Cómo facilitar la vuelta al cole en ocho claves

Hoy es el último fin de semana después de unas largas vacaciones de verano. Esta semana nuestros niños y niñas vuelven al colegio; pequeños, medianos, mayores y adolescentes han tenido variopintas experiencias de verano, ya que algunos han pasado su tiempo en casa con sus padres u otros familiares, otros en campamentos, algunos viajando y muchos otros una mezcla de todas las anteriores… Sin embargo, todos pasarán por una transición que afectará tanto a su ajuste como al de su familia durante el próximo año. Para muchos, la transición será suave, ya que los niños esperan con ansias un año escolar exitoso y añoran encontrarse con sus amigos y compañeros de clase. Para otros, lamentablemente este paso será duro, lleno de ansiedad, dolor por la separación y miedo respecto a un posible fracaso y temor social.

Foto extraída de amazon.com
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La vuelta al cole afecta no sólo a los niños y niñas, sino también a sus familias. Las rutinas familiares cambian y muchos padres y madres volverán a concentrarse en el trabajo mientras se mantienen expectantes, pero a menudo con ansiedad, sobre cómo les va a sus hijos. Si a los niños les va bien, los padres nos relajamos y compartimos la emoción y los sentimientos de éxito. Si la transición es difícil, nos preocupamos; a algunos padres la preocupación les hace sentir desmoralizados o enfadados. Sin embargo, el comienzo del año escolar ofrece a los padres y madres oportunidades para facilitar el ajuste inmediato de sus hijos y para ayudar a construir patrones de afrontamiento que durarán toda la vida. Los padres y madres pueden ayudar a sus hijos/as teniendo en cuenta los siguientes puntos:

  1. Comunicarse. La herramienta más importante para facilitar la vuelta al cole y que ayuda a los niños a manejar su estrés es la comunicación. Mantener un canal abierto de comunicación entre padres e hijos es clave. Los niños deben sentirse libres para hablar de sus esperanzas y sus decepciones, sus éxitos y fracasos, sus alegrías y sus ansiedades, todos con la confianza de que sus padres pueden manejar lo que oyen y responderán sin ansiedad ni reproches indebidos. Acepta lo que tus hijos sienten y luego podrás pasar a ayudarles a aprender a lidiar con esos sentimientos. Recuerda también que dicha comunicación no debe ser flor de un día, sino algo cotidiano y frecuente.
  2. Anticipar. La comunicación sobre el inicio del año escolar debe comenzar antes del día de vuelta. A partir de mediados de agosto, los padres pueden comenzar la conversación sobre el comienzo de curso, preguntando sobre qué anticipan para el próximo año, no sólo académicamente, sino también a nivel social, de hobbies y demás áreas. ¿Qué esperan, qué les preocupa, qué les ilusiona?
  3. La edad importa. El cómo hablamos con nuestros hijos, así como o que esperan y los miedos, difieren mucho según sus edades. Hacemos preguntas más sencillas y esperamos ser más activos con los niños pequeños. Sin embargo, tenemos cuidado de enfatizar sus fortalezas y no ser invasivos con los adolescentes.
  4. La complejidad es importante. También debemos considerar la complejidad de la experiencia escolar de nuestros niños. Se enfrentan no sólo a desafíos y logros académicos sino también a relaciones sociales complejas, tanto con compañeros como con profesores. Nuestros niños ven en el colegio escenas positivas de solidaridad y afecto, pero también muchas otras de intimidación y crueldad. Además, están las exigencias académicas. Los padres pueden tomar un papel activo en el aprendizaje sobre las diversas áreas, académica, social y afectiva, enseñándoles habilidades para afrontar las complejidades que surjan.
  5. Normalizar, cuando sea apropiado. Los comienzos de nuevas experiencias a menudo son difíciles, en la escuela, en el trabajo, en las relaciones… Es normal que los niños tengan temores y es normal que las transiciones sean áridas. Hacer saber a los niños/as que esto es así y que tenemos confianza en su capacidad para hacer frente a esto es una buena base para su acción posterior.
  6. Hacer frente a la sobreprotección. Muchos padres comprensiblemente tienen el deseo de resolver los problemas de sus hijos, con el objetivo de evitar que sufran. Sin embargo, esto no brinda la oportunidad que toda transición ofrece. Es mejor tener una conversación con nuestros hijos sobre cómo pueden hacer frente, cómo pueden manejar los retos académicos y las tensiones sociales, que ocuparnos nosotros mismos de estos asuntos. Enseñar y animar a los niños y niñas sobre cómo hacer frente les conllevará beneficios que duran mucho más tiempo que resolver por ellos sus problemas.
  7. La caja de herramientas de afrontar. Una manera de hablar con tu hijo o hija sobre cómo enfrentarse es conceptualizar esto como una caja de herramientas. Mostramos las herramientas de las que ya dispone, como por ejemplo, acudir a un adulto para pedir ayuda y le explicamos métodos nuevos, como usar pensamientos tranquilizadores o recordar otras situaciones en las que ha tenido éxito.
  8. Los maestros son nuestros aliados. Finalmente, animamos a los padres a recordar que los maestros son profesionales que se preocupan por el bienestar de nuestros niños/as. Hablar con los profesores de nuestros hijos, escuchar su perspectiva, dejarnos guiar y aceptar su ayuda cuando sea apropiado, es un ingrediente importante.

¡Buen comienzo de curso a tod@s!

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

 

Cómo el miedo al fracaso bloquea la toma de decisiones y la creatividad

Extraída de www.e-deaprendizaje.com (modificada)
Extraída de www.e-deaprendizaje.com (modificada)

En mundo actual, marcado por el cambio y la incertidumbre, el desarrollo de competencias como la creatividad y la toma de decisiones se ha convertido en un aspecto clave para las personas.

Potenciar estas cualidades es fundamental, tanto a nivel individual como en el mundo empresarial, educativo y/o social. Sin embargo, uno de los mayores impedimentos para conseguirlo, es el miedo al fracaso. Fracasar o no conseguir los resultados esperados, puede desencadenar sentimientos de frustración, decepción y vergüenza. A su vez, puede generar pensamientos de auto-desprecio, y hacer que las personas experimenten mucho malestar y acaben retirándose sin conseguir la meta. Si para no experimentar todo ello, dejamos de hacer, decidir, intentar nuevas formas, nos estamos olvidando de que fallar es una de las formas más naturales de aprender. Si enfocamos el error como forma de poner en marcha una nueva conducta más aproximada al objetivo que pretendemos, nos estaremos encaminando hacia la consecución del éxito.

Catherine Tinsley, Jason Schloetzer and Matthew A. Cronin (2017) han querido demostrar que cuando las personas están en una organización cuya cultura empresarial asume la equivocación como parte del riesgo y anima a sus trabajadores a aprender del error y arriesgar, la confianza, productividad, autonomía y creatividad de los empleados aumenta. Para ello, han llevado a cabo numerosos experimentos. En uno de ellos, puesto en marcha en una gran compañía cuya fuerza de ventas operaba en varios países, seleccionaron aleatoriamente a un grupo de personas de cada país y les mostraron un vídeo corporativo de la empresa en el que se verbalizaba este contenido: “todos los que hemos triunfado también hemos sentido el escozor del fracaso. Las únicas personas que nunca fallan son las que no intentan nada lo suficientemente difícil. Los contratiempos, golpes, errores son parte normal del día a día en la jornada de cada uno de nosotros, tanto en los negocios como en la vida. Recuerda que lo importante es impulsarse a través del error”. Los resultados del experimento mostraron que tras la visualización las ventas de esas personas aumentaron un 22% sobre las que no recibieron el mensaje. Estos investigadores han hallado, en sus experimentos, que los trabajadores inmersos en culturas empresariales que admiten y aceptan el fracaso tienden a ser 17% más innovadores, 21% más arriesgados a la hora de afrontar retos y un 10% más autónomos en la resolución de problemas. La conclusión que ellos plantean es clara, “es necesario asumir la paradoja de que para triunfar hay que fracasar”.

Por ello, como empresarios, como trabajadores, como padres, como educadores o como personas de a pie, podríamos tener en cuenta los resultados de este experimento y aplicarlos. Extrapolarlos a todas las áreas de la vida y en todos los ciclos de la misma, con todo lo que ello conlleva. Y, concretamente en el ámbito de la educación, como profesores y padres, deberíamos alentar a nuestros hijos y alumnos a arriesgarse, a reformular el error como parte del riesgo y como oportunidad para aprender nuevas conductas más precisas y enfocadas al éxito. Y para ello, revertir la tendencia a la sobreprotección, dejar de ser toda la tipología de padres sobreprotectores que bien enumeró Carlos Manuel Sánchez (2016), tanto los buldozer (que allanan tanto el camino de sus hijos para que éstos no encuentren obstáculos) como los padres tigre (padres estrictos y con altas expectativas para los hijos sobre los que ejercen excesivo control). Hoy en día, más que nunca, necesitamos jóvenes que afronten retos y sean creativos.

Para conseguir todos estos objetivos, lo esencial es asumirlo a nivel personal, y cambiar nuestra visión de los errores, propios y ajenos, conformar un nuevo discurso más positivo y alejado del miedo y animarnos, cada día, a hacer algo de manera distinta y a ampliar nuestros horizontes y miras.

Escrito por Sara Reyero Serret

Fuentes:

  • Catherine Tinsley, Jason Schloetzer and Matthew A. Cronin (2016). In celebration of the F Word. The Georgetown University McDonough School of Business. Psychology Today.
  • Carlos Manuel Sánchez (2016). La sobreprotección de los padres, a examen: ¿quién dijo miedo? XL Semanal

Cómo hacer que tus hijos se sobrepongan a las situaciones difíciles (parte II)

En el post de la semana pasada comentamos estrategias para promover la resiliencia en los niños. Como explicamos, durante la infancia y la adolescencia los niños, al igual que los adultos, se encuentran con momentos difíciles. Cuidar y proteger a nuestros hijos e hijas es natural y necesario para que éstos tengan un buen desarrollo, pero quisimos advertir de los peligros de la sobreprotección, ya que lejos de salvaguardarlos del sufrimiento les hace más vulnerables y les impide la adquisición de herramientas fundamentales para sobreponerse. Bien podría resumirse en que caerse y sufrir es inevitable, lo importante es saber levantarse. Para ayudar a tu hijo a que aprenda eso tan importante, os damos unos cuantos consejos complementarios a los de la semana pasada.

Evita los “¿por qué?”. Los “por qué” no son útiles al promover la resolución de problemas. Si tu hijo dejó su bicicleta en la lluvia, y le pregunta “¿por qué?” “¿Qué dirá? Fui descuidado. Tengo 8 años. Pregunta “cómo” en su lugar. “dejaste la bici bajo la lluvia y la cadena se ha oxidado. ¿Cómo vas a arreglarlo?”

No des todas las respuestas. En lugar de proporcionarles cada respuesta, puedes empezar a usar la frase “No sé”, seguida de la estimulación de la resolución de problemas. El uso de esta frase ayuda a los niños a aprender a tolerar la incertidumbre y pensar en maneras de lidiar con los potenciales desafíos.

Evita hablar en términos catastróficos. Presta atención a lo que les dices a tus hijos y delante de ellos. Los padres ansiosos, en particular, tienden a hablar de forma catastrófica delante de sus hijos.

Deja que tus hijos cometan errores. El fracaso no es el fin del mundo, es el lugar de donde nace el camino para averiguar qué hacer a continuación. Dejar que los niños tropiecen es duro y doloroso para los padres. Pero ayudar a los niños a aprender cómo arreglar una situación o resolver un problema le ayudará a tomar mejores decisiones la próxima vez. Debemos dejar que los niños vean las consecuencias que tienen sus actos.

Ayúdale a manejar sus emociones. La gestión emocional es clave en la capacidad de recuperación. Enseña a tus hijos que todas las emociones están bien. Es normal y es adaptado sentirse enfadado cuando uno pierde en un juego o sentir rabia cuando el helado se cae al suelo. Además, les enseña que después de sentir lo que sienten, pueden pensar sobre qué hacer después.

Sé modelo de resiliencia. Por supuesto, los niños también aprenden al observar cómo se comportan sus padres. Admite tus propios errores, acepta tu malestar y pon en marcha acciones encaminadas a la resolución de los problemas. La capacidad de recuperación ayuda a los niños a manejarse en las incertidumbres, éxitos y dificultades que se vayan encontrando durante la infancia y la adolescencia.

 

Fuente: Tartakovsky, M. (2013). 10 Tips For Raising Resilient Kids. Psych Central. Retrieved on May 23, 2014, from http://psychcentral.com/lib/10-tips-for-raising-resilient-kids/00017272

Wilson, R., & Lyons, L. (2013). Anxious Kids, Anxious Parents: 7 Ways to Stop the Worry Cycle and Raise Courageous and Independent Children. Health Communications, Inc..

Escrito por María Rueda

 

Cómo hacer que tus hijos se sobrepongan a las situaciones difíciles (parte I)

La edad adulta está llena de grandes responsabilidades, pero la infancia no está precisamente exenta de estrés. Exámenes, aluviones de nueva información que aprender, cambios de clase y curso, se encuentran con otros niños amenazadores, nuevas amistades por las que a veces sufren…

Lo que ayuda a los niños cuando atraviesan este tipo de problemas, al igual que los adultos, es la capacidad para recuperarse, o lo que se llama ser resilientes. Según la RAE, la resiliencia es la capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas. Los niños resilientes son capaces de resolver problemas, se enfrentan a situaciones desconocidas o difíciles y tratan de encontrar buenas soluciones.

Esto no significa que los niños tengan que hacer todo por sí mismos, sino que ellos sepan cómo pedir ayuda y sean capaces de encaminarse sobre sus propios pasos en la búsqueda de la solución. La psicóloga Lynn Lyons y el psiquiatra Reid Wilson señalan que los padres pueden dotar a sus hijos de habilidades para manejar lo inesperado, algo que contrasta mucho con nuestro enfoque cultural. “Nos hemos convertido en una cultura que siempre trata de hacer que nuestros hijos se sientan cómodos. Una sociedad que no tolera la incomodidad y la frustración. Nosotros como padres estamos tratando de ir siempre un paso por delante de todo con lo que puedan encontrarse nuestros hijos. Y cuál es el problema de esto, que la vida no funciona de esa manera.”  

Las personas ansiosas se enfrentan a un gran problema en el momento en que deben ayudar a sus hijos a tolerar la incertidumbre, simplemente porque ellos tienen dificultades para tolerarla. La idea de que tu hijo pase por el mismo dolor que tú mismo has pasado anteriormente es difícil de tolerar, así que los padres ansiosos tratan de proteger a sus hijos y protegerlos de los peores escenarios posibles. Sin embargo, el trabajo de los padres no es estar allí todo el tiempo para sus hijos, es enseñarles a manejar la incertidumbre y a enfrentar y resolver el problema. A continuación, os indicamos algunas pautas para fomentar la resiliencia en los niños:

No satisfagas todas las necesidades (presentes o anticipadas) Cada vez que tratamos de ofrecer seguridad y confort a toda costa, estamos entorpeciendo el camino para que los niños desarrollen la capacidad de generar su propia solución de problemas. Aprender a tolerar la frustración desde pequeños es la clave para que cada problema que encuentren en la vida adulta no sea un abismo Puesto que la sobreprotección de los niños únicamente fomenta la ansiedad.

Evita eliminar todos los riesgos. Naturalmente, los padres quieren mantener a sus niños seguros. Pero eliminar todos los riesgos dificulta el aprendizaje de la resiliencia. Por ejemplo, cuando los niños comienzan a caminar, es posible que el miedo a que se caigan haga que no les permitamos intentarlo, retrasando dicho aprendizaje. La clave es permitir riesgos apropiados y enseñar a los hijos las habilidades esenciales. Dar a los niños la libertad adecuada a la edad adecuada ayuda a aprender sobre sus propios límites.

Enséñales a resolver el problema. Imaginemos que tu hijo quiere ir a un campamento, pero está nervioso por estar lejos de casa. Un padre ansioso, podría decir: “Bueno, entonces no hay razón para que te vayas.” Sin embargo, un mejor enfoque consiste en normalizar el nerviosismo de tu hijo, y ayudarle a descubrir la forma de manejarse en el sufrimiento. Así que puedes plantearle cómo se puede acostumbrar a estar lejos de casa. En otras palabras, ayuda a que tu hijo averigüe cómo se pueden manejar los desafíos. Dale la oportunidad, una y otra vez, para averiguar lo que funciona y lo que no.

Estos son algunos consejos para fomentar el desarrollo de la resiliencia en los niños, pero hay muchos más pequeños cambios que puedes poner en práctica. Si te interesa seguir conociéndolos, la semana que viene os daremos algunos más.

Fuente: Tartakovsky, M. (2013). 10 Tips For Raising Resilient Kids. Psych Central. Retrieved on May 23, 2014, from http://psychcentral.com/lib/10-tips-for-raising-resilient-kids/00017272

Wilson, R., & Lyons, L. (2013). Anxious Kids, Anxious Parents: 7 Ways to Stop the Worry Cycle and Raise Courageous and Independent Children. Health Communications, Inc..

Escrito por María Rueda