Cómo afrontar la soledad

Fotos extraída de https://http://www.imagenes.4ever.eu
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Sentirnos solos es algo cotidiano en nuestro día a día y puede deberse a muchas situaciones provocadas por cierto aislamiento que acompañan diversas situaciones de nuestra vida. Sin embargo, transformarlo en un modo de vida puede implicar graves consecuencias psicológicas en quién lo padece, por lo que se hace necesario desmitificar la soledad como algo intrínsecamente negativo y ver el impulso que supone donde solo sentimos dolor y tristeza. ¿Podemos sobreponernos a soledad?

Cuando la soledad se confunde con lo que sentimos en esos momentos. Habitualmente, la soledad la solemos considerar como algo negativo por las emociones y sentimientos que experimentamos en estados de soledad. Se suele experimentar en situaciones de perdida y abandono o cuando se produce un desengaño. En esas circunstancias, aparecen toda una serie de emociones que pueden virar entre el dolor, la decepción y la tristeza y que nos resultan muy desagradables. Nos embarga una enorme melancolía  por recuperar algo que posiblemente hemos perdido. Por todo ello, las personas tendemos a evitar el sentimiento de soledad; la asociamos y la confundimos erróneamente con esos momentos de extrema vulnerabilidad, concluyendo que sentir soledad nos aboca a estar infelices, tristes y abandonados. Y sentirse solo se convierte en algo terrible automáticamente, qué cosas.

Una cosa es soledad y otra bien distinta es el aislamiento. Estar solos no nos empuja directamente a sentirnos como tales y caer en estados depresivos. Lo que nos empuja directamente a la soledad es el aislamiento, es decir, no disfrutar de una red social amplia de la que apoyarnos y hacer uso en esos momentos de perdida. Muchas veces es la propia tristeza quien nos quita esas ganas de ver a gente significativa y positiva. Otras veces sencillamente no contamos con tanta gente a nuestro alrededor. De este modo, se hace especialmente importante en estos momentos conectar a la persona deprimida con gente de apoyo y confianza (a veces es un grupo de amigos, a veces es la familia, pero también puede ser un grupo de apoyo, o bien animarse a hacer actividades que impliquen alguna interacción social). E intentar sobreponerse a esos sentimientos que nos invitan a no salir y hacer cosas.

Hacer un plan para los momentos de soledad. Cuando no sabemos qué hacer en los momentos que estamos solos, la soledad puede tornarse como algo desagradable y no deseable. Si la persona no echa mano de sus gustos, habilidades y preferencias, si no se enfoca en que esos momentos de soledad son una verdadera oportunidad para descubrirlos, cultivarlos y fomentarlos. Ayudar a la persona para crear pequeños planes cuando presumiblemente estará solo, puede ayudar a distanciarse progresivamente del habito de centrarse en su propia soledad y hacer cosas con su soledad (¡y hasta disfrutarla!)

Darse cuenta que la soledad es un sentimiento, no un hecho. Sí, en los momentos de perdida podemos echar mucho, mucho en falta a otros, a lo que se ha perdido. Pero, ¿todo lo que nos rodea es falso, carente de atractivo; no tenemos personas que nos quieren, no podemos considerar atrayente ni podemos hacer algo divertido? Ayudar a la persona a considerar otras opciones y centrarse en más campos y/o personas ayuda a la persona a entender que podemos sentirnos solos en momentos o campos determinado, pero que puede tener alternativas en otros muchos.

Tal vez el problema es que eres un hombre. En diversas investigaciones se ha demostrado el efecto diferencial de la soledad en los distintos géneros. En ese sentido, entre los hombres, estar soltero y no tener tantos amigos puede tener mayor impacto que en las mujeres, con una tendencia a una mayor intimidad en las relaciones y una mayor tendencia a expresar soledad y pedir ayuda en los momentos de soledad. De hecho, son las mujeres las que más aisladas se encuentran; pero es la preferencia por las relaciones cara a cara lo que lo hace más llevadero; los hombres pueden sobrevivir con un montón de conocidos, pero se le quita su grupo social y puede tener un problema. Invertir estos patrones y ayudar a una mayor riqueza en las relaciones cercanas, favoreciendo la profundidad en los vínculos, podrían ayudar a afrontar mejor la soledad.

Disfrutar de la soledad es uno de los grandes desafíos que tenemos las personas en algunos momentos importantes de nuestra vida. Aprender a ver lo creativo, novedoso, reparador y restaurador que puede tener esas circuntancias ayuda realmente a ver la soledad como una estación de tránsito, abrumadora al principio, pero necesaria para superar todo momento de crisis que podamos tener.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psych central

La relación entre la depresión y la autocompasión

En la consulta del psicólogo es frecuente encontrar a personas tremendamente duras consigo mismas. Aunque es palpable que el sufrimiento emocional que muestran es muy grande, tienden a juzgarlo, no permitirlo o minimizarlo. De hecho, si les planteamos que traten de este modo a otra persona que no sean ellos mismos, suelen verlo como algo escandaloso. Jamás pensarían de otro en el modo en que piensan de sí mismos.

Cuando vemos comportarse a las personas así consigo mismas es fácil determinar que son mucho más compasivos con las personas que les rodean de lo que pudieran imaginar ser hacia sí mismos. Posiblemente  hayan aprendido que esta forma de tratarse les ayuda a sobreponerse a los momentos difíciles, o a ser más exigentes, no relajarse, a no flaquear… Sin embargo, es posible que esta falta de compasión hacia uno mismo les esté poniendo en riesgo de ciertos problemas psicológicos.

extraída de www.spring.org.uk
extraída de www.spring.org.uk

En un reciente estudio realizado por investigadores de Alemania y Canadá, han valorado la relación entre la autocompasión y el verse inmerso en una depresión. En varias investigaciones realizadas a este respecto se encuentra una relación negativa entre la autocompasión y los síntomas depresivos, es decir, cuanto más compasivos somos con nosotros mismos, es probable que tengamos menos síntomas depresivos.

El concepto de autocompasión

¿Pero a qué nos referimos con “autocompasión”? En nuestra sociedad, el ser compasivo no siempre tiene exclusivamente un significado positivo, sino que también puede tener algún tinte negativo, haciendo que la persona que estuviera necesitada de compasión fuera débil, o dependiente o poco capaz. Probablemente el hecho de que al pensar sobre ello nos despierte esta sensación tiene también mucho que ver con las dificultades que podemos tener para aplicarlo a nosotros mismos.

La autocompasión, sin embargo, se define de forma muy clara y no conlleva estas valoraciones. La autocompasión sería la posibilidad de tener una actitud sana hacia uno mismo en los momentos de lucha. Esta actitud, además, se compondría de varios sub-componentes.

En primer lugar, la amabilidad hacia uno mismo en contraposición a una actitud de juicio sobre nosotros mismos. En este sentido, la amabilidad se refiere a cuidarse, comprenderse y aceptarse. Ser “juzgador” de uno mismo, por el contrario, consistiría en una autocrítica excesiva así como ser demasiado duro con uno mismo.

El segundo componente de la autocompasión sería el de la sensación de pertenencia a un grupo humano contrapuesto a la sensación de aislamiento. Este componente se manifestaría de modo positivo en el sentido de poder conectar con otros en los momentos de sufrimiento.

Por último, el tercer componente de la autocompasión se encontraría en el posicionamiento hacia los sentimientos negativos. En un polo positivo encontraríamos la autoconciencia y atención a éstos (mindfullness). La postura que tomamos en este polo hacia nuestro propio sufrimiento sería de permitir, sin regodearnos en ello, el sentir emociones negativas con el fin de poder balancearlas. Por su parte, en el polo negativo aparecerá una sobreidentificación con los sentimientos y emociones negativas.

La relación entre depresión y autocompasión

Teniendo estos componentes en cuenta, así como la definición global de la autocompasión, parece claro que el hecho de ser más autocompasivo puede funcionar como un protector contra la depresión. El estudio anteriormente mencionado así como varios anteriores corroboran este hecho, tanto en población general como en pacientes con cuadros depresivos. Como curiosidad, digna de tener en cuenta, de los factores anteriormente comentados que estarían componiendo la autocompasión, el que se mostró más peligroso para desarrollar una sintomatología depresiva era el de sentirse aislado, desconectado del mundo y sin posibilidad de compartir nuestro sufrimiento con otros.

La idea de que la autocompasión nos hace débiles desde luego va muy en contra de la que nos dice que la compasión habría de ponerse en marcha en tiempos de dificultades. Cuando necesitamos de ella, es porque ya estamos luchando. En ocasiones, aprender a apoyarnos en otros o a ser menos duros con nosotros mismos es precisamente la clave para que salgamos indemnes de estas situaciones complicadas. Ser demasiado duros con nosotros, al final, es lo que nos hace frágiles.

ResearchBlogging.org

Körner A, Coroiu A, Copeland L, Gomez-Garibello C, Albani C, Zenger M, & Brähler E (2015). The Role of Self-Compassion in Buffering Symptoms of Depression in the General Population. PloS one, 10 (10) PMID: 26430893

 

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

El lado oscuro de hacer un doctorado: ¿cómo está la salud mental de los estudiantes de posgrado?

Extraída de www.bilimsol.org
Extraída de www.bilimsol.org

Cuando pensamos en una persona que desea dedicarse a la investigación científica, esta vocación nos causa cierta admiración. Socialmente se les valora de un modo muy positivo, y por supuesto que pensamos en las dificultades que esta carrera debe entrañar y les atribuimos una alta capacidad de esfuerzo y sacrificio.

No cabe duda de que estas cualidades probablemente estén presentes en una persona que decide dedicar su carrera a la ciencia y se sumerge en el mundo académico haciendo un doctorado. Sin embargo, este tipo de carrera profesional presenta una cara que habitualmente ha permanecido oculta y que la actualmente escritora Jennifer Walker detalla en primera persona en su blog.

Los datos

Precisamente, muchos estudiantes de doctorado están tan acostumbrados a la autodisciplina y al trabajo duro que parece existir una tendencia a presentar problemas de salud mental en este grupo. Los estudios al respecto no son demasiados, pero los que hay llaman la atención. Los estudiantes de doctorado en Australia mostraron en 2003 una tasa 4 veces mayor en problemas de salud mental que la población general. En un estudio de 2005 de la Universidad de Berkeley más de la mitad de estos estudiantes dijeron sentirse deprimidos la mayor parte del tiempo y un 10% de ellos había contemplado la idea del suicidio. En 2015, se replicó el estudio de la universidad de Berkeley y encontraron que un 47% de los 790 estudiantes de posgrado puntuaban con valores altos en una escala para medir depresión. Si se estima que en la población general la incidencia de la depresión está entre un 15% y un 20%, resulta alarmante la alta tasa de ésta en los estudiantes de posgrado.

Los testimonios

La autora del artículo anteriormente mencionada es muy clara respecto a cómo se sintió durante la realización de su tesis. “No eran los desafíos intelectuales o la carga de trabajo lo que me hizo caer, sino mi salud mental deteriorándose. Me sentía poco apoyada, aislada y a la deriva en la incertidumbre. Los ataques de pánico se convirtieron en parte de mi día a día, bebía y me cortaba. A veces pensaba que quería morir.” La autora pregunta además a otros estudiantes de doctorado sobre estas sensaciones y encuentra que aparecen en ellos sensaciones bastante negativas, como podría ser la sensación de encontrarse a la deriva, en los casos que el director de tesis se comporta de un modo poco comprometido con el trabajo del alumno.

Cuando se desarrolla un trabajo de alto rendimiento, rodeado de otras personas que también son muy buenas en este campo pueden aparecer pensamientos relacionados con ser un fraude e incompetente, el llamado síndrome del impostor. En otras ocasiones, parece que los sentimientos de depresión podrán ser combatidos simplemente con trabajo duro y antidepresivos, lo que en lleva a un sentimiento de incapacidad que precisamente hace que su ánimo se vea aún más afectado.

A su vez, el ámbito académico es bastante tolerante con los problemas de salud mental, podría serlo incluso tanto que se perciba como que “así es” y no exista la necesidad de cambiarlo y mejorar.

¿Qué puede estar sucediendo?

Parece que habría varios factores involucrados en las altas tasas de deterioro de la salud mental en estos estudiantes. El trabajo realizado en muchas ocasiones se lleva a cabo de una forma muy aislada, sin un grupo de trabajo en el que apoyarse. A esto se suma una elevada incertidumbre ante el futuro. Aunque en nuestro país no se reflejan los datos de salud mental en los estudiantes de doctorado, esto podría estar incluso acrecentado, puesto que la incertidumbre económica en el campo de la investigación es aún mayor.

Por último, tanto el carácter vocacional como la exigencia que este tipo de carrera requieren puede llevar a que los estudiantes limiten su autopercepción exclusivamente a este área de su vida, de forma que olviden en qué otras áreas pueden obtener satisfacción, como la familia, los amigos o los hobbies.

¿Qué hacer?

En primer lugar, es un tema al que probablemente se necesite dar más visibilidad, de modo que un estudiante que comience a sentir este tipo de problemática pudiera enfocarlo como algo común y poner estrategias de resolución mucho antes. Posiblemente sería útil que en las Universidades y laboratorios se tuviera este riesgo en cuenta proporcionando apoyo institucional a estos estudiantes. Por último, es bastante relevante el papel del director de tesis, en un primer lugar, para evitar este sentimiento de estar a la deriva que acreciente otras formas negativas de pensar en los estudiantes, sería importante que mantuvieran un contacto relativamente frecuente. Además, en los casos en los que esto ya se estuviera dando, podrían ser los primeros en detectar los signos de alarma para poner en marcha estrategias de intervención ante un problema de salud mental.

El trabajo científico en muchas ocasiones es una vocación e ilusionante por la persona que lo desea. El conocimiento científico es de gran valor y nos proporciona una vida más fácil, además de mejorar como sociedad. Que en el camino para poder desarrollar la carrera académica aparezcan problemas de salud mental no es fundamental para un alto rendimiento y mucho menos deseable. Nuestros futuros científicos y profesores de educación superior merecen creer que aunque su carrera es larga y requiere un gran esfuerzo, no necesariamente ha de estar plagada de malestar.

Fuentes: qz.com, berkeley.edu, insidehighered.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

La depresión modula el efecto del rechazo social

En el tratamiento de la depresión, desde el enfoque del psicólogo, se incluyen diferentes aspectos de la persona, como es el estilo de pensamiento, las expectativas, la gestión emocional o el nivel de actividad. Además de esto, la red social y la calidad de las interacciones del día a día es un factor también importante en el tratamiento.

Por este motivo, ha de ser considerada la forma y tamaño de la red social de la persona, ya que puede tener un peso importante para quien sufre depresión. Muchas veces, cuando se presenta este problema, aparecen sentimientos de aislamiento, culpa e incomprensión. Por ello, los hallazgos respecto a cómo se perciben las relaciones sociales en una persona que padece depresión en comparación con las personas que no, siempre es interesante y nos permite cada vez una mayor comprensión de este trastorno.

Foto extraída de: archaeologynewsnetwork.blogspot.com
Foto extraída de: archaeologynewsnetwork.blogspot.com

Investigadores de la Universidad de Michigan han realizado recientemente un estudio sobre las reacciones del cerebro de personas con y sin depresión ante el rechazo o la aceptación social. Para ello, mientras observaban el funcionamiento de su cerebro en una tomografía de emisión de positrones (PET) plantearon a los participantes una serie de fotos de personas a las que posteriormente podrían conocer, siempre y cuando la otra persona aceptara ese encuentro. Al elegir entre éstas, los participantes podían encontrarse con que eran “aceptados” por la persona de la foto que habían elegido y podrían conocerse, o bien no interesaban a esa persona elegida y eran “rechazados”.

De esta forma, pudieron simular una situación de rechazo social. Lo que observaron es que cuando esto ocurre, las personas con depresión tienen reacciones diferentes a nivel cerebral. Cuando una persona sin depresión sufre un rechazo, su cerebro libera analgésicos naturales (opioides) con la finalidad de minimizar el impacto del daño. Sin embargo, cuando tiene depresión, la liberación de estas sustancias es mucho menor, así pues, las personas deprimidas sufrirán el daño de un rechazo social de un modo más intenso.

No sólo el rechazo tiene un efecto más intenso, debido a que el cerebro con depresión tiene menor capacidad de contener las emociones negativas asociadas a este; sino que también encontraron que cuando lo que se produce es la aceptación en lugar del rechazo, la sensación de felicidad es igual en las personas con depresión y las que no, pero lamentablemente, en aquellas con depresión, este sentimiento es mucho menos duradero.

Si bien es cierto que cada persona, independientemente de que padezca o no depresión u otros trastornos, interpreta de formas muy diferentes las interacciones sociales, es importante conocer esta tendencia. Es posible que ante esto, sea necesario que la persona con depresión pase por un mayor número de interacciones positivas para lograr una sensación agradable. O quizá pueda comenzar a enfrentar situaciones sociales novedosas una vez sus síntomas de depresión hayan disminuido.

Si sufres de depresión, este pequeño hallazgo puede ayudar a conocer mejor las dificultades que se han de atravesar luchando por superar esta situación y los esfuerzos que puede suponer el afrontamiento de muchas situaciones de la vida cotidiana. Además, cuando le pasa a una persona cercana a nosotros, podemos lograr un mayor entendimiento y empatía.

 

Fuente: uofmhealth.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org Hsu, D., Sanford, B., Meyers, K., Love, T., Hazlett, K., Walker, S., Mickey, B., Koeppe, R., Langenecker, S., & Zubieta, J. (2015). It still hurts: altered endogenous opioid activity in the brain during social rejection and acceptance in major depressive disorder Molecular Psychiatry, 20 (2), 193-200 DOI: 10.1038/mp.2014.185

El dolor emocional: los efectos de la tristeza sobre el cuerpo

¿Alguna vez has sentido el dolor de ser rechazado? ¿Esa punzada cuando sufres un desamor? ¿Cuándo te has sentido aislado de un grupo?

Fotografía extraída de brujulacuidador.com

La forma en la que culturalmente concebimos la razón separada de la emoción lleva en algunas ocasiones a una desconexión de los procesos que producen el dolor físico y de los del dolor emocional.  El primero de ellos será generado por un daño tisular o por una enfermedad, el segundo parece ser algo más místico, sólo descrito en las canciones y la literatura. En esta forma de concebir el mundo, parece que el dolor físico tiene más de realidad que el dolor emocional.

Sin embargo, la investigación en psicología puede dar lugar a una nueva forma de plantearnos cómo funciona el dolor emocional. El hecho de que las manifestaciones culturales a lo largo de los siglos hayan dado lugar a símiles entre lo que se siente cuando sufrimos dolor emocional y físico no es pura casualidad, parece que ambos son muy similares, al menos en la realidad de nuestra representación neural.

En un estudio de revisión realizado por Esther Meerwijk, de la Universidad de California, se concluye que los circuitos cerebrales de ambos tipos de dolor se solapan. Tal y como se muestra en otra investigación (Smith, 2011) esto no sólo ocurre en las áreas cerebrales relacionadas con el componente puramente afectivo del dolor, sino también en las zonas relacionadas con la percepción somática del mismo.

¿Por qué podría ocurrir esto? Aunque tenemos cierta tendencia a rechazar la “veracidad” del mundo emocional, desde la lógica del dolor, cuya función es evitar peligros posibles, evolutivamente el hecho de ser rechazado socialmente puede resultar igual de peligroso para nuestra vida que una enfermedad o una herida en nuestro cuerpo.

Pero el dolor no es el único síntoma físico de la soledad. También afecta a la percepción de la temperatura, hecho que en ocasiones se representa en la cultura, con analogías sobre la fría soledad o el calor del acompañamiento. Cuando en los experimentos se provoca o invoca una sensación de rechazo y aislamiento, los participantes estiman que la temperatura de la habitación es menor y eligen comer y beber productos calientes. Esta relación aún va más allá, puesto que la propia temperatura corporal baja, no sólo nos parece frío exterior.

Pero la forma en que la emoción producida por sentirse aislado o rechazado afecta a nuestro cuerpo no termina ahí. Se comprobó que las personas que se percibían solas y aisladas tienen también una respuesta especial a nivel de expresión génica. Se aumenta en ellas la activación de vías proinflamatorias, motivo por el cual tienden a ser más propensas a desarrollar enfermedades relacionadas con la inflamación. Además, cuando se trata de investigar la relación entre aislamiento y enfermedad, el sistema inmune se ve también afectado, siendo menos capaz de responder a enfermedades como el resfriado común o la gripe.

Las formas en las que se sufre el dolor del rechazo, la soledad, la tristeza, en ocasiones nos resultan tan íntimas que podemos mantenerlas ocultas y nos hacen sentir vergüenza. En ningún caso trataríamos de ocultar de la misma manera las heridas o una enfermedad puramente física. Quizá un primer paso será concebirlas como procesos de la misma utilidad, para así poder mostrarlas y pedir ayuda de la misma forma.

 

ResearchBlogging.orgCole, S., Hawkley, L., Arevalo, J., Sung, C., Rose, R., & Cacioppo, J. (2007). Social regulation of gene expression in human leukocytes Genome Biology, 8 (9) DOI: 10.1186/gb-2007-8-9-r189

Ijzerman H, Gallucci M, Pouw WT, Weiβgerber SC, Van Doesum NJ, & Williams KD (2012). Cold-blooded loneliness: social exclusion leads to lower skin temperatures. Acta psychologica, 140 (3), 283-8 PMID: 22717422

Kross E, Berman MG, Mischel W, Smith EE, & Wager TD (2011). Social rejection shares somatosensory representations with physical pain. Proceedings of the National Academy of Sciences of the United States of America, 108 (15), 6270-5 PMID: 21444827

Meerwijk EL, Ford JM, & Weiss SJ (2013). Brain regions associated with psychological pain: implications for a neural network and its relationship to physical pain. Brain imaging and behavior, 7 (1), 1-14 PMID: 22660945

 

Escrito por Lara Pacheco Cuevas