¿Qué ocurre con nosotros cuando vivimos una experiencia traumática?

Extraído de http://www.unvm.edu.ar.
Extraído de http://www.unvm.edu.ar.

Hablar de un trauma psicológico es hablar de acontecimientos que amenazan profundamente la seguridad y bienestar de las personas que lo sufren, no sólo por el evento real que produce los síntomas, sino porque las personas que experimentan un trauma se sienten  tremendamente abrumadas e incapaces de hacerle frente. Aunque tradicionalmente el trauma se ha considerado producto de situaciones con efectos extraordinariamente estresantes para la supervivencia de la persona (de hecho, el estrés postraumático se comenzó a estudiar con los excombatientes de la guerra de Vietnam, por las graves secuelas psicológicas que les incapacitaban a la hora de re-adaptarse a la vida cotidiana), actualmente se considera traumática cualquier situación que nos dejan trastocados e impotentes para entender las razones que explican el trauma y no es necesario un daño físico para experimentarlo. De este modo, podemos experimentar un trauma también siendo testigos de un evento violento y que afecta gravemente nuestra cosmovisión.

La persona traumatizada se siente entumecida y desconectada del mundo que le rodea, su percepción se ha alterado y deja de percibirlo como algo estable y seguro; de manera que desconfían de las personas, no expresan sus vulnerabilidades por miedo a sufrir daños, y tiende a aislarse y rehuir el contacto social. La experiencia del trauma es única e intransferible para cada persona, considerándose un punto de inflexión para la vida de la persona y de sus personas más cercanas. Por todo ello, sus reacciones pueden parecer muy intensas y desconcertantes. Aquí os ofrecemos un compendio para poder entenderlas mejor:

1.Re-experimentación del trauma. Muchas personas traumatizadas se sorprenden de volver una y otra vez a los eventos perturbadores en un bucle angustioso, tras estímulos cotidianos que los despiertan. A veces se presentan en forma de flashback, donde a pesar de que no hay nada en el contexto que resulta amenazante, la persona actúa y siente como si estuviera otra vez allí, inundando a la persona de recuerdos negativos y sin oportunidad para procesarlos. Esta constante re-experimentación también puede producirse mediante pesadillas, que pueden volverse constantes y aunque no siempre versan sobre el contenido traumático, sí que producen una intensa sensación de inquietud y miedo cuando la persona se despierta.

2.Reacciones emocionales intensísimas. En ese sentido, la persona traumatizada  puede tener reacciones emocionales una desproporción importante respecto a los estímulos que lo provocan, de difícil control cuando le invaden y que se producen cuando piensan que están otra vez en la situación. Pueden sentir miedo porque los estímulos que despiertan nos resultan tan amenazantes que no podemos enfrentarlos. Tristeza devenida de un sentimiento constante de vivir en un mundo peligroso e inseguro, donde no podemos hacer nada por cambiarlo y donde nuestro futuro se presenta incierto y lleno de pesares. Ira en forma de irritabilidad, porque somos incapaces de entender lo que nos pasó y a quien nos infringió semejante daño. Y mucha culpa, porque no hicimos lo que consideramos correcto y creemos merecemos lo que nos pasó por no hacerlo en su momento.

  1. Embotamiento afectivo. Estas reacciones emocionales se entremezclan con un sentimiento constante de entumecimiento. Cómo las emociones les resultan extremadamente inestables y desagradables, las personas traumatizadas prefieren contener y reprimir sus emociones cuando no están dentro de los episodios de revivencia, suprimiendo tanto las emociones positivas como las negativas. Si bien se considera una respuesta natural de protección en un primer momento, se considera una grave falla a largo plazo, experimentándose ellos como testigos de su propia vida y con incapacidad para sentir.
  2. Evitar eventos y/o estímulos relacionados con el trauma. En el momento traumático, el cerebro traumatizado no procesa la información ni los estímulos como normalmente los procesa. La huella de memoria se fragmenta impidiendo un procesamiento normal. De esta manera, cada vez que ven un estímulo que pudiera estar en el momento traumático, la persona reacciona de la misma manera, impidiendo el procesamiento normal también en su vida cotidiana. De esta manera, la persona empieza a evitar todo lo relacionado con el trauma, dejando de hacer muchísimas actividades relacionadas para no sentir, pero también dejando muchas actividades agradables que podrían ayudarle enormemente en la superación del trauma.
  3. Cambios en cómo ve el mundo y a los demás. Las personas traumatizadas no se relacionan con los demás al considerar a los demás potenciales amenazas o también causas de revivencia del trauma. Se produce un reprocesamiento de la realidad como algo violento y extremadamente peligroso, donde podemos sufrir constantemente y es mejor estar preparado para cualquier daño. De este modo, prefieren estar solos y sin contacto con los demás, y preparados para cualquier tipo de daño potencial.
  4. Efectos graves en su autovalía y eficacia personal. El evento traumático produce un efecto devastador en la manera en que afronta la persona sus problemas, de manera que se siente incapaz para hacer frente a lo que le ocurre, extremadamente débil por no reaccionar o hacer algo distinto en el momento del trauma, y extremadamente crítico y culpable por lo que no hizo en su momento y no puede hacer ahora después del trauma.
  5. Hiper-activación fisiológica. Al ver el peligro en todas partes, la persona se muestra intranquila e inquieta constantemente, permaneciendo en alerta ante cualquier posible amenaza, y escaneando todo a su alrededor para escapar y/o protegerse. Esto explica sus reacciones emocionales y sus respuestas de escape, y efectivamente su sistema nervioso funciona en una actividad altamente por encima de lo recomendado para hacer frente a sus demandas cotidianas.

Por todo ello, se recomienda un seguimiento para las personas traumatizadas, y un apoyo de sus personas cercanas para ayudarle en las distintas partes de su proceso de recuperación. Esto puede ayudaros a entendernos.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychcentral, psychology today

La escritura expresiva aumenta el bienestar

En la práctica de la psicología se pueden utilizar técnicas muy diversas para mejorar la calidad de vida y el bienestar de las personas que acuden a terapia. Una de estas opciones para la mejora emocional es la escritura expresiva. Algunas personas acostumbradas a escribir un diario la desarrollan por sí mismos, lo que les produce beneficios similares. Pero ¿cómo funciona la escritura expresiva?

Aunque los resultados de los estudios sobre escritura expresiva no terminan de ser concluyentes, en muchas ocasiones sí se encuentra una mejora significativa en el bienestar al realizar esta tarea de una forma concreta. De entre los diferentes estudios realizados, resulta llamativo que las mayores mejoras aparezcan en la salud física, más que en el campo emocional. Esto se puede traducir en menos visitas al médico, mejora del sistema inmune, de la función respiratoria o mejora de la presión sanguínea.

Extraído de www.4ccomunicacion.com
Extraído de www.4ccomunicacion.com

En primer lugar se planteó que esta técnica constituye una forma de expresión válida sobre temas que pudieran ser difíciles de tratar cara a cara con el terapeuta. Aunque se ha encontrado validez en diversos tipos de problemas psicológicos, en general se ha estudiado más frecuentemente en casos de estrés muy intenso o post traumático, especialmente cuando se muestran niveles bastante altos de somatización. Esto, en sí mismo, es importante. De hecho, cuando una persona tiene dificultades para expresarse respecto a algún evento emocional, el dar un nombre a la emoción sentida permite que se reduzca considerablemente la intensidad percibida de dicha emoción.

Podría parecer que lo importante en esta técnica es sólo la expresión de la emoción, lo que ya de por sí está jugando un papel; sin embargo, cuando se compara el beneficio obtenido durante la escritura expresiva con una escritura centrada específicamente en el componente emocional o únicamente en el componente situacional no se obtienen unos resultados tan prometedores como cuando combinamos ambos factores. La actividad de la que hablamos aquí debe incluir tanto contenido sobre la situación como sobre la emoción sentida. De esta forma, la escritura ayuda a dar un sentido a esos momentos de estrés, permite un procesamiento cognitivo más adecuado de éstos y por tanto un manejo más apropiado de estos recuerdos.

Cuando se analizó la evolución en el uso de esta técnica, se pudo encontrar que a medida que los pacientes mejoraban en su estado de salud y aumentaban las sesiones de escritura expresiva, se producía un aumento de palabras relacionadas con emociones positivas, un uso más moderado de palabras relacionadas con emociones negativas y, a un nivel más cognitivo que emocional, vieron que cada vez se usaban más palabras relacionadas con la comprensión de algunos eventos (como por ejemplo: “me di cuenta o comprendí”, así como palabras explicativas como “porque o la razón de que…”). Esto no sólo lleva a pensar que al desarrollar este ejercicio terapéutico se pueda lograr dar un sentido a los hechos vividos, sino que además, al contarse a uno mismo una historia en la que expliquemos lo que nos ha ocurrido le damos una narrativa coherente.

Esta técnica tiene también algunos contras, puesto que a pesar de los beneficios a lo largo del tiempo, también se ha observado que en los primeros momentos de la aplicación las personas que la llevan a cabo sufren un aumento del estado de ánimo negativo. Por tanto, es importante tener este detalle en cuenta a la hora de ponerla en práctica.

Aunque no se comprende del todo bien el mecanismo por el cual funciona escribir sobre eventos que han sido complicados, hay algunas herramientas que podemos desarrollar a través del aprendizaje cultural que aumentan nuestro bienestar, ya no sólo el psicológico, sino también el físico.

Ya nos recordaba Henry David Thoreau en su libro “Walden”, la importante diferencia entre expresar de forma hablada o escrita:

“Existe una diferencia memorable entre la lengua hablada y la lengua escrita, entre el idioma hablado y el idioma escrito. La primera es normalmente transitoria, un sonido, un habla, meramente un dialecto, casi salvaje, y lo aprendemos inconscientemente, como bestias, de nuestras madres. La segunda es la experiencia y la madurez de la primera […] una expresión reservada y selecta, demasiado cargada de sentido para ser escuchada por el oído.”

Fuentes: Clinical Psychology ReviewBJPsych Advances

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

 

ResearchBlogging.orgBaikie, K. (2005). Emotional and physical health benefits of expressive writing Advances in Psychiatric Treatment, 11 (5), 338-346 DOI: 10.1192/apt.11.5.338

Esterling BA, L’Abate L, Murray EJ, & Pennebaker JW (1999). Empirical foundations for writing in prevention and psychotherapy: mental and physical health outcomes. Clinical psychology review, 19 (1), 79-96 PMID: 9987585

¿Para qué escuchamos música triste?

Elegir escuchar música triste cuando estás pasando un momento difícil parece paradójico desde el punto de vista de que las personas estamos motivadas a buscar un estado emocional positivo cuando nos sentimos angustiados. Nos pasamos la mayor parte de nuestras vidas tratando de ser felices. Y sin embargo, muchos de nosotros, cuando nos sentimos tristes nos ponemos una canción lacrimógena y nos recreamos en nuestra propia miseria. ¿Por qué?

Este es un aspecto de la psicología de la música que ha pasado por alto durante mucho tiempo. Ahora, una investigación de la Universidad de Limerick ha tratado de estudiar qué motiva a las personas a elegir este tipo de música cuando se sienten tristes y qué efectos tiene. Para ello le preguntaron a 65 adultos (de entre 18 y 66 años de edad, de cinco países diferentes) sobre una mala experiencia y que eligieran qué música escuchar. Debido a que este problema apenas se ha investigado antes, los investigadores optaron por un enfoque cualitativo. Analizaron las descripciones de los participantes y buscaron temas recurrentes sobre porqué elegían escuchar música triste.

Las respuestas se dividieron en dos temas principales: las estrategias personales adoptadas en la selección de la música triste, y las funciones que cumple la música.

Entre las estrategias resaltaba el deseo de conexión. La gente quería escuchar la música que resonara con su estado de ánimo actual. “No quería que la música me animara, yo quería quedarme con esas emociones durante un tiempo hasta que estuviera lista para dejarlas ir “, dijo una participante de 25 años de edad. Esta idea encaja con estudios anteriores que señalan que el estado de ánimo actual de la gente es a menudo una mejor predictor de su elección de la música de su estado de ánimo deseado.

Otra estrategia encontrada fue la de utilizar música triste como un activador de la memoria – para experimentar la nostalgia  o sentirse más cerca de la persona que se ha perdido. “He escogido la música porque sé que [la persona que había muerto] le había gustado la música también”, dijo una señora de 48 años de edad.

Otros participantes describieron la selección de la música triste por su valor estético. En este caso, las personas no estaban eligiendo la música para mejorar su propia tristeza o para recordar el pasado, simplemente pensaron que la música era hermosa y de alta calidad.

Las funciones de autorregulación al escuchar música triste estaban estrechamente relacionados con las estrategias anteriores. Así, por ejemplo, los participantes hablaron de la re-experimentación de su afecto. “Yo estaba en casa, sintiendo lástima por mí mismo, pero no podía llorar”, dijo una chica de 24 años de edad. “Así que decidí escuchar música triste para llorar un poco y luego sentirme aliviada y seguir adelante.” Otra chica de 21 años de edad lo expresó así: “la música me anima a sentir el dolor tal cual es. Es probable que no me haga sentir mejor en el momento, pero creo que puede haberme ayudado a lidiar con el dolor en general”.

El estudio señala que escuchar música triste en situaciones adversas podría generar la sensación de “ser parte de la humanidad”, es decir, ver tus propios sentimientos como parte de una experiencia humana más grande en lugar de soledad y aislamiento. También hubo participantes que veían la música triste como un amigo, como si la música fuera empática con su sufrimiento. “Sentí que se hizo amigo de la música”, dijo una mujer de 33 años de edad. “siento como si la música y la letra fuera una persona real, en la que encuentro comprensión, consuelo y confianza, como si la canción fuera mi mejor amigo.” La música triste activa regiones cerebrales similares a aquellas que se ponen en funcionamiento cuando observamos una cara de tristeza (Fusar-Poli et al., 2009; Brattico et al., 2011). Este sustrato común podría darnos pistas del valor social de la música.

Habitualmente encontramos personas que tratan de escapar de sus emociones para así librarse de ellas. Sin embargo, conectar con aquello que estás sintiendo, experimentarlo y vivirlo es lo que facilita y permite seguir adelante. Este estudio nos muestra cómo la música puede ser una herramienta poderosa a través de la cual sintonizar contigo mismo. ¡Así que dale al play y disponte a sentir!

 

Fuente: BPS Research Digest

ResearchBlogging.org
Van den Tol, A., & Edwards, J. (2011). Exploring a rationale for choosing to listen to sad music when feeling sad Psychology of Music, 41 (4), 440-465 DOI: 10.1177/0305735611430433

Brattico E, Alluri V, Bogert B, Jacobsen T, Vartiainen N, Nieminen S, & Tervaniemi M (2011). A Functional MRI Study of Happy and Sad Emotions in Music with and without Lyrics. Frontiers in psychology, 2 PMID: 22144968

Fusar-Poli P, Placentino A, Carletti F, Landi P, Allen P, Surguladze S, Benedetti F, Abbamonte M, Gasparotti R, Barale F, Perez J, McGuire P, & Politi P (2009). Functional atlas of emotional faces processing: a voxel-based meta-analysis of 105 functional magnetic resonance imaging studies. Journal of psychiatry & neuroscience : JPN, 34 (6), 418-32 PMID: 19949718

Foto extraída de: tokiariri.wordpress.com

Escrito por María Rueda Extremera

¿Qué nos aporta leer?

Leer no es sólo un acto intelectual en el que nos atrae un estilo, unas figuras literarias utilizadas oportunamente, la historia bien construida con solidez argumental… No, leer una novela o un cuento corto provoca muchos más efectos en nosotros que el simple interés por la literatura.

nivel emocional, al leer una historia, desarrollamos simpatía o empatía con los protagonistas de la obra, identificándonos así con sus logros, sus pérdidas, su resolución de problemas, y sintiéndolos como nuestros. No sólo esto, sino que además, gracias a la narrativa en ocasiones podemos volver a emociones propias que no fuimos capaces de procesar correctamente en nosotros mismos y sí en los personajes de una historia.

Existen también beneficios para nuestro cerebro en la lectura. Cuando aprendemos a leer, nuestras habilidades cognitivas mejoran, fomentando un mejor procesamiento visual además de mejorar la comprensión y activación ante el discurso verbal. Es una actividad que pone en marcha amplias redes neuronales que se implican en la memoria de trabajo (operar mentalmente con varios elementos), en la manipulación de objetos y del espacio y en la acción dirigida a una meta.

De esta forma, la actividad de leer puede protegernos también del deterioro cerebral, gracias al nivel de actividad cognitiva que requiere la propia lectura así como el representar una historia en nuestra mente.

Son diversos los aspectos por los que la lectura es una actividad beneficiosa, pero no podemos señalar nada mejor que el placer de saborear una historia y perdernos en su argumento. Hoy, y siempre que podamos, vamos a permitirnos dedicar un tiempo del día a la lectura. ¡Feliz día del libro!

 

Fuente: Neuropsychologia (Mar, 2004); Psychological Science (Speer, 2009); Science (Dehaene, 2010); Cognition and Emotion (Mar, 2010).

Escrito por Lara Pacheco Cuevas