Cómo facilitar la vuelta al cole en ocho claves

Hoy es el último fin de semana después de unas largas vacaciones de verano. Esta semana nuestros niños y niñas vuelven al colegio; pequeños, medianos, mayores y adolescentes han tenido variopintas experiencias de verano, ya que algunos han pasado su tiempo en casa con sus padres u otros familiares, otros en campamentos, algunos viajando y muchos otros una mezcla de todas las anteriores… Sin embargo, todos pasarán por una transición que afectará tanto a su ajuste como al de su familia durante el próximo año. Para muchos, la transición será suave, ya que los niños esperan con ansias un año escolar exitoso y añoran encontrarse con sus amigos y compañeros de clase. Para otros, lamentablemente este paso será duro, lleno de ansiedad, dolor por la separación y miedo respecto a un posible fracaso y temor social.

Foto extraída de amazon.com
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La vuelta al cole afecta no sólo a los niños y niñas, sino también a sus familias. Las rutinas familiares cambian y muchos padres y madres volverán a concentrarse en el trabajo mientras se mantienen expectantes, pero a menudo con ansiedad, sobre cómo les va a sus hijos. Si a los niños les va bien, los padres nos relajamos y compartimos la emoción y los sentimientos de éxito. Si la transición es difícil, nos preocupamos; a algunos padres la preocupación les hace sentir desmoralizados o enfadados. Sin embargo, el comienzo del año escolar ofrece a los padres y madres oportunidades para facilitar el ajuste inmediato de sus hijos y para ayudar a construir patrones de afrontamiento que durarán toda la vida. Los padres y madres pueden ayudar a sus hijos/as teniendo en cuenta los siguientes puntos:

  1. Comunicarse. La herramienta más importante para facilitar la vuelta al cole y que ayuda a los niños a manejar su estrés es la comunicación. Mantener un canal abierto de comunicación entre padres e hijos es clave. Los niños deben sentirse libres para hablar de sus esperanzas y sus decepciones, sus éxitos y fracasos, sus alegrías y sus ansiedades, todos con la confianza de que sus padres pueden manejar lo que oyen y responderán sin ansiedad ni reproches indebidos. Acepta lo que tus hijos sienten y luego podrás pasar a ayudarles a aprender a lidiar con esos sentimientos. Recuerda también que dicha comunicación no debe ser flor de un día, sino algo cotidiano y frecuente.
  2. Anticipar. La comunicación sobre el inicio del año escolar debe comenzar antes del día de vuelta. A partir de mediados de agosto, los padres pueden comenzar la conversación sobre el comienzo de curso, preguntando sobre qué anticipan para el próximo año, no sólo académicamente, sino también a nivel social, de hobbies y demás áreas. ¿Qué esperan, qué les preocupa, qué les ilusiona?
  3. La edad importa. El cómo hablamos con nuestros hijos, así como o que esperan y los miedos, difieren mucho según sus edades. Hacemos preguntas más sencillas y esperamos ser más activos con los niños pequeños. Sin embargo, tenemos cuidado de enfatizar sus fortalezas y no ser invasivos con los adolescentes.
  4. La complejidad es importante. También debemos considerar la complejidad de la experiencia escolar de nuestros niños. Se enfrentan no sólo a desafíos y logros académicos sino también a relaciones sociales complejas, tanto con compañeros como con profesores. Nuestros niños ven en el colegio escenas positivas de solidaridad y afecto, pero también muchas otras de intimidación y crueldad. Además, están las exigencias académicas. Los padres pueden tomar un papel activo en el aprendizaje sobre las diversas áreas, académica, social y afectiva, enseñándoles habilidades para afrontar las complejidades que surjan.
  5. Normalizar, cuando sea apropiado. Los comienzos de nuevas experiencias a menudo son difíciles, en la escuela, en el trabajo, en las relaciones… Es normal que los niños tengan temores y es normal que las transiciones sean áridas. Hacer saber a los niños/as que esto es así y que tenemos confianza en su capacidad para hacer frente a esto es una buena base para su acción posterior.
  6. Hacer frente a la sobreprotección. Muchos padres comprensiblemente tienen el deseo de resolver los problemas de sus hijos, con el objetivo de evitar que sufran. Sin embargo, esto no brinda la oportunidad que toda transición ofrece. Es mejor tener una conversación con nuestros hijos sobre cómo pueden hacer frente, cómo pueden manejar los retos académicos y las tensiones sociales, que ocuparnos nosotros mismos de estos asuntos. Enseñar y animar a los niños y niñas sobre cómo hacer frente les conllevará beneficios que duran mucho más tiempo que resolver por ellos sus problemas.
  7. La caja de herramientas de afrontar. Una manera de hablar con tu hijo o hija sobre cómo enfrentarse es conceptualizar esto como una caja de herramientas. Mostramos las herramientas de las que ya dispone, como por ejemplo, acudir a un adulto para pedir ayuda y le explicamos métodos nuevos, como usar pensamientos tranquilizadores o recordar otras situaciones en las que ha tenido éxito.
  8. Los maestros son nuestros aliados. Finalmente, animamos a los padres a recordar que los maestros son profesionales que se preocupan por el bienestar de nuestros niños/as. Hablar con los profesores de nuestros hijos, escuchar su perspectiva, dejarnos guiar y aceptar su ayuda cuando sea apropiado, es un ingrediente importante.

¡Buen comienzo de curso a tod@s!

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

 

Tecnointerferencia: padres distraídos por el móvil y problemas de conducta en la infancia

Si prestas un poco de atención al pasar por un parque o cualquier cafetería, podrás ver padres y madres hipnotizados por sus teléfonos móviles y aparentemente no muy pendientes de sus hijos. ¿Qué sucede entonces con esos niños? Por el momento no disponemos de mucha información al respecto de cuáles son las consecuencias de las distracciones de estos padres. Dada la proliferación del uso de la tecnología, cobra importancia el estudio al respecto del impacto en la interacción entre padres e hijos.

Foto extraída de www.washingtonpost.com
Foto extraída de www.washingtonpost.com

Recientemente se ha publicado un estudio sobre la relación entre el uso de la tecnología por parte de los padres y los problemas de conducta en sus hijos. Los investigadores entrevistaron a los padres y madres de 170 familias estadounidenses sobre sus hábitos de consumo de tecnología. Primero, les preguntaron a las madres y a los padres sobre qué dispositivos usaban y cómo. Los padres y madres señalaron que empleaban diversos aparatos (móvil, ordenador, tablet, televisión y videojuegos) y que el uso de los mismos interrumpían las interacciones con sus hijos a diario. Además se les pidió que valoraran qué tipo de empleo hacían de la tecnología: ¿sienten la necesidad de comprobar y responder inmediatamente a un nuevo whatsapp o mensaje, piensan a menudo acerca de sus mensajes y llamadas, y creen que utilizan sus teléfonos móviles demasiado? La mayoría de los padres reconoció que estos dispositivos frecuentemente los distraían al interactuar con sus hijos.
Los autores de este estudio, los psicólogos McDaniel y Radesky (Universidad de Illinois y Michigan, respectivamente), lo han denominado como “tecnointerferencia” (Technoference). La tecnointerferencia ocurre cuando varios dispositivos tecnológicos interfieren con la interacción social. Es un término muy descriptivo. En esta investigación, los autores estaban interesados ​​en la tecnointerferencia que tenía lugar en el transcurso de las interacciones entre padres e hijos, algo demasiado común. Seguramente lo hayas visto alguna vez e incluso tal vez has dejado que suceda. Mientras juegas con tu hijo y escuchas o notas vibrar tu móvil, ¿detienes el juego? ¿respondes? ¿interrumpes el tiempo con tu hijo para atender la llamada, responder al mail o al whatsapp? De este estudio se desprende que el 89% de los padres entrevistados indicaron haber dejado que la tecnología interfiriera en la interacción con sus hijos.

Pero, ¿cuál es el impacto de la tecnointerferencia? ¿Estas interrupciones tienen un impacto significativo sobre los niños?
Para evaluar el impacto, McDaniel y Radesky pidieron a los padres que valoraran y clasificaran a sus hijos a partir de una lista relativa al control en el comportamiento. Algunos de los temas concernían a la internalización de problemas, así como problemas de conducta: los niños que son hiperactivos, se frustran fácilmente y exhiben frecuentes berrinches.
Los resultados fueron bastante claros e inquietantes; aquellos padres que experimentaban con más frecuencia la tecnointerferencia, reportaban más problemas conductuales en sus hijos. El predictor más fuerte fue la tecnointerferncia en las madres; probablemente esto sea muestra de que hoy aún en día es sobre la figura materna donde recae el papel de cuidadora principal, y por tanto es la figura de cuidado y atención primaria.
Aun así, estos datos provienen de un único estudio correlacional. A este respecto no disponemos de información sobre cómo influyen las variables. Es decir, sólo sabemos que las interrupciones tecnológicas entre padres e hijos se relacionan con problemas de conducta en los niños. La relación podría darse al revés, es decir, tal vez cuando un niño muestra más problemas de comportamiento, los padres comienzan a buscar sus propias maneras de escapar y encontrar algunas actividades gratificantes. Un móvil proporciona un escape inmediato de cualquier interacción social desagradable. O todo lo contrario, por supuesto la explicación podría ser al revés. Cuando los padres están más distraídos, los niños aprenden a portarse mal. Los niños realmente quieren que sus padres les presten atención. Cuando sus padres se distraen, los niños pueden recurrir a comportamientos más extremos para obtener la atención de sus padres. De esta manera, los niños aprenden a mostrar problemas de comportamiento. Cuando los niños actúan, sus padres dejan el teléfono y responden. Los resultados sugieren, en palabras de los propios autores, que las interrupciones debidas a la tecnología están asociadas a los problemas de conducta de estos niños, sin embargo la direccionalidad y relación de variables de este proceso deberá ser estudiada en el futuro a partir de estudios longitudinales.
Los móviles y los demás avances tecnológicos no son malos en sí mismos. Las ventajas de disponer de estos aparatos son múltiples. Sin embargo, estos beneficios deben equilibrarse en relación a los riesgos que conllevan. Intentemos no usar la tecnología mientras conducimos, caminamos, jugamos con nuestros hijos y socializamos. Y sobretodo tratemos de no ser padres distraídos. Posiblemente contestar a un Whatsapp o actualizar el estado del Facebook no compensa las implicaciones que pueda tener para tus hijos.

Fuente: Psychology Today

McDaniel, B. T., & Radesky, J. S. (2017). Technoference: Parent Distraction With Technology and Associations With Child Behavior Problems. Child Development.

Escrito por María Rueda

 

¿El terrorismo te preocupa en exceso? 5 formas de reducir la ansiedad

Cada pocos meses nos asalta la noticia de un nuevo atentado terrorista en un país cercano. Estos eventos nos hacen sentir muy mal, vivimos la injusticia y empatizamos con las víctimas afectadas. A la vista de la frecuencia con la que estos atentados se están sucediendo en diferentes países europeos, es lógico que el nivel personal de alerta aumente. Cada vez más personas se comienzan a sentir amenazadas por la posibilidad de verse involucrados ellos o alguien de su familia en el próximo atentado.

Este miedo en gran medida es completamente normal e incluso adaptativo. Sin embargo, también es posible que se convierta en un momento dado en un miedo excesivo, con niveles de preocupación muy elevados y comportamientos de evitación de situaciones valoradas como “de riesgo”. Cuando esto es así, posiblemente sea necesario revisar cómo estamos afrontando la situación cultural del momento, y cuánto estamos permitiendo que se integre en nuestras vidas esa preocupación.

Si bien la propia finalidad del terrorismo, como su nombre indica, persigue crear un clima de inseguridad y terror, hay algunas variables personales que pueden hacer a una persona más vulnerable a desarrollar un miedo o preocupación excesiva. Ser un hombre, joven, con mayor estatus socioeconómico harán menos probable que comencemos a sentir una preocupación excesiva respecto al terrorismo. También otros factores, como la afectación psicológica previa, tener factores previos de estrés o una red de apoyo reducida pueden hacer que sea más probable desarrollar este miedo excesivo.

Se conoce que hay algunos factores externos que también influyen sobre la posibilidad de sufrir este grado de preocupación excesiva, por ejemplo, una mayor exposición a noticias relacionadas con el terrorismo hacen que aumente el nivel de riesgo que percibimos, y esta percepción del riesgo más alta, nos lleva a una mayor preocupación sobre el terrorismo.

Sin embargo, esta mayor preocupación no necesariamente se convierte en algo dañino. La clave para que se convierta en algo que nos cause un sufrimiento personal, o que haga que empecemos a evitar situaciones que nos causen malestar porque las valoremos como algo peligroso es la sensación de capacidad de afrontamiento que tengamos. La sensación de que a pesar de la incertidumbre y el miedo que genera la posibilidad de sufrir un atentado, podremos afrontar esta situación.

Extraída de www.weforum.org
Extraída de www.weforum.org

Aunque cada vez que se produce un nuevo atentado es fácil que nos sintamos vulnerables e indefensos, hay varias cosas que se pueden hacer para que no se convierta en un miedo excesivo. ¿Qué dice la literatura científica que puede llevarnos a sufrir menos intensamente este miedo?

Riesgo percibido. Una forma de rebajar la preocupación es valorar adecuadamente la probabilidad del riesgo de sufrir un atentado terrorista. Aunque emocionalmente podamos sentir que las posibilidades de sufrir personalmente un atentado son altas, es importante valorar que este tipo de amenaza para nuestro bienestar es de las menos probables en comparación con otro tipo de riesgos para nuestra salud.

Actuación. Tal y como hemos visto anteriormente, la sensación de tener un plan de acción ante la posibilidad (remota) de verse inmersos en un atentado puede aumentar esta sensación de capacidad de afrontamiento, que nos permitirá una preocupación menos intensa. Será más positivo informarnos sobre esta posible actuación más que sólo sobre las terribles consecuencias de verse allí inmerso.

Exposición. Como con cualquier otro miedo, si comenzamos a evitar situaciones que percibimos como de riesgo, este miedo se hará cada vez más grande. Cuando dejamos de hacer algo por miedo a que pueda ocurrir un atentado terrorista, nos decimos a nosotros mismos que efectivamente, es posible que esto ocurra, por lo que lo más recomendable es que a pesar de sufrir un miedo intenso al ir a ciertos lugares, es mantenerse allí y descubrir que finalmente no era tan amenazante.

Grupo social. Uno de los factores que influyen sobre la posibilidad de desarrollar una preocupación excesiva sobre la posibilidad de sufrir un atentado es la sensación de tener una red social de apoyo. Ya que cada cierto tiempo nos topamos de nuevo con la noticia de que ha ocurrido un atentado, será positivo que, en la medida de lo posible podamos compartir la recepción de esta información acompañados por personas que sabemos que son un apoyo para nosotros.

Externalizar. Cada persona, incluso cada cultura, tienen una tendencia a externalizar o internalizar las emociones de forma diferente. La expresión emocional “hacia fuera” será el procesamiento externalizante mientras que dirigirla “hacia dentro” será internalizante. Cuando se hace referencia a la percepción del terrorismo, es conocido que la actitud externalizante logra un grado menor de problemas psicológicos asociados a esto. Quizá mostrar un enfado con las personas que cometen los atentados, un rechazo a este tipo de actos será un mecanismo mental mucho más sano para nosotros que mostrar miedo, indefensión y sentirnos vulnerables.

Como decíamos, es imposible no vernos afectados en mayor o menor medida por la amenaza del terrorismo en nuestro entorno, especialmente con lo inciertos, tristes e injustos que son cada uno de los atentados cometidos, pero sí existen algunas formas de lograr que esta afectación sea lo menos dañina posible para nuestra salud mental personal. ¡Tratemos de afrontarlo de la mejor forma posible!

Fuentes:

ResearchBlogging.org

Lee JE, & Lemyre L (2009). A social-cognitive perspective of terrorism risk perception and individual response in Canada. Risk analysis : an official publication of the Society for Risk Analysis, 29 (9), 1265-80 PMID: 19650811

Dekel S, & Dekel M (2014). Post-Trauma Versus Inter-Trauma: Living with Traumatic Stress in Israel and The United States Ann Depress Anxiety, 1 (6)

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Lo que no sabes de los ataques de pánico (y cómo tratarlos)

Quién ha sufrido alguna vez un ataque de pánico, sabe que lo más habitual es no saber qué ocurre. En un primer momento se siente un gran desconcierto y un miedo muy intenso.

Observando de cerca el fenómeno de los ataques de pánico, se sabe que no son exactamente el mismo tipo de miedo que puede aparecer ante un contexto amenazante. De hecho, los ataques de pánico son considerados como una respuesta abrupta e intensa de miedo ante una amenaza que proviene de dentro del cuerpo. De hecho, de forma neurobiológica no funciona del mismo modo que la ansiedad en sí misma, que se refiere a un daño potencial más distante o incierto.

El pánico, en su forma biológica está más relacionado con circuitos del miedo que no incluyen necesariamente a la amígdala, la estructura cerebral estrella en el funcionamiento de miedo.  Además, el neurotransmisor que está más implicado en el desarrollo del pánico es la serotonina, mientras que el cortisol sería el que se relaciona más con el estrés. Por eso, se considera que puede ser una condición diferente a la propia ansiedad, y sobretodo se encuentra una relación con una hipervigilancia de los sistemas internos de control de la respiración.

extraída de Huffington Post

Pero los ataques de pánico sólo son un sistema de defensa de nuestro cuerpo que se activa para responder a una amenaza. Cuando el ser humano (y también muchos animales) tienen que defenderse, pasan por varias fases

  • en primer lugar, la fase pre-amenaza, en la que se puede vigilar el contexto para detectarla
  • después la fase de post-encuentro, en la que nos quedamos paralizados para analizar el peligro
  • por último el comportamiento defensivo.

Cuando la amenaza proviene de dentro de nuestro propio cuerpo, lo que vigilamos en primer lugar es el contexto (un centro comercial lleno de gente) pero cuando nos quedamos paralizados lo que analizamos como peligroso son las señales internas de nuestro cuerpo, lo que desencadena respuestas más intensas, los pensamientos que nos invaden son el miedo a morir o a que falte el aire, las cosas que hacemos, aunque no sea de forma muy voluntaria, son hiperventilar y escapar del contexto. Es lógico que sean las respuestas más intensas y abruptas, ya que el miedo aumenta según la amenaza se acerca, y si la amenaza está dentro de nuestro propio cuerpo…

Lo más difícil de saber respecto a los ataques de pánico es porqué ocurren. Hay factores de riesgo que van desde un componente genético, trastornos de ansiedad y depresivos en los padres, inhibición conductual, evitación del daño, pocas estrategias de afrontamiento, experiencias de estrés en la infancia…

Aunque no sepamos porque ocurren en el origen lejano, sí sabemos que muchas veces pueden convertirse en parte de nuestro día a día ya que una vez que sufrimos este miedo intenso y tan abrupto, es fácil volverse vulnerable y comenzar a vigilar que no nos vuelva a ocurrir, lo que desemboca muchas veces en respuestas contraproducentes que pueden aumentar las probabilidades de sufrir nuevos ataques de pánico.

Así que, ¿qué podemos hacer para librarnos de ellos? Aunque hay tratamientos farmacológicos que funcionan, lo que aquí nos ocupa es la terapia psicológica, de la que está demostrado su funcionamiento y bien definidos los tratamientos.

Para su tratamiento, se necesita de una exposición guiada por un terapeuta a los síntomas internos de pánico. Sentir estas respuestas de forma controlada nos ayuda a comenzar a deshacer la asociación que hacemos ante esas señales internas y la sensación de que nos vamos a asfixiar, o incluso el pensamiento de que algo muy negativo puede pasarnos. La otra parte del tratamiento, tiene que ver con el manejo de los pensamientos automáticos que nos indican que algo malo ocurre, que nos falta el aire o que nos asfixiamos. A veces se ha pensado que pueden ser útiles técnicas de relajación o de respiración, pero con el tiempo y la investigación, se descubrió que no son necesarias ni útiles, sino que lo que mejor funciona, aunque tremendamente difícil, es lograr romper esa asociación entre las sensaciones internas y la idea de peligro.

El pánico es un miedo diferente a todos los demás, que nos puede causar grandes dificultades en nuestra vida cotidiana, pero profundizando en su tratamiento y en sus desencadenantes podemos aprender de lo que nos está avisando para empezar a poner remedio.

Fuentes: Nature Neuroscience, Neuroscience & Biobehavioral Reviews, Journal of Affective Disorders, Revista Psychophysiology, A Guide to Treatments That Work.

ResearchBlogging.org

Alpers GW, Reif A, & Deckert J (2016). Panic disorder with agoraphobia from a behavioral neuroscience perspective: Applying the research principles formulated by the Research Domain Criteria (RDoC) initiative. Psychophysiology, 53 (3), 312-22 PMID: 26877119

Asselmann, E., Wittchen, H., Lieb, R., & Beesdo-Baum, K. (2016). Risk factors for fearful spells, panic attacks and panic disorder in a community cohort of adolescents and young adults Journal of Affective Disorders, 193, 305-308 DOI: 10.1016/j.jad.2015.12.046

Feinstein JS, Buzza C, Hurlemann R, Follmer RL, Dahdaleh NS, Coryell WH, Welsh MJ, Tranel D, & Wemmie JA (2013). Fear and panic in humans with bilateral amygdala damage. Nature neuroscience, 16 (3), 270-2 PMID: 23377128

Hamm AO, Richter J, Pané-Farré C, Westphal D, Wittchen HU, Vossbeck-Elsebusch AN, Gerlach AL, Gloster AT, Ströhle A, Lang T, Kircher T, Gerdes AB, Paul ED, Johnson PL, Shekhar A, & Lowry CA (2014). The Deakin/Graeff hypothesis: focus on serotonergic inhibition of panic. Neuroscience and biobehavioral reviews, 46 Pt 3, 379-96 PMID: 24661986

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

El dolor de perder a tu perro

En muchas ocasiones tratamos el tema del duelo y la pérdida de seres queridos como algo difícil de afrontar. Cuando es un evento tan significativo como la pérdida de un familiar cercano, tratamos de afrontarlo de la mejor forma posible y socialmente se nos dice que es normal e incluso sano pasarlo mal, sufrir, llorar y vivir un amplio rango de emociones negativas en este evento. Sin embargo, hay una pérdida que en muchas ocasiones podemos sufrir que no está vista como algo tan significativo, concretamente la pérdida del perro de la familia.

Aunque cada vez es menos frecuente, aún existe una cierta creencia de que al ser un animal, el sufrimiento por su pérdida debería ser menor. Si bien es cierto que como seres humanos capaces de pensar en el futuro y por tanto en la muerte, sí somos conscientes de que la vida de un perro es más corta que la humana, hay varios detalles que hacen que su ausencia se haga un evento tan relevante como la de cualquier otro ser querido.

extraída de favim.com
extraída de favim.com

Confusión de nombres

Una reciente investigación ha demostrado que cuando nos confundimos al tratar de nombrar a diferentes personas significa que a nivel semántico estas dos personas se encontrarán en un mismo nivel. El ejemplo más claro es la madre que confunde los nombres de sus hijos, o la abuela los de sus nietos entre sí, puesto que todos ellos pertenecen al mismo grupo para ellas. Es en este efecto donde se ha revelado que el perro de la familia en ocasiones puede pertenecer al mismo grupo mental y por tanto su nombre se confunde con el del resto de miembros de la familia. Así, se hace muy patente el hecho de que el perro es un miembro más de la familia y por tanto su pérdida ha de ser un evento también muy doloroso.

Tu perro te quiere

La relación de los seres humanos con los perros tiene ya un largo recorrido y estos animales domésticos han ido siendo seleccionados por la especie humana para que muestren un amor incondicional. El perro muestra un amor especialmente incondicional y sin crítica a su dueño, de forma que una recompensa de afecto por parte de su dueño es más gratificante para el animal que la propia comida. Además, se ha podido estudiar que los perros reconocer las expresiones faciales de sus dueños e incluso reconocen sus intenciones y tratan de ayudarles o evitan a las personas que tratan mal o no ayudan a sus dueños. No es sorprendente que las personas que tienen un perro se beneficien de este amor y que a nivel global los propietarios de perros sean más felices y tengan mayores niveles de bienestar.

El significado de perder a tu perro

Teniendo los puntos anteriores en cuenta, es comprensible que ante la pérdida de tu perro la tristeza y desesperanza sean bastante importantes. A este dolor se puede sumar el hecho de que socialmente no está tan reconocido que sea una pérdida importante. Para empezar, se manifiesta en muchas ocasiones esta idea de que “sólo era un perro”, cuando precisamente en ocasiones puede ocurrir al revés y tu perro puede ser más importante en algunos aspectos del vínculo que estableces con él que algunas de las personas de tu vida. No sólo esto, sino que además tu perro llena muchos más aspectos de tu rutina que casi cualquier otra persona. Convives con él y es una gran responsabilidad el que esté bien. Además, en el momento en que perdemos a este compañero, nos damos cuenta que no hay formas de elaborar un ritual de despedida tradicional. Al no existir este reconocimiento social de que la pérdida de tu perro es algo suficientemente importante, no hay tampoco rituales de muerte de las mascotas.

Por todo lo que hemos comentado anteriormente, la pérdida de un miembro de la familia como es el perro es un evento suficientemente importante como para tratarlo como algo emocionalmente intenso, permitirnos llorar la pérdida y sentir su ausencia. De todos modos, es precisamente por lo que hemos comentado anteriormente; el tener un nuevo miembro de la familia y su amor incondicional hacen que sea bastante probable que queramos volver a tener un nuevo compañero peludo pronto, y nunca olvidaremos al que se fue.

Fuente www.iflscience.com

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

4 pasos para criar niños narcisistas y violentos

Aunque es algo de lo que se habla poco, lamentablemente algunos hijos e hijas agreden físicamente a sus padres. Un nuevo estudio realizado por investigadores de las universidades de Deusto y Ohio señala que hay cuatro elementos que estarían en la base de la educación recibida por estos niños que se convierten en adolescentes violentos y narcisistas. Los investigadores llegan a estas conclusiones a partir de entrevistas realizadas a 591 adolescentes de 20 centros escolares diferentes y a sus padres.

 

Foto extraída de Emaze.com
Foto extraída de Emaze.com

Estos cuatro elementos serían:

– La exposición a la violencia
– Falta de afecto
– Falta de comunicación positiva
– Una educación permisiva
Los autores explican que, en ocasiones, los adolescentes agreden a sus padres porque los propios padres han sido violentos con sus hijos o entre ellos mismos. A través de la exposición a la violencia familiar, los niños aprenden un modelo violento de respuesta. Otras veces, es la falta de comunicación cariñosa y positiva entre los padres y sus hijos, la falta de tiempo de calidad que se dedica a los niños, o el estilo de crianza permisivo que no establece límites.
Uno de los objetivos del estudio fue analizar la relación entre el narcisismo y la violencia. Los autores observaron que en algunos casos la presencia de ese rasgo, ya que se trata de adolescentes que sienten que deben tener todo lo que quieren, aquí y ahora. No aceptan un no como respuesta. Cuando sus padres tratan de establecer límites, éstos reaccionan agresivamente. El estudio encontró que las relaciones distantes entre el padre y el niño estaban vinculadas al narcisismo. Algunos padres verbalizan que sus hijos se ven a sí mismos por encima de todo. Cuando se les recrimina, responden con agresividad verbal e incluso física y creen estar en posesión de la razón.

Además, la exposición a la violencia estaba vinculada a la agresión dirigida a los padres.
En este sentido, los autores señalan que si los padres no educan a sus hijos con un sentido de la responsabilidad y el respeto, es fácil para los niños desarrollar problemas de comportamiento. Si los padres fueron violentos cuando estos niños eran pequeños, aumenta el riesgo de comportamiento agresivo en éstos. Pero el comportamiento mostrado por padres y madres no es el único elemento. El temperamento de los niños es otro componente importante, y algunos niños y niñas son más impulsivos y aprenden el comportamiento violento con más facilidad.

En palabras de los propios autores, esta investigación arroja luz sobre el creciente problema social de la agresión de hijos a padres. En este estudio, los niños más agresivos fueron aquellos que sufrieron violencia por parte sus padres o vieron a sus padres siendo agresivos entre ellos. La transmisión intergeneracional de la violencia dentro de la familia es un problema serio que debe ser analizado y tratado en profundidad. Además, los esquemas negativos parecían tener un papel relevante en estas agresiones de los hijos a los padres; aquellos adolescentes que atacaban a sus propios padres a menudo tenían rasgos narcisistas. En este sentido, uno de los elementos más relevantes del estudio fue que la falta de calor paternal puede ser un factor que contribuye a esquemas negativos que aumentan el riesgo de agresión del hijo al padre.

Fuente: PsyBlog

Escrito por María Rueda

ResearchBlogging.org

Calvete E, Orue I, Gamez-Guadix M, & Bushman BJ (2015). Predictors of child-to-parent aggression: A 3-year longitudinal study. Developmental psychology, 51 (5), 663-76 PMID: 25822895

7 formas de superar la ruptura de tu mejor amig@

Extraída de www.nytimes.com
Extraída de www.nytimes.com

En nuestra sociedad tenemos muchos modelos y estrategias diferentes para superar una ruptura sentimental. Entendemos que el vínculo afectivo que establecemos con una pareja sentimental es profundo y lo que sentimos en la ruptura está universalmente reconocido. Por ello, recibimos toda una serie de reacciones compasivas que buscan la superación de este trance emocional. Pero, ¿y qué pasa cuando lo que vamos a perder es uno de nuestros mejores amigos? A pesar de que puede ser igual de importante, se tiende a una consideración social de “vínculo desechable” e incluso podemos percibir cierta incredulidad de los demás si no aceptamos rápidamente la ruptura.Y lo cierto es que una ruptura con un amigo puede ser muy complicada, entre otras cosas, por la dificultad que entraña en ocasiones no encontrar apoyo por una perdida que no todos pueden considerar como traumática.

En las investigaciones recientes, encontramos una reacción más empática a una perdida cuando en la relación de amistad están implicadas dos mujeres. En efecto, se observa un mayor impacto emocional en las mujeres por su predisposición a la apertura emocional, más que en el caso de los hombres. Si bien tener buena red social está implicado en un mejor alivio del estrés y el malestar en ambos sexos por la liberación positiva de oxitocina, en mujeres se registran mayores conductas maternales y de cuidado por el efecto de dicha hormona.  Del mismo modo, tener amigos se relaciona con la reducción del riesgo de muerte hasta un 60 por cierto, en distintos estudios longitudinales, y ya con mismos efectos en ambos sexos.

De cualquier manera, pensar que las relaciones de amistad son perfectas y se mantienen imperecederas con el paso de los tiempos es una falacia moderna muy extendida. Las relaciones de amistad sufren altos y bajos como cualquier otra relación, debido también a la evolución distinta de las personas individuales que lo forman. Por ello, a veces una ruptura entre amigos se torna inevitable (e incluso necesaria) si el viraje de la relación torna a tintes tóxicos. También si se acumulan tensiones irresolubles, cuya sola presencia aumenta el malestar y se deja de considerar la relación como una prioridad. En todos estos casos, romper la relación o explicitar un descanso puede ser una solución factible. Hacerlo bien y eligiendo cuidadosamente los pasos puede ayudarte a dejar ir y procesar una situación difícil para todos

  1. Asumir tu parte de responsabilidad en el proceso de ruptura. Una ruptura no surge de la nada y viene precedida de una serie de circunstancias analizables y que afectan a ambas partes. Reconocer qué acciones propias (y ajenas) ha contribuido a la situación de distanciamiento ayudan a comprender la situación, aliviar el resentimiento acumulado y permite entender que separarse supone el mejor camino para el crecimiento personal y el aprovechamiento de nuevas oportunidades.
  2. Salir del juego de la culpa. Rumiar todos los malentendidos o acrecentar el resentimiento haciendo un exhaustivo listado de las faltas del otro inhiben la capacidad para avanzar. Todos tenemos unos recursos limitados y reconocer nuestras debilidades propias propicia un aprendizaje continuo y mejora nuestra capacidad para hacer nuevos amigos.
  3. Sentir la pérdida. Permítete estar triste durante un tiempo. Perder a un amigo es una experiencia dolorosa. No es fácil y puedes sentirte solo y triste. Lo importante es encontrar una manera de expresar tus sentimientos. Puedes dejarte ayudar por otras personas, llorar y dejarte cuidar, o bien escribir a esa persona que ya no está. Escribir cartas permite despedirse de la otra persona y decir todas las cosas que se quiso y no se pudo. Aunque sea para ti y en tu más absoluta privacidad.
  4. Haz un alto y celebra tus fortalezas. Las rupturas de amistad a menudo provocan un cóctel de emociones que incluyen una intensa culpabilidad, sentimientos de fracaso y grandes dosis de rechazo…coctel con grandes efectos para la autoestima y el amor propio. Darse cuenta de todo lo conseguido y agradecer los vínculos que uno tiene y ha tenido permite tomar perspectiva y acceder a los recursos beneficiosos que todavía tienes.
  5. Ordena tus pensamientos. ¿Puedes sacar dos lecciones de por qué estáis mejor separados que juntos y mal avenidos?. En vez de abrumarse con lo que se hizo mal, ser conciso y extraer aprendizajes de la situación permite mejorar para una futura ocasión.
  6. Adopta la “Estrategia Sueca”. El termino hace referencia a mantenerse neutral. A veces, romper la amistad no significa que no vayas a ver a la persona más, pues todavía podéis trabajar juntos o compartir amigos conjuntos. Mantener unos límites claros e intentar que los amigos cercanos de los dos no tomen partido ayuda a mantener una convivencia y te permite sentir un mayor autocontrol en la situación. Si necesitas ventilar, acuérdate de desahogarte fuera del grupo de amigos.
  7. Vive mejor tu vida y cuida tu red social. Este tipo de situaciones consumen mucha energía y puede hacernos aislarnos y no querer relacionarnos. Toma la iniciativa y llama a tus amigos familiares. Esta es una etapa que nos deja especialmente tocados, por lo que sentirnos valiosos y recibir cariño de los demás es algo fundamental para superar el trance. Si además dedicas un tiempo para nuevas experiencias, hacer nuevos propósitos…te permitirá tener sensación de avance y reciclar tus malos sentimientos.

Romper una amistad nunca es fácil y cuanto más cercanos nos sintamos a ella más difícil es. Pero a veces romperla es la mejor decisión que hemos podido tomar. Te deja más espacio para otras personas más saludables y más satisfactorias. Y nos recuerda el don de la amistad, “de toda amistad sacamos algo, y si lo hacemos bien, nos permite ser un mejor amigo y tomar mejores decisiones en el futuro”.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: Psychcentral.

¿Qué sucede en la adolescencia?

¿Por qué muchos adultos sienten rechazo hacia los adolescentes? Si entramos en internet, cuando introducimos las palabras “los adolescentes son”, Google nos sugiere términos como “estúpidos, conflictivos o que son lo peor”. Es cierto que puede ser difícil educar a un adolescente, pero en lugar de demonizarlos vamos a tratar de dar un paso atrás e intentar entender qué está pasando. Como psicólogos, cuando trabajamos con adolescentes en un contexto de terapia, descubrimos quiénes son esas personas. Si nos damos la oportunidad de entender y considerar todo lo que ocurre dentro de un adolescente, como los cambios fisiológicos y sociales que deben enfrentar, creo que podríamos apreciarlos como personas y sorprendernos.

adolescentes
Foto extraída de Pinterest

Las hormonas en revolución: Los cambios hormonales son fundamentales en la pubertad y pueden tener un impacto enorme en su cerebro y en su estado de ánimo. Incluso, el adulto más equilibrado vería comprometida su preciada estabilidad emocional si experimenta un aporte hormonal tan importante (por ejemplo, cuando un adulto se somete a un tratamiento de fertilidad puede explicar claramente cómo las hormonas le afectan a su estado de ánimo). Para los adolescentes, que también están haciendo frente a muchos otros cambios, este aluvión de hormonas puede ser muy impactante. Bajo estas circunstancias un poco de mal humor es comprensible.

Cerebro en desarrollo: Los estudios recientes demuestran que el cerebro adolescente aún está en construcción. El lóbulo frontal (la región del cerebro que se encarga de planificar y tomar decisiones) todavía no está completamente desarrollado mientras se atraviesa la adolescencia. Además, la dopamina, un neurotransmisor que tiene una importante participación en las vías de placer del cerebro, aumenta durante este período de desarrollo. Esta inmadurez del lóbulo frontal y el mayor impulso para experimentar el placer (resultante de los niveles más altos de dopamina) pueden explicar la impulsividad, la asunción de riesgos y la toma de decisiones de forma irracional que a menudo vemos en los adolescentes.

Cuerpos cambiantes: Durante la pubertad los cuerpos cambian rápidamente. Como resultado, los adolescentes son hiper-conscientes de su apariencia, especialmente en relación con sus compañeros. Una niña que desarrolla los pechos muy pronto o muy tarde, o un niño cuyo bigote no crece, puede sentirse avergonzado frente a sus compañeros. Más allá del impacto social, a los adolescentes les aparecerá pelo en lugares nuevos, sus voces sonarán diferentes, y empezarán a menstruar regularmente. Ya de por sí, estos cambios pueden abrumarles.

Cambios en el colegio: Dan el salto desde el colegio, con un maestro cercano, día estructurado, menos alumnos…, a un instituto, con varias clases y profesores con muchos más alumnos. Algunos adolescentes que están acostumbrados a hacerlo bien en un ambiente más estructurado, cercano y manejable, descubren que de repente su desempeño cae. Esta es una transición difícil que puede causar frustración e irritabilidad hasta que se adaptan. Además, durante este tiempo hay un aumento en la carga de trabajo escolar y exigencia en las asignaturas. Ese incremento en la dificultad, muchas veces también hace que los padres ya no puedan ayudar a sus hijos con el estudio. Esto puede llevar a que los adolescentes sientan que no tienen apoyo académico por parte de sus padres. También aparece una presión añadida, la nueva carga académica y el cambio de horarios dificulta el cuadrar las actividades extraescolares, muchas veces necesarias para que haya actividad física y desfogue. Todos estos factores dejan a los adolescentes pueden incrementar la fatiga y la ansiedad, lo cual dificulta el cumplimiento de sus responsabilidades.

Desarrollo emocional: Los adolescentes comienzan a confiar más en sus amigos y menos en sus padres. Si bien ésta es una parte normal e importante del desarrollo, muchos padres comienzan a sentirse rechazados o preocupados al respecto de la influencia que los amigos ejercen sobre sus hijos, lo que genera tensión dentro del hogar. Esta tensión puede facilitar el conflicto, lo que añade estrés a unos adolescentes que anhelan independencia y luchan por encontrar sus propia identidad e individualidad.

Es importante demostrar cierta compasión; los adolescentes pueden tener fama de malhumorados, insoportables y conflictivos, sin embargo, es importante recordar todos los cambios a los que se enfrentan para intentar no hacer un juicio rápido y concluir que “son lo peor”. Ser padres y madres de adolescentes no es para nada fácil. Si eres padre o madre de un adolescente, date un momento para respirar profundamente y recordar los cambios de los que hemos hablado. Intenta apoyarlos estableciendo límites claros, guiándolos en la planificación y toma de decisiones, sin olvidar proporcionarles siempre apoyo emocional. Trata de viajar en el tiempo y ponerte en su lugar, esto también puede serte útil cuando te enfrentas a sus vaivenes emocionales, facilitándote el trabajo de guiarles con seguridad a través de este, tan agotador y sorprendente, momento del desarrollo.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

3 enseñanzas de la psicología para que tus hijos aprendan economía

Muchas de las opciones que se nos presentan en la vida tienen resultados inciertos. La elección entre dos opciones a menudo implica un riesgo, como por ejemplo si tu hijo debe gastar el dinero que le regalaron en el cumpleaños en una bicicleta nueva o en una PlayStation. Cada elección se convierte en algo así como las dos caras de una misma moneda: hay un riesgo de perder algo (una renuncia) y una oportunidad de conseguir algo (una ganancia).

Foto extraída de abc.es
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Si vas a gastar el dinero de cumpleaños en una nueva bicicleta tendrás que renunciar a la última Play, pero ganarás el placer de pedalear en tu propia bicicleta. Si por el contrario optas por comprar la videoconsola, no podrás tener la bici, pero sí podrás echarte unas partidas en la Play. Como ves, ambas alternativas implican ganancias y pérdidas.

Este tipo de decisiones se ven afectadas por tres formas de pensar, que influyen en la forma en que se evalúan los resultados esperados de nuestras decisiones y, en consecuencia, las decisiones que tomamos.

1) Aversión a las pérdidas

Para tus hijos, como nos pasa a cualquier ser humano, perder algo les genera emociones más fuertes que ganar algo. De hecho, los estudios sobre la aversión que sentimos cuando perdemos o renunciamos a algo, señalan que el malestar que se experimenta ante la pérdida es dos veces más intenso que la felicidad que experimentamos cuando conseguimos algo. Por tanto, si tu hijo perdiera 5 euros se sentiría doblemente mal de lo feliz que estaría si se los encontrara.

Esto significa que si pierde 5 euros y los encuentra de nuevo al día siguiente, se sentirá tres veces más feliz (dos por eliminar el sentimiento de pérdida y uno por encontrarlo) de lo que se sintió al perderlos.

2) Disminución de sensibilidad

A la mayoría de la gente le encanta la tarta de chocolate. Pero cuando tienes tarta de chocolate para el postre, la primera cucharada de tarta te sabe mucho mejor que la quinta, y la quinta mejor que la sexta, y así sucesivamente.

Esto significa que la sensibilidad a las cosas se hace cada vez más pequeña. Si enciendo una luz tenue en la habitación oscura, mientras estás durmiendo, es posible que esto tenga un gran efecto. Sin embargo, esa misma intensidad de luz puede ser difícil de ver en una habitación luminosa durante el día.

De igual modo, si habitualmente le das a tus hijos una paga de 20 euros y vas y le le recortas 5 euros, lo sentirán más que si lo hicieras de una de 30, pero menos que si lo hicieras con una paga de 10. Y eso que la diferencia es la misma en los tres casos.

3) Punto de Referencia

Imagina que te bebes un refresco con hielo después de tomarte una sopa caliente, o después de un helado. Es posible que el refresco te parezca más frío después de la sopa que después del helado. Esto sucede porque la boca se acostumbra a un punto de referencia (el calor con la sopa y el frío con el helado) que determina la forma en que experimentas la siguiente cosa, como el refresco.

Cuando tu hijo piensa sobre dinero, también utiliza un punto de referencia, que suele ser lo que espera. Los resultados que son mejores que el punto de referencia se perciben como ganancias, mientras que los que son peores son percibidos como pérdidas. Así que si tu hijo está acostumbrado a que los Reyes le traigan 100 euros y este año sólo le dejan 50, puede que sienta que ha perdido algo. Pero si hubiera recibido 25 euros en el pasado, los 50 de este año le harán sentir que ha ganado.

Estos tres principios revolucionaron una ciencia llamada economía y la forma en que pensamos sobre el dinero. Más recientemente, ha surgido un nuevo tipo de economía, aquella que contempla la psicología. Este nuevo campo se llama economía del comportamiento. La comprensión de sus ideas pueden ayudar a todos, incluido a ti y a tus hijos a tomar mejores decisiones. Y sobre todo, a comprender cómo la toma de decisiones, tanto tuya como la que llevan a cabo tus hijos, no siempre es tan racional como creías. Puedes probar a transmitirles esto a tus hijos con el objetivo de que aprendan a mirar con perspectiva y a entender porqué se sienten así.

Fuente: Psychology Today

Escrito por María Rueda

 

 

¿Cómo regula sus emociones una persona con alexitimia?

¿Conoces la palabra alexitimia? Tiene que ver con la incapacidad de entender las emociones ¿Qué ocurre cuando sufres de alexitimia? ¿Cómo es vivir con este rasgo muy acentuado?

La alexitimia es un rasgo de personalidad que se caracteriza por una dificultad en la regulación e identificación emocional. Además, las personas con un nivel alto de alexitimia, tienen problemas a la hora de describir y por supuesto comunicar sentimientos. Todas estas dificultades hacen que en este tipo de personas, las sensaciones del cuerpo relacionadas con las emociones se puedan confundir con afectaciones físicas como tal.

extraida de www.gestionemocional.com
extraida de www.gestionemocional.com

Conociendo en qué consiste la alexitimia podremos comprender que cuando se sufre este problema es más fácil padecer otras afectaciones psicológicas; abuso de sustancias, somatizaciones, ansiedad o depresión. Por supuesto las personas con alexitimia tendrán una sensación de satisfacción con la vida peor que las personas que identifican adecuadamente sus emociones.

En un estudio de la Universidad de Groningen se trató de conocer un poco más cómo funcionan las personas que tienen alexitimia, puesto que es un factor importante a la hora de ver afectado el bienestar psicológico. A través del estudio de las personas con un grado alto de alexitimia podemos acercarnos a conocer en sí mismo cómo cualquiera de nosotros procesa las emociones. Este estudio buscaba identificar en qué punto las personas con alexitimia se pierden a la hora de conocer las emociones.

En primer lugar, lo que observaron es que las personas que tienen alto este rasgo tienen muchos problemas en su propia regulación emocional, no sólo en el reconocimiento de las emociones. Las estrategias que una persona con alexitimia pondrá en marcha para regular sus emociones son algo dañinas. Especialmente, se dieron cuenta de que la primera estrategia era la supresión emocional, conocida como una gran causante de malestar psicológico. No sólo esto, sino que también tendrán menos capacidad de re-evaluar las emociones, de forma que finalmente se disminuye la posibilidad de regularlas.

Cuando se fijaron en la capacidad interpersonal, las personas con alexitimia también tienen dificultades en este aspecto. Se puede ver que la capacidad de empatía es muy baja, lo cual es bastante coherente, puesto que también es muy difícil para estas personas detectar las señales emocionales de los otros, especialmente las que no duran mucho en el tiempo, o las que son sutiles.

Con estos resultados, se puede comprender que las personas que tienen una alta alexitimia tendrán bastante sufrimiento psicológico, tal y como dijimos antes. Pero en este mismo estudio sí lograron encontrar formas para mejorar su calidad de vida. De todas las dificultades con las emociones que tiene una persona con alexitimia, hay una, que tradicionalmente se pensaba que estaría claramente afectada que en realidad no lo está.

Precisamente, el origen de esta palabra se divide en tres partes; “a” falta de, “lexis” palabra y “thimos” emoción, es decir, que el significado literal de la alexitimia será una falta de palabra para las emociones.  Justamente, lo que descubrieron en esta investigación es que las personas con alexitimia no tienen problemas para comprender el componente verbal de las emociones, sino todos los anteriores, más relacionados con la autopercepción y la percepción emocional de los otros.

Este conocimiento es especialmente valioso, ya que nos abre una grieta a través de la que trabajar cuando una persona está sufriendo este problema. Precisamente, por ejemplo, la “terapia focalizada en las emociones” de L.Greenberg será una herramienta muy valiosa para estas personas. En esta terapia, precisamente a través del componente verbal emocional, se aprende a detectar qué sensaciones produce cada una de las emociones para que se conviertan en una guía para nuestro comportamiento.

La alexitimia se puede medir en cada uno de nosotros (Aquí puedes hacer un test para saber cuál es tu grado de alexitimia, en inglés es más completo que en español), y no siempre es patológico, pero seguramente un alto grado de ello nos producirá grandes daños psicológicos. Un mayor conocimiento de este problema nos puede orientar cuando una persona tiene estas dificultades en el manejo de las emociones, por supuesto, ayudando a su bienestar y a una mejor calidad de vida.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fuente Plos One

ResearchBlogging.org
Swart, M., Kortekaas, R., & Aleman, A. (2009). Dealing with Feelings: Characterization of Trait Alexithymia on Emotion Regulation Strategies and Cognitive-Emotional Processing PLoS ONE, 4 (6) DOI: 10.1371/journal.pone.0005751