El dolor emocional: los efectos de la tristeza sobre el cuerpo

¿Alguna vez has sentido el dolor de ser rechazado? ¿Esa punzada cuando sufres un desamor? ¿Cuándo te has sentido aislado de un grupo?

Fotografía extraída de brujulacuidador.com

La forma en la que culturalmente concebimos la razón separada de la emoción lleva en algunas ocasiones a una desconexión de los procesos que producen el dolor físico y de los del dolor emocional.  El primero de ellos será generado por un daño tisular o por una enfermedad, el segundo parece ser algo más místico, sólo descrito en las canciones y la literatura. En esta forma de concebir el mundo, parece que el dolor físico tiene más de realidad que el dolor emocional.

Sin embargo, la investigación en psicología puede dar lugar a una nueva forma de plantearnos cómo funciona el dolor emocional. El hecho de que las manifestaciones culturales a lo largo de los siglos hayan dado lugar a símiles entre lo que se siente cuando sufrimos dolor emocional y físico no es pura casualidad, parece que ambos son muy similares, al menos en la realidad de nuestra representación neural.

En un estudio de revisión realizado por Esther Meerwijk, de la Universidad de California, se concluye que los circuitos cerebrales de ambos tipos de dolor se solapan. Tal y como se muestra en otra investigación (Smith, 2011) esto no sólo ocurre en las áreas cerebrales relacionadas con el componente puramente afectivo del dolor, sino también en las zonas relacionadas con la percepción somática del mismo.

¿Por qué podría ocurrir esto? Aunque tenemos cierta tendencia a rechazar la “veracidad” del mundo emocional, desde la lógica del dolor, cuya función es evitar peligros posibles, evolutivamente el hecho de ser rechazado socialmente puede resultar igual de peligroso para nuestra vida que una enfermedad o una herida en nuestro cuerpo.

Pero el dolor no es el único síntoma físico de la soledad. También afecta a la percepción de la temperatura, hecho que en ocasiones se representa en la cultura, con analogías sobre la fría soledad o el calor del acompañamiento. Cuando en los experimentos se provoca o invoca una sensación de rechazo y aislamiento, los participantes estiman que la temperatura de la habitación es menor y eligen comer y beber productos calientes. Esta relación aún va más allá, puesto que la propia temperatura corporal baja, no sólo nos parece frío exterior.

Pero la forma en que la emoción producida por sentirse aislado o rechazado afecta a nuestro cuerpo no termina ahí. Se comprobó que las personas que se percibían solas y aisladas tienen también una respuesta especial a nivel de expresión génica. Se aumenta en ellas la activación de vías proinflamatorias, motivo por el cual tienden a ser más propensas a desarrollar enfermedades relacionadas con la inflamación. Además, cuando se trata de investigar la relación entre aislamiento y enfermedad, el sistema inmune se ve también afectado, siendo menos capaz de responder a enfermedades como el resfriado común o la gripe.

Las formas en las que se sufre el dolor del rechazo, la soledad, la tristeza, en ocasiones nos resultan tan íntimas que podemos mantenerlas ocultas y nos hacen sentir vergüenza. En ningún caso trataríamos de ocultar de la misma manera las heridas o una enfermedad puramente física. Quizá un primer paso será concebirlas como procesos de la misma utilidad, para así poder mostrarlas y pedir ayuda de la misma forma.

 

ResearchBlogging.orgCole, S., Hawkley, L., Arevalo, J., Sung, C., Rose, R., & Cacioppo, J. (2007). Social regulation of gene expression in human leukocytes Genome Biology, 8 (9) DOI: 10.1186/gb-2007-8-9-r189

Ijzerman H, Gallucci M, Pouw WT, Weiβgerber SC, Van Doesum NJ, & Williams KD (2012). Cold-blooded loneliness: social exclusion leads to lower skin temperatures. Acta psychologica, 140 (3), 283-8 PMID: 22717422

Kross E, Berman MG, Mischel W, Smith EE, & Wager TD (2011). Social rejection shares somatosensory representations with physical pain. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 108 (15), 6270-5 PMID: 21444827

Meerwijk EL, Ford JM, & Weiss SJ (2013). Brain regions associated with psychological pain: implications for a neural network and its relationship to physical pain. Brain imaging and behavior, 7 (1), 1-14 PMID: 22660945

 

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

 

3 comentarios en “El dolor emocional: los efectos de la tristeza sobre el cuerpo

  1. La fortaleza no la conseguimos con la acumulación de los años, porque nuestra capacidad de aguante va disminuyendo con el tiempo, no soportamos igual los sufrimientos y las penas, y como los padecimientos son inevitables para todo el mundo, de las cosas malas nadie está libre, un pequeño contratiempo en la madurez puede hacernos tambalear y venirnos a bajo, lo mismo que una gran tragedia de cuando éramos más jóvenes, y es como si fuera la gota que hiciera rebosar el vaso. Ya no soportamos igual, la falsedad, la mentira, el desengaño, y preferimos vivir mejor con nosotros mismos…

    El dolor se hace más soportable cuando se comparte, de ahí que el peor dolor es el que no se cuenta, aunque el propio dolor generalmente a nadie le importa, a nadie le viene a cuenta. Porque el dolor es como una bomba de relojería que tenemos adosada a nuestra alma, y nunca sabemos cuando le da por estallar. Te puede surgir en cualquier momento. Así que ante la mayor desgracia, la solución es desapegarse de todo aquello que nos puede quitar la energía y las ganas de vivir. Lo único bueno del dolor, es que te lleva a querer encontrar el por qué de las cosas, además que tiene fecha de caducidad como los yogures, y al igual que empieza… siempre termina.

    Cuando el dolor que se sufre es muy fuerte, tanto que no se puede aguantar, no hay tristeza solamente, sino además ira, trastorno y desesperación. Por eso la desesperación es una forma de negar la realidad, cuando asumirla supone aceptar un dolor insoportable. Y el cuerpo se rebela, se niega a aceptar la verdad, y entonces el sentimiento sale con furia, y la desesperación se rebela contra la posibilidad de la existencia de un consuelo. Aunque el dolor sea egoísta, porque el que lo tiene solo piensa en el suyo, también es un privilegio de los vivos, de los que tienen emociones.

    En el dolor más profundo, podemos tener consuelo si en la tristeza nos dan un alivio al deshago, algo a lo que aferrarnos. La esencia última del dolor, que no es otra cosa que la rotura que ocasiona la impasibilidad de la carne a la mente, es decir hacia uno mismo. Por lo que el dolor que es compartido genera conmiseración ajena, y a su vez intimidad de la nada, que si no fuera por ello no surgiría nunca una relación más profunda.

    El dolor tiene como causa una emoción negativa, que está ligada a una situación mala que no aceptas y que vives con ella, provocándote sufrimiento, y que puede ser razonado con un pensamiento. Por eso el dolor tiene un fin, porque vale para marcarnos que algo no va bien y nos indica un problema, que en consecuencia debe ser solucionado. Todos los dolores pueden ser mejor soportado si escribimos sobre ellos, y los convertimos en una historia que se pueda leer por los demás. No te aflijas por tus males porque todo después de pasado un tiempo deja de importar y de doler… Entonces si tus males no tienen remedio, para qué te afliges, y si tienen solución como más razón no debes afligirte.

    A cierta edad, cuando llegas a la madurez, etapa entre los 50 y 70 años, ya no tienes el mismo aguante y paciencia con lo malo que te pasa, porque ya no deseas soportar ciertas cosas y determinadas personas por miedo a perder lo que tienes o verte en la soledad, valoras más la tranquilidad, la paz y la buena compañía. Ya no necesitas mostrarte como alguien bueno para venderte a los demás, para ser aceptado, no te haces ilusiones vanas, para lograr que te quieran, simplemente vives contigo mismo tal y como eres, y ya no vas detrás de nadie que no te quiere aunque puedas quererle, porque detestas la deslealtad, la ingratitud y la traición… Ya no soportas igual que de joven la mentira, la falsedad, la hipocresía, la inmoralidad, la vanidad ajena, y los halagos baratos, te dan asco los pedantes, lo que van dándoselas de mejores que los demás y mostrando sus conocimientos sin ton ni son, aborreces la jactancia y la soberbia. Ni toleras mucho menos, las discusiones, las manipulaciones, los conflictos y las provocaciones, únicamente te apetece vivir con autenticidad y naturalidad, es decir, con gente que te quiera por ti mismo, aunque no des con ella, sin adornos ni frivolidades.

    ARTURO KORTAZAR AZPILIKUETA MARTIKORENA ©

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos necesarios están marcados *

Puedes usar las siguientes etiquetas y atributos HTML: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>