¿Podría ser que nos afecte más de lo que pensamos la imagen de la mujer en la publicidad?

Extraída de http://www.losandes.com.ar
Extraída de http://www.losandes.com.ar

En su arriesgada campaña publicitaria “bocetos de belleza real”, Dove llevó a cabo un estudio en el que se pedía a las mujeres que se describieran a ellas mismas mientras el artista del FBI Gil Zamora, sin verlas, las retrataba en función de su descripción. Posteriormente, se pedía a un desconocido que describiese a la misma mujer para que Gil dibujara un nuevo retrato de la mujer en base a la nueva descripción. El resultado mostraba dos retratos muy diferentes en el que el descrito por el extraño era más preciso con la imagen real de la mujer, y en el que se veía a ésta más guapa y feliz que la imagen hecha a partir de las descripciones de la propia mujer.

El resultado de esta campaña muestra el general bajo autoconcepto que las mujeres tenemos sobre la propia imagen personal y a raíz de ello, me gustaría ofrecer una breve explicación a partir del análisis de varios conceptos psicológicos y estudios.

El autoconcepto o visión que la persona tiene sobre sí misma se obtiene a través de dos vías: la autopercepción y la imagen que nos devuelven los demás denominada el “yo espejo”.

Parece que la autopercepción se forma del examen que hacemos sobre nuestros comportamientos (Bern, 1972), por ejemplo, si hacemos deporte nos consideraríamos deportistas, o si escribimos poesía, poetas, y esto surge de la motivación que tenemos para realizar ciertos comportamientos, que puede ser interna o externa. Pero también, para determinar cómo somos o nos comportamos, tendemos a compararnos socialmente, para así determinar si nuestras conductas son adecuadas y valorarnos en función de las personas a las que consideramos como estándares o referentes. La teoría de la comparación social, de L. Festinger (1954), postula que nos evaluamos en una serie de características tomando como base las características de los demás. En este proceso podemos compararnos con personas cuyos atributos estén por debajo de los nuestros (comparación social descendente) o con personas cuyos atributos nos superan (comparación social ascendente).

Además, el autoconcepto se lleva a cabo de las informaciones que nos dan las personas con las que interactuamos sobre cómo nos perciben. C. Cooley (1902) acuñó el concepto de “yo espejo” para ilustrar la idea de que el yo es un reflejo de lo que cada uno aprende sobre cómo le ven los demás.

Volviendo al resultado del estudio de Dove sobre el bajo autoconcepto de la mujer en cuanto a su imagen personal, podríamos considerar que en su desarrollo tiene mucho que ver con la equiparación social que hacemos las mujeres en un proceso de comparación social ascendente en la que se muestra la imagen de una mujer físicamente ideal. Este bombardeo de imágenes en la que se muestra a mujeres perfectas puede influir también en la concepción que todos nos hacemos de la imagen de mujer, y va a tener mucho peso, después, en la conformación del “yo espejo” de cada mujer respecto a su imagen.

Sería por tanto importante atender a los mensajes de la publicidad a los que nos vemos expuestos todos los días. En este sentido, María Márquez Guerrero e Ignacio Jáuregui Lobera llevaron a cabo un interesantísimo estudio “la imagen de la mujer en los medios de comunicación” cuyo objeto de examen fue la imagen de la mujer y el hombre en distintos medios de comunicación escrita (prensa, revistas…), y en el que hicieron un análisis semántico-pragmático de los textos en relación con las imágenes, prestando especial atención a la influencia en la construcción del discurso de factores como el sexo del enunciador del discurso y de su destinatario. A raíz de los resultados del análisis, estos dos investigadores llegaron a tres conclusiones: la primera es la existencia de áreas temáticas distintas vinculadas a los hombres y a las mujeres, siendo el poder, la victoria, el éxito y la acción los temas asociados al hombre y la belleza, la moda, la salud, la emoción, los conceptos vinculados a la mujer.

Además, se dieron cuenta de que la mujer no es sólo la destinataria de los productos que se quieren vender, sino que es que el vehículo persuasivo para promocionar los más variados objetos de consumo en el mercado y su imagen aparece tanto en la publicidad destinada a los hombres como a las mujeres o a ambos. Cuando se utiliza como recurso publicitario, suele mostrarse la figura completa de la mujer, desnuda o semidesnuda, en actitud sensual o amable, ocupando un primer plano.

Sin embargo, observaron que la figura del hombre en la publicidad es muy distinta, ya que su imagen aparece sólo para para artículos destinados al público masculino, y generalmente aparece su rostro y cuando aparece el cuerpo del hombre, éste está difuminado y no ocupa una posición relevante.

El tercer aspecto del que se dieron cuenta es la identificación que se hace de los conceptos salud y belleza.

Todo ello hace pensar en que sigue existiendo una “concepción de la mujer como complemento del hombre, para el que debe ser su amante, su servidora y su adorno, su pieza de caza y su trofeo” y por tanto una concepción sexista que puede estar la mente de la sociedad entera y que afecta en la forma en que se valora a la mujer y ésta, a sí misma. Todo ello está en consonancia con la teoría de Glick y Fiske (2001) del sexismo ambivalente, en la que consideran que no sólo sigue existiendo el sexismo hostil en el que se considera a las mujeres como grupo subordinado del hombre, sino que emerge un sexismo benevolente por el que se idealiza a la mujer como esposa, madre y objeto romántico.

Por todo ello, sería conveniente hacernos conscientes de los mensajes a los que nos vemos expuestos cada día para atenuar los prejuicios y diluir ciertas concepciones que disminuyan los efectos negativos que conllevan y que permitan que las mujeres, y en general, las personas, seamos más felices y dependamos menos de una imagen estándar preestablecida por una sociedad de consumo.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias:

Guerrero Márquez, M.; Jáuregui Lobera, I. La imagen de la mujer en los medios de comunicación.

Glick y Fiske (2001). An ambivalent alliance: Hostile and benevolent sexism as complementary justifications for gender inequality. American Psychologist, Vol 56(2), Feb 2001, 109- 201. Festinger (1954) Festinger, L. (1954). A theory of social comparison processes. Human Relati

Bern (1972). Bern, D. J. Self-perception: An alternative interpretation of cognitive dissonance phenomena. Psychological Review, 1967, 74, 183-200.

 

7 recomendaciones para elegir juguetes

Ya empiezan a llegar los catálogos de juguetes de las grandes almacenes e hipermercados a nuestros buzones y he de decir que es bastante desalentador hojear sus páginas. Es como si poco hubiera cambiado durante estos últimos 50 años. Los roles se han flexibilizado, las mujeres han ampliado considerablemente sus funciones en el ámbito laboral y la corresponsabilidad en el hogar va ganando terreno. Esto, que afortunadamente es una realidad creciente no parece haber llegado a estos catálogos de juguetes ni a muchas empresas dedicadas al diseño de juguetes. Me encuentro que los juguetes están perfectamente clasificados por un criterio en base a estereotipos de género. Parece que las niñas son rosas y deben bañar bebés, y los niños son los únicos que pueden hacer construcciones.

De acuerdo con quienes organizan la sección de juguetes en las grandes superficies, los niños se divierten exclusivamente con los juegos de acción, lucha y deportes, sin embargo, las niñas están centradas en su apariencia física y juegos poco movidos (muñecas, bebés, maquillaje…).

Los juegos de ciencia y de construcción tienen en sus cajas fotos de niños, mientras que las cocinitas van acompañadas de una niña. Los maletines de médicos todavía se comercializan para niños y los kits de enfermería para las niñas, a pesar de que actualmente más mujeres que hombres se gradúan en las facultades de medicina y cada vez más hombres se matriculan en enfermería. Parece que la realidad es más flexible que los catálogos.

Foto extraída de ArtThreat.net
Foto extraída de ArtThreat.net

 

 

 

 

 

 

 

 

 


Lo que elegimos para nuestros hijos e hijas es algo a considerar, ya que puede que sea bueno construir un mundo en el que nuestras niñas sepan que está bien cultivar más habilidades que el cuidado y que nuestros niños sepan que está bien ser sensibles y cuidar a los bebés; si queremos fomentar la curiosidad científica en nuestras niñas y el aprecio por las artes en nuestros niños, ¿por qué el empaquetado, producción y promoción de los juguetes se hace en base a los estereotipos de género? Si queremos dar a nuestros hijos la oportunidad de descubrir quiénes son en lugar de lo que un estereotipo espera de ellos y ellas ¿por qué no les ofrecemos más opciones?
Ante estos cuestionamientos, puede ser interesante considerar las siguientes sugerencias:

1. Mostrar diversidad y alternativas. Está genial que los Reyes traigan a las niñas esa muñeca que quieren y a los niños el balón de fútbol, pero puede estar bien plantearse que alguna vez incluyan otros juguetes. Todos los niños y niñas deberían tener la oportunidad de tener un kit de herramientas de juguete para que puedan hacer que arreglan las cosas – y tener la idea de que tanto las mamás como los papás saben cómo utilizar un martillo. Asimismo, está bien que todos los niños y niñas puedan tener un muñeco al que cuidar.

2. Proporcionar oportunidades para el juego no enfatice los estereotipos de género. Cualquier maestro de escuela infantil podrá decir que tanto a los chicos como a las chicas les gusta jugar a las cocinitas. Las niñas, así como los niños están interesados en cavar en la caja de arena y jugar con pelotas. A todos los niños y niñas les gustan los coches de juguete e inventan historias con animales.

3. Añade música a sus vidas. Los instrumentos de juguete son una gran manera de introducira a los niños y niñas en la música antes de implicarse en el aprendizaje de un instrumento.

4. Proporcionar momentos y acceso a actividades creativas. Dar a los niños materiales artísticos apropiados a su  edad. Llevarlos ratitos a museos para que puedan acercarse al mundo del arte.

5. No olvides los kits de ciencia. Te reto a que encuentres a un niño o una niña a la que le fascinen los insectos. ¿A qué niño o niña no le gusta ver un volcán en miniatura estallar o un cohete despegar?

6. Libros. Libros. Libros. Sé que puede parecer un poco clásico, pero a los niños/as les gustan los libros. Llévalos a la biblioteca. Explora todos los temas. Intenta evitar la idea de que hay libros e historias diferenciadas para niños y para niñas. Una buena historia es una buena historia. Lo mismo ocurre con los videojuegos y juegos de ordenador apropiados para cada edad, la música y las películas. Es importante estar atento/a a los estereotipos de género también en estos ámbitos.

7. Correr, saltar y generalmente moverse es una parte natural de la infancia. Niñas y niños disfrutan mucho corriendo, persiguiéndose, lanzando un balón… Anima a tus hijos/as a probar diversas actividades y deportes, pronto encontrarán qué es lo que más les interesa.

¿Por qué es importante superar la idea de que ciertos juguetes son femeninos o masculinos? Porque el juego importa. El juego es el “trabajo” de la infancia. Los niños/as mientras juegan y disfrutan están ensayando los roles que desempeñarán como adultos; los mensajes que reciben se integran y conforman su identidad. Las investigaciones demuestran que los niños y niñas a los que se le anima a jugar con juguetes “no diferenciados por género” tienen un mejor desempeño académico, social, artístico y físico. Cuando los juguetes están limitados por género, limitan la imaginación y las metas propias del niño o la niña.

Fuente: Psych Central

Escrito por María Rueda

El género también afecta a la salud mental

Los hombres y mujeres no somos iguales del todo. Siempre buscamos una igualdad social y cultural, así como igualdad de oportunidades. Pero quizá porque aún queda un largo camino hasta llegar a una plena igualdad, o quizá por otros motivos, cuando hablamos de salud mental, aún hay muchas diferencias entre hombres y mujeres.

En general, se conoce que las mujeres tienen más frecuentemente trastornos del ánimo y trastornos relacionados con la ansiedad y el estrés. Estas diferencias entre géneros han sido ampliamente estudiadas y los estudios en psicología sobre el género son amplios y complejos. Con motivo de la celebración del Día Internacional de la Mujer Trabajadora ayer 8 de marzo, queremos hacer una pequeña búsqueda sobre los motivos por los que existen estas diferencias en salud mental entre mujeres y hombres.

Hay varios factores que se enuncian como hipótesis para explicar estas diferencias. Por una parte, las diferencias biológicas a nivel genético u hormonal. Podría ser que en las mujeres existiera un componente genético que las hiciera más vulnerables al sufrimiento psicológico. O bien que las fluctuaciones hormonales propias de la mujer a lo largo del ciclo vital influyeran también sobre la vulnerabilidad a dichos trastornos.

Sin embargo, no se ha podido demostrar que estos factores biológicos expliquen claramente estas diferencias entre hombres y mujeres. Por esto, también se investigan otros factores que pudieran hacer que en las mujeres haya una mayor prevalencia de trastornos psicológicos de este tipo. Por un lado, se plantea que las mujeres, tengan en términos generales menos recursos; las ya conocidas diferencias salariales entre una mujer y un hombre o el acceso a puestos de menor poder, llevaría a las mujeres a tener menos recursos, lo que puede derivar en un afrontamiento puramente material menos eficaz en términos de salud.

Teniendo en cuenta que en nuestra sociedad actual las diferencias de género son bastante amplias, es importante considerar los factores sociales y su influencia sobre la salud mental. El rol de las mujeres está sometido a unas mayores exigencias y obligaciones, así como las mujeres sufren a lo largo de la vida mayor número de eventos estresantes. Aunque estas diferencias han sido usadas en investigación para explicar las diferencias de salud mental, sólo han logrado explicarlas parcialmente a través de estos factores.

Así, se plantea que las mujeres tengan una mayor vulnerabilidad al estrés que quizá conduzca posteriormente al desarrollo de problemas de salud mental. Esto se podría explicar por las diferencias entre las concepciones del rol de género femenino y masculino. El rol femenino sería más internalizante, llevando a estrategias que hacen que sean más vulnerables a los trastornos de ansiedad y depresivos, mientras que un rol masculino sería más externalizante, llevando a un afrontamiento que les hace más vulnerables a trastornos adictivos o conducta antisocial.

El hecho de que las formas de afrontar los problemas se relacione con los roles de género, se ve reflejado en el estudio de 2010 llevado a cabo por Seedat y su grupo, en el que encontraron que el rol femenino tradicional es un factor de riesgo para el desarrollo de la depresión. Se propone que si se disminuyera la influencia de un rol femenino tradicional, la incidencia de trastornos depresivos se igualaría entre hombres y mujeres.

En general, unos roles de género muy estrictos son perjudiciales tanto para mujeres como para hombres. Aunque aquí nos hemos centrado en los factores que pueden afectar a ese mayor desarrollo de trastornos en la salud mental en mujeres, el tener que ceñirse a un rol de género concreto puede ser perjudicial para todos, así que una flexibilidad en este sentido será siempre beneficiosa para ambos géneros. La prevención en salud mental pasa por la educación en aspectos emocionales, sociales y de afrontamiento al estrés, pero también es importante tener en cuenta que una educación menos rígida en la necesidad de adecuarse al rol de género puede proporcionar muchos beneficios sociales en temas de salud mental. Permitamos a cada persona desarrollarse en una sociedad más sana, incluyendo la libertad de moverse fuera de los estereotipos de género.

ResearchBlogging.orgDenton M, Prus S, & Walters V (2004). Gender differences in health: a Canadian study of the psychosocial, structural and behavioural determinants of health. Social science & medicine (1982), 58 (12), 2585-600 PMID: 15081207

Piccinelli, M. (2000). Gender differences in depression: Critical review The British Journal of Psychiatry, 177 (6), 486-492 DOI: 10.1192/bjp.177.6.486

Rosenfield, S. & Mouzon, D. (2013) Gender and mental health. En C. Aneshensel, J.C. Phelan & A. Bierman (Eds.) Handbook of the Sociology of Mental Health (pp 277-296). Netherlands: Springer.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas