¿Por qué en mi grupo de amigos siempre hacemos lo mismo?

Extraída de https://www.elconfidencial.com
Extraída de https://www.elconfidencial.com

Quizás os hayáis planteado en alguna ocasión por qué siempre se acaba haciendo lo que quiere uno del grupo; ir al restaurante que propone, ver la película que él elige, salir a la discoteca que a esa persona le gusta, etc.

Irving Janis, realizó sucesivos estudios sobre dinámica de grupos para tratar de explicar la toma de decisiones en grupo y, en 1972, planteó un fenómeno al que llamó Pensamiento de grupo, que se basa en el hecho de que, a pesar de que muchas veces los grupos están formados por personas cualificadas, adoptan malas decisiones. Janis consideró que estos errores se debían a un modo de pensamiento que se observa en miembros de grupos cohesionados, cuya tendencia a la unanimidad supera la motivación por contrastar la realidad, el juicio moral, etc.

Esto suele pasar en grupos muy cohesionados, aislado de puntos de vista diferentes, con un líder que señala desde el principio cuál es la alternativa preferida, en el que no existen normas de cómo tomar las decisiones, formado por personas parecidas en ideología y características sociales. Suele ocurrir también en un contexto situacional concreto como que el grupo esté pasando un momento de estrés y tenga una baja autoestima por fracasos recientes, dilemas morales, etc.

En estas circunstancias pueden producirse una serie de estrategias de pensamiento que llevan a conclusiones erróneas consensuadas por el grupo, como son:

  • Optimismo excesivo que ciega a los miembros del grupo ante las advertencias de peligro. Por ejemplo, apuestas arriesgadas, peleas en un bar, acciones que uno no haría individualmente.
  • Pensamiento por parte de los miembros del grupo de que quienes forman parte del mismo son más cívicos que los que no lo son y que las personas de fuera del grupo son menos inteligentes, peores personas y, en definitiva, inferiores.
  • Desestimación de cualquier información que pueda ir en contra del grupo y eliminación individual de los miembros de las dudas que tengan contrarias a las decisiones del grupo.
  • Presión hacia quien duda o se posiciona en contra de las decisiones del grupo, pudiéndoles ridiculizar o echar.
  • Como consecuencia de todo lo anterior, el grupo tiene la sensación de que las decisiones se toman de forma consensuada por todos.

Para superar estas situaciones, Janis también propuso una serie de medidas que se podían adoptar para reducir la aparición del pensamiento grupal, como son: que el líder adopte una postura imparcial, que se formen subgrupos que se reúnan por separado para llevar a cabo un análisis crítico y que se invite a personas cualificadas externas al grupo para que pongan en tela de juicio las decisiones.

También sucede, en grupos no tan cohesionados o sin las características anteriores, un efecto conocido como el de la dependencia normativa, consiste en que la persona, para mantener una relación positiva con el grupo, manifiesta una opinión en favor de la expresada mayoritariamente por el grupo, pero en sus respuestas individuales, mantiene lo que pensaba sin la influencia del grupo, por lo que la respuesta que da el individuo en grupo no ha sido interiorizada, sino que está motivada por factores externos.

Otros investigadores, Moscovici y Zavalloni (1969) realizaron una contrastación de hipótesis por la que describieron el efecto de polarización de las decisiones de grupo, consistente en que el efecto de debatir en grupo decisiones individuales, hacía que estas decisiones cambiaran, no a decisiones más arriesgadas o prudentes que las individuales, sino a decisiones más polarizadas, es decir, si las decisiones individuales eran conservadoras, se volverían aún más conservadoras y si eran arriesgadas, se volverían aún más arriesgadas.

Según las últimas investigaciones en psicología social, un grupo puede tomar decisiones más creativas que las personas por separado siempre y cuando se tengan en cuenta una serie de factores:

  • Respeto entre los miembros del grupo y escucha de todas las opiniones, de forma que todos tengan la oportunidad de hablar.
  • Fomento de la diversidad de opiniones y de la comunicación empática.
  • Tener claro que no todos piensan igual y que tienen derecho a no estar de acuerdo y a cuestionar determinadas opiniones.
  • No tener miedo a los posibles conflictos que puedan surgir por tener distintas opiniones, puesto que su resolución es lo que genera aprendizaje y desarrolla al grupo.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias:

Texto:

Janis, I. L. (1972). Victims of groupthink: A psychological study of foreign policy decisions and fiascoes. Boston: Hougton Mifflin.

Moscovici, S. y Zavalloni, M. (1969). The group as a polarizer of attitudes. Journal of personality and social psychology, 12, 125-135.

 

La soledad o la aliada secreta para el manejo emocional

Foto extraída de http://www.ewallpapers.eu
Foto extraída de http://www.ewallpapers.eu

La soledad ha sido comúnmente asociada a algo negativo, relacionado con situaciones de dolor, estrés y tristeza. Cuando una persona que se siente sola crónicamente puede presentar un aumento de cortisol en sangre, un sistema inmunitario deprimido y un cerebro en constante alerta. En esta situación, el entorno se percibe como algo amenazante y provoca en la persona que lo sufre una vigilancia permanente y tremendamente agotadora. Y a pesar de todo ello, también se ha encontrado beneficios de los estados de soledad, desde el buen rendimiento en multitud de tareas, el aumento de la creatividad o también como ayuda para lidiar con nuestras emociones. La soledad nos enseña que todos necesitamos un tiempo y un determinado ritmo para procesar las emociones provocados por eventos o situaciones dolorosas y de las que no tenemos una solución clara al momento.

En este sentido, diversas investigaciones han pretendido arrojar datos acerca de cómo la soledad puede ayudarnos a procesar situaciones problemáticas y/o dolorosas. Así, en un estudio reciente, liderado por el grupo de investigación del grupo de Nguyen Thuv-vy y  colaboradores, recogen toda una serie de alentadores resultados acerca del impacto positivo de la soledad a la hora de manejar estados emocionales altamente displacentros. En el estudio se dejaba periodos cortos de tiempo en soledad a los participantes, registrando el aumento o disminución de sus estados emocionales tras dichos periodos de tiempo.

En la primera modalidad estudiada, se observó que los participantes respondían positivamente a los estados de soledad. Se comparó dos grupos con un estado emocional positivo y negativo de alta activación, y en el grupo en soledad sentados se colocaba a los participantes sentados en una silla sin la presencia de ninguna persona o de un dispositivo móvil, frente a otro grupo en el que se le invitaba a charlar con los investigadores. Los resultados reflejaron una disminución de la alta activación (negativa y/o positiva) para aquellos participantes que habían pasado quince minutos solos, en un efecto que los investigadores denominaron como “efecto de desactivación”, donde se veía una disminución de la activación de las emociones de alta intensidad.

Por otro lado, se añadió una nueva medida a tener en cuenta en un experimento adicional. Así, se pasó a incluir las emociones de baja intensidad (como calma, tristeza, enfado o fastidio) añadidas a la alta activación, con un efecto desigual para las emociones de baja intensidad. Mientras que las de alta seguían disminuyendo en los quince minutos de soledad, las emociones discretas y de baja intensidad sufrían un aumento, dejando claro el efecto complejo de la soledad en nuestro estado emocional. Esto se comprobó también para un grupo de participantes que leían un artículo en el momento de estar solos, sugiriendo un efecto desactivación incluso si se hacía una tarea externa en los periodos de soledad.

Los investigadores también comprobaron si el contenido del pensamiento en los momentos de soledad podría afectar en la modulación emocional. De este modo, se encontró que los estados emocionales altos disminuían cuando se intentaba controlar el contenido de los mismos (intentando no centrarse en ellos), y aumentaba incluso las emociones positivas de baja intensidad. Esto se repetía igualmente cuando se introducían pensamientos positivos, por encima de la introducción de pensamientos neutrales.

Para comprobar la permanencia de los resultados a lo largo del tiempo, se instó a un grupo de participantes a mantener estos quince minutos de soledad y a registrar sus estados emocionales durante dos semanas. Y, como se pudo ver, hubo una disminución de la ansiedad y el estrés cuando las personas decidían activamente estar solos y hacer uso de esos quince minutos de soledad.

Aun así, los propios investigadores matizaron los resultados aduciendo que todos estos resultados son aplicables a pequeños estados de soledad y habría que excluir de esto a las personas con un estado de soledad permanente, con una comorbilidad grande con síntomas físicos y psicológicos.

Atendiendo a su aplicabilidad en la vida cotidiana y como defienden los autores, los distintos resultados muestran “la influencia de la soledad para regular estados emocionales intensos, situaciones de confrontación y oposición hostil o discusión con la pareja y/o amigos”. Es decir, podemos recomendar pequeños periodos de tiempo para lidiar con eventos cotidianos y emocionalmente intensos, donde podemos proponer pautas o perspectivas más realistas y conseguir una reducción del estrés y la intensidad emocional. Así, tras una desavenencia o una discusión con alguien cercano, dar un paseo por el barrio, centrarnos en una tarea sencilla (como una tarea manual, limpiar un poco la casa…) puede ayudarnos a paliar el impacto emocional y reintroducirnos un rato después en la situación para dar otro tipo de soluciones u opciones de solución. La soledad, de este modo, se convierte en una herramienta muy útil en la gestión y solución de conflictos emocionales, enfriando la intensidad emocional y permitiendo un procesamiento más calmado y racional de la situación. Algo que podemos tener en cuenta en nuestra cotidianidad diaria.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: BPS Digest, Psychology Today, Diario El País, Journals.sagepub.

¿Qué es eso del sesgo de confirmación y cómo afecta a todas las decisiones de tu vida?

A todos nos gusta pensar de nosotros mismos que somos objetivos y que valoramos la realidad tal y como es. Sin embargo, como seres humanos que somos, esta premisa es falsa. Tenemos muchas tendencias que no conocemos tan bien de nosotros mismos, en muchas ocasiones nuestro pensamiento no es tan objetivo como nos gusta creer. Si hay algo que nos distingue de una máquina en la toma de decisiones, esto es la parte emocional que nos mueve. En cualquier caso, conocer lo que puede modificar nuestras percepciones del mundo siempre es de agradecer, aunque hay que admitir que normalmente no vaya a lograr que estas percepciones cambien.

Por esto es interesante que se conozca el tradicional sesgo de confirmación, estudiado y comprobado en múltiples ocasiones desde la psicología social. Para hacernos una idea muy general, si después de un partido entre el Madrid y el Atlético, preguntamos a los aficionados del Madrid, recordarán más y mejor las faltas del Atlético, mientras que éstos recordarán más las del Madrid.

Extraído de theodysseyonline.com
Extraído de theodysseyonline.com

Visto así, parece que es un sesgo que nos puede afectar sólo a cosas banales y sin mucha trascendencia en nuestras vidas, pero nada más lejos de la realidad. Un ejemplo en el que podemos ver que afecta más seriamente es el siguiente. Te invitan a una fiesta donde no conoces a nadie y en un primer momento dudas de si podrás sentirte cómodo o qué pensará la gente de ti. ¿Podría ser que todos te criticaran por el hecho de que vayas sólo a la fiesta? Cuando llegas a ella, entras en una sala llena de gente y efectivamente, allí, al fondo de la sala hay una pareja que te miran y cuchichean ¡Lo que pensabas era verdad! Posiblemente sí, lo sea. Algunos de los que están en esa fiesta pueden llegar a criticarte, pero desde luego, eso no es que todo el mundo te critique, estás centrando tu atención en la idea preconcebida que te habías hecho de la situación.

Es de nuevo el sesgo de confirmación. ¿Cómo funciona? Al menos hay tres componentes que se ven afectados por este sesgo.

Cómo buscas información

Si tu idea de tu fin de semana es que ha sido muy aburrido, y que todos lo pasan mejor que tú, será muy sencillo busques información de este tipo, mirando en facebook lo que otros han hecho, pasándolo genial. Te será fácil olvidar que muchas otras personas no publican sus fines de semana, igual de aburridos al tuyo, en facebook.

Cómo interpretas la información delante tuya

Si ocurre algo que no crees que sea posible, aunque ocurra delante tuyo, en muchas ocasiones por el sesgo de confirmación no eres capaz de procesarlo. Si estás convencido plenamente de la honestidad de una persona, aunque te cuente algo tremendamente insólito, te será difícil pensar que es mentira y serás más fácil de convencer.

Cómo recuerdas la información

Si consideras que la navidad es una época divertida, es más probable que recuerdes los momentos en los que lo pasaste bien que aquellos en los que lo pasabas mal, aunque posiblemente hayan existido situaciones buenas y malas en estas fechas.

Este sesgo afecta a tan diversas formas de procesar la información, que es de esperar que tenga mucha influencia en las decisiones que tomas, así que, ya que sabes que vas a tener esta tendencia, la próxima vez que te pongas a repasar quién ha cometido más faltas, piensa que creerás que los tuyos siempre han cometido menos. Y desde luego, trata de centrarte en esas personas de la fiesta a las que les has gustado y trata de ignorar a aquellas que parece que te critican, porque siempre será más fácil que encuentres información que apoye tus argumentos, sean éstos favorables y desfavorables hacia ti.

Fuente Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

El impacto del locus de control paterno sobre los logros de los hijos

Es posible que alguna vez hayas oído eso de que “todo depende de la educación”. Cuando estudiaba en la universidad tuve la suerte de tener a una profesora genial que repetía una y otra vez “la potencia de la educación”, aludiendo al poder que ésta tiene para cambiarlo todo. En el trabajo con los padres, tratamos de alentar siempre a reflexionar sobre cómo crían a sus hijos, a tomar conciencia sobre que ellos son modelos.

Sin embargo, a veces olvidamos valorar que para que exista esa intencionalidad en la crianza se requiere por parte de los padres una creencia de que tienen control sobre sus vidas. Está muy bien hablar de lo que los padres deberían hacer para influir en sus hijos, pero si esos padres no creen que sus elecciones importen, ya sea porque sus propios padres les robaron su autoconfianza o porque la vida se lo ha puesto difícil, y se sienten impotentes, entonces estos consejos pueden caer en saco roto.

Foto extraída de drphil.com
Foto extraída de drphil.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El grado en el que creemos que nuestras elecciones importan depende, en parte, de a lo que llamamos “locus de control”. Una persona con un locus de control externo (LCE) mira la vida desde el exterior, casi como si fuera un espectador, esperando ver qué sucederá después. Si le preguntas a alguien con un LCE por qué sacó buena nota en un examen, o por qué perdió su trabajo, es probable que atribuyan esos resultados a causas que escapan a su control. Las razones por las que ocurren las cosas pueden ser el destino, la suerte, Dios, el azar… por lo que creen que todo en la vida es impredecible, y por tanto, tendrán un sentimiento de que no pueden hacer nada para cambiar las cosas.

Por el contrario, la persona con “locus de control interno” (LCI) atribuye sus éxitos y fracasos a su propio trabajo y esfuerzo. Esta persona puede decirse a sí mismo: “La razón por la que saqué una buena nota es porque estudié”. Cuando los éxitos llegan, el LCI se lleva el mérito (“Me lo merezco. Trabajé realmente duro”), y el LCE lo atribuye a fuentes incontrolables y externas (“El profesor me quiere”, “Tuve suerte”; “Las estrellas estaban alineadas”). Cuando hay una error, el LCE tiene una excusa fácil de por qué sucedió (“No fue la voluntad de Dios”; “Supongo que no tocaba”; “Así es mi vida- es como si el universo estuviera en mi contra “), y el LCI busca razones por las cuales ocurrió el error, para que puedan mejorar sus posibilidades de éxito en el futuro (” Creo que necesito practicar más “;” La próxima vez, voy a practicar más”…).

¿Cómo afecta esto a tus hijos/as?

Según dos estudios recientes, el LC de un padre/madre, medido al momento de nacer su hijo/a predice la cognición de ese niño a los 4 y 8 años. Específicamente, han observado que el LC de los padres está relacionado con las puntuaciones de Cociente Intelectual (CI) y resultados académicos. Pero, paremos un momento y pensemos detenidamente a este respecto… Sí, parece que tus creencias están conectadas con la inteligencia de tu hijo. ¿Por qué puede ser esto así?¿Qué tipo de comportamientos puede ver un hijo en un padre que afecten a su capacidad para razonar, pensar en el futuro o utilizar la perspectiva (algunos componentes principales de la inteligencia)? De acuerdo con los autores de estos estudios, hay un sorprendente número de respuestas a esta pregunta, que ayudan a dar sentido a la relación entre locus de control paterno y la capacidad cognitiva del niño:

1) Los padres que creen que sus acciones tienen un impacto en el futuro tienen más probabilidades de documentarse antes de que nazca su bebé, leer sobre el embarazo y la paternidad y reflexionar y comunicarse con los demás sobre las actitudes y estrategias que quieren llevar a cabo cuando llegue su bebé.

2) Los padres con LC interno, tal vez como resultado de la información que buscan y leen sobre su bebé, son más propensos a tener una dieta saludable, evitar el alcohol, las drogas y el tabaco durante el embarazo. Cuando una madre está embarazada, aquello que consume afecta en uno u otro sentido al feto. Las vitaminas y los minerales benefician a la madre y al bebé. El alcohol, las drogas y el humo del tabaco actúan como teratógenos y son perjudiciales para el correcto desarrollo del feto.

3) Los padres con un LC interno tienden a rodearse por otras personas con este mismo locus, lo que brinda la oportunidad de intercambiar ideas y discutir soluciones a los problemas de crianza con otros padres. A su vez, tener acceso a otros padres que invierten en prácticas de crianza intencional es una fuente de apoyo que puede ayudar a superar las tensiones de la vida y otros desafíos. Asimismo, los padres con un LC interno buscan crear un ambiente estimulante, participar en actividades de enriquecimiento para sus hijos…

4) Después de que nazca el bebé, las madres con un LC interno tienen más probabilidades de amamantar, lo que implica un gran número de beneficios de salud, sociales y cognitivos para un bebé.

5) A medida que el bebé se convierte en un niño y luego en un adolescente, es más probable que el padre con un LC interno use prácticas de crianza positivas que implican más consistencia, receptividad y actividad estimulante que los padres con un LC externo. También es más probable que enfaticen la independencia y autonomía de sus hijos y que usen interacciones más cálidas, más seguras emocionalmente y más comunicativas. Cuando un niño hace algo digno de mención, conversa sobre lo que el niño acaba de lograr. Cuando un niño hace algo que necesita corrección, estos padres también usan la conversación y la discusión sobre por qué el comportamiento del niño no era apropiado y luego modela las prácticas de intercambio de ideas para diseñar estrategias que el niño pueda hacer de manera diferente cuando se encuentre en situaciones similares en el futuro. En resumen, los padres con un LC interno transmiten su locus interno a sus hijos, mostrándoles cómo pensar sobre las conexiones entre sus acciones y los resultados de las decisiones que han tomado.

6) El padre con un LC interno es más probable que proporcione actividades de enriquecimiento para su hijo, que le exponga a situaciones nuevas y promueva un aprendizaje sobre cómo interactuar con otros niños y adultos de manera prosocial. Estas actividades pueden ser talleres para padres e hijos, ir a la biblioteca, leerle al niño, cantarle al niño…

Cambiar el Locus de Control:

La buena noticia es que las personas pueden cambiar su Locus de Control, con introspección y trabajo duro. Si al leer esto te identificas más con un LC externo que con el interno, te recomiendo que puedas probar a incluir esta semana algunas de las prácticas de crianza que utilizan los padres con LC interno. Intenta imitar cómo sería tener un LC interno, y muy pronto, puede que empieces a sentir que hay cosas de la vida que están un poco más bajo control. Es un sentimiento muy poderoso sentirse seguro de que puedes lograr aquello que te propones y saber, después de haberlo logrado, que es por mérito propio. Tu hijo/a también puede beneficiarse de este cambio. La investigación longitudinal indica que los niños que crecen con una mentalidad de LC interna (que les han dado sus padres) probablemente buscarán más educación, retrasarán el tener hijos y elegirán parejas románticas y amigos que tengan una LC interno. También es más probable que tengan patrones regulares de sueño, patrones de alimentación saludables y que respondan a la frustración con conductas proactivas, como la comunicación y la resolución de problemas, en lugar de berrinches.

Parece que efectivamente la educación es poderosa. Tus acciones, palabras y creencias importan. Como padre o madre constituyes la principal fuente de información que tu hijo tiene sobre cómo pensar y vivir en el mundo. Demuéstrales que son poderosos al reconocer su propio poder. Enséñales la importancia de la auto superación permanente modelando tu interés en crecer como persona. Queremos niños fuertes y valientes, que tengan las agallas para perseguir sus sueños. Su fuerza y ​​coraje, y su búsqueda, son las claves de su éxito. ¡Créelo!

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

 

Todo lo que quisiste saber sobre la intimidad

Extraído de www.heathline.com
Extraído de www.heathline.com

La intimidad es la gasolina de las relaciones sociales y de los vínculos afectivos más significativos de nuestra vida. Surge por nuestra necesidad de compartir con el otro nuestro mundo interior. Está presente tanto en nuestras  relaciones de amistad y en las relaciones de pareja; si bien en cada una cobra una forma diferente aunque con un mismo objetivo: el aumento de cercanía, el afecto y la identificación con el otro. Toda relación que aspire a ser autentica ha de tener como uno de los componentes principales la intimidad, apoyada por la capacidad humana de ponernos en el lugar del otro y sentir lo mismo que él (empatía).

Y sin embargo, todo acto de intimidad implica correr riesgos. La intimidad implica mostrarnos al otro tal y como somos, despojados de nuestras inhibiciones y pudores para revelar lo oculto, lo doloroso, lo que quieres que nadie sepa. Está relacionado con nuestra necesidad de trascender, e implica la creación de canales de información profundos entre los interlocutores, donde la cercanía entre los implicados es máxima y permite momentos de desahogo y expansión importantes. Los momentos de intimidad no se pueden forzar, requiere un esfuerzo consciente para que eso surja; el tiempo y la capacidad de recoger los sentimientos del otro, sin que aparezcan los juicios y escuchando el significado de lo que ocurre, determinará las ganas y las veces que se repetirá en el futuro. También, el hecho de que los implicados hayan hecho un trabajo emocional intenso, que sean capaces de entender lo importante que es para sí mismos la expresión de sus propias emociones.

Como todo acto de compartir implica nerviosismo y una inhibición del pudor, lo más recomendable es que evitemos los juicios y nuestras opiniones para otro momento. Es un proceso hacia delante, donde se confía en la buena voluntad del interlocutor. La persona se muestra vulnerable y la reacción que decidamos mostrar hará que el otro prosiga en sus revelaciones. De este modo, la reacción del otro determina el pago, provocándose un alivio tremendo si el otro te responde con su atención y su comprensión. Los investigadores han apodado este proceso como el de “pelado de una cebolla”: se empieza compartiendo pequeñas cosas impersonales y según la reacción que hagamos a las confesiones del otro, más autorrevelaciones de contenido emocional haremos. Cuántas más capas quitemos, más apoyo y atención recibiremos del otro. Esto es un proceso recíproco y que explica lo especialmente vinculativo de la intimidad. Si no funciona la intimidad, es por lo punitivo que resulta los juicios. Basta un paso en falso para que la persona cierre el grifo y no suelte prenda de lo que lo atormenta.  También afecta negativamente si alguna de las personas implicadas tiene una historia de apego evitativo, donde las relaciones de los demás están mezcladas con ideas de rechazo, de castigo y un exceso de control, por lo que la persona tenderá a defenderse y al exceso de reserva, y tenderá a no compartir intimidades.

En las relaciones sentimentales, la intimidad cobra una naturaleza propia. Por lo que podría parecer, las relaciones afectivo-sexuales ayudan en la construcción de la intimidad y de una identidad, tanto por el componente sexual por el intercambio de afecto entre los implicados;  es así como el afecto en el sexo invita a una cercanía emocional, por el placer que supone conseguir la atención y el interés de quién deseas. Progresivamente, se crea una fusión emocional donde el compartir se convierte en un denominador común. Por el contrario, el deterioro de la intimidad en la vida en pareja se produce cuando se empieza a prestar mucha mayor atención a otros componentes (como la rutina o las obligaciones laborales) y se va dejando a un lado la intimidad en favor de estos otros componentes a veces más urgentes. En ese sentido, la pareja cree erróneamente que primero ha de solucionar los problemas, cuando lo más importante es prestarse atención y dedicarse tiempo.

En las relaciones de amistad, a pesar del tiempo y la distancia que puede haber entre los encuentros entre amigos, se observa una intensa e inesperada conexión entre ellos: con los amigos volvemos a las bases, a compartir información personal, a pasar tiempo de calidad y de diversión, nos ofrecen cariño y apoyo a nuestras inseguridades. El deterioro en las amistades tiene que ver más con la deslealtad o la pérdida de confianza; es difícil volver a un estado inicial si se producen alguno de estos elementos.

La vivencia de la intimidad  también es distinta si hablamos del sexo y el género entre integrantes. En las parejas heterosexuales, se produce un problema de comunicación ante la forma diferente que hay de expresar la intimidad entre hombres y mujeres. Los hombres encuentran muchas dificultades a la hora de expresar sus sentimientos, y aunque se comunican mejor con mujeres, entre ellos se produce una comunicación superficial, debido a la dificultad que supone mostrar a otro hombre su vulnerabilidad. En el caso de las mujeres, la intimidad está plenamente establecida y refieren mayor satisfacción que en el caso de los hombres.

Podemos decir por todo ello que la intimidad nos cambia. Mejora nuestra autoestima, permite un mayor conocimiento de nuestras capacidades y mejora nuestra resolución de problemas. La mejor manera de favorecer la intimidad está en practicarla, pero nada de preparar un “momento perfecto”, más bien se trata de aprovechar los momentos de escucha del otro y dejarse llevar. Si quieres quitarte muchas espinitas clavadas, prueba a hablar con alguien que aprecias. Tu salud te lo agradecerá.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today, Diario El Pais, Blog “El Rincón de la Psicología”.

¿Cómo es sentirse vacío? y ¿qué se puede hacer?

Aunque es bastante habitual, como psicólogo, encontrarse personas que manifiestan sentirse vacías, es un concepto bastante difícil de definir. Precisamente, lo que lo hace difícil es la peculiaridad de que sea un “no-sentimiento”. Los seres humanos no estamos preparados para comprender la “nada” y por tanto, aunque sí se contempla como un síntoma en varios trastornos psicológicos, la definición es algo menos clara.

Aún así, desde la clínica sí se puede comprender y tratar este sentimiento tan negativo. Las personas que sienten algo similar, sin embargo, en muchas ocasiones lo arrastran como parte de su día a día sin plantearse siquiera que pueda cambiar. Habitualmente, el que este sentimiento sea algo que se conoce desde la psicología suele ser un alivio para las personas que lo están sintiendo.

¿De dónde procede?

Este sentimiento de vacío consiste en la incapacidad de experimentar emociones y en muchas ocasiones se manifiesta como embotamiento, angustia, como si algo faltara en tu vida. Se percibe como la desconexión de lo que está ocurriendo, de las relaciones personales y de las actividades cotidianas. En ocasiones, incluso a nivel físico parece que existe este vacío en el pecho, en el abdomen o en otras partes del cuerpo.

En términos generales, esta sensación proviene de que previamente, de un modo u otro hemos dejado de atendernos a nosotros mismos. Cuando el ser humano deja de atender a sus propias necesidades el cuerpo, de alguna manera, da lugar a manifestaciones que funcionan como una señal de alarma para cambiar lo que se hace día a día. Cuando las necesidades que se dejan de atender son las emocionales, surge este sentimiento de vacío. Esto puede ocurrir por una crianza en la que se han desatendido, invalidado o castigado las emociones. Además, cuando se produce la pérdida de alguien cercano o cuando se ha producido esta pérdida en el desarrollo, es posible que estos sentimientos aparezcan o se intensifiquen.

extraída de disqus.com
extraída de disqus.com

¿Qué se puede hacer?

Cuando sentimos este vacío, es de utilidad comenzar un proceso de terapia, ya que esta sensación puede generar otras conductas o pensamientos muy dañinos para la persona que lo experimenta.

Reconocer que lo sentimos

El primer abordaje de este sentimiento difícil de explicar es que efectivamente lo estamos sintiendo y tratar de que no sea juzgado negativamente. Permitirnos reconocer que lo estamos sintiendo posteriormente nos ayudará a lograr un mejor manejo de esta situación.

Enfadarnos con nosotros por sentirnos así, sentirnos culpables, ignorar este sentimiento o tratar de sustituirlo por otro sólo logrará que termine por agravarse y hacernos sentir aún peor.

Pasar tiempo con nosotros mismos

Cuando nos sentimos vacíos, es bastante probable comenzar a llenar este “hueco” interior con otras cosas; comprando objetos, consumiendo drogas, viendo televisión, jugando a videojuegos… De esta forma, sin embargo, no se logra el efecto deseado de llenar este vacío, mientras que sólo se logra que posteriormente se necesite cada vez más aumentar la necesidad de este tipo de cosas. Por otra parte, si pudiéramos invertir este tiempo y esfuerzo en nosotros mismos, en parar y escuchar lo que nos está pidiendo este sentimiento de vacío, la ganancia a largo plazo será menor, aunque en un inicio puede dar lugar a una sensación incómoda.

Explorar los sentimientos en el momento

Ya que este sentimiento de vacío tiene su origen en una desatención e invalidación de sentimientos, será necesario en un primer momento comenzar a explorar los propios sentimientos. Para ello se puede comenzar por parar en un momento dado, y preguntarte “¿qué estoy sintiendo ahora?” así, poner una etiqueta verbal emocional a lo que sentimos. Si esto resulta complicado, se puede hacer simplemente con alguna parte del cuerpo, preguntándonos qué sentimos en ella, temperatura, movimiento, tensión… Haciendo esto con cierta regularidad puede ayudarnos a aumentar el tiempo y la profundidad de esta exploración de nosotros mismos.

Explorar los sentimientos de vacío

Posiblemente esta parte se haga más complicada, pero se puede lograr a través de preguntas como:

  • ¿estoy realizando comportamientos o consumiendo cosas para evitar escuchar mis sentimientos?
  • ¿me siento culpable por cosas que están fuera de mi control?
  • ¿atiendo a mis necesidades físicas y de salud?
  • ¿me muestro compasión a mi mismo/a al igual que haría con un familiar cercano?
  • ¿estoy considerando mis sentimientos en las relaciones interpersonales?
  • ¿me digo cosas positivas?

Darte crédito

El hecho de sentirse vacío puede ser muy difícil de manejar, y lo más recomendable en este caso es tratar de mejorar con psicoterapia. Además, puede dar lugar a pensamientos referentes a que no hay esperanza, que no hay nada que hacer o que no merece la pena, sin embargo, es importante que tengamos en cuenta que sentirse así es parte de la solución que de modo inconsciente se puso en el momento de la vida en que efectivamente no había nada que hacer. Sin embargo, en este momento de tu vida sí es posible abordar este sentimiento de nuevo y cambiar la sensación tan negativa que nos está produciendo. No sólo eso, sino que a pesar de que sientas que no es así, mereces que cambie. Y mereces sentirte mejor.

Fuentes psychcentral.com, goodtherapy.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Septiembre: un mes de buenos propósitos

 

Extraída de www.rockradioandmore.com
Extraída de www.rockradioandmore.com

Estamos en septiembre, el mes de la vuelta al colegio, al trabajo, a las rutinas. Y como inicio de las mismas, nos ponemos nuevos retos y objetivos. Durante el verano, en la mayoría de las ocasiones hemos podido disfrutar de algo de calma y salir de la rutina, algo que puede habernos ayudado a reflexionar sobre nuestra vida, a valorar diferentes prioridades y objetivos que tenemos y que quizá queramos cambiar y tratar de implementar nuevas formas y aspectos que hemos descuidado y de pronto nos damos cuenta de que son esenciales. Hay personas que hacen listados con lo que quieren conseguir, lo que quieren cambiar; otros simplemente hablan de ello, o se lo proponen a un amigo o familiar para hacerlo más fácil, ¿cuál sería la forma más efectiva de conseguir llevar a cabo y mantener los buenos propósitos?

Es por ello que me gustaría comentar qué tiene que ocurrir para que una actividad se convierta en un hábito y por qué es tan difícil conseguirlo. Para ello, voy a comentar un experimento realizado por Adams (1982) en el que se entrenó a dos grupos de ratas para presionar una palanca que les facilitaba una bolita de sacarosa. El primer grupo llevó a cabo la práctica 100 veces, el segundo grupo lo hizo 500. El objetivo del experimento era comprobar cómo se devaluaba el valor de la recompensa (bolita de sacarosa) cuando se le añadía cloruro de litio, el cual producía malestar en las ratas. La sorpresa llegó cuando el experimentador observó que el segundo grupo de ratas seguía accionando la palanca y comiendo la bolita con cloruro de litio, a pesar del malestar que les producía. Por otro lado, el grupo que sólo había presionado la palanca 100 veces, dejaba de presionarla tras conocer las consecuencias de la ingesta de la bolita. Las conclusiones son claras, la ejecución prolongada de una actividad hace que ésta sea mucho más rígida, menos deliberada y que dependa menos de las consecuencias que se obtienen al llevarla a cabo. A tenor de estos datos, para conseguir que una actividad se convierta en una rutina resistente al aburrimiento o al esfuerzo que supone practicarla, ésta se tiene que producir de manera masiva.

Uno de los motivos por los cuales es tan difícil dejar de fumar es que su consumo se vuelve tan reiterado que llega a ser natural en cualquier contexto y se convierte en una respuesta automática ante una gran cantidad de situaciones (ej. tomo café y fumo, salgo del coche y fumo, etc.) ¿Qué pasaría si aprovechásemos esa capacidad de asociación que tiene el ser humano en nuestro beneficio?

Hacer más ejercicio es uno de los propósitos más habituales en todos, y es verdad que durante los primeros días la motivación ayuda a que esto se consiga, pero, según la motivación va decayendo, se hace más complicado encontrar el momento, se vuelve un problema la meteorología, el cansancio, etc. Sin embargo, si la ejecución de este propósito fuera una necesidad y no se convierta en una obligación, lo más probable es que fuera más sencillo seguir manteniéndolo. Para la mayoría de las personas es muy complicado que ir al gimnasio se convierta en un hábito si asistimos tan sólo una o dos veces por semana. Si lo hiciéramos dos o tres veces al día, estaríamos masificando la conducta “deporte” y automatizándola, haciendo que fuera muy fácil su ejecución. Está claro, que para muchos no es posible ir al gimnasio varias veces al  día, pero seguro que sí lo es buscar conductas afines que estén dentro del campo de la conducta que queremos convertir en hábito, en este caso, de hacer deporte, como puede ser montar en bici, correr en lugar de andar, jugar un partido. Otro ejemplo sería encontrar distintos momentos y entornos para hablar en inglés, aunque fueran breves (para aquel cuyo objetivo fuera mejorar su fluidez en otro idioma).

Como conclusión, una manera de lograr que los propósitos que nos hacemos cada año lleguen a buen término es multiplicar en la medida de lo posible la cantidad de veces que se realiza esa actividad, siendo quizá más importante la frecuencia que la intensidad o duración de la misma (por lo menos al principio).

¡Seguro que lo conseguiremos!

Escrito por Sara Reyero Serret

REFERENCIAS:

Adams, C. D. (1982). Variations in the sensitivity of instrumental responding to reinforcer devaluation. The Quarterly Journal of Experimental Psychology Section B, 34, 77-98

Los 14 ingredientes mágicos de una buena relación sentimental

Extraída de http://edmprod.com/ultimate-melody-guide
Extraída de http://edmprod.com/ultimate-melody-guide

¿Qué hace que de todas las personas que conozcamos algunas se conviertan en nuestras relaciones sentimentales? ¿Porqué unas sí y otras no? ¿Toda persona que conozcamos en una cafetería es una potencial posibilidad de pareja, o bien hay que hacer las veces de detectives para encontrar a una persona compatible?. Son muchas las aproximaciones que han intentado esclarecer la “ciencia de las relaciones”, que casi podríamos decir que es una cuestión de interés universal. Acercándonos particularmente a lo que recoge la psicología, encontramos un exhaustivo estudio (Finkett et al, 2017) que extrae los catorce factores que hacen funcionar a toda relación sentimental. Revisando una gran cantidad de artículos sobre el tema, los autores confeccionan su teoría prestando atención a los elementos que permiten comprender su inicio, desarrollo, mantenimiento y posterior disolución (si llega a haberla, claro). Los autores llegan a un total de catorce componentes esenciales, que reducen a cuatro considerando todas las etapas de una relación. De esta manera, podemos hablar de:

¿Qué componentes hacen una relación sentimental?

  1. Unicidad: en efecto, para que los integrantes de la pareja puedan considerarla como tal, deben de comportarse de una manera diferente, única y especial con el otro miembro. De igual manera que no nos comportamos de la misma forma con todas las personas, el tratamiento a la pareja es diferencial e implica una intimidad entre los implicados.
  2. Integración: Según la pareja va evolucionando, sufrimos cambios y vamos integrando cada vez más al otro en la propia definición de nosotros mismos. Aunque esto puede resultar un problema, con lo que se recomienda unos límites entre cada una de las dos identidades, respetando cada una de ellas y el espacio individual.
  3. Trayectoria: los investigadores también hablan de una serie de etapas en toda pareja, que si bien son dinámicas e idiosincrásicas de cada unión, si parece haber una similitud en ellas cuando hablamos de pareja. Están de acuerdo también en que toda etapa tiene que ser lo suficientemente buena para justificar su existencia y proyección en el futuro.

¿Cómo funcionan las relaciones?

  1. Mediante una evaluación. Se reconoce una evaluación personal de cada una de las partes; algunos autores hablan de evaluar la relación en términos de si ofrecen aspectos positivos o negativos para nosotros; otros muchos autores insisten en una evaluación más triangular, donde los integrantes se preguntan si la intimidad, el compromiso y la pasión van bien.
  2. Mediante la capacidad de respuesta. Si la pareja es sensible a tus sentimientos y necesidades y reacciona de manera positiva ante los mismos, a la vez que tu respondes de la misma manera, la unión tenderá a ser más satisfactoria y permanecer junta en el futuro.
  3. La capacidad de resolución de conflictos. ¿Cómo tú y tu pareja resolvéis los conflictos de pareja? En la medida en que las resoluciones sean constructivas (promueven la supervivencia de la pareja) y no destructiva, la pareja tenderá a mantenerse.
  4. Deseos por mantenerse. Una relación de pareja implica pensar en un camino a largo plazo, donde ambas partes desean continuar pese a lo que pueda pasar. Si se trabaja de manera constante para que se mantenga vivo lo que hace funcionar la pareja, las expectativas de éxito de la misma mejorarán.

¿Qué traes a la pareja?

  1. Tendencias. Cada uno viene con una historia y un aprendizaje de todo ello. A veces la familia de nuestra pareja ha sido despegada; a veces sobreprotectora. Muchos patrones aprendidos tenderán a aparecer en pareja y serán sus integrantes los que tendrán que decidir si cambiarlos, aceptarlos o echarlos fuera. En la negociación y la comprensión la pareja decidirá su pervivencia.
  2. Metas y objetivos personales. Cada uno de los miembros de la pareja tienen una serie de objetivos personales que no tienen porque cambiar una vez conforman una pareja. Si la pareja se adapta y asume los retos del otro como propios, sin causarle especial interferencia y siendo más un apoyo más que un obstáculo, más se tenderá  a la cohesión y la convivencia armónica.
  3. Normas. Sí, en efecto. Todo el mundo tiene una serie de normas de relación y de cómo han de ser las cosas. Y es en la vida en pareja donde se vuelcan y donde las personas han de aprender a adaptarse a las de la pareja, más con la idea de negociar que de establecer unas más correctas que otras. La flexibilidad es la gran clave en este sentido.

¿Cómo afecta el contexto y las circunstancias a la pareja?

  1. Puntos críticos. La vida en pareja permite ver a la pareja en una multitud de situaciones y ver las cualidades o los defectos de la persona tal cual. Cómo se resuelvan las diferentes situaciones críticas de la pareja (el matrimonio, cambio de residencia, hijos, retome de estudios, despido, depresión) predecirá el mantenimiento o la ruptura de la pareja en el futuro.
  2. La existencia de alternativas. ¿Pueden aparecer personas que nos parezcan atractivas en algún momento de nuestra vida aparte de nuestra pareja? ¿Puede que se nos ofrezca un trabajo prometedor y que rivaliza con lo acordado con nuestra pareja? Todo dependerá de cómo se manejen nuestras preferencias y si la pareja está en todas ellas, la pareja tenderá a mantenerse o desaparecer.
  3. Estrés. En toda pareja aparecen circunstancias que supondrán una puesta a prueba de sus recursos y la manera en que lidian y experimentan el estrés. ¿Qué podéis juntos con todo lo que se os eche encima? ¡Enhorabuena!. Es un signo de pareja saludable.
  4. Cultura y familia. Oh, ¿hemos llegado a uno de los temas más polémicos? ¿Realmente pensabas que bastaba con las visitas navideñas para mantener a raya a la familia de tu pareja? La familia, la relación que se tenga con ella y cómo las expresiones culturales sean importantes en la identidad de cada uno, más tendrá que lidiarse con este aspecto y más tendrá la otra parte de la pareja que aprender sobre este aspecto del otro. 

Si bien todos estos factores son importantes, es en la combinación e interacción conjunta de cada uno lo que determinará si nuestra relación es satisfactoria, se desarrolla con éxito y se predeciría su futuro. Prestar atención a cada uno de ellos permitirá limar flecos y ayudarnos en la complicada y estimulante vida en pareja.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes:

  • Psychology today.
  • Finkel, E. J., Simpson, J. A., & Eastwick, P. W. (2017). The Psychology of Close Relationships: Fourteen Core Principles. Annual Review of Psychology, 68(1), 383-411. doi:10.1146/annurev-psych-010416-044038

¿Sientes que te miran? Conocimientos desde la neurociencia

Gran parte del conocimiento que tenemos sobre el cerebro proviene de los estudios con pacientes con daño cerebral. Entre ellos, uno de los efectos más llamativos que pueden producirse es lo que llamamos ceguera cortical.

extraída de http://www.rosalindreilly.com
extraída de http://www.rosalindreilly.com

De las diferentes áreas del cerebro, la parte de la nuca, la occipital, es la zona encargada de que podamos percibir estímulos visuales. Aunque tradicionalmente se planteaba como el único área responsable de la visión, el estudio de pacientes con daños en estas áreas nos ha llevado a pensar que no es estrictamente eso. En realidad, la corteza visual es la que nos permite ver conscientemente. Sin embargo, muchas otras áreas del cerebro hacen que veamos cosas de forma inconsciente. ¿Cómo sabemos esto?

Cuando una persona tiene ceguera cortical, expresa que no ve, que no puede percibir ningún estímulo a través de los ojos, pero sin embargo, se ha ido conociendo a través de los estudios de caso que no es estrictamente así. En estos pacientes, se produce lo que se denomina “blindsight” o vista ciega. Si le preguntamos a un paciente con este daño la forma o la localización de algo, nos dirá que no lo sabe, pero si le hacemos adivinar, se encuentra que es más probable que acierte respecto a estas características que lo esperado por azar.

Esta visión ciega, además, nos puede ayudar a aprender más cosas sobre la percepción inconsciente, lo que abre una gran cantidad de posibilidades en el campo de la investigación. Una de las áreas más interesantes es la visión ciega afectiva. Esto implica que incluso sin la conciencia de estar viendo algo que puede asustarnos, en nuestro cerebro puede producirse una respuesta de miedo.

De hecho, incluso podemos tener una respuesta de miedo condicionado a un estímulo visual de forma inconsciente. En un estudio del 2003 (Hamm et al.), con un paciente con ceguera cortical, se creó una respuesta de miedo en él, ya que ante una clave visual, se le administraba un calambre. Esto dió lugar a que cuando se producía esta clave visual, ya mostrara unas respuestas de miedo anticipatorio, aunque no tuviera conciencia visual de que estaba ahí.

Esto nos hace pensar que las sensaciones de miedo no necesitan pasar por la corteza cerebral para ser procesadas, en muchas ocasiones pueden seguir una vía subcortical, implicando a la amígdala, la estructura cerebral responsable de las respuestas de miedo, de forma que existirá de forma inconsciente.

Esto es posiblemente lo que podía estar ocurriendo en el caso del paciente TN (Burra, 2013). En este caso, se trató de comprender cómo procesamos estímulos visuales como las caras. El paciente, con ceguera cortical, trató de “adivinar” cuándo las imágenes de caras que se le presentaron le estaban mirando o no. En principio, la respuesta de este paciente era que no podía saberlo, ya que no es capaz de ver. Sin embargo, cuando se le insistió en que intentara adivinarlo aún sabiendo que no lo ve, sí logró acertar por encima de lo esperado por azar.

Además, un resultado especialmente interesante, es que cuando las imágenes mostraban una mirada directa hacia él, al medirlo con una resonancia, se observó que se activaba la amígdala. Además, esta activación también aparece en el grupo control, sin ningún tipo de lesión.

Cuando las personas tienen esa sensación de que alguien les está mirando, incluso aunque puedan reconocer que no es así, y les hace sentir cierta inquietud, ¿podría explicarse porque han percibido alguna mirada hacia ellos de forma inconsciente y es necesario para la supervivencia saber de dónde proviene? ¿Quizá su amígdala esté demasiado activada y eso provoque la sensación de que les miran?

Sea como sea, parece que la parte inconsciente de la percepción aún tiene muchas cosas que explicar de nuestro día a día.

Fuentes: mindhacks.com, jneurosci.org, academic.oup.com

Burra, N., Hervais-Adelman, A., Kerzel, D., Tamietto, M., De Gelder, B., & Pegna, A. J. (2013). Amygdala activation for eye contact despite complete cortical blindness. Journal of Neuroscience, 33(25), 10483-10489.

Hamm, A. O., Weike, A. I., Schupp, H. T., Treig, T., Dressel, A., & Kessler, C. (2003). Affective blindsight: intact fear conditioning to a visual cue in a cortically blind patient. Brain, 126(2), 267-275.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Cómo facilitar la vuelta al cole en ocho claves

Hoy es el último fin de semana después de unas largas vacaciones de verano. Esta semana nuestros niños y niñas vuelven al colegio; pequeños, medianos, mayores y adolescentes han tenido variopintas experiencias de verano, ya que algunos han pasado su tiempo en casa con sus padres u otros familiares, otros en campamentos, algunos viajando y muchos otros una mezcla de todas las anteriores… Sin embargo, todos pasarán por una transición que afectará tanto a su ajuste como al de su familia durante el próximo año. Para muchos, la transición será suave, ya que los niños esperan con ansias un año escolar exitoso y añoran encontrarse con sus amigos y compañeros de clase. Para otros, lamentablemente este paso será duro, lleno de ansiedad, dolor por la separación y miedo respecto a un posible fracaso y temor social.

Foto extraída de amazon.com
Foto extraída de amazon.com

La vuelta al cole afecta no sólo a los niños y niñas, sino también a sus familias. Las rutinas familiares cambian y muchos padres y madres volverán a concentrarse en el trabajo mientras se mantienen expectantes, pero a menudo con ansiedad, sobre cómo les va a sus hijos. Si a los niños les va bien, los padres nos relajamos y compartimos la emoción y los sentimientos de éxito. Si la transición es difícil, nos preocupamos; a algunos padres la preocupación les hace sentir desmoralizados o enfadados. Sin embargo, el comienzo del año escolar ofrece a los padres y madres oportunidades para facilitar el ajuste inmediato de sus hijos y para ayudar a construir patrones de afrontamiento que durarán toda la vida. Los padres y madres pueden ayudar a sus hijos/as teniendo en cuenta los siguientes puntos:

  1. Comunicarse. La herramienta más importante para facilitar la vuelta al cole y que ayuda a los niños a manejar su estrés es la comunicación. Mantener un canal abierto de comunicación entre padres e hijos es clave. Los niños deben sentirse libres para hablar de sus esperanzas y sus decepciones, sus éxitos y fracasos, sus alegrías y sus ansiedades, todos con la confianza de que sus padres pueden manejar lo que oyen y responderán sin ansiedad ni reproches indebidos. Acepta lo que tus hijos sienten y luego podrás pasar a ayudarles a aprender a lidiar con esos sentimientos. Recuerda también que dicha comunicación no debe ser flor de un día, sino algo cotidiano y frecuente.
  2. Anticipar. La comunicación sobre el inicio del año escolar debe comenzar antes del día de vuelta. A partir de mediados de agosto, los padres pueden comenzar la conversación sobre el comienzo de curso, preguntando sobre qué anticipan para el próximo año, no sólo académicamente, sino también a nivel social, de hobbies y demás áreas. ¿Qué esperan, qué les preocupa, qué les ilusiona?
  3. La edad importa. El cómo hablamos con nuestros hijos, así como o que esperan y los miedos, difieren mucho según sus edades. Hacemos preguntas más sencillas y esperamos ser más activos con los niños pequeños. Sin embargo, tenemos cuidado de enfatizar sus fortalezas y no ser invasivos con los adolescentes.
  4. La complejidad es importante. También debemos considerar la complejidad de la experiencia escolar de nuestros niños. Se enfrentan no sólo a desafíos y logros académicos sino también a relaciones sociales complejas, tanto con compañeros como con profesores. Nuestros niños ven en el colegio escenas positivas de solidaridad y afecto, pero también muchas otras de intimidación y crueldad. Además, están las exigencias académicas. Los padres pueden tomar un papel activo en el aprendizaje sobre las diversas áreas, académica, social y afectiva, enseñándoles habilidades para afrontar las complejidades que surjan.
  5. Normalizar, cuando sea apropiado. Los comienzos de nuevas experiencias a menudo son difíciles, en la escuela, en el trabajo, en las relaciones… Es normal que los niños tengan temores y es normal que las transiciones sean áridas. Hacer saber a los niños/as que esto es así y que tenemos confianza en su capacidad para hacer frente a esto es una buena base para su acción posterior.
  6. Hacer frente a la sobreprotección. Muchos padres comprensiblemente tienen el deseo de resolver los problemas de sus hijos, con el objetivo de evitar que sufran. Sin embargo, esto no brinda la oportunidad que toda transición ofrece. Es mejor tener una conversación con nuestros hijos sobre cómo pueden hacer frente, cómo pueden manejar los retos académicos y las tensiones sociales, que ocuparnos nosotros mismos de estos asuntos. Enseñar y animar a los niños y niñas sobre cómo hacer frente les conllevará beneficios que duran mucho más tiempo que resolver por ellos sus problemas.
  7. La caja de herramientas de afrontar. Una manera de hablar con tu hijo o hija sobre cómo enfrentarse es conceptualizar esto como una caja de herramientas. Mostramos las herramientas de las que ya dispone, como por ejemplo, acudir a un adulto para pedir ayuda y le explicamos métodos nuevos, como usar pensamientos tranquilizadores o recordar otras situaciones en las que ha tenido éxito.
  8. Los maestros son nuestros aliados. Finalmente, animamos a los padres a recordar que los maestros son profesionales que se preocupan por el bienestar de nuestros niños/as. Hablar con los profesores de nuestros hijos, escuchar su perspectiva, dejarnos guiar y aceptar su ayuda cuando sea apropiado, es un ingrediente importante.

¡Buen comienzo de curso a tod@s!

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda