ADULTOS

Los problemas psicológicos han estado presentes a lo largo de toda la historia de la humanidad. En la mayoría de los casos, no implican una enfermedad ni una patología en sí misma, sino un desajuste entre los recursos personales de la persona y las demandas del entorno en el que se encuentra.

A lo largo de la vida, hay momentos en los que determinados comportamientos, pensamientos o emociones dejan de ser funcionales y comienzan a generar un malestar significativo o a interferir en el día a día. Es en estos momentos cuando puede ser necesaria la ayuda de un profesional de la psicología.

En terapia trabajamos con los comportamientos humanos en sentido amplio: aquello que hacemos, pensamos y sentimos. En algunos casos, el proceso terapéutico implica reducir conductas que mantienen el malestar (por ejemplo, el aislamiento en una depresión), aumentar conductas más adaptativas (como retomar actividades gratificantes) y, en otros, aprender a aceptar situaciones que no pueden cambiarse, como el dolor ante la pérdida de un ser querido.

A partir de un análisis individualizado de cada caso —teniendo en cuenta todas las variables que influyen en el origen, desarrollo y mantenimiento del problema— se diseña un plan terapéutico personalizado. El objetivo del tratamiento es facilitar la readaptación de la persona a su entorno y dotarla de herramientas para afrontar de forma autónoma futuras dificultades.

En la etapa adulta, como en cualquier otra etapa vital, pueden aparecer diferentes dificultades psicológicas que generan malestar. En Cenit Psicólogos trabajamos desde un enfoque científico, cercano y colaborativo, entendiendo la terapia no solo como un espacio para reducir el sufrimiento, sino también para crecer, desarrollar recursos, tomar decisiones y promover el bienestar.

A continuación, se describen algunas áreas en las que pueden agruparse los síntomas que pueden aparecer en distintos momentos de la vida. Estas categorías se basan en clasificaciones diagnósticas actuales (como el DSM y la CIE), que utilizamos únicamente como herramientas de organización y comunicación profesional. Desde nuestro enfoque, entendemos que estos problemas no definen a la persona, sino que se trata de patrones aprendidos que pueden modificarse mediante una intervención psicológica basada en la evidencia.

Si experimentas alguno de los siguientes síntomas con una intensidad elevada o con una interferencia significativa en tu vida diaria, puedes ponerte en contacto con nuestro equipo.


Trastornos de ansiedad

Sensación persistente de inquietud o preocupación excesiva, dificultad para controlar los pensamientos de alarma, reacciones intensas ante situaciones cotidianas, irritabilidad, palpitaciones, sensación de ahogo, opresión en el pecho, temblores, sudoración, mareo o miedo intenso a perder el control o a que el malestar se repita.
También pueden aparecer miedos intensos y desproporcionados a situaciones concretas, objetos, animales o contextos sociales, que llevan a evitar determinadas situaciones y limitan la vida diaria.
En otros casos, tras una experiencia altamente estresante, pueden aparecer recuerdos intrusivos, hipervigilancia, dificultades para dormir, problemas de concentración y desconexión emocional.


Trastornos del estado de ánimo

Sensación persistente de tristeza, vacío o desánimo, pérdida de interés por actividades habituales, fatiga, dificultades de concentración, alteraciones del sueño y del apetito, disminución del deseo sexual o sensación de lentitud física y mental.
En el polo opuesto, pueden aparecer periodos de euforia, aumento excesivo de energía, impulsividad, disminución de la necesidad de dormir, verborrea o conductas de riesgo.


Trastornos de la conducta alimentaria

Preocupación intensa por el peso, la figura o la imagen corporal, conductas restrictivas, control excesivo de la comida o del ejercicio físico, pérdida de peso significativa o sensación persistente de insatisfacción corporal.
También pueden darse episodios de ingesta compulsiva acompañados de sentimientos de culpa y conductas compensatorias, así como dificultades emocionales y relacionales asociadas.


Trastornos somatomorfos y conversivos

Presencia de síntomas físicos o sensaciones corporales (dolor, molestias gastrointestinales, fatiga, etc.) sin una causa médica que los explique y que generan un malestar significativo o una interferencia en la rutina diaria.
En algunos casos, existe una preocupación constante por padecer una enfermedad grave o la aparición de alteraciones motoras o sensoriales sin explicación médica.


Trastornos del sueño

Dificultades para conciliar o mantener el sueño, dormir en exceso o sentir que el descanso no es reparador, con un impacto directo en el funcionamiento diario.


Trastornos sexuales

Dificultades en la respuesta sexual que generan malestar personal o en la relación de pareja y afectan al disfrute de la vida sexual.


Trastornos del control de impulsos

Dificultad para resistir la realización de conductas perjudiciales que ocupan gran parte del tiempo, generan consecuencias negativas en distintas áreas de la vida y se realizan pese a ser conscientes de sus efectos.


Trastornos de la personalidad

Patrones de comportamiento rígidos y persistentes que se mantienen desde la adolescencia o adultez temprana, generan una importante desadaptación en las relaciones y el entorno, y se intensifican especialmente en situaciones de estrés emocional.

Uso de cookies

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies
Show Buttons
Hide Buttons
Scroll al inicio