El estado de nuestras relaciones de pareja en tiempos de confinamiento

El confinamiento es, ha sido y será una de las experiencias más devastadoras, significativas e importantes que hemos vivido en mucho tiempo, algunos en su vida entera. Estar confinados en nuestras casas, con la obligación de conciliar en un espacio en muchos casos muchos aspectos de nuestra vida (laboral, personal  y relacional) y tan abruptamente, ha supuesto un cambio radical de nuestras costumbres y nuestra manera de vivir. La pareja, sin duda, está siendo una de las grandes afectadas en todo esto, pues es la estructura (cuando vivimos en una) que sujeta nuestra rutina y la que nos posibilita, con su organización, reglas y funcionamiento, el equilibrio en la mayoría de aspectos de nuestra vida.

Extraída de www.nacion.com

Todo ello por lo urgente, abrupto y precipitado de la situación de confinamiento, donde apenas se nos ha dejado un tiempo de reacción y planificación en los cambios que eran necesarios en nuestras vidas, y por la incertidumbre y escasa preparación para afrontar a una situación de tamaña magnitud. Muchas veces, las decisiones de nuestra rutina se han hecho sobre la marcha, y si ya había problemas previos, la situación de pandemia y consecuente confinamiento solamente acentúa y en muchos casos cronifica los problemas ya existentes.

Sin embargo, está crisis y convivencia forzada no ha afectado a todas las parejas por igual. Efectivamente, las más vulnerables a sufrir un periodo de tensión añadido son básicamente tres: a) las que ya arrastraban problemas previos al confinamiento (ansiedad, depresión, problemas de pareja, maltrato,  infidelidad o desigual reparto de las tareas y funciones de la casa), b) las parejas que pasaban menos tiempo de convivencia juntos (y con menos costumbre a convivir, por horarios laborales, responsabilidades o que la dinámica de la relación se había caracterizado por multitud de actividades separadas) c) o en las que se este periodo se hayan registrado muchas situaciones dolorosas (muertes de personas cercanas, perdida de trabajo y de ingresos económicos, o enfermedad misma de uno de los dos miembros). En estas situaciones, el confinamiento se ha convertido en un caldo de cultivo por la alta probabilidad de aparición de malentendidos, roces y discusiones por las horas que pasamos juntos. Invertir tiempo en la pareja, tanto para pasar tiempo con ella como para re-aprender a solucionar conflictos, puede ser muy buena idea, pero no todos estamos predispuestos a dejar un hueco a hábitos y acciones que implican un posible coste a priori, y más cuando estamos pasando algo tan difícil como la cuarentena en sí. Aquí, la fiesta está servida.

Por otro, se ha registrado un aumento importante en el uso de las redes sociales y aplicaciones que facilitan la posibilidad de realizar una infidelidad (virtual, en este caso). En estos momentos, las infidelidades emocionales son más probables (en las que nos apoyamos y realizamos comportamientos de implicación emocional con otra persona). Los expertos a este respecto son claros, ante la disminución de acceso a nuestros amigos y familiares y la reducción drástica de actividades fuera de casa, para muchas personas fijarse en alguien externo supone un alivio y un escape a la situación de tensión que estamos viviendo, y ante la imposibilidad de conseguirlo de nuestra pareja, relaciones cercanas o actividades alternativas, se centran en estos contextos, con el previsible reforzamiento que se experimenta en las primeras fases de flirteo y seducción.

A pesar del escenario dibujado en estos tiempos de desescalada, donde la convivencia (tensa) obligada también será parte de nuestra rutina diaria, podemos tener en cuenta algunos aspectos que pueden ayudar a afrontar los conflictos, si la opción de la separación todavía no se considera la opción definitiva.

  1. Tiempo de largas conversaciones. En toda crisis y confrontación, no nos queda otra que acercarnos al otro y hablar. Después de esa primera confrontación. Con la idea de que serán necesarias varias conversaciones. Intentando mantener una atmósfera de cordialidad, en un espacio de tranquilidad y que nos fuerce a ver y escuchar al otro, sin distracciones y con tiempo suficiente para tratar los temas calientes y de conflicto. Por supuesto, evitando los móviles y redes sociales a mano, para asegurarnos la recepción adecuada del mensaje y en la interpretación correcta de las intenciones del otro.
  2. Respeto de espacios. Es importante la creación de espacios donde cada uno pueda hacer sus actividades, como relajarse o hacer actividades solo. El confinamiento nos ha obligado a “reconquistar” nuestra propia casa, y establecer los sitios y los periodos de cuando vamos a hacer uso de ellos es uno de los grandes retos del confinamiento.
  3. Equilibrio de espacio para uno mismo versus con el otro. No sólo de solucionar los problemas vive una pareja, y en efecto, cultivar e invertir en tiempo de distracción, esparcimiento y calma puede ser un buen inicio para acostumbrarse, también, a firmar tiempos de tregua y disfrutar de la tranquilidad. Como el otro es en realidad nuestro compañero de cuarentena, incluirle en las actividades que hacemos, aunque sea una sola, puede ayudarnos a tolerarnos y no ver ese tiempo compartido como un castigo, sino como un acompañamiento gratificante e inesperado.
  4. Aceptar la situación de confinamiento y ajustar las expectativas que podemos pedir a la pareja. Ambos miembros han estado sujetos a una situación inusual, extraordinaria y con grandes limitaciones (aún) a la vida que teníamos antes, como para que sólo consideremos al otro como un enemigo. Apelar a la empatía y al hecho de que vivís la misma situación y estáis en el mismo barco, puede ayudarnos a notar al otro como un apoyo.
  5. Haciendo énfasis más en la forma de discutir que en la la frecuencia de las discusiones. En toda pareja de larga duración, las discusiones son algo inevitables, por lo que cuidar ese “cómo” ayuda a aliviar la tensión. Haciendo referencia siempre a la conducta y a nuestros sentimientos, utilizando un lenguaje conciliador y poco violento, con cesiones de turno y siendo conscientes de que en una discusión es tan importante hablar como escuchar. Es la única manera de entender y no malinterpretar. Y parar siempre cuando empecemos a notar en la pareja un comportamiento de “escalada” y de reproche. Siempre se puede retomar en otro momento.
  6. Apelando a que el confinamiento puede ser una oportunidad para reencontrarnos, haciendo énfasis no sólo al compromiso, sino a lo que echamos de menos del otro o lo que querríamos experimentar. Y que nos toca compartir porque todavía nos queda tiempo de convivencia.
  7. Valorar esta situación como una oportunidad para el reencuentro. Toda crisis es en realidad la repetición de una dinámica relacional e interpersonal que ha dejado de funcionar, y que esto puede ser una oportunidad para mejorar nuestra comunicación, nuestro tiempo conjunto, donde ser fiel es una elección diaria hacia la pareja, y que nos va a permitir conocernos y unirnos más, puede ayudar a ver los conflictos como pasos necesarios a una mejora en la relación.
  8. Acordar decisiones, reglas y tiempos conjuntamente. Si al final se opta por la separación / divorcio, lo mejor es acordar juntos los tiempos concretos para las acciones y las decisiones que han de seguirse. Tanto las relacionadas de la pareja (si dejamos de dormir juntos, cuando empezamos a hablar con representantes legales, cuando se lo decimos a nuestros contactos), aplazando las que no se pueden hacer ahora mismo por cuestiones operativas, y acordando un tiempo de “tregua”, donde se decidan qué discusiones merecen la pena y cuáles son irresolubles y es mejor no tocar, porque la discusión no añadiría nada bueno (ni nuevo) a la situación. Con el objetivo de garantizar una convivencia civilizada y sin agresión si no hay opción de vivir por separado.

De cualquier forma, lo que se demuestra, como casi todos los eventos que hemos tenido que vivir en estos tres meses de confinamiento, es el enorme reto y la adaptación de todos nosotros a intentar sobrevivir, sobrellevar y gestionar nuestra vida en el confinamiento, y es una oportunidad importante tanto para mejorar y afrontar nuestros problemas como pareja, como aceptar la ruptura cuando ésta es el siguiente paso.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Hufftington Post, Heraldo.es, El Confidencial, Psychology Today, Psych Central, El País, El Mundo.

Pautas parentales para facilitar las salidas infantiles durante el Coronavirus

Desde el principio del levantamiento de este estado de alarma que estamos viviendo ha estado servido el debate «¿niños a la calle sí, niños a la calle no?».

Imagen extraída de www.pexels.com

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Lo que nos decían los datos epidemiológicos con respecto a cómo la enfermedad del Covid-19 se manifiesta en la población infantil, con poca sintomatología o incluso asintomáticos (lo que la convertía en potencial portadora del virus), alentaba a seguir en dicho debate una postura más conservadora a pesar de la preocupación constante de cómo este escenario de encerramiento podría afectar a los más pequeños de la casa.

Los expertos en infancia señalan que España es el país europeo más estricto respecto a las medidas adoptadas de cara a la población infantil, a diferencia de otros países con niveles altos de contagio como Italia y Francia.

La verdad, y pese a las expectativas negativas que se conformaban en cada adulto que estaba al cuidado de un menor, los niños han sido tal vez de los grupos poblacionales que mejor han llevado este confinamiento. Si bien es cierto que tras una cuarentena, ¡y nunca mejor dicho, porque ya pasan los cuarenta días!, sin poder salir a espacios abiertos y observando cómo algunos sectores volvían a la «normalidad» (véase aquellos trabajadores no de primera necesidad que recientemente han visto cómo las restricciones se levantaban pudiendo volver a sus puestos de trabajos, lo cual puede serle de difícil entendimiento a los pequeños), a medida que han ido avanzando los días el confinamiento se ha ido haciendo cuesta arriba en la mayor parte de hogares españoles con niños. 

Esta medida que entra en vigor el 26 de abril va a llegar «como agua de mayo», aunque cierto es que ha aterrizado no sin debate, generando confusión e incertidumbre. 

Ojipláticos quedaban los progenitores cuando en un primer momento se anunció que la desescalada para los menores no tendría lugar en espacios abiertos, en la naturaleza, dando pequeños paseos, sino que se permitiría que los menores acompañasen a adultos a aquellos lugares a los que bajo el estado de alarma sí está permitido ir (supermercados y farmacias, básicamente), focos principales de riesgo de contagio por la frecuencia de paso de la población.

Solventado este contratiempo, y una vez producida esta rectificación pocas horas después del primer comunicado de acompañar a los adultos a recados por paseos y salir a jugar a la calle, siempre y cuando se respete el distanciamiento social, desde Cenit Psicólogos nos hemos propuesto abordar este tema aportando información ajustada y una serie de pautas para que las salidas del hogar con niños se conviertan en fuente de bienestar en lugar de una causa más de estrés a la que los padres tienen que enfrentarse.

Más de 40 días en casa, ¿cómo esto ha podido afectar a la infancia?

Desde el principio de la cuarentena el comienzo del desconfinamiento o desescalada ha sido sin duda una de las noticias más esperadas, sobre todo de cara a los niños.

Existe una enorme divergencia de opiniones parentales sobre esto, desde que la condición de encerramiento total de los menores mantenida hasta ahora rozaba el maltrato institucional a aquellos que evalúan esta situación como crítica y consideran que “es el precio a pagar” para mantener a los niños a salvo del virus y evitar su propagación masiva.  No obstante, ¿qué dice la psicología al respecto?

La ciencia y los estudios neurobiológicos indican que la etapa comprendida entre los 0 y 6 años es en la que fundamentalmente se produce el desarrollo a nivel psicomotor de los niños, por lo que es necesario un ejercicio físico mínimo. Y claro está que los más peques  “no han parado quietos” en lo que llevamos de cuarentena, unido con total seguridad a que padres y madres habrán promovido rutinas saludables de ejercicio adaptadas a estar en casa en la medida de lo posible; sin embargo, por habitabilidad, familias con viviendas de espacio reducido habrán tenido muchas más dificultades para mantener la actividad física de sus pequeños, lo cual limita el habitual desarrollo locomotor de estos.

Además, a lo largo de la evolución del cerebro infantil y adolescente entran en juego otra serie de factores de crecimiento no menos importantes, a los cuales es muy difícil acceder desde casa, como son los espacios (a ser posible abiertos) para que los niños puedan explorar por sí mismos y la necesidad de fuentes de neuroestimulación variadas, novedosas e interpersonales.

También tiene una vital relevancia en el desarrollo neurocognitivo de los menores el estado de ánimo. Cuando aún no existe una completa madurez de las herramientas para modular el estado de ánimo la actividad física se convierte en modo de expresión y canalización de emociones y sentimientos, y es por eso por lo que algunos niños durante este confinamiento han experimentado procesos de irritabilidad, tristeza, o altibajos emocionales/anímicos, debido a esa otra vía de escape que es el movimiento unido a la barrera psicológica que supone el encerramiento.

Existen también datos sobre lo perjudicial que es el estrés agudo mantenido en la infancia, y las correspondientes secuelas que eso podría tener en el neurodesarrollo cerebral, así como ser un factor de riesgo en futuros diagnósticos de trastornos de ansiedad, principalmente del trastorno por estrés postraumático (TEPT)

A pesar de esto, se necesitará ser cautos a la hora aplicar estas conclusiones a la situación de pandemia y estado de alarma actual, ya que existen multitud de variables idiosincráticas no controladas de manera experimental que sin embargo influyen en el devenir de dichas afectaciones o diagnósticos, como son: los diferentes niveles de estrés parental experimentados, existencia o no de conflictos en el sistema familiar, herramientas cognitivas del menor, situación socioeconómica o acceso a recursos, etc.

Pautas parentales para facilitar la salida de los niños a la calle durante el Covid-19

Todo lo que exponemos a continuación serán pautas para facilitar la vuelta a las calles de los niños una vez existe el permiso por parte del Ejecutivo. Sin embargo, que se hayan ofertado estas medidas de desescalada del confinamiento infantil no significa que exista obligatoriedad de salir para los menores; siempre será una decisión que tendrán que tomar las familias con toda la libertad y respeto, basándose en sus valores y teniendo en cuenta las casuísticas interindividuales de todos y cada uno de esos núcleos familiares donde conviven niños.

  • Primero de todo, vamos a tener que “ponernos en sus zapatos”. Que sean pequeños no significa que no perciban la realidad en la que nos encontramos. ¡Todo lo contrario!, podría sorprendernos con cuán detallada (y acertada) es la interpretación que los más peques han hecho de la pandemia y el correspondiente estado de alarma. No obstante no está demás que pueda aprovecharse este momento para explicar a los niños y niñas qué es el Covid-19; para ello, se puede recurrir a historias infantiles o cuentos que les hagan la información más asequible, como puede ser “Rosa contra el virus” (enlazado al final del post).
  • Explica también las nuevas medidas mediante las cuáles van a empezar a poder salir a la calle (y los cambios asociados a ellas), con un lenguaje ajustado para hacerles la situación más controlable. Utiliza ejemplos en primera persona sobre cómo todo esto les afecta a ellos o podrán verse beneficiados y/o  sírvete de personajes simbólicos que puedan identificar ellos como modelos. Los superhéroes que cumplen las normas de higiene y seguridad suelen ser alicientes para que los niños quieran parecerse a ellos y adaptarse a lo estipulado.
  • Va a ser asimismo una oportunidad para trabajar transversalmente el aumento de la responsabilidad y madurez de los más pequeños de la casa. La tendencia será la desescalada conviviendo con el virus hasta que se encuentre una vacuna, por lo que interiorizar medidas de higiene propia, empatía hacia los demás y civismo van a ser mecanismos necesarios a nivel general, y una oportunidad de aprendizaje para los niños.
  • Recalca que no es una vuelta a lo de antes, sino una medida excepcional, por lo cual serán paseos limitados espaciotemporalmente. Gestiona sus expectativas antes de salir a la calle para conseguir que puedan disfrutarse como “momentos de respiro” en lugar de como fuente generadora de frustraciones.
  • Si la edad del menor lo permite, pauta un tiempo con ellos (dentro de la hora permitida), y recurre a algún sistema de referencia para que puedan ser conscientes y manejar el transcurso del tiempo de paseo y agotamiento de éste.

Estas medidas ayudan a controlar sus expectativas a la par que reduce la probabilidad de rabietas una vez que se comunica que ha llegado el momento de volver a casa.

De producirse dichas rabietas acude a esas herramientas parentales saludables que normalmente funcionan para gestionarlas, como la extinción, sin caer en reforzar indirectamente la conducta problema, ya que permitirá que los próximos paseos (o más bien la finalización de ellos) no estén supeditados a que se produzca este tipo de berrinches.

  • Intenta que todo eso lo aprendan sin castigos y sin premios; es decir, el entendimiento de la situación facilitará que los paseos consigan la finalidad con la que se plantean, sin conductas disruptivas, e interiorizando nuevos comportamientos responsables y de autonomía, sin la necesidad de refuerzos externos ni expectativas de ser castigados. En todo caso, si no se cumplen los límites, refuerza las explicaciones que justifican que tengan que ser de ese modo las salidas del hogar y que puedan restituir sus comportamientos.
  • Y por supuesto, no se aconseja recurrir a figuras de miedo (principalmente relacionadas con cuerpos de seguridad nacional, por ejemplo, “va a venir la policía si no dejas de tocar las cosas”) como modo de control externo de las salidas de casa, sino apelando al civismo, solidaridad con el resto de personas/vecinos y hacerles partícipes de que la situación de bienestar de los demás y control de propagación de la enfermedad está un poquito en sus manos si nos acogemos a esas normas. A la par que les hacemos importantes en que el control de esta pandemia está en la mano de todos, impedimos el aprendizaje del miedo a estos profesionales.
  • Muestra esos límites, pero con amor.
  • Diferencia entre deseo parental y necesidad real de los niños por salir a la calle. Para ello aconsejamos tener en cuenta la opinión de los niños, lo que manifiestan que necesitan (si su edad se lo permite) o incluso ponderar la tolerancia al confinamiento que han tenido a lo largo de estos más de cuarenta días para ver si lo han llevado bien o existe una necesidad imperiosa por salir y esparcirse.
  • Dentro de tener en cuenta su opinión estará el nivel de tranquilidad/miedo con el que estén experienciando esta situación. No son pocos los casos de niños que cuando sus progenitores les han planteado esta modificación de medidas han verbalizado “¡yo no voy a salir!”. En la medida de lo posible, intentar respetar sus opiniones será la opción más beneficiosa; no obstante, si la negativa a salir se basa en miedo al virus, o a las implicaciones (de posible contagio) que tendría salir, será adecuado brindar un espacio a la psicoeducación sobre la enfermedad (cómo funciona esta y medidas de seguridad para prevenir contagios), resolver dudas y tranquilizar o desarmar esos miedos, que a todas todas seguramente estén enraizados en la interpretación algo distorsionada que han podido hacer ellos, como niños, de la alarmante situación con sus limitadas herramientas cognitivas.
  • Prepárales para saber «encajar» que la realidad que percibirán al salir de casa es muy diferente a la que ellos están acostumbrados: ofrecer explicaciones sencillas de a qué se debe, conocer e interiorizar las normas de seguridad y distanciamiento social, aprender y ver cómo necesarias las medidas de higiene (lavado de manos y método adecuado de cómo hacerlo, no tocarse la cara en la medida de lo posible, toser/estornudar en el hueco del codo y uso de mascarillas) y ofrecer la posibilidad de ronda de preguntas posterior para resolverles las dudas que puedan estar asaltándoles.
  • Queda el debate sobre la adolescencia, de por qué a partir de 14 años no está permitido dar estos pequeños «paseos terapéuticos». Los que este confinamiento lo estén viviendo bajo el mismo techo que un adolescente puede que hayan descubierto que todo sigue con normalidad, o bien los perciben como una montaña rusa o de repente «su hijo-a ha desaparecido», no se le ve el pelo, no comparte espacios comunes familiares. Y es que, centrados en la infancia, se pasa por alto la adolescencia: se impone el confinamiento en una etapa vital donde el grupo de referencia prioritario pasa a ser el grupo de iguales (los amigos). No pueden verlos (en persona) ni en clase ni en tiempo de ocio, y aunque afortunadamente en la mayor parte de las casas existe acceso a internet y pueden seguirse relacionando telemáticamente por videollamadas, se plantea el dilema de la idoneidad de las pantallas a esas edades y durante cuánto tiempo.

Dialogar con ellos sobre el impedimento de salir para su grupo de edad, ya que a diferencia de los pequeños, su desarrollo cognitivo y capacidad de entendimiento y elaboración de la situación se presupone mayor, así como alentar que el grueso del confinamiento (en principio) ha pasado, reforzar su actitud durante todos estas semanas y poder hablar sobre pequeñas metas u objetivos que quieren fijarse o les gustaría llevar a cabo una vez ellos también puedan volver a salir de casa.

Quedan aspectos en el aire, como el hecho de que los adolescentes menores de 14 años no estén incluidos en las medidas adoptadas, ¿qué pasa con ellos, acaso no lo necesitan a nivel de desarrollo neuropsicológico? o la vuelta al trabajo de los padres ¿con quién se quedarán los niños?. Intentar no hiperfocalizarse en cuestiones sin resolver, centrarse en el presente o a pocos días vista, tolerar cierto grado de incertidumbre, no anticipar así como esperar la llegada de nuevos datos, tangibles, y provenientes de las autoridades oportunas a tales efectos hará que las próximas semanas sean más llevaderas y el afrontamiento emocional de ellas más óptimo.

Por el momento, con normas y límites claros, consistentes, con sentido, informados y formados, así como ir reevaluando cómo os sentís como padres-madres y cómo se desenvuelven los niños, por si fuese necesario implementar mejoras, conseguiremos que la vuelta de los niños a la calle pueda vivenciarse como un recurso de bienestar físico y psicológico infantil y familiar.

Fuentes:  Vasta, R.; Haith, M.M.; Miller, S.A. (2001). Psicología Infantil. Ed. Ariel. Barcelona, 2001.

https://www.copmadrid.org/web/publicaciones/rosa-contra-el-virus-cuento-para-explicar-a-los-ninos-y-ninas-el-coronavirus-y-otros-posibles-virus



Escrito por: Maite Nieto Parejo

CÓMO AFECTA LA PROLONGACIÓN DEL CONFINAMIENTO Y QUÉ HACER PARA AFRONTARLO POSITIVAMENTE

Fotográfo: cottonbro

Estamos viviendo un momento del todo excepcional: el confinamiento por una pandemia. Y el interés científico está poniendo el foco de atención en ello; son muchos los estudios que se están llevando a cabo actualmente sobre cuáles son los efectos psicológicos del confinamiento durante la pandemia del Covid-19 (coronavirus). Sin embargo, eso no significa que no se tengan ya datos sobre cómo estas situaciones de confinamiento afectan a nuestro bienestar psicológico. A continuación abordaremos qué dice la psicología de cómo afrontar de la forma más llevadera posible esta situación, que por lo que parece, va para largo.

Cómo nos influye el alargamiento de la cuarentena

Cuando ya estábamos a punto de terminar con esos 15 días (iniciales) de confinamiento y casi lo celebrábamos, los expertos señalaron que sería necesario ampliar ese período, y se renueva hasta el 11 de Abril el hecho de estar en casa. ¿Cómo nos influye el aumento del confinamiento?

Estudios científicos han demostrado que cuanto mayor es la duración de la cuarentena no se produce una habituación a ésta, sino que los factores estresantes van en aumento. Sin embargo, a efectos prácticos podría decirse que una cuarentena de un mes es muy corta (véase aquellas pandemias europeas de peste en los siglos XVI y XVII que mantuvieron a sus ciudadanos en casa durante mucho más tiempo).

Si una vez fijado un plazo X de confinamiento se aumenta su duración también será motivo de incremento la frustración y desmoralización, ya que se pueden generar sensaciones de falta de controlabilidad sobre la situación y cuando se interioriza que hagamos lo que hagamos no tenemos control sobre el curso de los hechos se produce indefensión aprendida, con las consiguientes repercusiones a nivel anímico.

No obstante sí tenemos control sobre la situación, ¡y mucho! Quedarnos en casa hará que nuestro sistema sanitario no colapse, así como reducirá al máximo los contagios y no pondremos en peligro a poblaciones de riesgo demostradas como personas de la tercera edad, sujetos con sistemas inmunes deprimidos o con patologías previas que suponen factores de riesgo en el caso de contraer la enfermedad.

No por más querer saber el día en que podremos salir de nuevo de casa vamos a salir antes, es verdad, pero la incertidumbre es más llevadera si tenemos datos sobre el proceso de confinamiento. Los expertos señalan que en un período de cuarentena de un mes serán probablemente los días intermedios los más difíciles de llevar, debido a que aún se ve lejana la fecha de que esto termine. A mayores, acontecimientos personales complicados como haberse quedado sin trabajo, estar pasando por una situación económicamente difícil, haber dado positivo en coronavirus o tener familiares que estén enfermos (o en el peor de los casos, haber perdido a algún ser querido debido a esta situación) agudizarán la dificultad de sobrellevar el encerramiento

La parte positiva, y que posiblemente haya sido uno de los planteamientos que más preocupaban, es que los peques de la casa se van a adaptar con mayor facilidad que los adultos a esta ampliación del encierro. Que podamos transmitirles calma, información clara sobre la situación (adaptada a su edad evolutiva y su lenguaje) y que esto es un reto de todos hará que lo lleven mucho mejor. En cuanto a sus amiguitos, es aconsejable que puedan seguir teniendo contacto con ellos en la medida de lo posible y sepan que no por estar separados van a perderlos, siempre a demanda del hijo, no forzados por los padres. Para los niños es felicidad estar todos juntos en casa, poder disfrutar de más tiempo de juego (aunque a veces tengan que lidiar con el aburrimiento, que en sí también es beneficioso) y de sus padres, que normalmente se encuentran envueltos en maratonianas jornadas de trabajo fuera de casa. 

Somos conscientes de que hay excepciones, y no las olvidamos, como aquellos niños con necesidades especiales, que formen parte de una familia con precariedad económica o en situaciones de hacinamiento, o estén padeciendo cualquier otra enfermedad diferente al Covid-19. Para lo cual, no son pocas las reivindicaciones que se están realizando ya de que los niños puedan también salir de casa por tiempos limitados y bajo las medidas de seguridad y distanciamiento social oportunos, así como se está haciendo actualmente en otros países de Europa.

En definitiva, no se conoce un “techo de días de aguante”, pero con lo expuesto en los párrafos previos podemos concluir que a medida que se vaya alargando el estado de alarma nacional irán aumentando el cansancio y la saturación. Todo lo anterior parece desesperanzador; sin embargo, como ya mencionamos, tener información real de cómo suelen funcionar estos procesos nos hace mucho más controlable y, por tanto, llevadera, la situación de internamiento.

Tips para afrontar positivamente el confinamiento

A parte del conocimiento “teórico”, estar en posesión de herramientas cognitivas y conductuales adecuadas/efectivas de afrontamiento nos hará ganar en controlabilidad y tolerancia de la frustración así como reducir exponencialmente los efectos adversos.

  • Han decretado un estado de alarma, no un estado de ánimo, lo cual implica que cada persona pasará por distintos estados o valencias anímicas sin necesariamente seguir una norma: se puede vivir todo esto con naturalidad, buen ánimo y energía así como los habrá que lo estén experimentando como la peor etapa de sus vidas (sus circunstancias tendrán que lo estén facilitando). Desde el ámbito de la psicología se puede abordar la situación social actual como un duelo, el de la vida que teníamos y que ahora no podemos llevar a cabo con normalidad. Con lo cual, emociones como el shock o incredulidad, la negación, la ira o enfado, la tristeza y la aceptación serían el amplio abanico de manifestaciones que podemos esperar que aparezcan durante el confinamiento. Para superarlo, podría resumirse en la Terapia de Aceptación y Compromiso: acepto lo que me está pasando y me comprometo a hacer de ello la situación más deseable posible.

Conseguir alcanzar la aceptación de lo ocurrido diferenciará un afrontamiento psicológico saludable de presentar posibles secuelas anímicas una vez finalizado el confinamiento.

  • En relación con lo anterior, buscar el sentido de tu vida te ayudará a priorizar en ese Compromiso. Tener una dirección valiosa que perseguir durante el confinamiento y de cara a la vuelta a la normalidad. Dentro de esa dirección valiosa, en sintonía con los valores bajo los cuales sueles vivir, intenta marcarte pequeños objetivos que doten de sentido el día a día. Es decir, elabora un plan de acción realista para que en lugar de caer en la desidia se establezcan rutinas diarias, y esto es independiente de seguir trabajando o por el contrario haberse quedado en el paro: por un lado, si te encuentras en el primer escenario, ayudará a poder conciliar vida laboral y personal ahora que ambas se desarrollan en el mismo ambiente (en el caso del teletrabajo), por otro, si eres de esos profesionales que aún son necesarios en el exterior de nuestras casas, permitirá que el día a día no gire en exclusiva alrededor del trabajo y se lleven a cabo otras actividades diferentes como modo de desconexión, y si en el peor de los casos el estado de alarma ha echado el cierre a tu lugar de trabajo permitirá que tengas objetivos diarios que den sentido a estos días a la par que permiten estar distraído de los pensamientos negativos, de todos esos “y sis”, miedos o rumiaciones que pueden asaltarnos en estos momentos de incertidumbre.
  • Como comentaba mi compañera Lara Pacheco en el anterior post, disponer de un móvil operativo es una necesidad, no un lujo ya que nos permitirá conectar con la red social propia, aunque con matices: el estar sobreinformados o sobreconectados también genera estrés así como nos puede hacer perder el foco en uno mismo dejando de lado el dedicarse tiempo y saber disfrutarlo a solas.

En cuanto a la sobreinformación: sigue canales de información oficiales (ruedas de prensa del gobierno, publicaciones de reales decretos, medios de comunicación fiables…), evitando aquellos programas de contertulias que generan debates sin mucha base que les fundamente y que en lugar de aportar información verídica provocan un estado generalizado de histeria social. Además, reduce lo máximo posible ese flujo de información, con una vez al día tal vez sea suficiente, por el contrario, estar constantemente comprobando curvas de infectados o leyendo sobre hipótesis de cuándo se baraja el fin de la cuarentena sólo generará estrés y mayor incertidumbre, ya que la fecha de cuándo volveremos a la normalidad aún es una incógnita, todo dependerá de cómo el sistema sanitario en conjunto con nuestro civismo puedan ir derrotando al virus.

  • Aparte de medidas a día de hoy bastante asumidas como comer equilibradamente, descansar las horas suficientes, … queremos destacar los beneficios de reír diariamente: con nuestros seres queridos, durante una videollamada, disfrutando de películas del género comedia, o monólogos, etc. La risoterapia se ha demostrado como un método que produce notables mejorías en el sistema inmune y del estado de ánimo.
  • ¿Por qué se está haciendo tanto hincapié en la importancia de realizar ejercicio físico en estos momentos? Por un lado, el hecho de tener que permanecer en nuestras casas conlleva irremediablemente un descenso significativo de nuestra activación física habitual, sobre todo si el tamaño de la casa es reducido. El sedentarismo, a parte de provocar una mayor rigidez muscular y articular, aumenta la probabilidad de padecer enfermedades comórbidas del tipo diabetes o del sistema cardiovascular; también es un facilitador de poseer un sistema inmune más debilitado, lo cual se ha demostrado factor de riesgo a la hora de contraer el Covid-19.

Por otro lado, la práctica de deporte durante el confinamiento (¡también durante cualquier época del año, pero ahora más valioso si cabe!) generará importantes beneficios a nivel psicológico: aumento de la autoconfianza, mantenimiento de la autoestima en lo que a aspecto físico se refiere y liberación de endorfinas que desencadenarán sensaciones placenteras de relajación frente a niveles actuales elevados de tensión, estrés, nerviosismo y angustia, así como estados anímicos más positivos o eutímicos gracias a estar más activos y distraídos.

Cabe decir, que este ejercicio físico deberá estar adaptado a la preparación física de cada persona, siempre guiado por profesionales del deporte (actualmente en formato online no faltan buenas propuestas) e intentando evitar realizar ejercicios que aumenten el riesgo de lesión.

  • Teletrabajar (en el caso de que se esté haciendo) en las condiciones más semejantes posibles a cómo se hacía fuera de casa, entre ellas manteniendo una indumentaria parecida a la que se usaba para ir a trabajar (o una versión más cómoda, siempre que no implique el pijama las 24 horas del día).
  • Si el estado de alarma está teniendo lugar con hijos va a ser muy importante que te coloques como prioridad, ya que si no estás bien física y anímicamente no podrás estar bajo ningún concepto en condiciones favorables para los niños. Desde el movimiento «Malasmadres» lo plantean como la «hora de cuidarse». Y si tu situación de confinamiento está siendo con peques seguro que tu primera reacción será «¿Una hora? Imposible»: no será necesaria una hora de reloj (¡aunque si la consigues mejor!) sino aquel ratito del que puedas disponer en tu situación personal particular. El objetivo sería que en ese espacio-tiempo estés contigo misma-o, haciendo aquello que te gusta y te hace desconectar, o directamente “no haciendo nada” pero persiguiendo esa sensación relajante que dé al traste con el estrés diario que supone el encerramiento.
  • Estamos ante una oportunidad maravillosa para pasar un poco del “qué hora es”, y por tanto del tiempo, para disfrutar de actividades de manera no consumista, sino como procesos con un principio y un fin, independientemente de la hora que sea. Véase esto fuera de aquellas obligaciones externas regidas por un horario concreto (trabajo presencial o no, tarea escolar con hijos, etc).

Ésta pérdida de la sensación de proceso no sólo tiene sentido en el contexto de la subdivisión de tareas del modelo de producción industrial, sino que en relación con la cuarentena podemos retomar ese concepto en lugar de hacer actividades: eso supondría dedicarnos de principio a fin, con menor presión temporal, a aquello que decidamos que queremos ponernos. No tanto pasar el tiempo o gastarlo consumiendo actividades, sino invertir tiempo.

  • Mantener hobbies, o interpretar esta situación como el escenario más favorable posible para dar rienda suelta a nuevas aficiones: dibujar con aquellos materiales que tenemos por casa, por ejemplo, a bolígrafo, realizar manualidades o bricolaje, restaurar algún mueble, aprovechar para buscar clases o algún tutorial por internet que saque del olvido aquel instrumento que llevas sin tocar siglos,… aparte de los socorridos leer y escuchar música, para los cuales en esta cuarentena han surgido multitud de iniciativas gratuitas para descargarse libros por parte de editoriales y músicos que ofrecen conciertos en streaming.

Por tanto, no todo serán pérdidas en esta etapa de confinamiento: también hemos aprendido, avanzado. Se está demostrando que otro modelo socio-laboral es posible, esto ha empujado a muchas empresas a establecer de forma generalizada el teletrabajo, dándonos cuenta de que es más implantable y productivo de lo que se pensaba, y ojalá gracias a ello en un futuro muy cercano puede evolucionar y ser la tónica. El consumismo no es tan necesario y la prioridad es una alimentación saludable y en la medida de lo posible elaborada con nuestras propias manos.

Nuestras casas se están convirtiendo en trinchera, y nuestras familias o compañeros de piso en las mejores de las compañías posibles, por fin se está pudiendo disfrutar de más tiempo con aquellos con los que vivimos, y no tanto o en la distancia de aquellos otros seres queridos a los que sin embargo nos acercan los avances tecnológicos. Padres pudiéndose encargar de una educación más acorde a los intereses de los pequeños, críos ocupándose de manera autónoma de tareas domésticas adaptadas a su edad gracias a que pasan más tiempo en casa. Nuestro Planeta Tierra por fin recibe un respiro, y se ve traducido en la ralentización del avance del agujero de la capa de ozono y en los niveles de contaminación de las grandes ciudades.

Y también podemos seguir aprendiendo para que sea más posible la conciliación familiar, para que el modelo educativo avance (no mandando tanta tarea como muchas familias pueden corroborar que está sucediendo actualmente), para que se ponga en valor que una nota académica no es vital, sino aquel otro despliegue de destrezas que la educación normativa no tiene tanto en cuenta (las artes plásticas, la música, la expresión corporal y actividad física, la lectura, la inteligencia emocional,…) y que ahora están siendo las herramientas a las que aferrarse.

¡Resiliencia!, de esta vamos a salir.

Mientras, quédate en casa.

Fuentes: Club Malasmadres, Mr Avelain, https://cenitpsicologos.com/impacto-psicologico-de-la-cuarentena-una-revision-rapida/, www.hoy.es/vivir 

Escrito por Maite Nieto Parejo.

Cómo ayudar a alguien que sufre emocionalmente

Apoyar a alguien que lo está pasando mal es duro. Los seres humanos estamos hechos para hacernos cargo de las emociones de los otros. Querríamos poder ayudar a otros cuando lo pasan mal, pero no pasarlo igualmente mal al ayudar. El contagio emocional, sin embargo, es inevitable. Lo puedes notar al escuchar a alguien cerca llorando o frustrado por algo. En ese momento puedes notar como se acelera tu respiración o el latir de tu corazón.

Extraída de https://interpretsocial.wordpress.com/

La mayoría de personas que sufren emocionalmente, lo que quieren es sentirse escuchadas y comprendidas, no escuchar consejos sobre cómo sentirse mejor. Desgraciadamente, tendemos a buscar soluciones fáciles y a usar tópicos para ayudar que solo suelen afectar aumentando el dolor del otro, llegando a la incomprensión.

Si te ves en la situación de acompañar a alguien sufriendo, aquí tienes algunas recomendaciones para ayudarle.

  1. Escucha y valida sus experiencias y emociones.
    Puedes simplemente decir «debe ser muy duro pasar por eso» o «imagino que debe ser muy doloroso, lo siento»
  2. Haz preguntas sobre su experiencia.
    Si preguntas por lo que está pasando y como lo vive la persona, puedes lograr clarificar lo que está pasando y de este modo empatizar con ella, o simplemente ayudarle a organizar sus pensamientos. Si no quiere hablar sobre lo que le hace sufrir, reaspétalo.
  3. Contacto ligero.
    Puedes poner tu mano en su hombro o espalda. Pregunta si está bien con la idea de que le toquen y respeta lo que te diga. El contacto puede ser más dañino que positivo según la situación, y la única forma de saber cómo va a afectar es preguntar.
  4. Rodearle con el brazo.
    Esta forma de contacto también puede ser útil, pero igualmente puede que la persona que lo recibe no lo disfrute en ese momento. Si no le sienta bien, es clave respetar su decisión
  5. Contacto visual.
    Es una herramienta fundamental en la comunicación, de hecho si mantienes el contacto visual con una persona sufriendo, le estarás transmitiendo compromiso, haciéndole ver con ello que quieres estar con él o ella y que ves su sufrimiento. Evitar el contacto visual puede hacerle sentir que no quieres saber lo que le ocurre, evitar ese sufrimiento y escapar de la situación.
  6. Usa un tono de voz calmado.
    Evita subir el tono de voz o gritar a una persona en sufrimiento emocional. Aunque sea complicado a veces, un tono de voz incluso bajo o susurrante puede ayudar más.
  7. Respira despacio a su lado.
    En ocasiones, cuando alguien se encuentra muy mal o sufriendo emocionalmente, su respiración se altera y respondemos diciéndole que respire más despacio. Esto puede servir en alguna ocasión, pero más frecuentemente ayudará hacer notar nuestra propia respiración profunda o ralentizada, ya que es algo relativamente sencillo de sincronizar entre dos personas y será más sencillo a través de la imitación que por propia voluntad de la persona que lo está pasando mal.
  8. Apóyale físicamente también.
    Puede ser una forma de contacto también poco invasiva. Incluso apoyar tu espalda contra la suya puede dar la sensación de estar presente para él o ella y estar más a su disposición sin presionar.
  9. Sé consciente de tu propio estrés.
    Ayudar a alguien sufriendo puede ser gratificante, pero a la vez, puede sobrecargarnos. Si tratando de ayudar a alguien te ves sobrepasado emocionalmente, en lugar de ayudar, terminarás por hacer más daño que bien. Trata de ser consciente de tu propio estado emocional cuando tratas con alguien que necesita ayuda.
  10. Retírate cuando sea necesario.
    Apoyar a alguien que está sufriendo puede ser complicado, así que si ves que te está consumiendo demasiada energía puede ser bueno retirarte a tiempo.

En general, también recuerda que será necesario que preguntes y busques feedback sobre tu actuación para no hacer de más o bien para no sobrecargarte tú. Ayudar es positivo pero es importante mantenerte seguro o segura emocionalmente.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fuente: Psychology Today

Todo Lo Que Hay En Un Abrazo

Los abrazos, ese gran gesto (habitualmente social) cada vez menos generalizado por el miedo al contacto inapropiado y relegados por tanto al ámbito de la intimidad, objeto de numerosos estudios científicos los cuales han aportado interesantes datos acerca de sus beneficios en nuestra salud física y mental, son los protagonistas de nuestro blog de hoy.

Imagen extraída de https://www.triskelate.com/

TIPOS DE ABRAZOS

Cuando hablamos de “abrazo” se genera rápidamente una imagen mental en nosotros, ¿verdad? El abrazo clásico, sí, el de toda la vida: personas que se rodean con ambos brazos, poco contacto visual, cuerpos pegados, cabezas una al lado de la otra, …

¿Pero os habéis parado a pensar que también hay distintos tipos, con lenguaje corporal diferente, según la función que cumplen o el modo en el que se dan? 

Principalmente diferenciamos unos abrazos de otros según la fuente o persona que nos los aportan. Sin embargo, tal vez existen tantos tipos de abrazos como culturas y subculturas haya, con distintos significados no verbales cada uno de ellos: habitualmente son muestra de intimidad y confianza, otras veces se utilizan a modo de saludo pero el lenguaje corporal transmite que no se está cómodo con la situación, están los que van acompañados de palmaditas en la espalda como signo de aprobación, otros nos permiten realizar a la par tareas mientras nos abrazamos (caminar por la calle junto a alguien, por ejemplo), los que se dan “desde la distancia” con los dos miembros manteniendo sus cuerpos alejados un par de pasos porque no hay aún la suficiente confianza, los abrazos efusivos de despedidas o reencuentros de un ser querido e incluso los hay que pueden ser el preludio de un momento sensual en pareja (los abrazos asimétricos, en los que uno está sentado y otro de pie y se llegan al nivel de la cintura); así como un largo etcétera más.

Sin duda nuestro preferido es el “abrazo cruzado”. En esencia sería igual que el clásico que comentamos antes, pero habría una pequeña particularidad que marcaría la diferencia: en lugar de rodearnos con ambos brazos justo de frente giramos ligeramente el cuerpo o pecho, intentando cuadrar corazón con corazón, si se respira hondo y dicho abrazo se alarga durante más de un par de segundos se disfruta mucho más y se ha comprobado que es un buen liberador de tensiones y mantenido en el tiempo consigue acompasar nuestro ritmo cardíaco ligeramente al del otro a parte de generar profundos sentimientos de intimidad y sintonía.

No obstante, con esta breve reseña nos parece incluso más relevante el destacar la infinidad de beneficios físicos y psicológicos que en sí contienen los abrazos, por eso nuestro objetivo será desgranar algunos de ellos con el fin de derribar todas aquellas barreras corporales y mentales que impiden que abraces más en tu día a día.

MIL Y UN BENEFICIOS FÍSICOS Y MENTALES DE DAR Y RECIBIR ABRAZOS

  • Fomenta el sentido del tacto, ese gran olvidado en pos del resto de nuestros 5 sentidos, como la vista o el oído por ejemplo. El tacto es mucho más relevante de lo que se imagina, ya que a parte de que nos ayuda a centrarnos en el momento presente tiene un gran y positivo impacto en la salud mental y en el desarrollo.

En cuanto a su relevancia en el desarrollo evolutivo, el tacto forma parte de la génesis del vínculo del apego (un conjunto de conductas y emociones interpersonales especialmente importantes en nuestros primeros meses de vida): en los primeros experimentos que Harry Harlow hizo con monos en sus investigaciones sobre la Teoría del Apego se comprobó que una mayor cercanía táctil de la mamá mono o de un mono construido artificialmente, con un material más jugosito y que aportaba más calor (felpa), por contra del metal (frío al tacto), generaba un vínculo más cercano, lo que en último término influía en el desarrollo evolutivo general del mono infante. Posteriormente, los datos que aportó el psicólogo estadounidense se han corroborado con otros recogidos en multitud de orfanatos: los niños que recibieron alimentos pero no fueron abrazados tuvieron un retraso significativo en el desarrollo tanto físico como socioemocional acompañado de cerebros más pequeños (menos desarrollados). Esto significa que el contacto físico no solo es crítico para el comportamiento de estos niños a medida que crecen, sino también para el desarrollo sus cerebros, algo que también se ha observado en animales sometidos a aislamiento social.

Que el apego construido con los progenitores sea el más importante, por los patrones aprendidos que tenderán a repetirse a lo largo de la vida adulta en cuanto a la forma de vincularnos y las expectativas de lo que podemos esperar de los demás, no significa que no creemos más vínculos de apego a lo largo de nuestra existencia: pareja y amigos serán los otros contextos por excelencia donde nos apegamos, y por tanto, los abrazos serán un reforzador fantástico para que dichas vinculaciones sean de calidad (también en la vida adulta).

Como ejemplo específico de la importancia de los abrazos y el contacto físico en la vida cotidiana, y en particular en la crianza de recién nacidos estaría la Teoría del Bonding, derivada de la Teoría del Apego desarrollada por el psicólogo John Bowlby,  consistente en portear al bebé pegado al cuerpo desde que nace y favorecer lo máximo posible ese “piel con piel” para conseguir un desarrollo psicosocial y emocional saludable y positivo.

  • Derivado de todo lo anterior se extrae que los abrazos a su vez son reforzadores de vínculos afectivos que ya forman parte de nuestra vida: son muestra de cercanía, de que somos importantes para el otro, de afecto, apoyo, cariño, de que se preocupan por nosotros, etc…

Por el contrario, una escasez de este contacto táctil reforzante podría derivar en un patrón de comportamiento más arisco en general, incluso algunos datos obtenidos en 1999 entre dos grupos de estudio (París-Miami) muestran que dicho comportamiento podría ser más agresivo en particular.

  • Los abrazos ayudan a romper barreras de soledad ya que reciben, acogen, apoyan y sustentan. También son una forma de disfrutar de tiempo agradable con nosotros mismos cuando somos el aportador y recibidor del abrazo, es decir, cuando nos autoabrazamos.
  • Sirven de sustento o soporte en momentos vitales difíciles: si bien el problema no se termina en el momento justo del abrazo, sí que con él se disiparará la tensión que dicha situación está desencadenando. Después, será mucho más fácil poder poner en marcha algún plan de acción que esté dentro de nuestro repertorio como solución a la problemática que se nos presenta.
  • Asimismo, los abrazos pueden ser un modo efectivo de control de emociones que podríamos pensar son totalmente lo contrario a ellos, dicho con otras palabras,un modo eficaz de “parar paradójico”: por ejemplo, cuando un niño pequeño está muy enfadado, fuera de sí y con escasas herramientas para digerir o controlar la emoción, si probamos a darle un abrazo fuerte lo que seguramente comprobemos es que por una parte la emoción se contiene y, por otra, consigue un efecto ansiolítico en el pequeño, es decir, consigue carmarle/tranquilizarle y reorientarle en la situación.
  • Cuando nos abrazan y abrazamos (¡también podemos abrazarnos a nosotros mismos!) se segregan multitud de sustancias bioquímicas en nuestro cuerpo: oxitocina, opioides endógenos (como las endorfinas), serotonina, dopamina,… en general todas ellas responsables de sensaciones de bienestar, relajación, placer, atenuación del dolor y elevación del estado de ánimo. 

De las anteriores podríamos destacar la oxitocina u “hormona del amor”, protagonista en otras situaciones de contacto físico placenteras como serían la experimentación de los orgasmos. 

Se ha demostrado científicamente que dicho neuroquímico también hace su aparición estelar tras el parto para conseguir revertir los dolores derivados de él a cambio de desencadenar toda una gama de reacciones y sentimientos afectivos hacia el bebé: ganas de acariciarlo, achucharlo, besarlo y protegerlo. En un momento en el que la madre no lo está pasando del todo bien la oxitocina impide una reacción de lo más esperable que impediría la supervivencia del recién nacido: ignorarlo y/o no protegerlo, frente a los sentimientos de confianza, cuidado y calma que tienen lugar finalmente.

Asimismo esta “hormona de los abrazos” afecta a la bioquímica interviniente en el estado anímico, ya que contribuye a una mayor producción de serotonina y dopamina.

¡Y eso no es todo! Por si fuera poco, y en relación con el por qué está justificado abrazar en situaciones aversivas, además se encontró que cuando aumenta la oxitocina se atenúan los niveles de cortisol, conocido también como “hormona del estrés” y que incrementa su presencia sobre todo en situaciones de “peligro” o que nos dan miedo (casos de fobias en el extremo del continuum). La disminución de cortisol se traduciría en un descenso de la presión arterial, con la consiguiente sensación de relajación. El reequilibrio anteriormente explicado impediría en último término que un estrés mantenido en el tiempo dé al traste con nuestro sistema inmune, lo que indirectamente a su vez nos permitirá disfrutar de un mejor estado de salud físico y mental.

  • Cuando nos abrazan nos aportan confianza y autoseguridad: la liberación de oxitocina es un excelente antídoto contra los miedos y fobias sociales. En otras palabras, si estás en una situación social que te provoca temor probablemente un abrazo de alguien que en ese momento tengas cerca te reconfortará y te hará pasar el mal trago más holgadamente.
  • Abrazos como elíxir de la juventud: al disminuir la presión arterial se consigue una mejor circulación sanguínea. Que nuestro cuerpo esté más oxigenado en general hará que los tejidos y la piel luzcan más jóvenes.

Después de este post esperamos que tus ganas de abrazar, ser abrazado y abrazarte a ti mismo hayan subido como la espuma. Implántalo a modo de saludo habitual con seres queridos y disfruta de un “autoabrazo” cuando estés pasando por una situación delicada, para quererte más o simplemente como manera de disfrute del tiempo de desconexión.

También, si ves a alguien con un letrero de “abrazos gratis” no dudes en dárselo, ya que posiblemente sea una de las mejores medicinas naturales que tenemos a nuestra disposición: nos hace sentirnos más positivos en nuestro estilo de afrontamiento de las situaciones del día a día y hace que las reacciones negativas ante conflictos interpersonales sean menos graves. 

Y para terminar, como no…. ¡Un fuerte abrazo!

Fuentes: Rosenzweig, M. R., Aliaga, E., Leiman, A. L., & Pérez Pamies, M. (1992). Psicología fisiológica. McGraw-Hill Interamericana,.

 www.psychologytoday.com , www.psicologiaymente.com 

Escrito por: Maite Nieto Parejo

Y la depresión entró en nuestra relación

Extraído de https://www.mindbodygreen.com
Extraído de https://www.mindbodygreen.com

La depresión es uno de los trastornos psicológicos más frecuentes en nuestros días, y no es de extrañar que el impacto en las vidas de las personas que lo sufren se extienda no solamente a los propios afectados, también a su círculo más cercano (pareja, amigos y la familia). En esa circunstancia, tanto el paciente como su pareja han de pasar por un proceso de adaptación mutua para que la unión entre ambos no se resienta, a la vez que funcione como un apoyo para el afrontamiento y la superación de los problemas psicológicos.

En las primeras fases, es normal que experimentemos muchas dudas sobre cómo comportarnos en episodios de tristeza y se tienda a una respuesta de sobreprotección sobre el afectado, intentando en muchas ocasiones solucionar sus problemas, prestando una atención continuada y no dejándola sola. Sin querer estamos reforzando el circulo vicioso propio de la depresión: le ayudamos en acciones que no necesita y la volvemos más dependiente y pasiva, cuando es exactamente eso lo que es contraproducente para ella. Por ello, tan importante es acudir a un especialista que atienda a las necesidades del paciente identificado como la posibilidad de que pueda orientarnos para no caer en actitudes que pueden empeorar el problema. Es aquí cuando podemos hacer muchos cambios, entre los que se encontraría:

  1.  Mostrarse cercanos y disponibles. Cuando alguien está deprimido, entiende que tiene muchos problemas que solucionar pero no se siente capaz de solucionarlos. Poder puede, pero todavía no está en ese momento para hacerlo. Por eso se hace más útil escucharles y acompañarles (no se necesitan grandes palabras) no tanto en aportar soluciones o expresar situaciones similares que has vivido. Si tienes dudas, siempre puedes preguntar que quiere o necesita. En esta situación tu también puedes expresar tus inquietudes: puede ser una oportunidad de comunicación para que ambos entendáis el proceso que estáis pasando.
  2. Crear un lenguaje común. Un buen símil para explicar el comportamiento de la persona deprimida es “La Teoría de la Cuchara”, donde se compara la energía disponible que tiene la persona para hacer las tareas cotidianas con el número de cucharadas que hay que tomar para dejar un vaso de yogur vacío. Cada actividad que ha de realizar sólo se pueden reemplazar por un número de cucharadas concretas, después de lo cual la persona deprimida ha de reponer fuerzas y descansar. Esta metáfora nos ayuda a entender a la persona deprimida y crear un lenguaje común donde la persona puede hacer al día una serie de actividades concretas, siendo ambas partes quienes han de definir sus fuerzas, para saber el estado y lo que puede hacer cada uno en cada momento.
  3. Ajuste de expectativas. Ni tu pareja va a mejorar de la noche a la mañana ni tú vas a actuar perfectamente en cada parte del proceso. Aceptar que esto requiere tiempo y que lo necesitáis es saber que el otro está ahí (y mostrarlo con acciones de cuidado) es lo suficiente para quitar presiones y respetar el dolor de cada uno. Frases como “ten calma” o “vamos a cogerlo con fuerzas” resuenan como exigencias en los oídos deprimidos y más vale basarse en mínimos, que paradójicamente pueden ayudar a los siguientes pasos.
  4. Planificar qué hacer cuando se está deprimido. La persona deprimida no estará deprimida siempre y habrá momentos mejores y peores. Decidir como equipo qué hacer “para vivir más fácil esos momentos peores” ayudará a ambas partes a tener control en situaciones desagradables y ajustar la ayuda a las necesidades reales del otro. “Cuando estoy deprimido necesito para estar calmado: dormir, salir a hacer algo tranquilo, caminar, un buen plato de pad thai…” podría ser un buen inicio para comenzar.
  5. Estar abierto a comunicarse, pero también a los silencios. Acompañar a una persona deprimida implica entender que va a necesitar más a veces que la escuchen que qué la hablen. Más que respeten sus tiempos y energías sin sobrecargas. Qué crean en lo que dicen y en sus síntomas, aunque nosotros lo veamos perfectamente solucionable. Qué no digamos tanto, hagamos más. Y qué también le pongamos algunos límites: no siempre podemos estar con ella, al igual que ella necesita sus espacios también. La clave es comunicarse: no a todas horas, sino cuando se esté cerca y se quiera hablar. Lo mejor es preguntar, y respetar el silencio cuando no se quiera hablar.
  6. Prohibido olvidarse de uno mismo. Aunque nuestra pareja esté deprimida, no es bueno sacrificar nuestras relaciones o cuestiones personales. La mejor ayuda es que te mantengas medianamente bien y tranquil@, y encargarte de tu gente, ciertas actividades y tu trabajo te mantendrán recargado y en forma para tu pareja. Evitando también el sobrecoste que supone ayudar a otra persona. Cuídate para cuidar al otro, ni más ni menos.

Todas estas breves recomendaciones son pequeñas casillas de salida para empezar andar pero puntualizando que no sustituyen a un profesional de la psicología y que ha de ser éste quien nos guíe en el proceso de recuperación. Con todo, la recuperación sería más efectiva y nosotros y nuestra pareja resguardados.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes: Psych Central, Psychology Today, La mente es Maravillosa, Huffington Post

 

Maternidad y Salud Mental

Imagen extraída de www.elpais.com
Imagen extraída de www.elpais.com

En la mayoría de los casos la maternidad se conceptualiza como una de las cosas más bonitas e importantes de la vida de una mujer (y que en general, puede pasarle al ser humano). Sin embargo, hay otras situaciones que se ocultan, invalidan y convierten en tabú, otras situaciones que generan malestar (sobre todo al género femenino) relacionadas no sólo con los grandes cambios (hormonales, entre ellos) acontecidos en dicha etapa de su vida, sino también por la sobrecarga que la llegada de un hijo a sus vidas puede conllevar.

En los últimos años no han sido pocos los movimientos que han defendido la proclamación por parte del calendario oficial de la ONU del Día Mundial de la Salud Mental Materna (que se localizaría en el primer miércoles de mayo). Y es que la crianza se lleva a cabo todos los días, sí, pero dicho acto simbólico colocaría el foco de atención en la necesidad de hacer visible esta realidad así como poner en valor no sólo el cuidado físico y revisiones médicas periódicas de madre y neonato, sino por supuesto también hacer prioridad la salud mental materna.

Con salud mental no sólo nos referimos a la posibilidad de aparición de según qué trastornos mentales (que más adelante especificaremos) prototípicos de este momento vital, sino al conjunto de ausencia de malestar y promoción de bienestar a la hora de adaptarse a los cambios que tienen lugar en la adquisición de dicho rol. En resumidas cuentas, el objetivo sería evitar la posibilidad de que se vivencie la maternidad con malestar o tengan lugar dolencias que asimismo conlleven, en último término, consecuencias negativas sobre el desarrollo físico y emocional de los recién nacidos. Afecta a las madres pero también puede tener implicaciones para el resto de la familia.

Momentos que podrían convertir en dolorosa/agridulce la experiencia de tener un hijo

  • En ocasiones se busca reiteradamente el bebé, pero no llega, incluso (al final) la pareja tiene que embarcarse en un proceso de reproducción asistida. La espera, la presión social añadida a todo ello, la frustración, la incertidumbre y la expectación de la ansiada noticia de estar embarazados conllevan una importante carga emocional que en muchas ocasiones se hace cuesta arriba para los futuros padres.
  • Abortos espontáneos o muertes prematuras de bebés recién nacidos: duro evento que necesitará de la elaboración del duelo, pero no de un duelo cualquiera, sino el de un hijo, tal vez de los más difíciles de llevar a cabo a nivel psicológico.
  • No menos importante es el impacto que tiene en el bienestar mental de los padres el que nazca el bebé, pero debido a alguna enfermedad, síndrome o prematuridad tenga que depender durante algún tiempo de una UCI Neonatal. La espera de poder llegar la familia al completo a casa (con el nuevo miembro) y nuevamente la incertidumbre de cuándo será o bajo qué condiciones es un factor crucial en la salud mental parental.
  • Si el bebé ha nacido con alguna enfermedad (o ha tenido que ser intervenido quirúrgicamente) será el momento de recibir información dura, que seguramente cueste asumir y por tanto necesitará de un proceso para ello.
  • Si el hijo llega mediante un proceso de adopción la ilusión irá reñida con la espera y el dificultoso proceso burocrático.
  • Puede que el bebé llegue en un momento vital difícil para los progenitores, por ejemplo, ante la pérdida reciente de un ser querido, tristeza que no permitiría alegrarse de la llegada de los hijos.
  • Aun llegando hijos sanos, en momentos vitales idóneos, la carga de un nuevo miembro a la familia aunado a la cantidad de cambios que ello implica puede hacer que la experiencia se haga cuesta arriba, todo eso sumado al resto de responsabilidades que se tienen que seguir asumiendo en el día a día. Reestructurar los ambientes de los que forma parte esa madre así como contar con una red de apoyo fortalecida hará que se vivencie con disfrute en lugar de como una carga (más).

¿Y cuando la llegada del hijo se ve envuelta en una depresión postparto?

Se conoce como depresión postparto o puerperal (actualmente también reconocida como posible antes o después de dar a luz) a aquel estado de ánimo depresivo y/o notable disminución de intereses o de la capacidad de experimentar placer en todas o casi todas las actividades llevadas a cabo (entre ellas la faceta de madre). También conocida como “depresión sonriente”, ya son madres que procuran esconder su sufrimiento, que afecta principalmente a la relación con el bebé, por miedo a estar siendo malas madres.

Es muy importante diferenciar entre sentimientos de tristeza comunes en muchas mujeres después de haber dado a luz, poco duraderos (no más de una semana) y poco intensos (sin necesidad de tratamiento) de la versión extrema del continuum, donde esos síntomas generan un notable malestar. Cuando los síntomas de estado de ánimo deprimido reúnen las características necesarias para considerarse trastorno su prevalencia es menos común; sin embargo, no tanto como se cree: quizás creas que a las mujeres que conoces no les ha ocurrido, ya que estamos ante un tema tabú, no obstante se estima que entre un 15 y un 20% de las madres recientes llegan a experimentar el cuadro anímico al completo.

La depresión postparto es la enfermedad mental materna más frecuente. Puede comenzar en cualquier momento dentro del primer año de haber dado a luz. La causa (única) se desconoce, y es que tal vez el cómputo de los cambios hormonales y físicos después del parto unido al estrés de cuidar al bebé sean los que jueguen un papel crucial en su desencadenamiento. Las mujeres que ya sufrían de depresión presentan un riesgo mayor.

La depresión postparto, a parte de estar influida por un ya mencionado más que importante factor hormonal (fruto de los grandes cambios desencadenados por la gestación, el dar a luz o el comienzo de la lactancia) se realimenta también de otros factores como podrían ser el mantener una serie de ideales sobre la familia o la pareja que hace que la mujer se pierda a sí misma a cambio de ser incondicional para los demás, la presencia de esquemas distorsionados acerca de cómo ha de actuar una buena madre así como un repertorio invalidante hacia el propio malestar o pensamientos negativos/ambivalentes a la hora de tener a su bebé en brazos sin llegar a ser feliz o sentirse plena.

En muchas ocasiones se descarta el pedir ayuda (a tiempo) ya que se interpreta como algo de nula importancia, se considera un tema tabú o como un signo de debilidad, incluso incapacidad, para ser madre. Sin embargo, nada más lejos de la realidad; la salud mental materna es una prioridad: hay muchos motivos ya mencionados… pero el principal son Ellas.

Los trastornos que aparecen en las madres perinatalmente son tratables, por lo que buscar ayuda especializada en su momento evita que duren años, se cronifiquen y afecten profundamente al desarrollo del bebé y al ciclo vital de la madre.

A colación de la temática abordada en el post, señalar que hace dos años nace el colectivo Malasmadres, con el objetivo de desmitificar la maternidad y romper el mito de “la madre perfecta”. Como otro rol o etapa más de la vida, la maternidad está llena de todo un abanico de sentimientos, emociones y pensamientos; por lo general maravillosos, pero complicados asimismo en otras ocasiones, y sobre todo, todos igualmente válidos y con la necesidad de ser comprendidos.

En resumidas cuentas, como dijo recientemente la psicóloga experta en embarazo, Ana Kovacs, “cuidarnos supondría mejorar la salud de nuestros hijos, de nuestra sociedad y de la del futuro”. Madres, sí, pero primero personas individuales con la necesidad de una salud óptima física y psicológicamente hablando.

“La salud mental materna de las mujeres importa” (#maternalmhmatters).

Fuentes:

www.clubdemalasmadres.com, www.elpais.com.

DSM-IV-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. (2008) American Psychiatric Pub.

Escrito por: Maite Nieto 

CUANDO LOS COMPORTAMIENTOS PASIVO-AGRESIVOS INFLUYEN EN TU ENTORNO LABORAL

Imagen extraída de www.revestida.com
Imagen extraída de www.revestida.com

Primero de todo, y para poder detectar si lo a continuación expuesto está sucediendo en tu entorno laboral (e intentar manejarlo, por tanto) será necesario definir a qué nos referimos con comportamientos pasivo-agresivos.

La pasivo-agresiva se trata de una de las personalidades más tóxicas que con cierta frecuencia podemos encontrarnos a nuestro alrededor. La reputada psicóloga en este área, Amarilis Ortiz, menciona que el ejemplo prototípico de las personas pasivo-agresivas es el siguiente:  “estas personas se caracterizan por no expresar de manera clara y directa sus sentimientos, preferencias u opiniones personales, mientras intentan, de manera indirecta, manipular al otro a ceder”.

En el polo de la pasividad, estas personas se caracterizan por mantener todo tipo de actitudes pasivas en lo que respecta a las obligaciones básicas a asumir en la vida.

A su vez, lo que caracteriza sus actitudes agresivas es un intento de condicionar las acciones y reacciones de los demás; el medio para ese fin es culpabilizar a terceros en lugar de asumir su propia responsabilidad, manipular, engañar, aprovecharse de otros y no apreciarlos ni cuidarlos. En otras palabras recurren a una supuesta sumisión para luego sacar ganancia manipulando y extorsionando al otro, y siempre en función de sus intereses.

Entre medias/a medio camino de la pasividad y la agresividad los comportamientos que mejor definen en general a este tipo de personalidad es la manipulación.

“Cualquier relación que no se fundamente en el respeto mutuo, el buen trato y la dignidad humana entonces es por definición una relación conflictiva que tiene alto potencial de convertirse en una relación tóxica”.

Amarilis Ortiz

Cuando tanto la magnitud como la frecuencia de los rasgos prototípicos de este subtipo de personalidad ocasionan malestar al propio sujeto y/o a su entorno puede diagnosticarse el trastorno de personalidad pasivo-agresivo.

Las causas exactas no se conocen con certeza, aunque los expertos afirman que el origen se encuentra tanto en factores biológicos como ambientales. Dichos comportamientos pueden manifestarse desde la infancia: el estilo parental de sus progenitores, las dinámicas familiares y otras influencias desde etapas tempranas de la vida suelen contribuir al desarrollo de estos rasgos de personalidad, o en su caso más extremo del trastorno de la personalidad. Es decir, aunque tóxico, este método de comunicación/relación no convierte a las personas pasivo-agresivas en malas personas, sino que señala un mecanismo de adaptación expresado en algunos casos desde la infancia que con las herramientas necesarias puede llegar a romperse.

Señales que pueden ponernos en preaviso de que este tipo de comportamientos nos rodean.

Su facilidad para la ambigüedad tiene en ocasiones tanta fuerza que puede arrastrar a los demás hacia un desgaste psíquico y emocional profundo. De igual manera, este tipo de perfil impedimenta todo tipo de dinámicas interpersonales, ya sean de pareja, de amistad, lazos familiares o las que aquí nos ocupan: las laborales. Por eso será importante que detectemos a tiempo algunas de las siguientes señales para poner medidas si es posible.

  • “Si tú no hubieras hecho eso… el trabajo habría salido adelante”: la culpabilización a los demás o gaslighting es una de las constantes de estas personas. En ocasiones esto se traduce necesariamente en victimismo en estado puro.
  • “Haz lo que quieras…” aunque en el fondo desearían que la tarea que les ocupa se realizara de una determinada manera. Rara vez expresan de forma clara o directa sus sentimientos, preferencias u opiniones personales, lo que en un hipotético caso permitirá responsabilizar a los demás (si sale mal) como antes mencionamos, así como facilitar el pasar desapercibido a la hora de realizar su parte del trabajo.
  • “Mejor hazlo tú”: cuando les confrontas suelen ofenderse con gran facilidad, por tanto preferirán retirarse del cometido adjudicado en lugar de intentarlo o tratar de dar una solución en equipo; además nuevamente lo utilizan para escapar de sus deberes.
  • “Pensé que sabías que habían cambiado la reunión” o “yo creí que tú intuirías que el proyecto así no iba a salir adelante”. Antes que externalizar sus sentimientos y opiniones de antemano, los pasivo-agresivos previsiblemente preferirán optar por el silencio, esperar a que el conflicto de desate; eso, aún pudiendo manipular y herir indirectamente a los compañeros de trabajo, les brindará la oportunidad de evitar resolver personalmente el problema.
  • “Me encantaría trabajar contigo” o “me parece bien que lo hagamos de la forma que propones” cuando verdaderamente su comportamiento no verbal (expresión facial, por ejemplo) parece que te expresa lo contrario, o una indiferencia absoluta por lo que le propusiste. Este medio de sometimiento permitirá a los pasivo-agresivos poderse quejar en un futuro, manipular y sacar rentabilidad de determinadas situaciones.

6 posibles claves mediante las que ponerles freno.

1- Primero de todo, intenta mantener la calma. Sabemos que es difícil debido a la alta carga emocional tal vez ya acumulada, pero contestar “en caliente” a un comportamiento pasivo-agresivo sólo facilitará que entremos en escalada (y terminemos diciendo o haciendo cosas que verdaderamente no queríamos en un primer momento).

2. Trata de ser lo más respetuoso posible indistintamente de cómo te está tratando la otra persona (siempre dentro de unos límites, claro está), ya que según asegura la psicóloga norteamericana Bárbara Markway “mostrar desprecio nunca te ayudará a resolver la situación de manera productiva”.

3.- Pon límites a la parcela de trabajo de la cual has de encargarte, de lo contrario puedes descubrirte realizando tareas que la otra persona, por su pasividad, no lleva/quiere llevar a cabo. También será necesario marcar esos límites a las formas con las que se comunica contigo, si esas líneas rojas no llegan a ser suficientes lo mejor será directamente poner distancia con dicho compañero de trabajo.

4.- En caso de que sea necesario mediar, alega a tus superiores. Posiblemente dichos comportamientos se vean facilitados con iguales y no se den de manera tan común cuando escalas jerárquicas tomen cartas en el asunto.

5.- A la hora de hacer peticiones recurre a la técnica del disco rayado, que consistirá en manifestar aquello que necesitas que el otro haga por ti de manera sencilla y repetitiva, sin dar pie a alegatos. En definitiva, como un disco rayado. Como si fuera una mantra repite una y otra vez tu demanda, de manera sencilla y sin grandes justificaciones, ya que enredarse en razonamientos hará que pierdas de vista el objetivo final perseguido, haciendo que el compañero que se comporta de manera pasivo-agresiva contigo no acceda a tu petición.

6.- ¡Ojo! Esta técnica también será efectiva cuando asertivamente queramos revocar manipulaciones o peticiones desmesuradas por parte de este compañero pasivo-agresivo. En los casos en los que la petición nos la haga a nosotros pero no estemos dispuestos a llevarla a cabo cual disco rayado tendremos que trasladarle que “no es no, y no quiero, y no puedo… en definitiva, NO”.

Para concluir, intenta detectar las claves indicadas en tu entorno laboral (o por extensión, a cualquier otra relación relación social) para poder poner en marcha aquellas herramientas que eviten el verte envuelto en una relación tóxica; en resumen, para empezar a poner límites. Lógicamente, si la actitud es sumamente recurrente, la mejor opción será buscar la ayuda profesional pertinente. Pero recuerda, la pasivo-agresividad son rasgos de personalidad (más o menos estables) que pueden manifestarse con mayor intensidad en unos sujetos que en otros; e incluso bajo circunstancias de mucha presión, cansancio o ambiente hostil personas que no suelen pueden, puntualmente, llegar a exhibir este patrón de conductas. Es decir, todos nosotros podemos mostrar en un momento dado un comportamiento pasivo-agresivo con los que nos rodean.

Fuentes: www.infocop.es, www.revestida.com, www.lamenteesmaravillosa.com

Escrito por: Maite Nieto Parejo

7 de Formas de Hacer Luz de Gas

 

Extraída de https://culturacolectiva.com/
Extraída de https://culturacolectiva.com/

Ya hace un tiempo que hablamos en un post anterior sobre la “Luz de Gas”, un termino que hace referencia a una forma muy sutil e insidiosa de maltrato psicológico, donde la persona que agrede extirpa lentamente el criterio personal de su víctima, en una espiral de invalidación que le hace dudar de sus propias percepciones, emociones y pensamientos; y al la víctima final opta por apoyar y sostener su brújula en el otro: él es quien lo sabe todo, tiene la mente más clara y no se siente tan vulnerable como ella.

Evidentemente, la persona implicada no se da cuenta de esta forma de actuar y cuando ve los primeros síntomas lo justifica bien por la relación que tiene establecida con el otro, bien por que tiende a confundirse por muestras de afecto y protección, cuando el objetivo es justamente el contrario. Para cuando la persona quiere darse cuenta, ya está metida de lleno en la intrincada tela de araña: se ha aislado de los demás, es el otro de quién se apoya y siente que no tiene juicio ninguno. La dinámica se ha establecido, la relación se entiende como algo exclusivo y dependiente y puede haber amor, pero no del bueno y sin que haya un verdadero respeto y libertad.

Los efectos secundarios de está dinámicas son múltiples para la víctima; pensamientos e imágenes intrusivas, hiperactivación fisiológica, estado de vigilancia constante, bajada importantísima de la autoestima y el autoconcepto, confusión mental, aislamiento social y apatía. En los casos más severos, puede haber incluso ideación suicida y autolesiones, y un autosabotaje extremo (cualquier intento de hacer las cosas por sí mismo y respetando su iniciativa, las sabotea ella misma sin remisión alguna).

Al ser una forma de maltrato y manipulación psicológica, es mediante el lenguaje, en forma y en contenido, cómo atrapa a la persona en la espiral.  Esta dinámica se puede reproducir en cualquier relación significativa, es decir, puede manifestarse en relaciones de amistad y en diferentes relaciones familiares, y puede darse en ambos sexos. Aunque variadas, os presentamos siete formas de neutralizar a la víctima, perpetuando su maltrato y dejándola desprotegida.  Ser capaz de detectar los matices ayuda a poder darse cuenta y salir de estas dinámicas. En ocasiones, la distancia es el arma más poderosa. Éstas son:

  1. “Tienes un problema / necesitas ayuda”. Así, el agresor tenderá siempre a no responsabilizarse de sus propias conductas, aduciendo que quien tiene el problema siempre es el otro, patologizando su conducta y socavando su credibilidad. Cualquier tipo de duda es prueba de la enfermedad de la víctima y no tiene derecho a mostrarla.
  2. “Eres insegur@ y celos@”. También, el perpetrador de abusos irá plantando semillas al otro sobre su seguridad en sí mismo y atractivo físico, haciendo comentarios explícitos e incluso comparándola con alguien supuestamente con mayor atractivo. De otra forma, podrá incentivar un “aura de deseabilidad” hacia otros pretendientes, haciendo conductas ambiguas y confundiendo a su pareja. Sin embargo, cualquier petición de límite lo verá como problema del otro y no considerará hacer cambio alguno, ni siquiera prestando atención a los sentimientos de su pareja.
  3. “Eres demasiado sensible”. Otra forma de deslegitimar las peticiones y límites del otro es tildarlas de distorsionadas y exageradas. En toda situación de maltrato, es irrelevante si la reacción es exagerada o no, el maltrato actúa a muchos niveles y es importante escucharla y validarla.
  4. “Era sólo una broma / ¡es sólo un chiste!”. El perpetrador enmascara con humor comentarios invalidantes, minusvalorizantes o crueles aduciendo que es sólo es parte de su humor y eres tú quién tiene el problema. El humor además se utiliza para probar los límites de la persona y la sitúa en situaciones límites para probar su umbral de aguante, para ver qué puede permitir e ir aumentando la intensidad y gravedad progresivamente.
  5. “Olvídalo ya / no saques eso ahora”. En cualquier ciclo de abuso, es común que un abusador se involucre en un ciclo de frío y calor en el que periódicamente arroje migajas de afecto para mantenerlo enganchado y renovar la esperanza de regresar a la fase de “luna de miel.”, donde se aparenta normalidad y se actúa como si nada hubiese ocurrido. En estas épocas, se insta a olvidar lo sucedido y a centrarse en lo positivo para evitar procesar lo que sucede y seguir repitiendo la dinámica una y otra vez, cada vez con más rapidez e intensidad.
  6. “El problema eres tú, no soy yo”. Como ya hemos dicho, el perpetrador no asumirá las consecuencias de su conducta y las desplazará en el otro. Él no se equivoca, y tenderá a demostrar y a desarticular cualquier intento de duda, con ejemplos contundentes, que pondrá una importancia capital y que tú no entender. Será la otra persona quién tendrá que hacer los cambios de conducta, a veces negando su atención o cariño si no vuelve a “lo de antes”.
  7. “Nunca dije eso/ estás inventándote o imaginando cosas”. En la forma más grave, se cuestiona lo que realmente piensa y se dice y se cuestiona directamente su salud mental, evitando dar validez a la evidencia y convenciendo a la víctima que lo que está diciendo o defendiendo es producto de su imaginación, utilizando la negación y minimización constantes para anular sus creencias y experiencias.

Resistir con la validación de la realidad de la víctima, permitiendo que gane conciencia del problema y comparta sus experiencias con los demás, adoptando distancia y recursos para neutralizar la influencia dañina del otro, permitirá la restricción y/o ruptura de la relación si la relación está deteriorada y el grado de maltrato es intenso. Escuchar lo que tenemos qué decir (tanto de nosotros como del otro) es el primer paso para la igualdad y libertad en una relación.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today

Cuando nuestras vulnerabilidades pueden ser puntos de conexión.

 

Extraída de https://lamenteesmaravillosa.com
Extraída de https://lamenteesmaravillosa.com

En esta sociedad en la que vivimos, ser o mostrarse vulnerable tal cual está bastante mal visto, aumentando aún más el malestar propio de estas situaciones. Sentirse vulnerable hace referencia a un estado psicológico en el que somos conscientes de una herida emocional o malestar psicológico, que en determinamos momentos creemos no poder superar (no es cierto, pero en esos momentos lo sentimos así), y que nos educan consistentemente en ocultar, por miedo a que nos rechacen, que pueda suponer más malestar aún, o que los demás lo puedan aprovechar en nuestra contra. Tal vez, también, por que sentirla evidentemente nos hacemos sentirnos mal, nos inquieta, incomoda, y nos provoca ansiedad. De esta manera tenemos tendencia a construir máscaras de aparente fortaleza, actuando como si no nos ocurriese nada, evitando sentir (y mostrar) nuestra herida. Y al final pareciera como un globo sumergido en las profundidades del mar, que se esfuerza en quedarse sumergido y que cuando encuentra la forma de ascender lo hiciera de repente, con mucha fuerza y sin control, con lo que la expresión no es satisfactoria y los efectos para nosotros mismos y los demás son contraproducentes. Aprendiendo a que el dolor es mejor no expresarlo.

Lamentablemente, cuanto menos auténticos y abiertos nos sentimos al hacerlo, menos probabilidades tenemos de entrar en contacto con experiencias humanas satisfactorias y significativas, por que no sólo implica el poder expresar nuestra vulnerabilidad, si no en escuchar y acoger las experiencias dolorosas de los demás, reproduciendo el mecanismo de evitación y rechazo que repetimos con nosotros mismos, también con los demás, afectando a nuestras relaciones y vínculos más cercanos.

La vulnerabilidad en las relaciones

De este modo, la capacidad de exponernos a los otros y confiar en que nuestras amistades y relaciones acepten una versión de nosotros mismos sin filtro puede ser una tarea muy  desafiante, y más cuando la convivencia con la vulnerabilidad emocional representa un elemento central en cualquier relación sana a largo plazo.

A esto no ayuda que la expresión y sentimiento de la vulnerabilidad emocional se experimente de distinta forma entre hombres y mujeres, puesto que en su expresión afecta las normas y expectativas de la cultura y la distinta educación que hemos recibido por género. En el caso de los hombres, la expresión de la vulnerabilidad no está permitida y la mayoría de las conversaciones que giran en torno al tema tienden a adoptar una postura pragmática y poco empática de las emociones, centrándose más en la mera solución de problemas que en otra cosa.  En el caso de las mujeres, el sentimiento y expresión de la vulnerabilidad tampoco hay un permiso explícito pero se entiende más empatía, se entiende que deben de llevar el peso de sus emociones y gestionarlas por sí mismas por ello (o con otras mujeres). En pareja, cuando se intentan expresar estos sentimientos, suelen darse malentendidos en ese sentido; las mujeres sólo quieren acompañamiento y expresar sus emociones. No quieren soluciones. Los hombres, al haber recibido esa educación diferencial, en el momento que sienten que no pueden (o no saben) dar la respuesta que se supone que se espera de ellos, tienden a rechazar o evitar dichas comunicaciones para evitar sentirse inseguros. Provocándose un círculo de incomprensión y perpetuándose, también, la no expresión de vulnerabilidad en los contextos de pareja.

¿Qué podemos hacer?

En este escenario, aprender a tolerar y entrenarnos en la expresión emocional puede ser una llave que nos beneficia a todos directamente. Así,

  1. Mírate en el espejo (de la introspección). En nuestra vida estamos constantemente luchando por diversas situaciones y roles (trabajo, familia, estudio), siempre hacia objetivos claros y se nos enseña poco a darnos un tiempo para entendernos a nosotros mismos y las intenciones que motivan nuestras acciones. En efecto, implica tomarse tiempo para hacer un ejercicio de introspección y aprender a decirse y expresarse a sí mismo nuestros miedos, conflictos y ansiedades, para más tarde poder decírselas a los demás. Ayuda en muchas ocasiones poder narrar en una libreta nuestros pensamientos y centrarnos en lo que pensamos y hacemos cuando nos sentimos así.
  2. Practica la expresión y comunicación de sentimientos conflictivos y ambivalentes. Efectivamente, las vivencias tienen adheridas emociones y pensamientos no sólo en un sentido positivo y aprender a expresar estos sentimientos conflictivos y contradictorios, sin dar por hecho que las personas nos rechazarán, exponiéndose a decir las cosas cómo uno las piensa, ayuda a entender y fortalecer una conducta que permite tomar mejores decisiones en relaciones, y experimentar una aceptación y consuelo de nuestra propia vulnerabilidad. Pero siempre cuidando y eligiendo las personas que reciben nuestras palabras, pues no todos saben (o pueden) y es mejor hacerlo con personas que sí lo hacen.
  3. Entender la interdependencia de las relaciones. Crear una relación significativa con otra persona implica un equilibrio de independencia y confianza en la relación. Cada vez más (y más en el caso de los hombres) estamos siendo socializados para ser independientes, y confiar en los demás puede ser una expectativa menor. Entender las relaciones como un proceso de interdependencia, en donde entendemos y consideramos también las necesidades del otro, haciendo acciones que las respalden, permite conseguir nuestros objetivos, dentro y fuera de la relación.

Desnudarte emocionalmente es, posiblemente, la experiencia más íntima y enriquecedora de las relaciones, y aunque pensemos que solo nos provocará más dolor y sufrimiento, en realidad nos aliviará nuestros torbellinos internos, nos dará calma y nos ayudará a estar más en contacto con los demás. Al final, merece (y mucho) la pena.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today.