Si tu hijo o hija va a terapia, evita decirle esto

Habitualmente, los padres acuden a un psicólogo para sus hijos como último recurso, tras haber hecho grandes esfuerzos e intentos por mejorar la situación. Cuando se inicia el trabajo terapéutico, los padres pueden sentirse indefensos, asustados, enfadados e incluso avergonzados. En este estado de cierto agotamiento y desesperanza, pueden transmitirle cosas a sus hijos acerca de la terapia un tanto contraproducentes. A continuación, citamos algunos comentarios que los padres y madres hacen a sus hijos comúnmente, los cuales no suelen ser útiles en el proceso terapéutico. Ser padre puede llegar a ser muy estresante, por lo que no se trata de juzgar o culpar por decir algo poco recomendable. A diferencia de esto, la clave está en aprender de los errores y apoyar a los hijos de la mejor manera que se pueda.

  •   “El psicólogo (o la psicóloga) va a ayudarte con tus problemas, tú necesitas ayuda”.
    Foto: phillypsychology.com
    Foto: phillypsychology.com

    Debemos tener cuidado con este tipo de afirmaciones, pues podemos tender a patologizar al niño y hacerle sentir vergüenza. Se da a entender que el niño tiene la culpa y que la terapia es el castigo por actuar o comportarse de forma indeseada.

  • “Nosotros no podemos ayudarte más porque tu problema es demasiado grande”. Del mismo modo, esta frase envía un mensaje no deseado de que la problemática es demasiado grave y los padres no son capaces de controlarme a mí y a mis problemas. Mejor decir: “Vamos a trabajar y ocuparnos juntos de estos problemas”.
  • “Tenemos que ir a la terapia porque tu padre o tu madre nos ha abandonado”. En este caso, este tipo de comentarios genera bandos, una mentalidad del “nosotros contra él o ella”. Una alternativa más útil para tu hij@ será: “Vamos a hablar con una persona que pueda ayudarte a hablar y entender los cambios en nuestra familia.” “Vamos a acudir a un psicólogo que pueda ayudarte a hablar de tus preocupaciones y tus sentimientos, porque estamos pasando por un momento difícil”.
  • “Tienes que ir a terapia porque desde el divorcio has estado realmente emotivo y eres difícil de tratar”. Esta declaración genera culpa en el niño y no le da alternativas de expresión emocional. Un comentario más acertado sería: “Mamá y yo hemos notado que nuestro divorcio ha sido muy duro para ti y pensamos que sería de gran ayuda para todos tener una ayuda extra”
  • “Si no me haces caso ahora, voy a llamar a tu terapeuta!” ó “tu psicólog@ va a estar tan decepcionado contigo por esto…”. Este tipo de declaraciones son potencialmente perjudiciales para el niño porque le dificulta sentir confianza y seguridad con el profesional, especialmente si sienten que es “ellos contra mí”. La terapia es un lugar seguro y neutral para que los niños exploren sus preocupaciones, sentimientos, comportamientos y su mundo.

A veces los padres también hacen algunas declaraciones al psicólogo que, si bien su intención es compartir información valiosa o alentar a sus hijos a hablar, estos comentarios suelen causar vergüenza en los niños. Sienten que sus padres hablan de ellos y no tienen ningún control sobre la información personal que se comparte sobre ellos. Ejemplos de esto podría ser: “cuéntale al psicólogo que ha pasado hoy en el colegio”, o directamente lo explican ellos.

Esto, de nuevo, hace que la terapia parezca un castigo. En cambio, la terapia no es una sanción y el psicólogo tampoco está molesto con los niños por su comportamiento. Es mejor dejar que los niños expresen en sus propias palabras lo que pasó y cómo fue la experiencia para ellos. En general, es importante ser conscientes de los comentarios que se hacen directamente a los hijos y los que se hacen al terapeuta cuando están los niños presentes. A veces olvidamos que los niños tienen una gran capacidad para escuchar. Algunos padres muestran sus frustraciones por tener que gastar dinero en terapia y emplear tiempo en traer y llevar a su hijo a la misma. Los niños recogen estas frustraciones y sentimientos negativos.

Ser padres es estresante. Es especialmente estresante y difícil cuando tu hijo necesita terapia. Pero las palabras son poderosas. Y pueden afectar el modo en que tu hijo se siente acerca de la terapia y de sí mismo.

Los padres pueden ayudar a su hijo en el proceso mediante el refuerzo de que la terapia no es un castigo, ni tampoco es porque los hijos (ni los padres) han fallado de alguna manera. La terapia es un lugar seguro para encontrar apoyo y a un adulto imparcial dispuesto a escuchar, no es un lugar para juzgar.

Fuente: Psychcentral.com

Escrito por María Rueda

La utilidad de la vergüenza

El ser humano está preparado para sentir emociones que tienen una función concreta para su supervivencia; en su estar en el mundo. Durante mucho tiempo, la cultura en la que estamos inmersos ha minusvalorado la conducta emocional. Ha separado la emoción y la razón llevando a unas costumbres que negaban la parte más emocional de las personas.

Algunos paradigmas científicos más modernos, sin embargo, alzan la voz en contra de esta drástica separación y proponen una mayor conciencia y educación emocional. A pesar de esto, el avance en este sentido es lento y es frecuente ver personas con dificultades para entender su propio mundo emocional. Cuando se trata de emociones negativas, habitualmente negamos su existencia o evitamos sentirlas.

En ocasiones nos gustaría comenzar a realizar alguna actividad nueva, crear algún hábito o mejorarnos a nosotros mismos en algún aspecto. No obstante, muchas veces es difícil encontrar la motivación o nos cuesta organizar las tareas a lo largo del día para encajar esta nueva afición. Sin embargo, en otros momentos, es algo algo diferente lo que nos paraliza. Muchas veces hemos escuchado a personas que querrían comenzar algunas actividades o aprender ciertas cosas, pero dicen que les produce vergüenza comenzar a hacerlas; “siempre he querido hacer teatro, pero a mí edad empezar con esas cosas…”.

sentimiento de vergüenza
Extraída de www.espiralsantacruz.com

Cuando nos enfrentamos a emociones complejas como la vergüenza, puede ser útil conocer el funcionamiento de las mismas. Casi siempre que hemos sentido emociones negativas se nos pregunta (y nos preguntamos a nosotros mismos) por qué estamos sintiendo eso. Sin embargo, aunque esto puede ser importante en algunas ocasiones, la verdadera pregunta que sería bueno hacer cuando tenemos sentimientos negativos es “¿para qué estoy sintiendo esto?”.

En este “para qué” es precisamente en lo que ha incidido el estudio realizado por Brian Lickel y sus colaboradores, de la universidad de Massachusetts, publicado el año pasado en la revista Emotion, respecto a los sentimientos de vergüenza y culpa.

Estos autores se basan en que los sentimientos negativos motivan al ser humano a realizar cambios hacia un sí mismo mejor. Antes de realizar un cambio importante, ajustar nuestros valores personales e incluso comenzar un proceso terapéutico, generalmente se presentan sentimientos muy negativos que hacen que se quiera ser de otra manera; adquirir un “yo” mejorado.

El arrepentimiento, la culpa o la vergüenza se consideran sentimientos negativos autorreferenciales, lo que implica que están dirigidos hacia uno mismo. Sin embargo, estos investigadores hallaron que existen diferencias entre las funciones de este tipo de sentimientos, dependiendo de cual estemos experimentando. En concreto, el sentimiento que nos lleva a querer cambiarnos es la vergüenza. La culpa, por su parte, llama más a una necesidad de reparación del daño hecho. El primer sentimiento llevaría a una necesidad de alejarnos de la situación mientras que el segundo no nos invitaría a huir sino a tratar de quedarnos, o volver, para solucionar la situación que nos produce culpa.

En este mismo estudio se plantea que la vergüenza puede tener, por otra parte, un doble filo. Sería un gran motivador por su capacidad de incitar el movimiento hacia el cambio de nosotros mismos, pero por otra, es una emoción tan potente que es capaz de paralizarnos fácilmente. En ocasiones es la misma capacidad de autorregularnos la que implica una responsabilidad tal que nos abruma y nos paraliza.

Conociendo esta información, la pregunta que será mejor que nos hagamos una vez sintamos que la vergüenza nos paraliza será: “¿quiero ser la persona que estaría en la situación que nos produce esta vergüenza?” Si este sentimiento está efectivamente cumpliendo su función, nos responderemos que no queremos ser esa persona y podremos encontrar el camino que nos lleva a ese nuevo yo con el que nos sintamos más a gusto y conformes, asumiendo la carga de autorregularnos a cambio de ser mejores para nosotros mismos.

 

Fuente: http://www.apa.org/pubs/journals/emo/

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org
Lickel, B., Kushlev, K., Savalei, V., Matta, S., & Schmader, T. (2014). Shame and the motivation to change the self. Emotion, 14 (6), 1049-1061 DOI: 10.1037/a0038235

 

 

Cosas que es mejor no decir: frases a evitar en la comunicación con tus hijos

Todos aquellos que son padres o madres se han visto alguna vez en la situación en la que aun habiendo dicho que “no” se encuentran sumidos en una discusión con su hijo o hija. Si a esto le añadimos un contexto en el que estamos cansados después de estar todo el día fuera de casa trabajando, es de entender que por nuestra boca se escapen frases que en frío sabemos que no deberíamos decir.

Extraído de elconfidencial.com
Extraído de elconfidencial.com

A pesar de que puede ser increíblemente difícil elegir nuestras palabras con cuidado en estos momentos, lo que decimos tiene un impacto significativo en nuestros hijos, sobre todo cuando se repite con regularidad. Si esas palabras habitualmente son duras o culpabilizadoras, se aumentan dramáticamente las probabilidades de que la relación con nuestros hijos sea complicada.

Aquí os mostramos tres cosas que debemos evitar decir a nuestros hijos:

 

  1. “Me estás volviendo loco/a!” Esta frase, y otras por el estilo, utilizan la culpa para motivar a nuestro hijo a cambiar su comportamiento. Sí, podemos sentir que nuestros hijos nos están impulsando a la pérdida de la cordura en ese momento, pero no es necesario que le informemos a ellos de esto. De hecho, expresar nuestros sentimientos de esta manera dramática y sin filtro puede empeorar la situación actual, y con el tiempo, generar un impacto negativo en la comunicación y relación. Además, estamos transmitiendo a nuestros hijos la idea de que son responsables de los sentimientos de las otras personas, algo que fomenta la baja autoestima y la ansiedad.
  1. “¿Por qué eres así?”  Al igual que con la primera frase que culpabilizaba, esta frase promueve la vergüenza para el cambio de comportamiento. Busca atribuir a un estado interno del niño la explicación a un acontecimiento, en lugar de reconocer que todas las situaciones son un producto complejo de muchos elementos, incluyendo nuestras propias percepciones, estados de ánimo, experiencias previas y expectativas. Por ejemplo, si sorprendes a tu hijo de cinco años de edad cortando en trozos su camisa favorita, podrías decir ¿por qué eres así? Pero está bien parar un momento y recordar que, sea cual sea la situación, las acciones de tu hijo son casi siempre un intento de satisfacer una necesidad percibida, como tu atención, o aprender información del medio y conocer dónde están los límites (qué pasa si hago X?), o simplemente necesitaba un poco de tela para su collage. Esto no quiere decir que no haya que censurar las acciones, consiste en no transmitir a los niños la idea de que son defectuosos y no centrar la atención en lo que está mal en ellos como personas, sino en lo que pueden hacer de manera diferente en el futuro para conseguir un resultado más positivo. Una vez más, debemos focalizarnos en los hechos concretos.
  1. “¡Si no haces X…, te vas a enterar!” Esta frase, y otras del estilo, utilizan el miedo para motivar al cambio. Debemos tener en cuenta de que estamos educando futuros adultos a los que dotamos de estrategias para su vida independiente. A través de nosotros, con nuestro ejemplo, les enseñamos que para conseguir lo que quieren es legítimo hacerlo a través de la intimidación. Por otra parte, este tipo de frases, es probable que con el tiempo erosionen la confianza y el respeto en la relación con nuestros hijos.

Lo que tienen en común estos tres ejemplos de frases “evitables” es que centran la atención en el niño como un todo, en lugar de en su comportamiento. En casi todas las situaciones, el problema en cuestión es lo que dijo el niño y/o hizo, y esto es lo que debe ser abordado. El uso de la vergüenza, la culpa o el miedo finalmente será contraproducente porque estas estrategias no se centran en el problema real (comportamiento), sino que expresan que el problema es tu hijo.

Podemos enseñar a los niños y adolescentes que su comportamiento es una opción, y debemos enfatizar que pueden aprender a tomar mejores decisiones. Hacer una mala elección no significa que sea una mala persona, significa que se ha equivocado y necesita más práctica y entrenamiento para hacerlo mejor la próxima vez.

Así que, ¿qué podemos decir en esos momentos difíciles con el fin de ayudar a nuestros niños a aprender a elegir mejor su comportamiento? Aquí os dejamos algunas alternativas de frases que podéis emplear en lugar de las “evitables”: “No me gusta este comportamiento, …”, “No me gusta cuando…”. Y lo más importante, después de eso, asegúrate de decirles por qué su comportamiento no es aceptable, y no olvides mostrarles qué podrían hacer diferente la próxima vez. Ayúdales a generar alternativas.


Fuente: psychologytoday.com

Escrito por María Rueda Extremera