Cuando nuestras vulnerabilidades pueden ser puntos de conexión.

 

Extraída de https://lamenteesmaravillosa.com
Extraída de https://lamenteesmaravillosa.com

En esta sociedad en la que vivimos, ser o mostrarse vulnerable tal cual está bastante mal visto, aumentando aún más el malestar propio de estas situaciones. Sentirse vulnerable hace referencia a un estado psicológico en el que somos conscientes de una herida emocional o malestar psicológico, que en determinamos momentos creemos no poder superar (no es cierto, pero en esos momentos lo sentimos así), y que nos educan consistentemente en ocultar, por miedo a que nos rechacen, que pueda suponer más malestar aún, o que los demás lo puedan aprovechar en nuestra contra. Tal vez, también, por que sentirla evidentemente nos hacemos sentirnos mal, nos inquieta, incomoda, y nos provoca ansiedad. De esta manera tenemos tendencia a construir máscaras de aparente fortaleza, actuando como si no nos ocurriese nada, evitando sentir (y mostrar) nuestra herida. Y al final pareciera como un globo sumergido en las profundidades del mar, que se esfuerza en quedarse sumergido y que cuando encuentra la forma de ascender lo hiciera de repente, con mucha fuerza y sin control, con lo que la expresión no es satisfactoria y los efectos para nosotros mismos y los demás son contraproducentes. Aprendiendo a que el dolor es mejor no expresarlo.

Lamentablemente, cuanto menos auténticos y abiertos nos sentimos al hacerlo, menos probabilidades tenemos de entrar en contacto con experiencias humanas satisfactorias y significativas, por que no sólo implica el poder expresar nuestra vulnerabilidad, si no en escuchar y acoger las experiencias dolorosas de los demás, reproduciendo el mecanismo de evitación y rechazo que repetimos con nosotros mismos, también con los demás, afectando a nuestras relaciones y vínculos más cercanos.

La vulnerabilidad en las relaciones

De este modo, la capacidad de exponernos a los otros y confiar en que nuestras amistades y relaciones acepten una versión de nosotros mismos sin filtro puede ser una tarea muy  desafiante, y más cuando la convivencia con la vulnerabilidad emocional representa un elemento central en cualquier relación sana a largo plazo.

A esto no ayuda que la expresión y sentimiento de la vulnerabilidad emocional se experimente de distinta forma entre hombres y mujeres, puesto que en su expresión afecta las normas y expectativas de la cultura y la distinta educación que hemos recibido por género. En el caso de los hombres, la expresión de la vulnerabilidad no está permitida y la mayoría de las conversaciones que giran en torno al tema tienden a adoptar una postura pragmática y poco empática de las emociones, centrándose más en la mera solución de problemas que en otra cosa.  En el caso de las mujeres, el sentimiento y expresión de la vulnerabilidad tampoco hay un permiso explícito pero se entiende más empatía, se entiende que deben de llevar el peso de sus emociones y gestionarlas por sí mismas por ello (o con otras mujeres). En pareja, cuando se intentan expresar estos sentimientos, suelen darse malentendidos en ese sentido; las mujeres sólo quieren acompañamiento y expresar sus emociones. No quieren soluciones. Los hombres, al haber recibido esa educación diferencial, en el momento que sienten que no pueden (o no saben) dar la respuesta que se supone que se espera de ellos, tienden a rechazar o evitar dichas comunicaciones para evitar sentirse inseguros. Provocándose un círculo de incomprensión y perpetuándose, también, la no expresión de vulnerabilidad en los contextos de pareja.

¿Qué podemos hacer?

En este escenario, aprender a tolerar y entrenarnos en la expresión emocional puede ser una llave que nos beneficia a todos directamente. Así,

  1. Mírate en el espejo (de la introspección). En nuestra vida estamos constantemente luchando por diversas situaciones y roles (trabajo, familia, estudio), siempre hacia objetivos claros y se nos enseña poco a darnos un tiempo para entendernos a nosotros mismos y las intenciones que motivan nuestras acciones. En efecto, implica tomarse tiempo para hacer un ejercicio de introspección y aprender a decirse y expresarse a sí mismo nuestros miedos, conflictos y ansiedades, para más tarde poder decírselas a los demás. Ayuda en muchas ocasiones poder narrar en una libreta nuestros pensamientos y centrarnos en lo que pensamos y hacemos cuando nos sentimos así.
  2. Practica la expresión y comunicación de sentimientos conflictivos y ambivalentes. Efectivamente, las vivencias tienen adheridas emociones y pensamientos no sólo en un sentido positivo y aprender a expresar estos sentimientos conflictivos y contradictorios, sin dar por hecho que las personas nos rechazarán, exponiéndose a decir las cosas cómo uno las piensa, ayuda a entender y fortalecer una conducta que permite tomar mejores decisiones en relaciones, y experimentar una aceptación y consuelo de nuestra propia vulnerabilidad. Pero siempre cuidando y eligiendo las personas que reciben nuestras palabras, pues no todos saben (o pueden) y es mejor hacerlo con personas que sí lo hacen.
  3. Entender la interdependencia de las relaciones. Crear una relación significativa con otra persona implica un equilibrio de independencia y confianza en la relación. Cada vez más (y más en el caso de los hombres) estamos siendo socializados para ser independientes, y confiar en los demás puede ser una expectativa menor. Entender las relaciones como un proceso de interdependencia, en donde entendemos y consideramos también las necesidades del otro, haciendo acciones que las respalden, permite conseguir nuestros objetivos, dentro y fuera de la relación.

Desnudarte emocionalmente es, posiblemente, la experiencia más íntima y enriquecedora de las relaciones, y aunque pensemos que solo nos provocará más dolor y sufrimiento, en realidad nos aliviará nuestros torbellinos internos, nos dará calma y nos ayudará a estar más en contacto con los demás. Al final, merece (y mucho) la pena.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today.

Formas de dar valor a las emociones de tus hijos

Comprender a tu hijo es tan importante como quererle y amarle. Al igual que hay muchas parejas, que pese a quererse, se separan porque nunca se han sentido comprendidos el uno por el otro, hay muchos niños y adolescentes que se sienten amados, pero no entendidos

Validar los sentimientos de tus hijos les ayudará a sentirse comprendidos. Esto significa aparcar por un momento tu ego y gran deseo de echarles el sermón. Validar los sentimientos de tu hijo también significa no juzgarle, sino simplemente reconocer sus sentimientos. Esto requiere gran concentración y disciplina como padres. El mejor ejemplo de disciplina que puedes darle a tu hijo tiene que ver con tu propia auto-disciplina para ser paciente, comprensivo y cariñoso, y más especialmente cuando tu hijo no está actuando precisamente de forma adorable. Contrariamente a lo que muchos padres frustrados pueden pensar, sobre todo durante los estresantes momentos de conflicto, la validación de los sentimientos no implica tolerar malas decisiones o ceder a la conducta desafiante.

Validar significa transmitirle a tu hijo un mensaje muy importante, que «sus sentimientos tienen sentido”. No sólo le das permiso para sentir lo que siente, sino que recoges y aceptas sus emociones de una manera no crítica. Validar a tu hijo expresa una gran empatía. Esto ayudará a construir su autoestima y reducir su comportamiento desafiante, que es a menudo la forma que tienen los niños de expresar que no se sienten entendidos. A continuación te sugerimos algunas formas de validar los sentimientos de tu hijo:

  • Comunícale tu intención de escuchar sin juzgar o culpar, e insístete a ti mismo si ves que te desvías de la deseada actitud empática.
  • Sé sensible a, y reconoce, lo difícil e incluso vergonzoso que es ser «diferente» cuando él o ella quiere ser como todos los demás.
  • Reconoce sus problemas y entiende que son importantes. Muchos niños y adolescentes expresan que en repetidas ocasiones sus padres minimizan, ridiculizan y obvian sus luchas y problemas.
  • Reflexiona sobre cómo se siente de mal cuando experimenta como si las paredes le comprimieran y lo abrumador que es cuando sus emociones parecen escaparse a su control.
  • Comprende cómo la vergüenza (a menudo imperceptible para los padres frustrados) puede influir en cómo se comporta el niño, aun lamentándolo más adelante.

Es importante recordar que si los niños se sienten validados, estarán en mejores condiciones para escucharte y cambiar sus propios comportamientos. Sé consciente de lo importante que es, no sólo para tu hijo, sino también para vuestra relación. La validación es crucial para la construcción de su autoestima a lo largo de su infancia y adolescencia, lo que promoverá una sólida salud emocional.

 

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda