La depresión modula el efecto del rechazo social

En el tratamiento de la depresión, desde el enfoque del psicólogo, se incluyen diferentes aspectos de la persona, como es el estilo de pensamiento, las expectativas, la gestión emocional o el nivel de actividad. Además de esto, la red social y la calidad de las interacciones del día a día es un factor también importante en el tratamiento.

Por este motivo, ha de ser considerada la forma y tamaño de la red social de la persona, ya que puede tener un peso importante para quien sufre depresión. Muchas veces, cuando se presenta este problema, aparecen sentimientos de aislamiento, culpa e incomprensión. Por ello, los hallazgos respecto a cómo se perciben las relaciones sociales en una persona que padece depresión en comparación con las personas que no, siempre es interesante y nos permite cada vez una mayor comprensión de este trastorno.

Foto extraída de: archaeologynewsnetwork.blogspot.com
Foto extraída de: archaeologynewsnetwork.blogspot.com

Investigadores de la Universidad de Michigan han realizado recientemente un estudio sobre las reacciones del cerebro de personas con y sin depresión ante el rechazo o la aceptación social. Para ello, mientras observaban el funcionamiento de su cerebro en una tomografía de emisión de positrones (PET) plantearon a los participantes una serie de fotos de personas a las que posteriormente podrían conocer, siempre y cuando la otra persona aceptara ese encuentro. Al elegir entre éstas, los participantes podían encontrarse con que eran “aceptados” por la persona de la foto que habían elegido y podrían conocerse, o bien no interesaban a esa persona elegida y eran “rechazados”.

De esta forma, pudieron simular una situación de rechazo social. Lo que observaron es que cuando esto ocurre, las personas con depresión tienen reacciones diferentes a nivel cerebral. Cuando una persona sin depresión sufre un rechazo, su cerebro libera analgésicos naturales (opioides) con la finalidad de minimizar el impacto del daño. Sin embargo, cuando tiene depresión, la liberación de estas sustancias es mucho menor, así pues, las personas deprimidas sufrirán el daño de un rechazo social de un modo más intenso.

No sólo el rechazo tiene un efecto más intenso, debido a que el cerebro con depresión tiene menor capacidad de contener las emociones negativas asociadas a este; sino que también encontraron que cuando lo que se produce es la aceptación en lugar del rechazo, la sensación de felicidad es igual en las personas con depresión y las que no, pero lamentablemente, en aquellas con depresión, este sentimiento es mucho menos duradero.

Si bien es cierto que cada persona, independientemente de que padezca o no depresión u otros trastornos, interpreta de formas muy diferentes las interacciones sociales, es importante conocer esta tendencia. Es posible que ante esto, sea necesario que la persona con depresión pase por un mayor número de interacciones positivas para lograr una sensación agradable. O quizá pueda comenzar a enfrentar situaciones sociales novedosas una vez sus síntomas de depresión hayan disminuido.

Si sufres de depresión, este pequeño hallazgo puede ayudar a conocer mejor las dificultades que se han de atravesar luchando por superar esta situación y los esfuerzos que puede suponer el afrontamiento de muchas situaciones de la vida cotidiana. Además, cuando le pasa a una persona cercana a nosotros, podemos lograr un mayor entendimiento y empatía.

 

Fuente: uofmhealth.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org Hsu, D., Sanford, B., Meyers, K., Love, T., Hazlett, K., Walker, S., Mickey, B., Koeppe, R., Langenecker, S., & Zubieta, J. (2015). It still hurts: altered endogenous opioid activity in the brain during social rejection and acceptance in major depressive disorder Molecular Psychiatry, 20 (2), 193-200 DOI: 10.1038/mp.2014.185

El dolor emocional: los efectos de la tristeza sobre el cuerpo

¿Alguna vez has sentido el dolor de ser rechazado? ¿Esa punzada cuando sufres un desamor? ¿Cuándo te has sentido aislado de un grupo?

Fotografía extraída de brujulacuidador.com

La forma en la que culturalmente concebimos la razón separada de la emoción lleva en algunas ocasiones a una desconexión de los procesos que producen el dolor físico y de los del dolor emocional.  El primero de ellos será generado por un daño tisular o por una enfermedad, el segundo parece ser algo más místico, sólo descrito en las canciones y la literatura. En esta forma de concebir el mundo, parece que el dolor físico tiene más de realidad que el dolor emocional.

Sin embargo, la investigación en psicología puede dar lugar a una nueva forma de plantearnos cómo funciona el dolor emocional. El hecho de que las manifestaciones culturales a lo largo de los siglos hayan dado lugar a símiles entre lo que se siente cuando sufrimos dolor emocional y físico no es pura casualidad, parece que ambos son muy similares, al menos en la realidad de nuestra representación neural.

En un estudio de revisión realizado por Esther Meerwijk, de la Universidad de California, se concluye que los circuitos cerebrales de ambos tipos de dolor se solapan. Tal y como se muestra en otra investigación (Smith, 2011) esto no sólo ocurre en las áreas cerebrales relacionadas con el componente puramente afectivo del dolor, sino también en las zonas relacionadas con la percepción somática del mismo.

¿Por qué podría ocurrir esto? Aunque tenemos cierta tendencia a rechazar la “veracidad” del mundo emocional, desde la lógica del dolor, cuya función es evitar peligros posibles, evolutivamente el hecho de ser rechazado socialmente puede resultar igual de peligroso para nuestra vida que una enfermedad o una herida en nuestro cuerpo.

Pero el dolor no es el único síntoma físico de la soledad. También afecta a la percepción de la temperatura, hecho que en ocasiones se representa en la cultura, con analogías sobre la fría soledad o el calor del acompañamiento. Cuando en los experimentos se provoca o invoca una sensación de rechazo y aislamiento, los participantes estiman que la temperatura de la habitación es menor y eligen comer y beber productos calientes. Esta relación aún va más allá, puesto que la propia temperatura corporal baja, no sólo nos parece frío exterior.

Pero la forma en que la emoción producida por sentirse aislado o rechazado afecta a nuestro cuerpo no termina ahí. Se comprobó que las personas que se percibían solas y aisladas tienen también una respuesta especial a nivel de expresión génica. Se aumenta en ellas la activación de vías proinflamatorias, motivo por el cual tienden a ser más propensas a desarrollar enfermedades relacionadas con la inflamación. Además, cuando se trata de investigar la relación entre aislamiento y enfermedad, el sistema inmune se ve también afectado, siendo menos capaz de responder a enfermedades como el resfriado común o la gripe.

Las formas en las que se sufre el dolor del rechazo, la soledad, la tristeza, en ocasiones nos resultan tan íntimas que podemos mantenerlas ocultas y nos hacen sentir vergüenza. En ningún caso trataríamos de ocultar de la misma manera las heridas o una enfermedad puramente física. Quizá un primer paso será concebirlas como procesos de la misma utilidad, para así poder mostrarlas y pedir ayuda de la misma forma.

 

ResearchBlogging.orgCole, S., Hawkley, L., Arevalo, J., Sung, C., Rose, R., & Cacioppo, J. (2007). Social regulation of gene expression in human leukocytes Genome Biology, 8 (9) DOI: 10.1186/gb-2007-8-9-r189

Ijzerman H, Gallucci M, Pouw WT, Weiβgerber SC, Van Doesum NJ, & Williams KD (2012). Cold-blooded loneliness: social exclusion leads to lower skin temperatures. Acta psychologica, 140 (3), 283-8 PMID: 22717422

Kross E, Berman MG, Mischel W, Smith EE, & Wager TD (2011). Social rejection shares somatosensory representations with physical pain. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 108 (15), 6270-5 PMID: 21444827

Meerwijk EL, Ford JM, & Weiss SJ (2013). Brain regions associated with psychological pain: implications for a neural network and its relationship to physical pain. Brain imaging and behavior, 7 (1), 1-14 PMID: 22660945

 

Escrito por Lara Pacheco Cuevas