Cuando perseverar y cuando saber dejar ir

Extraída de www.consejosdelconejo.com
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¿El cambio es posible siempre? ¿Y deseable SIEMPRE?. En diferentes etapas de nuestra vida nos encontramos con encrucijadas lo suficientemente difíciles (un cambio de residencia al extranjero, un trabajo que no nos gusta, una pareja que no funciona o una amistad que nos hace daño) como para dudar de que realmente debemos perseverar en nuestro objetivo o bien aceptar que el cambio no es posible y optemos por centrar nuestras energías y objetivos en otros nuevos, sabiendo  que dejar ir es otra opción posible para avanzar. En realidad, ambas opciones (perseverar y dejar ir) son dos caras de la misma moneda y no hay una correcta sobre la otra. El punto, quizás, está en saber distinguir cuando hay posibilidad  de un cambio para un progreso  y avance real, y cuando insistimos en situaciones para volver a estados pasados (YA PASADOS) y lo que tenemos no lo queremos ya (ni lo querremos más). ¿Cómo podemos saberlo?.Os proponemos una serie de señales para saber cuándo ha llegado el momento de dejar ir, y perseverar por un nuevo objetivo que nos permitirá ser más felices.

  1. Cuando el objetivo deja de tener sentido para nosotros. Cuando ponemos todos nuestros esfuerzos en un éxito o felicidad que nunca llega y no nos permitimos disfrutar diariamente de los frutos de ese esfuerzo, entonces es que algo falla. Permitirnos ser felices en el proceso y aceptar que tal vez lo que queremos no tiene porqué materializarse, puede ayudarnos a disfrutar de las pequeñas cosas y dejar de exigirnos cosas que no nos hacen felices, porque no las hemos alcanzado nunca (ya que no podemos ser perfectos siempre, pero sí hacemos cosas bien diariamente).
  2. Ante un problema, tendemos a quejarnos pero no a cambiarlo. Quejarse implica mirar mayoritariamente al pasado por cosas que quisimos y no fueron. Pero no tenemos máquinas del tiempo y cambiar lo que pasó. Pasó. La única forma de cambiar las cosas es en el presente, en la próxima vez. Hacer una negociación de acciones para que no vuelva a ocurrir y planificar acciones para una solución es la mejor forma de cambiar.
  3. Cuando en el proceso de tomar una decisión se toma tanto tiempo que cuando decidimos, la decisión ha dejado de ser relevante. Tomar una decisión es aceptar los pros y los contras, saber que ambos pueden ocurrir, y comprometerse con las acciones que haremos para enfrentar las consecuencias. Tomar una decisión es probar a ejecutarla, y seguir adelante con ella.
  4. Cuando nos hacen una crítica tendemos a defendernos en vez de aprender de ella. Una crítica puede ser dolorosa y puede removernos emocionalmente. Sin embargo, aferrarnos sólo en nuestros argumentos para derrumbarla   puede hacernos no atender al contenido y elegir si se prefiere ignorarla o aprender algo de ella.
  5. Cuando hablamos y sólo defendemos nuestro punto de vista, sin atender a ninguna evidencia en contra. Una conversación con alguien es algo dinámico y sujeto a cambios según la información nueva y las pruebas a favor y en contra. No atender a esa información  y reconocerla puede provocar conflictos con nuestro interlocutor en vez de conseguir el objetivo de toda conversación que torna en discusión: un entendimiento mutuo de los puntos discordantes.
  6. Ante un imprevisto, actuamos como si el mundo se cayera con nosotros en vez de verlo como una oportunidad. “Para que una cosa la podamos denominar como éxito hemos tenido que saborear un fracaso, de otra forma todavía estamos en el camino”. En efecto, el éxito nace de las fallas de un plan inicial, y de los consiguientes reajustes para que los errores cada vez sean menores, más cortos y menos intensos. Quedarnos en el error es no avanzar, no aprender de él para no cometerlo después.
  7. Ver los árboles pero no el bosque. Los detalles son importantes pero no es el proyecto con el que finalmente soñamos. Avanzar (en un proyecto laboral, una relación de amistad o en una pareja) es sentirse cómodos con que hay detalles que todavía no están en el presente y que pueden ser fijados en el futuro, sin ser por ello menos valioso lo que tenemos y disfrutar de ello.
  8. Juzgar una cosa por lo que fue y no aceptar que han pasado 2, 5 o 10 años. Las cosas que tenemos tardan mucho en construirse pero cambian constantemente. Y algunos cambios no tienen porque ser similares ni positivos. Por ello, cuando pensamos en las cosas qué tenemos, es bueno pensar qué hábitos, personas y logros mantenemos y cuales es mejor soltar y dejar marchar. En aceptar que algunas cosas han cambiado y que para perseverar en nuestros objetivos hemos adaptarnos a lo que ocurre en el momento. Que decir adiós a esas cosas no significa olvidarlas, sino aprender  a dejar ir el pedazo de ti que se quedó con ellas (en el pasado).

Recordad: avanzar es dejar de luchar por cosas que no tienen solución y dirigirnos a otros caminos que sí nos proporcionan bienestar. De esto también se trata vivir.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today.

2 comentarios en “Cuando perseverar y cuando saber dejar ir

  1. Hola. Me ha gustado mucho el artículo.
    Pues yo no sé si perseverar con mi psicólogo o dejar ir.
    Llevo 2 años en terapia y empiezo a pensar que soy una persona difícil de tratar. No sé muy bien qué esperar de mi psicólogo. Me siento exigente con él. Ahora me siento dolida y engañada y no sé cómo hablar con él para solucionarlo. Lo he intentado pero no he sido muy asertiva. Aunque al principio me ha tranquilizado sigo con las mismas dudas : no sé si es honesto conmigo. Y no sé hablar de eso con él.
    ¿Qué significa mantener una relación honesta con tu psicólogo? Yo pienso que si, por lo que sea, el psicólogo tiene dificultades para tratar al cliente lo deriva a otro profesional. Es que yo querría que lo hiciese porque siento que no le caigo bien, que considera mis preocupaciones como algo trivial; sobre todo si sigo con las mismas después de 2 años. Yo no tomo la decisión de dejarlo porque quizá con otra persona me pase lo mismo, y sea esto lo que necesito para madurar: persistir y trabajar en mi cambio.
    No sé si mi comentario sea para otro post pero me gustaría tener una opinión que me pueda hacer reflexionar.

    Muchas gracias.

    Un cordial saludo.

    1. Buenas Ana,

      Gracias por tu comentario. Tal vez una solución previa a dejarlo sea hablarlo directamente con él. En nuestro trabajo puede producirse momentos de “impasse” o estancamiento, donde la terapia no necesariamente no esté funcionando, sino que hay algo en la relación terapéutica que impide que fluya la terapia como en otros momentos. Aunque bien es verdad que una parte de la responsabilidad es de tu psicólogo para resolver este punto, sí que creo que es muy constructivo para ti decírselo. Puede ayudaros a los dos en vuestra alianza y puede que incluso te sientas más en confianza, dependiendo de cómo te recoja en tu comentario.

      De todas formas, cambiar de psicólogo no es algo extraño, pues como toda relación humana, no siempre la relación que se establece es lo suficientemente necesario como para que el paciente se sienta comprendido. Aunque es entendible tu miedo, puede que el cambio de psicólogo en el caso de que no entienda tu crítica puede ser una solución. Tienes derecho a probar otras alternativas, no siempre el primer psicólogo que te encuentres es el más adecuado para ti.
      Un saludo

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