La relación entre la depresión y la autocompasión

En la consulta del psicólogo es frecuente encontrar a personas tremendamente duras consigo mismas. Aunque es palpable que el sufrimiento emocional que muestran es muy grande, tienden a juzgarlo, no permitirlo o minimizarlo. De hecho, si les planteamos que traten de este modo a otra persona que no sean ellos mismos, suelen verlo como algo escandaloso. Jamás pensarían de otro en el modo en que piensan de sí mismos.

Cuando vemos comportarse a las personas así consigo mismas es fácil determinar que son mucho más compasivos con las personas que les rodean de lo que pudieran imaginar ser hacia sí mismos. Posiblemente  hayan aprendido que esta forma de tratarse les ayuda a sobreponerse a los momentos difíciles, o a ser más exigentes, no relajarse, a no flaquear… Sin embargo, es posible que esta falta de compasión hacia uno mismo les esté poniendo en riesgo de ciertos problemas psicológicos.

extraída de www.spring.org.uk
extraída de www.spring.org.uk

En un reciente estudio realizado por investigadores de Alemania y Canadá, han valorado la relación entre la autocompasión y el verse inmerso en una depresión. En varias investigaciones realizadas a este respecto se encuentra una relación negativa entre la autocompasión y los síntomas depresivos, es decir, cuanto más compasivos somos con nosotros mismos, es probable que tengamos menos síntomas depresivos.

El concepto de autocompasión

¿Pero a qué nos referimos con “autocompasión”? En nuestra sociedad, el ser compasivo no siempre tiene exclusivamente un significado positivo, sino que también puede tener algún tinte negativo, haciendo que la persona que estuviera necesitada de compasión fuera débil, o dependiente o poco capaz. Probablemente el hecho de que al pensar sobre ello nos despierte esta sensación tiene también mucho que ver con las dificultades que podemos tener para aplicarlo a nosotros mismos.

La autocompasión, sin embargo, se define de forma muy clara y no conlleva estas valoraciones. La autocompasión sería la posibilidad de tener una actitud sana hacia uno mismo en los momentos de lucha. Esta actitud, además, se compondría de varios sub-componentes.

En primer lugar, la amabilidad hacia uno mismo en contraposición a una actitud de juicio sobre nosotros mismos. En este sentido, la amabilidad se refiere a cuidarse, comprenderse y aceptarse. Ser “juzgador” de uno mismo, por el contrario, consistiría en una autocrítica excesiva así como ser demasiado duro con uno mismo.

El segundo componente de la autocompasión sería el de la sensación de pertenencia a un grupo humano contrapuesto a la sensación de aislamiento. Este componente se manifestaría de modo positivo en el sentido de poder conectar con otros en los momentos de sufrimiento.

Por último, el tercer componente de la autocompasión se encontraría en el posicionamiento hacia los sentimientos negativos. En un polo positivo encontraríamos la autoconciencia y atención a éstos (mindfullness). La postura que tomamos en este polo hacia nuestro propio sufrimiento sería de permitir, sin regodearnos en ello, el sentir emociones negativas con el fin de poder balancearlas. Por su parte, en el polo negativo aparecerá una sobreidentificación con los sentimientos y emociones negativas.

La relación entre depresión y autocompasión

Teniendo estos componentes en cuenta, así como la definición global de la autocompasión, parece claro que el hecho de ser más autocompasivo puede funcionar como un protector contra la depresión. El estudio anteriormente mencionado así como varios anteriores corroboran este hecho, tanto en población general como en pacientes con cuadros depresivos. Como curiosidad, digna de tener en cuenta, de los factores anteriormente comentados que estarían componiendo la autocompasión, el que se mostró más peligroso para desarrollar una sintomatología depresiva era el de sentirse aislado, desconectado del mundo y sin posibilidad de compartir nuestro sufrimiento con otros.

La idea de que la autocompasión nos hace débiles desde luego va muy en contra de la que nos dice que la compasión habría de ponerse en marcha en tiempos de dificultades. Cuando necesitamos de ella, es porque ya estamos luchando. En ocasiones, aprender a apoyarnos en otros o a ser menos duros con nosotros mismos es precisamente la clave para que salgamos indemnes de estas situaciones complicadas. Ser demasiado duros con nosotros, al final, es lo que nos hace frágiles.

ResearchBlogging.org

Körner A, Coroiu A, Copeland L, Gomez-Garibello C, Albani C, Zenger M, & Brähler E (2015). The Role of Self-Compassion in Buffering Symptoms of Depression in the General Population. PloS one, 10 (10) PMID: 26430893

 

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

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