Amar apasionadamente perjudica seriamente nuestra cognición.

Cuando pensamos en “qué es eso de estar enamorados”, no podemos evitar esconder una sonrisa burlona al recordar la de acciones que hacemos al inicio de una relación romántica; cuando todo son mensajes, palabras bonitas y encuentros furtivos a medianoche. Que nos sentimos como enajenados en esos meses no supone ninguna novedad, y sin embargo, no encontramos numerosa literatura que ahonde en los efectos que nos produce el enamoramiento en nuestro propio sistema cognitivo.

Un equipo de investigación formado por psicólogos de la Universidad de Maryland y El Instituto Leider para el estudio del Cerebro y la Cognición han realizado una investigación publicada el pasado mes de noviembre en donde se pone a prueba la capacidad cognitiva de los participantes cuando éstos están en esta primera fase de “amor apasionado”.  En ella, y de acuerdo con las hipótesis planteadas en el estudio, se les presupone  a las personas una menor capacidad de control cognitivo;  es decir, una menor habilidad para seleccionar la conducta adecuada según las necesidades reales de la situación en cada momento; con efectos claros en su atención e impulsividad.

Para comprobar sus planteamientos, fueron aplicando las pruebas a 43 participantes heterosexuales con una relación que hubiese comenzado hace menos de 6 meses, y con edades comprendidas entre los 16 y 27 años.

Se utilizaron varias pruebas, cada una para recoger cada una de las variables a estudiar. Por un lado, la Escala de Amor Apasionado (PSL, Hartfield y Sprecher, 1986) que extraía las medidas de amor apasionado; con ítems que viraban desde el pensamiento intrusivo, el deseo permanente de unión o la necesidad de mantener contacto físico constante. Por otro, para las medidas de atención y capacidad cognitiva; el Test Stroop y la Tarea de Francos de Eriksen; con especificidad para detectar aquellos casos con capacidad para filtrar los estímulos distractores, ya fuesen presentados semánticamente o espacialmente.

Lo encontrado no dejó lugar a dudas; obteniendo los participantes puntuaciones consistentemente menores en las pruebas cognitivas, y confirmando las sospechas de sus autores de una menor capacidad de control cognitivo en etapas iniciales de una relación sentimental. Conclusiones que contrastaban con las investigaciones previas que pronosticaban una mayor estabilidad en aquellas relaciones donde los dos miembros tuviesen altos niveles de control cognitivo; con un tipo de amor más basado en la intimidad y el deseo por seguir la relación, y que garantizaría el mantenimiento de la relación a largo plazo.

Así, con los resultados obtenidos podemos concluir dos tipos de amor; un amor intenso e impulsivo, existente en los primeros meses de relación, con altos niveles de energía, dependencia emocional y pensamientos centrados en el otro, y un segundo amor; definido por anteriores investigaciones, mucho más consolidado y con mayores dosis de capacidad de control por parte de los implicados para focalizarse en la relación y resistir a posibles “tentaciones”.

Aunque todavía quedan preguntas por esclarecerse, esta investigación supone uno de los primeros intentos por comprender cómo evoluciona el amor a lo largo de los años. Con tanto público interesado, ¿cuál será el siguiente paso?

Escrito por David Blanco Castañeda.

Fuente: www.Huffingtonpost.es

Bibliografía consultada: Van Steenbergen, H., Langeslag, S. J., Band, G. P., & Hommel, B. (2013). Reduced cognitive control in passionate lovers. Motivation and Emotion. 

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