¿Cómo cambia Internet la forma en que establecemos citas románticas?

Extraída de https://studybreaks.com
Extraída de https://studybreaks.com

Cuántas horas pasas delante de un ordenador? ¿Y ojeando las redes sociales?. Sí, la cantidad de horas que pasamos con las nuevas tecnologías han aumentado exponencialmente en la última década y podemos decir que hay pocos contextos cotidianos donde los móviles o cualquier otro dispositivo con pantalla no esté presente. Hemos convertido las nuevas tecnologías en un hábito, y muchos de nuestros comportamientos están cambiando, incluyendo la forma en la que establecemos relaciones con los otros. Y por lo que parece, la forma en la que conocemos a otras personas e iniciamos una relación sentimental también, con consecuencias claras en la calidad y satisfacción en las relaciones. Pero, ¿de qué modo se está produciendo estos cambios?

A día de hoy abundan las páginas y aplicaciones que te conectan con otras personas con la rapidez de un click, ya sea para tener una cita o hacer alguna actividad juntos. Lo primero que llama la atención es no sólo la rapidez sino la cantidad de tiempo que pasamos pegados a una pantalla, disminuyendo el tiempo que pasamos realizando (otras) actividades con los demás, dificultando en muchas ocasiones la conexión de las personas en un contexto natural y cotidiano, afectando directamente a la cantidad, fluidez y calidez de las relaciones que establecemos. Esto hace que echemos mano de las redes incluso cuando estamos con ellas, perdiendo posibilidades de aprendizaje para comunicarnos mejor.

En esos contextos es muy frecuente que se dé una ilusión de abundancia, donde surge la falsa creencia de que todas esas personas que vemos en la aplicación están disponibles para nosotros, o son opciones disponibles. La realidad es que tal vez no estarían más interesadas en nosotros que si las conociéramos en una discoteca o en un concierto. Sin embargo, por esa idea de abundancia, las expectativas son muy altas (y la insatisfacción  por si no se cumplen todavía más) y si la persona que conocemos en una primera cita no las cumple, es bastante probable que no volvamos a repetir con ella.  A este patrón lo denominamos fast-food (de consumo), donde tendemos a comportarnos como agentes pasivos, buscando que la persona cumpla o no una serie de requisitos deseados personales, y si no los cumple, lo desechamos. Se quita importancia al hecho de convertirnos en colaboradores activos en la cita (compartiendo nuestros propios intereses, experiencias y estados internos) que realmente hacen más ricas las hace más ricas en detalles y te permite saber si la persona que está enfrente tuya es realmente una potencial pareja romántica.

Por otro, se da la paradoja de que estamos más conectados con otras personas por internet que nunca y a la vez haya muchas más personas con dificultades para crear intimidad y estén menos dispuestos a hacer un esfuerzo para crearla. De esta manera, la interacción es probable que sea mucho más impersonal, y pasemos de una relación a otra y dejándonos con la sensación de no poder vincularnos con los demás.

Ante este escenario, se hace necesario tener en cuenta algunas consideraciones previas para sobrevivir a la búsqueda del amor por internet sin desistir en el intento:

  1. Conoce tu propio valor. Define bien quién eres , lo que aportas a los otros y lo que quieres en una relación. Que el comportamiento de los demás no te haga creer que tienes menos valor por que te hayan desechado en alguna cita y busca aquellas personas y citas donde se prioricen valores, intereses y personas afines a ti y con cierto grado de compromiso.
  2. Conoce bien tus metas personales. Tener bien claro tus objetivos y lo que esperas en tu vida te ayudará a priorizar los contactos y las personas que te interesan y tomar mejores decisiones acerca de del tiempo que queremos pasar con ellas. Tanto si quieres una relación sentimental o encuentros esporádicos, te permitirá ir seleccionando lo que hacer y la manera de vivir estas primeras citas.
  3. Confía un poco más en tu intuición. La intuición tiene menos de espontáneo de lo que podría parecernos y es importante fijarnos en el trascurso de las primeras citas para saber si la persona que estamos conociendo posee el mismo sistema de valores que tú. Si empezamos a ver comportamientos diferentes a ellos, sonará la alarma y el comportamiento del otro nos chirriará cada vez más, determinando la continuidad de las citas en el tiempo.
  4. Adopta un papel activo. Pasa un tiempo aprendiendo del otro, si lo que hace te gusta, si te sientes atraído por su físico y por lo que dice, si hay gustos afines y te sientes a gusto compartiendo intimidades, tanto tus deseos como aquello que te da miedo. Es importante que te tengas consideración y que veas cómo te sientes en cada una de las situaciones, y se realmente eso te llena y te anima a repetir en una nueva cita. Pero eso solo se sabe si estás atento a lo que te dicen, que compartes lo que te gusta y lo que no. Ahí es cuando los flechazos ocurren, y es entonces cuando el amor funciona: profundizando.

Que la rapidez de las redes sociales no determine la forma en la que vas conociendo a los demás. Intenta seguir tu ritmo y darte tu tiempo para tomar tus propias decisiones (tanto si es para continuar como para decir un no). La tendencia en los nuevos tiempos con internet es el picoteo y pasar de una historia a otra, y si eso no es lo que más te interesa, baja el ritmo y ve despacio. No te garantizará siempre un final feliz, pero si un final feliz hasta encontrar algo verdaderamente interesante para que merezca ser tu pareja romántica.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today.

Orgullo LGTBQ+: ¿Qué entendemos por Psicología Afirmativa?

 

Extraída de http://www.danielfryer.com
Extraída de http://www.danielfryer.co

Gracias al cambio y la renovación que ha vivido la sociedad en las últimas décadas, la celebración del Orgullo LGTBQ+ en el mundo y en España ha ido evolucionando a unas fechas de integración y aceptación de la diversidad de la sexualidad, la identidad y el género que nos hace a todos formar parte de una sociedad más equitativa, plural y tolerante. Que se haya posibilitado y validado cada una de estas realidades no quiere decir, sin embargo, que el impacto de un pasado y presente plagado de rechazo, discriminación y represión se haya evaporado. La verdadera aceptación surge cuando los efectos de pertenecer a una minoría no vaya asociados a la posibilidad de malestar psicológico, derivados de la no aceptación de tu orientación, la reacción discriminatoria de la sociedad en el reconocimiento de derechos y realidades y la disforia que surge por aceptar y vivir de acuerdo a tu sexo sentido. Por todo ello surge la Psicología Afirmativa con Diversidades Sexuales y de Género (TDSG)

La propia psicología actualizó y publicó hace unos años el trabajo que ha de hacer cualquier psicólogo con sus clientes LGTBQ+, entendiendo que era necesario adoptar un enfoque flexible y fluido en el trabajo de la orientación, la identidad y del género con terapias tradicionales y con los nuevos enfoques psicoterapéuticos. Impulsado por la propia Asociación de Psicología Americana (APA), se establecieron 21 directrices de trabajo psicoterapéutico, donde se reconoce los efectos de la opresión, el estrés y la discriminación y la necesidad de la psicología por sensibilizarse con las necesidades y dificultades que experimentan todas las personas del espectro LGTBQ+. Todas ellas reformuladas y derivadas de años de investigación LGTBQ+.

De esta forma, se aboga por derribar las teorías que privilegian la identidad de género con el sexo biológico y la heterosexualidad como modelo social que garantiza la aceptación social y el equilibrio psicológico y emocional. Las diferentes directrices defienden la importancia de desarrollar e interiorizar una actitud abierta e integrativa acerca de las cuestiones que rodean a la orientación sexual o la identidad de género, reconociéndolas como válidas, normativas y únicas. En efecto, la homosexualidad se considera una variante normal de la sexualidad, la transexualidad como el reconocimiento de la identidad con su sexo sentido y no con el sexo asignado al nacer,  esforzándose los profesionales de la salud por entender los efectos derivados de la no aceptación contextual o personal, sin confundir la identidad de género con atracción sexo afectiva y difundiendo la ineficacia y los efectos contraproducentes de las terapias que intentan un cambio en la orientación o la invalidación del sexo psicológico sentido.

Sus coordenadas de trabajo se basan en:

  1. Aceptación de la propia orientación sexoafectiva (homo y bisexual). Dicha aceptación tiene que ver el reconocimiento de la atracción, sentimientos y comportamientos que se tienen hacia personas de tu mismo sexo (hacia ambos, en el caso de reconocerte como bisexual), independiente de tus practicas sexuales. Como reconoce Gabriel J. Martín, uno de los máximos estudiosos y defensores de estos enfoques, “ser homosexual tiene que ver de quien te enamoras, no con quien te acuestas”. Todo ello relacionado también con la identidad, en la medida que te defines como tal al tener toda una serie de comportamientos y actitudes afines y se convierten en una expresión de tu personalidad y de tu idiosincrasia como persona.
  2. Construcción de la propia identidad. Es decir, reconocer y ayudar en el proceso identitario que supone ser homosexual, bisexual o transexual, aceptando su propia realidad y mundo emocional, derribando todo sentimiento de culpa o vergüenza, construyendo nuevas redes sociales incluyendo a personas dentro de la comunidad LGTBQ+ y facilitando la comunicación a las personas cercanas, como una expresión del fortalecimiento de los vínculos y la expresión de su autenticidad. Quererse es poder.
  3. Trabajo con la homofobia y la transfobia (expresa e interiorizada). Darse cuenta de los sentimientos de conflictos, hostilidad y ambivalencia que despierta la homosexualidad, la bisexualidad o la transexualidad, tanto en el rechazo de los propios sentimientos homosexuales (homofobia interiorizada) como en la hostilidad y el rechazo de comportamientos homosexuales de los demás (homofobia expresa), denigrando el estilo de vida homosexual como no saludable, reproduciendo los estereotipos sociales respecto a la homosexualidad y experimentado miedo en la revelación de la propia homosexualidad. Esto mismo se haría con las personas transexuales, ayudando además en la paliación de los efectos derivados de la disforía que se produce por el no reconocimiento de su sexo sentido.
  4. Abordaje del bullying y la discriminación homofóbica y transfóbica. Así, se reconoce el estrés y los efectos perjudiciales sufrido por años de estigmatización y discriminación por pertenecer a una minoría, con síntomas psicológicos que van desde la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático o el control de impulsos, y que la terapia ha de abordar y superar, con atención tanto a la persona como al entorno más cercano (familia, pareja, red social o el entorno laboral)
  5. Mejora de su inteligencia emocional y resiliencia personal, en un trabajo que repercute positivamente en su identidad, reconocimiento emocional, autoestima y desarrollo personal, con especial trabajo en la reivindicación de los derechos asertivos de cada uno, y la posibilidad de afrontar y defender situaciones de desvalorización sociale También en la profundización de la propia intimidad, con el reconocimiento de situaciones que tienen que ver desde el propio enamoramiento, hasta la proximidad física y emocional, la intimidad, la complicidad y el compromiso de construir un proyecto compartido con otra persona.

Todo esto en un esfuerzo para dotar a los psicólogos de herramientas para trabajar de una manera constructiva la realidad LGTBQ+ y mejorar la calidad de vida y el bienestar psicológico de sus clientes, en un esfuerzo integrativo y constructivo del trabajo psicoterapéutico.

Escrito por David Blanco Castañeda

 Fuentes:

 www.cop.es

Quiérete mucho maricón (2016). Gabriel, J. Martin.

Herramientas para combatir el mobbing homofóbico (2007). Lucas Platero y Emilio Gómez Ceto.

Cómo sobrellevar el duelo en tiempos navideños

 

Extraída de www.ayudaenduelo-artmemori-com
Extraída de www.ayudaenduelo-artmemori-com

En nuestra sociedad, la Navidad es sinónimo de momentos afectivos y reencuentros con nuestros seres queridos, de celebraciones y regalos, de sonrisas y euforia regada al son del champán. Y sin embargo, puede ser también un tiempo lleno de contradicciones, sobre todo cuando en la vida de cada uno comienzan a sucederse las personas importantes. En ese momento, cuando hay ausencias claras de personas importantes, es cuando las heridas emocionales se reabren y podemos sentirnos vulnerables. 

El duelo se define como una reacción emocional intensa ante la constatación de la perdida de un vínculo afectivo significativo. Estas reacciones pueden experimentarse tras un fallecimiento, pero pueden sentirse cuando terminamos con una relación sentimental, una relación de amistad, o cuando nuestro referente afectivo no puede estar presente durante mucho tiempo (por ejemplo, una estancia larga al extranjero).

En ese sentido, las personas que sufren el duelo pueden estar meses (incluso años) con reacciones emocionales de diversa índole, dependiendo del significado que tenga la persona ausente para nosotros. Todos experimentamos el dolor por la perdida de alguna manera y no hay una manera adecuada de sentirlo, si bien todos coinciden en la necesidad de estar conectado con ello, expresarlo de alguna manera y permitirse un tiempo en que podemos funcionar de una forma diferente. De este modo, las fechas importantes (como cumpleaños y aniversarios) y la Navidad y las fiestas donde los seres queridos se reúnen, es donde podemos sentir esas punzadas de manera más intensa, sin que podamos decir que eso es signo de un duelo no superado. A esto se les llama “reacciones de aniversario”, y son parte misma del duelo y del proceso de mejora.

¿Hay claves para sobrellevarlo mejor en estas fechas? En nuestra sociedad todavía el dolor y la muerte es una asignatura pendiente y muchas veces se tiende a esconderlo como una forma de afrontamiento contraproducente. En estas fiestas, se tiende a pensar que la Navidad obliga a sentir unas emociones sobre otras y las personas evitan compartir lo que sienten por miedo a la reacción de los demás, por si no saben cómo reaccionar ante ellas.  De esta forma se pierden oportunidades únicas para hacer un manejo del duelo (y del dolor asociado) y comprender emociones que si bien son desagradables, son tan humanas y necesarias como la alegría y la felicidad. Se actúa como si no pasara nada y cuando las personas las sientes, tienden a aislarse para no molestar. ¿Hay mejores formas de hacerlo? Intentemos describir maneras alternativas de hacerlo:

  1. Establece límites para ti mismo. Sentir el dolor por nuestros seres queridos desgasta mucho por toda la energía y las emociones que sacamos fuera. Haz planes que busquen conservar la energía: la prioridad eres tú mismo y puedes decidir sobre qué planes decir sí y en cuáles decir NO. Anticipando tu comodidad y tu estado emocional. No hagas que las expectativas de los demás cambien o modifiquen tu idea de hacer las cosas. Necesitas tiempo para respirar, digerir y llorar.
  2. Planifica tu tiempo. La rutina y las labores cotidianas pueden darnos una estructura cuando nos sentimos entumecidos por nuestro propio dolor. Confía en la rutina e intenta balancear tu tiempo entre momentos de descanso con momentos de disfrute y conexión. Tu cuerpo lo agradecerá.
  3. Expresa las emociones. Elige a personas que saben escucharte para hablar de tus emociones. Da presencia a la persona fallecida, di su nombre. Habla de lo que hacia o pide que te cuentes historias. Lo que nos queda de los que se han ido son los recuerdos y hay de todos los tipos: hablar de ellos ayuda a integrarlos en tu vida y entender el significado que han tenido en nuestras vidas. Acaba estos momentos con muestras de afecto: esto permite conectarte con los demás y entender que las personas que están junto a nosotros pueden ayudarnos a superar el dolor.
  4. Crea nuevas tradiciones. Las ausencias modifican las reuniones con los demás y hacer como si nada no ayuda. Crea nuevos roles o haz que otros asuman los roles de la persona fallecida. Nombrando, haciendo pequeños actos simbólicos en su nombre y que todos juntos podáis celebrarlos. Ayuda a introducir a los que se han ido en nuestras vidas, llenando estos actos de ventilación conjunta y esperanza.
  5. No intentes reducir el dolor, el camino es la aceptación. Estar de duelo no significa estar triste permanentemente, sino de empezar a disfrutar de nuevo la vida sintiendo un vacío en tu interior. Reconocer lo que uno está sintiendo. Disfrutar de un día de celebración o de la Nochebuena a pesar del dolor permite entender que podemos afrontarlo y que la vida tiene mucho de muchas cosas. Que durante un tiempo nos tenemos que tomar las cosas con más calma, cuidarnos y esperar a recuperarnos. A no pedirnos más de lo necesario. A no fingir emociones que no sentimos: mostrar y expresar ayuda a que tú y los demás aprendamos progresivamente que es esto del duelo. Incluso en Navidad. Incluso en la mayor de las fiestas.
  6. No te aísles. El antídoto contra el dolor es la conexión: conexión con los demás y con el presente. Permite entender que lo que precisamente te hace bien es tu propia vida. No huyas de los demás, el cariño es precisamente una de las cosas que más necesitas. Elige a qué celebración y déjate llevar por la intuición: tal vez te lo pases mejor de lo que esperas.

En efecto, en esto del dolor no hay fórmulas mágicas y lo importante es respetarse a uno mism@, darse cancha, espacio y asumir que el ritmo adecuado es la calma y la bajada de revoluciones. Y dejarse llevar y disfrutar, no sintiéndose culpable por reír y querer el contacto y el afecto de los demás. Que es exactamente lo que hemos perdido y por eso es importante sentirlo. Y por eso en Navidad también.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: PsychCentral, Psychology Today, El País Semanal, Pinerest.org, Health.Harvard.edu

¿Por qué en mi grupo de amigos siempre hacemos lo mismo?

Extraída de https://www.elconfidencial.com
Extraída de https://www.elconfidencial.com

Quizás os hayáis planteado en alguna ocasión por qué siempre se acaba haciendo lo que quiere uno del grupo; ir al restaurante que propone, ver la película que él elige, salir a la discoteca que a esa persona le gusta, etc.

Irving Janis, realizó sucesivos estudios sobre dinámica de grupos para tratar de explicar la toma de decisiones en grupo y, en 1972, planteó un fenómeno al que llamó Pensamiento de grupo, que se basa en el hecho de que, a pesar de que muchas veces los grupos están formados por personas cualificadas, adoptan malas decisiones. Janis consideró que estos errores se debían a un modo de pensamiento que se observa en miembros de grupos cohesionados, cuya tendencia a la unanimidad supera la motivación por contrastar la realidad, el juicio moral, etc.

Esto suele pasar en grupos muy cohesionados, aislado de puntos de vista diferentes, con un líder que señala desde el principio cuál es la alternativa preferida, en el que no existen normas de cómo tomar las decisiones, formado por personas parecidas en ideología y características sociales. Suele ocurrir también en un contexto situacional concreto como que el grupo esté pasando un momento de estrés y tenga una baja autoestima por fracasos recientes, dilemas morales, etc.

En estas circunstancias pueden producirse una serie de estrategias de pensamiento que llevan a conclusiones erróneas consensuadas por el grupo, como son:

  • Optimismo excesivo que ciega a los miembros del grupo ante las advertencias de peligro. Por ejemplo, apuestas arriesgadas, peleas en un bar, acciones que uno no haría individualmente.
  • Pensamiento por parte de los miembros del grupo de que quienes forman parte del mismo son más cívicos que los que no lo son y que las personas de fuera del grupo son menos inteligentes, peores personas y, en definitiva, inferiores.
  • Desestimación de cualquier información que pueda ir en contra del grupo y eliminación individual de los miembros de las dudas que tengan contrarias a las decisiones del grupo.
  • Presión hacia quien duda o se posiciona en contra de las decisiones del grupo, pudiéndoles ridiculizar o echar.
  • Como consecuencia de todo lo anterior, el grupo tiene la sensación de que las decisiones se toman de forma consensuada por todos.

Para superar estas situaciones, Janis también propuso una serie de medidas que se podían adoptar para reducir la aparición del pensamiento grupal, como son: que el líder adopte una postura imparcial, que se formen subgrupos que se reúnan por separado para llevar a cabo un análisis crítico y que se invite a personas cualificadas externas al grupo para que pongan en tela de juicio las decisiones.

También sucede, en grupos no tan cohesionados o sin las características anteriores, un efecto conocido como el de la dependencia normativa, consiste en que la persona, para mantener una relación positiva con el grupo, manifiesta una opinión en favor de la expresada mayoritariamente por el grupo, pero en sus respuestas individuales, mantiene lo que pensaba sin la influencia del grupo, por lo que la respuesta que da el individuo en grupo no ha sido interiorizada, sino que está motivada por factores externos.

Otros investigadores, Moscovici y Zavalloni (1969) realizaron una contrastación de hipótesis por la que describieron el efecto de polarización de las decisiones de grupo, consistente en que el efecto de debatir en grupo decisiones individuales, hacía que estas decisiones cambiaran, no a decisiones más arriesgadas o prudentes que las individuales, sino a decisiones más polarizadas, es decir, si las decisiones individuales eran conservadoras, se volverían aún más conservadoras y si eran arriesgadas, se volverían aún más arriesgadas.

Según las últimas investigaciones en psicología social, un grupo puede tomar decisiones más creativas que las personas por separado siempre y cuando se tengan en cuenta una serie de factores:

  • Respeto entre los miembros del grupo y escucha de todas las opiniones, de forma que todos tengan la oportunidad de hablar.
  • Fomento de la diversidad de opiniones y de la comunicación empática.
  • Tener claro que no todos piensan igual y que tienen derecho a no estar de acuerdo y a cuestionar determinadas opiniones.
  • No tener miedo a los posibles conflictos que puedan surgir por tener distintas opiniones, puesto que su resolución es lo que genera aprendizaje y desarrolla al grupo.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias:

Texto:

Janis, I. L. (1972). Victims of groupthink: A psychological study of foreign policy decisions and fiascoes. Boston: Hougton Mifflin.

Moscovici, S. y Zavalloni, M. (1969). The group as a polarizer of attitudes. Journal of personality and social psychology, 12, 125-135.

 

La soledad o la aliada secreta para el manejo emocional

Foto extraída de http://www.ewallpapers.eu
Foto extraída de http://www.ewallpapers.eu

La soledad ha sido comúnmente asociada a algo negativo, relacionado con situaciones de dolor, estrés y tristeza. Cuando una persona que se siente sola crónicamente puede presentar un aumento de cortisol en sangre, un sistema inmunitario deprimido y un cerebro en constante alerta. En esta situación, el entorno se percibe como algo amenazante y provoca en la persona que lo sufre una vigilancia permanente y tremendamente agotadora. Y a pesar de todo ello, también se ha encontrado beneficios de los estados de soledad, desde el buen rendimiento en multitud de tareas, el aumento de la creatividad o también como ayuda para lidiar con nuestras emociones. La soledad nos enseña que todos necesitamos un tiempo y un determinado ritmo para procesar las emociones provocados por eventos o situaciones dolorosas y de las que no tenemos una solución clara al momento.

En este sentido, diversas investigaciones han pretendido arrojar datos acerca de cómo la soledad puede ayudarnos a procesar situaciones problemáticas y/o dolorosas. Así, en un estudio reciente, liderado por el grupo de investigación del grupo de Nguyen Thuv-vy y  colaboradores, recogen toda una serie de alentadores resultados acerca del impacto positivo de la soledad a la hora de manejar estados emocionales altamente displacentros. En el estudio se dejaba periodos cortos de tiempo en soledad a los participantes, registrando el aumento o disminución de sus estados emocionales tras dichos periodos de tiempo.

En la primera modalidad estudiada, se observó que los participantes respondían positivamente a los estados de soledad. Se comparó dos grupos con un estado emocional positivo y negativo de alta activación, y en el grupo en soledad sentados se colocaba a los participantes sentados en una silla sin la presencia de ninguna persona o de un dispositivo móvil, frente a otro grupo en el que se le invitaba a charlar con los investigadores. Los resultados reflejaron una disminución de la alta activación (negativa y/o positiva) para aquellos participantes que habían pasado quince minutos solos, en un efecto que los investigadores denominaron como “efecto de desactivación”, donde se veía una disminución de la activación de las emociones de alta intensidad.

Por otro lado, se añadió una nueva medida a tener en cuenta en un experimento adicional. Así, se pasó a incluir las emociones de baja intensidad (como calma, tristeza, enfado o fastidio) añadidas a la alta activación, con un efecto desigual para las emociones de baja intensidad. Mientras que las de alta seguían disminuyendo en los quince minutos de soledad, las emociones discretas y de baja intensidad sufrían un aumento, dejando claro el efecto complejo de la soledad en nuestro estado emocional. Esto se comprobó también para un grupo de participantes que leían un artículo en el momento de estar solos, sugiriendo un efecto desactivación incluso si se hacía una tarea externa en los periodos de soledad.

Los investigadores también comprobaron si el contenido del pensamiento en los momentos de soledad podría afectar en la modulación emocional. De este modo, se encontró que los estados emocionales altos disminuían cuando se intentaba controlar el contenido de los mismos (intentando no centrarse en ellos), y aumentaba incluso las emociones positivas de baja intensidad. Esto se repetía igualmente cuando se introducían pensamientos positivos, por encima de la introducción de pensamientos neutrales.

Para comprobar la permanencia de los resultados a lo largo del tiempo, se instó a un grupo de participantes a mantener estos quince minutos de soledad y a registrar sus estados emocionales durante dos semanas. Y, como se pudo ver, hubo una disminución de la ansiedad y el estrés cuando las personas decidían activamente estar solos y hacer uso de esos quince minutos de soledad.

Aun así, los propios investigadores matizaron los resultados aduciendo que todos estos resultados son aplicables a pequeños estados de soledad y habría que excluir de esto a las personas con un estado de soledad permanente, con una comorbilidad grande con síntomas físicos y psicológicos.

Atendiendo a su aplicabilidad en la vida cotidiana y como defienden los autores, los distintos resultados muestran “la influencia de la soledad para regular estados emocionales intensos, situaciones de confrontación y oposición hostil o discusión con la pareja y/o amigos”. Es decir, podemos recomendar pequeños periodos de tiempo para lidiar con eventos cotidianos y emocionalmente intensos, donde podemos proponer pautas o perspectivas más realistas y conseguir una reducción del estrés y la intensidad emocional. Así, tras una desavenencia o una discusión con alguien cercano, dar un paseo por el barrio, centrarnos en una tarea sencilla (como una tarea manual, limpiar un poco la casa…) puede ayudarnos a paliar el impacto emocional y reintroducirnos un rato después en la situación para dar otro tipo de soluciones u opciones de solución. La soledad, de este modo, se convierte en una herramienta muy útil en la gestión y solución de conflictos emocionales, enfriando la intensidad emocional y permitiendo un procesamiento más calmado y racional de la situación. Algo que podemos tener en cuenta en nuestra cotidianidad diaria.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: BPS Digest, Psychology Today, Diario El País, Journals.sagepub.

Todo lo que quisiste saber sobre la intimidad

Extraído de www.heathline.com
Extraído de www.heathline.com

La intimidad es la gasolina de las relaciones sociales y de los vínculos afectivos más significativos de nuestra vida. Surge por nuestra necesidad de compartir con el otro nuestro mundo interior. Está presente tanto en nuestras  relaciones de amistad y en las relaciones de pareja; si bien en cada una cobra una forma diferente aunque con un mismo objetivo: el aumento de cercanía, el afecto y la identificación con el otro. Toda relación que aspire a ser autentica ha de tener como uno de los componentes principales la intimidad, apoyada por la capacidad humana de ponernos en el lugar del otro y sentir lo mismo que él (empatía).

Y sin embargo, todo acto de intimidad implica correr riesgos. La intimidad implica mostrarnos al otro tal y como somos, despojados de nuestras inhibiciones y pudores para revelar lo oculto, lo doloroso, lo que quieres que nadie sepa. Está relacionado con nuestra necesidad de trascender, e implica la creación de canales de información profundos entre los interlocutores, donde la cercanía entre los implicados es máxima y permite momentos de desahogo y expansión importantes. Los momentos de intimidad no se pueden forzar, requiere un esfuerzo consciente para que eso surja; el tiempo y la capacidad de recoger los sentimientos del otro, sin que aparezcan los juicios y escuchando el significado de lo que ocurre, determinará las ganas y las veces que se repetirá en el futuro. También, el hecho de que los implicados hayan hecho un trabajo emocional intenso, que sean capaces de entender lo importante que es para sí mismos la expresión de sus propias emociones.

Como todo acto de compartir implica nerviosismo y una inhibición del pudor, lo más recomendable es que evitemos los juicios y nuestras opiniones para otro momento. Es un proceso hacia delante, donde se confía en la buena voluntad del interlocutor. La persona se muestra vulnerable y la reacción que decidamos mostrar hará que el otro prosiga en sus revelaciones. De este modo, la reacción del otro determina el pago, provocándose un alivio tremendo si el otro te responde con su atención y su comprensión. Los investigadores han apodado este proceso como el de “pelado de una cebolla”: se empieza compartiendo pequeñas cosas impersonales y según la reacción que hagamos a las confesiones del otro, más autorrevelaciones de contenido emocional haremos. Cuántas más capas quitemos, más apoyo y atención recibiremos del otro. Esto es un proceso recíproco y que explica lo especialmente vinculativo de la intimidad. Si no funciona la intimidad, es por lo punitivo que resulta los juicios. Basta un paso en falso para que la persona cierre el grifo y no suelte prenda de lo que lo atormenta.  También afecta negativamente si alguna de las personas implicadas tiene una historia de apego evitativo, donde las relaciones de los demás están mezcladas con ideas de rechazo, de castigo y un exceso de control, por lo que la persona tenderá a defenderse y al exceso de reserva, y tenderá a no compartir intimidades.

En las relaciones sentimentales, la intimidad cobra una naturaleza propia. Por lo que podría parecer, las relaciones afectivo-sexuales ayudan en la construcción de la intimidad y de una identidad, tanto por el componente sexual por el intercambio de afecto entre los implicados;  es así como el afecto en el sexo invita a una cercanía emocional, por el placer que supone conseguir la atención y el interés de quién deseas. Progresivamente, se crea una fusión emocional donde el compartir se convierte en un denominador común. Por el contrario, el deterioro de la intimidad en la vida en pareja se produce cuando se empieza a prestar mucha mayor atención a otros componentes (como la rutina o las obligaciones laborales) y se va dejando a un lado la intimidad en favor de estos otros componentes a veces más urgentes. En ese sentido, la pareja cree erróneamente que primero ha de solucionar los problemas, cuando lo más importante es prestarse atención y dedicarse tiempo.

En las relaciones de amistad, a pesar del tiempo y la distancia que puede haber entre los encuentros entre amigos, se observa una intensa e inesperada conexión entre ellos: con los amigos volvemos a las bases, a compartir información personal, a pasar tiempo de calidad y de diversión, nos ofrecen cariño y apoyo a nuestras inseguridades. El deterioro en las amistades tiene que ver más con la deslealtad o la pérdida de confianza; es difícil volver a un estado inicial si se producen alguno de estos elementos.

La vivencia de la intimidad  también es distinta si hablamos del sexo y el género entre integrantes. En las parejas heterosexuales, se produce un problema de comunicación ante la forma diferente que hay de expresar la intimidad entre hombres y mujeres. Los hombres encuentran muchas dificultades a la hora de expresar sus sentimientos, y aunque se comunican mejor con mujeres, entre ellos se produce una comunicación superficial, debido a la dificultad que supone mostrar a otro hombre su vulnerabilidad. En el caso de las mujeres, la intimidad está plenamente establecida y refieren mayor satisfacción que en el caso de los hombres.

Podemos decir por todo ello que la intimidad nos cambia. Mejora nuestra autoestima, permite un mayor conocimiento de nuestras capacidades y mejora nuestra resolución de problemas. La mejor manera de favorecer la intimidad está en practicarla, pero nada de preparar un “momento perfecto”, más bien se trata de aprovechar los momentos de escucha del otro y dejarse llevar. Si quieres quitarte muchas espinitas clavadas, prueba a hablar con alguien que aprecias. Tu salud te lo agradecerá.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today, Diario El Pais, Blog “El Rincón de la Psicología”.

Los 14 ingredientes mágicos de una buena relación sentimental

Extraída de http://edmprod.com/ultimate-melody-guide
Extraída de http://edmprod.com/ultimate-melody-guide

¿Qué hace que de todas las personas que conozcamos algunas se conviertan en nuestras relaciones sentimentales? ¿Porqué unas sí y otras no? ¿Toda persona que conozcamos en una cafetería es una potencial posibilidad de pareja, o bien hay que hacer las veces de detectives para encontrar a una persona compatible?. Son muchas las aproximaciones que han intentado esclarecer la “ciencia de las relaciones”, que casi podríamos decir que es una cuestión de interés universal. Acercándonos particularmente a lo que recoge la psicología, encontramos un exhaustivo estudio (Finkett et al, 2017) que extrae los catorce factores que hacen funcionar a toda relación sentimental. Revisando una gran cantidad de artículos sobre el tema, los autores confeccionan su teoría prestando atención a los elementos que permiten comprender su inicio, desarrollo, mantenimiento y posterior disolución (si llega a haberla, claro). Los autores llegan a un total de catorce componentes esenciales, que reducen a cuatro considerando todas las etapas de una relación. De esta manera, podemos hablar de:

¿Qué componentes hacen una relación sentimental?

  1. Unicidad: en efecto, para que los integrantes de la pareja puedan considerarla como tal, deben de comportarse de una manera diferente, única y especial con el otro miembro. De igual manera que no nos comportamos de la misma forma con todas las personas, el tratamiento a la pareja es diferencial e implica una intimidad entre los implicados.
  2. Integración: Según la pareja va evolucionando, sufrimos cambios y vamos integrando cada vez más al otro en la propia definición de nosotros mismos. Aunque esto puede resultar un problema, con lo que se recomienda unos límites entre cada una de las dos identidades, respetando cada una de ellas y el espacio individual.
  3. Trayectoria: los investigadores también hablan de una serie de etapas en toda pareja, que si bien son dinámicas e idiosincrásicas de cada unión, si parece haber una similitud en ellas cuando hablamos de pareja. Están de acuerdo también en que toda etapa tiene que ser lo suficientemente buena para justificar su existencia y proyección en el futuro.

¿Cómo funcionan las relaciones?

  1. Mediante una evaluación. Se reconoce una evaluación personal de cada una de las partes; algunos autores hablan de evaluar la relación en términos de si ofrecen aspectos positivos o negativos para nosotros; otros muchos autores insisten en una evaluación más triangular, donde los integrantes se preguntan si la intimidad, el compromiso y la pasión van bien.
  2. Mediante la capacidad de respuesta. Si la pareja es sensible a tus sentimientos y necesidades y reacciona de manera positiva ante los mismos, a la vez que tu respondes de la misma manera, la unión tenderá a ser más satisfactoria y permanecer junta en el futuro.
  3. La capacidad de resolución de conflictos. ¿Cómo tú y tu pareja resolvéis los conflictos de pareja? En la medida en que las resoluciones sean constructivas (promueven la supervivencia de la pareja) y no destructiva, la pareja tenderá a mantenerse.
  4. Deseos por mantenerse. Una relación de pareja implica pensar en un camino a largo plazo, donde ambas partes desean continuar pese a lo que pueda pasar. Si se trabaja de manera constante para que se mantenga vivo lo que hace funcionar la pareja, las expectativas de éxito de la misma mejorarán.

¿Qué traes a la pareja?

  1. Tendencias. Cada uno viene con una historia y un aprendizaje de todo ello. A veces la familia de nuestra pareja ha sido despegada; a veces sobreprotectora. Muchos patrones aprendidos tenderán a aparecer en pareja y serán sus integrantes los que tendrán que decidir si cambiarlos, aceptarlos o echarlos fuera. En la negociación y la comprensión la pareja decidirá su pervivencia.
  2. Metas y objetivos personales. Cada uno de los miembros de la pareja tienen una serie de objetivos personales que no tienen porque cambiar una vez conforman una pareja. Si la pareja se adapta y asume los retos del otro como propios, sin causarle especial interferencia y siendo más un apoyo más que un obstáculo, más se tenderá  a la cohesión y la convivencia armónica.
  3. Normas. Sí, en efecto. Todo el mundo tiene una serie de normas de relación y de cómo han de ser las cosas. Y es en la vida en pareja donde se vuelcan y donde las personas han de aprender a adaptarse a las de la pareja, más con la idea de negociar que de establecer unas más correctas que otras. La flexibilidad es la gran clave en este sentido.

¿Cómo afecta el contexto y las circunstancias a la pareja?

  1. Puntos críticos. La vida en pareja permite ver a la pareja en una multitud de situaciones y ver las cualidades o los defectos de la persona tal cual. Cómo se resuelvan las diferentes situaciones críticas de la pareja (el matrimonio, cambio de residencia, hijos, retome de estudios, despido, depresión) predecirá el mantenimiento o la ruptura de la pareja en el futuro.
  2. La existencia de alternativas. ¿Pueden aparecer personas que nos parezcan atractivas en algún momento de nuestra vida aparte de nuestra pareja? ¿Puede que se nos ofrezca un trabajo prometedor y que rivaliza con lo acordado con nuestra pareja? Todo dependerá de cómo se manejen nuestras preferencias y si la pareja está en todas ellas, la pareja tenderá a mantenerse o desaparecer.
  3. Estrés. En toda pareja aparecen circunstancias que supondrán una puesta a prueba de sus recursos y la manera en que lidian y experimentan el estrés. ¿Qué podéis juntos con todo lo que se os eche encima? ¡Enhorabuena!. Es un signo de pareja saludable.
  4. Cultura y familia. Oh, ¿hemos llegado a uno de los temas más polémicos? ¿Realmente pensabas que bastaba con las visitas navideñas para mantener a raya a la familia de tu pareja? La familia, la relación que se tenga con ella y cómo las expresiones culturales sean importantes en la identidad de cada uno, más tendrá que lidiarse con este aspecto y más tendrá la otra parte de la pareja que aprender sobre este aspecto del otro. 

Si bien todos estos factores son importantes, es en la combinación e interacción conjunta de cada uno lo que determinará si nuestra relación es satisfactoria, se desarrolla con éxito y se predeciría su futuro. Prestar atención a cada uno de ellos permitirá limar flecos y ayudarnos en la complicada y estimulante vida en pareja.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes:

  • Psychology today.
  • Finkel, E. J., Simpson, J. A., & Eastwick, P. W. (2017). The Psychology of Close Relationships: Fourteen Core Principles. Annual Review of Psychology, 68(1), 383-411. doi:10.1146/annurev-psych-010416-044038

¿Y si creamos círculos virtuosos?

Extraída de: www.crecimientopositivo.es
Extraída de: www.crecimientopositivo.es

Hace dos semanas murió quien para mí ha sido más que una abuela, con 102 años, la persona más pequeña que conozco y la más grande, la más débil por sus años y la más fuerte y viva, siempre volcada con los demás, pendiente de las necesidades más vitales de las personas que le han rodeado, dispuesta a mover la tierra entera para hacer un favor a alguien necesitado, a alguien querido, a cualquiera que se lo pidiera, una persona llena de amor, de esperanza. Qué fuerza y tenacidad y a la vez, qué ternura y suavidad cuando te daba la mano y te la sujetaba para darte aliento en cada situación de la vida. Con ella, el mundo se ha quedado un poco huérfano, se ha quedado un poco más vacío. Para mí, ella es un ejemplo de que existe el altruismo. Una conducta altruista es aquella que beneficia a otra, y que  ha sido realizada con el objetivo de reducir el malestar o problema de otra persona, sin tener en cuenta las propias necesidades. O que incluso la realización de tal acción proporciona más beneficios al receptor que a quien la realiza, llegando a incurrir en el donante de ayuda algún tipo de coste.

¿Creéis realmente que el hombre es altruista por naturaleza o que las personas llevamos a cabo actos altruistas porque conllevan finalmente un beneficio personal, es decir, que responden a un fin egoísta último?

En psicología hay dos modelos predominantes sobre las conductas altruistas, los cuales comparten una visión egoísta de la conducta de ayuda, el modelo del alivio del afecto negativo, de Cialdini y sus colegas, según el cual cuando la gente experimenta emociones negativas de culpa por haber perjudicado a alguien o de tristeza por haber sido testigo del daño a otra personas, se siente motivada a reducir ese estado emocional desagradable, siendo la conducta de ayuda una de las formas para conseguirlo. Sin embargo, si puede realizar otras conductas que si consigan liberarla del estado negativo, la conducta de ayuda será poco probable.

El segundo modelo es el de activación y coste-recompensa de Piliavin y sus colegas, modelo que sostiene que al presenciar el sufrimiento de otra persona se desencadena en la persona una activación empática que cuando es atribuida al problema del otro, se experimenta como  una emoción desagradable que mueve al individuo a reducirla. Ayudar a otro sería una forma de reducir el estado emocional desagradable. Pero la activación por sí sola no lleva al individuo a ayudar, sino que éste evalúa los costes-beneficios de diferentes acciones para reducir el malestar y se decide por la que tenga menos costes y más recompensas.

Sin embargo, Batson defendió que realmente existe una motivación altruista y propuso un modelo llamado modelo de empatía-altruismo que defiende el hecho de que ver a una persona que necesita ayuda puede provocar no sólo un estado de activación desagradable, sino también una respuesta emocional de preocupación empática por lo que le ocurre al otro que mueve al individuo a actuar, no para reducir su propio malestar sino para aliviar la necesidad del  otro, considerando la conducta humana como verdaderamente altruista. Para ello, llevaron a cabo numerosos experimentos y descartaron una por una las posibles explicaciones egoístas de la conducta de ayuda, y consiguieron apoyar su hipótesis de que existe una motivación altruista. Diseñaron experimentos en los que a la mitad de los participantes se les inducía preocupación empática por una persona que tenía un problema (pidiendo, por ejemplo, que se imaginaran cómo se sentía esa persona) y a la otra mitad no, ofreciéndoles luego a todos la posibilidad de ayudar o no. Además, se permitía a la mitad de los participantes reducir la emoción desagradable mediante otras conductas más fáciles (evitando o abandonando la situación), mientras que a la otra mitad se les impedía esa vía. Los resultados mostraron que los sujetos no motivados empáticamente elegían la alternativa que menos costes suponía para liberarse del malestar, mientras que los empáticamente motivados ayudaban tanto cuando la ayuda era la vía más fácil como cuando era la más difícil, prueba de que lo que les movía era reducir el malestar del otro, no el propio (Toi y Batson, 1982). También demostraron que las conductas altruistas se daban aun cuando se eliminaba la mala imagen ante la falta de ayuda,  en estos estudios los participantes empáticamente motivados ayudaban incluso cuando se descartaba la posibilidad de que otros conocieran o evaluaran su conducta.

Existe dentro de la teoría matemática la hipótesis de los 6 escalones, que consiste en que cualquier persona puede tener acceso por medio de su círculo de conocidos (y a través de éstos, de las amistades de sus conocidos y así hasta seis niveles distintos) a cualquier persona en el mundo. Tendemos a pensar que el bien o el mal son una cuestión de dios, de la suerte o del Karma, sin embargo, son reacciones que vienen dadas por cómo nos comportamos con las personas con las que coincidimos, de forma que si nos comportamos altruistamente con nuestro círculo de conocidos el efecto de esta actitud, podría proyectarse y ser exponencial.

Dicho de otra manera, no podemos cambiar el mundo, pero sí nuestra manera de actuar en él y esto, tal vez, pueda cambiar el mundo. Personas como mi abuela, me lo han demostrado.

Escrito por Sara Reyero Serret

Referencias:

Texto:

Cialdini, R. B, Kenrick, D.T y Baumann, D.J. (1982). Effects of mood on prosocial behaviour in children and adults. En N. Eisenberg (Ed), The development of prosocial behaviour (pp.339-359). Nueba York: Academic Press.

Piliavin, J.A, Dovidio, J., Gaertner, S. y Clark, R.D. (1981). Emergency intervention. Nueva York: Academic Press.

Toi, M. y Batson, C. D (1982). More evidence that empathy is a source of altruistic motivation. Journal of personality and social psychology, 43, 281-292

¿Qué le pasa a nuestro cerebro cuando rompemos con alguien?

Extraída de www.winnetnews.com
Extraída de www.winnetnews.com

Romper una relación es algo muy difícil. A pesar de que en el momento de hacerlo lo tengamos claro, que hayamos hecho un proceso de duelo anticipado para procesar lo que vamos a hacer, o bien seamos la parte dejada y nos toca aceptar la decisión de nuestra (ahora) ex-pareja; dejarlo implica sentir toda una serie de emociones dolorosas y desagradables que nuestro cerebro se va a encargar de producir. No es que quiera que volvamos, no te engañes. Pero el cerebro no quiere sentir dolor. Y en ese momento, nuestra expareja parece ser el bálsamo a ese bombardeo emocional (hormonal, ahora te explicaremos por qué). Por esto, la importancia de quereros y cuidarnos mucho.

Efectivamente, en la ruptura se van a poner en marcha toda una serie de hormonas que es mejor entender primero para luego comprender qué pasa. El cortisol es una hormona implicada en las respuestas de estrés. Cuánta más hay, más estresados estaremos. La dopamina está relacionada con las respuestas del placer, con las adicciones,  con el deseo y la activación fisiológica. Si hay niveles muy bajos, el organismo intentará conseguirla de cualquier modo (nuestra expareja, por ejemplo). La norepinefrina se asocia a la búsqueda de nuevos estímulos, nos hace altamente excitables con niveles bajos. Y por último la serotonina, la hormona de la felicidad y que regula nuestro estado de ánimo, que obviamente en una ruptura los niveles óptimos se descalabran.

¿Qué pasa en una ruptura? En los primeros días de una ruptura, el cortisol se dispara y lo que nos regula (la serotonina) disminuye considerablemente, por lo que los niveles de dopamina y norepinefrina se desestabilizan y alcanzan niveles demasiado altos. El organismo se vuelve loco para recuperar aquello que ha perdido. No importa que los últimos meses hayan sido muy malos y que haya mucho dolor detrás. El cerebro nos devuelve a nuestros primeros meses (de una forma un tanto obsesiva) y parece que sólo pensamos en nuestr@ ex. El “infierno” está servido.

  1. Frustración. Partes cerebrales como el núcleo caudado (encargada de las acciones a un objetivo, la memoria, el sueño y las emociones) se activan con ayuda de la dopamina y la noripinefrina para conseguir placer y tranquilidad, pero cuando no lo consiguen pasa todo lo contrario. No podemos dormir. No dejamos de recordar a nuestr@ ex. Cogemos el móvil y mandamos mensajes a discreción. No nos importa regularnos. Escribir cartas de despedida a ti mismo o escribir un diario emocional, cuidar el sueño y la alimentación, o intentar un poco de ejercicio y tareas atractivas podría ayudarnos en estos primeros momentos.
  2. Sentimos pánico. Si hay demasiado cortisol y norepinefrina, el organismo está excesivamente activado y alerta para conseguir un objetivo. Al cabo de unos días, estamos agotados por el poco descanso y la sobreactivación. En este momento, es bueno reconectar con nuestro entorno. Meditación, cuidar nuestro ambiente (con olores, sabores-platos ricos, sonidos – música) o salir a dar paseos y hacer algo de ejercicio puede calmar esa activación y descansar.
  3. Ira. La caída de serotonina puede llevarnos a obsesionarnos, a buscar culpables (celos), a reprocharnos por lo que hicimos. Nos volvemos agresivos y nos volvemos jueces y verdugos de nosotros mismos. Mantener una distancia física (y virtual, quitándole de nuestros contactos) de nuestro ex podría ayudarnos, pero también hacer actividades agradables y tranquilas con amigos y familiares. Buscar la luz, salir fuera de nuestra habitación o apagar el móvil serían otras medidas.
  4. Desesperación. Con las rupturas sentimentales sentimos dolor real, sí. Este intenso malestar nos desestabiliza enormemente, y la tristeza puede apoderarse de nosotros y empeorar la situación. La manifestación es distinta respecto a los sexos; si bien las mujeres tienden a aislarse y llorar, en el caso de los hombres puede llevarles al consumo de sustancias y/o sensaciones para evitar (escapar) de las situación (por la bajada de opiáceos endógenos, y la activación de los sistemas de búsqueda de placer). En esta etapa, es importante permitirse expresar los sentimientos y no inhibirlos ni taparlos. Quedar con amig@s para hablar -y contenernos, pedir mucho cariño a nuestros seres queridos, abrazos, planes tranquilos, y buscar seguridad en personas, situaciones y actividades podrían ser otra pieza clave.
  5. La aceptación. La homeostasis, la vuelta al equilibrio (sin nuestra expareja) puede tardar, pero se consigue. Las investigaciones datan la superación de esta situación entre los tres meses y los años, sin que la duración sea realmente un indicador de gravedad. Cada un@ necesita su ritmo y es bueno respetarlo y respetarse. Que nuestros niveles hormonales vuelvan a niveles óptimos depende de lo bien que experimentemos que no necesitamos a la otra persona para sentir cariño, conseguir nuestras metas o plantearnos nuevos objetivos. Es algo que nuestro cuerpo tarda a sentir (ya lo pensaba antes, pero no podía creerlo) por que la espiral hormonal no nos dejaba procesar lo que nos pasaba. Requiere tiempo, espacio, y grandes dosis de auto-cuidado y amor propio y de los demás. Y se consigue, de verdad.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: psychologytoday.com, gizmodo.com, huffingtonpost.es,everydayfeminism.com

5 ingredientes fundamentales para construir una relación gratificante

Extraída de https://clipartfest.com
Extraída de https://clipartfest.com

Lejos de los ideales que nos venden las películas o los medios de comunicación, tener una relación satisfactoria y que se mantenga a lo largo de los años tiene mucho más de trabajo y continua construcción de lo que pensamos. En efecto, tendemos a considerar o confundir el amor perfecto con los primeros estadios de una relación, cuando la idealización, la atracción o las ganas irrefrenables de ver a la otra persona están a la orden del día. Pero, ¿es eso exactamente eso lo que podríamos llamar verdadero amor?

Los investigadores se pusieron manos a la obra y se estableció 3 componentes básicos del amor según el triángulo de amor de Sternberg que predecían en buena medida el éxito de la relación. En primer lugar, la pasión es un estado de intensa búsqueda del otro y ganas de unión, donde prevalece la atracción física, la excitación fisiológica y las ganas de compartir afectos y situaciones. La intimidad estaría relacionada con la conexión emocional y la creación de un vínculo de seguridad que favorece las autorrevelaciones y la cercanía. El compromiso tendría que ver con la parte más racional de toda relación; donde se hace un balance de los costes y los beneficios y se continua la relación a pesar de los costes que pudiera tener por el valor que se le confiere a la relación y a la otra persona. Un último componente se ha añadido a los tres tradicionales y se considera una doble variante de la pasión. De este modo, “la pasión romántica”, se referiría a la atribución que haríamos de la atracción física y que estaría muy mediatizado por nuestros propios ideales de pareja y del amor romántico.

Pero no todos parecen darse al mismo tiempo. De hecho,  la investigación posterior ha querido comprobar la evolución de los distintos componentes. En ellos, parece clara una primera fase de enamoramiento en la que conviven las dos vertientes de la pasión y que se considera necesaria para la formalización de la relación y el surgimiento de los distintos componentes. Esta fase se considera corta y donde es fácil idealizar al otro y la relación. Una segunda fase de amor pasional, donde  a los dos componentes mencionados se le añade una intensa intimidad (sentimientos de cercanía y compartir con la otra persona) y un compromiso creciente, donde aumenta una necesidad mayor de tener proyectos comunes compartidos. Una última fase en la que la relación desemboca en un amor compañero, donde los pilares básicos de la relación resultan ser la intimidad y el compromiso; unos niveles moderados de pasión romántica y niveles algo más bajos de pasión erótica, pero no tan bajos como podría considerarse.

Y es en este punto donde la relación podría estabilizarse, o bien pasar a un amor amigo (sin componentes de pasión) o darse la ruptura de la relación. Que no lo haga, depende mucho de lo que hagamos cada día con nuestra pareja. Aquí os dejamos 5 consejos que os pueden ayudar a mantener cada componente en esas cantidades lo suficientemente activas como para que la relación siga disfrutando de buenos tiempos.

Menos castigo y más refuerzo. En efecto, las parejas infelices no tienden a recompensar a sus compañeros ni son amorosos con ellos. Se apresuran a criticarse, interrumpirse, estableciendo un círculo constante de castigo impidiendo contactos positivos. Crear una atmósfera donde se premia más a la pareja, demostrando que le  aprobamos, reforzando cada conducta amorosa y buscando un contacto físico positivo (un abrazo, cogerse de la mano) favorece que la pareja se sienta más unida y ambas partes se busquen constantemente.

(De)mostrar gratitud. A pesar de los conflictos que pueda haber, valorar los esfuerzos de la pareja porque estemos bien y la relación funcione favorece la reciprocidad e incrementa que se  recompense espontáneamente a la pareja, desde piropos hasta muestras de cariño.

Más atención al otro. En tiempos donde las redes sociales y los teléfonos móviles comen tiempo para las interacciones en tiempo real,  que estemos atentos a la pareja (tanto en lo que hace dice o hace, como en dedicarle un emoticono o unas frases en los días que estamos liados) hace que la calidad de la relación  aumente y se aprovechen más los momentos que estamos juntos. Dedicarse un tiempo para la relación, que se intente respetar y que se hagan actividades que gusten a los dos incentiva el contacto y aumenta la sensación de la pareja como un espacio de calma, confianza y distendimiento.

Contacto piel con piel. Una de las cosas que distingue nuestra pareja de las otras relaciones es el grado y la profundidad con la que nos mostramos y nos tocamos. Para algunas personas, además, este contacto sólo lo hacen con otras personas más que en pareja. Cuidar el contacto afectivo y hacer que las dos partes de la pareja se toquen más aumenta incluso el atractivo percibido del otro y hace que se posibilite las negociaciones de los conflictos por la cercanía y la implicación que se siente.

Capacidad para el perdón. El rencor descarrila cualquier intento amoroso, de gratitud o de reciprocidad en la pareja. Aprender a perdonar en pareja permite cerrar conflictos que antes parecían irresolubles y avanzar recomponiendo los errores. Intentar resolver siempre los conflictos con un resultados positivo para los dos permite conflictos constructivos y que no los veamos como una situación que signifique una ruptura.

Aunque ninguna fórmula es infalible por sí misma, cuidar estos aspectos permite mantener la satisfacción viva y superar las numerosas crisis que se producen en toda relación amorosa. Por que no se trata de sobrevivir a éstas, sino entender que es un proceso normal de cada relación y la disposición y el momento que esté cada una de las partes. En estos casos, lo importante es lo que opinen los dos.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychcentral, Psychology Today, Huffington Post