¿Qué dice la neurociencia de la risa contagiosa?

Mucho antes de que las modernas técnicas de neuroimagen iluminaran las áreas y redes asociadas a la risa, William James (1842-1910) escribió que “No nos reímos porque somos felices, somos felices porque nos reímos”. Aunque los filósofos y los psicólogos han especulado sobre el papel que tiene la risa en el vínculo social durante siglos, hasta hace poco, había relativamente poca evidencia empírica que explicara por qué la risa es contagiosa para la mayoría de nosotros. O, las razones neurobiológicas de porqué algunas personas son inmunes al contagio de la risa. Dicho esto, en los últimos meses, los investigadores finalmente han señalado algunas respuestas basadas en la neurociencia a la pregunta de “¿Por qué la risa es contagiosa?”

Extraída de Ohmirevista.com
Extraída de Ohmirevista.com

Recientemente, dos estudios clínicos independientes han investigado los mecanismos cerebrales de la risa social genuina y contagiosa desde diferentes perspectivas, uno relativo a cómo la risa social desencadena la liberación endógena de opioides, y otro sobre el fenómeno de contagio de la risa en niños con riesgo de psicopatía. En el primero, un equipo formado por investigadores finlandeses e ingleses, a partir de las imágenes de tomografía por emisión de positrones (PET) identificaró que la risa social conduce a la liberación endógena de opioides (endorfinas) en regiones cerebrales concretas. Cuantos más receptores opiáceos tenía un participante en estas regiones de su cerebro, más propenso/a era a la risa contagiosa. Los participantes pasaban por dos condiciones de 30 minutos cada una. En una de ellas los participantes observaban a sus amigos reír a carcajadas mientras veían una comedia. En la otra, estos mismos participantes pasaron el tiempo en un ambiente de laboratorio estéril sin risas. Se encontró que la risa social contagiosa estimulaba la liberación de endorfinas en el tálamo, núcleo caudado e ínsula anterior. En un comunicado, el co-autor Lauri Nummenmaa, quien dirige el Laboratorio de Sistemas de Emoción Humana en la Universidad de Turku, dijo: “Los efectos placenteros y calmantes de la liberación de endorfinas podrían señalar la seguridad y promover sentimientos de unión. La relación entre la densidad de receptores de opioides y la tasa de risa también sugiere que el sistema opioide puede subyacer a las diferencias individuales en la sociabilidad “. Otro co-autor, Robin Dunbar, profesor de psicología evolutiva de la Universidad de Oxford, añadió: “Debido a que la risa social conduce a una respuesta química similar en el cerebro, esto permite una expansión significativa de las redes sociales humanas: la risa es altamente contagiosa y la respuesta de endorfinas puede así extenderse fácilmente a través de los miembros de un grupo que se ríe junto”. Los autores concluyen: “La modulación de la actividad opioide por la risa social puede ser una importante vía neuroquímica que apoya la formación, el refuerzo y el mantenimiento de los lazos sociales entre los seres humanos”.

El segundo estudio al que hacíamos referencia fue elaborado en la Universidad de Londres y señala que “la risa humana involucra áreas cerebrales que facilitan la reciprocidad social y la resonancia emocional, de acuerdo con su papel establecido en la promoción de la afiliación y la cohesión social”. Estos investigadores también encontraron un vínculo entre la ínsula anterior y la risa contagiosa, al igual que el primer estudio. Sin embargo, este estudio identificó que los niños que estaban en riesgo de desarrollar psicopatía eran menos propensos a unirse a la risa social entre amigos que aquellos otros niños sin dicho riesgo. Del mismo modo, también mostraron menos actividad de la ínsula anterior. Para este estudio, el equipo de la profesora Essi Viding contaron con la participación de 62 niños de entre 11 y 16 años que presentaban comportamientos disruptivos y / o rasgos no emocionales junto con un grupo control de 30 niños que no los mostraban.

Posteriormente, a partir de técnicas de neuroimagen, los investigadores observaron la actividad cerebral cuando cada muchacho escuchaba (1) risa social genuina, (2) risa falsa y (3) sonidos llorosos Lo más notable es que los investigadores descubrieron que los chicos en riesgo eran mucho menos propensos a responder a la risa genuina. También mostraron significativamente menos actividad cerebral en la ínsula anterior y en el área motora suplementaria. Aunque la risa contagiosa puede no observarse en algunos niños, esto no significa necesariamente que estos chicos son automáticamente destinados a convertirse en antisociales. Más bien, los investigadores esperan que sus últimos descubrimientos sobre la neurofisiología de la risa contagiosa lleven a intervenciones anteriores ya tratamientos más efectivos para los adolescentes que pueden estar en riesgo de sufrir psicopatía.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

La psicoterapia cambia el cerebro con ansiedad

Todo lo que hacemos en nuestro día a día cambia nuestro cerebro. Hoy día frecuentemente leemos titulares sobre que hacer una determinada actividad puede producir cambios a nivel biológico en nuestro cerebro. Este tipo de titulares son noticia precisamente porque culturalmente aún distinguimos entre lo biológico y lo ambiental como si no se tuvieran relación.

Usamos psicofármacos para que el equilibrio de las sustancias cerebrales se restablezca y nos encontremos mejor mientras que cambiamos nuestras acciones para encontrarnos mejor mentalmente. Sin embargo, la ciencia y estos titulares cada vez más nos llevan a la idea de que esta diferencia no existe como tal. Tanto las sustancias como las acciones (ya sean acciones sobre el mundo o “acciones” mentales) cambian cómo nos encontramos emocionalmente y además las dos cambian nuestro cerebro.

Ya comentamos cómo la psicoterapia puede restablecer el cerebro afectado por la depresión, pero también existen diferentes aportes desde la ciencia que nos hablan de cómo el tratamiento psicológico puede cambiar la función cerebral cuando tenemos ansiedad.

La ansiedad en el cerebro

Desde largo tiempo se han estudiado y estructurado los circuitos cerebrales implicados en los mecanismos de ansiedad en el ser humano. En personas con ansiedad, por una parte, encontraremos una amígdala hipersensible. La amígdala es una estructura cerebral encargada de procesar los eventos que pueden producir miedo, y puede dispararse ante estímulos que objetivamente no son amenazantes cuando sufrimos un trastorno de ansiedad. Por otra parte, la ínsula se encontrará hiperactiva. Esta estructura, entre otras funciones, está implicada en la percepción del propio cuerpo y las señales corporales. Así, cuando tenemos ansiedad, la ínsula hiperactiva implicará que las señales de nuestro cuerpo se ven intensificadas y somos más autoreferenciales.

extraída de medicaldaily.com
extraída de medicaldaily.com

Por último, hay otra estructura implicada en el procesamiento del miedo en personas con ansiedad. Este es el hipocampo. De él se ha observado que la activación ante el estímulo ansiógeno en concreto, la activación es extremadamente baja, y generalmente se propone que al ocurrir este tipo de alteración se hace más complicado extinguir la asociación del estímulo a un miedo excesivo en personas con ansiedad.

Junto con estas estructuras subcorticales alteradas, se ha podido comprobar también que, en personas que sufren un trastorno de ansiedad, la corteza prefrontal se encuentra poco activada en comparación con las personas que no sufren estos trastornos. Respecto de esto, de ha planteado la hipótesis de que en condiciones “normales” esta estructura cerebral se encargue de regular la intensidad, duración y frecuencia de las emociones sentidas, de modo que sería de alguna manera como el cuadro de mandos emocional.

Estos conocimientos de cómo puede funcionar un cerebro afectado por algún trastorno de ansiedad, además nos ofrecen un punto de vista conjunto, habitualmente, hemos tendido a ver las peculiaridades de cada trastorno diferente. Sin embargo, en términos generales podemos concluir que ocurren dos cosas fundamentales; por una parte, el cerebro más primitivo y algunas de sus estructuras básicas se encuentran hiperactivadas ante el estímulo que nos produce ansiedad.

Además, de forma complementaria, las áreas más corticales, especialmente del lóbulo frontal, se encontrarán demasiado poco activadas. De este modo, se podría decir que cuando padecemos algún trastorno de ansiedad, el cerebro que da la alarma salta demasiado fácilmente, mientras que el tendría que apagarla o mirar a ver si realmente hay un incendio está, a grandes rasgos, echando una siesta.

Como la psicoterapia cambia el cerebro con ansiedad

Una vez conocidos estos factores comunes en varios trastornos de ansiedad; la ansiedad generalizada, la fobia social, el trastorno de pánico o el trastorno de estrés post traumático, el siguiente paso consiste en conocer cómo la psicoterapia puede beneficiar sobre estas alteraciones a nivel cerebral.

En general, cuando hablamos sobre los trastornos de ansiedad, precisamente lo que se ha observado que hace la psicoterapia cognitivo conductual es nivelar de nuevo los sistemas de los que hablamos anteriormente. Por una parte, se reduce la activación de estructuras más antiguas, o subcorticales. Además, se ha observado que la psicoterapia también produce una mayor activación de las áreas del cerebro más modernas filogenéticamente hablando, las áreas corticales, especialmente las prefrontales, de modo que será más sencillo regular estas emociones.

Claro que cualquier persona que haya pasado por un proceso terapéutico sabe que ha podido aprender a gestionar de otro modo sus emociones y que han dejado de ser tan intensas e inmanejables. Por supuesto que nuestro cerebro refleja lo mismo. A veces es interesante y reconfortante darnos cuenta de que cerebro y mente no existen como dos cosas diferentes, que los cambios los hacemos a todos los niveles y por supuesto, nos hacen sentirnos mejor.

Fuente ncbi.nlm.nih.gov/

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org

Brooks SJ, & Stein DJ (2015). A systematic review of the neural bases of psychotherapy for anxiety and related disorders. Dialogues in clinical neuroscience, 17 (3), 261-79 PMID: 26487807