Cuando criar desgasta: ¿Qué es el “burnout” parental?

Cuando escuchamos hablar de burnout, o síndrome de estar quemado, generalmente lo asociamos al ámbito laboral, y lo cierto que es en este contexto donde se comenzó a usar el término al observar una serie de reacciones similares en trabajadores bajo condiciones adversas en el trabajo.

Sin embargo, recientemente se han realizado investigaciones que sugieren que en el contexto de la crianza de un hijo se pueden dar estas mismas condiciones y por lo tanto en ocasiones se puede dar un acusado burnout en madres y padres durante el proceso de crianza, con el estrés diario que ésta puede producir.

El burnout parental tiene tres características principales.

1. Agotamiento físico y emocional.
2. Distanciamiento emocional del hijo.
3. Sentimiento de incompetencia en el rol de padre o madre.

En ocasiones es difícil distinguir entre el burnout parental y la depresión postparto, ya que ambos tienen esas sensaciones de fatiga y falta de energía en común, pero es importante destacar el factor temporal. En el burnout parental, estas sensaciones aparecen más tarde, sobre el año o más del hijo. Además, cuando se trata de burnout, el desánimo se relaciona más directamente con el niño o con el rol de padre o madre y las tareas relacionadas y no aparece en otros contextos de la vida de la madre o el padre.

Hay situaciones en las que puedes reconocer que lo estás experimentando, como por ejemplo:

– Te sientes más irritable de lo habitual y tu tolerancia a la frustración es menor.
– Estás agotada.
– No eres capaz de recordar la última vez que hiciste algo no relacionado con tus hijos.
– Piensas que tu hijo está haciendo algo con el propósito de molestarte (cuando no es capaz).
– Desearías tener más tiempo para ti.
– No recuerdas bien quién eres como persona individual.
– Si tienes un momento para ti, no sabes muy bien qué hacer con ese tiempo.
– Te sientes obligada a decir que estás feliz el 100% de las veces.
– Te sientes culpable por tener estos sentimientos.

foto extraída de news.yahoo.com
foto extraída de news.yahoo.com

Esto es preocupante ya que se ha observado que este tipo de burnout puede producir consecuencias graves tanto en los padres y madres como en el hijo, aumentando la negligencia parental, el daño y los pensamientos de escape.

La investigadora principal, Moira Mikolajczak, explica cómo se produce este estrés parental. “En el contexto cultural actual, hay mucha presión sobre los padres, pero ser un padre o madre perfecto es imposible, y tratar de alcanzar este objetivo puede llevarnos al agotamiento. Nuestras investigaciones sugieren que lo que sea que cada padre haga para recargar las pilas y evitar este agotamiento es bueno para los hijos también.”

En el contexto clínico es habitual encontrarse con buenos padres y madres que terminan por agotarse y en un momento dado dejan de hacer lo mejor para sus hijos debido a esto. Esta autora y su equipo investigaron a 2068 padres y madres que realizaron una encuesta sobre burnout y comportamientos durante la crianza. Además, ya que se trata de un tema suficientemente sensible, se incluyeron ítems en la encuesta que medían cuanta deseabilidad social tenía el participante. Encontraron que efectivamente, cuanto más agotamiento aparecía por la necesidad de hacerlo excesivamente bien, más ideación de escape, más violencia y negligencia parental aparecían.

Teniendo en cuenta que se estima que un 14% de los padres y madres (muy especialmente ellas) desarrollarán este tipo de síndrome de burnout parental, observando las consecuencias que acarrea, así como las características que lo definen, es importante que vigilemos si nosotras o alguien de nuestro alrededor está cerca de desarrollarlo, ya que es importante, tanto para la madre o padre como para el niño, que se aprenda a recargar esas pilas y combatir este burnout.

Fuentes:

Psychcentral.com, the mindfulmom.com.

Hubert, S., & Aujoulat, I. (2018). Parental Burnout: When Exhausted Mothers Open Up. Frontiers in psychology, 9, 1021. doi:10.3389/fpsyg.2018.01021

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Y la depresión entró en nuestra relación

Extraído de https://www.mindbodygreen.com
Extraído de https://www.mindbodygreen.com

La depresión es uno de los trastornos psicológicos más frecuentes en nuestros días, y no es de extrañar que el impacto en las vidas de las personas que lo sufren se extienda no solamente a los propios afectados, también a su círculo más cercano (pareja, amigos y la familia). En esa circunstancia, tanto el paciente como su pareja han de pasar por un proceso de adaptación mutua para que la unión entre ambos no se resienta, a la vez que funcione como un apoyo para el afrontamiento y la superación de los problemas psicológicos.

En las primeras fases, es normal que experimentemos muchas dudas sobre cómo comportarnos en episodios de tristeza y se tienda a una respuesta de sobreprotección sobre el afectado, intentando en muchas ocasiones solucionar sus problemas, prestando una atención continuada y no dejándola sola. Sin querer estamos reforzando el circulo vicioso propio de la depresión: le ayudamos en acciones que no necesita y la volvemos más dependiente y pasiva, cuando es exactamente eso lo que es contraproducente para ella. Por ello, tan importante es acudir a un especialista que atienda a las necesidades del paciente identificado como la posibilidad de que pueda orientarnos para no caer en actitudes que pueden empeorar el problema. Es aquí cuando podemos hacer muchos cambios, entre los que se encontraría:

  1.  Mostrarse cercanos y disponibles. Cuando alguien está deprimido, entiende que tiene muchos problemas que solucionar pero no se siente capaz de solucionarlos. Poder puede, pero todavía no está en ese momento para hacerlo. Por eso se hace más útil escucharles y acompañarles (no se necesitan grandes palabras) no tanto en aportar soluciones o expresar situaciones similares que has vivido. Si tienes dudas, siempre puedes preguntar que quiere o necesita. En esta situación tu también puedes expresar tus inquietudes: puede ser una oportunidad de comunicación para que ambos entendáis el proceso que estáis pasando.
  2. Crear un lenguaje común. Un buen símil para explicar el comportamiento de la persona deprimida es “La Teoría de la Cuchara”, donde se compara la energía disponible que tiene la persona para hacer las tareas cotidianas con el número de cucharadas que hay que tomar para dejar un vaso de yogur vacío. Cada actividad que ha de realizar sólo se pueden reemplazar por un número de cucharadas concretas, después de lo cual la persona deprimida ha de reponer fuerzas y descansar. Esta metáfora nos ayuda a entender a la persona deprimida y crear un lenguaje común donde la persona puede hacer al día una serie de actividades concretas, siendo ambas partes quienes han de definir sus fuerzas, para saber el estado y lo que puede hacer cada uno en cada momento.
  3. Ajuste de expectativas. Ni tu pareja va a mejorar de la noche a la mañana ni tú vas a actuar perfectamente en cada parte del proceso. Aceptar que esto requiere tiempo y que lo necesitáis es saber que el otro está ahí (y mostrarlo con acciones de cuidado) es lo suficiente para quitar presiones y respetar el dolor de cada uno. Frases como “ten calma” o “vamos a cogerlo con fuerzas” resuenan como exigencias en los oídos deprimidos y más vale basarse en mínimos, que paradójicamente pueden ayudar a los siguientes pasos.
  4. Planificar qué hacer cuando se está deprimido. La persona deprimida no estará deprimida siempre y habrá momentos mejores y peores. Decidir como equipo qué hacer “para vivir más fácil esos momentos peores” ayudará a ambas partes a tener control en situaciones desagradables y ajustar la ayuda a las necesidades reales del otro. “Cuando estoy deprimido necesito para estar calmado: dormir, salir a hacer algo tranquilo, caminar, un buen plato de pad thai…” podría ser un buen inicio para comenzar.
  5. Estar abierto a comunicarse, pero también a los silencios. Acompañar a una persona deprimida implica entender que va a necesitar más a veces que la escuchen que qué la hablen. Más que respeten sus tiempos y energías sin sobrecargas. Qué crean en lo que dicen y en sus síntomas, aunque nosotros lo veamos perfectamente solucionable. Qué no digamos tanto, hagamos más. Y qué también le pongamos algunos límites: no siempre podemos estar con ella, al igual que ella necesita sus espacios también. La clave es comunicarse: no a todas horas, sino cuando se esté cerca y se quiera hablar. Lo mejor es preguntar, y respetar el silencio cuando no se quiera hablar.
  6. Prohibido olvidarse de uno mismo. Aunque nuestra pareja esté deprimida, no es bueno sacrificar nuestras relaciones o cuestiones personales. La mejor ayuda es que te mantengas medianamente bien y tranquil@, y encargarte de tu gente, ciertas actividades y tu trabajo te mantendrán recargado y en forma para tu pareja. Evitando también el sobrecoste que supone ayudar a otra persona. Cuídate para cuidar al otro, ni más ni menos.

Todas estas breves recomendaciones son pequeñas casillas de salida para empezar andar pero puntualizando que no sustituyen a un profesional de la psicología y que ha de ser éste quien nos guíe en el proceso de recuperación. Con todo, la recuperación sería más efectiva y nosotros y nuestra pareja resguardados.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes: Psych Central, Psychology Today, La mente es Maravillosa, Huffington Post

 

TAREA DE VERANO: (SABER) ABURRIRSE

Imagen extraída de www.cadenaser.com
Imagen extraída de www.cadenaser.com

Llegan las vacaciones estivales y con ellas el gran dilema ¿qué hacemos con tanto tiempo libre? o incluso peor ¿dónde ubicar a los niños para que no se aburran con tantas vacaciones por delante?

Después de la sobreestimulación escolar colocamos el rasero a un nivel semejante, y los niños han de estar ocupados, aprovechando el tiempo. Pero, ¿y si te dijéramos que tal vez sea conveniente que en lugar de coparles la agenda optéis por favorecer la existencia de tiempo libre? La no participación de los padres en ocuparles el tiempo vacacional propiciará que los niños lleguen a aburrirse y desde ese estado de inactivación empiecen a explorar nuevas actividades a las que dedicarse y con ello aparezca el aprendizaje de gestionar u ocupar el tiempo por sí mismos, sin la guía de los adultos. Explícitamente supondrá irles transfiriendo autonomía, y de forma latente les transmitimos que confiamos en su criterio y apoyamos sus gustos e intereses individuales.

El aburrimiento en el siglo XXI está demonizado

Sí, como lo oyes. En general, hoy en día existe una baja tolerancia a aburrirse. En cuanto aparece un período de tiempo de escasa actividad (o de baja estimulación de nuestro sistema nervioso) decimos que nos estamos aburriendo, y de manera casi automática echamos mano a nuestro teléfono móvil o cualquier otro aparato tecnológico; inmediatamente emerge una estimulación externa normalmente bastante activadora que nos distrae. Con los niños podríamos decir que facilitamos que ocurra exactamente lo mismo: móviles, tablets, videoconsolas, etc derriban inmediatamente al temido monstruo del aburrimiento.

A su vez, la tolerancia y costumbre a dicho nivel de estimulación que ofrecen las nuevas tecnologías ha desencadenado que nuestro umbral para llegar a aburrirnos sea actualmente mucho más bajo, lo cual suele vivenciarse como algo desagradable y a evitar rápidamente.

¿Por qué es importante aburrise?

El quedarse momentáneamente en ese aburrimiento propiciaría que tanto niños como adultos nos centráramos en nuestro mundo interior: que demos rienda suelta a la creatividad, la imaginación e incluso a la fantasía.

Asimismo, favorece el estado de motivación idóneo para empezar a hacer cosas (las que quiera que se elijan). Si estamos todo el rato ocupados nunca aparecerá ese aliciente de buscar nuevas tareas a las que dedicarnos, y por tanto esa autosuficiencia de organizar el propio tiempo.

Colateralmente alimenta la capacidad tolerar de frustración, es decir, sobre todos los más pequeños aprenderán que no siempre el entorno les ofrecerá estímulos apetentes y distractores; sino que habrá períodos de menor activación, los cuales, además de necesarios para el descanso de su sistema nervioso, lo serán para que ellos mismos propicien actividades a las que dedicarse.

Todo ello sin olvidar la relevancia de las necesidades biológicas de nuestro cerebro. Pese a que solemos poner el foco en el requisito de estar atentos y/o concentrados (o en los problemas derivados de la falta de atención) se nos olvida otra necesidad bien importante: la desconexión, que permitirá que nuestro cerebro descanse, se oxigene y esté preparado para aquellos momentos en los que sea oportuno centrarse en una tarea de rendimiento. Hacer caso omiso de ello propiciará que nuestro cerebro no se conecte nunca cuando debe, es decir, que en lugar de no hacer nada de vez en cuando esté siempre agotado, de vacaciones, sobrecargado y desconcentrado.

El aburrimiento no es en sí algo negativo, sino que como adultos (y más en la faceta de padres) habrá que ser modelo para poder resignificarlo e inculcar que no es tiempo perdido (o lo que es más, que perder el tiempo es tan necesario como hacer cosas productivas).

Perder el tiempo ha sido una construcción social transmitida como potencialmente negativa, propia de vagos e incompatible con la cultura del esfuerzo, la competitividad, el triunfo (y por ende, de la felicidad): nada más lejos de la realidad. Y es que las mentes más brillantes seguramente dedicaron mucho tiempo a “estar aburridos” hasta que finalmente dieron con algo realmente novedoso. En situaciones de inactivación o improductividad, en los que nuestro cerebro está descansando (o descansado), es cuando será más factible producir algo innovador, ya que no está trabajando en “cualquier cosa”.

O como apunta el psicólogo clínico Juan Cruz, “Si no, ¿qué hacía Newton cuando formuló la Ley de la Gravedad? ¿Acaso no estaba contemplando absorto la naturaleza?”, o lo que es lo mismo… ¡estaba mirando las musarañas!.

Consejos (para niños y adultos) para reconciliarse con el aburrimiento

Has de saber que tan importante es el tiempo productivo como los períodos de “improductividad”, y esto también se aplica a adultos. Tiempo en el que no se hace nada, o al menos nada “productivo”, que también es hacer algo, aunque diferente al patrón de conducta esperado socialmente (tareas de una lista, cosas de provecho o con una finalidad concreta de producir, trabajo, deberes, obligaciones…). Por el contrario, todas aquellas tareas vacías de un contenido más allá del disfrute del descanso serán aconsejables y necesarias, sobre todo después del final del curso escolar (¡o de la jornada laboral!, ya que antes mencionamos que era una tarea pendiente sobre todo en los adultos).

Está claro que quizás no es fácil pasar de 0 a 100 inmediatamente, es decir, que cuesta desconectar y transladarse de la cultura del rendimiento a dedicarnos a “hacer nada”. Afortunadamente es una capacidad que se puede aprender y entrenar.

Las siguientes pautas pueden servirte para ello:

  • Haz una lista con aquellos deseos, retos o experimentos (cuando se refiere a niños siempre acordes a su edad evolutiva y si es necesario, supervisados por un adulto) que siempre hemos tenido en mente pero nunca hemos llevado a cabo. El objetivo será volver a ella y escoger cualquiera de esos items cuando tenemos tiempo libre, o mejor aún, buscando y propiciando el tiempo libre. Leer un bestseller al que le echaste el ojo hace tiempo, colorear (que no es solo tarea de los más pequeños de la casa), tumbarte a escuchar tu música favorita, cocinar un pastel todos juntos o mirar directamente a las musarañas pueden ser algunas de las posibles alternativas, ¡aunque hay miles, personalízalas!
  • Elige un momento en el día (y unos días en el año) en los que hacer nada. Centrados en el momento presente, es decir, sólo y exclusivamente en esa “tarea pasiva”, y no dedicando al mismo tiempo parte de nuestros recursos atencionales  a obligaciones o “tener que” que nos exijan producir. Ese momento extrapolado a los infantes supondrá no tenerlos entretenidos con todo tipo de juguetes y nuevas tecnologías, sino dejarlos por libre; eso facilitará que “no tengan nada que hacer” y ellos mismos propicien el a qué dedicarse en ese momento: hará que investiguen y generen experiencias derivadas de su mundo interior teniendo como elemento común la creatividad.
  • Deja a un lado la competitividad, la vida por y para el trabajo y los prejuicios sociales de ser “personas vagas”. Por contra, te animamos a poner el foco en otras parcelas de tu vida: ocio, aficiones, talentos no fomentados, descanso físico, dar rienda suelta a tu imaginación y mundo interior, etc. Cosas productivas (y mucho, aunque desde otra perspectiva a la que estamos acostumbrados) para la persona más importante en tu vida: Tú.
  • Reserva un espacio (tu espacio) en el que puedas estar solo, tranquilo, en el que nadie interrumpa ese momento que has decidido dedicar a hacer cosas con las que desconectar del acelerado ritmo diario.
  • Y además recuerda: el verano es un momento de flexibilidad. Fomenta que en cierta medida las normas y los horarios de todo el curso se puedan variar ligeramente (siempre sabiendo poner límites), con respecto a los pequeños haya un descanso de deberes, un espacio donde la familia comparta tiempo libre, etc. Descansan los niños sí, pero principalmente ayuda a que descansen los padres.

Así que este verano (y todo el año)… ¡que se aburran los niños! ¡y los adultos!

Escrito por: Maite Nieto Parejo

Fuentes: http://montessoridemetepec.edu.mx , www.lavanguardia.com

EL AUGE DE LAS CASAS DE APUESTA: ¿CASUALIDAD O EVENTO DE RELEVANCIA PSICOLÓGICA?

Imagen extraída de www.diariodeavisos.elespanol.com
Imagen extraída de www.diariodeavisos.elespanol.com

De un tiempo a esta época (posiblemente el hecho en cuestión fue paulatino en los primeros años, transformado en boom recientemente, y en cómputo global ha ido evolucionando sobre todo desde su regulación en el 2013) hemos ido viendo cómo las casas de apuestas (bajo un amplísimo abanico de empresas y sucursales) se han ido instalando en nuestros barrios y nuestro día a día, también las apuestas online han irrumpido en nuestro presente con gran fuerza.

Propiciado de todo esto se ha comprobado que ha habido un repunte con respecto a décadas anteriores en lo que respecta al tanto por ciento poblacional que juega y/o apuesta, así como un aumento de la frecuencia en la que estas conductas se convierten en extremas (en lo que a intensidad y cantidad apostada se refiere) y desadaptativas para la persona, o lo que es lo mismo, que dichas conductas lleguen a convertirse en una adicción también conocido como trastornos del juego o ludopatía, que en muchos de los casos aparece junto con otros trastornos relacionados (concomitantes a la ludopatía) como serían el consumo elevado de alcohol y otras sustancias (tabaco, por ejemplo) ya sea esporádicamente o de igual modo en forma de trastorno así como con otros trastornos del control de impulsos.

¿Dónde se ubican los salones de juego o casas de apuestas, y por qué?

Las casas de apuesta se han convertido en todo un “evento” socioeconómico. No existe una cifra exacta, pero se estima que la cantidad de ellas a lo largo de la geografía nacional en 2017 ascendía a 3000. Una investigación de la Universidad Carlos III concluyó que su número en los últimos dos años, y a día de hoy, habría aumentado la friolera de un 16%; todo apunta a que seguirá aumentando la tendencia. Sólo en Madrid ciudad han aumentado de 47 a 190 locales de apuestas en sólo 5 años.

Su ubicación tampoco se ha dejado al azar… en un primer momento fueron situándose bastante repartidas por la ciudad, congregándose mayoritariamente en avenidas neurálgicas de poblaciones, zonas frecuentes de paso, donde incluso podríamos  encontrarnos varias de ellas de seguido. Sin embargo, los últimos datos señalan que dicha repartición está cambiando, desapareciendo locales en barrios ricos o de clase media-alta a favor del aumento de ellos en barrios obreros o de bajo poder adquisitivo. El factor explicativo único se desconoce, aunque se cree que uno de los factores influyentes es la situación económica de crisis, el tener un trabajo precario o incluso estar en paro. Situaciones económicas desesperadas ante las que el juego “ofrece”  una alternativa fácil de adquirir dinero, aunque luego no sea tal.

Asimismo, el juego online y las apuestas deportivas son independientes de la ubicación, ya que son accesibles 24/7 (las 24 horas, los 7 días de la semana). Permiten realizar un número mayor de apuestas siendo necesarias menores cantidades de dinero (apenas un euro en algunos casos) lo que facilita el acceso a una nueva franja de edad: jóvenes sin trabajo, estudiantes, menores de edad en muchos casos, hecho que debería ponernos en perspectiva con respecto a la problemática que se nos plantea.

Es decir, no se puede obviar la fácil accesibilidad al juego online, para lo que además no existe un control legal y estricto de los menores de edad que llegan a entrar en contacto con el sector del juego. El concepto mental del ludópata que pasa toda una tarde en la máquina tragaperras del bar y que incluso puede haber un consumo elevado de alcohol ha ido dejando paso, sin que la sociedad se percate en exceso de ello, a un perfil de ludópata de corta edad (alrededor de la veintena) que realiza apuestas deportivas diarias y que debido a la facilidad del medio online gran parte del día su dedicación y/o atención están centradas en ello, es decir, jóvenes que con menores cantidades de dinero dedican mucho más tiempo al juego.

¿Qué mecanismos psicológicos son la base del juego patológico o adicción al juego?

El juego patológico se entiende como la pérdida de control sobre juegos de azar en los que se realizan apuestas. Se entiende que existe una primera etapa de ganancias, una segunda donde se juega para mantener el equilibrio entre ganancias y pérdidas y por último, una fase de pérdidas incontroladas. Es decir, finalmente el juego es quien controla a la persona, ya que esta depende totalmente de la adicción, dejando de llevar a cabo intereses y obligaciones que anteriormente tenía lo que a su vez provoca deterioro en sus relaciones sociales, familiares y laborales.

Los mecanismos  psicológicos principales de los juegos de azar son el refuerzo positivo o la aparición de un estímulo positivo/apetecible que hace aumentar la tasa de respuesta, por ejemplo, la ganancia de un premio económico o la satisfacción por haberlo ganado; y el refuerzo negativo o retirada de una estimulación negativa/aversiva para el sujeto, que como el anterior mecanismo también provocará un aumento conductual de apostar, por ejemplo, la desaparición de malestar y preocupación tras recuperar antiguas pérdidas.

Aunque a veces también aparece el castigo (principalmente las pérdidas monetarias), tiene un menor peso. Y es que conjuntamente a los mecanismos de refuerzo anteriormente mencionados la dependencia emocional al juego se termina de conseguir por la existencia de una serie de creencias distorsionadas o distorsiones cognitivas que mantienen el círculo vicioso del juego: falsas expectativas de ganar para recuperar lo perdido y pensamiento mágico e ilusorio que influyen en la toma de decisiones (por ejemplo: estar en racha, “la máquina está caliente”, tener un día de suerte, o en cuanto a las apuestas deportivas saber mucho de un determinado deporte garantiza ganar lo apostado).

La ludopatía se caracteriza también por una falta de control de impulsos; en el caso específico de los menores de edad esto se ve facilitado por la falta de un completo neurodesarrollo o maduración de la zona cerebral específicamente encargada de ello, el lóbulo frontal.

Otros mecanismos presentes en la adicción al juego serían:

1.- La amplia difusión de las máquinas de juego y las apuestas: hoy en día la publicidad del juego y las apuestas en horario protegido, por parte de las grandes estrellas del deporte y en espacios ampliamente visibles (incluso dentro de las mismas competiciones deportivas) provoca una estimulación/provocación persistente y se vende como deseable socialmente. Todo ello sumado a la disponibilidad constante que se tiene con las apuestas online desde el teléfono móvil personal (al que estamos pegados 24/7).

Un nuevo evento totalmente revolucionario, las apuestas deportivas en directo, que llegan a representar el 65´2% del total de apuestas deportivas (el tipo mayoritario actualmente) funcionan según un mecanismo de refuerzo brutal, ya que la activación neurofisiológica bajo la que se realizan es muy alta por el corto intervalo existente entre la apuesta y el resultado. La inmediatez hace que si se gana se interprete como un evento más factible de lo que verdaderamente rige el azar; sin demora, apelando a una nula capacidad de frustración.

2.- La posibilidad de apostar pequeñas cantidades de dinero y ganar mucho en proporción a lo apostado.

3.- Manipular la máquina personalmente (o la apuesta online con un dinero virtual que no observamos cómo va disminuyendo o aumentando) genera una falsa sensación de control sobre la situación.

4.- Más frecuente en las máquinas tipo B (más conocidas como tragaperras) son los estímulos altamente activadores del sistema nervioso central: luces, musiquita estridente (¡incluso el ruido de las monedas cuando se gana un premio! altamente reforzante para que la conducta de juego, bien sea para seguir ganando o para intentar recuperar las pérdidas, se siga manteniendo en el tiempo), dibujos en movimiento… generan una alteración psicofisiológica tal que hará que se facilite la conducta de juego.

El mantenimiento del juego patológico en el tiempo se deberá principalmente, entre otros factores, a parte del intento de recuperar las pérdidas económicas y a la normalización del juego como conducta social.

Las mentiras y el ocultamiento del juego es otra gran característica observable en este trastorno, lo que hace que el entorno cercano a la persona afectada tarde mucho en darse cuenta de la problemática y no pueda intentar dar apoyo/poner remedio.

El auge de las apuestas online: evento de relevancia psicológica.

A modo de conclusión, señalar que los datos existentes sobre la tasa de juego online son bastante inciertos debido al uso privado que cada persona hace de sus dispositivos móviles, lo que dificulta/imposibilita que se pongan en marcha medidas de prevención o programas terapéuticos adecuados. Eso sí, se cree que la tasa podría alcanzar niveles mucho más altos de las que a priori se barajan debido a la minusvaloración de la relevancia que hacen los sujetos implicados acerca de sus propias conductas de juego.

Actualmente el número de ludópatas en España se cifra en torno al medio millón de personas. Se cree que la suma no es del todo real ya que en el juego online no existe ninguna barrera de entrada así como que genera menor disonancia cognitiva a aquellos que lo utilizan como medio para apostar (por lo tanto no se reconoce, y por tanto no se contabiliza).

Para ponerle freno será necesario que de una vez por todas los organismos oportunos pongan el foco de atención en esta problemática tan alarmante y aparte de llevar a cabo los programas de prevención (y tratamiento) oportunos se pudiera llegar a regular y limitar su uso online (o control de acceso real a menores) asimismo como la proliferación descontrolada de salones de juego que está teniendo lugar en los últimos tiempos.

Lanzamos la siguiente pregunta:

 ¿Estamos prevenidos ante esta forma creciente de trastorno psicológico?

Escrito por: Maite Nieto Parejo

Fuentes: “La última apuesta”-  Grupo de periodismo económico de la UCLM (Universidad de Castilla-La Mancha) https://www.youtube.com/watch?v=ytfFhLVFRNs&feature=youtu.be  ,

www.psicologiaymente.com.

El umbral de las palabras: cómo hablar con tus hijos estimula su inteligencia

Extraída de www.todaysparent.com
Extraída de www.todaysparent.com

En la década de los 90 se publicó un importante estudio en EE UU en el que se afirmaba una conclusión cuanto menos controvertida: los niños provenientes de núcleos socio económicos bajos tenían un desarrollo del lenguaje con más deficiencias debido a un “nivel de palabras deficitario”; es decir, en sus casas, los niños de estos estratos socioeconómicos estaban expuestos no solo una menor complejidad del vocabulario emitido por parte de sus padres, sino un menor número total de palabras (unas 1500 palabras menos por hora, un total de 32 millones de palabras menos a la edad de 4 años). Con todo, el estudio recibió múltiples críticas relacionadas con su replicabilidad y su validez, desde que la muestra era muy pequeña (menos de un centenar de familias), la metodología de investigación era demasiado invasiva (los investigadores acudían a las casas de las personas investigadas para observar el número de palabras emitidas, con lo que en muchos contextos podían reducirse las palabras utilizadas por la poca familiarización de tener a un tercero observando las interacciones en casa) o bien las connotaciones raciales del estudio. Todo ello, aún así, ayudó a una importante reflexión a nivel estatal y relacionada con las políticas educativas, necesarias para atajar posibles desigualdades socioeconómicas. Muchas voces argumentaron que los resultados bien podría corregirse con inversión educativa en mejoras de currículo y contenidos en las escuelas, correlacionando la mejora en enseñanza de conocimiento educativo y vocabulario general antes de los 6 años con una posible mejora en este “umbral de palabras”.

De cualquier manera, y por la importancia intrínseca que tendrían unos resultados como los descritos en el estudio, son muchos los estudios a lo largo de los años que han buscado esclarecer la relación entre el lenguaje emitido a los niños con su nivel de desarrollo, dando como resultado el estudio de observación longitudinal más longevo en el entorno familiar, ésta vez con más de cien familias británicas, argumentando como efectivamente el número de palabras correlaciona con sus destrezas cognitivas, aunque sin especificar claramente por qué, y controlando el nivel de penetración en el entorno doméstico para evitar un efecto reactivo en las familias y unos resultados distorsionados.

De esta manera, el equipo de investigadores liderado por Katrina D`Apice, de la Universidad de York, equiparon a 107 familias con dispositivos portátiles que registraron todo el idioma hablado por ellos (por los niños y sus padres)  en tres días. Los registros, de unas 15 horas diarias de lenguaje, se aplicó un software para determinar cuántas palabras pronunciaron los adultos en familia. Para comprobar el nivel cognitivo de los niños, los niños completaron toda una serie de pruebas cognitivas.

Los resultados fueron prometedores. En niveles promedio, se observó que los adultos hablaban un total de 17,800 palabras al día, con una variabilidad considerable. En general, el equipo encontró una relación importante entre el recuento de palabras de los padres con las habilidades cognitivas del niño. Los padres que utilizaban más palabras tendían a mejorar en las pruebas cognitivas, y la riqueza del vocabulario era también mayor cuanto mayor era la riqueza léxica de los padres. “Los hallazgos demuestran y enfatizan la importancia de las experiencias tempranas, especialmente en la utilización del lenguaje, como experiencias dinámicas que cambian y evolucionan con el tiempo, en determinantes ambientales estáticos” y con clara repercusión en nuestra cognición.

Los resultados tienen una naturaleza correlacional; es decir, no se puede separar la causa y el efecto y por tanto la causa no está del todo clara. Entre las posibles explicaciones, está que una mayor exposición al lenguaje fomenta un mayor desarrollo de la inteligencia. O al revés, que notar que tus hijos son más despiertos fomenta mayor estimulación lingüística por parte de los padres. O incluso explicaciones genéticas: como factores genéticos compartidos influyen tanto en el lenguaje de los niños como en las habilidades cognitivas de los niños. Queda ver si los resultados pueden generalizarse. La mayor parte de la muestra pertenecía a familias de padres casados, con nivel socioeconómico medio alto y con título universitario.

De cualquier manera, los resultados pueden resultar un precedente tanto para el uso de grabación discretos y software de procesamiento automático (y así tener resultados lo más ecológicos posibles) como en la importancia de la implicación parental en la educación de sus hijos y lo fundamental que resulta que las políticas educativas aporten y dediquen una importancia capital al nivel de vocabulario y cultura precoz en los niños, sin importar el estrato social.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Research Digest (The British Psicological Society)

¿Está el trabajo a punto de matarte?

Extraída de webconsultas.com
Extraída de webconsultas.com

Tan contraproducente para nuestra salud es no trabajar o no hacer nada fructífero como trabajar sin descanso y sin tener días de “reseteo”, con el ocio convertido en contenido de película de ciencia ficción (y considerado improductivo e inútil). Algunos lo hacen por trabajos sobre-exigentes, con grandes cantidades de estrés y con listas interminables, otros lo hacen por que confunden el trabajo con identidad, de manera que sacrifican “cómodamente” su salud (física y psicológica), relaciones personales o intereses personales en pos de las expectativas y las presiones sociales y profesionales, apoyando su estima personal y su sentido vital en las metas personales. Estas dos situaciones, con graves consecuencias para la vida de los implicados, reciben el nombre de burn-out y workalcoholismo, respectivamente, y son dos caras de una misma moneda. Y todo queda amplificado exponencialmente por la invasión de las nuevas tecnologías y redes en nuestra cotidianedad, haciendo el más díficil todavía desconectar.

Hablar de burnout es hablar de sobrecarga. La persona que lo sufre experimenta un estrés exacerbado debido a la carga (intensa, permanentemente exigente, con demandas que surgen incesantes y continuas y que exceden a la capacidad de afrontamiento de la persona). Es en estos casos cuando la persona se ve sobrepasada, ya sea por una estructura laboral ineficaz, ya sea por las propias dificultades de la persona en poner límites, delegar funciones o simplificar acciones. En el otro extremo, las personas adictas al trabajo, “eligen” sacrificar su tiempo libre con jornadas mayúsculas de trabajo. Aquí es la persona quién es el motor de esta decisión, ya sea por una posible mejora en su trabajo, ya sea por cumplir las expectativas que la empresa le exige. De cualquiera manera, y en las dos situaciones, la persona ve afectada su salud por algo considerado primordial como el trabajo.

Curioso resulta un estudio en el que relaciona tres de los países con mayores horas de jornada laboral y PIB (producto interior bruto) con los niveles de felicidad de la población. Estos tres países (Estados Unidos, Japón y China) resultaron con niveles de felicidad muy por debajo (Estados Unidos era el único en el TOP 20, en el 18 concretamente), en contextos donde se informaban que la mitad de la población aprovecha el tiempo de sus vacaciones pagadas haciendo trabajo extra (EEUU), con una 20 % de población joven en  riesgo de morir por muerte por exceso de trabajo o “karoshi” (Japón), o con jornadas laborales de  996 (12 horas los 6 días de la semana) (China). Todos ellos dejando claro que la riqueza no era sinónimo de felicidad.

De esta manera se hace necesario en esta sociedad es necesario redefinir los conceptos de felicidad y éxito, puesto que la amenaza de muerte por exceso de trabajo no es suficiente. ¿Qué influye realmente para que las personas nos convirtamos en adictas al trabajo? ¿somos conscientes de que variables laborales y personales están implicadas en esta conducta cronificada y tremendamente perjudicial? Aquí os damos unas pistas

  1. Laborismo. Es un término que surge cuándo no solamente el trabajo cumple la resolución de necesidades básicas, sino cuando pasa a convertirse en el centro de la vida, perdiendo otros muchos aspectos que se consideran primordiales. Definir la línea que separa nuestra realización personal con el exceso de espacio que se le pone al trabajo también es responsabilidad nuestra
  2. Desconexión y aislamiento. Paradójicamente, la tremenda conexión de las redes sociales ha provocado una desconexión de las personas. De este modo, podemos trabajar y al instante estar conectados con un montón de personas, tanto para charlar como para que nos hagan funciones que no podemos hacer por estar ocupados (nos traen la  comida, nos limpian la casa, compramos en tiendas online) pudiendo estar mucho tiempo (días, semanas e incluso meses ) sin tener que interactuar con nuestros amigos, familiares o vecinos, desconectándonos de nuestra propia vida.
  3. La masculinidad tóxica, o “la ley del más fuerte”. en efecto, el género masculino ha sido tradicionalmente educado para no expresar sus emociones, callar el dolor ir enterrar sus traumas, distrayéndose y compensando con largas jornadas con miles de cosas que hacer, con tal de no confrontar y aceptar nuestras emociones. Pasar jornadas maratonianas de trabajo previene la auto compasión y perpetúa este patrón crónico.
  4. Los peligros de confundir el éxito con la valía personal, el conseguir sólo metas materiales y relacionadas con determinados resultados, de manera que la persona se enfoca en conseguir dichas metas sin dar importancia a otras esferas de su vida. Esto es lo que sea denominado como “rol centrado en el trabajo”, cuando la persona es incapaz de definirse más allá del trabajo que realiza.

El escenario que puede provocar todos estos patrones de comportamiento crónicamente perpetuados, provocan un colapso en el sistema endocrino, con niveles exagerados de cortisol en sangre, hipertensión arterial, y toda una serie de síntomas fisiológicos con grandes efectos para nuestra salud. Siendo el karoshi, una posibilidad probable si no se cambia las condiciones laborales tan excesivas .

Una buena manera de ver en qué estado estamos respecto a nuestro nivel de trabajo,  es responder a una serie de preguntas como autobús acción para saber el nivel de estrés:

¿cuanto te pasas el día trabajando sin ver a tu familia?

¿prefieres trabajar que hacer otro tipo de actividades?

¿usas estimulantes para trabajar más horas?

¿tienes dificultades para delegar tareas bien por qué no pueden realizarse correctamente, bien por qué prefieres que seas tú quien quién las realice?

¿haces una gran variedad de tareas en modo multitasking?

¿te pones nervios@ si las cosas salen fuera de lo previsto o si hay alguna situación que no tenías en mente?

¿sabes qué hacer con tu tiempo de ocio, sabes estar sin trabajar?

Una gran mayoría de respuestas sí a estas preguntas, pueden mostrar una alta vinculación con tu trabajo, no deseada y con efectos contraproducentes para ti. Ponerle fin y restringir sus efectos, ya sea con ayuda profesional, realizando actividades de ocio, pasando tiempo con tus seres queridos o haciendo cosas que te gusten, o practicando mindfulness o relajación puede ayudarte alegada con los efectos desagradables de esta gran implicación tuya con el trabajo.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today

CUANDO LOS COMPORTAMIENTOS PASIVO-AGRESIVOS INFLUYEN EN TU ENTORNO LABORAL

Imagen extraída de www.revestida.com
Imagen extraída de www.revestida.com

Primero de todo, y para poder detectar si lo a continuación expuesto está sucediendo en tu entorno laboral (e intentar manejarlo, por tanto) será necesario definir a qué nos referimos con comportamientos pasivo-agresivos.

La pasivo-agresiva se trata de una de las personalidades más tóxicas que con cierta frecuencia podemos encontrarnos a nuestro alrededor. La reputada psicóloga en este área, Amarilis Ortiz, menciona que el ejemplo prototípico de las personas pasivo-agresivas es el siguiente:  “estas personas se caracterizan por no expresar de manera clara y directa sus sentimientos, preferencias u opiniones personales, mientras intentan, de manera indirecta, manipular al otro a ceder”.

En el polo de la pasividad, estas personas se caracterizan por mantener todo tipo de actitudes pasivas en lo que respecta a las obligaciones básicas a asumir en la vida.

A su vez, lo que caracteriza sus actitudes agresivas es un intento de condicionar las acciones y reacciones de los demás; el medio para ese fin es culpabilizar a terceros en lugar de asumir su propia responsabilidad, manipular, engañar, aprovecharse de otros y no apreciarlos ni cuidarlos. En otras palabras recurren a una supuesta sumisión para luego sacar ganancia manipulando y extorsionando al otro, y siempre en función de sus intereses.

Entre medias/a medio camino de la pasividad y la agresividad los comportamientos que mejor definen en general a este tipo de personalidad es la manipulación.

“Cualquier relación que no se fundamente en el respeto mutuo, el buen trato y la dignidad humana entonces es por definición una relación conflictiva que tiene alto potencial de convertirse en una relación tóxica”.

Amarilis Ortiz

Cuando tanto la magnitud como la frecuencia de los rasgos prototípicos de este subtipo de personalidad ocasionan malestar al propio sujeto y/o a su entorno puede diagnosticarse el trastorno de personalidad pasivo-agresivo.

Las causas exactas no se conocen con certeza, aunque los expertos afirman que el origen se encuentra tanto en factores biológicos como ambientales. Dichos comportamientos pueden manifestarse desde la infancia: el estilo parental de sus progenitores, las dinámicas familiares y otras influencias desde etapas tempranas de la vida suelen contribuir al desarrollo de estos rasgos de personalidad, o en su caso más extremo del trastorno de la personalidad. Es decir, aunque tóxico, este método de comunicación/relación no convierte a las personas pasivo-agresivas en malas personas, sino que señala un mecanismo de adaptación expresado en algunos casos desde la infancia que con las herramientas necesarias puede llegar a romperse.

Señales que pueden ponernos en preaviso de que este tipo de comportamientos nos rodean.

Su facilidad para la ambigüedad tiene en ocasiones tanta fuerza que puede arrastrar a los demás hacia un desgaste psíquico y emocional profundo. De igual manera, este tipo de perfil impedimenta todo tipo de dinámicas interpersonales, ya sean de pareja, de amistad, lazos familiares o las que aquí nos ocupan: las laborales. Por eso será importante que detectemos a tiempo algunas de las siguientes señales para poner medidas si es posible.

  • “Si tú no hubieras hecho eso… el trabajo habría salido adelante”: la culpabilización a los demás o gaslighting es una de las constantes de estas personas. En ocasiones esto se traduce necesariamente en victimismo en estado puro.
  • “Haz lo que quieras…” aunque en el fondo desearían que la tarea que les ocupa se realizara de una determinada manera. Rara vez expresan de forma clara o directa sus sentimientos, preferencias u opiniones personales, lo que en un hipotético caso permitirá responsabilizar a los demás (si sale mal) como antes mencionamos, así como facilitar el pasar desapercibido a la hora de realizar su parte del trabajo.
  • “Mejor hazlo tú”: cuando les confrontas suelen ofenderse con gran facilidad, por tanto preferirán retirarse del cometido adjudicado en lugar de intentarlo o tratar de dar una solución en equipo; además nuevamente lo utilizan para escapar de sus deberes.
  • “Pensé que sabías que habían cambiado la reunión” o “yo creí que tú intuirías que el proyecto así no iba a salir adelante”. Antes que externalizar sus sentimientos y opiniones de antemano, los pasivo-agresivos previsiblemente preferirán optar por el silencio, esperar a que el conflicto de desate; eso, aún pudiendo manipular y herir indirectamente a los compañeros de trabajo, les brindará la oportunidad de evitar resolver personalmente el problema.
  • “Me encantaría trabajar contigo” o “me parece bien que lo hagamos de la forma que propones” cuando verdaderamente su comportamiento no verbal (expresión facial, por ejemplo) parece que te expresa lo contrario, o una indiferencia absoluta por lo que le propusiste. Este medio de sometimiento permitirá a los pasivo-agresivos poderse quejar en un futuro, manipular y sacar rentabilidad de determinadas situaciones.

6 posibles claves mediante las que ponerles freno.

1- Primero de todo, intenta mantener la calma. Sabemos que es difícil debido a la alta carga emocional tal vez ya acumulada, pero contestar “en caliente” a un comportamiento pasivo-agresivo sólo facilitará que entremos en escalada (y terminemos diciendo o haciendo cosas que verdaderamente no queríamos en un primer momento).

2. Trata de ser lo más respetuoso posible indistintamente de cómo te está tratando la otra persona (siempre dentro de unos límites, claro está), ya que según asegura la psicóloga norteamericana Bárbara Markway “mostrar desprecio nunca te ayudará a resolver la situación de manera productiva”.

3.- Pon límites a la parcela de trabajo de la cual has de encargarte, de lo contrario puedes descubrirte realizando tareas que la otra persona, por su pasividad, no lleva/quiere llevar a cabo. También será necesario marcar esos límites a las formas con las que se comunica contigo, si esas líneas rojas no llegan a ser suficientes lo mejor será directamente poner distancia con dicho compañero de trabajo.

4.- En caso de que sea necesario mediar, alega a tus superiores. Posiblemente dichos comportamientos se vean facilitados con iguales y no se den de manera tan común cuando escalas jerárquicas tomen cartas en el asunto.

5.- A la hora de hacer peticiones recurre a la técnica del disco rayado, que consistirá en manifestar aquello que necesitas que el otro haga por ti de manera sencilla y repetitiva, sin dar pie a alegatos. En definitiva, como un disco rayado. Como si fuera una mantra repite una y otra vez tu demanda, de manera sencilla y sin grandes justificaciones, ya que enredarse en razonamientos hará que pierdas de vista el objetivo final perseguido, haciendo que el compañero que se comporta de manera pasivo-agresiva contigo no acceda a tu petición.

6.- ¡Ojo! Esta técnica también será efectiva cuando asertivamente queramos revocar manipulaciones o peticiones desmesuradas por parte de este compañero pasivo-agresivo. En los casos en los que la petición nos la haga a nosotros pero no estemos dispuestos a llevarla a cabo cual disco rayado tendremos que trasladarle que “no es no, y no quiero, y no puedo… en definitiva, NO”.

Para concluir, intenta detectar las claves indicadas en tu entorno laboral (o por extensión, a cualquier otra relación relación social) para poder poner en marcha aquellas herramientas que eviten el verte envuelto en una relación tóxica; en resumen, para empezar a poner límites. Lógicamente, si la actitud es sumamente recurrente, la mejor opción será buscar la ayuda profesional pertinente. Pero recuerda, la pasivo-agresividad son rasgos de personalidad (más o menos estables) que pueden manifestarse con mayor intensidad en unos sujetos que en otros; e incluso bajo circunstancias de mucha presión, cansancio o ambiente hostil personas que no suelen pueden, puntualmente, llegar a exhibir este patrón de conductas. Es decir, todos nosotros podemos mostrar en un momento dado un comportamiento pasivo-agresivo con los que nos rodean.

Fuentes: www.infocop.es, www.revestida.com, www.lamenteesmaravillosa.com

Escrito por: Maite Nieto Parejo

7 de Formas de Hacer Luz de Gas

 

Extraída de https://culturacolectiva.com/
Extraída de https://culturacolectiva.com/

Ya hace un tiempo que hablamos en un post anterior sobre la “Luz de Gas”, un termino que hace referencia a una forma muy sutil e insidiosa de maltrato psicológico, donde la persona que agrede extirpa lentamente el criterio personal de su víctima, en una espiral de invalidación que le hace dudar de sus propias percepciones, emociones y pensamientos; y al la víctima final opta por apoyar y sostener su brújula en el otro: él es quien lo sabe todo, tiene la mente más clara y no se siente tan vulnerable como ella.

Evidentemente, la persona implicada no se da cuenta de esta forma de actuar y cuando ve los primeros síntomas lo justifica bien por la relación que tiene establecida con el otro, bien por que tiende a confundirse por muestras de afecto y protección, cuando el objetivo es justamente el contrario. Para cuando la persona quiere darse cuenta, ya está metida de lleno en la intrincada tela de araña: se ha aislado de los demás, es el otro de quién se apoya y siente que no tiene juicio ninguno. La dinámica se ha establecido, la relación se entiende como algo exclusivo y dependiente y puede haber amor, pero no del bueno y sin que haya un verdadero respeto y libertad.

Los efectos secundarios de está dinámicas son múltiples para la víctima; pensamientos e imágenes intrusivas, hiperactivación fisiológica, estado de vigilancia constante, bajada importantísima de la autoestima y el autoconcepto, confusión mental, aislamiento social y apatía. En los casos más severos, puede haber incluso ideación suicida y autolesiones, y un autosabotaje extremo (cualquier intento de hacer las cosas por sí mismo y respetando su iniciativa, las sabotea ella misma sin remisión alguna).

Al ser una forma de maltrato y manipulación psicológica, es mediante el lenguaje, en forma y en contenido, cómo atrapa a la persona en la espiral.  Esta dinámica se puede reproducir en cualquier relación significativa, es decir, puede manifestarse en relaciones de amistad y en diferentes relaciones familiares, y puede darse en ambos sexos. Aunque variadas, os presentamos siete formas de neutralizar a la víctima, perpetuando su maltrato y dejándola desprotegida.  Ser capaz de detectar los matices ayuda a poder darse cuenta y salir de estas dinámicas. En ocasiones, la distancia es el arma más poderosa. Éstas son:

  1. “Tienes un problema / necesitas ayuda”. Así, el agresor tenderá siempre a no responsabilizarse de sus propias conductas, aduciendo que quien tiene el problema siempre es el otro, patologizando su conducta y socavando su credibilidad. Cualquier tipo de duda es prueba de la enfermedad de la víctima y no tiene derecho a mostrarla.
  2. “Eres insegur@ y celos@”. También, el perpetrador de abusos irá plantando semillas al otro sobre su seguridad en sí mismo y atractivo físico, haciendo comentarios explícitos e incluso comparándola con alguien supuestamente con mayor atractivo. De otra forma, podrá incentivar un “aura de deseabilidad” hacia otros pretendientes, haciendo conductas ambiguas y confundiendo a su pareja. Sin embargo, cualquier petición de límite lo verá como problema del otro y no considerará hacer cambio alguno, ni siquiera prestando atención a los sentimientos de su pareja.
  3. “Eres demasiado sensible”. Otra forma de deslegitimar las peticiones y límites del otro es tildarlas de distorsionadas y exageradas. En toda situación de maltrato, es irrelevante si la reacción es exagerada o no, el maltrato actúa a muchos niveles y es importante escucharla y validarla.
  4. “Era sólo una broma / ¡es sólo un chiste!”. El perpetrador enmascara con humor comentarios invalidantes, minusvalorizantes o crueles aduciendo que es sólo es parte de su humor y eres tú quién tiene el problema. El humor además se utiliza para probar los límites de la persona y la sitúa en situaciones límites para probar su umbral de aguante, para ver qué puede permitir e ir aumentando la intensidad y gravedad progresivamente.
  5. “Olvídalo ya / no saques eso ahora”. En cualquier ciclo de abuso, es común que un abusador se involucre en un ciclo de frío y calor en el que periódicamente arroje migajas de afecto para mantenerlo enganchado y renovar la esperanza de regresar a la fase de “luna de miel.”, donde se aparenta normalidad y se actúa como si nada hubiese ocurrido. En estas épocas, se insta a olvidar lo sucedido y a centrarse en lo positivo para evitar procesar lo que sucede y seguir repitiendo la dinámica una y otra vez, cada vez con más rapidez e intensidad.
  6. “El problema eres tú, no soy yo”. Como ya hemos dicho, el perpetrador no asumirá las consecuencias de su conducta y las desplazará en el otro. Él no se equivoca, y tenderá a demostrar y a desarticular cualquier intento de duda, con ejemplos contundentes, que pondrá una importancia capital y que tú no entender. Será la otra persona quién tendrá que hacer los cambios de conducta, a veces negando su atención o cariño si no vuelve a “lo de antes”.
  7. “Nunca dije eso/ estás inventándote o imaginando cosas”. En la forma más grave, se cuestiona lo que realmente piensa y se dice y se cuestiona directamente su salud mental, evitando dar validez a la evidencia y convenciendo a la víctima que lo que está diciendo o defendiendo es producto de su imaginación, utilizando la negación y minimización constantes para anular sus creencias y experiencias.

Resistir con la validación de la realidad de la víctima, permitiendo que gane conciencia del problema y comparta sus experiencias con los demás, adoptando distancia y recursos para neutralizar la influencia dañina del otro, permitirá la restricción y/o ruptura de la relación si la relación está deteriorada y el grado de maltrato es intenso. Escuchar lo que tenemos qué decir (tanto de nosotros como del otro) es el primer paso para la igualdad y libertad en una relación.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today

La Primavera La Sangre Altera

Imagen extraída de www.nuevamujer.com
Imagen extraída de www.nuevamujer.com

Numerosos dichos populares han hecho referencia a lo largo de historia a la influencia que tiene el cambio de estación primaveral en las personas. “La primavera la sangre altera”, “la primavera, o te adormece o te altera”, etc son algunos de ellos.

A propósito de la llegada de la primavera en estos días (y del buen tiempo, los días calurosos y soleados, …) desgranaremos cuánto tiene de mito y cuánto de realidad.

¿Qué dice la psicología de la primavera?

Es bien extendida esa sensación de que los días lluviosos o encapotados suelen ponernos más tristes, provocar en nosotros una tendencia a quedarnos en casa (haciendo planes tranquilos), etc…; por contra, sentir el calor del sol en la piel es una de las sensaciones más placenteras del mundo, por eso cuando hace buen tiempo la gente sale a la calle, aprovecha para realizar planes sociales e incluso se está de mejor humor y disposición para ponernos en funcionamiento.

Según un estudio de la universidad Brigham Young (Estados Unidos), las horas en las que está presente el sol, es decir, desde que amanece hasta su puesta, por regla general influyen en mayor medida en nuestro estado de ánimo, por encima de otros factores como la temperatura, la contaminación o la lluvia.

Sin embargo, es muy importante señalar que el elemento relevante que produce tal efecto no es necesariamente el aumento de las temperaturas propio de la primavera o la cantidad de rayos de sol absorbidos, sino que se vea traducido en número de horas de luz (y por tanto luminosidad) de las que podemos disfrutar en el día.

Además, si nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Nos levantamos de igual modo en invierno (sigue siendo de noche en el caso de que madruguemos) que cuando es primavera o verano (que aún sonando el despertador a la misma hora que el resto del año ya es de día)? seguramente nos demos cuenta de que la respuesta es que no, ya que biológica y filogenéticamente estamos preparados para dormir de noche y estar activos cuando amanece el sol, por tanto, el despertar cuando los días empiezan a ser más largos también va acompañado de mayor motivación-activación a la hora de afrontar la jornada.

Y todo lo anteriormente comentado ¿a qué se debe?

A nivel cerebral poseemos un “reloj biológico”, compuesto por una serie de estructuras cerebrales (el núcleo supraquiasmático y la glándula pineal). También se denomina “tercer ojo” ya que es la estructura biológica (a parte de los ojos, que conforman el sentido de la visión) que se encarga de recibir la luminosidad, y liberar determinadas sustancias neuroquímicas en función de ello.

Es decir, se encargan de recibir la luz para empezar a secretar melatonina, encargada a su vez de la posibilitar la síntesis de serotonina. Dicho reloj endógeno es el encargado de que nuestros ciclos de actividad sean circadianos, es decir, de más o menos 24 horas o una frecuencia próxima a la diaria. En los meses de otoño e invierno en los que hay menos horas de luz este proceso requiere de un esfuerzo extra, por lo que nuestros ritmos circadianos registran algunos cambios.

Dentro de las funciones humanas que siguen un ritmo circadiano encontramos la sucesión sueño-vigilia, también mediado por la luz (en este caso ausencia de ella). Cuando se hace de noche la cantidad de melatonina segregada será menor y a su vez descenderán los niveles de serotonina, lo que permitirá la conciliación del sueño (son los mecanismos biológicos de inducción de primeras fases del sueño o sueño no REM).

Como dato sobre avances tecnológicos curiosos, estos descubrimientos sobre la fisiología humana se han traducido en recientes herramientas que nos hacen “despertarnos mejor”. Nos referimos a despertadores que progresivamente aumentan el nivel de luz de la habitación/entorno en el que dormimos para irnos sacando progresivamente del sueño profundo, es decir, su objetivo es que el cambio a la vigilia (estar despiertos) se haga sin tanta brusquedad.

Además de su participación en estos ritmos que se repiten cada día, la serotonina es el neurotransmisor “estrella” en la regulación del estado de ánimo. La realidad es que la luz solar nos activa y desencadena las transformaciones anteriormente mencionadas que en último término dan lugar a la “hormona de la felicidad”. De esta manera, algunas personas aseguran sentirse más tristes y alicaídas en épocas del año como otoño e invierno.

¿Y entonces…. qué es la astenia primaveral?

Por otro lado, y paradójicamente, a parte de ese mejor estado de ánimo también aparecen otra serie de manifestaciones consecuentes a la llegada de la primavera. Una de ellas, relacionada con los ritmos circadianos mencionados anteriormente es la astenia primaveral, que suele presentarse mediante los siguientes síntomas:

  • Cansancio y somnolencia durante el día.
  • Falta de energía.
  • Alteraciones del sueño, especialmente dificultad para conciliarlo.
  • Pérdida del apetito.
  • Disminución de la libido.
  • Problemas de concentración.
  • Falta de motivación.

Las causas de la astenia primaveral son la coincidencia de una serie de factores ambientales tales como el cambio de tiempo (subida de las temperaturas y de la presión atmosférica), el aumento de las horas de luz diurna, el cambio horario (adelantar los relojes una hora) y la modificación de la rutina diaria (horarios de sueño y de comidas, aumento del tiempo de ocio, etc.) como consecuencia de los anteriores.

Todas estas circunstancias inducen en el organismo humano una alteración en la regulación de los ritmos circadianos a través de una serie de mecanismos tales como cambios en la secreción de determinadas hormonas: endorfinas, cortisol, melatonina, etc.  Dichas alteraciones hormonales ocasionan (en un primer momento) desajustes de los ritmos biológicos, que deben adaptarse a las nuevas condiciones ambientales, más exigentes en el consumo diario de energía. Es como si el organismo despertara de un letargo invernal, marcado por las bajas temperaturas y las pocas horas de luz diurna.

La “padecen” aproximadamente la mitad de la población; sin embargo, debe entenderse como un cuadro adaptativo, que en cualquier caso desaparece por sí solo en una o dos semanas (dependiendo de cada persona), muestra de cómo nuestra actividad se ajusta al ritmo circadiano bajo los nuevos factores ambientales.

Esto, traducido a otras especies animales, se manifiesta como una disminución general de las funciones metabólicas en invierno, lo cual lleva a muchos a hibernar. Aplicado a los seres humanos, existe un término que designa esta profunda tristeza que se apodera de nosotros: trastorno afectivo estacional (TAE) o ‘depresión de invierno’.

¿Y… en qué consiste el Trastorno Afectivo Estacional?

Se trata de un aumento o repunte de la incidencia de los episodios o conjunto de síntomas en lo referente al estado de ánimo, en base al número de horas de luminosidad (no necesariamente traducido en calor o grados centígrados). Es decir, una mayor prevalencia de trastorno del estado de ánimo en épocas del año donde el número de horas solares es menor o en lugares geográficos que disponen en menor medida de ellas (latitudes altas o alejadas del ecuador).

Dicha especificación sólo puede hacerse en el caso de episodios depresivos, y la característica esencial es el inicio y remisión de los episodios depresivos mayores en una determinada época del año. Generalmente comienzan en otoño o invierno remitiendo en primavera (“depresión invernal”). Aunque pueden darse en otras épocas como en verano, es muchísimo menos frecuente.

Por contra, cuando se trata de episodios maníacos (elevación excesiva o patológica del estado de ánimo), éstos se producirán en verano.

El Trastorno Afectivo Estacional es más prevalente en mujeres que en hombres (como por regla general sucede con los trastornos del estado de ánimo). Entre sus síntomas destacan aumento del apetito y el sueño, menor energía y capacidad de concentración, pérdida del interés en el trabajo y otras actividades, enlentecimiento motor, aislamiento social, desesperanza, tristeza e irritabilidad.

Como antes se mencionó, también es más frecuente que el TAE ocurra en mayor medida en las latitudes más altas o lugares más alejados del ecuador (por ejemplo, en los países Nórdicos), ya que su ritmo biológico se ve más trastocado por el acortamiento de los días, es decir, por una menor cantidad de luminosidad recibida o de la que poder disfrutar.

Uno de los tratamientos de mayor efectividad, y por tanto el de primera elección en el Trastorno Afectivo Estacional, es la fototerapia o terapia lumínica, consistente en el uso de una lámpara especial de luz muy brillante que imita la luz del sol. Se suele aplicar durante el otoño y a comienzos del invierno para revertir los síntomas anímicos que aparecen con este patrón estacional. Esta terapia ayuda a muchos pacientes a mitigar o desaparecer los síntomas pero, sin duda, nada comparado con poder disfrutar de un maravilloso día soleado.

Otras alteraciones que se benefician de la terapia lumínica son algunos casos de jet lag y en trastornos del ritmo circadiano del sueño o trastornos del ritmo sueño-vigilia debiendo su eficacia al efecto/impacto que tiene la luz sobre la regulación de los ritmos biológicos circadianos.

Para finalizar, de antaño es bien conocido el beneficioso efecto que tiene el sol a nivel físico: dermatológico, por ejemplo. Tras este post hemos desvelado lo favorable que es también a nivel emocional; por tanto, aprovecha los días a partir de ahora más largos (e instala mayor luminosidad en tu hogar, a poder ser, con bombillas que imiten lo máximo posible al espectro de la luz solar, caracterizado por una mayor calidez).
Fuentes: Carlson, N. R., & Birkett, M. A. (2014). Fisiología de la conducta. Pearson Educación.,  Ramos, F., Sandín, B., & Belloch, A. (2011). Manual de psicopatología. Vol. II. McGraw-Hill España.,  www.lavanguardia.com

Escrito por: Maite Nieto Parejo

 

Mitos del amor romántico: causas, consecuencias y alternativas

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com
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A la hora de entender el amor y cómo es (o debe ser) una relación de pareja es fácil que aparezca en nosotros una imagen mental determinada, normalmente establecida a través del prisma de nuestras creencias.

Dichas creencias que nos marcan lo que es correcto y/o deseable respecto a las relaciones de pareja (así como lo que no lo es) a veces toman tintes irracionales, dando lugar a mitos sobre un amor que verdaderamente se hace difícil en la práctica y que puede imponer ideales que ocasionen malestar.

Un mito, ya sea sobre el amor romántico o sobre cualquier otro ámbito, es una historia imaginaria que altera las cualidades verdaderas de una persona o cosa, haciendo que actuemos en parte de manera inconsciente, es decir, guiados por lo dictaminado por dicho mito sin hacer una exploración personalizada del tema en cuestión. En resumen, los mitos ejercen una fuerte influencia sobre las ideas que las personas tienen sobre cualquier tipo de cosa.

Algunos de estos mitos acerca del amor romántico son:

  1. “El amor todo lo puede”: depende… los imperativos suelen ejercer presión en la pareja y muchas veces, aunque queriendo a la otra persona, se produce la ruptura de la relación.
  2. “El amor a primera vista”: no nos engañemos, a primera vista sólo vemos lo tangible, el físico, lo cual nos hace saber si la otra persona nos atrae o no; sin embargo, el amor se construye, y para ello no hace falta ni más ni menos que ir conociendo, poco a poco, a la otra persona.
  3. “La plena compenetración sexual es prueba irrefutable de amor”: este mito va bastante en la línea del anteriormente mencionado amor a primera vista. De primeras todo de esa persona nos enamora y nos gusta, incluyendo las relaciones sexuales (que serán asombrosamente buenas desde el primer día).
  4. “La búsqueda de la media naranja”: existe una persona en el mundo, LA persona, que es la ideal para cada uno de nosotros y nos completa, porque es la otra mitad de nosotros, la media naranja.
  5. “La persona correcta llena todos los aspectos de nuestra vida”: frases del tipo “es igualito a mi, tiene los mismos gustos y aficiones”, “es el/la responsable de mi felicidad” o “cuando estamos juntos somos uno” reflejan este mito, que posiblemente sea uno de los más extendidos en cuanto a la concepción imperante de amor romántico.
  6. “Cuando se está enamorado no es posible sentir atracción por otra persona”: partiendo de la idea de que el amor no paraliza la disposición a sentirse atraído por otros y que la fidelidad es un constructo social que se puede elegir (en pareja) mantener o no en la relación, probablemente sean otra serie de cuestiones las que puedan plantearse en lugar del imperativo latente en este mito.
  7. “Los celos son una prueba de amor” o la versión más sutil de “si quieres a la otra persona ser algo celoso es lo normal” es aquel mito que defiende los celos como muestra irrefutable de amor verdadero y comprometido.
  8. “El príncipe azul”: mito reflejado en el ideal de hombre que corteja, enamora, y lo da todo por “su princesa”, una mujer que siempre está disponible para él. Una historia idílica de amor en la que él aparece como perfecto.

CAUSAS

En general, cada persona posee su propia mitología del amor, basada en sus propias experiencias personales, familiares o dependiente de la cultura donde haya sido criado. Sin embargo, existen una serie de causas que han introducido la idea de amor romántico que actualmente impera, al menos, en las sociedades occidentales y/o del Primer Mundo.

La exposición de este tipo de amor en los medios de comunicación, el cine (con el ideal de las princesas de los dibujos animados), la literatura, etc junto a una historia social donde la mujer no ha tenido un rol equitativo al del hombre (no sólo en el amor, sino en general en todos las áreas vitales) ha sido el medio de difusión para que estas creencias o mitos hayan invadido con tal intensidad el marco mental de la sociedad.

“El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa”, Kate Millet.

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com

CONSECUENCIAS

Algunas de las consecuencias del ideal de amor romántico, y fruto de los mitos anteriormente citados, serían…

  • Obsesión por la búsqueda de esa otra persona que colme nuestra felicidad o sea la proveedora de ella. No saber vivir solos, es decir, sin pareja.
  • Búsqueda desesperada de la felicidad dependiente de otra persona, frustración, no priorización de los propios deseos y necesidades.
  • Internalización de patrones rígidos de cómo tienen que ser nuestras relaciones amorosas.
  • Aprendizaje diferencial de género de lo que es el amor y a la hora de buscar y o empezar una pareja. El patriarcado describe y enseña que el amor no es lo mismo para las mujeres que para los hombres. Para la mujer sólo hay una forma lícita y decente de amar: incondicionalmente. Hemos de ser amante abnegadas, fieles, acríticas, pacientes, …
  • Esperanza de encontrar a la media naranja, a esa persona ideal o idealizada. Ninguna pareja es ideal, cada uno de los miembros que conforman el equipo llamado pareja tiene sus fortalezas y debilidades con las que habrá que ir sorteando los obstáculos del camino llamado vida sin que posiblemente haya una pareja ideal, sino simplemente la más adecuada para ser elegida como compañera de camino.
  • Desistir inmediatamente ante la aparición de dificultades superables en la pareja, ya que no sería nuestro amor verdadero; es decir, no se ajusta al ideal de amor preponderante en el panorama romántico.
  • Relacionado con la consecuencia anterior estaría el mantenimiento del concepto de perfección como requisito en la búsqueda del amor, con el consiguiente desaliento que provoca (por ser inalcanzable).
  • Perpetuación de una sociedad no equitativa ni igualitaria, donde (bajo la concepción del amor romántico y de la mano del príncipe azul) la mujer adopte el rol de tener que ser conquistada, en lugar de, por ejemplo, equidad a la hora de elegir quién da el primer paso o lleva las riendas del gustar a otro.

ALTERNATIVAS

  • Si dudas de si moverte por patrones establecidos es lo que quieres en tu vida permítete explorar aquello que aún no conoces: conoce gente, implanta términos acorde a los valores que guían tu día a día y pon límites allí donde lo creas oportuno, no donde por regla general suelen ser puestos.
  • Al igual que una relación de pareja se va construyendo poco a poco, conociendo y compartiendo las cosas buenas (y otras que no lo son tanto) de la otra persona, con el sexo ocurre lo mismo: puede que las relaciones sexuales sean muy buenas con alguien con el que no queremos estar en pareja y puede darse el caso de que queramos a otra persona pero la parte sexual de la relación sea un ámbito donde no se esté encontrando la satisfacción que se consideraría idónea. Llegados a este punto hemos de saber que se puede trabajar la sexualidad como se trabaja cualquier otro aspecto de la pareja.

El abordaje conjunto, teniendo como base primordial la comunicación y la confianza, servirá como herramienta para el derribo de tabúes e ideas preconcebidas, para autoexplorarse y explorar al prójimo y para ir averiguando aquella actividad sexual que quiere implantarse en la pareja o tal otra que podría ser placentera pero que de momento no es una prioridad (también aquellas otras que no son agradables, si cabe tan importantes como las que se desean). Sólo así, creciendo juntos, se creará una sexualidad asombrosamente buena y que tenga los cimientos para seguir evolucionando a lo largo del tiempo.

  • El amor no siempre lo puede todo. A pesar de la tentación que provoca la idea del “superamor” como forma de controlar la incertidumbre de una posible ruptura o como escudo para creer que todo se puede superar, la idea de que si hay amor en la relación es garantía suficiente y vitalicia para superar cualquier problema es del todo distorsionada.

Reestructurar esas ideas, aceptando la aparición de posibles conflictos en la pareja (los cuales necesitarán de una solución de problemas conjunta) y conocer que el respeto, la confianza y la comunicación no vienen de serie junto con el amor hará adoptar una visión más ajustada de la realidad. Asimismo se evitarán consecuencias dañinas para las personas como podría ser el soportar cualquier tipo de situación perjudicial o vejación en aras del amor.

  • Frente al mito de la media naranja encontramos que cuando venimos al mundo estamos solos, o en todo caso, si lo queremos considerar también, con nuestra familia, amigos, vamos adquiriendo estudios/trabajo… en un momento determinado de nuestra vida llega esa persona de la que nos enamoramos pero, ¿nos completa cual mitad?  ¿o nos aporta a esa vida que ya veníamos vivenciando “en solitario”?. Una de las alternativas a este mito sería visualizar el encontrar pareja como algo que enriquece nuestra vida sabiendo que ya de por sí era satisfactoria previamente como única parte de una naranja que ya estaba completa: nosotros mismos.

Tal vez nuestra pareja no tenga que ser necesariamente igual a nosotros o con los mismos gustos para que la ecuación llamada pareja funcione. Un mínimo de cosas en común, en cuanto a valores desde los que entendemos que queremos vivir nuestra vida, serán necesarios; sin embargo, aficiones, gustos musicales, etc no habrían de ser un handicap si no son compartidos. Puede ser un buen momento para explorar nuevos campos que nos gusten de la mano de nuestra pareja (¡o incluso darnos cuenta de que para nada van a convertirse también en nuestras aficiones!), podemos tener tiempo libre y de ocio nosotros solos si no son los mismos intereses y se puede disfrutar de dicho ámbito de nuestra vida con otros apoyos (amigos, vecinos o incluso asociaciones que se dediquen a ello).

  • Barajar la posibilidad de que puede darse la atracción por otras personas sin que ello necesariamente desemboque en una ruptura de pareja: después de elegir si el constructo social de la fidelidad se instaura en la propia pareja quedará en manos de cada uno de los miembros de ella el establecer los límites de la atracción por unos posibles terceros. Es muy común experimentar algún tipo de afinidad con otras personas, pero sin que necesariamente esto signifique que ya no se quiera a la pareja.
  • “Quien bien te quiere NO te hará llorar” de lo contrario sería un amor tóxico elevado a la enésima potencia. Derribar ese mito y cambiar esas gafas con las que de antemano vemos la realidad ayudará que a la hora de iniciar una relación ciertos comportamientos no se vean como deseables y por tanto tolerables.
  • Cuando en la pareja hacen aparición los celos o se mantiene una relación amorosa con alguien celoso es fácil que comience la problemática en la pareja. En realidad los celos son el indicador del nivel de angustia que siente una persona ante la idea o la posibilidad de que otro “se lleve” aquello considerado como propio (la pareja) así como el miedo a que la persona querida “nos reemplace” (y por tanto haya una pérdida del ser querido, se rompa la pareja). Como alternativa encontramos que estar en pareja no supone ser propiedad de nadie, sino seres libres, que libremente quieren estar con su pareja (así como sería posible que libremente decidieran romperla). A su vez saber que es muy probable que esos celos se estén alimentando y/o siendo fundamentados por problemáticas e inseguridades individuales.

Como conclusión, saber que estos mitos imperan en nuestra sociedad (y tal vez estén desfigurando cómo vivenciamos nuestras relaciones amorosas) puede ayudarnos a ponernos unas gafas diferentes a la hora de entender el concepto de amor, y como consecuencia podremos empezar a establecer los límites necesarios a esos patrones relacionales preestablecidos, a ser posible acorde a nuestros valores.

Fuentes: https://psicologiaymente.com, www.eldiario.es

Escrito por Maite Nieto Parejo