Pinceladas sobre el suicidio

Las recientes muertes por suicidio de varias personalidades como la diseñadora Kate Spade, el chef Anthony Bourdain o la hermana de Máxima de Holanda, Inés Zorreguieta han despertado en los medios la búsqueda de una adecuada explicación a estos sucesos.

Lo cierto es que la misma idea del suicidio nos da miedo y nos intriga a partes iguales, y aunque siempre ha sido un tema complejo para el ser humano, para psiquiatras, psicólogos, sociólogos e incluso filósofos.

Y es que el suicidio no es un tema menor, con el ascenso de esta causa de muerte en los últimos años, se trata de explicar y prevenir, se ha comenzado a hablar de este tema en diversos ámbitos y se han puesto en marcha planes de prevención.

El doctor en psicología Joseph Franklin, trata de explicar en un artículo publicado en The Conversation cómo la investigación científica puede buscar factores de riesgo para detectar quién morirá por suicidio. La respuesta que propone en este artículo es del tipo de respuestas que no nos agradan. A día de hoy, no podemos saber quién morirá por suicidio. Lo cierto es que nos gusta pensar que existen relaciones lógicas para que alguien de suicide, por ejemplo, que las personas se suicidan porque están deprimidas. Pero sabemos que algunas personas se encuentran terriblemente deprimidas y no terminan por suicidarse.

De hecho, la mayoría de respuestas que podemos dar sobre temas de la naturaleza se deben a factores múltiples, y el suicidio es uno de ellos. De hecho, es tanto así que la capacidad predictiva de un análisis computacional es mayor que el que pueden hacer las personas dedicadas a estudiarlo.

En este algoritmo de podrían incluir factores relacionados con la salud mental, la salud física, medicación, factores sociodemográficos, o visitas al hospital, podrían influir factores como pérdidas, aflicciones, o también estresores relacionados con el empleo o la vivienda.

extraída de  eastonialeopards.com
extraída de eastonialeopards.com

Todos estos factores pueden ser relevantes para conocer el riesgo de que alguna persona fallezca por suicidio. De hecho, puede ser también importante que se replantee el modelo que tenemos sobre el suicidio. Actualmente, en muchas ocasiones sólo se tiene en cuenta el modelo de enfermedad para explicar una muerte por suicidio. Considerado así, el comportamiento suicida es únicamente parte de una enfermedad que es del individuo, y es responsabilidad suya curarse de esta enfermedad.

Planteado únicamente desde el modelo de enfermedad, se pasan por alto una serie de factores que son importantes también para el comportamiento suicida. No se puede obviar que existen factores personales relevantes para este tipo de conducta, pero también tienen su peso otros de tipo más sociocultural, como puede ser la pérdida de empleo, un desahucio, otras enfermedades físicas o consumo de sustancias. Es por esto, que puede ser necesario plantear un modelo de explicación sobre el suicidio de corte más sociocultural.

No obstante, el modo en que hablamos sobre el suicidio puede afectar a los que estén lidiando con problemas de cualquier tipo que les lleven a pensar sobre el suicidio, o familiares que han perdido a alguien por suicidio, afecte mucho sobre cómo se permiten tratar este tema, que a menudo acarrea además un gran estigma. Sin duda, alguien que finalmente muere por suicidio ha estado cargando con un gran sufrimiento durante largos periodos de tiempo. En ocasiones el dolor emocional es tan sobrecogedor que el suicidio puede parecer una opción.

Además, el propio estigma de pensar sobre el suicidio, e incluso del sufrimiento de un trastorno mental que contribuya a la muerte por suicidio, hace que sea difícil pedir ayuda, y además, ante la vergüenza de estos pensamientos, puede llevar al aislamiento social, que por sí mismo, también contribuirá a los pensamientos suicidas.

Hablar sobre el suicidio de forma respetuosa, sin culpabilizar a nadie,tratar de evitar expresiones como “cometer” suicidio (los asesinatos, y otros delitos, se cometen, el suicidio no) y usar la persona muere por suicidio en su lugar, puede hacer que los que están padeciendo problemas psicológicos relacionados se sientan menos estigmatizados.

Por último, si una persona cercana ha cometido suicidio, trata de considerar algunas de estas cosas para ti mismo:

  • Esta pérdida puede generar emociones intensas.
  • Puedes sufrir shock e incredulidad.
  • Los sentimientos de culpa son normales, pensando qué hubieras podido hacer, pero de ninguna manera el suicidio de alguien es tu culpa.
  • Date tiempo para el duelo, cada persona necesita su propio ritmo para ello.
  • Trata de encontrarte más habitualmente con tus amigos y familiares y busca apoyo en ellos.
  • Plantea escribir un diario sobre las emociones que estás pasando.
  • Busca grupos de apoyo.
  • Busca ayuda profesional, si lo crees necesario, un psicólogo puede ayudar a lidiar con las emociones intensas ante el suicidio de un ser querido.

Si estás lidiando con ideas suicidas, busca ayuda, lo que estás pasando puede mejorar:

  • Teléfono de la Esperanza: 717003717
  • Acude a tu médico o al servicio de Urgencias más cercano.

Fuentes: psychologytoday.com, theconversation.com
Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Por qué los niños deben pasar tiempo “desenchufados”

Todos los padres y madres quieren que sus hijos sean felices y les vaya bien. Sin embargo, con demasiada frecuencia nos hacen creer que la mejor manera de garantizar eso es agregar más de todo a la vida de nuestros hijos: más estudios, más extraescolares, más idiomas… Eso lo convierte en una vida familiar llena de tensiones y mucha presión para todos. Las familias se sienten atrapadas entre los horarios de actividades; añadido a esto, no debemos olvidar la presión que los chicos y chicas reciben de las redes sociales para ser “perfectos”. El doctor Mark Bertin, autor de varios libros sobre desarrollo, señala que los padres no deben presionar tanto para asegurar el bienestar de su familia.

Foto extraída de: gidahatti.com
Foto extraída de: gidahatti.com

Lo que los niños necesitan para prosperar es mucho más claro o sencillo de lo que se siente hoy en día y aprender cómo se desarrollan los niños hace que la vida sea más fácil para los padres y sus hijos. Para empezar, los niños de hoy no requieren más que los niños hace generaciones; hogares estables y afectuosos, la oportunidad de poner a prueba los límites que establecemos y el apoyo de los adultos mientras descubren su propia capacidad para superar los desafíos.

También necesitan jugar, y no solo a través de las pantallas. Según la Academia Americana de Pediatría, el juego tradicional es “esencial para el bienestar cognitivo, físico, social y emocional de los niños y los jóvenes”. Los niños necesitan juego no estructurado y “desenchufado” de pantallas para crecer de manera que puedan desarrollarse óptimamente.

En particular, las habilidades de autorregulación basadas en las funciones ejecutivas, como la capacidad de demorar la gratificación, planificar con anticipación y controlar los impulsos, son elementos fundamentales de la resiliencia. Estas habilidades le permiten a un niño no solo tener éxito en circunstancias normales, sino también recuperarse de la adversidad. En un estudio del grupo de Moffitt, de la Universidad de Chicago, observaron que la capacidad de autorregulación en la niñez temprana se correlacionan con medidas posteriores de logro y bienestar, incluyendo mejores resultados académicos en secundaria, mayor probabilidad de graduarse a tiempo, menos probabilidad de obesidad en la vida adulta, entre otras. A diferencia del juego libre, los videojuegos dependen de la imaginación del creador del juego (no del niño) y promueven un tipo de atención que cambia rápidamente, lo que dificulta que los niños se centren en el mundo real.

Eso no significa que no permitamos a nuestros hijos e hijas jugar a videojuegos. Sin embargo, el juego saludable se parece mucho a cuando se trata de comer bien; un enfoque equilibrado de la “nutrición cerebral” requiere un estilo de vida que combine todo tipo de actividades mentalmente atractivas. No poidemos hacer que un niño disfrute de algo específico, pero podemos fomentar una variedad sensata de actividades.
La vida no es predecible, así que en lugar de aspirar a perfeccionar y controlar todo, preparemos a los niños para el éxito mediante la construcción de su resiliencia. Afortunadamente, el punto de partida para esa capacidad de recuperación es un juego de niños.

¿Por qué es tan difícil mantener a los niños alejados de las pantallas?

Mientras que los padres entienden que a sus hijos les iría mejor sin tanto tiempo de pantalla, no siempre es fácil llevarlo a la acción. Las pantallas se han convertido en una parte omnipresente de la vida moderna.
Las estadísticas señalan que los adolescentes invierten a diario nueve horas con pantallas, al igual que sus padres. Esta obsesión con nuestras pantallas está asociado a un sueño más pobre, peores resultados académicos, problemas de comportamiento y estado de ánimo.

¿Por qué es tan difícil reducir el uso de pantallas? Si los adultos tenemos dificultades para controlar su uso, sin duda un niño o adolescente -cuyas habilidades de autogestión son, por definición, inmaduras hasta los 20 años- también lo harán. Si bien el uso de tecnología saludable e intencional es correcto, no podemos esperar que los niños administren el uso de las pantallas de manera segura sin recibir primero orientación de un adulto. Al igual que para aprender a conducir un coche, los niños necesitan instrucciones sobre cómo usar estos dispositivos, en lugar de dejarles que los usen tal cual.

Para ayudar a nuestros hijos, primero debemos fijarnos en nuestro uso y así ser un modelo de comportamiento saludable con las pantallas. En una encuesta realizada en 2014 en Reino Unido, casi el setenta por ciento de los niños sintieron que sus padres están demasiado ocupados con sus dispositivos electrónicos, lo que sugiere que a veces somos parte del problema. Reconocer si habitualmente encendemos un dispositivo cuando estamos aburridos o cansados puede ayudar a romper ese hábito a medida que desarrollamos otras formas de lidiar con estos desagradables estados emocionales. Los niños inconscientemente reflejan el comportamiento de sus padres de innumerables maneras, por lo que si queremos reducir el tiempo que usan sus pantallas, ese cambio comienza con nosotros.

Nosotros marcamos nuestras prioridades y nuestros hijos también aprenden a priorizar. Si deseas que tu hijo busque tiempo de juego sin pantallas, entonces búscalo tú mismo. Si quieres que tu hijo lea, debe verte leyendo un libro, no una pantalla. Apaga la televisión y sal al aire libre, visita museos, queda con amigos, esto aumentará tu propio bienestar y será modelo de comportamiento saludable para tus hijos.
Si a nuestros hijos aún les resulta difícil dejar de lado sus pantallas, entonces debemos volver a comprender el desarrollo del cerebro. La mayoría de los niños requieren más que un modelado, necesitan aprender los límites claros establecidos por los padres sobre cuánto uso de la pantalla, cuándo y qué tipo de contenido es apropiado. Hasta que los niños demuestren su propia capacidad para manejar bien la tecnología, los padres deben supervisar el uso de la pantalla de esta manera. De hecho, un control parental fuerte del tiempo frente a la pantalla se correlaciona por sí mismo con mejores resultados académicos, sociales e incluso físicos en los niños.

Todos los padres modernos deben lidiar con el simple hecho de que criar hijos saludables en el mundo moderno requiere la supervisión del tiempo con pantallas. Aunque puede ser difícil cambiar los hábitos, cualquier cosa que hagamos para establecer una forma de vida más saludable vale la pena.

Fuente: Greater Good Magazine (Science Center at UC Berkeley)

Traducido y adaptado por María Rueda

Detener el acoso escolar: por qué el género importa

Es frustrante escuchar cómo hay colectivos que rechazan que se implanten programas educativos que abordan específicamente cuestiones de género y sexualidad en las escuelas. Argumentan que los programas genéricos contra el bullying (acoso, intimidación…) son suficientes para detener los comportamientos negativos que ocurren entre los estudiantes en las escuelas. Los programas genéricos contra la intimidación no funcionan: necesitamos nombrar específicamente y abordar las formas más comunes y dolorosas de intimidación que ocurren entre los estudiantes para que tengan algún impacto. La doctora en psicología Elizabeth Meyer, de la Universidad de Colorado se preguntó cómo se relacionan el acoso sexual y la homofobia con el acoso escolar. Llevó a cabo un estudio, a partir de talleres realizados con estudiantes de un instituto a los que le preguntaba si habían visto varias formas de acoso en su escuela. Esto ayudaba a familiarizarlos con las diferentes formas, así como validar públicamente que éste es un problema que debe abordarse en su comunidad escolar. Primero definió el acoso como “cualquier comportamiento, que se realiza repetidamente y que daña intencionalmente a otro individuo (Olweus, 1993)”. Luego daba ejemplos y pregunta si habían visto:

Foto extraída de Adecco
Foto extraída de Adecco

– intimidación física (poner zancadilla, empujar, tirar libros, etc.)

– intimidación verbal (insultos, difundir rumores, contar chistes de mal gusto…)

– intimidación no verbal (exclusión, hacer dibujos, gestos, miradas…)

– acoso cibernético (mensajes, whatsapp, correos electrónicos, publicaciones de Facebook, etc.)

Luego preguntaba si alguno de estos tipos de intimidación eran naturaleza sexual y ofrecía una definición de acoso sexual: “cualquier comportamiento no deseado que tenga un impacto negativo en el objetivo o el entorno que tiene un componente sexual o de género” (Land, 2003). Finalmente, les pidió que votaran por la forma de intimidación que ven más frecuentemente en la escuela. La mayoría de los estudiantes votaron por “verbal”, siendo ésta claramente la forma más común que ven durante el día. El siguiente paso en el taller es más complejo.

Les pide a los alumnos que escriban de 3 a 5 insultos que escuchan con mayor frecuencia en el . Escoge de 5 a 10 hojas al azar y escribe las palabras en la pizarra. Por lo general, surge un patrón muy claro. En estos talleres, obtiene resultados similares en diferentes escuelas e institutos. Los 5 términos más comunes se enumeran en orden a continuación: puta, zorra, maricón y gay.

Luego se les pide a los estudiantes que miren la pizarra y comenten. Los estudiantes generalmente notan que los insultos hacia las niñas son más comunes, y que los insultos hacia los varones generalmente son de naturaleza homófoba.

Esta descripción del taller muestra la importancia de trabajar con estudiantes sobre la prevención del acoso hablando explícitamente sobre cuestiones relacionadas con el género y la sexualidad en cualquier esfuerzo por reducir el acoso en las escuelas. Sin un diálogo abierto sobre estos temas y sobre cómo estos nombres duelen, los estudiantes seguirán repitiendo lo que escuchan en sus grupos de pares y en los medios juveniles populares.

La sesión finaliza con algunas estrategias específicas que pueden usar para convertirse en “testigos” activos en lugar de “espectadores” pasivos cuando ocurre acoso o bullying. Les ayuda a pensar en frases que les faciliten tomar partido en situaciones de abuso, tales como:

* “Ese es mi amigo/a, para”.

* “Si eso fuera una broma, me estaría riendo. No tiene ninguna gracia”.

* “¿Por qué usas la palabra ‘gay’ como un insulto? No hay nada de malo en ser gay”.

* “No deberías difundir rumores. Si no estuviste allí, no sabes si es cierto o no, así que esta no es tu historia”

* “No me gusta cuando me dices nombres. Eso es intimidación. Si no paras, voy a denunciarlo”.

Negar o mirar para otro lado no suele ser una opción cuando tratamos de poner remedio a uno de los problemas más importantes que acontecen en nuestros centros escolares. Reflexionar con los chicos y chicas sobre el alcance que puede tener algunos de los tratos que se dan en su cotidianidad, puede ayudarles a tomar conciencia, así como a dotarles de herramientas para enfrentarse a los mismos. Incidir sobre los testigos, concienciar de que ellos y ellas pueden marcar la diferencia tal vez sea una de las claves para acabar con el acoso en las escuelas.

Fuente: Psychology Today

Escrito y adaptado por María Rueda

¿Qué hacer con una mente demasiado ansiosa?

Nuestras percepciones, evaluaciones, juicios y expectativas se desarrollan con el tiempo en función de nuestra fisiología, historia y experiencias. En ocasiones nos gustaría dejar de pensar en algo. Otras dejar de preocuparnos por cualquier cosa o de tener pensamientos que tenemos o son extremadamente negativos. Algunas veces tenemos pensamientos acelerados y no podemos reducir su velocidad. Estos pensamientos pueden provocar inquietud, implacabilidad e intensos sentimientos de preocupación, miedo, desilusión y frustración.

El nivel de charla de nuestra mente varía de persona a persona. Debido a lo incómodo que es, a menudo se lucha para deshacerse de los pensamientos y sentimientos o buscamos que nunca hayan existido. Esta lucha perpetúa un ciclo de la mente y para algunos, este ciclo mental puede ser agotador, doloroso y frustrante. Puede ser complicado tener autocompasión cuando todo ese “ruido” está emergiendo y nos hace cuestionarnos, defendernos y desear evitarnos a nosotros mismos.

Probablemente nos digamos o los demás nos digan que “paremos” de tener estos pensamientos y sentimientos. Se espera que esto se logre recitando “afirmaciones positivas“, “pensando en algo agradable o positivo” o “pensando en otra cosa”. Pronto nos daremos cuenta de que no hay un método factible para “deshacerse” de los pensamientos y sentimientos, más bien se pueden hacer esfuerzos para disminuir la intensidad de la angustia a fin de que la vida se pueda vivir de manera más significativa.

La mente hace lo que hace. Hay variación en cuanto a la charla que tienen nuestras mentes. También existe variabilidad en cuanto a qué tan negativo es nuestro pensamiento de forma innata. Es importante validar y verbalizar que la forma en que pensamos y sentimos está bien e intrínsecamente bien. Además, hay una diferencia entre pensar sobre algo y actuar. Así como saber que no estamos completamente definidos por los pensamientos y sentimientos.

En lugar de estar obligados a aceptar los pensamientos y sentimientos como hechos, podemos aprender a observarlos, evaluarlos y responder a ellos de manera consciente y atenta. Aprender cómo funciona nuestra mente puede hacer que se reduzca la autocrítica y la vergüenza que se aumente la autocompasión y actuar en nombre de nuestro mejor yo.

extraída de quaysnews.es
extraída de quaysnews.es

Para conocer mejor tu mente, considera lo siguiente:

La mente se aferra a las formas formativas de pensar, sentir y afrontar más habituales 

Preguntamos a las personas “cuántos años” tiene un pensamiento o sentimiento, generalmente es antiguo y se remonta a la infancia; especialmente cuando hay mucha intensidad asociada. El pensamiento y/o sentimiento pueden ser familiares, cómodos y a lo que la persona está acostumbrada. Estos pensamientos, sentimientos y mecanismos de adaptación pueden haber sido extremadamente útiles en la infancia, pero a veces no se adaptan al desarrollo de la persona a medida que madura hasta la edad adulta. Pregúntate a ti mismo qué pensamientos, sentimientos y mecanismos de afrontamiento mantienes y en la actualidad te funcionan de forma efectiva.

Observa esos pensamientos y sentimientos “antiguos”

Observa los patrones consistentes y si pertenecen al conjunto presente de circunstancias. Evalúa por ti mismo si estás retrocediendo en estos patrones más antiguos o si las circunstancias naturalmente evocarán ese conjunto de pensamientos y sentimientos. Además, evalúa si tiendes a caer en esas formas típicas de reaccionar y actuar en nombre de esos pensamientos y sentimientos. Vuelve a evaluar si eso es, de hecho, la forma en que deseas actuar. Puede que no tengas control sobre nuestros pensamientos y sentimientos, pero actualmente podemos tomar decisiones diferentes sobre nuestro comportamiento. Pregúntate si estás siguiendo y perpetuando ciertos patrones y cómo te sirven hoy.

Reconoce a qué creencias centrales pertenecen esos pensamientos y sentimientos

 ¿Son eficaces? ¿hay falta de amor? ¿desesperanza? ¿Tienden a chocar uno contra otro? ¿Se mantienen consistentes o cambian según la circunstancia? Pregúntate cuáles son tus creencias fundamentales y cuál es su utilidad y variabilidad en el presente. 

En el continuo, las personas ansiosas son más propensas a tener un gran nivel de habla interna. Tienden a estar inundados con ansiedad anticipada (antes), ansiedad en el momento (durante) y ansiedad post-evento (después).

Pregúntate si tiendes a tener una mente comunicativa y si estás inundado de ansiedad antes, durante o después de los acontecimientos.

La mente es implacable en protegernos. Nos proporciona seguridad en todo momento, incluso cuando no está necesariamente garantizada. Esta seguridad incluye protección contra el rechazo, el dolor, la decepción, etc. ¡Agradece que tu mente lo intenta! El “qué pasaría si” tiene un propósito. Por ejemplo, si no pensamos “Voy a suspender la prueba”, es posible que no se nos pida que estudiemos. Las dificultades aparecen cuando el pensamiento de “voy a fallar” se vuelve omnipresente y tiene impacto en la autoconfianza y la capacidad de una persona para estudiar y concentrarse efectivamente en el material. Quizá tu mente es excesivamente sobreprotectora y a veces se interpone en el camino de hacer lo que quiere hacer.

De acuerdo con el mecanismo de protección de nuestra mente, somos naturalmente negativos. La atención plena y las prácticas meditativas facilitan el esfuerzo de estar en el momento presente y reeducar nuestra mente para ser flexibles y abiertos a otras posibilidades. Se llama “flexibilidad psicológica”. Podemos preguntarnos ¿De qué otra manera verlo? ¿Existen otras posibilidades? Esto ayuda a abrir y expandir la mente. Pregúntate si tiendes a ver las cosas a través de una lente negativa y aprovecha la oportunidad para ser flexible y expandir su pensamiento.

No creas todo lo que piensas

Ten cuidado al aceptar los pensamientos como hechos. Observa los pensamientos, e intenta mostrar curiosidad acerca de ellos, observa tus juicios y pregunta ¿de qué otra manera pueden considerarse las cosas? Si solo es un pensamiento, intenta desafiarlo. Si es un hecho, entonces fíjalo, acéptalo, resuelve el problema a través de él, mientras te sientes compasivo con los pensamientos y sentimientos que surgen. Pregúntate si instantáneamente aceptas los pensamientos como hechos y si estás dispuesto a evaluar y trabajar a través de ellos sin importar las circunstancias.

Se nos enseña a ser felices

“Arreglar lo que está roto”, “deshacernos de los malos sentimientos y aferrarnos sólo a los buenos”, y “lo que pensamos o sentimos refleja lo que somos”. Con todo esto, se nos hace difícil ESTAR BIEN, porque rara vez todo esto encaja. Parte de nuestra humanidad intrínseca es la aceptación de todo lo que somos y se nos presenta, incluidos los pensamientos y sentimientos más cómodos y los menos cómodos. Siempre me refiero a esto de esta manera: nunca sugiero lo bueno y lo malo. Eso conlleva que si tenemos malos pensamientos somos malos y si tenemos buenos pensamientos somos buenos. Si este fuera el caso, nuestra condición humana dictaría que todos somos malos porque constantemente se evocan pensamientos negativos y menos cómodos. Pregúntate si te juzgas a tí mismo y a los demás como “bueno” o “malo” y si intentas deshacerte rápidamente de los pensamientos y sentimientos negativos y menos cómodos.

Todos nos esforzamos por ser aceptados y buscados y queremos creer que no somos la causa del dolor o la incomodidad de otra persona. Debido a esto, a veces somos hipervigilantes del temor que tenemos. Ahí radica por qué nos confundimos y tenemos pensamientos y sentimientos contradictorios sobre nuestro “egoísmo” y nuestra necesidad de “autoconservación”. Cuando nos percibimos como “egoístas”, nos experimentamos a nosotros mismos como seres mezquinos y egocéntricos. A veces será bueno aceptar que tenemos que tomar decisiones que se basan en nuestras propias necesidades en aras de la autopreservación, a pesar de que pueda hacer que alguien se sienta incómodo o tenga un impacto negativo. La clave está en si en nuestra toma de decisiones realmente reflexionamos sobre el impacto en los demás y lo tomamos en consideración. Pregúntate si te juzgas a sí mismo por tener en cuenta tus necesidades y si te tomas el tiempo para reflexionar sobre el impacto que tiene en otros en el proceso.

Acepta, aprecia y enorgullécete de todo lo que eres. La parte de nosotros en que aceptamos nuestra propia “humanidad” nos permite apreciar la “humanidad” de los demás, incluidos sus pensamientos, sentimientos, percepciones y juicios. Acércate al mundo con curiosidad y flexibilidad, te abrirá nuevas experiencias y posibilidades para facilitar el crecimiento personal y la autosatisfacción.

Fuente psychcentral.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

5 consecuencias de criar como padres helicóptero

Los “padres helicóptero” son realmente útiles para sus hijos e hijas a corto plazo. Actúan como secretarios personales que ayudan a sus hijos e hijas con todo. Los rescatan cuando éstos olvidan sus deberes y les llevan de un sitio a otro, en coche hasta la misma puerta.

Muy a menudo, los niños con ese tipo de apoyo pueden obtener una ligera ventaja. Y eso tiene sentido. Cualquier persona con un asistente personal a tiempo completo es probable que destaque en comparación con los que tienen que hacer todo por su cuenta.

Pero la hiperprotección afecta a los niños a largo plazo. Los niños que crecieron con padres helicóptero pierden rápidamente esa ventaja cuando crecen.

Foto extraída de www.wireltern.ch
Foto extraída de www.wireltern.ch

Los investigadores han estudiado los efectos a largo plazo de la crianza helicóptero y señalan algunos de los problemas a los que se enfrentan estos niños cuando llegan a la edad adulta:

  1. Tienen más problemas de salud.

Un estudio de 2016 de la Florida State University descubrió que los niños con padres helicóptero tienen más probabilidades de tener problemas de salud en la edad adulta. Descubrieron que la mayoría de los niños hipercontrolados por sus padres nunca aprendieron a manejar su autocuidado porque sus padres siempre les decían cuándo dormir, cuándo hacer ejercicio y qué comer.

Los padres muy invasivos a menudo se preocupan excesivamente por la salud de sus hijos y les recuerdan constantemente qué hacer. Los estudios demuestran que a falta de esos recordatorios constantes, estos niños desatienden su cuerpo.

  1. Se sienten con derecho.

Los padres helicóptero adoran tanto a sus hijos que tienden a pensar que son el centro del universo. Y esa noción de que son súper especiales no desaparece cuando cumplen 18 años.

Investigadores de la Universidad de Arizona descubrieron que los niños hiperprotegidos crecen sintiéndose con derecho. Es más probable que estén de acuerdo con afirmaciones como “Exijo lo mejor porque lo valgo”. Otros estudios han vinculado este sentimiento de tener derecho con la decepción crónica y sufrimiento continuo en la vida.

  1. Tienen problemas emocionales.

Los niños hiperprotegidos crecen sin aprender a regular sus emociones; sus padres lo hicieron por ellos. Si estaban tristes, sus padres los animaban. Si estaban enfadados, sus padres los calmaban.

Su falta de habilidades de regulación emocional se convierte en un gran problema una vez que salen del nido. Un estudio de 2013 de la Universidad de Mary Washington en Virginia encontró que los estudiantes universitarios que fueron criados por padres helicóptero tienen más probabilidades de estar deprimidos. También informan menos satisfacción con sus vidas en general.

  1. Confían en la medicación.

Los niños hiperprotegidos no están acostumbrados a tolerar la incomodidad. Sus padres los protegieron del dolor y les impidieron lidiar con las dificultades. Además, están acostumbrados a la gratificación inmediata. Eso puede explicar por qué recurren tan rápido a la medicación, ya que quieren que su dolor desaparezca y quieren que sea ya.

Un estudio de 2011 realizado por investigadores de la Universidad de Tennessee en Chattanooga reveló que los estudiantes universitarios cuyos padres les sobrevolaban  tenían más probabilidades de tomar medicamentos para la ansiedad y la depresión. También eran más propensos a consumir pastillas para el dolor de forma recreativa.

  1. Carecen de habilidades de autorregulación.

Los niños con padres helicóptero no crecen con tanto tiempo libre como otros niños. Sus entornos suelen estar muy estructurados y su tiempo está estrechamente regulado.

Sin oportunidades para practicar la administración de sí mismos, carecen de las habilidades necesarias para alcanzar sus objetivos. Un estudio de 2014 de la Universidad de Colorado encontró que los adultos que crecieron con los padres helicóptero tienen menos probabilidades de poseer el control mental y la motivación que necesitan para tener éxito.

Otros estudios han sacado conclusiones similares. Estos niños tienden a posponer las cosas y carecen de la iniciativa y la motivación necesarias para tener éxito.

Evita la tendencia a sobrevolar

Los padres helicóptero tienen la mejor intención de ayudar a sus hijos a tener éxito. Pero, en última instancia, sobrevolarles e invadirles roba a los hijos la fuerza mental que necesitan para alcanzar su mayor potencial en la vida. Por supuesto, dejar que tus hijos cometan errores, permitirles fallar y darles la oportunidad de resolver sus propios problemas requiere también en ti mucha tolerancia al malestar. Intenta considerar que tus hijos/as son personas diferentes a ti, y por lo tanto, necesitarán equivocarse para convertirse en adultos sanos y responsables.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

Algunos malos consejos que damos a nuestros hij@s

La mayoría de los padres quieren que sus hijos tengan éxito en la vida, por lo que éstos se afanan en transmitir las actitudes que consideran beneficiosas y les ayudarán a alcanzar sus metas. Pero, algunos elementos que hemos admitido como positivos para tener éxito podrían ser contraproducentes, ya que pueden producir resultados a corto plazo, pero eventualmente conducen al agotamiento y, a la vez, a un menor éxito. Estas son algunas de las cosas más perjudiciales que muchos de nosotros podemos estar enseñando a nuestros hijos sobre el éxito, y algunas recomendaciones sobre qué decirles en su lugar.

Foto extraída de danoah.com
Foto extraída de danoah.com
  1. Lo que se les dice a los hijos: concéntrate en el futuro. Mantén tus ojos en el premio.

Deberíamos decirles: vive (o trabaja) en el presente.

Mantener la concentración es difícil. La investigación muestra que nuestras mentes tienden a deambular el 50 por ciento del tiempo que estamos despiertos. Y cuando nuestras mentes divagan, podemos comenzar a meditar sobre el pasado o preocuparnos por el futuro, lo que lleva a emociones negativas como la depresión y el estrés.

Una mente que constantemente intenta enfocarse en el futuro, desde obtener buenas notas hasta entrar en la universidad, será propensa a una mayor ansiedad y miedo. Aunque un poco de estrés puede servir como un motivador, el estrés crónico a largo plazo afecta nuestra salud así como nuestras facultades intelectuales, como la atención y la memoria. Como consecuencia, enfocarnos demasiado en el futuro puede afectar a nuestro desempeño.

Los niños lo hacen mejor y se sienten más felices si aprenden cómo permanecer en el momento presente. Y cuando las personas se sienten felices, pueden aprender más rápido, pensar de forma más creativa y resolver problemas con mayor facilidad. Los estudios incluso sugieren que la felicidad te hace un 12 por ciento más productivo. Las emociones positivas también te hacen más resistente al estrés, ayudándote a superar desafíos y contratiempos más rápidamente para que puedas retomar el camino.

Aunque es bueno que los niños tengan objetivos y metas para las que trabajar, es recomendable ayudarlos a mantenerse enfocados en la tarea o conversación presente.

  1. Lo que se les dice a los hijos: Debes mantenerte alerta, nunca bajes la guardia

Deberíamos decirles: es importante aprender a relajarse.

Los niños se sienten ansiosos a edades cada vez más tempranas, preocupándose por las calificaciones y sintiendo la presión de mejorar en la escuela. Muchos niños tienen un gran sufrimiento asociado a esta presión.

La forma en que diariamente llevamos nuestras vidas como adultos muestra a los niños que el estrés es una parte ineludible. Este no es un buen estilo de vida para modelar para niños. No es sorprendente que las investigaciones muestren que los niños cuyos padres están sufriendo de agotamiento en el trabajo tienen más probabilidades que sus compañeros de experimentar agotamiento en la escuela.

Es recomendable que los padres enseñen a los niños las habilidades que necesitarán para ser más resistentes frente a los eventos estresantes. Si bien no podemos cambiar el trabajo y las exigencias de la vida que enfrentamos, podemos usar técnicas como la meditación, el yoga y la respiración para lidiar mejor con la presión. Estas herramientas ayudan a los niños a aprender a parar y descansar, en contraposición a las respuestas de estrés.

  1. Les decimos a nuestros hijos: Mantente ocupado.

Deberíamos decirles: disfruta de no hacer nada.

Incluso en nuestro tiempo libre, en nuestra sociedad las personas tienden a dar más valor a las emociones positivas de alta intensidad como la excitación, en oposición a aquellas de baja intensidad como la calma.  Esto significa que los horarios de nuestros hijos a menudo están a tope con actividades extraescolares y salidas familiares, lo que deja poco tiempo de inactividad.

En lugar de llenar de actividades a los niños, podemos dejarles algún tiempo libre. Los niños pueden convertir cualquier situación, ya sea en una sala de espera o caminando a la escuela, en una oportunidad para jugar. También pueden elegir actividades relajantes como leer un libro, llevar al perro a caminar o simplemente tumbarse debajo de un árbol y mirar a las nubes, todo lo cual les permitirá acercarse al resto de sus vidas desde una perspectiva más centrada y pacífica. Darles tiempo de inactividad a tus hijos les ayudará a ser más creativos e innovadores. Igualmente importante, les ayudará a aprender a relajarse.

No es que nunca debamos desafiarles o que debamos privarles de oportunidades de aprendizaje. El punto es no sobrepasarlos y comprometerlos hasta el punto en que no tengan la oportunidad de aprender juegos independientes, estar con ellos mismos y soñar despiertos, para aprender a ser felices solo en lugar de estar siempre haciendo.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

El impacto del locus de control paterno sobre los logros de los hijos

Es posible que alguna vez hayas oído eso de que “todo depende de la educación”. Cuando estudiaba en la universidad tuve la suerte de tener a una profesora genial que repetía una y otra vez “la potencia de la educación”, aludiendo al poder que ésta tiene para cambiarlo todo. En el trabajo con los padres, tratamos de alentar siempre a reflexionar sobre cómo crían a sus hijos, a tomar conciencia sobre que ellos son modelos.

Sin embargo, a veces olvidamos valorar que para que exista esa intencionalidad en la crianza se requiere por parte de los padres una creencia de que tienen control sobre sus vidas. Está muy bien hablar de lo que los padres deberían hacer para influir en sus hijos, pero si esos padres no creen que sus elecciones importen, ya sea porque sus propios padres les robaron su autoconfianza o porque la vida se lo ha puesto difícil, y se sienten impotentes, entonces estos consejos pueden caer en saco roto.

Foto extraída de drphil.com
Foto extraída de drphil.com

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El grado en el que creemos que nuestras elecciones importan depende, en parte, de a lo que llamamos “locus de control”. Una persona con un locus de control externo (LCE) mira la vida desde el exterior, casi como si fuera un espectador, esperando ver qué sucederá después. Si le preguntas a alguien con un LCE por qué sacó buena nota en un examen, o por qué perdió su trabajo, es probable que atribuyan esos resultados a causas que escapan a su control. Las razones por las que ocurren las cosas pueden ser el destino, la suerte, Dios, el azar… por lo que creen que todo en la vida es impredecible, y por tanto, tendrán un sentimiento de que no pueden hacer nada para cambiar las cosas.

Por el contrario, la persona con “locus de control interno” (LCI) atribuye sus éxitos y fracasos a su propio trabajo y esfuerzo. Esta persona puede decirse a sí mismo: “La razón por la que saqué una buena nota es porque estudié”. Cuando los éxitos llegan, el LCI se lleva el mérito (“Me lo merezco. Trabajé realmente duro”), y el LCE lo atribuye a fuentes incontrolables y externas (“El profesor me quiere”, “Tuve suerte”; “Las estrellas estaban alineadas”). Cuando hay una error, el LCE tiene una excusa fácil de por qué sucedió (“No fue la voluntad de Dios”; “Supongo que no tocaba”; “Así es mi vida- es como si el universo estuviera en mi contra “), y el LCI busca razones por las cuales ocurrió el error, para que puedan mejorar sus posibilidades de éxito en el futuro (” Creo que necesito practicar más “;” La próxima vez, voy a practicar más”…).

¿Cómo afecta esto a tus hijos/as?

Según dos estudios recientes, el LC de un padre/madre, medido al momento de nacer su hijo/a predice la cognición de ese niño a los 4 y 8 años. Específicamente, han observado que el LC de los padres está relacionado con las puntuaciones de Cociente Intelectual (CI) y resultados académicos. Pero, paremos un momento y pensemos detenidamente a este respecto… Sí, parece que tus creencias están conectadas con la inteligencia de tu hijo. ¿Por qué puede ser esto así?¿Qué tipo de comportamientos puede ver un hijo en un padre que afecten a su capacidad para razonar, pensar en el futuro o utilizar la perspectiva (algunos componentes principales de la inteligencia)? De acuerdo con los autores de estos estudios, hay un sorprendente número de respuestas a esta pregunta, que ayudan a dar sentido a la relación entre locus de control paterno y la capacidad cognitiva del niño:

1) Los padres que creen que sus acciones tienen un impacto en el futuro tienen más probabilidades de documentarse antes de que nazca su bebé, leer sobre el embarazo y la paternidad y reflexionar y comunicarse con los demás sobre las actitudes y estrategias que quieren llevar a cabo cuando llegue su bebé.

2) Los padres con LC interno, tal vez como resultado de la información que buscan y leen sobre su bebé, son más propensos a tener una dieta saludable, evitar el alcohol, las drogas y el tabaco durante el embarazo. Cuando una madre está embarazada, aquello que consume afecta en uno u otro sentido al feto. Las vitaminas y los minerales benefician a la madre y al bebé. El alcohol, las drogas y el humo del tabaco actúan como teratógenos y son perjudiciales para el correcto desarrollo del feto.

3) Los padres con un LC interno tienden a rodearse por otras personas con este mismo locus, lo que brinda la oportunidad de intercambiar ideas y discutir soluciones a los problemas de crianza con otros padres. A su vez, tener acceso a otros padres que invierten en prácticas de crianza intencional es una fuente de apoyo que puede ayudar a superar las tensiones de la vida y otros desafíos. Asimismo, los padres con un LC interno buscan crear un ambiente estimulante, participar en actividades de enriquecimiento para sus hijos…

4) Después de que nazca el bebé, las madres con un LC interno tienen más probabilidades de amamantar, lo que implica un gran número de beneficios de salud, sociales y cognitivos para un bebé.

5) A medida que el bebé se convierte en un niño y luego en un adolescente, es más probable que el padre con un LC interno use prácticas de crianza positivas que implican más consistencia, receptividad y actividad estimulante que los padres con un LC externo. También es más probable que enfaticen la independencia y autonomía de sus hijos y que usen interacciones más cálidas, más seguras emocionalmente y más comunicativas. Cuando un niño hace algo digno de mención, conversa sobre lo que el niño acaba de lograr. Cuando un niño hace algo que necesita corrección, estos padres también usan la conversación y la discusión sobre por qué el comportamiento del niño no era apropiado y luego modela las prácticas de intercambio de ideas para diseñar estrategias que el niño pueda hacer de manera diferente cuando se encuentre en situaciones similares en el futuro. En resumen, los padres con un LC interno transmiten su locus interno a sus hijos, mostrándoles cómo pensar sobre las conexiones entre sus acciones y los resultados de las decisiones que han tomado.

6) El padre con un LC interno es más probable que proporcione actividades de enriquecimiento para su hijo, que le exponga a situaciones nuevas y promueva un aprendizaje sobre cómo interactuar con otros niños y adultos de manera prosocial. Estas actividades pueden ser talleres para padres e hijos, ir a la biblioteca, leerle al niño, cantarle al niño…

Cambiar el Locus de Control:

La buena noticia es que las personas pueden cambiar su Locus de Control, con introspección y trabajo duro. Si al leer esto te identificas más con un LC externo que con el interno, te recomiendo que puedas probar a incluir esta semana algunas de las prácticas de crianza que utilizan los padres con LC interno. Intenta imitar cómo sería tener un LC interno, y muy pronto, puede que empieces a sentir que hay cosas de la vida que están un poco más bajo control. Es un sentimiento muy poderoso sentirse seguro de que puedes lograr aquello que te propones y saber, después de haberlo logrado, que es por mérito propio. Tu hijo/a también puede beneficiarse de este cambio. La investigación longitudinal indica que los niños que crecen con una mentalidad de LC interna (que les han dado sus padres) probablemente buscarán más educación, retrasarán el tener hijos y elegirán parejas románticas y amigos que tengan una LC interno. También es más probable que tengan patrones regulares de sueño, patrones de alimentación saludables y que respondan a la frustración con conductas proactivas, como la comunicación y la resolución de problemas, en lugar de berrinches.

Parece que efectivamente la educación es poderosa. Tus acciones, palabras y creencias importan. Como padre o madre constituyes la principal fuente de información que tu hijo tiene sobre cómo pensar y vivir en el mundo. Demuéstrales que son poderosos al reconocer su propio poder. Enséñales la importancia de la auto superación permanente modelando tu interés en crecer como persona. Queremos niños fuertes y valientes, que tengan las agallas para perseguir sus sueños. Su fuerza y ​​coraje, y su búsqueda, son las claves de su éxito. ¡Créelo!

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

 

¿Qué dice la neurociencia de la risa contagiosa?

Mucho antes de que las modernas técnicas de neuroimagen iluminaran las áreas y redes asociadas a la risa, William James (1842-1910) escribió que “No nos reímos porque somos felices, somos felices porque nos reímos”. Aunque los filósofos y los psicólogos han especulado sobre el papel que tiene la risa en el vínculo social durante siglos, hasta hace poco, había relativamente poca evidencia empírica que explicara por qué la risa es contagiosa para la mayoría de nosotros. O, las razones neurobiológicas de porqué algunas personas son inmunes al contagio de la risa. Dicho esto, en los últimos meses, los investigadores finalmente han señalado algunas respuestas basadas en la neurociencia a la pregunta de “¿Por qué la risa es contagiosa?”

Extraída de Ohmirevista.com
Extraída de Ohmirevista.com

Recientemente, dos estudios clínicos independientes han investigado los mecanismos cerebrales de la risa social genuina y contagiosa desde diferentes perspectivas, uno relativo a cómo la risa social desencadena la liberación endógena de opioides, y otro sobre el fenómeno de contagio de la risa en niños con riesgo de psicopatía. En el primero, un equipo formado por investigadores finlandeses e ingleses, a partir de las imágenes de tomografía por emisión de positrones (PET) identificaró que la risa social conduce a la liberación endógena de opioides (endorfinas) en regiones cerebrales concretas. Cuantos más receptores opiáceos tenía un participante en estas regiones de su cerebro, más propenso/a era a la risa contagiosa. Los participantes pasaban por dos condiciones de 30 minutos cada una. En una de ellas los participantes observaban a sus amigos reír a carcajadas mientras veían una comedia. En la otra, estos mismos participantes pasaron el tiempo en un ambiente de laboratorio estéril sin risas. Se encontró que la risa social contagiosa estimulaba la liberación de endorfinas en el tálamo, núcleo caudado e ínsula anterior. En un comunicado, el co-autor Lauri Nummenmaa, quien dirige el Laboratorio de Sistemas de Emoción Humana en la Universidad de Turku, dijo: “Los efectos placenteros y calmantes de la liberación de endorfinas podrían señalar la seguridad y promover sentimientos de unión. La relación entre la densidad de receptores de opioides y la tasa de risa también sugiere que el sistema opioide puede subyacer a las diferencias individuales en la sociabilidad “. Otro co-autor, Robin Dunbar, profesor de psicología evolutiva de la Universidad de Oxford, añadió: “Debido a que la risa social conduce a una respuesta química similar en el cerebro, esto permite una expansión significativa de las redes sociales humanas: la risa es altamente contagiosa y la respuesta de endorfinas puede así extenderse fácilmente a través de los miembros de un grupo que se ríe junto”. Los autores concluyen: “La modulación de la actividad opioide por la risa social puede ser una importante vía neuroquímica que apoya la formación, el refuerzo y el mantenimiento de los lazos sociales entre los seres humanos”.

El segundo estudio al que hacíamos referencia fue elaborado en la Universidad de Londres y señala que “la risa humana involucra áreas cerebrales que facilitan la reciprocidad social y la resonancia emocional, de acuerdo con su papel establecido en la promoción de la afiliación y la cohesión social”. Estos investigadores también encontraron un vínculo entre la ínsula anterior y la risa contagiosa, al igual que el primer estudio. Sin embargo, este estudio identificó que los niños que estaban en riesgo de desarrollar psicopatía eran menos propensos a unirse a la risa social entre amigos que aquellos otros niños sin dicho riesgo. Del mismo modo, también mostraron menos actividad de la ínsula anterior. Para este estudio, el equipo de la profesora Essi Viding contaron con la participación de 62 niños de entre 11 y 16 años que presentaban comportamientos disruptivos y / o rasgos no emocionales junto con un grupo control de 30 niños que no los mostraban.

Posteriormente, a partir de técnicas de neuroimagen, los investigadores observaron la actividad cerebral cuando cada muchacho escuchaba (1) risa social genuina, (2) risa falsa y (3) sonidos llorosos Lo más notable es que los investigadores descubrieron que los chicos en riesgo eran mucho menos propensos a responder a la risa genuina. También mostraron significativamente menos actividad cerebral en la ínsula anterior y en el área motora suplementaria. Aunque la risa contagiosa puede no observarse en algunos niños, esto no significa necesariamente que estos chicos son automáticamente destinados a convertirse en antisociales. Más bien, los investigadores esperan que sus últimos descubrimientos sobre la neurofisiología de la risa contagiosa lleven a intervenciones anteriores ya tratamientos más efectivos para los adolescentes que pueden estar en riesgo de sufrir psicopatía.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

Cómo facilitar la vuelta al cole en ocho claves

Hoy es el último fin de semana después de unas largas vacaciones de verano. Esta semana nuestros niños y niñas vuelven al colegio; pequeños, medianos, mayores y adolescentes han tenido variopintas experiencias de verano, ya que algunos han pasado su tiempo en casa con sus padres u otros familiares, otros en campamentos, algunos viajando y muchos otros una mezcla de todas las anteriores… Sin embargo, todos pasarán por una transición que afectará tanto a su ajuste como al de su familia durante el próximo año. Para muchos, la transición será suave, ya que los niños esperan con ansias un año escolar exitoso y añoran encontrarse con sus amigos y compañeros de clase. Para otros, lamentablemente este paso será duro, lleno de ansiedad, dolor por la separación y miedo respecto a un posible fracaso y temor social.

Foto extraída de amazon.com
Foto extraída de amazon.com

La vuelta al cole afecta no sólo a los niños y niñas, sino también a sus familias. Las rutinas familiares cambian y muchos padres y madres volverán a concentrarse en el trabajo mientras se mantienen expectantes, pero a menudo con ansiedad, sobre cómo les va a sus hijos. Si a los niños les va bien, los padres nos relajamos y compartimos la emoción y los sentimientos de éxito. Si la transición es difícil, nos preocupamos; a algunos padres la preocupación les hace sentir desmoralizados o enfadados. Sin embargo, el comienzo del año escolar ofrece a los padres y madres oportunidades para facilitar el ajuste inmediato de sus hijos y para ayudar a construir patrones de afrontamiento que durarán toda la vida. Los padres y madres pueden ayudar a sus hijos/as teniendo en cuenta los siguientes puntos:

  1. Comunicarse. La herramienta más importante para facilitar la vuelta al cole y que ayuda a los niños a manejar su estrés es la comunicación. Mantener un canal abierto de comunicación entre padres e hijos es clave. Los niños deben sentirse libres para hablar de sus esperanzas y sus decepciones, sus éxitos y fracasos, sus alegrías y sus ansiedades, todos con la confianza de que sus padres pueden manejar lo que oyen y responderán sin ansiedad ni reproches indebidos. Acepta lo que tus hijos sienten y luego podrás pasar a ayudarles a aprender a lidiar con esos sentimientos. Recuerda también que dicha comunicación no debe ser flor de un día, sino algo cotidiano y frecuente.
  2. Anticipar. La comunicación sobre el inicio del año escolar debe comenzar antes del día de vuelta. A partir de mediados de agosto, los padres pueden comenzar la conversación sobre el comienzo de curso, preguntando sobre qué anticipan para el próximo año, no sólo académicamente, sino también a nivel social, de hobbies y demás áreas. ¿Qué esperan, qué les preocupa, qué les ilusiona?
  3. La edad importa. El cómo hablamos con nuestros hijos, así como o que esperan y los miedos, difieren mucho según sus edades. Hacemos preguntas más sencillas y esperamos ser más activos con los niños pequeños. Sin embargo, tenemos cuidado de enfatizar sus fortalezas y no ser invasivos con los adolescentes.
  4. La complejidad es importante. También debemos considerar la complejidad de la experiencia escolar de nuestros niños. Se enfrentan no sólo a desafíos y logros académicos sino también a relaciones sociales complejas, tanto con compañeros como con profesores. Nuestros niños ven en el colegio escenas positivas de solidaridad y afecto, pero también muchas otras de intimidación y crueldad. Además, están las exigencias académicas. Los padres pueden tomar un papel activo en el aprendizaje sobre las diversas áreas, académica, social y afectiva, enseñándoles habilidades para afrontar las complejidades que surjan.
  5. Normalizar, cuando sea apropiado. Los comienzos de nuevas experiencias a menudo son difíciles, en la escuela, en el trabajo, en las relaciones… Es normal que los niños tengan temores y es normal que las transiciones sean áridas. Hacer saber a los niños/as que esto es así y que tenemos confianza en su capacidad para hacer frente a esto es una buena base para su acción posterior.
  6. Hacer frente a la sobreprotección. Muchos padres comprensiblemente tienen el deseo de resolver los problemas de sus hijos, con el objetivo de evitar que sufran. Sin embargo, esto no brinda la oportunidad que toda transición ofrece. Es mejor tener una conversación con nuestros hijos sobre cómo pueden hacer frente, cómo pueden manejar los retos académicos y las tensiones sociales, que ocuparnos nosotros mismos de estos asuntos. Enseñar y animar a los niños y niñas sobre cómo hacer frente les conllevará beneficios que duran mucho más tiempo que resolver por ellos sus problemas.
  7. La caja de herramientas de afrontar. Una manera de hablar con tu hijo o hija sobre cómo enfrentarse es conceptualizar esto como una caja de herramientas. Mostramos las herramientas de las que ya dispone, como por ejemplo, acudir a un adulto para pedir ayuda y le explicamos métodos nuevos, como usar pensamientos tranquilizadores o recordar otras situaciones en las que ha tenido éxito.
  8. Los maestros son nuestros aliados. Finalmente, animamos a los padres a recordar que los maestros son profesionales que se preocupan por el bienestar de nuestros niños/as. Hablar con los profesores de nuestros hijos, escuchar su perspectiva, dejarnos guiar y aceptar su ayuda cuando sea apropiado, es un ingrediente importante.

¡Buen comienzo de curso a tod@s!

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

 

Tecnointerferencia: padres distraídos por el móvil y problemas de conducta en la infancia

Si prestas un poco de atención al pasar por un parque o cualquier cafetería, podrás ver padres y madres hipnotizados por sus teléfonos móviles y aparentemente no muy pendientes de sus hijos. ¿Qué sucede entonces con esos niños? Por el momento no disponemos de mucha información al respecto de cuáles son las consecuencias de las distracciones de estos padres. Dada la proliferación del uso de la tecnología, cobra importancia el estudio al respecto del impacto en la interacción entre padres e hijos.

Foto extraída de www.washingtonpost.com
Foto extraída de www.washingtonpost.com

Recientemente se ha publicado un estudio sobre la relación entre el uso de la tecnología por parte de los padres y los problemas de conducta en sus hijos. Los investigadores entrevistaron a los padres y madres de 170 familias estadounidenses sobre sus hábitos de consumo de tecnología. Primero, les preguntaron a las madres y a los padres sobre qué dispositivos usaban y cómo. Los padres y madres señalaron que empleaban diversos aparatos (móvil, ordenador, tablet, televisión y videojuegos) y que el uso de los mismos interrumpían las interacciones con sus hijos a diario. Además se les pidió que valoraran qué tipo de empleo hacían de la tecnología: ¿sienten la necesidad de comprobar y responder inmediatamente a un nuevo whatsapp o mensaje, piensan a menudo acerca de sus mensajes y llamadas, y creen que utilizan sus teléfonos móviles demasiado? La mayoría de los padres reconoció que estos dispositivos frecuentemente los distraían al interactuar con sus hijos.
Los autores de este estudio, los psicólogos McDaniel y Radesky (Universidad de Illinois y Michigan, respectivamente), lo han denominado como “tecnointerferencia” (Technoference). La tecnointerferencia ocurre cuando varios dispositivos tecnológicos interfieren con la interacción social. Es un término muy descriptivo. En esta investigación, los autores estaban interesados ​​en la tecnointerferencia que tenía lugar en el transcurso de las interacciones entre padres e hijos, algo demasiado común. Seguramente lo hayas visto alguna vez e incluso tal vez has dejado que suceda. Mientras juegas con tu hijo y escuchas o notas vibrar tu móvil, ¿detienes el juego? ¿respondes? ¿interrumpes el tiempo con tu hijo para atender la llamada, responder al mail o al whatsapp? De este estudio se desprende que el 89% de los padres entrevistados indicaron haber dejado que la tecnología interfiriera en la interacción con sus hijos.

Pero, ¿cuál es el impacto de la tecnointerferencia? ¿Estas interrupciones tienen un impacto significativo sobre los niños?
Para evaluar el impacto, McDaniel y Radesky pidieron a los padres que valoraran y clasificaran a sus hijos a partir de una lista relativa al control en el comportamiento. Algunos de los temas concernían a la internalización de problemas, así como problemas de conducta: los niños que son hiperactivos, se frustran fácilmente y exhiben frecuentes berrinches.
Los resultados fueron bastante claros e inquietantes; aquellos padres que experimentaban con más frecuencia la tecnointerferencia, reportaban más problemas conductuales en sus hijos. El predictor más fuerte fue la tecnointerferncia en las madres; probablemente esto sea muestra de que hoy aún en día es sobre la figura materna donde recae el papel de cuidadora principal, y por tanto es la figura de cuidado y atención primaria.
Aun así, estos datos provienen de un único estudio correlacional. A este respecto no disponemos de información sobre cómo influyen las variables. Es decir, sólo sabemos que las interrupciones tecnológicas entre padres e hijos se relacionan con problemas de conducta en los niños. La relación podría darse al revés, es decir, tal vez cuando un niño muestra más problemas de comportamiento, los padres comienzan a buscar sus propias maneras de escapar y encontrar algunas actividades gratificantes. Un móvil proporciona un escape inmediato de cualquier interacción social desagradable. O todo lo contrario, por supuesto la explicación podría ser al revés. Cuando los padres están más distraídos, los niños aprenden a portarse mal. Los niños realmente quieren que sus padres les presten atención. Cuando sus padres se distraen, los niños pueden recurrir a comportamientos más extremos para obtener la atención de sus padres. De esta manera, los niños aprenden a mostrar problemas de comportamiento. Cuando los niños actúan, sus padres dejan el teléfono y responden. Los resultados sugieren, en palabras de los propios autores, que las interrupciones debidas a la tecnología están asociadas a los problemas de conducta de estos niños, sin embargo la direccionalidad y relación de variables de este proceso deberá ser estudiada en el futuro a partir de estudios longitudinales.
Los móviles y los demás avances tecnológicos no son malos en sí mismos. Las ventajas de disponer de estos aparatos son múltiples. Sin embargo, estos beneficios deben equilibrarse en relación a los riesgos que conllevan. Intentemos no usar la tecnología mientras conducimos, caminamos, jugamos con nuestros hijos y socializamos. Y sobretodo tratemos de no ser padres distraídos. Posiblemente contestar a un Whatsapp o actualizar el estado del Facebook no compensa las implicaciones que pueda tener para tus hijos.

Fuente: Psychology Today

McDaniel, B. T., & Radesky, J. S. (2017). Technoference: Parent Distraction With Technology and Associations With Child Behavior Problems. Child Development.

Escrito por María Rueda