Recuerdos Implantados: Falsos Recuerdos

Imagen extraída de https://es.paperblog.com
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La memoria, una de nuestras funciones cognitivas superiores principales, ha sido ampliamente estudiada a lo largo de la historia de la psicología y neurología/neuropsicología (es por eso por lo que existen multitud de teorías explicativas al respecto).

En cuanto a las funciones que cumple podríamos resumir que la memoria es el proceso que reorganiza parte de la información que recibimos a diario. En dicho proceso se han propuesto varias fases:

  • La adquisición correspondería a las nuevas conexiones neuronales que se forman.
  • La consolidación sería la fuerza que toman esas conexiones y su estabilidad (tras un repaso o trabajo intencionado con el material a consolidar).
  • Se entiende por evocación la recuperación de la información del “almacén” mnésico.

Es frecuente que nuestra memoria experimente fallos en nuestro día a día, un ejemplo de ello serían los olvidos cotidianos. En otras ocasiones, sobre todo al final de la vida, también tienen lugar graves patologías en las que el principal deterioro ocurre en la función mnésica; las más frecuentes las demencias tipo Alzheimer o Parkinson.

Sin embargo, en este post queremos hacer hincapié en el fenómeno de los falsos recuerdos o memorias falsas. Un recuerdo falso es “la existencia” de un recuerdo de un evento que no ocurrió o una distorsión de la información que tenemos almacenada de un evento que ocurrió (según se puede saber por hechos corroborables externamente).

La existencia de este fenómeno fue estudiada mediante la Tarea de Roediger y McDermott: se presentaba una lista con un montón de palabras relacionadas con otra que no aparecía en dicha lista, o palabra crítica. La mayoría de las personas “recuerdan” dicha palabra crítica ya que nuestra memoria posee ciertas relaciones asociativas entre conceptos, y al aparecer todos los demás conceptos de la lista relacionados, en aquel caso con la palabra “ventana”, los sujetos tendían a activar otros conceptos cada vez menos asociados con dicha palabra hasta el punto de que se llega a recordar una palabra que no aparecía en la lista.

El fenómeno del falso recuerdo por tanto es explicado porque nuestra memoria intenta darle un sentido, en este caso a un material del todo inconexo como puede ser una lista de palabras aleatorias, y relaciona unos ítems con otros ya sea a la hora de almacenarlos o bien en el momento de la recuperación de dicho recuerdo.

En unas conferencias impartidas en el Comité de Investigación Científica de Nashville la reputada psicóloga forense Elizabeth Loftus al comenzar su charla sobre cómo se pueden implantar los recuerdos falsos expuso lo siguiente: “Me interesan las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, que pueden ser verdaderas o falsas. En algún momento, estas creencias comienzan a parecer y convertirse en recuerdos. Si las creencias son falsas, entonces los recuerdos son falsos”.

Esto demuestra que nuestros recuerdos de los hechos no son tal como éstos se dan objetivamente; además, construimos la realidad tal y como la interpretamos, no tal y como ha sido en la vida real. La memoria es constructiva, le conferimos un sentido. Cuando tenemos que dar testimonio sobre algo que hemos visto que ha sucedido podemos dar detalles que encajan con el esquema que tenemos de dicho acontecimiento pero que en verdad no aparecían en la realidad.

RECUERDOS IMPLANTADOS

El síndrome del falso recuerdo (FMS, False memory syndrome) es un concepto creado por la doctora Elizabeth Loftus que describe una condición en la que la identidad y relaciones de una persona son afectadas por recuerdos que son factualmente incorrectos pero que la persona cree fuertemente.

Dicho síndrome no ha sido validado por la comunidad científica internacional como un trastorno (no aparece ni en CIE-10 ni en DSM-5, principales manuales psicodiagnósticos, por ejemplo); sin embargo, refleja las fallas que puede sufrir el proceso tan complejo de la memoria.

La controversia sobre el Síndrome de Falso Recuerdo o Falsa Memoria apareció mayoritariamente en relación al tema del abuso sexual infantil. Fue utilizado principalmente en los juzgados en casos en los cuales las supuestas víctimas experimentarían disociación, lo cual causaría represión del recuerdo traumático hasta otra etapa de la vida, cuando el recuerdo vuelve a la superficie bien sea naturalmente o con la ayuda de un profesional. Muchos defensores del FMS critican ambos métodos de recobro de recuerdos, argumentando que los terapeutas y los psiquiatras accidentalmente implantaron dichos recuerdos falsos con técnicas como la hipnosis, el rebirthing y la “terapia de recuperación de la memoria” entre otras.

Loftus sostiene que es posible inducir y crear falsos recuerdos por diversos procedimientos ya que las personas forman sus recuerdos con la información que retienen de su pasado, sus conocimientos generales y demandas sociales, mediante técnicas como las anteriormente mencionadas. Según esta autora, estas técnicas pueden llevar a hacer creer a un individuo que fantasías y hechos que nunca ocurrieron son reales. Sugiere que algunos recuerdos falsos se forman a través del “ensayo” o repeticiones de un evento: después de pensar repetidamente y visualizar un evento una persona puede comenzar a “recordar” éste como si hubiera pasado en la realidad. Después de una entrevista tal persona podría asegurar haber recordado el evento cuando en realidad eran solo “visualizaciones previas” que le parecían familiares. El ensayo es el mecanismo más fuerte para hacer de la memoria a corto plazo en memoria a largo plazo. El ensayo de información incorrecta lleva a la formación de memoria de largo plazo incorrecta. Esto se aplica a ambos tipos de recuerdos: el real y el implantado.

Por otra parte,  ¿se manipularon realmente los recuerdos o las personas simplemente intentaron que sus respuestas fueran consistentes con las preguntas de los entrevistadores? Si la autoridad hizo preguntas sesgadas también es probable que la persona ignorara parte de lo que realmente recordaba y adoptara la imagen “correcta” del interrogador.

LAS RUEDAS DE RECONOCIMIENTO: CUANDO LA MENTE HUMANA HA JUGADO MALAS PASADAS

Más allá de la “inoculación de recuerdos” que puede en ocasiones ha podido conseguirse mediante las técnicas ya comentadas también se ha comprobado que existen otra multitud de factores que hacen que evoquemos correctamente o no recuerdos de sucesos verídicos (que en algún momento vivenciamos y registramos en nuestra memoria). Y es que describir con precisión una escena no implica necesariamente reconocer con precisión posteriormente dicha misma escena o los agentes que aparecían en ella.

Los factores que influyen en la información que poseemos para dar un testimonio son: las características del momento en que codificamos la información de la situación, la retención según el tiempo pasado desde el acontecimiento y el tipo de preguntas que se llevan a cabo en la declaración.

– En la codificación influyen aspectos como la iluminación, distancia del sujeto al lugar de los hechos, tiempo de exposición, estrés y estar bajo el efecto de drogas o alcohol.
– En cuanto a la retención: a mayor demora entre el suceso y la situación de reconocimiento menor será éste y mayor facilidad para aportar información errónea. Es decir, más probable que datos no existentes o erróneos se hayan integrado en nuestra memoria, aunque no fue lo que percibimos originalmente. Frente a eso si el recuerdo se recupera poco después de la información nueva recibida hay más probabilidades de darnos cuenta de que ésta no es cierta.

– Respecto al tipo de preguntas: según las preguntas que nos realicen las autoridades nuestro testimonio variará. Existen preguntas abiertas que recuperan información exacta pero poco detallada, y preguntas cerradas, las cuales son muy peligrosas ya que pueden inducir información errónea que se incorpora al recuerdo, por lo tanto, sesgarán la declaración.

CÓMO EVITAR LA RECOPILACIÓN DE DATOS FALSOS EN LOS PROCESOS JUDICIALES

La entrevista policial típica normalmente estaba plagada de interrupciones constantes, abuso del formato pregunta-respuesta, exceso de preguntas directas y secuencia de preguntas inadecuadas que pueden romper el hilo del testimonio de la persona porque se van saltando de unos temas a otros (muchas veces sin ninguna relación entre ellos). Ésta se ha mostrado inadecuada a la hora de obtener información sobre los hechos, además de que los policías se quejan de que no obtienen suficiente información.

Frente a ello, y en pos de alcanzar la vericidad de los datos en procesos de declaración, en el año 1984 Ed Geiselman (Universidad de California en L.A.) y Ron Fisher (Florida International University) van a crear la entrevista cognitiva para incrementar la cantidad y la calidad de la información que los testigos y las víctimas proporcionan durante la entrevista policial. No se utiliza tanto con sospechosos, sino más bien con testigos, ya que para realizar una entrevista cognitiva la persona tiene que estar dispuesta a colaborar y maximizar el recuerdo, y no tanto que la persona admita haber realizado ciertos actos.

Las máximas de la entrevista cognitiva son que el testigo lo relate absolutamente todo, intentando reinstaurar el contexto donde ocurrieron los hechos, desde diferentes perspectivas e intentando recordar en órdenes distintos la historia (para poder conseguir el máximo de detalles posibles). A ello se le suman que el entrevistador disponga de una serie de habilidades sociales y comunicativas determinadas como que sea capaz de establecer un buen rapport o clima de confianza, estrategias para facilitar el recuerdo sin inducción de falsos detalles y evitar las preguntas cerradas.

A modo de conclusión, en una rueda de reconocimiento o entrevistas a testigos se habrán de aplicar los mismos controles que al hacer un experimento:

  • Instrucciones no sesgadas.
  • Estímulos contextuales adecuados.
  • Procurar no filtrar la hipótesis que tiene el investigador.
  • Evitar sesgo confirmatorio (confirmar lo que de antemano el investigador cree que sucedió).

BIBLIOGRAFÍA

Carlson, N. R., & Clark, D. P. (2014). Fisiología de la conducta. Pearson Educación.

Psychology Today

Escrito por Maite Nieto Parejo

Recuerdos de infancia que influyen en tu parentalidad

Tal vez cuando miras atrás y recuerdas tu infancia lo haces con ternura, o tal vez no es precisamente ternura lo que sientes. Independientemente de si los recuerdos son positivos o negativos, tu infancia vive en la forma en que eres padre o madre. Habitualmente en consulta, los padres de los niños y niñas aluden a su propia infancia y cómo ésta ha repercutido en su estilo de crianza. Hablan de remordimientos, admiración o de cómo se comprometieron a mejorar algunas cosas con respecto a sus propios padres.

Foto extraída de pinterest.com
Foto extraída de pinterest.com

Cuando hablamos de cómo somos como padres o madres, usualmente aparecen temas que tienen que ver con nuestras experiencias infantiles, las cuales podrían estar influyendo en nuestro estilo de crianza. A continuación describimos algunas de las temáticas que frecuentemente aparecen a la hora de relacionar nuestra infancia con cómo queremos ser o somos como padres y madres.

Les daré a mis hijos aquello que yo no tuve.

Puede que cuando eras niño tu familia pasara por dificultades económicas y sentiste que había una clara diferencia entre tu ropa y la de otros niños, que no podías ir de excursión o campamento porque tus padres no podían permitírselo. Por esta vivencia puedes contemplar que ahora que vas a ser padre o madre tienes muy claro que no vas a permitir que tus hijos experimenten eso que tú sentiste.

O tal vez tus padres estaban a otra cosa. Te tocó valerte por ti mismo sin una guía. Como padre o madre te has jurado a ti mismo que vas a estar siempre para tu hijo o tu hija.

Independientemente de lo que no tenías, tu forma de criar se ve impulsada por estos vacíos o carencias en la infancia, que llevan a asegurarte de que tus hijos tengan aquello que tú no tuviste, aunque a veces pueda ser en exceso.

Nunca haré esto con mis hijos.

Parece que algunos de los recuerdos están muy patentes y ahora que eres padre o madre te cuestionas algunas de las decisiones que tus padres tomaron sobre tu educación. Tanto, que te parece todo un horror. Bueno, tus padres se criaron en una época diferente y tal vez su estilo de crianza no es el que quieres para tus hijos. Entonces puede que la educación consista en lo que no quieres hacer con tus hijos. En este caso puede ser incluso que tratemos de compensar en exceso para asegurarnos de que no queda ni rastro del estilo que nuestros padres tuvieron con nosotros.

Si era suficientemente bueno para mí, lo es para ellos.

A diferencia de los puntos anteriores, en este caso consiste en virar al otro extremo y abrazar todas las dificultades que encontraste en la infancia. Tal vez las cosas no eran de color de rosa, pero ahora piensas que eres producto de aquello que viviste; el sufrimiento y la lucha te permitió apreciar lo que tenías. Opinas que las reglas hiper-estrictas y la férrea y dura disciplina fue lo que hizo que crecieras sin torcerte.

Como padre o madre puede que te esfuerces por emular el mismo estilo de crianza con tus hijos. Incluso puede que éste sea una fuente de discusión con tu pareja, pues él o ella no entienden porqué es necesario proceder así, como si la casa fuera un cuartel. Puede que pienses que cuando eras niño no lo entendías, pero que ahora por fin sí te das cuenta de qué es lo que tus padres estaban tratando de enseñarte, y lo admiras.

¡Socorro, estoy hablando como mi madre!

Se trata de un claro ejemplo de “loro de repetición”, o simplemente que un niño se empapa de aquello que ve y oye en la infancia. Parece que esos recuerdos se quedaron ahí escondidos durante años y pummm! Es como si de repente te hubieras convertido en tu madre o tu padre; pensaba que nunca llegaría a decir algunas cosas y están saliendo por mi boca; cosas que prometí no hacer, están ocurriendo, como si no pudiera pararlas a tiempo.

Se trata de respuestas automáticas; tomar conciencia y generar la intención consciente para cambiarlos. Elegir qué quieres decir y hacer realmente. Requiere tiempo y algún que otro tropiezo.

Mis hijos lograrán aquello que yo no pude.

Puede que tus padres no te apoyaran en tus sueños, o tal vez sí lo hicieron pero por algún motivo tú no pudiste alcanzarlos y parece que sientes que perdiste tu oportunidad. Fuera como fuese, puede que aunque haya pasado mucho tiempo no has podido dejarlo ir.

Si atisbas en tu hijo o hija ese don que se te hace tan familiar, tú te embriagas de emoción, pues así, delante de tus ojos aparece una nueva oportunidad, pues piensas que tu hijo puede llegar muy lejos. Y te dices a ti mismo, “yo fallé, pero no dejaré que ellos lo hagan”. Puede que esté bien recapacitar por un momento y pensar de quién son esos sueños, puede que tu hijo/a tenga los suyos propios.

Me ocurrieron cosas malas y nunca dejaré que le pasen a mis hijos.

Desgraciadamente puede que hayas sufrido un trauma en tu infancia, experiencias horribles que ningún niño/a debe vivir. Puede que este trauma haya tenido un impacto duradero en tu vida adulta.

Puede que decidas hacer todo lo posible para asegurarte de que nada de eso le sucede a tu hijo/a. A lo mejor decides protegerle de cualquier persona que se acerque y le agarras fuerte junto a ti para poder controlar constantemente cualquier posible amenaza. En este caso parece que la crianza estará basada y guiada por el miedo.

No tiene porqué ser una profecía autocumplida: Nuestra infancia puede afectar a nuestro estilo parental, pero no tiene porqué seguir siendo de esta manera. La conciencia es la clave. Saber cómo tu pasado influye en cómo crías a tus hijos es la mitad del camino. Aferrarse a aquello a lo que te gusta y hacer un esfuerzo consciente para dejar de lado lo que no. No eres tu infancia, puedes elegir qué escoger, qué hacer y cómo hacerlo.

Fuente: PsychCentral

Escrito por María Rueda