6 formas de mitigar el Síndrome del Impostor

Cuando se hace psicoterapia, es sorprendente lo habitual que es escuchar que la gente no cree en sus propios logros. El síndrome del impostor está muy presente. Además, cuando se confronta este pensamiento con hechos probados y reconocidos, normalmente las personas que sienten y piensan así de sí mismas no hacen más que sentirse aún más inseguras y negar lo evidente. Incluso, en ocasiones, reconocen lo evidente pero como si en ellos fuera mentira. «Sí, tengo un máster y me acaban de ascender en mi trabajo, pero ya se darán cuenta todos de que no me lo merezco». Además, esto se hace más potente cuanto más reconocimientos se les otorgan.

Foto extraída de ucsc.cl

Estas sensaciones aparecen en personas muy diferentes, desde médicos a oficinistas o personas sin un trabajo remunerado dedicadas al cuidado. Sí es cierto que ha sido más estudiado en mujeres que en hombres, y aparece más cuando tenemos un autoprejuicio activo sobre quién somos. Si, por ejemplo, los prejuicios, de forma poco consciente, te hacen ver que las mujeres no son profesionales de éxito y tú eres una mujer, es más probable que sientas esta sensación de fraude, de inadecuación. Esto ocurre así con el síndrome del impostor en minorías sometidas a prejuicio como las personas racializadas.

Pero, ¿por qué ocurre esto? ¿cómo pueden personas competentes, formadas e inteligentes, estar tan distorsionadas en su autoconcepto? 

Una de las variables que pueden estar influyendo en esta forma de vernos a nosotros mismos, es debido a la absoluta verdad que tenemos sobre nuestra interioridad. Es imposible no estar al día de nuestras propias vulnerabilidades. Sobre nosotros mismos, conocemos las dudas, los miedos, las cosas que hacemos de forma insegura. Sin embargo, sobre los otros, esto se observa de otro modo. En una sociedad como la actual, en la que las redes sociales muestran todas las partes positivas de los demás, sus logros, sus actividades son siempre divertidas, su imagen está habitualmente impecable o con el filtro correcto… 

De esta forma, es fácil ver que por mucho que consigamos, nuestro yo interior es mucho más débil, más vulnerable y de algún modo, menos magnífico que lo que se termina por proyectar hacia los otros. En esa brecha, esa distancia desde nuestro yo interior, que solemos ocultar y lo que los demás ven de nosotros, es fácil pensar que estamos mintiendo a todo el mundo al ocultar nuestras debilidades. De alguna forma, la sensación de ser un fraude se instaura cuando tenemos también que ocultar nuestras inseguridades.

Si bien es complicado dejar de tener en ocasiones una sensación así, sí es posible mitigar el llamado “síndrome del impostor”, con estas formas de abordarlo:

1. Habla con un superior, con alguien a quien respetes en el área donde te sientes como un impostor sobre que tienes estos sentimientos.

Un mentor puede hacerte ver las áreas en las que te sientes más inseguro o insegura, puede guiarte en los puntos más complicados de la tarea que te hace sentirte un impostor y puede darte un feedback adecuado sobre tu competencia, más fiable de lo que percibes internamente.

2. Presta atención a tu habla interna, para considerar si la forma de hablarte a ti mismo es empoderadora o inhabilitante.

Si habitualmente te dices a ti mismo “estoy en esta posición por casualidad-porque trabajo mucho-por que le he caído bien a…” en lugar de “estoy en esta posición por mi competencia”, estás delante del habla interna de una persona con síndrome del impostor. Estas autoverbalizaciones sólo llevan a autosabotearte en lugar de llevarte a un mejor desarrollo en este área. Lo ideal sería que te pudieras decir a ti mismo “¿qué puedo ofrecer yo en este puesto?”

3. Haz una lista de tus fortalezas

Puedes buscar cosas en las que efectivamente sientas que aportas, así como las cualidades que tienes, lo que sí consigues todos los días. Si esta lista te es complicada, puedes preguntar a otros sobre estas habilidades o cualidades. Ten en cuenta que las personas tienden a sobreestimar sus habilidades y competencias, mientras que que alguien con el síndrome del impostor tiende a infravalorarlas.

4. Acepta que la perfección no existe a ningún nivel

El perfeccionismo es una característica de las personas que sufren el síndrome del impostor. Es importante conseguir reconocer en uno mismo que las cosas perfectas no existen, del mismo modo que es imposible vivir sin cometer errores, más grandes o más pequeños.

5. Reconoce los momentos de tu desarrollo, en cualquier área de la vida (trabajo, familia, ocio…) en los que es necesario llevar aprendizajes nuevos y por tanto no es posible ser experto en ese momento.

A lo largo de la vida es normal que existan momentos en los que es necesario completar de nuevo alguna curva de aprendizaje en alguna habilidad. Es bueno que puedas ser honesto contigo mismo, reconocer qué sabes hacer y qué no, de modo que te veas a ti mismo en ocasiones como un aprendiz en lugar de como un experto en todo. 

6. Aprende a manejarte en la incertidumbre, así como a moverte a pesar del miedo.

Cualquiera de las anteriores proposiciones, es fácil que lleven o bien a una sensación de aumento de la incertidumbre, lo que llevará a un mayor miedo para afrontar algunas de las nuevas situaciones, incluido el dejar de necesitar ser perfecto, o sentirse un aprendiz. Ya sea si estás intentando afrontar el síndrome del impostor, o en otras circunstancias de la vida, saber navegar en la incertidumbre es muy importante, así como seguir haciendo las cosas a pesar del miedo, es lo que finalmente nos lleva a superarlo y comenzar a sentir un aumento de nuestra competencia.

Aunque no se disponen de cifras, ya que el síndrome del impostor no es en sí mismo una categoría diagnóstica, sí podemos hablar de un conjunto de características que suelen aparecer unidas y que pueden paliarse con los anteriores abordajes. ¡Busca la forma de cambiarlo para encontrarte mejor y más adecuado a tus propios logros!

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fuentes: psychologytoday.com
Sherman, R. O. (2013). Imposter syndrome: When you feel like you’re faking it. Am Nurse Today, 8(5), 57-8.

Cómo poner en palabras nuestras emociones nos calma y alienta: un estudio con Twitter

En la práctica clínica, muchas veces nos encontramos un miedo frecuente entre los pacientes que acuden por primera vez a consulta. No sólo creen que vamos a revelarles secretos que van a descompensarles por completo y desestructurar su vida, también piensan que verbalizar y poner palabras a lo que sienten les va a resultar fatal. Nada más alejado de la realidad. Convertir nuestros sentimientos o emociones en palabras, ya sea escribiendo o verbalizándolos en voz alta, el llamado “etiquetado afectivo”, permite comprender y darnos cuenta de lo que nos pasa, a la vez que alivia nuestra ansiedad y estado de ánimo y reduce la intensidad de nuestras emociones.

Diversos estudios han confirmado la importancia de esta técnica en la autorregulación emocional, comparándola con la reestructuración cognitiva (reformular nuestros pensamientos automáticos hacia otros más funcionales y adaptativos) para el trabajo cognitivo. Efectivamente, el impacto de poner una (o varias palabras) frena en buena medida el efecto de nuestras emociones (no expresadas) en nuestro cuerpo, disminuyendo nuestra propia reactividad ante ellas. Nace de la idea popularmente arraigada que es mejor evitar e ignorar nuestras emociones, creyendo que nos van a nublar nuestro sentido común o que todo nuestro pensamiento mutará a algo irracional, cuando muchos de nuestros pensamientos pueden tener esa cualidad por sí misma. Para ponerlo en práctica se recomienda no utilizar palabras técnicas o esperar grandes parlamentos si no más bien utilizar nuestras propias palabras para describir y detallar nuestra experiencia.  Con el calor de momento, es mejor solo rotular y definir con pocas palabras lo que sentimos (“estoy muy enfadado”, “me molesta enormemente esto”…), pero para profundizar y entender mejor, esto ha de extenderse a varios días después del acontecimiento emocional intenso para que sea la propia persona quién genere y se explique la realidad, y haya una verdadera expresión y desahogo.

Para ver los efectos de esta capacidad fuera del ámbito experimental, un grupo de investigación liderado por Rui Fan y colaboradores estudiaron un millar de estados en twitter para saber cuándo se expresaban y encontraron que al expresar sus sentimientos y emociones, la intensidad emocional disminuyó rápidamente, concluyendo que el etiquetado emocional afecta a la experiencia emocional.

Fan, con la utilización de un algoritmo para verificar el estado emocional, aplicó a Twitter para ver las seis horas precedentes a ese estado y las series horas siguientes al estado emocional, analizando tanto los estados positivos como los estados emocionales displacenteros. Los twitters que investigaron  empezaban todos con un “Yo siento que…”. Los resultados ofrecen que tras un tweet emocional, tanto los estados emocionales positivos y negativos aumentaron. En promedio, los estados positivos perduraron más tiempo (94 minutos versus 85) y se vio que ambos estados emocionales experimentaron el pico más alto en la verbalización emocional, seguido de una calma progresiva. En los estados emocionales displacenteros (dolorosos), antes de llegar a la verbalización real del estado se vió un amento del malestar, largo y gradual, que se calmaba una vez la persona tuiteaba su estado emocional real.

En el estudio, también se diferenció por género, encontrando una mejora considerable y significativa en el caso de las mujeres, especialmente para las emociones dolorosas. Y no porque no fuera eficaz para los hombres, sino por una mayor utilización de las mujeres de la expresión emocional. Por otro, no dejemos de olvidar algunas limitaciones del estudio, como que no podemos obviar que no necesariamente lo que ponemos en redes refleja realmente nuestro sentir real. También que no se ha estudiado dentro de un ámbito experimental, con lo que las conclusiones han de verse con precaución. Y también, que no se ha contado con una modalidad de comparación.

En cualquier caso, se reconocen los hallazgos de este estudio, por ser uno de los primeros en trabajar el etiquetado emocional en contextos reales, no sólo estudiando el efecto de las emociones dolorosas sino también como ejemplo para mostrar que verbalizar nuestra alegría puede potenciar dicha vivencia en nuestro organismo (versus el alivio que supone verbalizar nuestro dolor) y supone una pica para estudiar otros efectos experimentales como “la conversión simbólica”, o la distancia emocional que surge al traducir lo que sentimos en palabras. Reforzando, por tanto, la importancia de decir cómo nos sentimos, tanto en momentos de felicidad como en situaciones de tristeza, dando presencia y validez a nuestro rico y cambiante mundo emocional. Así que ya sabéis, ¡a expresar!

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Psych Central, Research Digest

Todo Lo Que Hay En Un Abrazo

Los abrazos, ese gran gesto (habitualmente social) cada vez menos generalizado por el miedo al contacto inapropiado y relegados por tanto al ámbito de la intimidad, objeto de numerosos estudios científicos los cuales han aportado interesantes datos acerca de sus beneficios en nuestra salud física y mental, son los protagonistas de nuestro blog de hoy.

Imagen extraída de https://www.triskelate.com/

TIPOS DE ABRAZOS

Cuando hablamos de “abrazo” se genera rápidamente una imagen mental en nosotros, ¿verdad? El abrazo clásico, sí, el de toda la vida: personas que se rodean con ambos brazos, poco contacto visual, cuerpos pegados, cabezas una al lado de la otra, …

¿Pero os habéis parado a pensar que también hay distintos tipos, con lenguaje corporal diferente, según la función que cumplen o el modo en el que se dan? 

Principalmente diferenciamos unos abrazos de otros según la fuente o persona que nos los aportan. Sin embargo, tal vez existen tantos tipos de abrazos como culturas y subculturas haya, con distintos significados no verbales cada uno de ellos: habitualmente son muestra de intimidad y confianza, otras veces se utilizan a modo de saludo pero el lenguaje corporal transmite que no se está cómodo con la situación, están los que van acompañados de palmaditas en la espalda como signo de aprobación, otros nos permiten realizar a la par tareas mientras nos abrazamos (caminar por la calle junto a alguien, por ejemplo), los que se dan “desde la distancia” con los dos miembros manteniendo sus cuerpos alejados un par de pasos porque no hay aún la suficiente confianza, los abrazos efusivos de despedidas o reencuentros de un ser querido e incluso los hay que pueden ser el preludio de un momento sensual en pareja (los abrazos asimétricos, en los que uno está sentado y otro de pie y se llegan al nivel de la cintura); así como un largo etcétera más.

Sin duda nuestro preferido es el “abrazo cruzado”. En esencia sería igual que el clásico que comentamos antes, pero habría una pequeña particularidad que marcaría la diferencia: en lugar de rodearnos con ambos brazos justo de frente giramos ligeramente el cuerpo o pecho, intentando cuadrar corazón con corazón, si se respira hondo y dicho abrazo se alarga durante más de un par de segundos se disfruta mucho más y se ha comprobado que es un buen liberador de tensiones y mantenido en el tiempo consigue acompasar nuestro ritmo cardíaco ligeramente al del otro a parte de generar profundos sentimientos de intimidad y sintonía.

No obstante, con esta breve reseña nos parece incluso más relevante el destacar la infinidad de beneficios físicos y psicológicos que en sí contienen los abrazos, por eso nuestro objetivo será desgranar algunos de ellos con el fin de derribar todas aquellas barreras corporales y mentales que impiden que abraces más en tu día a día.

MIL Y UN BENEFICIOS FÍSICOS Y MENTALES DE DAR Y RECIBIR ABRAZOS

  • Fomenta el sentido del tacto, ese gran olvidado en pos del resto de nuestros 5 sentidos, como la vista o el oído por ejemplo. El tacto es mucho más relevante de lo que se imagina, ya que a parte de que nos ayuda a centrarnos en el momento presente tiene un gran y positivo impacto en la salud mental y en el desarrollo.

En cuanto a su relevancia en el desarrollo evolutivo, el tacto forma parte de la génesis del vínculo del apego (un conjunto de conductas y emociones interpersonales especialmente importantes en nuestros primeros meses de vida): en los primeros experimentos que Harry Harlow hizo con monos en sus investigaciones sobre la Teoría del Apego se comprobó que una mayor cercanía táctil de la mamá mono o de un mono construido artificialmente, con un material más jugosito y que aportaba más calor (felpa), por contra del metal (frío al tacto), generaba un vínculo más cercano, lo que en último término influía en el desarrollo evolutivo general del mono infante. Posteriormente, los datos que aportó el psicólogo estadounidense se han corroborado con otros recogidos en multitud de orfanatos: los niños que recibieron alimentos pero no fueron abrazados tuvieron un retraso significativo en el desarrollo tanto físico como socioemocional acompañado de cerebros más pequeños (menos desarrollados). Esto significa que el contacto físico no solo es crítico para el comportamiento de estos niños a medida que crecen, sino también para el desarrollo sus cerebros, algo que también se ha observado en animales sometidos a aislamiento social.

Que el apego construido con los progenitores sea el más importante, por los patrones aprendidos que tenderán a repetirse a lo largo de la vida adulta en cuanto a la forma de vincularnos y las expectativas de lo que podemos esperar de los demás, no significa que no creemos más vínculos de apego a lo largo de nuestra existencia: pareja y amigos serán los otros contextos por excelencia donde nos apegamos, y por tanto, los abrazos serán un reforzador fantástico para que dichas vinculaciones sean de calidad (también en la vida adulta).

Como ejemplo específico de la importancia de los abrazos y el contacto físico en la vida cotidiana, y en particular en la crianza de recién nacidos estaría la Teoría del Bonding, derivada de la Teoría del Apego desarrollada por el psicólogo John Bowlby,  consistente en portear al bebé pegado al cuerpo desde que nace y favorecer lo máximo posible ese “piel con piel” para conseguir un desarrollo psicosocial y emocional saludable y positivo.

  • Derivado de todo lo anterior se extrae que los abrazos a su vez son reforzadores de vínculos afectivos que ya forman parte de nuestra vida: son muestra de cercanía, de que somos importantes para el otro, de afecto, apoyo, cariño, de que se preocupan por nosotros, etc…

Por el contrario, una escasez de este contacto táctil reforzante podría derivar en un patrón de comportamiento más arisco en general, incluso algunos datos obtenidos en 1999 entre dos grupos de estudio (París-Miami) muestran que dicho comportamiento podría ser más agresivo en particular.

  • Los abrazos ayudan a romper barreras de soledad ya que reciben, acogen, apoyan y sustentan. También son una forma de disfrutar de tiempo agradable con nosotros mismos cuando somos el aportador y recibidor del abrazo, es decir, cuando nos autoabrazamos.
  • Sirven de sustento o soporte en momentos vitales difíciles: si bien el problema no se termina en el momento justo del abrazo, sí que con él se disiparará la tensión que dicha situación está desencadenando. Después, será mucho más fácil poder poner en marcha algún plan de acción que esté dentro de nuestro repertorio como solución a la problemática que se nos presenta.
  • Asimismo, los abrazos pueden ser un modo efectivo de control de emociones que podríamos pensar son totalmente lo contrario a ellos, dicho con otras palabras,un modo eficaz de “parar paradójico”: por ejemplo, cuando un niño pequeño está muy enfadado, fuera de sí y con escasas herramientas para digerir o controlar la emoción, si probamos a darle un abrazo fuerte lo que seguramente comprobemos es que por una parte la emoción se contiene y, por otra, consigue un efecto ansiolítico en el pequeño, es decir, consigue carmarle/tranquilizarle y reorientarle en la situación.
  • Cuando nos abrazan y abrazamos (¡también podemos abrazarnos a nosotros mismos!) se segregan multitud de sustancias bioquímicas en nuestro cuerpo: oxitocina, opioides endógenos (como las endorfinas), serotonina, dopamina,… en general todas ellas responsables de sensaciones de bienestar, relajación, placer, atenuación del dolor y elevación del estado de ánimo. 

De las anteriores podríamos destacar la oxitocina u “hormona del amor”, protagonista en otras situaciones de contacto físico placenteras como serían la experimentación de los orgasmos. 

Se ha demostrado científicamente que dicho neuroquímico también hace su aparición estelar tras el parto para conseguir revertir los dolores derivados de él a cambio de desencadenar toda una gama de reacciones y sentimientos afectivos hacia el bebé: ganas de acariciarlo, achucharlo, besarlo y protegerlo. En un momento en el que la madre no lo está pasando del todo bien la oxitocina impide una reacción de lo más esperable que impediría la supervivencia del recién nacido: ignorarlo y/o no protegerlo, frente a los sentimientos de confianza, cuidado y calma que tienen lugar finalmente.

Asimismo esta “hormona de los abrazos” afecta a la bioquímica interviniente en el estado anímico, ya que contribuye a una mayor producción de serotonina y dopamina.

¡Y eso no es todo! Por si fuera poco, y en relación con el por qué está justificado abrazar en situaciones aversivas, además se encontró que cuando aumenta la oxitocina se atenúan los niveles de cortisol, conocido también como “hormona del estrés” y que incrementa su presencia sobre todo en situaciones de “peligro” o que nos dan miedo (casos de fobias en el extremo del continuum). La disminución de cortisol se traduciría en un descenso de la presión arterial, con la consiguiente sensación de relajación. El reequilibrio anteriormente explicado impediría en último término que un estrés mantenido en el tiempo dé al traste con nuestro sistema inmune, lo que indirectamente a su vez nos permitirá disfrutar de un mejor estado de salud físico y mental.

  • Cuando nos abrazan nos aportan confianza y autoseguridad: la liberación de oxitocina es un excelente antídoto contra los miedos y fobias sociales. En otras palabras, si estás en una situación social que te provoca temor probablemente un abrazo de alguien que en ese momento tengas cerca te reconfortará y te hará pasar el mal trago más holgadamente.
  • Abrazos como elíxir de la juventud: al disminuir la presión arterial se consigue una mejor circulación sanguínea. Que nuestro cuerpo esté más oxigenado en general hará que los tejidos y la piel luzcan más jóvenes.

Después de este post esperamos que tus ganas de abrazar, ser abrazado y abrazarte a ti mismo hayan subido como la espuma. Implántalo a modo de saludo habitual con seres queridos y disfruta de un “autoabrazo” cuando estés pasando por una situación delicada, para quererte más o simplemente como manera de disfrute del tiempo de desconexión.

También, si ves a alguien con un letrero de “abrazos gratis” no dudes en dárselo, ya que posiblemente sea una de las mejores medicinas naturales que tenemos a nuestra disposición: nos hace sentirnos más positivos en nuestro estilo de afrontamiento de las situaciones del día a día y hace que las reacciones negativas ante conflictos interpersonales sean menos graves. 

Y para terminar, como no…. ¡Un fuerte abrazo!

Fuentes: Rosenzweig, M. R., Aliaga, E., Leiman, A. L., & Pérez Pamies, M. (1992). Psicología fisiológica. McGraw-Hill Interamericana,.

 www.psychologytoday.com , www.psicologiaymente.com 

Escrito por: Maite Nieto Parejo

La Importancia de un Buen Hobby

 

Extraído de www.tusbuenosmomentos.com
Extraído de www.tusbuenosmomentos.com

En esta época de jornadas laborales maratonianas y equilibrios en nuestra agenda (para nuestra pareja, amigos, familia, actividades agradables y algo de descanso) invertir tiempo en nuestro ocio puede suponer una ventaja considerable y un factor protector que incide positivamente incluso en la forma en la que realizamos nuestro trabajo diario. Descansar mentalmente tiene la misma importancia que descansar físicamente, y encontrar actividades que lo favorezcan no siempre es tarea fácil. Operativizarlo ayuda a concretar a que nos referimos: el ocio es una actividad que no busca una finalidad económica ni productiva. El tiempo que le dedicamos es personal y tiene que estar fuera de tu horario profesional. Puede buscar tanto un enriquecimiento personal como descansar, divertirse y sentirse relajado. Puede ser una actividad solitaria o social; la cuestión es no sentir presión por hacerlo y que genere bienestar.

Pero, ¿vale cualquier tipo de actividad agradable o ha de ser una actividad específica? Un grupo de investigación se puso manos a la obra y decidió examinar qué tipo de actividades de ocio pueden repercutir positivamente en todas estas variables. El grupo contó con un grupo de 129 sujetos con varios pases de prueba de 7 meses, donde se comprobó si realmente los sujetos realizaban el ocio cómo ellos decían y si esto afecto positivamente a su desempeño laboral. En primer lugar, definió un constructo denominado “seriedad”, que hace referencia a la cantidad y cualidad de implicación con la que realizamos la tarea de ocio. Es decir, según esto, se puntuaría más alto en seriedad cuanto mayor implicación, frecuencia y rutina se tenga con la actividad de ocio, pudiéndose ser tanto ir al gimnasio, como pintar óleo, tocar guitarra o hacer cursos de escritura. De otro, se midió cuán diferente es la actividad de ocio con respecto a las tareas que habitualmente desempeñas en tu trabajo. De este modo, las personas podemos realizar tareas que no distan mucho de lo que hacemos en el trabajo, o bien ser completamente diferentes.

Así, el grupo tenía una puntuación que medía su nivel de implicación con las actividades de ocio y si éste era parecido a lo que hacían en el trabajo. A lo largo de los siete meses, volvían a evaluar al mismo grupo, y se les pidió que dijeran cuántas veces realizaban dichas actividades a la semana, cuanta sensación de eficacia en el trabajo habían experimentado y una escala de resistencia al trabajo. Los resultados fueron prometedores: los investigadores descubrieron que los participantes que pasaban más tiempo realizando actividades de ocio, experimentaban además una mayor sensación de autoeficacia en su desempeño laboral. Pero este efecto solo se producía si mostraban mucha seriedad y si el ocio era muy diferente a lo que hacían en el trabajo. Si era muy similar, el efecto era el contrario y los niveles de eficacia en el trabajo disminuían. La hipótesis de los investigadores era sencilla: las tareas diferentes a la tarea laboral ejercían una verdadera desconexión y permitían reponer recursos y hacer después frente a las distintas demandas del ambiente. Las muy similares hacían un efecto de sobrecarga: interfiriendo en la actividad laboral y haciendo incapaz el desempeño habitual. Aún así, los resultados no ofrecen datos acerca de la dirección del efecto, pues no se dice realmente si es el tipo de trabajo quien influye en el tipo de ocio que practicas. De cualquier modo, para cualquier empresa es importante que sus trabajadores inviertan tiempo en su ocio, permite unos trabajadores motivados, descansados y con garantía de que puedan realizar el trabajo adecuadamente.

Además de los descritos por el estudio, no podemos olvidar los efectos de practicar un hobby son variados y permiten el desarrollo de diferentes esferas personales. Entre ellas, aumenta la confianza en uno mismo (al desarrollar la tarea en entornos controlados, viendo un progreso en la destreza o actividad elegida), el alivio de estrés (al hacer una actividad que produce reacciones diferentes contrarias al estrés), evita que pasemos nuestro tiempo preocupándonos (la inactividad provoca un gran numero de rumiaciones, que el estar “sin hacer nada” se hacen más visibles con el riesgo de “engancharnos” a ellos) y ayuda a que emerjan cualidades inesperadas o que hace mucho las habíamos olvidado. Todas ellos beneficios imprescindibles para nuestro bienestar y desempeño diario.

Así, buscar una actividad (o actividades) con las que enriquecer tu tiempo libre es siempre tiempo bien invertido. Es parte del autocuidado e implica el desarrollo de capacidades en un ambiente donde la actividad en sí es la meta y el disfrute el mayor de los regalos. ¿No es eso realmente algo muy productivo?

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Rsearch Digest.

EL AUGE DE LAS CASAS DE APUESTA: ¿CASUALIDAD O EVENTO DE RELEVANCIA PSICOLÓGICA?

Imagen extraída de www.diariodeavisos.elespanol.com
Imagen extraída de www.diariodeavisos.elespanol.com

De un tiempo a esta época (posiblemente el hecho en cuestión fue paulatino en los primeros años, transformado en boom recientemente, y en cómputo global ha ido evolucionando sobre todo desde su regulación en el 2013) hemos ido viendo cómo las casas de apuestas (bajo un amplísimo abanico de empresas y sucursales) se han ido instalando en nuestros barrios y nuestro día a día, también las apuestas online han irrumpido en nuestro presente con gran fuerza.

Propiciado de todo esto se ha comprobado que ha habido un repunte con respecto a décadas anteriores en lo que respecta al tanto por ciento poblacional que juega y/o apuesta, así como un aumento de la frecuencia en la que estas conductas se convierten en extremas (en lo que a intensidad y cantidad apostada se refiere) y desadaptativas para la persona, o lo que es lo mismo, que dichas conductas lleguen a convertirse en una adicción también conocido como trastornos del juego o ludopatía, que en muchos de los casos aparece junto con otros trastornos relacionados (concomitantes a la ludopatía) como serían el consumo elevado de alcohol y otras sustancias (tabaco, por ejemplo) ya sea esporádicamente o de igual modo en forma de trastorno así como con otros trastornos del control de impulsos.

¿Dónde se ubican los salones de juego o casas de apuestas, y por qué?

Las casas de apuesta se han convertido en todo un “evento” socioeconómico. No existe una cifra exacta, pero se estima que la cantidad de ellas a lo largo de la geografía nacional en 2017 ascendía a 3000. Una investigación de la Universidad Carlos III concluyó que su número en los últimos dos años, y a día de hoy, habría aumentado la friolera de un 16%; todo apunta a que seguirá aumentando la tendencia. Sólo en Madrid ciudad han aumentado de 47 a 190 locales de apuestas en sólo 5 años.

Su ubicación tampoco se ha dejado al azar… en un primer momento fueron situándose bastante repartidas por la ciudad, congregándose mayoritariamente en avenidas neurálgicas de poblaciones, zonas frecuentes de paso, donde incluso podríamos  encontrarnos varias de ellas de seguido. Sin embargo, los últimos datos señalan que dicha repartición está cambiando, desapareciendo locales en barrios ricos o de clase media-alta a favor del aumento de ellos en barrios obreros o de bajo poder adquisitivo. El factor explicativo único se desconoce, aunque se cree que uno de los factores influyentes es la situación económica de crisis, el tener un trabajo precario o incluso estar en paro. Situaciones económicas desesperadas ante las que el juego “ofrece”  una alternativa fácil de adquirir dinero, aunque luego no sea tal.

Asimismo, el juego online y las apuestas deportivas son independientes de la ubicación, ya que son accesibles 24/7 (las 24 horas, los 7 días de la semana). Permiten realizar un número mayor de apuestas siendo necesarias menores cantidades de dinero (apenas un euro en algunos casos) lo que facilita el acceso a una nueva franja de edad: jóvenes sin trabajo, estudiantes, menores de edad en muchos casos, hecho que debería ponernos en perspectiva con respecto a la problemática que se nos plantea.

Es decir, no se puede obviar la fácil accesibilidad al juego online, para lo que además no existe un control legal y estricto de los menores de edad que llegan a entrar en contacto con el sector del juego. El concepto mental del ludópata que pasa toda una tarde en la máquina tragaperras del bar y que incluso puede haber un consumo elevado de alcohol ha ido dejando paso, sin que la sociedad se percate en exceso de ello, a un perfil de ludópata de corta edad (alrededor de la veintena) que realiza apuestas deportivas diarias y que debido a la facilidad del medio online gran parte del día su dedicación y/o atención están centradas en ello, es decir, jóvenes que con menores cantidades de dinero dedican mucho más tiempo al juego.

¿Qué mecanismos psicológicos son la base del juego patológico o adicción al juego?

El juego patológico se entiende como la pérdida de control sobre juegos de azar en los que se realizan apuestas. Se entiende que existe una primera etapa de ganancias, una segunda donde se juega para mantener el equilibrio entre ganancias y pérdidas y por último, una fase de pérdidas incontroladas. Es decir, finalmente el juego es quien controla a la persona, ya que esta depende totalmente de la adicción, dejando de llevar a cabo intereses y obligaciones que anteriormente tenía lo que a su vez provoca deterioro en sus relaciones sociales, familiares y laborales.

Los mecanismos  psicológicos principales de los juegos de azar son el refuerzo positivo o la aparición de un estímulo positivo/apetecible que hace aumentar la tasa de respuesta, por ejemplo, la ganancia de un premio económico o la satisfacción por haberlo ganado; y el refuerzo negativo o retirada de una estimulación negativa/aversiva para el sujeto, que como el anterior mecanismo también provocará un aumento conductual de apostar, por ejemplo, la desaparición de malestar y preocupación tras recuperar antiguas pérdidas.

Aunque a veces también aparece el castigo (principalmente las pérdidas monetarias), tiene un menor peso. Y es que conjuntamente a los mecanismos de refuerzo anteriormente mencionados la dependencia emocional al juego se termina de conseguir por la existencia de una serie de creencias distorsionadas o distorsiones cognitivas que mantienen el círculo vicioso del juego: falsas expectativas de ganar para recuperar lo perdido y pensamiento mágico e ilusorio que influyen en la toma de decisiones (por ejemplo: estar en racha, “la máquina está caliente”, tener un día de suerte, o en cuanto a las apuestas deportivas saber mucho de un determinado deporte garantiza ganar lo apostado).

La ludopatía se caracteriza también por una falta de control de impulsos; en el caso específico de los menores de edad esto se ve facilitado por la falta de un completo neurodesarrollo o maduración de la zona cerebral específicamente encargada de ello, el lóbulo frontal.

Otros mecanismos presentes en la adicción al juego serían:

1.- La amplia difusión de las máquinas de juego y las apuestas: hoy en día la publicidad del juego y las apuestas en horario protegido, por parte de las grandes estrellas del deporte y en espacios ampliamente visibles (incluso dentro de las mismas competiciones deportivas) provoca una estimulación/provocación persistente y se vende como deseable socialmente. Todo ello sumado a la disponibilidad constante que se tiene con las apuestas online desde el teléfono móvil personal (al que estamos pegados 24/7).

Un nuevo evento totalmente revolucionario, las apuestas deportivas en directo, que llegan a representar el 65´2% del total de apuestas deportivas (el tipo mayoritario actualmente) funcionan según un mecanismo de refuerzo brutal, ya que la activación neurofisiológica bajo la que se realizan es muy alta por el corto intervalo existente entre la apuesta y el resultado. La inmediatez hace que si se gana se interprete como un evento más factible de lo que verdaderamente rige el azar; sin demora, apelando a una nula capacidad de frustración.

2.- La posibilidad de apostar pequeñas cantidades de dinero y ganar mucho en proporción a lo apostado.

3.- Manipular la máquina personalmente (o la apuesta online con un dinero virtual que no observamos cómo va disminuyendo o aumentando) genera una falsa sensación de control sobre la situación.

4.- Más frecuente en las máquinas tipo B (más conocidas como tragaperras) son los estímulos altamente activadores del sistema nervioso central: luces, musiquita estridente (¡incluso el ruido de las monedas cuando se gana un premio! altamente reforzante para que la conducta de juego, bien sea para seguir ganando o para intentar recuperar las pérdidas, se siga manteniendo en el tiempo), dibujos en movimiento… generan una alteración psicofisiológica tal que hará que se facilite la conducta de juego.

El mantenimiento del juego patológico en el tiempo se deberá principalmente, entre otros factores, a parte del intento de recuperar las pérdidas económicas y a la normalización del juego como conducta social.

Las mentiras y el ocultamiento del juego es otra gran característica observable en este trastorno, lo que hace que el entorno cercano a la persona afectada tarde mucho en darse cuenta de la problemática y no pueda intentar dar apoyo/poner remedio.

El auge de las apuestas online: evento de relevancia psicológica.

A modo de conclusión, señalar que los datos existentes sobre la tasa de juego online son bastante inciertos debido al uso privado que cada persona hace de sus dispositivos móviles, lo que dificulta/imposibilita que se pongan en marcha medidas de prevención o programas terapéuticos adecuados. Eso sí, se cree que la tasa podría alcanzar niveles mucho más altos de las que a priori se barajan debido a la minusvaloración de la relevancia que hacen los sujetos implicados acerca de sus propias conductas de juego.

Actualmente el número de ludópatas en España se cifra en torno al medio millón de personas. Se cree que la suma no es del todo real ya que en el juego online no existe ninguna barrera de entrada así como que genera menor disonancia cognitiva a aquellos que lo utilizan como medio para apostar (por lo tanto no se reconoce, y por tanto no se contabiliza).

Para ponerle freno será necesario que de una vez por todas los organismos oportunos pongan el foco de atención en esta problemática tan alarmante y aparte de llevar a cabo los programas de prevención (y tratamiento) oportunos se pudiera llegar a regular y limitar su uso online (o control de acceso real a menores) asimismo como la proliferación descontrolada de salones de juego que está teniendo lugar en los últimos tiempos.

Lanzamos la siguiente pregunta:

 ¿Estamos prevenidos ante esta forma creciente de trastorno psicológico?

Escrito por: Maite Nieto Parejo

Fuentes: “La última apuesta”-  Grupo de periodismo económico de la UCLM (Universidad de Castilla-La Mancha) https://www.youtube.com/watch?v=ytfFhLVFRNs&feature=youtu.be  ,

www.psicologiaymente.com.

CUANDO LOS COMPORTAMIENTOS PASIVO-AGRESIVOS INFLUYEN EN TU ENTORNO LABORAL

Imagen extraída de www.revestida.com
Imagen extraída de www.revestida.com

Primero de todo, y para poder detectar si lo a continuación expuesto está sucediendo en tu entorno laboral (e intentar manejarlo, por tanto) será necesario definir a qué nos referimos con comportamientos pasivo-agresivos.

La pasivo-agresiva se trata de una de las personalidades más tóxicas que con cierta frecuencia podemos encontrarnos a nuestro alrededor. La reputada psicóloga en este área, Amarilis Ortiz, menciona que el ejemplo prototípico de las personas pasivo-agresivas es el siguiente:  “estas personas se caracterizan por no expresar de manera clara y directa sus sentimientos, preferencias u opiniones personales, mientras intentan, de manera indirecta, manipular al otro a ceder”.

En el polo de la pasividad, estas personas se caracterizan por mantener todo tipo de actitudes pasivas en lo que respecta a las obligaciones básicas a asumir en la vida.

A su vez, lo que caracteriza sus actitudes agresivas es un intento de condicionar las acciones y reacciones de los demás; el medio para ese fin es culpabilizar a terceros en lugar de asumir su propia responsabilidad, manipular, engañar, aprovecharse de otros y no apreciarlos ni cuidarlos. En otras palabras recurren a una supuesta sumisión para luego sacar ganancia manipulando y extorsionando al otro, y siempre en función de sus intereses.

Entre medias/a medio camino de la pasividad y la agresividad los comportamientos que mejor definen en general a este tipo de personalidad es la manipulación.

“Cualquier relación que no se fundamente en el respeto mutuo, el buen trato y la dignidad humana entonces es por definición una relación conflictiva que tiene alto potencial de convertirse en una relación tóxica”.

Amarilis Ortiz

Cuando tanto la magnitud como la frecuencia de los rasgos prototípicos de este subtipo de personalidad ocasionan malestar al propio sujeto y/o a su entorno puede diagnosticarse el trastorno de personalidad pasivo-agresivo.

Las causas exactas no se conocen con certeza, aunque los expertos afirman que el origen se encuentra tanto en factores biológicos como ambientales. Dichos comportamientos pueden manifestarse desde la infancia: el estilo parental de sus progenitores, las dinámicas familiares y otras influencias desde etapas tempranas de la vida suelen contribuir al desarrollo de estos rasgos de personalidad, o en su caso más extremo del trastorno de la personalidad. Es decir, aunque tóxico, este método de comunicación/relación no convierte a las personas pasivo-agresivas en malas personas, sino que señala un mecanismo de adaptación expresado en algunos casos desde la infancia que con las herramientas necesarias puede llegar a romperse.

Señales que pueden ponernos en preaviso de que este tipo de comportamientos nos rodean.

Su facilidad para la ambigüedad tiene en ocasiones tanta fuerza que puede arrastrar a los demás hacia un desgaste psíquico y emocional profundo. De igual manera, este tipo de perfil impedimenta todo tipo de dinámicas interpersonales, ya sean de pareja, de amistad, lazos familiares o las que aquí nos ocupan: las laborales. Por eso será importante que detectemos a tiempo algunas de las siguientes señales para poner medidas si es posible.

  • “Si tú no hubieras hecho eso… el trabajo habría salido adelante”: la culpabilización a los demás o gaslighting es una de las constantes de estas personas. En ocasiones esto se traduce necesariamente en victimismo en estado puro.
  • “Haz lo que quieras…” aunque en el fondo desearían que la tarea que les ocupa se realizara de una determinada manera. Rara vez expresan de forma clara o directa sus sentimientos, preferencias u opiniones personales, lo que en un hipotético caso permitirá responsabilizar a los demás (si sale mal) como antes mencionamos, así como facilitar el pasar desapercibido a la hora de realizar su parte del trabajo.
  • “Mejor hazlo tú”: cuando les confrontas suelen ofenderse con gran facilidad, por tanto preferirán retirarse del cometido adjudicado en lugar de intentarlo o tratar de dar una solución en equipo; además nuevamente lo utilizan para escapar de sus deberes.
  • “Pensé que sabías que habían cambiado la reunión” o “yo creí que tú intuirías que el proyecto así no iba a salir adelante”. Antes que externalizar sus sentimientos y opiniones de antemano, los pasivo-agresivos previsiblemente preferirán optar por el silencio, esperar a que el conflicto de desate; eso, aún pudiendo manipular y herir indirectamente a los compañeros de trabajo, les brindará la oportunidad de evitar resolver personalmente el problema.
  • “Me encantaría trabajar contigo” o “me parece bien que lo hagamos de la forma que propones” cuando verdaderamente su comportamiento no verbal (expresión facial, por ejemplo) parece que te expresa lo contrario, o una indiferencia absoluta por lo que le propusiste. Este medio de sometimiento permitirá a los pasivo-agresivos poderse quejar en un futuro, manipular y sacar rentabilidad de determinadas situaciones.

6 posibles claves mediante las que ponerles freno.

1- Primero de todo, intenta mantener la calma. Sabemos que es difícil debido a la alta carga emocional tal vez ya acumulada, pero contestar “en caliente” a un comportamiento pasivo-agresivo sólo facilitará que entremos en escalada (y terminemos diciendo o haciendo cosas que verdaderamente no queríamos en un primer momento).

2. Trata de ser lo más respetuoso posible indistintamente de cómo te está tratando la otra persona (siempre dentro de unos límites, claro está), ya que según asegura la psicóloga norteamericana Bárbara Markway “mostrar desprecio nunca te ayudará a resolver la situación de manera productiva”.

3.- Pon límites a la parcela de trabajo de la cual has de encargarte, de lo contrario puedes descubrirte realizando tareas que la otra persona, por su pasividad, no lleva/quiere llevar a cabo. También será necesario marcar esos límites a las formas con las que se comunica contigo, si esas líneas rojas no llegan a ser suficientes lo mejor será directamente poner distancia con dicho compañero de trabajo.

4.- En caso de que sea necesario mediar, alega a tus superiores. Posiblemente dichos comportamientos se vean facilitados con iguales y no se den de manera tan común cuando escalas jerárquicas tomen cartas en el asunto.

5.- A la hora de hacer peticiones recurre a la técnica del disco rayado, que consistirá en manifestar aquello que necesitas que el otro haga por ti de manera sencilla y repetitiva, sin dar pie a alegatos. En definitiva, como un disco rayado. Como si fuera una mantra repite una y otra vez tu demanda, de manera sencilla y sin grandes justificaciones, ya que enredarse en razonamientos hará que pierdas de vista el objetivo final perseguido, haciendo que el compañero que se comporta de manera pasivo-agresiva contigo no acceda a tu petición.

6.- ¡Ojo! Esta técnica también será efectiva cuando asertivamente queramos revocar manipulaciones o peticiones desmesuradas por parte de este compañero pasivo-agresivo. En los casos en los que la petición nos la haga a nosotros pero no estemos dispuestos a llevarla a cabo cual disco rayado tendremos que trasladarle que “no es no, y no quiero, y no puedo… en definitiva, NO”.

Para concluir, intenta detectar las claves indicadas en tu entorno laboral (o por extensión, a cualquier otra relación relación social) para poder poner en marcha aquellas herramientas que eviten el verte envuelto en una relación tóxica; en resumen, para empezar a poner límites. Lógicamente, si la actitud es sumamente recurrente, la mejor opción será buscar la ayuda profesional pertinente. Pero recuerda, la pasivo-agresividad son rasgos de personalidad (más o menos estables) que pueden manifestarse con mayor intensidad en unos sujetos que en otros; e incluso bajo circunstancias de mucha presión, cansancio o ambiente hostil personas que no suelen pueden, puntualmente, llegar a exhibir este patrón de conductas. Es decir, todos nosotros podemos mostrar en un momento dado un comportamiento pasivo-agresivo con los que nos rodean.

Fuentes: www.infocop.es, www.revestida.com, www.lamenteesmaravillosa.com

Escrito por: Maite Nieto Parejo

7 de Formas de Hacer Luz de Gas

 

Extraída de https://culturacolectiva.com/
Extraída de https://culturacolectiva.com/

Ya hace un tiempo que hablamos en un post anterior sobre la “Luz de Gas”, un termino que hace referencia a una forma muy sutil e insidiosa de maltrato psicológico, donde la persona que agrede extirpa lentamente el criterio personal de su víctima, en una espiral de invalidación que le hace dudar de sus propias percepciones, emociones y pensamientos; y al la víctima final opta por apoyar y sostener su brújula en el otro: él es quien lo sabe todo, tiene la mente más clara y no se siente tan vulnerable como ella.

Evidentemente, la persona implicada no se da cuenta de esta forma de actuar y cuando ve los primeros síntomas lo justifica bien por la relación que tiene establecida con el otro, bien por que tiende a confundirse por muestras de afecto y protección, cuando el objetivo es justamente el contrario. Para cuando la persona quiere darse cuenta, ya está metida de lleno en la intrincada tela de araña: se ha aislado de los demás, es el otro de quién se apoya y siente que no tiene juicio ninguno. La dinámica se ha establecido, la relación se entiende como algo exclusivo y dependiente y puede haber amor, pero no del bueno y sin que haya un verdadero respeto y libertad.

Los efectos secundarios de está dinámicas son múltiples para la víctima; pensamientos e imágenes intrusivas, hiperactivación fisiológica, estado de vigilancia constante, bajada importantísima de la autoestima y el autoconcepto, confusión mental, aislamiento social y apatía. En los casos más severos, puede haber incluso ideación suicida y autolesiones, y un autosabotaje extremo (cualquier intento de hacer las cosas por sí mismo y respetando su iniciativa, las sabotea ella misma sin remisión alguna).

Al ser una forma de maltrato y manipulación psicológica, es mediante el lenguaje, en forma y en contenido, cómo atrapa a la persona en la espiral.  Esta dinámica se puede reproducir en cualquier relación significativa, es decir, puede manifestarse en relaciones de amistad y en diferentes relaciones familiares, y puede darse en ambos sexos. Aunque variadas, os presentamos siete formas de neutralizar a la víctima, perpetuando su maltrato y dejándola desprotegida.  Ser capaz de detectar los matices ayuda a poder darse cuenta y salir de estas dinámicas. En ocasiones, la distancia es el arma más poderosa. Éstas son:

  1. “Tienes un problema / necesitas ayuda”. Así, el agresor tenderá siempre a no responsabilizarse de sus propias conductas, aduciendo que quien tiene el problema siempre es el otro, patologizando su conducta y socavando su credibilidad. Cualquier tipo de duda es prueba de la enfermedad de la víctima y no tiene derecho a mostrarla.
  2. “Eres insegur@ y celos@”. También, el perpetrador de abusos irá plantando semillas al otro sobre su seguridad en sí mismo y atractivo físico, haciendo comentarios explícitos e incluso comparándola con alguien supuestamente con mayor atractivo. De otra forma, podrá incentivar un “aura de deseabilidad” hacia otros pretendientes, haciendo conductas ambiguas y confundiendo a su pareja. Sin embargo, cualquier petición de límite lo verá como problema del otro y no considerará hacer cambio alguno, ni siquiera prestando atención a los sentimientos de su pareja.
  3. “Eres demasiado sensible”. Otra forma de deslegitimar las peticiones y límites del otro es tildarlas de distorsionadas y exageradas. En toda situación de maltrato, es irrelevante si la reacción es exagerada o no, el maltrato actúa a muchos niveles y es importante escucharla y validarla.
  4. “Era sólo una broma / ¡es sólo un chiste!”. El perpetrador enmascara con humor comentarios invalidantes, minusvalorizantes o crueles aduciendo que es sólo es parte de su humor y eres tú quién tiene el problema. El humor además se utiliza para probar los límites de la persona y la sitúa en situaciones límites para probar su umbral de aguante, para ver qué puede permitir e ir aumentando la intensidad y gravedad progresivamente.
  5. “Olvídalo ya / no saques eso ahora”. En cualquier ciclo de abuso, es común que un abusador se involucre en un ciclo de frío y calor en el que periódicamente arroje migajas de afecto para mantenerlo enganchado y renovar la esperanza de regresar a la fase de “luna de miel.”, donde se aparenta normalidad y se actúa como si nada hubiese ocurrido. En estas épocas, se insta a olvidar lo sucedido y a centrarse en lo positivo para evitar procesar lo que sucede y seguir repitiendo la dinámica una y otra vez, cada vez con más rapidez e intensidad.
  6. “El problema eres tú, no soy yo”. Como ya hemos dicho, el perpetrador no asumirá las consecuencias de su conducta y las desplazará en el otro. Él no se equivoca, y tenderá a demostrar y a desarticular cualquier intento de duda, con ejemplos contundentes, que pondrá una importancia capital y que tú no entender. Será la otra persona quién tendrá que hacer los cambios de conducta, a veces negando su atención o cariño si no vuelve a “lo de antes”.
  7. “Nunca dije eso/ estás inventándote o imaginando cosas”. En la forma más grave, se cuestiona lo que realmente piensa y se dice y se cuestiona directamente su salud mental, evitando dar validez a la evidencia y convenciendo a la víctima que lo que está diciendo o defendiendo es producto de su imaginación, utilizando la negación y minimización constantes para anular sus creencias y experiencias.

Resistir con la validación de la realidad de la víctima, permitiendo que gane conciencia del problema y comparta sus experiencias con los demás, adoptando distancia y recursos para neutralizar la influencia dañina del otro, permitirá la restricción y/o ruptura de la relación si la relación está deteriorada y el grado de maltrato es intenso. Escuchar lo que tenemos qué decir (tanto de nosotros como del otro) es el primer paso para la igualdad y libertad en una relación.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today

La Primavera La Sangre Altera

Imagen extraída de www.nuevamujer.com
Imagen extraída de www.nuevamujer.com

Numerosos dichos populares han hecho referencia a lo largo de historia a la influencia que tiene el cambio de estación primaveral en las personas. “La primavera la sangre altera”, “la primavera, o te adormece o te altera”, etc son algunos de ellos.

A propósito de la llegada de la primavera en estos días (y del buen tiempo, los días calurosos y soleados, …) desgranaremos cuánto tiene de mito y cuánto de realidad.

¿Qué dice la psicología de la primavera?

Es bien extendida esa sensación de que los días lluviosos o encapotados suelen ponernos más tristes, provocar en nosotros una tendencia a quedarnos en casa (haciendo planes tranquilos), etc…; por contra, sentir el calor del sol en la piel es una de las sensaciones más placenteras del mundo, por eso cuando hace buen tiempo la gente sale a la calle, aprovecha para realizar planes sociales e incluso se está de mejor humor y disposición para ponernos en funcionamiento.

Según un estudio de la universidad Brigham Young (Estados Unidos), las horas en las que está presente el sol, es decir, desde que amanece hasta su puesta, por regla general influyen en mayor medida en nuestro estado de ánimo, por encima de otros factores como la temperatura, la contaminación o la lluvia.

Sin embargo, es muy importante señalar que el elemento relevante que produce tal efecto no es necesariamente el aumento de las temperaturas propio de la primavera o la cantidad de rayos de sol absorbidos, sino que se vea traducido en número de horas de luz (y por tanto luminosidad) de las que podemos disfrutar en el día.

Además, si nos planteamos la siguiente pregunta: ¿Nos levantamos de igual modo en invierno (sigue siendo de noche en el caso de que madruguemos) que cuando es primavera o verano (que aún sonando el despertador a la misma hora que el resto del año ya es de día)? seguramente nos demos cuenta de que la respuesta es que no, ya que biológica y filogenéticamente estamos preparados para dormir de noche y estar activos cuando amanece el sol, por tanto, el despertar cuando los días empiezan a ser más largos también va acompañado de mayor motivación-activación a la hora de afrontar la jornada.

Y todo lo anteriormente comentado ¿a qué se debe?

A nivel cerebral poseemos un “reloj biológico”, compuesto por una serie de estructuras cerebrales (el núcleo supraquiasmático y la glándula pineal). También se denomina “tercer ojo” ya que es la estructura biológica (a parte de los ojos, que conforman el sentido de la visión) que se encarga de recibir la luminosidad, y liberar determinadas sustancias neuroquímicas en función de ello.

Es decir, se encargan de recibir la luz para empezar a secretar melatonina, encargada a su vez de la posibilitar la síntesis de serotonina. Dicho reloj endógeno es el encargado de que nuestros ciclos de actividad sean circadianos, es decir, de más o menos 24 horas o una frecuencia próxima a la diaria. En los meses de otoño e invierno en los que hay menos horas de luz este proceso requiere de un esfuerzo extra, por lo que nuestros ritmos circadianos registran algunos cambios.

Dentro de las funciones humanas que siguen un ritmo circadiano encontramos la sucesión sueño-vigilia, también mediado por la luz (en este caso ausencia de ella). Cuando se hace de noche la cantidad de melatonina segregada será menor y a su vez descenderán los niveles de serotonina, lo que permitirá la conciliación del sueño (son los mecanismos biológicos de inducción de primeras fases del sueño o sueño no REM).

Como dato sobre avances tecnológicos curiosos, estos descubrimientos sobre la fisiología humana se han traducido en recientes herramientas que nos hacen “despertarnos mejor”. Nos referimos a despertadores que progresivamente aumentan el nivel de luz de la habitación/entorno en el que dormimos para irnos sacando progresivamente del sueño profundo, es decir, su objetivo es que el cambio a la vigilia (estar despiertos) se haga sin tanta brusquedad.

Además de su participación en estos ritmos que se repiten cada día, la serotonina es el neurotransmisor “estrella” en la regulación del estado de ánimo. La realidad es que la luz solar nos activa y desencadena las transformaciones anteriormente mencionadas que en último término dan lugar a la “hormona de la felicidad”. De esta manera, algunas personas aseguran sentirse más tristes y alicaídas en épocas del año como otoño e invierno.

¿Y entonces…. qué es la astenia primaveral?

Por otro lado, y paradójicamente, a parte de ese mejor estado de ánimo también aparecen otra serie de manifestaciones consecuentes a la llegada de la primavera. Una de ellas, relacionada con los ritmos circadianos mencionados anteriormente es la astenia primaveral, que suele presentarse mediante los siguientes síntomas:

  • Cansancio y somnolencia durante el día.
  • Falta de energía.
  • Alteraciones del sueño, especialmente dificultad para conciliarlo.
  • Pérdida del apetito.
  • Disminución de la libido.
  • Problemas de concentración.
  • Falta de motivación.

Las causas de la astenia primaveral son la coincidencia de una serie de factores ambientales tales como el cambio de tiempo (subida de las temperaturas y de la presión atmosférica), el aumento de las horas de luz diurna, el cambio horario (adelantar los relojes una hora) y la modificación de la rutina diaria (horarios de sueño y de comidas, aumento del tiempo de ocio, etc.) como consecuencia de los anteriores.

Todas estas circunstancias inducen en el organismo humano una alteración en la regulación de los ritmos circadianos a través de una serie de mecanismos tales como cambios en la secreción de determinadas hormonas: endorfinas, cortisol, melatonina, etc.  Dichas alteraciones hormonales ocasionan (en un primer momento) desajustes de los ritmos biológicos, que deben adaptarse a las nuevas condiciones ambientales, más exigentes en el consumo diario de energía. Es como si el organismo despertara de un letargo invernal, marcado por las bajas temperaturas y las pocas horas de luz diurna.

La “padecen” aproximadamente la mitad de la población; sin embargo, debe entenderse como un cuadro adaptativo, que en cualquier caso desaparece por sí solo en una o dos semanas (dependiendo de cada persona), muestra de cómo nuestra actividad se ajusta al ritmo circadiano bajo los nuevos factores ambientales.

Esto, traducido a otras especies animales, se manifiesta como una disminución general de las funciones metabólicas en invierno, lo cual lleva a muchos a hibernar. Aplicado a los seres humanos, existe un término que designa esta profunda tristeza que se apodera de nosotros: trastorno afectivo estacional (TAE) o ‘depresión de invierno’.

¿Y… en qué consiste el Trastorno Afectivo Estacional?

Se trata de un aumento o repunte de la incidencia de los episodios o conjunto de síntomas en lo referente al estado de ánimo, en base al número de horas de luminosidad (no necesariamente traducido en calor o grados centígrados). Es decir, una mayor prevalencia de trastorno del estado de ánimo en épocas del año donde el número de horas solares es menor o en lugares geográficos que disponen en menor medida de ellas (latitudes altas o alejadas del ecuador).

Dicha especificación sólo puede hacerse en el caso de episodios depresivos, y la característica esencial es el inicio y remisión de los episodios depresivos mayores en una determinada época del año. Generalmente comienzan en otoño o invierno remitiendo en primavera (“depresión invernal”). Aunque pueden darse en otras épocas como en verano, es muchísimo menos frecuente.

Por contra, cuando se trata de episodios maníacos (elevación excesiva o patológica del estado de ánimo), éstos se producirán en verano.

El Trastorno Afectivo Estacional es más prevalente en mujeres que en hombres (como por regla general sucede con los trastornos del estado de ánimo). Entre sus síntomas destacan aumento del apetito y el sueño, menor energía y capacidad de concentración, pérdida del interés en el trabajo y otras actividades, enlentecimiento motor, aislamiento social, desesperanza, tristeza e irritabilidad.

Como antes se mencionó, también es más frecuente que el TAE ocurra en mayor medida en las latitudes más altas o lugares más alejados del ecuador (por ejemplo, en los países Nórdicos), ya que su ritmo biológico se ve más trastocado por el acortamiento de los días, es decir, por una menor cantidad de luminosidad recibida o de la que poder disfrutar.

Uno de los tratamientos de mayor efectividad, y por tanto el de primera elección en el Trastorno Afectivo Estacional, es la fototerapia o terapia lumínica, consistente en el uso de una lámpara especial de luz muy brillante que imita la luz del sol. Se suele aplicar durante el otoño y a comienzos del invierno para revertir los síntomas anímicos que aparecen con este patrón estacional. Esta terapia ayuda a muchos pacientes a mitigar o desaparecer los síntomas pero, sin duda, nada comparado con poder disfrutar de un maravilloso día soleado.

Otras alteraciones que se benefician de la terapia lumínica son algunos casos de jet lag y en trastornos del ritmo circadiano del sueño o trastornos del ritmo sueño-vigilia debiendo su eficacia al efecto/impacto que tiene la luz sobre la regulación de los ritmos biológicos circadianos.

Para finalizar, de antaño es bien conocido el beneficioso efecto que tiene el sol a nivel físico: dermatológico, por ejemplo. Tras este post hemos desvelado lo favorable que es también a nivel emocional; por tanto, aprovecha los días a partir de ahora más largos (e instala mayor luminosidad en tu hogar, a poder ser, con bombillas que imiten lo máximo posible al espectro de la luz solar, caracterizado por una mayor calidez).
Fuentes: Carlson, N. R., & Birkett, M. A. (2014). Fisiología de la conducta. Pearson Educación.,  Ramos, F., Sandín, B., & Belloch, A. (2011). Manual de psicopatología. Vol. II. McGraw-Hill España.,  www.lavanguardia.com

Escrito por: Maite Nieto Parejo

 

Cuando nuestras vulnerabilidades pueden ser puntos de conexión.

 

Extraída de https://lamenteesmaravillosa.com
Extraída de https://lamenteesmaravillosa.com

En esta sociedad en la que vivimos, ser o mostrarse vulnerable tal cual está bastante mal visto, aumentando aún más el malestar propio de estas situaciones. Sentirse vulnerable hace referencia a un estado psicológico en el que somos conscientes de una herida emocional o malestar psicológico, que en determinamos momentos creemos no poder superar (no es cierto, pero en esos momentos lo sentimos así), y que nos educan consistentemente en ocultar, por miedo a que nos rechacen, que pueda suponer más malestar aún, o que los demás lo puedan aprovechar en nuestra contra. Tal vez, también, por que sentirla evidentemente nos hacemos sentirnos mal, nos inquieta, incomoda, y nos provoca ansiedad. De esta manera tenemos tendencia a construir máscaras de aparente fortaleza, actuando como si no nos ocurriese nada, evitando sentir (y mostrar) nuestra herida. Y al final pareciera como un globo sumergido en las profundidades del mar, que se esfuerza en quedarse sumergido y que cuando encuentra la forma de ascender lo hiciera de repente, con mucha fuerza y sin control, con lo que la expresión no es satisfactoria y los efectos para nosotros mismos y los demás son contraproducentes. Aprendiendo a que el dolor es mejor no expresarlo.

Lamentablemente, cuanto menos auténticos y abiertos nos sentimos al hacerlo, menos probabilidades tenemos de entrar en contacto con experiencias humanas satisfactorias y significativas, por que no sólo implica el poder expresar nuestra vulnerabilidad, si no en escuchar y acoger las experiencias dolorosas de los demás, reproduciendo el mecanismo de evitación y rechazo que repetimos con nosotros mismos, también con los demás, afectando a nuestras relaciones y vínculos más cercanos.

La vulnerabilidad en las relaciones

De este modo, la capacidad de exponernos a los otros y confiar en que nuestras amistades y relaciones acepten una versión de nosotros mismos sin filtro puede ser una tarea muy  desafiante, y más cuando la convivencia con la vulnerabilidad emocional representa un elemento central en cualquier relación sana a largo plazo.

A esto no ayuda que la expresión y sentimiento de la vulnerabilidad emocional se experimente de distinta forma entre hombres y mujeres, puesto que en su expresión afecta las normas y expectativas de la cultura y la distinta educación que hemos recibido por género. En el caso de los hombres, la expresión de la vulnerabilidad no está permitida y la mayoría de las conversaciones que giran en torno al tema tienden a adoptar una postura pragmática y poco empática de las emociones, centrándose más en la mera solución de problemas que en otra cosa.  En el caso de las mujeres, el sentimiento y expresión de la vulnerabilidad tampoco hay un permiso explícito pero se entiende más empatía, se entiende que deben de llevar el peso de sus emociones y gestionarlas por sí mismas por ello (o con otras mujeres). En pareja, cuando se intentan expresar estos sentimientos, suelen darse malentendidos en ese sentido; las mujeres sólo quieren acompañamiento y expresar sus emociones. No quieren soluciones. Los hombres, al haber recibido esa educación diferencial, en el momento que sienten que no pueden (o no saben) dar la respuesta que se supone que se espera de ellos, tienden a rechazar o evitar dichas comunicaciones para evitar sentirse inseguros. Provocándose un círculo de incomprensión y perpetuándose, también, la no expresión de vulnerabilidad en los contextos de pareja.

¿Qué podemos hacer?

En este escenario, aprender a tolerar y entrenarnos en la expresión emocional puede ser una llave que nos beneficia a todos directamente. Así,

  1. Mírate en el espejo (de la introspección). En nuestra vida estamos constantemente luchando por diversas situaciones y roles (trabajo, familia, estudio), siempre hacia objetivos claros y se nos enseña poco a darnos un tiempo para entendernos a nosotros mismos y las intenciones que motivan nuestras acciones. En efecto, implica tomarse tiempo para hacer un ejercicio de introspección y aprender a decirse y expresarse a sí mismo nuestros miedos, conflictos y ansiedades, para más tarde poder decírselas a los demás. Ayuda en muchas ocasiones poder narrar en una libreta nuestros pensamientos y centrarnos en lo que pensamos y hacemos cuando nos sentimos así.
  2. Practica la expresión y comunicación de sentimientos conflictivos y ambivalentes. Efectivamente, las vivencias tienen adheridas emociones y pensamientos no sólo en un sentido positivo y aprender a expresar estos sentimientos conflictivos y contradictorios, sin dar por hecho que las personas nos rechazarán, exponiéndose a decir las cosas cómo uno las piensa, ayuda a entender y fortalecer una conducta que permite tomar mejores decisiones en relaciones, y experimentar una aceptación y consuelo de nuestra propia vulnerabilidad. Pero siempre cuidando y eligiendo las personas que reciben nuestras palabras, pues no todos saben (o pueden) y es mejor hacerlo con personas que sí lo hacen.
  3. Entender la interdependencia de las relaciones. Crear una relación significativa con otra persona implica un equilibrio de independencia y confianza en la relación. Cada vez más (y más en el caso de los hombres) estamos siendo socializados para ser independientes, y confiar en los demás puede ser una expectativa menor. Entender las relaciones como un proceso de interdependencia, en donde entendemos y consideramos también las necesidades del otro, haciendo acciones que las respalden, permite conseguir nuestros objetivos, dentro y fuera de la relación.

Desnudarte emocionalmente es, posiblemente, la experiencia más íntima y enriquecedora de las relaciones, y aunque pensemos que solo nos provocará más dolor y sufrimiento, en realidad nos aliviará nuestros torbellinos internos, nos dará calma y nos ayudará a estar más en contacto con los demás. Al final, merece (y mucho) la pena.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today.

Mitos del amor romántico: causas, consecuencias y alternativas

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com
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A la hora de entender el amor y cómo es (o debe ser) una relación de pareja es fácil que aparezca en nosotros una imagen mental determinada, normalmente establecida a través del prisma de nuestras creencias.

Dichas creencias que nos marcan lo que es correcto y/o deseable respecto a las relaciones de pareja (así como lo que no lo es) a veces toman tintes irracionales, dando lugar a mitos sobre un amor que verdaderamente se hace difícil en la práctica y que puede imponer ideales que ocasionen malestar.

Un mito, ya sea sobre el amor romántico o sobre cualquier otro ámbito, es una historia imaginaria que altera las cualidades verdaderas de una persona o cosa, haciendo que actuemos en parte de manera inconsciente, es decir, guiados por lo dictaminado por dicho mito sin hacer una exploración personalizada del tema en cuestión. En resumen, los mitos ejercen una fuerte influencia sobre las ideas que las personas tienen sobre cualquier tipo de cosa.

Algunos de estos mitos acerca del amor romántico son:

  1. “El amor todo lo puede”: depende… los imperativos suelen ejercer presión en la pareja y muchas veces, aunque queriendo a la otra persona, se produce la ruptura de la relación.
  2. “El amor a primera vista”: no nos engañemos, a primera vista sólo vemos lo tangible, el físico, lo cual nos hace saber si la otra persona nos atrae o no; sin embargo, el amor se construye, y para ello no hace falta ni más ni menos que ir conociendo, poco a poco, a la otra persona.
  3. “La plena compenetración sexual es prueba irrefutable de amor”: este mito va bastante en la línea del anteriormente mencionado amor a primera vista. De primeras todo de esa persona nos enamora y nos gusta, incluyendo las relaciones sexuales (que serán asombrosamente buenas desde el primer día).
  4. “La búsqueda de la media naranja”: existe una persona en el mundo, LA persona, que es la ideal para cada uno de nosotros y nos completa, porque es la otra mitad de nosotros, la media naranja.
  5. “La persona correcta llena todos los aspectos de nuestra vida”: frases del tipo “es igualito a mi, tiene los mismos gustos y aficiones”, “es el/la responsable de mi felicidad” o “cuando estamos juntos somos uno” reflejan este mito, que posiblemente sea uno de los más extendidos en cuanto a la concepción imperante de amor romántico.
  6. “Cuando se está enamorado no es posible sentir atracción por otra persona”: partiendo de la idea de que el amor no paraliza la disposición a sentirse atraído por otros y que la fidelidad es un constructo social que se puede elegir (en pareja) mantener o no en la relación, probablemente sean otra serie de cuestiones las que puedan plantearse en lugar del imperativo latente en este mito.
  7. “Los celos son una prueba de amor” o la versión más sutil de “si quieres a la otra persona ser algo celoso es lo normal” es aquel mito que defiende los celos como muestra irrefutable de amor verdadero y comprometido.
  8. “El príncipe azul”: mito reflejado en el ideal de hombre que corteja, enamora, y lo da todo por “su princesa”, una mujer que siempre está disponible para él. Una historia idílica de amor en la que él aparece como perfecto.

CAUSAS

En general, cada persona posee su propia mitología del amor, basada en sus propias experiencias personales, familiares o dependiente de la cultura donde haya sido criado. Sin embargo, existen una serie de causas que han introducido la idea de amor romántico que actualmente impera, al menos, en las sociedades occidentales y/o del Primer Mundo.

La exposición de este tipo de amor en los medios de comunicación, el cine (con el ideal de las princesas de los dibujos animados), la literatura, etc junto a una historia social donde la mujer no ha tenido un rol equitativo al del hombre (no sólo en el amor, sino en general en todos las áreas vitales) ha sido el medio de difusión para que estas creencias o mitos hayan invadido con tal intensidad el marco mental de la sociedad.

“El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa”, Kate Millet.

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com

CONSECUENCIAS

Algunas de las consecuencias del ideal de amor romántico, y fruto de los mitos anteriormente citados, serían…

  • Obsesión por la búsqueda de esa otra persona que colme nuestra felicidad o sea la proveedora de ella. No saber vivir solos, es decir, sin pareja.
  • Búsqueda desesperada de la felicidad dependiente de otra persona, frustración, no priorización de los propios deseos y necesidades.
  • Internalización de patrones rígidos de cómo tienen que ser nuestras relaciones amorosas.
  • Aprendizaje diferencial de género de lo que es el amor y a la hora de buscar y o empezar una pareja. El patriarcado describe y enseña que el amor no es lo mismo para las mujeres que para los hombres. Para la mujer sólo hay una forma lícita y decente de amar: incondicionalmente. Hemos de ser amante abnegadas, fieles, acríticas, pacientes, …
  • Esperanza de encontrar a la media naranja, a esa persona ideal o idealizada. Ninguna pareja es ideal, cada uno de los miembros que conforman el equipo llamado pareja tiene sus fortalezas y debilidades con las que habrá que ir sorteando los obstáculos del camino llamado vida sin que posiblemente haya una pareja ideal, sino simplemente la más adecuada para ser elegida como compañera de camino.
  • Desistir inmediatamente ante la aparición de dificultades superables en la pareja, ya que no sería nuestro amor verdadero; es decir, no se ajusta al ideal de amor preponderante en el panorama romántico.
  • Relacionado con la consecuencia anterior estaría el mantenimiento del concepto de perfección como requisito en la búsqueda del amor, con el consiguiente desaliento que provoca (por ser inalcanzable).
  • Perpetuación de una sociedad no equitativa ni igualitaria, donde (bajo la concepción del amor romántico y de la mano del príncipe azul) la mujer adopte el rol de tener que ser conquistada, en lugar de, por ejemplo, equidad a la hora de elegir quién da el primer paso o lleva las riendas del gustar a otro.

ALTERNATIVAS

  • Si dudas de si moverte por patrones establecidos es lo que quieres en tu vida permítete explorar aquello que aún no conoces: conoce gente, implanta términos acorde a los valores que guían tu día a día y pon límites allí donde lo creas oportuno, no donde por regla general suelen ser puestos.
  • Al igual que una relación de pareja se va construyendo poco a poco, conociendo y compartiendo las cosas buenas (y otras que no lo son tanto) de la otra persona, con el sexo ocurre lo mismo: puede que las relaciones sexuales sean muy buenas con alguien con el que no queremos estar en pareja y puede darse el caso de que queramos a otra persona pero la parte sexual de la relación sea un ámbito donde no se esté encontrando la satisfacción que se consideraría idónea. Llegados a este punto hemos de saber que se puede trabajar la sexualidad como se trabaja cualquier otro aspecto de la pareja.

El abordaje conjunto, teniendo como base primordial la comunicación y la confianza, servirá como herramienta para el derribo de tabúes e ideas preconcebidas, para autoexplorarse y explorar al prójimo y para ir averiguando aquella actividad sexual que quiere implantarse en la pareja o tal otra que podría ser placentera pero que de momento no es una prioridad (también aquellas otras que no son agradables, si cabe tan importantes como las que se desean). Sólo así, creciendo juntos, se creará una sexualidad asombrosamente buena y que tenga los cimientos para seguir evolucionando a lo largo del tiempo.

  • El amor no siempre lo puede todo. A pesar de la tentación que provoca la idea del “superamor” como forma de controlar la incertidumbre de una posible ruptura o como escudo para creer que todo se puede superar, la idea de que si hay amor en la relación es garantía suficiente y vitalicia para superar cualquier problema es del todo distorsionada.

Reestructurar esas ideas, aceptando la aparición de posibles conflictos en la pareja (los cuales necesitarán de una solución de problemas conjunta) y conocer que el respeto, la confianza y la comunicación no vienen de serie junto con el amor hará adoptar una visión más ajustada de la realidad. Asimismo se evitarán consecuencias dañinas para las personas como podría ser el soportar cualquier tipo de situación perjudicial o vejación en aras del amor.

  • Frente al mito de la media naranja encontramos que cuando venimos al mundo estamos solos, o en todo caso, si lo queremos considerar también, con nuestra familia, amigos, vamos adquiriendo estudios/trabajo… en un momento determinado de nuestra vida llega esa persona de la que nos enamoramos pero, ¿nos completa cual mitad?  ¿o nos aporta a esa vida que ya veníamos vivenciando “en solitario”?. Una de las alternativas a este mito sería visualizar el encontrar pareja como algo que enriquece nuestra vida sabiendo que ya de por sí era satisfactoria previamente como única parte de una naranja que ya estaba completa: nosotros mismos.

Tal vez nuestra pareja no tenga que ser necesariamente igual a nosotros o con los mismos gustos para que la ecuación llamada pareja funcione. Un mínimo de cosas en común, en cuanto a valores desde los que entendemos que queremos vivir nuestra vida, serán necesarios; sin embargo, aficiones, gustos musicales, etc no habrían de ser un handicap si no son compartidos. Puede ser un buen momento para explorar nuevos campos que nos gusten de la mano de nuestra pareja (¡o incluso darnos cuenta de que para nada van a convertirse también en nuestras aficiones!), podemos tener tiempo libre y de ocio nosotros solos si no son los mismos intereses y se puede disfrutar de dicho ámbito de nuestra vida con otros apoyos (amigos, vecinos o incluso asociaciones que se dediquen a ello).

  • Barajar la posibilidad de que puede darse la atracción por otras personas sin que ello necesariamente desemboque en una ruptura de pareja: después de elegir si el constructo social de la fidelidad se instaura en la propia pareja quedará en manos de cada uno de los miembros de ella el establecer los límites de la atracción por unos posibles terceros. Es muy común experimentar algún tipo de afinidad con otras personas, pero sin que necesariamente esto signifique que ya no se quiera a la pareja.
  • “Quien bien te quiere NO te hará llorar” de lo contrario sería un amor tóxico elevado a la enésima potencia. Derribar ese mito y cambiar esas gafas con las que de antemano vemos la realidad ayudará que a la hora de iniciar una relación ciertos comportamientos no se vean como deseables y por tanto tolerables.
  • Cuando en la pareja hacen aparición los celos o se mantiene una relación amorosa con alguien celoso es fácil que comience la problemática en la pareja. En realidad los celos son el indicador del nivel de angustia que siente una persona ante la idea o la posibilidad de que otro “se lleve” aquello considerado como propio (la pareja) así como el miedo a que la persona querida “nos reemplace” (y por tanto haya una pérdida del ser querido, se rompa la pareja). Como alternativa encontramos que estar en pareja no supone ser propiedad de nadie, sino seres libres, que libremente quieren estar con su pareja (así como sería posible que libremente decidieran romperla). A su vez saber que es muy probable que esos celos se estén alimentando y/o siendo fundamentados por problemáticas e inseguridades individuales.

Como conclusión, saber que estos mitos imperan en nuestra sociedad (y tal vez estén desfigurando cómo vivenciamos nuestras relaciones amorosas) puede ayudarnos a ponernos unas gafas diferentes a la hora de entender el concepto de amor, y como consecuencia podremos empezar a establecer los límites necesarios a esos patrones relacionales preestablecidos, a ser posible acorde a nuestros valores.

Fuentes: https://psicologiaymente.com, www.eldiario.es

Escrito por Maite Nieto Parejo