un gran motivador por su capacidad de incitar el movimiento hacia el cambio de nosotros mismos, pero por otra, es una emoción tan potente que es capaz de paralizarnos fácilmente. En ocasiones es la misma capacidad de autorregularnos la que implica una responsabilidad tal que nos abruma y nos paraliza.

Conociendo esta información, la pregunta que será mejor que nos hagamos una vez sintamos que la vergüenza nos paraliza será: “¿quiero ser la persona que estaría en la situación que nos produce esta vergüenza?” Si este sentimiento está efectivamente cumpliendo su función, nos responderemos que no queremos ser esa persona y podremos encontrar el camino que nos lleva a ese nuevo yo con el que nos sintamos más a gusto y conformes, asumiendo la carga de autorregularnos a cambio de ser mejores para nosotros mismos.

 

Fuente: http://www.apa.org/pubs/journals/emo/

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org
Lickel, B., Kushlev, K., Savalei, V., Matta, S., & Schmader, T. (2014). Shame and the motivation to change the self. Emotion, 14 (6), 1049-1061 DOI: 10.1037/a0038235

 

 

Las claves ocultas del coqueteo

Extraído de comotdaslollipop.blogspot.com
Extraído de comotdaslollipop.blogspot.com

El amor (siempre) está en el aire. Ya sea porque ayer disfrutamos de una de esas fiestas que lo celebran a bombo y platillo (San Valentín), las relaciones sentimentales, su inicio, mantenimiento o finalización nos despierta en todo momento muchísimo interés. Por supuesto, también a los investigadores del comportamiento interpersonal, que han publicado estos días un estudio que se centran en el lenguaje secreto que hay en el flirteo, considerado casi siempre el cultivo previo que permite el establecimiento de una relación sentimental (o al menos una relación afectivo-sexual) posterior.

En el mencionado estudio, defendido por investigadores de la Universidad de Arkansas, trataban de definir qué signos o evidencias de nuestro comportamiento dejaban claro que la otra persona estaría ligando con nosotros. Para ello, definieron  una serie de correlatos verbales y no verbales que se presuponen presentes en toda situación de flirteo; aduciendo que son éstos los que nos ayudan a interpretar de manera más fielmente las intenciones de las personas, siendo más frecuentes cuanto más interés tengamos por la persona con la cual estamos hablando. Además, propusieron cinco estilos fundamentales de interacción en el flirteo (tradicional, juguetón, sincero, físico y educado; cada uno en su vertiente masculina y femenina) que representaban las distintas formas de proceder de cada persona en esa situación.

Así, invitaron a 51 pares de parejas desconocidas entre sí (hombre y mujer siempre, la muestra era enteramente heterosexual) a tener una conversación desenfada de unos 10-12 minutos sobre lo que quisieran, en un escenario que incluía una mesa, unos utensilios para servirse café y sistemas de grabación para recoger el comportamiento de los participantes. Previamente se les había pasado un test para que describieran su estilo fundamental de interacción, para ver si esos mismos estilos se traducían en comportamientos definidos en la situación de flirteo.

Los resultados no dejaron lugar a dudas; en efecto, dependiendo del estilo interaccional que adoptase la persona en la situación de flirteo, las personas tendían a mostrar una serie de comportamientos bien definidos si la persona les interesaba románticamente.

Siguiendo las propias categorías propuestas por los investigadores, las personas que se definían así mismas como tradicionales (es decir, por una preferencia a adscribirse a los roles de género), los hombres tendían a llevar el peso de la interacción y adoptaban una actitud de proximidad y cercanía hacía la mujer, mientras que ellas optaban por dirigir suaves bromas a su interlocutor y mostrar sobre todo sus manos y hombros, en una actitud ligeramente displicente. En el estilo educado, sin embargo, se veía como aumentaba la distancia (orientándose su cuerpo hacía atrás) y el espacio entre interlocutores cuanto más interés tenían por el otro, dando lugar a un mayor número de equívocos y sin entender el otro que esa misma distancia iba a predecir la llamada por teléfono al día siguiente. El estilo sincero se consideró el estilo más efectivo y satisfactorio en estas interacciones, con un mayor número de revelaciones personales y mayor atención a la conversación  en el caso de los hombres, y un mayor número de presencia y cantidad de sonrisas por parte de las mujeres cuanto más interés tenían entre ellos, aumentando la sintonía emocional entre ambos. En el estilo físico, por el contrario, no se observaron los comportamientos que se esperaban en dicha situación (gran número de cumplidos y un gran uso de su lenguaje corporal para explicitar el interés sexual por el otro), mostrándose ineficaces, con menos verbalizaciones  y comentarios de interés al estar acostumbrados a otro tipo de contextos que no fuese necesario un contacto cercano con su flirteo de ese momento. Así, se reafirma la inexistencia de un único patrón posible en el flirteo; y la posibilidad de recurrir a cada estilo dependiendo del contexto y las dosis de intimidad que quiera uno volcar uno en ello.

Lo que queda claro con los resultados de este estudio es la dificultad de saber si le gustamos o no a la otra persona, al ver la gran variedad de comportamientos en los que se presenta el interés romántico. Sin embargo, no desesperemos; nuestros comportamientos son un  fiel reflejo de los sentimientos que sentimos hacia la otra persona, estar atento a esas pequeñas señales cuando interactuemos con ella puede ayudarnos a captar cuando la flecha de Cupido ha dado en la diana.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psyccentral.

Cosas que es mejor no decir: frases a evitar en la comunicación con tus hijos

Todos aquellos que son padres o madres se han visto alguna vez en la situación en la que aun habiendo dicho que “no” se encuentran sumidos en una discusión con su hijo o hija. Si a esto le añadimos un contexto en el que estamos cansados después de estar todo el día fuera de casa trabajando, es de entender que por nuestra boca se escapen frases que en frío sabemos que no deberíamos decir.

A pesar de que puede ser increíblemente difícil elegir nuestras palabras con cuidado en estos momentos, lo que decimos tiene un impacto significativo en nuestros hijos, sobre todo cuando se repite con regularidad. Si esas palabras habitualmente son duras o culpabilizadoras, se aumentan dramáticamente las probabilidades de que la relación con nuestros hijos sea complicada.

Aquí os mostramos tres cosas que debemos evitar decir a nuestros hijos:

  1. «Me estás volviendo loco/a!» Esta frase, y otras por el estilo, utilizan la culpa para motivar a nuestro hijo a cambiar su comportamiento. Sí, podemos sentir que nuestros hijos nos están impulsando a la pérdida de la cordura en ese momento, pero no es necesario que le informemos a ellos de esto. De hecho, expresar nuestros sentimientos de esta manera dramática y sin filtro puede empeorar la situación actual, y con el tiempo, generar un impacto negativo en la comunicación y relación. Además, estamos transmitiendo a nuestros hijos la idea de que son responsables de los sentimientos de las otras personas, algo que fomenta la baja autoestima y la ansiedad.
  1. «¿Por qué eres así?»  Al igual que con la primera frase que culpabilizaba, esta frase promueve la vergüenza para el cambio de comportamiento. Busca atribuir a un estado interno del niño la explicación a un acontecimiento, en lugar de reconocer que todas las situaciones son un producto complejo de muchos elementos, incluyendo nuestras propias percepciones, estados de ánimo, experiencias previas y expectativas. Por ejemplo, si sorprendes a tu hijo de cinco años de edad cortando en trozos su camisa favorita, podrías decir ¿por qué eres así? Pero está bien parar un momento y recordar que, sea cual sea la situación, las acciones de tu hijo son casi siempre un intento de satisfacer una necesidad percibida, como tu atención, o aprender información del medio y conocer dónde están los límites (qué pasa si hago X?), o simplemente necesitaba un poco de tela para su collage. Esto no quiere decir que no haya que censurar las acciones, consiste en no transmitir a los niños la idea de que son defectuosos y no centrar la atención en lo que está mal en ellos como personas, sino en lo que pueden hacer de manera diferente en el futuro para conseguir un resultado más positivo. Una vez más, debemos focalizarnos en los hechos concretos.
  1. «¡Si no haces X…, te vas a enterar!» Esta frase, y otras del estilo, utilizan el miedo para motivar al cambio. Debemos tener en cuenta de que estamos educando futuros adultos a los que dotamos de estrategias para su vida independiente. A través de nosotros, con nuestro ejemplo, les enseñamos que para conseguir lo que quieren es legítimo hacerlo a través de la intimidación. Por otra parte, este tipo de frases, es probable que con el tiempo erosionen la confianza y el respeto en la relación con nuestros hijos.

Lo que tienen en común estos tres ejemplos de frases “evitables” es que centran la atención en el niño como un todo, en lugar de en su comportamiento. En casi todas las situaciones, el problema en cuestión es lo que dijo el niño y/o hizo, y esto es lo que debe ser abordado. El uso de la vergüenza, la culpa o el miedo finalmente será contraproducente porque estas estrategias no se centran en el problema real (comportamiento), sino que expresan que el problema es tu hijo.

Podemos enseñar a los niños y adolescentes que su comportamiento es una opción, y debemos enfatizar que pueden aprender a tomar mejores decisiones. Hacer una mala elección no significa que sea una mala persona, significa que se ha equivocado y necesita más práctica y entrenamiento para hacerlo mejor la próxima vez.

Así que, ¿qué podemos decir en esos momentos difíciles con el fin de ayudar a nuestros niños a aprender a elegir mejor su comportamiento? Aquí os dejamos algunas alternativas de frases que podéis emplear en lugar de las “evitables”: «No me gusta este comportamiento, …”, «No me gusta cuando…». Y lo más importante, después de eso, asegúrate de decirles por qué su comportamiento no es aceptable, y no olvides mostrarles qué podrían hacer diferente la próxima vez. Ayúdales a generar alternativas.


Fuente: psychologytoday.com

Escrito por María Rueda Extremera

Resiliencia y falacia del mundo justo: de porqué necesitamos sentir que hay futuro

Si de repente te encuentras con alguien que se cuela en el metro mientras tú pagas religiosamente tu billete, al imaginar cómo un trabajador del metro le multa te sientes reconfortado. Cuando un político amasa cantidades de dinero que no puedes ni comprender y posteriormente se descubre que lo hace de forma ilegal, te sientes estafado. Después, tendemos a pensar que será infeliz en su vida, que su mujer no le querrá, que no tendrá amigos…

Es lo que en psicología se conoce como «la falacia del mundo justo». Tendemos a pensar que a la gente que se comporta bien le pasarán cosas buenas. Que la que hace cosas malas antes o después tendrán sus consecuencias. El universo les dará su merecido.

Foto extraída de spring.co.uk
Foto extraída de spring.co.uk

En ocasiones este pensamiento tiende a ser dañino. Cuando alguien es premiado por algo sin merecerlo o no recibe un castigo por un mal comportamiento nos sentimos moralmente ofendidos. Cuando nuestra conducta se dirige a una meta y no logramos ningún resultado es posible que lleve a la inactividad.

En un artículo publicado recientemente en la revista PLOSONE, investigadores de universidades chinas y estadounidenses tratan de dilucidar cómo funciona la falacia del mundo justo. Concretamente, la relación entre este estilo de pensamiento y otro concepto conocido como «resiliencia». La resiliencia es como la resistencia física ante esfuerzos, pero algo aplicado al mundo emocional y mental. Una persona resiliente podrá pasar por eventos vitales fuertemente negativos sin sufrir unas grandes secuelas emocionales. Claro, es importante conocer qué hace que una persona sea más resiliente porque este es un factor importante de prevención de problemas psicológicos.

Aunque pueda parecer que la falacia del mundo justo producirá una sensación de desengaño, lo que se encuentra en las investigaciones es lo contrario; tener una idea de que el mundo al final proporciona recompensas y castigos por nuestros actos es un predictor de ajuste psicológico, así como de mayor resiliencia. Pensar que al final habrá justicia nos hace estar más adaptados y sufrir menos.

En este estudio descubrieron que en adolescentes y adultos, sin embargo, para que este hecho funcione positivamente es necesario también que tengamos una perspectiva de futuro elevada, sin esto, no importa que creamos o no en que el mundo es justo para protegernos contra los acontecimientos vitales estresantes.

En aquellas personas que planifican sus acciones de cara a lo que pueda ocurrir en el futuro, creer que el mundo es justo les proporciona un grado más elevado de resiliencia. Sin embargo, es posible no poder orientarse hacia el futuro, ya sea por sus características personales, o por circunstancias vitales, como son los supervivientes de un terremoto alojados en tiendas provisionales. En estas personas, no se produce este efecto; su resiliencia no se relaciona con esta creencia en que el mundo es justo.

Esto es muy importante a la hora de considerar cómo proporcionarnos una mejor capacidad de afrontar los problemas de la vida, puesto que un factor clave será la posibilidad de vernos proyectados a nosotros y nuestras acciones en el futuro. El ser humano tiene la increíble capacidad de pensar en el tiempo; en cómo fue su pasado y cómo será su futuro. Cuando se encuentra en la desesperanza de no poder pensar en quién será en el futuro y qué hará, ya sea por acontecimientos personales o sociales, la capacidad de resistir acontecimientos vitales no puede alimentarse de la idea de que recibirá una recompensa por el esfuerzo y la parálisis se adueña del individuo. Las sociedades deben esforzarse por crear escenarios de futuro, a este respecto, educar individuos sanos consiste también en garantizar, al menos, la capacidad para soñar.

Fuente: plosone.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.orgWu, M., Sutton, R., Yan, X., Zhou, C., Chen, Y., Zhu, Z., & Han, B. (2013). Time Frame and Justice Motive: Future Perspective Moderates the Adaptive Function of General Belief in a Just World PLoS ONE, 8 (11) DOI: 10.1371/journal.pone.0080668

Desmontando Facebook: ¿Qué hay de cierto en todo lo que lees sobre ello?

Extraído de www.diariodemorelos.com
Extraído de www.diariodemorelos.com

Que Facebook sigue siendo la red social por excelencia, es indiscutible. Desde su creación en 2004 no sólo ha supuesto toda una revolución a nivel tecnológico impresionante, sino que ha cambiado por completo la forma de comunicarnos como especie. Haciendo una rápida búsqueda en Google Scholar, vemos que se cuenta por miles las investigaciones científicas que se hacen diariamente de acuerdo a lo que predice de nosotros el uso de Facebook, la última de las cuales publicada hace unas semanas, en las que se afirmaba una tendencia al narcisismo y una disminución de la empatía cuando uno abusa de hacerse selfies en las redes. Pero, ¿cuánta verdad hay en todo lo que se ha escrito de Facebook? ¿Realmente dice tanto de nosotros?

¿Quién utiliza Facebook y para qué? Según lo que nos ofrecen las principales investigaciones, el prototipo de consumidor de Facebook es joven, mujer y solter@. Las mujeres suelen tener muchos más contactos y comunicarse con gente cercana que otro estratos de la población, asimismo, utilizan la imagen como principal manera de intercambio entre usuarios. La persona que lo utiliza más frecuentemente suele ser extrovertida y con tendencia al narcisismo, poco aislada socialmente y menos tenaces que los que no lo utilizan. La timidez se ha visto implicada en su uso; al querer el contacto social pero inhibirse en contextos que lo favorecen, Facebook se ha convertido en un escenario perfecto para entablar conversaciones a las personas tímidas que en el cara a cara les resultaría muy difícil. También un mayor uso se ha relacionado con el neuroticismo; cuánto más inestabilidad emocional, más uso repetido de la red. Y también con nuestros propios estados emocionales; las personas tendemos a publicar movidos a veces por estados emocionales intensos o frutos de un desengaño con amigos o la pareja, de ahí a que un gran número de estados luego nos lleven a arrepentirnos y queremos borrarlos.

¿Qué elegimos mostrar a los demás en Facebook? Contra todo pronóstico, Facebook habla más de nosotros de lo que creemos y menos de nuestros ideales y aspiraciones, se fija más en la persona real que en la ideal. Es decir, que si eres una persona amigable, cariñosa y orientada a los demás en tu vida cotidiana, tenderás a mostrarte así en realidad, y tus estados, fotos, y «me gustas” reforzarán esa imagen. Asimismo, como eres también predecirá qué decides mostrar y qué contenidos. Si eres una persona narcisista y/o con grandes deseos de pertenencia a un grupo, tenderás a hacer revelaciones con contenido personal y de autopromoción en tus estados. Si te sientes solo o te consideras reservado, también hay muchas probabilidades de que compartas tu estado emocional con el resto de tus seguidores, no así tus opiniones, que preferirás guardar para tus más allegados. Por último, también dice mucho acerca de tus relaciones personales. Según los estudios, tenderemos a mostrar más fotos y estados relacionados con tu pareja cuanto peor estemos con ella. Y si estamos mal con un amigo o amigo cercano, también se reflejará en tu perfil, aumentando el número de revelaciones negativas que podrían hacer en tu muro. El que tengamos muchísimos seguidores tampoco parece favorecernos, tendiendo a hacernos una impresión negativa del perfil (y por ende, de la persona) si tenemos una sobreabundancia de seguidores.

¿En qué medida el uso del Facebook se relaciona con nuestra felicidad? La parte que más estudios ha generado sin embargo es la parte que más controversia tiene a sus espaldas. Del lado positivo de Facebook, los estudios defienden que un rápido vistazo a nuestro muro eleva nuestra autoestima. Si estas más habitualmente conectado y recibes atención de tu círculo más cercano constantemente, las personas tienden a sentirse más satisfechas y con menos niveles de ansiedad y soledad que el resto. Por el lado negativo, si estás frecuentemente conectado pero las mayores interacciones son con gente que solo conoces on-line, el sentimiento de soledad aumenta. Y si tiendes a compararte con los demás y apenas tienes contacto con tus seguidores, Facebook podría ser un arma de doble filo, aumentando tu sensación de soledad y tristeza. Por último, las últimas investigaciones defienden que Facebook provoca un estado de “flow” o de flujo, en el que la persona pierde la noción del tiempo cuando está conectada por que le supone un reto, un estado positivo adicional y le provoca gran excitación.

Así con todo, estas son las principales conclusiones que se recogen acerca de nuestra red social favorita. Es hora de que puedas expresarnos lo que piensas pero antes, ¡echa un vistazo a tu muro y reflexiona sobre lo que aquí te hemos hablado!

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: BPS Research Digest

Cómo la causa de los trastornos mentales afecta a la empatía de psicólogos y psiquiatras

La idea de que la enfermedad mental está relacionada con anomalías cerebrales u otros factores biológicos es muy popular entre algunos pacientes; en su opinión, el que los trastornos mentales sean enfermedades con una causa orgánica ayudaría a desmitificar sus experiencias y dar legitimidad a sus síntomas. Sin embargo, los estudios muestran que las explicaciones biológicas pueden aumentar el estigma en el campo de la salud mental, fomentar una percepción pública de que las personas con enfermedades mentales son esencialmente diferentes, así como que sus problemas son permanentes. En un estudio reciente, investigadores de la Universidad de Yale (EEUU) han publicado nuevas hallazgos que sugieren que las explicaciones biológicas de los trastornos mentales conducirían a la reducción de la empatía de los profesionales de salud mental hacia los pacientes.

lookfordiagnosis.com
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A más de doscientos psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales se les presentaron viñetas en las que aparecían pacientes con trastornos tales como la fobia social, depresión o esquizofrenia. Una parte de las viñetas fueron acompañadas de explicaciones puramente biológicas centradas en factores genéticos y de la química cerebral, mientras que otras viñetas contenían explicaciones psicosociales, como una historia sobre intimidación o de duelo. A continuación, a estos psicólogos, psiquiatras y trabajadores sociales se les solicitó que informaran qué sentían hacia la viñeta.

Curiosamente, las viñetas que estuvieron acompañadas de una explicación biológica generaron menos sentimientos de empatía en cualquiera de los profesionales. Sin embargo, tanto las explicaciones biológicas y como las de tipo psicosocial provocaron niveles similares de angustia, indicando que los niveles menores de empatía en el primer caso no podían explicarse sólo porque las observaciones psicosociales sean más perturbadores. Además, los profesionales de salud mental señalaron que las explicaciones biológicas les eran poco útiles, desde el punto de vista clínico.

Los autores del estudio sugieren que las explicaciones biológicas provocan una empatía reducida debido a que tienen un efecto deshumanizador y les dan la impresión de que los problemas son permanentes. Los investigadores señalan que el enfoque biológico en la psicología y la psiquiatría ha ganado importancia en las últimas décadas, lo que a la vista de los resultados no deja de ser preocupante. Además señalan que una de las debilidades del estudio es la falta de una condición control sin explicación de referencia (ya que sin grupo control es difícil determinar si las explicaciones psicosociales aumentarían la empatía o si las explicaciones biológicas la redujeron per sé). Los investigadores sugieren que la falta de empatía se podría evitar si se transmitiera una idea más compleja que la explicación reduce a la biología como causa. Y es que «aun cuando la biología juega un papel importante, está en constante interacción con otros factores, y parece ser que las ‘anomalías’ biológicas no crean distinciones por sí mismas entre las personas con y sin trastornos mentales«.

Fuente: BPS Research Digest

Escrito por María Rueda

ResearchBlogging.org
Lebowitz MS, & Ahn WK (2014). Effects of biological explanations for mental disorders on clinicians’ empathy. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 111 (50), 17786-90 PMID: 25453068