Signos de que te ha criado un narcisista

Las personas que han tenido o tienen un padre o madre narcisista sufren de una serie de efectos en su forma de verse a sí mismos y al mundo que en muchas ocasiones les lleva a un sufrimiento muy intenso. Generalmente, no tienen conciencia de ello hasta que se encuentran en un proceso terapéutico por su propio malestar psicológico. Sin embargo, cuando tu desarrollo se ha visto influido por una personalidad narcisista, hay varias características llamativas que pueden aparecer.

padre narcisista

Ya que una persona narcisista dispondrá de toda la familia para conseguir sus necesidades, un adulto criado por un narcisista se dejará pisotear con facilidad, ya que desde siempre ha aprendido a ser un medio para que otros consigan lo que quieren.

De esta forma, una persona criada por alguien narcisista no tiene una gran conciencia de sí mismo, del mismo modo que no reconoce sus necesidades, o lo que quiere. El progenitor narcisista en muchas ocasiones tratará de vivir los logros que no ha conseguido a través de sus hijos, ya que por mucho que haya logrado nunca será suficiente. Así, durante el desarrollo, los niños aprenden a satisfacer sólo a este progenitor en lugar de a sí mismos, de modo que no hay espacio para sus propias necesidades.

Es habitual, en esta misma línea que si has tenido un padre narcisista te sientas casi más como un compañero que como un hijo a su cargo. Ya que las personas narcisistas requieren de toda la atención de las personas que le rodean y que éstas cubran sus necesidades de reconocimiento y logro, los hijos de personas narcisistas pueden encontrarse en un rol de ayudar a que todo esté bien y que esa persona no sienta ninguna contrariedad. Asumen el papel de mantener todo en orden y solucionar algunas cosas hasta antes de que haya habido lugar a un problema.

Además, la única forma en que sientes que vales algo es a través del éxito. Los padres narcisistas, ya sea de forma explícita o implícita, sólo ven en sus hijos algo positivo cuando se trata de un éxito demostrable, especialmente a nivel social. Pero además, aplican esto de forma similar en sí mismos, de modo que como hijo de alguien narcisista es probable que el único valor que veas en ti mismo es por lo que has conseguido y en muchas ocasiones tampoco te parecerá suficiente.

Otra característica que puedes percibir en ti mismo cuando te ha criado un padre narcisista es que te sientes extremadamente competitivo con tus iguales o hermanos. Este estilo de personalidad tiende a motivar a través de la comparación, como por otra parte hacen consigo mismos. Es por esto que aunque no sea de un modo consciente (aunque también puede aparecer directa y conscientemente) los padres naricisistas estarán constantemente haciendo comparaciones sobre las cualidades de sus hijos. Esta actitud lleva a aprender un sentido de lucha por el reconocimiento y una necesidad de competir que generalmente se convierte en algo bastante doloroso para los hijos.

Una vez comienzas a reconocer esto en ti y tomas conciencia de que te ha criado una persona narcisista, comienzas a entender varias cosas sobre cómo te puedes estar haciendo daño a causa de esos aprendizajes hechos en etapas muy tempranas.

Para comenzar a manejar estos sentimientos, es cierto que el simple hecho de conocer de dónde proviene esa sensación de miedo intenso cuando vas a hacer algo que puede salir mal en sí nos puede dar cierto grado de tranquilidad. En ocasiones no es suficiente el entender cómo funciona una persona narcisista para aliviar los síntomas que puede producir el haber sido educado por uno. Hay varias técnicas que puedes probar para manejar lo anteriormente comentado y en cualquier caso, la ayuda psicológica siempre será positiva para mejorar el autorreconocimiento y mejorar tu autoestima.

Practicar el mindfullness. La práctica de una atención plena a nuestros estados internos dará lugar a una mayor conciencia de nuestras propias emociones y estados mentales. Además, si logramos hacerlo sin juzgar estos sentimientos, comenzaremos a ver otra forma de percibir nuestras propias necesidades que no hemos logrado aprender a través de este estilo de crianza.

Aplicar la dialéctica. En la terapia dialéctico conductual, entre las diferentes estrategias para aumentar el bienestar se aplica la dialéctica. Esto implica, entre otras cosas, que dos cosas opuestas pueden existir a la vez y que así se puede explicar la realidad incluso de forma más ajustada. En este caso, podríamos entender porqué esa persona se comporta así aprendiendo lo que tiene que ver con los rasgos narcisistas y al mismo tiempo desear que esto cambie.

Buscar la aceptación. Cuando hablamos de aceptación no significa resignarnos con la situación. Tampoco que estemos cómodos con ella ni que estemos de acuerdo. Simplemente significa que asumimos que es una situación que ocurre y que probablemente no podemos cambiar. Una vez logramos aceptar que esto ocurre, además, podemos buscar otras formas de enfrentar esta situación para que nos dañe lo menos posible.

Es difícil descubrir que algunas de las formas más dañinas que usamos con nosotros mismos provienen de que uno de nuestros progenitores no aprendió a manejar su narcisismo, pero al menos, comenzar a comprenderlo, en muchas ocasiones puede ser el primer paso para aprender a hacer un cambio en estas cosas que nos duelen y empezar a sentirnos mejor.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fuentes huffingtonpost.com, psychcentral.com

 

¿Estás teniendo una buena actitud para contig@ mism@?

Extraída de www.taringa.net
Extraída de www.taringa.net

Todos tenemos pensamientos negativos de vez en cuando. Uno está en una fiesta y comienza a sentirse incómodo porque ve a dos amigos riéndose. “Ya se están riendo de mí”, piensa. Y comienza a titubear cuando éstos se le acercan, incapaz de seguir su conversación y permaneciendo callado y en alerta. Vemos como un simple pensamiento ha teñido una situación que en un principio parecía gratificante, impidiéndonos el  disfrute y dejándonos un mal sabor de boca durante toda la fiesta. De ahí a que la terapia busque la promoción de pensamientos alternativos; en los que la persona pueda plantearse si había otra posible explicación a esa risa tan desconcertante. ¿Tal vez el recuerdo del finde anterior?. Por ello, creemos conveniente repasar qué pensamientos  o actitudes negativas pueden provocarnos estados de intenso malestar; es el primer paso para reconocer y cuestionar la influencia sobre nosotros.

1.Pensamientos de “Yo no Puedo”, ”Me falta lo que se necesita para…”, “No soy lo suficientemente bueno para..”: con frecuencia, albergar pensamientos que nos confirman nuestra propia incapacidad ayudan a disuadirnos para no hacer lo que nos planteamos. ¿Cómo vamos a hacer eso tan difícil si de partida ya anticipamos nuestro fracaso?.

2.Suponer negativamente. Que haya tráfico o que hoy te toque discusión con tu jefe no es necesariamente algo malo. No es tan importante lo que nos pase como lo que hacemos realmente con ello. Es la forma de relacionarse con las circunstancias en el momento lo que puede determinar si el impacto es malo o bueno. Ser capaces de qué podemos elegir y de que podemos sacar otra relectura puede enseñarnos a actuar en nuestras circunstancias.

3.Compararse(e infravalorarse) con respecto a los demás. Hacer comparación social con respecto a los demás no trae nada bueno. Un estudio demostraba que compararse habitualmente con los demás relacionaba positivamente con más niveles de estrés, ansiedad, estado de ánimo y  disminución de toma de decisiones. Tacharse de incompetente afecta negativamente a nuestra autoestima. Pero, ¿qué pasos han seguido para hacer eso que nos resulta impensable? ¿Y si probamos a realizarnos nosotros?

4.Rumiar constantemente con lo que no se hizo en el pasado. Volver al pasado sin oportunidad para cambiarlo nos sume en un estado de angustia, culpabilidad y desesperanza. Orientarnos en la manera en qué podemos solucionar ese problema en el presente puede ayudarnos a cerrar ese tema que tanto nos preocupa.

5.Echar balones fuera de nuestras propias responsabilidades. Hacer al otro responsable de nuestras desgracias nos instala en una actitud de victimismo y resentimiento, fomentando la inactividad y la amargura por algo que creemos injusto. Asumir el compromiso y la responsabilidad de nuestras acciones nos ayudan a tomar decisiones que sí tienen que ver con nuestros objetivos y nos capacita para sentirnos satisfechos cuando conseguimos nuestras metas.

6.El exceso de perfeccionismo y la intolerancia al error. Tener unos objetivos claros y bien definidos nos ayudan a orientarnos y a definir donde queremos ir. Pero, ¿qué ocurre cuando creemos que si no conseguimos esos estandartes fielmente estamos fracasando estrepitosamente? ¿Todo error en su consecución es una falla inconcebible? Permitirnos fallar y reconocer nuestras propias limitaciones podría ser la verdadera opción para una mayor felicidad.

Tener en cuenta cada uno de los pensamientos aquí descritos permiten no desviarnos de lo verdaderamente importante: nuestra propia valoración personal. Centrarnos en lo que sí podemos hacer y en conseguir nuestros objetivos a pesar de nuestros propios pensamientos negativos puede ser la manera óptima de lograr lo que nos proponemos. Hoy puede ser un buen momento para comenzar.

Fuente: Psychology Today.

Escrito por David Blanco Castañeda.

¡Atención! Autoestima en construcción

Desde hace ya algunas décadas nuestro concepto de la paternidad y maternidad ha cambiado sustancialmente, ya no sólo nos movemos en términos nurturistas, es decir, nos importa algo más que si el “niño no me come”. En los últimos 30 años han llovido millones de consejos sobre la educación, especialmente sobre la construcción de la autoestima de los niños y niñas. La autoestima es la valoración que hacemos sobre nosotros mismos, reflejando el concepto que tenemos sobre nuestra capacidad y efectividad para hacer las cosas, la confianza en nosotros mismos y la percepción sobre nuestra valía como persona.

La manera más intuitiva para padres, madre y maestros/as para construir la autoestima de los niños es a través del elogio. Parece natural que si un niño hace bien una tarea,  al alabarle aumentará su autoestima. Pero las investigaciones de estos últimos años sobre la relación entre los elogios y la autoestima no muestran conclusiones tan intuitivas como esta creencia. De este modo el estudio de Claudia Mueller y Carol Dweck ha demostrado que el tipo de elogio que los adultos dan a los niños influye en las creencias de los niños en aspectos relevantes para su aprendizaje.

Según esta autora, algunas alabanzas refuerzan la creencia de que un niño tiene ciertos rasgos o talentos (“Eres tan bueno en matemáticas…” o “Eres muy inteligente”). Este tipo de elogio puede llevar a los niños a creer que las habilidades fundamentales están arraigadas en un talento innato. Cuando los niños creen que tienen un talento especial, y se encuentran con dificultades en ese terreno en el que eran buenos, ellos reaccionan como si hubieran tocado el techo de su talento, lo que les hace propensos a darse por vencido. En cambio, Mueller y Dweck argumentan que los elogios deben centrarse en el esfuerzo (” Has trabajado mucho en eso”), lo que les enseña que están desarrollando sus habilidades. Los niños que creen que están adquiriendo las habilidades reaccionan a la dificultad esforzándose más en lugar de tirar la toalla.

En un estudio publicado el mes pasado, Brummelman y su equipo exploraron la influencia del  elogio exagerado en los niños con diferentes niveles de autoestima (“Es un dibujo increíblemente bonito”, en contraposición a uno menos extremo “Es un dibujo bonito “) y extrajeron conclusiones muy interesantes. Observaron que los adultos tratan de compensar la baja autoestima de los niños dirigiéndoles elogios exagerados. Esto no sería un problema si no fuera porque, según los autores del estudio, este tipo de alabanza excesiva puede llevar a los niños con baja autoestima a evitar asumir nuevos retos, debido a su preocupación de que no van a ser capaces de cumplir con las altas expectativas de los adultos. Sin embargo, en el caso de los niños con alta autoestima el tipo de elogio no pareció tener efecto en la actuación de los niños.

Entonces, ¿qué podemos hacer? En última instancia, la autoestima es un concepto demasiado amplio para proporcionar una buena guía para ayudar a los niños a desarrollarse como estudiantes y aprendices. No obstante, es importante centrarse en enseñar a los niños el valor de su esfuerzo en el proceso aprendizaje y hacerles protagonistas activos de sus propios logros. No olvidemos que aprender es una necesidad muy humana y que los pequeños éxitos cotidianos son los que nos hacen sentir capaces. El refuerzo es muy importante en el desarrollo, elogia y subraya esas pequeñas cosas que hacen a diario y que les hace grandes, a lo mejor así no encontraremos dos grupos de niños, los de la alta y baja autoestima.

ResearchBlogging.org Mueller CM, & Dweck CS (1998). Praise for intelligence can undermine children’s motivation and performance. Journal of personality and social psychology, 75 (1), 33-52 PMID: 9686450

Brummelman E, Thomaes S, Orobio de Castro B, Overbeek G, & Bushman BJ (2014). “That’s Not Just Beautiful–That’s Incredibly Beautiful!”: The Adverse Impact of Inflated Praise on Children With Low Self-Esteem. Psychological science, 25 (3), 728-35 PMID: 24434235

Fuentes: Psychology Today, BPS Research Digest

Escrito por María Rueda Extremera

Formas de dar valor a las emociones de tus hijos

Comprender a tu hijo es tan importante como quererle y amarle. Al igual que hay muchas parejas, que pese a quererse, se separan porque nunca se han sentido comprendidos el uno por el otro, hay muchos niños y adolescentes que se sienten amados, pero no entendidos

Validar los sentimientos de tus hijos les ayudará a sentirse comprendidos. Esto significa aparcar por un momento tu ego y gran deseo de echarles el sermón. Validar los sentimientos de tu hijo también significa no juzgarle, sino simplemente reconocer sus sentimientos. Esto requiere gran concentración y disciplina como padres. El mejor ejemplo de disciplina que puedes darle a tu hijo tiene que ver con tu propia auto-disciplina para ser paciente, comprensivo y cariñoso, y más especialmente cuando tu hijo no está actuando precisamente de forma adorable. Contrariamente a lo que muchos padres frustrados pueden pensar, sobre todo durante los estresantes momentos de conflicto, la validación de los sentimientos no implica tolerar malas decisiones o ceder a la conducta desafiante.

Validar significa transmitirle a tu hijo un mensaje muy importante, que “sus sentimientos tienen sentido”. No sólo le das permiso para sentir lo que siente, sino que recoges y aceptas sus emociones de una manera no crítica. Validar a tu hijo expresa una gran empatía. Esto ayudará a construir su autoestima y reducir su comportamiento desafiante, que es a menudo la forma que tienen los niños de expresar que no se sienten entendidos. A continuación te sugerimos algunas formas de validar los sentimientos de tu hijo:

  • Comunícale tu intención de escuchar sin juzgar o culpar, e insístete a ti mismo si ves que te desvías de la deseada actitud empática.
  • Sé sensible a, y reconoce, lo difícil e incluso vergonzoso que es ser “diferente” cuando él o ella quiere ser como todos los demás.
  • Reconoce sus problemas y entiende que son importantes. Muchos niños y adolescentes expresan que en repetidas ocasiones sus padres minimizan, ridiculizan y obvian sus luchas y problemas.
  • Reflexiona sobre cómo se siente de mal cuando experimenta como si las paredes le comprimieran y lo abrumador que es cuando sus emociones parecen escaparse a su control.
  • Comprende cómo la vergüenza (a menudo imperceptible para los padres frustrados) puede influir en cómo se comporta el niño, aun lamentándolo más adelante.

Es importante recordar que si los niños se sienten validados, estarán en mejores condiciones para escucharte y cambiar sus propios comportamientos. Sé consciente de lo importante que es, no sólo para tu hijo, sino también para vuestra relación. La validación es crucial para la construcción de su autoestima a lo largo de su infancia y adolescencia, lo que promoverá una sólida salud emocional.

 

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

Yo, yo y yo mismo: la generación del Siglo XXI.

En mayo del año pasado, la revista “Time” dedicó su portada y un extenso artículo en su interior a la llamada “Generación Yo-Yo”, generación correspondiente a las personas nacidas a partir de enero de 1982 hasta diciembre de 1999. Con clara intención divulgativa, se explicaba, por ejemplo, cómo la población de nuevos jóvenes y adultos  no somos tan felices como esperamos; o como presentamos altas dosis de insatisfacción y un aumento en la tasa de los trastornos mentales, siendo la ansiedad, la depresión o los trastornos narcisistas grandes exponentes. La tecnología está presente en casi cada aspecto de nuestra vida, y sin embargo,  cada vez nos comunicamos peor cara a cara. ..¿qué nos está ocurriendo?

Jean Twenge, profesora de psicología en la Universidad Estatal de San Diego,  ha dedicado gran parte de su carrera profesional a definir las principales características de los adultos jóvenes de hoy en día. Sus conclusiones son poco alentadoras y van en consonancia con el artículo. Nos define como una generación insatisfecha; hemos crecido con mensajes de auto-realización y auto-motivación constantes pero no se nos ha enseñado a tolerar las frustraciones y decepciones del día. Hemos creído y seguido la necesidad de seguir nuestros sueños sin importar lo que nos digan los demás; pero no se nos ha inculcado una verdadera cultura de esfuerzo, ni a ajustar nuestras expectativas cuando las cosas no salen del todo bien. Nos hemos volcado en nosotros mismos; hemos ganado libertad y ahora podemos acceder a información y datos que hace treinta años era impensable para un adulto de 35 años; pero dicha información no cumple una función de aprendizaje, sino de diversión y entretenimiento instantáneo. Los modelos de comportamiento son ahora personas sin un talento específico, cuyo mayor logro es aparecer en las redes.Incluso dice que hemos ganado en comportamientos tolerantes e igualitarios pero no se ha traducido en un aumento comportamientos altruistas; ahora los jóvenes se apuntan a labores de voluntariado movidos por una necesidad de complementar el currículum más que por una necesidad esencialmente pro-activa. Y todo ello nos hace adultos más deprimidos y  con mayores niveles de ansiedad, aislamiento  y sufrimiento que antaño; estando más pendiente de que los resultados de nuestras acciones se vean reflejados en nuestro trabajo (en motivaciones extrínsecas, como por ejemplo, un ascenso o una mejora de nuestro státus social), en los demás  o en la suerte y no valorando el esfuerzo ni el proceso que hemos seguido con cada cosa que hacemos

Ambos artículos ponen como origen el propio cambio cultural que ha sufrido la sociedad estos últimos treinta años. Mientras que las generaciones anteriores se basaban más en la búsqueda del cambio, la espiritualidad y la individualidad como un derecho; nosotros hemos dado todo esto por sentado. El resultado es mucha decepción y frustración; cosa que la crisis ha acrecentado. Sin asumir todo lo que nos propone los autores como cierto, sí que podemos plantearnos qué cosas cotidianas podemos hacer cada uno para mejorar y cambiar.

Joel Stein, el autor del artículo de la revista Time,  finalizaba su artículo con la siguiente afirmación: “la grandeza de una generación no está en los datos, sino en la manera de reaccionar ante los acontecimientos que les pasa”. Diversas investigaciones dicen que en momentos de crisis los comportamientos narcisistas disminuyen en favor de comportamientos comunitarios. Otras, que nuestra satisfacción personal aumenta cuando somos más conscientes del proceso de aprendizaje que hemos hecho para realizar la tarea. La propia Jean Twenge opina lo beneficioso que sería promover la importancia de perseguir objetivos comunes por encima de los propios y la necesidad de toda la comunidad educativa por enseñar a sus estudiantes a reflexionar sobre los recursos que se les ofrecen para ajustar sus expectativas sobre sí mismo, su futuro y la sociedad…en ser mucho más honestos, y no poner tanto énfasis en el éxito, o ajustarlo cuando sea necesario. ¿Qué otras reflexiones se os ocurren a partir de lo expuesto en los artículos? ¿Qué cambios propondríais? ¿Estáis de acuerdo?

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: psychologytoday, apa.org.

Bibliografía consultada:

Stein, J. (2013). Millenials: The Me Me Me Generation. Time Magazine. 

Sentirse capaz, una cuestión de educación

La línea de investigación ya iniciada por la psicóloga Carol Dweck ha demostrado los beneficios a corto plazo de alabar a los niños por sus esfuerzos (elogiar el proceso) en lugar de hacerlo en términos de sus características personales internas (elogiar a la persona). Lo que los investigadores han observado es que al elogiar a los hijos por sus intentos facilita que éstos adopten un modo de pensar “hacia la mejora” (la capacidad de ver el cambio y los desafíos como una oportunidad para aprender –incremental attitude-). Ahora, un nuevo estudio de este mismo grupo ha tratado sobre cómo los padres elogian a sus niños pequeños en situaciones de la vida real, y cómo esta dinámica tiene que ver con la mentalidad que desarrollan sus hijos cinco años más tarde.

Se observó a 53 padres interactuando en casa con sus hijos durante 90 minutos, ya fuera jugando, comiendo o en cualquier actividad cotidiana. Lo hicieron cuando los niños tenían entre 14, 26 y 38 meses. Cinco años más tarde, los investigadores volvieron a ver a estos niños y les hicieron preguntas sobre sus actitudes y la mentalidad hacia su propia capacidad, retos y moral.

El hallazgo clave fue que cuando los padres tienden a elogiar a sus hijos en edad preescolar por el esfuerzo realizado (elogiar el proceso), lo más probable es que a los siete u ocho años tengan una actitud “hacia la mejora” sobre conceptos tales como la inteligencia y la moral. Esta mentalidad se reflejó en su capacidad para ver la inteligencia y atributos morales como cambiables. Por ejemplo, estos niños tienden a estar de acuerdo con la idea de que las personas pueden ser más inteligentes si se esfuerzan más y estar en desacuerdo con la idea de que un niño travieso sea siempre malo.

Aunque el grupo de investigación reconoció las limitaciones de su estudio, afirmaron que el elogio que hace hincapié en el esfuerzo, las acciones y las estrategias no sólo puede predecir, sino también influir y dar forma al desarrollo del estilo motivacional de los niños a nivel cognitivo y social.

Por último, el estudio reveló que los padres tienden a usar más elogios personales con las niñas y más elogios de proceso con los niños, haciendo eco de resultados similares en estudios anteriores. A su vez, más tarde, los niños tienden a expresar una actitud “hacia la mejora” con más frecuencia que las niñas. Esto coincide con la imagen retratada en la literatura del desarrollo de que las niñas atribuyen el fracaso a la falta de capacidad más que los niños, especialmente en matemáticas y ciencias. Este estudio plantea la posibilidad de que esto pudiera deberse en parte a la forma en que han sido elogiados en la edad temprana.

Fuente: Research Digest

Escrito por María Rueda Extremera

Nuestro perfil de Facebook y la búsqueda de la auto-afirmación

Con el lema “Facebook nos asegura que somos lo suficientemente buenos, lo suficientemente listos”, Catalina Toma y Jeff Hancock publicaron hace unas semanas un interesante estudio en donde muestran los efectos beneficiosos que puede tener Facebook, y más específicamente, nuestro perfil, a la hora de mantener y regular nuestros propios sentimientos de auto-valía personal.

Los resultados del experimento, donde 88 participantes tenían que dar un discurso y recibir un feedback posterior del mismo (que podía ser positivo o negativo, dependiendo del grupo  en que te tocara estar), son claros:

a)      Cuando recibimos una crítica negativa o sufrimos un atentado a nuestro ego, solemos rondar y actualizar nuestro estado y perfil de Facebook por encima de otros estados de otras redes sociales, como Youtube o similiares.

b)     Tendemos a considerar de manera menos hiriente una crítica negativa si entre la realización de una actividad y el consiguiente feedback accedemos a  nuestro propio perfil de Facebook.

¿Por qué este comportamiento? ¿Qué interpretación sacamos de dichos resultados? Para los autores la cosa es sencilla: las personas necesitan verse a sí mismas como algo positivo y Facebook les permite crear su propio espacio de seguridad, en el cual eligen, muestran y expresan lo que tiene un valor significativo para ellas. Así, dicha red se convierte en una fuente de autoestima cotidiana, que les recuerda una y otra vez sus valores, las relaciones que tienen con los demás y la posibilidad de expresarse y hacer matizaciones auto-afirmativas.

Esto podría explicar, según los investigadores,  porque pasamos tanto tiempo metidos en nuestros perfiles cuando tenemos una época estresante o renovamos constantemente nuestra página de contactos cuando hemos roto una relación;  hacemos consciente nuestro propio sentido de valía e integridad personal. Nos revisamos. Nos actualizamos. ¿Habías pensado alguna vez en ello?

La investigación nos recuerda el inmenso poder de las redes sociales y cómo nuestro comportamiento se modula en base a su uso. Un instrumento tremendamente útil y beneficioso, pero, ¿esconde alguna falla en el planteamiento de los autores? ¿Vosotros  que opináis?

Fuente: www.psychcentral.com

Escrito por David Blanco Castañeda