Mitos del amor romántico: causas, consecuencias y alternativas

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com
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A la hora de entender el amor y cómo es (o debe ser) una relación de pareja es fácil que aparezca en nosotros una imagen mental determinada, normalmente establecida a través del prisma de nuestras creencias.

Dichas creencias que nos marcan lo que es correcto y/o deseable respecto a las relaciones de pareja (así como lo que no lo es) a veces toman tintes irracionales, dando lugar a mitos sobre un amor que verdaderamente se hace difícil en la práctica y que puede imponer ideales que ocasionen malestar.

Un mito, ya sea sobre el amor romántico o sobre cualquier otro ámbito, es una historia imaginaria que altera las cualidades verdaderas de una persona o cosa, haciendo que actuemos en parte de manera inconsciente, es decir, guiados por lo dictaminado por dicho mito sin hacer una exploración personalizada del tema en cuestión. En resumen, los mitos ejercen una fuerte influencia sobre las ideas que las personas tienen sobre cualquier tipo de cosa.

Algunos de estos mitos acerca del amor romántico son:

  1. “El amor todo lo puede”: depende… los imperativos suelen ejercer presión en la pareja y muchas veces, aunque queriendo a la otra persona, se produce la ruptura de la relación.
  2. “El amor a primera vista”: no nos engañemos, a primera vista sólo vemos lo tangible, el físico, lo cual nos hace saber si la otra persona nos atrae o no; sin embargo, el amor se construye, y para ello no hace falta ni más ni menos que ir conociendo, poco a poco, a la otra persona.
  3. “La plena compenetración sexual es prueba irrefutable de amor”: este mito va bastante en la línea del anteriormente mencionado amor a primera vista. De primeras todo de esa persona nos enamora y nos gusta, incluyendo las relaciones sexuales (que serán asombrosamente buenas desde el primer día).
  4. “La búsqueda de la media naranja”: existe una persona en el mundo, LA persona, que es la ideal para cada uno de nosotros y nos completa, porque es la otra mitad de nosotros, la media naranja.
  5. “La persona correcta llena todos los aspectos de nuestra vida”: frases del tipo “es igualito a mi, tiene los mismos gustos y aficiones”, “es el/la responsable de mi felicidad” o “cuando estamos juntos somos uno” reflejan este mito, que posiblemente sea uno de los más extendidos en cuanto a la concepción imperante de amor romántico.
  6. “Cuando se está enamorado no es posible sentir atracción por otra persona”: partiendo de la idea de que el amor no paraliza la disposición a sentirse atraído por otros y que la fidelidad es un constructo social que se puede elegir (en pareja) mantener o no en la relación, probablemente sean otra serie de cuestiones las que puedan plantearse en lugar del imperativo latente en este mito.
  7. “Los celos son una prueba de amor” o la versión más sutil de “si quieres a la otra persona ser algo celoso es lo normal” es aquel mito que defiende los celos como muestra irrefutable de amor verdadero y comprometido.
  8. “El príncipe azul”: mito reflejado en el ideal de hombre que corteja, enamora, y lo da todo por “su princesa”, una mujer que siempre está disponible para él. Una historia idílica de amor en la que él aparece como perfecto.

CAUSAS

En general, cada persona posee su propia mitología del amor, basada en sus propias experiencias personales, familiares o dependiente de la cultura donde haya sido criado. Sin embargo, existen una serie de causas que han introducido la idea de amor romántico que actualmente impera, al menos, en las sociedades occidentales y/o del Primer Mundo.

La exposición de este tipo de amor en los medios de comunicación, el cine (con el ideal de las princesas de los dibujos animados), la literatura, etc junto a una historia social donde la mujer no ha tenido un rol equitativo al del hombre (no sólo en el amor, sino en general en todos las áreas vitales) ha sido el medio de difusión para que estas creencias o mitos hayan invadido con tal intensidad el marco mental de la sociedad.

“El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa”, Kate Millet.

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com

CONSECUENCIAS

Algunas de las consecuencias del ideal de amor romántico, y fruto de los mitos anteriormente citados, serían…

  • Obsesión por la búsqueda de esa otra persona que colme nuestra felicidad o sea la proveedora de ella. No saber vivir solos, es decir, sin pareja.
  • Búsqueda desesperada de la felicidad dependiente de otra persona, frustración, no priorización de los propios deseos y necesidades.
  • Internalización de patrones rígidos de cómo tienen que ser nuestras relaciones amorosas.
  • Aprendizaje diferencial de género de lo que es el amor y a la hora de buscar y o empezar una pareja. El patriarcado describe y enseña que el amor no es lo mismo para las mujeres que para los hombres. Para la mujer sólo hay una forma lícita y decente de amar: incondicionalmente. Hemos de ser amante abnegadas, fieles, acríticas, pacientes, …
  • Esperanza de encontrar a la media naranja, a esa persona ideal o idealizada. Ninguna pareja es ideal, cada uno de los miembros que conforman el equipo llamado pareja tiene sus fortalezas y debilidades con las que habrá que ir sorteando los obstáculos del camino llamado vida sin que posiblemente haya una pareja ideal, sino simplemente la más adecuada para ser elegida como compañera de camino.
  • Desistir inmediatamente ante la aparición de dificultades superables en la pareja, ya que no sería nuestro amor verdadero; es decir, no se ajusta al ideal de amor preponderante en el panorama romántico.
  • Relacionado con la consecuencia anterior estaría el mantenimiento del concepto de perfección como requisito en la búsqueda del amor, con el consiguiente desaliento que provoca (por ser inalcanzable).
  • Perpetuación de una sociedad no equitativa ni igualitaria, donde (bajo la concepción del amor romántico y de la mano del príncipe azul) la mujer adopte el rol de tener que ser conquistada, en lugar de, por ejemplo, equidad a la hora de elegir quién da el primer paso o lleva las riendas del gustar a otro.

ALTERNATIVAS

  • Si dudas de si moverte por patrones establecidos es lo que quieres en tu vida permítete explorar aquello que aún no conoces: conoce gente, implanta términos acorde a los valores que guían tu día a día y pon límites allí donde lo creas oportuno, no donde por regla general suelen ser puestos.
  • Al igual que una relación de pareja se va construyendo poco a poco, conociendo y compartiendo las cosas buenas (y otras que no lo son tanto) de la otra persona, con el sexo ocurre lo mismo: puede que las relaciones sexuales sean muy buenas con alguien con el que no queremos estar en pareja y puede darse el caso de que queramos a otra persona pero la parte sexual de la relación sea un ámbito donde no se esté encontrando la satisfacción que se consideraría idónea. Llegados a este punto hemos de saber que se puede trabajar la sexualidad como se trabaja cualquier otro aspecto de la pareja.

El abordaje conjunto, teniendo como base primordial la comunicación y la confianza, servirá como herramienta para el derribo de tabúes e ideas preconcebidas, para autoexplorarse y explorar al prójimo y para ir averiguando aquella actividad sexual que quiere implantarse en la pareja o tal otra que podría ser placentera pero que de momento no es una prioridad (también aquellas otras que no son agradables, si cabe tan importantes como las que se desean). Sólo así, creciendo juntos, se creará una sexualidad asombrosamente buena y que tenga los cimientos para seguir evolucionando a lo largo del tiempo.

  • El amor no siempre lo puede todo. A pesar de la tentación que provoca la idea del “superamor” como forma de controlar la incertidumbre de una posible ruptura o como escudo para creer que todo se puede superar, la idea de que si hay amor en la relación es garantía suficiente y vitalicia para superar cualquier problema es del todo distorsionada.

Reestructurar esas ideas, aceptando la aparición de posibles conflictos en la pareja (los cuales necesitarán de una solución de problemas conjunta) y conocer que el respeto, la confianza y la comunicación no vienen de serie junto con el amor hará adoptar una visión más ajustada de la realidad. Asimismo se evitarán consecuencias dañinas para las personas como podría ser el soportar cualquier tipo de situación perjudicial o vejación en aras del amor.

  • Frente al mito de la media naranja encontramos que cuando venimos al mundo estamos solos, o en todo caso, si lo queremos considerar también, con nuestra familia, amigos, vamos adquiriendo estudios/trabajo… en un momento determinado de nuestra vida llega esa persona de la que nos enamoramos pero, ¿nos completa cual mitad?  ¿o nos aporta a esa vida que ya veníamos vivenciando “en solitario”?. Una de las alternativas a este mito sería visualizar el encontrar pareja como algo que enriquece nuestra vida sabiendo que ya de por sí era satisfactoria previamente como única parte de una naranja que ya estaba completa: nosotros mismos.

Tal vez nuestra pareja no tenga que ser necesariamente igual a nosotros o con los mismos gustos para que la ecuación llamada pareja funcione. Un mínimo de cosas en común, en cuanto a valores desde los que entendemos que queremos vivir nuestra vida, serán necesarios; sin embargo, aficiones, gustos musicales, etc no habrían de ser un handicap si no son compartidos. Puede ser un buen momento para explorar nuevos campos que nos gusten de la mano de nuestra pareja (¡o incluso darnos cuenta de que para nada van a convertirse también en nuestras aficiones!), podemos tener tiempo libre y de ocio nosotros solos si no son los mismos intereses y se puede disfrutar de dicho ámbito de nuestra vida con otros apoyos (amigos, vecinos o incluso asociaciones que se dediquen a ello).

  • Barajar la posibilidad de que puede darse la atracción por otras personas sin que ello necesariamente desemboque en una ruptura de pareja: después de elegir si el constructo social de la fidelidad se instaura en la propia pareja quedará en manos de cada uno de los miembros de ella el establecer los límites de la atracción por unos posibles terceros. Es muy común experimentar algún tipo de afinidad con otras personas, pero sin que necesariamente esto signifique que ya no se quiera a la pareja.
  • “Quien bien te quiere NO te hará llorar” de lo contrario sería un amor tóxico elevado a la enésima potencia. Derribar ese mito y cambiar esas gafas con las que de antemano vemos la realidad ayudará que a la hora de iniciar una relación ciertos comportamientos no se vean como deseables y por tanto tolerables.
  • Cuando en la pareja hacen aparición los celos o se mantiene una relación amorosa con alguien celoso es fácil que comience la problemática en la pareja. En realidad los celos son el indicador del nivel de angustia que siente una persona ante la idea o la posibilidad de que otro “se lleve” aquello considerado como propio (la pareja) así como el miedo a que la persona querida “nos reemplace” (y por tanto haya una pérdida del ser querido, se rompa la pareja). Como alternativa encontramos que estar en pareja no supone ser propiedad de nadie, sino seres libres, que libremente quieren estar con su pareja (así como sería posible que libremente decidieran romperla). A su vez saber que es muy probable que esos celos se estén alimentando y/o siendo fundamentados por problemáticas e inseguridades individuales.

Como conclusión, saber que estos mitos imperan en nuestra sociedad (y tal vez estén desfigurando cómo vivenciamos nuestras relaciones amorosas) puede ayudarnos a ponernos unas gafas diferentes a la hora de entender el concepto de amor, y como consecuencia podremos empezar a establecer los límites necesarios a esos patrones relacionales preestablecidos, a ser posible acorde a nuestros valores.

Fuentes: https://psicologiaymente.com, www.eldiario.es

Escrito por Maite Nieto Parejo

 

Crónicamente estresados

Extraído de www.boyacaradio.com
Extraído de www.boyacaradio.com

En las grandes ciudades y con el ritmo diario frenético, lidiar con el estrés se está convirtiendo en una de nuestras grandes asignaturas pendientes a lo largo de nuestro día a día. El estrés no es malo intrínsecamente, pero no podemos soportar de manera indefinida tensiones estresantes que todas juntas pueden funcionan como un cóctel molotov explosivo. A saber, encuentros impersonales y espaciados con gente, menos ocio, jornadas laborales maratonianas, muy poquito deporte, apenas contacto con nuestros seres queridos, noches con ojos de búho e insomnio y listas de tareas interminables que nunca se finalizan del todo. Un caldo de cultivo que nos hace estar en permanente acción, y por contra, nunca obtenemos descanso y cuando lo hay, ni siquiera parecemos permitírnoslo. ¿Os suena de algo?

Estrés bueno…

En este contexto conviene aclarar que no todo el estrés es malo y que en dosis adecuadas y moderadas, el estrés supone un impulso y motor para realizar tareas y encontrar soluciones eficaces cuando parece que no las tenemos todas con nosotros. Este tipo de estrés es preparatorio de una amenaza y eleva nuestras pulsaciones y presión arterial, los sentidos se agudizan y se bombea adrenalina y epinefrina para vigorizarnos. En resumen: nos hace más eficientes a la hora de realizar tareas, focaliza nuestra atención y mejora nuestra memoria, la función cardiaca e incluso nuestra actividad inmunológica aumenta.

versus estrés crónico.

No obstante, si estos niveles elevados de actividad física y mental se mantienen durante largo tiempo, nuestro cuerpo experimenta un proceso de agotamiento, íntimamente relacionado con altos niveles de cortisol. Si las condiciones estresantes no disminuyen, se producen una serie de cambios con importantes consecuencias en nuestro organismo. Estamos hablando del estrés crónico, que nos deja totalmente exhaustos.

Impacto del estrés

Los efectos más importantes en nuestra salud se manifiestan con niveles altos de fatiga, hipertensión, dolores en el pecho no cardíacos, dolores musculares, tensión muscular, episodios de hiperventilación, confusión en la elección de las palabras, palmas sudorosas y hormigueo en las extremidades superiores. A nivel cognitivo, la persona experimenta lentitud cognitiva y confusión por la multitud de ideas que pasan por su cabeza, rumiaciones y enganches constantes, dificultades para pensar de una manera línea y lógica menor capacidad de concentración y resolución de problemas, incapaz de vislumbrar aquello importante de lo que no lo es. Emocionalmente, nos volvemos seres en extremo vigilantes, atentos a todas las amenazas y reaccionando siempre a la defensiva y muy irritados. Nos sentimos frustrados, abrumados e impotentes, con sensación de exceso de tareas (y trabajo) y al final nos deprimimos; perdemos la esperanza de estar mejor. Empezamos a no ver a nuestros seres queridos, no queremos salir, nos sentimos solos y apenas reservamos espacios para la relajación, la diversión o el ocio. Sólo queremos hacer cosas, y a la vez, nunca las realizamos del todo y siempre tenemos que hacer más.

 

La mejor metáfora para representar el estrés es la olla a presión. En la olla están metidos todos los elementos necesarios de una vida (familia, amigos, trabajo, pareja). Se necesita calor para hacer que las cosas funcionan y se vayan cocinando, pero un exceso de calor y presión continuado sobre los elementos de la olla favorece el desbordamiento. La regulación de la cantidad de factores, bajar las expectativas y dedicar tiempo a reducir la tensión puede ayudarnos a cortocircuitar la ansiedad.

¿Y cómo podemos invertir la inercia del estrés tóxico?

  1. Simplificando. Lo primero es recortar la lista de tareas a las imprescindibles. Pregúntate, ¿si esto no se hace moriré mañana? Si ves que no mueres, el recorte es posible.
  2. Entre todo lo que hacemos, elegir aquello que consideramos más importante. Sirve una lista y valorar cada tarea de 1 a 10. Empezamos con las que están por encima del 8. ¿Ves como si avanzas?
  3. Usando lápiz, no pluma. Según vas avanzando, la lista de prioridades puede ir cambiando y habrás de borrar y poner elecciones nuevas. La flexibilidad en este etapa será crucial.
  4. Regalando la capa del superhéroe. A otra persona, a mucha gente. Lo siento, tendrás que unirte a la raza humana y limitar lo que puedes hacer en 24 horas. ¡Y verás como no pasa nada!
  5. Riendo. Pero un poco de ti mismx, del ritmo alocado, de las miles de manos, las voces multitarea y de tus propios errores. Es sano y relativiza la importancia, hace que sea más llevadera.
  6. O andando. O subiendo escaleras. O montando en bici. Si de niveles hormonales hablamos, el ejercicio fomenta los niveles de serotonina y la norepinefrina, imprescindibles para sentirnos bien.
  7. Dejando de hacer malabares. El cubo de Rubik es mejor en el cajón, y la multitarea no sirve en estos momentos. Una tarea cada vez, y el avance irá a más.
  8. Construyendo un fortín de límites. Asigna un lugar y un momento para hacer tus cosas. Sí, sí, en tu horario, diariamente. Y hazlo, aunque no haya sido un buen día y queden miles de cosas en la recamara. Y diciendo NO cuando no se quiera, no se pueda, no se sepa.
  9. Pensando globalmente. No en cada detallito. Asigna importancia, qué son pequeñas cosas. Si son pequeñas cosas, basta con pequeños momentos, no en cada uno de ellos.
  10. No comparándote. Las circunstancias de cada uno son de cada uno, y siempre nos comparamos con lo que parece ir mal. Tu comparación es contigo mism@, y estás en un camino de constante crecimiento.
  11. Aprendiendo a recargar energías. Cada hora y pico, descansa 10 minutos, y los findes tras cinco días intensos son días sagrados.
  12. Bajando a la tierra a tu perfeccionismo. Está bien que mejoremos, pero también que nos acostumbremos a un nivel medio, al progresando adecuadamente.
  13. Haciendo caso a lo que te sirve, y no a todo, que todo no se puede.

Poner en practica hábitos que promueven salud nos hacen más capaces para movernos en el estrés, vivirlo de otra manera o elegir otras formas. La decisión más difícil siempre es comenzar. Después, todo cuesta algo menos, y la tranquilidad se hace más real.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: El Pais, Psych Central, Psychology Toda

24 signos de una Persona Altamente Sensible

Las personas altamente sensibles se definen por unas respuestas más agudas a los estímulos ambientales, ya sean físicas, cognitivas o emocionales. Estas respuestas agudizadas pueden ser ante estímulos externos (sociales o ambientales) o bien internos (intrapersonales). Además, una persona altamente sensible puede ser más extrovertida o introvertida, estos rasgos no se relacionan necesariamente. ¿Conoces a alguna persona que podría parecerte altamente sensible? ¿Puede que tú lo seas?

extraída de www.splitshire.com
extraída de www.splitshire.com

Este rasgo tiene tanto ventajas como inconvenientes y hay muchas características en ser una persona altamente sensible que se pueden considerar como positivos; como por ejemplo una gran empatía e intuición, habilidad para escuchar, y mucha capacidad para comprender las necesidades de los demás. Sin embargo, ya que muchas de las características que pueden indicar que una persona es altamente sensible pueden afectarles negativamente, aquí nos centraremos en 24 señales de esta alta sensibilidad, siendo negativas para estas personas. La mayoría de nosotros podríamos sentir estas señales, y en muchas ocasiones tiene más que ver con la frecuencia o la intensidad, por lo que las personas altamente sensibles lo sienten “más profundo” o “en mucha cantidad”.

Para que se pueda comprender mejor la forma en que se presentan estas señales, las dividiremos en tres categorías; sensibilidad hacia uno mismo, sensibilidad hacia los otros y sensibilidad hacia el ambiente.

Categoría uno: Sensibilidad hacia uno mismo

1. Dificultad para dejar ir pensamientos y emociones negativas.
2. Aparición frecuente de síntomas físicos (como dolor de cabeza u otros) ante algo negativo que haya ocurrido durante el día.
3. A menudo, algo negativo que haya ocurrido durante el día, afecta a los hábitos de sueño o alimentación, ya sea comiendo o durmiendo mucho o demasiado poco.
4. Experimentación habitual de ansiedad o tensión.
5. Tendencia a “machacarse” cuando no se cumplen las propias expectativas.
6. Miedo al fracaso, incluso en situaciones relativamente menores.
7. Comparación frecuente con otros, y además generalmente esta comparación se acompaña de sentimientos displacenteros resultado de una comparación social negativa.
8. Sentimiento de ira o resentimiento sobre situaciones de la vida o de la sociedad que parezcan injustas o incluso simplemente molestas.

Categoría dos: Sensibilidad hacia los otros

9. Pensar o preocuparse a menudo por lo que los otros están pensando.
10. Tendencia a tomarse las cosas a lo personal.
11. Dificultad para dejar ir una situación social desagradable, aunque sea pequeña.
12. Facilidad para sentirse herido.
13. Ocultación frecuente de sentimientos negativos, por la creencia de que son demasiado fuertes, vergonzantes o turbulentos para compartirlos con otros.
14. A menudo, discusión de las emociones negativas de otros, ya que se considera una gran cantidad de drama en la propia vida.
15. Dificultad para aceptar la crítica, aunque sea dada de forma razonable y constructiva.
16. Sentimiento frecuente de que otros le juzgan, aún sin evidencias de ello.
17. Reacción excesiva a provocaciones ya sean reales o muy ligeras.
18. A menudo, sentimiento de extrañeza al estar en un grupo, al tiempo que el sentimiento de no poder ser uno mismo.
19. Sentimiento de autoconciencia en situaciones íntimas. Preocupación excesiva por la aprobación del compañero en estas situaciones. Miedo a ser rechazado, incluso sin pruebas razonables para ello.

Categoría tres: Sensibilidad ante el ambiente

20. Sentimiento de incomodidad en las multitudes, en una habitación llena de gente hablando o cuando están ocurriendo muchas cosas a la vez.
21. Sentimiento de desagrado ante la exposición a luces intensas, ruidos fuertes o aromas intensos.
22. Facilidad de sobresaltarse ante un ruido fuerte, con el tráfico rápido o con otras sorpresas desagradables.
23. Sentimiento de decepción o tristeza viendo o leyendo noticias negativas en los medios. Disgusto ante los programas intensamente violentos o de miedo.
24. A menudo, infelicidad ante las publicaciones de gente a la que siguen en redes.

Este rasgo, como dijimos antes, tiene en ocasiones aspectos también positivos, aunque tiende a generar gran sufrimiento. Es importante, por tanto, lograr un adecuado conocimiento del mismo, del mismo modo que saber cómo manejar las situaciones que pueden afectar a las personas altamente sensibles. ¿Te has sentido identificado con estos rasgos? ¿Quieres saber si eres una persona altamente sensible? Aquí puedes hacer el test

Fuente: Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

LA LLEGADA DE LAS TERAPIAS DE TERCERA GENERACIÓN A LA PSICOLOGÍA DEL DEPORTE

Imagen extraída de www.psicologiaaldia.com
Imagen extraída de www.psicologiaaldia.com

Al igual que cuando nos enfrentamos a situaciones de alta presión en nuestro día a día (y si estas nos desbordan) acudimos a profesionales de la psicología, los deportistas también hacen lo propio cuando la presión de dedicarse a su deporte se convierte en un handicap para su rendimiento.

Los profesionales de la Psicología del Deporte no sólo se encargan de conseguir mejoras en el rendimiento deportivo, sino de entrenar las herramientas necesarias para un óptimo desarrollo psicológico del deportista, es decir, entrenar en cuerpo y mente, prepararse mentalmente para que el ejercicio sea efectivo y eficiente.

Un psicólogo del deporte se encargaría del entrenamiento de destrezas psicológicas tales como el autoconocimiento, la autoestima, la autoconfianza, el arousal físico y mental óptimo (o lo que es lo mismo, equilibrio entre la activación suficiente para rendir en el deporte/en competición sin llegar a un estado de sobreactivación que deteriore la atención en la tarea y desencadene síntomas de ansiedad), la atención y concentración, destrezas interpersonales,… en definitiva, de la mejora del rendimiento y bienestar psicológico.

“La mayoría de los atletas de alto nivel dedican una porción de su tiempo de entrenamiento a la preparación mental.”

Más allá de técnicas de otras corrientes psicológicas con mayor veteranía, como el Conductismo o el Cognitivismo, con una amplia carrera y aplicación en el mundo de la Psicología del Deporte, las Terapias de Tercera Generación recientemente se han erigido como una opción de probada eficacia

¿QUÉ SIGNIFICA “TERAPIAS DE TERCERA GENERACIÓN”?

Las “terapias de tercera generación” o “tercera ola” han tenido un gran desarrollo desde la década de los 90; algunas de las más relevantes serían la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la Terapia Conductual Dialéctica, la Terapia Cognitiva basada en Mindfulness, la Terapia de reducción del estrés basada en atención plena (MBSR),…

Dicho auge aplicativo ha tenido lugar también dentro del mundo de la Psicología del Deporte.

¿En qué se basan a grosso modo? Se guían por siete factores actitudinales: no juzgar, mente de principiante, paciencia, no buscar hacer, confianza, dejar ir y aceptación. La consecución de estos factores se hace con el entrenamiento continuo, diarios o tres veces por semana, por tanto, sería fundamental el compromiso del deportista en cada práctica.

El concepto de Mindfulness se define como “una conciencia centrada en el presente, no elaborativa ni enjuiciadora, en la cual cada pensamiento, sentimiento o sensación que surge en el campo atencional es reconocido y aceptado tal y como es”. En resumen, sería un ejercicio de actitud de aceptación y de redirección de la atención.

Y esto aplicado al mundo del deporte implicaría no atender a hechos pasados o anticipar eventos futuros como ganar o perder. Para alcanzar estos objetivos (principalmente centrarse en el presente) los deportistas han seguido diversas metodologías como incluir en sus entrenamientos la meditación, el yoga, mantener la consciencia en las actividades de la vida diaria, ejercicios respiratorios y de consciencia corporal entre otros.

PROGRAMAS ESPECÍFICOS EN PSICOLOGÍA DEL DEPORTE

Existen dos enfoques empíricos principales que tienen que ver con el mindfulness para trabajar el rendimiento de los atletas. Estos programas implican un entrenamiento mental y en manejo de emociones que pueden ayudar al deportista a conseguir un rendimiento óptimo y el bienestar psicológico.

Por un lado, el MAC o Mindfulness Acceptance-Commitment persigue una intensificada consciencia al momento presente y concentración en la tarea sirviéndose de 5 fases: psicoeducación sobre el funcionamiento del programa, mindfulness, identificación de valores y compromiso, aceptación y vivir acorde a sus propios valores para finalmente aplicarlo en la práctica (deportiva).

Por el otro, encontramos el Mindfulness Sport Performance Enhancement (MSPE) o Mindfulness en la mejora del rendimiento deportivo, que combina la reducción de estrés mediante habilidades del mindfulness con aceptación del momento presente. Para ello se sirve de ejercicios tales como focalizar la atención en la respiración, en las sensaciones de su cuerpo (body-scan) y en los sonidos de alrededor, el mindfulness yoga, la meditación caminando y la meditación específica deportiva, que consiste en reunir los pasos anteriores aplicándolos a un deporte en concreto.

¿Por qué se aplican a deportistas profesionales? No hay que olvidar que el Mindfulness suele asociarse a intervenciones relacionadas con el estrés y que la aplicación a personas que no están sometidas a éste merma su eficacia. Las personas relacionadas con el mundo del deporte (a nivel profesional) obtienen de estos enfoques la ayuda necesaria para tomar perspectiva con respecto al afrontamiento de las situaciones de competición/presión.

EVIDENCIAS DE MEJORAS: ¿QUÉ BENEFICIOS SE HAN ENCONTRADO?

La aplicación del Mindfulness en contextos deportivos surge como alternativa a las intervenciones cognitivo-conductuales tradicionales donde se enfatiza el cambio o la eliminación de ciertos eventos internos del deportista. Por el contrario, las terapias de Tercera Generación pretenden aceptar la experiencia y adoptar una postura contemplativa mediante la atención plena.

Es decir, ambos programas detallados anteriormente determinan que el atleta tome una perspectiva de sus patrones de respuesta o su manera habitual de afrontar las situaciones en competición. O lo que es lo mismo, genera actitudes adaptativas en contextos de alto rendimiento deportivo.

También, el MSPE y el MAC se caracterizan por:

  • Están preparados para ser adaptados a cualquier deporte.
  • Incrementan el compromiso y la orientación a objetivos lo cual hace pensar que el Mindfulness consigue una contribución cualitativa hacia actitudes positivas en general.
  • Aumento de las competencias cognitivas atencionales y de “vigilia” o ser conscientes del momento presente.
  • Reducen los niveles de perfeccionismo de los atletas. Esto colateralmente puede reportar mejoras en su rendimiento deportivo.
  • Producen mejorías en personalidad resistente (control, compromiso y reto) y en varias de las dimensiones del síndrome de Burnout (mayor realización personal y menor agotamiento emocional).
  • Reducen significativamente las preocupaciones y pensamientos irrelevantes, tanto más cuanto mayor es la presencia de fuentes de estrés con las que el deportista está en contacto.
  • Mejora del manejo de emociones y sentimientos negativos, así como en la regulación del estrés (lo cual se reflejó en descenso de los niveles de cortisol, indicador biológico de estrés).

No obstante, también decir que la mayoría de los estudios implementaron técnicas tradicionales junto con las llamadas de Tercera Generación, indicador de la interesante integración existente en el mundo de la Psicología del Deporte.

A modo de conclusión, en los últimos años la aplicación de la Psicología en el mundo de los deportes de competición va encaminada al crecimiento personal y manejo del estrés, y no tanto de cara a variables de tipo clínico o en pos del aumento del rendimiento en competición (o no en exclusiva). O lo que es lo mismo, se ha hecho evidente que “mens sana in corpore sano” es la premisa para conseguir triunfos deportivos.

FUENTE: COP. Revista de Psicología aplicada al Deporte y al Ejercicio Físico.

Escrito por: Maite Nieto Parejo

 

¿Cómo escuchar nuestra propia voz?

Extraída de www.lecturafacil.com
Extraída de www.lecturafacil.com

Nuestra propia voz no es otra cosa que la metacognición. Una serie de mecanismos cerebrales que optimizan nuestros propios procesos cognitivos y llegan a la resolución de situaciones complejas, y con ello la producción de nueva información, que no es otra que aprendizaje nuevo. Metacognición es evaluar y reflexionar sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones, desarrollar conciencia de nuestros comportamientos adaptados (y no tan adaptados), reflexionar sobre pensamientos automáticos que pueden llevarnos a círculos viciosos autodestructivos, generar nuevos pensamientos constructivos, formular nuevos planes, ejecutar acciones mejoradas…La metacognición es algo muy bueno y necesario y permite desarrollar el autocontrol, la independencia y la autogestión, una brújula interna que nos sirve de coordenada y de criterio interno. Aprender a escucharla puede ser a veces una tarea ardua y complicada, cuando tenemos suficientes distracciones externas (redes sociales, la opinión de los demás, los medios de comunicación, situaciones atractivas a corto plazo) e internas (nuestros propios pensamientos, que a veces son nuestros peores enemigos) que nos impiden escucharla, desarrollarla y entrenarla.

En este mundo de sobreestimulación y búsqueda de acciones siempre útiles y con resultados claros y medibles, puede no siempre ir a nuestro favor y facilitar acciones y situaciones “por inercia” que no solo perjudica nuestra capacidad de resolución de problemas, sino también la capacidad de orientarnos hacia nuestras metas y motivaciones más profundas. Poner en altavoz a nuestra propia voz es una inversión a nuestro favor. Y las formulas sencillas para ello son estas:

  1. Busca la calma. Busca un sitio tranquilo, sin demasiada estimulación y siéntate un rato escuchando lo que hay a tu alrededor. O elige un paraje cercano natural y verde de tu barrio, y camina por él focalizándote en lo que hay a tu alrededor. Buscar la tranquilidad puede ayudarte a calmar el malestar interior y ayudarte a priorizar una serie de diálogos respecto a otros.
  2. Siente la pena y tus emociones. Los intentos iniciales de escuchar nuestra propia voz pueden despertarnos emociones, pensamientos y acciones inesperadas y desagradables. Bucear por nuestro arco emocional sin tener un buffer mental o actividades que nos distraigan pueden ayudarnos a exponernos al dolor, y paradójicamente, ayudarnos a avanzar hacia las acciones que realmente pueden mejorarnos.
  3. Deja distracciones impulsivas y resiste unos cuantos minutos (y luego resiste unos poquitos minutos más). Darnos cuenta de nuestros propios círculos de escape y dejar de hacerlos en favor de una experimentación de nuestro malestar que puede hacerse manejable, llevable hasta que pueda relativizarse y normalizarse, puede ayudarnos a afrontar mejor nuestros problemas y focalizarnos en soluciones reales a nuestras dificultades.
  4. Limita tu exposición a consejos no solicitados. Todos necesitamos el apoyo y la ayuda de los demás, pero dejar que los demás solucionen problemas que al fin y al cabo son nuestros, no nos ayuda a afrontar las situaciones por nosotros mismos y aprender a base de hacerlo, fallar y levantarse, hacerlo, fallar y volver a levantarse hasta mejorar.
  5. Registra, escribe, expresa. Escribir sobre las cosas que nos afectan, narrarlas, ponerlas nombre y darles el peso que merecen ayuda paradójicamente a que no estén siempre en nuestra cabeza, darles un sentido y planificar nuevas acciones. Escribir puede ser un arma muy poderosa para nuestra autocompasión y desarrollar nuestras estrategias resolutivas, sin que tengamos que rumiar durante horas pensamientos circulares que son solo callejones sin salida.
  6. Auto -instruccionate. Darte una serie de instrucciones en situaciones dificultosas pueden significar un apoyo autónomo y propio para conseguir conductas concretas y dirigidas, controlar nuestra conducta y motivar hacia conductas futuras y los resultados positivos de nuestros comportamientos

Desarrollar nuestro dialogo interno es una tarea fructífera y constructiva, que nos ayuda a tener una visión más amplia de lo que nos pasa, y a la vez, nos orienta y alienta a lo realmente importante. Merece la pena.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente. Psychology today.

¿Cómo podemos definir la felicidad?

No es muy frecuente que nos preguntemos qué es la felicidad. Aunque en algunas ocasiones lleguemos a plantearnos esta cuestión, tampoco se puede decir que la respuesta sea sencilla. En muchas ocasiones, otros tratan de definir lo que será la felicidad para nosotros y de esta forma se trata de inculcarnos una definición interesada. Gran parte del márketing trata de mostrarnos que el producto o servicio que quieren vender es lo que nos va a proporcionar esa felicidad.

Cuando nos referimos a este campo, la felicidad se considera una extensión del principio de placer. Éste lo que nos plantea es que tendemos a huir del dolor y a buscar el placer. Por lo tanto, cuanto más nos orientemos a este principio, más felicidad sentiremos. Este planteamiento nos dice que lo ideal es buscar tener muchas experiencias buenas, y además evitar todas las malas experiencias.

extraída de aliciagalvan.com
extraída de aliciagalvan.com

Aunque parece aceptado comúnmente que la felicidad se rige por el principio de placer, merece la pena al menos ponerlo en cuestión.

El principal problema del principio de placer es que no se ajusta en absoluto con la realidad. La realidad es que en ocasiones vivimos situaciones y experiencias que nos proporcionan un gran placer mientras en otras, vivimos experiencias de gran dolor. El problema en muchas ocasiones aparece cuando pensamos que podemos controlar la cantidad de experiencias positivas y negativas que tenemos. De esta idea, surge la de que si ignoramos las experiencias y pensamientos negativos, podremos tener más positivos. Con este estilo de acción y pensamiento, lo que terminamos por lograr es que haya más sufrimiento en lugar de menos.

Más que etiquetar las emociones sólo como buenas o malas porque sean placenteras o no, se podría plantear que el placer y el dolor son ambas sensaciones necesarias, y ninguna de ellas es en sí misma buena o mala. Por ejemplo, el dolor es una de las emociones más saludable para nosotros. No sólo en el caso del dolor físico, sino también en el dolor emocional.

Si perdemos a una persona que es importante para nosotros, el que este hecho nos cause dolor y tristeza es lo más sano para lograr hacer un correcto duelo de esta pérdida. Si cuando se sienten estas emociones dijéramos “la tristeza es una emoción mala, así que tengo que deshacerme de ella lo antes posible”, entonces lo más probable es que este proceso  de duelo y de despedida se hiciera más difícil.

En un artículo de la “Journal of Experimental Psychology General”  se encontró entre una población de estudiantes universitarios de diferentes países que lo que hace que la gente pueda ser más feliz no es el tipo de emociones experimentadas, sino la posibilidad de sentir las emociones que deseamos, sin importar si éstas son placenteras o no. Si nos contamos a nosotros mismos que las emociones de enfado o tristeza son malas, nos estamos negando la posibilidad de experimentar la respuesta más natural y saludable ante determinadas situaciones. De hecho, en el largo plazo, suprimir ciertas emociones da lugar a una reducción de la felicidad en lugar de un aumento de la misma.

Entonces, si aceptamos que las emociones como la rabia o la tristeza han de ser preservadas, ¿cómo podemos expresarlas adecuadamente?

Sea la tristeza, la ira o cualquier otra emoción de este tipo, la adecuada expresión de la misma tiene que ser expresada atendiendo a dos componentes clave. Primero, no dañarnos a nosotros mismos ni a los demás, y segundo, han de hacernos sentir mejor y no peor con nosotros mismos.

Teniendo esto en cuenta, podemos preguntarnos a nosotros mismos, “¿Qué voy a hacer con este sentimiento?” Buscar venganza, reprimirlas o guardar rencor son formas de expresar estas emociones que conducen directamente a la infelicidad. Lograr encontrar el modo de expresarlas de tal forma que no dañen ni a los otros ni a nosotros mismos es lo que puede dar lugar a que te sientas más feliz, a pesar de experimentar emociones negativas. Impedir que se cometan injusticias hacia ti o hacia los otros, mantener unos límites claros, y no tolerar el abuso de ningún tipo nos conecta con nuestros valores y nos lleva a un mayor bienestar y felicidad.

La verdadera felicidad tiene más que ver con tolerar todo tipo de emociones que con rechazar unas y buscar otras. Con esto no quiere decir que nos mantengamos a expensas de lo que nos vaya a deparar el futuro, y tratar de tomar las decisiones que nos causen menos daño es algo positivo y adaptativo. Pero en el curso de una vida humana va a haber momentos agradables y desagradables. De hecho, en muchas ocasiones, el tener algo bueno es en sí mismo lo que nos hace sentir tristeza cuando lo perdemos. Aceptar los diferentes estados emocionales como buenos en sí mismos cuando están ajustados a la situación que estamos viviendo dará lugar a una mayor capacidad de sentir felicidad que esconderlas y huir de las que consideramos que son negativas.

Fuente: psychologytoday.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

CÓMO SOBREVIVIR (PSICOLÓGICAMENTE) A UNAS NAVIDADES EN FAMILIA

Imagen extraída de www.siquia.com
Imagen extraída de www.siquia.com

Se acercan fechas señaladas que normalmente son motivo de reuniones familiares. Podemos pensar que qué divertido, qué bien reencontrarse y que el período navideño es análogo de disfrute; sin embargo, nada más lejos de la realidad, ya que no siempre ocurre así. Las Navidades también son sinónimo de días críticos para los conflictos: soledad, problemas familiares, envidias, celos y otros sentimientos negativos provocan finalmente que la venta de antidepresivos aumente exponencialmente (hasta un 40% en estas fechas señalan algunos datos).

TIPOS DE CONFLICTOS QUE SUELEN APARECER EN ESTAS FECHAS

  • Conflictos permanentes: son aquellos presentes durante el resto del año pero que entran en conflicto con lo esperado de estas fechas festejadas en familia. Por lo general, los enfrentamientos cotidianos se ven exacerbados en estos días. Por ejemplo, discutimos a menudo con nuestro hijo por estar todo el tiempo con el móvil mientras que se está (comiendo) en la mesa, pero si esto se hace en Navidad los progenitores sentirán aún con más fuerza lo distanciados que se encuentran y la falta de comunicación existente, y será más fácil que se discuta (intentando revertir ese comportamiento).
  • Conflictos propios de estas fechas: los festejos navideños conllevan una serie de decisiones que hay que tomar en familia, lo cual puede resultar una tarea compleja. Algunas de ellas podrían estar relacionadas con el lugar donde juntarse, quiénes serán los invitados o quién/quiénes se encargarán de preparar todo.
  • Conflictos familiares profundos: existen en la mayor parte de las familias y brotan con más facilidad en estos días por el mayor tiempo que se pasa juntos. Estos problemas, siempre vigentes, no se hacen patentes el resto del año porque no estamos día a día con aquellos miembros de la familia con los que tenemos problemas o por llevar una vida más pautada/ordenada en la que la rutina prevalece sobre el afrontamiento de nuevas situaciones. Por ejemplo, puede haber parejas que en su dinámica cotidiana funcionen; sin embargo, se dan cuenta de que no saben comunicarse cuando tienen que pasar más tiempo juntos para preparar los eventos navideños con la familia. Por otro lado, probablemente toque coincidir con algún miembro de la familia al que no le tenemos especial simpatía.

CÓMO TENER UNAS NAVIDADES EN PAZ

A continuación detallamos una serie de consejos para que los “dramas navideños” no sean un comensal más a nuestra mesa.

1.- Gestiona las expectativas navideñas: primero de todo, el tener metas realistas en lo que respecta a las vacaciones hará que no nos sintamos decepcionados cuando los días no resulten tan perfectos como se deseaba. Esto también predispondrá un estado de ánimo positivo que ayudará a sortear las posibles dificultades que tengan lugar durante las reuniones familiares.

Por otro lado, facilita que los niños también tengan expectativas realistas sobre la Navidad y los regalos propios de estas fechas; entrena su capacidad de frustración de cara a que no reciban todos los juguetes que pidieron o que alguno no coincida exactamente con sus preferencias.

2.- Evita los temas de actualidad controvertidos como política, economía, etc..: nos encontramos en un momento político-social especialmente trascendente en el que el debate está servido. ¡Importante! ¿sabes de antemano que siempre has chocado en ideología política con tu padre, que tu cuñado no es una persona demasiado flexible en sus ideales o que el equipo de fútbol al que sigues no es el mismo que el del resto de la familia?. Si es así… intenta evitar en la medida de lo posible dichos temas, habrá otras ocasiones más adecuadas para sacarlos a la palestra, donde tal vez no haya tanta diversidad de puntos de vista o donde el ambiente sea más relajado (y con menos bebidas alcohólicas que desinhiben de por medio, todo sea dicho). Hay que saber que no todos pensarán igual que tú o estarán de acuerdo con lo que expones; no hay que tomárselo como una ofensa personal, sino simplemente como lo que son, opiniones. Si son otros los que quieren hablar sobre tal cosa intenta pasar inadvertido, emite opiniones neutras o intenta distraerte de la conversación si detectas que lo expuesto por otra persona entra en contradicción con tus valores o ideales y estás empezando a “enfadarte”.

3.- Y en lo referente a temas monetarios/deudas: si hubiere algún problema económico o una situación de saldo de deudas aún pendiente es fácil que salga a relucir en estas fechas. Las viejas rencillas aflorarán a medida que pasemos más tiempo con el familiar con el que mantenemos dicha situación (y también conforme más copas llevemos encima). Como en el caso anterior, se aconseja asumir de antemano que se coincidirá con ese miembro de la familia para controlar nuestras emociones al respecto y así decidir abordar estos temas en otra ocasión, dejando la celebración como momento de disfrute y para charlas sobre aspectos más “banales” o que no nos remuevan tanto, es decir, habla de temas intrascendentes, alegres o pasajeros como podría ser tu último viaje.

4.- ¿Te toca encargarte de los preparativos?: en muchas ocasiones, si eres la persona encargada de todos los preparativos, las Navidades en lugar de ser sinónimo de descanso se convierten en un extra de trabajo; eso puede ocasionar que nos sintamos desbordados y conlleve situaciones de verdadero estrés (también influenciado por la presión de hacerlo lo mejor posible para que nuestros seres queridos disfruten lo más posible). En tal situación podemos caer en la trampa de pensar que quienes nos rodean saben lo que necesitamos (en ese momento) sin necesidad de pedirlo, lo cual es una equivocación ya que cada persona tiene diferentes necesidades. Si crees que alguien puede y/o quiere ayudarte pídelo, intentando abordarlo desde un estilo de comunicación asertivo, de lo contrario que no te sorprenda si finalmente nadie te echa una mano.

Además, ¡sé consciente de que no puedes hacer todo! Prioriza tu tiempo y cuida lo que debe hacerse primero. Si algo es innecesario, o si es una actividad que realmente no deseas hacer, ¡déjalo!.

5.- Época de excesos, en especial exceso de bebidas alcohólicas: el alcohol es una sustancia desinhibidora del Sistema Nervioso Central, eso significa que aparte de risas y bailes también conllevará que se relajen las restricciones sobre lo que se dice y cómo se dice (llegando a ser a veces de manera demasiado directa). Intenta no excederte ya que puedes tomar decisiones o actuar de un modo que tal vez lamentes una vez terminadas las vacaciones. Si es otra persona la que ya va pasada procura su bienestar físico, por un lado (si consigues retirarle la copa de la mano será lo mejor), y por el otro, procura no tener demasiado en cuenta las opiniones/actuaciones que lleva a cabo, seguramente no lo haga a malas y “el alcohol esté hablando por él/ella”.

6.- Ausencia de seres amados o reencuentro con parientes poco apreciados: es frecuente echar en falta en estas fechas tan significativas de reunión familiar a algún ser querido que ya no está entre nosotros. Normaliza la situación e intenta mantenerte distraído cognitivamente mediante estímulos agradables para que la emoción negativa no te sobrepase y te arruine la fiesta; de lo contrario, permítete sentir esa pena, pide a algún familiar que te acompañe a un sitio algo más tranquilo donde puedas expresarle lo que sientes, llorar un poco si lo necesitas y pedir un fuerte abrazo que te contenga/reconforte.

En el polo opuesto, interaccionar con parientes poco apreciados es otra de las situaciones estrella de las Navidades. Haz que prime tu predisposición a celebrar; para ello, evitar tener demasiada interacción directa con dicha persona facilitará las cosas: no entablar demasiada conversación con él/ella (o si fuere necesario que sea lo más políticamente correcto posible), evitar el contacto ocular o sentarse alejados en la mesa pueden ser algunas claves para evitar que se desencadene la disputa.

7.- Aleja el móvil e intenta disfrutar de un momento agradable en familia: recuerda que la alegría y felicidad navideñas no provienen (o no sólo) de regalos, comilonas y bebidas o decoraciones. Vienen de las relaciones sociales. Es cierto que si no estamos ese día con alguien querido tendamos a acordarnos de él y tirar de móvil para escribirle, pero intenta que esa no sea la norma: dedica un tiempo acotado a mandar las pertinentes felicitaciones y el resto deja el móvil aparcado, aprovecha para centrarte en el presente y disfrutar de aquellos que ese día sí que tienes alrededor.

En resumen, aconsejamos que para evitar las desavenencias en estas fechas pienses de antemano lo que para ti es inaceptable (por ejemplo: insultos, agresiones, amenazas,…) y si lo sucedido durante las celebraciones no es tal entonces recuerda que tal vez no importe tanto. Si por el contrario te sientes ofendido por algún comentario procura no alimentar la discusión. Es complicado conseguirlo (no vamos a restarle importancia), pero prueba a repetirle el mismo comentario a la persona que lo emitió y añade cómo eso te hizo sentir: tal vez cuando esa persona lo verbalizó no estaba siendo demasiado consciente del daño que te podría ocasionar.

El tiempo fuera es otra de las mejores estrategias para no llegar a trifulcas. Cuando te sientas nervioso o enfadado pasa un tiempo alejado de la situación que lo está ocasionando, al volver seguramente te encuentres más relajado y podrás continuar conversando, de lo contrario solemos expresarnos de manera incorrecta, lo que nos hace perder la razón.

Y por último, y no por ello menos importante, recuerda dedicarte un poco a ti mismo (no sólo a estar en familia y/o con amigos) y a realizar aquellas aficiones para las que no tienes tanto tiempo durante el día a día, eso ayudará que la vuelta de vacaciones se afronte con mucho mejor buen humor y estando más descansados.

Escrito por: MAITE NIETO PAREJO

Dolores de cabeza y cómo la psicología puede ayudar

Puede ser punzante y hay gente que lo percibe como algo clavado dentro del cráneo. Se puede sentir sólo en un lado de la cabeza o en ambos, ser como una sensación palpitante en toda la cabeza, puede que haga que nos tengamos que encerrar en un lugar oscuro o que no se puedan aguantar los ruidos. Hay personas que no sufren en toda su vida y otras que los padecen con frecuencias terribles. Lo que entendemos como dolor de cabeza, sin embargo, en muchas ocasiones se refiere a multitud de condiciones. Para clasificar los dolores de cabeza, existen 3 grandes grupos, con 13 subgrupos en los que podemos clasificar una gran cantidad de tipos de dolor de cabeza. Los más conocidos son las migrañas y las cefaleas tensionales. Para un adecuado tratamiento del dolor de cabeza, el profesional adecuado es el neurólogo, sin embargo, desde la psicología también hay que tener esta condición en cuenta.

Para empezar, el porcentaje de población que sufrirá en algún momento de su vida dolor de cabeza es muy elevado. Además, se ha podido comprobar que el dolor de cabeza afecta de forma significativa al estado tanto psicológico y neuropsicológico de una persona. No sólo esto, sino que algunas condiciones psicológicas pueden dar lugar al desarrollo de dolores de cabeza en una persona.

extraída de www.independent.ie
extraída de www.independent.ie

Relación entre dolor de cabeza y estado psicológico

Es conocido que existe una comorbilidad entre los dolores de cabeza y trastornos relacionados con la ansiedad y el bajo estado de ánimo. El orden de esta relación no está demasiado claro, pero intentando centrarnos en los factores psicológicos que influyen, un  artículo científico describe detenidamente cómo puede darse esta relación a nivel cerebral. En este estudio se muestra que un circuito cerebral muy implicado en el dolor de cabeza en muchas ocasiones se puede activar a través de la amígdala, estructura que se ve afectada por los componentes emocionales. Además, es una estructura crítica para la regulación del dolor a través de mecanismos cognitivos y emocionales.

Características psicológicas positivas y dolor de cabeza

En un sentido positivo, es decir, para mejorar nuestra capacidad de regular el dolor de cabeza, también hay variables psicológicas implicadas. Sobre esto, encontramos características como son el locus de control y la autoeficacia. El locus de control interno, en psicología significa la tendencia a atribuir que está en nosotros la posibilidad de un manejo variedad de situaciones. De esta forma, si tenemos un locus de control interno sobre nuestro dolor de cabeza, se asocia con un mejor alcance del tratamiento del dolor, al tiempo que lo hace menos incapacitante.

Por su parte, la autoeficacia, que se refiere a la sensación de capacidad para lograr lo que deseamos, cuando se relaciona con los dolores de cabeza, al igual que el locus de control, se relaciona con un mejor alcance del tratamiento, pero además, cuando se observan cambios en la sensación de autoeficacia, ésta se relaciona con una menor frecuencia de dolores de cabeza.

Afecto negativo y dolor de cabeza

En un sentido negativo, hay tres tipos de afectos que se conoce que tienen una influencia sobre el dolor de cabeza. La ansiedad, la depresión y la ira.

Un aumento de la ansiedad en las personas que sufren de dolor de cabeza dan lugar a una mayor intensidad del dolor, mientras que una reducción de la ansiedad da lugar a una menor frecuencia de dolores.

La depresión, puede afectar también al manejo del dolor. Un bajo estado de ánimo puede dar lugar a un aumento de la severidad del dolor, y predice una peor respuesta al tratamiento.

La ira, por su parte, se relaciona de un modo algo especial con los dolores de cabeza. En la expresión emocional del enfado, podemos tomar dos vías, con sus respectivas consecuencias. Por una parte, podemos expresarla hacia fuera, gritando, dando algún golpe o mediante el sarcasmo. Esta forma de expresión, puede tener la consecuencia de una mala imagen social. En el otro extremo, podemos internalizar la ira, sintiendo la activación interna (calor, tensión física,…) pero sin mostrarla a través de la acción.

De estas dos formas de expresión, las personas que sufren de dolores de cabeza tienen una mayor tendencia a internalizar la ira, y esta forma de afrontamiento da lugar a un aumento de la intensidad del dolor. Sin embargo, en el caso de externalizar la ira, también implica una mayor sensibilidad al dolor, así como lo hace más inhabilitante. Por tanto, tanto mucha expresión del enfado como muy poca puede relacionarse de forma negativa con el dolor de cabeza.

Desarrollo de dolor de cabeza por eventos psicológicos

Aunque desconozcamos en gran parte como el estado psicológico afecta al desarrollo de dolores de cabeza, sí se conoce, por ejemplo, que la exposición a eventos traumáticos como desastres naturales puede dar lugar a este aumento de dolor de cabeza. Se midieron síntomas de estrés post-traumático y de dolor de cabeza o migrañas antes y después de haber pasado el huracán Katrina a una muestra de personas. Se encontró que aquellas que desarrollaron síntomas de estrés post-traumático tenían el doble de posibilidades de desarrollar también dolores de cabeza.

Dolor de cabeza y rendimiento neuropsicológico

La migraña, por su parte, también afecta a nuestra capacidad cognitiva. En otro estudio se encontró que las personas que padecen migrañas tienen peor rendimiento en una evaluación de su capacidad cognitiva, especialmente en la capacidad lingüística, la memoria, las funciones ejecutivas, el cálculo y la orientación. Además, cuanto mayor era la frecuencia de dolores, peor el rendimiento cognitivo.

Conociendo todo lo anterior, no ha de ser sorprendente que la terapia psicológica tenga una influencia positiva sobre la vivencia de dolor de cabeza. Concretamente, lo que se ha podido concluir es que la terapia cognitivo conductual puede ser beneficiosa para la reducción de dolores de cabeza, intensidad y frecuencia de los mismos en una parte importante de los estudios realizados. Aunque aún no se pueden concluir plenamente los beneficios, necesitando aún más estudios que lo confirmen, sí parece que la terapia cognitivo conductual puede tener beneficios para las personas con dolores de cabeza.

Fuentes: sagepub.com, springer.com, http://psycnet.apa.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

La Teoría del Tiempo de Pantalla, o cómo las pantallas están matando el bienestar de los niños y adolescentes.

Extraída de https://www.redbubble.com
Extraída de https://www.redbubble.com

Estamos en una época de grandes contradicciones. Tenemos a nuestro alcance multitud de distracciones, recursos y actividades de ocio, pero esto no necesariamente se está traduciendo en mayores niveles de bienestar y calidad de vida de las personas. La satisfacción y la sensación de bienestar se relaciona con el tiempo de calidad que invertimos en actividades que nos lo provocan, como el deporte, la socialización con nuestros vínculos más cercanos, actividades fuera de casa o actividades individuales como leer un libro o ver una buena película/serie. Esto se está viendo en los hábitos de la población, y más concretamente, en los hábitos de los adolescentes y niños, cuyos niveles han bajado en los últimos años y los niveles de ansiedad y depresión han aumentado, coincidiendo con un aumento exponencial de las horas que concurren enfrente de una pantalla (de ordenador, de los móviles (smartphones), televisión, tablets y similiares).  Así, se calcula que el 69% de los adultos y el 78 % de los adolescentes miran al menos una vez cada hora su teléfono móvil, resultando verdaderas máquinas tragaperras en miniaturas para la mayoría de las personas, cuyo desbloqueo de pantalla  supone por apostar por una recompensa en forma de notificación y/o  contacto en red social, y con la consecuencia de volvernos cada vez más tolerantes a su uso, con necesidad de uso cada vez mayor. Consecuencias que han hecho a muchos investigadores preguntarse el impacto real que tiene para la salud psicológica de los menores, y si esto puede correlacionarse directamente con estas disminuciones en autoestima, satisfacción y calidad en sus hábitos y relaciones. A este tipo de investigaciones se les ha apodado “Screen time”, por el que tiempo que pasamos enfrente de una pantalla

Una serie de investigaciones lideradas por Jean Twenge y sus colaboradores han explorado los hábitos de bienestar y estilos de vida en jóvenes  desde la década de los 60 hasta la actualidad (concretamente, en niños en cursos entre octavo y décimo grado – equivalente a los cursos de segundo y cuarto de la ESO) y descubrieron que los mayores niveles de bienestar se daba en la década de los 2000, resultados que se extendían hasta los últimos años. Curiosamente, los niveles de bienestar empezaban a disminuir a partir del año 2012, año en el que comienzan a descender progresivamente cada año (y que coincide con la introducción de los smartphones en la población de manera masiva) y con tendencia a la baja hasta 2016, año en el que finaliza el estudio.

Los resultados se observan en todas las variables evaluadas: autoestima, satisfacción en la vida, niveles de felicidad y satisfacción en otros niveles individuales como estudios, rendimiento en las tareas o calidad en las relaciones. No sólo eso. A partir de ese año, los niveles de ansiedad y depresión en esta población aumentan progresivamente. Interesados por las causas o variables que pudieran estar detrás de los resultados, se fijaron en el uso de las nuevas tecnologías y las horas que dedicaban a ellas, a la vez que evaluaban el nivel de satisfacción con otro tipo de actividades fuera de las actividades online. Se encontraba como efectivamente, a más horas de utilización, mayor eran los niveles de insatisfacción, con respecto a los jóvenes que restringían su uso a dos horas al día como máximo. Esto a su vez iba junto a una disminución de las horas dedicadas a hacer deporte, actividades al aire libre, actividades de socialización con los demás, utilización de otros medios de comunicación impresos (libros, periódicos…) e incluso con una disminución notable en la realización de las tareas estudiantiles y de la vida cotidiana.

Siguiendo esta misma línea de investigación, los mismos autores encontraron que la utilización de más de una hora de este tipo de dispositivos tenían efectos en el bienestar de los jóvenes (con edades comprendidas entre los 2 y los 17 años), con efectos significativos en niveles de ansiedad y depresión, menores niveles de curiosidad, menor calidad en las amistades, mayor  capacidad para la distracción, la estabilidad emocional y las horas que dedicaban a realizar las tareas. Los investigadores ponían como punto de corte una hora frente a la pantalla; a partir de ahí, las probabilidades eran mayores en las variables estudiadas, siendo el doble de probabilidades de tener algún problema psicológico cuando pasaban seis o siete horas.

Aunque los resultados de estas investigaciones deben interpretarse con precaución, puesto que no están diciendo que el tiempo enfrente de la pantalla crea insatisfacción, más bien que hay una asociación correlativa a tener en cuenta entre el tiempo que pasan los jóvenes y sus niveles de satisfacción generales. Un punto del que reflexionar padres, educadores y la sociedad en general, con suficientes iniciativas educativas para promover un uso responsable de las nuevas tecnologías, no sólo basado en instrucciones sino en la capacidad de incentivar la toma de decisiones en los adolescentes y niños para hacer más actividades fuera del contexto online y favorecer unos modelos adultos que hagan también un uso responsable de las mismas y que incentiven valores individuales como el autocontrol, la curiosidad y la creatividad.

Una reflexión para diversificar la vida y las actividades de todos y poder dedicar el tiempo adecuado a cada actividad, siendo la clave la conexión con nuestro entorno y no al revés.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Psychology Today, BPS Research Digest, Reader`s Digest Canada.

¿Nos beneficia pasar miedo?

Entre las paradojas de la naturaleza humana, hay una que en fechas como la pasada semana nos divide. La fiesta de Halloween consiste en acercarnos al miedo de forma divertida y segura, pero no todo el mundo es capaz de hacer esto del mismo modo. Hay algunas personas que tratan de evitar las situaciones desagradables, así como las emociones desagradables a toda costa, mientras que otros no dudan en buscar el modo de pasar miedo, incluso en muchas ocasiones invierten tiempo y esfuerzo en ello.

foto extraída de https://viajesyestilo.com/
foto extraída de https://viajesyestilo.com/

Ante esta diferencia, un grupo de investigadores de la universidad de Pittsburgh pusieron en marcha un experimento para conocer qué hace que las personas busquen estas experiencias de “pasar miedo”. Para ello, instalaron un laboratorio de EEG en una Casa del Terror y buscaron detalles de las personas que voluntariamente se prestaban para pasar por una experiencia como esa. Lo que encontraron es que después de una vivencia de miedo como esa, los participantes mostraban un mejor humor y mayor energía, acompañado de una reducción de la reactividad neuronal. Los autores del estudio interpretan estos resultados como que el paso por estas experiencias es una forma de “recalibrar” nuestras emociones. De algún modo, pasar por esto hace que los problemas cotidianos parezcan menores.

Lograron realizar medidas de 262 voluntarios para completar diferentes test psicológicos antes y después de la experiencia. De estos, además, en 80 participantes midieron el EEG también antes y después, así como su respuesta cerebral en el visionado de imágenes desagradables, eróticas o mientras los participantes se sumergían en preocupación.

En términos generales, los participantes reportaban un estado emocional más positivo después de la experiencia de la Casa del Terror. Especialmente, aquellos que antes de la experiencia estaban más estresados, cansados o aburridos, mostraron un mayor beneficio a nivel emocional, y tendían a valorar la experiencia como más intensa y escalofriante. Se observó también que había menos participantes que decían estar ansiosos después de la experiencia que antes, apoyando la idea de que es la anticipación emocional la que fomenta la ansiedad, y que la resolución de esta anticipación a través de la experiencia “horrorizante” proporciona alivio.

Se resalta también en el contexto de esta investigación que la experiencia de miedo que se da en ella es buscada deliberadamente (lo denominan como una Experiencia Voluntaria de Activación Emocional Negativa). Puede ser clave que los participantes que se sentían más felices antes de la experiencia terrorífica tenían más probabilidades de evaluarla como una experiencia desafiante que les había ayudado a aprender algo sobre ellos mismos, aunque fueron también los que señalaban la experiencia como más terrorífica, intensa y menos cómoda.

La interpretación de “recalibración” de las emociones se basa en el mismo efecto cuando se produce a nivel físico. Por ejemplo, si sientes frío en tu casa y sales a la calle sin abrigo y está nevando, al volver a entrar en tu casa lo percibirás al menos momentáneamente como un ambiente cálido. Es de este mismo modo como funcionan las experiencias que son un divertimento basado en el horror. Después de un episodio intenso y controlado de horror, la vuelta a la vida normal parece mucho más placentera.

El efecto de “recalibración” parece coincidir con lo que este grupo de investigación encontró en las lecturas de EEG. La actividad cerebral tras la vivencia de una experiencia terrorífica es similar a la que se puede observar tras la práctica de la meditación mindfullness. Esta actividad se sintoniza a la baja, como si se hubiera bajado el volumen de la misma. En algunas frecuencias cerebrales específicas, como la reactividad theta y gamma, observaron que era menor. Esto podría interpretarse como un menor procesamiento de los estresores ambientales.

Incluso, los participantes que decían sentirse mejor tras la experiencia, también mostraban menos ondas gamma cuando les pidieron que se centraran en sus preocupaciones, lo que en muchas ocasiones da lugar a un aumento del estrés. Este estudio es en por el momento puramente exploratorio, y sería necesario replicar estos resultados, con un mayor número de participantes y un mejor control de las posibles variables confusoras. Sin embargo, estos datos iniciales pueden tener ciertas implicaciones clínicas.

En un contexto de psicoterapia, hay algunas situaciones que se acercan a esta búsqueda voluntaria de ponerse en una situación que da miedo. Básicamente es en esto en lo que consiste la técnica de exposición a una fobia. Se busca una exposición en la que el miedo que está sintiendo la persona está apareciendo en un contexto controlado y por tanto puede dar lugar a una experiencia placentera y gratificante una vez superada. Además, si se confirma que estas experiencias dan lugar a un aumento de la energía, puede ser interesante que se apliquen situaciones similares en personas con bajos niveles de ésta.

Claramente somos muchos a los que nos gusta buscar experiencias que nos hacen pasar miedo, y sea esto algo extraño o no dependerá de cuanto más cerca estemos de darle una explicación.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fuente: Christian Jarret, BPS Research Digest.