¿Por qué por la noche todo parece más intenso? (y qué puedes hacer antes de dormir)

Muchos de nosotros lo hemos vivido: llega la noche, te acuestas, y cuando por fin todo está en silencio… la mente empieza a activarse.

Pensamientos que durante el día estaban más en segundo plano aparecen con más fuerza. Preocupaciones que parecían manejables se vuelven más intensas, o empiezan a surgir ideas que ni siquiera habían aparecido antes. En ocasiones incluso se acompañan de esa sensación física de inquietud o tensión que hace difícil relajarse.

Y claro, ahí es fácil pensar: “¿por qué ahora?” o “¿por qué me pasa esto justo cuando quiero dormir?”

En muchos casos, no tiene tanto que ver con que estés peor, sino con que tu cerebro, en ese momento, ya no tiene distracciones externas y se queda más a solas con todo lo que ha ido acumulando durante el día.

Qué hace el cerebro cuando dormimos

Dormir no es simplemente “apagar”. De hecho, el cerebro sigue bastante activo, sobre todo con dos cosas: la memoria y las emociones.

Mientras dormimos, estructuras como el hipocampo y la corteza van reactivando experiencias del día, ordenando la información y ayudando a que se almacene. Y, al mismo tiempo, las áreas más emocionales, como la amígdala, también participan en ese proceso.

Hay un detalle interesante aquí: durante algunas fases del sueño, especialmente el sueño REM, disminuyen sustancias relacionadas con el estrés, como la noradrenalina. Eso hace que el cerebro pueda “volver” a esas experiencias, pero en un contexto más calmado, menos reactivo

Por eso, lo que un día se vive como muy intenso, al día siguiente suele sentirse algo más manejable. No desaparece, pero sí está más integrado.

Entonces, ¿por qué a veces empeora por la noche?

Si el sueño ayuda a procesar emociones, puede parecer raro que justo antes de dormir todo se active más.

Pero tiene bastante lógica.

Durante el día estamos ocupados: hablamos con gente, hacemos tareas, nos distraemos… Eso hace que muchos pensamientos se queden en segundo plano. Por la noche, en cambio, todo eso desaparece y queda más espacio para que aparezca lo interno.

Aquí entra un punto importante. Durante el sueño, especialmente en ciertas fases, el cerebro puede reactivar experiencias con una menor activación del sistema de alerta, como dijimos antes, lo que facilita que esos recuerdos se “reprocesen” de forma más calmada.

Sin embargo, si te acuestas dándole vueltas a algo, ocurre casi lo contrario justo antes de dormirte. Ese pensamiento llega ya con carga emocional, activa el sistema de alerta y el cerebro lo interpreta como algo prioritario. Es como si se encendiera una especie de “alarma interna” que señala: esto es importante, no lo pierdas de vista.

En ese estado, el cuerpo no termina de entrar en modo descanso, y ese contenido queda especialmente activado. Por eso no solo cuesta más desconectar, sino que ese pensamiento tiene más probabilidades de mantenerse presente e incluso de ser uno de los que el cerebro siga trabajando durante la noche.

No es tanto que estés peor. Es que te estás yendo a dormir con el sistema activado en dirección contraria a lo que el propio sueño intenta hacer después.

Un pequeño recurso que puede ayudar

En este punto, puede tener sentido introducir algo sencillo antes de dormir. No tanto para “dormirte rápido”, sino para no añadir más ruido.

Una opción es utilizar una imagen mental repetitiva. Por ejemplo, imaginar que entras en un ascensor y empiezas a bajar poco a poco, piso a piso. Mientras tanto, puedes repetirte una frase sencilla:

“Este pensamiento puede esperar”.

No es una frase mágica. Y tampoco va a hacer que desaparezca lo que te preocupa.

Pero sí hace algo importante: cambia la forma en la que te relacionas con ese pensamiento en ese momento. No lo estás ignorando, pero tampoco te quedas enganchado a él.

Además, al combinar la imagen con la frase, le das a tu mente algo más neutro a lo que agarrarse, en lugar de seguir alimentando el mismo bucle.

Cómo mejorar el manejo de nuestro sueño

Si el cerebro va a seguir procesando información durante la noche, lo que haces justo antes de dormir influye en cómo empieza ese proceso. No se puede controlar todo lo que ocurre mientras dormimos. Pero sí es posible evitar entrar en ese momento desde un estado de activación muy alto.

Muchas veces, esa parte de ti que se activa por la noche no está fallando. De hecho, suele ser una parte bastante responsable: intenta anticipar, recordar, que no se te pase nada.

El problema es el momento.

A las tres de la mañana, normalmente no tienes muchos recursos para resolver nada. Solo tienes más cansancio. Por eso, más que luchar contra esa parte, puede ayudar reconocerla… y decirle algo así como:

“Esto es importante, sí. Pero ahora no.”

No necesitas resolver nada en ese momento.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Scroll al inicio