Maternidad y Salud Mental

Imagen extraída de www.elpais.com
Imagen extraída de www.elpais.com

En la mayoría de los casos la maternidad se conceptualiza como una de las cosas más bonitas e importantes de la vida de una mujer (y que en general, puede pasarle al ser humano). Sin embargo, hay otras situaciones que se ocultan, invalidan y convierten en tabú, otras situaciones que generan malestar (sobre todo al género femenino) relacionadas no sólo con los grandes cambios (hormonales, entre ellos) acontecidos en dicha etapa de su vida, sino también por la sobrecarga que la llegada de un hijo a sus vidas puede conllevar.

En los últimos años no han sido pocos los movimientos que han defendido la proclamación por parte del calendario oficial de la ONU del Día Mundial de la Salud Mental Materna (que se localizaría en el primer miércoles de mayo). Y es que la crianza se lleva a cabo todos los días, sí, pero dicho acto simbólico colocaría el foco de atención en la necesidad de hacer visible esta realidad así como poner en valor no sólo el cuidado físico y revisiones médicas periódicas de madre y neonato, sino por supuesto también hacer prioridad la salud mental materna.

Con salud mental no sólo nos referimos a la posibilidad de aparición de según qué trastornos mentales (que más adelante especificaremos) prototípicos de este momento vital, sino al conjunto de ausencia de malestar y promoción de bienestar a la hora de adaptarse a los cambios que tienen lugar en la adquisición de dicho rol. En resumidas cuentas, el objetivo sería evitar la posibilidad de que se vivencie la maternidad con malestar o tengan lugar dolencias que asimismo conlleven, en último término, consecuencias negativas sobre el desarrollo físico y emocional de los recién nacidos. Afecta a las madres pero también puede tener implicaciones para el resto de la familia.

Momentos que podrían convertir en dolorosa/agridulce la experiencia de tener un hijo

  • En ocasiones se busca reiteradamente el bebé, pero no llega, incluso (al final) la pareja tiene que embarcarse en un proceso de reproducción asistida. La espera, la presión social añadida a todo ello, la frustración, la incertidumbre y la expectación de la ansiada noticia de estar embarazados conllevan una importante carga emocional que en muchas ocasiones se hace cuesta arriba para los futuros padres.
  • Abortos espontáneos o muertes prematuras de bebés recién nacidos: duro evento que necesitará de la elaboración del duelo, pero no de un duelo cualquiera, sino el de un hijo, tal vez de los más difíciles de llevar a cabo a nivel psicológico.
  • No menos importante es el impacto que tiene en el bienestar mental de los padres el que nazca el bebé, pero debido a alguna enfermedad, síndrome o prematuridad tenga que depender durante algún tiempo de una UCI Neonatal. La espera de poder llegar la familia al completo a casa (con el nuevo miembro) y nuevamente la incertidumbre de cuándo será o bajo qué condiciones es un factor crucial en la salud mental parental.
  • Si el bebé ha nacido con alguna enfermedad (o ha tenido que ser intervenido quirúrgicamente) será el momento de recibir información dura, que seguramente cueste asumir y por tanto necesitará de un proceso para ello.
  • Si el hijo llega mediante un proceso de adopción la ilusión irá reñida con la espera y el dificultoso proceso burocrático.
  • Puede que el bebé llegue en un momento vital difícil para los progenitores, por ejemplo, ante la pérdida reciente de un ser querido, tristeza que no permitiría alegrarse de la llegada de los hijos.
  • Aun llegando hijos sanos, en momentos vitales idóneos, la carga de un nuevo miembro a la familia aunado a la cantidad de cambios que ello implica puede hacer que la experiencia se haga cuesta arriba, todo eso sumado al resto de responsabilidades que se tienen que seguir asumiendo en el día a día. Reestructurar los ambientes de los que forma parte esa madre así como contar con una red de apoyo fortalecida hará que se vivencie con disfrute en lugar de como una carga (más).

¿Y cuando la llegada del hijo se ve envuelta en una depresión postparto?

Se conoce como depresión postparto o puerperal (actualmente también reconocida como posible antes o después de dar a luz) a aquel estado de ánimo depresivo y/o notable disminución de intereses o de la capacidad de experimentar placer en todas o casi todas las actividades llevadas a cabo (entre ellas la faceta de madre). También conocida como “depresión sonriente”, ya son madres que procuran esconder su sufrimiento, que afecta principalmente a la relación con el bebé, por miedo a estar siendo malas madres.

Es muy importante diferenciar entre sentimientos de tristeza comunes en muchas mujeres después de haber dado a luz, poco duraderos (no más de una semana) y poco intensos (sin necesidad de tratamiento) de la versión extrema del continuum, donde esos síntomas generan un notable malestar. Cuando los síntomas de estado de ánimo deprimido reúnen las características necesarias para considerarse trastorno su prevalencia es menos común; sin embargo, no tanto como se cree: quizás creas que a las mujeres que conoces no les ha ocurrido, ya que estamos ante un tema tabú, no obstante se estima que entre un 15 y un 20% de las madres recientes llegan a experimentar el cuadro anímico al completo.

La depresión postparto es la enfermedad mental materna más frecuente. Puede comenzar en cualquier momento dentro del primer año de haber dado a luz. La causa (única) se desconoce, y es que tal vez el cómputo de los cambios hormonales y físicos después del parto unido al estrés de cuidar al bebé sean los que jueguen un papel crucial en su desencadenamiento. Las mujeres que ya sufrían de depresión presentan un riesgo mayor.

La depresión postparto, a parte de estar influida por un ya mencionado más que importante factor hormonal (fruto de los grandes cambios desencadenados por la gestación, el dar a luz o el comienzo de la lactancia) se realimenta también de otros factores como podrían ser el mantener una serie de ideales sobre la familia o la pareja que hace que la mujer se pierda a sí misma a cambio de ser incondicional para los demás, la presencia de esquemas distorsionados acerca de cómo ha de actuar una buena madre así como un repertorio invalidante hacia el propio malestar o pensamientos negativos/ambivalentes a la hora de tener a su bebé en brazos sin llegar a ser feliz o sentirse plena.

En muchas ocasiones se descarta el pedir ayuda (a tiempo) ya que se interpreta como algo de nula importancia, se considera un tema tabú o como un signo de debilidad, incluso incapacidad, para ser madre. Sin embargo, nada más lejos de la realidad; la salud mental materna es una prioridad: hay muchos motivos ya mencionados… pero el principal son Ellas.

Los trastornos que aparecen en las madres perinatalmente son tratables, por lo que buscar ayuda especializada en su momento evita que duren años, se cronifiquen y afecten profundamente al desarrollo del bebé y al ciclo vital de la madre.

A colación de la temática abordada en el post, señalar que hace dos años nace el colectivo Malasmadres, con el objetivo de desmitificar la maternidad y romper el mito de “la madre perfecta”. Como otro rol o etapa más de la vida, la maternidad está llena de todo un abanico de sentimientos, emociones y pensamientos; por lo general maravillosos, pero complicados asimismo en otras ocasiones, y sobre todo, todos igualmente válidos y con la necesidad de ser comprendidos.

En resumidas cuentas, como dijo recientemente la psicóloga experta en embarazo, Ana Kovacs, “cuidarnos supondría mejorar la salud de nuestros hijos, de nuestra sociedad y de la del futuro”. Madres, sí, pero primero personas individuales con la necesidad de una salud óptima física y psicológicamente hablando.

“La salud mental materna de las mujeres importa” (#maternalmhmatters).

Fuentes:

www.clubdemalasmadres.com, www.elpais.com.

DSM-IV-TR: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales. (2008) American Psychiatric Pub.

Escrito por: Maite Nieto 

7 de Formas de Hacer Luz de Gas

 

Extraída de https://culturacolectiva.com/
Extraída de https://culturacolectiva.com/

Ya hace un tiempo que hablamos en un post anterior sobre la “Luz de Gas”, un termino que hace referencia a una forma muy sutil e insidiosa de maltrato psicológico, donde la persona que agrede extirpa lentamente el criterio personal de su víctima, en una espiral de invalidación que le hace dudar de sus propias percepciones, emociones y pensamientos; y al la víctima final opta por apoyar y sostener su brújula en el otro: él es quien lo sabe todo, tiene la mente más clara y no se siente tan vulnerable como ella.

Evidentemente, la persona implicada no se da cuenta de esta forma de actuar y cuando ve los primeros síntomas lo justifica bien por la relación que tiene establecida con el otro, bien por que tiende a confundirse por muestras de afecto y protección, cuando el objetivo es justamente el contrario. Para cuando la persona quiere darse cuenta, ya está metida de lleno en la intrincada tela de araña: se ha aislado de los demás, es el otro de quién se apoya y siente que no tiene juicio ninguno. La dinámica se ha establecido, la relación se entiende como algo exclusivo y dependiente y puede haber amor, pero no del bueno y sin que haya un verdadero respeto y libertad.

Los efectos secundarios de está dinámicas son múltiples para la víctima; pensamientos e imágenes intrusivas, hiperactivación fisiológica, estado de vigilancia constante, bajada importantísima de la autoestima y el autoconcepto, confusión mental, aislamiento social y apatía. En los casos más severos, puede haber incluso ideación suicida y autolesiones, y un autosabotaje extremo (cualquier intento de hacer las cosas por sí mismo y respetando su iniciativa, las sabotea ella misma sin remisión alguna).

Al ser una forma de maltrato y manipulación psicológica, es mediante el lenguaje, en forma y en contenido, cómo atrapa a la persona en la espiral.  Esta dinámica se puede reproducir en cualquier relación significativa, es decir, puede manifestarse en relaciones de amistad y en diferentes relaciones familiares, y puede darse en ambos sexos. Aunque variadas, os presentamos siete formas de neutralizar a la víctima, perpetuando su maltrato y dejándola desprotegida.  Ser capaz de detectar los matices ayuda a poder darse cuenta y salir de estas dinámicas. En ocasiones, la distancia es el arma más poderosa. Éstas son:

  1. “Tienes un problema / necesitas ayuda”. Así, el agresor tenderá siempre a no responsabilizarse de sus propias conductas, aduciendo que quien tiene el problema siempre es el otro, patologizando su conducta y socavando su credibilidad. Cualquier tipo de duda es prueba de la enfermedad de la víctima y no tiene derecho a mostrarla.
  2. “Eres insegur@ y celos@”. También, el perpetrador de abusos irá plantando semillas al otro sobre su seguridad en sí mismo y atractivo físico, haciendo comentarios explícitos e incluso comparándola con alguien supuestamente con mayor atractivo. De otra forma, podrá incentivar un “aura de deseabilidad” hacia otros pretendientes, haciendo conductas ambiguas y confundiendo a su pareja. Sin embargo, cualquier petición de límite lo verá como problema del otro y no considerará hacer cambio alguno, ni siquiera prestando atención a los sentimientos de su pareja.
  3. “Eres demasiado sensible”. Otra forma de deslegitimar las peticiones y límites del otro es tildarlas de distorsionadas y exageradas. En toda situación de maltrato, es irrelevante si la reacción es exagerada o no, el maltrato actúa a muchos niveles y es importante escucharla y validarla.
  4. “Era sólo una broma / ¡es sólo un chiste!”. El perpetrador enmascara con humor comentarios invalidantes, minusvalorizantes o crueles aduciendo que es sólo es parte de su humor y eres tú quién tiene el problema. El humor además se utiliza para probar los límites de la persona y la sitúa en situaciones límites para probar su umbral de aguante, para ver qué puede permitir e ir aumentando la intensidad y gravedad progresivamente.
  5. “Olvídalo ya / no saques eso ahora”. En cualquier ciclo de abuso, es común que un abusador se involucre en un ciclo de frío y calor en el que periódicamente arroje migajas de afecto para mantenerlo enganchado y renovar la esperanza de regresar a la fase de “luna de miel.”, donde se aparenta normalidad y se actúa como si nada hubiese ocurrido. En estas épocas, se insta a olvidar lo sucedido y a centrarse en lo positivo para evitar procesar lo que sucede y seguir repitiendo la dinámica una y otra vez, cada vez con más rapidez e intensidad.
  6. “El problema eres tú, no soy yo”. Como ya hemos dicho, el perpetrador no asumirá las consecuencias de su conducta y las desplazará en el otro. Él no se equivoca, y tenderá a demostrar y a desarticular cualquier intento de duda, con ejemplos contundentes, que pondrá una importancia capital y que tú no entender. Será la otra persona quién tendrá que hacer los cambios de conducta, a veces negando su atención o cariño si no vuelve a “lo de antes”.
  7. “Nunca dije eso/ estás inventándote o imaginando cosas”. En la forma más grave, se cuestiona lo que realmente piensa y se dice y se cuestiona directamente su salud mental, evitando dar validez a la evidencia y convenciendo a la víctima que lo que está diciendo o defendiendo es producto de su imaginación, utilizando la negación y minimización constantes para anular sus creencias y experiencias.

Resistir con la validación de la realidad de la víctima, permitiendo que gane conciencia del problema y comparta sus experiencias con los demás, adoptando distancia y recursos para neutralizar la influencia dañina del otro, permitirá la restricción y/o ruptura de la relación si la relación está deteriorada y el grado de maltrato es intenso. Escuchar lo que tenemos qué decir (tanto de nosotros como del otro) es el primer paso para la igualdad y libertad en una relación.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychology Today

Cuando nuestras vulnerabilidades pueden ser puntos de conexión.

 

Extraída de https://lamenteesmaravillosa.com
Extraída de https://lamenteesmaravillosa.com

En esta sociedad en la que vivimos, ser o mostrarse vulnerable tal cual está bastante mal visto, aumentando aún más el malestar propio de estas situaciones. Sentirse vulnerable hace referencia a un estado psicológico en el que somos conscientes de una herida emocional o malestar psicológico, que en determinamos momentos creemos no poder superar (no es cierto, pero en esos momentos lo sentimos así), y que nos educan consistentemente en ocultar, por miedo a que nos rechacen, que pueda suponer más malestar aún, o que los demás lo puedan aprovechar en nuestra contra. Tal vez, también, por que sentirla evidentemente nos hacemos sentirnos mal, nos inquieta, incomoda, y nos provoca ansiedad. De esta manera tenemos tendencia a construir máscaras de aparente fortaleza, actuando como si no nos ocurriese nada, evitando sentir (y mostrar) nuestra herida. Y al final pareciera como un globo sumergido en las profundidades del mar, que se esfuerza en quedarse sumergido y que cuando encuentra la forma de ascender lo hiciera de repente, con mucha fuerza y sin control, con lo que la expresión no es satisfactoria y los efectos para nosotros mismos y los demás son contraproducentes. Aprendiendo a que el dolor es mejor no expresarlo.

Lamentablemente, cuanto menos auténticos y abiertos nos sentimos al hacerlo, menos probabilidades tenemos de entrar en contacto con experiencias humanas satisfactorias y significativas, por que no sólo implica el poder expresar nuestra vulnerabilidad, si no en escuchar y acoger las experiencias dolorosas de los demás, reproduciendo el mecanismo de evitación y rechazo que repetimos con nosotros mismos, también con los demás, afectando a nuestras relaciones y vínculos más cercanos.

La vulnerabilidad en las relaciones

De este modo, la capacidad de exponernos a los otros y confiar en que nuestras amistades y relaciones acepten una versión de nosotros mismos sin filtro puede ser una tarea muy  desafiante, y más cuando la convivencia con la vulnerabilidad emocional representa un elemento central en cualquier relación sana a largo plazo.

A esto no ayuda que la expresión y sentimiento de la vulnerabilidad emocional se experimente de distinta forma entre hombres y mujeres, puesto que en su expresión afecta las normas y expectativas de la cultura y la distinta educación que hemos recibido por género. En el caso de los hombres, la expresión de la vulnerabilidad no está permitida y la mayoría de las conversaciones que giran en torno al tema tienden a adoptar una postura pragmática y poco empática de las emociones, centrándose más en la mera solución de problemas que en otra cosa.  En el caso de las mujeres, el sentimiento y expresión de la vulnerabilidad tampoco hay un permiso explícito pero se entiende más empatía, se entiende que deben de llevar el peso de sus emociones y gestionarlas por sí mismas por ello (o con otras mujeres). En pareja, cuando se intentan expresar estos sentimientos, suelen darse malentendidos en ese sentido; las mujeres sólo quieren acompañamiento y expresar sus emociones. No quieren soluciones. Los hombres, al haber recibido esa educación diferencial, en el momento que sienten que no pueden (o no saben) dar la respuesta que se supone que se espera de ellos, tienden a rechazar o evitar dichas comunicaciones para evitar sentirse inseguros. Provocándose un círculo de incomprensión y perpetuándose, también, la no expresión de vulnerabilidad en los contextos de pareja.

¿Qué podemos hacer?

En este escenario, aprender a tolerar y entrenarnos en la expresión emocional puede ser una llave que nos beneficia a todos directamente. Así,

  1. Mírate en el espejo (de la introspección). En nuestra vida estamos constantemente luchando por diversas situaciones y roles (trabajo, familia, estudio), siempre hacia objetivos claros y se nos enseña poco a darnos un tiempo para entendernos a nosotros mismos y las intenciones que motivan nuestras acciones. En efecto, implica tomarse tiempo para hacer un ejercicio de introspección y aprender a decirse y expresarse a sí mismo nuestros miedos, conflictos y ansiedades, para más tarde poder decírselas a los demás. Ayuda en muchas ocasiones poder narrar en una libreta nuestros pensamientos y centrarnos en lo que pensamos y hacemos cuando nos sentimos así.
  2. Practica la expresión y comunicación de sentimientos conflictivos y ambivalentes. Efectivamente, las vivencias tienen adheridas emociones y pensamientos no sólo en un sentido positivo y aprender a expresar estos sentimientos conflictivos y contradictorios, sin dar por hecho que las personas nos rechazarán, exponiéndose a decir las cosas cómo uno las piensa, ayuda a entender y fortalecer una conducta que permite tomar mejores decisiones en relaciones, y experimentar una aceptación y consuelo de nuestra propia vulnerabilidad. Pero siempre cuidando y eligiendo las personas que reciben nuestras palabras, pues no todos saben (o pueden) y es mejor hacerlo con personas que sí lo hacen.
  3. Entender la interdependencia de las relaciones. Crear una relación significativa con otra persona implica un equilibrio de independencia y confianza en la relación. Cada vez más (y más en el caso de los hombres) estamos siendo socializados para ser independientes, y confiar en los demás puede ser una expectativa menor. Entender las relaciones como un proceso de interdependencia, en donde entendemos y consideramos también las necesidades del otro, haciendo acciones que las respalden, permite conseguir nuestros objetivos, dentro y fuera de la relación.

Desnudarte emocionalmente es, posiblemente, la experiencia más íntima y enriquecedora de las relaciones, y aunque pensemos que solo nos provocará más dolor y sufrimiento, en realidad nos aliviará nuestros torbellinos internos, nos dará calma y nos ayudará a estar más en contacto con los demás. Al final, merece (y mucho) la pena.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today.

Mitos del amor romántico: causas, consecuencias y alternativas

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com
Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com

A la hora de entender el amor y cómo es (o debe ser) una relación de pareja es fácil que aparezca en nosotros una imagen mental determinada, normalmente establecida a través del prisma de nuestras creencias.

Dichas creencias que nos marcan lo que es correcto y/o deseable respecto a las relaciones de pareja (así como lo que no lo es) a veces toman tintes irracionales, dando lugar a mitos sobre un amor que verdaderamente se hace difícil en la práctica y que puede imponer ideales que ocasionen malestar.

Un mito, ya sea sobre el amor romántico o sobre cualquier otro ámbito, es una historia imaginaria que altera las cualidades verdaderas de una persona o cosa, haciendo que actuemos en parte de manera inconsciente, es decir, guiados por lo dictaminado por dicho mito sin hacer una exploración personalizada del tema en cuestión. En resumen, los mitos ejercen una fuerte influencia sobre las ideas que las personas tienen sobre cualquier tipo de cosa.

Algunos de estos mitos acerca del amor romántico son:

  1. “El amor todo lo puede”: depende… los imperativos suelen ejercer presión en la pareja y muchas veces, aunque queriendo a la otra persona, se produce la ruptura de la relación.
  2. “El amor a primera vista”: no nos engañemos, a primera vista sólo vemos lo tangible, el físico, lo cual nos hace saber si la otra persona nos atrae o no; sin embargo, el amor se construye, y para ello no hace falta ni más ni menos que ir conociendo, poco a poco, a la otra persona.
  3. “La plena compenetración sexual es prueba irrefutable de amor”: este mito va bastante en la línea del anteriormente mencionado amor a primera vista. De primeras todo de esa persona nos enamora y nos gusta, incluyendo las relaciones sexuales (que serán asombrosamente buenas desde el primer día).
  4. “La búsqueda de la media naranja”: existe una persona en el mundo, LA persona, que es la ideal para cada uno de nosotros y nos completa, porque es la otra mitad de nosotros, la media naranja.
  5. “La persona correcta llena todos los aspectos de nuestra vida”: frases del tipo “es igualito a mi, tiene los mismos gustos y aficiones”, “es el/la responsable de mi felicidad” o “cuando estamos juntos somos uno” reflejan este mito, que posiblemente sea uno de los más extendidos en cuanto a la concepción imperante de amor romántico.
  6. “Cuando se está enamorado no es posible sentir atracción por otra persona”: partiendo de la idea de que el amor no paraliza la disposición a sentirse atraído por otros y que la fidelidad es un constructo social que se puede elegir (en pareja) mantener o no en la relación, probablemente sean otra serie de cuestiones las que puedan plantearse en lugar del imperativo latente en este mito.
  7. “Los celos son una prueba de amor” o la versión más sutil de “si quieres a la otra persona ser algo celoso es lo normal” es aquel mito que defiende los celos como muestra irrefutable de amor verdadero y comprometido.
  8. “El príncipe azul”: mito reflejado en el ideal de hombre que corteja, enamora, y lo da todo por “su princesa”, una mujer que siempre está disponible para él. Una historia idílica de amor en la que él aparece como perfecto.

CAUSAS

En general, cada persona posee su propia mitología del amor, basada en sus propias experiencias personales, familiares o dependiente de la cultura donde haya sido criado. Sin embargo, existen una serie de causas que han introducido la idea de amor romántico que actualmente impera, al menos, en las sociedades occidentales y/o del Primer Mundo.

La exposición de este tipo de amor en los medios de comunicación, el cine (con el ideal de las princesas de los dibujos animados), la literatura, etc junto a una historia social donde la mujer no ha tenido un rol equitativo al del hombre (no sólo en el amor, sino en general en todos las áreas vitales) ha sido el medio de difusión para que estas creencias o mitos hayan invadido con tal intensidad el marco mental de la sociedad.

“El amor ha sido el opio de las mujeres, como la religión el de las masas. Mientras nosotras amábamos, los hombres gobernaban. Tal vez no se trate de que el amor en sí sea malo, sino de la manera en que se empleó para engatusar a la mujer y hacerla dependiente, en todos los sentidos. Entre seres libres es otra cosa”, Kate Millet.

Imagen extraída de www.psicologaemmanavarrodepalencia.com

CONSECUENCIAS

Algunas de las consecuencias del ideal de amor romántico, y fruto de los mitos anteriormente citados, serían…

  • Obsesión por la búsqueda de esa otra persona que colme nuestra felicidad o sea la proveedora de ella. No saber vivir solos, es decir, sin pareja.
  • Búsqueda desesperada de la felicidad dependiente de otra persona, frustración, no priorización de los propios deseos y necesidades.
  • Internalización de patrones rígidos de cómo tienen que ser nuestras relaciones amorosas.
  • Aprendizaje diferencial de género de lo que es el amor y a la hora de buscar y o empezar una pareja. El patriarcado describe y enseña que el amor no es lo mismo para las mujeres que para los hombres. Para la mujer sólo hay una forma lícita y decente de amar: incondicionalmente. Hemos de ser amante abnegadas, fieles, acríticas, pacientes, …
  • Esperanza de encontrar a la media naranja, a esa persona ideal o idealizada. Ninguna pareja es ideal, cada uno de los miembros que conforman el equipo llamado pareja tiene sus fortalezas y debilidades con las que habrá que ir sorteando los obstáculos del camino llamado vida sin que posiblemente haya una pareja ideal, sino simplemente la más adecuada para ser elegida como compañera de camino.
  • Desistir inmediatamente ante la aparición de dificultades superables en la pareja, ya que no sería nuestro amor verdadero; es decir, no se ajusta al ideal de amor preponderante en el panorama romántico.
  • Relacionado con la consecuencia anterior estaría el mantenimiento del concepto de perfección como requisito en la búsqueda del amor, con el consiguiente desaliento que provoca (por ser inalcanzable).
  • Perpetuación de una sociedad no equitativa ni igualitaria, donde (bajo la concepción del amor romántico y de la mano del príncipe azul) la mujer adopte el rol de tener que ser conquistada, en lugar de, por ejemplo, equidad a la hora de elegir quién da el primer paso o lleva las riendas del gustar a otro.

ALTERNATIVAS

  • Si dudas de si moverte por patrones establecidos es lo que quieres en tu vida permítete explorar aquello que aún no conoces: conoce gente, implanta términos acorde a los valores que guían tu día a día y pon límites allí donde lo creas oportuno, no donde por regla general suelen ser puestos.
  • Al igual que una relación de pareja se va construyendo poco a poco, conociendo y compartiendo las cosas buenas (y otras que no lo son tanto) de la otra persona, con el sexo ocurre lo mismo: puede que las relaciones sexuales sean muy buenas con alguien con el que no queremos estar en pareja y puede darse el caso de que queramos a otra persona pero la parte sexual de la relación sea un ámbito donde no se esté encontrando la satisfacción que se consideraría idónea. Llegados a este punto hemos de saber que se puede trabajar la sexualidad como se trabaja cualquier otro aspecto de la pareja.

El abordaje conjunto, teniendo como base primordial la comunicación y la confianza, servirá como herramienta para el derribo de tabúes e ideas preconcebidas, para autoexplorarse y explorar al prójimo y para ir averiguando aquella actividad sexual que quiere implantarse en la pareja o tal otra que podría ser placentera pero que de momento no es una prioridad (también aquellas otras que no son agradables, si cabe tan importantes como las que se desean). Sólo así, creciendo juntos, se creará una sexualidad asombrosamente buena y que tenga los cimientos para seguir evolucionando a lo largo del tiempo.

  • El amor no siempre lo puede todo. A pesar de la tentación que provoca la idea del “superamor” como forma de controlar la incertidumbre de una posible ruptura o como escudo para creer que todo se puede superar, la idea de que si hay amor en la relación es garantía suficiente y vitalicia para superar cualquier problema es del todo distorsionada.

Reestructurar esas ideas, aceptando la aparición de posibles conflictos en la pareja (los cuales necesitarán de una solución de problemas conjunta) y conocer que el respeto, la confianza y la comunicación no vienen de serie junto con el amor hará adoptar una visión más ajustada de la realidad. Asimismo se evitarán consecuencias dañinas para las personas como podría ser el soportar cualquier tipo de situación perjudicial o vejación en aras del amor.

  • Frente al mito de la media naranja encontramos que cuando venimos al mundo estamos solos, o en todo caso, si lo queremos considerar también, con nuestra familia, amigos, vamos adquiriendo estudios/trabajo… en un momento determinado de nuestra vida llega esa persona de la que nos enamoramos pero, ¿nos completa cual mitad?  ¿o nos aporta a esa vida que ya veníamos vivenciando “en solitario”?. Una de las alternativas a este mito sería visualizar el encontrar pareja como algo que enriquece nuestra vida sabiendo que ya de por sí era satisfactoria previamente como única parte de una naranja que ya estaba completa: nosotros mismos.

Tal vez nuestra pareja no tenga que ser necesariamente igual a nosotros o con los mismos gustos para que la ecuación llamada pareja funcione. Un mínimo de cosas en común, en cuanto a valores desde los que entendemos que queremos vivir nuestra vida, serán necesarios; sin embargo, aficiones, gustos musicales, etc no habrían de ser un handicap si no son compartidos. Puede ser un buen momento para explorar nuevos campos que nos gusten de la mano de nuestra pareja (¡o incluso darnos cuenta de que para nada van a convertirse también en nuestras aficiones!), podemos tener tiempo libre y de ocio nosotros solos si no son los mismos intereses y se puede disfrutar de dicho ámbito de nuestra vida con otros apoyos (amigos, vecinos o incluso asociaciones que se dediquen a ello).

  • Barajar la posibilidad de que puede darse la atracción por otras personas sin que ello necesariamente desemboque en una ruptura de pareja: después de elegir si el constructo social de la fidelidad se instaura en la propia pareja quedará en manos de cada uno de los miembros de ella el establecer los límites de la atracción por unos posibles terceros. Es muy común experimentar algún tipo de afinidad con otras personas, pero sin que necesariamente esto signifique que ya no se quiera a la pareja.
  • “Quien bien te quiere NO te hará llorar” de lo contrario sería un amor tóxico elevado a la enésima potencia. Derribar ese mito y cambiar esas gafas con las que de antemano vemos la realidad ayudará que a la hora de iniciar una relación ciertos comportamientos no se vean como deseables y por tanto tolerables.
  • Cuando en la pareja hacen aparición los celos o se mantiene una relación amorosa con alguien celoso es fácil que comience la problemática en la pareja. En realidad los celos son el indicador del nivel de angustia que siente una persona ante la idea o la posibilidad de que otro “se lleve” aquello considerado como propio (la pareja) así como el miedo a que la persona querida “nos reemplace” (y por tanto haya una pérdida del ser querido, se rompa la pareja). Como alternativa encontramos que estar en pareja no supone ser propiedad de nadie, sino seres libres, que libremente quieren estar con su pareja (así como sería posible que libremente decidieran romperla). A su vez saber que es muy probable que esos celos se estén alimentando y/o siendo fundamentados por problemáticas e inseguridades individuales.

Como conclusión, saber que estos mitos imperan en nuestra sociedad (y tal vez estén desfigurando cómo vivenciamos nuestras relaciones amorosas) puede ayudarnos a ponernos unas gafas diferentes a la hora de entender el concepto de amor, y como consecuencia podremos empezar a establecer los límites necesarios a esos patrones relacionales preestablecidos, a ser posible acorde a nuestros valores.

Fuentes: https://psicologiaymente.com, www.eldiario.es

Escrito por Maite Nieto Parejo

 

Crónicamente estresados

Extraído de www.boyacaradio.com
Extraído de www.boyacaradio.com

En las grandes ciudades y con el ritmo diario frenético, lidiar con el estrés se está convirtiendo en una de nuestras grandes asignaturas pendientes a lo largo de nuestro día a día. El estrés no es malo intrínsecamente, pero no podemos soportar de manera indefinida tensiones estresantes que todas juntas pueden funcionan como un cóctel molotov explosivo. A saber, encuentros impersonales y espaciados con gente, menos ocio, jornadas laborales maratonianas, muy poquito deporte, apenas contacto con nuestros seres queridos, noches con ojos de búho e insomnio y listas de tareas interminables que nunca se finalizan del todo. Un caldo de cultivo que nos hace estar en permanente acción, y por contra, nunca obtenemos descanso y cuando lo hay, ni siquiera parecemos permitírnoslo. ¿Os suena de algo?

Estrés bueno…

En este contexto conviene aclarar que no todo el estrés es malo y que en dosis adecuadas y moderadas, el estrés supone un impulso y motor para realizar tareas y encontrar soluciones eficaces cuando parece que no las tenemos todas con nosotros. Este tipo de estrés es preparatorio de una amenaza y eleva nuestras pulsaciones y presión arterial, los sentidos se agudizan y se bombea adrenalina y epinefrina para vigorizarnos. En resumen: nos hace más eficientes a la hora de realizar tareas, focaliza nuestra atención y mejora nuestra memoria, la función cardiaca e incluso nuestra actividad inmunológica aumenta.

versus estrés crónico.

No obstante, si estos niveles elevados de actividad física y mental se mantienen durante largo tiempo, nuestro cuerpo experimenta un proceso de agotamiento, íntimamente relacionado con altos niveles de cortisol. Si las condiciones estresantes no disminuyen, se producen una serie de cambios con importantes consecuencias en nuestro organismo. Estamos hablando del estrés crónico, que nos deja totalmente exhaustos.

Impacto del estrés

Los efectos más importantes en nuestra salud se manifiestan con niveles altos de fatiga, hipertensión, dolores en el pecho no cardíacos, dolores musculares, tensión muscular, episodios de hiperventilación, confusión en la elección de las palabras, palmas sudorosas y hormigueo en las extremidades superiores. A nivel cognitivo, la persona experimenta lentitud cognitiva y confusión por la multitud de ideas que pasan por su cabeza, rumiaciones y enganches constantes, dificultades para pensar de una manera línea y lógica menor capacidad de concentración y resolución de problemas, incapaz de vislumbrar aquello importante de lo que no lo es. Emocionalmente, nos volvemos seres en extremo vigilantes, atentos a todas las amenazas y reaccionando siempre a la defensiva y muy irritados. Nos sentimos frustrados, abrumados e impotentes, con sensación de exceso de tareas (y trabajo) y al final nos deprimimos; perdemos la esperanza de estar mejor. Empezamos a no ver a nuestros seres queridos, no queremos salir, nos sentimos solos y apenas reservamos espacios para la relajación, la diversión o el ocio. Sólo queremos hacer cosas, y a la vez, nunca las realizamos del todo y siempre tenemos que hacer más.

 

La mejor metáfora para representar el estrés es la olla a presión. En la olla están metidos todos los elementos necesarios de una vida (familia, amigos, trabajo, pareja). Se necesita calor para hacer que las cosas funcionan y se vayan cocinando, pero un exceso de calor y presión continuado sobre los elementos de la olla favorece el desbordamiento. La regulación de la cantidad de factores, bajar las expectativas y dedicar tiempo a reducir la tensión puede ayudarnos a cortocircuitar la ansiedad.

¿Y cómo podemos invertir la inercia del estrés tóxico?

  1. Simplificando. Lo primero es recortar la lista de tareas a las imprescindibles. Pregúntate, ¿si esto no se hace moriré mañana? Si ves que no mueres, el recorte es posible.
  2. Entre todo lo que hacemos, elegir aquello que consideramos más importante. Sirve una lista y valorar cada tarea de 1 a 10. Empezamos con las que están por encima del 8. ¿Ves como si avanzas?
  3. Usando lápiz, no pluma. Según vas avanzando, la lista de prioridades puede ir cambiando y habrás de borrar y poner elecciones nuevas. La flexibilidad en este etapa será crucial.
  4. Regalando la capa del superhéroe. A otra persona, a mucha gente. Lo siento, tendrás que unirte a la raza humana y limitar lo que puedes hacer en 24 horas. ¡Y verás como no pasa nada!
  5. Riendo. Pero un poco de ti mismx, del ritmo alocado, de las miles de manos, las voces multitarea y de tus propios errores. Es sano y relativiza la importancia, hace que sea más llevadera.
  6. O andando. O subiendo escaleras. O montando en bici. Si de niveles hormonales hablamos, el ejercicio fomenta los niveles de serotonina y la norepinefrina, imprescindibles para sentirnos bien.
  7. Dejando de hacer malabares. El cubo de Rubik es mejor en el cajón, y la multitarea no sirve en estos momentos. Una tarea cada vez, y el avance irá a más.
  8. Construyendo un fortín de límites. Asigna un lugar y un momento para hacer tus cosas. Sí, sí, en tu horario, diariamente. Y hazlo, aunque no haya sido un buen día y queden miles de cosas en la recamara. Y diciendo NO cuando no se quiera, no se pueda, no se sepa.
  9. Pensando globalmente. No en cada detallito. Asigna importancia, qué son pequeñas cosas. Si son pequeñas cosas, basta con pequeños momentos, no en cada uno de ellos.
  10. No comparándote. Las circunstancias de cada uno son de cada uno, y siempre nos comparamos con lo que parece ir mal. Tu comparación es contigo mism@, y estás en un camino de constante crecimiento.
  11. Aprendiendo a recargar energías. Cada hora y pico, descansa 10 minutos, y los findes tras cinco días intensos son días sagrados.
  12. Bajando a la tierra a tu perfeccionismo. Está bien que mejoremos, pero también que nos acostumbremos a un nivel medio, al progresando adecuadamente.
  13. Haciendo caso a lo que te sirve, y no a todo, que todo no se puede.

Poner en practica hábitos que promueven salud nos hacen más capaces para movernos en el estrés, vivirlo de otra manera o elegir otras formas. La decisión más difícil siempre es comenzar. Después, todo cuesta algo menos, y la tranquilidad se hace más real.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: El Pais, Psych Central, Psychology Toda

LA LLEGADA DE LAS TERAPIAS DE TERCERA GENERACIÓN A LA PSICOLOGÍA DEL DEPORTE

Imagen extraída de www.psicologiaaldia.com
Imagen extraída de www.psicologiaaldia.com

Al igual que cuando nos enfrentamos a situaciones de alta presión en nuestro día a día (y si estas nos desbordan) acudimos a profesionales de la psicología, los deportistas también hacen lo propio cuando la presión de dedicarse a su deporte se convierte en un handicap para su rendimiento.

Los profesionales de la Psicología del Deporte no sólo se encargan de conseguir mejoras en el rendimiento deportivo, sino de entrenar las herramientas necesarias para un óptimo desarrollo psicológico del deportista, es decir, entrenar en cuerpo y mente, prepararse mentalmente para que el ejercicio sea efectivo y eficiente.

Un psicólogo del deporte se encargaría del entrenamiento de destrezas psicológicas tales como el autoconocimiento, la autoestima, la autoconfianza, el arousal físico y mental óptimo (o lo que es lo mismo, equilibrio entre la activación suficiente para rendir en el deporte/en competición sin llegar a un estado de sobreactivación que deteriore la atención en la tarea y desencadene síntomas de ansiedad), la atención y concentración, destrezas interpersonales,… en definitiva, de la mejora del rendimiento y bienestar psicológico.

“La mayoría de los atletas de alto nivel dedican una porción de su tiempo de entrenamiento a la preparación mental.”

Más allá de técnicas de otras corrientes psicológicas con mayor veteranía, como el Conductismo o el Cognitivismo, con una amplia carrera y aplicación en el mundo de la Psicología del Deporte, las Terapias de Tercera Generación recientemente se han erigido como una opción de probada eficacia

¿QUÉ SIGNIFICA “TERAPIAS DE TERCERA GENERACIÓN”?

Las “terapias de tercera generación” o “tercera ola” han tenido un gran desarrollo desde la década de los 90; algunas de las más relevantes serían la Terapia de Aceptación y Compromiso (ACT), la Terapia Conductual Dialéctica, la Terapia Cognitiva basada en Mindfulness, la Terapia de reducción del estrés basada en atención plena (MBSR),…

Dicho auge aplicativo ha tenido lugar también dentro del mundo de la Psicología del Deporte.

¿En qué se basan a grosso modo? Se guían por siete factores actitudinales: no juzgar, mente de principiante, paciencia, no buscar hacer, confianza, dejar ir y aceptación. La consecución de estos factores se hace con el entrenamiento continuo, diarios o tres veces por semana, por tanto, sería fundamental el compromiso del deportista en cada práctica.

El concepto de Mindfulness se define como “una conciencia centrada en el presente, no elaborativa ni enjuiciadora, en la cual cada pensamiento, sentimiento o sensación que surge en el campo atencional es reconocido y aceptado tal y como es”. En resumen, sería un ejercicio de actitud de aceptación y de redirección de la atención.

Y esto aplicado al mundo del deporte implicaría no atender a hechos pasados o anticipar eventos futuros como ganar o perder. Para alcanzar estos objetivos (principalmente centrarse en el presente) los deportistas han seguido diversas metodologías como incluir en sus entrenamientos la meditación, el yoga, mantener la consciencia en las actividades de la vida diaria, ejercicios respiratorios y de consciencia corporal entre otros.

PROGRAMAS ESPECÍFICOS EN PSICOLOGÍA DEL DEPORTE

Existen dos enfoques empíricos principales que tienen que ver con el mindfulness para trabajar el rendimiento de los atletas. Estos programas implican un entrenamiento mental y en manejo de emociones que pueden ayudar al deportista a conseguir un rendimiento óptimo y el bienestar psicológico.

Por un lado, el MAC o Mindfulness Acceptance-Commitment persigue una intensificada consciencia al momento presente y concentración en la tarea sirviéndose de 5 fases: psicoeducación sobre el funcionamiento del programa, mindfulness, identificación de valores y compromiso, aceptación y vivir acorde a sus propios valores para finalmente aplicarlo en la práctica (deportiva).

Por el otro, encontramos el Mindfulness Sport Performance Enhancement (MSPE) o Mindfulness en la mejora del rendimiento deportivo, que combina la reducción de estrés mediante habilidades del mindfulness con aceptación del momento presente. Para ello se sirve de ejercicios tales como focalizar la atención en la respiración, en las sensaciones de su cuerpo (body-scan) y en los sonidos de alrededor, el mindfulness yoga, la meditación caminando y la meditación específica deportiva, que consiste en reunir los pasos anteriores aplicándolos a un deporte en concreto.

¿Por qué se aplican a deportistas profesionales? No hay que olvidar que el Mindfulness suele asociarse a intervenciones relacionadas con el estrés y que la aplicación a personas que no están sometidas a éste merma su eficacia. Las personas relacionadas con el mundo del deporte (a nivel profesional) obtienen de estos enfoques la ayuda necesaria para tomar perspectiva con respecto al afrontamiento de las situaciones de competición/presión.

EVIDENCIAS DE MEJORAS: ¿QUÉ BENEFICIOS SE HAN ENCONTRADO?

La aplicación del Mindfulness en contextos deportivos surge como alternativa a las intervenciones cognitivo-conductuales tradicionales donde se enfatiza el cambio o la eliminación de ciertos eventos internos del deportista. Por el contrario, las terapias de Tercera Generación pretenden aceptar la experiencia y adoptar una postura contemplativa mediante la atención plena.

Es decir, ambos programas detallados anteriormente determinan que el atleta tome una perspectiva de sus patrones de respuesta o su manera habitual de afrontar las situaciones en competición. O lo que es lo mismo, genera actitudes adaptativas en contextos de alto rendimiento deportivo.

También, el MSPE y el MAC se caracterizan por:

  • Están preparados para ser adaptados a cualquier deporte.
  • Incrementan el compromiso y la orientación a objetivos lo cual hace pensar que el Mindfulness consigue una contribución cualitativa hacia actitudes positivas en general.
  • Aumento de las competencias cognitivas atencionales y de “vigilia” o ser conscientes del momento presente.
  • Reducen los niveles de perfeccionismo de los atletas. Esto colateralmente puede reportar mejoras en su rendimiento deportivo.
  • Producen mejorías en personalidad resistente (control, compromiso y reto) y en varias de las dimensiones del síndrome de Burnout (mayor realización personal y menor agotamiento emocional).
  • Reducen significativamente las preocupaciones y pensamientos irrelevantes, tanto más cuanto mayor es la presencia de fuentes de estrés con las que el deportista está en contacto.
  • Mejora del manejo de emociones y sentimientos negativos, así como en la regulación del estrés (lo cual se reflejó en descenso de los niveles de cortisol, indicador biológico de estrés).

No obstante, también decir que la mayoría de los estudios implementaron técnicas tradicionales junto con las llamadas de Tercera Generación, indicador de la interesante integración existente en el mundo de la Psicología del Deporte.

A modo de conclusión, en los últimos años la aplicación de la Psicología en el mundo de los deportes de competición va encaminada al crecimiento personal y manejo del estrés, y no tanto de cara a variables de tipo clínico o en pos del aumento del rendimiento en competición (o no en exclusiva). O lo que es lo mismo, se ha hecho evidente que “mens sana in corpore sano” es la premisa para conseguir triunfos deportivos.

FUENTE: COP. Revista de Psicología aplicada al Deporte y al Ejercicio Físico.

Escrito por: Maite Nieto Parejo

 

¿Cómo escuchar nuestra propia voz?

Extraída de www.lecturafacil.com
Extraída de www.lecturafacil.com

Nuestra propia voz no es otra cosa que la metacognición. Una serie de mecanismos cerebrales que optimizan nuestros propios procesos cognitivos y llegan a la resolución de situaciones complejas, y con ello la producción de nueva información, que no es otra que aprendizaje nuevo. Metacognición es evaluar y reflexionar sobre nuestros pensamientos y nuestras acciones, desarrollar conciencia de nuestros comportamientos adaptados (y no tan adaptados), reflexionar sobre pensamientos automáticos que pueden llevarnos a círculos viciosos autodestructivos, generar nuevos pensamientos constructivos, formular nuevos planes, ejecutar acciones mejoradas…La metacognición es algo muy bueno y necesario y permite desarrollar el autocontrol, la independencia y la autogestión, una brújula interna que nos sirve de coordenada y de criterio interno. Aprender a escucharla puede ser a veces una tarea ardua y complicada, cuando tenemos suficientes distracciones externas (redes sociales, la opinión de los demás, los medios de comunicación, situaciones atractivas a corto plazo) e internas (nuestros propios pensamientos, que a veces son nuestros peores enemigos) que nos impiden escucharla, desarrollarla y entrenarla.

En este mundo de sobreestimulación y búsqueda de acciones siempre útiles y con resultados claros y medibles, puede no siempre ir a nuestro favor y facilitar acciones y situaciones “por inercia” que no solo perjudica nuestra capacidad de resolución de problemas, sino también la capacidad de orientarnos hacia nuestras metas y motivaciones más profundas. Poner en altavoz a nuestra propia voz es una inversión a nuestro favor. Y las formulas sencillas para ello son estas:

  1. Busca la calma. Busca un sitio tranquilo, sin demasiada estimulación y siéntate un rato escuchando lo que hay a tu alrededor. O elige un paraje cercano natural y verde de tu barrio, y camina por él focalizándote en lo que hay a tu alrededor. Buscar la tranquilidad puede ayudarte a calmar el malestar interior y ayudarte a priorizar una serie de diálogos respecto a otros.
  2. Siente la pena y tus emociones. Los intentos iniciales de escuchar nuestra propia voz pueden despertarnos emociones, pensamientos y acciones inesperadas y desagradables. Bucear por nuestro arco emocional sin tener un buffer mental o actividades que nos distraigan pueden ayudarnos a exponernos al dolor, y paradójicamente, ayudarnos a avanzar hacia las acciones que realmente pueden mejorarnos.
  3. Deja distracciones impulsivas y resiste unos cuantos minutos (y luego resiste unos poquitos minutos más). Darnos cuenta de nuestros propios círculos de escape y dejar de hacerlos en favor de una experimentación de nuestro malestar que puede hacerse manejable, llevable hasta que pueda relativizarse y normalizarse, puede ayudarnos a afrontar mejor nuestros problemas y focalizarnos en soluciones reales a nuestras dificultades.
  4. Limita tu exposición a consejos no solicitados. Todos necesitamos el apoyo y la ayuda de los demás, pero dejar que los demás solucionen problemas que al fin y al cabo son nuestros, no nos ayuda a afrontar las situaciones por nosotros mismos y aprender a base de hacerlo, fallar y levantarse, hacerlo, fallar y volver a levantarse hasta mejorar.
  5. Registra, escribe, expresa. Escribir sobre las cosas que nos afectan, narrarlas, ponerlas nombre y darles el peso que merecen ayuda paradójicamente a que no estén siempre en nuestra cabeza, darles un sentido y planificar nuevas acciones. Escribir puede ser un arma muy poderosa para nuestra autocompasión y desarrollar nuestras estrategias resolutivas, sin que tengamos que rumiar durante horas pensamientos circulares que son solo callejones sin salida.
  6. Auto -instruccionate. Darte una serie de instrucciones en situaciones dificultosas pueden significar un apoyo autónomo y propio para conseguir conductas concretas y dirigidas, controlar nuestra conducta y motivar hacia conductas futuras y los resultados positivos de nuestros comportamientos

Desarrollar nuestro dialogo interno es una tarea fructífera y constructiva, que nos ayuda a tener una visión más amplia de lo que nos pasa, y a la vez, nos orienta y alienta a lo realmente importante. Merece la pena.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente. Psychology today.

¿Cómo podemos definir la felicidad?

No es muy frecuente que nos preguntemos qué es la felicidad. Aunque en algunas ocasiones lleguemos a plantearnos esta cuestión, tampoco se puede decir que la respuesta sea sencilla. En muchas ocasiones, otros tratan de definir lo que será la felicidad para nosotros y de esta forma se trata de inculcarnos una definición interesada. Gran parte del márketing trata de mostrarnos que el producto o servicio que quieren vender es lo que nos va a proporcionar esa felicidad.

Cuando nos referimos a este campo, la felicidad se considera una extensión del principio de placer. Éste lo que nos plantea es que tendemos a huir del dolor y a buscar el placer. Por lo tanto, cuanto más nos orientemos a este principio, más felicidad sentiremos. Este planteamiento nos dice que lo ideal es buscar tener muchas experiencias buenas, y además evitar todas las malas experiencias.

extraída de aliciagalvan.com
extraída de aliciagalvan.com

Aunque parece aceptado comúnmente que la felicidad se rige por el principio de placer, merece la pena al menos ponerlo en cuestión.

El principal problema del principio de placer es que no se ajusta en absoluto con la realidad. La realidad es que en ocasiones vivimos situaciones y experiencias que nos proporcionan un gran placer mientras en otras, vivimos experiencias de gran dolor. El problema en muchas ocasiones aparece cuando pensamos que podemos controlar la cantidad de experiencias positivas y negativas que tenemos. De esta idea, surge la de que si ignoramos las experiencias y pensamientos negativos, podremos tener más positivos. Con este estilo de acción y pensamiento, lo que terminamos por lograr es que haya más sufrimiento en lugar de menos.

Más que etiquetar las emociones sólo como buenas o malas porque sean placenteras o no, se podría plantear que el placer y el dolor son ambas sensaciones necesarias, y ninguna de ellas es en sí misma buena o mala. Por ejemplo, el dolor es una de las emociones más saludable para nosotros. No sólo en el caso del dolor físico, sino también en el dolor emocional.

Si perdemos a una persona que es importante para nosotros, el que este hecho nos cause dolor y tristeza es lo más sano para lograr hacer un correcto duelo de esta pérdida. Si cuando se sienten estas emociones dijéramos “la tristeza es una emoción mala, así que tengo que deshacerme de ella lo antes posible”, entonces lo más probable es que este proceso  de duelo y de despedida se hiciera más difícil.

En un artículo de la “Journal of Experimental Psychology General”  se encontró entre una población de estudiantes universitarios de diferentes países que lo que hace que la gente pueda ser más feliz no es el tipo de emociones experimentadas, sino la posibilidad de sentir las emociones que deseamos, sin importar si éstas son placenteras o no. Si nos contamos a nosotros mismos que las emociones de enfado o tristeza son malas, nos estamos negando la posibilidad de experimentar la respuesta más natural y saludable ante determinadas situaciones. De hecho, en el largo plazo, suprimir ciertas emociones da lugar a una reducción de la felicidad en lugar de un aumento de la misma.

Entonces, si aceptamos que las emociones como la rabia o la tristeza han de ser preservadas, ¿cómo podemos expresarlas adecuadamente?

Sea la tristeza, la ira o cualquier otra emoción de este tipo, la adecuada expresión de la misma tiene que ser expresada atendiendo a dos componentes clave. Primero, no dañarnos a nosotros mismos ni a los demás, y segundo, han de hacernos sentir mejor y no peor con nosotros mismos.

Teniendo esto en cuenta, podemos preguntarnos a nosotros mismos, “¿Qué voy a hacer con este sentimiento?” Buscar venganza, reprimirlas o guardar rencor son formas de expresar estas emociones que conducen directamente a la infelicidad. Lograr encontrar el modo de expresarlas de tal forma que no dañen ni a los otros ni a nosotros mismos es lo que puede dar lugar a que te sientas más feliz, a pesar de experimentar emociones negativas. Impedir que se cometan injusticias hacia ti o hacia los otros, mantener unos límites claros, y no tolerar el abuso de ningún tipo nos conecta con nuestros valores y nos lleva a un mayor bienestar y felicidad.

La verdadera felicidad tiene más que ver con tolerar todo tipo de emociones que con rechazar unas y buscar otras. Con esto no quiere decir que nos mantengamos a expensas de lo que nos vaya a deparar el futuro, y tratar de tomar las decisiones que nos causen menos daño es algo positivo y adaptativo. Pero en el curso de una vida humana va a haber momentos agradables y desagradables. De hecho, en muchas ocasiones, el tener algo bueno es en sí mismo lo que nos hace sentir tristeza cuando lo perdemos. Aceptar los diferentes estados emocionales como buenos en sí mismos cuando están ajustados a la situación que estamos viviendo dará lugar a una mayor capacidad de sentir felicidad que esconderlas y huir de las que consideramos que son negativas.

Fuente: psychologytoday.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

¿Cómo cambia Internet la forma en que establecemos citas románticas?

Extraída de https://studybreaks.com
Extraída de https://studybreaks.com

Cuántas horas pasas delante de un ordenador? ¿Y ojeando las redes sociales?. Sí, la cantidad de horas que pasamos con las nuevas tecnologías han aumentado exponencialmente en la última década y podemos decir que hay pocos contextos cotidianos donde los móviles o cualquier otro dispositivo con pantalla no esté presente. Hemos convertido las nuevas tecnologías en un hábito, y muchos de nuestros comportamientos están cambiando, incluyendo la forma en la que establecemos relaciones con los otros. Y por lo que parece, la forma en la que conocemos a otras personas e iniciamos una relación sentimental también, con consecuencias claras en la calidad y satisfacción en las relaciones. Pero, ¿de qué modo se está produciendo estos cambios?

A día de hoy abundan las páginas y aplicaciones que te conectan con otras personas con la rapidez de un click, ya sea para tener una cita o hacer alguna actividad juntos. Lo primero que llama la atención es no sólo la rapidez sino la cantidad de tiempo que pasamos pegados a una pantalla, disminuyendo el tiempo que pasamos realizando (otras) actividades con los demás, dificultando en muchas ocasiones la conexión de las personas en un contexto natural y cotidiano, afectando directamente a la cantidad, fluidez y calidez de las relaciones que establecemos. Esto hace que echemos mano de las redes incluso cuando estamos con ellas, perdiendo posibilidades de aprendizaje para comunicarnos mejor.

En esos contextos es muy frecuente que se dé una ilusión de abundancia, donde surge la falsa creencia de que todas esas personas que vemos en la aplicación están disponibles para nosotros, o son opciones disponibles. La realidad es que tal vez no estarían más interesadas en nosotros que si las conociéramos en una discoteca o en un concierto. Sin embargo, por esa idea de abundancia, las expectativas son muy altas (y la insatisfacción  por si no se cumplen todavía más) y si la persona que conocemos en una primera cita no las cumple, es bastante probable que no volvamos a repetir con ella.  A este patrón lo denominamos fast-food (de consumo), donde tendemos a comportarnos como agentes pasivos, buscando que la persona cumpla o no una serie de requisitos deseados personales, y si no los cumple, lo desechamos. Se quita importancia al hecho de convertirnos en colaboradores activos en la cita (compartiendo nuestros propios intereses, experiencias y estados internos) que realmente hacen más ricas las hace más ricas en detalles y te permite saber si la persona que está enfrente tuya es realmente una potencial pareja romántica.

Por otro, se da la paradoja de que estamos más conectados con otras personas por internet que nunca y a la vez haya muchas más personas con dificultades para crear intimidad y estén menos dispuestos a hacer un esfuerzo para crearla. De esta manera, la interacción es probable que sea mucho más impersonal, y pasemos de una relación a otra y dejándonos con la sensación de no poder vincularnos con los demás.

Ante este escenario, se hace necesario tener en cuenta algunas consideraciones previas para sobrevivir a la búsqueda del amor por internet sin desistir en el intento:

  1. Conoce tu propio valor. Define bien quién eres , lo que aportas a los otros y lo que quieres en una relación. Que el comportamiento de los demás no te haga creer que tienes menos valor por que te hayan desechado en alguna cita y busca aquellas personas y citas donde se prioricen valores, intereses y personas afines a ti y con cierto grado de compromiso.
  2. Conoce bien tus metas personales. Tener bien claro tus objetivos y lo que esperas en tu vida te ayudará a priorizar los contactos y las personas que te interesan y tomar mejores decisiones acerca de del tiempo que queremos pasar con ellas. Tanto si quieres una relación sentimental o encuentros esporádicos, te permitirá ir seleccionando lo que hacer y la manera de vivir estas primeras citas.
  3. Confía un poco más en tu intuición. La intuición tiene menos de espontáneo de lo que podría parecernos y es importante fijarnos en el trascurso de las primeras citas para saber si la persona que estamos conociendo posee el mismo sistema de valores que tú. Si empezamos a ver comportamientos diferentes a ellos, sonará la alarma y el comportamiento del otro nos chirriará cada vez más, determinando la continuidad de las citas en el tiempo.
  4. Adopta un papel activo. Pasa un tiempo aprendiendo del otro, si lo que hace te gusta, si te sientes atraído por su físico y por lo que dice, si hay gustos afines y te sientes a gusto compartiendo intimidades, tanto tus deseos como aquello que te da miedo. Es importante que te tengas consideración y que veas cómo te sientes en cada una de las situaciones, y se realmente eso te llena y te anima a repetir en una nueva cita. Pero eso solo se sabe si estás atento a lo que te dicen, que compartes lo que te gusta y lo que no. Ahí es cuando los flechazos ocurren, y es entonces cuando el amor funciona: profundizando.

Que la rapidez de las redes sociales no determine la forma en la que vas conociendo a los demás. Intenta seguir tu ritmo y darte tu tiempo para tomar tus propias decisiones (tanto si es para continuar como para decir un no). La tendencia en los nuevos tiempos con internet es el picoteo y pasar de una historia a otra, y si eso no es lo que más te interesa, baja el ritmo y ve despacio. No te garantizará siempre un final feliz, pero si un final feliz hasta encontrar algo verdaderamente interesante para que merezca ser tu pareja romántica.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today.

Mitos sobre la soledad

A través de una encuesta realizada por la BBC, con 55.000 personas respondiendo sobre la soledad a lo largo del mundo, se han encontrado algunos resultados sorprendentes, nada parecidos a lo que nos representamos que es la soledad típica. ¿Qué mitos nos representamos sobre la soledad?

mitos sobre la soledad

1. Las personas mayores se sienten más solas

Cuando tratamos de pensar en una imagen de la soledad, en términos abstractos, es fácil pensar en una persona mayor, en su casa, aislado y sin salir. En la encuesta realizada, sin embargo, se encontró que un 27% de las personas mayores de 75 años se sienten solas muy a menudo, mientras que entre las personas de 16 a 24 hay un 40% de ellos que se sienten solos muy a menudo. Es cierto que los resultados en esta encuesta son extraídos de personas que se autoseleccionan para realizarla, lo que sabemos que puede distorsionar los resultados, pero aún así, es llamativo que no sólo el porcentaje de personas que se sienten solas siento adolescentes o adultos jóvenes es el mayor, sino que si preguntamos por el momento de la vida en que alguien se sintió más sólo, es habitual que hagan referencia a esta edad.

Esto nos señala que no necesariamente es que actualmente nos encontremos más aislados, sino que es en esa edad cuando más probabilidades hay de sentirnos solos. En estas edades, se adquiere una nueva libertad, más control sobre nuestra propia vida, así como en muchas ocasiones nos enfrentamos a entornos menos seguros donde ya no están los amigos de toda la vida y buscamos encajar adecuadamente. Es posible que no lleguemos siempre a conseguirlo y esto dispare estos sentimientos de soledad.

2. La soledad es algo malo

En esta encuesta, se encuentra que un 41% de las personas preguntadas creen que la soledad puede ser algo positivo. Esto puede ser coherente con la idea de que los sentimientos de soledad, aunque muy desagradables, pueden ser útiles. Los seres humanos hemos sobrevivido en nuestro medio en grupos cooperativos. Si nos sentimos excluidos, estos sentimientos de soledad pueden derivar en la búsqueda de conexión con los otros de nuevo, encontrar nuevos amigos o reactivar antiguas relaciones.

Lo que la soledad tiene de negativo es que se convierta en un sentimiento crónico. Cuando esto ocurre, tiene un impacto serio sobre el bienestar e incluso sobre la salud. Los sentimientos de soledad crónica se asocian con riesgos de depresión en un periodo de un año, además, las personas con relaciones sociales débiles disminuyen en un 50% las probabilidades de supervivencia en comparación con las que tienen fuertes vínculos sociales. La soledad puede ser muy estresante, y cuando es duradera en el tiempo, puede ser complicado ver el lado positivo.

3. Las personas que se sienten solas tienen menos habilidades sociales

Presuponemos que las personas que se sienten solas tienen una menor capacidad de relacionarse, pero lo que se encontró en esta encuesta es que este factor concreto no es lo fundamental para este sentimiento. Es mucho más importante ser capaz de expresar los propios sentimientos lo que influye en la sensación de sentirse solo.

En los resultados, se observa que no lo es tanto respecto a la posiblidad de entender lo que los otros están sintiendo, sino en el manejo de la ansiedad provocada por las situaciones sociales, que puede dar lugar a manejar peor la sensación de soledad, no tanto las habilidades sociales en sí mismas.

4. El invierno es la estación más solitaria

Cuando se acercan las navidades, tendemos a acordarnos más de las personas que están solas, pareciendo que esta sensación de soledad es más intensa en estas fechas. Sin embargo, lo que revela esta encuesta es que el invierno no es una época del año en la que se sientan más solos que en otras épocas. Sí hay alguna minoría de personas que responden por esta estación como la más solitaria, pero también otros que dicen que las vacaciones de verano lo son.

Posiblemente, lo que esto indica es que las personas se sienten solas por otros factores, no sólo por la época del año, incluso, cuando lo relacionamos con la medida estacional, podría ser que lo importante fuera el sentimiento de aislamiento en los momentos en los que observamos que los demás tienden a pasar más tiempo juntos.

5. Las personas que se sienten solas no conectan con los demás

Una de las habilidades que más nos hacen conectar con los otros es la capacidad de empatía que tengamos, la posibilidad de ponernos en la piel de los demás, especialmente cuando éstos están sufriendo. En este sentido, lo que se encontró es que las personas que se sienten solas muy a menudo no tienen una capacidad diferente de las que no se sienten así para empatizar a nivel físico con los demás (por ejemplo, cuando alguien se quema con el aceite), pero sin embargo, sí que tienen una mayor capacidad de empatizar en términos sociales (por ejemplo, cuando alguien es excluido de ser invitado a una fiesta).

Quizá esta empatía provenga de la propia experiencia de sentirse aislado, o de percibir un trato desagradable o injusto por parte de los otros, por lo que en las situaciones de conectar con los demás en términos de empatía, las personas que se sienten solas a menudo pueden tener una capacidad mayor que otros.

Sabemos que la sensación de soledad influye mucho en la salud mental y en nuestro bienestar, pero en muchas ocasiones nos quedamos en la parte superficial y estereotipada de la soledad. Este tipo de encuestas, aunque tengan sus limitaciones a nivel estadístico, pueden abrir nuestras miras sobre lo que representa sentirse solo en la sociedad actual.