¿Somos adictos a Internet?

Extraída de gestion.pe
Extraída de gestion.pe

La mayoría de nosotros ha escuchado alguna vez hablar de la adicción a Internet, ya sea en los medios de comunicación o bien porque conocemos a alguien que creemos podría entrar en esta categoría de ‘adictos a las nuevas tecnologías’, si no nosotros mismos. Pero, ¿en qué se basa este concepto? La denominada adicción a Internet es una más de las numerosas adicciones comportamentales que han irrumpido en nuestra cultura moderna: la adicción a las compras, al sexo, a la comida, al amor…

Lo cierto es que el conocido como ‘Trastorno de adicción a Internet’ (Internet addiction disorder) es difícil de definir, ya que la mayoría de estudios en los que se basa carecen de fundamentación científica que los avalen. Es más, la adicción a Internet como trastorno ni siquiera se encuentra recogida en el manual de referencia para la clasificación de los trastornos mentales de la Asociación Americana de Psiquiatría (DSM-5), por lo que su validez en la actualidad es bastante cuestionable.

 Debido a la creciente medicalización de nuestra vida diaria tendemos a etiquetar cualquier problema de exceso como un auténtico trastorno mental. De hecho, sabemos que describir un problema desde una perspectiva exclusivamente médica o biológica cambia nuestra forma de verlo, como indican desde la Universidad McMaster de Canadá. Este equipo de investigación concluyó que sustituir el nombre común de una enfermedad por un término médico hace que percibamos dicha enfermedad como más grave. De este modo, el considerar la posibilidad de ser ‘adictos’ a Internet nos puede hacer pensar en nuestra actividad diaria como trastornada o insana.

Sin embargo, lo que la mayoría de las personas que se consideran adictas a Internet probablemente estén sufriendo sea el deseo de no enfrentarse a otros problemas que tengan en su vida, ya sea un trastorno mental (depresión, ansiedad, etc.), un problema de salud o dificultades de pareja. En estos casos, Internet constituye un simple medio de distracción o de evitación, como lo pueden ser también ver la televisión o ir al bar con los amigos

 Llegados a este punto podríamos plantear una pregunta: ¿por qué Internet es tan ‘adictivo’ entonces? Pues bien, ya que donde se emplea la mayor parte de nuestro tiempo online es en las redes sociales, podríamos pensar que la socialización en sí es lo que nos atrae tanto a Internet: el simple hecho de pasar tiempo con amigos y familia y relacionarnos con ellos. Sea por email, un foro de discusión, un chat o un videojuego online, la gente pasa el tiempo intercambiando información, apoyo o un mero rato de charla con otras personas iguales a ellos, es decir, relacionándose con otros como lo haríamos en un restaurante o en el parque. Plantearnos por tanto que somos adictos a las relaciones sociales o a hablar con la gente parece poco realista.

 A pesar de la necesidad de ampliar la investigación al respecto y obtener resultados fiables, existen casos en los que conectarse a Internet puede implicar consecuencias indeseadas y consideremos como opción buscar ayuda de un profesional: que nos

genere un importante malestar, problemas de salud o deteriore nuestras relaciones sociales en lugar de potenciarlas son algunos ejemplos. Esta ayuda existe sin necesidad de que contemos o no con un diagnóstico concreto. Lo que está claro es que determinar si pasamos demasiado tiempo de ocio conectados depende de numerosos factores, no únicamente del tiempo en sí.

Como afirma el Doctor en sociología Francesc Núñez “es posible que generemos una dependencia de las Tecnologías de la Información y Comunicación […], pero al igual que la tenemos de la electricidad, del agua corriente, de la gasolina o del transporte”. Por tanto, pensar que somos cada vez más ‘adictos’ a Internet no puede estar, a día de hoy, más lejos de la realidad.

Escrito por Alejandra Ranz Case.

Fuentes: psychcentral.com, eldiario.es, slate.com.

¿Puede el autismo, en algunos casos, desaparecer con el tiempo?

La semana pasada, diferentes medios nacionales e internacionales se hacían eco de un artículo publicado en el Journal of Child Psychology and Psichiatry, con un título polémico y con gran capacidad para levantar la curiosidad de buena parte de la comunidad científica. ¿Puede el autismo desaparecer con el tiempo?

Los principales autores, encabezados por  la doctora Deborah Fein (University of Columbia), constataban en su estudio un hecho asombroso; de la muestra escogida (de edades comprendidas entre los 9 y 21 años), un porcentaje de ellos (un total de 34 participantes) conseguían superar sus síntomas de autismo e incluso perder la categoría diagnóstica al hacerse mayores, tras haber sido detectados como tales de forma temprana. ¿Cómo es eso posible?

Los resultados fueron obtenidos tras la comparación exhaustiva de estos casos con otros dos grupos; uno de ellos control; el otro, un grupo de personas con síntomas autísticos pero sin presencia de discapacidad intelectual. A pesar de que en el estudio no se dan razones claras de este acontecimiento insólito, sí que se correlaciona con un factor; de los dos grupos diagnosticados con autismo en su niñez, el grupo que creció hacia un desarrollo normal sin síntomas en su vida adulta había conseguido mejorar en sus habilidades y destrezas de socialización.

Sin embargo, varios expertos ya se han apresurado a afirmar que dichos resultados deben ser tomados con cautela, y no considerarlos como una lanza a favor de un curso reversible dentro del autismo. El artículo no  defiende que el autismo desaparezca; solo se produciría en algunos de los casos  estudiados. Por otro lado, ¿se había  realizado un buen diagnóstico en todos los casos? ¿Qué clase de terapias habían seguido con cada persona en particular? ¿Explicaría los resultados una posible normalización de funciones cerebrales? Los propios autores están revisando las conclusiones del estudio  para esclarecer cada uno de los interrogantes.

Con la inminente publicación del DSM-V (en mayo de este año) y la modificación del autismo en una categoría mucho más amplia y basada en la idea de continuo, las implicaciones de este estudio están todavía por verse. ¿Qué opináis?

 

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: autismodiario.org, Elpais.com y Psychcentral