Un Yo Expuesto

Hoy día, pasamos gran parte de nuestro tiempo delante de la pantalla de un ordenador actualizando los estados de las redes sociales. Los cambios producidos en la telefonía móvil actual han hecho que una conversación ni siquiera tenga que ser necesariamente finalizada para estar permanentemente unida a ella, de manera online. Nuestras agendas electrónicas nos organizan el tiempo casi mejor que nosotros mismos. Buena parte de ello, sin duda, se debe a la gran cantidad de información personal que volcamos en estos dispositivos.

Luis Manuel Ariza recoge muchos de estos hábitos para sintetizarlos en un artículo (Los datos que hay en mí) que ha sido publicado este domingo en el suplemento de El País Semanal. Se hace eco de un mundo en progresiva tecnificación, en donde la persona va consintiendo la facilitación de información a todos estos dispositivos para, por ejemplo, organizar un horario acorde con las actividades de la persona o marcar un plan de ejercicios que tenga en cuenta  el número de calorías consumidas y el estado de ánimo de la persona. Las formas de aplicación son infinitas.

El autor lanza una serie de reflexiones entre las que se encuentra  la máxima con la que finaliza el texto: “no hagas (con la tecnología) lo que no quieres que se sepa”. Es decir, nos coloca a nosotros la responsabilidad de saber gestionar nuestra información personal, en un contexto en donde la propia intimidad ha quedado al descubierto. En ese sentido, educar a las personas no sólo en el correcto uso de cada uno de los dispositivos que hacemos (o que haremos en un futuro) como también en poner límites en la exposición de la información en la nuevas tecnologías puede tener importantes consecuencias tanto en la preservación de nuestra intimidad como en la construcción y diferenciación de la identidad individual.

Y sin embargo, en esta sociedad  en la que tenemos el acceso a la información de los otros a toque de click y en la que se nos aboga por la necesidad imperiosa de compartir con los demás lo que nos ocurre, ¿cómo podemos hacer para resguardar nuestra intimidad? ¿Podemos realmente establecer unos límites claros entre lo que podemos compartir y nuestros datos personales? ¿somos más dependientes que hace unos años en cuanto a su uso?

Os dejo esta vez que concluyáis el texto con vuestras propias conclusiones.

Fuente: El País Semanal.

 

Escrito por David Blanco Castañeda.

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