Cómo explicamos la pasión por el trabajo

 

Extraído de http://www.objetivobienestar.com/
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¿Te gusta tu trabajo? ¿Sientes que estás desarrollando tu potencial y haciendo lo que te gusta? ¿Hasta el punto de quedarte más horas de las debidas, de pensar en él en tu tiempo libre o de tener la sensación de que en tu vida la parcela de lo laboral es la más desarrollada y no deja espacio a lo demás? O, por el contrario, ¿te sientes quemado y sin ganas de seguir trabajando en lo que haces? Con este artículo pretendo hacer una breve mención a la bibliografía que personalmente me parece más interesante sobre el tema.

El libro de Lawler Kang “Passion at work”, plantea que la pasión en el trabajo se consigue cuando uno se dedica a aquello que constituye el fundamento de su vida y además tiene las competencias personales o capacidades para desarrollarlo y disfruta haciéndolo. Un ejemplo típico podría ser el del médico traumatólogo a quien le mueve el deseo de curar a otros y que además de haber adquirido las competencias personales para desarrollarlo, como el estudio de la anatomía y otras muchas asignaturas de la medicina, le gusta la cirugía traumatológica.

Además, subraya un aspecto muy interesante que es la experiencia personal, que consistiría en incorporar a nuestro trabajo cotidiano elementos de todo aquello que nos gusta practicar en nuestra vida diaria, sea una lengua extranjera o un deporte, en función de las posibilidades de cada uno.

El artículo “¿Podemos apasionarnos por el trabajo? Una revisión de la pasión para el trabajo”, de Ana Lisbona Bañuelos, Fancisco José Palaci Descals y Miguel Bernabé Castaño, señala que según la Teoría de la autodeterminación de Deci y Ryan (1991) una actividad se puede convertir en pasión cuando se valora mucho, se le da mucha importancia y llega a ocupar una parte central en la identidad de la persona.

Además, siguiendo la propuesta de Vallerand y su equipo (2012), distingue dos tipos de pasión, la armoniosa y la obsesiva. Señalan que existen resultados afectivos positivos para la pasión armoniosa como el flow y negativos para la pasión obsesiva, como la ansiedad. En la pasión armoniosa la actividad es importante para uno sin importar otras contingencias, mientras que en la pasión obsesiva la actividad apasionante se asocia a otras contingencias inter o intra personales como sentimientos de autoestima, aceptación social o excitación incontrolable y la persona siente una compulsión interna a realizar la actividad, aunque no debería hacerlo, y le causa conflicto con otras tareas o roles. Además, en la pasión obsesiva le cuesta dejar de pensar en la actividad apasionante cuando realiza otras actividades lo que le impide disfrutar de las mismas. En cambio, en la pasión armoniosa, las personas sienten control sobre la actividad, pueden elegir el momento de realizarla y perciben poco conflicto entre la actividad que les apasiona y otras actividades, y esta autonomía reduce sentimientos negativos. La persona es capaz de ser flexible y si encuentra alguna dificultad u obtiene resultados negativos es capaz de reducir la actividad o ajustarla.

Los estudios revisados por Ana Lisbona Bañuelos, Fancisco José Palaci Descals y Miguel Bernabé Castaño confirman el papel que ambos tipos de pasión tienen sobre el bienestar y el rendimiento en el trabajo, confirmando que empleados que experimentan pasión armoniosa tienden a experimentar menores niveles de agotamiento y burnout, y mayores niveles de felicidad y bienestar y llegan a ser más creativos y productivos en el trabajo. Y trabajadores con pasión obsesiva, por el contrario, experimentan mayores niveles de agotamiento emocional y burnout, menores niveles de felicidad y rendimiento más bajo, mayor estrés.

Todo ello los lleva a concluir la necesidad de desarrollar varias prácticas tanto a nivel organizacional, como a nivel individual. Los principales objetivos para las organizaciones serían el de fomentar la autonomía en el trabajo, mediante variadas estrategias y el de la promoción de la salud. A nivel individual, el  objetivo principal sería que cada empleado trate de identificar sus propias fortalezas, sus valores en el trabajo y los objetivos que le conectan con la actividad, así como la necesidad de tener una vida activa y satisfactoria fuera también del ámbito laboral.

Otro artículo muy interesante, en la línea opuesta a la pasión, cuando un trabajador siente desgaste en el trabajo, es el de Mariana Bockarova, “Burned Out on the Job? New Research Shows Why”, en el que la investigadora expone las conclusiones de un estudio llevado a cabo con 97 personas, en el que se evaluó el grado de burnout de esos profesionales, junto con información sobre el tipo de trabajo que llevaban a cabo. Al mismo tiempo, a esas personas, se les pidió que pasaran 5 minutos narrando historias que describían 5 dibujos distintos. Las imágenes habían sido seleccionadas por su valor predictivo en estudios de motivación e incluían varios tipos de trabajos (un arquitecto, un artista, una mujer en un laboratorio, un boxeador, una escena de un club nocturno). Cada historia había sido codificada con un tipo de motivación preferente, de afiliación, de poder o de logro.

Los investigadores analizaran los resultados del test en función de las respuestas y la información de cada participante sobre su trabajo y de grado de desgaste laboral y observaron que los participantes con trabajos que suponían altos niveles de presión y demanda tenían los grados más altos de burnout, y que, además, los participantes que experimentaban un mayor desajuste entre el tipo de motivación principal y las tareas a las que se dedicaban en el trabajo, también sufrían mayores índices de desgaste en el ámbito laboral y altos niveles de malestar físico.

Los resultados de la investigación llevarían a concluir que una forma de reducir los síntomas de desgaste sería ajustar las tareas del puesto de trabajo con la motivación preferente del profesional, y dotar a los empleados de un tipo de trabajo o entorno que encaje con sus necesidades.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias del texto:

Lawler Kang. (2006). Passion at Work: How to Find Work You Love and Live the Time of Your Life. New Jersey: Pearson Prentice Hall.

Ana Lisbona Bañuelos, Fancisco José Palaci Descals y Miguel Bernabé Castaño. (2016). ¿Podemos apasionarnos por el trabajo? Una revisión de la pasión para el trabajo. Papeles del Psicólogo, 37 (3), 165-169.

Mariana Bockarova. (2016). Burned Out on the Job? New Research Shows Why. 2017, de Psychology Today, Sitio web: https://www.psychologytoday.com/blog/romantically-attached/201608/burned-out-the-job-new-research-shows-why

Dos cualidades para lograr tus objetivos: resistencia y determinación

Al buscar la forma de lograr objetivos, o ayudar a otros a lograrlos, es bastante frecuente que se busquen las causas en el propio objetivo o en el contexto para explicar qué hace que se logre realizar un propósito, sin embargo, también puede ser útil buscar estas causas en factores internos de la persona que trata de alcanzarlo.

Además, si conocemos bien estas características personales, es posible trabajar en su aumento y de esta forma aumentar las posibilidades de que se alcance el éxito en este objetivo propuesto. En un artículo recientemente publicado en la página Psychology Today, nos explican que unas características bastante importantes para esto serán la resistencia y la determinación (Hardiness y Grit, respectivamente, en inglés). En este planteamiento, se basa en una investigación en la que analizaba a personas que deseaban cambiar la dirección de su carrera. Aquellos que lo lograban, destacaban especialmente en estas dos cualidades.

extraída de linkedin.com
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Por una parte, la resistencia, según se propone aquí, consiste en un rasgo de personalidad que tendrá varios componentes influyentes en la consecución de objetivos:

  • En primer lugar, el compromiso. La capacidad de creer en la importancia y el valor de uno mismo, resultando esto en la implicación completa en las diferentes áreas de la vida, ya sea el trabajo, las relaciones personales o la familia.
  • Otro componente es el control, que hace referencia a la posibilidad de pensar sobre nosotros mismos como agentes que influyen sobre el desarrollo de nuestra vida. Cuando esto es así, la persona tiene además, un amplio repertorio de estrategias de afrontamiento de las diferentes situaciones vitales y además incorporarlas como sucesos beneficiosos de alguna forma en sus vidas.
  • También está el componente del reto de modo que las personas con una alta resistencia tendrán una idea de que el cambio es la norma y no la excepción. De esta forma, ante el cambio de circunstancias vitales puede explicarse a uno mismo como un reto a superar y una nueva oportunidad, más que un problema.

Como resumen de estos tres componentes, podremos ver a las personas que tienen esta “resistencia” alta como aquellas que convierten las experiencias vitales estresantes en oportunidades para el crecimiento, tanto personal como profesional.

Tras este análisis de la característica personal de resistencia, la siguiente variable importante a la hora de lograr la consecución de un objetivo es la determinación. Como tal, parece bastante claro, pero ¿de qué se compone la determinación en una persona? En este artículo lo explican dividido en cuatro componentes importantes, interés, práctica, propósito y esperanza.

  • El interés no necesita demasiada explicación; simplemente, la determinación tiene una parte que se alimenta simplemente de que prestemos más interés a nuestro objetivo que a otras cosas de nuestra vida, que realmente tengamos pasión por eso que queremos.
  • La práctica implica no sólo repetir la actividad hasta lograr la excelencia, además, necesita de que la persona implicada esté dispuesta a aumentar la capacidad de realizar la actividad, querer mejorar siempre, sin importar cuánto se haya logrado ya. Tanto si se realiza muy mal como muy bien, el componente de práctica conlleva querer seguir haciendo y mejorando.
  • El propósito es otro de los componentes fundamentales para lograr la determinación, ya que es lo que nos aporta la posibilidad de lograr los objetivos cuando éstos son a largo plazo, es lo que podemos ver en la distancia para lograr caminar hacia ese objetivo. Además, el propósito es esencial para conectar este trabajo hacia los objetivos establecidos con nuestro propio bienestar.
  • Por último, la esperanza es uno de los factores importantes para que la determinación se mantenga. Mientras quede en nosotros la idea de que realmente podemos lograr el objetivo, es probable que lo mantengamos, y de igual modo, si no pensamos que podamos lograrlo, es especialmente difícil de conseguir mantenerse.

Estas dos cualidades, la resistencia y la determinación, se relacionan con esta capacidad de lograr objetivos, además no son beneficiosas sólo para lograr los objetivos, sino que además se centran, como hemos visto, en lograrlos aumentando nuestro bienestar, en que la consecución de los mismos pase por un manejo positivo de los cambios, tratándonos a nosotros mismos de forma positiva y no desde la obligación y el autocastigo.

Incluso, el conocimiento de que estas cualidades permiten que logremos los objetivos de la mejor manera y con un aumento no sólo del éxito sino también del bienestar, será una buena idea centrarnos en aumentar estas capacidades en nosotros mismos o en aquellas personas que estemos ayudando a centrarse en esta consecución.

Fuente Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

¿Qué nos hace más susceptibles a sufrir estrés laboral?

Extraída de http://www.infogenericos.com.ar
Extraída de http://www.infogenericos.com.ar

Qué el estrés no es tan malo como lo pintan parece algo que va interiorizándose en la sociedad actual. Unos niveles moderados de ansiedad permiten una mayor concentración en lo que estamos haciendo, un mayor uso de nuestra capacidad creativa (pudiendo vislumbrar más alternativas a la hora de enfocar un problema) y aumenta nuestra efectividad y productividad. Es decir, el estrés es un mecanismo activador y de alerta en momentos donde necesitamos echar mano de nuestros recursos. Y muy útil en nuestro entorno laboral, porque nos permite ponernos las pilas cuando la situación lo requiereEl problema está cuando, a pesar de poner todo nuestro empeño, sentimos que no podemos hacer frente a las demandas de la tarea, ya sea porque las tareas que nos han encomendado son demasiadas o muy difíciles, o bien no nos sentimos lo suficientemente capaces para realizarlas. Si esto se mantiene a niveles excesivos durante bastante tiempo, nos empezamos a sentir quemados, y nuestro rendimiento decaerá drásticamente, con efectos importantes en nuestra salud y nuestro equilibrio emocional.

Mucho se ha escrito sobre ambientes altamente tóxicos y exigentes que provocan un rápido desgaste en los trabajadores. También, que hay determinadas variables psicológicas que predisponen para sentir estrés laboral, y que hacen que sus efectos nos afectan de manera considerable. Tal vez sea hora de hacer un breve repaso. Teniéndolas en cuenta, además de los efectos, puede ayudarnos a poner límites a nuestro trabajo en su justo momento y no cuando ya es demasiado tarde

1. Perdida de sentido a lo que hacemos. Las razones que nos llevan a un trabajo son muchas; desde una necesidad económica hasta la implicación máxima con un proyecto. Sin embargo, cuando estamos quemados o sentimos el burnout, perdemos el interés general de nuestro trabajo porque lo vemos poco acorde a nuestros valores y nuestras metas personales. Ya no nos fijamos en aquellas cosas que lo hacían atractivo y nos despertaban el ánimo; nos fijamos en los problemas y estamos focalizados en ellos. Reconectar con nuestras metas y nuestro trabajo hace que nos sintamos comprometidos y amortigua y mucho los efectos del estrés.

2. Ser rumiativos, auto-obsesivos y terriblemente exigentes con nosotros mismos. Sí, tenemos un jefe tirano y que se muestra implacable con nuestros errores pero no ayuda que nosotros interioricemos su discurso y seamos incluso más destructivos que sus peores palabras, no permitiéndonos ningún error y reduciendo nuestro propio trabajo a la nada cuando nos hagan un feedback negativo de él. A veces, nosotros somos nuestro peor enemigo. Aprender a perdonarnos, a tratarnos con amor y calor en esos días tan malos y practicar la auto-indulgencia permite comprendernos y valorar lo importante en un entorno estresante: nuestro propio reconocimiento del esfuerzo y el valor por sacarlo adelante.

3.Practicar la impaciencia: vivir a contrarreloj. Ser impaciente nos hace vivir en un permanente estado de abrume y agotamiento psicológico. Nos hace tendentes a asumir varias tareas simultáneamente, y elegir hacerlas todas (y perfectas) en momentos donde no podemos hacerlo todo, sino decidir y priorizar unas pocas. Por el contrario, la paciencia no se ha descrito como la ausencia de acción sino ser capaz de elegir el momento adecuado para cada cosa. Esperar y saber dejar algunas cosas para otro momento más adecuado y focalizarnos en una sola, la necesaria en ese momento, permite asumir que todo no se puede hacer pero sí saber que lo necesario puede hacerse y admitir que lo demás siga su curso.

4.Aislarnos. Uno de las mayores variables de auto-cuidado es reservar todas las semanas un tiempo para nuestro círculo íntimo y de disfrute. Permitirnos desconectar en una fiesta o desahogarnos con un buen/a amig@ nos ayuda a liberar carga negativa. Por otro, recordad que también es importante no rodearnos de gente altamente estresada (la conversación giraría en torno al estrés, justo lo que queremos evitar) sino plantearnos qué eventos y personas nos regalan una verdadera desconexión y elegirlos.

5. Hacer predicciones pesimistas. Estar convencidos de que la situación no va a cambiar y sólo puede empeorar está relacionada con el agotamiento físico y mental, con la falta percibida de recursos y un aumento significativo de la ansiedad, depresión, enfermedades gastrointestinales, trastornos del sueño y dolores musculares. En efecto, lo que creemos acerca de nuestro entorno afecta directamente a nuestra salud y a nuestro bienestar, independientemente de lo que ocurre en realidad. Por tanto, aparte de plantearnos salir del contexto estresante un tiempo para recuperar la energía, se trabajaría para la creación de un pensamiento optimista y constructivo; más centrado en las opciones, soluciones y en el fortalecimiento de la capacidad propia. Es decir, en el tratamiento se intentaría empoderarnos y reafirmarnos por encima de los síntomas y el contexto contraproducente.

La mejor manera de poder salir indemnes de una situación de burnout ocurre cuando afrontamos nuestro entorno y cambiamos comportamientos propios. Así, estaremos seguros que nuestra recuperación dependerá de nosotros mismos, valorando nuestro esfuerzo, permitiendo situaciones y estableciendo límites en otras, con una actitud flexible hacia nuestros errores y enriqueciendo nuestra vida fuera del trabajo, con especial atención en nuestro ocio y las personas que nos rodean.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes: Psychology Today, Diario El País, LinkedIN.

Un modelo para solucionar eficazmente los problemas en el trabajo

Extraído de https://es.pinterest.com/
Extraído de https://es.pinterest.com/

¿En qué organización no surgen problemas derivados, por ejemplo, de la existencia de duplicidades en el trabajo de las personas o al revés, que una tarea en particular esté siendo pasada por alto, causando saturación de trabajo en un empleado o departamento? Situaciones que, además, pueden desembocar en el deterioro de las relaciones entre iguales o entre un empleado y su superior.

La mediación como método alternativo de resolución de conflictos en el ámbito familiar, como medida de solución en separaciones y divorcios, o en problemas intergeneracionales es un sistema cuyo uso está aumentando en frecuencia por las ventajas que presenta frente a otros modos de resolución de conflictos, como son la mayor eficiencia en la elaboración de acuerdos, la mejor calidad de los mismos.

Sin embargo, parece que la mediación se usa menos en el ámbito cotidiano de la empresa en el que, sin embargo, es lógico que surjan conflictos, ya que éstos son inherentes a las interacciones humanas y más en la actualidad, en la que “las organizaciones recurren cada vez más al trabajo en equipo, a estructuras organizacionales más planas, mayores interacciones y diversidad internacional” (Arunachalam, Lytle y Wall, 2001).

La mediación consiste en una negociación asistida en la que las partes cuentan con la intervención de una tercera neutral que sirve de ayuda para que los disputantes alcancen un acuerdo.

Hay tres modalidades, la primera es la mediación estilo Harvard, cuyos autores Roger Fisher y William Ury, en el libro “Obtenga el sí. El arte de negociar sin ceder”, sentaron las bases de este tipo de negociación asistida, cuyo objetivo es llegar al acuerdo mediante una estrategia colaborativa ganar-ganar. Para ello, el mediador trata de que las partes pasen de las posiciones a los intereses y empleen criterios objetivos usando la mejor alternativa al acuerdo negociado, MAAN, y la peor alternativa al acuerdo negociado, PAAN. Se usan, además, métodos como la lluvia de ideas, la suma de soluciones, la cesión en lo que es fácil y poco costoso para una de las partes, y que, sin embargo, aporta muchos beneficios para la otra parte y al revés.

La segunda modalidad, la mediación transformativa, tiene como objetivo convertir el conflicto en ocasión de crecimiento personal y de cambio en la forma en la que cada uno se comunicar y relaciona, mediante la promoción de la revalorización de uno mismo, entendiendo la capacidad propia para tomar decisiones y el reconocimiento del otro, como portador de aspectos positivos, para que lo que utiliza técnicas psicológicas como el reflejo, el resumen, la revisión y las preguntas circulares que crean una visión sistémica y potencian la generación de empatía entre las partes.

La tercera modalidad es la mediación circular-narrativa, que combina los modelos anteriores, ya que tiene como objetivos el que las partes lleguen a un acuerdo positivo para ambas, pero se ocupa, también, de lo relacional y modificando la comunicación y la narrativa de las personas intervinientes. Se basa en una visión sistémica de los conflictos, por la que se conciben éstos como algo circular y multicausal y por ello se trata de implementar una solución no intentada. Las técnicas que se utilizan son parecidas a las del modelo transformativo, con especial atención a la reformulación, la legitimación de los sentimientos, las preguntas circulares y la construcción de la historia alternativa.

La mediación laboral se suele emplear tanto en conflictos colectivos (en la negociación de convenios colectivos, antes y después de la convocación de una huelga), como en conflictos individuales (suspensiones de contrato, modificaciones sustanciales de condiciones de trabajo, despidos…) siendo, sin embargo, la mediación más común y efectiva la que se da en los casos de convenios colectivos y huelgas. En estos casos, el modelo estratégico que utiliza el mediador es el estilo Harvard.

Sin embargo, en los casos de conflictos que surgen en el devenir diario de las empresas, sería muy conveniente llevar a cabo una mediación y más concretamente, aplicar la modalidad circular-narrativa, que trate de conseguir una resolución del conflicto, pero en la que, también, se haga énfasis en lo relacional, para promover la empatía entre los empleados en conflicto, el diálogo y conseguir de esta forma, una nueva relación de cordialidad y armonía.

En conclusión, sería muy conveniente la incorporación al ámbito laboral de mediadores expertos que puedan llevar a cabo este tipo de mediaciones.  

Escrito por Sara Reyero Serret

Madrid Liras, Santiago. Modelos de Mediación. Técnicas y habilidades del mediador. Trabajo presentado en el Curso de Especialización de Mediación Familiar por el Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid.

Gómez Hernández, Ana. Los conflictos laborales colectivos. Trabajo presentado en el Curso de Aranzadi de Mediación Laboral.

Vercher Rosat, Vicente. Los conflictos laborales individuales. Trabajo presentado en el Curso de Aranzadi de Mediación Laboral.

Así podrás crear y mantener nuevos hábitos

En estas fechas parece que todo lo que nos rodea está de acuerdo en que con el comienzo del nuevo año comencemos con una nueva vida. Los propósitos de año nuevo se agolpan en nuestra mente y buscamos lo que queremos para ese “yo de las navidades futuras”. Para que dentro de un año al mirar de nuevo atrás veamos que esos cambios que queríamos hacer se hagan realidad, en muchas ocasiones pasa por crear nuevos hábitos. Mucho hay escrito sobre este tema pero, ¿qué dice la psicología científica sobre la creación y mantenimiento de hábitos?

habitos

En primer lugar lo que nos dice es que en sí mismo es complicado definir el hábito. En teoría, es un comportamiento que llevamos a cabo de una forma automática, sin apenas pensarlo. Lo que ocurre es que casi todo lo que hacemos en nuestro día a día son comportamientos algo más complejos que para concebirlos como puramente automáticos. Cuanto más complejo sea el hábito que queramos desarrollar, más pensamiento habrá antes de éste y más posibilidad para terminar por dejar de hacerlo. Pero supongamos que, ya sea más o menos complejo, seguimos queriendo crear un hábito. ¿Por dónde empezamos?

Puede ser interesante para que después mantengamos el hábito creado comenzar por la creación de una línea base del comportamiento. ¿Cuánto ejercicio físico estoy haciendo? ¿Cuantas veces me muerdo las uñas al día? ¿Cuantas piezas de fruta como?. Esto puede ser una ayuda para conocer cuánto cambiamos desde antes de proponernos este nuevo hábito.

Después de esto, lo que es más útil para el desarrollo de hábitos nuevos es la implementación de un plan. Este plan inicial tiene dos puntos fundamentales:

1. Tener una clave disparadora de la acción. Está comprobado que para crear un hábito lo más eficaz es plantear alguna clave del contexto que nos ayude a realizar la acción deseada. Además, al contrario de lo que muchas veces podemos pensar, no suele ser suficiente con proponernos un momento temporal en el día, sino que es más efectivo si nos proponemos realizar la acción después de algún evento. Esta es la estrategia que se utiliza  muchas veces para los tratamientos farmacológicos a largo plazo. Tomar una pastilla después de cenar, es un ejemplo de cómo podemos llevar a cabo una acción que antes no hacíamos (tomar una pastilla) con la clave previa (cenar).

2. El segundo punto, muy importante para crear el hábito es el de tener alguna estrategia de afrontamiento de los obstáculos posibles. Podemos pensar en las cosas que podrían pasar para que dejemos de realizar el hábito y buscar un comportamiento alternativo y equivalente en tiempo e intensidad emocional. Por ejemplo, si nos hemos propuesto dejar de comer dulces y nos invitan a una merienda con amigos, sería útil pensar qué podemos hacer durante esa merienda para que no queramos probar esos dulces.

Cuando ya estemos haciendo eso que tanto hemos pensado cómo hacer, lo siguiente necesario para que se cree el hábito es la continuidad. Para que logremos que se instaure un hábito, hay muchas diferencias entre personas y algunas de ellas necesitan más tiempo que otras en lograr que una acción se convierta en un hábito. Aunque también depende de lo complicada que sea esta acción, se estima que el tiempo mínimo necesario para crear este hábito será de 20 días, aunque puede ser necesario repetirlo durante 3 meses para habituarnos. Para mantenerlo hay varias cosas que se consideran importantes:

– En primer lugar, el tipo de motivación. Si lo que nos mueve a realizar este hábito es un premio externo, muchas veces hasta puede funcionar al revés de lo deseado y justo cuando se retire este premio, el hábito desaparecerá. Por eso se trata de crear una motivación “intrínseca” o desde dentro para mantener este hábito. Puede ser el propio orgullo personal, una meta que queremos lograr o incluso pensar que este hábito forma parte de nuestra identidad y hace que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

– Esto se relaciona con una de las claves para mantener un hábito, que es la satisfacción de la acción que realizamos. Cuanto más satisfacción encontramos en la acción que queremos mantener como hábito, más sencillo es darle continuidad. Es por esto que cuando estamos haciendo algo que queremos que se convierta en un hábito, siempre será útil recrearnos en lo que nos da placer de esta acción.

– Si mantener un hábito, a pesar de todo lo anterior, se está convirtiendo en algo extremadamente difícil, siempre puede funcionar dividir la acción en pasos más pequeños. Cuanto más sencillo es el primer paso, más probable es que lo llevemos a cabo y al mismo tiempo, cada paso pequeño que logramos hace más probable que llevemos a cabo el siguiente. Por ejemplo, si el hábito que tratamos de desarrollar es el de salir a correr, será más fácil si primero nos proponemos sólo ponernos las zapatillas de deporte. Después de esto, salir a la calle. Y una vez lleguemos a este punto, en muchas ocasiones es más probable que llevemos a cabo la rutina propuesta.

Por último, más allá de lo que queramos lograr, es importante considerar que los hábitos que normalmente queremos desarrollar precisamente son para aumentar nuestro bienestar, así que siempre será recomendable que trabajemos la autocompasión si en algún momento fallamos o el desarrollo del hábito no es todo lo constante que nos gustaría. A fin de cuentas, si lo que tratamos es de cuidarnos más a nosotros mismos, lo último que querríamos hacer es “maltratarnos” por no lograrlo. El autocuidado no es sólo comer mejor, o hacer deporte, sino también ser más tolerantes con nuestros errores y tratarnos mejor a nosotros mismos, también en el plano emocional. ¡Ese hábito puede ser de los mejores a desarrollar!

Fuente: Health Psychology Review

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.orgLally, P., & Gardner, B. (2013). Promoting habit formation Health Psychology Review, 7 (sup1) DOI: 10.1080/17437199.2011.603640

¿Qué es eso de la resiliencia?

El término « resiliencia » tiene su origen en la física y se emplea para describir la capacidad de algunos materiales de resistir a la presión, doblarse con flexibilidad y recobrar su forma después de ser sometidos a una presión deformadora. Por ejemplo, una pelota de goma, un muelle o los juncos bajo la fuerza del viento.

En psicología se ha adaptado como la capacidad de los seres vivos de afrontar la adversidad, un trauma, una tragedia, o amenazas de fuerte tensión y sobreponerse a períodos de dolor emocional, saliendo fortalecido y alcanzando un estado de bienestar.

Hay muchos autores que han desarrollado diferentes definiciones de resiliencia pero destacamos la realizada por Grotbertg (1995) que la define como la capacidad del ser humano para hacer frente a las adversidades de la vida, superarlas e, inclusive, ser transformado por ellas.

Siguiendo esta definición, podemos decir que la resiliencia no sólo es un fenómeno que aparece a nivel individual, sino que podemos hablar de grupos y familias resilientes e incluso se puede hablar de empresas con características resilientes.

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Grotbertg resalta y pone énfasis en el poder transformador que un evento traumático puede producir en la persona, sacando algo bueno de la experiencia negativa. Así, podemos encontrar que en algunas personas resilientes, el trauma sufrido puede producir cambios positivos en los siguientes aspectos:

Autopercepción: Se refuerzan los recursos y competencias que se han utilizado, aumentando de esta manera la confianza en sus propias capacidades, generando la sensación de que están preparadas para afrontar con éxito cualquier cosa que suceda en el futuro.

Las relaciones con los demás. En situaciones traumáticas las relaciones con otras personas se pueden ver fortalecidas gracias al compañerismo, empatía, complicidad, ayuda y trabajo en equipo que surgen en este tipo de situaciones (p.ej., muchas familias y parejas que atraviesan situaciones de crisis comentan que se sienten más unidas y que la relación es más estrecha que antes del evento).

Cambios en los valores vitales, prioridades y en la filosofía de vida. En muchas ocasiones, ante situaciones altamente traumáticas (como puede ser situaciones donde se tenga la percepción de muerte o grave riesgo) se produce una transformación en la escala de valores y empiezan a apreciar el valor de cosas en las que antes no se reparaba (p.ej., personas que sufren un infarto empiezan a tomarse la vida de otra manera y a disfrutar más de ella). Un buen libro que refleja este punto es el famoso “El monje que vendió su Ferrari” de  Robin S. Sharma, altamente recomendable.

Es importante señalar que la resiliencia no quiere decir que la persona sea ajena al sufrimiento, no sienta malestar o dolor emocional, sino que consiguen bajo este contexto de considerable estrés y malestar emocional, sacar la fuerza necesaria que les permite seguir con sus vidas frente la adversidad o la tragedia e incluso salir fortalecidos de esta experiencia.

Una vez que sabemos que es la resiliencia, ¿quién no quiere ser resiliente?….La buena noticia es que la resiliencia se adquiere con el significado que das a las experiencias vividas y supone una función adaptativa del ser humano, por lo que es algo que todos podemos desarrollar a lo largo nuestra vida. Se trata por tanto de desarrollar las habilidades y actitudes necesarias para enfrentar de la mejor manera posible los diferentes retos de la vida.

La American Psychologycal Association (APA) apunta en su artículo “The road to resilience” que la resiliencia no es una característica que la gente tiene o no tiene sino que incluye conductas, pensamientos y acciones que pueden ser aprendidas y desarrolladas por cualquier persona. 

Así la APA recomienda diez formas de construir Resiliencia:

– Establece relaciones con amistades, familiares cercanos u otras personas importantes de tu vida

– Evita ver las crisis como obstáculos insuperables

– Acepta que el cambio es parte de la vida

– Muévete hacia tus metas

– Lleva a cabo acciones decisivas

– Busca oportunidades para descubrirte a tí mismo

– Cultiva una visión positiva de tí mismo

– Mantén las cosas en perspectiva

– No pierdas nunca la esperanza

– Cuida de tí mismo.

Ahora bien, ¿qué es lo que hace que una persona sea resiliente?. Se ha desarrollado una gran investigación al respecto, podemos concluir que hay seis grandes pilares de la resiliencia:

  1. Conexiones afectivas gratificantes con otras personas

Está demostrado que las personas que están felizmente emparejadas, como aquellas que se sienten parte de un hogar familiar o de un grupo solidario de amistades, muestran un nivel de resiliencia muy superior que quienes viven desconectados o carecen de una red social de soporte emocional.

El apoyo emocional es uno de los factores principales, tener en tu vida personas que te quieren y te apoyan y en quien puedes confiar te hace mucho más resiliente que si estás solo. La seguridad de un afecto recibido por encima de todas las circunstancias es un factor que incide en el desarrollo de la resiliencia.

En el libro de Victor Frankl (El hombre en busca de sentido) se muestra con claridad este aspecto, cuando relata como el amor a su mujer fue clave para mantener las ganas de vivir en los campos de concentración donde estuvo internado durante la segunda guerra mundial. Tal y como describe: “La salvación del hombre sólo es posible en el amor y a través del amor..”. Esto se pone de relieve en muchos de los testimonios de supervivientes de desgracias que dicen que una clave para sobrevivir fue pensar en una persona a la que se sienten unidos.

  1. Habilidades en Inteligencia Emocional (la introspección, el autocontrol, Identificar metas y programar los pasos para conseguirlas).

El concepto de Inteligencia Emocional de Daniel Goleman entronca en este factor de forma decisiva. Goleman expone con claridad cómo la conciencia de uno mismo (capacidad de conocer y reconocer las propias emociones), la motivación (impulso a obtener logros más allá de las expectativas), el autocontrol (capacidad de manejar las emociones), la empatía (reconocer y considerar las emociones de los demás) y la capacidad de relación (habilidades sociales) hacen que las personas con estas competencias se adaptan mejor a los cambios, pueden afrontar eventos estresantes y tienen éxito en sus relaciones personales y profesionales. Todas estas competencias de la inteligencia emocional ayudan a no tirar la toalla, seguir adelante en situaciones críticas y afrontarlas como un desarrollo personal

  1. Pensamiento positivo

“Al mal tiempo, buena cara”. La resiliencia hace que se pueda ver la vida con objetividad, pero siempre a través de un prisma optimista. Las personas resilientes están con los pies en la tierra, sienten las situaciones dolorosas, pero las son capaces de ver más allá de esos momentos y no desfallecen, son conscientes de la dificultad que están atravesando, con esta objetividad que les caracteriza, conocen cuáles son sus fortalezas, los recursos con los que pueden contar y cuáles son sus objetivos.

Al ser conscientes de que nada es completamente positivo ni negativo, se esfuerzan por centrarse en los aspectos positivos y disfrutan de los retos. Estas personas desarrollan una mezcla entre optimismo y realismo, también llamado optimalismo, y están convencidas de que por muy difícil que sea la situación, siempre puede haber una salida. Afrontan las crisis como una oportunidad para generar un cambio, para aprender, crecer y desarrollarse. Saben que esos momentos no serán eternos y que su futuro dependerá de la manera en que reaccionen. Asumen las dificultades como una oportunidad para aprender.

  1. Conciencia de motivos personales para vivir

Las personas resilientes tienen una profunda creencia de que la vida tiene sentido, así Victor Frankl pudo notar que las personas que sobrevivían eran aquellas que tenían un sentido para vivir.

Relata cómo incluso en las condiciones más extremas de deshumanización y sufrimiento, el hombre puede encontrar una razón para vivir; como dice literalmente: “quien tenga un porqué para vivir podrá superar casi cualquier cómo”.

Las que habían perdido la esperanza y no habían podido hallar una explicación para todo lo que les estaba sucediendo, simplemente se dejaban morir.

  1. Localización del centro de control en uno mismo

Sentir que controlas tu vida y no depositas tus esperanzas sólo en la suerte o terceras personas.

Alex Rovira y Fernado Trias en su libro “La Buena Suerte” tratan este tema de una forma muy amena. Diferencian cómo hay un tipo de suerte, la de los juegos de azar, efímera y totalmente impredecible, y la Buena Suerte, con mayúsculas, aquella que aparece cuando se crean las circunstancias apropiadas para que ocurran cosas positivas.

  1. Autoestima saludable (concepción positiva de sí mismo)

Como apunta Luis Rojas Marcos, autor de Superar la adversidad: El poder de la resiliencia: “la autoestima saludable o la valoración positiva que hacemos de nosotros mismos se alza como otro factor decisivo a la hora de enfrentarnos a la adversidad. Una autoestima favorable estimula la confianza en uno mismo, el coraje, la determinación y, sobre todo, nos convierte en seres valiosos ante nosotros mismos, lo que supone un poderoso aliciente para vencer desafíos”.

Los resilientes confían en sus capacidades. Al ser conscientes de sus fortalezas y limitaciones, confían en lo que son capaces de hacer. Si algo les caracteriza es que no pierden de vista sus objetivos y se sienten seguros de lo que pueden lograr.

Conclusión: “Lo que no te mata, te hace más fuerte” (Nietzsche)

La famosa Angelina Jolie ha hecho suyo este viejo dicho cuando concedió una entrevista apenas una semana después de dar a conocer que había tenido que extirparse los ovarios y las trompas de Falopio. La actriz de habla sobre cómo todas las experiencias de la vida -buenas o malas- suponen un aprendizaje:

No hay que esperar a pasar por eventos traumáticos para poner en marcha nuestras competencias resilientes, es algo que se adquiere en el día a día, que podemos ejercitar y que depende en una buena medida de nuestra actitud ante la vida… SÉ RESILIENTE!!!

Escrito por Ángel Luis Guillén Torregrosa
ResearchBlogging.org
Pereda, N., Forns, M., & Abad, J. (2013). Prevalencia de acontecimientos potencialmente traumáticos en universitarios españoles Anales de Psicología, 29 (1) DOI: 10.6018/analesps.29.1.124921

Frankl, V. (1979). El hombre en busca de sentido. Barcelona: Herder.

Goleman, D. (2012). Inteligencia emocional. Editorial Kairós.

Goleman, D. (1999). La práctica de la inteligencia emocional. Editorial Kairós.

Gómez-Acebo, P., Bravo, C., Carmena, F. F., de Viu, C. M., & Álvarez, I. N. (2013). Resiliencia, gestión del naufragio. LID Editorial.

Munist, M., Santos, H., Kotlirenco, M. A., Suárez, E. N., Infante, F., & Grotberg, E. (2003). Manual de identificación y promoción de la resiliencia en niños y adolescentes.[Sitio en Internet] Organización Panamericana de la Salud.

Rojas Marcos, L. (2010). Superar la adversidad. El poder de la resiliencia. Barcelona: Espasa.

Saavedra, E. (2004). Resiliencia y ambientes laborales nocivos. Mobbing. Estudios.

Sharma, R. S. El monje que vendió su ferrari. Editorial DeBolsillo.

Trias de Bes Mingot, F., & Rovira Celma, Á. (2004). La Buena Suerte. Claves de la Prosperidad. Empresa Activa.

¿Cómo disminuir la fatiga mental?

Si la semana pasada hablábamos de en qué podía afectarnos desarrollar una fatiga mental excesiva, esta vez acercamos algunas de las medidas que podemos tomar para reducirla o prevenirla.

La mayoría de los trabajos de oficina conllevan una alta fatiga mental, necesitamos estar atentos y ser productivos durante las horas de nuestra jornada laboral. Sin embargo, mantener un nivel alto en este sentido puede afectarnos en múltiples aspectos. Si queremos que esta incómoda fatiga mental disminuya podemos comenzar a cambiar nuestros hábitos, aunque es importante tener en cuenta que si ya la estamos sufriendo tardará un tiempo en reducirse, sin embargo, estos hábitos también pueden prevenirnos contra el desarrollo de esta fatiga y sus consecuencias.

Aumenta tu bienestar físico

Una alimentación saludable, una hidratación adecuada y buscar tiempo para el ejercicio nos permitirá prevenir este efecto de sentirnos fatigados. El equilibrio físico nos puede proporcionar un mayor descanso mental o facilitar que este se produzca. Si bien es cierto que, como comentamos antes, el ejercicio físico se hace mucho más complicado cuando nos sentimos fatigados mentalmente, al ponernos en marcha aunque sea con paseos de corta duración, o subir escaleras en lugar de coger el ascensor, se produce un alivio de este excesivo esfuerzo mental que estamos haciendo.

Extraída de anabolic.co
Extraída de anabolic.co

Maneja la atención que prestas a tus pensamientos

Anteriormente hemos comentado que la causa principal de esta fatiga mental tiene que ver con sostener la atención de forma prolongada en el tiempo. La mayoría de los trabajos requieren de esto, en muchas ocasiones sin los descansos necesarios. Aún más, cuando tenemos los descansos necesarios, en muchas ocasiones no somos capaces de desconectar. Muchas veces un pensamiento se convierte en repetitivo e involuntario y vuelve una y otra vez a nuestra mente. La atención que prestamos a este tipo de pensamientos es agotadora. Este tipo de pensamientos suelen ser todo lo contrario a constructivos y en muchas ocasiones tienen que ver con algo que estamos postergando. Cuando es así, lo más útil, aunque también muy complicado, es pasar a la acción y dejar de posponer. Otras veces simplemente tienen que ver con nuestros miedos o expectativas. Aunque parezca imposible, tenemos la opción de plantearnos que “ya pensaremos luego sobre ellos”. Al hacer esto, reducimos la carga mental y de este modo la fatiga mental se reducirá.

Comienza a poner límites

En nuestras relaciones personales muchas veces podemos acabar cargándonos de más actividades de las que podemos o queremos abarcar, de esta forma, los tiempos de descanso se convierten en obligaciones también y necesitamos poner en ellas demasiado esfuerzo cognitivo. A veces nos es difícil decir que no a todo lo que nos proponen las personas que nos rodean, muchas veces incluyendo en el entorno laboral. Aprender a limitar nuestras obligaciones tanto dentro como fuera del trabajo repercutirá en aumentar nuestra capacidad y, lo más importante, será preventivo para nuestra salud mental.

Conoce lo que te da felicidad

La forma de recuperarnos de la fatiga mental que se puede producir en nuestro día a día muchas veces tiene que ver con comprometernos con las cosas que nos producen alegría o felicidad. Es posible que muchas veces ni siquiera sepamos qué son esas cosas, así pues, en ocasiones hay que empezar por hacer listas de acciones que nos dan felicidad. Una vez tengamos alguna lista, por pequeña que sea, de este tipo de cosas, lo mejor para aliviar la fatiga mental es incorporarlas en nuestro día a día, elegir siempre que podamos aquello que se acerque más a las acciones que nos proporcionan alegría.

En el post de la semana pasada ya comentamos los efectos negativos que la fatiga mental puede causar sobre nuestro bienestar y nuestras capacidades en la vida cotidiana. Poniendo algunas medidas para prevenir o mejorar esta fatiga mental puede hacer que nuestro día a día sea más llevadero. ¡Es el momento de empezar a ponerlo en práctica!

Fuente: http://www.huffingtonpost.com/leslie-davenport

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fatiga mental y regulación emocional

La fatiga mental es causada por un esfuerzo atencional o cognitivo prolongado. Básicamente, al tener que sostener un esfuerzo cognitivo ante una tarea de cualquier tipo, es probable que comencemos a desarrollar síntomas sobrecarga y de agotamiento que se produce por la realización de un esfuerzo cognitivo, generalmente en el trabajo, aunque también se ve alimentado por un estrés alto presente durante bastante tiempo. Cuando comenzamos a sufrir esta fatiga mental en muchas ocasiones parece aparecer de repente.

¿Qué síntomas tiene la fatiga mental?

Los síntomas típicos que sufrimos en el caso de estar fatigados mentalmente son somnolencia e incapacidad de mantener la atención y concentrarnos. En muchas ocasiones sentimos esta baja capacidad atencional relacionada con el trabajo. Las tareas nos llevan mucho más tiempo y parece que tenemos la cabeza en otro sitio, aunque por otra parte, no sabríamos decir dónde. Sin embargo, la fatiga mental, que puede estar causada por una tarea puramente intelectual, en ocasiones da lugar a consecuencias mucho más amplias.

extraida de test.doctissimo.es
extraida de test.doctissimo.es

Por una parte hace tiempo que se conoce que la fatiga mental puede llevar a perjudicar nuestro rendimiento en una actividad física, puesto que nos lleva a percibir el esfuerzo físico realizado como mayor y por tanto nuestra capacidad de mantener este esfuerzo disminuye cuando estamos mentalmente fatigados.

Pero la fatiga mental aún puede causarnos más sufrimiento que el hecho de que cualquier cosa, incluyendo tareas físicas se convierta en un gran esfuerzo por nuestra parte. Anteriormente comentamos que el síntoma más prominente en la fatiga mental tiene que ver con la capacidad atencional de la que disponemos. Esta atención no sólo es algo que necesitemos para el trabajo, sino que al tener menos capacidad atencional comenzamos a ser menos conscientes de nosotros mismos y por tanto nuestra capacidad de autorregulación disminuye.

Así se deteriora tu regulación emocional

Cuando se ve mermada nuestra capacidad de autorregulación, el manejo de nuestras emociones también se debilita. Recientemente un grupo de investigadores de la “Section on Neurobiology of Fear and Anxiety” del NIH realizaron un interesante experimento para comprobar si la regulación emocional se podría ver afectada por la fatiga puramente cognitiva. Para ello, hicieron que los participantes del estudio realizaran tareas cognitivas en dos formas diferentes. Una de ellas era el grupo control, el cual realizó tareas que requerían poco esfuerzo cognitivo mientras que al otro grupo se le aplicaron tareas de alto esfuerzo cognitivo, produciendo en ellos esta fatiga mental.

Posteriormente, se presentaron a ambos grupos tanto imágenes neutras como negativas. Se les pidió que trataran de regular la emoción negativa que les producían estas últimas. Cuando se midió el nivel de emoción negativa que presentaban ambos grupos, se comprobó que los dos mostraban un afecto negativo ante las imágenes, pero al tratar de disminuir esta emoción, en la segunda medida que se hizo, sólo el grupo libre de fatiga mental era capaz de hacerlo. El grupo al que se le sometió a este esfuerzo cognitivo prolongado, sin embargo, no pudo disminuir el afecto negativo que las imágenes les habían provocado.

Estos resultado parecen dejar claro que cuando estamos sometidos a un alto esfuerzo cognitivo es posible que comencemos a perder la capacidad de regular nuestras emociones, de forma que nuestro se dañe nuestro bienestar psicológico.

Por este motivo, es importante que tanto en nuestra vida personal como laboral aprendamos a buscar momentos de descanso, sobretodo cuando nos estamos sometiendo a un esfuerzo cognitivo mantenido en el tiempo. Si ponemos medios cuando nos encontramos cansados físicamente, ¿por qué no hacerlo igual ante los esfuerzos mentales?

Fuente: psycnet.apa.org/

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.org

Grillon C, Quispe-Escudero D, Mathur A, & Ernst M (2015). Mental fatigue impairs emotion regulation. Emotion (Washington, D.C.), 15 (3), 383-9 PMID: 25706833

Deseando ver a un líder

Extraída de https://serunlider7.wordpress.com
Extraída de https://serunlider7.wordpress.com

Hoy, en día de elecciones presidenciales, nos gustaría que quien saliera elegido fuese un partido capaz de transformar el país. Como si fuésemos un grupo de personas unidos todos hacia un mismo reto (la estabilidad y el crecimiento del país), hemos estado bombardeados estos días de campaña para elegir a aquella persona que reúne mayoritariamente nuestras expectativas y anhelos, esperando que nuestro voto sea transformador y suponga un verdadero cambio. Y aunque todo no es tan racional como nos parece, cada uno hemos ido eligiendo aquellos discursos que mejor representaban todo ello, personificadas en aquella figura que mejor logre alcanzarlos y que nos mantenga comprometidos con ese deseo de cambio. Pero, ¿tienen todos los candidatos madera de líder?. Exploremos lo que significa ser un buen líder y tomemos nuestras propias conclusiones

  1. Un buen líder ha de ser un modelo. En efecto, para que los seguidores podamos identificaros con el líder, el líder ha de tener las cosas claras y guiarnos en el proceso. Y como tal, su discurso está impregnado de la siguiente máxima: “hago lo que siento y siento lo que hago”. Su apariencia, ademanes y comportamientos reflejan su ideario y no hay titubeos; además, son a los seguidores a quienes hace partícipe de todo el proceso, convirtiéndose en un modelo positivo de sus propias ideas.
  2. Los líderes hablan de metas claras y concisas, ajustando las expectativas a lo que realmente pueden ofrecer. Todos podemos ofrecer una numerosa cuantía de promesas, pero los buenos líderes hablan tanto de metas como de limitaciones, teniendo claro el contexto donde se mueven y proponiendo una manera eficaz de llegar a ellas. Las metas las definen claramente. Esto nos permite operativizar nuestros recursos y el nivel de satisfacción que uno alcanza cuando consigue lo que se propone. Y nos da seguridad y alivio; sabemos lo que tenemos que hacer y cómo conseguirlo.
  3. Utilizan la creatividad como caja de herramientas. Si una cosa no ha funcionado en el pasado, no tiene porque funcionar en el presente. No tiene miedo de explorar nuevas fórmulas para solucionar los problemas que se le van presentando por el camino. De esto modo, invierten en el desarrollo intelectual de sus seguidores porque de las nuevas ideas pueden surgir nuevas soluciones. Y no tienen miedo de acudir a nuevos talentos para ello; el líder no lo sabe todo y por eso puede reciclarse con un equipo nuevo que se ajuste a la realidad cambiante. Hacernos más listos nos beneficia a todos.
  4. Nos considera individualmente. Nuestras preocupaciones son sus preocupaciones, y de este modo, habla en primera persona de nuestros problemas y dificultades porque son las mismas a las que él se enfrenta cada día. El escenario perfecto para él es aquél en que los seguidores pueden desarrollar sus necesidades y habilidades, porque el crecimiento de los seguidores posibilita su propio crecimiento. De esta manera crece la identificación con el líder: parece que todos vamos a una y que él es la pieza que nos impulsa a todos.
  5. Ellos también cometen errores. Y no hay excusas: nadie hablo de un escenario perfecto y él puede cometer errores, incluso dejar su puesto si el fallo ha supuesto una desestabilización grave. El fracaso es también parte del juego. Pero no hay dramatismos en su asunción y aceptación; un buen líder no habla pone excusas ni habla de agentes externos al problema, el buen líder habla de soluciones. De reiniciar. De reconocer los errores para volver a hacerlo mejor. Mejor reconocerlo: la adaptación nace de una oportunidad fallida.
  6. La mejor baza es la información. Por su posición, es probable que el líder conozca escenarios y circunstancias que otros muchos ni se habían planteado. Solo de estar bien informado puede uno tomar las mejores soluciones. Y sin embargo, no le importa compartirlas y trabajar en equipo con los diferentes sectores de la población para hallar una respuesta coordinada y adaptada a ella. La supervivencia del equipo puede depender de ello.
  7. Gestiona las crisis y nos gestiona emocionalmente. Porque pueden pasar terribles acontecimientos, el buen líder entiende las necesidades que se ponen en marcha en situaciones de grandes crisis y permite escenarios donde poder expresarlas y gestionarlas. ¿Para qué negarlas, cuando de una verdadera integración puede conseguir una verdadera colaboración de todos, totalmente necesaria en esa situación extrema? Al fin y al cabo, su equipo y motor somos nosotros; de nuestra estabilidad y salud puede sostener su propia situación.

Éstas son solo algunas de las características esperables para un buen líder, con el objetivo de poder transformar aquello que ha recibido y hacer algo mejor. ¿Podéis pensar en ejemplos de acciones y palabras vistas estos días? ¿Puede explicar esto vuestra adhesión a un candidato concreto? Reflexionad, al final la clave está en cambiar.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: psycentral, psychology today.

El modus operandi de un manipulador

Extraída de www.gaiashare.com
Extraída de www.gaiashare.com

Imagina un escenario de trabajo. Un jefe quiere que uno de sus trabajadores haga una función que no es suya por puesto, que no está sujeta a ningún convenio y por la que encima hará horas extras, que el jefe no está dispuesto a pagar. Imagina que va hacia sus víctimas, dispuestas a convencerlas, bien por su puesto de superioridad, bien por su capacidad oratoria. Imagina ahora que utiliza, además, su capacidad de manipulación: de manera sutil, sin que éstos se den cuenta, va consiguiendo que sus empleados vayan cediendo en pequeñas actividades; al principio son inofensivas y las víctimas no les importa ceder…es el principio para que el manipulador más tarde pueda pedir más. Si al principio era de manera formal; poco a poco las peticiones se hacen más agresivas, incluso puede utilizar algún tipo de violencia (verbal o psicológica, mayoritariamente en estos contextos), que sorprenden a sus empleados. Sin embargo, y a pesar de que son conscientes de que sus peticiones no son adecuadas (e incluso exageradas), el jefe ya ha ido minando su capacidad crítica; de manera que no están seguros si la reivindicación de sus derechos es justa. El jefe manipulador, además, tenderá a culpabilizarles por no hacer su trabajo (que no es el suyo, sus funciones han sido excedidas), aduciendo que es una petición “legítima”, y que él tiene el deber de recodárnoslo (creando una situación  fragante de poder)… en efecto, tenemos un escenario de abuso. Es más frecuente de lo que parece. Ahora vamos a clarificar más detenidamente su modus operandi para que podáis identificarlo. Y recordad…no sólo se produce en los contextos laborales.

  1. En el principio, es cuestión de elección. Las personas manipuladoras no son más inteligentes que el resto, ni siquiera tienen una capacidad inaudita para la retórica. El manipulador tiene un importante déficit de habilidad social, y sólo utiliza esas formas porque es incapaz de comunicarse adecuadamente, y de conseguir sus objetivos de una manera correcta. Por ello, cuando se presente una oportunidad propicia, el manipulador elegirá dónde y con quién ejercer su manipulación.
  2. Nos dejará hablar y buscará nuestras debilidades. El manipulador es bastante selectivo; como ya hemos dicho, sus acciones primeramente son sutiles, casi imperceptibles…el manipulador sondea a su alrededor y a varias personas, y les deja hablar…de cosas cotidianas, de sus gustos, preferencias…de sus valores, de su forma de ser…va haciendo una lista. Donde nosotros las llamamos cualidades, él las denomina “debilidades”. Y esas debilidades son las que utilizará más adelante para desarmarnos.
  3. “Deformación de los datos”. El manipulador comenzará a pedir sus objetivos con pequeñas excusas, con peticiones sencillas…habrá algún problema y te pediré algún favor. Deformará la realidad, o te hablará de necesidades inmediatas. Podrá mentirte, más tarde será descarado, exagerando tu participación y aportación. Te tendrá ganado.
  4. Primeras señales de manipulación agresiva: hará alusión a una superioridad intelectual. Cuando el manipulador ya nos está pidiendo favores que exceden a nuestras funciones, empezará a intimidarnos intelectual: no entendemos sus motivos, pero nos impondrá hechos, estadísticas, procedimientos y trámites burocráticos del que nosotros, las víctimas,  sabemos poco y de los cuales no podemos olvidar…para no dejarlos de cumplir. Empezaremos a sentir miedo, abrumados de las consecuencias y sin capacidad posible de defensa.
  5. La violencia empieza por un buen discurso. En ese escenario de miedo e inseguridad de los trabajadores, el manipulador tenderá a “perder los papeles” de una manera muy planificada: sus discursos se caracterizarán por frecuentes elevaciones de la voz y con un lenguaje corporal rotundo y sin miramientos. Esto se apoyará en peticiones directas y agresivas, en las que deja muy poca capacidad de decisión sus víctimas y muy poco tiempo para decidir (incluso en el momento)…la capacidad de decisión y de reivindicación crítica se verá mermada por lo directo de la situación (y por las emociones negativas que nos despierta) y entonces cederemos. El manipulador irá repitiendo esta situación cada vez más y más.
  6. Si titubeas y no cedes en ese momento, tendrá preparadas sorpresas. En efecto, por si fuera ya poco todo esto, cada vez que te pida cosas te irá preparando sorpresas (“el martes y jueves pasado me dijeron que …”) a las que te costará reaccionar por lo inesperado de la información ….no sólo eso, sino que empezará ridiculizar tus acciones y tus funciones, con amenazas constantes de unas consecuencias fatales (que nunca llegarán) con tal de que hagas los que ellos digan. Dejarán de ser sólo manipuladores para ser agresores manifiestos
  7. Y nosotros tendremos la culpa…la persona manipulada tenderá a intentar llegar a un acuerdo para que se acaben los abusos. Pero el manipulador no contestará a ningún e-mail de conciliación, y tenderá a decir que “no nos entiende, que no nos estamos explicando bien, nada bien…y de que nosotros no estamos poniendo nada de nuestra parte, con lo que ha hecho por nosotros”. Nos hará sentirnos vulnerables, y nos impedirá defendernos. Aludirá a nuestra previa simpatía y relación, y no dudará en adoptar un papel de víctima por nuestros desplantes y continuos errores…así una y otra vez, creando un escenario durísimo para la persona manipulada.

Recordad: el objetivo de todo manipulador es conseguir sus objetivos, siendo nosotros instrumentos para llegar a unos fines desproporcionados e injustos. Ellos no se detendrán por que lo ven legítimo, es “su modus operandi”. Nosotros somos los que podemos decir basta. Nuestros derechos sí son importantes.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology today