Cerrado por vacaciones!

Queridxs Lectores!

Os comunicamos que el blog de Cenit Psicólogos permanecerá cerrado por un merecido descanso de nuestro equipo por vacaciones hasta  el primer fin de semana de septiembre, donde reanudaremos nuestra actividad divulgativa de textos científicos de Psicología.

Esperamos que tengáis un buen periodo vacacional y que la espera de nuestra actividad sea, a poder ser, debajo de una bonita sombrilla, con gafas de sol en una mano y en la otra una caipirinha bien fresquita.

¡Nos vemos a la vuelta!

https://www.revistamoi.com
Extraída de https://www.revistamoi.com

El estrés agudo infantil aumenta la vulnerabilidad a la enfermedad

Los traumas o el estrés temprano en la vida pueden alterar el desarrollo normal. Estas deficiencias debilitan todos los aspectos del crecimiento físico, psicológico y social. De manera alarmante, el estrés temprano en la vida puede aumentar la vulnerabilidad del niño a la enfermedad a lo largo de toda su vida. La historia está repleta de eventos horribles cuyos protagonistas son niños. Estos eventos desafortunados han permitido a los investigadores cuantificar el aumento en la prevalencia de la enfermedad en esta población.

Recientemente, hemos visto en las noticias como la administración Trump puso en marcha una “política de tolerancia cero”. Como resultado de estas políticas, niños indocumentados se  enfrentan a condiciones terribles, como la separación de sus padres y el abuso en todos los niveles. Las consecuencias son que muchos de estos niños experimentan ataques de pánico, se hacen pis en la cama, ansiedad y otros problemas esperables. Lamentablemente, muchos de estos niños no se reunirán con sus padres.

Foto extraída de t13.cl
Foto extraída de t13.cl

La separación de un padre es una daño serio al desarrollo normal. El feto permanece físicamente unido a su madre a través del cordón umbilical. Si se corta el cordón umbilical, el embrión no puede obtener su nutrición y muere. A medida que el niño-a gana habilidades y sale al mundo, el apego físico se transforma en uno psicológico. De la misma manera, si se compromete el cordón psicológico, el alma del niño puede verse privada de una nutrición psicológica esencial. Por ejemplo, si un niño pierde a un padre, su riesgo de padecer depresión mayor a lo largo de su vida aumenta en un 50 por ciento.

La separación del entorno seguro a una edad temprana le enseña al niño una lección emocional inolvidable: “este mundo no puede ser confiable”, “las cosas malas seguirán sucediéndote y tú estás abocado sin remedio a la soledad y desesperanza”.

La privación materna es el peor castigo que cualquier niño puede tener. En estudios donde los monos rhesus pequeños fueron separados de sus madres, crecieron con un nivel elevado de las hormonas del estrés (de acuerdo con la ética de investigación practicada en los Estados Unidos, no se pueden hacer tales experimentos en seres humanos y el investigador debe pasar por un proceso extenso para justificar experimentos de separación materna en animales).

Se han informado resultados similares en niños que han sufrido abuso o separados de sus familias: tienen hormonas de estrés elevadas. Eso no es todo. La corteza frontal que permite la toma de decisiones, la regulación de las emociones y desactiva la impulsividad, se reduce.

Esta elevación en las hormonas del estrés está lejos de ser benigna. El término “enanismo de estrés”/ “enanismo psicológico” señala cómo puede ser el estrés letal durante estos años impresionables. Los niños que sufren de enanismo psicológico no alcanzan la altura media para su grupo de edad y la edad mental va a la zaga de su edad cronológica. En otras palabras, estos niños traumatizados o privados de la madre dejan de crecer mental y físicamente.

¿Por qué el estrés severo en la niñez estanca el crecimiento?

El hipotálamo controla la liberación de la hormona del crecimiento. Lo hace al equilibrar cuidadosamente la liberación de dos hormonas: una excitatoria y una inhibitoria. Bajo estrés, el hipotálamo se inclina hacia la inhibitoria, por lo que el niño no crece. En niños con enanismo de estrés, las hormonas de estrés circulantes excesivas (cortisol) disminuyen la liberación de la hormona del crecimiento y la respuesta del cuerpo a ella.

Estos niños también tienen problemas gastrointestinales. Su sistema digestivo no absorbe los nutrientes de sus intestinos. Esto también conduce a numerosos problemas de crecimiento. También tienen un riesgo mayor de por vida de Síndrome del Intestino Irritable (SII).

Las consecuencias del estrés infantil para las vulnerabilidades durante la edad adulta son numerosas: desde anormalidades cerebrales hasta el desarrollo de una enfermedad. El ACE (Experiencias infantiles adversas) recoge el número de experiencias adversas de la infancia y correlaciona el puntaje con varios riesgos. Una puntuación ACE más alto aumenta el riesgo de diabetes, condiciones cardiovasculares, asma, depresión, ansiedad y suicidio. ¡Esta puntuación está relacionado con siete de las diez principales causas de muerte! Socialmente, la puntuación se relaciona con el aumento de antecedentes penales, el embarazo adolescente y más días de enfermedad en el trabajo.

Las separaciones familiares forzadas están mutilando el cordón que une a estos niños con una posibilidad razonable de llegar a la adultez. El mundo impreso en sus mentes es un mundo vacío y sin emociones, un mundo donde nadie puede confiar y donde no tienen control sobre lo que les sucede. Las políticas tienen sus consecuencias a medio y largo plazo en las vidas de las personas.

Fuente: Psychology Today

Traducido y adaptado por María Rueda

Orgullo LGTBQ+: ¿Qué entendemos por Psicología Afirmativa?

 

Extraída de http://www.danielfryer.com
Extraída de http://www.danielfryer.co

Gracias al cambio y la renovación que ha vivido la sociedad en las últimas décadas, la celebración del Orgullo LGTBQ+ en el mundo y en España ha ido evolucionando a unas fechas de integración y aceptación de la diversidad de la sexualidad, la identidad y el género que nos hace a todos formar parte de una sociedad más equitativa, plural y tolerante. Que se haya posibilitado y validado cada una de estas realidades no quiere decir, sin embargo, que el impacto de un pasado y presente plagado de rechazo, discriminación y represión se haya evaporado. La verdadera aceptación surge cuando los efectos de pertenecer a una minoría no vaya asociados a la posibilidad de malestar psicológico, derivados de la no aceptación de tu orientación, la reacción discriminatoria de la sociedad en el reconocimiento de derechos y realidades y la disforia que surge por aceptar y vivir de acuerdo a tu sexo sentido. Por todo ello surge la Psicología Afirmativa con Diversidades Sexuales y de Género (TDSG)

La propia psicología actualizó y publicó hace unos años el trabajo que ha de hacer cualquier psicólogo con sus clientes LGTBQ+, entendiendo que era necesario adoptar un enfoque flexible y fluido en el trabajo de la orientación, la identidad y del género con terapias tradicionales y con los nuevos enfoques psicoterapéuticos. Impulsado por la propia Asociación de Psicología Americana (APA), se establecieron 21 directrices de trabajo psicoterapéutico, donde se reconoce los efectos de la opresión, el estrés y la discriminación y la necesidad de la psicología por sensibilizarse con las necesidades y dificultades que experimentan todas las personas del espectro LGTBQ+. Todas ellas reformuladas y derivadas de años de investigación LGTBQ+.

De esta forma, se aboga por derribar las teorías que privilegian la identidad de género con el sexo biológico y la heterosexualidad como modelo social que garantiza la aceptación social y el equilibrio psicológico y emocional. Las diferentes directrices defienden la importancia de desarrollar e interiorizar una actitud abierta e integrativa acerca de las cuestiones que rodean a la orientación sexual o la identidad de género, reconociéndolas como válidas, normativas y únicas. En efecto, la homosexualidad se considera una variante normal de la sexualidad, la transexualidad como el reconocimiento de la identidad con su sexo sentido y no con el sexo asignado al nacer,  esforzándose los profesionales de la salud por entender los efectos derivados de la no aceptación contextual o personal, sin confundir la identidad de género con atracción sexo afectiva y difundiendo la ineficacia y los efectos contraproducentes de las terapias que intentan un cambio en la orientación o la invalidación del sexo psicológico sentido.

Sus coordenadas de trabajo se basan en:

  1. Aceptación de la propia orientación sexoafectiva (homo y bisexual). Dicha aceptación tiene que ver el reconocimiento de la atracción, sentimientos y comportamientos que se tienen hacia personas de tu mismo sexo (hacia ambos, en el caso de reconocerte como bisexual), independiente de tus practicas sexuales. Como reconoce Gabriel J. Martín, uno de los máximos estudiosos y defensores de estos enfoques, “ser homosexual tiene que ver de quien te enamoras, no con quien te acuestas”. Todo ello relacionado también con la identidad, en la medida que te defines como tal al tener toda una serie de comportamientos y actitudes afines y se convierten en una expresión de tu personalidad y de tu idiosincrasia como persona.
  2. Construcción de la propia identidad. Es decir, reconocer y ayudar en el proceso identitario que supone ser homosexual, bisexual o transexual, aceptando su propia realidad y mundo emocional, derribando todo sentimiento de culpa o vergüenza, construyendo nuevas redes sociales incluyendo a personas dentro de la comunidad LGTBQ+ y facilitando la comunicación a las personas cercanas, como una expresión del fortalecimiento de los vínculos y la expresión de su autenticidad. Quererse es poder.
  3. Trabajo con la homofobia y la transfobia (expresa e interiorizada). Darse cuenta de los sentimientos de conflictos, hostilidad y ambivalencia que despierta la homosexualidad, la bisexualidad o la transexualidad, tanto en el rechazo de los propios sentimientos homosexuales (homofobia interiorizada) como en la hostilidad y el rechazo de comportamientos homosexuales de los demás (homofobia expresa), denigrando el estilo de vida homosexual como no saludable, reproduciendo los estereotipos sociales respecto a la homosexualidad y experimentado miedo en la revelación de la propia homosexualidad. Esto mismo se haría con las personas transexuales, ayudando además en la paliación de los efectos derivados de la disforía que se produce por el no reconocimiento de su sexo sentido.
  4. Abordaje del bullying y la discriminación homofóbica y transfóbica. Así, se reconoce el estrés y los efectos perjudiciales sufrido por años de estigmatización y discriminación por pertenecer a una minoría, con síntomas psicológicos que van desde la depresión, la ansiedad, el estrés postraumático o el control de impulsos, y que la terapia ha de abordar y superar, con atención tanto a la persona como al entorno más cercano (familia, pareja, red social o el entorno laboral)
  5. Mejora de su inteligencia emocional y resiliencia personal, en un trabajo que repercute positivamente en su identidad, reconocimiento emocional, autoestima y desarrollo personal, con especial trabajo en la reivindicación de los derechos asertivos de cada uno, y la posibilidad de afrontar y defender situaciones de desvalorización sociale También en la profundización de la propia intimidad, con el reconocimiento de situaciones que tienen que ver desde el propio enamoramiento, hasta la proximidad física y emocional, la intimidad, la complicidad y el compromiso de construir un proyecto compartido con otra persona.

Todo esto en un esfuerzo para dotar a los psicólogos de herramientas para trabajar de una manera constructiva la realidad LGTBQ+ y mejorar la calidad de vida y el bienestar psicológico de sus clientes, en un esfuerzo integrativo y constructivo del trabajo psicoterapéutico.

Escrito por David Blanco Castañeda

 Fuentes:

 www.cop.es

Quiérete mucho maricón (2016). Gabriel, J. Martin.

Herramientas para combatir el mobbing homofóbico (2007). Lucas Platero y Emilio Gómez Ceto.

Pinceladas sobre el suicidio

Las recientes muertes por suicidio de varias personalidades como la diseñadora Kate Spade, el chef Anthony Bourdain o la hermana de Máxima de Holanda, Inés Zorreguieta han despertado en los medios la búsqueda de una adecuada explicación a estos sucesos.

Lo cierto es que la misma idea del suicidio nos da miedo y nos intriga a partes iguales, y aunque siempre ha sido un tema complejo para el ser humano, para psiquiatras, psicólogos, sociólogos e incluso filósofos.

Y es que el suicidio no es un tema menor, con el ascenso de esta causa de muerte en los últimos años, se trata de explicar y prevenir, se ha comenzado a hablar de este tema en diversos ámbitos y se han puesto en marcha planes de prevención.

El doctor en psicología Joseph Franklin, trata de explicar en un artículo publicado en The Conversation cómo la investigación científica puede buscar factores de riesgo para detectar quién morirá por suicidio. La respuesta que propone en este artículo es del tipo de respuestas que no nos agradan. A día de hoy, no podemos saber quién morirá por suicidio. Lo cierto es que nos gusta pensar que existen relaciones lógicas para que alguien de suicide, por ejemplo, que las personas se suicidan porque están deprimidas. Pero sabemos que algunas personas se encuentran terriblemente deprimidas y no terminan por suicidarse.

De hecho, la mayoría de respuestas que podemos dar sobre temas de la naturaleza se deben a factores múltiples, y el suicidio es uno de ellos. De hecho, es tanto así que la capacidad predictiva de un análisis computacional es mayor que el que pueden hacer las personas dedicadas a estudiarlo.

En este algoritmo de podrían incluir factores relacionados con la salud mental, la salud física, medicación, factores sociodemográficos, o visitas al hospital, podrían influir factores como pérdidas, aflicciones, o también estresores relacionados con el empleo o la vivienda.

extraída de  eastonialeopards.com
extraída de eastonialeopards.com

Todos estos factores pueden ser relevantes para conocer el riesgo de que alguna persona fallezca por suicidio. De hecho, puede ser también importante que se replantee el modelo que tenemos sobre el suicidio. Actualmente, en muchas ocasiones sólo se tiene en cuenta el modelo de enfermedad para explicar una muerte por suicidio. Considerado así, el comportamiento suicida es únicamente parte de una enfermedad que es del individuo, y es responsabilidad suya curarse de esta enfermedad.

Planteado únicamente desde el modelo de enfermedad, se pasan por alto una serie de factores que son importantes también para el comportamiento suicida. No se puede obviar que existen factores personales relevantes para este tipo de conducta, pero también tienen su peso otros de tipo más sociocultural, como puede ser la pérdida de empleo, un desahucio, otras enfermedades físicas o consumo de sustancias. Es por esto, que puede ser necesario plantear un modelo de explicación sobre el suicidio de corte más sociocultural.

No obstante, el modo en que hablamos sobre el suicidio puede afectar a los que estén lidiando con problemas de cualquier tipo que les lleven a pensar sobre el suicidio, o familiares que han perdido a alguien por suicidio, afecte mucho sobre cómo se permiten tratar este tema, que a menudo acarrea además un gran estigma. Sin duda, alguien que finalmente muere por suicidio ha estado cargando con un gran sufrimiento durante largos periodos de tiempo. En ocasiones el dolor emocional es tan sobrecogedor que el suicidio puede parecer una opción.

Además, el propio estigma de pensar sobre el suicidio, e incluso del sufrimiento de un trastorno mental que contribuya a la muerte por suicidio, hace que sea difícil pedir ayuda, y además, ante la vergüenza de estos pensamientos, puede llevar al aislamiento social, que por sí mismo, también contribuirá a los pensamientos suicidas.

Hablar sobre el suicidio de forma respetuosa, sin culpabilizar a nadie,tratar de evitar expresiones como “cometer” suicidio (los asesinatos, y otros delitos, se cometen, el suicidio no) y usar la persona muere por suicidio en su lugar, puede hacer que los que están padeciendo problemas psicológicos relacionados se sientan menos estigmatizados.

Por último, si una persona cercana ha cometido suicidio, trata de considerar algunas de estas cosas para ti mismo:

  • Esta pérdida puede generar emociones intensas.
  • Puedes sufrir shock e incredulidad.
  • Los sentimientos de culpa son normales, pensando qué hubieras podido hacer, pero de ninguna manera el suicidio de alguien es tu culpa.
  • Date tiempo para el duelo, cada persona necesita su propio ritmo para ello.
  • Trata de encontrarte más habitualmente con tus amigos y familiares y busca apoyo en ellos.
  • Plantea escribir un diario sobre las emociones que estás pasando.
  • Busca grupos de apoyo.
  • Busca ayuda profesional, si lo crees necesario, un psicólogo puede ayudar a lidiar con las emociones intensas ante el suicidio de un ser querido.

Si estás lidiando con ideas suicidas, busca ayuda, lo que estás pasando puede mejorar:

  • Teléfono de la Esperanza: 717003717
  • Acude a tu médico o al servicio de Urgencias más cercano.

Fuentes: psychologytoday.com, theconversation.com
Escrito por Lara Pacheco Cuevas

La neurociencia y los infantes

Uno de los campos con mayor expansión en la actualidad es el de las Neurociencias, “rama científica que estudia la anatomía, la fisiología, la química o la biología molecular de los nervios y del tejido nervioso y especialmente su relación con su comportamiento y el aprendizaje” (Merriam-Webster, 2018).

El hecho de saber más sobre nosotros/as a nivel estructural y a nivel funcional nos lleva a poder plantear adaptaciones de prácticas como la Neuro-educación.

También otro campo donde podemos aplicar estos conocimientos es el de la práctica psicoterapéutica con las Terapias Neurocientíficas o terapias con una base Neurobiológica.

Además, podemos no sólo emplear estos trabajos en adultos sino también en infantes.

neurociencia y niños

Algunos conceptos a tener presente para el mejor crecimiento y el mejor desarrollo de los niños/as, son:

· La Etapa de la Impronta. Es en este período de tiempo comprendido entre el nacimiento y los seis/ siete años, cuando los pequeños/as son más sensibles a los estímulos.

Es una etapa crucial para el niño/a y su influencia puede marcar el curso de su vida como adulto. A nivel madurativo los niños/as están efectuando un gran número de cambios neurológicos en estas edades. Es el espacio temporal donde se asentan de forma profunda elementos como: los valores, el lenguaje, las creencias, las conductas, los hábitos, los miedos, las manías… (Sylva, 1997)

Esto se debe a otro concepto muy relevante que es el siguiente:

· La Neuro-plasticidad. Es la capacidad natural del cerebro humano de adaptarse o moldearse a sí mismo. Esta capacidad está muy presente en los infantes siendo un elemento que influye en su facilidad para producir nuevos aprendizajes. (Martínez y Moya, 2015).

Como consecuencia, al hacernos adultos podemos disponer de mayores o menores capacidades en función de la estimulación que hemos recibido. Y para ello vamos a hablar de:

· Las Ventanas de oportunidad: son períodos críticos donde el cerebro del infante está madurando para ser capaz de efectuar una serie de aprendizajes o incorporar de manera natural capacidades específicas. Si no recibe estimulación alguna en estos períodos, entonces se pierde esa oportunidad para poder desarrollarse (Siegel, 1999; Barragán, y Lozano, 2011). Aunque tenemos que decir, que existen estudios recientes donde se argumenta que algunas funciones las podríamos desarrollar de más mayores (Forés, Gamo, Guillén, Hernández, Ligioiz, Pardo, y Trinidad, 2015).

De esta manera como adultos tenemos que vigilar con algunas conductas y comportamientos delante de los infantes, por ejemplo: el tomar en consideración el lenguaje que usamos; que expresiones o palabras empleamos; con que términos nos referimos a nuestros hijos/as.

También debemos cuidar nuestros hábitos ya que ellos pueden configurar un modelo para cuando crezcan. Si nos ven enganchados a los móviles o a la pantalla del televisor, ellos/ellas también van a reproducir los mismos comportamientos.

Y finalmente, es bueno cuidar las experiencias que les aportamos. Los momentos de gritos, violencia, temores o ridiculizaciones pueden quedar almacenados en la memoria inconsciente y generar traumas o bloqueos futuros.

Tampoco es buena la idea opuesta de ejercer una sobre protección. Hay que encontrar un punto de equilibrio: que los infantes puedan expresar sus pensamientos y sus sentimientos dentro de un contexto de respeto, amor y seguridad.

Estos elementos van a ayudar a que crezcan con mayor equilibrio emocional. Las Neurociencias están de nuestra parte y sólo tenemos que usar sus últimos hallazgos.

Escrito por Oriol Lugo y Ana Farré: psicólogos e investigadores de la Universidad Ramón Llull de Barcelona. Co-directores del OWL INSTITUTE. Institut Psicològic.

Bibliografía:

Barragán, P. E., & Lozano, S. S. (2011). Identificación temprana de trastornos del lenguaje. Revista Médica Clínica Las Condes, 22(2), 227-232.

Forés, A., Gamo, J. R., Guillén, J. C., Hernández, T., Ligioiz, M., Pardo, F., y Trinidad, C. (2015). Neuromitos en la educación. El aprendizaje desde la neurociencia. Barcelona: Plataforma Editorial.

Martínez, M., y Moya, L. (2015). Escucha tu cerebro. Barcelona: Plataforma Editorial.

Merriam-Webster (2018). Neuroscience. Medical Definition of Neuroscience. Reino Unido, GB: Merriam-Webster. Consultado el 4 de junio de 2018 en: https://www.merriam-webster.com/dictionary/neuroscience

Siegel, D. J. (1999). The Developing Mind: Toward a Neurobiology of Interpersonal Experience. Nueva York, NY: Guildord Press.

Sylva, K., (1997). Critical periods in childhood learning. British Medical Bulletins, 53(1) 185-197

Por qué los niños deben pasar tiempo “desenchufados”

Todos los padres y madres quieren que sus hijos sean felices y les vaya bien. Sin embargo, con demasiada frecuencia nos hacen creer que la mejor manera de garantizar eso es agregar más de todo a la vida de nuestros hijos: más estudios, más extraescolares, más idiomas… Eso lo convierte en una vida familiar llena de tensiones y mucha presión para todos. Las familias se sienten atrapadas entre los horarios de actividades; añadido a esto, no debemos olvidar la presión que los chicos y chicas reciben de las redes sociales para ser “perfectos”. El doctor Mark Bertin, autor de varios libros sobre desarrollo, señala que los padres no deben presionar tanto para asegurar el bienestar de su familia.

Foto extraída de: gidahatti.com
Foto extraída de: gidahatti.com

Lo que los niños necesitan para prosperar es mucho más claro o sencillo de lo que se siente hoy en día y aprender cómo se desarrollan los niños hace que la vida sea más fácil para los padres y sus hijos. Para empezar, los niños de hoy no requieren más que los niños hace generaciones; hogares estables y afectuosos, la oportunidad de poner a prueba los límites que establecemos y el apoyo de los adultos mientras descubren su propia capacidad para superar los desafíos.

También necesitan jugar, y no solo a través de las pantallas. Según la Academia Americana de Pediatría, el juego tradicional es “esencial para el bienestar cognitivo, físico, social y emocional de los niños y los jóvenes”. Los niños necesitan juego no estructurado y “desenchufado” de pantallas para crecer de manera que puedan desarrollarse óptimamente.

En particular, las habilidades de autorregulación basadas en las funciones ejecutivas, como la capacidad de demorar la gratificación, planificar con anticipación y controlar los impulsos, son elementos fundamentales de la resiliencia. Estas habilidades le permiten a un niño no solo tener éxito en circunstancias normales, sino también recuperarse de la adversidad. En un estudio del grupo de Moffitt, de la Universidad de Chicago, observaron que la capacidad de autorregulación en la niñez temprana se correlacionan con medidas posteriores de logro y bienestar, incluyendo mejores resultados académicos en secundaria, mayor probabilidad de graduarse a tiempo, menos probabilidad de obesidad en la vida adulta, entre otras. A diferencia del juego libre, los videojuegos dependen de la imaginación del creador del juego (no del niño) y promueven un tipo de atención que cambia rápidamente, lo que dificulta que los niños se centren en el mundo real.

Eso no significa que no permitamos a nuestros hijos e hijas jugar a videojuegos. Sin embargo, el juego saludable se parece mucho a cuando se trata de comer bien; un enfoque equilibrado de la “nutrición cerebral” requiere un estilo de vida que combine todo tipo de actividades mentalmente atractivas. No poidemos hacer que un niño disfrute de algo específico, pero podemos fomentar una variedad sensata de actividades.
La vida no es predecible, así que en lugar de aspirar a perfeccionar y controlar todo, preparemos a los niños para el éxito mediante la construcción de su resiliencia. Afortunadamente, el punto de partida para esa capacidad de recuperación es un juego de niños.

¿Por qué es tan difícil mantener a los niños alejados de las pantallas?

Mientras que los padres entienden que a sus hijos les iría mejor sin tanto tiempo de pantalla, no siempre es fácil llevarlo a la acción. Las pantallas se han convertido en una parte omnipresente de la vida moderna.
Las estadísticas señalan que los adolescentes invierten a diario nueve horas con pantallas, al igual que sus padres. Esta obsesión con nuestras pantallas está asociado a un sueño más pobre, peores resultados académicos, problemas de comportamiento y estado de ánimo.

¿Por qué es tan difícil reducir el uso de pantallas? Si los adultos tenemos dificultades para controlar su uso, sin duda un niño o adolescente -cuyas habilidades de autogestión son, por definición, inmaduras hasta los 20 años- también lo harán. Si bien el uso de tecnología saludable e intencional es correcto, no podemos esperar que los niños administren el uso de las pantallas de manera segura sin recibir primero orientación de un adulto. Al igual que para aprender a conducir un coche, los niños necesitan instrucciones sobre cómo usar estos dispositivos, en lugar de dejarles que los usen tal cual.

Para ayudar a nuestros hijos, primero debemos fijarnos en nuestro uso y así ser un modelo de comportamiento saludable con las pantallas. En una encuesta realizada en 2014 en Reino Unido, casi el setenta por ciento de los niños sintieron que sus padres están demasiado ocupados con sus dispositivos electrónicos, lo que sugiere que a veces somos parte del problema. Reconocer si habitualmente encendemos un dispositivo cuando estamos aburridos o cansados puede ayudar a romper ese hábito a medida que desarrollamos otras formas de lidiar con estos desagradables estados emocionales. Los niños inconscientemente reflejan el comportamiento de sus padres de innumerables maneras, por lo que si queremos reducir el tiempo que usan sus pantallas, ese cambio comienza con nosotros.

Nosotros marcamos nuestras prioridades y nuestros hijos también aprenden a priorizar. Si deseas que tu hijo busque tiempo de juego sin pantallas, entonces búscalo tú mismo. Si quieres que tu hijo lea, debe verte leyendo un libro, no una pantalla. Apaga la televisión y sal al aire libre, visita museos, queda con amigos, esto aumentará tu propio bienestar y será modelo de comportamiento saludable para tus hijos.
Si a nuestros hijos aún les resulta difícil dejar de lado sus pantallas, entonces debemos volver a comprender el desarrollo del cerebro. La mayoría de los niños requieren más que un modelado, necesitan aprender los límites claros establecidos por los padres sobre cuánto uso de la pantalla, cuándo y qué tipo de contenido es apropiado. Hasta que los niños demuestren su propia capacidad para manejar bien la tecnología, los padres deben supervisar el uso de la pantalla de esta manera. De hecho, un control parental fuerte del tiempo frente a la pantalla se correlaciona por sí mismo con mejores resultados académicos, sociales e incluso físicos en los niños.

Todos los padres modernos deben lidiar con el simple hecho de que criar hijos saludables en el mundo moderno requiere la supervisión del tiempo con pantallas. Aunque puede ser difícil cambiar los hábitos, cualquier cosa que hagamos para establecer una forma de vida más saludable vale la pena.

Fuente: Greater Good Magazine (Science Center at UC Berkeley)

Traducido y adaptado por María Rueda

Savoring: Una Forma De Aumentar El Disfrute De Nuestras Experiencias

En la actualidad, podemos llegar a la conclusión de que no necesitamos grandes desembolsos de dinero para aumentar nuestras experiencias positivas y por consiguiente nuestra felicidad. En primer lugar definiremos a qué nos referimos con savoring; fruto del trabajo del psicólogo Fred Bryant junto con Joseph Veroff surgió el concepto de enfocar nuestra atención en lo bueno de nuestro día a día, lo cual incluye aumentar el disfrute de las experiencias positivas presentes así como prever las posibles del futuro y recordar las ya pasadas.

Cada vez son más las técnicas que desde la Psicología Positiva se están desarrollando para el aumento del disfrute o de la felicidad, de forma más general. Podrían ser las cartas, diario y visita de gratitud de Seligman y Lyubomirsky, el portafolio de emociones positivas o de positividad que recomienda Barbara Fredrickson, la práctica de la atención plena en actividades cotidianas o Mindfulness de Jon Kabat Zinn; además de otras como el altruismo o voluntariado (tal y como defiende Michael I. Norton en esta charla TED a favor del gasto prosocial del dinero que podrían aportar esa sensación subjetiva de bienestar y felicidad.

Todas estas técnicas conllevan procedimientos por lo general sencillos. En este post nos centraremos en el “savoring” o “saboreo” del momento presente (también intentaremos presentar la diferencia tan sutil como importante que existe con el mindfulness; muy en boga en los últimos tiempos como técnica de tercera generación).

Sus investigaciones han demostrado que “saborear” puede mejorar nuestra salud disminuyendo la ansiedad, las rumiaciones, la culpa y la vergüenza a la vez que aumenta la felicidad y el optimismo (Bryant, 1989; 2003).

Hasta aquí parece fácil. Sin embargo, en la práctica el ser humano tiende a experimentar todo lo contrario: nos centramos o solemos recordar con más facilidad aquellos eventos negativos (pensamientos, emociones e interacciones sociales desagradables) que los neutros o positivos; esto es conocido como “sesgo de negatividad”, bautizado así por Paul Rozin y Edward Royzman.

Analizamos nuestras vivencias inconscientemente en busca de amenazas (como coletazo heredado de nuestros ancestros, a los cuales les servía como estrategia de lucha o huida en pos de su supervivencia). Sin embargo, en el mundo actual  de cambio continuo el sesgo de negatividad puede mantenernos en alerta constante y por tanto no ser tan efectivo como antaño. Llena nuestras mentes con miedo y ansiedad, mermando nuestra salud con preocupaciones crónicas y una visión oscura y premonitoria del mundo.

Incluso ante la presencia de problemas, la práctica del savoring nos permite ensalzar los aspectos gratificantes de nuestras circunstancias aumentando así el refuerzo positivo recibido (y sus correspondientes repercusiones deseables en el estado de ánimo). También alivia el estrés y rompe la negatividad a favor de “ampliar y construir” emociones positivas.

Mindfulness y savoring: Parecidos razonables

Gozarlo saboreando una onza de chocolate o quedarse absortos en la tranquilidad que produce contemplar una puesta de sol pueden confundirse con ejercicios de atención plena o Mindfulness; sin embargo queremos profundizar en por qué serían ejemplos de savoring.

Se debe a que “saborear” consiste en el acto deliberado de tratar de mejorar lo positivo y así prolongar en el tiempo una buena experiencia. Se necesitaría del Mindfulness como antesala, para estar totalmente atentos a nuestros sentidos (vista, olfato, oído, etc), pero la atención no está abierta a todo tipo de estímulos internos y externos, sino más restringida al afecto positivo; ese es el parecido básico que en muchas ocasiones puede conllevar a error y a la no diferenciación entre una y otra técnica.

Por otro lado, la atención plena consiste en fijarse con plenitud en las cosas que estamos vivenciando, sea bueno, malo o neutral, sin juzgar. Centrados en el aquí y ahora. No se trata, por tanto, de mantener lo agradable o de crearlo. El mantenimiento de lo positivo es donde el savoring entra en juego; luego, un concepto más específico.

Y ahora, ¡a ponerlo en práctica!

Para evidenciar de una forma más clara la diferenciación teórica que hicimos entre ambas anteriormente proponemos un ejercicio práctico. El escenario desde el que partimos es el mismo: estás sentado en la naturaleza, mirando una puesta de sol.

Imagen extraída de Brasileira Curiosa (en Pinterest)
Imagen extraída de Brasileira Curiosa (en Pinterest)

Atención plena o Mindfulness: observa la naturaleza. Debes estar atento a tus sentidos, a los sentimientos y pensamientos que van apareciendo en ti mientras estás ahí sentado, así como a todos los detalles de la escena en ese mismo momento. Puedes sentir tranquilidad o tal vez comienzas a encontrarte algo tenso y muy pendiente de tus sensaciones endógenas. Permite que todo lo que está sucediendo siga ahí, obsérvalo, sin juzgar o hacer atribuciones. Procura no quedarte “atrapado” en ningún detalle en concreto, contempla la totalidad, tanto interior como exterior. Cualquier otra sensación que puedas ir añadiendo al conjunto hará que consigas la plenitud de tu atención.

Savoring: fíjate en la misma escena (puesta de sol).

Sumérgete en su belleza: los sonidos, los detalles que capta tu vista, algún olor agradable que percibas. Ahora fíjate en algún detalle en particular que te resulta positivo, algo que te haga sentir bien. Puede ser la amplia gama cromática de las hojas de los árboles si estás en otoño, el sonido de un río de fondo si lo hubiere o de cómo esos últimos rayos de sol del ocaso calientan tu piel. Abstráete en los detalles. Ahora procura observar cualquier sentimiento positivo que se genere en tu interior y disfrútalo en su totalidad mientras que saboreas los detalles del entorno. No pierdas de vista esa emoción positiva, “guárdala a fuego” en tu memoria y disfruta con lo que bien que te sienta. Si ese sentimiento se desvanece la experiencia de “saboreo” no ha terminado ahí, puedes centrarte en otra particularidad de la escena y seguir analizando los correspondientes sentimientos positivos que produce en ti.

Además y para finalizar, Seligman menciona cinco técnicas que aconsejaban Bryant y Veroff para favorecer el disfrute o savoring:

  • Comparte la experiencia con otras personas significativas y cuéntales lo mucho que se disfruta con el momento.
  • Guarda recuerdos de la experiencia, ya sea con imágenes mentales, fotografías o detalles físicos.
  • Autoelógiate por lo bien que lo estás haciendo, sin miedo a caer en el orgullo.
  • Agudiza tus sentidos para centrarte en unos detalles en lugar de en otros, no es posible abarcarlo todo porque la atención se difumina y disminuye el nivel de conciencia.
  • Ensimísmate para no pensar y solo sentir, dejando que la actividad te envuelva y te haga fluir.

Escrito por Maite Nieto Parejo

Bibliografía

Bryant, F. B. (1989). A four‐factor model of perceived control: Avoiding, coping, obtaining, and savoring. Journal of personality, 57(4), 773-797.

Bryant, F. B. (2003). Savoring Beliefs Inventory (SBI): A scale for measuring beliefs about savouring. Journal of mental health, 12(2), 175-196.

Bryant, F. B., & Veroff, J. (2007). Savoring: A new model of positive experiences

https://gerryvelasco.wordpress.com/2016/05/27/saboreo-disfrutando-la-felicidad/

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/what-matters-most/201602/being-positive-it-s-not-mindfulness-it-s-savoring

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/your-personal-renaissance/201805/simple-way-overcome-negativity

Cómo cultivar la confianza en uno mismo

 

Fotografía extraída de https://www.iebschool.com
Fotografía extraída de https://www.iebschool.com

Qué difícil es a veces creer en uno mismo. Uno de los valores fundamentales para garantizar una buena autoestima y relacionado con una mayor probabilidad de éxito en los proyectos que nos proponemos, confiar en uno mismo puede ser un camino arduo en una sociedad hiperexigente que demanda siempre de sus ciudadanos el máximo de su potencial, donde la vulnerabilidad, el error y tomarse un tiempo para recapacitar parece incompatible con el éxito en las metas personales.

Confiar en ti mismo significa tener la seguridad de que tus proyectos, tus retos e intereses tendrán un desempeño adecuado en muy diversas situaciones. Creer en tus propias capacidades. Es una cualidad que opera en los tres sistemas de respuesta (en nuestros pensamientos, nuestras emociones y nuestras acciones), íntimamente con la inteligencia emocional y tiene que ver tanto con la capacidad de movernos seguros en un entorno conocido junto con la capacidad de arriesgarse y asumir retos nuevos y hacerlos nuestros.  Dicha confianza puede verse reforzada y reafirmada en función de las acciones y del éxito que emane de ellas. Es decir, que permite mayor seguridad a la hora de hacer las cosas pero que ese mismo éxito repercute en nuestra confianza. Por eso es tan importante en entrenarnos en confianza, no cejar en el intento e intentarlo una y muchas veces, para desarrollar tan deseada virtud.

Diversos estudios han demostrado variables que pueden influir en todo ello. Entre ellos, adoptar una pose de superhéroe (que ya nos hicimos eco en un post anterior), donde asumir e imitar una postura de atrevimiento y seguridad antes de hacer una tarea puede influenciarnos muy positivamente en su realización. De otro, una menor confianza en uno mismo se ha relacionado con unos padres rígidos y perfeccionistas, dispuestos a recordar lo que no se ha hecho y hacer énfasis más en el error que en éxito, pues las cosas sólo se hacen de una única forma (y no promueven la flexibilidad). La confianza en uno mismo está relacionada con la libertad y la independencia al hacer las cosas, el dejar probar a una persona y experimentar a través de sus intentos y de sus fallos. El demostrarle pese a todo, que él o ella puede, que no lee quitas el afecto después de un error, demuestras lo orgullos@ que estás hacia él/ella, que le recuerdas que ya lo ha hecho antes y que le incentivas la curiosidad y las ganas de hacerlo muchas veces. Estas ideas sí que promueven la confianza en uno mismo.

 Por la importancia que supone para todos nosotros, volver a reconectar con tus pequeños éxitos diarios puede estar la clave para desarrollar y entrenar nuestra auto-confianza. El sintonizar con todas las cosas buenas que hacemos cada día y que nos hacen sentir muy bien. Y con todo, otros sencillos consejos para ayudarnos en la confianza:

  1. No te sientas seguro todo el tiempo. Aunque parezca contraintuitivo, el no estar pendiente a cada momento de nuestra propia seguridad permite relajarnos y cometer errores. Siempre habrá una nueva oportunidad para cambiar lo que hemos hecho mal y los errores se ven dentro de un camino hecho para progresar. Nos permite también adoptar y cultivar una perspectiva humilde ante la vida; la duda como garantía para progresar y aprender.
  2. Muestra compasión por tu self futuro. Las personas seguras de sí mismas intentan planificarse su tiempo y saben que el momento perfecto para hacer las cosas es el presente, no el futuro. No procastinan sus quehaceres. De esta manera no sólo están cuidándose en este momento, también en el futuro, donde no se reservan miles de tareas sin hacer que se han ido posponiendo a lo largo del tiempo.
  3. Sé capaz de autoevaluarse de manera realista y comprensiva. Las personas seguras de sí mismas no se encargan de multitud de proyectos por esa misma seguridad. Tienen muy claro sus límites y paran si saben que eso compromete su rendimiento y calidad. Esto les permite activar mecanismos de auto – cuidado cuando detectan sobrecarga o sufrimiento excesivo. El reconocer estas dos variables fomenta y entrena nuestra motivación y autocontrol, y permite asumir proyectos realizables y realistas.
  4. Reetiqueta tus fallos. Cambiar una palabra (“fracaso” por “oportunidad”, por “alternativa”, por “expectativa”) es harto difícil pero permite no centrarnos tanto en lo que salió mal y más en las alternativas para solucionar un problema concreto. En efecto, no se detienen tanto en la amenaza y no paran hasta moverse de una situación fallida a otra mucho mejor, donde lo anterior no se repite.
  5. Conoce tus puntos fuertes. Todos sabemos lo complicado que resulta no pensar en los fallos y centrarnos en las cosas que sí que salieron bien. Ahí están, y nos dan una perspectiva de nuestras habilidades, de todas esas ideas, intuiciones y reflexiones que contribuyeron a llevar una situación al éxito. Recoge todos esos comentarios de la gente positivos que te ayudaron a crecer. Fíate de tus propios gustos, recuerda cada tarea que comenzaste y que pareció como si no te despegaras de ella hasta que no la viste terminada. Las personas seguras de sí mismas la introducen en su propia ecuación para afrontar las cosas, y en efecto, las sacan su máximo partido.
  6. No asumas que los demás lo saben hacer mejor que tú. Una persona segura de sí misma no ve el éxito de los demás como una amenaza, sino más bien como modelos para saber la forma y el momento de hacer bien las cosas. Se centran en el éxito de los demás para aprender de ello y poder aplicarlo por sí mismo. Asumen que todo lo que han visto en las acciones de los demás pueden conseguirlo por sí mismos, y encuentran la forma de comenzar a hacerlo.
  7. Recuerda tus metas y valores. Las personas de sí mismas tienen claro sus objetivos y metas, sabiendo que todos los obstáculos y los socavones en el camino son parte de un bien mayor. Su perseverancia, motivación y entusiasmo vienen justificados en la medida en que ven posibles sus metas realizables, no perdiéndolas de vista y manteniendo su trayectoria en todo momento.

Como todo, se basa sencillamente en intentarlo, en darte aliento, en recordarte un poquito cada día que puedes hacerlo y que tendrás muchas ocasiones para perfeccionar tus talentos y mejorar en tus puntos flacos. Seguro que todxs podemos intentarlo y sentirnos un poquito mejor con lo que hacemos y reflejamos en nuestro espejo.

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuentes: Huffington Post, Psych Central, Diario El País.

¿Por qué no puedo sobreponerme a una infancia dolorosa?

Como terapeuta cognitivo-conductual, siempre intento centrar el tratamiento psicológico en los problemas que están apareciendo en el presente en la vida de las personas que acuden a nuestro centro. Sin embargo, en muchas ocasiones simplemente aparecen pensamientos, emociones o recuerdos que tienen que ver con momentos muy anteriores en la vida, habitualmente referentes a la infancia, durante el manejo de las emociones en la actualidad. Además, es frecuente que las personas que han tenido una infancia difícil lo vivan como si debieran haberlo superado ya, como si fuera inapropiado el mantener algunas reacciones o emociones de esas épocas de su vida, ya que hace mucho tiempo de eso. Lo cierto es que el tiempo no es el factor determinante para que algunas cosas nos afecten menos. La forma en la que vivimos nuestra infancia es algo determinante para muy diferentes aspectos de nosotros mismos, y en el caso de haber vivido situaciones de abuso físico, psicológico o negligencia, en grados mayores o menores puede afectar de forma importante a la salud psicológica.

Extraída de https://blogs.extension.iastate.edu/scienceofparenting/
Extraída de https://blogs.extension.iastate.edu/scienceofparenting/

Personalidad

Nuestra personalidad es la forma, relativamente consistente, en la que actuamos, sentimos y pensamos sobre nuestro entorno. La forma de relacionarnos con los otros se desarrolla en el núcleo familiar, de modo que la calidad de las relaciones en nuestra familia de origen es un predictor significativo de cómo nos relacionamos actualmente. Además, unas experiencias más negativas en la familia de origen se relaciona significativamente con el rasgo de neuroticismo, el cual implica una vivencia más intensa de emociones negativas y que además lleva también a unas relaciones interpersonales más pobres. De esta forma, las experiencias tempranas influyen sobre nuestra personalidad, lo que se mantendrá aproximadamente a lo largo de nuestra vida.

Patrones sobreaprendidos

Cuantas más veces realizamos un comportamiento, más se establece y la tendencia a repetirlo es mayor. Por ejemplo, si en la infancia era fácil que se nos pusiera en ridículo ante cualquier error, lo que tenderemos a hacer es ocultar a toda costa los mismos. Ya siendo adultos, se tratará de luchar excesivamente contra la sensación de vergüenza, incluso si no es pertinente en este momento. Puede que un un amigo nos resalte algún error y la respuesta defensiva sea demasiado intensa en nosotros.

Cambiar hábitos que han estado presentes toda la vida es muy complicado, requiere mucho tiempo y atención. E incluso, una vez que se ha modificado este patrón sobreaprendido, es posible que en las situaciones de crisis se reactive esta forma de sentir o pensar.

Falta de conciencia

Puede que al reaccionar de determinadas maneras durante las situaciones emocionales, asumamos que esta reacción se determina por la situación. No es fácil tener en cuenta que unas determinadas circunstancias en la infancia, harán que valoremos los sucesos de nuestra vida teñidos por ellas. De hecho, cuando tiene que ver con esas vivencias tempranas, posiblemente en nuestra respuesta actual no tendremos conciencia de poder responder de otra forma.

Es posible que incluso tendamos a evaluar lo que nos ocurrió en estas etapas tempranas desde el prisma de la edad adulta. Por ejemplo, si el vivir situaciones de agresividad en la infancia nos resultaba terrorífico, es posible que desde nuestra perspectiva de adultos sea algo normalizado y pensemos que la reacción era exagerada.

Identidad

La creación de un autoconcepto sólido se da a través de las relaciones significativas que vivimos en la infancia. Tener unas figuras de referencia con las que las interacciones son predecibles y positivas ayuda a la creación de una idea estable y sólida de quién somos.

Cuando tenemos una baja claridad de autoconcepto, parece que las investigaciones apuntan a que tendremos mayor probabilidad de sufrir una depresión, o que sea más grave, así como mayor soledad y estrés. En términos generales, un autoconcepto poco claro va en detrimento de nuestra salud mental.

Cambios cerebrales

Desde hace ya varios años, se conoce que ambientes poco enriquecidos literalmente conforman nuestro cerebro de forma distinta. Las adversidades en la infancia modelan también áreas como el hipocampo, la amígdala y zonas del cerebro que intervienen en la regulación emocional.

Visto desde este punto de vista, es normal que sea muy complicado no responder acorde a lo que hemos vivido en la infancia. Afortunadamente, hemos de recordar que posteriormente también se puede seguir modelando el cerebro a través de experiencias opuestas para dejar atrás estas formas de respuesta poco sanas.

Creencias fundamentales

Las creencias fundamentales dan lugar a un estilo de pensamiento rápido, automático y sesgado que nos ayuda a interpretar el mundo que nos rodea. Cuando estas creencias fundamentales se han iniciado en un entorno hostil o de escasa atención en la infancia, dará lugar a pensamientos automáticos relacionados con la poca valía propia y además sesgará nuestra atención hacia corroborar estos pensamientos. Ya que las creencias fundamentales nos guían a la hora de codificar los eventos que vivimos, es lógico que se mantengan con una similar intensidad en la edad adulta, a menos que tomemos conciencia de ello y busquemos otra forma de pensarlo.

Memorias no procesadas

Cuando hemos vivido una infancia difícil, es habitual que existan también eventos traumáticos difíciles de procesar. Ante este tipo de vivencias, se trata de evitar recordarlas, tratamos de enterrarlas y olvidar que estos eventos han ocurrido. Sin embargo, es posible que los recuerdos aparezcan de forma intrusiva y despierten respuestas de pánico y condicionen como nos vemos a nosotros mismos y al mundo.

Este tipo de memorias se parecen al estrés post traumático que sufren los soldados que vuelven de un entorno de guerra, y pueden ser dañinas con la misma intensidad muchos años después de haber sufrido el evento traumático.

¿Cómo se llega al cambio?

Teniendo en cuenta todos los factores que hemos estado comentando, puede parecer que el cambio, que lograr que desaparezcan estas respuestas poco útiles en el presente, será extremadamente complicado. Y es cierto que no es un camino sencillo el sobreponerse a una infancia difícil, motivo por el cual hemos de ser más indulgentes con nosotros mismos y tratar estas reacciones con cariño y compasión.

Después, sólo el hecho de observar con curiosidad de donde provienen las reacciones, y darnos cuenta de que es una reacción a algo que nos ha ocurrido en el pasado y que ya no está presente es un paso que en muchas ocasiones puede dar lugar al cambio. Negar la influencia que el pasado tiene sobre nuestras acciones, pensamientos y sentimientos actuales solo nos impide aprender sobre ello.

Un equilibrio entre vivir anclados en lo que nos ocurrió y enterrarlo sin pensar jamás en ello será lo más efectivo para lograr que nos influya más desde el autoconocimiento y el crecimiento que desde las reacciones descontroladas y sólo emoción. Desde luego, el revisitar experiencias del pasado puede ser muy doloroso en ocasiones, así que no dudes en hablar con un psicólogo que pueda proporcionarte el espacio seguro para hacerlo.

Fuente Psychology Today

Escrito por Lara Pacheco Cuevas

 

¿Diferencia o normalidad? Depende del ojo con el que se mire

Poseemos el lenguaje, esa herramienta tan útil de la que dispone el ser humano. A través de él podemos comunicarnos, describir todo lo que nos rodea… para eso muchas veces utilizamos números. ¡Todo lo medimos, todo es cuantificable!

La temperatura que hace en la calle en grados centígrados, cuánto medimos en metros incluso la cantidad de colesterol en sangre en milimoles (mmol) por litro, y al igual con otros muchos niveles físico-médicos: la fiebre, la presión arterial, etc…

En el ámbito biomédico, en ocasiones sobrepasar un determinado nivel conlleva consecuencias irreversibles como la muerte. Si nos quedamos con el ejemplo del colesterol, existe un nivel tope a partir del cual se considera que puede tener efectos perjudiciales para nuestra salud. Si lo sobrepasamos aumentan las probabilidades de infartos de miocardio, por ejemplo pero… ¿siempre? o ¿depende de la persona? ¿”Depende del ojo con que se mire”? En este caso, aunque se trata de un aspecto crítico de la función fisiológica humana el superar en 1 o 5 el límite aconsejable entendemos que no tiene una repercusión directa, inminente y letal (como sí ocurre con otros niveles como el nivel de glucosa en sangre).

MEDICIONES CUANTITATIVAS EN EL ÁMBITO DE LA SALUD MENTAL

Poner un número a una cualidad o constructo psicológico ya se hace más complicado. No existe una inteligencia de 100, funciona bien la atención entre 35 y 65 o se padece una depresión de 29: no existe la objetividad.

Sin embargo, y para podernos comunicar interprofesionalmente (¡nuevamente el lenguaje!) se han creado una serie de medidas arbitrarias que hacen que constructos tan abstractos puedan ser manejados más fácilmente. Esas mediciones (obtenidas a través de cuestionarios y autoinformes creados para tal efecto) construyen a su vez un continuo, constituyendo lo conocido como la diferencia entre “normalidad” y lo que no es normal. La mayoría de constructos en psicología se distribuyen según la curva de distribución normal o de Gauss, puntuaciones obtenidas de estudios de poblaciones representativas de lo que queremos medir (¡ni siquiera de todos y cada uno de los seres humanos que poseen ese constructo! por lo que lleva inherente una cantidad de error).

Entre unos límites determinados, normalmente la media de ese constructo obtenida en una determinada población más-menos una desviación típica es lo considerado normal, mientras a partir de esos límites se considera que esa persona “es anormal” en dicho ámbito.

¿SE PUEDE DEFINIR OBJETIVAMENTE LA ENFERMEDAD MENTAL?

Foto extraída de lamenteesmaravillosa.com
Foto extraída de lamenteesmaravillosa.com

Los psiquiatras y psicólogos, para determinar la “normalidad”, primero redactan una serie de criterios diagnósticos, a partir de los cuales se define prototípicamente un trastorno X.

El prototipo de ese trastorno representa el ejemplo “ideal”, el número de requisitos mínimos que han de cumplirse para que ese sujeto cruce la fina línea existente entre la normalidad y poseer un trastorno psicológico.

¿Pero es dicho prototipo realmente representativo de lo que en la práctica clínica se considera disfuncional o que ocasiona malestar significativo para la persona?

Encontramos casos en los que el sujeto no se encuentra disconforme con esa desviación de la norma (y a su vez no genera malestar a nadie) por lo que se repite el “depende el ojo con el que se mire”.

Por ejemplo, existen personas a las que especialmente les gusta la soledad, se muestran emocionalmente fríos, prefieren trabajos en los que no es necesario cooperar en equipo y tienen aficiones bastante individuales; su día a día discurre con normalidad. Con sistemas diagnósticos en mano como el DSM-5, ¿esta persona tendría un trastorno de personalidad esquizoide? Pues tal vez… pero teniendo en cuenta que no siempre genera malestar subjetivo, NO (no tenga este trastorno, ni ningún otro).

Además, en la mayoría de los trastornos en el ámbito de la salud mental podemos trabajar con la severidad de la manifestación sintomatológica, pero aún se desconocen sus bases biológicas.

Es aquí donde se embrolla el definir quién es normal y quién se desvía de la norma. Para ello los profesionales de la salud mental cuentan con “la Biblia de la Salud Mental”: el DSM o Manual diagnóstico estadístico de los trastornos mentales. Aquí se recogen una serie de criterios definitorios necesarios; los cumples: tienes un trastorno, ya no eres normal. No los cumples (aunque, generen algo de malestar en el sujeto) eres normal.

De todo esto se deriva, y volviendo al uso del lenguaje, que un trastorno conlleva una etiqueta, y en último término que esta propicia una estigmatización del paciente identificado.

Esta postura se ha radicalizado con la publicación del manual de diagnóstico más reciente de la Asociación Americana de Psiquiatría, el DSM-5. Con su lista de nuevos trastornos psiquiátricos y al haber disminuido el número de criterios necesarios para el cumplimiento de otros, algunos críticos consideran que el DSM-5 representa la necesidad de justificar el exceso de tratamiento de las personas que no están realmente enfermas, especialmente con medicamentos (si existen intereses económicos de las farmacéuticas de por medio o no es algo que nos podríamos plantear, pero que preferimos dejar para futuros debates).

Asimismo se está produciendo una proliferación de trastornos mediante “el regalo de etiquetas” (que ni siquiera aparecen en los sistemas diagnósticos, por lo que carecen de fundamentación empírica) por parte de una minoría de profesionales, como síndrome de Blancanieves, depresión postvacacional, trastorno de dolor amor y un largo etcétera.

El otro punto de vista por antonomasia es que dentro de ese continuum algunos defienden que se está patologizando la normalidad; o como argumenta el filósofo Jonathan Sholl: “tanto la salud como la enfermedad son normales, reflejando distintas regularidades y modos de vida. La enfermedad no es antinatural ni indica la ausencia de normas: se trata de tener normas diferentes”. O incluso lo que otros definen como anormal no es más que la manifestación extrema de ciertos rasgos de personalidad que forman parte del abanico de la variabilidad interpersonal o formas de adaptabilidad a un entorno no favorecedor de la salud mental.

Como conclusión, de todo esto se puede extraer que, el constante aumento de la patologización en el ámbito de la salud no se está haciendo constructivamente, sino desde el prisma del “etiquetaje” y el estigma. No se está viendo reflejado en la creación o puesta en marcha de medidas interventivas ni del acercamiento a la población de los recursos terapéuticos necesarios.

Escrito por Maite Nieto
Fuentes: Manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales: DSM-5. Editorial médica panamericana, 2014.

Pértegas Díaz, S., & Pita Fernández, S. (2001). La distribución normal. Cad Aten Primaria, 8, 268-274.

https://lamenteesmaravillosa.com/esquizofrenia-paranoide-definicion-causas-tratamiento/

https://www.psychologytoday.com/intl/blog/denying-the-grave/201805/is-different-the-new-normal-0