5 consecuencias de criar como padres helicóptero

Los “padres helicóptero” son realmente útiles para sus hijos e hijas a corto plazo. Actúan como secretarios personales que ayudan a sus hijos e hijas con todo. Los rescatan cuando éstos olvidan sus deberes y les llevan de un sitio a otro, en coche hasta la misma puerta.

Muy a menudo, los niños con ese tipo de apoyo pueden obtener una ligera ventaja. Y eso tiene sentido. Cualquier persona con un asistente personal a tiempo completo es probable que destaque en comparación con los que tienen que hacer todo por su cuenta.

Pero la hiperprotección afecta a los niños a largo plazo. Los niños que crecieron con padres helicóptero pierden rápidamente esa ventaja cuando crecen.

Foto extraída de www.wireltern.ch
Foto extraída de www.wireltern.ch

Los investigadores han estudiado los efectos a largo plazo de la crianza helicóptero y señalan algunos de los problemas a los que se enfrentan estos niños cuando llegan a la edad adulta:

  1. Tienen más problemas de salud.

Un estudio de 2016 de la Florida State University descubrió que los niños con padres helicóptero tienen más probabilidades de tener problemas de salud en la edad adulta. Descubrieron que la mayoría de los niños hipercontrolados por sus padres nunca aprendieron a manejar su autocuidado porque sus padres siempre les decían cuándo dormir, cuándo hacer ejercicio y qué comer.

Los padres muy invasivos a menudo se preocupan excesivamente por la salud de sus hijos y les recuerdan constantemente qué hacer. Los estudios demuestran que a falta de esos recordatorios constantes, estos niños desatienden su cuerpo.

  1. Se sienten con derecho.

Los padres helicóptero adoran tanto a sus hijos que tienden a pensar que son el centro del universo. Y esa noción de que son súper especiales no desaparece cuando cumplen 18 años.

Investigadores de la Universidad de Arizona descubrieron que los niños hiperprotegidos crecen sintiéndose con derecho. Es más probable que estén de acuerdo con afirmaciones como “Exijo lo mejor porque lo valgo”. Otros estudios han vinculado este sentimiento de tener derecho con la decepción crónica y sufrimiento continuo en la vida.

  1. Tienen problemas emocionales.

Los niños hiperprotegidos crecen sin aprender a regular sus emociones; sus padres lo hicieron por ellos. Si estaban tristes, sus padres los animaban. Si estaban enfadados, sus padres los calmaban.

Su falta de habilidades de regulación emocional se convierte en un gran problema una vez que salen del nido. Un estudio de 2013 de la Universidad de Mary Washington en Virginia encontró que los estudiantes universitarios que fueron criados por padres helicóptero tienen más probabilidades de estar deprimidos. También informan menos satisfacción con sus vidas en general.

  1. Confían en la medicación.

Los niños hiperprotegidos no están acostumbrados a tolerar la incomodidad. Sus padres los protegieron del dolor y les impidieron lidiar con las dificultades. Además, están acostumbrados a la gratificación inmediata. Eso puede explicar por qué recurren tan rápido a la medicación, ya que quieren que su dolor desaparezca y quieren que sea ya.

Un estudio de 2011 realizado por investigadores de la Universidad de Tennessee en Chattanooga reveló que los estudiantes universitarios cuyos padres les sobrevolaban  tenían más probabilidades de tomar medicamentos para la ansiedad y la depresión. También eran más propensos a consumir pastillas para el dolor de forma recreativa.

  1. Carecen de habilidades de autorregulación.

Los niños con padres helicóptero no crecen con tanto tiempo libre como otros niños. Sus entornos suelen estar muy estructurados y su tiempo está estrechamente regulado.

Sin oportunidades para practicar la administración de sí mismos, carecen de las habilidades necesarias para alcanzar sus objetivos. Un estudio de 2014 de la Universidad de Colorado encontró que los adultos que crecieron con los padres helicóptero tienen menos probabilidades de poseer el control mental y la motivación que necesitan para tener éxito.

Otros estudios han sacado conclusiones similares. Estos niños tienden a posponer las cosas y carecen de la iniciativa y la motivación necesarias para tener éxito.

Evita la tendencia a sobrevolar

Los padres helicóptero tienen la mejor intención de ayudar a sus hijos a tener éxito. Pero, en última instancia, sobrevolarles e invadirles roba a los hijos la fuerza mental que necesitan para alcanzar su mayor potencial en la vida. Por supuesto, dejar que tus hijos cometan errores, permitirles fallar y darles la oportunidad de resolver sus propios problemas requiere también en ti mucha tolerancia al malestar. Intenta considerar que tus hijos/as son personas diferentes a ti, y por lo tanto, necesitarán equivocarse para convertirse en adultos sanos y responsables.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

¿Para qué sirve soñar?

En los seres humanos, el sueño es desde siempre un componente importante para la vida. De hecho, es fácil que cuando hemos tenido algún sueño extraño o intenso, tratemos de buscarle una explicación. Es inherente a nosotros y se ha visto reflejado en múltiples ocasiones en diferentes culturas, desde los sueños premonitorios a Freud con su “interpretación de los sueños”; desde los chamanes a Jung y los arquetipos.

Teniendo en cuenta que en tantas ocasiones los sueños han tenido un valor importante, es bastante probable que cumplan alguna función en nuestras vidas. Aunque en los últimos años, y sobretodo, desde un punto de vista científico no se ha estudiado en exceso, algunos autores han tratado de buscar la función que puede cumplir el que soñemos.

¿Qué se ha encontrado en las investigaciones?

Así, han encontrado que hay un rasgo personal que influye directamente sobre el contenido de los sueños, y ese es precisamente la supresión emocional. Las personas que suprimen más sus emociones en vigilia, mostraron una cantidad más alta de emociones como la tristeza, el enfado, el miedo y la ansiedad durante los sueños.

No sólo eso, sino que además la calidad del sueño de las personas que suprimen sus emociones durante el día es bastante peor, con más dificultades para conciliar el sueño, más alteraciones mientras duermen y un mayor cansancio durante el día. Por último, como es esperable, las personas con más supresión de pensamientos mostraron una mayor tendencia a la depresión, ansiedad y estrés.

Esto parece demostrar que en los sueños se produce una especie de efecto rebote, de modo que cuando dejamos de expresar y sentir las emociones negativas, éstas aumentan en los sueños, de forma que de algún modo salen a flote por mucho que tratemos de esconderlas. Además, no ocurre de este mismo modo con las emociones positivas, ni con la emoción de “culpa”, que posiblemente sea más compleja, o requiera de más autoconciencia, de modo que sea más complicado presentarla en los sueños.

extraída de interestingthings.info
extraída de interestingthings.info

El contenido de los sueños ayuda a la regulación emocional

Ya que parece que esté claro que este efecto rebote ocurre, podríamos comenzar a explicar algunas de las funciones de los sueños. Por una parte, puede que sea una forma de encontrarse con estas emociones de forma directa, aprendiendo a no suprimirlas. Por otra parte, puede ser la forma en la que una persona se enfrente a los sentimientos negativos que le sobrepasarían en vigilia, de forma que se pueda practicar el afrontamiento de los  mismos durante el sueño.

Además, estos resultados de la investigación, explican por qué algunas personas muestran un rechazo hacia el sueño cuando están pasando situaciones complicadas en la vigilia. Si les está costando manejar los sentimientos negativos, esto puede llevar en ciertas personas a manifestar una mayor supresión de sentimientos, de forma que posteriormente se produzca este efecto rebote y por lo tanto se deteriore la calidad del sueño y además haya más sensaciones negativas como el enfado, la tristeza o el miedo.

Para que esto ocurra lo menos posible, es importante aprender a suprimir menos estas emociones. De hecho, en momentos de la vida en los que se puedan manifestar más estas emociones, puede ser útil escribir una especie de diario antes de ir a dormir, haciendo especial énfasis en las emociones negativas que pueden estar siendo más suprimidas y, posiblemente, este acercamiento dirigido y controlado hacia ellas puede dar lugar a una mejor calidad de sueño, además de con menos sensaciones de angustia.

Aún queda mucho camino que explorar en el terreno de los sueños desde un punto de vista científico, pero en pequeños pasos, se va conociendo más de la función de la acción de soñar, más allá de las puramente relacionadas con el dormir.

Fuente Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Cinco consejos para combatir la ansiedad social estas navidades

Las personas que sufren ansiedad social, también llamada fobia social, sienten un miedo intenso a ser juzgados por los demás, además de una sensación muy alta de vergüenza al encontrarse en situaciones sociales. Quien sufre este problema, puede tener dificultades en situaciones cotidianas en las que es necesario relacionarse con otros; como el trabajo, escuela o universidad, así como otras situaciones de ocio como fiestas o celebraciones. Habitualmente, en estas situaciones, las personas con ansiedad social están hipervigilantes de su propio comportamiento y es fácil que piensen de sí mismos que el más mínimo gesto puede ser percibido por los otros como algo muy importante y que ha de ser juzgado muy negativamente por los demás.

Cuando nos acercamos a fechas como la de Navidad, las personas que sufren fobia social pueden comenzar pronto a pensar sobre lo difícil de las situaciones de celebración y que muchas veces implica reunión de cantidad de personas, a las que se ven obligados, pero en las que normalmente lo pasan con muchas dificultades.

Si eres una de esas personas, puede ser útil contar con algunas estrategias que pueden ayudar a afrontar estas situaciones en lugar de evitarlas o pasar un mal momento.

extraída de themighty.com
extraída de themighty.com

1. Prepárate

Ya que con mucha probabilidad vas a pasar tiempo anticipando todo lo malo que puede pasar en esta situación, quizá sea interesante que la preparación previa conste de algunas cosas positivas. Por ejemplo, puede ser útil practicar algún ejercicio de relajación o respiración, de forma que cuando estés en la situación ya hayas adquirido cierta práctica en esto y te sea más sencillo llevarlo a cabo.

Además, puede ser interesante que prepares algunos temas de conversación para la situaciones de interacción con otros. Una buena forma de sufrir menos ansiedad en las situaciones sociales es poner el foco en los otros, de modo que si logras preguntar por temas que fomenten que otros hablen de sí mismos es fácil liberarte un poco.

2. Ponte trabajo

Ya que gran parte del estrés derivado de la ansiedad social proviene de la vigilancia excesiva sobre la propia competencia social, puede resultar útil que en estas reuniones te pongas un trabajo que hacer. Puede ser ayudar en la preparación de la cena, servir las bebidas, ser el encargado de la música… Cualquier tarea puede ser buena si te ayuda a dejar de centrarte en cómo te estarán juzgando los demás. Además, está estudiado que el ayudar de forma altruista a otros, también reduce el propio nivel de estrés y aumenta la autoestima, así que ¡trata de ser de ayuda a quién puedas!

3. Convierte la ansiedad en excitación

En estos contextos de celebración, puede que sientas momentos puntuales de mayor ansiedad. En estos momentos puede ser útil decirte a ti mismo que esos nervios tienen más que ver con estar expectante a que algo ocurra que porque te sientes ansioso. Aunque parezca imposible, se ha estudiado que es más sencillo transformar la ansiedad en excitación que en calma, ya que se parecen mucho entre sí, aunque cada una de ellas tenga un tono positivo y negativo. Además, el simple hecho de etiquetar las sensaciones físicas con una atribución verbal distinta puede ayudar a codificarlas de otra forma y hacer de ellas algo más manejable.

4. Sé curioso

Una de las cosas que hacen que la ansiedad pueda convertirse en excitación es la curiosidad. Si logras buscar y descubrir detalles que puedan sorprenderte en la celebración, podrás lograr que la ansiedad se vea mermada. No sólo por esta posibilidad de transformar la ansiedad, sino también porque al tener actitud de curiosidad, los circuitos cerebrales implicados son muy diferentes a los que tienen relación con la ansiedad. Si tratas de ser curioso, pondrás en marcha las áreas cerebrales relacionadas con el refuerzo y la satisfacción. Puedes centrarte en saborear o notar las texturas de diferentes platos o en descubrir algo nuevo de alguno de los comensales.

5. Recuerda que siempre puedes tomarte un descanso

Si en un determinado momento la ansiedad termina por superarte, o simplemente te agotas, lo mejor que puedes hacer es permitirte dar un paso atrás. Una de las cosas más importantes cuando tienes ansiedad, es ser consciente de cuando es demasiado. Además, el esfuerzo invertido en estar en las celebraciones ya es suficiente, luego quizá no sea necesario que además seas el último en despedirte. Si en un momento dado necesitas salir de la situación e irte a casa, el resto de invitados podrán entender que necesitas también el descanso en estas situaciones.

Seguro que alguno de estos consejos puede serte útil en estas fechas en las que la ansiedad social puede ser muy dolorosa, porque aún así, no ha de impedirte disfrutar de la felicidad de las fiestas.

Fuente medicalnewstoday.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

¿Cómo es sentirse vacío? y ¿qué se puede hacer?

Aunque es bastante habitual, como psicólogo, encontrarse personas que manifiestan sentirse vacías, es un concepto bastante difícil de definir. Precisamente, lo que lo hace difícil es la peculiaridad de que sea un “no-sentimiento”. Los seres humanos no estamos preparados para comprender la “nada” y por tanto, aunque sí se contempla como un síntoma en varios trastornos psicológicos, la definición es algo menos clara.

Aún así, desde la clínica sí se puede comprender y tratar este sentimiento tan negativo. Las personas que sienten algo similar, sin embargo, en muchas ocasiones lo arrastran como parte de su día a día sin plantearse siquiera que pueda cambiar. Habitualmente, el que este sentimiento sea algo que se conoce desde la psicología suele ser un alivio para las personas que lo están sintiendo.

¿De dónde procede?

Este sentimiento de vacío consiste en la incapacidad de experimentar emociones y en muchas ocasiones se manifiesta como embotamiento, angustia, como si algo faltara en tu vida. Se percibe como la desconexión de lo que está ocurriendo, de las relaciones personales y de las actividades cotidianas. En ocasiones, incluso a nivel físico parece que existe este vacío en el pecho, en el abdomen o en otras partes del cuerpo.

En términos generales, esta sensación proviene de que previamente, de un modo u otro hemos dejado de atendernos a nosotros mismos. Cuando el ser humano deja de atender a sus propias necesidades el cuerpo, de alguna manera, da lugar a manifestaciones que funcionan como una señal de alarma para cambiar lo que se hace día a día. Cuando las necesidades que se dejan de atender son las emocionales, surge este sentimiento de vacío. Esto puede ocurrir por una crianza en la que se han desatendido, invalidado o castigado las emociones. Además, cuando se produce la pérdida de alguien cercano o cuando se ha producido esta pérdida en el desarrollo, es posible que estos sentimientos aparezcan o se intensifiquen.

extraída de disqus.com
extraída de disqus.com

¿Qué se puede hacer?

Cuando sentimos este vacío, es de utilidad comenzar un proceso de terapia, ya que esta sensación puede generar otras conductas o pensamientos muy dañinos para la persona que lo experimenta.

Reconocer que lo sentimos

El primer abordaje de este sentimiento difícil de explicar es que efectivamente lo estamos sintiendo y tratar de que no sea juzgado negativamente. Permitirnos reconocer que lo estamos sintiendo posteriormente nos ayudará a lograr un mejor manejo de esta situación.

Enfadarnos con nosotros por sentirnos así, sentirnos culpables, ignorar este sentimiento o tratar de sustituirlo por otro sólo logrará que termine por agravarse y hacernos sentir aún peor.

Pasar tiempo con nosotros mismos

Cuando nos sentimos vacíos, es bastante probable comenzar a llenar este “hueco” interior con otras cosas; comprando objetos, consumiendo drogas, viendo televisión, jugando a videojuegos… De esta forma, sin embargo, no se logra el efecto deseado de llenar este vacío, mientras que sólo se logra que posteriormente se necesite cada vez más aumentar la necesidad de este tipo de cosas. Por otra parte, si pudiéramos invertir este tiempo y esfuerzo en nosotros mismos, en parar y escuchar lo que nos está pidiendo este sentimiento de vacío, la ganancia a largo plazo será menor, aunque en un inicio puede dar lugar a una sensación incómoda.

Explorar los sentimientos en el momento

Ya que este sentimiento de vacío tiene su origen en una desatención e invalidación de sentimientos, será necesario en un primer momento comenzar a explorar los propios sentimientos. Para ello se puede comenzar por parar en un momento dado, y preguntarte “¿qué estoy sintiendo ahora?” así, poner una etiqueta verbal emocional a lo que sentimos. Si esto resulta complicado, se puede hacer simplemente con alguna parte del cuerpo, preguntándonos qué sentimos en ella, temperatura, movimiento, tensión… Haciendo esto con cierta regularidad puede ayudarnos a aumentar el tiempo y la profundidad de esta exploración de nosotros mismos.

Explorar los sentimientos de vacío

Posiblemente esta parte se haga más complicada, pero se puede lograr a través de preguntas como:

  • ¿estoy realizando comportamientos o consumiendo cosas para evitar escuchar mis sentimientos?
  • ¿me siento culpable por cosas que están fuera de mi control?
  • ¿atiendo a mis necesidades físicas y de salud?
  • ¿me muestro compasión a mi mismo/a al igual que haría con un familiar cercano?
  • ¿estoy considerando mis sentimientos en las relaciones interpersonales?
  • ¿me digo cosas positivas?

Darte crédito

El hecho de sentirse vacío puede ser muy difícil de manejar, y lo más recomendable en este caso es tratar de mejorar con psicoterapia. Además, puede dar lugar a pensamientos referentes a que no hay esperanza, que no hay nada que hacer o que no merece la pena, sin embargo, es importante que tengamos en cuenta que sentirse así es parte de la solución que de modo inconsciente se puso en el momento de la vida en que efectivamente no había nada que hacer. Sin embargo, en este momento de tu vida sí es posible abordar este sentimiento de nuevo y cambiar la sensación tan negativa que nos está produciendo. No sólo eso, sino que a pesar de que sientas que no es así, mereces que cambie. Y mereces sentirte mejor.

Fuentes psychcentral.com, goodtherapy.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Pon tu mascarilla de oxígeno antes de ayudar a tu acompañante

Si viajas en avión, verás que en caso de necesitar el uso de las mascarillas de oxígeno, antes te la coloques a ti mismo que a personas que te puedan acompañar. En un contexto como este, es fácil ver cómo no podrás ayudar a otros sin tener tú el suficiente aporte de oxígeno. En el caso de situaciones más cotidianas, es mucho más complicado ver que para ayudar a los otros es importante mantener cierto grado de autocuidado.

Lo que nos encontramos en la consulta del psicólogo, en una gran parte de las personas que acuden es una falta clara de autocuidado. Así, muchas veces se encuentran sobrepasadas por la situación, les parece imposible llegar a todo y acaban pagando este estrés con las personas que tienen más cerca. Incluso en el momento que logran pedir ayuda en el psicólogo, ni siquiera se les ocurre que pueden necesitar un mayor cuidado de ellas mismas.

Es cierto que culturalmente, no se percibe, ni se contempla, que podamos necesitar del cuidado propio, y mucho menos se le da valor. Por este motivo, en muchas ocasiones parece extraño plantear la idea de disfrutar con algo, de simplemente hacer cosas para el puro placer o satisfacción propio.

extraída de aviaciond.com
extraída de aviaciond.com

Habiendo nacido en una cultura en la que el malestar no debe aparecer nunca, es bastante frecuente que se ignoren las señales que implican una necesidad tal como el autocuidado. Esto puede llevar a que consideremos que el autocuidado es exclusivamente lo que también se vende en nuestra cultura; ir al gimnasio, hacer dieta, tratamientos de belleza… Sin embargo, la mejor manera de conocer qué es lo que necesitamos pasa precisamente por escuchar nuestras emociones, normalmente las negativas. Esas que precisamente ignoramos tan a menudo.

En la página de Psychcentral nos dan el truco de las 4 N’s para saber los pasos que podemos dar con el fin de escuchar tus propias emociones, tanto las positivas como las negativas. ¿Cuáles son esas cuatro N’s?

– Notar. En muchas ocasiones nos centramos en cosas que pueden darnos alivio sin llegar a percibir qué estamos intentando aliviar. A veces nos refugiamos en el trabajo, o consumimos cualquier tipo de droga legal o ilegal. Otras veces podemos comprar cosas que no necesitamos para sentir ese alivio, o comemos más o peor de lo que sabemos que nos sienta bien. Aunque tratemos de esconderlo, habitualmente, si nos paramos a pensar sobre ello, todos nosotros hacemos alguna de estas “conductas de evitación” para no llegar a notar estas emociones desagradables, aunque a largo plazo esto hace que ignoremos nuestras propias necesidades.

– Nombrar. Cuando sentimos al fin esta emoción desagradable, muchas veces ni siquiera es fácil saber de qué se trata. La respuesta más frecuente a “¿Cómo te hace sentir eso?” en referencia a un evento negativo en demasiadas ocasiones es sólo “Mal”. Poner un nombre más concreto ayuda a hacer categorías que transforman esas sensaciones negativas en algo más manejable.

– Nutrir. En el momento en que conocemos la emoción concreta que estamos sintiendo, acorde a la situación que vivimos, es el momento de alimentarla. De poco sirve sentir y poner nombre a algo si después lo que terminamos haciendo es inhibirlo. Es importante dejar que la emoción aparezca, en cualquiera de las manifestaciones que necesitemos. Si estamos tristes, necesitaremos llorar, si estamos alegres reír y si nos enfadamos, quizá necesitemos gritar, aunque no necesariamente a nadie. Permitirnos su expresión fomenta que la emoción tenga cabida en nuestro día a día, mientras que cuando no lo hacemos, acaba por pasar alguna factura.

– Necesitar. Por último, tras los pasos anteriores, lo que es recomendable hacer con esas sensaciones negativas que ya hemos nombrado y expresado es escuchar lo que nos dice de lo que realmente necesitamos. Atender a nuestras emociones negativas es el camino más directo a fomentar el autocuidado. No siempre estamos acostumbrados, pero cuando logramos hacerlo con cierta soltura, comenzamos a cubrir nuestras necesidades y por lo tanto a cuidar más de nosotros mismos y aumentar nuestro bienestar.

El ejemplo de la mascarilla de oxígeno en caso de que éste falte puede verse muy claro. Tus necesidades vitales tienen que estar cubiertas si quieres lograr ayudar positivamente a alguien que también esté en peligro. Cuando hablamos del campo de las necesidades emocionales, con demasiada frecuencia se nos olvida, pero el funcionamiento es el mismo. Antes es necesario el autocuidado para poder dar el adecuado cuidado a los demás.

Fuente: Psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Lo que no sabes de los ataques de pánico (y cómo tratarlos)

Quién ha sufrido alguna vez un ataque de pánico, sabe que lo más habitual es no saber qué ocurre. En un primer momento se siente un gran desconcierto y un miedo muy intenso.

Observando de cerca el fenómeno de los ataques de pánico, se sabe que no son exactamente el mismo tipo de miedo que puede aparecer ante un contexto amenazante. De hecho, los ataques de pánico son considerados como una respuesta abrupta e intensa de miedo ante una amenaza que proviene de dentro del cuerpo. De hecho, de forma neurobiológica no funciona del mismo modo que la ansiedad en sí misma, que se refiere a un daño potencial más distante o incierto.

El pánico, en su forma biológica está más relacionado con circuitos del miedo que no incluyen necesariamente a la amígdala, la estructura cerebral estrella en el funcionamiento de miedo.  Además, el neurotransmisor que está más implicado en el desarrollo del pánico es la serotonina, mientras que el cortisol sería el que se relaciona más con el estrés. Por eso, se considera que puede ser una condición diferente a la propia ansiedad, y sobretodo se encuentra una relación con una hipervigilancia de los sistemas internos de control de la respiración.

extraída de Huffington Post

Pero los ataques de pánico sólo son un sistema de defensa de nuestro cuerpo que se activa para responder a una amenaza. Cuando el ser humano (y también muchos animales) tienen que defenderse, pasan por varias fases

  • en primer lugar, la fase pre-amenaza, en la que se puede vigilar el contexto para detectarla
  • después la fase de post-encuentro, en la que nos quedamos paralizados para analizar el peligro
  • por último el comportamiento defensivo.

Cuando la amenaza proviene de dentro de nuestro propio cuerpo, lo que vigilamos en primer lugar es el contexto (un centro comercial lleno de gente) pero cuando nos quedamos paralizados lo que analizamos como peligroso son las señales internas de nuestro cuerpo, lo que desencadena respuestas más intensas, los pensamientos que nos invaden son el miedo a morir o a que falte el aire, las cosas que hacemos, aunque no sea de forma muy voluntaria, son hiperventilar y escapar del contexto. Es lógico que sean las respuestas más intensas y abruptas, ya que el miedo aumenta según la amenaza se acerca, y si la amenaza está dentro de nuestro propio cuerpo…

Lo más difícil de saber respecto a los ataques de pánico es porqué ocurren. Hay factores de riesgo que van desde un componente genético, trastornos de ansiedad y depresivos en los padres, inhibición conductual, evitación del daño, pocas estrategias de afrontamiento, experiencias de estrés en la infancia…

Aunque no sepamos porque ocurren en el origen lejano, sí sabemos que muchas veces pueden convertirse en parte de nuestro día a día ya que una vez que sufrimos este miedo intenso y tan abrupto, es fácil volverse vulnerable y comenzar a vigilar que no nos vuelva a ocurrir, lo que desemboca muchas veces en respuestas contraproducentes que pueden aumentar las probabilidades de sufrir nuevos ataques de pánico.

Así que, ¿qué podemos hacer para librarnos de ellos? Aunque hay tratamientos farmacológicos que funcionan, lo que aquí nos ocupa es la terapia psicológica, de la que está demostrado su funcionamiento y bien definidos los tratamientos.

Para su tratamiento, se necesita de una exposición guiada por un terapeuta a los síntomas internos de pánico. Sentir estas respuestas de forma controlada nos ayuda a comenzar a deshacer la asociación que hacemos ante esas señales internas y la sensación de que nos vamos a asfixiar, o incluso el pensamiento de que algo muy negativo puede pasarnos. La otra parte del tratamiento, tiene que ver con el manejo de los pensamientos automáticos que nos indican que algo malo ocurre, que nos falta el aire o que nos asfixiamos. A veces se ha pensado que pueden ser útiles técnicas de relajación o de respiración, pero con el tiempo y la investigación, se descubrió que no son necesarias ni útiles, sino que lo que mejor funciona, aunque tremendamente difícil, es lograr romper esa asociación entre las sensaciones internas y la idea de peligro.

El pánico es un miedo diferente a todos los demás, que nos puede causar grandes dificultades en nuestra vida cotidiana, pero profundizando en su tratamiento y en sus desencadenantes podemos aprender de lo que nos está avisando para empezar a poner remedio.

Fuentes: Nature Neuroscience, Neuroscience & Biobehavioral Reviews, Journal of Affective Disorders, Revista Psychophysiology, A Guide to Treatments That Work.

ResearchBlogging.org

Alpers GW, Reif A, & Deckert J (2016). Panic disorder with agoraphobia from a behavioral neuroscience perspective: Applying the research principles formulated by the Research Domain Criteria (RDoC) initiative. Psychophysiology, 53 (3), 312-22 PMID: 26877119

Asselmann, E., Wittchen, H., Lieb, R., & Beesdo-Baum, K. (2016). Risk factors for fearful spells, panic attacks and panic disorder in a community cohort of adolescents and young adults Journal of Affective Disorders, 193, 305-308 DOI: 10.1016/j.jad.2015.12.046

Feinstein JS, Buzza C, Hurlemann R, Follmer RL, Dahdaleh NS, Coryell WH, Welsh MJ, Tranel D, & Wemmie JA (2013). Fear and panic in humans with bilateral amygdala damage. Nature neuroscience, 16 (3), 270-2 PMID: 23377128

Hamm AO, Richter J, Pané-Farré C, Westphal D, Wittchen HU, Vossbeck-Elsebusch AN, Gerlach AL, Gloster AT, Ströhle A, Lang T, Kircher T, Gerdes AB, Paul ED, Johnson PL, Shekhar A, & Lowry CA (2014). The Deakin/Graeff hypothesis: focus on serotonergic inhibition of panic. Neuroscience and biobehavioral reviews, 46 Pt 3, 379-96 PMID: 24661986

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

6 ideas equivocadas sobre la psicoterapia

El trabajo de psicólogo hace que nos encontremos diariamente con personas que pasan por una etapa muy complicada de sus vidas. Cuando alguien decide iniciar un proceso psicoterapéutico, llega a la consulta con muchas ideas sobre cómo será, en muchos casos ideas muy acertadas, aunque otras veces las ideas que podemos llevar a la consulta del psicólogo se alejan mucho de lo que después es el proceso de la terapia. Hoy enumeramos aquí algunas de estas ideas que pueden surgir cuando pensamos en ir al psicólogo.

extraído de www.psyciencia.com
extraído de www.psyciencia.com

1. La psicoterapia me hará feliz. El proceso terapeútico no proporciona necesariamente felicidad. Ésta es un estado más complejo y generalmente de una duración no muy larga. Cuando vamos al psicólogo, lo que se hace es trabajar sobre nuestros pensamientos, emociones y acciones para que nos ajustemos lo mejor posible a las diferentes situaciones y contextos vitales. En esta idea no necesariamente está el ser feliz, sino el adaptarse lo mejor posible a lo que nos ocurre.

2. El psicólogo tiene que cambiar a mi “marido, amigo, hijo…”. Muchas de las personas que vienen a terapia vienen porque alguien cercano les ha dicho que deben venir para cambiar. Es importante desmentir esa idea por varios motivos. Si la persona que viene a terapia no está convencida de que hay algo que va mal en su vida, no tiene sentido tratar de hacer un trabajo porque otro le dice que debe hacerlo. Por otra parte, además, cuando se hace terapia, no se cambia como uno es, sino que siendo tal y como somos, la terapia nos ayuda a encontrarnos bien emocionalmente.

3. Quiero mejorar en una sesión. Actualmente estamos muy habituados a encontrar rápidamente cualquier información, a la comida rápida, a movernos por el mundo en cuestión de unas horas… Es posible que esto sea lo que produce en nosotros la necesidad de aliviar el sufrimiento de una forma instantánea, sin embargo, cuando hablamos de psicoterapia en una sola sesión es imposible que logremos la mejora necesaria, y aún menos el alivio instantáneo del sufrimiento. Esto es así porque la terapia implica un aprendizaje y una labor de autodescubrimiento que no se puede hacer en un día. Del mismo modo que no esperamos hacer otros aprendizajes (por ejemplo, un idioma, dibujar, cocinar,…) de un día para otro, no es recomendable desear lo mismo de la psicoterapia.

4. Me debería sentir mejor después de cada sesión. Muy relacionado con lo anterior, en ocasiones creemos que cuando vamos al psicólogo nos sentiremos siempre mejor al salir de las sesiones, sin embargo, en muchas ocasiones no es así. Explorar las partes de nosotros que nos causan sufrimiento habitualmente produce más dolor que tranquilidad aunque es un proceso que casi siempre es indispensable para que pueda haber mejoría.

5. Me dirá lo que tengo que hacer. Suele ser una de las ideas que las personas que acuden al psicólogo se corrigen a sí mismas. Aunque a veces desearíamos que otra persona (como el psicólogo) nos dijera lo que debemos hacer, eso sería peor para nosotros. Lo ideal para sentirnos mejor con nuestra forma de estar en el mundo es que seamos responsables de nuestras acciones. En psicoterapia, lo que se hace es guiar a cada persona para que encuentre sus propias respuestas a qué debe hacer.

6. Me llevo muy bien con mi psicólogo. Es genial que como persona que acude al psicólogo, se sienta que te llevas muy bien con él o ella, pero en realidad, no es lo más recomendable. Aunque el trabajo del psicólogo es que se establezca esta relación, también es importante que se establezcan los límites adecuados, de forma que la relación se mantenga en este nivel. En realidad, no se puede decir que “conozcas” a tu psicólogo, y en esta relación existe una jerarquía muy clara mientras que en las relaciones de amistad, lo mejor que podemos hacer es que éstas sean igualitarias.

Estas ideas muchas veces son inevitables, pero es bastante útil que sepamos que son equivocadas respecto al proceso de psicoterapia, ya que de este modo podremos llegar a conocer mejor el funcionamiento de la terapia y así lograr un mayor bienestar o un alivio del sufrimiento.

Fuente; psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Así podrás crear y mantener nuevos hábitos

En estas fechas parece que todo lo que nos rodea está de acuerdo en que con el comienzo del nuevo año comencemos con una nueva vida. Los propósitos de año nuevo se agolpan en nuestra mente y buscamos lo que queremos para ese “yo de las navidades futuras”. Para que dentro de un año al mirar de nuevo atrás veamos que esos cambios que queríamos hacer se hagan realidad, en muchas ocasiones pasa por crear nuevos hábitos. Mucho hay escrito sobre este tema pero, ¿qué dice la psicología científica sobre la creación y mantenimiento de hábitos?

habitos

En primer lugar lo que nos dice es que en sí mismo es complicado definir el hábito. En teoría, es un comportamiento que llevamos a cabo de una forma automática, sin apenas pensarlo. Lo que ocurre es que casi todo lo que hacemos en nuestro día a día son comportamientos algo más complejos que para concebirlos como puramente automáticos. Cuanto más complejo sea el hábito que queramos desarrollar, más pensamiento habrá antes de éste y más posibilidad para terminar por dejar de hacerlo. Pero supongamos que, ya sea más o menos complejo, seguimos queriendo crear un hábito. ¿Por dónde empezamos?

Puede ser interesante para que después mantengamos el hábito creado comenzar por la creación de una línea base del comportamiento. ¿Cuánto ejercicio físico estoy haciendo? ¿Cuantas veces me muerdo las uñas al día? ¿Cuantas piezas de fruta como?. Esto puede ser una ayuda para conocer cuánto cambiamos desde antes de proponernos este nuevo hábito.

Después de esto, lo que es más útil para el desarrollo de hábitos nuevos es la implementación de un plan. Este plan inicial tiene dos puntos fundamentales:

1. Tener una clave disparadora de la acción. Está comprobado que para crear un hábito lo más eficaz es plantear alguna clave del contexto que nos ayude a realizar la acción deseada. Además, al contrario de lo que muchas veces podemos pensar, no suele ser suficiente con proponernos un momento temporal en el día, sino que es más efectivo si nos proponemos realizar la acción después de algún evento. Esta es la estrategia que se utiliza  muchas veces para los tratamientos farmacológicos a largo plazo. Tomar una pastilla después de cenar, es un ejemplo de cómo podemos llevar a cabo una acción que antes no hacíamos (tomar una pastilla) con la clave previa (cenar).

2. El segundo punto, muy importante para crear el hábito es el de tener alguna estrategia de afrontamiento de los obstáculos posibles. Podemos pensar en las cosas que podrían pasar para que dejemos de realizar el hábito y buscar un comportamiento alternativo y equivalente en tiempo e intensidad emocional. Por ejemplo, si nos hemos propuesto dejar de comer dulces y nos invitan a una merienda con amigos, sería útil pensar qué podemos hacer durante esa merienda para que no queramos probar esos dulces.

Cuando ya estemos haciendo eso que tanto hemos pensado cómo hacer, lo siguiente necesario para que se cree el hábito es la continuidad. Para que logremos que se instaure un hábito, hay muchas diferencias entre personas y algunas de ellas necesitan más tiempo que otras en lograr que una acción se convierta en un hábito. Aunque también depende de lo complicada que sea esta acción, se estima que el tiempo mínimo necesario para crear este hábito será de 20 días, aunque puede ser necesario repetirlo durante 3 meses para habituarnos. Para mantenerlo hay varias cosas que se consideran importantes:

– En primer lugar, el tipo de motivación. Si lo que nos mueve a realizar este hábito es un premio externo, muchas veces hasta puede funcionar al revés de lo deseado y justo cuando se retire este premio, el hábito desaparecerá. Por eso se trata de crear una motivación “intrínseca” o desde dentro para mantener este hábito. Puede ser el propio orgullo personal, una meta que queremos lograr o incluso pensar que este hábito forma parte de nuestra identidad y hace que nos sintamos mejor con nosotros mismos.

– Esto se relaciona con una de las claves para mantener un hábito, que es la satisfacción de la acción que realizamos. Cuanto más satisfacción encontramos en la acción que queremos mantener como hábito, más sencillo es darle continuidad. Es por esto que cuando estamos haciendo algo que queremos que se convierta en un hábito, siempre será útil recrearnos en lo que nos da placer de esta acción.

– Si mantener un hábito, a pesar de todo lo anterior, se está convirtiendo en algo extremadamente difícil, siempre puede funcionar dividir la acción en pasos más pequeños. Cuanto más sencillo es el primer paso, más probable es que lo llevemos a cabo y al mismo tiempo, cada paso pequeño que logramos hace más probable que llevemos a cabo el siguiente. Por ejemplo, si el hábito que tratamos de desarrollar es el de salir a correr, será más fácil si primero nos proponemos sólo ponernos las zapatillas de deporte. Después de esto, salir a la calle. Y una vez lleguemos a este punto, en muchas ocasiones es más probable que llevemos a cabo la rutina propuesta.

Por último, más allá de lo que queramos lograr, es importante considerar que los hábitos que normalmente queremos desarrollar precisamente son para aumentar nuestro bienestar, así que siempre será recomendable que trabajemos la autocompasión si en algún momento fallamos o el desarrollo del hábito no es todo lo constante que nos gustaría. A fin de cuentas, si lo que tratamos es de cuidarnos más a nosotros mismos, lo último que querríamos hacer es “maltratarnos” por no lograrlo. El autocuidado no es sólo comer mejor, o hacer deporte, sino también ser más tolerantes con nuestros errores y tratarnos mejor a nosotros mismos, también en el plano emocional. ¡Ese hábito puede ser de los mejores a desarrollar!

Fuente: Health Psychology Review

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

ResearchBlogging.orgLally, P., & Gardner, B. (2013). Promoting habit formation Health Psychology Review, 7 (sup1) DOI: 10.1080/17437199.2011.603640

4 acciones que influyen en tu estado mental

En la sociedad actual, continuamente estamos resolviendo problemas mentales. Gran parte de nuestros trabajos tienen un componente de mayor carga mental que física. Esto, sumado a que no necesitamos realizar apenas esfuerzos físicos para asegurar nuestra supervivencia hace que casi toda nuestra energía se oriente a el ejercicio mental.

extraída de wealthygorilla.com
extraída de wealthygorilla.com

Ya que esto es así, lo normal es que cuando tenemos problemas psicológicos tratemos también de resolverlos con el pensamiento. Lo que los psicólogos nos encontramos muchas veces es con personas que a través del uso del pensamiento tratan de resolver problemas que más bien suelen ser trampas mentales. El pensamiento positivo a veces se convierte en una manera de contrarrestar un pensamiento negativo y nos vemos envueltos en una especie de lucha con nosotros mismos de la que parece imposible salir. Muchas veces lo que más nos ayuda puede tener que ver con las acciones que llevamos a cabo, no sólo con los pensamientos que tenemos.

En psicología no existen las fórmulas mágicas, y estas cinco posibilidades no necesariamente harán que reduzcas esa forma de resolver los problemas con la mente en lugar de con la acción, pero al menos sí pueden ayudar en casos puntuales y han sido estudiados científicamente.

1. Camina para aumentar el ánimo. La actividad física es una manera demostrada de mejorar el estado de ánimo. No es necesario que sea una actividad física intensa, simplemente caminar alrededor de 30 minutos al día es suficiente para mejorar el ánimo en personas con depresión. El ejercicio físico aeróbico también influye positivamente sobre la calidad de vida y la salud mental en general, en personas sin problemas psicológicos.

2. Sonríe para aliviar el estrés. Aunque está claro que sonreir más no te vas a hacer una persona feliz, sí parece que la sonrisa tiene algunos efectos positivos. Cuando experimentalmente se obligó a sonreír a personas sometidas a una tarea estresante, aunque emocionalmente no se sentían mejor, sí se redujo su tasa cardiaca. Puede que no sientas los cambios, pero parece que fisiológicamente sí los hay, incluso cuando tenemos dolor, parece que es menos incómodo si estamos sonriendo.

3. Respira hondo para aumentar la atención. En la sociedad actual, es fácil que estemos haciendo más de una cosa a la vez. Cuando estamos en modo multitarea, nuestra atención disminuye y es complicado realizar tareas que requieren de mucha atención. Sin embargo, en ocasiones es necesario cambiar rápidamente de este modo multitarea a la concentración necesaria para una tarea continuada y sin interrupciones. Sentarse durante unos minutos y simplemente atender a contar las respiraciones aumentará tu capacidad de atención para una sola tarea.

4. Haz ejercicios de resistencia para combatir la ansiedad. Tener ansiedad es una de las sensaciones más desagradables que se pueden sentir. Cuando comienzas a sentirla, seguramente ya conozcas varias maneras en las que la ansiedad te ayuda a solucionar algo o las formas de regularla. Sin embargo, puede pasar que en un momento determinado necesites algún nuevo sistema. Está comprobado que los ejercicios físicos de resistencia como por ejemplo, levantar pesas, mejoran los problemas de ansiedad. Además, la intensidad de los ejercicios no tiene porque ser muy elevada, realizar este tipo de ejercicio a una intensidad moderada puede ser suficiente para que tenga efecto sobre la ansiedad.

Diferentes estudios han demostrado que las anteriores acciones tienen sus efectos sobre diferentes afectaciones psicológicas. Lo que hacemos con el cuerpo, las acciones que llevamos a cabo en el mundo y sobre nosotros mismos pueden ser muy poderosas sobre la forma en la que pensamos y sentimos. Sólo con esto, quizá no logremos afrontar todos los problemas, pero al menos, sí tendremos pequeñas estrategias que poner en marcha cuando no estemos pasando por el mejor de los momentos y podrán sernos de ayuda.

Fuente: Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Los Pájaros de la Preocupación

Dice un proverbio chino “No puedes evitar que los pájaros de la preocupación vuelen sobre tu cabeza, pero sí que hagan nidos en ella”.

Cuando nos sentimos preocupados, no podemos dejar de pensar sobre algún aspecto de nuestras vidas que debemos afrontar. Ya que la preocupación se suele relacionar con la emoción de miedo, en la mayoría de ocasiones una preocupación intensa nos podrá producir los mismos síntomas físicos asociados a esta emoción, aunque generalmente a una baja intensidad.

extraída de rincondeltibet.com
extraída de rincondeltibet.com

La preocupación, especialmente cuando es muy acuciante, es algo tremendamente incómodo y nos encantaría que no existiera, pero no es totalmente negativa. Preocuparnos es útil en la medida que lleguemos a acciones dirigidas a situaciones concretas. Podemos ver las señales de una preocupación efectiva cuando:

  1. Te sensibiliza a un problema que aparecerá en el futuro.
  2. Te ayuda a anticipar una solución a un posible problema.
  3. Te permite encontrar una solución diferente a un problema no resuelto.

Pero es importante tener en cuenta que la preocupación es el paso previo a las acciones dirigidas a resolver los problemas, que en sí misma y por definición no es resolutiva. Algunas personas, antes de poner en marcha las acciones dirigidas a afrontar los problemas necesitan un cierto grado de preocupación, de pensar sobre cómo resolver un problema muy alejados de las acciones necesarias hasta que en el paso a la acción lo hacen de forma muy eficaz. Pero en muchas ocasiones, la preocupación se convierte en lo que los psicólogos llamamos rumiación.

Este sería el punto de preocupación en el que podríamos decir que los pájaros han logrado anidar en nuestra cabeza. Lo que ocurre es justo un desequilibrio entre el grado de preocupación y el paso a la acción. Cuando pensamos más sobre lo que puede ocurrir que lo que hacemos posteriormente. Al tener este exceso de preocupación, es muy posible que comencemos a sufrir estrés o ansiedad, además, nuestra sensación de autoeficacia se reduce y cada vez nos vemos menos capaces de resolver realmente los problemas. Las señales de que se está produciendo este desequilibrio entre preocupación y acción pueden ser:

  1. Lleva a más preocupación.
  2. Sentimos que no podemos controlar esta preocupación y se convierte en un estilo de pensamiento más que una forma de resolver problemas.
  3. Al no llegar a pasar a la acción, estimamos que no hay posibilidad de resolver el problema.

Llegados a este punto, es fácil comenzar a considerar la preocupación como algo extremadamente negativo e inabarcable; una forma de afrontamiento que nos hace sentir muy mal, al tiempo que nos paraliza y no nos ayuda a resolver los problemas. Cuando la preocupación es excesiva y la acción escasa, podemos tratar de aproximarnos a ella desde una técnica de “mindfullness”, que puede lograr en algunos casos una vuelta a la preocupación sana. Para ello, hay varias cosas que podemos hacer:

  1. Enfocarnos en el presente.
  2. Ver la preocupación sólo como un pensamiento puntual, no como la realidad.
  3. Ver que la preocupación es algo que ocurre, que en esencia no es bueno ni malo.
  4. Fomenta la acción, independientemente del resultado.
  5. Piensa sobre ti mismo como una persona capaz de hacer cosas sobre el entorno, más allá de los factores externos a ti, como la “mala suerte” o “el destino”.

Cuando nos acercamos a la preocupación con un menor juicio negativo, cuando la aceptamos como algo inevitable pero que puede ir y venir en nuestras vidas, logramos que ese estilo de pensamiento rumiativo no se establezca e incluso en ocasiones podremos verla como algo que nos ayuda a afrontar ciertos momentos de nuestras vidas. Los pájaros de la preocupación te van a sobrevolar, busca la forma de que sus alas te empujen más que sus nidos te pesen.

Fuente: Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas