¿Cómo cambia Internet la forma en que establecemos citas románticas?

Extraída de https://studybreaks.com
Extraída de https://studybreaks.com

Cuántas horas pasas delante de un ordenador? ¿Y ojeando las redes sociales?. Sí, la cantidad de horas que pasamos con las nuevas tecnologías han aumentado exponencialmente en la última década y podemos decir que hay pocos contextos cotidianos donde los móviles o cualquier otro dispositivo con pantalla no esté presente. Hemos convertido las nuevas tecnologías en un hábito, y muchos de nuestros comportamientos están cambiando, incluyendo la forma en la que establecemos relaciones con los otros. Y por lo que parece, la forma en la que conocemos a otras personas e iniciamos una relación sentimental también, con consecuencias claras en la calidad y satisfacción en las relaciones. Pero, ¿de qué modo se está produciendo estos cambios?

A día de hoy abundan las páginas y aplicaciones que te conectan con otras personas con la rapidez de un click, ya sea para tener una cita o hacer alguna actividad juntos. Lo primero que llama la atención es no sólo la rapidez sino la cantidad de tiempo que pasamos pegados a una pantalla, disminuyendo el tiempo que pasamos realizando (otras) actividades con los demás, dificultando en muchas ocasiones la conexión de las personas en un contexto natural y cotidiano, afectando directamente a la cantidad, fluidez y calidez de las relaciones que establecemos. Esto hace que echemos mano de las redes incluso cuando estamos con ellas, perdiendo posibilidades de aprendizaje para comunicarnos mejor.

En esos contextos es muy frecuente que se dé una ilusión de abundancia, donde surge la falsa creencia de que todas esas personas que vemos en la aplicación están disponibles para nosotros, o son opciones disponibles. La realidad es que tal vez no estarían más interesadas en nosotros que si las conociéramos en una discoteca o en un concierto. Sin embargo, por esa idea de abundancia, las expectativas son muy altas (y la insatisfacción  por si no se cumplen todavía más) y si la persona que conocemos en una primera cita no las cumple, es bastante probable que no volvamos a repetir con ella.  A este patrón lo denominamos fast-food (de consumo), donde tendemos a comportarnos como agentes pasivos, buscando que la persona cumpla o no una serie de requisitos deseados personales, y si no los cumple, lo desechamos. Se quita importancia al hecho de convertirnos en colaboradores activos en la cita (compartiendo nuestros propios intereses, experiencias y estados internos) que realmente hacen más ricas las hace más ricas en detalles y te permite saber si la persona que está enfrente tuya es realmente una potencial pareja romántica.

Por otro, se da la paradoja de que estamos más conectados con otras personas por internet que nunca y a la vez haya muchas más personas con dificultades para crear intimidad y estén menos dispuestos a hacer un esfuerzo para crearla. De esta manera, la interacción es probable que sea mucho más impersonal, y pasemos de una relación a otra y dejándonos con la sensación de no poder vincularnos con los demás.

Ante este escenario, se hace necesario tener en cuenta algunas consideraciones previas para sobrevivir a la búsqueda del amor por internet sin desistir en el intento:

  1. Conoce tu propio valor. Define bien quién eres , lo que aportas a los otros y lo que quieres en una relación. Que el comportamiento de los demás no te haga creer que tienes menos valor por que te hayan desechado en alguna cita y busca aquellas personas y citas donde se prioricen valores, intereses y personas afines a ti y con cierto grado de compromiso.
  2. Conoce bien tus metas personales. Tener bien claro tus objetivos y lo que esperas en tu vida te ayudará a priorizar los contactos y las personas que te interesan y tomar mejores decisiones acerca de del tiempo que queremos pasar con ellas. Tanto si quieres una relación sentimental o encuentros esporádicos, te permitirá ir seleccionando lo que hacer y la manera de vivir estas primeras citas.
  3. Confía un poco más en tu intuición. La intuición tiene menos de espontáneo de lo que podría parecernos y es importante fijarnos en el trascurso de las primeras citas para saber si la persona que estamos conociendo posee el mismo sistema de valores que tú. Si empezamos a ver comportamientos diferentes a ellos, sonará la alarma y el comportamiento del otro nos chirriará cada vez más, determinando la continuidad de las citas en el tiempo.
  4. Adopta un papel activo. Pasa un tiempo aprendiendo del otro, si lo que hace te gusta, si te sientes atraído por su físico y por lo que dice, si hay gustos afines y te sientes a gusto compartiendo intimidades, tanto tus deseos como aquello que te da miedo. Es importante que te tengas consideración y que veas cómo te sientes en cada una de las situaciones, y se realmente eso te llena y te anima a repetir en una nueva cita. Pero eso solo se sabe si estás atento a lo que te dicen, que compartes lo que te gusta y lo que no. Ahí es cuando los flechazos ocurren, y es entonces cuando el amor funciona: profundizando.

Que la rapidez de las redes sociales no determine la forma en la que vas conociendo a los demás. Intenta seguir tu ritmo y darte tu tiempo para tomar tus propias decisiones (tanto si es para continuar como para decir un no). La tendencia en los nuevos tiempos con internet es el picoteo y pasar de una historia a otra, y si eso no es lo que más te interesa, baja el ritmo y ve despacio. No te garantizará siempre un final feliz, pero si un final feliz hasta encontrar algo verdaderamente interesante para que merezca ser tu pareja romántica.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology Today.

Dolores de cabeza y cómo la psicología puede ayudar

Puede ser punzante y hay gente que lo percibe como algo clavado dentro del cráneo. Se puede sentir sólo en un lado de la cabeza o en ambos, ser como una sensación palpitante en toda la cabeza, puede que haga que nos tengamos que encerrar en un lugar oscuro o que no se puedan aguantar los ruidos. Hay personas que no sufren en toda su vida y otras que los padecen con frecuencias terribles. Lo que entendemos como dolor de cabeza, sin embargo, en muchas ocasiones se refiere a multitud de condiciones. Para clasificar los dolores de cabeza, existen 3 grandes grupos, con 13 subgrupos en los que podemos clasificar una gran cantidad de tipos de dolor de cabeza. Los más conocidos son las migrañas y las cefaleas tensionales. Para un adecuado tratamiento del dolor de cabeza, el profesional adecuado es el neurólogo, sin embargo, desde la psicología también hay que tener esta condición en cuenta.

Para empezar, el porcentaje de población que sufrirá en algún momento de su vida dolor de cabeza es muy elevado. Además, se ha podido comprobar que el dolor de cabeza afecta de forma significativa al estado tanto psicológico y neuropsicológico de una persona. No sólo esto, sino que algunas condiciones psicológicas pueden dar lugar al desarrollo de dolores de cabeza en una persona.

extraída de www.independent.ie
extraída de www.independent.ie

Relación entre dolor de cabeza y estado psicológico

Es conocido que existe una comorbilidad entre los dolores de cabeza y trastornos relacionados con la ansiedad y el bajo estado de ánimo. El orden de esta relación no está demasiado claro, pero intentando centrarnos en los factores psicológicos que influyen, un  artículo científico describe detenidamente cómo puede darse esta relación a nivel cerebral. En este estudio se muestra que un circuito cerebral muy implicado en el dolor de cabeza en muchas ocasiones se puede activar a través de la amígdala, estructura que se ve afectada por los componentes emocionales. Además, es una estructura crítica para la regulación del dolor a través de mecanismos cognitivos y emocionales.

Características psicológicas positivas y dolor de cabeza

En un sentido positivo, es decir, para mejorar nuestra capacidad de regular el dolor de cabeza, también hay variables psicológicas implicadas. Sobre esto, encontramos características como son el locus de control y la autoeficacia. El locus de control interno, en psicología significa la tendencia a atribuir que está en nosotros la posibilidad de un manejo variedad de situaciones. De esta forma, si tenemos un locus de control interno sobre nuestro dolor de cabeza, se asocia con un mejor alcance del tratamiento del dolor, al tiempo que lo hace menos incapacitante.

Por su parte, la autoeficacia, que se refiere a la sensación de capacidad para lograr lo que deseamos, cuando se relaciona con los dolores de cabeza, al igual que el locus de control, se relaciona con un mejor alcance del tratamiento, pero además, cuando se observan cambios en la sensación de autoeficacia, ésta se relaciona con una menor frecuencia de dolores de cabeza.

Afecto negativo y dolor de cabeza

En un sentido negativo, hay tres tipos de afectos que se conoce que tienen una influencia sobre el dolor de cabeza. La ansiedad, la depresión y la ira.

Un aumento de la ansiedad en las personas que sufren de dolor de cabeza dan lugar a una mayor intensidad del dolor, mientras que una reducción de la ansiedad da lugar a una menor frecuencia de dolores.

La depresión, puede afectar también al manejo del dolor. Un bajo estado de ánimo puede dar lugar a un aumento de la severidad del dolor, y predice una peor respuesta al tratamiento.

La ira, por su parte, se relaciona de un modo algo especial con los dolores de cabeza. En la expresión emocional del enfado, podemos tomar dos vías, con sus respectivas consecuencias. Por una parte, podemos expresarla hacia fuera, gritando, dando algún golpe o mediante el sarcasmo. Esta forma de expresión, puede tener la consecuencia de una mala imagen social. En el otro extremo, podemos internalizar la ira, sintiendo la activación interna (calor, tensión física,…) pero sin mostrarla a través de la acción.

De estas dos formas de expresión, las personas que sufren de dolores de cabeza tienen una mayor tendencia a internalizar la ira, y esta forma de afrontamiento da lugar a un aumento de la intensidad del dolor. Sin embargo, en el caso de externalizar la ira, también implica una mayor sensibilidad al dolor, así como lo hace más inhabilitante. Por tanto, tanto mucha expresión del enfado como muy poca puede relacionarse de forma negativa con el dolor de cabeza.

Desarrollo de dolor de cabeza por eventos psicológicos

Aunque desconozcamos en gran parte como el estado psicológico afecta al desarrollo de dolores de cabeza, sí se conoce, por ejemplo, que la exposición a eventos traumáticos como desastres naturales puede dar lugar a este aumento de dolor de cabeza. Se midieron síntomas de estrés post-traumático y de dolor de cabeza o migrañas antes y después de haber pasado el huracán Katrina a una muestra de personas. Se encontró que aquellas que desarrollaron síntomas de estrés post-traumático tenían el doble de posibilidades de desarrollar también dolores de cabeza.

Dolor de cabeza y rendimiento neuropsicológico

La migraña, por su parte, también afecta a nuestra capacidad cognitiva. En otro estudio se encontró que las personas que padecen migrañas tienen peor rendimiento en una evaluación de su capacidad cognitiva, especialmente en la capacidad lingüística, la memoria, las funciones ejecutivas, el cálculo y la orientación. Además, cuanto mayor era la frecuencia de dolores, peor el rendimiento cognitivo.

Conociendo todo lo anterior, no ha de ser sorprendente que la terapia psicológica tenga una influencia positiva sobre la vivencia de dolor de cabeza. Concretamente, lo que se ha podido concluir es que la terapia cognitivo conductual puede ser beneficiosa para la reducción de dolores de cabeza, intensidad y frecuencia de los mismos en una parte importante de los estudios realizados. Aunque aún no se pueden concluir plenamente los beneficios, necesitando aún más estudios que lo confirmen, sí parece que la terapia cognitivo conductual puede tener beneficios para las personas con dolores de cabeza.

Fuentes: sagepub.com, springer.com, http://psycnet.apa.org

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Recuerdos Implantados: Falsos Recuerdos

Imagen extraída de https://es.paperblog.com
Imagen extraída de https://es.paperblog.com

La memoria, una de nuestras funciones cognitivas superiores principales, ha sido ampliamente estudiada a lo largo de la historia de la psicología y neurología/neuropsicología (es por eso por lo que existen multitud de teorías explicativas al respecto).

En cuanto a las funciones que cumple podríamos resumir que la memoria es el proceso que reorganiza parte de la información que recibimos a diario. En dicho proceso se han propuesto varias fases:

  • La adquisición correspondería a las nuevas conexiones neuronales que se forman.
  • La consolidación sería la fuerza que toman esas conexiones y su estabilidad (tras un repaso o trabajo intencionado con el material a consolidar).
  • Se entiende por evocación la recuperación de la información del “almacén” mnésico.

Es frecuente que nuestra memoria experimente fallos en nuestro día a día, un ejemplo de ello serían los olvidos cotidianos. En otras ocasiones, sobre todo al final de la vida, también tienen lugar graves patologías en las que el principal deterioro ocurre en la función mnésica; las más frecuentes las demencias tipo Alzheimer o Parkinson.

Sin embargo, en este post queremos hacer hincapié en el fenómeno de los falsos recuerdos o memorias falsas. Un recuerdo falso es “la existencia” de un recuerdo de un evento que no ocurrió o una distorsión de la información que tenemos almacenada de un evento que ocurrió (según se puede saber por hechos corroborables externamente).

La existencia de este fenómeno fue estudiada mediante la Tarea de Roediger y McDermott: se presentaba una lista con un montón de palabras relacionadas con otra que no aparecía en dicha lista, o palabra crítica. La mayoría de las personas “recuerdan” dicha palabra crítica ya que nuestra memoria posee ciertas relaciones asociativas entre conceptos, y al aparecer todos los demás conceptos de la lista relacionados, en aquel caso con la palabra “ventana”, los sujetos tendían a activar otros conceptos cada vez menos asociados con dicha palabra hasta el punto de que se llega a recordar una palabra que no aparecía en la lista.

El fenómeno del falso recuerdo por tanto es explicado porque nuestra memoria intenta darle un sentido, en este caso a un material del todo inconexo como puede ser una lista de palabras aleatorias, y relaciona unos ítems con otros ya sea a la hora de almacenarlos o bien en el momento de la recuperación de dicho recuerdo.

En unas conferencias impartidas en el Comité de Investigación Científica de Nashville la reputada psicóloga forense Elizabeth Loftus al comenzar su charla sobre cómo se pueden implantar los recuerdos falsos expuso lo siguiente: “Me interesan las creencias que tenemos sobre nosotros mismos, que pueden ser verdaderas o falsas. En algún momento, estas creencias comienzan a parecer y convertirse en recuerdos. Si las creencias son falsas, entonces los recuerdos son falsos”.

Esto demuestra que nuestros recuerdos de los hechos no son tal como éstos se dan objetivamente; además, construimos la realidad tal y como la interpretamos, no tal y como ha sido en la vida real. La memoria es constructiva, le conferimos un sentido. Cuando tenemos que dar testimonio sobre algo que hemos visto que ha sucedido podemos dar detalles que encajan con el esquema que tenemos de dicho acontecimiento pero que en verdad no aparecían en la realidad.

RECUERDOS IMPLANTADOS

El síndrome del falso recuerdo (FMS, False memory syndrome) es un concepto creado por la doctora Elizabeth Loftus que describe una condición en la que la identidad y relaciones de una persona son afectadas por recuerdos que son factualmente incorrectos pero que la persona cree fuertemente.

Dicho síndrome no ha sido validado por la comunidad científica internacional como un trastorno (no aparece ni en CIE-10 ni en DSM-5, principales manuales psicodiagnósticos, por ejemplo); sin embargo, refleja las fallas que puede sufrir el proceso tan complejo de la memoria.

La controversia sobre el Síndrome de Falso Recuerdo o Falsa Memoria apareció mayoritariamente en relación al tema del abuso sexual infantil. Fue utilizado principalmente en los juzgados en casos en los cuales las supuestas víctimas experimentarían disociación, lo cual causaría represión del recuerdo traumático hasta otra etapa de la vida, cuando el recuerdo vuelve a la superficie bien sea naturalmente o con la ayuda de un profesional. Muchos defensores del FMS critican ambos métodos de recobro de recuerdos, argumentando que los terapeutas y los psiquiatras accidentalmente implantaron dichos recuerdos falsos con técnicas como la hipnosis, el rebirthing y la “terapia de recuperación de la memoria” entre otras.

Loftus sostiene que es posible inducir y crear falsos recuerdos por diversos procedimientos ya que las personas forman sus recuerdos con la información que retienen de su pasado, sus conocimientos generales y demandas sociales, mediante técnicas como las anteriormente mencionadas. Según esta autora, estas técnicas pueden llevar a hacer creer a un individuo que fantasías y hechos que nunca ocurrieron son reales. Sugiere que algunos recuerdos falsos se forman a través del “ensayo” o repeticiones de un evento: después de pensar repetidamente y visualizar un evento una persona puede comenzar a “recordar” éste como si hubiera pasado en la realidad. Después de una entrevista tal persona podría asegurar haber recordado el evento cuando en realidad eran solo “visualizaciones previas” que le parecían familiares. El ensayo es el mecanismo más fuerte para hacer de la memoria a corto plazo en memoria a largo plazo. El ensayo de información incorrecta lleva a la formación de memoria de largo plazo incorrecta. Esto se aplica a ambos tipos de recuerdos: el real y el implantado.

Por otra parte,  ¿se manipularon realmente los recuerdos o las personas simplemente intentaron que sus respuestas fueran consistentes con las preguntas de los entrevistadores? Si la autoridad hizo preguntas sesgadas también es probable que la persona ignorara parte de lo que realmente recordaba y adoptara la imagen “correcta” del interrogador.

LAS RUEDAS DE RECONOCIMIENTO: CUANDO LA MENTE HUMANA HA JUGADO MALAS PASADAS

Más allá de la “inoculación de recuerdos” que puede en ocasiones ha podido conseguirse mediante las técnicas ya comentadas también se ha comprobado que existen otra multitud de factores que hacen que evoquemos correctamente o no recuerdos de sucesos verídicos (que en algún momento vivenciamos y registramos en nuestra memoria). Y es que describir con precisión una escena no implica necesariamente reconocer con precisión posteriormente dicha misma escena o los agentes que aparecían en ella.

Los factores que influyen en la información que poseemos para dar un testimonio son: las características del momento en que codificamos la información de la situación, la retención según el tiempo pasado desde el acontecimiento y el tipo de preguntas que se llevan a cabo en la declaración.

– En la codificación influyen aspectos como la iluminación, distancia del sujeto al lugar de los hechos, tiempo de exposición, estrés y estar bajo el efecto de drogas o alcohol.
– En cuanto a la retención: a mayor demora entre el suceso y la situación de reconocimiento menor será éste y mayor facilidad para aportar información errónea. Es decir, más probable que datos no existentes o erróneos se hayan integrado en nuestra memoria, aunque no fue lo que percibimos originalmente. Frente a eso si el recuerdo se recupera poco después de la información nueva recibida hay más probabilidades de darnos cuenta de que ésta no es cierta.

– Respecto al tipo de preguntas: según las preguntas que nos realicen las autoridades nuestro testimonio variará. Existen preguntas abiertas que recuperan información exacta pero poco detallada, y preguntas cerradas, las cuales son muy peligrosas ya que pueden inducir información errónea que se incorpora al recuerdo, por lo tanto, sesgarán la declaración.

CÓMO EVITAR LA RECOPILACIÓN DE DATOS FALSOS EN LOS PROCESOS JUDICIALES

La entrevista policial típica normalmente estaba plagada de interrupciones constantes, abuso del formato pregunta-respuesta, exceso de preguntas directas y secuencia de preguntas inadecuadas que pueden romper el hilo del testimonio de la persona porque se van saltando de unos temas a otros (muchas veces sin ninguna relación entre ellos). Ésta se ha mostrado inadecuada a la hora de obtener información sobre los hechos, además de que los policías se quejan de que no obtienen suficiente información.

Frente a ello, y en pos de alcanzar la vericidad de los datos en procesos de declaración, en el año 1984 Ed Geiselman (Universidad de California en L.A.) y Ron Fisher (Florida International University) van a crear la entrevista cognitiva para incrementar la cantidad y la calidad de la información que los testigos y las víctimas proporcionan durante la entrevista policial. No se utiliza tanto con sospechosos, sino más bien con testigos, ya que para realizar una entrevista cognitiva la persona tiene que estar dispuesta a colaborar y maximizar el recuerdo, y no tanto que la persona admita haber realizado ciertos actos.

Las máximas de la entrevista cognitiva son que el testigo lo relate absolutamente todo, intentando reinstaurar el contexto donde ocurrieron los hechos, desde diferentes perspectivas e intentando recordar en órdenes distintos la historia (para poder conseguir el máximo de detalles posibles). A ello se le suman que el entrevistador disponga de una serie de habilidades sociales y comunicativas determinadas como que sea capaz de establecer un buen rapport o clima de confianza, estrategias para facilitar el recuerdo sin inducción de falsos detalles y evitar las preguntas cerradas.

A modo de conclusión, en una rueda de reconocimiento o entrevistas a testigos se habrán de aplicar los mismos controles que al hacer un experimento:

  • Instrucciones no sesgadas.
  • Estímulos contextuales adecuados.
  • Procurar no filtrar la hipótesis que tiene el investigador.
  • Evitar sesgo confirmatorio (confirmar lo que de antemano el investigador cree que sucedió).

BIBLIOGRAFÍA

Carlson, N. R., & Clark, D. P. (2014). Fisiología de la conducta. Pearson Educación.

Psychology Today

Escrito por Maite Nieto Parejo

La Teoría del Tiempo de Pantalla, o cómo las pantallas están matando el bienestar de los niños y adolescentes.

Extraída de https://www.redbubble.com
Extraída de https://www.redbubble.com

Estamos en una época de grandes contradicciones. Tenemos a nuestro alcance multitud de distracciones, recursos y actividades de ocio, pero esto no necesariamente se está traduciendo en mayores niveles de bienestar y calidad de vida de las personas. La satisfacción y la sensación de bienestar se relaciona con el tiempo de calidad que invertimos en actividades que nos lo provocan, como el deporte, la socialización con nuestros vínculos más cercanos, actividades fuera de casa o actividades individuales como leer un libro o ver una buena película/serie. Esto se está viendo en los hábitos de la población, y más concretamente, en los hábitos de los adolescentes y niños, cuyos niveles han bajado en los últimos años y los niveles de ansiedad y depresión han aumentado, coincidiendo con un aumento exponencial de las horas que concurren enfrente de una pantalla (de ordenador, de los móviles (smartphones), televisión, tablets y similiares).  Así, se calcula que el 69% de los adultos y el 78 % de los adolescentes miran al menos una vez cada hora su teléfono móvil, resultando verdaderas máquinas tragaperras en miniaturas para la mayoría de las personas, cuyo desbloqueo de pantalla  supone por apostar por una recompensa en forma de notificación y/o  contacto en red social, y con la consecuencia de volvernos cada vez más tolerantes a su uso, con necesidad de uso cada vez mayor. Consecuencias que han hecho a muchos investigadores preguntarse el impacto real que tiene para la salud psicológica de los menores, y si esto puede correlacionarse directamente con estas disminuciones en autoestima, satisfacción y calidad en sus hábitos y relaciones. A este tipo de investigaciones se les ha apodado “Screen time”, por el que tiempo que pasamos enfrente de una pantalla

Una serie de investigaciones lideradas por Jean Twenge y sus colaboradores han explorado los hábitos de bienestar y estilos de vida en jóvenes  desde la década de los 60 hasta la actualidad (concretamente, en niños en cursos entre octavo y décimo grado – equivalente a los cursos de segundo y cuarto de la ESO) y descubrieron que los mayores niveles de bienestar se daba en la década de los 2000, resultados que se extendían hasta los últimos años. Curiosamente, los niveles de bienestar empezaban a disminuir a partir del año 2012, año en el que comienzan a descender progresivamente cada año (y que coincide con la introducción de los smartphones en la población de manera masiva) y con tendencia a la baja hasta 2016, año en el que finaliza el estudio.

Los resultados se observan en todas las variables evaluadas: autoestima, satisfacción en la vida, niveles de felicidad y satisfacción en otros niveles individuales como estudios, rendimiento en las tareas o calidad en las relaciones. No sólo eso. A partir de ese año, los niveles de ansiedad y depresión en esta población aumentan progresivamente. Interesados por las causas o variables que pudieran estar detrás de los resultados, se fijaron en el uso de las nuevas tecnologías y las horas que dedicaban a ellas, a la vez que evaluaban el nivel de satisfacción con otro tipo de actividades fuera de las actividades online. Se encontraba como efectivamente, a más horas de utilización, mayor eran los niveles de insatisfacción, con respecto a los jóvenes que restringían su uso a dos horas al día como máximo. Esto a su vez iba junto a una disminución de las horas dedicadas a hacer deporte, actividades al aire libre, actividades de socialización con los demás, utilización de otros medios de comunicación impresos (libros, periódicos…) e incluso con una disminución notable en la realización de las tareas estudiantiles y de la vida cotidiana.

Siguiendo esta misma línea de investigación, los mismos autores encontraron que la utilización de más de una hora de este tipo de dispositivos tenían efectos en el bienestar de los jóvenes (con edades comprendidas entre los 2 y los 17 años), con efectos significativos en niveles de ansiedad y depresión, menores niveles de curiosidad, menor calidad en las amistades, mayor  capacidad para la distracción, la estabilidad emocional y las horas que dedicaban a realizar las tareas. Los investigadores ponían como punto de corte una hora frente a la pantalla; a partir de ahí, las probabilidades eran mayores en las variables estudiadas, siendo el doble de probabilidades de tener algún problema psicológico cuando pasaban seis o siete horas.

Aunque los resultados de estas investigaciones deben interpretarse con precaución, puesto que no están diciendo que el tiempo enfrente de la pantalla crea insatisfacción, más bien que hay una asociación correlativa a tener en cuenta entre el tiempo que pasan los jóvenes y sus niveles de satisfacción generales. Un punto del que reflexionar padres, educadores y la sociedad en general, con suficientes iniciativas educativas para promover un uso responsable de las nuevas tecnologías, no sólo basado en instrucciones sino en la capacidad de incentivar la toma de decisiones en los adolescentes y niños para hacer más actividades fuera del contexto online y favorecer unos modelos adultos que hagan también un uso responsable de las mismas y que incentiven valores individuales como el autocontrol, la curiosidad y la creatividad.

Una reflexión para diversificar la vida y las actividades de todos y poder dedicar el tiempo adecuado a cada actividad, siendo la clave la conexión con nuestro entorno y no al revés.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Psychology Today, BPS Research Digest, Reader`s Digest Canada.

¿Nos beneficia pasar miedo?

Entre las paradojas de la naturaleza humana, hay una que en fechas como la pasada semana nos divide. La fiesta de Halloween consiste en acercarnos al miedo de forma divertida y segura, pero no todo el mundo es capaz de hacer esto del mismo modo. Hay algunas personas que tratan de evitar las situaciones desagradables, así como las emociones desagradables a toda costa, mientras que otros no dudan en buscar el modo de pasar miedo, incluso en muchas ocasiones invierten tiempo y esfuerzo en ello.

foto extraída de https://viajesyestilo.com/
foto extraída de https://viajesyestilo.com/

Ante esta diferencia, un grupo de investigadores de la universidad de Pittsburgh pusieron en marcha un experimento para conocer qué hace que las personas busquen estas experiencias de “pasar miedo”. Para ello, instalaron un laboratorio de EEG en una Casa del Terror y buscaron detalles de las personas que voluntariamente se prestaban para pasar por una experiencia como esa. Lo que encontraron es que después de una vivencia de miedo como esa, los participantes mostraban un mejor humor y mayor energía, acompañado de una reducción de la reactividad neuronal. Los autores del estudio interpretan estos resultados como que el paso por estas experiencias es una forma de “recalibrar” nuestras emociones. De algún modo, pasar por esto hace que los problemas cotidianos parezcan menores.

Lograron realizar medidas de 262 voluntarios para completar diferentes test psicológicos antes y después de la experiencia. De estos, además, en 80 participantes midieron el EEG también antes y después, así como su respuesta cerebral en el visionado de imágenes desagradables, eróticas o mientras los participantes se sumergían en preocupación.

En términos generales, los participantes reportaban un estado emocional más positivo después de la experiencia de la Casa del Terror. Especialmente, aquellos que antes de la experiencia estaban más estresados, cansados o aburridos, mostraron un mayor beneficio a nivel emocional, y tendían a valorar la experiencia como más intensa y escalofriante. Se observó también que había menos participantes que decían estar ansiosos después de la experiencia que antes, apoyando la idea de que es la anticipación emocional la que fomenta la ansiedad, y que la resolución de esta anticipación a través de la experiencia “horrorizante” proporciona alivio.

Se resalta también en el contexto de esta investigación que la experiencia de miedo que se da en ella es buscada deliberadamente (lo denominan como una Experiencia Voluntaria de Activación Emocional Negativa). Puede ser clave que los participantes que se sentían más felices antes de la experiencia terrorífica tenían más probabilidades de evaluarla como una experiencia desafiante que les había ayudado a aprender algo sobre ellos mismos, aunque fueron también los que señalaban la experiencia como más terrorífica, intensa y menos cómoda.

La interpretación de “recalibración” de las emociones se basa en el mismo efecto cuando se produce a nivel físico. Por ejemplo, si sientes frío en tu casa y sales a la calle sin abrigo y está nevando, al volver a entrar en tu casa lo percibirás al menos momentáneamente como un ambiente cálido. Es de este mismo modo como funcionan las experiencias que son un divertimento basado en el horror. Después de un episodio intenso y controlado de horror, la vuelta a la vida normal parece mucho más placentera.

El efecto de “recalibración” parece coincidir con lo que este grupo de investigación encontró en las lecturas de EEG. La actividad cerebral tras la vivencia de una experiencia terrorífica es similar a la que se puede observar tras la práctica de la meditación mindfullness. Esta actividad se sintoniza a la baja, como si se hubiera bajado el volumen de la misma. En algunas frecuencias cerebrales específicas, como la reactividad theta y gamma, observaron que era menor. Esto podría interpretarse como un menor procesamiento de los estresores ambientales.

Incluso, los participantes que decían sentirse mejor tras la experiencia, también mostraban menos ondas gamma cuando les pidieron que se centraran en sus preocupaciones, lo que en muchas ocasiones da lugar a un aumento del estrés. Este estudio es en por el momento puramente exploratorio, y sería necesario replicar estos resultados, con un mayor número de participantes y un mejor control de las posibles variables confusoras. Sin embargo, estos datos iniciales pueden tener ciertas implicaciones clínicas.

En un contexto de psicoterapia, hay algunas situaciones que se acercan a esta búsqueda voluntaria de ponerse en una situación que da miedo. Básicamente es en esto en lo que consiste la técnica de exposición a una fobia. Se busca una exposición en la que el miedo que está sintiendo la persona está apareciendo en un contexto controlado y por tanto puede dar lugar a una experiencia placentera y gratificante una vez superada. Además, si se confirma que estas experiencias dan lugar a un aumento de la energía, puede ser interesante que se apliquen situaciones similares en personas con bajos niveles de ésta.

Claramente somos muchos a los que nos gusta buscar experiencias que nos hacen pasar miedo, y sea esto algo extraño o no dependerá de cuanto más cerca estemos de darle una explicación.

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

Fuente: Christian Jarret, BPS Research Digest.

El juego libre como herramienta para el desarrollo cognitivo-social

Extraída de www.mimamadedia.com
Extraída de www.mimamadedia.com

“El juego es el instrumento que tienen los niños para interpretar la realidad, para entender cómo funciona la vida y para explicarlo todo, y si se pauta, codifica y vigila mucho, si les decimos qué han de hacer en cada momento, se les quitan herramientas para que luego puedan inventar respuestas con sus propios recursos a las situaciones vitales que se le presenten”, explica José Ramón Ubieto, profesor de Psicología de la UOC (Universitat Oberta de Catalunya).

El juego ha sido reconocido por el Alto Comisionado de las Naciones Unidas para los Derechos Humanos como un derecho de todos los niños debido a la importancia que se le atribuye en el desarrollo infantil. Más específicamente se habla del tiempo de juego libre y no estructurado, esencial para el bienestar cognitivo, físico, social y emocional de los niños y jóvenes.

¿CUÁLES SON LOS BENEFICIOS DEL JUEGO LIBRE?

Se necesita jugar para un desarrollo cerebral saludable. El 75% del cerebro se desarrolla después de que nace un bebé, en los años entre el nacimiento y los primeros 20 años. El juego infantil estimula el establecimiento de nuevas conexiones entre células nerviosas cerebrales; esto es lo que ayuda al niño a desarrollar habilidades motoras gruesas (caminar, correr, saltar, coordinación) y habilidades motoras finas (escritura, manipulación de herramientas pequeñas, trabajo detallado de las manos). Jugar durante la adolescencia y en la edad adulta ayuda al cerebro a desarrollar aún más dicha conectividad, especialmente en el lóbulo frontal, que es el centro para planificar y tomar buenas decisiones.

El juego de simulación estimula la imaginación y creatividad. Los estudios han demostrado que los niños que son animados a usar su imaginación son más creativos en su vida adulta. Y es que la creatividad no se limita a la expresión artística, también ayuda a las personas a encontrar formas innovadoras en la solución de problemas cotidianos.

Es la capacidad de “hacer creer” lo que puede llevar la mente de las personas a lugares donde nadie ha ido antes.

El juego desarrolla la función ejecutiva del cerebro. Con función ejecutiva nos referimos a las habilidades mentales que nos permiten administrar el tiempo y la atención, planificar y organizar, recordar detalles y decidir qué es y qué no es apropiado decir y hacer en una situación determinada . También participa en el aprendizaje del dominio de nuestras emociones y a usar experiencias pasadas para entender qué hacer en el presente y/o futuro. La función ejecutiva es fundamental para el desarrollo del autocontrol y la autodisciplina. Los niños que tienen una función ejecutiva bien desarrollada se desempeñan bien en la escuela, mantienen relaciones sociales sanas y toman buenas decisiones. En resumen, el juego le aporta al lóbulo frontal del cerebro, el centro de la función ejecutiva, el entrenamiento necesario para su desarrollo.

El juego desarrolla la “teoría de la mente” de un niño. La “Teoría de la mente” es la capacidad de “caminar en los zapatos de otro”, es decir, poder ponerse en la situación del prójimo. Mediante el juego libre los niños aprenden a descubrir qué pensarán y harán los diferentes personajes, es decir, requiere comprender los pensamientos y sentimientos de los compañeros de juego. Una teoría de la mente bien desarrollada aumenta la tolerancia y la empatía por los demás así como su capacidad para trabajar bien en equipo.

MENOS JUEGO LIBRE, MÁS DEPRESIÓN Y ANSIEDAD INFANTIL

Cuando los adultos no dejan explorar el entorno, brindan todas las ideas para el tiempo libre y establecen las reglas del juego, los niños  se ven privados de aprender importantes habilidades sociales con los iguales y de experimentar la satisfacción por el propio logro. Después de todo, si un niño quiere que otras personas jueguen con ellos tiene que aprender a aceptar las ideas de otros y cooperar con un objetivo grupal, lo que servirá de entrenamiento para alcanzar un pensamiento más flexible y una autorregulación emocional adecuada.

Cada vez son más los psicólogos, pediatras y pedagogos que manifiestan que el exceso de sobrecontrol en el juego por parte de los adultos tiene relación causal con el aumento de patologías psicológicas como la depresión y la ansiedad en la población infantojuvenil de las últimas décadas. Y es que cuando gestionamos cuándo, dónde y con quién han de compartir su ocio se les resta confianza; el niño se siente más inseguro, con menor capacidad de autogestión, resultando finalmente en una merma de autoestima. En resumen, todos ellos factores de riesgo para sufrir depresión.

Frente a una sobreprotección paterna es recomendable que los progenitores opten por proporcionar una guía suave sobre el comportamiento positivo y la resolución de problemas, si es necesario, a medida que se desarrolla el juego de simulación.

¿QUÉ PODEMOS HACER LOS ADULTOS PARA PROPICIAR EL DESARROLLO DE DICHAS HABILIDADES COGNITIVO-SOCIALES?

Fomenta el juego libre: sí, definitivamente es importante proporcionar a los niños experiencias que les enseñan nuevas habilidades y cómo trabajar en equipo. También para paliar el declive de las horas de juego que está teniendo lugar en los últimos tiempos. Todo ello sin que la experiencia de juego sea tan reglada externamente, es decir, sin la omnipresencia de los adultos.

Juega con tus hijos: dedicarle tiempo en el día a día a jugar con ellos mejora las relaciones familiares, promueve la comunicación y la cooperación. Así mismo dejar que ellos dirijan ese tiempo lúdico te ayudará a conocer mucho acerca de “su mundo”.

Promueve, en la medida de lo posible, salir del ámbito urbano: elige parques infantiles y zonas donde se pueda disfrutar de la naturaleza para que el niño explore, sea creativo a la hora de incorporar en el juego los recursos que tiene a mano y sea independiente para valorar de lo que es capaz. También así se le brinda la posibilidad de aburrirse o frustrarse, factores igualmente necesarios para el desarrollo saludable del niño.

Piensa antes de comprar: el juego libre “sale gratis”. El exceso de juguetes aniquila la capacidad de improvisación de los niños a la hora de transformar los objetos cotidianos en materiales de juego, y con ello su potencial creativo.

Escrito por: Maite Nieto

FUENTES: lavanguardia.com , PsychCentral.

Cómo la sobrecarga cognitiva afecta a nuestro cerebro

Extraída de elportaldelhombre.com
Extraída de elportaldelhombre.com

En la sociedad actual en la que vivimos, el consumo de cantidades ingentes de información está a la orden del día. Ya sea por las nuevas tecnologías, por los medios de comunicación, por nuestro rápido ritmo diario o por el constante martilleo de nuestras redes sociales, es fácil sentir un cansancio mental al final de la jornada por la desconexión tan tardía que hacemos de las pantallas (móviles u ordenadores) y que nos hacen sentir un estrés tecnológico desconocido hace sólo dos décadas. Y aunque muchas teorías hablan de los beneficios de un cerebro multitarea, la verdad es que los inconvenientes también se hacen patentes, tanto en la atención, la toma de decisiones o la sensación de estrés.

La Teoría de la Carga Cognitiva nos habla de la capacidad real que tiene nuestro cerebro a la hora de procesar información. La teoría defiende que nuestro cerebro tiene una capacidad limitada para procesar información, y a la vez, que no se ha establecido límite sobre cuánta información podemos procesar simultáneamente. Es decir, el cerebro humano puede procesar muchísima información pero hay que tener en cuenta su propia estructura para facilitar su procesamiento, sino la sobrecarga aparece y la entrada de información se imposibilita. Esta capacidad está íntimamente relacionada con la memoria de trabajo, donde las investigaciones han situado su amplitud en 7 ítems. Este límite está marcado sobre todo para información nueva, cuando la persona no posee aprendizajes previos, siendo exponencialmente mayor si la persona ya posee esquemas previos. Pero no nos engañemos, tanto por la cantidad de información que tenemos acceso como por la inmensa cantidad de canales que tenemos, la sobrecarga es fácil de conseguir y no basta solamente con limitar nuestro uso de redes sociales, correos o de pantallas encendidas.

De este modo, en los casos extremos nuestro cerebro se comporta como un cerebro con estrés crónico con graves consecuencias para el funcionamiento cerebral. En investigaciones recientes, se ha demostrado que experimentar estrés continuado afecta directamente a la efectividad y conectividad de nuestra función cognitiva, ya que se produce un menor número de neuronas (encargadas directamente de la memoria y aprendizaje) y un mayor número de oligodendrocitos (productoras de mielina, sustancia que recubre y aísla la neurona) que aumenta la cantidad de mielina afectando al intercambio de información y al tiempo de transmisión de información. Por otro, también afecta a la forma en la que se conecta diversas estructuras cerebrales. Así, aumenta la conexión entre la amígdala (encargada de la respuesta emocional ante estímulos que constituyen una amenaza) y el hipocampo, aumentando las respuestas de huida, y disminuyendo la conectividad entre hipocampo y corteza prefrontal, que modula la respuesta ante las amenazas. De este modo, cuando se produce una situación desagradable en un cerebro sobrecargado, su cerebro reacciona de una manera defensiva aumentando sus reacciones y costándole más tiempo volver a un estado de calma y tranquilidad por la menor respuesta de su corteza prefrontal.

Por otro, la sociedad nos está malacostumbrando a sobrecargarnos de información para cualquier tipo de decisiones cotidianas y sencillas, haciéndonos menos capaces para ella.  En la Teoría del Choque Futuro, Alvin Toffler habla del estrés y la desorientación que inducimos en los individuos cuando les sometemos a demasiada información en poco tiempo, ya sea por exceso de ésta o por que recibe información de demasiados canales. Estas dificultades se traducen directamente en un mayor tiempo en la toma de decisiones, al verse incapaces de procesar toda la información y entender verdaderamente los problemas a los que se enfrentan realmente. Por tanto, tomar grandes cantidades de información o asumir un perfil multitarea (donde acostumbras al cerebro a no enfocar la atención, sino a dividir la atención en diversas fuentes) sobreestimula el cerebro y lo aboca a una situación de sobre-exigencia donde se siente confundido. Investigaciones acordes a estos hallazgos han hallado que este tipo de perfiles (donde se recibe información de diversas fuentes a la vez) provoca un aumento de cortisol en sangre (la hormona relacionada con el estrés) y de adrenalina (relacionada con respuestas de ataque). De otro modo, la corteza prefrontal es secuestrada por múltiples distractores (Facebook, twitter, Instagram) que impiden el mantenimiento en la tarea y provocan una adicción a la nueva información sin que haya un verdadero procesamiento de ésta. El resultado es una toma de decisiones con una mayor tasa de errores, al tomarlas más por cuestiones inmediatas y por que la información importante se infiltra con lo trivial.

Así, se hace imprescindible adquirir una serie de hábitos que permiten hacer un uso responsable de todos esto canales y organizar la información para no experimentar dicha sobrecarga. Entre ellos:

  1. Desconecta regularmente. Sí, cada vez que hagas una tarea en el ordena descansa cada hora y apaga los datos cuando salgas del trabajo y las redes sociales (como el Whattsapp) a una hora del día (a las diez, por ejemplo) para facilitar una desconexión y reconectarte con tu vida.
  2. Establece límites y filtros. Toda la información no es importante por lo que es mejor bajar aplicaciones que administren tus redes para que tengas acceso a lo relevante, interesante e importante de cada día.
  3. Crea espacios libres de elementos virtuales y en los que haya, que sean claros, organizados y destaquen lo que quieres utilizar.
  4. Evita la parálisis del análisis, donde hay tantos elementos a procesar que sencillamente no se procesan. Cuando te sientas abrumado, deja la tarea un tiempo y ponte con ella horas más tarde. El cerebro conserva las estructuras de la información y se queda con lo más relevante, quitando esa sobrecarga innecesaria.
  5. Averigua lo que necesitas cuando quieres encontrar una solución y sé implacable con tus propios parámetros, sin que recurras a tantos canales y la información innecesaria o no relacionada con el problema déjala para otro momento.
  6. Asume el control. Zambúllete en tus redes sabiendo qué buscas, cuanto tiempo vas a estar o lo que quieres conseguir, estableciéndote limites y cerrando cuando el tiempo que decides pasar toca a su fin.

Los avances tecnológicos son una poderosa herramienta y es importante que los aprovechemos al máximo, sin que ellos nos expriman por el camino.

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuentes: Psych Central.

Mitos sobre la soledad

A través de una encuesta realizada por la BBC, con 55.000 personas respondiendo sobre la soledad a lo largo del mundo, se han encontrado algunos resultados sorprendentes, nada parecidos a lo que nos representamos que es la soledad típica. ¿Qué mitos nos representamos sobre la soledad?

mitos sobre la soledad

1. Las personas mayores se sienten más solas

Cuando tratamos de pensar en una imagen de la soledad, en términos abstractos, es fácil pensar en una persona mayor, en su casa, aislado y sin salir. En la encuesta realizada, sin embargo, se encontró que un 27% de las personas mayores de 75 años se sienten solas muy a menudo, mientras que entre las personas de 16 a 24 hay un 40% de ellos que se sienten solos muy a menudo. Es cierto que los resultados en esta encuesta son extraídos de personas que se autoseleccionan para realizarla, lo que sabemos que puede distorsionar los resultados, pero aún así, es llamativo que no sólo el porcentaje de personas que se sienten solas siento adolescentes o adultos jóvenes es el mayor, sino que si preguntamos por el momento de la vida en que alguien se sintió más sólo, es habitual que hagan referencia a esta edad.

Esto nos señala que no necesariamente es que actualmente nos encontremos más aislados, sino que es en esa edad cuando más probabilidades hay de sentirnos solos. En estas edades, se adquiere una nueva libertad, más control sobre nuestra propia vida, así como en muchas ocasiones nos enfrentamos a entornos menos seguros donde ya no están los amigos de toda la vida y buscamos encajar adecuadamente. Es posible que no lleguemos siempre a conseguirlo y esto dispare estos sentimientos de soledad.

2. La soledad es algo malo

En esta encuesta, se encuentra que un 41% de las personas preguntadas creen que la soledad puede ser algo positivo. Esto puede ser coherente con la idea de que los sentimientos de soledad, aunque muy desagradables, pueden ser útiles. Los seres humanos hemos sobrevivido en nuestro medio en grupos cooperativos. Si nos sentimos excluidos, estos sentimientos de soledad pueden derivar en la búsqueda de conexión con los otros de nuevo, encontrar nuevos amigos o reactivar antiguas relaciones.

Lo que la soledad tiene de negativo es que se convierta en un sentimiento crónico. Cuando esto ocurre, tiene un impacto serio sobre el bienestar e incluso sobre la salud. Los sentimientos de soledad crónica se asocian con riesgos de depresión en un periodo de un año, además, las personas con relaciones sociales débiles disminuyen en un 50% las probabilidades de supervivencia en comparación con las que tienen fuertes vínculos sociales. La soledad puede ser muy estresante, y cuando es duradera en el tiempo, puede ser complicado ver el lado positivo.

3. Las personas que se sienten solas tienen menos habilidades sociales

Presuponemos que las personas que se sienten solas tienen una menor capacidad de relacionarse, pero lo que se encontró en esta encuesta es que este factor concreto no es lo fundamental para este sentimiento. Es mucho más importante ser capaz de expresar los propios sentimientos lo que influye en la sensación de sentirse solo.

En los resultados, se observa que no lo es tanto respecto a la posiblidad de entender lo que los otros están sintiendo, sino en el manejo de la ansiedad provocada por las situaciones sociales, que puede dar lugar a manejar peor la sensación de soledad, no tanto las habilidades sociales en sí mismas.

4. El invierno es la estación más solitaria

Cuando se acercan las navidades, tendemos a acordarnos más de las personas que están solas, pareciendo que esta sensación de soledad es más intensa en estas fechas. Sin embargo, lo que revela esta encuesta es que el invierno no es una época del año en la que se sientan más solos que en otras épocas. Sí hay alguna minoría de personas que responden por esta estación como la más solitaria, pero también otros que dicen que las vacaciones de verano lo son.

Posiblemente, lo que esto indica es que las personas se sienten solas por otros factores, no sólo por la época del año, incluso, cuando lo relacionamos con la medida estacional, podría ser que lo importante fuera el sentimiento de aislamiento en los momentos en los que observamos que los demás tienden a pasar más tiempo juntos.

5. Las personas que se sienten solas no conectan con los demás

Una de las habilidades que más nos hacen conectar con los otros es la capacidad de empatía que tengamos, la posibilidad de ponernos en la piel de los demás, especialmente cuando éstos están sufriendo. En este sentido, lo que se encontró es que las personas que se sienten solas muy a menudo no tienen una capacidad diferente de las que no se sienten así para empatizar a nivel físico con los demás (por ejemplo, cuando alguien se quema con el aceite), pero sin embargo, sí que tienen una mayor capacidad de empatizar en términos sociales (por ejemplo, cuando alguien es excluido de ser invitado a una fiesta).

Quizá esta empatía provenga de la propia experiencia de sentirse aislado, o de percibir un trato desagradable o injusto por parte de los otros, por lo que en las situaciones de conectar con los demás en términos de empatía, las personas que se sienten solas a menudo pueden tener una capacidad mayor que otros.

Sabemos que la sensación de soledad influye mucho en la salud mental y en nuestro bienestar, pero en muchas ocasiones nos quedamos en la parte superficial y estereotipada de la soledad. Este tipo de encuestas, aunque tengan sus limitaciones a nivel estadístico, pueden abrir nuestras miras sobre lo que representa sentirse solo en la sociedad actual.

¿Con qué emoción elijo comer hoy?

Que la alimentación de hoy en día no es la misma que la de generaciones pasadas es prácticamente una realidad.

En una sociedad donde el comer como acto social (rodeados de familia o amigos y conversaciones variadas) se está perdiendo por las maratonianas jornadas laborales que nos obligan a comer fuera de casa, el ir siempre a la carrera  y/o la colonización de las nuevas tecnologías como compañeros de mesa (así como la proliferación de la comida rápida en detrimento de la dieta mediterránea), la alimentación está dejando de ser real para convertirse en muchas ocasiones en una herramienta para gestionar otra serie de “cosas” que pasan en nuestro día a día: las emociones displacenteras.

comer emocional

A este tipo de hambre o forma de comer se le conoce como comer emocional o hambre emocional (frente al apetito real fruto de la necesidad de alimentarse para subsistir). A continuación detallamos las principales diferencias existentes entre ambas:

HAMBRE EMOCIONAL

Se dispara de repente. Se convierte en una urgencia.

Aparece un antojo específico. No hay negociación posible: sólo ese alimento podrá saciar el hambre emocional que estamos experimentando en ese momento.

Exige ser atendida EN ESE PRECISO INSTANTE.

Me dejará seguir comiendo, aun cuando estemos satisfechos. Podría asemejarse a un atracón.

Supone comer impulsado por una emoción, lo que en la mayoría de ocasiones conllevará sentimientos de culpabilidad asociados.

HAMBRE REAL

Nuestra sensación de hambre va apareciendo progresivamente, a medida que descienden las reservas energéticas de nuestro cuerpo.

El hambre real está abierta a cualquier alimento que pongamos en el plato.

Puede esperar un poco a ser saciada (el conocido agujero en el estómago).

Nuestro organismo es sabio, nos advierte que debemos parar de comer: aparece sensación de saciedad.

Comer por necesidad física no suele llevar asociada ninguna emoción (en todo caso satisfacción).

El sentimiento de estar gordo genera en muchas personas inseguridad y complejos que afectan al desarrollo saludable de las mismas, generando angustia y llegando incluso a derivar en trastornos de la conducta alimentaria, con repercusiones psíquicas importantes.

Sin embargo, cuando hablamos del comer emocional no nos estamos refiriendo a imagen corporal, ni tan siquiera debe equipararse al concepto de obesidad (aunque sí que puede conllevar aumentos considerables de peso) sino que se utiliza como estilo de afrontamiento pasivo ante una serie de emociones que están teniendo lugar en nosotros (ira, ansiedad, tristeza, miedo,…) y/o de situaciones desagradables.

6 DESENCADENANTES DEL COMER EMOCIONALMENTE

1.- Sirve para evitar emociones desagradables.

El hambre emocional trata de camuflar la ansiedad o la tristeza derivados de eventos estresantes del día a día como pueden ser una discusión con tu pareja o problemas en el trabajo. Mientras comes estás distraído y puedes encontrarlo incluso calmante; sin embargo, ese alivio sólo dura mientras estás masticando, luego es bastante probable que reaparezcan dichas emociones latentes sumado a sentimientos de culpabilidad por el atiborramiento.

2.- Es un modo de acabar con el aburrimiento.

Cuando experimentamos una soledad incómoda o un aburrimiento difícil de tolerar la comida puede parecer la respuesta. Comer nos da “algo que hacer” y así permanecer en nuestra zona de confort.

3.- Mantiene la falta de conciencia de la conducta.

En el momento en el que se pierden las sensaciones físicas de saciedad o no somos conscientes del alimento en sí (sabor, textura, …) comer se convierte en una forma de calmarse. A mayores de ser un hábito, necesario para sobrevivir, puede que lo estemos utilizando como acto repetitivo que nos adormece para no estar presentes en nuestra realidad.

4.- Calma la urgencia fruto de tener que demorar algo que nos gusta.

Está tu pastel de chocolate preferido en la cocina y en lugar de poder retrasar el meterle bocado tu mente lo quiere y lo quiere ahora, urgentemente. Extrapolándolo a otras situaciones el comer emocional también nos serviría para “hacer tiempo” mientras demoramos otros estímulos gratificantes.

5.- Es más frecuente cuando estamos cansados (“quemados” concretando más).

En situaciones de burnout en el trabajo es posible que no estemos agotados físicamente pero sí cansados de concentrarnos y centrar nuestros recursos en una tarea desagradable. La comida puede parecer la respuesta en esos casos.

6.- Ante bajos niveles de reforzamiento o fuentes de placer.

En estos casos puede que la comida sea la forma más fácil de generar una experiencia placentera o de premiarte cuando tienes motivos de celebración.

Alimentos capaces de producir más serotonina y dopamina (sobre todo) son inconscientemente más consumidos cuando comemos emocionalmente ya que estimulan nuestras vías del placer (el chocolate, por ejemplo, suele vivenciarse como una verdadera adicción).

¿PUEDE AYUDAR EL ABORDAJE PSICOLÓGICO?

Superar la alimentación emocional puede ser un desafío difícil y constante ya que la comida está en todas partes y tienta con inmediato placer y alivio. No se puede practicar la abstinencia total de los alimentos, no obstante sí que está ampliamente corroborado que este tipo de abordaje (frente a las dietas, por ejemplo) ayuda a que se dejen de utilizar como herramienta de afrontamiento ante el malestar psicológico.

Conocer el desencadenante del impulso de comer es un paso importante para superar la alimentación emocional: quizás no estés seguro de si estás físicamente hambriento o por el contrario es una “necesidad” ante un evento que te está generando malestar. Hasta que vuelvas a aprender las señales físicas del hambre, preguntas como ¿qué tipo de alimento te apetece, más proteínico o por el contrario carbohidratos o dulces? pueden ayudarte. Acepta que no es necesario biológicamente hablando satisfacer ese impulso y que por el contrario, aunque a corto plazo produzca alivio, posteriormente puede afectar emocionalmente.

Usa la atención plena para estar en el momento presente (ese en el que irías corriendo a asaltar el frigorífico) e intenta observar y describir lo que te está sucediendo. ¿Cuál es la razón de tu malestar? ¿Qué pensamientos y sentimientos/emociones anteceden a la conducta?

Finalmente, habremos de trabajar sobre las causas subyacentes. El aprendizaje de un estilo de afrontamiento activo más efectivo conllevará una mejoría significativa sobre el hambre emocional, disminuirá esa necesidad imperiosa de comer por comer.

Algunos de los abordajes psicoterapéuticos que pueden ayudar son:

  • Aprendizaje de técnicas que nos ayuden a controlar la ansiedad para que no se produzcan atracones.
  • Estabilizar, en caso necesario, el estado de ánimo (depresión, tristeza).
  • Desarrollar incremento de habilidades sociales para revertir casos de aislamiento social que nos llevan a comer impulsivamente.
  • Crear una lista de actividades variadas y agradables que hacer cuando se come por aburrimiento e intentar poner en práctica alguna de ellas antes de empezar a comer.
  • Desarrollar técnicas de resolución de problemas.
  • Favorecer el autocontrol y la demora de la gratificación: el tolerar las emociones puede combinarse con actividades que no sean compatibles con comer, como darse una ducha por ejemplo.
  • Aumentar la autoestima, el autoconcepto y las expectativas de autoeficacia y logro (sentir que eres capaz de no utilizar la comida como solución).
  • Manejo de la culpa y la vergüenza derivados de los episodios de atiborramiento.

Comer cuando no estás físicamente hambriento puede ser tan frustrante como dañino para tu salud. A parte de encontrarte hinchado y molesto, suele aparecer una serie de sentimientos asociados como ansiedad por no haberlo podido controlar a pesar de tu determinación de no volver a hacerlo, culpa, vergüenza y depresión. En estos casos no es tan importante eliminar dicha conducta o seguir estrictas dietas, sino dedicar tiempo a escanearte y así poder detectar las causas subyacentes (normalmente emociones displacenteras) para finalmente poner en marcha un estilo de afrontamiento efectivo que revierta dicho malestar original.

Escrito por Maite Nieto

Fuentes: Psych Central, Jiménez, L. (2018). El cerebro obeso: Las claves para combatir la obesidad están en el cerebro.

Cómo caer de pie en un mal día

Extraída de www.infinite-beyond.com
Extraída de www.infinite-beyond.com

Te levantas, vas a coger el bus y se te escapa, dejándote con la puerta cerrada en las narices. Y llegas tarde. Discutes con tu pareja por un conflicto que llevas días renqueando, y lo sueltas en un momento no del todo oportuno. Y se lía. O recibes una llamada cualquiera, que no es cualquiera, porque está cargada de malas noticias. La vida está llena de esos días, días grises en los que preferirías no haberte levantado y con los que las personas sufrimos “el estrés gota a gota”, un estrés diario y que puede impactar de una manera más profunda que acontecimientos traumáticos y por los que es importante tomarse un descanso, tomar distancia y relativizar. Un esfuerzo diario que pone a prueba tu capacidad de afrontamiento y resiliencia. Y que no es tan fácil como parece.

En esos días abunda el comportamiento de profecía autocumplida. Tenemos una idea de lo que va ocurrir y ponemos todos nuestros esfuerzos en que así sea. En nuestra cabeza sobrevuelan frases ciertamente destructivas en las que dudas de ti mismo, de lo que puede ocurrir y está plagada de “isismos”, preguntas catastróficas circulares que a pesar de ser improbables nos las creemos por el malestar interno que sentimos. Ponemos en boca de los demás nuestras críticas y todo nos lo tomamos a lo personal. Buscamos de manera insistente mil y un hechos que confirmen lo que tememos (y restringimos y no hacemos caso a cualquier ejemplo que lo falsee). Nos desconectamos de los demás y de todo y sólo estamos a tu revoltijo interno, y lo peor: nos creemos que ese día es el preludio de la pesadilla y anticipamos un infierno similar por siempre jamás. Ante dicha perspectiva, no nos queda otra que deprimirnos, con efectos claros para nuestro desempeño diario.

La alternativa no es otra que una buena caja de primeros auxilios en forma de hábitos y buenos consejos. Los días malos son inevitables y es en ellos donde podemos entrenarnos para sobrellevar los sinsabores de la vida. Abrimos nuestra cajita particular y os proponemos lo siguiente:

  1. En malos días no se toman decisiones importantes. En un mal día nuestra capacidad de razonamiento puede verse influenciada por ese estado de ánimo y puede llevarnos a tomar decisiones más por el estado en sí que por que realmente la decisión sea una buena idea. En ese sentido, darnos unos días para recuperar la calma puede ayudarnos a tomar distancia de estos estados y entender lo pasajeros y engañosos que resultan.
  2. Practica la indulgencia y valida lo que sientes. Trátate con respeto, cariño y dignidad y no cometas el error de quitarte importante y decir que eres un blandengue. ¡Eres un blandengue (a veces), acéptate y sigue hacia delante! ¡No hay nada de malo en ello!. Ajusta tu ritmo y tu capacidad a tus necesidades. Paradójicamente, aumentarás tu autoestima y autoconcepto.
  3. Enfoca tu atención a lo que realmente se puede solucionar. Focalizarse en todas las cosas que no salen aparte de retroalimentar nuestro estado como la pólvora no nos centra en la solución constructiva ni en la oportunidad que supone esa situación para aprender.
  4. Cuidado con tapar. Muchas veces, un mal día puede ser una excusa para volver a viejos hábitos nocivos (fumar, beber, comer compulsivamente, hacer acciones impulsivas) que además de no conseguir calmarnos, puede colocarnos en situaciones de riesgo contraproducentes para nuestra salud. Buscar ratos para estar sol@ y entender que nos está pasando no ayuda a comprendernos y relativizar nuestros males.
  5. Ábrete a los demás. Tan bueno es tener ratos de reflexión y recogimiento como saber escoger personas y momentos con tus allegados para desahogarte y desconectar. Sobre todo, a personas que no les da miedo sus propias vulnerabilidades y saben acoger las de las demás. Evita las enjuiciadoras y las que pretenden solucionar tu vida, ¡sólo quieres que te escuchen!
  6. Automedícate con ejercicio y descanso. Una buena cura de sueño (dormir unas ocho horas), permitirse descansar y hacer una tanda de ejercicio suave a la semana puede ayudarnos a oxigenarnos y adquirir hábitos saludables básicos para nuestro equilibrio mental. ¡No hay mejor medicina que cuidarnos un poquito!
  7. Practica las habilidades metacognitivas. Dichas habilidades tienen que ver con la capacidad de reflexionar sobre nuestros propios estados mentales y emocionales. Comprender que todos tenemos malos días donde nuestra manera de percibir la realidad está distorsionada y saber que esa sensación sólo es algo puntual y que no refleja lo que puedes hacer ni lo que sentirás el resto de tu vida.

Ya sabes, en estos días no vale querer hacer mil cosas para compensar lo que nos está pasando. ¡Ya es suficiente con eso! Saber reconocerlos y practicar la calma es una gran alternativa válida….¡Ten un buen día regular!

Escrito por David Blanco Castañeda

Fuente: Psychology today.