6 beneficios cognitivos del dormir bien que no te habían contado aún

Foto extraída de www.canalmascotas.com

Dormir es una actividad fundamental en nuestras vidas. Pero se nos olvida. Recientemente se publicaba un artículo en el que se nos mostraba como los españoles, al igual que en otros países, se duerme poco. Se suele decir que debemos dormir unas siete u ocho horas para descansar de manera adecuada y rendir de acuerdo a las necesidades del día, y si bien es una cifra que puede variar según las diferencias individuales (hay personas que con seis horas les basta), con el fuerte ritmo de nuestras vidas diarias muchos nos acostamos más tarde delegando en el café de la mañana lo que nos gustaría estar bajo nuestras sábanas. Lo cierto es, sin embargo, que dormir tiene una serie de beneficios muy importantes que no sólo repercute  en nuestro descanso, sino directamente en nuestra capacidad cognitiva. Detengámonos brevemente en ellos para darle al sueño la consideración que se merece:

a)      Podemos tomar decisiones. Una serie de investigaciones realizadas en el Current Biology muestran cómo podemos procesar información incluso cuando dormimos, y que incluso esta información puede utilizarse para tomar decisiones. En dicha investigación, mediante la utilización de electrodos para recoger la actividad cerebral de sujetos dormidos, se comprobó efectivamente que en el cerebro se activaban zonas similares al estado de vigilia en una tarea de elección y categorización de palabras que se realizaba cuando los sujetos estaban dormidos. Los participantes no recordaban  las palabras utilizadas cuando en el estado de sueño, pero la observación  de la actividad en el cerebro no daba lugar a dudas: el cerebro había podido realizar la tarea.

b)      Crea y consolida recuerdos. Está demostrado que una etapa de deprivación de horas de sueño tiene un efecto directo en la actividad del hipocampo, estructura íntimamente relacionada con la creación y consolidación de la memoria. De la misma manera, también es sabido que dormir adecuadamente tras una etapa intensa de aprendizaje ayuda a la consolidación de los recuerdos, de manera que dormir bien ayuda a que nuestro cerebro mantenga “frescas” las memorias adquiridas. Dejar el estudio de ese examen maldito o preparar una reunión la noche anterior a su defensa tal vez no sea la mejor forma para garantizarnos un buen rendimiento a la mañana siguiente.

c)      Nos ayuda a hacer conexiones inusuales. O lo que es lo mismo, mejora nuestra creatividad. En efecto, en una investigación reciente se comprobó la habilidad del sueño para mejorar conexiones nuevas y remotas de un material previamente conocido, dando una reinterpretación distinta a lo ya conocido y relacionando ideas aparentemente poco relacionadas. De ahí a  que muchas profesiones artísticas prefieran aprovechar las horas posteriores al sueño para aprovechar lo que Morfeo ha dejado bajo su almohada.

d)      Elimina lo que no nos sirve. Efectivamente, dormir limpia al cerebro de los desechos y toxinas que produce nuestro cerebro en estado de vigilia, pudiendo estar relacionado con la prevención de enfermedades como la del Alzheimer u otros trastornos neurológicos, al ser proteínas como la beta-amilode (proteína relacionada en la génesis y mantenimiento de los déficits cognitivos en la Enfermedad del Alzheimer) tendente a desecharse mientras uno duerme.

e)      Nos ayuda a planificar y recordar cómo hacer actividades físicas. Los husos del sueño, picos muy fuertes y muy intensos de actividad neuronal en determinados momentos del sueño REM, estarían detrás de la capacidad para almacenar, transferir y consolidar información de los sistemas a corto cerebro  del lóbulo frontal a los sistemas a largo plazo del lóbulo temporal, de manera que se facilitaría la adquisición y consolidación de aprendizajes motores. Aunque todavía queda por confirmaciones seguras de este hecho, todo parece indicar que dormir bien contribuiría a los buenos rendimientos de los deportistas en etapas de alta competición.

f)       Por último, dormir nos facilitaría estar despiertos durante el día. Algo que parece redundante, pero que según palabras del especialista en trastornos del sueño Eduardo Estivill, “el sueño genera la capacidad para estar despiertos. El estado ideal del hombre no es estar despiertos, sino estar despiertos y estar dormidos, porque  dormidos se genera funciones cerebrales y cardio-respiratorias necesarias en nuestra alerta del día siguiente”.

En definitiva, dormir es una necesidad con multitud de beneficios y funciones claras para nuestra salud. Conocerlas y hacer un buen uso de ellas (regular un buen patrón de sueño) nos ayuda a entender que la expresión “felices sueños” no se refiere sólo a la ausencia de pesadillas durante la noche.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: www.psychcentral.com, www.huffingtonpost.com,  www.apa.org, www.muyinteresante.es.

Las vacaciones perfectas para reducir el estrés

Si nos planteamos la vorágine de cosas que hacemos en el día a día; y miramos el calendario por estas fechas, no podemos no anticipar nuestras vacaciones. Llevamos meses esperando este momento, por todo lo que significa de ruptura con respecto a la rutina diaria. Y nos asalta una duda, ¿serán suficientes para oxigenarnos del estrés?. ¿Volveremos a casa y al trabajo realmente descansados?

Así, hemos recogido una serie de sencillas claves para sacar el máximo partido a nuestras vacaciones, de acuerdo a los estudios que han propuesto diversos autores sobre este tema  y tras observar  la efectividad del periodo vacacional  para disminuir el estrés en nuestra salud física y psicológica. Las más importantes son:

–          Coger cortos periodos de vacaciones (de entre 7 a 10 días de duración) y repartidos a lo largo del año que un único periodo largo en todo el año (de 10 días en delante de duración). Según los estudios, se encuentran los mismos efectos positivos en unas vacaciones de 8 días que en una de 15, si bien  la probabilidad de sufrir el llamado “Síndrome Post-Vacional” (con síntomas de irritabilidad, fatiga y desmotivación) es mayor con un período largo de vacaciones.

–          Realizar pequeñas y espontáneas escapadas de fin de semana, que signifiquen algo distinto a lo que habitualmente hacer y que impliquen cumplir metas, deseos  e intenciones (sendas en la montaña, torneos de paintball o visita a parques temáticos)

–          Retrasar una mañana la vuelta a la rutina una vez hayamos hecho el viaje de regreso al hogar. ¿Con qué?. Realizando actividades que se hicieron en las vacaciones y que puedas introducir en tu cotidianidad (leer el mismo libro que comenzaste en la playa; prepararte un delicioso desayuno como aquel que probaste en el hotel donde te hospedaste, hacer una rutina diaria de ejercicio como los paseos que hacías a orillas del mar…)

–          Hacer algo intenso y  diferente en los últimos días de tus vacaciones, sea cual sea la duración total de ellas. Esto responde a la idea de “the peak end rule”; propuesta por Kahneman y Redelmeier; efecto en donde se observa cómo  nuestra memoria tiende a recordar y juzgar los acontecimientos según la novedad y la finalización de los mismos.

–          Dejar fuera de las vacaciones aquellas cosas no imprescindibles y que te recuerden de algún modo a tu vida laboral cotidiana (la agenda, prendas que utilizas en tu lugar de trabajo, no mirar la bandeja de entrada de tu correo durante unos días…)

–          Anticipar las escapadas a largo plazo y evitar una planificación excesiva de las  mismas, teniendo en cuenta, por supuesto, el tipo de viaje que queramos confeccionar.

Así, en definitiva, los expertos coinciden en definir el rélax perfecto como algo regular, distinto y no demasiado largo…¿cómo definirías tus vacaciones ideales? ¿Se te ocurre alguna sugerencia para añadir a las propuestas en este artículo?.

Fuente: psycentral; la nación.com; about.com.

Escrito por David Blanco Castañeda