¿Sientes que te miran? Conocimientos desde la neurociencia

Gran parte del conocimiento que tenemos sobre el cerebro proviene de los estudios con pacientes con daño cerebral. Entre ellos, uno de los efectos más llamativos que pueden producirse es lo que llamamos ceguera cortical.

extraída de http://www.rosalindreilly.com
extraída de http://www.rosalindreilly.com

De las diferentes áreas del cerebro, la parte de la nuca, la occipital, es la zona encargada de que podamos percibir estímulos visuales. Aunque tradicionalmente se planteaba como el único área responsable de la visión, el estudio de pacientes con daños en estas áreas nos ha llevado a pensar que no es estrictamente eso. En realidad, la corteza visual es la que nos permite ver conscientemente. Sin embargo, muchas otras áreas del cerebro hacen que veamos cosas de forma inconsciente. ¿Cómo sabemos esto?

Cuando una persona tiene ceguera cortical, expresa que no ve, que no puede percibir ningún estímulo a través de los ojos, pero sin embargo, se ha ido conociendo a través de los estudios de caso que no es estrictamente así. En estos pacientes, se produce lo que se denomina “blindsight” o vista ciega. Si le preguntamos a un paciente con este daño la forma o la localización de algo, nos dirá que no lo sabe, pero si le hacemos adivinar, se encuentra que es más probable que acierte respecto a estas características que lo esperado por azar.

Esta visión ciega, además, nos puede ayudar a aprender más cosas sobre la percepción inconsciente, lo que abre una gran cantidad de posibilidades en el campo de la investigación. Una de las áreas más interesantes es la visión ciega afectiva. Esto implica que incluso sin la conciencia de estar viendo algo que puede asustarnos, en nuestro cerebro puede producirse una respuesta de miedo.

De hecho, incluso podemos tener una respuesta de miedo condicionado a un estímulo visual de forma inconsciente. En un estudio del 2003 (Hamm et al.), con un paciente con ceguera cortical, se creó una respuesta de miedo en él, ya que ante una clave visual, se le administraba un calambre. Esto dió lugar a que cuando se producía esta clave visual, ya mostrara unas respuestas de miedo anticipatorio, aunque no tuviera conciencia visual de que estaba ahí.

Esto nos hace pensar que las sensaciones de miedo no necesitan pasar por la corteza cerebral para ser procesadas, en muchas ocasiones pueden seguir una vía subcortical, implicando a la amígdala, la estructura cerebral responsable de las respuestas de miedo, de forma que existirá de forma inconsciente.

Esto es posiblemente lo que podía estar ocurriendo en el caso del paciente TN (Burra, 2013). En este caso, se trató de comprender cómo procesamos estímulos visuales como las caras. El paciente, con ceguera cortical, trató de “adivinar” cuándo las imágenes de caras que se le presentaron le estaban mirando o no. En principio, la respuesta de este paciente era que no podía saberlo, ya que no es capaz de ver. Sin embargo, cuando se le insistió en que intentara adivinarlo aún sabiendo que no lo ve, sí logró acertar por encima de lo esperado por azar.

Además, un resultado especialmente interesante, es que cuando las imágenes mostraban una mirada directa hacia él, al medirlo con una resonancia, se observó que se activaba la amígdala. Además, esta activación también aparece en el grupo control, sin ningún tipo de lesión.

Cuando las personas tienen esa sensación de que alguien les está mirando, incluso aunque puedan reconocer que no es así, y les hace sentir cierta inquietud, ¿podría explicarse porque han percibido alguna mirada hacia ellos de forma inconsciente y es necesario para la supervivencia saber de dónde proviene? ¿Quizá su amígdala esté demasiado activada y eso provoque la sensación de que les miran?

Sea como sea, parece que la parte inconsciente de la percepción aún tiene muchas cosas que explicar de nuestro día a día.

Fuentes: mindhacks.com, jneurosci.org, academic.oup.com

Burra, N., Hervais-Adelman, A., Kerzel, D., Tamietto, M., De Gelder, B., & Pegna, A. J. (2013). Amygdala activation for eye contact despite complete cortical blindness. Journal of Neuroscience, 33(25), 10483-10489.

Hamm, A. O., Weike, A. I., Schupp, H. T., Treig, T., Dressel, A., & Kessler, C. (2003). Affective blindsight: intact fear conditioning to a visual cue in a cortically blind patient. Brain, 126(2), 267-275.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

¿Y si creamos círculos virtuosos?

Extraída de: www.crecimientopositivo.es
Extraída de: www.crecimientopositivo.es

Hace dos semanas murió quien para mí ha sido más que una abuela, con 102 años, la persona más pequeña que conozco y la más grande, la más débil por sus años y la más fuerte y viva, siempre volcada con los demás, pendiente de las necesidades más vitales de las personas que le han rodeado, dispuesta a mover la tierra entera para hacer un favor a alguien necesitado, a alguien querido, a cualquiera que se lo pidiera, una persona llena de amor, de esperanza. Qué fuerza y tenacidad y a la vez, qué ternura y suavidad cuando te daba la mano y te la sujetaba para darte aliento en cada situación de la vida. Con ella, el mundo se ha quedado un poco huérfano, se ha quedado un poco más vacío. Para mí, ella es un ejemplo de que existe el altruismo. Una conducta altruista es aquella que beneficia a otra, y que  ha sido realizada con el objetivo de reducir el malestar o problema de otra persona, sin tener en cuenta las propias necesidades. O que incluso la realización de tal acción proporciona más beneficios al receptor que a quien la realiza, llegando a incurrir en el donante de ayuda algún tipo de coste.

¿Creéis realmente que el hombre es altruista por naturaleza o que las personas llevamos a cabo actos altruistas porque conllevan finalmente un beneficio personal, es decir, que responden a un fin egoísta último?

En psicología hay dos modelos predominantes sobre las conductas altruistas, los cuales comparten una visión egoísta de la conducta de ayuda, el modelo del alivio del afecto negativo, de Cialdini y sus colegas, según el cual cuando la gente experimenta emociones negativas de culpa por haber perjudicado a alguien o de tristeza por haber sido testigo del daño a otra personas, se siente motivada a reducir ese estado emocional desagradable, siendo la conducta de ayuda una de las formas para conseguirlo. Sin embargo, si puede realizar otras conductas que si consigan liberarla del estado negativo, la conducta de ayuda será poco probable.

El segundo modelo es el de activación y coste-recompensa de Piliavin y sus colegas, modelo que sostiene que al presenciar el sufrimiento de otra persona se desencadena en la persona una activación empática que cuando es atribuida al problema del otro, se experimenta como  una emoción desagradable que mueve al individuo a reducirla. Ayudar a otro sería una forma de reducir el estado emocional desagradable. Pero la activación por sí sola no lleva al individuo a ayudar, sino que éste evalúa los costes-beneficios de diferentes acciones para reducir el malestar y se decide por la que tenga menos costes y más recompensas.

Sin embargo, Batson defendió que realmente existe una motivación altruista y propuso un modelo llamado modelo de empatía-altruismo que defiende el hecho de que ver a una persona que necesita ayuda puede provocar no sólo un estado de activación desagradable, sino también una respuesta emocional de preocupación empática por lo que le ocurre al otro que mueve al individuo a actuar, no para reducir su propio malestar sino para aliviar la necesidad del  otro, considerando la conducta humana como verdaderamente altruista. Para ello, llevaron a cabo numerosos experimentos y descartaron una por una las posibles explicaciones egoístas de la conducta de ayuda, y consiguieron apoyar su hipótesis de que existe una motivación altruista. Diseñaron experimentos en los que a la mitad de los participantes se les inducía preocupación empática por una persona que tenía un problema (pidiendo, por ejemplo, que se imaginaran cómo se sentía esa persona) y a la otra mitad no, ofreciéndoles luego a todos la posibilidad de ayudar o no. Además, se permitía a la mitad de los participantes reducir la emoción desagradable mediante otras conductas más fáciles (evitando o abandonando la situación), mientras que a la otra mitad se les impedía esa vía. Los resultados mostraron que los sujetos no motivados empáticamente elegían la alternativa que menos costes suponía para liberarse del malestar, mientras que los empáticamente motivados ayudaban tanto cuando la ayuda era la vía más fácil como cuando era la más difícil, prueba de que lo que les movía era reducir el malestar del otro, no el propio (Toi y Batson, 1982). También demostraron que las conductas altruistas se daban aun cuando se eliminaba la mala imagen ante la falta de ayuda,  en estos estudios los participantes empáticamente motivados ayudaban incluso cuando se descartaba la posibilidad de que otros conocieran o evaluaran su conducta.

Existe dentro de la teoría matemática la hipótesis de los 6 escalones, que consiste en que cualquier persona puede tener acceso por medio de su círculo de conocidos (y a través de éstos, de las amistades de sus conocidos y así hasta seis niveles distintos) a cualquier persona en el mundo. Tendemos a pensar que el bien o el mal son una cuestión de dios, de la suerte o del Karma, sin embargo, son reacciones que vienen dadas por cómo nos comportamos con las personas con las que coincidimos, de forma que si nos comportamos altruistamente con nuestro círculo de conocidos el efecto de esta actitud, podría proyectarse y ser exponencial.

Dicho de otra manera, no podemos cambiar el mundo, pero sí nuestra manera de actuar en él y esto, tal vez, pueda cambiar el mundo. Personas como mi abuela, me lo han demostrado.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias:

Texto:

Cialdini, R. B, Kenrick, D.T y Baumann, D.J. (1982). Effects of mood on prosocial behaviour in children and adults. En N. Eisenberg (Ed), The development of prosocial behaviour (pp.339-359). Nueba York: Academic Press.

Piliavin, J.A, Dovidio, J., Gaertner, S. y Clark, R.D. (1981). Emergency intervention. Nueva York: Academic Press.

Toi, M. y Batson, C. D (1982). More evidence that empathy is a source of altruistic motivation. Journal of personality and social psychology, 43, 281-292

Lo que nos hace creativos: La Personalidad Creativa

Extraído de www.paradigmacreativo.com
Extraído de www.paradigmacreativo.com

La creatividad es una de nuestras cualidades fundamentales y más poderosas de nuestro intelecto. En realidad, y tal y como describen los principales autores expertos en el tema, todos podemos ser en mayor o menor medida creativos, si bien cada uno posee un sustrato biológico que le hace más susceptible al desarrollo de unas potencialidades concretas, y por otro, que a pesar de ser un rasgo estable en el individuo, puede ser dependiente del entorno y del contexto, aumentando la capacidad creativa cuando tomamos una distancia psicológica respecto al problema. La creatividad ha sido descrita como una característica que encierra una enorme complejidad, implicando un funcionamiento interactivo del cerebro, tanto a nivel cognitivo como emocional. De esta manera, la neuropsicología ha reconocido la participación dinámica de diversas estructuras situadas en zonas temporales, prefrontales o parietales; íntimamente relacionadas con la memoria, la función ejecutiva o la imaginación¸ desestimando las teorías tradicionales que adjudicaban la creatividad al funcionamiento diferencial del hemisferio derecho, y demostrando más un procesamiento global, dinámico y en constante interacción de todo el cerebro.

Cuando se habla del creativo ideal, se describe a una persona que disfruta enormemente de lo que hace, que trabaja de forma constante, con un alto grado de autoexigencia hacia sí mismo y a los demás y con un alto grado de implicación en la tarea y vista ésta como un reto hacia sus capacidades y sus motivaciones. Es alguien activo y en flujo continuo con los objetos, situaciones o personas con las que se rodea.  Por esta razón, en el mundo laboral la creatividad es una característica tan codiciada, implicada íntimamente con un rendimiento laboral alto, una inteligencia emocional por encima de la media, capacidad para la resolución de problemas y las respuestas flexibles a los problemas. Pero, ¿no podemos ser susceptibles todos de mostrar un comportamiento creativo? ¿No nos pasa que a veces una tarea nos gusta tanto que perdemos la noción de tiempo, proponemos mil alternativas para mejorar su ejecución y estamos largo tiempo con ella?. Os dejamos una serie de cualidades de las personas altamente creativas, que podemos entrenar y sacar el mayor partido en nuestro día a día:

  1. Cuidan su energía y sus ritmos de trabajo. Contrariamente a lo que podría pensarse, la persona creativa sabe de sus capacidades y tras una temporada de trabajo intenso y concentración, vuelven a un estado de tranquilidad y sosiego para recargar sus baterías y volverse a sacarse el máximo partido. Estos periodos de descanso pueden ser también de reflexión o de ociosidad.
  2. Normalizan los opuestos y el cambio como expresiones cotidianas de la vida. En efecto, las personas creativas se experimentan como “muchas personas a la vez”, pudiendo ser por ejemplo muy abiertas en algunas situaciones y en otras más dadas a la introspección e introversión. Aunque a veces esto puede resultar un problema, esto le ayuda a entender el cambio como algo habitual en la vida, con lo que situaciones altamente estresantes pueden convertirse en todo un reto pasado el primer momento de crisis. Perciben las oportunidades y las contradicciones donde otras se quedan en las primeras impresiones.
  3. El desorden les estimula. Sí, las personas creativas pueden tener periodos de tiempo tremendamente desorganizados y despreocupados y sin embargo, suelen persistir en la tarea cuando muchos otros desisten y trabajar sin descanso durante horas y horas, perdiendo la noción del tiempo. Su secreto es combinar el orden y la perseverancia con el despiste y la despreocupación, aunque a los demás le cueste entenderlo.
  4. Sueñan despiertos. Las personas creativas conviven con la realidad y las ensoñaciones. Pensar sin un rumbo fijo y aparentemente en las nubes les permite alejarse de los caminos establecidos y ver asociaciones e ideas que los demás no ven y captar la información más relevante sin tener en cuenta los distractores habituales. En realidad, soñar despierto es más exigente y dinámico de lo que cabría pensar.
  5. Son observadores natos. La curiosidad es uno de sus motores más importantes, y todo puede ser susceptible de ser estudiado, comprendido y expandido. Pueden pasarse horas enteras centrados en sólo en una cosa, que puede permitirles el entendimiento de otras cosas más importantes. Y esta curiosidad también se extiende a los otros, con gran interés hacia los otros y a sus reacciones. Esto puede hacerles vulnerables cuando sus creaciones no consiguen el efecto esperado, con lo que pueden sentirse incomprendidos o no muy bien entendidos por los otros.
  6. Disfrutan del proceso creativo y convierten las tareas en metas. Tanto, que pueden pasarse horas trabajando, arriesgando y probando caminos diferentes, y ven cada tarea en una oportunidad para aprovechar su talento y habilidad. No se amedrentan con los errores y las caídas y suelen levantarse hasta conseguir sus objetivos e intereses.
  7. Están abiertos a las experiencias diferentes. Sin duda, la variedad en las experiencias que viven les permite adquirir una actitud de continua exploración, lo que permite no dar por sentado nada y dar mayor riqueza a lo vivido. Esto se refiere también a probar sensaciones, experiencias y situaciones que pueden salirse de toda norma social.
  8. Y sin embargo, también pueden ser muy tradicionales. En efecto, salirse de la norma sólo puede darse si se conoce muy bien la cultura de referencia y haber aceptado mucho de los valores tradicionales como ciertos; de la interiorización y reflexión de los mismos surge la rebeldía y el escepticismo a unos concretos.
  9. Tienen muy buen gusto. Disfrutan de la belleza y de lo que las otras personas no ven y para ellos es tremendamente fascinante. Tienen inclinaciones y gustos artísticos y en están en constante búsqueda de nuevas cosas que les interese.

Ya sabéis, la creatividad también puede aprenderse y estimularse. Basta con abrir bien los ojos a lo que tenemos a nuestro alrededor y percibir de cada momento lo que podemos aprender. ¿A que estáis esperando?

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: El País Digital, Huffington Post, Psychology Today, Rincón de la Psicologia, Scientific American

¿Se puede controlar la hostilidad?

 

Fotografía extraída de www.quesignificado.com
Fotografía extraída de www.quesignificado.com

El estudio de la hostilidad está estrechamente relacionado con el estudio de la ira y de la agresión. La hostilidad, según Smith (1994) se trata de un sesgo cognitivo (un punto de vista que no tiene por qué ser realista), por el cual se devalúa el valor y los motivos de los otros, se tiene la expectativa de que el resto de las personas están equivocadas y se siente una oposición hacia ellos, que puede acabar en deseos de infligir daños a éstos o ver a los demás como dañinos.

La hostilidad implica una percepción de los demás como fuente frecuente de provocación, maltrato y frustración, asumiendo por ello que los otros no merecen la confianza ni el respeto.

Durante los años 50 y 60, las medidas más empleadas para la valoración de la hostilidad y la agresión fueron las técnicas proyectivas (ejemplo: test de Rorschach o el Estudio de imagen-frustración de Rosenzweig), sin embargo, en la actualidad se utilizan con mayor asiduidad cuestionarios y escalas específicos (Inventario de Hostilidad de Buss-Durkee, la Escala de Hostilidad manifiesta de Sigel, etc.).

Se puede observar que la hostilidad es una emoción altamente experimentada por aquellas personas de patrón de conducta Tipo A (personas muy competitivas con una alta orientación al logro, por lo habitual dispuestas al enfrentamiento ante cualquier obstáculo, sea contextual, objeto o persona), pero al margen de este colectivo, la hostilidad se considera un factor de riesgo de trastornos coronarios. Las personas con una actitud hostil pueden generar a su alrededor un ambiente con escaso apoyo social. Esta forma de actuar elicita en los demás comportamientos de enfrentamiento, y esto a su vez, refuerza y reivindica las creencias que tienen y de manera habitual redunda en una disminución de conductas saludables.

Numerosos estudios han demostrado una mayor respuesta cardiovascular y neuroendocrina ante los estresores en las personas hostiles (Williams, Barefoot y Shekelle 1985; Smith 1992; Houston 1994; Gayll y Contrada 1998). Es de especial interés el estudio longitudinal que realizaron Barefoot, Dahlstrom y Williams (1983) llevado a cabo a lo largo de 25 años y con la ayuda de 255 médicos. En él, comprobaron que aquellas personas con alta puntuación en la Escala de Hostilidad Cook-Medley, ofrecían una mayor incidencia de enfermedad coronaria que quienes obtenían una puntuación baja en proporción de 5 a 1. Además, el promedio de mortalidad se disparaba hasta 6,4 veces en los sujetos con puntuaciones por encima de la media.

Los mismos resultados se contrastaron por Shekelle, Gale, Ostfeld y Paul, también en 1983, Dembroski y Costa (1987) o por Houston, Chesney, Black, Cates y Hecker (1992).

Sin embargo, en realidad, la hostilidad es una emoción adaptativa, que surge en aquellas circunstancias que de manera prolongada en el tiempo nos frustran, bloquean nuestros objetivos o nos minusvaloran, pero sobre las que (de manera consciente o no) entendemos que podemos actuar. La hostilidad es una herramienta que nos sirve para alcanzar objetivos de manera expeditiva, y es por ello que resulta importante dentro del bagaje cognitivo del hombre. Sin embargo, al igual que la ira, el miedo, la ansiedad o cualquier emoción que pueda tener un aspecto negativo, su uso y experimentación continuada en el tiempo puede volverse crónica y/o patológica. Es en estas condiciones cuando se puede volver desadaptativa, perdiendo el valor que puede ofrecer a nuestras vidas y convirtiéndose en un lastre del que resulta complicado desembarazarse.

Todas las personas tenemos la capacidad en mayor o menor medida de entender y gestionar nuestras emociones, y nuestra capacidad empática determinará hasta dónde podemos entender las de quienes nos rodean, de manera que dependemos de nuestro bagaje de experiencias y de la motivación que tengamos para controlar esta cuestión.

Finalmente nos encontramos con una duda importante, ¿es posible controlar nuestra hostilidad?

La respuesta rápida será que depende de las ganas que tengamos para ello y de lo habituados que estemos a hacerlo. Por esto, una persona que generalmente controla su estado emocional (o que se encuentra en un contexto en el que se exige su gestión) tendrá una mayor capacidad para hacerlo.

La respuesta desarrollada sería que hay dos vías de razonamiento en el cerebro: la rápida y la lenta. La vía rápida es la que lleva la información de los estímulos directamente a la amígdala, que es la encargada de valorar emocionalmente el estímulo y producir una respuesta rápida (ataque, huida, etc.). Esta respuesta no se condiciona por el medio, sino por las impresiones más primitivas del cerebro y nuestro estado de ánimo, siendo así más probable que en un estado afectivo negativo demos una respuesta airada, hostil…. agresiva. Esta vía no tiene en cuenta las circunstancias, para ello es necesario que el estímulo vaya al cerebro por la vía lenta, pasando por el neocortex y el hipocampo, y de ahí, a la amígdala. En este caso, se analizan una mayor cantidad de factores involucrados en la situación y la respuesta emocional que se genera es más adaptada a la situación y menos impulsiva.

Este segundo tipo de razonamiento nos capacita para reducir los niveles de hostilidad y para ello es necesaria una fuerte motivación a la hora de enfrentar las situaciones para evitar acostumbrar al sistema a responder por la vía rápida.

Es por esto que las técnicas más utilizadas en terapia con personas con agresividad son las técnicas que intentan que los pacientes tomen conciencia de las situaciones y pongan en marcha acciones distractoras y elicitadoras de emociones positivas que, aunque no tengan especial fuerza en esos momentos de hostilidad, sí consigan obligar al sistema a procesar la información por la vía lenta.

Es importante que la persona entienda que muchas de las actitudes negativas de quienes les rodean no son más que el sesgo negativo que produce su estado afectivo y que un cambio en la interpretación de las situaciones dará lugar de manera inmediata, a un conocimiento más real de la situación y a un comportamiento más adaptativo para el propio sujeto y para los demás.

Escrito por Sara Reyero Serret

Fuentes del texto:

Smith (1994). Anger, hostility and the heart.

Wrightsman, L. S. (1992). Assumptions about human nature. Sage publications.

Goleman, D. (1995). Emotional intelligence. Bantam books.

Eysenck, H. J. (2000). Intelligence: a new look. Routledge.

Nueve experimentos de la Psicología que son replicados con éxito

Extraída de http://sostenibilidad.semana.com
Extraída de http://sostenibilidad.semana.com

La replicabilidad en las investigaciones es uno de los máximos objetivos en todo proyecto científico, y actualmente es uno de los temas que más preocupan, conscientes de la necesidad de robustez y validez en la ciencia psicológica.  De esta forma, en el año 2015 se lanzaba el proyecto Reproducity Proyect: Psychology, el mayor esfuerzo conjunto para replicar los resultados en psicología. Los resultados fueron poco alentadores; a pesar de contar con muchos de los propios autores de los distintos estudios para conseguir dicha meta, sólo se consiguió repetir las conclusiones en un 39% de los casos. En algunos casos incluso encontrando resultados contrarios a los experimentos originales. Aunque podría parecer desesperanzador, la mayoría de investigadores fueron optimistas a la hora de hacer autocrítica, considerando estos resultados como una llamada de atención y como el principio para mejorar los mecanismos de financiación y los incentivos a los investigadores, que a veces se van abocados a realizar investigaciones novedosas por encima de su probabilidad de replicabilidad para seguir con carrera investigadora.

Por ello, han surgido toda una serie de investigaciones que buscan mejorar y replicar los resultados para salir de esta crisis en el campo. De este modo, se han replicado positivamente resultados relacionados con la psicología cognitiva y procesos como la memoria, la atención o la capacidad de aprendizaje. En este caso, los resultados se obtuvieron a partir de la plataforma para encuestas de Amazon Mechanical Turk, donde los participantes tuvieron que realizar dos veces cada experimento para comprobar la validez de los mismos. Los nueve efectos cognitivos que demostraron robustez fueron:

  • El efecto Simon: Hace referencia a la tendencia de la persona a responder hacia la dirección de aparición del estímulo, de manera que le ejecución de las tareas es menor si el estímulo que se presenta exige una respuesta contraria. Los participantes fueron más rápidos si el estímulo presentado aparecí en el mismo lado de presentación del estímulo. Este efecto tiene grandes implicaciones a la hora de diseñar interfaces para ordenadores.
  • La Tarea de Flankers: Es una tarea de inhibición de la respuesta. Como predice el efecto, los participantes dan respuestas más rápidas y eficaces cuando el estímulo diana a elegir coincide con la forma de los estímulos irrelevantes. En el experimento, contestan más rápido si el estímulo diana (una vocal) está rodeado de otras vocales que si lo que rodea a esa vocal son consonantes. Con ello, se demuestra que no podemos dejar de procesar lo irrelevante del todo.
  • Priming Motor: El efecto priming habla sobre la memoria implícita, en la medida de que estímulos presentados previamente (llamados “primos”) a una tarea pueden influir en el rendimiento de la misma. En la prueba, los participantes tienen que repetir y reproducir una respuesta acorde con el estímulo que se presentan (ejemplo: estímulo flecha a la izquierda, los participantes dan a la tecla flecha izquierda). Si se les presenta un primo precedente igual a la respuesta que tienen que dar, la respuesta es mucho más rápida. Si por el contrario, el primo señala el camino incorrecto, la respuesta de los participantes es más lenta.
  • Priming asociativo: los participantes tienen que decir lo más rápido posible si las palabras que se presentan eran reales o no. Esto mejora considerablemente si a los participantes se les presenta un estímulo primo previo relacionado con las palabras reales a señalar. Este efecto demuestra que la activación se propaga en redes relacionadas de información en nuestra mente.
  • Priming de repetición: se pasan listas de palabras frecuentes e infrecuentes varias veces, y la persona tiene que determinar si las palabras son reales o no. Como en las pruebas de priming anteriores, el rendimiento mejora si las palabras a discriminar se han pasado previamente, y es más pronunciado para las palabras infrecuentes, demostrando una curiosa relación entre memoria a corto plazo (por lo cercano de la presentación) y la memoria a largo plazo (si las palabras han sido almacenadas o no).
  • Falsas memorias: En la prueba, se pasan secuencias de palabras relacionadas unas con otras. En las pruebas de reconocimiento posterior, los participantes son más propensos a decir que cualquier palabra nueva está en las listas previas si tienen un significado similar a la secuencia de palabras relacionadas que si no tenían nada que ver. Este efecto muestra la notable falibilidad de nuestra memoria.
  • Efecto de la Posición Serial de la Información: A los participantes se les da una lista de 20 palabras, y en efecto, se muestra como se tiende a recordar aquellos estímulos que estan situados al principio y al final de la lista.
  • Simulación de forma: Para estudiar este efecto, se facilita pares de imágenes y oraciones. Cuando se presentan los dibujos, los participantes deciden si lo que representa tiene que ver con la oración presentada previamente. El efecto se demuestra cuando el dibujo concuerda con lo representado en la frase, siendo la respuesta de los participantes más rápida. El efecto muestra la capacidad automática de representarnos visualmente lo que leemos.
  • Efecto del Espaciamiento: En el test, se presentó docenas de palabras, con palabras repetidas más de una vez (conocidas como “palabras presentadas de manera masiva”) con palabras presentadas de manera más espaciada. En las pruebas de recuerdo posterior, los participantes recuerdan más palabras presentadas de manera espaciada que “palabras presentadas de manera masiva”, un efecto básico en la adquisición del conocimiento, donde se aprende mejor cuando se divide el material a estudiar que si se estudia en una única sesión de memoria.

Así, se muestra como sí que hay muchos de los efectos estudiados que pueden reproducirse y confirmarse, aunque esto es más probable que se produzca cuando los procesos y efectos a estudiar son más fácil de encapsular y controlar para la investigación. Es importante seguir avanzando para mejorar la replicabilidad de los experimentos y los métodos para mejorar su verificación.

Escrito por David Blanco Castañeda.

El ying y el yang de las emociones

 

Extraído de http://www.begonafernandez.com/quien-soy/
Extraído de http://www.begonafernandez.com/quien-soy/

Todos conocemos a alguien con un temperamento difícil, en la oficina, en el grupo de amigos, o en la comunidad de vecinos, siempre hay alguien a quien parece molestarle todo lo que escucha o se le dice, sea bueno o malo, extrayendo conclusiones negativas antes de valorar los hechos, y colocando cada situación de la vida bajo el prisma de la negatividad.

En la psicología sobre las emociones, los estudios de Russel y Lemay (2000) y Scherer (2001) inciden en la diferencia entre: el tono emocional de base, el proceso emocional, y el rasgo o tendencia emocional.

El primero sería el poso de nuestro temperamento emocional, la manera por la cual afrontamos la vida; es decir, teniendo en cuenta que las emociones son un proceso mental adaptativo hacia el medio ambiente y hacia nuestra vida interior, aquella de las emociones primarias (miedo, ira, felicidad, tristeza, asco, sorpresa) que gobierna de manera habitual nuestro proceso de asimilación de la información.

El proceso emocional es una herramienta adaptativa que permite al cuerpo estar preparado ante las situaciones que se presentan, activando los procesos fisiológicos y psicológicos necesarios para actuar ante un evento concreto (aumento del ritmo cardiaco ante una situación de peligro o liberando noradrenalina cuando nos embarga la ira).

Sin embargo, en ciertas situaciones continuadas de estrés, conflicto o ansiedad, se puede producir una tendencia al alza en favor de una emoción concreta, posibilitando un hábito recurrente al realizar nuestras atribuciones (las explicaciones que damos a los eventos que nos suceden), influenciados por una de las emociones primarias.

Una persona con un rasgo emocional centrado en la ira, se preocupará ante cada estímulo, creyendo que todo lo que le ocurre en la vida está, de alguna manera, en su contra, recordando especialmente aquellas situaciones que le produjeron frustración, y dejando pasar el resto de la información situacional que pudiera invitarle a pensar de manera distinta. De la misma forma, alguien cuyo rasgo emocional dominante fuera el miedo temerá las actitudes de cuantos le rodean, creyendo que toda intención persigue como fin último lastimarle, menospreciarle…

Estos rasgos pueden terminar siendo un mecanismo alejado del objetivo de las emociones (la adaptación al medio), ya que eliminan la capacidad del organismo para entender el entorno, las personas que le rodean y sus intenciones, su lenguaje no verbal y a veces incluso el verbal. Esto se da porque las experiencias con valencia negativa, es decir, las que producen malestar, son más duraderas en el tiempo, se pueden llegar a prolongar hasta los 110 minutos sin necesidad de nuevas interacciones negativas. Mientras que las experiencias positivas apenas alcanzan los 40 minutos de duración.

Como nuestro organismo tiene un fin hedónico, buscando el placer y trata de evitar o huir del dolor, una exposición continuada a factores de carácter negativo puede redundar en asociaciones continuadas (y a veces erróneas) de la realidad, provocando estados de ansiedad, de depresión o, en situaciones críticas, el efecto burnout, entre otros.

De esta manera, las distintas disciplinas psicológicas tratan de afrontar estos efectos por diferentes medios, siendo una parte fundamental la argumentativa. El paciente necesita saber que las fórmulas que se utilizan para construir la realidad son, a la par que subjetivas, producto de los hábitos, de manera que son susceptibles de cambio ya sea por medio de los métodos conductuales, psicoanalíticos, humanistas o cognitivos.

No hay que olvidar que buena parte de la valoración de nuestro entorno depende de la manera en que lo percibimos, de manera que las atribuciones que hagamos de él  definirán cómo lo percibimos. Así, en psicología social se estudia el tipo de carácter llamado selfhealing o auto-reparador, (Murphy, Michael; Donovan, Steven; Taylor, Eugene; 1997), cuya principal característica radica en una composición de la realidad fundamentada en el positivismo. Varios estudios demuestran que la felicidad como tono emocional base, y una valoración razonada de los sucesos que nos rodean como felices, reduce la frustración, los procesos automáticos de atribución (prejuzgar, miedo al cambio…) y mejoran el auto-concepto (cómo me veo a mi mismo).

Por otro lado, hipótesis actuales acerca de la inteligencia emocional, como las de Mayer, Caruso, Salovey (2000a y 2000b), hacen hincapié en la importancia que tiene para uno mismo el conocimiento de las propias emociones, de cómo nos afectan y de qué manera se pueden utilizar en nuestro beneficio. Estas capacidades otorgan al organismo herramientas para amoldarnos al entorno, no de manera automática, como suele ser habitual, sino de una manera consciente para obtener un mejor resultado, teniendo en cuenta las consecuencias de nuestros actos y actitudes en nuestra consecución de objetivos, y descubriendo con mayor precisión las emociones de quienes nos rodean.

A modo de conclusión, para poder disfrutar de una vida plena y satisfactoria, hay que trabajar en aquellos hábitos que nos ayuden a recuperar nuestro sistema emocional, recalibrarlo y adaptarnos al medio. Las emociones, por tanto, se convierten en una herramienta fundamental en la consecución de tal adaptación.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias:

Russel y Lemay (2000). Concepts of emotion. M. Lewis & J. Haviland.

Scherer (2001). Appraisal processes in emotion: theory, methods, research. Oxford UP.

Murphy, Michael (2012). Behavioral and brain sciences.

Mayer, Caruso, Salovey (2000a y 2000b) Emotional intelligence meets traditional standards for an intelligence.

¿Qué ocurre con nosotros cuando vivimos una experiencia traumática?

Extraído de http://www.unvm.edu.ar.
Extraído de http://www.unvm.edu.ar.

Hablar de un trauma psicológico es hablar de acontecimientos que amenazan profundamente la seguridad y bienestar de las personas que lo sufren, no sólo por el evento real que produce los síntomas, sino porque las personas que experimentan un trauma se sienten  tremendamente abrumadas e incapaces de hacerle frente. Aunque tradicionalmente el trauma se ha considerado producto de situaciones con efectos extraordinariamente estresantes para la supervivencia de la persona (de hecho, el estrés postraumático se comenzó a estudiar con los excombatientes de la guerra de Vietnam, por las graves secuelas psicológicas que les incapacitaban a la hora de re-adaptarse a la vida cotidiana), actualmente se considera traumática cualquier situación que nos dejan trastocados e impotentes para entender las razones que explican el trauma y no es necesario un daño físico para experimentarlo. De este modo, podemos experimentar un trauma también siendo testigos de un evento violento y que afecta gravemente nuestra cosmovisión.

La persona traumatizada se siente entumecida y desconectada del mundo que le rodea, su percepción se ha alterado y deja de percibirlo como algo estable y seguro; de manera que desconfían de las personas, no expresan sus vulnerabilidades por miedo a sufrir daños, y tiende a aislarse y rehuir el contacto social. La experiencia del trauma es única e intransferible para cada persona, considerándose un punto de inflexión para la vida de la persona y de sus personas más cercanas. Por todo ello, sus reacciones pueden parecer muy intensas y desconcertantes. Aquí os ofrecemos un compendio para poder entenderlas mejor:

1.Re-experimentación del trauma. Muchas personas traumatizadas se sorprenden de volver una y otra vez a los eventos perturbadores en un bucle angustioso, tras estímulos cotidianos que los despiertan. A veces se presentan en forma de flashback, donde a pesar de que no hay nada en el contexto que resulta amenazante, la persona actúa y siente como si estuviera otra vez allí, inundando a la persona de recuerdos negativos y sin oportunidad para procesarlos. Esta constante re-experimentación también puede producirse mediante pesadillas, que pueden volverse constantes y aunque no siempre versan sobre el contenido traumático, sí que producen una intensa sensación de inquietud y miedo cuando la persona se despierta.

2.Reacciones emocionales intensísimas. En ese sentido, la persona traumatizada  puede tener reacciones emocionales una desproporción importante respecto a los estímulos que lo provocan, de difícil control cuando le invaden y que se producen cuando piensan que están otra vez en la situación. Pueden sentir miedo porque los estímulos que despiertan nos resultan tan amenazantes que no podemos enfrentarlos. Tristeza devenida de un sentimiento constante de vivir en un mundo peligroso e inseguro, donde no podemos hacer nada por cambiarlo y donde nuestro futuro se presenta incierto y lleno de pesares. Ira en forma de irritabilidad, porque somos incapaces de entender lo que nos pasó y a quien nos infringió semejante daño. Y mucha culpa, porque no hicimos lo que consideramos correcto y creemos merecemos lo que nos pasó por no hacerlo en su momento.

  1. Embotamiento afectivo. Estas reacciones emocionales se entremezclan con un sentimiento constante de entumecimiento. Cómo las emociones les resultan extremadamente inestables y desagradables, las personas traumatizadas prefieren contener y reprimir sus emociones cuando no están dentro de los episodios de revivencia, suprimiendo tanto las emociones positivas como las negativas. Si bien se considera una respuesta natural de protección en un primer momento, se considera una grave falla a largo plazo, experimentándose ellos como testigos de su propia vida y con incapacidad para sentir.
  2. Evitar eventos y/o estímulos relacionados con el trauma. En el momento traumático, el cerebro traumatizado no procesa la información ni los estímulos como normalmente los procesa. La huella de memoria se fragmenta impidiendo un procesamiento normal. De esta manera, cada vez que ven un estímulo que pudiera estar en el momento traumático, la persona reacciona de la misma manera, impidiendo el procesamiento normal también en su vida cotidiana. De esta manera, la persona empieza a evitar todo lo relacionado con el trauma, dejando de hacer muchísimas actividades relacionadas para no sentir, pero también dejando muchas actividades agradables que podrían ayudarle enormemente en la superación del trauma.
  3. Cambios en cómo ve el mundo y a los demás. Las personas traumatizadas no se relacionan con los demás al considerar a los demás potenciales amenazas o también causas de revivencia del trauma. Se produce un reprocesamiento de la realidad como algo violento y extremadamente peligroso, donde podemos sufrir constantemente y es mejor estar preparado para cualquier daño. De este modo, prefieren estar solos y sin contacto con los demás, y preparados para cualquier tipo de daño potencial.
  4. Efectos graves en su autovalía y eficacia personal. El evento traumático produce un efecto devastador en la manera en que afronta la persona sus problemas, de manera que se siente incapaz para hacer frente a lo que le ocurre, extremadamente débil por no reaccionar o hacer algo distinto en el momento del trauma, y extremadamente crítico y culpable por lo que no hizo en su momento y no puede hacer ahora después del trauma.
  5. Hiper-activación fisiológica. Al ver el peligro en todas partes, la persona se muestra intranquila e inquieta constantemente, permaneciendo en alerta ante cualquier posible amenaza, y escaneando todo a su alrededor para escapar y/o protegerse. Esto explica sus reacciones emocionales y sus respuestas de escape, y efectivamente su sistema nervioso funciona en una actividad altamente por encima de lo recomendado para hacer frente a sus demandas cotidianas.

Por todo ello, se recomienda un seguimiento para las personas traumatizadas, y un apoyo de sus personas cercanas para ayudarle en las distintas partes de su proceso de recuperación. Esto puede ayudaros a entendernos.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychcentral, psychology today

Los Pájaros de la Preocupación

Dice un proverbio chino “No puedes evitar que los pájaros de la preocupación vuelen sobre tu cabeza, pero sí que hagan nidos en ella”.

Cuando nos sentimos preocupados, no podemos dejar de pensar sobre algún aspecto de nuestras vidas que debemos afrontar. Ya que la preocupación se suele relacionar con la emoción de miedo, en la mayoría de ocasiones una preocupación intensa nos podrá producir los mismos síntomas físicos asociados a esta emoción, aunque generalmente a una baja intensidad.

extraída de rincondeltibet.com
extraída de rincondeltibet.com

La preocupación, especialmente cuando es muy acuciante, es algo tremendamente incómodo y nos encantaría que no existiera, pero no es totalmente negativa. Preocuparnos es útil en la medida que lleguemos a acciones dirigidas a situaciones concretas. Podemos ver las señales de una preocupación efectiva cuando:

  1. Te sensibiliza a un problema que aparecerá en el futuro.
  2. Te ayuda a anticipar una solución a un posible problema.
  3. Te permite encontrar una solución diferente a un problema no resuelto.

Pero es importante tener en cuenta que la preocupación es el paso previo a las acciones dirigidas a resolver los problemas, que en sí misma y por definición no es resolutiva. Algunas personas, antes de poner en marcha las acciones dirigidas a afrontar los problemas necesitan un cierto grado de preocupación, de pensar sobre cómo resolver un problema muy alejados de las acciones necesarias hasta que en el paso a la acción lo hacen de forma muy eficaz. Pero en muchas ocasiones, la preocupación se convierte en lo que los psicólogos llamamos rumiación.

Este sería el punto de preocupación en el que podríamos decir que los pájaros han logrado anidar en nuestra cabeza. Lo que ocurre es justo un desequilibrio entre el grado de preocupación y el paso a la acción. Cuando pensamos más sobre lo que puede ocurrir que lo que hacemos posteriormente. Al tener este exceso de preocupación, es muy posible que comencemos a sufrir estrés o ansiedad, además, nuestra sensación de autoeficacia se reduce y cada vez nos vemos menos capaces de resolver realmente los problemas. Las señales de que se está produciendo este desequilibrio entre preocupación y acción pueden ser:

  1. Lleva a más preocupación.
  2. Sentimos que no podemos controlar esta preocupación y se convierte en un estilo de pensamiento más que una forma de resolver problemas.
  3. Al no llegar a pasar a la acción, estimamos que no hay posibilidad de resolver el problema.

Llegados a este punto, es fácil comenzar a considerar la preocupación como algo extremadamente negativo e inabarcable; una forma de afrontamiento que nos hace sentir muy mal, al tiempo que nos paraliza y no nos ayuda a resolver los problemas. Cuando la preocupación es excesiva y la acción escasa, podemos tratar de aproximarnos a ella desde una técnica de “mindfullness”, que puede lograr en algunos casos una vuelta a la preocupación sana. Para ello, hay varias cosas que podemos hacer:

  1. Enfocarnos en el presente.
  2. Ver la preocupación sólo como un pensamiento puntual, no como la realidad.
  3. Ver que la preocupación es algo que ocurre, que en esencia no es bueno ni malo.
  4. Fomenta la acción, independientemente del resultado.
  5. Piensa sobre ti mismo como una persona capaz de hacer cosas sobre el entorno, más allá de los factores externos a ti, como la “mala suerte” o “el destino”.

Cuando nos acercamos a la preocupación con un menor juicio negativo, cuando la aceptamos como algo inevitable pero que puede ir y venir en nuestras vidas, logramos que ese estilo de pensamiento rumiativo no se establezca e incluso en ocasiones podremos verla como algo que nos ayuda a afrontar ciertos momentos de nuestras vidas. Los pájaros de la preocupación te van a sobrevolar, busca la forma de que sus alas te empujen más que sus nidos te pesen.

Fuente: Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

3 enseñanzas de la psicología para que tus hijos aprendan economía

Muchas de las opciones que se nos presentan en la vida tienen resultados inciertos. La elección entre dos opciones a menudo implica un riesgo, como por ejemplo si tu hijo debe gastar el dinero que le regalaron en el cumpleaños en una bicicleta nueva o en una PlayStation. Cada elección se convierte en algo así como las dos caras de una misma moneda: hay un riesgo de perder algo (una renuncia) y una oportunidad de conseguir algo (una ganancia).

Foto extraída de abc.es
Foto extraída de abc.es

Si vas a gastar el dinero de cumpleaños en una nueva bicicleta tendrás que renunciar a la última Play, pero ganarás el placer de pedalear en tu propia bicicleta. Si por el contrario optas por comprar la videoconsola, no podrás tener la bici, pero sí podrás echarte unas partidas en la Play. Como ves, ambas alternativas implican ganancias y pérdidas.

Este tipo de decisiones se ven afectadas por tres formas de pensar, que influyen en la forma en que se evalúan los resultados esperados de nuestras decisiones y, en consecuencia, las decisiones que tomamos.

1) Aversión a las pérdidas

Para tus hijos, como nos pasa a cualquier ser humano, perder algo les genera emociones más fuertes que ganar algo. De hecho, los estudios sobre la aversión que sentimos cuando perdemos o renunciamos a algo, señalan que el malestar que se experimenta ante la pérdida es dos veces más intenso que la felicidad que experimentamos cuando conseguimos algo. Por tanto, si tu hijo perdiera 5 euros se sentiría doblemente mal de lo feliz que estaría si se los encontrara.

Esto significa que si pierde 5 euros y los encuentra de nuevo al día siguiente, se sentirá tres veces más feliz (dos por eliminar el sentimiento de pérdida y uno por encontrarlo) de lo que se sintió al perderlos.

2) Disminución de sensibilidad

A la mayoría de la gente le encanta la tarta de chocolate. Pero cuando tienes tarta de chocolate para el postre, la primera cucharada de tarta te sabe mucho mejor que la quinta, y la quinta mejor que la sexta, y así sucesivamente.

Esto significa que la sensibilidad a las cosas se hace cada vez más pequeña. Si enciendo una luz tenue en la habitación oscura, mientras estás durmiendo, es posible que esto tenga un gran efecto. Sin embargo, esa misma intensidad de luz puede ser difícil de ver en una habitación luminosa durante el día.

De igual modo, si habitualmente le das a tus hijos una paga de 20 euros y vas y le le recortas 5 euros, lo sentirán más que si lo hicieras de una de 30, pero menos que si lo hicieras con una paga de 10. Y eso que la diferencia es la misma en los tres casos.

3) Punto de Referencia

Imagina que te bebes un refresco con hielo después de tomarte una sopa caliente, o después de un helado. Es posible que el refresco te parezca más frío después de la sopa que después del helado. Esto sucede porque la boca se acostumbra a un punto de referencia (el calor con la sopa y el frío con el helado) que determina la forma en que experimentas la siguiente cosa, como el refresco.

Cuando tu hijo piensa sobre dinero, también utiliza un punto de referencia, que suele ser lo que espera. Los resultados que son mejores que el punto de referencia se perciben como ganancias, mientras que los que son peores son percibidos como pérdidas. Así que si tu hijo está acostumbrado a que los Reyes le traigan 100 euros y este año sólo le dejan 50, puede que sienta que ha perdido algo. Pero si hubiera recibido 25 euros en el pasado, los 50 de este año le harán sentir que ha ganado.

Estos tres principios revolucionaron una ciencia llamada economía y la forma en que pensamos sobre el dinero. Más recientemente, ha surgido un nuevo tipo de economía, aquella que contempla la psicología. Este nuevo campo se llama economía del comportamiento. La comprensión de sus ideas pueden ayudar a todos, incluido a ti y a tus hijos a tomar mejores decisiones. Y sobre todo, a comprender cómo la toma de decisiones, tanto tuya como la que llevan a cabo tus hijos, no siempre es tan racional como creías. Puedes probar a transmitirles esto a tus hijos con el objetivo de que aprendan a mirar con perspectiva y a entender porqué se sienten así.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

 

 

¿Cómo regula sus emociones una persona con alexitimia?

¿Conoces la palabra alexitimia? Tiene que ver con la incapacidad de entender las emociones ¿Qué ocurre cuando sufres de alexitimia? ¿Cómo es vivir con este rasgo muy acentuado?

La alexitimia es un rasgo de personalidad que se caracteriza por una dificultad en la regulación e identificación emocional. Además, las personas con un nivel alto de alexitimia, tienen problemas a la hora de describir y por supuesto comunicar sentimientos. Todas estas dificultades hacen que en este tipo de personas, las sensaciones del cuerpo relacionadas con las emociones se puedan confundir con afectaciones físicas como tal.

extraida de www.gestionemocional.com
extraida de www.gestionemocional.com

Conociendo en qué consiste la alexitimia podremos comprender que cuando se sufre este problema es más fácil padecer otras afectaciones psicológicas; abuso de sustancias, somatizaciones, ansiedad o depresión. Por supuesto las personas con alexitimia tendrán una sensación de satisfacción con la vida peor que las personas que identifican adecuadamente sus emociones.

En un estudio de la Universidad de Groningen se trató de conocer un poco más cómo funcionan las personas que tienen alexitimia, puesto que es un factor importante a la hora de ver afectado el bienestar psicológico. A través del estudio de las personas con un grado alto de alexitimia podemos acercarnos a conocer en sí mismo cómo cualquiera de nosotros procesa las emociones. Este estudio buscaba identificar en qué punto las personas con alexitimia se pierden a la hora de conocer las emociones.

En primer lugar, lo que observaron es que las personas que tienen alto este rasgo tienen muchos problemas en su propia regulación emocional, no sólo en el reconocimiento de las emociones. Las estrategias que una persona con alexitimia pondrá en marcha para regular sus emociones son algo dañinas. Especialmente, se dieron cuenta de que la primera estrategia era la supresión emocional, conocida como una gran causante de malestar psicológico. No sólo esto, sino que también tendrán menos capacidad de re-evaluar las emociones, de forma que finalmente se disminuye la posibilidad de regularlas.

Cuando se fijaron en la capacidad interpersonal, las personas con alexitimia también tienen dificultades en este aspecto. Se puede ver que la capacidad de empatía es muy baja, lo cual es bastante coherente, puesto que también es muy difícil para estas personas detectar las señales emocionales de los otros, especialmente las que no duran mucho en el tiempo, o las que son sutiles.

Con estos resultados, se puede comprender que las personas que tienen una alta alexitimia tendrán bastante sufrimiento psicológico, tal y como dijimos antes. Pero en este mismo estudio sí lograron encontrar formas para mejorar su calidad de vida. De todas las dificultades con las emociones que tiene una persona con alexitimia, hay una, que tradicionalmente se pensaba que estaría claramente afectada que en realidad no lo está.

Precisamente, el origen de esta palabra se divide en tres partes; “a” falta de, “lexis” palabra y “thimos” emoción, es decir, que el significado literal de la alexitimia será una falta de palabra para las emociones.  Justamente, lo que descubrieron en esta investigación es que las personas con alexitimia no tienen problemas para comprender el componente verbal de las emociones, sino todos los anteriores, más relacionados con la autopercepción y la percepción emocional de los otros.

Este conocimiento es especialmente valioso, ya que nos abre una grieta a través de la que trabajar cuando una persona está sufriendo este problema. Precisamente, por ejemplo, la “terapia focalizada en las emociones” de L.Greenberg será una herramienta muy valiosa para estas personas. En esta terapia, precisamente a través del componente verbal emocional, se aprende a detectar qué sensaciones produce cada una de las emociones para que se conviertan en una guía para nuestro comportamiento.

La alexitimia se puede medir en cada uno de nosotros (Aquí puedes hacer un test para saber cuál es tu grado de alexitimia, en inglés es más completo que en español), y no siempre es patológico, pero seguramente un alto grado de ello nos producirá grandes daños psicológicos. Un mayor conocimiento de este problema nos puede orientar cuando una persona tiene estas dificultades en el manejo de las emociones, por supuesto, ayudando a su bienestar y a una mejor calidad de vida.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fuente Plos One

ResearchBlogging.org
Swart, M., Kortekaas, R., & Aleman, A. (2009). Dealing with Feelings: Characterization of Trait Alexithymia on Emotion Regulation Strategies and Cognitive-Emotional Processing PLoS ONE, 4 (6) DOI: 10.1371/journal.pone.0005751